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martes, 25 de diciembre de 2012

Casa De-Formación (25): Tres hombres

Hunks of Piura

Cuatro cuerpos masculinos desnudos. Dos escenarios distintos. Un mismo motivo: la pasión. Todo en una noche.

En un departamento del centro de Piura, dos recién conocidos alternan la exploración de sus anatomías. Uno acaba de dejar la adolescencia, el otro está en plena adultez. Ambos tienen físicos armónicos y una flexibilidad envidiable.

El menor aprovecha que el cuerpo del otro está bajo su piel, para recorrerlo a punta de besos, hasta llegar a su larga pinga. Son casi 22 centímetros de longitud y algo de 15 de grueso. Se la mete a la boca, y genera una sensación de intenso placer y bienestar en su compañero sexual. La lengua también explora los grandes huevos, y tras varios minutos dudando si la verga o las bolas,regresa a estimular las tetillas, la boca, y luego casi aprisiona la cabeza ofreciéndole su pene de 17 centímetros y un grueso de 14, el que es bien recibido.

El cuerpo lampiño de ambos favorece sentir más intensamente las caricias.

Entonces, el más joven saca un condón, lubricante, y dispone todo para sentarse encima del falo y hacer que poco a poco ese grueso pedazo de carne vaya abriendo su ya estrenado culo. Cuando lo consigue, sube y baja, cual resorte. El adulto gira y pone al más joven debajo y toma las riendas de la penetración, amenazando hundir toda su paloma, pero es cuidadoso.

Ambos gimen, se solazan, disfrutan, entran en éxtasis, hasta que el adulto no puede contener más su orgasmo y suelta todo su semen dentro del ano del otro chico. Se rinde sobre él y lo besa con una pasión que no sentía en años. Aunque menos dura, la larga manguera viril sigue conectada a las entrañas de ese chico.

Mientras tanto, en una playa perdida, dos muchachos más contemporáneos, a quien sólo los separa la legalidad del sexo por un año,  y arrullados por un vino dulce, prueban lo que se siente hacer el amor con todas sus palabras. Uno de ellos está boca arriba, con las piernas flexionadas, facilitando que el otro, algo más experimentado, horade su ano por primera vez con su grueso miembro de 18 centímetros.

Los “te quiero”, “soy tuyo, mi amor” e inacabables jadeos salpimentan la noche oscura, embebida por besos profundos.

El placer dura un poco más, al punto que desde que el pene de uno entra al culo del otro hasta la eyaculación, pasan casi 45 minutos.

Los movimientos de ambos hacen crujir la litera, amenazando con descalabrarse de un momento a otro. A lo lejos, el mar asalta la playa, como queriendo curiosear lo que pasa en ese cuarto. Apenas si el viento tiene oportunidad de espiarlos.

 

En Piura, ya relajados, desnudos, sobre la cama, los dos jóvenes se miran y se sonríen.

-          excelente para ser un maestro formador.

-           Ja. No me lo recuerdes, William.

-           ¿Hace cuánto que no lo haces?

-           Casi ocho años.

-           ¿Fue tu primera vez?

-           No. Comencé a los 15, cuando jugaba fútbol en mi colegio. Una tarde, después de entrenar, el capitán, que era un pata de quinto, y yo nos bañábamos. Se acercó a mi ducha, y comenzó a manosearme. No entendí lo que pasaba, pero en sólo minutos, tenía su… me penetró.

-           ¿Luego?

-           Eso fue todo ese año. Al año siguiente, cuando era promoción de colegio, me enamoré de un chico que jugaba, de cuarto, y fuimos pareja. Tirábamos cada que podíamos: en las duchas, los vestidores, los salones vacíos, en su casa, en la mía. Yo la hacía de activo… De ahí salí, e ingresé a la universidad. Para mi suerte, había equipo de fútbol. Creí que todo iba a terminar allí¡Nada! Tiré con dos compañeros, hasta que una vez nos descubrió el entrenador, en las duchas.

-           ¡Mierda!

-           Terminé haciéndome pareja del entrenador, que era un tipo de unos 32. me dijo que sería su marido porque no había visto un miembro como el mío. Incluso me llegó a pagar los estudios, además que estaba bien relacionado. A los 19, me mudé a vivir con él. Me estaba comenzando a gustar la plata y las cosas de marca. Lo que él me daba ya no alcanzaba, y comencé a prostituírme. Ya estaba en boga eso de los escortss. Primero con sus amigos de plata, luego vía Clasificados. El hecho que era aventajado me hizo popular, y tuve clientela “de lujo”.

-           ¿Eres simpático. Por qué te retiraste?

-           Porque mi vida era una mierda completa. Comencé a emborracharme, llegué a probar cocaína incluso. El entrenador se enteró, hizo que me botaran de la universidad, y me quedé en la calle. Llegué a una Iglesia del Buen Camino, y mi vida cambió. Me involucré tanto con la institución, que me pagaron mi último año, me mandaron a estudiar a México, y el año pasado regresé como maestro formador.

-           Y, rompiste tu voto de castidad conmigo… ¿no, Rafael?

-           No es cierto. Creo que tu aparición me hizo entender muchas, muchas, muchas cosas. No te sientas culpable, William.

-           ¿qué harás ahora?

-           Ser consecuente. Tengo una profesión, puedo ejercerla. Soy psicólogo. Y como me encanta el deporte, puedo ser psicólogo deportivo.

-          Rafael se levanta de la cama y se viste.

-           William, creo que eres muy inteligente. Si tienes ahorros, ¿por qué no estudias algo? No veo nada de malo que seas porn-star, o escort, pero ¿Qué pasará cuando eso acabe?

-           Claro, Rafo, puede que tengas razón.

-          El anfitrión se pone una toalla, y acompaña a Rafael a la puerta. El aún religioso contempla el arte homoerótico colgado en las paredes.

-           Bonitos cuadros.

-           Gracias. Y gracias por no juzgarme. Normalmente, la gente, y en especial los gays tienden a tacharnos, porque creen que si somos prostitutos o actores porno, dejamos de ser personas.

-           Como si fueran máquinas de sexo. No. No lo veo así. Sí criticaría si hubieras comenzado tu carrera siendo menor de edad.

-           ¿Por qué?

-           Porque eso es delito, incluso se persigue internacionalmente. Aunque no tendrías la culpa,sino quienes te indujeron. Bueno, pero ya me dijiste que no es tu caso, así que normal. Gracias, por todo, william.

-          Rafael lo abraza, y luego lo besa tiernamente en la boca.

-           Que tengas suerte, Rafael. Lástima que esta será la única vez.

-           Lástima. Pero quién sabe.

-          Rafael deja el inmueble y camina de regreso a la Casa. Llega casi a medianoche.

-          Detrás de la puerta, en ese departamento, el chico se sienta para reflexionar las palabras del adulto, el primero que sale de ahí sin pagar nada.

 

A la mañana siguiente, en la playa, Jonatan se despierta con el alba. Siente aún que la cabeza le da vueltas. Está sudando, abrazado a Manuel, quien no tarda en reaccionar, gira, se abraza a su enamorado y lo besa. Ambos están desnudos sobre la litera.

- No puede ser que hayamos hecho el amor anoche, Manu.

- Fue bonito. Te quiero, Jon.

- ¿en serio? Debe ser que cuando las cosas se hacen por amor, parecen mejores, ¿no?

Se besan de nuevo por largo rato. El carraspeo de alguien los interrumpe y los sobresalta. Es el Reverendo Roberto, desnudo, mostrando su gran pene y huevos colgando.

-          ¿Cómo durmieron, chicos?

-          Jonatan y Manuel se sonrojan.

-           ¿Entonces se retiran siempre?

-           Sí, Reverendo. No podemos ser consagrados y pareja a la vez.

-           ¿Y qué harán, Jon? ¿De qué vivirán?

-           Estudiaremos y chambearemos. ¿Cierto, Manu?

-          Manuel asiente. El Reverendo Roberto sale y regresa con la cámara digital de la Casa, la prende y se la alarga a los muchachos.

-           Me gustaría ayudarlos. Miren esas fotos.

-          En las tomas, Jonatan y Manuel aparecen desnudos, abrazados, posando en la playa, evidentemente alcoholizados. Incluso hay una foto erótica, aunque la erección de Manuel le echa una sombra hardcore.

-           ¿esto hicimos ayer?

-           Tranquilo, Jon. Mira, tienen futuro como modelos. Para serles sincero, hace tiempo que me quiero retirar del servicio, así que podríamos pensar en lanzarlos como modelos. Así tendrían dinero para estudiar: ¡ése sería su trabajo! ¿Qué dicen?

-           LA oferta es tentadora. Déjenos pensarlo bien, Reverendo, y le hablamos.

-           OK. Chicos.

-          Cuando Roberto sale para preparar el desayuno, Jonatan cambia su expresión, haciéndola muy seria.

-           ¿qué pasa, amor?

-           Escucha, Manu, vamos a seguirle la corriente; pero ni cagando trabajaremos para él.

-           ¿Por qué?

-           Confía en mí.

-           Claro, mi amor.

-          Un nuevo beso sella la conversación.

 

A media mañana, el Reverendo Roberto, Jonatan y Manuel están de vuelta en la Casa. Los dos chicos se integran a las clases, y Roberto va directo a poner al corriente a Alexander.

- ¿Entonces, Beto?

- No te tengo dos, sino tres: Jon, Manuel y Henry, el chico que conocimos en la playa, a quien ya le entregué sus fotos y dice que es materia dispuesta.

- ¡Perfecto! Entonces, podemos mandar a Jon, Memo y ese Henry a la casa de Máncora, mientras vamos preparando a Manuel, Pedro y Darwin. Tú los acompañarás allá.

- Hasta podría trabajar también.

Alexander sonríe, y nalguea a Roberto.

-          Llámate a Jorge. Reunión urgente.

-          Tras ponerse de acuerdo, Jorge, alexander y Roberto se quitan la ropa, comienzan a acariciarse y besarse. Minutos después, Roberto se da tiempo para chupar alternadamente las pijas de Alex y Jorge. Luego, se pone en cuatro, de tal modo que sigue chupando la verga de su superior, y Jorge lo penetra por el culo. Posteriormente, el turno es de Alex, mientras Jorge es felado. Como número final, los dos activos se las ingenian para meter sus penes en simultáneo en el ano de Roberto, cosa que logran con cierta dificultad. Tras la faena, Roberto se acuesta para recibir la leche de Alex, luego la de Jorge y finalmente la suya.

 

Tras el almuerzo, Rafael se acerca a alexander.

-          Mamá tenía que escribirme. ¿Puedes prestarme la lap-top?

-           Claro, Rafo. ¿Te la llevo al cuarto?

-           No. Trabajaré aquí en la cocina. Es más fresco.

-          Alexander sube, y se cruza con Roberto.

-           Llévale la lap-top a Raffo.

-           Oye, ¿y qué haremos con él?

-           Tranquilo. Por lo que me contaste, la vaca no olvida cuando fue ternera.

-          Apenas Rafael prende la máquina, cuando suena el teléfono.

-           ¿sí?... Soy yo…. ¿William? ¿Qué pasó?

 

A la mañana siguiente, el Reverendo Roberto lleva a Jonatan y Darwin a una experiencia comunitaria. Al regreso, da un gran rodeo a la ciudad y llega hasta un descampado, a orillas del desierto. Entra por un camino imperceptible, hasta estacionarse cerca de un montecito.

- Listo, chicos.

Jonatan y Darwin salen y toman posición. Comienzan a besarse, a pasar sus manos por todo su cuerpo, y a quitarse sus prendas. Ya desnudos, continúan las caricias, mientras sus penes se enduran. Darwin no se hace problemas para chupar la atractiva verga de Jonatan, y éste tampoco duda en devolver el favor. Roberto no deja de retratarlo todo en las fotos. Luego, Jonatan finge penetrar a Darwin mientras le besa la espalda y las nalgas. Darwin lo imita. Para finalizar, ambos toman el pene del otro y se masturban hasta que sus manos se llenan del semen del otro.

-          Bárbaro, chicos. Miren.

-          Darwin mira la sesión de fotos con una gran sonrisa. Cuando Jonatan las ve, hace indescriptibles esfuerzos para contener las lágrimas. Regresan.

 

Esa noche, todos, menos Jorge, están reunidos en la sala jugando Monopoly. Cuando suena el timbre, Rafael sale a atender. En menos de un minuto, todos quedan estupefactos.

-          alex, Roberto… Darwin… Jon.

-           ¡pqué haces aquí, Memo?!

-           ¿qué? ¿No te alegras de verme, alex?¿No te alegras de verme después de joderme la vida?

-          Nuevamente, suena la puerta. Rafael sale.

-          Un contingente de cuatro policías entra de improviso.

-           ¡Todos tranquilos! ¡Nadie se mueva! ¿Usted es el superior? Queda detenido por delito de corrupción de menores y pornografía infantil.

-          Alexander mira furioso a Rafael y Memo.

-           Me traicionaron, hijos de puta. ¡Y en especial, tú, Rafael, después de lo que hice por ti!

-           No, alex. Tú nos traicionaste. Traicionaste a todo el mundo. Traicionaste a estos chicos, que buscaban consagración, pero… ¿qué les diste?

-          El resto de chicos está asustado.

-          Finalmente, la Policía se lleva esposados a Alexander y Roberto. Afuera, los periodistas pugnan por una declaración, una foto, una imagen. Adentro, el desconcierto, la decepción, la tristeza. Jonatan, Rafael y Memo se miran, aliviados.

 

Una semana después, en un cuarto no tan glamoroso, cerca del centro de Piura, Memo y Rafael retozan desnudos sobre la cama. Se besan apasionadamente. Cuando acaban, Rafael mira fijamente al otro chico, y no puede evitar una lágrima de emoción.

-          William, Memo, Guillermo… al final eres el mismo en esencia.

-           ¿Siempre iremos a la universidad, Rafo?

-           Sí, ya tengo listo mi CV, ya tengo tus papeles. ¿seguro que quieres ingresar a Derecho?

-           Hoy soy la víctima. Mañana serán otros.

-          La puerta suena. Rafael se soba los ojos, se coloca un boxer y va a atender.

-           ¡Jon, Manuel! ¡qué sorpresa!

-           ¿Se enteraron? Alexander se suicidó en el penal, aunque por ahí dicen que lo mataron.

-           ¿Dónde salió eso?

-          Jonatan alcanza el diario a Rafael. Efectivamente, es la crónica roja del día. Al terminar de leerla tiene más preguntas que respuestas.

-           ¿Jorge sigue prófugo, no?

-           Así parece; aunque en el gimnasio donde él iba, dicen que está por Ecuador. Y también la Iglesia nos está buscando para hacer un acuerdo económico, porque los viejos de

-          Memo se levanta y se cubre con una toalla.

-           Que la justicia siga su curso, Jon. Que paguen quienes tengan que pagar. Lo que la Iglesia quiere evitarse es que en el juicio aparezca toda la red de clientes que tenía Alex. Por lo menos, Roberto sigue vivo.

-          Rafael suspira.

-           La vaina es que no hay mucho que incrimine a Roberto.

-          Memo interviene:

-           Si yo hablo, Rafo, media Piura se tambaleará.

-           Entonces, tenemos que pensar bien las cosas. Seremos pequeños Davids peleando contra muchos Goliats.

-          Jonatan toma a ambos por sus hombros.

-           Unidos seremos fuertes. No lo olviden. Todo saldrá a la luz. Ellos pagarán por lo que hicieron con nosotros.

-          Los cuatro se miran, y se acercan para darse un abrazo al estilo de los grandes equipos del mundo.

-           Prometan que haremos justicia.

-           ¡Lo prometemos!

 

(FIN)

 

Escrito por N-ass. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com, búscanos en Facebook o deja tu comentario aquí. Sigue la serie completa: “hunks Piura casa de-formacion” o presiona la etiqueta en esta entrada.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Casa De-Formación (24): ¡William!

Hunks of Piura

Roberto llega apresurado al cuarto de Alexander.

-          ¿Qué pasa?

-           Toma las llaves de la casa de la playa. Llévate de inmediato a Jon y a Manuel.

-           ¿Y los demás?

-           ¡No podemos perderlos, Roberto! Son nuestras mejores cartas. Haz lo imposible para que se queden, no importa cómo.

-          Roberto sigue perplejo.

-          Igual se queda el Reverendo Rafael.

-          Jonatan y Manuel se han tomado unos minutos después del desayuno para revelarle su decisión.

-           Muchachos, no sé qué decir. ¿Lo han pensado bien? ¿Están seguros de sus sentimientos? Apenas han pasado unas semanas.

-          Jonatan toma la palabra.

-           Precisamente, Reverendo. No queremos que sean más semanas haciendo algo que no vamos a cumplir. Mire, como dicen afuera, hablemos a calzón quitado. Me gustan los hombres. Me gusta Manuel.

-           ¿Y qué harán fuera de aquí? Ustedes son los mejores elementos de esta casa.

-          Manuel habla.

-           Estudiar, superarnos. Somos bien chibolos aún.

-           Miren, chicos. Voy a hablar con el Reverendo alex…

-           Ya lo sabe.

-           ¿Y qué dijo?

-           Nada.

-           Déjenme hablar con él. Prometo que seré muy sensible sobre este tema. Les recomiendo que oren mucho. Pidan sabiduría y claridad.

-          Los chicos se van, y en sólo segundos, la vida completa de Rafael pasa ante sus ojos como una película veloz. ¿Por qué estas vivencias regresan a él?

 

Antes del almuerzo, Rafael sube a ver a Alexander.

-          Ya sé por qué vienes. Tranquilo, Rafo. Déjalo todo en mis manos.

-           Alex, por favor, sé sensible. Sólo están ilusionados. Son chibolos. A todos nos pasa eso.

-           ¿seguro que a todos? ¿a ti también?

 

Ignorante de la tensión en la casa, Pedro asiste a su clase de ballet. Al llegar, encuentra a su maestro vestido apenas por un hilo dental blanco, contorsionándose. Se solaza con la anatomía perfecta del bailarín maduro.

-           Ah, ¿estás ahí? Buenas tardes, se dice.

-           Buenas tardes, profe. ¿Y eso tan nice que está haciendo?

-           Danza moderna. ¿Quieres aprender?

-          Pedro asiente con la cabeza, se desnuda por completo. Debajo tiene un hilo dental rojo.

-          La clase de esa tarde es aprender los pasos básicos de la complicada coreografía. El maestro inevitablemente toca y sostiene la piel de Pedro, para que haga los movimientos correctos. El chico, cuando puede, roza el paquete de su instructor. “Sigue blandito”, piensa.

-           Ay, estamos sudando a chorros, Pedrín.

-           Ay sí, profe.

-           Vamos arriba.

-           ¿Arriba?

-           Sí, Pedrín. Una ducha nos vendrá bien.

 

Jonatan está en la lavandería reflexionando a solas. Darwin lo sorprende, y asusta.

-          ¡Cuidado, huevón! Casi me da un paro.

-           Jajajajaj. ¿qué haces solito? Desde temprano, Manolo y tú andan raros. Bueno, más… “raros”.

-           Ya, ya. No jodas, mierda. Pensando- estoy pensando. Aún no te puedo decir nada.

-           Tú y Manuel son pareja. ¿Cierto?

-           ¿quién te dijo eso?

-           No soy cojudo.

-           Lo quiero como mierda. Eso quiere decir que debo elegir, o el Altísimo o Manuel.

-           ¿Te acuerdas lo que nos dijo Memo luego que lo cachamos?

-           No sé por qué recuerdas eso.

-           No seas cojudo, Jon. ¿Por qué crees que Memo se retiró?

-          Jonatan mira fijamente a Darwin. ¿Será que no hay mucho que pensar?

 

Atrás de la casa, en un segundo piso, en el baño, Pedro chupa el pene de su maestro de ballet. El adulto se contorsiona y gime a su gusto, mientras los labios y la lengua caliente del adolescente rinden culto a sus 16 centímetros de carne dura y gruesa.

-          Vamos a la cama.

-          En el lecho, Pedro debe soportar los 70 kilos de peso sobre sus 59, a la vez que la pinga enfundada con un condón fricciona su culo, el que mueve con una maestría inusitada, como un ballet lascivo, pornográfico.

-          El maestro lo cambia de pose, boca arriba con las piernas al aire, y le zampa su verga de nuevo. Demora apenas un par de minutos. Gime fuertemente y suelta su semen sobre el torso de su alumno.

-           Vete a duchar con cuidado. Pobre de que me ensucies con leche algo.

-          Mientras se ducha, Pedro se masturba. Jadea fuertemente y en cinco minutos se viene. Una gran ráfaga de leche se dispara contra las mayólicas. “¿Y qué tal si la hago de activo?”, piensa, relamiéndose los labios.

 

A la mañana siguiente, Rafael despierta y ve mucha claridad. Ve su reloj. ¡Mierda! ¡Son las siete!

Roberto ya no está. Como puede, se coloca un jean, un polo y se calza sus sandalias.

Llega a la capilla. Alexander ya está dirigiendo la oración, pero sólo lo acompañan Pedro y Darwin

Al final del rito, Alex se le acerca.

-          Tranquilo. Roberto ya está trabajando con los chicos. Te dije que confiaras en mí.

 

Unas horas después, Roberto, Jonatan y Manuel llegan a la casa de playa, perdida en algún punto de la costa, teniendo sólo como referencia a La Silla de Paita.¡qué chévere! Reverendo Rafael, sabía que tenían una casa de playa, pero no que fuera mostraza.

-           Hemos venido a relajarnos, a ser libres, Jonatan. Pónganse cómodos.

-          Roberto abre la puerta y señala a los dos muchachos, dónde se quedarán, además de las salidas de la casa. Los deja solos.

-           ¿Una cama pa’ los dos, Jon?

-           Parece que sí, Manu.

-          Tras dejar sus cosas, los dos abren la puerta de atrás, y ante sus ojos está el inmenso mar. Manuel se emociona.

-           ¿Primera vez que lo ves, amor?

-           ¿Amor? ¡Vamos a verlo, Jon… mi amor!

-          Bajan el desnivel corriendo. El mar en esta parte de la costa piurana suele ser calmo. Jonatan traza un gran corazón con sus zapatillas, y adentro intenta hacer una J y una M.

-           A ver si el mar puede borrar esto.

-          En eso, escuchan dos voces tras de sí. Dos patas totalmente desnudos bajan el desnivel. Uno de ellos es el Reverendo Roberto. El otro es Henry, el chico que semanas antes fungió como guardián del acceso a las casas de playa.

-          Jonatan y Manuel los miran, atónitos, de pies a cabeza, en especial sus penes y culos al aire.

-           Chicos, él es Henry, amigo de acá.

-           Mucho gusto… mucho gusto.

-           ¿Jugamos un partidito?

-           Bueno… ya.

-           Quítense la ropa.

-          Jonatan y Manuel se miran extrañados, pero, por alguna razón, el primero se despoja de todo, dejando ver su cuerpo perfecto de dios griego. Manuel lo imita lentamente. Ahora son cuatro adonis corriendo tras una pelota en una playa solitaria.

 

Esa tarde, Rafael sigue confundido. La lap-top está en el escritorio. Nadie mas está allí. Saca unos discos de video. Los coloca. Otra vez el chico de rostro agradable y cuerpo armonioso, esta vez recibiendo la pinga del mismo musculoso del video anterior. Rafael no duda en creer que es william, quien también recibe por la boca la pinga de otro pata, a quien no se le ve la cara porque es el que graba toda la escena. Los tres están depilados. “¡Me vengo!”, dice el musculoso, mientras saca su gran pija, y desenfunda el preservativo.

El enorme palo grueso de Rafael está a mil, y no tiene recato en masturbarse.

El musculoso bota todo su semen en la espalda baja de William. De pronto, el plano de la cámara se dirige al rostro del activo, quien sonríe satisfecho.

-          ¿quéeee? ¿Jorge?

 

Durante la cena, Rafael está callado, casi no interactúa con Alexander, Pedro y Darwin. Cuando pasa el musculoso Jorge, que regresaba del gimnasio (como era su costUMBRE), se queda mirándolo con un inexplicable sentimiento… como de fastidio.

-          Rafael, ¿te pasa algo?

-           No, Alexander. Quiero tomar un poco de aire. Ya vengo. No se preocupen.

-          Rafael camina sin rumbo por la avenida Grau, cruza el óvalo y mira por unos minutos una de las estatuas que representa un desnudo masculino esbelto. A su alrededor, la gente camina a ver ropa, a comer pollo, a la peluquería, a tomar unas cuantas chelas, al supermercado, a encontrarse cerca de un canal de televisión para ir quién sabe a dónde. Sigue. Ignora la vereda de la catedral y rodea la Plaza de armas, hasta sentarse justo frente a la oficina de correos. Su mirada está perdida, pero viendo, sin ver, la película de su vida.

-           ¿Todo está bien?

-          Rafael despierta, mira a su interlocutor. Un joven bello, esbelto… ¡imposible!…

-           ¡¿William?!

 

(CONTINUARÁ…)

 

Escrito por N-Ass. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com, búscanos en Facebook o deja tu comentario aquí.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Casa De-Formación (23): Erecciones y elecciones

Hunks of Piura

-          Alex, ¿qué tienes?

-          Rafael se preocupa al ver el rostro pálido de su superior.

-          ¿Cómo es posible que se hubiera olvidado de la cámara en la cocina, a la vista de todo el mundo? ¿Y si, por casualidad, Rafael hubiera revisado el contenido de la memoria?

-           Tengo que ir al baño, Rafo. A-a-a-anda a ver a los chicos en la sala.

-          Veloz, Alexander trepa la escalera y va a su cuarto. Saca un manojo con todas las llaves de la casa, sale, mira a todo sitio y se escabulle en el cuarto de Rafael y Roberto. Para su buena suerte, la cámara está sobre el escritorio del cuarto; pero eso no le quita la angustia: ¿Rafael habrá descubierto el contenido?

-          Súbitamente, la puerta del cuarto se abre.

 

Jorge está acomodando su ropa en su cuarto.

-          Hola Coquito.

-          El musculoso reconoce la voz. Al voltearse, saluda sonriendo.

-           ¿Qué hay Pedrito?

-           Nada, darling. ¿Cómo te fue el fin de semana?

-           Bien. Tranquilo. Entrenando, tú sabes.

-           ¿Y…. las fotos?

-           Se las mandé a mis amigos afuera, a ver qué dicen. A lo mejor tienen futuro en el porno. Pero tú debes sacar más cuerpo.

-           ¿No te gusto así?

-          Es que… tú sabes… esa gente tiene sus exigencias.

-           Entiendo.

-          Pedro sale del cuarto, algo desalentado. Jorge regresa a arreglar sus cosas, como si nada hubiera pasado.

 

Mientras Roberto ingresa a su cuarto, alexander está sudando frío. Aferra la cámara en una de sus manos, como si alguien se la fuera a quitar.

-          ¿Qué tienes?

-           ¿qué haces aquí?

-           Vengo al baño.

-          Alexander jadea. Sabe que si el secreto se descubre, todo se vendrá a la mierda, y él será el único culpable.

-           No pienso regresar a ese infierno, Roberto.

-           ¿Qué infierno?

-           Tienes que ayudarme.

 

A la hora de dormir, Manuel mira fijamente al techo, mientras Jonatan entra, la cintura cubierta por una toalla. Al ver a su compañero en esa posición de abstracción, sonríe.

- ¿Hay payasos en el techo?

- Sí. Creo que sí.

Ambos sonríen ahora.

-          ¿Apago la luz?

-          Manuel asiente con la cabeza. El cuarto se queda a oscuras.

-           Jon, ¿aún sientes eso que me dijiste el sábado?

-           ¿qué te dije el sábado?

-           ¿No lo recuerdas? Bueno, no importa.

-          Manuel gira hacia un costado y se acurruca para dormir. Jonatan sigue de pie, se quita la toalla. Debajo no tiene nada. Se queda inmóvil unos segundos.

-          Manuel se pregunta si aquella salida valió la pena, si no se estaba ilusionando de una manera extraña, cuál es la razón por la que había dejado su casa en la sierra para venir a ésta, buscando la salvación de todo el mundo. Entonces siente un peso a su costado, sobre su colchón, y unos brazos fuertes que lo rodean desde la espalda, además de un pecho cálido que se estrecha contra su espalda desnuda.

-           Carajo, Manu. ¿Por qué desconfías de mi? Te quiero, huevón. Te quiero.

-          Manuel trata de girar hasta quedar frente a frente con Jonatan. Se abraza fuertemente a él.

-           Yo también te quiero. No quiero separarme de ti.

-           ¿en serio? ¿estás seguro de eso?

-           Seguro.

-          Te quiero, Manu. No sé qué más decir.

De pronto, lo impensable. Las bocas de ambos se juntan. Se abren. Se exploran. Las manos de Jonatan recorren el suave cuerpo firme de Manuel hasta toparse con su slip. Lo baja y palpa las duras y abultadas nalgas. Manuel lo imita.

-          De pronto, los dos cuerpos desnudos sobre una misma cama. Juntos. Jonatan está encima de Manuel. Los penes erectos, babeando. Un beso interminable. Un abrazo sin fin. Un calor creciente.

-          De pronto, la habitación se llena de magia. Al diablo todo lo demás, y los votos. Los labios de Jonatan exploran el cuello de Manuel, quien le corresponde acariciándole el cabello.

-          De pronto, ¿el amor? ¿Ambos están haciendo el amor?

 

Rafael está acostado, desnudo, sobre su cama, mirando al techo. Tiene sus manos tras de su cabeza. Reflexiona.

En eso, entra Roberto.

-          Pensé que estabas dormido.

-           Sí. Ya estoy a punto.

-          Roberto comienza a desnudarse.

-           Oye Roberto, ¿Tú cogiste la cámara que estaba aquí?

-           ¿Qué si yo la co…? ¡Cla-claro! Yo lo hice y se la di a Alex… ¿P-p-por qué?

-           Por nada. Por cierto, Alex estaba raro. ¿Le esttará pasando algo?

-           Estee… sí, estaba mal del estómago, creo. ¿Por qué?

-           Nada. Me preocupó.

-          Roberto suda frío, y se mete a duchar.

-          Al salir, Rafael estaba casi dormido. Casi, porque su miembro estaba erecto. Roberto no dejó de solazarse viendo las grandes proporciones de aquella verga blanca, venuda, gruesa. ¿Cuánto medirá la de su compañero? Tranquilamente no bajaba de 21, quizás 22 centímetros. ¿Será cierto que los delgados la tienen más grande?

-           ¿Roberto?

-           ¿Ah?

-          Rafael se despierta sobresaltado. Sonríe.

-           Oye, ¿y eso?

-          Los ojos de Rafael señalan la pinga erecta de Roberto.

-           ¿eso? Eso… no es nada. ¡No es nada!

-           Ya. Ya. Tranquilo. Apaga mejor la luz.

-           Disculpa.

-          Otro cuarto que queda en oscuridad.

 

Antes que salga el sol, Darwin se levanta totalmente al palo. Su cipote adolescente está húmedo y palpitando. En la cama del costado, escucha la respiración de Pedro.

Baja de la cama, se acerca con cuidado, oye unos pasos afuera y se detiene. Cuando se alejan, levanta con cuidado la sábana y deja al descubierto la piel desnuda de su compañero. Sin previo aviso, se acuesta encima de él, y hace lo posible para que su pene ingrese al ano de Pedro.

-          ¿Qué haces?

-           Estoy arrecho. Ya, déjate cachar.

-           Pero, ahorita no.

-          Demasiado tarde. El miembro de Darwin inicia el taladramiento de las entrañas postreras de Pedro, y comienza el movimiento.

-           Mueve tu culo.

-          Pedro intenta liberarse infructuosamente de su penetrador, y el forcejeo hace que haya mayor estimulación. Al final, no le queda otra que ceder.

-           Así. Así. Sigue moviendo el culo. Me gusta. ¡Ahhhhh!

-          El semen de Darwin inunda el ano de Pedro. Con el pene flácido, regresa a su cama, se acuesta boca arriba, sin taparse.

-           Estuvo rico, Pedrito.

-          El aludido comienza a llorar.

 

Manuel y Jonatan bajan a hacer su rutina de ejercicios junto con el Reverendo Alexander.

-          ¿Listos, muchachos?

-          Jonatan se adelanta.

-           Reverendo… queremos hablar con usted.

-           Los escucho. Díganme.

-           Queremos… retirarnos.

 

(CONTINUARÁ…)

 

 

Escrito por N-Ass. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido o semejanza con la nombres, lugares y situaciones es pura coincidencia. Contacta al autor: hunks.piura@gmail.com, búscanos en Facebook o deja tu comentario aquí.

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