Mostrando entradas con la etiqueta la parcela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la parcela. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de octubre de 2012

La Parcela (24 - final): Mi parte de la herencia

Hunks of Piura

En una vieja moto, José y Pancho no dejaron de preguntar a lo largo del camino por la camioneta de Jano.

Debido a la hora de la mañana, muy pocas personas pudieron dar referencias, ya que el vehículo había pasado a velocidad, hasta que estuvieron a pocos kilómetros de un control policial.

-          ¿Nando habrá sido tan avezado que passó en las narices de la Policía?

-           Si supieras, José. Ese huevón se acostó con jueces, fiscales, policías… una vez nos contó que lo contrataron para una orgía.

-           Sí, ya sé cómo es eso.

-          Una señora apareció por un costado del camino, maldiciendo. Pancho y José se miraron extrañados.

-           ¿qué pasó, madre?

-           Un blanquiñoso desgracia’u pasó a la carrera, y casi se lleva mis ovejitas.

-           ¿En una camioneta negra?

-           Sí, por ahí se jueron.

-          La mujer señalaba un desvío de tierra. José arrancó la moto y se acercó.

-           Es la huella, huevón. ¡Se fueron por aquí!

-           Señora. Avise a la ronda, a la policía. ¡están secuestrando a una persona!

-           A ver, ¿cómo es eso?

-           Señora, no pierda tiempo. Que sigan el rastro de la camioneta.

 

En otro automóbil, Jerry y Raúl, desesperados, llevaban a César mal herido y casi inconsciente.

-          Resista, doctor. Ya casi llegamos al hospital.

-           ¿Jerry, ¿viste a Pancho y José?

-           No, no me di cuenta.

-          El control policial detuvo la carrera del auto.

-           ¿Por qué el apuro, maestro?

-           Jefe, llevo un herido.

-          El atlético policía se acercó. Era el mismo que semanas antes había parado a Jano, para pedirle documentos. Se aproximó a la ventanilla.

-           ¡Doctor! ¡Mierda!

 

en un desvío imperceptible, cubierto de algarrobos, Nando, quien punzaba con una navaja el costado de Jano, ordenó detenerse.

Se quedaron inmóviles y callados por largos minutos. Nando temblaba, y Jano estaba cargado de una inusual tranquilidad, teniendo en cuenta que el filo punzocortante podría rasgarle la ropa y la piel en cualquier instante.

-          ¿Y ahora qué, Nando? ¿Me matarás? ¿Repetirás la historia de tu padre?

-           ¡Calla, mierda! ¡No tienes ni la más puta idea de quién fue mi padre!

-           Ya no es un secreto. Por lo menos, no en la parcela.

-           Mira, huevón. Bueno fuera que Zacarías hubiera sido mi padre, pero él sólo me firmó.

-           Entonces, ¿por qué haces todo ésto?

-           Porque también soy dueño de esa parcela.

-           ¡Por favor, Nando! Fuimos pareja, pero eso…

-           ¡Calla, imbécil! Se nota que no sabes nada. María, mi madre, la que tu vieja botó como una perra, cometió el error de meterse con tu viejo.

-           ¿qué dices?

-           Cuando tu vieja la botó, mi mamá estaba embarazada de mi.

-           No. No puede ser. ¿quieres decir que tú… y yo… somos… ¿

-           Así es… hermanito. Tu familia nunca nos quiso dar nuestro lugar, y mi vieja sufrió lo que no sabes para sacarnos  adelante, para conseguirme una carrera. ¿Crees que lavando ropa vas a tener una vida digna? ¿Crees eso, carajo?

-           Pero Nando, pudiste haberlo hecho de otra forma.

-           Si tu vieja no nos dejaba, mierda. Cuando te conocí en esa disco de ambiente, y supe quién eras, prometí que recuperaría lo mío. Y hoy es el día.

-          Nando volvió a poner la navaja en el cuello de Jano.

-           Adiós, hermanito.

-          Un trueno, seguido de un cristal hecho trizas se oyó. Nando sonrió pendejamente… y se desvaneció en el asiento. En el vidrio, un gran salpicón de sangre se imponía sobre el fondo verde del bosque seco, húmedo por la lluvia.

-          Jano también se desvaneció.

 

O0o0o0o

 

En su cuarto, los besos apasionados entre Pancho y Raúl no cesaban. Las caricias eran interminables. Apenas había amanecido, y ambos salían de la ducha, apenas cubiertos por la cintura, en una toalla.

Pancho deshizo el nudo de la de  Raúl, y la tiró sobre la cama. El pene del chico estaba creciendo poco a poco. Nuevos besos y caricias. Raúl aprovechó para repetir el gesto con Pancho.

Así, totalmente desnudos, con una erección en progreso, se echaron sobre la cama. El cuerpo musculoso de Pancho descansaba sobre el físico marcado de Raúl. Su pelvis comenzó a masajear la del chico bajo su piel. En cuestión de un minuto más, ambas vergas estaban durísimas y secretando fluído pre-seminal.

Pancho rodó, dando la oportunidad de que Raúl ocupe su lugar y el turno para que frotara su pelvis. Raúl besó el cuello de su enamorado, y un gemido se escapó. Las piernas de Pancho se elevaron hasta aprisionar la espalda de Raúl.

-          Métemela por el culo.

-          Raúl sacó un condón de su mesa de noche, y comenzó la lenta penetración. Pancho jadeaba, de tal manera que la introducción de los 17 centímetros de su amante, amigo y todo lo que él quería, fueran más placenteras.

-          Cuando Raúl concretó la penetración, comenzó a moverse con más fuerza y a gemir. Sus manos se paseaban por las inmensas nalgas de Pancho, por su pecho, pellizcaba cariñosamente sus tetillas hasta verlas erectarse. Pancho no se quedó atrás: acariciaba todo lo que tenía al alcance de su mano.

-          De pronto, vio un gesto conocido en el rostro de Raúl.

-           ¿Las vas a dar?

-           Sí, mi amor.

-           Aguanta.

-          Pancho hizo que Raúl retirara su pene, tomó otro condón, se masturbó un poco y se lo puso hasta que su pinga se puso dura como roca.

-           Siéntate, amorcito.

-          Raúl colocó el glande de Pancho en su ano, y poco a poco fue bajando hasta que desapareció toda la pija dentro de su culo.

-           Así, mi amor. Cómetela toda.

-          Raúl estuvo brincando y dándose un masaje con los 19 centímetros de gruesa carne.

-           Pancho, me gustas tanto, amor. Te amo, carajo. ¡Te amo!

-          Pancho acariciaba a Raúl con pasión, hasta que sintió la inminencia del orgasmo.

-           Me vengo, me vengo.

-          Raúl levantó su culo y se sentó sobre los voluminosos muslos de su chico. Ambos se la corrieron hasta casi eyacular al mismo tiempo sobre el pecho y el abdomen de Pancho.

-          Raúl se agachó para besarlo profundamente en la boca, hasta que escucharon un claxon conocido.

-           Son ellos. Lavémonos y vamos.

 

En el estacionamiento principal de la parcela, José y Jerry recibiían a Jano y David.

-          ¿Qué tal el viaje, Jano?

-           Ahí, como siempre, José. ¿Todo en orden?

-          Casi atropellándose, Pancho y Raúl aparecieron a saludar. Como venían vistiéndose en el camino, Raúl terminó con el polo al revés. Todos se rieron.

-           ¿Cómo está Wilfredo, Jano?

-           Bien, Raúl. Mucho mejor. La vaina es que su juicio saldrá en un par de meses más.

-           Mierda. Y recién lleva dos mesesadentro. ¿Crees que lo condenen?

-           Tuvo relaciones con un chibolo de 16. todo lo incrimina, Pancho. La buena noticia es que como aceptó su culpa, puede que le reduzcan la pena.

-          Pancho se disculpó y fue a ver su mochila para ir a la ciudad. Hacía un mes que sus clases comenzaron de nuevo. Raúl lo ayudó.

-           Todo estará bien, mi amor. ¿Nos vemos esta tarde?

-           Claro. Te amo, Pancho.

-          Ambos se besaron en la boca. El moreno musculoso y culón salió a tomar su carro. Raúl, Jerry y David se fueron a la cocina. Sólo quedaron José y Jano. El capataz vestía su clásico polo ceñido y un jean que, aunque suelto, le marcaba la musculatura; el dueño de la parcela con sus clásicos polos de Looney Tunes, y sus bermudas playeras.

-           Qué lindo que Pancho y Raúl se entienden.

-           Sí, José. Chambearon duro todo el verano.

-           Bueno, sí, me consta. Todas las noches los oía follar como locos.

-           Jajaja, José. Fue una de las pocas cosas buenas que hizo Nando.

-           Puede ser. ¿Cómo quedó Gabo?

-           Hoy comienza a estudiar Cocina. Espero que no le serruche el puesto a Jerry, jajajaj. Además, acompañará a mi vieja.

-           Jano, ¿y qué dijo ella de tu decisión de modificar el testamento de tu viejo?

-           No lo acepta, pero le hice entender que es lo legal. La vieja de Nando tiene todo el derecho del mundo a recibir una parte de la parcela. Yo hablé con la señora, y le dije que todos los meses iba a recibir la parte proporcional de las ganancias.

-           ¡Qué mierda! O sea, se salió con la suya ese huevón de Nando.

-           Aunque no nos guste, es lo justo. Además, existe el parentesco.

-           Aunque Nando nunca se comportó como tu hermano. Aprovechó su pinta de modelo, culturista y actor porno para seducirte y estafarte.

-           A mi, a David, a Jerry, a Raúl, a Pancho, hasta el pobre de Gabo. ¿sabes que Gabo se siente pésimo por ser quien delató a Wilfredo?

-           Cuando Wilfredo me dio las llaves, me dio mala espina. Pero cuando Gabo me lo contó todo, en la ducha, no me quedaron dudas. Supe que estabas en peligro, Jano. Temí perderte otra vez.

-           Y siempre te lo agradeceré, José. Sin tu astucia, tu garra y… bueno, y el cariño que me tienes, quizás no estuviera aquí para contarlo. Te debo la vida.

-           No fue nada, Jano. Te lo prometí. ¿Y cierto que trasladaron a Zacarías?

-           Sí, aunque la novedad es que quiso escaparse del otro penal… y lo mataron.

- ¡Mierda! De veras, ¿Nando se recuperará?

-           Los doctores dicen que no. La pedrada fue tal que casi pierde la visión, pero se quedó mudo… y cuadrapléjico. Aunque va a pasar rehabilitación, los doctores creen que el resto de su vida… pucha, pobre Nando. Si lo vieras, está adelgazando. Peor ahora que sabe que César lo ha denunciado, encima está mi denuncia. Pobre, se jodió la vida.

-           Qué tal puntería la de ese rondero. Al menos la familia de Nando podría invertir la parte de sus ganancias en la rehabilitación. Dicen que es cara.

-           Eso espero, porque su primo no me da confianza.

-           Pero, tú tranquilo. Todos aquí somos de tu confianza, Jano.

-           Hace un momento insinuaste que no debía confiar en los fortachones, cuerpo de culturista, stripper y actor porno… entonces, ¿qué hago contigo, José?

-           Puta. Nos vamos a las patadas.

-           ¡es broma, cojudito! Espero que algún día pueda corresponderte tanto como tú me aprecias.

-           No te aprecio, Jano. Te quiero con toda mi alma. Pero… tienes razón. Esperaremos.

-          Jano tomó la mano de José y la apretó.

-           Las cosas serán mejores para todos. Ya lo verás, José.

-          Ambos se miraron fijamente. Los ojos de José comenzaron a llenarse de lágrimas. Jano lo miró con una nueva expresión. ¿Acaso era hora de voltear la página… o repasarla?

-           Yo también te quiero, José.

 

FIN.

 

Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí. Si quieres repasar toda la serie, haz click en la etiqueta “la parcela”, o busca en Google como “hunks Piura la parcela”.

viernes, 19 de octubre de 2012

La Parcela (23: Hemos sido unos cojudos

Hunks of Piura

A la mañana siguiente, Nando dejó las labores de campo y acompañó a Jano en la oficina.

En ese momento, llegó José.

-          Jano, Jerry tiene un problema en la cocina. Dice si puedes venir un toque.

-          Jano salió.

-           ¿Vienes Nando?

-           Yo no me meto en esas huevadas. Anda tú.

-          Al llegar a la cocina, Jerry no estaba.

-           José, ¿qué pasa aquí?

-           Siéntate. Tengo que mostrarte algo.

-          José sacó  el sobre que había llegado el día anterior, y se lo alargó a Jano. No tenía remitente, sólo la referencia de destinatario a Wilfredo.

Jano revisó el contenido cuidadosamente. Estaba desconcertado.

-          ¿De dónde sacaste esto?

-           Llegó ayer, en los colectivos que suben a Canchaque.

-           El único que conocía esta info, aparte de Nando, era David. ¡David!

-           Creo que debes ser cuidadoso, Jano. En negocios, debes ser frío. Tu… viejo decía siempre eso.

-          José dejó solo a Jano, en silencio. Miles de ideas se agolparon en la cabeza del joven dueño de la parcela. Muchas interrogantes. Respuestas obvias que él se resistía a creer. Sus ojos se humedecieron.

 

Nando estaba borrando varios archivos de su memoria USB, entre ellas, la foto de David penetrando a Gabo por el culo. Juzgó que ya no le sería útil. Después envió unos correos y jugó en el chat con quienes lo encontraban en línea con su inconfundible avatar: su cuerpo semidesnudo, en la playa, cubierto apenas por un fragmento de toalla justo sobre sus partes íntimas.  Jerry llegó a la oficina.

- Nando, dile a Jano que si quiere pollo o carne, me avise.

-          Nando lo miró extrañado.

-           Pero Jano fue a verte a la cocina, porque había un problema.

-           ¡Problema? Bueno, sólo lo del pollo o la carne.

-          Nando se puso alerta.

-           Voy a decirle entonces.

-          Nando salió rápidamente.

-           Oye, Nando. ¿y qué sabes de Wilfredo?

-           Después te cuento.

Jerry juraría que esa fue la primera vez que vio un semblante distinto a Nando, una mezcla de desesperación y ansiedad, raras en él.

Cuando Nando llegó a la cocina, Jano ya no estaba. Jerry entró poco después.

-          Jerry, ¿tú mandaste a llamar a Jano con José?

-           No. Para nada.

-           Mierda!

-          Nando se fue directo al dormitorio, pero Jano no estaba allí; tampoco en la sala, el jardín interior, los otros cuartos, los baños… salió. Cuando llegó al cobertizo del mini-gimnasio, vio a José ir a su encuentro. Se enfureció.

-           ¿qué mierda le estás diciendo a Jano?

-           ¿qué mierda te preocupa?

-          Nando perdió los papeles.

-           ¿sabes quién soy yo?

-           Claro. El ijo de Zacarías.

-          Nando se puso rojo y lanzó un puñetazo a José, quien logró esquivarlo. En respuesta, José le asestó uno más fuerte en la mejilla que lo derrumbbó al suelo. Pancho y Raúl vinieron a separarlos.

-           Oye, reconcha tu  madre. No voy a dejar que te interpongas entre Jano y yo.

-           Mira, reconcha la tuya. A mi no me metes miedo, ¿ya? Serás todo lo universitario que quieras, pero a mi no me ves la cara de cojudo, ¿entendiste?

-           ¡Lo vas a lamentar, reconcha tu madre!

-           Atrévete a tocarme, mierda.  A ver quién es más vivo, carajo.

-          Nando comprendió la desventaja.

-          A lo lejos, se oyó la camioneta arrancar. Nando se liberó de Pancho, quien lo contenía, se levantó y partió lo más rápido que pudo, pero al llegar, sólo vio la polvadera que dejó el vehículo, y a jerry cerrando las hojas del portón.

-           ¿Adónde mierda fue Jano?

-           Ya, tranquilízate. No sé.

-           ¿Cómo que no sabes, so chismoso de mierda?

-           Oye, nandito, más respeto.

-           ¿qué te tengo que respetar a ti, maricón de mierda?

-          Nando se fue, dando pasos fuertes, hacia la cocina. Allí adentro, comenzó a volcar las ollas y el menaje.

-           Estás desppedido, Jerry reconcha tu madre. Tú y el traidor hijo de puta de José.

-          Jerry no aguantó un segundo más y se marchó. Raúl y Pancho se acercaron a tranquilizar al enfurecido fortachón. ¡qué lejos distaba de aquel apacible y sensual cuerpón que había llegado un par de meses antes!

-           ¿Dónde está el reconcha su madre de José?

-           Nando, ya, basta. Deja a José tranquilo.

-           ¡No, Pancho, no! Ese huevón me las va a pagar. ¡A ese huevón lo voy a matar!

Pancho y Raúl se miraban a los ojos, sin entender qué es lo que estaba pasando.

 

Un par de horas más tarde, Jano llegaba a casa de su madre. Gabo lo acompañaba. Lo envió a la habitación donde había acogido a Raúl, semanas antes.

-          Janito, ¿qué tienes, hijito?

-           Mamá, ¿qué sabes de una tal María?

-          La madre de Jano abrió los ojos. Cambió su expresión. Se indignó.

-           Esa víbora quiso quitarme a tu padre, y quería quedarse con la mitad de todo lo que nos costó obtener.

-           ¿Sabes si tuvo un hijo? ¿Ella y un tal Zacarías?

-           ¿Hijo? ¡no me hagas reír, Nandito!  Cuando estaba embarazada de ti, yo la despedí y le pedí que se fuera bien lejos. Desde entonces no sabemos nada de ella. Zacarías se quedó trabajando con tu padre… hasta que lo mató.

-           ¿sabías que Zacarías y María tuvieron un hijo, y que ese hijo resultó siendo el capataz de la parcela, el que yo contraté?

-           ¿El chico que vino a sacar el gimnasio?

-          Jano asintió.

-           ¡Hijo, debes recuperar la parcela! ¡Esa familia no merece ni un palmo de tierra!

 

Esa noche, Raúl entró al cuarto que compartía con Pancho.

-          ¿Se tranquilizó?

-           No sé. Se encerró en la oficina. Vi que llevaba un vodka.

-           No entiendo nada de estas huevadas. Despidió a José, a Jerry. Gabo no está. Jano se fue sin dar explicaciones.

-           Nando dice que espera que no lo traicionemos.

-           Amor, esto no me gusta. Me da muy mala espina.

-          Raúl se acercó a Pancho. Ambos se abrazaron fuertemente.

 

En la oficina, Nando estaba embriagado como nunca antes. La botella de vodka apenas si tenía un sorbo. Varios papeles que solían llenar el escritorio estaban hechos picadillo.

El musculoso estaba totalmente desnudo. Se puso de pie. Su verga estaba erecta. Se miró y sonrió.

-          eso es todo lo que soy: un cuerpazo, una pingaza, un culazo. Ningún reconchasumadre me quitará lo que es mío.

-          Comenzó a masturbarse con mucha fuerza, como si quisiera arrancarse su pene. Su semen se esparció por los papeles, pegoteándolos.

 

Esa noche, en el penal, Wilfredo se hallaba asustado en un rincón de la celda, cuando uno de los chicos en breves prendas se le acercó.

-          ¿Y esa cara? No te preocupes. Nosotros haremos que no te aburras aquí.

-          El joven acarició el pecho de Wilfredo hasta llegar a su miembro. Lo comenzó a manosear. Poco a poco, la tensión fue dando paso a la excitación. Los 20 centímetros de Wilfredo comenzaron a ponerse duros.

-           Así, ¿viste?

-          El joven se quitó la ropa. Su cuerpo desnudo, perfumado y suave no tenía ningún vello. Wilfredo se dejó sacar su polo y su jean. Debajo de su slip, su trozo de carne pugnaba por liberarse.

-          El joven fue bajándole la ropa interior, y apenas saltó su cipote, comenzó a darle lengüetazos y a mamarlo. Lo hizo por varios minutos, hasta que se puso boca arriba y levantó sus piernas.

-           Méteme tu pinga, papi. Toda, así, ahhh, duele rico, así papi. Muévete, muévete. Párteme el culito.

-          Wilfredo comenzó a moverse con locura, mirando a la pared, iluminada con una tenue luz. Estaba a punto de venirse, cuando sintió un dolor agudo en su espalda.

-          Antes que se nublara su visión, logró identificar a Zacarías.

 

Jano regresó a la mañana siguiente, en compañía de César, el abogado. Nando estaba aún en la oficina. Miró a Jano con cinismo, los ojos inyectados en sangre.

-          Mi vida, ¿qué pasó ayer? ¿por qué te fuiste sin avisar?

-           Nando, ¿cuáles son tus reales intenciones aquí?

-           ¿Por qué me lo dices en ese tono? Tú sabes que  te quiero ayudar a que esta mierda de  negocio florezca. Además, somos novios, ¿no? ¡¡Soy tu cachero, carajo!!

-           Nando, preferiría que las dos relaciones mueran aquí. Estás despedido, y ya no te quiero como pareja.

-           ¿Por qué, mi vida? ¿Qué te han dicho?

-           Nando, no hagas más complicado esto. Sal de aquí, por favor.

-          Nando bajó la cabeza, puso cara de resignado.

-           OK. Como tú digas. Sólo quiero sacar unos papeles de la camioneta. ¿Puedes darme las llaves?

-           Vamos juntos.

-          César quiso detenerlo, pero Jano le hizo un gesto de tranquilidad. Entonces, acompañó a Nando al vehículo.

-          Jano subió y le abrió la puerta a Nando.

-           ¿Dónde están esos papeles?

-           Creo que aquí… o… por aquí… o… aquí.

-          Nando hizo el que buscaba algo, cuando de pronto, sacó una navaja y rápidamente se la puso en la garganta a Jano.

-           O arrancas esta cosa, o aquí mancas, mierda.

 

-          José, Jerry y el viejo Ananías llegaban al portón, cuando casi los atropella la camioneta. José se azoró.

-           Qué pasa aquí?

-          Pancho y Raúl estaban asustados en la puerta, mudos.

-           Dije qué pasa aquí, muchachos.

-          Pancho deshizo el nudo en su boca.

-           Dijo que si no lo obedecíamos, mataría a Jano.

-          José llamó a Ananías, y se fueron corriendo.

-          Jerry se acercó a Raúl y le ayudó a cerrar la hoja del portón.

-           Nando está loco.

-          Jerry llegó a la oficina. César lucía una gran mancha de sangre a la altura del abdomen. Gemía de dolor.

-          Pancho hizo a un lado el miedo, y auxilió al abogado.

-           ¡Vamos a la posta! Hemos sido unos grandes cojudos. Nando nos usó, carajo.

 

(CONTINUARÁ…)

 

Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.

viernes, 12 de octubre de 2012

La Parcela (22): Zacarías

Hunks of Piura

Jano esperaba con impaciencia frente a la Comisaría de la ciudad. Estaba en su camioneta, acompañado por Nando.

-          Ese Wilfredo. ¿Cómo se le ocurre tirar con un chibolo del pueblo?

-           No asegures nada, Nando. Todavía no ha sido condenado.

-          Nando sonrió, despectiva y socarronamente.

-          Un auto se estacionó al costado de la camioneta, y un hombre joven, contextura normal, trigueño claro, cara agradable, como de unos 28 años, en camisa, corbata y pantalón de vestir bajó. Tenía un buen trasero.

-           ¡César, al fin!

-           Hola, Jano. ¿Qué ha pasado?

-          Tras explicarle por unos minutos, Jano entró a la Comisaría, dejando al abogado y al gringo fortachón, solos en medio de la calle.

-           Hola, Cesítar. A los tiempos.

-           ¿Qué tal, Bennny? parece que los rumores eran ciertos.

-          Nando se puso serio. Mientras, Jano, tras negociar con el comisario, pudo ver a Wilfredo.

-           ¿Sabes de lo que te acusan? Es grave.

-           Joven Alejandro. Es que… es que ese chibolo se me ofreció.

-           Todo lo que quieras, pero es menor de edad. ¡es delito!

-           Yo no sabía.

-           Mira, he llamado a un amigo para que te asesore legalmente. Ahora lo hago pasar.

 

En la parcela, Jerry contaba sollozando los detalles de lo que pasó. José, Raúl y Pancho estaban presentes.

-          ¿Y Gabo? ¿Dónde está?

-           En su cuarto. Creo que llorando.

-          José se levantó.

-           Voy al baño.

Sigilosamente, José comprobó que Gabo estaba acostado sobre la cama de su tío, callado, inexpresivo.

José dio un rodeo completo a la casa grande, verificó que nadie anduviera cerca, y se escabulló en la oficina. Fue al archivador y buscó el expediente de Nando. No tardó en hallarlo, con su inconfundible rostro blanquiñoso, de facciones de modelo. Lo abrió: copia de DNI, certificado de antecedentes penales y policiales, curriculum… ficha RENIEC.

-          ¿Hijo de Zacarías y María? ¿Será posible la coincidencia?

-          Fue a archivadores más antiguos, y se dejó llevar por su instinto. Halló otro expediente… hasta que se encontró con el rostro familiar de un hombre moreno, de ojos achinados  y algo gordo.

-           ¡No puede ser! Los apellidos de Zacarías y Nando son iguales… ¿pero serán familia? ¡No se parecen!

En ese instante, tocaron el portón. José arregló todo velozmente y fue a atender. Era uno de los choferes que subían a la sierra, llevando un sobre dirigido a Wilfredo. Lo tomó y lo guardó. Al palparlo, notó que había un papel grande y otro más pequeño.

 

En la ciudad, César, el abogado, no salió con buenas noticias.

-          Wilfredo será detenido preventivamente en Río Seco. Mientras no sepa quién es el juez, no podré gestionar libertad condicional. El problema es que por el delito, será medio jodido.

-           Haz lo que puedas, César. Mantenme informado.

-           Tranquilo, Jano. Ya sabes cómo trabajo. Hasta luego, Be…, perdón, Nando.

-          Jano se volteó a ver a su pareja, quien para nada se bajó de la camioneta, y lucía su mejor cara seria.

-           Antiguo cliente.

 

En el pueblo cercano a la parcela, José buscaba una casa. Tras preguntar a un par de vecinos, se encontró con una choza de quincha y adobe, pintada de verde claro, y techo de zinc.

Un sexagenario, con la mirada perdida, se balanceaba en una mecedora, viendo jugar a los nniños, decenas de metros más allá.

-          ¿Ananías?

-           De parte de quién?

-           ¿No me reconoces? ¡Soy José! ¡José, hijo de Pablo!

-           ¡Muchacho! Pero, ¿qué te ha pasado? Bien maceteado estás.

-          El anfitrión hizo traer un par de cervezas, a pesar de la negativa del visitante. Pero, el problema es que si no aprecias lo que te ofrecen en el campo –el acatamiento- pueden generarse ofensas.

-          Ananías, ¿recuerdas al Chino Zacarías?

-           Uhhh… ese desgracia’u reconcha su madre. Por su culpa me sacaron de la parcela. ¿sabes que ahora está en la cárcel?

-           Dejuro. ¿Sí sabías que lo culparon de la muerte de Don Alejandro?

-           Sí. Pero nunca entendí por qué lo mató, si lo mató.

- Zacarías se había vuelto ‘rojo’. Se metió con unos huevones que decían que los ricos no debían tener tierras. Nos reunió a los capataces y nos decía que debíamos terminar con esa explotación del campesino y esas huevadas.

-           ¿Pero, Don Alejandro nos explotaba?

-           Oye, ¿no te acuerdas lo considera’u que era? ¿Te acuerdas cuando el Miguel se rompió la pierna?

-           Claro. Tiene razón. Entonces, ¿por qué el Zacarías le tenía cólera?

-           Porque le lavaron el cerebro, Pepito. Nos quiso lavar el cerebro. Un par de huevones lo siguieron. Y como nosotros no, le metió un cuentazo a Don Alejandro y nos hizo sacar. Entonces, sin aliados, ahí nomás le dio vuelta.

-           Ya entiendo. ¡Claro, ahora me acuerdo! Una vez le vi un libro rojo…

-           … con la hoz y el martillo. Terruco era. Esos terrucos nos jodieron la vida, carajo.

-           Ajá… y… una pregunta más: ¿sabe si Zacarías tuvo hijos?

-           ¿Zacarías? ¿con esa vida de mierda, qué hijos iba a tener ese huevón? Sí andaba jodiendo a una criada de Don Alejandro, pero hasta ahí nomás.

-           ¿Cuál criada?

-           No recuerdo bien, pero la patrona le dio plata para que se vaya de su casa. Creo que la chica terminó yéndose a Chiclayo o Lima, pero no volvimos a saber de ella. Oye, Pepito, ¿y por qué estás removiendo todo eso?

-           Curiosidad , ananías. Curiosidad. Tengo que regresar a la chamba. Gracias por la chela.

 

Sobre la cama de Wilfredo, Jerry ahogaba su estrés metiendo sus 18 centímetros en el culo de Gabo, mientras el almuerzo se enfriaba.

Acostado sobre su espalda, totalmente desnudo, se movía frenéticamente, mientras Gabo levantaba su culo, también sin nada de ropa.

Finalmente, eyaculó. Justo en ese momento, a lo lejos, oyeron el portón abrirse. Como rayos, Jerry botó el condón por cualquier parte, se puso su ropa y Gabo fue directo a la ducha.

Gabo respiró aliviado, cuando, mientras el agua recorría su cuerpo, escuchó la camioneta de Jano. ¿qué hubiera pasado si el patrón hubiera llegado en pleno cache?

Cuando Gabo acababa de bañarse. Al entrar al cuarto de Wilfredo, halló a José, sentado sobre su cama. El chiquillo se asustó. El condón usado estaba al lado de uno de sus zapatos.

-          Tienes ropa bonita. No sabía que las coreohrafías dejaran tanta plata. ¿Te acuerdas que Caly siempre se quejaba de que ganaba miserias?

-           José, me voy a cambiar. Creo que Jano ya llegó.

-           Tu tío está detenido, Gabriel. Parece no importarte. Y pensar que te dio la mano, ¿no?

-          José se levantó y se fue.

-          Cuando quedó solo, Gabo rompió a llorar.

 

Wilfredo fue trasladado esa tarde al penal. Un temible comité de bienvenida lo esperaba.

-          ¡Llegó el violín! ¡llegó el violín!

-          Wilfredo fue llevado a una celda donde habían dos varones más jóvenes, que lo saludaron con una sonrisa, pero no hablaron nada. Vestían shorts muy cortos, ceñidos, y bibidíes. Era evidente que debajo no tenían ropa interior, a juzgar por cómo se les metía por la raja del culo, y cómo se le marcaban los paquetes.

-           ¡Bienvenido, Wilo!

-          Wilfredo volteó y miró azorado.

-           Za… Za… ¡Zacarías!

 

A esa misma hora, Pancho, Raúl, Nando y  Jano estaban desnudos, compartiendo la misma cama, en el mismo cuarto. Justo después de almuerzo, Nando propuso a Jano una experiencia… diferente: que las dos parejas se hagan el amor viéndose entre sí, pero sin interactuar, es decir, cada par por su lado. Sería vouyerismo puro.

Al inicio, Pancho no aceptó, pero Raúl le dijo que sólo sería hacerlo frente a ellos, nada más.

Así, mientras Raúl y él se lucían con un 69, donde alternaban las chupadas de miembro, de bolas y los besos negros, Nando y Jano optaron por un conservador perrito. Jano no despegó la mirada de la performance sexual de sus otros dos amigos, una mirada arrecha, relamiéndose los labios.

Pancho gimió, y mientras Raúl le lamía el ano, comenzó a eyacular, sin tan siquiera habérselo manoseado. Entonces, tomó el pene de su chico y lo masturbó hasta que el semen los unía cual engrudo.

Jano también se vino en ese momento, lo que estrechó su ano y magulló la pinga de Nando.

Apenas sucedió esto, Nando sacó su pene del culo de Jano, se acostó y se quedó dormido.

José había logrado espiar algo de la acción desde el jardín interno de la casa grande. Antes que todo acabara, decidió ir al cuarto, quitarse la ropa y tomar una ducha.

Pero, bajo el agua, no pudo quitarse la imagen del sexo en grupo, y tomó su pene con su mano derecha para corrérselo, mientras que con la izquierda se acariciaba las nalgas y comenzaba a explorarse su ano.

Estaba a punto de conseguir el orgasmo, cuando vio que alguien lo observaba. Era Gabo, quien no había dejado de llorar.

-          José, yo no quise hacerlo. Él… él… Nando…

 

(CONTINUARÁ…)

 

Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con personas, lughares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.