jueves, 24 de noviembre de 2011

Cómo sacar brazos

¿Qué decir de los brazos que tú no sepas? Mejor entremos en materia.
Estas extremidades se componen por dos músculos críticos: el bíceps (por delante) y el tríceps (por detrás). Ambos jjalan un músculo intermedio, que le da volumen al brazo.
El antebrazo, que es lo que está entre el codo y la muñeca, se beneficia mucho de las rutinas de brazos, pero tiene sus propios ejercicios, especialmente en el gym.
Pero, si te entrenas en casa o cuando viajas, otra vez las planchas. Aunque ttodas los benefician, hay unas especializadas que se hacen poniendo las manos, sobre el suelo, a la altura de los hombros. Como siempre, la punta de los pies también como segundo y único punto de apoyo.
El movimiento consiste en flexionar los brazos sin despegarlos de tus costados, sin que tu pecho toque el suelo; entonces, regresas a la posición inicial y aprietas.
Eso por delante. Por detrás, tienes que buscar el borde de una silla o una cama, y apoyar la palma de tus manos allí, y los talones sobre el suelo. Entonces, flexionas los brazos, sin despegarlos de tus costados, bajando el culo, pero sin tocar el suelo; regresas y aprietas.
La clásica: 4 de 10 ó 12 en cada caso.
En el gym, hay muchos ejercicios para brazos, tanto con barra como con pesas libres, pero el movimiento es siempre el mismo: estirar los brazos y contraer apretando el músculo que estás ejercitando.
Los ejercicios para brazos más comunes del gym son: el curl (con barra ezeta –la que parece curvada- o alternado con mancuernas), curl polea, el concentrado (donde el codo se apoya al interior de tu rodilla, y se hace sentado), o el predicador, que se hace sobre un soporte especial que permite descansar tus tríceps (aunque es el más fregado, por si acaso)… bueno, eso por delante…
Por detrás, tienes: jalones normales, jalones inclinados, y la copa, que consiste en coger una mancuerna de una de las pesas, con las dos manos, y flexionarlos hacia detrás de tu cabeza, y luego levantándolos. En estos casos, siempre los ejercicios se hacen de espaldas a la máquina, a diferencia de los anteriores donde la miras siempre.
Y es probable que, mientras lees este artículo, alguien haya inventado uno nuevo. Pero mejor consulta a tu instructor para ver cuál necesitas, tanto por delante como por detrás.
No, no lo hemos olvidado. El antebrazo se ejercita en el gym con movimientos simples, donde primero se sostiene el peso, en barra o en mancuerna, con los brazos extendidos, y luego los levantas hasta hacer un ángulo recto con tu brazo.
Ojo, si lo haces en casa, los mismos movimientos puedes lograrlos con ladrillos, trozos de metal, baldes, o lo que sea, pero de peso conocido.
Casi no hay mucho que decir de los brazos, pues si te ejercitas, crecen casi al toque; pero, si quieres armonía, tendrás que complementarlo con el resto de rutinas que te hemos propuesto a lo largo de esta serie especial.
Además, debes controlar tu antropometría, por delante y por detrás, tal como te lo decimos en “Estas proporciones nos interesan” en este mismo blog.
Ahora bien, crecer y verte mejor, por delante y por detrás, depende de ti. ¿Comenzamos? ¡OK!
Y no dejes de contarnos tus progresos, dificultades o descubrimientos a hunks.piura@gmail.com o dejando tu comentario aquí abajito.

Estos ejercicios son referenciales.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Un buen albañil sabe cuándo meter fierro

Soy un albañil de 28 años. Normalmente mi vida es jodida porque dependo de que haya chamba, y, a pesar de que hay construcciones por todo sitio, no siempre consigo colocarme.
Pero, hay ciertas compensaciones como la que te voy a contar ahora.
Primero, déjame decirte que cuando no estoy cargando ladrillos, tarrajeando o poniendo varillas, me la busco como sea, pero en trabajos honrados: ayudante de carpintería metálica, pintor de brocha gorda, y hasta gasfitero, por si alguna vez se te tapona la cañería.
Segundo, como tengo mucho rato libre, me encanta hacer mi deporte. Soy malo pa’l fútbol, así que hago pesas. Entreno en un gimnasio por Castilla, y en vez de mensualidad, al instructor le pago con obritas: reparaciones, instalar cosas, pintar las máquinas… y estoy agarrado, de tal forma que si me sale una obra, puedo soportar la jornada.
Hace poco me pasaron la voz de una casa que estaban haciendo en una de las nuevas zonas residenciales de Piura, y me dije, ya, me apunto. El sitio era medio pituco, pero la gente de mierda, cuando te ve, te mide, como si fueras choro. Bueno, bonito, bonito tampoco soy, pero de ffeo tampoco tengo nada.
Soy trigueño. Tostado por estar al sol cuando chambeo, metro 72, lampiño. A pesar de que la gente los mira mal, aprendí a hacer de todo en el Ejército.
El hecho es que me llamaron a esa obra, y era una jatazo, tanto que a cada albañil prácticamente le dieron la responsabilidad de una pieza.
Yo estaba encargado de lo que sería un cuarto con su baño, al fondo del terreno.
Era viernes después de almuerzo, cuando estaba tarrajeando una pared.
“Hola”. Me volteé, y vi a un chibolo, blanquito, formadito. Tendría sus 20 años. Vestía un polo manga cero, una bermuda y unas sandalias, todas de marca por lo visto.
“Buenas tardes, joven”.
“¿Tú estás trabajando aquí solo?”
“Sí, joven”.
“¿Puedo ver lo que estás avanzando?”
Por la facha, entendí que podría ser uno de los dueños, así que le dije que pase y vea.
Se puso a examinar las paredes, y como tenía baño propio, se metió a ver.
“¿Cuándo estará listo todo?”
“Quizás la próxima semana, joven”.
“¿El baño también?”
“Sí, también”.
“Es que hay unas rayas en la pared, y no sé si quedará así”.
Dejé de tarrajear, lo miré. Me di cuenta que él también me miraba fijamente.
Me acerqué al baño y le pedí que me señalara las rayas que había visto. Lo hizo.
“Ah, eso es para que pegue la loseta”.
Fue cuando caí en la cuenta. Como trabajaba al fondo de la casa, toda mi ropa de chamba era un polo viejo, un short algo pegado, que me marcaba el paquete, y unas zapatillas viejas. El huevón me estaba viendo el culo. ¡Mierda!, dije yo. Éste se ha confundido.
Me volteé para mirarlo de frente.
“No se preocupe, joven, quedará bien armadito”.
“Claro”.
El pata se fue, y no le di importancia a la charla.

A las cinco era la hora de salida, y, como es costumbre, los albañiles tomamos una lavada dentro de la obra.
Yo acostumbraba bañarme en la misma pieza donde me gané con la mirada del chiquillo.
Recogí mi agua, jalé mi toalla, los otros albañiles me pasaron la voz despidiéndose, me calateé, y empecé a mojarme con un balde.
Apenas había comenzado a enjabonarme, cuando el chibolo entró al baño.
“Hola. Disculpa. Pensé que estaba vacío”.
“No se preocupe, joven. Ahorita acabo”.
“¡No! ¡Normal! No te preocupes”.
No sabía cómo reaccionar.
“Lo que pasa es que éste será mi cuarto, y lo quería ver”.
“Ah, entiendo”. El jabón se me secaba sobre el cuerpo, mientras tenía un balde lleno de agua en la otra mano.
“¿Hace tiempo que eres albañil?”
“Sí. Ocho años. ¿Por qué?”
“Se te nota. Tienes cuerpo de… albañil”.
Sonrió. Sonreí también.
“¿Interrumpo tu baño?”
“Bueno… no sé… la verdad no”. En realidad, no quería contradecirlo, pero estaba recontra incómodo.
“Y todo lo tienes crecido”. Por fin me eché algo de agua y me seguí jabonando.
“¿Cómo así?”
“O sea, tu cuerpo, tus músculos… todo…”
“Ah, ¿y tú no?”
“¡Vaya, por fin me tuteas! Bueno, cuando voy a la playa corro algo de tabla, pero… no sé”.
“Yo creo que sí”.
“¿Te parece?”
“Bueno, tienes brazos formados”
“Aunque mis amigos dicen que lo que tengo más desarrollado es… el trasero”.
“¿En serio? No parece”. Y fue cuando mi pinga comenzó a armarse. No lo pude evitar.
“Es que, cuando compartimos habitación me ven calato, y seguro lo dicen por eso”.
“Ah, con razón”.
“¿Con razón qué?”
“Es que tu bermuda es ancha”.
“Entonces, ¿no crees que tenga trasero grande”.
“Habría que verlo, pero no sé si los otros albañiles siguen trabajando…”
“No. Yo mismo los despedí a todos, porque ya habían acabado”.
“¿Y el vigilante?”
“Ah, pero él está en el portón… ¿Por qué? ¿quieres ver si es… grande?”
No dije nada. Mi verga estaba completamente armada: 18 centímetros (medida con mi wincha), venuda y gruesita.
El chiquillo, entonces, le prendió la mirada. Yo me enjuagué, y al quitarme el jabón, terminé agarrándome mi fierro, duro, babeante,sin acción hacía mucho tiempo.
“A ver, quiero verte el culo”.
El chibolo se quitó el polo, y la bermuda. No traía ropa interior. Se volteó. La verdad es que su cculo no era grande, pero sí redondito, lampiño, blanquito.
“¿Qué te parece?”
“Sí, es grandecito. Pero como que de lejos no se ve bien”.
“A ver”. Se acercó.
“¿Puedo tocarlo?”
“Claro”.
Le pasé mis manos callosas, pero pude sentir la suavidad de sus nalgas, la firmeza. Mi huevo iba a explotar. Él se dio la vuelta.
“´qué te parece”?”
“Rico”.
“¿Rico?”
“Sí. Lástima que sólo sea para ver”.
Sonrió.
“Tu cuerpo es bonito también”.
“¿Sí? ¿Y te gusta alguna parte en especial?”
“La verdad, todo… tu pecho, tus brazos, tus piernas… y esa pinga que te manejas también”.
Me olvidé de las formas. Lo acerqué a mi, lo abracé, y le di un beso en la boca. Con lengua y todo. Me correspondió, y sabía que él estaba arrecho, porque sentí su verga (calculo unos 16 a 17 centímetros, comparada con la mía) rozando la mía.
Le besé el cuello, y él comenzó a recorrerme con su boca, bajando, hasta llegar a mi verga. Sacó la punta de su lengua, y lamió una gotita que tenía en la punta.
Allí comenzó lo bueno. Me la chupó como los dioses. También le dio cariño a mis testículos.
“¿Te la meto?”
“Ya”.
Se levantó y fue a ver su bermuda. Al agacharse, le vi el ojete. Era chiquito y rosadito.
Sacó un condón, lo abrió y me lo puso.
“Métemela despacito, ¿ya?”
Giró, se apoyó sobre el tanque, quedándose agachado, y le puse la cabecita en el ojo del culo.
Poco a poco la fui metiendo, hasta que se la enterré toda.
Me agarré de sus caderas y me moví más rápido cada vez. El chiquillo se agarró bien del tanque y también movía su trasero, mientras gemía de la pura arrechura. Me di cuenta que se la comenzó a correr.
Creo que el huevón me trajo un forro con retardante porque duré buen rato. Cuando sentí que se me venía la leche, le saqué la verga, el condón, e hice realidad una fantasía inspirada en las pornos que iba a ver al Cine Castilla: dársela en la espalda.
Unos chorrazos de mi leche se dibujaban arriba de ese culo que me acababa de comer.
Él gimió fuerte, y dejó de corrérsela.
Nos bañamos mutuamente, se cambió y se quitó.
Cuando salí, el guardián me vio, y como que se sonrió. Yo medio que me ahuevé. Ese día llegué a mi jato como a las ocho, cuando siempre estaba antes de las seis y media.
Al día siguiente, llegué temprano.
Otra vez el guardián me abrió la puerta.
“¿qué hay, pata? ¡Buen lonche el de ayer!”
Me ahuevé completo.
“Normal, pata. Es el sobrino del dueño. Le encantan los agarrados”.
“Hablas”.
“¡Normal! La otra noche vino para accá, y nos pusimos a cachar en la sala. Se quitó como a las cinco de la mañana. Trátalo bonito y chitón, tú sabes cómo son los pitucos. Nada más te aconsejo”.
La huevada se repitió esa tarde y la semana siguiente. La anécdota fue que siempre que se la corría me dejaba la lechada impresa en el tanque.

De ahí, no lo volví a ver hasta esta tarde que el guardián fue a verme a mi casa, enseñándome bobo nuevo: el chibolo.
le insistió que no dejara de encontrarme con él en la placita del Teatro Municipal.
Y aquí estoy.
Entonces, un carro se estaciona. Es el guardián… y el chibolo. Me llaman. Me subo, saludo.
“¿Cómo estás?”
“Bien”.
“Qué bueno. Chicos, creo que tienen nueva chamba”.
El guardián lo celebró, yo no dije nada.
“Sólo una cosa… ¿alguna vez han hecho un trío?”…
Quizás los albañiles no tengamos toda la chamba que la gente piensa, pero si sabemos comer el culo correcto, es posible que nuestra suerte cambie. ¿Y cómo será hacer ese trío? Ya les contaré después.

Cuéntanos tu relato. Escríbenos: hunks.piura@gmail.com

Cómo sacar espalda

La espalda es uno de los grupos musculares clave en el físico masculino, ya que determina el ancho del tórax, que es básico en todo hunk.
Si bien es cierto el ejercicio te permite ensancharla y darle masa y deifinición, la buena postura al sentarte, pararte o caminar contribuyen a su buena forma y salud.
Una espalda estética tiene la zona de los omóplatos (espalda alta) ancha y llena, cuyos bordes se van cerrando a manera de “V” hacia la cintura (espalda media), para luego volverse a proyectar en las nalgas (espalda baja).
Lo que casi no varía es la hendidura que marca toda la médula espinal, desde la base de la nuca hasta el culo mismo.
Las planchas en todas sus tomas trabajan la espalda. La condición es que cuando desciendas el pecho, aprietes la espalda, pero para entrenarla dale un día en particular, de lo contrario no ejercitarás nada.
Para cada ejercicio, 4 series de 12 a 15 repeticiones estará OK.
Si tu casa lo permite, puedes colgarte del borde de una saliente del techo, frente a una puerta (siempre que no sea altísima), y puedes abrir los brazos, aferrarte de ese borde, y vencer a la gravedad subiendo y bajando tu tórax con mucho cuidado para evitar hernias y lesiones.
En el gym, la cosa está más o menos controlada. Los dos ejercicios clave son los jalones y el remo.
Los jalones se hacen en una máquina con una barra amplia, poleas y pesos graduables. Algunas máquinas tienen un banquito donde te sentarás, si no deberás jalar alguno.
Hay dos imprescindibles: hacia atrás y hacia adelante.
Los jalones hacia atrás consisten en atraer la barra hacia la parte superior de la espalda por detrás de tu cabeza (cuidado te sueñes), lo que te permite darle amplitud y trabajar dos músculos al mismo tiempo: trapecio (que conecta clavículas y cuello) y dorsales (los que forman la “V”).
Los jalones hacia adelante consisten en atraer la misma barra, pero hacia la parte superior de tu pecho. También trabaja trapecio y dorsales, y, en algunos casos, refuerza hombros y el pectoral superior, que lo vimos en otras rutinas.
los remos, como su nombre lo indica, remedan el movimiento que harías si sales a navegar usando tus brazos como tracción.
Hay diferentes variantes. El remo barra se asemeja mucho a la acción de navegar, sólo que en vez de usar dos paletas, jalas una barra hacia la parte inferior de tu pecho, mientras estás sentado en una banca a ras de suelo, y tus pies se detienen en un tope.
El remo mancuerna (pesos libres) o serrucho conciste en apoyar una rodilla y su mano respectiva sobre una banca alta. El otro pie está sobre el suelo, y con la mano libre jalas una mancuerna del mismo modo como si estuvieras cortando madera. Cuando acabas la serie con un brazo, cambias al otro y también de rodilla. Este ejercicio se hace agachado.
Otros ejercicios en gym complementarios son el remo barra sobre un step, donde combinas el remo barra con el serrucho, sólo que ahora jalas pesos en barra, y con los dos brazos, y tus dos pies están sobre un step.
El pull-over también impacta la espalda, por si acaso.
Igual, 4 series de 12 a 15 estará perfecto. Cuando dejes de sentir el efecto, aumenta el peso, pero procura que tu instructor te supervise. También sugerimos que él te muestre y hasta te guíe o ayude en algunos movimientos, especialmente si eres principiante.
Para ver espaldas de referencia, nada mejor que los culturistas de Muscle & Fitness, y uno que otro modelo porno, especialmente los que hacen lucha al desnudo (wrestling).
En algunos casos, se exige a los modelos no ser muy espaldones, por lo que esta rutina debe hacerse con poco peso y pocos ejercicios, pero no la pases por alto.
Igual, quienes tienen ascendencia andina son más propensos a desarrollar espaldas anchas porque genéticamente vienen predispuestos a contener más oxígeno que otras etnias. Bien por ellos.

Estos ejercicios son referenciales. ¿Preguntas? Hunks.piura@gmail.com o déjanos tu comentario.

martes, 22 de noviembre de 2011

Un piurano y un chiclayano ¡sin censura!

Gracias por las visitas a Hunks of Piura. En algunos materiales hemos hablado de dos patas que se atrevieron a lo que pocos: posar calatos… y algo más.
Si quieres verlos, aquí están
Coryu (¿Chiclayo?): http://www.musclemenexposed.com/2009/04/ko-ryu-at-musclehunkscom.html  
Pedro Bomba (¿Piura? ¿Guayaquil, Ecuador?): http://www.musclemenexposed.com/2010/02/pedro-bomba-at-powermencom.html
(Si los links no funcan, cópialos y pégalos en tu navegador)
¡Felicitaciones, chicos! Se les ve de la puta madre.

¿Te gustaron? Escríbenos: hunks.piura@gmail.com o déjanos tu comentario aquí.

Cómo sacar pecho

Cuando vemos un torso masculino desnudo, los pectorales son lo primero que roba nuestra atención, y lo último que muchos entrenan cuando se ejercita el tórax.
La función de estos músculos se nota mejor cuando debes cargar cosas, ya que te permite acomodarlas sin necesidad de amortiguarlas con algo.
Ya entrando a los terrenos de la vanidad, el tener buenos pectorales favorece el uso de polos (T-shirts), en especial los ceñidos, pero si te faltan brazos y hombros, reconsidéralo.
El pectoral no es un músculo entero, aunque sí uno de los más grandes del cuerpo humano. Los instructores separan su entrenamiento en el pectoral superior, o el que se extiende justo por debajo de las clavículas, y el pectoral propiamente dicho, que le da la forma al conjunto con la famosa hendidura sobre el esternón, que sirve para unir a las costillas, por delante.
Si lo vas a trabajar cuando estás en casa o de viaje, de nuevo debes hacer planchas, sólo que esta vez las manos deben estar algo desalineadas hacia afuera con relación a tus hombros, pero a la altura de tus pezones.
Si lo viéramos por delante, haríamos un trapecio donde los lados paralelos son tus clavículas y el piso, y los diagonales son tus brazos.
Sólo apoyándote sobre tus manos y la punta de tus pies, baja tu cuerpo hasta el suelo sin tocarlo, regresa, y eso completa una repetición. No olvides apretar el pecho cuando subas.
Para los pectorales superiores, hay un ejercicio algo complicado, que es hacer la misma plancha, pero poniendo los pies en altura, al nivel de tu cabeza. Tu cama o un sofá puede serte de ayuda para ello. Haces el mismo movimiento, sin tocar el suelo, y tienes una repetición.
Comienza haciendo 4 series de 12 a 15 repeticiones, y cuando ya no sientas el efecto, aumenta primero las repeticiones, y luego las series, hasta que sientas que tu pecho está congestionado.
Se dice que un músculo está congestionado cuando su irrigación sanguínea llega al tope, y eso se consigue por el movimiento repetitivo de estiramiento/contracción.
La señal inequívoca del congestionamiento es la hinchazón temporal, cierto dolor (también temporal) y el enrojecimiento del grupo muscular. A veces se siente más caliente o más vascularizado (o sea, con las venas marcadas). Todo eso es normal.
En el gym, la cosa es más especializada, y casi todo –por no decir todo- ocurre sobre una banca especial con una perchita para poner una barra, y dividida en tres segmentos, donde los dos externos pueden inclinarse desde los 0 grados hasta casi los 75 para aumentar el nivel de resistencia, o ejercitar un sector en particular.
El movimiento no tiene nada de complicado: coges la barra o la mancuerna, la colocas sobre tu pecho, con los brazos extendidos, y la bajas apretando el músculo.

Estos son los famosos press barra o mancuerna. Los de banca plana atacan los pectorales para darles masa, y los inclinados favorecen a la parte superior para lo mismo.
Los movimientos son repetitivos.
Para incrementar la definición de la hendidura central del pecho, tenemos las aperturas, y su variante, los cristos. En la primera, te acuestas sobre la banca, haces una “L” con ambos brazos, que sostienen una mancuerna cada uno, y lo elevas tan alto como puedas por encima de tu pecho, apretando al cerrar; los segundos se hacen apoyando la espalda superior contra el filo de la banca, extendiendo los brazos hacia los costados, como si estuvieras crucificado (por eso se llaman “cristos”), y cerrándolos con la misma intensidad que las aperturas.
El pec-deck es una silla donde hay dos almohadillas conectadas a un sistema de poleas y pesos, que se trabajan con el antebrazo, cerrándolas ante tus ojos. Con eso se consigue mejorar la definición de la hendidura al medio de ambos músculos.
El pull-over, que lo comentamos en el entrenamiento de hombros, consiste en trasladar ambos brazos hacia atrás, lo más que puedas. Sosteniendo una mancuerna o una barra con pesos (los principiantes no usan pesos). Esta banca tiene la característica de tener una parte plana para que te sientes, y una jiba para que descanses tu espalda.
La fórmula usualmente seguida por los instructores para todos los ejercicios es de 4 series de 12 repeticiones; pero no aplica a todos los casos.
¿Pechos famosos (de hombre, pues)? Sin duda, el de Eduardo Verástegui en “Ain’t not funny” de J.Lo, disponible en YouTube. Lástima que el patín fue ganado por el ‘lado oscuro’. No te asustes, no por las fuerzas del mal, sino por la de la ropa excesiva.
Su ¿amigo? Ricky Martin también es un buen ejemplo… y William Levy (aunque la gente dice que hay otra cosa que la tiene grande), Bobby Larios, T.T.Boy, Billy Herrington, Christian Domínguez, o los modelos del noventero programa “El Baúl de la Felicidad” (disponible también en YouTube)
Del “calátogo” Hunks4Adults de Hunks of Piura, tenemos a Freddy, o nuestro modelo de la foto de perfil, cuyo detalle lo puedes ver cuando nos escribes por primera vez a hunks.piura@gmail.comm, donde seguimos recibiendo tus comentarios, o si no, aquí mismo.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Cómo sacar hombros

Este es otro músculo complicado de lograr, y merece prioridad especial.
Los hombros masculinos deben ser redondeados, de tal forma que se armonicen con los bíceps y los tríceps, es decir, los músculos del vrazo, que son lo más típico de la figura masculina.
Normalmente en los gyms, los hombros se trabajan mediante pesos en barras y pesos libres.
Con los pesos en barra conseguimos volumen, y con los otros volumen y definición, pero ambos son necesarios.
Entre los ejercicios con barra están los dos clásicos de poner la barra encima de tu cabeza (cuidado nada más se te caiga), y bajarla flexionando los brazos por detrás de tu nuca, y por delante de tu cuello.
El ejercicio de pull-over, que consiste en acostarse en una banca especial y extender los brazos hacia atrás lo más que se pueda, también impactan a los hombros, aunque en principio está diseñado para pecho.
El ejercicio más conocido con peso libre es el press militar, que se trata de coger dos mancuernas haciendo una “L” con los brazos, y extendiéndolos por completo por encima de tu cabeza.
Una variante es el press alternado, donde el movimiento se aísla para cada brazo, mientras el otro sostiene la mancuerna haciendo la “L”; entonces, se hace el mismo movimiento pero con el brazo que estaba sosteniendo la mancuerna, en tanto que el flexionado hace la “L”.
Otra variante es el press de un solo brazo, donde la repetición del movimiento “L”-extendido se hace reiterativamente con una sola extremidad, mientras que la otra descansa libre de peso, a lo largo de tu espalda.
En las elevaciones frontales y laterales, se trata de alzar una mancuerna alternadamente con cada brazo, según sea adelante o a los costados hasta la altura de los ojos, mientras tu otro brazo descansa suspendiendo el peso jalado por la gravedad. Esto activa el deltoides, que es el músculo que le da la forma redondeada al hombro.
Algunos patas dicen que los jalones tras nuca para espalda también impactan a los hombros, pero consulta con tu instructor (repetimos, si es que sabe lo que hace) antes de incorporarlo a tu rutina; de hecho, algunos combinan los hombros con la espalda, y otros con los brazos. Hay que ver cuál te funciona mejor a ti.
¿Y es posible hacer esta rutina en casa (o cuando estás de viaje), sin máquinas? ¡Sí!
Los ejercicios con barra pueden replicarse con planchas, pero colocando tus manos a la altura de tus hombros, y la punta de los pies sobre el suelo. Entonces flexionas los brazos, procurando que tu pecho y cualquier parte de tu cuerpo NO llegue al suelo (bueno, si estás calato, tu verga sí puede hacerlo) .
Recuerda que cuando bajes, debes apretar los hombros y de ese modo estimularlos.
Los ejercicios con mancuerna los puedes recrear con ladrillos u objetos pesados que puedas manipular fácilmente con tus manos, como baldes (llenos, obviamente) o trozos de metal de peso conocido, pero que sea igual para no perder la estética (si son diferentes, alterna los pesos en cada mano por cada serie).
En este caso, el movimiento es igual al que harías con pesas de gym.
Aunque también podrían funcionar mancuernas artesanales, pero eso lo podemos tratar en un artículo aparte, si te parece.
Como siempre, haz 3 a 4 series de 10 a 12 repeticiones, para comenzar.
A medida que dejes de sentir la tensión, aumenta el peso, pero no te recomendamos hacer lo mismo con las repeticiones para evitar quemar el músculo, salvo que tu instructor te diga lo contrario(ver “Estas proporciones nos interesan”).
Te reiteramos que éste es un músculo complicado, y puede parecerte frustrante ejercitarlo; pero también tenemos claro que el que la sigue, la consigue… ¿o mejor, lo consigue? ¡Bueno! Tú ya nos entiendes.

Estos ejercicios son referenciales. Escríbenos: hunks.piura@gmail.com o déjanos tu mensaje.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Modelo sí, pero puto no

Siempre tuve un sueño secreto: ser modelo.
Desde chibolo jugaba basquet, y luego comencé a hacer pesas en el gym.
Me cuidé de no tener la apariencia de físicoculturista, sino mas bien la de surfer.
Como mido un metro 83, esa figura me favorece para hacer pasarela, fotos o aparecer en lo que quiera. Además, manejo mi pinta, y aparento más edad de la que tengo.
Pero también sabía que Piura no era el sitio para lanzarme por ahí. Le insistí a mi viejo que me mandara a Lima. En realidad quería estudiar en una buena universidad, y lo del modelaje sería un hobby, algo para conseguir plata adicional.
Como mi viejo tenía billete, me mandó.
Desde la academia, yo estaba viendo cualquier oportunidad para meterme a modelar; pero, como soy algo moreno, como que nadie me daba bola.
Le caí a una chica que tenía un primo que organizaba desfiles en algunas discotecas de Lince. Le comenté mi sueño, y ella me dijo que bestial, que hablaría con su primo.
A los dos días, me consiguió un casting. Fui, y me hicieron las clásicas pruebas: rostro, ropa deportiva, casual, formal. Me senttía bien.
“Tienes buen cuerpo. ¿Modelarías en ropa interior?”, me comentó su primo, un pata de unos 30 años, blanco, pintón, que también modelaba.
“La verdad no sé. Quizás hasta ropa de baño puede ser”.
“Pero, ¿qué tipo de ropa de baño?”
“Bermudas nomás”.
El pata dudó unos segundos, y me dijo que normal, que esté a la expectativa de mi celu, porque ese fin de semana habría un desfile en una disco de la avenida Arequipa.

Ese sábado fui. Era desfile de polos y bermudas estilo surfer, de una marca que a mi me vacila.
Los otros patas que allí estaban me recibieron fríamente. Como que me quise arrochar. En eso llegó el primo de mi enamorada, los saludó, luego me saludó. Como que me dio algo de confianza.
Éramos cinco patas y cinco chicas. A mi me dieron el último turno, pero sólo hice dos pases.
Me gané cien lucas. Para comenzar está bien, dije. Entonces invité a mi flaca a una disco en Barranco, luego nos fuimos a su jato, y la caché a forro en agradecimiento por el pase que me hizo.

Durante dos meses estaba combinando la academia, con el estudio y los modelajes de los fines de semana. Mi familia, ni enterada.
La huevada es que siempre me daban los últimos turnos, y sólo dos o tres pases.
Invertí la plata que ganaba en ropa, pasajes, gym, y salidas los fines de semana.
La vaina es que siempre terminaba aguja. Necesitaba ver la forma de cómo progresar en el modelaje para tener más cosas.
Un día, fui a la agencia y le pedí al primo de mi jerma que me diera mejores turnos y más pases.
“Mira, choche, la vaina es que los otros chicos ya tienen tiempo, además los que me pagan me exigen que les dé la preferencia a ellos, si no, normal. Mas bien déjame ver qué puedo hacer”.

Una noche, uno de los modelos se enfermó, y el otro tuvo un accidente. Tuvieron que jalar nueva gente, pero no estaba a la altura de los dos principales: eran más chatos, nada de especial y cuerpo hasta las huevas.
Le dije al primo que me diera la oportunidad, pero él seguía con lo mismo. Me arriesgué e insistí más. Claro que el huevón me podía botar ahí nomás.
“OK. Pero esto no lo podemos hablar aquí. En cinco minutos sube las escaleras, y allí te digo qué podemos hacer”, me contestó muy serio.
Pasado el tiempo, subí. Había una oficinita. Él estaba allí solo.
“Mira, piurano. Te voy a decir la verdad: los dos patas tienen la preferencia porque tienen un trato especial conmigo. Por eso les pago más y tienen mejores pases”.
“Yo también puedo hacer lo mismo. He aprendido mucho aquí”.
“¿seguro?”
“¡Seguro!”
Quedó callado unos segundos, me miró de pies a cabeza: “Necesito verte calato”.
“¿Qué?”
“No te preocupes. Sólo quiero tener…. Una idea de tu canon… nada más”.
“Pero yo no desfilaré en calzoncillo…”
“Sí, lo sé… pero el próximo mes modelaremos wetsuits, y… como sabes… son pegadas al cuerpo, y… quiero ver si estás OK para eso… nada más”.
No sabía qué hacer. En ese momento sólo vestía un polo, una bermuda y unos slaps, porque cuando modelas ropa de playa, no llevas calzoncillo ni boxer.
“¿Me pagarás más?”
“¡Lógico, piurano! ¡Mucho más!”
Dudando, me quité el polo, luego la bermmuda. Me quedé calato frente a él.
Estaba nervioso.
Comenzó a pasearme la vista por todo el cuerpo. Imaginen un surfer calato, así estaba… exactamente así.
Vi que su mirada se detuvo bajo mi vientre.
“¿Qué pasa?”
“Puta, piurano. Eres pingón”.
“¿Y eso qué tiene que ver?”
“Son wetsuits, acuérdate”.
“Entonces, ¿no?”
“Al contrario. Eso tiene arreglo. Hay ropa interior especial para disimularlo”. Abrió un cajón y sacó una cinta métrica. “Sólo quiero saber cuál es tu talla”.
“¿Qué vas a hacer”, le dije, al ver que se me acercaba y comenzaba a arrodillarse. Me muñequeé.
“Puta, piurano. Se nota que eres nuevo. Esto es normal para cualquier modelo”.
“¡No me vas a tocar el huevo!”
Se detuvo. Me miró seriamente. “Entonces regresa donde los demás, y seguiremos como siempre”.
¡Mierda! ¡Yo necesitaba la guita! No supe qué hacer, y el huevón se regresaba a su asiento. Yo seguía parado, estático y calato.
“Ya pues. Tómame las medidas”.
“Ahora sí nos entendemos”, me dijo serio aún.
Se acercó y comenzó a medirme las ingles, la cintura, la cadera. Y de pronto, me colocó la cinta a lo largo de mi verga. Para que se hagan una idea, cuando está dormida mide como nueve centímetros. Llevó la cinta hasta mis huevos. Comenzaba a sudar frío, y a sentir una sensación medio extraña en mis partes.
“Tranqquilo, piurano… ¡Oye, está creciendo!”
Efectivamente, por alguna razón de mierda, mi pene comenzó a erectar, y la huevada es que él no sacaba la cinta de allí.
“Debo esperar a que te pase para que me dé una lectura correcta”.
La vaina es que mi vaina, en vez de bajarse, se puso ‘arriba Perú’. La cabecita comenzó a asomarse en la punta, y el líquido pre-seminal comenzó a fluir.
“Así no vas a poder salir de aquí. Imagina el roche con los otros chicos”.
Dejé de sudar frío: “Esperaremos”, propuse; pero nada.
“Mira, piurano, te doy doscientas lucas esta noche, fuera de tus pases, si dejas que te la chupe”.
“¡Hablas huevadas!”
“Ese es el trato que tengo con esos dos muchachos. Tómalo o déjalo, pero apúrate que el desfile comienza en media hora”.
Mi verga no se bajaba, y por más que pensaba en otras cosas, seguía babeando, dura, palpitando.
“Botas tu leche, y ‘eso’ se pasa… ¿sabías que la tuya mide 19 centímetros? Fuera que es gruesa…”
“OK. Hazlo, pero dame la plata primero”.
Sacó el billete y lo puso en el bolsillo de la bermuda, que estaba sobre el suelo. Se arrodilló, y comenzó a succionarme la cabeza, y lentamente, se fue metiendo todo mi palo duro en su boca. No se la pudo comer completa, y dejó unos dos o tres centímetros fuera.
Yo no sabía qué sentir.
Me la mamó por veinte minutos, y las di en su boca. Me dio la impresión que se tragó mi leche, porque la sacó enjuagadita y flácida.

Esa noche gané como seiscientas lucas. Salí disparado de la disco, me olvidé de mi hembra, llamé a unos patas de mi academia, y me fui a chupar a Barranco.
De sólo recordar lo que había pasado, comencé a tener náuseas.
Chupé y bailé casi hasta las cinco, casi pierdo el examen de admisión a la mañana siguiente porque el guachimán me olió el tufazo, y no me quería dejar entrar. Le tuve que bajar 50 soles.
No ingresé y me tuve que regresar a esta tierra, de la que preferí salir por mis dos sueños.

Comencé a prepararme de nuevo, esta vez para ingresar a la Nacional de Piura, y volví a darle fuerte al gym.
Unas amigas me rogaron para modelar, pero no quería saber nada. A duras penas participé de un luau, y nada más.
La buena noticia fue que ingresé, y me puse a estudiar como mierda.
La hija de una amiga de mi vieja, que también ingresó, me encontró y nos pusimos a conversar de todo un poco, entre eso, que ella se recurseaba modelando los fines de semana.
La cojuda era riquísima, y había fichado con una agencia que acababa de crearse.
“Oe, estás para modelar, ¿por qué no lo haces?”
“No… ya no corre”, le decía. Ni cagando le contaría lo que me pasó en Lima.
Pero, tenía el bichito. Además, necesitaba plata porque los fines de semana era puntual a la disco.
Me presentó al dueño de la agencia. Bien legal el pata, me explicó las condiciones y le acepté, porque no había nada de huevadas, aunque para decir toda la verdad, le rogué a mi amiga que estuviera presente durante la entrevista. Claro que le llevé mi book de Lima.
Me comenzaron a programar desfiles, pero siempre estaba en tercer o en último turno, y mis pases eran pocos.
Se lo comenté al dueño, un patín de unos 25 años.
“De acuerdo, morenito. Déjame ver qué puedo hacer, pero no te prometo nada”.

Otra vez, una noche nos pusieron a modelar bermudas.
Ya tenía como tres meses en que un fin de semana sí, otro no, iba a pasarela.
Aprovechando los previos al desfile, y como los otros modelos no llegaban, hablé con el dueño, que estaba ordenando el vestuario de cada modelo.
Como me enseñaron en Lima, estaba calato, bueno, no completamente, con una toalla encima.
“Ya pe. Dame mejores turnos y más pases”.
“Ay, moreno, pero ya estamos ordenados”.
“Mira, yo tengo más experiencia que ellos. Ya pe”.
“Déjame ver si las bermudas te sientan”.
Agarró el vestuario del modelo principal, y las probó encima de la toalla.
“¿Viste? Sí me quedan… ya pe”.
“OK, moreno, tú saldrás primero”.
Me alegré. ¡Puta! Si había alguien de Lima afuera, a lo mejor, la podría hacer.
“Pero… ¿qué te parece si haces algo por mi?”
“¡Claro! Dime”.
“Cáchame, ¿sí?”
Me quedé helado de nuevo. Lo vi fijamente: no era feo el pata, además tenía buen cuerpo, bonita sonrisa, buen culo. En su mano ya tenía listo el condón.
“OK”, le dije.
Me quité la toalla, mostrándole mi huevo aún dormido. Me le acerqué. Lo tomé por los hombros…
Lo lancé hacia la pared, estrellándolo.
“¿sabes qué? Métete tu pasarela por el culo, hijo de puta”.
Agarré mi ropa y me salí. Prácticamente me cambié en el pasillo de emergencia, mientras el huevón gritaba que las iba a pagar,que quién me creía yo, que me iba a mandar a la cana…
Lo mandé a la mierda, y me fui corriendo de ahí.
Ese lunes, mi amiga no me saludó, y otros patas me miraban medio extraño.
Supe que el imbécil ese le contó a algunas personas que me lo quise forrar a la fuerza, y que me iba a enjuiciar.
Jamás me llegó la notificación,y no tengo RQ.
Pero, mil veces, estoy tranquilo estudiando en vez de destacar a cambio de culearme a otro pata.
Pero eso sí: aún quiero ser modelo.

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