jueves, 13 de diciembre de 2012

El Vigilante (7): Javier

Hunks of Piura

Temprano al día siguiente, Marcos se presentó a la empresa de vigilancia. No fue necesario que Ricardo lo llevara. Su memoria fotográfica le permitió no sólo llegar, sino hasta cortar cammino.

Cuando alcanzó la puerta de la oficina del jefe, le llamó la atención que no hubiera resguardo. La figura de Rutilio lo desanimó el día anterior, pues pensaba que todos los vigilantes de la empresa tenían ese biotipo mastodóntico.

Tocó la puerta, y el mismo jefe le abrió.

-          ¡Marcos, qué temprano!

-           Buenos días.

-          El jefe lo hizo sentarse, recibió y leyó atentamente sus papeles y certificados,  y le comenzó a explicar los detalles de su primera misión: resguardar la puerta principal de una fábrica camino al Bajo Piura. Le expuso todo el protocolo de seguridad, los objetivos del cliente, y sus condiciones laborales.

-           ¿alguna pregunta, Marcos?

-           Ese procedimiento no es seguro.

-           ¿Cuál?

-          Marcos corrigió uno de los diagramas del protocolo de seguridad que le mostró el jefe, quien, lejos de molestarse se sorprendió, sonrió y le dio una palmada en sus firmes y redondos hombros.

-           Excelente, hijo. ¿Cómo nos olvidamos de ese detalle? Eres mejor de lo que me contó Ricardo. Ahora, veamos tu uniforme.

-          El jefe se levantó y abrió un armario donde habían varias camisas beige y pantalones marrones, además de botas militares. Seleccionó algunas prendas y las alcanzó a Marcos.

-           Pruébatelas al toque.

-           ¿Aquí?

-           Sí, hijo. Aquí. Olvídate del roche. No eres el primer trabajador en calzoncillos que veo.

-          Marcos dudó dos segundos, y se quitó su polo ceñido, el jean algo suelto, y se quedó sólo con un slip que le marcaba el culo y el paquete. El jefe no pudo evitar verlo así, aunque más que verlo, lo contemplaba . sin dejar de ser recio, Marcos tenía cierta dulzura muy diferente a la de Rutilio.

-          Marcos se probó un par de camisas, y la segunda era la que le calzaba. En el caso del pantalón, el primero fue el correcto. Igual, las botas. Ya uniformado, el jefe lo llevó a otro cuarto.

-           ¿sabes manejar estas pistolas automáticas?

-           Sí, señor.

-           En media hora vendrá la movilidad. Prepárate para comenzar ahora mismo.

 

En la puerta de la fábrica, Rutilio terminó de ponerlo al corriente. Marcos tomó su posición y comenzó a atender a la gente que visitaba a diario la instalación.

A eso de las nueve, un chico con ropa de vestir se acercó a Rutilio para ver unos papeles.

- ¿Y ese chico?

- Mi nuevo compañero.

- ¡Vaya! Parece que tu jefe está contratando puro escort.

- Ya, ya, no jodas, mierda. Ya te dije que eso… chitón.

- Ay, Ruti… ese chico tendrá cara de angelito, pero se nota que es arrecho.

- Como yo, ¿no?

El empleado miró a Rutilio, sonrió discretamente, terminó de ordenar unos papeles, y se despidió.

-          a las diez llega el joven Javier. Atento con su auto. No querrás que te boten por rudeza.

 

Javier era un joven de 25 años, simpático de rostro y de carácter, delgado formado, alto, tez clara, y un cuidado cabello ensortijado.

Acababa de graduarse de una prestigiosa universidad limeña, y venía a encargarse de una de las oficinas de la fábrica, por recomendación de su padre, quien prefería tenerlo bajo control en Piura, que descarriado en la capital.

Aún así, Javier se las ingenió para independizarse y vivir solo en un apartamento cerca del Hospital Regional.

A las nueve de la mañana, se acababa de despertar. Sonó su intercomunicador.

- ¿Sí?

- Soy Leo. Quedamos ayer.

 ¡Ah, cierto! Sube.

Un par de minutos después, un chico blanco de cuerpo más que atlético, pero no culturista, apareció en la puerta. Vestía un polo alicrado y jean algo ceñido. Javier se fijó en sus ojos claros y lo recorrió con la mirada hasta los pies.

-          Eres mejor de como te describías en ese perfil.

-           Bueno. Tú dirás.

-          Javier se acercó para abrazarlo, pero el chico lo retuvo cortésmente.

-           El pago es por adelantado.

-          Javier sacó 100 soles y se los dio.

-           No tengo vuelto.

-           Te estoy contratando por dos horas.

-          “Leo” recibió el dinero y abrazó a Javier. Se besaron profundamente en la boca, y comenzaron a desvestirse.

-          Bajo la ropa, el escort tenía un cuerpo evidentemente formado en el gym, tapizado de vello, sus nalgas eran pronunciadas, y su paquete flácido era prominente.

-          Javier se arrodilló para bajar el boxer, y el miembro aún blando se liberó. Lo acarició un poco, y abrió la boca para comenzarlo a chupar. “Leo” resguardó su glande y dejó que Javier le lamiera y chupara el resto del pene y los velludos testículos.

-          La verga de “Leo” fue creciendo y endurándose hasta alcanzar 19 centímetros de largo y casi 14 de ancho.

-           ¡Wow, baby! Esta pinga está más que jugosa.

-          “Leo” se puso un condón.

-           Ahora sí, trágatela toda.

-          Javier comenzó a meterse el falo en su boca tanto como pudo, pero apenas si consiguió tragarse la mitad de él.

-          Minutos más tarde, ya desnudo, “Leo” comenzó a besarle y acariciarle la espalda, generando un placentero cosquilleo. Se negó a hacerle beso negro, y a cambio, le embadurnó el ano con lubricante y comenzó a meterle la pinga.

-          Javier comenzó a jadear desaforadamente, aferrándose al forro de su fino sofá. “Leo” bombeó tan fuerte como pudo, haciendo que su cadera sonara al chocar con las nalgas de su cliente, para luego disminuir la velocidad. Y es que como todo escort que se respete, lo que quería hacer era retardar lo más posible su eyaculación. El condón con retardante haría el resto.

-          Al comenzar la segunda hora del trato, Javier llevó a “Leo” a su todavía destendida cama, y así acostados, siguieron fornicando.

-          A la media hora de eso, “Leo” no resistió más, sacó su verga, el forro y las dio sobre el abdomen y pecho de Javier, quien se masturbó e hizo que la leche sobre su cuerpo se incrementara.

-          No había terminado de eliminar la última gota de semen, cuando sonó su celular.

-           ¡Mierda, mi viejo!

 

A mediodía, Javier apareció en la fábrica. Mientras Rutilio inspeccionaba el vehículo, el hijo del dueño no le quitaba los ojos a Marcos, a distancia, en la otra cabina de vigilancia.

Cuando Marcos sintió la mirada de Javier, bajó la visera de su gorro y le sonrió en gesto de saludo. Javier sonrió plenamente, como nunca antes…

-          Joven… ¡joven! Puede seguir.

-           ¿Qué dices? ¿Cómo?

-           Que puede seguir. Su estacionamiento es el de Gerencia, allá a la derecha.

-           Ya era hora. Ojalá la siguiente sea más rápida.

-          Disculpe. Buenas tardes.

 

A la hora del almuerzo, Marcos y Rutilio se turnaron para no dejar la puerta sola. Cuando Rutilio relevó a su compañero, no pudo evitar comentarle la incidencia con el joven Javier.

- No es por nada, Marquitos, pero para mi, que ese chico le entra a la huevada.

Marcos sonrió levemente y meneó la cabeza, negando.

-          Vine a chambear.

-           Como digas, pero si eso asegura tu futuro, no pierdas la oportunidad.

 

(CONTINUARÁ…)

 

Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com, búscanos en Facebook o deja tu comentario aquí.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Casa De-Formación (23): Erecciones y elecciones

Hunks of Piura

-          Alex, ¿qué tienes?

-          Rafael se preocupa al ver el rostro pálido de su superior.

-          ¿Cómo es posible que se hubiera olvidado de la cámara en la cocina, a la vista de todo el mundo? ¿Y si, por casualidad, Rafael hubiera revisado el contenido de la memoria?

-           Tengo que ir al baño, Rafo. A-a-a-anda a ver a los chicos en la sala.

-          Veloz, Alexander trepa la escalera y va a su cuarto. Saca un manojo con todas las llaves de la casa, sale, mira a todo sitio y se escabulle en el cuarto de Rafael y Roberto. Para su buena suerte, la cámara está sobre el escritorio del cuarto; pero eso no le quita la angustia: ¿Rafael habrá descubierto el contenido?

-          Súbitamente, la puerta del cuarto se abre.

 

Jorge está acomodando su ropa en su cuarto.

-          Hola Coquito.

-          El musculoso reconoce la voz. Al voltearse, saluda sonriendo.

-           ¿Qué hay Pedrito?

-           Nada, darling. ¿Cómo te fue el fin de semana?

-           Bien. Tranquilo. Entrenando, tú sabes.

-           ¿Y…. las fotos?

-           Se las mandé a mis amigos afuera, a ver qué dicen. A lo mejor tienen futuro en el porno. Pero tú debes sacar más cuerpo.

-           ¿No te gusto así?

-          Es que… tú sabes… esa gente tiene sus exigencias.

-           Entiendo.

-          Pedro sale del cuarto, algo desalentado. Jorge regresa a arreglar sus cosas, como si nada hubiera pasado.

 

Mientras Roberto ingresa a su cuarto, alexander está sudando frío. Aferra la cámara en una de sus manos, como si alguien se la fuera a quitar.

-          ¿Qué tienes?

-           ¿qué haces aquí?

-           Vengo al baño.

-          Alexander jadea. Sabe que si el secreto se descubre, todo se vendrá a la mierda, y él será el único culpable.

-           No pienso regresar a ese infierno, Roberto.

-           ¿Qué infierno?

-           Tienes que ayudarme.

 

A la hora de dormir, Manuel mira fijamente al techo, mientras Jonatan entra, la cintura cubierta por una toalla. Al ver a su compañero en esa posición de abstracción, sonríe.

- ¿Hay payasos en el techo?

- Sí. Creo que sí.

Ambos sonríen ahora.

-          ¿Apago la luz?

-          Manuel asiente con la cabeza. El cuarto se queda a oscuras.

-           Jon, ¿aún sientes eso que me dijiste el sábado?

-           ¿qué te dije el sábado?

-           ¿No lo recuerdas? Bueno, no importa.

-          Manuel gira hacia un costado y se acurruca para dormir. Jonatan sigue de pie, se quita la toalla. Debajo no tiene nada. Se queda inmóvil unos segundos.

-          Manuel se pregunta si aquella salida valió la pena, si no se estaba ilusionando de una manera extraña, cuál es la razón por la que había dejado su casa en la sierra para venir a ésta, buscando la salvación de todo el mundo. Entonces siente un peso a su costado, sobre su colchón, y unos brazos fuertes que lo rodean desde la espalda, además de un pecho cálido que se estrecha contra su espalda desnuda.

-           Carajo, Manu. ¿Por qué desconfías de mi? Te quiero, huevón. Te quiero.

-          Manuel trata de girar hasta quedar frente a frente con Jonatan. Se abraza fuertemente a él.

-           Yo también te quiero. No quiero separarme de ti.

-           ¿en serio? ¿estás seguro de eso?

-           Seguro.

-          Te quiero, Manu. No sé qué más decir.

De pronto, lo impensable. Las bocas de ambos se juntan. Se abren. Se exploran. Las manos de Jonatan recorren el suave cuerpo firme de Manuel hasta toparse con su slip. Lo baja y palpa las duras y abultadas nalgas. Manuel lo imita.

-          De pronto, los dos cuerpos desnudos sobre una misma cama. Juntos. Jonatan está encima de Manuel. Los penes erectos, babeando. Un beso interminable. Un abrazo sin fin. Un calor creciente.

-          De pronto, la habitación se llena de magia. Al diablo todo lo demás, y los votos. Los labios de Jonatan exploran el cuello de Manuel, quien le corresponde acariciándole el cabello.

-          De pronto, ¿el amor? ¿Ambos están haciendo el amor?

 

Rafael está acostado, desnudo, sobre su cama, mirando al techo. Tiene sus manos tras de su cabeza. Reflexiona.

En eso, entra Roberto.

-          Pensé que estabas dormido.

-           Sí. Ya estoy a punto.

-          Roberto comienza a desnudarse.

-           Oye Roberto, ¿Tú cogiste la cámara que estaba aquí?

-           ¿Qué si yo la co…? ¡Cla-claro! Yo lo hice y se la di a Alex… ¿P-p-por qué?

-           Por nada. Por cierto, Alex estaba raro. ¿Le esttará pasando algo?

-           Estee… sí, estaba mal del estómago, creo. ¿Por qué?

-           Nada. Me preocupó.

-          Roberto suda frío, y se mete a duchar.

-          Al salir, Rafael estaba casi dormido. Casi, porque su miembro estaba erecto. Roberto no dejó de solazarse viendo las grandes proporciones de aquella verga blanca, venuda, gruesa. ¿Cuánto medirá la de su compañero? Tranquilamente no bajaba de 21, quizás 22 centímetros. ¿Será cierto que los delgados la tienen más grande?

-           ¿Roberto?

-           ¿Ah?

-          Rafael se despierta sobresaltado. Sonríe.

-           Oye, ¿y eso?

-          Los ojos de Rafael señalan la pinga erecta de Roberto.

-           ¿eso? Eso… no es nada. ¡No es nada!

-           Ya. Ya. Tranquilo. Apaga mejor la luz.

-           Disculpa.

-          Otro cuarto que queda en oscuridad.

 

Antes que salga el sol, Darwin se levanta totalmente al palo. Su cipote adolescente está húmedo y palpitando. En la cama del costado, escucha la respiración de Pedro.

Baja de la cama, se acerca con cuidado, oye unos pasos afuera y se detiene. Cuando se alejan, levanta con cuidado la sábana y deja al descubierto la piel desnuda de su compañero. Sin previo aviso, se acuesta encima de él, y hace lo posible para que su pene ingrese al ano de Pedro.

-          ¿Qué haces?

-           Estoy arrecho. Ya, déjate cachar.

-           Pero, ahorita no.

-          Demasiado tarde. El miembro de Darwin inicia el taladramiento de las entrañas postreras de Pedro, y comienza el movimiento.

-           Mueve tu culo.

-          Pedro intenta liberarse infructuosamente de su penetrador, y el forcejeo hace que haya mayor estimulación. Al final, no le queda otra que ceder.

-           Así. Así. Sigue moviendo el culo. Me gusta. ¡Ahhhhh!

-          El semen de Darwin inunda el ano de Pedro. Con el pene flácido, regresa a su cama, se acuesta boca arriba, sin taparse.

-           Estuvo rico, Pedrito.

-          El aludido comienza a llorar.

 

Manuel y Jonatan bajan a hacer su rutina de ejercicios junto con el Reverendo Alexander.

-          ¿Listos, muchachos?

-          Jonatan se adelanta.

-           Reverendo… queremos hablar con usted.

-           Los escucho. Díganme.

-           Queremos… retirarnos.

 

(CONTINUARÁ…)

 

 

Escrito por N-Ass. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido o semejanza con la nombres, lugares y situaciones es pura coincidencia. Contacta al autor: hunks.piura@gmail.com, búscanos en Facebook o deja tu comentario aquí.

Escrito por N-Ass. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com, ubícanos en Facebook o deja tu comentario aquí.

jueves, 6 de diciembre de 2012

El Vigilante (6): Oportunidad de trabajo

Hunks of Piura

Marcos abrió la puerta del dormitorio, sudoroso y sonrojado. Vestía sólo su calzoncillo, debajo del que se notaba la pinga aún dura.

Ricardo estaba eufórico.

-          Primo, deja de pajearte, cámbiate, y ven conmigo.

-           ¿Por qué?

-           Hay un huevón que está buscando vigilantes.

-           ¿Vigilantes?

-           Eres licenciado del ejército. ¡La harías, huevón! ¡Vamos!

-           Ya. Ahorita.

-          Marcos se secó el sudor, se puso un jean y su polo CEÑIDO de camuflaje. Antes de salir del cuarto, se inclinó hasta ver debajo de la cama.

-           Sal cuando escuches que cerramos la puerta de la calle. Antes no. ¿Entendido?

-          Allí, bajo el colchón, Lidia, temblorosa y desnuda, le hizo sí con la cabeza.

 

Ricardo y Marcos llegaron a un inmueble de gruesas y altas paredes en la parte oeste de la ciudad. Llamaron.

Adentro, en una oficina fresca gracias al aire acondicionado, un hombre de unos 40 años revisaba unos papeles.

Súbitamente, entró un tipo muy fornido, alto, y algo blanco, cabello cortito, como los personajes de Tom of Finland pero versión netamente piurana. Tendría unos 30 años.

-          ¡Jefe, llegó su amigo!

-           Hazlo pasar, Rutilio.

-          Ricardo y Marcos pasaron. El primero se deshizo en saludos con el que parecía mandar allí, cosa que le fue más que correspondida.

-           Éste es mi primo Marcos, de quien te hablé. Es licenciado, sabe manejar armas.

-           Ya veo. ¿Marcos? Párate allí.

-          Marcos se puso al frente del jefe. Ricardo se sentó en uno de los muebles.

-           Marcos, ¿puedes quitarte la ropa?

-           ¿La ropa?

-          Marcos vio a Ricardo y se asustó.

-           Confía en mi. La ropa me puede engañar. Quiero ver tu contextura.

-          Marcos vio a Ricardo de nuevo.

-           ¡Apura huevón, como si en el ejército no te hubieras calateado!

-          Marcos volvió a sudar, mientras se quitaba el polo de camuflaje, dejando desnudo su recio y lampiño torso.

-           ¡Vaya, buena contextura! ¿Qué talla eres? ¿L?

-           L… M… ¿sigo?

-          Marcos volvió a ver a su primo, y luego al jefe.

-           No. No es necesario. Dame tu teléfono.

-           No tengo.

-          Ricardo intervino.

-           Pero llámalo al mío.

-           De acuerdo. Yo te llamaré.

-          El jefe despidió a los dos.

 

Ya de regreso, Ricardo estaba algo incómodo.

-          ¿Por qué no te calateaste?

-           Tenía roche.

-           ¿Y cuando ingresan al ejército no les hacen el examen calatos, cuando se bañan no se miran calatos?

-          Marcos no respondió.

-           Ese huevón no te va a llamar. Esa es la clásica. Cuando dicen “te llamo”, es porque el rechucha su madre no lo hará.

-           Tenía roche… de tí.

-           ¿De mí?

 

En la oficina de la empresa de vigilancia, el fornido Rutilio atendía una llamada de su jefe.

-          ¡A sus órdenes!

-           ¿Llegaron las municiones?

-           No, jefe.

-          El aludido hizo una mueca de incomodidad.

-           Jefe, ¿y ese chico… va a trabajar?

-           No se, Rutilio. Hay algo que no me convence de él.

-          El musculoso cerró la puerta de la oficina.

-           ¿Como qué, jefe?

-           No sé. Como que no lo veo tan… no sé… no es como tú.

-           ¿Como yo?

-          El jefe se acercó y posó sus manos sobre los grandes pectorales de Rutilio.

-           Claro, pues. Tú eres distinto.

-          El jefe comenzó a desabrochar la camisa de Rutilio, poniendo al descubierto las dos grandes masas de carne del pecho, su grueso six-pack, y tirando la camisa hacia atrás, los grandes y bien desarrollados brazos. Todo el conjunto estaba carente de vello corporal.

-          El jefe comenzó a acariciar el cuerpo del vigilante.

-           ¿Hace cuánto que no cachas, Rutilio?

-           Ayer nomás.

-           ¿Con tu señora?

-          El jefe comenzó a desabrochar la correa, y desabotonar el pantalón.

-           No. Con una jermita que conocí en Castilla.

-           ¿Jermita jermita? ¿O… jermita con sorpresa?

-          El jefe había logrado abrir la cremallera y bajar un poco el pantalón, lo que le permitió sobar el grueso miembro que comenzaba a endurarse debajo del bikini apretado que Rutilio llevaba.

-           No me acuerdo, pero le gustó mi pieza, jefe. ¿Quieres saber cómo me la caché?

-           A ver, muéstrame.

 

Cuando Ricardo y Marcos llegaron a casa, Lidia estaba preparando ensalada de frutas.

-          ¿Desean un poco?

-          Marcos la miró, y casi sususrró.

-           No, gracias.

-          Ricardo no se hizo de rogar.

-          Marcos entró al cuarto, y verificó que no quedaran evidencias de la follada con la mujer de su primo. se puso su ropa deportiva, y salió al gimnasio con la esperanza de aclarar mejor su cabeza.

 

En la oficina de la empresa de vigilancia, el jefe estaba desnudo, arrodillado frente a Rutilio, quien había apoyado sus grandes nalgas en el escritorio.

El jefe mamaba la gran verga del vigilante. Más o menos, 21 centímetros de gruesa y dura carne.

Rutilio gemía, mientras contemplaba cómo su jefe hacía esfuerzos para abrir la boca y lograr tragarse todo el palo, pero apenas si podía con la cabeza y algo del cuerpo. Por eso con una de sus manos, se la corría con suavidad.

-          Se la meto, jefe.

-          El jefe sacó un condón, lubricante, y se lo dio a Rutilio.

-           Échate mucho lubricante, porque esa huevada duele como mierda.

-          Rutilio sonrió.

-          El jefe se puso, luego, un montón de lubricante en su ano, se apoyó en su escritorio, y se acostó boca arriba, levantando las piernas.

-          Rutilio puso su glande en la misma entrada del ano, y comenzó a empujar su falo hacia dentro. La cabeza entró con dificultad.

-           ¡Au, mierda, me duele!

-           Relájese. Suelte. Poco a poco.

-           ¡Au, mierda! ¡Sácala, carajo! ¡Sácala!

-          Rutilio no oyó órdenes, y siguió penetrando. Ya casi llegaba a la mitad. Mientras se la metía, bombeaba, y sostenía las piernas de su amante con fuerza.

-           ¡Ru.. Rutilio! ¡Carajo! ¡Sácala, mierda! ¡¡Sácala!!

-          Rutilio cerró los ojos, se concentró, y tras unos 15 minutos de bombeo, eyaculó.

-          Cuando terminó, el ano de su jefe estaba ancho e inflamado.

-           Eres un animal hijo de puta.

-           Como a ti te gustan, ¿no? ¿Qué pasa con ese chico? ¿La tiene chica, cierto?

-          El jefe se molestó, y ordenó a Rutilio salir de su oficina. El vigilante se volvió a vestir y se fue luciendo su mejor risa pendeja.

 

El primer día de gimnasio de Marcos fue auspicioso. Para sorpresa de Danilo, su enttrenador, hizo toda la rutina, y hasta probó ejercicios adicionales.

-          Ya basta. Vas a sobreentrenar.

-           Ya.

-           ¿Qué comes, Marcos? Acá nadie aguanta esa rutina.

-          Danilo sonreía, y Marcos lo hizo tímidamente, mientras miraba sus ojos marrones, y luego se veía a sí mismo en los espejos que tapizaban las paredes.

 

A las siete de la noche, Marcos regresó a casa de Ricardo. Se bañó y salió para cenar. Aunque se reía con las bromas de su primo, se sentía incómodo por Lidia; pero él ya tenía una decisión.

Cuando terminaron de comer, él ayudó a lavar los platos (mejor dicho, los lavó), regresó al cuarto, y se puso a arreglar sus cosas, todas sus cosas.

Llamaron a la puerta. Abrió. Era Ricardo.

-           ¿Qué haces?

-           Mañana me regreso al pueblo.

-           Anda, huevón. ¿Qué vas a hacer en el pueblo?

-           Trabajar.

-           Olvida eso. Ya tienes trabajo.

-           ¿Trabajo?

-           Mi amigo dice que te presentes con tus papeles mañana. Te aceptó.

 

(CONTINUARÁ…)

 

Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com, búscanos en Facebook, o deja tu comentario aquí.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Casa De-Formación (22): Tus mejores cartas

Hunks of Piura

Manuel está insomne tras su salida con Jonatan. La película estuvo perfecta, la cena también, el paseo por el centro de Piura… quizá la sorpresa fue haberse encontrado con los formadores. ¿será por eso que Jonatan no pudo decirle más que un “te quiero”? ¿Qué quiere decir eso?

Hasta donde Manuel recuerda ahora, no volvió a tocarle el tema durante el resto de la velada.

No es el único que trata de conciliar el sueño. Jonatan piensa y vuelve a pensar si aquello que dijo en el cine es realmente lo que siente. Se supone que fue a consagrarse en celibato, pero su corazón está sintiendo algo diferente, algo que, aunque jamás lo había experimentado antes, puede identificar con cierta facilidad. “Sólo espero que sea pasajero… si no, tendré que tomar decisiones”.

 

A la mañana siguiente, alrededor de las diez, Jorge llega a la Casa.

- ¿Cómo te fue ayer con Memo?

- Bien. ¿Sabías que se encontró con Jonatan en el club, la semana pasada?

- A la mierda. ¿Qué le dijo?

- Memo dice que lo evadió, pero tú y yo sabemos que Jonatan no es ningún cojudo.

- Es tu mejor carta, pero será medio jodido que entre.

- Se ha hecho muy amigo de Manuel, que se está poniendo bien fuerte con mi entrenamiento.

Alexander mira maliciosamente a Jorge.

-          ¿Todavía tienes acceso a esa casa en Máncora?

-           Claro, Jorgito. Sabes que medio mundo quiere su… salvación.

-          Jorge saca una tarjeta de memoria de su bolsillo y se la entrega al superior de la Casa.

-           ¿Están Rafael y Roberto?

-           No. Hace media hora se fueron a Catacaos y quieren llegar a Sechura. Tranquilamente irán a visitar a Darwin, y es posible que regresen esta tarde con él.

-           Tengo un clientito a las dos. ¿Puedo traerlo acá?

-           Te voy a cobrar peaje, jajajaja.

-           ¡Ya vas! Mas bien, ¿no te gustaría hacer un trío?

-           No seas pendejo, pues. ¿Por qué crees que te encargué todo ese trabajito a ti?

-           Pero, pobre de ti si te pones a espiar, mierda.

-          Los dos excompañeros de celda se golpean amistosamente.

 

Antes de almorzar, el Reverendo Alexander descarga el contenido de la memoria en la lap-top de la comunidad. Al verlo, sonríe de satisfacción. Bajo su short, su pinga clama por libertad.

Mientras se toma el tiempo de enviar el casi centenar de fotografías por correo electrónico, aprobecha y comienza a corrérsela.

Luego de comer, las imágenes siguen enviándose, aunque faltan pocas.

Entonces, escucha que alguien abre la puerta del primer piso.

Con mucho sigilo, baja la escalera interior y cruza la cocina en puntillas.

En la sala, Jorge recibe a un muchacho que podría estar alrededor de los 30 años. A pesar de su ropa deportiva, se nota que viene de familia acomodada. Tras pagarle al musculoso por el servicio, se abraza y comienza a besarse, mientras, poco a poco, los dos se van desnudando.

Jorge se sienta sobre uno de los sillones, ya sin ropa, se coloca un condón y deja que su cliente comience a chuparle la pinga.

Con el mismo sigilo, Alexander sube a su cuarto, coloca la tarjeta de memoria en la cámara y baja.

Llega a tiempo, pues puede ver cómo el muchacho se encarama sobre uno de los sillones, el mismo donde estuvo sentado Jorge, y recibe la pinga del culturista en su culo. A medida que es bombeado, gime y mira a Jorge como intentando excitarlo más.

Alexander aprovecha una considerable rendija en la puerta de la cocina para tomar varias fotos.

Luego, Jorge se sienta sobre el sillón y el muchacho se sienta sobre él, haciendo que su trasero se trague el pene de alquiler. Luego, el muchacho se dedica a cabalgar, mientras sigue gimiendo con fuerza.

-          ¡Me vengo, me vengo!

-          El muchacho salta como resorte, mientras Jorge se pone de pie, se quita el condón y se comienza a masturbar. El muchacho, quien se ha sentado de nuevo, lo imita. Varias ráfagas de semen se disparan con fuerza sobre la cara y pecho del ‘clientito’. Minutos después, la autoestimulación del muchacho acaba por disparar su leche sobre su abdomen.

-           Voy a verte papel. Espérame aquí.

-          Alexander trata de escapar tan rápido como puede, aunque sin hacer ruido, pero con tan mala suerte que se estrella en la puerta de la cocina hacia la escalera. Jorge lo descubre.

-           ¡Pendejo de mierda – Jorge susurra.

 

Por la tarde, los chicos regresan. Jonatan llega acompañado de Manuel, Pedro aparece por su cuenta (luciendo mochila nueva), y, como lo previó Alexander, los Reverendos Rafael y Roberto llegan con Darwin.

 

Tras la cena, el Reverendo Alexander busca con ansiedad algo en la cocina. El resto de la población de la casa está en la sala jugando charadas.

En eso, entra Rafael.

-          ¿Alex, qué pasa?

-           Rafo, por pura casualidad, ¿no viste… una cámara de fotos que estaba por aquí.

-           Claro.

-           ¿Dónde está?

-           La subí a mi cuarto.

Alexander se pone pálido. Se queda sin palabras.

 

(CONTINUARÁ…)

 

Escrito por N-Ass. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com, búscanos en Facebook o deja tu comentario aquí.