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miércoles, 29 de febrero de 2012

Ser fuerte

Imagina que llegas a tu jato luego de chambear, y al entrar, tus viejos te reciben molestos, y con una desagradable sorpresa en las manos: las fotos de tu último encuentro sexual con un pata que conociste por la red.
Y encima, imagina que ellos, lejos de ponerse de tu lado, deciden echarte de casa, y procurar poner a toda la familia en tu contra.
No hay que imaginar mucho porque eso pasó, y el causante de todo este conflicto ha sido un sujeto que se hace llamar "Roberto", y que dice trabajar en la caja de una tienda de ropa que hay entre el Óvalo Grau y el Atrio de la Catedral de Piura (para que vean que ubicadazo ya lo tenemos).
Tras seducir a un chico, y sacarle plata ¿ya entienden por qué no recomendamos chicos así de fácil?), fotografió su último encuentro, y luego extorsionó al muchacho (hay pruebas, jejejej), y como éste se negó a pagarle, fue misma tía chismosa con las fotos.
Por supuesto que "Roberto" tendrá su merecido pronto, pero analicemos la otra parte.
Definitivamente hay una cadena de errores: primero confiar plenamente en un desconocido, y sobre el que nadie tiene referencias (¿como que están proliferando, no?); segundo,no tomar precauciones; tercero, no ponerle un estate quieto oportuno; cuarto, y éste es el error de los viejos, caer en el juego del hijo de puta de "Roberto", y en vez de brindar apoyo a su hijo, ponerlo de patitas en la calle.
¿Qué opciones tomar en esos casos? Es cierto que lo primero es lidiar con la frustración, pero una cosa que nunca debes perder de vista es que, al margen de asumir la responsabilidad de tus errores, debes aprender a ser fuerte, y encontrar esa fortaleza dentro de ti mismo.
No siempre nos damos cuenta de todas las ventajas que tenemos -nos referimos a las actitudinales, no las físicas- y no las desarrollamos como debe ser, pero tampoco es tarde para hacerlo nuncca.
Al igual que sacar un cuerpazo, deberíamos también formarnos en el ámbito psicológico, y, al mismo tiempo que la musculatura física provee fortaleza física, es necesario formar musculatura mental para tener fortaleza ante la vida.
Todo parte de la intención de ser fuerte, de reconocer todo lo bueno -y lo malo- que tienes, y potenciar y corregir: aprender a quererte, a darte cuenta que eres valioso, a luchar, a salir por tus propios medios sin depender de nadie más.
De nada sirve la buena forma externa si por dentro andamos débiles, o viceversa. La idea es que todo tenga un balance, que dejes de ser un simple seguidor y te conviertas en un líder.
Y como en los entrenamientos físicos, cuando no vemos resultados, acudir a alguien que tenga el conocimiento profesional que nos permita ir desarrollando la disciplina suficiente para remontar lo presente.
Los buenos -pero los buenos- amigos también serán de mucha ayuda. Recuerda que los reconocerás por su apoyo incondicional, pero también por decirte las verdades que otros jamás lo harán, sin mala saña, dejándote la libertad de tomar tus decisiones.
Nadie tiene derecho a pisotearte, y tú tampoco. Esa sería una primera cosa que no debes olvidar.
Pero otro aspecto que debes interiorizar es que, una vez cumplidos los 18, tú eres el creador y desarrollador de la mayor obra de arte que haya visto la humanidad: tú mismo.
Nadie más lo hará por ti, y quien te lo ofrezca, te está mintiendo, o está peor que tú.
Ser fuerte también significa ser cauto, ser ccuestionador, ser inteligente, ser leal, ser honesto, ser justo... y a propósito de justicia, "Roberto", ya hiciste tu mala acción, y te dio resultados (aunque no sacaste plata), pero, el mundo gira y nos devuelve con creces lo que damos a los demás... nos encargaremos de ello.

martes, 20 de agosto de 2013

Cuaderno de Obra (7)

Creado por N-Azz. Escrito  por Hunk01 y N-Azz.

 

El fornido Gustavo aún está desnudo, acostado, pensativo sobre su cama. ¿Por qué lo llamarán del Hospital? Su celular suena de nuevo. Esta vez es Renzo.

-          Hola, amor. Disculpa que anoche no te respondí. Estaba en una reunión con Renato… ya sabes cómo es…

-           Claro, le dicen Pampers: extra-absorbente. Te cuento que acá comenzamos el lunes. Es un proyecto bien lindo, una escuelita primaria, pero el diseño es fuera de lo común, no es un cajón como las otras.

-           Ah, manya, qué cojonudo.

-           ¿Tienes algo? Suenas distinto.

-           Nada, amor. Es que… me acabo de despertar. ¿sabes algo? Quiero que busques un depa por allá. Si me mudo, tendremos que alquilar algo amplio para los dos.

-           ¿Y el de Surco? ¿qué haremos con ése?

-           Tranquilo. Lo conservaremos. Yo me encargo.

 

Apenas la oficina del Sindicato está abierta, cuando Tito irrumpe, creando desconcierto en Ezequiel y Vinicio.

-          Disculpe, ¿cómo es eso que vamos a Lima?

-          Vinicio pide a Ezequiel que se retire. El vocal duda, pero a insistencia del Secretario General de la organización, se va al almacén.

-           ¿Sabes qué, Tito? No me equivoqué. Precisamente ésa es la actitud que busco: alguien de armas tomar.

-           ¿Y por qué no me preguntó a mí, primero?

-           Te… estaba probando. Si no hubieras reaccionado como reaccionaste, entonces entendería que me equivoqué.

-          Tito se queda desconcertado. ¡Qué pata para más enrevesado este dirigente!

-           Tranquilo, Tito… tú y yo sabemos de todas tus… ventajas… ¿entiendes? Vas a llegar lejos conmigo. ¡Bien lejos!

 

En la escuela de Bellas Artes, una docena de chicos y chicas reciben a un viejo profesor.

-          ¿Trabajos?

-          Los y las estudiantes entregan sus obras. Miguel lo hace con cierto nerviosismo. Ha visto los trabajos de algunos compañeros, y están perfectos. A pesar de las formas canónicas de Tito al desnudo, evidentemente, hay otras propuestas mejores que la que presenta. Al fin, entrega el suyo.

-          El maestro informa que esa mañana seguirán practicando con la figura humana masculina, por lo que hace pasar a un muchacho blanco, alto, musculoso. Se quita la bata, y se queda calato ante los alumnos. El chico es lampiño, incluso de las piernas, mientras que el pubis y las axilas están evidentemente rasurados. Su miembro no es grande ni pequeño, bueno, también está flácido, pero sus huevos sí son grandes. Tiene un culo redondo, como si debajo hubieran dos globos, el resto de musculatura igual.

-          Una chica se sonroja. El modelo, también.

-          Al finalizar la sesión, el desnudo se pone la bata de nuevo, y todos se van. Súbitamente, el maestro pide a Miguel que lo espere un momento.

-           ¿Qué pasó, profe?

-           ¿De dónde sacaste este trabajo?

-           Es mi primo. Posó para mí. ¿Por… qué, profe?

-          El docente sonríe.

-           ¡Está perfecto! ¡Acércate, Dante!

-          El modelo de la clase se acerca. El maestro lo presenta con Miguel.

-           Verás, Miguel, hay un grupo escultórico que me encargaron. Quisiera que trabajes con Dante. Y si puedes, llama a este primo tuyo ¿de nombre?

-           Tito, profe. Tito.

-           ¿100 semanal por medio tiempo estará bien, Miguel?

 

Casi a mediodía, Ezequiel se anima a recordarle a Vinicio el incidente de más temprano con Tito.

-          Tranquilo. Ese muchacho es lo que buscamos.

-           ¿Lo que buscamos… o lo que buscas?

-          Vinicio frunce el ceño, cuando aparecen Eduardo y Renzo. Jonás se queda en la puerta como custodia. Todos se saludan y presentan al nuevo residente.

-          La reunión gira en torno a detalles de la obra, y la manera cómo se distribuirán los cupos de trabajo.

-           Espero, ingeniero Jáuregui, que no intente imponerme su personal como en la obra del tambo, cuando violó los acuerdos del pliego que firmó.

-           Te recuerdo que necesitábamos personal altamente especializado que tú no tienes. Además, esta obra es distinta. Sólo estará mi residente, aquí presente, y mis capataces, que ya conoces. Ah, y mi encargado de almacén y tareo.

-          Vinicio parece estar satisfecho con los acuerdos.

-          Al finalizar la reunión, casi a la una, se queda solo con Ezequiel.

-           ¿Has visto el residente que se consiguió? Es un chivolo.

-           Y parece, Ezequiel, que le entra… de cualquier modo, no te confíes de su juventud. Estos mierdas vienen con una computadora en la cabeza.

-           ¿Y cómo sabes que le entra?

-          Vinicio exagera su inspiración.

-           Huele a cabro, Ezequiel. Huele a cabro.

 

Aprovechando la hora de almuerzo, en Lima, Gustavo va al Hospital. Busca el consultorio que le dijeron.

Al entrar, un chico delgado lo mira de pies a cabeza. A pesar de su ropa sport elegante, es imposible ocultar sus formas atléticas.

Otro muchacho lo mira directo a los ojos, y le baja la mirada. Gustavo lo ve, pero no entiende por qué no le puede despegar sus ojos.

Al fin, una enfermera lo hace pasar.

El médico lo saluda cordialmente, conversa brevemente.

-          Gustavo, ¿es de vida o muerte que viajes a trabajar a Piura?

-           Sí, doctor. Es parte de mi chamba. ¿Por qué?

-           Gustavo… tu prueba… dio positiva.

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

 

 

sábado, 12 de marzo de 2016

La Agencia (13)

Por Hunk01

 

Portarse bien dio buenos resultados a Rodrigo. Su personaje no solo se mantuvo sino que llegó a tener tanta importancia como el de un antagonista, desplazando por ratos al antagonista oficial. Y aunque la actriz principal se negó al pedido de la producción a ser penetrada por el actor novato, no tuvo más remedio que interpretar candentes escenas de sexo. Le costó trabajo a todo el mundo ocultar la erección, y tras el grito de “¡corten!”, Rodrigo pasaba varios minutos en el baño, masturbándose.

el actor principal, quien antes solía ser amistoso con el muchacho, se tornó algo lejano, hostil por ratos.

Rodrigo se lo comentó a santiago.

-          Es lógica su reacción; le comenzaste a robar pantalla.

-           Pero yo no quiero hacer eso.

-           Aunque no lo quieras es inevitable… pero lo podemos arreglar.

El protagonista se llamaba Raúl, un tipo boricua, alto, con tanta musculatura como santiago, cabello castaño, muy introvertido. Solía pasarse buen tiempo hablando por teléfono con su familia, o eso parecía.

Aprovechando la fiesta nacional de la isla, Rodrigo se acercó en un descanso y lo invitó ese fin de semana a pasarlo en su departamento, celebrando. Que él elija qué gente querría que asista. El actor le contestó que no celebraría, sino que se pasaría el fin de semana ensayando sus libretos, pues la novela entraba al último mes.

Santiago sonrió cuando Rodrigo se lo contó.

-           Sobrado imbécil, como si yo no supiera que ha cachado hasta con el conserje.

-           ¿También le entra a la nota?

-           ¿Cómo crees que obtuvo el protagónico? La vaina es que cuando eres versátil, tienes más posibilidades, por eso él se hace el sobrado.

-           ¿Ya te lo cachaste?

-           Aún no. Pero sí me consta que se le hace agua cuando se me para.

Casi al finalizar esa semana, Rodrigo acavó de grabar su escena y se fue al camerino a cambiarse de ropa para regresar a su casa. Apenas abrió la puerta, se quedó de piedra. Santiago le horadaba el culo al protagonista con una velocidad digna de pistón. Rodrigo no sabía si entrar o salir de nuevo. Santiago lo vio, le hizo un ademán de actuar con rapidez. Pudo leer “cierra la puerta, carajo” de sus labios. Rodrigo le obedeció sin dejar su expresión de asombro.

Santiago perdió la concentración y bajó su intensidad.

-           ¿qué pasa, ne…?

El protagonista se asustó al ver a Rodrigo contemplándolos. Se levantó violentamente y se abalanzó contra su compañero. Rodrigo lo eludió. Santiago fue tras el protagonista y lo retuvo contra la pared.

-           No te atrevas a tocarle un pelo. Ahora él sabe lo mismo que yo, así que si valoras tu imagen, anda tranquilo.

Rodrigo no supo qué hacer. Se desvistió y se encerró en la ducha. Volvió a masturbarse.

XXX

Por la noche, andrés fue al departamento de Rodrigo. Otra vez, ese fin de semana se irían a la playa, pero ahora más lejos. Máncora o Punta sal eran las alternativas. Tras revisar presupuestos y opciones de alojamiento, se relajaron un poco.

-          Rodrigo, ¿sabes hacer el beso negro?

Rodrigo lo miró extrañado.

-           ¿Por qué?

Andrés le contó la experiencia con Santiago.

-           Ya te dije, Andrés. Solo alucina que es una jerma.

-           Es que, ni siquiera se lo hice a una jerma.

-           ¿Quieres aprender?

Ambos chicos se desvistieron, y comenzaron a acariciarse y besarse. Estaban muy calientes.  Entonces, Rodrigo se puso en cuatro, y comenzó a instruir al chofer.

-           Bésame las nalgas… así… así.. más adentro… más… más…. Ahí… ahora lámelo… así… eso… juega con tu lengua… ahhh… ahh… sigue… Lo haces rico… así… chúpame el culo…

Andrés sentía que la leche le estallaría en cualquier momento, así que agarró firmemente las caderas de Rodrigo y comenzó a sobarle su verga hasta que el semen saltó. Andrés respiraba por la boca, aliviado. Rodrigo fue al baño a limpiarse y a masturbarse. Andrés se vistió rápidamente.

-           Me tengho que ir. Nos vemos el sábado temprano.

Rodrigo sonrió. Se sentó desnudo, buscó un porro de marihuana, pero no halló nada; entonces, comenzó a masturbarse de nuevo para liberar tensiones. Apenas comenzaba cuando escuchó toques en su puerta. “¿De qué se habrá olvidado Andrés?”. Sin vestirse fue a atender.

Era Lugo.

Rodrigo se sorprendió.

Lugo no dijo nada y se fue corriendo. Rodrigo fue tras él.

Habría bajado desnudo hasta la calle, de no ser por una señora que lo vio y comenzó a dar gritos. Rodrigo se asustó y volvió a refugiarse en su departamento. Llamó a Lugo repetidas veces a su celular pero no fue respondido. Rodrigo recordó por fin dónde tenía los porros. Fue hasta su cómoda, los sacó todos, de ahí alcanzó el retrete en su baño y presionó la palanca. “No más alucinaciones”, pensó.

XXX

El viernes, al regresar de su trabajo, halló correspondencia. Era el estado de cuenta de su tarjeta de crédito. Rodrigo se quiso caer de espaldas: su fortuna de seis dígitos había perdido tres de ellos. Apenas le quedaba 254 dólares. Vio los detalles. Cuatro páginas de cuentas y más cuentas. ¿en serio había gastado su fortuna en todo eso?

Al día siguiente lo primero que hizo fue ir al banco a pedir explicaciones, aunque Carlos le había adelantado que el banco nunca pierde. Previamente llamó a Santiago para decirle que se demoraría un poco, que vayan avanzando y que él llegaría por su cuenta.

Hizo algo inteligente: usó parte de su saldo para pagar los costos, transfirió el resto a su cuenta de ahorros y canceló la tarjeta. Bajó al cajero a sacar efectivo para el viaje y se fue a buscar un taxi para Máncora.

Dos horas después, estaba entrando al serpentín antes de llegar a Los Organos, cuando vio que el tránsito avanzaba lento porque una patrulla policial obstruía la circulación. Más allá había un trailer parado, y tras él una columna de humo blanco.

Suspiró resignado. Esperó su turno para pasar. Cuando avanzaron y superaron el atasco, vio una grúa que terminaba de halar un vehículo hecho chatarra, y unos bomberos que ayudaban al rescate. Rodrigo se persignó y pidió al chofer que acelerara.

Llegó al hotel donde habían quedado con sus compañeros, pero le dijeron que no habían llegado aún. Llamó a Santiago a su celular. Timbró varias veces pero nadie le respondía. El celular del productor sonaba como apagado. Llamó, al fin, a Andrés.

-           ¡Oe, huevón, no me digas que se fueron a Punta Sal!

-           No, joven… estamos en Talara.

-           ¿Talara? ¿qué mierda pasó?

-           Nos accidentamos… Sus dos amigos… fallecieron.

 

(CONTINUARA)

 

© 2016 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.

lunes, 26 de agosto de 2013

Cuaderno de Obra (11)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.

 

Renzo y Gustavo se conocieron en un sauna del centro de Lima. El joven ingeniero civil había ido con un amigo, y tras tomar el baño de vapor fue a la sala de videos, donde lo vio rrecostado viendo al techo. Era obvio que le llamaba la atención su trigueña musculatura.

Gustavo se dio cuenta que lo observaba.

-          ¿Aburrido como yo?

-           Algo. No me hallo acá.

-          Los dos chicos se pusieron a conversar de todo, y cuando se dieron cuenta, eran casi las cinco de la mañana.

-           Te jalo a tu casa. Tengo mi carrito en un estacionamiento acá cerca.

-           No hace falta, Renzo. Vivo acá en Breña. Puedo ir caminando.

-          Intercambiaron fonos y correos. El resto de la semana se la pasaron mensajeándose, hasta que salieron a una discoteca de ambiente, y luego recibieron la mañana haciendo el amor en un hotel en Lince.

-          El praghmatismo de Gustavo se combinaba con compulsión al orden de Renzo. Por eso, al chico le llamó la atención que le propusiera vivir juntos, como pareja.

-           ¿Renzo?

-          El muchacho despierta de sus recuerdos. Es Dora, la hermana de Gustavo.

-           ¿Cómo sigue?

-           Igual. Gracias por venir. Me dijo su jefe de mi hermano que tuviste que regresar de Piura.

-           Eso es lo de menos. Tavo me necesita.

-           Claro… Escucha, Renzo, mira lo conversamos con mis papás y nosotros nos encargaremos de cuidar a Gustavo. Ahora, él necesita estar… más cerca a su familia, ¿entiendes?

-           ¿Qué quieres decir, Dora?

-           Sé que tú y el son pareja, pero creo que éste es un mal momento para que mis papás se enteren de lo de ustedes.

-           Pero, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?

-           Renzo, por favor. Es decisión familiar. Yo respeté mucho que ustedes fueran a vivir juntos, pero las cosas han cambiado. Gustavo nos necesita a nosotros, su familia. Por favor.

-          Renzo no entiende por qué el afán de desplazarlo. Claro que su relación se mantenía oculta –excepto para gente muy cercana a ambos-, pero no le cabía en la cabeza por qué le pedían salirse de escena.

-           Renzo, yo misma te prometo que conforme pase algo, te lo informo, ¿de acuerdo?

 

A esa misma hora, en la oficina del Sindicato, Ezequiel y Vinicio revisan unos papeles, cuando llega Tito.

- ¡Muchacho! ¿Y ese honor?

 Don Vinicio, estuve pensando bien en la oportunidad de ir a Lima, y…

-          ¿Y? ¿Qué decidiste?

-           No iré, don Vinicio. Le agradezco mucho la oportunidad.

-           Pero…

-           Sí, sé lo que dirá. También lo pensé. No… no trabajaré en la obra.

 

Al anochecer, Renato y Renzo llegan al departamento que el segundo tiene con Gustavo.

-          ¿arreglaste qué harás con él?

-           Llamé a la casera. Le dije que era probable que lo desocupe a fin de mes.

-           Pero, ¿y si… Gustavo despierta?

-           Renato, está en coma profundo. Tú eres abogado. ¿Qué posibilidades hay que despierte? Y si lo hace, su familia se lo llevará a su casa.

-          Renzo rompe en llanto. Renato se acerca a consolarlo.

-           Mira. Si quieres, hagamos algo. Déjamelo a mí. Si Gustavo se recupera y quiere mantenerlo, normal; si no, bueno. Del papeleo me encargo yo.

-          Renzo llora por largo rato. Sabe que esa no será una noche fácil de pasar en el departamento. Por otro lado, es evidente que la familia está dispuesta a poner una barrera.

-           Renato, regresaré a Piura. Es sólo por tres meses. Regresaré y me quedaré aquí.

-           Claro. Como quieras.

-           Sólo prométeme algo: cuando Gustavo despierte, dile que lo amo más que nunca, que no me deje.

 

Al día siguiente, día de la colocación de la primera piedra, el barrio se engalana.

Varios dirigentes vecinales, entre ellos Juan, y del Sindicato están bajo un raído toldo esperando a las autoridades y a los ingenieros. Varios niños juegan en el pampón donde quedará la escuela.

Al fin, con hora y media de retraso, la actividad comienza.

Más por curiosidad que por otra cosa, Tito y Miguel acuden al pequeño tumulto. Se ponen a palomillear con otros patas, y se burlan de los discursos del alcalde, de Vinicio, de Juan y de Eduardo.

Cuando todo acaba, Tito va por ahí, delegado para conseguir un par de cervezas heladas para la patota.

Se distrae cuando Juan le pasa la voz a lo lejos, tanto que se estrella contra otra persona.

-          Discul… ¡hola!

-           ¡Hola!

Es un muchacho con un semblante apagado, pero atractivo. Es Renzo.

 

Antes que el alcalde se vaya, Vinicio logra alcanzarlo. Como siempre, va con Ezequiel.

-          Señor alcalde, no se olvide que el Sindicato siempre le estará agradecido por defender nuestras reivindicaciones.

-           Claro, Vinicio. El ingeniero Jáuregui prometió respetarlas.

-           Claro… ¿cuándo puedo visitarlo? Quisiera… coordinar algo, y…. llevarle unos… regalos.

-          El alcalde entiende la figura.

-           Te llamo a tu celular. Puede ser mañana por la noche.

 

Unos metros tras el toldo, la cabeza de Renzo está con sol y nubarrones.

-          Qué… coincidencia. Otra vez.

-           Sí… ¡Me llamo Tito!

-           Yo soy Renzo. Mucho gusto.

-          Ambos se estrechan la mano.

-           Disculpa, ¿Renzo? ¿Te pasa algo?

-           Problemas. No viene al caso.

-           Ah. Espero que… se resuelvan.

-          De pronto, Tito siente que es inoportuno, y que debe dejar solo al chico, aunque, por otro lado, siente la necesidad de darle apoyo.

-           Mira, Renzo, sé que apenas nos conocemos. Pero si puedo…

-          El foráneo siente una rara electricidad al oír esas palabras. Entonces, un rayo de sol penetra entre los nubarrones de su cabeza. Una sonrisa asoma tímidamente por su apagado rostro.

-           Gracias… ¿Tito? Gracias, de verdad. Bueno, nos vemos.

-           Claro… Nos… vemos.

-           Ah, Tito. Desde mañana trabajaré aquí en la obra. Preguntas por el Ingeniero Renzo. Me hará bien conversar con… alguien… contigo.

-           Claro.

-          Cuando Renzo se aleja, Tito siente que ha tomado una decisión equivocada.

 

Al atardecer, Tito regresa a casa, algo picado por las cervezas que ha tomado esa tarde, cuando alguien le pasa la voz. Es Orlando, el peluquero.

-          ¿Qué hay, pata?

-           Has estado chupando, Titín. Mmmmm. Oye, me debes.

-           ¿Qué te debo?

-           El corte de pelo de tu primo. Me lo iba a cobrar, pero llegó Juan, ¿recuerdas? ¿Me lo vas a pagar o no?

 

 (CONTINUARÁ)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

jueves, 26 de julio de 2012

La Parcela (11): Tres, dos, todos los hombres al desnudo

Nunca el cobertizo posterior de la casa de la parcela anduvo tan concurrido, especialmente por los “ingenieros”, y así lo hizo notar David a Jano, mientras supervisaban el cambio del cableado telefónico.
-         Si pancho y Nando han pasado por el costado del mini-gym, unas cien veces, ha sido poquito.
-          ¿Y tú, David, no sientes curiosidad por el mini-gym?
-          ¡Hombre! Las planchas y las ranas siguen siendo efectivas.
Jano sonrió sin ánimo. Se ensimismó por un segundo, y siguió trabajando.
En el almuerzo, el mini-gym fue el tema más importante de conversación, al punto que Jano tuvo que terciar.
-         Bien, muchachos, organícense, porque no quiero disputas por el momento en que lo van a utilizar. Además, compórtense, qué dirán los técnicos aquí presentes.
Eran dos varones. El primero, joven, como de unos 25 años, de cabello lacio grueso, peinado con raya en medio, trigueño, alto y de contextura normal. El segundo era delgado, un poco mayor, como a finales de los 30 –rozando los 40- y un poco más alto que el anterior, además de tener el cabello corto y zambo. Al escuchar a Jano, ambos sonrieron.
-         Con advertencia y todo, el almuerzo fue un debate completo por los turnos, hasta que al final decidieron que a las cinco de la mañana lo usaría Pancho; a las cuatro de la tarde, Nando; a las cinco, Raúl; y luego quedaba libre para quien quisiera  practicar, además de las mañanas. Aunque, camino a su dormitorio, Nando terminó convenciendo a Raúl para permutar los turnos.
-         - es que mi rutina es más completa, pata. Además, ¿quién trajo el aparato?
Raúl accedió de mala gana, aunque siempre terminaba cediendo a la opinión de Nando. Pancho los quedó mirando, algo incómodo.

Para las tres de la tarde, ya había Internet en la parcela. El ‘click’ de honor lo hicieron Jano y David. También había un teléfono más moderno en la oficina, otro en la sala y otro en el cuarto de Jano.
Este era el último lugar de trabajo de los técnicos, donde no demoraron más que poner el aparato, conectar, probar y dar por verificado el procedimiento.
El delgado y mayor se dirigió a Jano:
-         Terminado, ingeniero, y funcionando. ¡Uf! Aquí sí que hace calor.
-          Aquí hay baño. Si desean tomen una ducha.
Los dos técnicos se miraron sorprendidos por la invitación.
-         No, no queremos incomodar. Lo que sí le agradeceríamos es agüita.
-          Vengan a la cocina.
Jano les invitó limonada helada, especialidad de Jerry. Luego, Jano y el técnico mayor se fueron a la oficina a ver lo de los honorarios. El más joven se quedó con el cocinero, y lo miraba de reojo, hasta que sus miradas coincidieron.
-         ¿Cómo te llamas?
-          Leandro.
-          Yo soy Jerry. Trabajo aquí.
-          Tu cara me es familiar. ¿Tú no trabajabas por el Bajo Chira?
-          Hasta hace casi medio año. ¿Meviste por allá?
-          Bueno. No sé si te acuerdas. Era la fiesta de un santo de por allá.
Jerry abrió los ojos mucho más, y por fin hizo memoria; pero cuando iba a recordar todo lo que había pasado, llegó el otro técnico y le ordenó salir, pues regresaban a casa.
Jerry se quedó con la palabra en la boca.
-         Mira, pues. Es que con uniforme, es decir, sin uniforme… se ve distinto.

Ante la mirada de Wilfredo y Gabo, Pancho, Raúl y Nando terminaron de montar el mini-gym y hacer pruebas. Eran tres niños crecidos y de carnes firmes comportándose como cuando se tiene juguete nuevo. Pancho vestiía un short de lycra debajo del que evidentemente no había nada; Raúl fue con su bermuda blanca; Nando exhibía su musculatura cubierto apenas por un boxer negro con ribetes celestes y pretina blanca.
Mientras tanto, Jano conducía de nuevo a Piura, con los dos técnicos a bordo. El joven iba en el asiento trasero y su colega mayor en el del copiloto.
-         ¿Cansado, maestro?.
-          Le hubiera aceptado el baño, ingeniero.
-          Se puede resolver aún. Aunque no lo crea, yo también quiero un baño.
Jano miró de forma insinuante al técnico a su derecha, y éste al que iba atrás. Luego el copiloto regresó a ver a Jano.
-         ¿Qué idea tiene?

En la casa de la parcela, y ajeno al jolgorio del mini-gym, David seguía sentado en la computadora, hasta que alguien en la puerta lo asustó.
-         Disculpa, David. No era mi intención.
-          Descuida, Jerry. Estaba trabajando en la lap-top.
-          ¿Cierto que ya hay Internet?
-          Sí.
-          Ojalá algún día pueda ver mi correo, o mi Messenger.
-          ¿Por qué no lo ves ahora mismo?
Jerry intuyó que vería algo más que mensajes de correo o chat.

En una ciudad antes de llegar a Piura, pero algo desviada de la ruta hacia el norte, la camioneta de Jano llegaba a un hotel en la orilla del río Piura.
-         Una habitación para los tres. Sólo queremos bañarnos y descansar.
En minutos, Jano y los dos técnicos estaban en una simple con baño privado y televisor. El técnico más joven accionó el control remoto: en la pantalla, dos hombres penetraban a una chica al mismo tiempo, gimiendo. Los dos técnicos se miraron de nuevo, y luego a Jano, quien, para entonces, ya estaba bajándose el pantalón.
-         ¿qué dicen? ¿Compartimos la ducha?

En la parcela, y sin dejar de discutir, Nando, Raúl y Pancho compartían, la ducha, con el recurrente tema de la musculación, rutinas, dietas, y referentes del culturismo nacional y mundial. Wilfredo aprovechó el pánico para tirar con Jano, nuevamente, aunque esta vez usando condón.
Sin mucho esfuerzo, Jerry y David se escabulleron en el cuarto del segundo, se despojaron de toda su ropa, abrieron la lap-top, y se echaron boca abajo, desnudos, a ver una película porno gay recién descargada.
En la ducha del hotel, Jano y los dos técnicos acariciaban sus recios cuerpos bajo la lluvia fresca. Allí el chico pudo ver que el más viejo, aunque delgado, tenía músculos marcados, un poco más que Wilfredo, mientras que el más joven era atlético aunque sin mucha definición muscular.
El técnico mayor acariciaba con una mano la espalda y trasero de Jano, mientras lo besaba en la boca, y con la otra, recorría desde la nuca hasta el medio de las nalgas del técnico más joven, a quien besó después. Las tres pingas convergían en un mismo punto: la de 18 de Jano, rosada y venuda; la trigueña y también venuda, de unos 19 centímetros del técnico mayor; y, la de 15 y trigueña, pero gruesita del técnico más joven, que, por cierto, competía en firmeza y redondez de culo con Jano,–nada despreciable y sexy sin ser crecido, como el de Pancho o Nando.
Por su parte esos dos no cesaban de debatir, con Raúl tratando de mediar en la discusión, sin éxito. Tanto era el apasionamiento que los tres permanecían aún desnudos en su cuarto, entretanto que en el del costado, Wilfredo eyaculaba sobre el pecho de su sobrino, y en el cuarto de Dabid, Jerry se encaramaba sobre la espalda del administrador para besarla desde la nuca hasta el medio de las nalgas; luego, regresó hasta el cuello para hacer el mismo trayecto, esta vez, besándola, a lo que David respondió retorciéndose y gruñendo por las placenteras cosquillas que sentía, especialmente cuando le hicieron el beso negro, mientras dos chicos blancos musculosos hacían un bareback en la pantalla de la lap-top.
En el cuarto del hotel, el técnico mayor le metía su pene a Jano, y éste a su vez al técnico joven. Claro que antes, y vía el intercomunicador, el dueño de la parcela debió ordenar una tira de preservativos. Jano movía su culo de tal manera que se la corría al técnico mayor y le daba un masaje prostático al menor. Los tres gemían confundiendo sus exhalaciones con las de la película en el televisor.
Igual pasaba con Jerry y David.  Sin dejar de ver el monitor, el administrador se había puesto en cuatro, dando al cocinero toda la maniobrabilidad necesaria para perforarle el culo, de manera casi violenta, dándole una agridulce sensación de placer. De vez en cuando Jerry nalgueaba a David, con cierto escándalo, tanto como el de sus caderas al chocar con las nalgas lampiñas del piurano clasemediero.

En el cuarto del hotel, el técnico joven estaba sentado sobre la pinga de Jano, la que tenía dentro de su ano al mismo tiempo que la del técnico mayor. Con el orto extremamente dilatado, ese muchacho comenzó a quejarse de dolor, mientras Jano intentaba darle placer masturbándolo, hasta que consiguió que eyaculara, pero tal acción comprimió tanto el ano del técnico, que las dos pingas fueron expulsadas de inmediato. Sin importarle nada, el técnico, se acostó sobre el cuerpo de Nando manchando sus vientres con semen. El técnico mayor comenzó a corrérsela, hasta que se quedó mirando un hilo rojo en la entrepierna de su colega más joven:
-         estás sangrando, huevón.
En la parcela, tras un piernas al hombro, Jerry y David se masturbaron mutuamente y eyacularon con diferencia de un minuto a favor del cocinero. El abdomen y el pecho del administrador estaban inundados del blanco fluído. Mientras las daban, ambos gruñeron con cierta fuerza.
-         ¿Te gustó?
-          De la puta madre, Jerry. De la puta madre.

En el cuarto del hotel, el técnico joven, se masturbó por segunda vez viendo cómo su colega mayor penetraba a un inquieto Jano que se mecía en la pose de perrito, gimiendo excitado, hasta que recibió sobre su espalda el semen del otro hombre. A su vez, él se incorporó, y gimiendo fuerte, se la corrió hasta disparar su leche sobre el suelo. El técnico joven volvió a mancharse su torso con su propio semen.
Los tres regresaron a la ducha para lavarse, y casi dos horas después de pedir la habitación, retomaron el camino a Piura. Jano, aunque satisfecho, iba aturdido por una sensación inexplicable de nostalgia.

En la parcela, aunque Jerry se escabulló por la puerta principal y se fue, David no pudo disimular su bochorno al llegar a la cocina y ver las miradas de Wilfredo, Gabo, Pancho, Raúl y Nando encima de él. Se sentía desnudo, avergonzado. Todos estaban en silencio, terminando la cena.
Nando, sonriendo, rompió el hielo:
-         No lo olvides: esta es la parcela de Jano.

(CONTINUARÁ…)

©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares y situaciones es pura coin

jueves, 1 de noviembre de 2012

El Vigilante (1): Un duchazo de placer

El día que Marcos salió del Ejército, su familia decidió que se haría una gran fiesta, y se invitaría a todo el pueblo. Él acababa de cumplir los 19 años y había regresado convertido en alguien irreconocible: cuerpo recio, amplio y atlético, con musculatura bien formada sin ser masivo como un culturista, cabello corto, y un par de centímetros más de estatura – metro 75. Antes de enrolarse, el chico trigueño de cabello lacio, ojos negros, rostro agradable (al punto que una de sus profesoras dudara que fuera campesino) iba a la escuela por la mañana, y el resto del día combinaba las tareas estudiantiles con ayudar a su papá en su chacra. Era el último de cinco hermanos y dos hermanas. Se corrió la invitación por la emisora parlante, y esa noche, casi todo el pueblo, compuesto por unas doscientas personas, asistió. Aunque Marcos rió con los amigos, bailó con las chicas y saludó cortésmente a todo quien asistió, le creó una mala espina a su papá. - M’hijo no toma ni mierda. - Durante su instrucción militar, Marcos había sido formado como comando, por lo que su sentido de alerta estaba al máximo. Sus reflejos eran tales, que salvó a una de sus tías, a la que casi le cae un cuadro con fotos en la cabeza, y hubiera finalizado la fiesta trágicamente, porque el marco era de metal. - Santos, su primo de 29 años, tampoco bebía la helada cerveza, porque estaba enfermo. - Tengo que irme a Chiclayo a tratarme. - ¿es grave? - Más o menos. Justo me voy pa’que me vean los doctores. - ¿Y tu chacra? - D’eso te quiero hablar, primo. - Marcos dudó, y de pronto su mirada se fijó en un joven que no había visto antes. Era un muchacho bien peinado, vestido con camisa y jean, rostro agradable y angelical, contextura promedio, que hablaba animadamente con la madre de Marcos. - ¿Lo conoces, santos? - Ah… es Lichi, el catequista. - ¿Cuándo llegó? - Será cuestión de tres meses. Está preparando para la Primera Comunión. - La madre de Marcos notó la mirada escrutadora de su hijo, y se acercó con su interlocutor para presentarlo. - Marquitos, él es Lichi. - El catequista, ¿no? Mucho gusto. - El gusto es mío. - Marcos estrujó la mano suave de Lichi, y sintió una extraña electricidad recorriendo su cuerpo. A pesar que toda esa semana hizo esfuerzos por encontrar a Lichi, no tuvo éxito. Estaba intrigado por aquel muchacho, y él mismo estaba extrañado por ello. De todos modos, trabajó en la chacra de su padre, y estuvo pensando varias veces si aceptaba la oferta de quedarse en la de su primo santos. Las dos veces que le tocó el tema, su respuesta había sido la misma: no quería dejar solos a sus viejos, porque sus hermanos mayores ya no estaban o vivían en la ciudad. Su fortaleza muscular garantizaba su alto rendimiento en las labores de campo. Regresaba de la chacra, el sábado siguiente a su fiesta, cuando vió que alguien bajaba unas cajas grandes de cartón de uno de los colectivos. Corriendo, fue a ayudar. - Gracias. Muy amable. - Bajo la gorra de Pitufo Gruñón, reconoció a Lichi. - De nuevo, Marcos sintió una indescriptible emoción. - Le ayudó a llevar las cajas hasta la capilla del pueblo. - Lichi se deshizo en agradecimientos. Marcos actuaba raro. Cuando Lichi terminó de dar la sesión de ese día, Marcos estaba en la puerta de la capilla, luciendo un polo deportivo, un short –ambos tan ceñidos, que le marcaban su atlético cuerpo y, en especial, el notorio paquete- y unas zapatillas azules de tela. Estabanocheciendo, y el catequista acababa de despedir al último de los niños. - ¡Marcos, qué gusto! ¿Y cómo estuvo el partido? - Ganamos. ¿Ya te regresas? - No. Pasaré la noche aquí. Tengo que organizar el material que traje… ¡y es mucho, por Dios! - Si… quieres, te ayudo. - ¿En serio? ¡Vaya! A eso le llamo Providencia Divina. - Detrás de la capilla, había un cuarto que se usaba como sacristía, y dormitorio, con una cama plegable de una plaza, y un baño completo, algo que no era común en el resto de casas. - En cuestión de una hora, toda la papelería que Lichi había traído estaba en su lugar. Mientras hacían ese trabajo, Marcos conoció que el catequista tenía 21 años, que había iniciado estudios en el Seminario, pero los frustró porque descubrió que no quería ser religioso, que había comenzado a estudiar Educación, y que estaba de vacaciones. - Lichi pudo conocer que Marcos fue al ejército, que se preparó como comando, y que fue uno de los mejores de su promoción. Nada más. Aún así, no podía explicar también por qué sentía cierta sensación de bienestar con este recio hombre. ¿Es esto simpatía o… atracción? - A Dios gracias, terminamos Marcos. - ¿Dónde comerás? - Donde la señora Bertha. Pero antes debo bañarme. Estoy pegajosísisimo. Hace mucho calor acá. - ¿Te traigo agua? - No es necesario. Ya bombeé. Me bañaré aquí. - ¿Tienes… ducha? - Claro. Ahí está el baño. Entra a ver, si quieres. - Marcos entró, no a ver el baño, sino a pensar en el siguiente paso. Desde la puerta, se asomó. - Acá no hay duchas. - Sí. Lo sé. ¿No tienes en tu casa? - No. Me baño en el canal. - Mmmmm… oye, si quieres… puedes bañarte aquí. - ¿En serio? - Sí. Con toda confianza. Estás en tu… capilla, jajajaa. - Lichi se sacó los zapatos y en pocos segundos oyó el agua aspersada sobre el piso de losetas, pues Marcos no había cerrado la puerta. Sintió la tentación de espiar, pero se contuvo. No la quería cagar el primer día. Nada que hacer: era atracción. - Deberías venir. Está de la puta madre. - En la puerta del baño, Marcos apareció desnudo por completo. La ropa no engañaba: pectorales marcados, abdominales bien trabajados, brazos y hombros anchos, muslos y pantorrillas voluminosos, venas marcadas por casi todo el cuerpo… y rodeado de una leve mata de vello púbico, un pene ni grande ni pequeño, y unos testículos que bailaban como badajos. - Ehhhh… después de ti. - ¡No, huevón! ¡Ahorita! - Marcos reingresó. Lichi lo pensó casi un minuto… - Marcos se estaba enjabonando todo el cuerpo. - Hazme espacio. - Lichi, completamente desnudo, abría la cortina, y Marcos se hacía a un lado. El catequista trató de asumir que era una costumbre de cuartel, pero en aquella penumbra, el roce de los cuerpos fue inevitable. Por más que pudo, Lichi no contuvo su erección. Sus 17 centímetros se pusieron duros. Rezó para que el cuerpón no se diera cuenta. - Te jabono la espalda. - ¿qué? - Te jabono la espalda. - Ya. Hazlo. - Mientras Marcos sobaba el jabón, Lichi sentía un intenso cosquilleo. - Voltéate. - Es que… - No tengas miedo. - Marcos tomó a Lichi de los hombros y lo hizo girar. De pronto, ambos penes estaban chocando. Marcos abrazó a su compañero de ducha. - No me tengas miedo. - Bajo el agua, ambos se besaron en la boca. Y aprovechando al jabón como lubricante, se acariciaron sin cesar. - Lichi jadeaba de placer sintiendo el firme físico de Marcos, y éste apreció igual condición en el muchacho, en especial sus nalgas, redonditas, lampiñas y duras. - Marcos besó el cuello de Lichi, y los gemidos comenzaron a llenar el baño. - Me vengo, Marcos. - El semen caliente del catequista se derramó sobre el vientre bajo del exsoldado, quien arrimó al chico a la pared, y comenzó a mover su pelvis con fuerza. Varios minutos después, y dando un rugido, Marcos liberaba su leche. - Los dos se abrazaron con fuerza. - Esto fue increíble, Marcos. - Me gustas, huevón. - Tú también. Ni en mis fantasías. Te lo juro. - Ambos penes perdieron rigidez, el agua seguía cayendo con menos fuerza. Ambos chicos seguían abrazados. (Continuará…) Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com, búscanos en Facebook, o comenta aquí.