martes, 28 de agosto de 2012

El moreno, el guachimán y yo

Hunks of Piura

Hace unos días, estaba paseando por el Óvalo Grau, cuando me fijé en un pata moreno, de evidente complexión atlética. Cruzamos las miradas, pero pensé que en eso iba a quedar.

Cuando estaba tomando la Avenida Grau, veo que él me empieza a seguir.

Para confirmarlo, me metí en una calle poco concurrida, adyacente a esa arteria, y él me dio el encuentro.

-          ¿Qué haciendo?

-           Aquí paseando.

-          Su erección era enorme e imposible de ocultar debajo de su pantalón pitillo.

-           Tengo un amigo por acá. ¿Te interesaría verlo, y a ver qué pasa?

-          Eso me sonaba a trío, y una de mis mayores fantasías es hacerlo con dos patas al mismo tiempo. Acepté, pero hice una contrapropuesta.

-           Mira, por acá vive un amigo mío. Mas bien, ¿por qué no lo vamos a ver? Tiene un depa chévere, y podemos estar tranquilos.

-           ¿Vive solo?

-           Por eso.

-          Fuimos a donde le dije, subimos, toqué la puerta y… nada de mi amigo.

-           Parece que no está.

-           Oye, acá debajo de las escaleras me parece haber visto un lugarcito. ¿Lo vemos?

-          Bajamos. No habría un trío, pero al menos probaría ese palo que se marcaba debajo del pantalón de este moreno, de unos 29 años, que se manejaba una cara de arrecho.

-          Llegamos al espacio, estaba algo oscuro, pero ahí nomás aprovechamos. Se bajó el pantalón, y saltó una verga de 19 cm. ¡19 cm! Ojo, esto que cuento no es cuento. Sucedió.

-          Se la chupé por varios minutos, cuando me dijo que me bajara el pantalón. Lo hice. Sacó un condón de su billetera, se lo puso, y comenzó a metérmela.

-          Me dolía como mierda, pero quería tener esa pinga dentro de mi culo. Como juego voley y hago algo de atletismo, lo tengo redondito y firme.

-          El huevón gemía.

-          No habían pasado ni tres minutos de que me la había metido, cuando escuchamos que alguien se acercaba. Sin roche, nos levantamos el pantalón. En eso apareció una señora.

-           ¿Qué hacen acá?

-           Orinando, señora.

-          Nos quitamos de allí.

-           Mas bien, vamos a ver a mi amigo que te dije al inicio.

-           Bueno. Vamos.

 

Caminamos un poco más, hasta un edificio. Allí había un pata trigueño, de unos 25 años, que era el vigilante.

-          El moreno habló algo con él, mientras yo esperaba afuera. Este vigilante tenía toda la traza de tener un cuerpazo, más por genética que por gimnasio. Lo que le dicen un ‘cholo power’.

-          Tras cinco minutos, me hicieron entrar. El vigilante nos señaló una puerta del fondo, que era la entrada de un cuartito sin luz.

-          Vi que el guachimán cerró la puerta del edificio y nos dio alcance.

-          En la penumbra, noté que el moreno se había quitado la ropa. Comencé a acariciarlo. Era un cuerpo de infarto: sin ser musculoso, bien formado, durito, con todo en su sitio.

-           Calatéate.

-          Acepté hacerlo, y mientras me desvestía, llegó el guachimán. El moreno hizo que diera unos pasos y nos paramos sobre lo que parecía ser una alfombra. Nos comenzamos a besar y a manosear. Su verga estaba dura de nuevo, y rozaba la mía también al palo, de 16 cm. Entonces sentí el cuerpo desnudo del guachimán cubriéndome la espalda. También la tenía dura.

-          Alterné entre los dos, hasta que el moreno hizo que me pusiera en pose de perrito. Él y el guachimán se arrodillaron. Mientras el moreno me la metía por el ano de nuevo, yo se la chupaba al guachimán.

-          Con tal de gozar de mi culo apretadito, el moreno me agarró de las caderas. Mientras el vigilante me acariciaba el cuello. ¡Carajo, no podía ser cierto que estaba en un trío! Pero, como les dije, es cierto.

-          Tras varios minutos, el moreno gruñó y sentí cómo su pinga palpitaba dentro de mi hueco.

-           Las di. Las di. Ahhhh.

-          No había terminado de hablar cuando el guachimán se vino en mi cara. Su leche espesa y caliente me llenó casi todo el rostro.

 

Tras limpiarnos y vestirnos, quedamos de hacerlo otra vez.

-          De nuevo estoy por el Óvalo Grau, a ver si me encuentro con el moreno, pero nada. Tampoco he hallado en el edificio, a ese vigilante carretón.

-          Igual, si te interesa hacer un trío conmigo, por qué no me dejas un mensaje aquí?

 

Relatado por Luis Lucas. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. También lo puedes contactar vía hunks.piura@gmail.com

Casa De-Formación (8): Jorge se muda

Aquel primer sábado por la mañan

Es una playa larga y solitaria. Aunque el mar forma grandes olas, éstas rompen suavemente.

Dos chicos corren desnudos por la orilla. Se persiguen, compiten por saber quién es más veloz, se molestan fraternalmente entrando a la zona de resaca y chapoteando agua. Son felices.

Se cansan y se acuestan sobre la arena, uno al lado del otro. Se toman de la mano.

El sol está alto e impide ver directamente al cenit. Hay que cerrar los ojos si no queremos que la luz nos enceguezca.

El mar se escucha cual melodía.

Uno de los chicos abre sus ojos de nuevo y gira su cabeza para compartir ese momento de felicidad febril con su compañero.

Ya no está.

¿A dónde fue? Intenta llamarlo, pero ninguna voz sale de su garganta.

La inquietud se transforma en angustia.

No está. No puede gritar.

Gira. Donde antes se extendía la costa, ahora hay una alta pared de roca. Detrás, el mar que comienza a embravecer.

¿Dónde está?

¡Maldición! ¡No puede gritar! ¡Ni siquiera hablar bajito!

¡Y el mar no deja de avanzar!

Cierra sus ojos de nuevo. Debe reunir fuerzas si quiere salvarse.

Grita otra vez…

-         ¡Joo…!

Abre los ojos: un dormitorio entre la umbra y la penumbra.

-         ¿Qué pasa?

El rescate llega desde la cama del costado. Un joven desnudo salta, se sienta y abraza a un jadeante cuerpo firme adolescente.

-         Fue una pesadilla.

-          Me asusté.

-          ¿Qué hora es?

El chico desnudo tantea en la mesa de noche, encuentra su reloj, presiona el botoncito de la luz.

-         tres para las cinco… ¿Estás listo?

-          Sí. Sí.

 

Jonatan prende la luz y busca su ropa de deportes: bibidí entallado elástico negro, un short pequeño gris de lycra, debajo del que se pone un suspensor que sólo protege sus genitales, mientras los elásticos dejan sus nalgas libres.

Manuel se pone el traje que encontró sobre su cama la noche anterior. Su compañero voltea a verlo.

-         ¡Huau! Te queda de la puta madre.

-          Gracias.

-          ¿De dónde lo sacaste?

-          Me lo dejaron anoche.

-          Alexander.

Se trata de un body negro con ribetes blancos., delgados. Manuel también tiene un físico deseable, aunque no con la estilización de Jonatan; pero ¿acaso el ejercicio no consigue milagros?.

 

En el patio de la casa, está el Reverendo echado sobre una colchoneta haciendo abdominales. Inspira por la nariz; espira por la boca.

-         Vaya. Tendré dos alumnos. Buenos días chicos.

Los dos atletas responden casi en coro. De nuevo, el religioso va hasta un cajoncito a sacar la cinta métrica. Jonatan se quita las zapatillas.

-         116 de hombros… 108 de pecho, bien… 85 de cintura… 97 de cadera, ¡asu!... 58 de muslo… 38 de pantorrilla… 37 de brazo… 74 kilos. ¿Cuánto mides?

-          Metro 73.

-          Estás bien. Pero podemos mejorarlo.

-          Bestial. Empecemos.

Manuel comienza a hacer abdominales y a la primera flexión, siente que la mitad del cuerpo le duele como si estuviera herido. Jonatan y el Reverendo se miran y sonríen: el dolor del día siguiente.

Lo animan. Sin dolor, no hay ganancia, dicen.

Cuando concluye la rutina, Manuel se acerca al Reverendo.

-         Gracias por la ropa. No debió molestarse.

-          ¿Y quién dijo que fui yo?

-          ¿No fue usted?

-          ¡Ja! Eso no importa. Te queda muy, pero muy bien.

-          Gracias.

-          Listo, no se hable más del asunto.

 

Cuando suben a ducharse, Pedro sale del baño y pasa junto a ellos como si no los hubiera visto. Los chicos se miran extrañados. Le restan importancia.

-         ¿Quién va primero?

-          Por acá tengo una monedita. Elige: cara o sello.

-          ¡Sello!

El círculo de metal da vueltas en el aire, y brilla con reflejos.

-         Manuelito… ¡ganaste!

Ambos celebran la echada de suertes.

 

En el otro dormitorio, Pedro, muy modosito, se viste. Darwin se está peinando, y se sorprende por la ropa interior que para ese día eligió su compañero.

-         A la mierda. ¿Y eso?

-          Es un G-string,  o hilo dental para la plebe.

-          ¿Y tus viejos te dejan tener eso?

-          Mis papis no se meten con mi ropa.

-          Puta. Mi vieja me encuentra uno de esos y me lo quema.

-          ¿Te gusta?

-          Te queda más o menos.

-          ¿Más o menos?

-          Te falta culo.

Darwin se ríe. Pedro termina de vestirse. Comienza otro día.

 

Durante el primer descanso, Pedro regresa a labarse la cara.

La puerta donde la tarde anterior estuvo con Jorge luce abierta de par en par.

Se asoma.

Hay una mochila sobre la cama, y Jorge, en su clásico ‘uniforme de trabajo’ está de espaldas arreglando lo que parece ser ropa.

Pedro lo silba apiropándolo. Jorge se vuelve. Sonríe.

-         ¡Pedrito! ¡Dichosos los ojos!

-          Ay, gracias. También estás nice.

-          Adivina qué. Voy a vivir con ustedes.

-          ¿Sí? – Pedro no oculta su emoción. – No me digas que vas a formarte…

-          Nooo. Nada de eso… hay gente aquí que me necesita.

Jorge guiña su ojo derecho. Pedro se siente más que halagado.

-         Gracias por la consideración.

Jorge se acerca, le hace un ademán para que entre, lo besa brevemente en los labios.

-         Más tarde conversamos, ¿OK?

-          OK, Darling.

-          Vete a clases. Ya son las nueve.

 

Pedro baja a prisa, y casi se choca con el Reverendo Alexander.

El superior se acerca hasta el cuarto y entra.

-         espero que disfrutes la habitación. No será una suite…

-          Normal. Gracias por no decir No.

-          Cumple con tu trabajo.

El Reverendo entrega un estuche de cuero negro. Jorge lo recibe, y lo mira comprendiendo la orden.

-         Si alguno debe irse, infórmalo. Yo me encargo del resto.

 

el anuncio oficial de la mudanza es hecho durante el almuerzo. No ay mayores reacciones, excepto por Pedro, quien está feliz.

A la hora de la siesta, él nota que la puerta está cerrada. Ni cómo escabullirse. Aún así se acerca.

Un papel sobresale abajo. Mira hacia atrás. Está solo. Se agacha, lo saca, lo desdobla: “Regreso del gym esta noche a las dies”.

 

 

(CONTINUARÁ…)
 

Escrito por N-Ass. ©2012Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Contacta al autor: hunks.piura@gmail.com

 

 

viernes, 24 de agosto de 2012

La Parcela (15): Un domingo duro y desnudo

Aquel primer sábado por la mañan

En algún departamento más o menos exclusivo, cerca del río Piura, un hombre de contextura media, de unos 40 años, estaba sentado, totalmente desnudo, en el sofá de su sala chupando la pinga de un joven blanco y musculoso, velludo, de prominentes pectorales, brazos, nalgas y piernas, estrecha cintura y amplia espalda, con un par de tatuajes étnicos entre el pectoral y el hombro izquierdos.

De pronto, el hombre se recostó sobre el sofá y levantó las piernas.

-          Ahí hay condones. Cáchame.

-          El joven, que aparenta tener unos 25, se colocó el preservativo y dejó que su amante se moje la entrada del ano con su propia saliva. Colocó la punta de su miembro en el agujero y comenzó a empujar sus 18 centímetros hacia las entrañas calientes de alguien que parecía haber encontrado el mejor vacilón para pasar la mañana del domingo.

-          Cual émbolo, el pene entraba y salía, empujando y absorbiendo el esfínter.

-           Mastúrbate.

-          El hombre tomó su pene, lo comenzó a masajear y consiguió erectarse. Cerró los ojos, mientras el joven bombeaba su pene erecto haciendo chocar sus caderas contra las algo flácidas nalgas de su compañero sexual.

-          Algunos minutos después, el hombre experimentó el orgasmo y expulsó todo su esperma en su abdomen. No es mucho, considerando que toda esa semana se ha quedado sin esposa e hijos (a juzgar por las fotos de la mesa de centro).

-           Me duele, huevón.

-          El muchacho sacó su pene, se quitó el condón, y fue al baño a botarlo. Demoró un poco y regresó a ponerse su boxer.

-           ¿Tú no las vas a dar?

-           No tengo ganas ahora.

-           ¿Entonces…?

-           Normal, pata. Tú lo necesitabas más que yo.

-          El hombre se levantó con cuidado, fue al baño y regresó con el vientre limpio. Su amante ya se ha colocado una bermuda de un raro tono turquesa.

-           ¿Entonces Jano seguirá comprando en mi tienda?

-           Mientras esté a cargo, así será. Claro que si es que no rompes el trato.

-           Claro que no, Nando. Haremos lo mismo que hicimos con tu profe de la facultad.

-          El hombre, aún desnudo, entró y salió con su billetera, sacó un billete grande y se lo dio al joven.

-           Tu comisión por la venta, y por el servicio de hoy.

-           El servicio cuesta 50, así que me debes.

-           Pensé que era cliente habitual.

-           OK, pata. No te preocupes que esta semana se tendrán que hacer más compras.

-          Ambos se despidieron dándose la mano. Antes de salir, Nando se colocó un polo manga cero, sus sandalias de cuero, y abrió la puerta.

 

Cerca de allí, en la residencia de Jano, el reloj marcó el mediodía. El chico saltó de la cama, como si fuera un resorte. Alguien tocó su puerta.

-          Hijito, ¿vas a almorzar?

-           Sí, mamá. Ahora bajo.

-          Se quitó su boxer, buscó la toalla y entró con dificultad al baño, orinó un potente chorro, y a medida que iba achicando bomba sentía que aparecía un dolor de cabeza.

-           Un duchazo contra la resaca.

-          Tras demorarse casi media hora bajo el agua, bajó y encontró a su madre con Raúl, sentados en la mesa, comenzando a comer, y conversando animadamente.

-           Dijiste que no demorarías. ¿A qué hora llegaste?

-           No recuerdo. Disculpa, vieja.

-          Aunque Jano se integró a la conversación, casi no miraba o miraba de reojo a Raúl. Cuando finalizaron, y aprovechando que sólo se quedaron los dos varones en la mesa, Jano intentó decirle algo. Cuando se animó a despegar los labios, apareció su madre.

-           ¡El postre!

 

En un pueblecito turístico en la ceja de sierra, en un gran dormitorio, escasamente decorado por la cama, una cómoda y una mesa donde hay un televisor y un reproductor de DVD, dos hombres yacían desnudos. El más delgado despertó, miró su reloj y zamaqueó a su compañero al costado.

-          ¡Pancho, la una y media! ¡Ay, cómo hemos dormido!

-          Pancho entreabrió los ojos.

-           ¿A qué hora baja el ómnibus?

-           ¡Ya pasó! Sólo te queda tomar las comvis. La siguiente sale a las tres y media.

-          Pancho se levantó de la cama, se dirigió a la amplia ventana y con cuidado corrió la cortina para ver hacia la calle.

-           Ay, primo. Sí que tienes un cuerpazo.

-          Pancho dió media vuelta y brindó una sonrisa.

-           Gracias, primo. Te mueves bien.

-           Así pasa cuando me emborracho.

-          El chico delgado se puso de pie, desnudo, se acercó a Pancho, lo tomó de los recios y grandes brazos y lo besó en la boca.

-           Gracias por traerme a mi casa.

-           De nada.

-          A medida que se besaban, la pinga de Pancho crecía hasta ponerse dura. Sin soltarse de los labios, caminaron hasta la cama y volvieron a retozar sobre ella. Luego, Pancho introdujo su enorme falo en el múltiplemente estrenado ano de su familiar.

-          Como al amanecer de ese día, y tras girar varias veces y probar diferentes poses, el semen del moreno fortachón se derramó en el condón que lo protege de un incierto pasado sexual. El reloj marcó las tres de la tarde.

-          Pancho se bañó apresuradamente, comió en la plaza del pueblo y a toda prisa tomó la combi. A lo largo del camino, miraba el curso del río al bajar hacia la parcela, y se preguntaba  a sí mismo si esa semana sería capaz de sincerarse con una persona.

-          Apenas le abrieron el portón, Gabo le rompió su ensimismamiento.

-           ¿Disfrutaste el fin de semana?

-           Sí. Creo que sí.

-           Mi tío no está. ¿Quieres ver la ropa que me compré?

-           Ya… ¿Tienes condones?

-           ¡Por supuesto!

-          En su dormitorio, Pancho y Gabo ignoraron la ropa nueva por completo, y gozaron del rico sexo. Durante todo el tiempo, Gabo tuvo que soportar los 95 kilos de recia musculatura del moreno, y los 19 centímetros de gruesa carne  dentro de su culo. El enlace carnal duró poco más de media hora, sin parar.

-           Rico, Panchito.

-           Sí, rico. Pero es sólo sexo, ¿OK? No quiero problemas.

-           OK. Por lo menos, tú dejas las cosas claras.

-          Pancho sonrió y se secó el sudor en su frente. Cómo quisiera que en realidad las cosas fueran claras.

-          De su primo, sólo quedó un buen recuerdo. Nada más.

 

En la residencia de Jano, Raúl miraba la televisión, cuando tocaron su puerta. Vestía apenas un calzoncillo.

-          ¿quién es?

-           Yo, Raúl.

-          Jano sólo vestía un short rojo algo ceñido.

-           No puedo dormir. Oye, quiero pedirte disculpas por lo que pasó esta madrugada.

-           Ah… normal… pero… ¿por qué lo hiciste?

-           ¿Por qué no me rechazaste?

-           No sé… Estoy algo palteado, no por lo de hoy, sino porque… no sé.

-           ¿sabes si Nando salió a trabajar anoche?

-           No sé. Me dijo que estaría en casa de su vieja. ¿Pasa algo con él?

-           Pasa de todo… Puta, Raúl. Creo que Nando me gusta.

-           ¡No jodas! ¿En serio? Bueno. Él no tiene pareja.

-           ¿eso es cierto, Raúl? En la parcela dicen que tú… andas con él.

-          ¡No, nada que ver! ¿Y tú no estás con David?

-           No. Para nada.

-          Mas bien, a mi me está gustando Pancho.

-           ¿Pancho? Es un buen chico. Pero, ¿crees que tú le gustes?

-           No sé… ¿y tú crees que le gustes a Nando?

-           Tampoco sé. Pero de que me gusta, me gusta.

-          Ambos chicos se quedaron en silencio, mirándose con compasión.

 

Al día siguiente, apenas amaneció, David, Raúl y Jano esperaban a Nando, a la altura del estadio, tal como se los pidió un día antes.

Llegó todo perfumado y con ropa evidentemente nueva. Saludó a todos y alargó un papel a Nando.

-          ¿Y esto?

-           Los requerimientos para esta semana. Te los separé para que los veas mejor.

-          Jano dió el papel a David y puso la camioneta en marcha.

-          Los cuatro completaron el trayecto hacia la parcela casi en silencio, con una pausa para desayunar.

-          Al llegar, Wilfredo y Gabo abrieron el portón, y adentro Pancho estaba listo para recibir las instrucciones del día.

 

(CONTINUARÁ…)

 

Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Contacta al autor: hunks.piura@gmail.com

Mi amigo cariñoso comienza a tener tarifa

Aquel primer sábado por la mañan

Uno de ustedes nos mandó el siguiente mensaje:

Hace unas semanas nos fuimos a bailar a una discoteca. Yo llevé a un amigo con el que follo de vez en cuando, pero bien caleta y reservado. Ambos somos bien masculinos.

En la disco, nos encontramos a un amigo que es gay. Yo me dediqué a bailar. El amigo con quien fui se quedó en la mesa con mis demás patas, conversando.

Cuando regresé a sentarme, este amigo me dijo: “¿Tu pata es maricón?” yo me reí y lo negué. Él me replicó que sí lo era, y que estaba bien si lo era.

Entonces, pensé que mi otro amigo no había desaprovechado la oportunidad para conversar. Por lo menos, en ese momento, no me di cuenta.

Nos quitamos de la disco, previamente embarcando a mi otro amigo.

El amigo con quien fui, me dijo que el otro amigo le dijo que le enviaría 100 soles por el banco. Me quedé helado, mudo. Cuando reaccioné, le pregunté: “¿No pensarás cachártelo?” se rió y respondió: “Está bien flaco. No me la aguanta. Me gustan los llenitos y agarraditos”.

Llegamos a mi casa, nos desnudamos y  tuvimos relaciones. Antes de ir a la disco, también lo hicimos, y él me prometió que me follaría toda la noche, pero sólo me limité a hacerle sexo oral. En mi quedaba la duda de qué le había dicho mi otro amigo, o qué le había ofrecido. Yo estaba desconcertado.

Yo llevo varios años cachando con este amigo, el que fue conmigo, y nunca le di nada. Aunque respeto la decisión de los demás, yo jamás le regalé ropa, ni plata, ni nada.

Ahora me arrepiento de haberlos presentado.

Días después, mi amigo con el que follo me preguntó por el otro amigo: “Quedó en llamarme y nada”. Me quedé mudo de nuevo, y le dije que si le había dado su número. “sí, pero no sé si lo apuntó bien”, me respondió.

Entonces, temí que ambos se involucraran.

Cuando pude, le bloqueé su teléfono al amigo que nos encontramos en la disco para que no se comuniquen. Pero igual, siento y presiento que igual podrían estartse comunicando o viéndose, y sería la cagada.

Eso sí, si me entero que los dos están tirando, prometo que jamás me acostaré con el amigo con quien cacho, ya que el otro amigo es promiscuo.

Tendría que dejar a un chico  alto, de ojos marrones, moreno, que lo hace de la puta madre, que ambos quedamos satisfechos.

¿qué hago: sigo o lo dejo?

Ah, y últimamente se le ha dado por comenzarme a prestar plata, cuando nunca lo ha hecho. Me molesta saber qué le habrá ofrecido mi otro amigo.

 

Nosotros le respondimos:

Hay varias cosas que tienes que definir.

Primero, parece que estás en una relación de amigos cariñosos, o con derechos, pero, aparentemente, tú te has enamorado de tu amigo.

Segundo, cuando una persona tiene sexo por dinero una de dos: o establece una relación comercial con quien lo busca, o tiene una necesidad tan grande que tiene vergüenza de pedírtelo directamente… o siempre lo hizo, y tú no estabas enterado.

Tercero, tu reacción es celotípica, y sería consistente con la primera conclusión.

Lo primero que debes hacer es reconocer cada una de estas cosas, y asumirlas. Entonces, pregúntate si quieres vivir con un chico que se acuesta por dinero. Si la respuesta es No, déjalo, pero nada te da derecho a decidir sobre la vida y las cosas de los demás (como bloquear teléfonos), si no hay un compromiso explícito de fidelidad de por medio.

En nuestra experiencia, el amigo con quien te acuestas, probablemente, tiene varias relaciones paralelas a la tuya, así que acusar a tu otro amigo de promiscuo, como que no tiene base.

Tú debes decidir qué quieres vivir, pero sin joderle la vida a los demás.

Ahora, una sugerencia para el moreno: dile que si desea ampliar la clientela, aquí tenemos espacio y plataforma para que lo haga.

¿Y ustedes qué piensan al respecto? Dejen sus opiniones aquí o en hunks.piura@gmail.com.

Casa De-Formación (7): ¿Quién es más aventajado?

Aquel primer sábado por la mañan

En la Casa de Formación del Buen Camino, el día comienza oficialmente a las siete de la mañana. Pero, desde las seis, todo el mundo está pasando por la ducha, menos el Reverendo Alexander que está en pie a las cinco para entrenar.

Tras la oración de la mañana, a las siete y media todo el mundo desayuna. A las ocho, están comenzando las clases con los formandos a cargo del Reverendo Rafael, y van hasta las once, con dos descansos de un cuarto de hora.

Luego, se prepara el almuerzo, en compañía del Reverendo Roberto, quien siempre se encarga de la cocina.

A la una, el almuerzo debe estar servido, y, eventualmente, algo de la cena. Siguiendo una típica costumbre piurana, libre hasta las cuatro, cuando comienza la segunda tanda de formación, que termina con la oración de la tarde.

a las seis y cuarto se está preparando la cena, y, a las siete se come. De ahí, libre hasta las diez, cuando –al menos- los formandos deben estar en la cama.

 

Jorge, quien se encarga del mantenimiento y la limpieza de la casa, llega con el pan a las siete menos cuarto. Normalmente debe salir a las tres, pero, consiguió una concesión del Reverendo Alexander para tener descansos a las nueve, mediodía y a las tres, con la finalidad de cumplir con su dieta diaria. Y es que, como está metido en lo del culturismo, debe comer seis porciones diarias. Entonces, su día termina a las cuatro y media, aunque, a veces, se queda algo más para avanzar cosas, o conversar un rato con los Reverendos. Rara vez, los chicos se cruzan con Jorge, pues él está haciendo sus labores en los espacios que para esos momentos estén desocupados. Quizá por eso no renuncia a su ‘uniforme’: bibidí pequeño (casi siempre blanco), short negro, sandalias de plástico. Cuando entra y sale, luce ropa de marca. Puede usar las instalaciones de la casa cuando quiera, pero la verdad sólo emplea el baño antes de irse. Siempre, sin cruzarse con los chicos. Tras su día, suele ejercitarse en un gimnasio cercano. No lo hace en la casa, pues –como dice- las máquinas no son profesionales.

 

El Reverendo Roberto también aprovecha para ejercitarse cuando los chicos están en la clase de la mañana.

quien parece huir de los fierros es el Reverendo Rafael.

Justo después de la película, su compañero de cuarto se lo observó.

-          La verdad sí me gusta, pero no pensé que tenían el mini-gimnasio acá; así que no traje la ropa que uso para entrenar, sino para jugar fútbol.

-           Si quieres, te la consigo. Acá hay tiendas de deportes.

-           Es que… yo sólo entreno en bibidí y short de lycra.

-           ¿Y eso qué? Alex entrena en body tipo luchador.

Rafael se acerca al oído de Roberto.

-          Es que… yo… no uso ropa interior.

Roberto traga saliva. Disimula.  Reflexiona muy bien su respuesta.

-          ¿Y?

-           ¿No me has visto calato ayer?

-           Sí, ¿y qué hay con eso?

-           ¿No te has dado cuenta acaso?

-           No. ¿De qué?

Rafael se abochorna, y se acerca de nuevo. Habla casi imperceptiblemente.

-           Tengo… el miembro y los huevos… grandes.

-           ¿Y qué? Yo… también.

-           Pero tú entrenas en short ancho. No se nota nada. A mi no me gusta usar cosas holgadas cuando alzo pesas… y por eso, casi no he podido ir a los gyms, o sólo iba cuando nadie más entrenaba o había poca gente.

-           Pero mucha gente entrena sin ropa interior; además no tienes la culpa de que seas… aventajado.

Rafael mira sorprendido a Roberto.

-          ¿Cómo sabes eso? ¿Acaso… me…?

-           ¿Te qué? – Roberto simula desinterés, aunque otra vez su verga está dura.

-           O sea, anoche dormí…

-           Tú mismo me estás diciendo que la tienes grande, ¿no?

-           Ah. Claro. OK.

-           Mira. Yo te consigo mañana esa ropa. Pero, ¿a qué hora quieres entrenar?

-           OK. Mejor cuando todos se vayan a la cama. Así me evito el roche.

Roberto sonríe.

-          Te puedo prestar un pantalón de ciclista que tengo arriba. Eres casi de mi vuelo, así que te quedará bien. Mañana te busco la ropa. Sólo dime de qué color y talla.

-           Gracias Roberto.

Rafael le palmea en el hombro.

 

Ya en el dormitorio, Roberto le alcanza la prenda. Rafael la mira, se la prueba sobre la ropa. Parece que le quedará bien.

-          ¿No hay problema si no uso….?

-           Normal. A veces tampoco me pongo calzoncillo debajo.

Rafael se ríe. Por fin, se desnuda.

Roberto se queda viéndolo. Efectivamente, su pene es largo, aunque flácido, es largo; sus huevos, grandes. Traga saliva de nuevo.

Debajo de la ceñida prenda, se forma un considerable bulto.

Rafael termina de vestirse y baja al patio.

 

Alexander está sentado sobre su cama, leyendo. Alguien llama a su puerta.

Como está desnudo, busca su tanga y va a atender.

Un hombre ansioso entra a su dormitorio.

-          ¿Qué pasó?

-           Es aventajado.

-           ¿quién?

-           Rafael, huevón. Me lo confirmó cuando desconectábamos la tele.

-           ¿Y lo dejaste solo para darme esa noticia? Te dije que no fueras evidente.

-           ¡No huevón! Está abajo, entrenando.

-           A lo mejor se dio cuenta.

-          No. No entrenaba porque le daba roche que se lo  vieran, y está buenazo.

-           ¿Y te lo dijo así de la nada?

-           Es limeño. ¿Acaso los limeños no son desarrochados?

-           Como éste es de Surco… a lo mejor sí… ¿¿Y… quién la tiene más grande? – Alexander se baja la tanga con fuerza, al estilo stripper. - ¿´Él o yo?

Roberto se queda mirándole la entrepierna. El pene de su superior es pequeño ahora que está dormido, pero los huevos son grandes, y, es evidente que se recorta el vello púbico, no mucho porque lo tiene algo repartido en todo el cuerpo, así que sólo le da un toque estético. Roberto nota que el glande comienza a asomarse de entre el prepucio.

-          Hace tiempo que no la chupas. –Roberto mira a Alexander. – Estoy aguantado… ¿qué dices?

-          El pene sigue creciendo. En pocos segundos ya está en la boca de Roberto.

Las apariencias engañan. No puede tragárselo por completo. Se ahoga. De cuando en cuando, combina la gruesa verga con los huevos. Huelen a jabón, signo de que antes del fellatio, el arrecho gimnasta tomó un baño.

-          quítate la ropa.

Roberto lo hace, su falo, algo más grande, está tan duro como hace media hora atrás.

Alexander abre un cajón de su mesa de noche. Saca un preservativo y un chisguete. Rompe la fundita, extrae el jebe, se lo coloca en el glande y se lo desenrrolla.

Roberto toma el chisguete y saca algo de gel. Se unta el ano, y se mete uno de los dedos, intentando dilatarlo.

Como aAlexander está acostado boca arriba, Roberto se sienta sobre él. Se coloca el pene duro en el ojo de su culo. Comienza a bajar, poco a poco, poco a poco, hasta que se lo traga por completo. Afuera sólo quedan las bolas.

Roberto suspira de placer.

Ahora comienza a subir, lentamente; luego, a bajar, también lentamente. Repite la acción y comienza a incrementar la velocidad.

Alexander comienza a jadear, mientras lo toma de las caderas.

-          Córretela.

Conforme Roberto sube y baja, se masturba con fuerza.

Alexander cierra los ojos, tira su cabeza hacia atrás.

Roberto siente como su ano late conforme Su amante eyacula, gime y expira con fuerza. Luego, sólo jadea.

Roberto siente que su leche se aproxima al glande. Lo dispara sobre el pecho y el cuello de Alexander. Jadea también.

-          Vete. Recuerda que nadie se debe dar cuenta.

 

Cuando Roberto regresa al dormitorio, encuentra la puerta del baño asegurada. Fijo que Rafael se ducha adentro. Aún jadea sin darse cuenta. Sólo quiere dormir.

En unos minutos, la puerta se abre.

-          Oye, ¿dónde estabas?

-           ¿Yo? Ah, con Alex. Aprovechando que saldré mañana… voy… voy a comprar algo que falta en la cocina.

-           OK. Ah, gracias por la lycra. Te prometo que la lavo mañana.

-           Descuida.

Cuando Roberto sale de la ducha, se encuentra con la luz apagada. La poca que se cuela desde la calle le da la impresión de que su compañero está desnudo.

¡Qué mierda!

Él también decide dormir sin cobertura alguna.

 

(CONTINUARÁ…)

 

Escrito por N-Ass. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares y situaciones es pura coincidencia. Contacta al autor a: hunks.piura@gmail.com, o deja tu comentario aquí.

H4HR Report - Agosto | August 2012

Aquel primer sábado por la mañan

Escorts

PIURA & CASTILLA

Fabricio (español | English): no public rate yet ****

Steve (español | English): no public rate yet ****

 

STRIPPERS

PIURA & CASTILLA

Fabricio (español | English): no public rate yet ****

 

HOTELES | OTELS

Fantasía: 4

La Primavera (Sullana): 3

Venus (Piura): 4 ****

Trujillo (Chulucanas): 2

 

 

Basado en información de usuarios. | Vased on users information.

Envía tus calificaciones a | Send your ratings at: hunkspiura@gmail.com

Información no comercial | Non-comercial information.