jueves, 22 de agosto de 2013

Cuaderno de Obra (9)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.

 

-          En la oficina de Acrópolis, Eduardo llega apurado. Jonás está en la computadora.

-           Oe, te necesito urgente. Operación ‘ablandamiento’.

-           ¿Dónde, Lalito?

-           Sígueme.

 

El agua corre en la ducha del local del Sindicato. El muchacho flaco que estaba bañándose soba su culo, masajeando la pinga dura de Vinicio.

-          Vamos, Juancito, que te la chupe. Como en los viejos tiempos.

-          El pene del aludido se marca bajo el pantalón deportivo. Sólo es cuestión de deshacerse de la camiseta del Sporting Cristal, la pantaloneta, el slip  y listo. No sería la primera vez. El lugar ya había sido escenario de encuentros furtivos con algunos patas que Juan conocía en las reuniones del Sindicato.

-           Paso, Vinicio. Me esperan en casa.

-          El dirigente sonríe. Al quedarse solo con el muchacho, le besa la nuca.

-           Espero que estés limpio, huevón. No como la vez pasada.

-           Es que me la mete fuerte.

-           ¿¡Qué rico mueves ese culito! Te voy a meter hasta las bolas.

-           Pero falta condón.

-           ¿Y qué mierda? ¿O no estás sano?

-           ¿Yo…? Sí, pero… ahhh…

-          El largo y grueso falo de Vinicio horada el ano del chico, y lubricado por el agua jabonosa, bombea con facilidad. Los gemidos y los jadeos de ambas partes llenan el espacio, y se mezclan con el ruido del agua que corre.

-          Entre tanto, Juan espera un poco en la oficina. No puede salir con la verga paradaza a la calle, pero los placenteros sonidos que vienen desde el fondo hacen imposible que se relaje. Gana la puerta, y, sin roche, se pone ambas manos sobre su pubis. Cuando la erección se ha ablandado un poco, comienza a caminar.

-          En la ducha, el semen de Vinicio se dispara contra la nalga izquierda del muchacho.

 

-          En sólo minutos, Jonás y Eduardo llegan a la casa de campo del segundo.

-          Al ingresar, un muchacho de unos 30 años los espera acostado en la cama, vistiendo sólo un boxer. Es blanco, de contextura normal, poco velludo, buen trasero. La llegada de los dos hombres lo despierta.

-           Buenas tardes, arquitecto Solórzano.

-           Hola, Jonás.

-          Sin perder tiempo, el aludido y Eduardo se quitan la ropa por completo y seacuestan. Comienzan a acariciar a Solórzano. Jonás le saca el boxer y empieza a besarle espalda y nalgas, mientras que Eduardo le da la pinga para que se la chupe. Luego, el arquitecto alterna a los dos cuerpotes, chupándosela a Jonás y dejando que Eduardo le bese la espalda.

-          Pocos minutos después, el culo del arquitecto es penetrado alternadamente por los penes encondonados del ingeniero y su asistente, cada uno mostrando su peculiar técnica de cimbrado de caderas, hasta que sorpresivamente, el pasivo comienza a vaciarse sobre las sábanas de la tarima.

-           Ya no. Me duele.

-          Los dos activos dejan de penetrarlo. Eduardo se le aproxima a la cara.

-           ¿Viste? Yo cumplo lo que prometo. ¿Y tú?

-           Tranquilo, Lalito: los informes de supervisión pasarán por mi filtro antes de llegar al Gerente de Obras. Mas bien… ¿tienes más chicos?

 

Renzo se ha quedado de una pieza al ver la escena, que jamás pensó ver.

-          E-e-espero al ma-maestro.

-          Dante, sin perder aplomo, se pone en pie, suelta el miembro erecto de Tito.

-           ¿Es para usted la escultura?

-           ¿es-cultura? ¿Te refieres al busto?

-          Dante entiende que están hablando de dos cosas distintas. Mientras tanto, Tito no puede despegarle los ojos a Renzo. Dicho sea de paso, su pene se relaja por completo. De alguna manera, ese rostro fino, pero masculino, le mueve el piso… ¿o es la endebilidad del taburete?

-          Renzo tampoco puede disimular que los ojos se le clavan en las formas de Tito, hasta que se concentra en sus ojos.

-          Cuando las miradas de ambos están unidas por un hilo invisible, el maestro y Miguel entran.

-           Aquí estaba, ingeniero. Ah, ellos son Dante y Tito. Van a ser los modelos de la escultura ‘al progreso de los pueblos’.

-           Entiendo, maestro… mucho gusto…, chicos.

-           Bueno, ingeniero, hablemos de los detalles de su busto. Miguel, comienza a bocetear a los chicos.

-          Tras la reunión, Renzo trama cómo escabullirse al estudio, pero el maestro lo acompaña hasta la puerta de su taller. No puede despegarse de la mente el rostro de Tito. ¡Qué raro! Como si hubiera una conexión.

-          Entonces revisa su smart-phone. Nada. Llama. ¿qué le pasa a Gustavo? Desde la mañana no puede comunicarse con él. Nuevamente la contestadora.

-           A-amor… por favor, respóndeme. Espero que estés… estés… bien.

 

En la casa de campo, Jonás tiende la sábana en un pequeño patio rodeado de limoneros. Ha tenido que lavarla tras la eyaculación del arquitecto que llevaron para sobornarlo mediante el sexo. Eduardo llega.

-          Solórzano quiere que nos lo tiremos de nuevo mañana. Le dije que le avisaríamos.

-           Se mueve bien… pero, con quien sí quiero tirar es con el ingeniero nuevo.

-           ¿Con Renzo? Si no fuera porque es hijo de mi profe de Mecánica de suelos, y le debo un culo de favores, ya me lo hubiera forrado.

-           Pero yo no le debo favores, inge. Ya pues… Hágame el pase.

-          Eduardo sonríe.

-           Ese huevón le es fiel a su pareja.

-           Todavía tengo el whisky de la canasta navideña. Veremos si le sigue siendo fiel.

 

Al anochecer, Gustavo llega a un edificio en Lince, Lima. Es un inmueble cerca de la avenida Arequipa. Toca el intercomunicador.

-          ¿Sandro? Soy Felipe… Felipe Hardcock.

-          Sube tres pisos, y llega a una fría oficina. Un pata en sus cuarentas lo recibe con alegría.

-           ¡Compar’e! ¿Qué ha sido de tu vida?

-          Siete años atrás, Gustavo se presentó a un casting que había visto en el diario. Necesitaba plata para su tesis y trataba de cachuelearse por donde sea. El hecho que hiciera pesas desde los 16 le favoreció que lo eligieran por el físico en primera instancia, luego el tamaño del miembro, y luego el hecho que, durante la prueba de masturbación, pasara más de media hora sin eyacular.

-           ¿Quieres hacer otro video?

-           No sé. Como que ando algo viejo para eso.

-           A ver, debes tener 26 años.

-           27. Ya no estoy para eso.

-           Rafael Alencar va para los 40 y sigue en actividad.

-           Puede ser. Pero tendría que superar la escena que hice aquella vez.

-           ¿El bare-back? Puta, Felipe. Fue la mejor escena de ese video. Te debo regalías.

-           ¿Y qué fue del chico con quien hice la escena?

-           ¿Lalo Babyarse? Ahora que lo preguntas, desapareció del mapa. Hace años supe que andaba por España, creo, pero de ahí nada.

-           ¿Seguro?

-           Bueno, eso creo. ¿Por qué?

-           ¿Recuerdas lo que decía el resultado de su test de ELISA?

-          Sandro abre los ojos sorprendido, asustado.

-           ¿Test de ELISA? ¿De qué mierda estás hablando?

-           Tengo… tengo VIH, sandro.

-          Varios minutos después, un ruido seco, como si algo reventara súbitamente, se escucha en todo el piso.

 

(CONTINUARÁ

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Cuaderno de Obra (8)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz

 

-          A la mañana siguiente, Gustavo se levanta. No puede dejar de recordar el resultado de la tarde anterior, y trata de convencerse de que fue un sueño.

-          Como suele dormir desnudo, se dirige al espejo del dormitorio: es simpático, cuerpo masivo labrado en el gimnasio (tanto que alguna vez modeló… y hasta incursionó en el porno gay), con una pinga aceptable (eso le dijeron cuando hizo el casting, aquella vez). ¿Cómo puede ser posible que…?

-          ¡No! No es cierto.

-          Pero si lo es… ¿vale la pena vivir así?

-          Bajo la cama, hay una caja fuerte. La jala y la abre. Debajo de unos papeles y dinero en efectivo, hay una pistola automática, que compró de contrabando cuando vivía en la selva, y ciertos litigantes que había puesto en la cárcel lo amenazaron. El arma está cargada.

-           Perdóname, Renzo.

 

A las 10 de la mañana, por su parte, Renzo ssigue verificando las inconsistencias del plano de la obra de la escuela, cuando entra el fornido Jonás, quien viste polo y jean pegados, tanto que el paquete se le marca en la bragueta.

Jonás carraspea. Renzo sale de su concentración, y saluda amablemente.

- Ingeniero, le llegó este sobre.

Renzo recibe el papel amarillento. Adentro hay una entrada para Men’s Place.

-          ¿Y esto, Jonás?

-           Lo acaban de dejar. Fue un chico en bici. Creo que es de esos courier.

-           ¿Qué es Men’s Place?

-          Jonás reflexiona una respuesta. Lo que diga, puede ponerlo en evidencia.

-           Esteee… parece que es… un lugar para… o sea, de… estee… para… gays.

-           ¿Disco de ambiente?

-           Creo que… sí.

-          Renzo sonríe. Cree entender de qué se trata esa charada.

-           Jonás, escucha: es cierto que soy gay. No sé cómo pudiste darte cuenta. El caso es que ya tengo pareja.

-           ¿Ya tiene pareja?

-           Sí. No está acá, pero lo respeto mucho. No puedo aceptarte la invitación.

-           ¿Aceptarme la qué…?

-           Tu invitación. Si vamos a este lugar o a cualquier será en plan patas, pero no para hacer otra cosa.

-          Jonás se sorprende.

-           Pero, ingeniero… yo no le mandé ese sobre. Yo no soy así. Yo soy directo.

-           ¿Seguro, Jonás? Entonces, ¿quién fue?

 

Poco antes de la una, en la oficina del Sindicato, Ezequiel ordena unos papeles, cuando Juan, portando una carpeta de cartón bajo su recio brazo, llega preguntando por Vinicio.

-          Ahorita viene, don Juan… mire, yo voy al banco, aprovechando que no hay cola. ¿Le incomoda si lo dejo?

-           No, Ezequiel. Para nada. Anda tranquilo.

-          Juan espera unos minutos, un chico pasa por la puerta del fondo, algo apurado, pero mira hacia la oficina y saluda a Juan, quien le corresponde amablemente. Tras ello, Vinicio ingresa, y saluda efusivamente a su visitante.

-           ¿Qué querías ver conmigo?

-           ¿Tienes listo el padrón de residentes de tu barrio?

-           Claro. Justo aquí lo tengo.

-          Juan le entrega la carpeta. Vinicio la revisa.

-           Excelente. Con esto será más sencillo distribuir los cupos. Y…. ¿qué te cuentas?

-           ¿Contarte? Nada. Lo de siempre. La familia, la casa, la selección, y ahora la obrita.

-           ¿Y de lo otro? ¿Te retiraste?

-           Estoy casado, Vinicio. Ya no somos jóvenes.

-           Aunque no lo creas, hay chibolos que le gustan los maduritos.

-          Vinicio le hace un ademán que lo acompañe. Juan lo sigue.

-          Caminan todo el pasillo hasta el fondo. Conforme se acercan, se escucha el agua que corre de una ducha. Alcanzan la puerta sin protección: el chico que había saludado minutos antes a Juan está desnudo, de espaldas, jabonándose. Es delgado esbelto, pero de formas masculinas, con espalda algo ancha, nalgas paraditas, piernas firmes, trigueño oscuro, lampiño.

-          Sin decir nada más, Vinicio da un paso adentro y comienza a desnudarse, descubriendo su masivo y moreno cuerpo, producto de más de veinte años dedicados a la construcción. Cuando se queda sin nada de ropa, entra a la ducha, donde el mozo lo recibe con una abrazo y un beso en la boca.

-          Juan se queda congelado viendo la escena, aunque debajo de su pantalón de deportes, su pene está durísimo, tanto que puede notarse debajo de la tela.

-          Vinicio y el muchacho se acarician frente a frente. Sus miembros están erectos y estrujándose a cada abrazo. Entonces, el dirigente mira al espectador.

-           ¿Vienes, Juaneco?

-          Una nalgada al muchacho sella la invitación.

 

Miguel acaba de almorzar en un cafetín cercano a la escuela de Bellas Artes, cuando Tito le da alcance.

-          Carajo, comes solo, mierda, jajajaj.

-           ¿Listo, primo? Tranquilo que mi viejo anda lejos, jajaja.

-          Los dos caminan hasta una casa cercana. Al tocar, les abre el maestro de la clase de Figura Humana, que los lleva a una sala espaciosa y bien iluminada, donde está Dante, el joven y fornido modelo de la clase pasada. Los dos desconocidos se saludan con interés.

-           A ver, Tito, desnúdate.

-          El primo de Miguel se queda como Dios lo trajo al mundo, mostrando su anatomía de ensueño, lo que agrada al viejo maestro.

-           Perfecto. Dante, desnúdate, indícale la pose que deben tomar.

-          El maestro y Miguel se van a otro lado de la casa. Dante se quita toda su ropa, y lleva a Tito a un pequeño taburete, donde le indica la postura a adoptar: ambos estarán enroscándose espalda con espalda, con los brazos extendidos al cielo. El roce de las pieles es inevitable, pero Tito no está incómodo.

-           Listo. Ya lo tengo.

-           Listo Tito. Estamos casi listos.

-           ¿Casi listos? Ah. Falta que nos dibujen, ¿no?

-           No. Falta que se te baje.

-          Sin pedir permiso, Dante agarra el pene erecto de Tito.

-           Es enorme, Tito… ¿quieres que te ayude a darle su tamaño normal?

-           ¿Cómo?

-          Dante, sin dejar de aferrar el pene erecto, se arrodilla, y cuando está a punto de aproximar su boca a la cabeza del miembro, alguien entra.

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a nelsonpc.com@gmail.com o deja tu comentario aquí.

martes, 20 de agosto de 2013

Cuaderno de Obra (7)

Creado por N-Azz. Escrito  por Hunk01 y N-Azz.

 

El fornido Gustavo aún está desnudo, acostado, pensativo sobre su cama. ¿Por qué lo llamarán del Hospital? Su celular suena de nuevo. Esta vez es Renzo.

-          Hola, amor. Disculpa que anoche no te respondí. Estaba en una reunión con Renato… ya sabes cómo es…

-           Claro, le dicen Pampers: extra-absorbente. Te cuento que acá comenzamos el lunes. Es un proyecto bien lindo, una escuelita primaria, pero el diseño es fuera de lo común, no es un cajón como las otras.

-           Ah, manya, qué cojonudo.

-           ¿Tienes algo? Suenas distinto.

-           Nada, amor. Es que… me acabo de despertar. ¿sabes algo? Quiero que busques un depa por allá. Si me mudo, tendremos que alquilar algo amplio para los dos.

-           ¿Y el de Surco? ¿qué haremos con ése?

-           Tranquilo. Lo conservaremos. Yo me encargo.

 

Apenas la oficina del Sindicato está abierta, cuando Tito irrumpe, creando desconcierto en Ezequiel y Vinicio.

-          Disculpe, ¿cómo es eso que vamos a Lima?

-          Vinicio pide a Ezequiel que se retire. El vocal duda, pero a insistencia del Secretario General de la organización, se va al almacén.

-           ¿Sabes qué, Tito? No me equivoqué. Precisamente ésa es la actitud que busco: alguien de armas tomar.

-           ¿Y por qué no me preguntó a mí, primero?

-           Te… estaba probando. Si no hubieras reaccionado como reaccionaste, entonces entendería que me equivoqué.

-          Tito se queda desconcertado. ¡Qué pata para más enrevesado este dirigente!

-           Tranquilo, Tito… tú y yo sabemos de todas tus… ventajas… ¿entiendes? Vas a llegar lejos conmigo. ¡Bien lejos!

 

En la escuela de Bellas Artes, una docena de chicos y chicas reciben a un viejo profesor.

-          ¿Trabajos?

-          Los y las estudiantes entregan sus obras. Miguel lo hace con cierto nerviosismo. Ha visto los trabajos de algunos compañeros, y están perfectos. A pesar de las formas canónicas de Tito al desnudo, evidentemente, hay otras propuestas mejores que la que presenta. Al fin, entrega el suyo.

-          El maestro informa que esa mañana seguirán practicando con la figura humana masculina, por lo que hace pasar a un muchacho blanco, alto, musculoso. Se quita la bata, y se queda calato ante los alumnos. El chico es lampiño, incluso de las piernas, mientras que el pubis y las axilas están evidentemente rasurados. Su miembro no es grande ni pequeño, bueno, también está flácido, pero sus huevos sí son grandes. Tiene un culo redondo, como si debajo hubieran dos globos, el resto de musculatura igual.

-          Una chica se sonroja. El modelo, también.

-          Al finalizar la sesión, el desnudo se pone la bata de nuevo, y todos se van. Súbitamente, el maestro pide a Miguel que lo espere un momento.

-           ¿Qué pasó, profe?

-           ¿De dónde sacaste este trabajo?

-           Es mi primo. Posó para mí. ¿Por… qué, profe?

-          El docente sonríe.

-           ¡Está perfecto! ¡Acércate, Dante!

-          El modelo de la clase se acerca. El maestro lo presenta con Miguel.

-           Verás, Miguel, hay un grupo escultórico que me encargaron. Quisiera que trabajes con Dante. Y si puedes, llama a este primo tuyo ¿de nombre?

-           Tito, profe. Tito.

-           ¿100 semanal por medio tiempo estará bien, Miguel?

 

Casi a mediodía, Ezequiel se anima a recordarle a Vinicio el incidente de más temprano con Tito.

-          Tranquilo. Ese muchacho es lo que buscamos.

-           ¿Lo que buscamos… o lo que buscas?

-          Vinicio frunce el ceño, cuando aparecen Eduardo y Renzo. Jonás se queda en la puerta como custodia. Todos se saludan y presentan al nuevo residente.

-          La reunión gira en torno a detalles de la obra, y la manera cómo se distribuirán los cupos de trabajo.

-           Espero, ingeniero Jáuregui, que no intente imponerme su personal como en la obra del tambo, cuando violó los acuerdos del pliego que firmó.

-           Te recuerdo que necesitábamos personal altamente especializado que tú no tienes. Además, esta obra es distinta. Sólo estará mi residente, aquí presente, y mis capataces, que ya conoces. Ah, y mi encargado de almacén y tareo.

-          Vinicio parece estar satisfecho con los acuerdos.

-          Al finalizar la reunión, casi a la una, se queda solo con Ezequiel.

-           ¿Has visto el residente que se consiguió? Es un chivolo.

-           Y parece, Ezequiel, que le entra… de cualquier modo, no te confíes de su juventud. Estos mierdas vienen con una computadora en la cabeza.

-           ¿Y cómo sabes que le entra?

-          Vinicio exagera su inspiración.

-           Huele a cabro, Ezequiel. Huele a cabro.

 

Aprovechando la hora de almuerzo, en Lima, Gustavo va al Hospital. Busca el consultorio que le dijeron.

Al entrar, un chico delgado lo mira de pies a cabeza. A pesar de su ropa sport elegante, es imposible ocultar sus formas atléticas.

Otro muchacho lo mira directo a los ojos, y le baja la mirada. Gustavo lo ve, pero no entiende por qué no le puede despegar sus ojos.

Al fin, una enfermera lo hace pasar.

El médico lo saluda cordialmente, conversa brevemente.

-          Gustavo, ¿es de vida o muerte que viajes a trabajar a Piura?

-           Sí, doctor. Es parte de mi chamba. ¿Por qué?

-           Gustavo… tu prueba… dio positiva.

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

 

 

lunes, 19 de agosto de 2013

Cuaderno de Obra (6)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.

 

-          Orlando comienza a sudar frío, sin saber qué responderle a Juan.

-          - Mi- ¿Mi-guel?

-           Sí, mi hijo. Vino acá a cortarse el pelo.

-          Providencialmente, el celular de Juan suena. Es Vinicio. Lo requiere con suma urgencia en el local del sindicato. Orlando tiene 20 segundos para idear una respuesta.

-           Miguel estuvo acá, se cortó el pelo y se fue con su primo… al… gimnasio.

- Si los ves, diles que vayan a la casa, que Irene los necesita.

-           Claro. Descuida.

-          Orlando le da gracias al San Judas Tadeo que corona su puerta detrás de una sábila. Eso estuvo cerca, demasiado cerca.

 

Esa tarde, en la funcional oficina de Acrópolis, Renzo revisa los planos de la escuela que se licitó, cuando Jonás ingresa.

-          Disculpe, ingeniero. ¿El ingeniero Eduardo?

-           Ah. Fue a la municipalidad a hacer una diligencia. Ya viene, creo.

-           Ah, ya… listo, ingeniero… ¿su nombre?

-           Renzo. Renzo de la Piedra. Mucho gusto. ¿Tú eres?

-           Jonás. Yo le hago chambitas al ingeniero.

-          Renzo toma la enorme mano del moreno, quien lo mira de pies a cabeza, mientras su mente maquina algo que pensó que jamás sentiría: seducirlo hasta llevarlo a la cama.

 

Mientras tanto, en Lima, Gustavo revisa un expediente en su oficina, cuando un hombre de unos 50 años ingresa.

-          ¿Qué tal, Papirriqui? Estás con suerte.

-           Te recuerdo que el activo soy yo, Renato, jajajaj.

-          El visitante cierra la puerta tras de sí.

-           ¿Te gustaría estar cerca de tu ingenierito?

-           Renato, no lo llames así, por favor… Un momento, ¿a qué viene la pregunta?

-           Hay un cliente que tiene un proyecto en Piura, y quiere un abogado las 24 horas. Pensé que te interesaría estar cerca de tu pareja.

-           ¿Cuándo debo viajar?

-           En un mes, días más, días menos. Será una buena oportunidad para ti, porque es mi cliente más consentido.

-           ¿A cambio de qué, Renato?

-           Ya sabes. No hace falta que te lo diga.

-          Ambos se miran fijamente.

 

En el sindicato, la dirigencia y varios vecinos se reúnen para ver cómo se distribuirán los cupos para trabajar. Vinicio dirige la junta.

-          La obra dura tres meses. Los inscritos en el Sindicato son 50 más o menos. La idea es simple: según el número de puestos, prorrateamos a la gente. ¿Entendido?

-          Se oye un murmullo de aprobación. Tras varios detalles, la reunión acaba.

-          Juan se acerca  a Vinicio.

-           Oye, compadre. Gracias por darle la oportunidad a Tito.

-           Tranquilo, Juaneco. Buen muchacho, es inteligente. Quiero que me acompañe a Lima, a la Convención.

-           Qué bien. Sólo dime una cosa… ¿Pasó algho entre ustedes?

-          Vinicio se queda estupefacto ante la pregunta a quemarropa.

 

Eduardo entra a su oficina con gesto de victoria.

-          Desembolsó el primer cheque.

-          Jonás y Renzo lo miran, y se contagian de la alegría.

-           ¿Cuándo comenzamos, inge?

-           Ya, la semana que viene. El domingo es la ceremonia de la primera piedra. Con ustedes, el flamante gerente de obra, o sea yo; el ingeniero Renzo, residente; y Jonás, nuestro ojos y oídos. ¿Qué tal esos planos, Renzo?

-           Tienen unas inconsistencias de la patada. Las estoy corrigiendo. Si le hacemos caso al expediente, esas paredes tendrán forma de zig-zag.

-           Bien.

-          El teléfono de Renzo suena. Es Gustavo.

-           ¿En serio? ¿Cuándo? ¡Qué linda noticia! Ahora estoy en la oficina. ¿Te llamo más tarde?

-          Eduardo nota la enorme cara de satisfacción de su residente.

-           ¿Qué pasa, Renzo?

-           Nada. Todo bien. Todo bien.

 

El almuerzo espera a Juan, quien regresa a casa después de la junta. En la cocina, Miguel y Tito ayudan a Irene, a reparar unos enseres.

Tras almorzar y dejar sus platos en la cocina, encuentra solo a Tito.

-          Sobrino, le caíste en gracia a Vinicio. Dice que te llevará a Lima.

-          Tito se sorprende.

-           ¿A Lima, a qué?

-          Juan se sorprende mucho más. ¿Todo está en orden?.

 

Esa noche, en Lima, camino a casa, Gustavo pasa por un supermercado a conseguir unas cosas de última hora para la actividad que tendrá en una hora.

Al salir, alguien le da un volante que contiene información sobre el VIH. Gustavo sonríe, alza la vista: hay una carpa naranja.

Al llegar, una enfermera simpática lo recibe.

-          Vengo por este volante.

-           Claro. Pase.

-          La enfermera le da toda la información sobre qué es el virus, cómo se contagia, cómo no se contagia, y qué hacer si tras la prueba de detección, se tiene el dato de que se está infectado.

-           ¿Desea hacerse una prueba de ELISA?

-           Sí, ¿por qué no?

-          sereno, Gustavo se deja tomar sangre, y tras descansar un momento, retoma el camino al departamento que comparte con Renzo.

-          No termina de ducharse cuando tocan su timbre. Es Renato.

-           Pensé que estabas más… vestido.

-           Me entretuve haciendo unas cosas. La bata no me queda mal ¿o sí?.

-          Renato, siendo cincuentón, se conserva bien: no fuma, no bebe, y, a pesar de su estresante trabajo al frente del estudio de abogados, sabe darse tiempo para todo, especialmente para disfrutar de los chicos.

-           Me voy a cambiar, jefe.

-           No es necesario. Nadie más está acá… además, vamos a desnudarnos luego, ¿no?

-          Tras cenar, efectivamente, Renato y Gustabo van al dormitorio. Ambos se besan apasionadamente. Se quitan la ropa. Gustavo trata de excitar a su jefe acariciándolo, besándole el cuello, las tetillas, lamiéndole los labios.

-           ¡Qué cuerpo firme, Renatito!

-           El tenis, Papirriqui.

-          Los dos se echan en la cama, y siguen acariciándose y besándose.

-          Renato logra alcanzar el pene grande y erecto de Gustavo y comienza a mamarlo con ternura por varios minutos. En compensación, Gustavo se pone un condón y penetra a su jefe por el culo, bombeándolo con cierta parsimonia. Ya sabe que si lo hace duro, comenzará a hacerlo doler y a sangrar. La última vez que se acostó con Renato, tuvo que darle primeros auxilios pues se desmayó al ver el rojo fluído.

-          Tras una hora de fragor, Gustavo eyacula.

-           Como siempre, magistral. ¿Listo para mudarte a Piura? ¿Ya le avisaste a tu parejita?

-           Sí, se puso contento.

-           Qué bien. Lástima que no estarás cerca, así que tendré que aprovecharte al máximo.

-          Renato se levanta, se baña, y tras vestirse, se va del departamento.

-          Gustavo se queda pensando: ¿es una oportunidad esa chamba por Piura? ¿no es un retroceso en su carrera? Por otro lado, estaría cerca de Renzo. Renzo. Renzo…

-          Cuando el teléfono suena, Gustavo se da cuenta que ya amaneció. Ve el número en su celular: es un fijo. ¿Será chamba o Renzo se quedó, para variar, sin batería?

-           Sí… Soy yo… ¿El hospital? ¿qué pasó? …

 

(CONTINUARÁ

 

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