miércoles, 29 de febrero de 2012
Ser fuerte
Y encima, imagina que ellos, lejos de ponerse de tu lado, deciden echarte de casa, y procurar poner a toda la familia en tu contra.
No hay que imaginar mucho porque eso pasó, y el causante de todo este conflicto ha sido un sujeto que se hace llamar "Roberto", y que dice trabajar en la caja de una tienda de ropa que hay entre el Óvalo Grau y el Atrio de la Catedral de Piura (para que vean que ubicadazo ya lo tenemos).
Tras seducir a un chico, y sacarle plata ¿ya entienden por qué no recomendamos chicos así de fácil?), fotografió su último encuentro, y luego extorsionó al muchacho (hay pruebas, jejejej), y como éste se negó a pagarle, fue misma tía chismosa con las fotos.
Por supuesto que "Roberto" tendrá su merecido pronto, pero analicemos la otra parte.
Definitivamente hay una cadena de errores: primero confiar plenamente en un desconocido, y sobre el que nadie tiene referencias (¿como que están proliferando, no?); segundo,no tomar precauciones; tercero, no ponerle un estate quieto oportuno; cuarto, y éste es el error de los viejos, caer en el juego del hijo de puta de "Roberto", y en vez de brindar apoyo a su hijo, ponerlo de patitas en la calle.
¿Qué opciones tomar en esos casos? Es cierto que lo primero es lidiar con la frustración, pero una cosa que nunca debes perder de vista es que, al margen de asumir la responsabilidad de tus errores, debes aprender a ser fuerte, y encontrar esa fortaleza dentro de ti mismo.
No siempre nos damos cuenta de todas las ventajas que tenemos -nos referimos a las actitudinales, no las físicas- y no las desarrollamos como debe ser, pero tampoco es tarde para hacerlo nuncca.
Al igual que sacar un cuerpazo, deberíamos también formarnos en el ámbito psicológico, y, al mismo tiempo que la musculatura física provee fortaleza física, es necesario formar musculatura mental para tener fortaleza ante la vida.
Todo parte de la intención de ser fuerte, de reconocer todo lo bueno -y lo malo- que tienes, y potenciar y corregir: aprender a quererte, a darte cuenta que eres valioso, a luchar, a salir por tus propios medios sin depender de nadie más.
De nada sirve la buena forma externa si por dentro andamos débiles, o viceversa. La idea es que todo tenga un balance, que dejes de ser un simple seguidor y te conviertas en un líder.
Y como en los entrenamientos físicos, cuando no vemos resultados, acudir a alguien que tenga el conocimiento profesional que nos permita ir desarrollando la disciplina suficiente para remontar lo presente.
Los buenos -pero los buenos- amigos también serán de mucha ayuda. Recuerda que los reconocerás por su apoyo incondicional, pero también por decirte las verdades que otros jamás lo harán, sin mala saña, dejándote la libertad de tomar tus decisiones.
Nadie tiene derecho a pisotearte, y tú tampoco. Esa sería una primera cosa que no debes olvidar.
Pero otro aspecto que debes interiorizar es que, una vez cumplidos los 18, tú eres el creador y desarrollador de la mayor obra de arte que haya visto la humanidad: tú mismo.
Nadie más lo hará por ti, y quien te lo ofrezca, te está mintiendo, o está peor que tú.
Ser fuerte también significa ser cauto, ser ccuestionador, ser inteligente, ser leal, ser honesto, ser justo... y a propósito de justicia, "Roberto", ya hiciste tu mala acción, y te dio resultados (aunque no sacaste plata), pero, el mundo gira y nos devuelve con creces lo que damos a los demás... nos encargaremos de ello.
martes, 20 de agosto de 2013
Cuaderno de Obra (7)
Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.
El fornido Gustavo aún está desnudo, acostado, pensativo sobre su cama. ¿Por qué lo llamarán del Hospital? Su celular suena de nuevo. Esta vez es Renzo.
- Hola, amor. Disculpa que anoche no te respondí. Estaba en una reunión con Renato… ya sabes cómo es…
- Claro, le dicen Pampers: extra-absorbente. Te cuento que acá comenzamos el lunes. Es un proyecto bien lindo, una escuelita primaria, pero el diseño es fuera de lo común, no es un cajón como las otras.
- Ah, manya, qué cojonudo.
- ¿Tienes algo? Suenas distinto.
- Nada, amor. Es que… me acabo de despertar. ¿sabes algo? Quiero que busques un depa por allá. Si me mudo, tendremos que alquilar algo amplio para los dos.
- ¿Y el de Surco? ¿qué haremos con ése?
- Tranquilo. Lo conservaremos. Yo me encargo.
Apenas la oficina del Sindicato está abierta, cuando Tito irrumpe, creando desconcierto en Ezequiel y Vinicio.
- Disculpe, ¿cómo es eso que vamos a Lima?
- Vinicio pide a Ezequiel que se retire. El vocal duda, pero a insistencia del Secretario General de la organización, se va al almacén.
- ¿Sabes qué, Tito? No me equivoqué. Precisamente ésa es la actitud que busco: alguien de armas tomar.
- ¿Y por qué no me preguntó a mí, primero?
- Te… estaba probando. Si no hubieras reaccionado como reaccionaste, entonces entendería que me equivoqué.
- Tito se queda desconcertado. ¡Qué pata para más enrevesado este dirigente!
- Tranquilo, Tito… tú y yo sabemos de todas tus… ventajas… ¿entiendes? Vas a llegar lejos conmigo. ¡Bien lejos!
En la escuela de Bellas Artes, una docena de chicos y chicas reciben a un viejo profesor.
- ¿Trabajos?
- Los y las estudiantes entregan sus obras. Miguel lo hace con cierto nerviosismo. Ha visto los trabajos de algunos compañeros, y están perfectos. A pesar de las formas canónicas de Tito al desnudo, evidentemente, hay otras propuestas mejores que la que presenta. Al fin, entrega el suyo.
- El maestro informa que esa mañana seguirán practicando con la figura humana masculina, por lo que hace pasar a un muchacho blanco, alto, musculoso. Se quita la bata, y se queda calato ante los alumnos. El chico es lampiño, incluso de las piernas, mientras que el pubis y las axilas están evidentemente rasurados. Su miembro no es grande ni pequeño, bueno, también está flácido, pero sus huevos sí son grandes. Tiene un culo redondo, como si debajo hubieran dos globos, el resto de musculatura igual.
- Una chica se sonroja. El modelo, también.
- Al finalizar la sesión, el desnudo se pone la bata de nuevo, y todos se van. Súbitamente, el maestro pide a Miguel que lo espere un momento.
- ¿Qué pasó, profe?
- ¿De dónde sacaste este trabajo?
- Es mi primo. Posó para mí. ¿Por… qué, profe?
- El docente sonríe.
- ¡Está perfecto! ¡Acércate, Dante!
- El modelo de la clase se acerca. El maestro lo presenta con Miguel.
- Verás, Miguel, hay un grupo escultórico que me encargaron. Quisiera que trabajes con Dante. Y si puedes, llama a este primo tuyo ¿de nombre?
- Tito, profe. Tito.
- ¿100 semanal por medio tiempo estará bien, Miguel?
Casi a mediodía, Ezequiel se anima a recordarle a Vinicio el incidente de más temprano con Tito.
- Tranquilo. Ese muchacho es lo que buscamos.
- ¿Lo que buscamos… o lo que buscas?
- Vinicio frunce el ceño, cuando aparecen Eduardo y Renzo. Jonás se queda en la puerta como custodia. Todos se saludan y presentan al nuevo residente.
- La reunión gira en torno a detalles de la obra, y la manera cómo se distribuirán los cupos de trabajo.
- Espero, ingeniero Jáuregui, que no intente imponerme su personal como en la obra del tambo, cuando violó los acuerdos del pliego que firmó.
- Te recuerdo que necesitábamos personal altamente especializado que tú no tienes. Además, esta obra es distinta. Sólo estará mi residente, aquí presente, y mis capataces, que ya conoces. Ah, y mi encargado de almacén y tareo.
- Vinicio parece estar satisfecho con los acuerdos.
- Al finalizar la reunión, casi a la una, se queda solo con Ezequiel.
- ¿Has visto el residente que se consiguió? Es un chivolo.
- Y parece, Ezequiel, que le entra… de cualquier modo, no te confíes de su juventud. Estos mierdas vienen con una computadora en la cabeza.
- ¿Y cómo sabes que le entra?
- Vinicio exagera su inspiración.
- Huele a cabro, Ezequiel. Huele a cabro.
Aprovechando la hora de almuerzo, en Lima, Gustavo va al Hospital. Busca el consultorio que le dijeron.
Al entrar, un chico delgado lo mira de pies a cabeza. A pesar de su ropa sport elegante, es imposible ocultar sus formas atléticas.
Otro muchacho lo mira directo a los ojos, y le baja la mirada. Gustavo lo ve, pero no entiende por qué no le puede despegar sus ojos.
Al fin, una enfermera lo hace pasar.
El médico lo saluda cordialmente, conversa brevemente.
- Gustavo, ¿es de vida o muerte que viajes a trabajar a Piura?
- Sí, doctor. Es parte de mi chamba. ¿Por qué?
- Gustavo… tu prueba… dio positiva.
(CONTINUARÁ)
© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.
sábado, 12 de marzo de 2016
La Agencia (13)
Por Hunk01
Portarse bien dio buenos resultados a Rodrigo. Su personaje no solo se mantuvo sino que llegó a tener tanta importancia como el de un antagonista, desplazando por ratos al antagonista oficial. Y aunque la actriz principal se negó al pedido de la producción a ser penetrada por el actor novato, no tuvo más remedio que interpretar candentes escenas de sexo. Le costó trabajo a todo el mundo ocultar la erección, y tras el grito de “¡corten!”, Rodrigo pasaba varios minutos en el baño, masturbándose.
el actor principal, quien antes solía ser amistoso con el muchacho, se tornó algo lejano, hostil por ratos.
Rodrigo se lo comentó a santiago.
- Es lógica su reacción; le comenzaste a robar pantalla.
- Pero yo no quiero hacer eso.
- Aunque no lo quieras es inevitable… pero lo podemos arreglar.
El protagonista se llamaba Raúl, un tipo boricua, alto, con tanta musculatura como santiago, cabello castaño, muy introvertido. Solía pasarse buen tiempo hablando por teléfono con su familia, o eso parecía.
Aprovechando la fiesta nacional de la isla, Rodrigo se acercó en un descanso y lo invitó ese fin de semana a pasarlo en su departamento, celebrando. Que él elija qué gente querría que asista. El actor le contestó que no celebraría, sino que se pasaría el fin de semana ensayando sus libretos, pues la novela entraba al último mes.
Santiago sonrió cuando Rodrigo se lo contó.
- Sobrado imbécil, como si yo no supiera que ha cachado hasta con el conserje.
- ¿También le entra a la nota?
- ¿Cómo crees que obtuvo el protagónico? La vaina es que cuando eres versátil, tienes más posibilidades, por eso él se hace el sobrado.
- ¿Ya te lo cachaste?
- Aún no. Pero sí me consta que se le hace agua cuando se me para.
Casi al finalizar esa semana, Rodrigo acavó de grabar su escena y se fue al camerino a cambiarse de ropa para regresar a su casa. Apenas abrió la puerta, se quedó de piedra. Santiago le horadaba el culo al protagonista con una velocidad digna de pistón. Rodrigo no sabía si entrar o salir de nuevo. Santiago lo vio, le hizo un ademán de actuar con rapidez. Pudo leer “cierra la puerta, carajo” de sus labios. Rodrigo le obedeció sin dejar su expresión de asombro.
Santiago perdió la concentración y bajó su intensidad.
- ¿qué pasa, ne…?
El protagonista se asustó al ver a Rodrigo contemplándolos. Se levantó violentamente y se abalanzó contra su compañero. Rodrigo lo eludió. Santiago fue tras el protagonista y lo retuvo contra la pared.
- No te atrevas a tocarle un pelo. Ahora él sabe lo mismo que yo, así que si valoras tu imagen, anda tranquilo.
Rodrigo no supo qué hacer. Se desvistió y se encerró en la ducha. Volvió a masturbarse.
XXX
Por la noche, andrés fue al departamento de Rodrigo. Otra vez, ese fin de semana se irían a la playa, pero ahora más lejos. Máncora o Punta sal eran las alternativas. Tras revisar presupuestos y opciones de alojamiento, se relajaron un poco.
- Rodrigo, ¿sabes hacer el beso negro?
Rodrigo lo miró extrañado.
- ¿Por qué?
Andrés le contó la experiencia con Santiago.
- Ya te dije, Andrés. Solo alucina que es una jerma.
- Es que, ni siquiera se lo hice a una jerma.
- ¿Quieres aprender?
Ambos chicos se desvistieron, y comenzaron a acariciarse y besarse. Estaban muy calientes. Entonces, Rodrigo se puso en cuatro, y comenzó a instruir al chofer.
- Bésame las nalgas… así… así.. más adentro… más… más…. Ahí… ahora lámelo… así… eso… juega con tu lengua… ahhh… ahh… sigue… Lo haces rico… así… chúpame el culo…
Andrés sentía que la leche le estallaría en cualquier momento, así que agarró firmemente las caderas de Rodrigo y comenzó a sobarle su verga hasta que el semen saltó. Andrés respiraba por la boca, aliviado. Rodrigo fue al baño a limpiarse y a masturbarse. Andrés se vistió rápidamente.
- Me tengho que ir. Nos vemos el sábado temprano.
Rodrigo sonrió. Se sentó desnudo, buscó un porro de marihuana, pero no halló nada; entonces, comenzó a masturbarse de nuevo para liberar tensiones. Apenas comenzaba cuando escuchó toques en su puerta. “¿De qué se habrá olvidado Andrés?”. Sin vestirse fue a atender.
Era Lugo.
Rodrigo se sorprendió.
Lugo no dijo nada y se fue corriendo. Rodrigo fue tras él.
Habría bajado desnudo hasta la calle, de no ser por una señora que lo vio y comenzó a dar gritos. Rodrigo se asustó y volvió a refugiarse en su departamento. Llamó a Lugo repetidas veces a su celular pero no fue respondido. Rodrigo recordó por fin dónde tenía los porros. Fue hasta su cómoda, los sacó todos, de ahí alcanzó el retrete en su baño y presionó la palanca. “No más alucinaciones”, pensó.
XXX
El viernes, al regresar de su trabajo, halló correspondencia. Era el estado de cuenta de su tarjeta de crédito. Rodrigo se quiso caer de espaldas: su fortuna de seis dígitos había perdido tres de ellos. Apenas le quedaba 254 dólares. Vio los detalles. Cuatro páginas de cuentas y más cuentas. ¿en serio había gastado su fortuna en todo eso?
Al día siguiente lo primero que hizo fue ir al banco a pedir explicaciones, aunque Carlos le había adelantado que el banco nunca pierde. Previamente llamó a Santiago para decirle que se demoraría un poco, que vayan avanzando y que él llegaría por su cuenta.
Hizo algo inteligente: usó parte de su saldo para pagar los costos, transfirió el resto a su cuenta de ahorros y canceló la tarjeta. Bajó al cajero a sacar efectivo para el viaje y se fue a buscar un taxi para Máncora.
Dos horas después, estaba entrando al serpentín antes de llegar a Los Organos, cuando vio que el tránsito avanzaba lento porque una patrulla policial obstruía la circulación. Más allá había un trailer parado, y tras él una columna de humo blanco.
Suspiró resignado. Esperó su turno para pasar. Cuando avanzaron y superaron el atasco, vio una grúa que terminaba de halar un vehículo hecho chatarra, y unos bomberos que ayudaban al rescate. Rodrigo se persignó y pidió al chofer que acelerara.
Llegó al hotel donde habían quedado con sus compañeros, pero le dijeron que no habían llegado aún. Llamó a Santiago a su celular. Timbró varias veces pero nadie le respondía. El celular del productor sonaba como apagado. Llamó, al fin, a Andrés.
- ¡Oe, huevón, no me digas que se fueron a Punta Sal!
- No, joven… estamos en Talara.
- ¿Talara? ¿qué mierda pasó?
- Nos accidentamos… Sus dos amigos… fallecieron.
(CONTINUARA)
© 2016 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.
lunes, 26 de agosto de 2013
Cuaderno de Obra (11)
Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.
Renzo y Gustavo se conocieron en un sauna del centro de Lima. El joven ingeniero civil había ido con un amigo, y tras tomar el baño de vapor fue a la sala de videos, donde lo vio rrecostado viendo al techo. Era obvio que le llamaba la atención su trigueña musculatura.
Gustavo se dio cuenta que lo observaba.
- ¿Aburrido como yo?
- Algo. No me hallo acá.
- Los dos chicos se pusieron a conversar de todo, y cuando se dieron cuenta, eran casi las cinco de la mañana.
- Te jalo a tu casa. Tengo mi carrito en un estacionamiento acá cerca.
- No hace falta, Renzo. Vivo acá en Breña. Puedo ir caminando.
- Intercambiaron fonos y correos. El resto de la semana se la pasaron mensajeándose, hasta que salieron a una discoteca de ambiente, y luego recibieron la mañana haciendo el amor en un hotel en Lince.
- El praghmatismo de Gustavo se combinaba con compulsión al orden de Renzo. Por eso, al chico le llamó la atención que le propusiera vivir juntos, como pareja.
- ¿Renzo?
- El muchacho despierta de sus recuerdos. Es Dora, la hermana de Gustavo.
- ¿Cómo sigue?
- Igual. Gracias por venir. Me dijo su jefe de mi hermano que tuviste que regresar de Piura.
- Eso es lo de menos. Tavo me necesita.
- Claro… Escucha, Renzo, mira lo conversamos con mis papás y nosotros nos encargaremos de cuidar a Gustavo. Ahora, él necesita estar… más cerca a su familia, ¿entiendes?
- ¿Qué quieres decir, Dora?
- Sé que tú y el son pareja, pero creo que éste es un mal momento para que mis papás se enteren de lo de ustedes.
- Pero, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?
- Renzo, por favor. Es decisión familiar. Yo respeté mucho que ustedes fueran a vivir juntos, pero las cosas han cambiado. Gustavo nos necesita a nosotros, su familia. Por favor.
- Renzo no entiende por qué el afán de desplazarlo. Claro que su relación se mantenía oculta –excepto para gente muy cercana a ambos-, pero no le cabía en la cabeza por qué le pedían salirse de escena.
- Renzo, yo misma te prometo que conforme pase algo, te lo informo, ¿de acuerdo?
A esa misma hora, en la oficina del Sindicato, Ezequiel y Vinicio revisan unos papeles, cuando llega Tito.
- ¡Muchacho! ¿Y ese honor?
Don Vinicio, estuve pensando bien en la oportunidad de ir a Lima, y…
- ¿Y? ¿Qué decidiste?
- No iré, don Vinicio. Le agradezco mucho la oportunidad.
- Pero…
- Sí, sé lo que dirá. También lo pensé. No… no trabajaré en la obra.
Al anochecer, Renato y Renzo llegan al departamento que el segundo tiene con Gustavo.
- ¿arreglaste qué harás con él?
- Llamé a la casera. Le dije que era probable que lo desocupe a fin de mes.
- Pero, ¿y si… Gustavo despierta?
- Renato, está en coma profundo. Tú eres abogado. ¿Qué posibilidades hay que despierte? Y si lo hace, su familia se lo llevará a su casa.
- Renzo rompe en llanto. Renato se acerca a consolarlo.
- Mira. Si quieres, hagamos algo. Déjamelo a mí. Si Gustavo se recupera y quiere mantenerlo, normal; si no, bueno. Del papeleo me encargo yo.
- Renzo llora por largo rato. Sabe que esa no será una noche fácil de pasar en el departamento. Por otro lado, es evidente que la familia está dispuesta a poner una barrera.
- Renato, regresaré a Piura. Es sólo por tres meses. Regresaré y me quedaré aquí.
- Claro. Como quieras.
- Sólo prométeme algo: cuando Gustavo despierte, dile que lo amo más que nunca, que no me deje.
Al día siguiente, día de la colocación de la primera piedra, el barrio se engalana.
Varios dirigentes vecinales, entre ellos Juan, y del Sindicato están bajo un raído toldo esperando a las autoridades y a los ingenieros. Varios niños juegan en el pampón donde quedará la escuela.
Al fin, con hora y media de retraso, la actividad comienza.
Más por curiosidad que por otra cosa, Tito y Miguel acuden al pequeño tumulto. Se ponen a palomillear con otros patas, y se burlan de los discursos del alcalde, de Vinicio, de Juan y de Eduardo.
Cuando todo acaba, Tito va por ahí, delegado para conseguir un par de cervezas heladas para la patota.
Se distrae cuando Juan le pasa la voz a lo lejos, tanto que se estrella contra otra persona.
- Discul… ¡hola!
- ¡Hola!
Es un muchacho con un semblante apagado, pero atractivo. Es Renzo.
Antes que el alcalde se vaya, Vinicio logra alcanzarlo. Como siempre, va con Ezequiel.
- Señor alcalde, no se olvide que el Sindicato siempre le estará agradecido por defender nuestras reivindicaciones.
- Claro, Vinicio. El ingeniero Jáuregui prometió respetarlas.
- Claro… ¿cuándo puedo visitarlo? Quisiera… coordinar algo, y…. llevarle unos… regalos.
- El alcalde entiende la figura.
- Te llamo a tu celular. Puede ser mañana por la noche.
Unos metros tras el toldo, la cabeza de Renzo está con sol y nubarrones.
- Qué… coincidencia. Otra vez.
- Sí… ¡Me llamo Tito!
- Yo soy Renzo. Mucho gusto.
- Ambos se estrechan la mano.
- Disculpa, ¿Renzo? ¿Te pasa algo?
- Problemas. No viene al caso.
- Ah. Espero que… se resuelvan.
- De pronto, Tito siente que es inoportuno, y que debe dejar solo al chico, aunque, por otro lado, siente la necesidad de darle apoyo.
- Mira, Renzo, sé que apenas nos conocemos. Pero si puedo…
- El foráneo siente una rara electricidad al oír esas palabras. Entonces, un rayo de sol penetra entre los nubarrones de su cabeza. Una sonrisa asoma tímidamente por su apagado rostro.
- Gracias… ¿Tito? Gracias, de verdad. Bueno, nos vemos.
- Claro… Nos… vemos.
- Ah, Tito. Desde mañana trabajaré aquí en la obra. Preguntas por el Ingeniero Renzo. Me hará bien conversar con… alguien… contigo.
- Claro.
- Cuando Renzo se aleja, Tito siente que ha tomado una decisión equivocada.
Al atardecer, Tito regresa a casa, algo picado por las cervezas que ha tomado esa tarde, cuando alguien le pasa la voz. Es Orlando, el peluquero.
- ¿Qué hay, pata?
- Has estado chupando, Titín. Mmmmm. Oye, me debes.
- ¿Qué te debo?
- El corte de pelo de tu primo. Me lo iba a cobrar, pero llegó Juan, ¿recuerdas? ¿Me lo vas a pagar o no?
(CONTINUARÁ)
© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.