jueves, 14 de febrero de 2013

El Vigilante (16): El modelo

Hunks of Piura

Escrito y creado por Hunk 01

 

Justo un mes después de haber comenzado en su nuevo trabajo, Marcos acumuló otro hito en su curriculum, si acaso llevaba cuenta de él: se había convertido en el modelo oficial de HairCut Spa.

Su imagen estaba en una gigantografía promocional en la fachada y al interior de la peluquería. Tenía el titular: “Sólo los campeones vienen aquí”, seguido de una foto de cuerpo entero de Marcos, luciendo su cabello corto, desnudo de la cintura para arriba, con un jean ceñido sin abrochar.

La foto se había producido una semana y media antes, y generó cierto revuelo, ya que ese tipo de publicidad no era usual. Las damas se sonrojaban y sonreían tímidamente,los caballeros fingían indiferencia, y uno que otro niño preguntaba si era una nueva película de superhéroes.

Armando se había convertido en una especie de manager. Y las ofertas no se hicieron esperar.

-          ¿Modelar ropa? No sé modelar ropa.

-           Es la colección de la tienda de una clienta. Le llegaron camisas, polos, jeans, bermudas. No es complicado.

-           Pero me da roche salir.

-           Ay, Marquitos. ¿Y cómo quieres llegar al Mister Bodybuilding? Prácticamente vas a estar calato en esa competencia.

-           Pero ése es deporte. Lo otro, no sé. ¿Y si las cago?

-           Mmmm. ¿Y si te pongo alguien que te enseñe?

-           Puede ser. Así mejor.

 

Esa noche, comenzó el entrenamiento intensivo de Marcos como modelo. Aprovechando que seguía haciendo el turno de la noche, a eso de las once, llegó su maestro…

-          ¿Tú?

-           Claro, pues, campeón. Antes de tener el gym, me recurseaba como modelo. Ya te contaré algún día.

-          Así, Danilo comenzó a cambiar el estilo robótico de caminar que Marcos lucía, por uno más suelto y elegante; explotó su sonrisa y su mirada; empezó a pulir el diamante.

 

La presentación en la discoteca, ese fin de semana fue un éxito. Marcos desfiló junto con otros chicos y chicas, que lo trataron desde la manifestación más amistosa hasta el desprecio evidente. Las chicas del público enloquecieron cuando lo vieron pasar con una bermuda algo ceñida, que le marcaba el culo.

Cuando la presentación acabó, salió del improvisado vestuario –una oficina de la discoteca- a encontrarse con armando, su manager-jefe. Lo acompañaba Danilo, quien rogó para ser incluído en la pasarela.

Marcos le dijo a su también entrenador que iría a la barra a pedir un poco de agua. Al llegar y esperar ser atendido, un muchacho lo abordó.

-          Felicitaciones. Desfilaste bien.

-           Gracias.

-           Me llamo Leandro. Mucho gusto.

-          Marcos y el chico se estrecharon las manos.

-           ¿Hace cuánto modelas?

-           Primera vez.

-           ¿en qué agencia estás?

-           Ninguna. Trabajo para la peluquería HairCut.

-           ¿La del centro?

-           Sí. Anda cuando quieras. Te atenderán bien. Nos vemos.

 

A la una de la mañana, tras estar un rato en la discoteca, bailar y conocer nueva gente, Armando, Danilo y Marcos fueron a la peluquería. Antes, pasaron por un grifo. Armando compró unas chelas “para celebrar”.

Al llegar al negocio, los tres se metieron al cuarto que ocupaba Marcos y se pusieron a contar chistes y anécdotas de la noche, como la del pata que se le rompió el jean justo del culo, y debajo no tenía ropa interior, o la de la chica que se le marcaban los pezones al ponerse un top blanco.

Marcos apenas si bebió media botella, así que el resto se la consumieron entre armando y Danilo. Los efectos no tardaron en aparecer. Los dos comenzaban a pellizcarse las tetillas, palmearse en las piernas y las nalgas, a hacer el ademán de tener sexo. Intentaron meter a Marcos al juego, pero éste sólo atinaba a sonreiir.

De pronto, se oyó un ruido fuera. Marcos salió a ver de qué se trataba. Falsa alarma. Al regresar al cuarto, Danilo y Armando se besaban apasionadamente en la boca y se acariciaban con fuerza. Marcos se quedó unos segundos sin saber qué hacer; entonces, Armando se despegó de los labios del instructor, y miró arrechamente al vigilante:

-          Sácate la ropa, mi culturista. Esta noche haremos nuestro Mister Bodybuilder.

-          En minutos, Danilo y Marcos se quedaron en ropa interior. En realidad, fue una clase de poses de concurso para Marcos. A medida que ésta transcurría, Armando se iba calateando hasta quedarse sin nada sobre el cuerpo. En ese momento, se levantó, y se puso entre los dos forzudos.

-           Y mis ganadores son tú… y tú.

-          Entonces besó a ambos por separado, y luego se las ingenió para que las tres bocas se besaran en simultáneo.

-           Ahora, chicos, disfruten su premio.

-           ¿Y cuál es el premio?

-           Yo, pues, tontitos. Ustedes saben.

-          Marcos y Danilo comenzaron a frotarse fuertemente contra armando, emparedándolo. Aún así, el peluquero logró despojarlos de sus ropas interiores.

-          Estando los tres desnudos, armando repitió el rito de arrodillarse A CHUPAR LOS GRUESOS Y ERECTOS PENES. MIENTRAS ACARICIABA CON SU BOCA A UNA DE LAS VERGAS, SOBABA A LA OTRA, Y VICEVERSA.

-          Los tres se echaron a la cama, y no dejaron de frotarse, de besarse en los labios, las espaldas, los pechos, de frotarse las piernas, las palomas duras, los huevos, los culos.

-          A petición de armando, Marcos y Danilo se pusieron un condón, y se dejó penetrar el ano al mismo tiempo por los dos.

-          Para Marcos, esta sensación era nueva: su miembro apretujado junto al de Danilo en el recto de su jefe fue una experiencia poco menos que surrealista.

-           Así, así. Destrócenme el culo, mierdas. Agggg. Sigan. No paren, carajo. ¡No paren!

-          Marcos no resistió más que diez minutos y se vació. Danilo duró un poco más. Finalmente, Armando se acostó boca arriba y se la corrió hasta venirse sobre su abdomen.

-          Como estaba con las piernas abiertas, Marcos notó que el ano de armando estaba más dilatado y rojo que de costumbre.

 

Al día siguiente, armando trabajó medio día. Marcos se dio cuenta de que caminaba normal.

-          ¿No te duele?

-           Sí, un poquito. Tú sabes… pero ya estoy acostumbrado.

-          Armando guiñó coquetamente al vigilante, quien salió, se encontró con su primo Ricardo, fue al gym, y se pasó toda la tarde jateando.

 

Esa noche, antes de regresar a la peluquería, Ricardo, Lidia y Marcos salieron a comer. Era una invitación del huésped, quien agradecía, de ese modo, la hospitalidad.

Fueron a una pollería del centro, y brindaron con chicha morada.

Marcos fue al baño. Ocupó uno de los urinarios. Se estaba lavando la mano, cuando a su costado, un rostro familiar ocupó el otro lavatorio.

-          ¡¿Profe?!

-           Ma-Marcos. ¿Có-cómo estás?

-           ¡Profe, es usted!

-           Sí, mira, estée… me están esperando afuera. Un gusto encontrarte.

-           Claro. Trabajo en el Hair Cut Spa. De aquí voy. Le dejo mi teléfono.

-           En otro momento, Marcos. Cuidate.

-          El sujeto, algo delgado, barbado, no era el tipo medio robusto que Marcos conoció en el campo. Salió a buscarlo: se había esfumado.

 

Mucho después, Marcos iba camino a la peluquería extrañado por la actitud de su profe. ¡Era su profe, el mismo con quien se había iniciado sexualmente! Entonces, un claxon lo aturdió.

-          ¡Hola! ¿Dónde vas?

-          Marcos se volteó. Reconoció al sujeto del vehículo… era Leandro.

 

(CONTINUARÁ)

 

©2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com

miércoles, 13 de febrero de 2013

SOT-2013-007: Ius Veritas

Hunks of Piura

Por: SOT

 

31ENE2013

11:29

Ya reinstalado, mi primera misión es verificar unos datos en un pueblo cerca de Piura. Debido a que no habían movilidades disponibles, me he tenido que desplazar por mi cuenta, así que he llegado a este pueblo, con mucho sacrificio. Consigo toda la información, y estoy junto a un quiosco, esperando alguna movilidad de regreso.

A pesar de que me he contactado con la Comisaría local, no hay vehículos disponibles.

De pronto, un joven, tan alto como yo, evidentemente corpulento, se acerca a comprar un agua. Su rostro me parece familiar.

“¿Eres de acá?”, le pregunto.

Me afirma con su cabeza.

“Te vi hablando con la familia que visité hoy”, añado.

“Soy abogado. Un amigo pidió que visite a la familia”, responde.

Intercambiamos identificaciones.

“¿Está investigando el mismo caso?”, me pregunta.

“Verificando datos. Pero ya terminé. Ahora quiero ver cómo regreso a Piura”, le comento.

“Bueno… yo vine en mi moto… Si desea, puedo jalarloa la ciudad, y allí puede tomar el bus a Piura”.

La propuesta no me parece mala. Acepto.

 

11:44

Bajo el inclemente sol, recorremos el camino de tierra. Antes de abordar la moto, me doy cuenta que, a pesar de su aparente descuido, tiene espalda y brazos anchos, además de unas piernas y un trasero fuertes… y cierto ademán… pero, prefiero pensar que son ideas mías.

Los baches hacen imposible que mi pelvis no roce con sus nalgas. Intento concentrarme en su conversación, que es empleado público, que sigue algunos casos por su cuenta, y que está estudiando un curso de extensión. No puedo hacerlo, y mi pene se erecta. Sólo espero que cuando lo roce, mi jean disimule mi erección. El problema es que él, en vez de mover su trasero hacia adelante, lo afirma más contra mi paquete.

 

12:10

Llegamos al terminal de buses. Bajo cuidando que no se me note la erección.

“Te dejo mi tarjeta. Mejor me llamas como a esta hora, porque en la noche suelo estar ocupado”, me dice.

“¿Trabajo?”

“No. Mi jermita”, responde sonriendo. Lo dudo, pero entiendo el mensaje. Igual, le doy mi número recien estrenado.

 

12:25

En  el bus viajo con un colega.

“¿Y de dónde conoces a ese chico?”, me pregunta.

“De ahorita. Lo encontré haciendo mi diligencia”, le cuento.

“Ten cuidado. Su pareja suele hacerle escenitas”.

“Ah, ¿su jermita es celosa?”

“Celosa no. Celoso”.

No comento nada más. Finjo sorpresa.

 

2FEB2013

11:23

Descanso un poco en una de las cuadras de la Jefatura, cuando suena el celular. No reconozco el número.

“Hola. No se si te acuerdas de mí. Nos conocimos hace dos días”.

“Claro. ¿Qué pasó? ¿Alguna cosa nueva?”.

“No. Han llegado unos amigos de fuera, y vamos a comer un cebiche, tomar algo. ¿Por qué no vienes?”

Recuerdo la advertencia de mi colega: “Estoy cero balas. Para otra ocasión”.

“Normal. Te invito”.

“¿Y quienes van?”

“amigos, colegas”.

“¿Y… tu… jermita?”

“No. No pasa nada. Vente”.

 

12:45

A pesar que no me gusta caer de paracaídas, y de que la advertencia que me hicieron me da vueltas, aparezco en el local. Nada mal, uno de los mejores de Piura.

En una mesa, está el muchacho con otros tres amigos. Me reconoce, me llama y me presenta. Pedimos comida y bebemos cerveza. Me doy cuenta que uno de los muchachos y él se miran con cierto ¿afecto?, pero no le doy importancia.

DE VEZ EN CUANDO, EL CELULAR DEL MUCHACHO SUENA O RECIBE MENSAJES. ÉL INTERRUMPE LA LLAMADA, Y MENSAJEA.

“¿La marca?”, le pregunto, divertido.

“si se entera dónde estoy, no le va a gustar”.

“¿Y dónde estás, supuestamente?”

“En mi curso. Le estoy diciendo que tengo exámenes, que estaré ocupado”.

 

16:45

Me despido del grupo. Creo que ya fue suficiente. El muchacho se para y me dice que no me vaya, que lo acompañe a otra reunión. Me guiña el ojo.

 

17:02

Llegamos a un hotel perdido en Castilla. Vamos el muchacho, su amigo y yo.

“¿Qué hacemos aquí?”, le pregunto.

“Vamos a bañarnos antes… de ir… a la otra reunión”, me dice.

Su celular vuelve a sonar. Ahora sí responde: “amor, tengo exámenes relámpago. Voy a regresar tarde. Te llamo de aquí”.

El otro chico, con el que intercambiaban miradas algo más que afectuosas, sale desnudo y mojado del baño: es un moreno fibroso, algo alto, ni delgado ni grueso. Se acerca a mi oferente y lo besa en la boca: “¿Hasta cuándo vas a seguir con ese huevón”, le dice. El muchacho sonríe, se quita la ropa y entra a bañarse.

 

17:29

Los tres estamos desnudos, abrazados y besándonos la boca (con fuerte aliento a alcohol) y el cuerpo. El chico moreno está al medio, y alterna dándome el frente o la espalda; luego, se pone boca abajo y nos recorre hasta comenzarnos a mamar el pene y los testículos. El chico que me invitó y yo aprovechamos para besarnos, aunque también le pellizco las tetillas.

Después el moreno se pone en cuatro, y el otro chico, algo robusto, pero aún con cierta forma, lo penetra por el ano. Me mira, y me hace señas de que lo penetre. Lo hago.

 

17:57

No aguanto más y eyaculo. Increíblemente, el chico que me invitó sigue fornicando con el moreno. Me acuesto a un costado para verlos.

 

18:06

El moreno le pide que pare, porque le arde el ano. La acción finaliza. Mientras el moreno se va al baño, y el abogado se quita el condón, se acuesta a mi lado y me besa.

“¿Las diste?”, curioseo.

“No. Demoro como mierda”.

“Y, ¿qué tomas?”

“Cuando estudiaba en la universidad, me recurseaba como escort, así que aprendí a cachar sin vaciarme al toque”.

“¿Ibas al gym?”

“Sí. Pero hace años que lo dejé. Tú si vas, ¿no?”

“Por mi trabajo como policía, tengo que estar en forma”.

 

20:00

Tras hacerlo por segunda vez, esta vez penetrando alternadamente al moreno entre el abogado y yo, por fin eyaculamos todos. Nos bañamos y vamos a comer al centro.

Aquí sí me despedí.

“Vamos a hacer un tercer round”, me dice el moreno. “¡Ven con nosotros!”

“No. Tengo que hacer”.

Noto que el abogado que conocí sigue mensajeando.

“Parece que su jermita lo marca mucho”, le digo al moreno.

“Ay, qué jermita, ni qué nada. Es un infeliz al que se lo forra cuando no me visita o no lo visito. Conmigo sí culea bien”.

Igual, me despido.

 

9FEB2013

10:58

Suena mi celular de nuevo. Es el abogado: “¿estarás libre como para comer algo de aquí?”

“Sí. ¿Dónde te veo?”

“Por la Plazuela Merino”.

 

12:15

Nos encontramos. Nos saludamos. Nos vamos a almorzar.

 

13:33

El abogado está desnudo. Se acuesta a mi costado. Me besa. Estamos en el mismo hotel de la vez pasada.

“Oye, y qué milagro tu pareja no te llama ni te mensajea”, le observo.

“Nada huevón. Descubrió que no fui a clases la semana pasada”, me dice suspirando.

“¿Y cómo se dio cuenta?”

“Uno de mis patas escribió algo en Facebook, y luego él llamó a la universidad y le dijeron todo”.

“A la mierda. ¿No querrá ser policía?”

“No creo. El conchasumare de su ex lo ayudó”.

“¿en serio? No me digas que te vio”.

“No sé cómo lo hicieron, pero ya no quiere saber nada de mí, ni me contesta mis llamadas”.

“Debiste ser más sapo”.

El abogado se lebanta, va al baño, se coloca su boxer.

“Tengo que irme. Tengo unos amigos que necesitan algo de acción. Si quieres los llamo”, me dice.

Decido que lo mejor es salir juntos. Trato de ocultar mi sonrisa por esta tragicomedia. A todos nos pasa alguna vez, pienso.

 

©2013 Hunks of Piura Entertainment. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com

sábado, 9 de febrero de 2013

Culturista busca ayuda

Hunks of Piura

Si crees en el deporte, y en la promoción de sus talentos, aquí te tenemos una alternativa que puede interesarte.

Se trata de un culturista en Sullana que está buscando auspicio para poder concursar en el Mister Piura.

Por lo pronto, ya está entrenando fuerte, como se puede ver en esta foto.

Si estás interesado, por favor, no dejes de comunicarte con hunks.piura@gmail.com para enlazarte, siempre que estés dispuesto a darle tu ayuda. Si sólo quieres curiosear, mejor no insistas.

jueves, 7 de febrero de 2013

ElVigilante (15): Marcos del espejo

Hunks of Piura

El trío que ocurrió en la peluquería quedó sepultado en el silencio; aunque a Marcos la imagen se le venía de vez en cuando a la cabeza, TANTO LA DE ARRIBA COMO LA OTRA. Para él, eso no era nada nuevo.

Pasó una semana de eso, y el domingo siguiente tuvo la visita sorpresiva de su hermano mayor, quien vivía aún en el campo, y que impidió que Marcos se encarara con su padre tras el escándalo de su relación con Lichi. Su hermano quería asegurarse de que todo estuviera en orden, que nada le faltara al benjamín de su clan, especialmente para tranquilizar a su madre, que no cesaba de llorar todas las noches por su hijo.

-          estoy chambeando.

-           Sí, el primo Ricardo me contó. Mas bien trata de ahorrar algo, y estudia algo que te dé plata. Vivir en la ciudad sin una profesión es difícil.

-          El hermano de Marcos había comenzado a estudiar Educación en la ciudad, pero debió dejarlo por falta de dinero.

-           Oye, Marcos, otra cosa que quería decirte. Mira, hermano, la familia sigue avergonzada por lo tuyo con ese chico. Aprovechando que estás en la ciudad, ¿por qué no vas a un psicólogo?

-           No estoy loco.

-           No sé, pero eso de andar con hombres, como si fueran mujeres no es normal. Mira al primo Ricardo: tiene su mujer, pero ella sí es mujer.

-          Marcos quiso sonreírse. Era obvio que su hermano ni sospechaba lo que pasaba a veces allí.

-           Los dos tienen pepa, son macetas. ¿Cuántas jermitas no han querido estar contigo? Pero ahora que se sabe lo que pasó, ni quieren saber de ti.

-          Marcos seguía callado.

-           Trata de curarte de eso. Tienes que ser normal, hermano. Si no, muchas puertas se te cerrarán.

-          A la mañana siguiente, cuando Armando lo relevó, Marcos le preguntó si atendía a algún psicólogo.

-           ¿Para quién? ¿Para ti?

-           Este. No. Para un amigo.

-          Armando pareció entenderlo, y le dio una tarjeta.

-           Anda de mi parte, y lo saludas.

 

Tres días después, antes de ir al trabajo, Marcos fue al consultorio del psicólogo, muy cerca de la peluquería. El espacio era acogedor y tennía la pared llena de lindas fotos de paisajes y mensajes motivadores. Marcos se sentía algo asustado. Iba a escapar, cuando la recepcionista le avisó que podía verlo.

Al trasponer la puerta, un hombre en sus 35 años, algo gordito, lo recibía muy cordialmente.

-          Así que eres el amigo de armando. A ver, ¿cómo te sientes?

-          A Marcos le costaba articular. Sus ojos se le nublaron. Al fin, pudo decir algo.

-           Doctor, ¿es malo… estar con chicos?

-           ¿estar con chicos? ¿Relaciones homosexuales, te refieres?

-          Marcos no aguantó. Comenzó a llorar.

-          Luego de tranquilizarse, el vigilante fue contando su historia poco a poco.

-          Todo había comenzado en la secundaria, cuando por su estatura y contextura destacaba de entre los otros muchachos. Eso había llamado la atención de uno de sus profesores, un muchacho de 28 años, bien parecido y culto, el organizador de todas las actividades artísticas de la escuela.

-          Marcos tenía 14 años, y no era un estudiante estrella, pero sus buenos modales, su compañerismo, lo hacían querido por todos. Lo que sí era un gran futbolista, por lo que jugaba en la selección del colegio. Era un gran defensa.

-          Una tarde, ese profesor lo invitó a su cuarto para complementarle algunos cursos donde Marcos estaba flojeando. El profesor venía de la ciudad y se quedaba toda la semana en el pueblo. En una de esas clases particulares, comenzaron los juegos de manos: manos sobre las piernas, roces, masajes, toqueteos… Una tarde, leyendo un clásico del romanticismo, Marcos preguntó cómo sería besar a alguien, pues no lo había hecho. Su profesor le explicó, pero, como Marcos no parecía comprender, le dio la demostración práctica y en vivo. Poniendo como pretexto que su padre lo castigaría por llegar tarde, Marcos salió casi corriendo de ahí.

-          Esa semana después del beso, el adolescente se refugió en el fútbol, hasta que poco a poco se le fue acercando, sin saber por qué.

-          Como Marcos también era buenn bailarín de tondero, una noche fueron a dar una actuación en otro pueblo, y se hicieron tarde. Sin saber cómo, Marcos terminó compartiendo la cama con el profesor. A medianoche, sintió que una mano le rozaba su paquete, pues ambos estaban durmiendo en ropa interior, bajo el viejo adagio de que no pasa nada si un hombre se calatea frente a otro, pues, igual, son hombres, ¿no?

-          Marcos no pudo evitar una erección. Luego vinieron las caricias, los besos, los abrazos.

-          Aquella noche, Marcos tuvo la primera relación sexual de su vida, penetrando a una persona que casi le doblaba la edad. Cuando las dio, sintió una rara mezcla de sentimientos: placer nunca antes experimentado, y cierta culpa… ¿será pecado cachar con patas?

-          De vuelta en el presente, él ya no quiso recordar más. Estaba tan confundido como aquella primera vez, que había sucedido cuatro años atrás.

-           Marcos, mira: esta consulta no será suficiente. ¿Qué te parece si seguimos hablando de esto, la próxima semana?

-          Marcos no dijo nada. Se paró y se fue.

 

Ese sábado, el vigilante llegó puntual a las diez a la peluquería. Armando estaba trabajando en unos mechones de cabello, que, según dijo, eran extensiones para una novia, que se casaría el fin de semana siguiente.

-          Don Armando… ¿es malo ser gay?

-           ¿Hablaste con mi amigo? Mira, desde mi punto de vista no lo es. Tú sabes. Lo que tú sientas no determina cómo eres como persona. No sé si me…

-          Marcos se quedó con un gran signo de interrogación en su cabeza.

-           Mira, que mi amigo mejor te aclare las dudas, pero en lo que a mi respecta, no me jode. A ti tampoco debería joderte.

-          Marcos lo miró sobresaltado, como si descubriera un secreto. Entonces, armando le cambió de tema, radicalmente.

-           ¿sabes? Hablé con Dani. Ya me dio la lista de cosas que necesitas.

-          Marcos cambió su desconcierto por sonrisa, del mismo modo que un niño pequeño, ante el anuncio de un juguete nuevo, o la promesa de un paseo soñado.

-           Lo que sí necesito es mandarte a hacer las prendas. Tú sabes. Debo tomar tus medidas, a menos que las sepas.

-          Marcos negó con la cabeza; Armando fue hacia un cajón y sacó una cinta métrica.

-           Lo imaginaba. Sácate la ropa. Te tomaré medidas.

-          Marcos volvió a desconcertarse. Armando sonrió.

-           Vamos, Marquitos. Ya te he visto calato. Ambos se rieron.

-          Tras unos minutos de duda, el muchacho comenzó a desnudarse, hasta quedarse en ropa interior. Vestía un slip ajustado, que le marcaba el paquete y el culo.

-           Hombros:122, pecho:115,cintura:88, cadera: 105, muslo:: 63, pantorrilla: 41, brazo: 38.5. ¿Cuánto mides?

-           1,75.

-           ¿Pesas?

-           Creo que 78.

-           Creo que tengo algo para que te pruebes. No es una tanga de competencia, pero puede darnos una idea de lo que necesitamos.

-          Armando fue, abrió otro cajón, y sacó un pedazo de tela blanca. Cuando Marcos la desplegó, quedó sorprendido: era un hilo dental.

-           ¡Póntelo! Esta parte ancha para adelante, y la tirita para atrás. ¡Vamos, póntelo! Sólo estamos los dos acá. Nadie te verá. Bueno, yo sí.

-          Marcos seguía dudando.

-           Ay, Marcos, mírate al espejo. Estás perfecto. Sólo quiero ver si es tu medida.

-          Con cierta vergüenza, el vigilante se bajó el slip hasta quedarse sin nada encima. Se puso el hilo dental. Le pareció extraña la sensación de la tela metiéndose entre sus nalgas. Pero, al verse al espejo, se envolvió en una visión: luces frente a sus ojos, una multitud coreando su nombre, una brillante medalla en su pecho…

-          Entonces, sintió una mano sobre su paquete. Regresó en sí.

-           ¿No te incomoda? Quiero decir… ¿te aprieta mucho las bolas? Tú sabes…

-           No. Está bien.

-           Entonces ésta es tu medida.

-          Armando pidió que se sacara el hilo dental. Al liberar su pinga, notó que estaba creciendo. Volvió a verse al espejo: algo le decía que no era el mismo Marcos, algo estaba cambiando. ¡Le gustaba el chico que veía reflejado frente a sí! Después de todo, ¿qué mierda si le gustaban o no los hombres? Total. Él se gustaba.

-           ¡Mi Dios! ¡Se te paró el huevo!

-          Marcos no se sonrojó. Sonrió a Armando, y comenzó a estrujarse cariñosamente su falo.

-           ¿Qué opinas de mi pinga?

-           Es… deliciosa, Marcos.

-           Pero no la has probado todavía.

-           Eso… depende… de ti.

-          Con la otra mano, invitó a armando, quien se arrodilló sobre el suelo, y comenzó a darle una mamada rica, rítmica y caliente. Por primera vez, Marcos disfrutaba ese momento, de manera distinta. Entonces se dio cuenta cómo los carnosos labios de su jefe intentaban tragársela toda, mientras que el vacío que producía, chasqueaba en el ambiente.

-          Armando comenzó a cariciarle las nalgas. Las yemas de los dedos del peluquero provocaban a Marcos, una sensación increíble, placentera.

-          Entonces, se miró al espejo: era el macho, era el símbolo sexual, era el ganador.

-          Minutos después, armando se había calateado, apoyado sobre una de las sillas del salón, aún con las luces prendidas, pero a puertas cerradas con candado. Marcos se puso un condón, y se la metió por el culo. Mientras bombeaba, y sostenía las blancas y suaves nalgas del peluquero, veía su verga entrar y salir de su dilatado y rosado culo.

-           Así, Marquitos. Cáchame duro, papi. ¡Ay, qué rico!

-          De vez en cuando se miraba al espejo. ¡qué rica expresión la de ambos totalmente arrechos! No paraban de gemir, jadear. En un momento, Marcos dio una palmada a las nalgas de Armando, luego otra, y otra. El choque del bombeo llenaba todo el lugar.

-          La excitación de Marcos crecía, hasta que, cerrando los ojos, sacó su pene, se quitó el forro, y se la corrió hasta que su semen se disparó sobre la espalda de armando. ¡eso sí que era cachar!

 

Al miércoles siguiente, regresó donde el psicólogo. Ya no sentía temor.

-          a ver, Marcos, ¿cómo te sientes hoy?

-           ¿Cómo hago para ganar el Mister Bodybuilding?

 

(CONTINUARÁ…)

 

Escrito por Hunk01. ©2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com

 

miércoles, 6 de febrero de 2013

SOT-2013-006: El precio...so

Hunks of Piura

26ene2013

22:00

Despierto en el calabozo. Sólo tengo mi ropa interior puesta. Estoy tratando de hacer memoria de todo lo pasado durante el día. Me siento desorientado, como cuando amanecí en aquella choza en plena selva.

Alguien entra. Es un colega joven, en ropa de civil. Con la poca luz existente, veo que tiene un rostro amable, por decirlo menos, y un físico algo formado.

“Buenas noches. Vine a ver cómo se encuentra”, me dice, educado.

“Vivo, creo”, le respondo.

“Mire: creo que sabe por qué está aquí. A la institución no le parece bien que se divulguen ciertas… intimidades. Merman la moral del personal”.

No respondo. No entiendo qué tiene que ver una cosa con la otra.

“Una institución tiene reglas, y hay que cumplirlas”, insiste.

“¿qué quieren de mí? Me mandaron a morir a esa selva. ¿Quieren que muera aquí? ¿Igual que los militares?”, espeto.

El mmuchacho carraspea. “Voy a trasladarlo a otro lugar, donde estará más… cómodo; pero no podré liberarlo hasta recibir órdenes”.

“Están obligados a reinstalarme”, replico.

“Como le dije, sólo sigo órdenes”.

 

23:12

Una ducha fría me relaja. Ésta es otra área que desconocía. Son una especie de celdas, como una pequeña cárcel.

Me llama la atención que me dejaran ver la hora, y que ya estoy como diez minutos bajo el agua, con un jabón decente, y una toalla.

Entonces, el colega joven aparece: “Séquese. Fin del baño”.

Me da la impresión de que no sólo me ve a los ojos, sino que la mirada se le va por todo mi cuerpo; aunque podrían ser ideas mías.

 

23:45

Aunque me han sugerido dormir, lo único que hago es revolcarme en la cama que me dieron. Es cómoda, al menos. Sólo estoy cubierto por la toalla, pues me incomoda dormir vestido con algo.

El colega joven, antes de irse, me pidió reflexionar sobre mi conducta: el haber permitido que se conozcan las historias de cómo quienes trabajanmos brinando seguridad, y tenemos una orientación hacia las personas de nuestro propio sexo, disfrutamos.

Recordando cada una de esas historias, sólo consigo excitarme. Veo y verifico que esté solo. Comienzo a masturbarme, pero trato de no llegar al orgasmo.

Me quedo dormido.

 

27ENE2013

6:58

Mi colega joven llega a despertarme. Me pregunta si dormí bien. Sonrío sarcásticamente.

Debajo de la toalla que usé de cobija, mi pene amanece erecto, así que flexiono una pierna para que no se note.

Jala una silla, y se sienta a mi costado.

“No sé si conoce la historia de este culturista chiclayano, el que ganó un título nacional”, comienza a decirme.

“¿Se refiere al que salió en una web posando calato?”.

“ese mismo. Sabe que la Federación quiso quitarle el título”, continúa.

“Sin ninguna base. La cosa quedó allí. Si lo hubieran hecho, el chico pudo haberlos demandado por conducta discriminatoria”, alego.

“Posiblemente. Pero eso lo iba a exponer más. ¿Ha visto lo que se comenta de él en Internet?”

“Y aunque sea cierto, ¿qué tiene que ver? Su deporte es caro. ¿Acaso la Federación está dándole plata para que entrene con todas las de la ley? Usted y yo sabemos éso”.

Ese es el punto, colega, que lo legalmente permitido no siempre es socialmente aceptado. No es… políticamente correcto”.

“¿Qué otra opción tiene? Si viene a darme clases de moral, le recuerdo que mucha gente nos ve mal, porque coimeamos. Al menos, ese chico se la gana por su cuenta”.

Mi interlocutor carraspea de nuevo, y se queda mudo por unos segundos. “Báñese. Ahora le traigo su desayuno”.

 

11:22

El colega regresa. Trae mi ropa. Oculto mi alegría.

“¿sabe, colega? El muchacho del que hablamos más temprano volteo su tortilla”.

“¿a qué se refiere?”

“en su cuenta de Facebook, dice que está trabajando con una firma de suplementos. Parece que quien lo jaló es un culturista de acá, sobre el que también se comenta que por unos verdes grandes, le da el trasero, o lo que quiera”.

“¿Cuál es el punto?”

“¿qué daría por ser libre… SOT?”

“Depende de cuánto cueste mi libertad”.

 

12:10

La ropa de  mi colega joven está sobre el suelo. Toda.

Estoy acostado sobre la cama que me dieron, con las piernas un poco separadas, desnudo.

Mi colega me chupa mi pene, ya duro, tratando de succionarlo todo. Mis 19 centímetros no caben en su boca.

Luego me lame y succiona los testículos. Levanto un poco las piernas para que su cara recorra mejor mis genitales. Entonces, él baja por el perineo… y llega a rozar mi ano con su lengua. Hace que levante más mis piernas, y se queda allí por largo tiempo. Siento cómo uno de sus dedos se coloca en la entrada de mi orificio, y comienza a estimularlo. Alterna lengua y dedo. Me excita sobremanera.

Regresa a mis testículos y pene, al que devuelve su dureza.

Minutos después, me coloca un preserbativo, y comienza a sentarse sobre mi cadera. Mi miembro ingresa poco a poco en su recto. Jadea, y comienza a cabalgarme. Lo cojo de sus caderas, y le acaricio los costados. Él sólo jadea.

Luego se inclina. Busca que lo bese en la boca, y lo consigue.

Su cuerpo es formado, como dije, no voluminoso, pero tiene todos los grupos musculares marcados, especialmente los abdominales. A lo mejor practica karate.Aprovecho para bombearlo.

Después, se coloca en cuatro patas, y desde atrás lo fornico. Le acaricio la espalda. a veces se la beso. Mi cadera suena al chocar contra sus grandes nalgas. Su cuerpo es armónicamente bello, sin vellos.

Tras ello, se acuesta boca arriba, levanta sus piernas, y hace que lo penetre. Lo bombeo con fuerza. Se masturba, y se viene sobre su abdomen.

“Dalas, que me duele”, me dice.

Saco mi pene, me lo corro, y eyaculo, gruñendo sordamente.

 

13:14

Tras bañarnos y vestirnos, me hace firmar una papeleta de salida. Puedo ver que allí dice que debí abandonar el lugar ayer al mediodía. Se lo observo.

“Como te dije, cuánto cuesta tu libertad”.

Comprendo. Me dispongo a salir. Me retiene.

“Si quieres, cuenta lo que pasó aquí. Pero si pones mi nombre, ya sabes”.

Me besa en la boca.

“Tranquilo”, le digo.

“ah. Y no entiendo, por qué no renuncias y haces una carrera en el porno. Tienes potencialidades: buen cuerpo, resistencia, buena pinga”.

“Me gusta mi trabajo”.

“Tu pinga es más grande que la del chiclayano”, me dice, y sonríe.

“A ver si nos atraca un trío”, le respondo sonriendo.

 

22:47

Despierto sobresaltado. Afuera, las luces de la calle pasan velozmente.

“¿sabe dónde estamos?”, me pregunta un chico en el asiento de mi costado.

Veo de nuevo por la ventana.

“Barranca”, le digo.

“¿Cuánto falta para Piura?”

“Como doce horas”.

“espero no aburrirte”.

 

28ENE2013

16:29

El hotel donde me citó mi compañero de viaje no es ostentoso. Toco la puerta de la habitación. Me abre.

Nos abrazamos como viejos conocidos, nos besamos como los últimos amantes, hacemos el amor como animales hasta expulsar nuestro semen casi al mismo tiempo.

“¿Te sucede algo?”, me dice.

“Nada. Es bonito volver a casa”.

 

Escrito por SOT. ©2013 Hunks of Piura Entertainment. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com