jueves, 5 de septiembre de 2013

Cuaderno de Obra (19)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.

 

La semana transcurre casi sin novedad. Al tercer día, el cielo se encapota y uno de los albañiles teme lo peor.

-          Va’lluver.

A pesar de que su cabeza está en Lima, Renzo ha notado que el cemento está agotándose más rápido de lo calculado, por lo que teme que sus estimaciones tengan un error. Revisa los reportes en la computadora: todo parece estar en orden.

Al cuarto día, no aguanta más, y se lo comenta a Tito, quien ha preferido mantener la distancia de su jefe.

-           Pero yo no me equivocado.

-           No, Tito. Definitivamente no es error tuyo o mío. Hay algo, mejor dicho, huelo algo, y quiero saber de qué se trata.

-           Si quiere, lo ayudo.

-          Renzo mira a los ojos de Tito: ha aparecido un cómplice.

 

Durante ese día, todas las armazones de fierro que marcan los sitios de las columnas se van instalando una a una, según el plano de la escuela.

Juan y otros vecinos y obreros participan en la instalación. Es indescriptible la emoción en los rostros de todos quienes ven cómo al fin el proyecto barrial de la escuela toma forma.

Juan demuestra liderazgo y compañerismo, por lo que uno de los capataces lo nombra como responsable de las herramientas de trabajo.

 

Eduardo y Jonás pasan la sombría tarde en la casa de campo, tirando con el alcalde Zacarías y el arquitecto Solórzano. Los cuatro en la misma cama.

Primero Jonás le mete sus 20 centímetros de gruesa pinga al alcalde, mientras que Eduardo no deja de dar nalgadas al arquitecto, quien se aguanta sus 18 centímetros.

Tras cierto rato, los dos activos desechan y cambian sus condones, y alternan: Eduardo se la mete al alcalde y Jonás al arquitecto. Luego, Eduardo se acuesta en la cabecera, abre sus piernas y deja que Solórzano se la chupe, mientras que Zacarías se la mete al arquitecto, y Jonás se la mete al alcalde.

En minutos más, la leche de Eduardo salta hacia la cara de Solórzano, quien recibe en sus nalgas la del alcalde, y ambos pasivos comparten la leche de Jonás en sus pechos.

-          qué tal faena, Jáuregui. Y usted, Solórzano, qué rico mueve su culo.

-           Pero nada como la pinga de Jonás, ¿cierto, señor alcalde?

-           Mejor que mis serenos.

-           Qué bueno. Entonces, mañana les llegarán sus porcentajes, a la noche, como siempre. Y la gente que los lleva tiene instrucciones especiales.

-           ¿Cuáles, Jáuregui?

-          Eduardo guiña el ojo al alcalde, mientras se soba su paquete con fuerza.

 

Al finalizar la tarde, Vinicio está solo en la oficina del Sindicato, viendo una revista porno gay, cuando llega Lucas, su pareja sexual de turno.

-          Listo, don Vinicio.

-           ¿seguro?

-          El joven saca un paquete de su mochila. Suena a metal.

-           Perfecto. Mañana no irás a trabajar. Nos veremos hasta la tarde, en la agencia, para viajar a Lima.

-           Claro… ¿a qué hora salimos?

-           Las tres de la tarde. Alístate.

-          Vinicio guiña un ojo, y Lucas cierra de nuevo su mochila.

-           Bueno, nos vemos mañana.

-           ¡Un momento! Aún no he acabado.

-          Vinicio se levanta, cierra la puerta, y comienza a desvestirse.

-           ¿Vamos pa’ la ducha, Lucas?

 

Hacia las nueve de la noche, Juan está medio dormido, cuando Tito pasa hacia la puerta de la calle.

-          ¿A dónde vas?

-           Ahhh… voy a ver a Coco. Quiere que le ayude en un trabajo.

-          Juan sonríe.

-           Con cuidado. No te hagas tarde.

-          Tito no miente. Llega a casa de Coco, un muchacho de 27 años, quien se ha quedado solo cuidando la casa de sus padres, que han salido de viaje.

-          Ambos chicos comienzan a conversar de todo un poco.

-          Tres cuartos de hora después, tocan la puerta de la casa. Tito sale, no sin antes advertir a Coco que esté atento. Un viento fuerte corre en la calle.

-           ¿Vamos, Tito?

-          La otra persona viste una polera con capucha. Ambos llegan cerca de la obra, se colocan detrás de un muro, y esperan.

 

A esa misma hora, Eduardo llega al condominio. Se extraña de hallar todo apagado, incluso la luz del cuarto de Renzo. Le resta importancia y va a su cuarto a tomar una ducha.

 

En las inmediaciones de la obra, las dos sombras esperan minutos, cuando ven llegar una camioneta con los faros apagados.

Cae una gota desde el cielo.

Lo que parecen sombras humanas se mueven de un lado a otro transportando bultos.

Caen más gotas.

El compañero de Tito quiere abalanzarse a ver más de cerca, pero él lo detiene con su cuerpo.

-          ¡No! Todo se cagará.

-          Llueve… y llueve fuerte.

-          La camioneta se va.

-           ¿quién está haciendo esto?

-           No podemos averiguarlo ahora. A lo mejor regresan. Está lloviendo. ¡Vamos!

-          Ambos regresan donde Coco. Cuando llegan, la persona encapuchada se descubre y no oculta su cara de molestia: es Renzo.

-           ¿Quién es, Tito? ¿quién es?

-           No lo sé. Está mojado. Vamos a que se quite esto. Le dará pulmonía.

-          Coco les indica el cuarto de sus padres. Tito y Renzo entran y cierran la puerta.

-          Sin mediar palabra, El más joven se desnuda por completo. Renzo sigue vestido, desconcertado.

-           Sáquese la ropa. Se me va a enfermar.

-          Tito va, y desnuda a Renzo: la polera, el polo, los zapatos, las medias, el pantalón… Tito duda si quitarle la ropa interior… lo hace.

-           Arrópese.

-          Lo acuesta en la cama, y lo tapa con las cobijas.

-           ¿quién fue, Tito? ¿quién nos está robando?

-           Mañana vemos los turnos de vigilancia. Por ahí podría estar.

-          Renzo, por fin, repara en el físico de su asistente. No es la primera vez que lo ve desnudo, pero fue sólo una vez.

-           ¿No te taparás?

-           Usted está en la cama. No… no quiero… incomodarlo.

-          Renzo jala la cobija, se hace a un costado, y golpea el colchón.

-          Tito acepta, se acuesta junto a Renzo.

-           Está temblando, ingeniero.

-           Te parece.

-          Tito se aproxima y lo abraza. Entonces, Renzo siente en toda su piel, la piel de ese chico, y más que el calor, vuelve a encenderse la chispa de esa extraña conexión. Entonces se aferra al cuerpo del muchacho.

-           ¿Está mejor? ¿Ve? Ya no tiembla.

-          Cuando Renzo gira su cabeza para ver los ojos de Tito, encuentra una mirada dulce. Más que cálida. Indescriptible.

-          Ambos respiran fuerte.

-          Sorpresivamente, sus bocas  se sellan no en un beso superficial… Las abren. Se exploran con las lenguas. Llegan las caricias. Sus penes se erectan…

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cuaderno de Obra (18)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.

 

En el sindicato, Juan se sube la pantaloneta y regresa a esperar a Vinicio en su oficina. No espera mucho, pues en cuestión de minutos, aparece el dirigente.

-          ¿Aún no te decides?

-           No vine a hablar de eso.

-           ¿Entonces?

-           Vinicio, creo que debes verificar la mezcla que estamos usando para las bases. Creo que le falta consistencia.

-           ¿Y cuál es tu base técnica para decir eso?

-           Vinicio, por eso vine. Para que tú lo verifiques. ¿El Sindicato no tiene albañiles que saben de eso?

-           Sí. Tienes razón. En cualquier momento iré. No digas nada, pa’ que… sea una sorpresa.

-          Juan asiente, y se va.

-          De regreso a la ducha, encuentra a Lucas, su nuevo amante, vestido por completo.

-           Ese señor nos vio.

-           Como las huevas. También le entra. A propósito de Juan, ¿quieres… ganarte un dinerito extra?

 

Tras bañarse, Tito está descansando en su cama, completamente desnudo. Su mirada está perdida en el techo. Cualquiera que entre a ese cuarto en este momento, hallará a un joven de 19 años, lampiño, de cuerpo esculpido, con músculos marcados, armónico. Pareciera que un escultor griego o del Renacimiento lo hubiera construído centímetro por centímetro. Eso incluye su pene y sus bolas: a pesar de estar dormido, es grande.

Tenía una vida asegurada hasta que su padre sacó los pies del plato y dejó a su madre por una chica que había conocido en una noche de fiesta. Los dejó en la calle. El problema es que Tito había connfiado tanto en el dinero del comercio que tenía su viejo, que se despreocupó de estudiar algo.

Trató de buscárselas como sea, pero lo que más consiguió fue que algunos patas le pagaran a cambio de que se los cachara. Al inicio le vacilaba eso, pero pronto comenzó a sentirse mal. Fue cuando apareció su tío Juan y le planteó vivir con él, aprovechando que había espacio en su casa, aunque no comodidades. A pesar de manejar dinero, tampoco Tito era de lujos. Se adaptó de inmediato. Tiene una familia que lo quiere.

¿Y ese Renzo? ¿Por qué seguía pensando en él? ¡Qué iluso era considerar que se fijaría en alguien sin futuro como él! Encima de mundos distintos, encima con un compromiso a cuestas. De no ser porque quería sentirse independiente, renunciaría a su chambita, donde por otro lado, no lo tratan mal.

-          ¿Tito?

-          Es la tía Irene. De inmediato se anuda la toalla en su cintura.

-           ¡Aquií estoy, tía! ¿Pasó algo?

-           Es tu primo, en el celular.

-          Se pone una bermuda velozmente, y atiende.

 

-          Más tarde, en el sitio de la obra, un capataz se acerca donde está trabajando Juan.

-           Lo necesitamos con el carpintero metálico para que lo ayude a armar las columnas.

-           ¿Y el chico que lo apoyaba?

-           Tuvo una emergencia. ¿Nos puede ayudar, por favor?

-           Ahora mismo voy.

 

Tito llega al taller donde estuvo posando días antes. Miguel lo recibe.

-          ¿De qué chambita se trata, primazo?

-           Otro grupo escultórico.

-           ¿Calato?

-           Y dale este huevón. Desnudo, mierda.

-          Al ingresar al estudio, Dante ya está sin ropa sobre el taburete. Saluda a Tito como si nada.

-          Mientras Miguel saca sus cartulinas para bocetear, Tito se queda como vino al mundo, y se acerca a Dante.

-           ¿Cuál es la pose?

-          Dante coloca a Tito frente a sí, y lo abraza debajo de los brazos, mientras le pide que haga como que lo quiere ahorcar. El roce de las pieles y los genitales es inevitable. Tito no tarda en erectar, pero le da lo mismo. Dante reacciona igual. Miguel parece no darse cuenta de lo que sucede.

-          Cuando termina de hacer los bocetos, les dice a los chicos que ya es suficiente por ese día, y se dirige a la oficina del maestro, quien está dictando clases en otro lugar, para guardar las cartulinas.

-          Al regresar al estudio, se queda sorprendido: Dante y Tito se abrazan y acarician sus cuerpos musculosos, a la vez que se besan en la boca.

-           ¡Putaaa!

-          Dante y Tito lo miran sonriendo. Sus vergas están al palo. Dante lo invita.

-           Oye, Miguel, ¿quieres probar?

-          Miguel duda.

-           No. No le entro a eso.

-          El joven artista regresa a la oficina del maestro. Entonces Dante se arrodilla y comienza a chupar el pene de Tito. Lo hace con maestría, humedeciendo el pedazo de carne con su saliva, sin un roce de los dientes.

-           Lámeme las bolas.

-          Dante hace lo que Tito le pide.

-          Miguel, en la oficina, escucha unos gemidos. Se asoma.

-          Ve cómo en el fondo del estudio, Dante está en cuatro sobre el taburete, y detrás suyo, Tito clavándole sus 19 centímetros por el culo.

-          Tito se mueve rápido y con gracia. El orgasmo es inminente.

-          Al fin eyacula con potencia.

-           ¡Renzo!

-          Dante reacciona.

-           Soy Dante, no Renzo.

 

Ya de noche, en el condominio, Renzo le pide permiso a Eduardo para ausentarse la mañana del sábado, pues quiere ir de urgencia a Lima.

-          ¿Cómo que desconectaron a Gustavo? ¿Por qué?

-          Renzo no puede contener el llanto. Está emocionado.

-           Gustavo ya puede respirar solo.

-           ¿Cómo?

-           Salió del coma.

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

martes, 3 de septiembre de 2013

Cuaderno de Obra (17)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.

 

Renzo siente como si estuviera cayendo al vacío ante el anuncio sorpresivo de Renato, el jefe de Gustavo. ¿Acaso la peor posibilidad había sido tomada?

-          ¿Cómo que lo desconectaron?

-          Renato no puede articular palabra, y comienza a sollozar en el teléfono.

- Res... pira... ¡Respira!

 

Al día siguiente, un animoso Tito llega al salón comunal a esperar órdenes. Lo recibe un distraído Renzo. Aún así, comienza a organizarle papeles y hacer algunas diligencias.

Jonás empieza a ver con cólera a este muchacho. Eduardo se gana el pase, y aprovechando que Renzo sale a inspeccionar la construcción, lo palmea en la espalda.

-          Haces hígado por las puras, huevón.

-           Pero ese chibolo…

-           Mira, si no te lo hubieras querido violar esa noche, ese puesto sería tuyo, aunque yo no me emocionaría tanto.

-           ¿Por qué, inge?

-           Cuando se aburra del tal Tito, o cuando lo goce, le dará una patada en el culo, y san se acabó.

-           ¿Por qué está tan seguro?

-           Así son los limeños. Prácticos. No se enrollan con nadie.

-          Jonás se repite en su cabeza que está demasiado bien equipado como para que alguien lo desprecie. Nadie lo hace.

 

En la oficina del sindicato, Ezequiel entrega una planilla a Vinicio.

-          excelente, Ezequiel. Es más de lo que calculaba.

-           Eso más el sueldo que te estás ganando. ¿Cómo hiciste para que Jáuregui te diera un sueldo completo?

-           Puta, ezequiel. Ya te dije que tu posición como dirigente del Sindicato te permite tener privilegios justos. Si por ese oligarca fuera, nos tendría a todos como esclavos. Lo que hago es reivindicar a la clase obrera.

-           Pero Vinicio, con todo respeto, los demás están allá afuera en la obra. Nosotros no.

-          Vinicio frunce el ceño.

-           ¡Oye, so carajo! ¿Y lo que hacemos acá no es trabajo acaso, mierda?

-          En ese momento, llega el joven con quien la mañana anterior, Vinicio había tirado en el motel.

-           Don Vinicio, ¿me mandó llamar?

-           Claro, Lucas. ¿Quieres venir a Lima conmigo?

 

En una de las bases de la escuela, Juan y otro vecino suyo siguen compactando la tierra antes de traer las columnas armadas en fierro. Un joven flaco lleva una carretilla con la mezcla que luego se humedecerá. Juan mira el polvo, con cierta extrañeza.

-          Oe, ¿esa mezcla no está un poco pobre?

-           No sé, don Juan. Así me la mandó el capataz.

-          El otro vecino no entiende la preocupación de Juan.

-           Pero vecino, ¿cuál es la palta?

-           No sé. He estado en otras obras, y la mezcla de acá me parece menos consistente.

-           Ay vecino, ¿no ha visto esos programas de la tele? Ahora los ingenieros usan técnicas modernas para hacer estas construcciones, ¿o usté’ es ingeniero?.

-          Juan no se deja convencer por ese argumento. Su corazonada es muy fuerte.

 

-          Minutos antes de la una, Tito termina de pasar la planilla del día en la computadora de Renzo. El joven ingeniero le responde con una opaca sonrisa.

-           Disculpe, ingeniero. ¿está contento con mi chamba?

-           ¿Con, con tu chamba? ¡Pero claro Tito! Lo haces perfecto, aprendes velozmente. Me estás ahorrando tiempo valiosísimo. ¿Por qué la pregunta?

-           Es que está apagado.

-           Ah. Es eso… son problemas, Tito. Problemas de mi casa. Gracias por preocuparte.

-           De nada, ingeniero… Ya sabe que si… desea, puede…

-          Un silencio se apodera de ambos. Renzo vuelve a sonreír.

-           Lo tendré en cuenta, Tito. Es bueno tener un… amigo.

-          Tito cierra su trabajo, y sale. Cuando pasa frente al cubículo de Eduardo, Jonás lo llama.

-           Oye, muchacho, ¿sabes qué tiene el ingeniero Renzo?

-           No sé. ¿Por qué?

-           Está como ahuevado.

-           No sé. Quizás problemas. Todos los tenemos.

-           Debe ser eso… seguro tiene problemas con su pareja.

-          Tito se queda helado.

-           ¿Pareja? ¿El ingeniero Renzo tiene pareja?

-           Sí. Pensé que te lo había dicho.

-          Tito comienza a sudar frío.

 

en la ducha del sindicato, Vinicio y el chico que fue a verlo están desnudos. El dirigente está apoyado sobre la pared, con las piernas abiertas. Detrás, el otro muchacho le separa las enormes nalgas y le hace un gran beso negro. Vinicio suspira, resopla, a veces gime, mientras con su mano se corre  su gruesa pinga.

-          Ahora yo.

-          El muchacho deja de lamer el culo de Vinicio, se pone de pie y se apoya en la pared opuesta, tomando la misma postura que el dirigente había adoptado.

-          Vinicio le besa la espalda y va bajando hasta dar leves mordiscos a las nalgas lampiñas y formadas del chico. Luego, pone su lengua en cuña y comienza a estimular el ano de su compañero, quien siente cómo la barba le hinca en su trasero.

-          De pronto, Vinicio siente un ruido en la puerta. Saca la cara del culo del muchacho: Juan se ha bajado un poco su pantaloneta, y masturba su gran pene mientras ve a los dos amantes.

-          Juan se siente avergonzado, igual que el muchacho joven. Vinicio mira a Juan sonriendo, mientras soba y palmea levemente las corvas del chico.

-           ¿Ahora sí vienes?

 

Tras descansar una hora luego del almuerzo, Tito va al gimnasio. Anda algo molesto, así que entrena con fuerza.

A las tres de la tarde, no hay mucha gente en ese espacio, sólo el instructor, un físicoculturista algo alto, vistiendo un bibidí, un short de licra y unas zapatillas algo viejas. Algunas fotos suyas concursando aparecen en la pared del negocio.

Tito suda profusamente.

Tras hora y media de esfuerzo, regresa en sí.

-          Oe, Malea’o, casi me has roto los cables.

-           Disculpa, Ronald. Estoy… estresado.

-           ¿Tu nueva chamba?

-           Ya, mejor ni quiero pensar. Nos vemos mañana.

-          Al salir del gimnasio, se encuentra con Orlando, el peluquero, quien se apresura a acercársele.

-           Titín, qué rico te ves sudadito.

-          Tito responde con una sonrisa desganada. Orlando se molesta un poco.

-           A la mierda. Ahora resulta que ya no te importo.

-           ¿Qué huevadas dices, mierda?

-           ¿Es por ese Renzo, verdad?

-           ¿sabes qué? ¡Vete pa’la mierda, maricón!

-          Tito se va muy molesto, mientras el peluquero jura descubrir a ese tal Renzo.

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Cuaderno de Obra (16)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-azz.

 

Tras almorzar, Eduardo va a un espacio del salón comunal que acondicionaron para el guardián nocturno. Se queda en boxer y se recuesta sobre la cama. Apenas cierra los ojos, cuando Jonás entra.

-          ¿Por qué dejó que el ingeniero Renzo contrate a ese chibolo?

-           Carajo, Jonás. Primer día de trabajo y comenzamos con las quejas.

-           Es que el chico no es del personal fijo.

-           ¿quieres que te contrate a ti? ¿No recuerdas que casi lo violas?

-           Es que… me provocó, inge. Me acarició y…

-           Ya déjate de cojudeces. Para mí es una gran ventaja.

-           ¿Por qué?

-           Renzo estará tan embelesado en su asistente, que no se dará cuenta de lo que haremos nosotros.

-          Eduardo alarga su musculoso brazo y comienza a acariciarle el paquete a Jonás, quien entiende el mensaje, y se deja hacer. El ingeniero jefe baja la cremallera, saca el enorme palo de su asistente y comienza a masajearlo. Es un pene marrón claro, con venas marcadas, grueso, 20 centímetros, con el prepucio cubriendo la mitad del glande. Sin previo aviso, y mientras se acaricia su miembro, Eduardo se incorpora y comienza a chupar el cíclope de Jonás, quien se va sacando su camisa, y se baja su jean y su ceñido slip.

-           ¿Tiene condones, inge?

-           No jodas. Sólo te la chuparé. Ni loco voy a dejar que me metas esa huevada al culo.

-           O sea, ya se ha comido otras.

-           Nada que ver. Soy activo.

-          Eduardo regresa a chupar la pinga de Jonás.

 

Renzo está contento con Tito. El chico capta instrucciones y procedimientos muy rápido.

-          ¿Ya has trabajado antes en esto?

-           Mi viejo tenía tienda.

-           Entiendo. Bueno… eso es todo por hoy. Mañana sí te necesitaré en la mañana. Siempre será así a menos que acordemos otra cosa. ¿De acuerdo con el medio tiempo?

-           Sí, inge. Pa’ comenzar está bien.

-          Ambos jóvenes se sonríen. Tito se despide.

-          Renzo, entonces, regresa a su realidad, llama a Renato para saber novedades de Gustavo: cero reacciones.

 

Ya de noche, en el sindicato, Vinicio y Ezequiel revisan unos documentos.

-          ¿Cuándo viajas a Lima?

-           El viernes.

-           Oye, y ese Tito, cómo se colocó con el ingeniero que le tienes hambre.

-           Reconchasumadre él, y reconchasumadre Juan.

-           ¿Ahora a quién llevarás?

-           El pata que me comí anoche puede ser. Es perfecto.

-           Te entiendo. ¿Cuántos condones necesitarás?

-          Vinicio se queda mirando seriamente a su compañero.

 

En la cena, Juan y Tito comentan novedades de la obra. Anécdotas de los aprendices, chistes, expectativas.

Miguel e Irene, que se gana la vida como profesora de primaria, los escuchan atentamente.

Al finalizar la cena, Miguel y Tito llevan los platos a la cocina.

-          Oe, no sabes quién estuvo preguntando por ti en la escuela.

-           No. ¿quién?

-           Dante. Parece que le interesas.

-          Tito sonríe.

-           No pasa nada, primo.

-           Oye, parece que habrá otra obrita. ¿Podrás posar como modelo?

-           No sé. Si es en las mañanas, estoy ocupadito.

-           No. Sería por la tarde.

-           Ya pues. Me dices cuándo y la hacemos.

 

Renzo no puede dejar de pensar en Tito. Está haciendo un resumen del cuaderno de obra del día, y a cada papel, se le viene la imagen esbelta y varonil del chico. No tiene que imaginarlo desnudo,. Ya lo había visto en el estudio del maestro escultor.

Es sólo cariño, se repite. Simpatía. No puede ser nada más. Entonces, ¿por qué la imagen del muchacho persiste?

De pronto, su smart-phone suena. Es Renato.

-          Renzo. Los médicos desconectaron a Gustavo.

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

viernes, 30 de agosto de 2013

Cuaderno de Obra (15)

Creado por N-Azz. Escrito por N-Azz y Hunk01.

 

El lunes, desde temprano, decenas de personas están fuera del salón comunal de la barriada, donde se instalan las oficinas de administración de la obra. La primera sorpresa para muchos pobladores es que quienes esperan no son del lugar.

-          ¿Y ustedes?

-           Venimos a chambear.

-           ¿A chambear? Pero Vinicio dijo que los cupos serían para el barrio.

-           ¿Cuál barrio? ¿están en el sindicato, acaso?

-          Un conato de bronca se inicia. Algunos comienzan a pedir a voces, la presencia de Vinicio.

 

En el motel, por su parte, el dirigente besa el cuello del joven recio de 25 años, con quien, junto con el alcalde, había tenido un trío la noche anterior. Le acaricia su dura verga de 17 centímetros, mientras la suya está dentro del ano caliente del muchacho, a quien penetra apenas raya el día.

-          ¿Verdad que te gusta mi pinga?

-           Sí, Vinicio. Tienes rica pinga. Ahhh.

-          El joven se pone totalmente boca abajo, y el fornido Vinicio se acuesta encima.

-           Párame tu culo. Así. Rico. ¿La sientes?

-           Sí. Ahh. Rico.

-          De pronto, el celular del dirigente suena. No le hace caso. Suena de nuevo. Lo ignora. Suena otra vez.

-          Cuando por fin Vinicio suelta su semen dentro de las entrañas del chico, revisa la pantalla del aparato.

-           Ezequiel. ¿Qué mierda quiere ese cuatroojos?

-          Lo llama, y se pone al corriente.

-           Diles que ya voy, que no me jodan, carajo. Encima les consigo chamba y se me hacen los sabrosos.

-          El joven a su costado se pierde viendo cómo una chica le hace beso negro a Rocco en la televisión.

-           Vístete, chibolo. Tengo que ir a la obra.

 

Mientras el agua fría refresca a Renzo, mil cosas vienen a su cabeza: la condición de Gustavo, el primer dia de trabajo, el intento de violación de la noche anterior, su fragilidad.

Por alguna razón, su pene se pone duro. Lo masajea. Lo masturba. Lo deja disparar todo su blanco fluído.

Al salir a desayunar, Eduardo está revisando el diario. Ambos se dan los buenos días. La mesa tiene pan, mantequilla, mermelada, queso, café para preparar. Eduardo tiene un plato con claras de huevo sancochado.

-          ¿Listo para hoy?

-           Creo que sí, Eduardo. Ese diseño tenía más errores que Windows Vista.

-           Ja, ja, ja. Esos arquitectos, por pulirse casi meten la pata. Alucina que habían diseñado una base que sólo soportaría un muro de un metro. Como decía tu viejo, a la municipalidad, van los que sólo sirven para masticar algarroba.

-           Ay, mi viejo… a propósito, Eduardo, gracias por lo de anoche.

-           De nada. Todo fue providencial. Si la madre de mi hija no la hubiera llamado de urgencia, no se qué habría pasado.

-           ¿Urgencia?

-           La que iba a ser mi suegra se puso mal. Hipertensión.

-           Ah, perdóname por lo que te dije anoche de mí. Sí estoy calificado para este trabajo.

-           Lo sé, Renzo. Lo sé. Eres perfecto para este proyecto.

-          Eduardo le guiña un ojo, y el joven ingeniero sonríe. Es bueno tener amigos como éste fortachón, piensa.

 

Aprovechando que un maestro no fue a dictar clase, Miguel avanza un trabajo de teoría del color, cuando alguien le pasa la voz. Es Dante, el musculoso modelo de la clase de figura humana.

- ¿Y qué haciendo aquí?

 Vine a cobrar mi quincena. ¿Cómo quedó lo de la escultura?

 - Excelente. El maestro me corrigió huevadas, y va a comenzar el modelado en arcilla.

 Ah… Y… ¿tu primo?

- ¿Mi primo? ¿qué pasa con mi primo?

Dante se acerca al oído de Miguel.

- Tiene rica pinga. ¿No será de familia?

 

A las diez de la mañana, Juan llega a su casa, en busca de Tito.

- El ingeniero Jáuregui quiere vernos.

- ¿En serio?

Ambos van hasta el salón comunal, al que se le hizo un encerrado de madera, donde varias personas cargan bolsas de cemento, cortan fierro,llevan carretillas.

Al llegar a la oficina que acondicionaron para la administración, tío y sobrino se encuentran con Vinicio.

-          Vaya, vaya. ¿El hijo pródigo?

-           Qué tal Vinicio. Nada. Él me acompaña a hacer gestiones.

-           Yo le hubiera dado mejor trato laboral que tú, Juancho. Al menos tendría un sueldo.

-          Wilo, un chico delgado, alto, que trabaja como chofer para Eduardo, pide a Juan y Tito que entren.

-          Al ingresar, Tito busca a Renzo con su mirada, pero no está.

-           Claro, ingeniero. Yo entiendo que tienen plazas especializadas, pero mi sobrino podría ser su asistente.

-           Don Juan, la verdad aprecio su disposición. Pero ya tengo dos, el señor Wilo, que está en la puerta, y otro muchacho, Jonás… mire, hagamos algo, Jonás no se ha presentado a trabajar hoy. Si no viene, le doy esa chamba a su sobrino.

-          No termina de decirlo, cuando el moreno fornido aparece en la improvisada oficina. Saluda humildemente.

-           Bueno, don Juan. Parece que por ahora no voy a poder servirlo.

-          De pronto, Jonás se repliega detrás de Eduardo, con la cabeza baja.

-           Don Juan, si sé de alguien que necesita un asistente o algo, le paso la voz.

-           ¡Yo necesito un asistente!

-          Es Renzo, quien entra súbitamente tras hacer una inspección al terreno de la escuela. Tito se siente iluminar. Su corazón late con fuerza.

-           Pero Renzo… no sabemos nada de este muchacho, con respeto de don Juan.

-          Renzo se queda mirando seriamente a Tito, de pies a cabeza.

-           Sí, ingeniero, tienes razón… no sabemos nada de él.

-          Tito siente que pierde piso. Juan no sabe cómo reaccionar.

-           Pero, por otro lado, al menos éste parece decente, ¿no?

-          Renzo mira fijamente a Eduardo, y luego trata de que Jonás le levante la mirada, sin éxito.

-           A mí me da confianza. ¿Don Juan? Mucho gusto. Su sobrino queda contratado como mi asistente, y bajo mi riesgo.

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.