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jueves, 26 de diciembre de 2024

¿Recuerdas a Julio Durán, el balsero que llegó a chupar vergas en Miami?

Un cubano quien añora a su enamorado que se fue a la Florida vaga por las calles de La Habana. Desea reunirse con él, pero le es imposible. Además, tiene que cruzar los 120 kilómetros de mar entre los dos pedazos de tierra. Y lo hace. Lo que viene luego es una incesante búsqueda de su amado a través de La Pequeña Habana, uno de los sectores pintorescos de Miami.













Ése es solo el inicio de la odisea que Julio Durán protagonizó en "Hot Times in Little Havana", uno de los videos largos de Kristen Bjorn (cuando el porno tenía argumento), que es un homenaje a la belleza hispana. De hecho, buena parte del material está hablado en español y portugués.













Julio recuerda este video con mucho cariño, en especial la escena donde le tuvo que chupar la pinga a cinco modelos. También recuerda la escena de la balsa en medio del mar. Sin dobles, en polo, short jean y zapatillas, con un clima frío y el riesgo de que fuera confundido con un balsero real.













Julio se retiró del porno por algún tiempo para dedicarse a su empleo en un banco, a certificarse como entrenador personal, (el chato tiene un hermoso cuerpo además de una buena pinga sin circuncidar), y prometió que si regresaba, iba a hacerlo con Kristen Bjorn pues consideró que su trabajo era más profesional y sabía sacar lo mejor de él como actor.












En la vida real, Julio aseguró pasar momentos divertidos con sus amigos e ir de fiesta. Se define como gay versátil dentro y fuera de la pantalla. Aquí te lo traemos para que lo conozcas y lo disfrutes. Y si ya lo conocías, para que recuerdes tus tiempos en que, solo mirarlo, se te ponía la verga dura y te dabas unos buenos pajazos. 

sábado, 27 de agosto de 2022

ASS (43): Trío dominical tras la ducha

Luego de un trío con Sandro, Bartolo pide a Marcano que haga algo por Edú.



Hacia las 5 de la tarde, Marcano abre la puerta de la pensión donde vive en San Sebastián. Mientras sube las escaleras, va imaginando mentalmente que las buenas noticias no podían llegar en mejor momento. De la nada, hay 3000 dólares en su cuenta bancaria, y solo en una semana. Desde que llegó al Perú escapando de la crisis en Venezuela nunca había visto cuatro dígitos en su estado.

“Hola, chamo”, le saluda una voz medio aflautada. Marcano gira: es Sandro.

“Qué haces, vale”.

“¿qué haces tú más bien? Te desapareciste desde ayer por la tarde. ¿Dónde has estado?”

“Trabajando”, dice sseguro y sonriente el venezolano fortachón.

“Luces cansado… ¿no querrás tomar una ducha?”

La puerta de la calle suena. Ambos varones giran a ver de quién se trata: Bartolo va subiendo las escaleras.

“Hola gente. ¿Qué dicen?”

“Nada, Bartolito, que Marcano dice que sería una buena idea si compartimos una buena ducha vespertina”.

El aludido se sorprende; Bartolo sonríe.

Diez minutos después, Sandro, Bartolo y Marcano entran como pueden en el estrecho espacio. Rozarse es inevitable. El anfitrión se termina poniendo al centro como si fuera la carne del sánguche. El jabón da el argumento perfecto para que los tres se acaricien el cuerpo. Los besos no tardan en llegar.

Sobre la cama, el trío comienza a orquestarse. Sandro y Bartolo comparten mamar los 21 centímetros de verga que se maneja Marcano, aunque Bartolo aprovecha y acaricia la lampiña, redonda y dura nalga del venezolano, y uno de sus dedos explora sin roche por la raja hasta meterse al medio.

“¿A quién me cacho primero?”, consulta el caribeño musculoso usando la típica jerga criolla peruana.

“¿Podrán cacharme los dos a mí?”, invita Sandro muy coquetamente.

Bartolo es el primero en ponerse un condón y meter su pene dentro del ano del dueño del cuarto mientras éste continúa chupando el gran falo de Marcano. Como activo, el fisioterapeuta profesional tiende a ser más acompasado, no tan rudo. Por experiencia sabe de más que meter un pedazo duro de carne en el esfínter tan delicado puede no ser placentero si se hace bruscamente.

“embadúrnate de lubricante”, le dijo uno de sus maestros del instituto superior tecnológico la primera noche que probó a ser gay activo a cambio de mejorar la nota en un parcial. “Métela despacio… disfrutando”. Desde entonces, nunca ha dejado de aplicar tal consejo.

El asunto es que el ano de Sandro ya está bien usado, así que meter y sacar, bombear y parar, es casi pan comido.

Bartolo demora unos diez minutos en el baile pélvico hasta que eyacula dentro del condón. Mira a Marcano.

“Ponte más lubricante”, aconseja.

Mientras el musculoso se pone el forro y unta casi todo el cojincito, Sandro aprovecha para cambiar de postura. Se acuesta boca arriba y levanta sus piernas mostrando su agujero rectal ya dilatado.

Marcano va metiendo centímetro por centímetro, con sumo cuidado, mirando más la cara del pasivo que su miembro ingresando. Sandro trata de aguantar el escozor, así que el potro procura ser lo más gentil que su anatomía le permite.

“Acuéstate encima mío y hazme tuyo”, pide el anfitrión, sin embargo.

Marcano accede.

Sentado en un mueble al lado de la cama, Bartolo mira la escena como si se tratase de una película porno en 3D. Y de hecho lo es porque su amigo ahora va camino a ser la estrella del video adulto gay que alguna vez soñó ser.

“qué rico”, no deja de decir Sandro.

Marcano sigue moviéndose más por compromiso que por afán de conseguir placer; entonces, agarra el pene del pasivo y lo comienza a masturbar.

“¿Qué haces, papi?”

“Goza, vale”.

El miembro se pone duro debido a la estimulación. Sandro no puede más y se vacía en su propio abdomen.

“Eso fue trampa”, sonríe. “No vale”.

“Ah, no tengo la culpa que no sepas aguantarte”, sonríe el venezolano.

Ya de noche, en el cuarto de Bartolo, Marcano termina de desnudarse para compartir la cama con su amigo:

“¿Qué es eso que querías conversar conmigo, vale?”

“es sobre Edú, Marcano. Tú sabes que es seropositivo”.

“¿Sero qué…?”, trata de disimular el aludido.

“Él me contó lo de la prueba en Piura”.

Marcano comprende que Bartolo no  está sonsacándolo:

“¿Qué pasa con edú?”

“Necesito tu ayuda… él tiene que meterse a tratamiento ya”.

Y para terminar,un video porno gay.


viernes, 29 de julio de 2022

Proyecto Lujuria 10.4: Osmar y Evandro deben tomar decisiones


Medio año después, un fibrado y ralamente velludo Keith entra con una tabla hawaiana en un búngalo a la orilla de la playa. Apenas viste una bermuda turquesa húmeda que le marca el culo, el grueso paquete y las anchas piernas. Tras sí, ingresa Alexis, vistiendo una tanga de baño blanca también húmeda.

“Parece que la reparación de casas te deja buena plata”, dice el segundo viendo la habitación construída y amoblada en pura madera y palma.

“Ahorro es progreso”, replica Keith dejando la tabla en la pared y abriendo un poco la ventana mientras de fondo se oye al mar romper.

“No eras así en la secundaria”.

“Cuando migras, el mundo cambia: si sigues dilapidando, te jodes”.

Alexis sonríe:

“Lindo lugar”.

“Lindo cuerpo”.

“Gracias”, sonríe el velludo y atlético en tanga.

“¿Quieres un trago? Tengo chela solamente”.

“No, gracias; quiero regresar sobrio a mi hotel”.

Keith sonríe.

“Te puedo dejar en la puerta de tu cuarto. ¿Recuerdas ese campamento en quinto?”

“Nos embriagamos con ron”.

“¿Recuerdas lo que pasó después?”

“Prefiero no recordar… ya te dije por qué”.

Los dos varones se miran fijamente por algunos segundos. Entonces, Keith se aproxima, toma la mejilla y besa en la boca a Alexis, quien le corresponde pero luego parece arrepentirse:

“No deberíamos…”

“Aquí estamos solos tú y yo”.

“Nos miran”.

“Deja que nos miren”.

Keith abraza y besa profundo a Alexis mientras le quita el bañador y lo deja desnudo. La marca de bronceado magnifica las ya grandes nalgas respecto a todo el musculado físico. En retribución, Alexis afloja el velcro de la bermuda y se la baja, dejando también desnudo a Keith. Ya libres, ambos se acarician. Sus penes se ponen erectos. Parece que con el surfista se cumple la regla ésa de que cuanto más delgados, más aventajados.  

Alexis se arrodilla y comienza a chupársela tratando de tragársela tanto como pueda. Keith mira la acción.

Tras algunos minutos, el surfista hace que su compañero sexual se ponga de pie, lo apoya en un mueble y se arrodilla tras sus nalgas velludas a hacerle un beso negro mientras se las acaricia, palmea y le arranca gemidos.

Luego de  cierto tiempo, escupe directo al ano, se pone de pie, va en busca de algo y regresa abriendo un paquetito del que saca un preservativo que extiende por todo su falo, se encoge ligeramente de rodillas y comienza a penetrarlo.  Bombea gentilmente.  Simultáneamente, Alexis se masturba.  Los dos gimen y jadean despacio.

Minutos más tarde, Keith llega al orgasmo: saca su pene, tira el condón quién sabe dónde, se masturba y dispara su semen entre las nalgas de Alexis. Finalmente se arrodilla y le lame su propia lefa.

“Y… corten”, ordena Giaccomo desde el otro lado de la habitación.

A su costado, César deja de grabar en la cámara mientras se acomoda su pene erecto bajo su bermuda en tanto Alejandro aprovecha para tomar algunas fotos fijas de los actores a quienes pide quedarse en sus marcas por un instante. Su pene largo y grueso también se marca bajo su short.

“Recupérate, amor, para hacer las tomas de apoyo”, indica Giaccomo.

En una esquina, Evandro con unos papeles sobre una tabla de acrílico, anota algo con un lapicero y lo deja sobre una mesa; su grueso y largo pene erecto se marca bajo una tanga roja oscura.

“Saldré a tomar aire”.

Afuera, en una hamaca, Osmar recibe la brisa en esa playa en algún lugar al sur de Zorritos, Tumbes, también en tanga de baño (pero celeste), lentes de sol, su celular en la mano. Evandro se le aproxima y acaricia la cabeza; Osmar sonríe.

“Arnold se suicidó anoche… Aparente sobredosis”.

“No fue de amor, ¿no?”

“Evan: aunque te haya jugado chueco, respeta su memoria”.

“Qué lástima por Abelardo Sosa. Justo había viajado a Lima para visitarlo y se encuentra con…”“

Evandro se queda en silencio mirando pensativo las olas del mar.

“¿Con qué, Evan?”

El aludido sonríe con la boca abierta poniendo la punta de su lengua bajo  el último incisivo sin decir nada.

“Evan, no estarás pensando que…”,

Osmar también se queda en silencio.

“Si dicen que fue sobredosis, fue sobredosis… de amor”.

“¿Tú crees que…?”

“Fue sobredosis, Os. Y… a propo, ¿tú conmigo, tú conmigo, tú conmigo, tú conmigo, tú conmigo?”

“Ya hemos hablado, Evan”.

“De todas maneras me sale el divorcio en unos dos meses, máximo. Eso sí, me van a exprimir, pero mis hijos no tienen la culpa de mi decisión”.

“Eso me desanima”.

“¿Mis hijos?”

“No, tus decisiones. No creo que hayas madurado lo suficiente, y yo… francamente… aún no tengo claras las mías, especialmente con papá, mamá y mis hermanos recién mudados a los Estados Unidos”.

“¿Te mudarás a Homestead con ellos?”

“No creo, Evan; aún están procesando… mis destapes”.

“¿Entonces te irás a Los Ángeles con Alex, Keith y Giacco?”

Alejandro abre la puerta del búngalo:

“¡Evan, support shots!”

“Ya vengo”, Evandro vuelve a acariciar la cabeza a Osmar, quien se queda mirando fijamente al horizonte. Su celular ahora se resbala en su vientre de tabla de lavar. Hay decisiones que tomar, efectivamente.

Un saxo comienza a sonar; Yuri entona: ¿Quién eres tú, que llora en silencio? ¿Quién eres tú, que viene de lejos? Cansado de amar, cansado de tanta espera…