El Ministerio
de Salud del Perú anunció el 2 de agosto de 2023 que va a
proporcionar gratuitamente la Profilaxis Pre-exposición, o PREP,
a las personas cuyas conductas sexuales continuuen siendo de riesgo a infectarse por el virus de
inmunodeficiencia humana, o VIH, la causa del síndrome de inmunodeficiencia
adquirida, o SIDA.
El SIDA, en
sencillo, es la incapacidad generalizada del cuerpo para activar su sistema de
defensas una vez que se detecta algún tipo de infección. Esto pasa porque el
VIH, una vez que entra a nuestro organismo, se replica o copia a sí mismo a
tales cantidades que supera a nuestro número de defensas dejándolas totalmente
inútiles.
Diferencia
entre TARGA y PREP
Por ahora, el Tratamiento
Antirretroviral de Gran Alcance, o TARGA, consiste en tomar un
medicamento que busca al VIH por todo nuestro organismo una vez que se sospecha
o confirma te hayas contagiado, y una vez que lo encuentra, anula su capacidad
de copiarse a sí mismo.
Si se toma como
es indicado, el VIH puede comenzar a desactivarse a niveles tales que permite a
nuestro sistema de defensa actuar eficazmente y superar cualquier otra
infección. Pero, el TARGA no elimina ni mata el VIH; solo lo inutiliza.
A cambio, el TARGA te permite calidad y larga esperanza de vida, y
realizar cualquier actividad casi sin problemas, siempre que sea saludable
obviamente.
El PREP no es un
tratamiento para la gente que ya está infectada sino un medicamento que lo toma
una persona que pruebe clínicamente no tener VIH, pero cuya conducta
(especialmente la sexual) pueda exponerla ante una infección por VIH.
Cuando se toma
como es debido, si alguien te contagia el virus, PREP crea una especie de
barrera de defensa que le impide copiarse a sí mismo; por lo tanto, le impide
provocar una infección.
Cuándo sí,
cuándo no
Pero, ojo, PREP
solo evita que te infectes por VIH. No evita cualquier otro tipo de infección
de transmisión sexual, o ITS, como la sífilis, por ejemplo. En ese
caso, el uso de PREP combinado con otro método de barrera, como el condón,
es una decisión acertada. PREP tampoco es la ansiada cura contra el SIDA.
PREP también es
un excelente método para parejas en las que uno ya tiene diagnóstico confirmado
de VIH y el otro no, y deciden tener sexo a pelo (bareback). En el caso
del cruising (sexo con parejas ocasionales) o el swinging (intercambio
de parejas sexuales), no tanto, puesto que, como dijimos, solo previene que te
contagies de VIH, pero no de cualquier otra ITS.
Y, obviamente,
PREP tampoco previene el embarazo. Edúcate más al respecto en los links aquí
abajo y conversemos.
A la una de la
tarde de ese jueves, Alejo termina su rutina de entrenamiento en el AS de San Sebastián. Está sudado de pies a cabeza. Solo viste
su pantaloncillo de lycra, sin ropa interior (lo que le marca su generoso paquete y hace que
la tela se le meta por la raja de su gran culo), calcetines y zapatillas. Miguel se le acerca:
“la ducha ya está
limpia, así que puedes usarla ahora mismo”.
Alejo sonríe:
“¿Sabes qué he
estado pensando, Miguel? Vamos a darle duro un año entero al porno gay,
reunamos suficiente plata, ahorremos, la juntamos y la invertimos en comprar el
AS. Si no nos alcanza, lo alquilamos; el hecho es que lo sigamos trabajando”.
“¿Y Alberto ya
sabe eso?”
Alejo toma un
poco de agua:
“Una vez cuando
estábamos cachando lo conversamos. Lo que nos dijo Pedro alguna vez es cierto:
en algún momento se va a saber cuál era la real intención de fundar el
gimnasio, y ahora que ya la sabemos, lo mejor sería que lo protejamos.
Entonces, si la propiedad pasa a nosotros, él queda limpio. Sería lo más
justo”.
“Espera… ¿de
dónde sacaste esa idea?”
“Marcano me
estuvo explicando”.
“¿Y dejaremos de
hacer porno gay por completo?”
Alejo se lo
piensa un poco:
“Quizás ya no con
la presión de ahora”.
“¿Marcano también
dejará de hacer porno?”
“Dice que cuando
pueda crecer su negocio y se pague solo”.
Ambos caminan
hacia la puerta que lleva al baño:
“Pero, Alejo,
también sabemos que Beto no puso la inversión del AS; que, en realidad, fue…”
“Entonces se lo
planteamos, Migue… total, estamos trabajando para él, ¿no?”
“¿y si nos dicen
que no?”
“Ponemos un
hostal para encuentros gay… o yo pongo mi taller mecánico y tú… lo que tengas
pensado”.
Miguel sonríe:
“Por ahora pienso
que debes quitarte el sudor de todo el cuerpo, en especial de tu culo y tus
bolas”.
“Y… ¿si nos
duchamos juntos? No hay alumnos”.
Los dos
musculosos entran totalmente desnudos al baño y comparten la hora del aseo.
Aprovechan el jabón para acariciarse sus firmes músculos: pectorales, brazos,
culos, piernas. Un beso en la boca, seguido de otros tantos, no tardan en aparecer.
Cuando se han
enjuagado el jabón, y aún con el cuerpo húmedo, Miguel besa toda la espalda
hasta llegar al culo de Alejo. Le separa ambas nalgas, y, mientras el segundo
se inclina,el primero aprovecha para lamer cada glúteo y el ano cerradito al
medio.
“Puta madre, qué
rico lo haces, huevón”, reacciona alejo muy excitado.
Miguel sigue
estimulando el esfínter hasta que nota una dilatación en el agujero.
“¿Estás listo,
ale?”
Alejo respira
profundo:
“Listo”.
Miguel se pone
de pie, y con la verga ya dura, comienza a penetrarlo lentamente. La sensación que
tiene Alejo ahora ya no es la incomodidad de aquella primera vez cuando probó pinga y quedó adolorido, menos de esa segunda vez
cuando ya se había entrenado un poco más. Por otro lado, Miguel es un amante
consciente, interesado en que ambos gocen el momento por igual.
“Lo tienes
cerradito, so carajo”, comenta Miguel con toda la calentura encima.
“Muévete rico,
papá… lo haces bien”.
Miguel comienza a
bombear poco a poco hasta que sus 18 centímetros pueden trabajar como un pistón
dispuesto a dar todo el placer que ambos puedan imaginar. Alejo comienza a pajearse, al mismo tiempo.
Lo que sí Miguel
aún no logra controlar la duración del acto cuando hace de penetrador. No pasan
ni diez minutos cuando expulsa todo su semen dentro del recto de su mejor amigo.
“A la mierda”,
gruñe el activo.
Alejo, quien no
ha dejado de pajearse, gira:
“Arrodíllate”.
Miguel obedece.
“Abre la boca y
saca la lengua”.
Miguel hace lo
que su amante le pide. Alejo se pajea más fuerte aún, haciendo que su mano
golpee contra su afeitado pubis, que suena como si chasqueara un culo. Jadea
cada vez más fuerte. Su rostro revela que el orgasmo es inminente.
“¡Mierda! ¡Las
doy, carajo!”
Alejo dispara su
semen en la boca de Miguel, con la misma masividad de siempre. Se inclina a
besarlo en la boca y saborear su propio esperma mezclado con la saliva de su
amigo. El fluido viril se pega entre la lengua y los dientes de ambos. Se
separan y sonríen.
“Creo que te
pediré que seamos pareja”, susurra Alejo entre broma y serio.
“Creo que diría
que sí”.
Entonces el
timbre de la puerta suena. Ambos se miran extrañados.
“¿Hay alumno
programado para esta hora?”, pregunta Miguel.
“No que yo sepa”,
responde Alejo.
Ambos ingresan
rápidamente al dormitorio. Miguel se pone la ropa que ya se había quitado y va
a abrir la puerta de la calle. Queda de una pieza.
“¿edú?”, se
extraña. “¿Hombre! ¿Dónde te habías metido?”
“¿Puedo entrar?”,
consulta el futbolista, quien luce tan guapo como el día que llegó a San
Sebastián; de hecho, luce un ceñido traje deportivo: camiseta y short que le
marcan su cuerpo fibroso.
Miguel le da
paso, y detrás de él, otro chico tan guapo como él, también vestido
deportivamente, lo que revela un cuerpo más o menos atlético.
“Es Bartolomé”,
explica Edú. “Trabaja en el seguro”.
Miguel no
entiende nada, pero confía en su amigo.
“¿Podemos
conversar un ratito? Es importante”.
“Claro, Edú”.
Pasan a la sala
de recepción que también se usa para los ejercicios de calentamiento y se
sientan alrededor del escritorio.
“No voy a dar
rodeos”, anuncia edú. “Tengo VIH”.
Miguel se
sorprende, pero entiende que debe ser empático:
“Edú: si el
médico te dice que puedes entrenar sin problemas, por lo menos yo no me hago
ninguna palta en que…”
“Gracias, la
verdad te agradezco eso, pero… no fue por eso que vine a verte”.
Miguel pone cara
de intriga.
“¿Recuerdas esa
vez que me hiciste el masaje, el primer día que vine?”
Miguel traga
saliva, mira un poco avergonzado a Bartolo.
“Claro”, al fin
responde.
“Me la metiste a
pelo”.
Miguel hace
memoria rápidamente, comienza a sudar frío. Por el pasillo al fondo, Alejo
aparece serio.
Después de desayunar
(que casi ni probé bocado), fui a encontrarme con el Tuco, para que me
acompañara al laboratorio.
No se despegó de mí
para nada. Hasta tuvo que aguantarse la insinuación del encargado a la hora de
la consejería, pues pensaba que éramos pareja.
“Hacerse la prueba es
la verdadera prueba de amor que puede haber entre dos personas que se quieren”,
dijo clavándonos sus malditos ojos.
Lo que pasa es que no
quise entrar solo, y como él me tenía abrazado, por ahí salió el comentario
medio estúpido.
OK, completamente
estúpido.
“¿Cuándo fue la última
vez que tuvo relaciones sin protección?”, me preguntó el médico.
“si… siete meses…
siete meses y medio quizás”.
“Entonces, es
altamente probable que si tienes el virus, lo detectemos”.
“¿Y si no hay virus?”
“Aunque es bien
difícil, quizás siga en periodo de ventana, o, lo que es mejor: estás sano. Si
hacemos otra prueba dentro de seis meses, podríamos verificarlo”.
Miré asustado al Tuco.
Miré al médico.
“¿Solo será un
pinchazo, cierto?”
“Sí. Solo eso. ¿está
listo?”
Dudé.
“¡A la miércoles,
Rafo! Yo también me haré la prueba. Hermanos siempre, hermanos ahora. ¿qué
tengo que hacer doctor?”
Pues, lo que tuvimos
que hacer fue poner nuestro brazo, dejar que nos saquen sangre, doblar… y
esperar…
El resto del día,
Josué se la pasó conmigo tratando de que me meta en el proyecto, viendo sus
cosas. No se despegó por nada.
Vino a mi casa y se
quedó hasta tan tarde, que mamá le pidió que durmiera con nosotros. Él aceptó
sin dudar.
En la oscuridad de mi cuarto,
seguía angustiado por el resultado.
Josué me abrazó por
detrás, afirmando todo su cuerpo contra el mío, pero en un plan más fraternal,
no morboso, o al menos eso asumí.
“Sea cual fuere el
resultado, Rafo, yo te apoyaré sin condiciones”.
“Gracias”.
Fue él quien engañó a
mamá durante el desayuno, pues no supe qué razón darle por mi semblante.
Él bromeó diciendo que
yo extrañaba mucho a Laura. Mamá sonrió pero no creo que lo haya dado por
rrazonable. Igual no insistió en ese punto.
Fuimos al laboratorio,
aprovechando que también atiende los domingos.
Nos dieron nuestros
sobres.
“A la cuenta de tres”,
dijo El Tuco. “Una… dos… tres…”
Elena se quedó tres
semanas con nosotros. la última se llevó a mamá a un hotel en la playa, a unas
tres horas de casa.
Claro que mamá puso
mil y un pretextos para no ir, pero mi hermana se las ingenió para que
aceptara. mejor dicho, casi se la llevó en peso.
Aproveché esa semana
para probar algo que elena me sugirió: convivir con Laura. comenzamos un martes
y me pareció que la idea no fue buena.
yo solía despertarme a
las seis y media o siete de la mañana, arreglarme, tomar desayuno y a las ocho
estar ya camino al trabajo, donde me quedaba hasta las cinco, iba al gimnasio,
y regresaba a las nueve o nueve y cuarto.
Laura se levantaba a
las seis, salía a correr media hora, llegaba a bañarse, preparar el desayuno
(junto a Carmen) para tomarlo conmigo, ir a su trabajo, y estar de vuelta a las
cinco y media o seis de la tarde.
"¿Por qué tienes
que ir al gimnasio?", me enfrentó la primera noche. "¿Por qué no
sales a correr conmigo? ¿Cuál es tu obsesión de sacar cuerpo? eres mi
enamorado. yo te quiero como eres. ¿O es que estás sacando cuerpo para otra
mujer?"
"¿Y éso a qué
viene? toda la vida has sabido que siempre he entrenado en el gimnasio. ¿A qué
viene el reclamo?"
"Que te tengo que
esperar tres horas, que llegas cansado, casi no hablamos".
Me le acerqué, y la
comencé a besar y acariciar.
"Rafo, no me
convencerás con ese truco".
yo continué.
"Rafo,
no..."
Laura se dejó envolver
tanto, hasta que cayó conmigo en la cama para hacer el amor, con la intensidad
que siempre solíamos aplicar. ah, claro, y sin olvidar la protección: tenía que
comprar un paquetito todos los días, pues todos los días se repitió la misma
escena.
Siempre que
terminábamos de hacerlo, Laura solía descansar su cabeza sobre mi hombro.
"Rafo, ¿crees que
funcionemos como esposos… quiero decir, que seamos una pareja para toda la
vida?"
Honestamente, no tenía
respuesta que me convenciera.
Si algo pasaba
conmigo, por aquellas semanas, era que sentía a mi mundo comenzando a
descascararse; algo que no me atrevía a ver se descubría frente a mí. Pero
tampoco me atrevía a abrir los ojos para comprobar, de hecho, que estaba allí y
era imposible ignorarlo o evadirlo.
"Creo que sí,
pero ya sabes qué pienso sobre casarnos".
"Claro".
una de las cosas que
más extrañaba de mis noches era que, cuando no iba a ver a Laura, me ponía a
conversar por la computadora o el celular; por ejemplo, con Al.
El problema era que
tampoco me desesperaba por chatear porque cuando le contée a Al que Laura
vendría a pasarse unos días conmigo, me trató hoscamente: "Laura no
merecer lo que tú dar", me dijo un día por videollamada, mientras se
quitaba la ropa para mostrarme sus bubble butts. A pesar de su molestia, me
masturbé igual aquella vez. Sí, sé que es paradójico, pero igual ambos salimos
ganando: él vio cómo me autocomplacía hasta explotar, todo por la Webcam.
Luego que Elena y mamá
regresaron, volví a mi rutina ‘de soltero’, excepto que Al ya no me hablaba por
la Internet.
Mas bien terminé
hablando con mi hermana, frente a frente, en mi cuarto.
Ella tocó la puerta y
se metió, mientras yo escuchaba música.
“Negrito, ¿y
conversaste con Laura… sobre eso que conversamos?”
“No. No creo que sea
una cosa de vida o muerte”.
Elena suspiró y
acarició mi cabello crespo.
“Negro, actúa ahora
que puedes. Toma una decisión basada en lo que realmente te hará sentir bien.
Más tarde… puede ser muy tarde”.
“Zamba, hay algo que
no te conté”.
Elena me miró con
mucho interés. Tomé aire y le relaté la primera noche que pasé con Eduardo,
claro está, obviándole ciertos detalles morbosos.
Aunque sentía
vergüenza hablando, también sentía que me liberaba de un gran peso.
“Ay, Dios. Negro…
¿Hace cuánto pasó eso?”
“Cuatro, casi cinco
meses”.
“Si tienes algo, no
nos enteraremos hasta dentro de un mes o dos meses”.
“¿Y eso por qué?”
Elena me explicó que,
por lo menos, el VIH se hacía detectable al sexto mes.
En realidad se pasó
dándome una especie de consejería sobre el tema.
Me quedé preocupado.
“Soy de lo peor, ¿no
Zamba?”
Elena volvió a
acariciar mi cabeza.
“Eres un muchachito
ligeramente irresponsable; pero, recuerda lo que te dije: pase lo que pase, la
primera persona con la que debes contar es conmigo”.
Hacía mucho tiempo que
no me sentía tan bien, que alguien me consideraba con un cariño tan honesto y
hermoso.
“Te amo, hermanita”.
“Yo más, Negro feo”.
Sonreímos y nos dimos
un estrecho, lindo y cálido abrazo.
“Prométeme que
lucharás por ser feliz, Negro, y que te chequearás”.
“Te lo prometo, Zamba.
Te lo prometo”.
Al día siguiente,
elena tomó su vuelo de regreso a la capital. Yo regresé a mi rutina de siempre:
trabajo, gimnasio, Laura. Y cuando no había Laura, entonces redes sociales.
Al ya no me hablaba en
línea, aunque tampoco me había eliminado de sus contactos. Por lo tanto, si él
no me habla, ¿yo para qué? Si quería ‘ley del hielo’ hasta raspadilla le
mandaba.
Pero tampoco fue el
fin del mundo. Seguía encontrándome con mi amigo Josué en el gimnasio, hasta
que sucedió algo distinto: me esperaba en la puerta de mi trabajo y así íbamos
y salíamos juntos.
Solo para seguir
hablando, pusimos como pretexto la ducha luego de cada sesión de entrenamiento.
“Oye Tuco, ¿por qué le
destrozaste el corazón a elena?”
“¿Te contó? Tú ya
sabes la razón”.
“¿Por qué se la
dijiste? Eres bien huevón”.
“Porque es mejor ser
transparente para luego evitar problemas, ¿no crees?”
¡Listo! El Tuco me
jodió… fraternalmente, pero me jodió.
¡Bien hecho por meter
mi pequeña y carnosa boquita donde nadie me llama!
Por otra parte, Josué
fue el repelente perfecto para esos ‘lanzados’ como Jaime, quien nunca volvió a
acercárseme. Es decir, mientras Josué estaba a mi lado, porque un día que no
fue, Jaime se aproximó más de lo debido.
“Por fin viniste sin
tu ‘seguridad’”.
Yo me sonreí
abiertamente.
“Somos amigos. No me
digas que estás celoso”.
“Como que no tienes
olfato para seleccionar a tus amistades, bebito”.
Jaime colocó la yema
de su dedo medio sobre mi duro abdominal superior y y lo presionó, como
queriendo bajar.
Me dio vergüenza por
el resto de la gente que, si bien estaba concentrada entrenando, pudo haber
advertido el ‘lance’.
En eso, sentí que
alguien me obligaba a girar tomándome del brazo.
Volteé.
“??Laura!! ¿Q-qué
haces aquí?”
“Entrenando, amorcito.
Acabo de inscribirme”.
Me abrazó. Yo estaba
marcando treinta y ocho del susto.
Luego de un trío con Sandro, Bartolo pide a
Marcano que haga algo por Edú.
Hacia las 5 de la
tarde, Marcano abre la puerta de la pensión donde vive en San Sebastián.
Mientras sube las escaleras, va imaginando mentalmente que las buenas noticias
no podían llegar en mejor momento. De la nada, hay 3000 dólares en su cuenta
bancaria, y solo en una semana. Desde que llegó al Perú escapando de la crisis
en Venezuela nunca había visto cuatro dígitos en su estado.
“Hola, chamo”, le
saluda una voz medio aflautada. Marcano gira: es Sandro.
“Qué haces,
vale”.
“¿qué haces tú más
bien? Te desapareciste desde ayer por la tarde. ¿Dónde has estado?”
“Trabajando”,
dice sseguro y sonriente el venezolano fortachón.
“Luces cansado…
¿no querrás tomar una ducha?”
La puerta de la
calle suena. Ambos varones giran a ver de quién se trata: Bartolo va subiendo
las escaleras.
“Hola gente. ¿Qué
dicen?”
“Nada, Bartolito,
que Marcano dice que sería una buena idea si compartimos una buena ducha
vespertina”.
El aludido se
sorprende; Bartolo sonríe.
Diez minutos
después, Sandro, Bartolo y Marcano entran como pueden en el estrecho espacio.
Rozarse es inevitable. El anfitrión se termina poniendo al centro como si fuera
la carne del sánguche. El jabón da el argumento perfecto para que los tres se
acaricien el cuerpo. Los besos no tardan en llegar.
Sobre la cama, el
trío comienza a orquestarse. Sandro y Bartolo comparten mamar los 21
centímetros de verga que se maneja Marcano, aunque Bartolo aprovecha y acaricia
la lampiña, redonda y dura nalga del venezolano, y uno de sus dedos explora sin
roche por la raja hasta meterse al medio.
“¿A quién me
cacho primero?”, consulta el caribeño musculoso usando la típica jerga criolla
peruana.
“¿Podrán cacharme
los dos a mí?”, invita Sandro muy coquetamente.
Bartolo es el
primero en ponerse un condón y meter su pene dentro del ano del dueño del
cuarto mientras éste continúa chupando el gran falo de Marcano. Como activo, el
fisioterapeuta profesional tiende a ser más acompasado, no tan rudo. Por
experiencia sabe de más que meter un pedazo duro de carne en el esfínter tan
delicado puede no ser placentero si se hace bruscamente.
“embadúrnate de
lubricante”, le dijo uno de sus maestros del instituto superior tecnológico la
primera noche que probó a ser gay activo a cambio de mejorar la nota en un
parcial. “Métela despacio… disfrutando”. Desde entonces, nunca ha dejado de
aplicar tal consejo.
El asunto es que
el ano de Sandro ya está bien usado, así que meter y sacar, bombear y parar, es
casi pan comido.
Bartolo demora
unos diez minutos en el baile pélvico hasta que eyacula dentro del condón. Mira
a Marcano.
“Ponte más
lubricante”, aconseja.
Mientras el
musculoso se pone el forro y unta casi todo el cojincito, Sandro aprovecha para
cambiar de postura. Se acuesta boca arriba y levanta sus piernas mostrando su
agujero rectal ya dilatado.
Marcano va
metiendo centímetro por centímetro, con sumo cuidado, mirando más la cara del
pasivo que su miembro ingresando. Sandro trata de aguantar el escozor, así que
el potro procura ser lo más gentil que su anatomía le permite.
“Acuéstate encima
mío y hazme tuyo”, pide el anfitrión, sin embargo.
Marcano accede.
Sentado en un
mueble al lado de la cama, Bartolo mira la escena como si se tratase de una
película porno en 3D. Y de hecho lo es porque su amigo ahora va camino a ser la
estrella del video adulto gay que alguna vez soñó ser.
“qué rico”, no
deja de decir Sandro.
Marcano sigue
moviéndose más por compromiso que por afán de conseguir placer; entonces,
agarra el pene del pasivo y lo comienza a masturbar.
“¿Qué haces,
papi?”
“Goza, vale”.
El miembro se
pone duro debido a la estimulación. Sandro no puede más y se vacía en su propio
abdomen.
“Eso fue trampa”,
sonríe. “No vale”.
“Ah, no tengo la
culpa que no sepas aguantarte”, sonríe el venezolano.
Ya de noche, en
el cuarto de Bartolo, Marcano termina de desnudarse para compartir la cama con
su amigo:
“¿Qué es eso que
querías conversar conmigo, vale?”
“es sobre Edú,
Marcano. Tú sabes que es seropositivo”.
“¿Sero qué…?”,
trata de disimular el aludido.
“Él me contó lo
de la prueba en Piura”.
Marcano comprende
que Bartolo no está sonsacándolo:
“¿Qué pasa con
edú?”
“Necesito tu
ayuda… él tiene que meterse a tratamiento ya”.
Hay 5 claves
que debes conocer para entender qué pasó y cómo tú puedes evitar infectarte y
complicar tu salud.
Este lunes 1 de
agosto se informó oficialmente que el primer paciente peruano diagnosticado con
viruela del mono falleció en el hospital Dos de Mayo en Lima. Se trata de un
varón con diagnóstico positivo de VIH. Hasta ahí, la noticia parece alimentar
el prejuicio de que esta nueva ola solo ataca a los gays o bi; sin
embargo, si revisamos más en detalle, podríamos entender que las razones son
otras.
Primero, sí es
cierto que el fallecido portaba el virus de inmunodeficiencia humana o VIH,
una condición que bajo tratamiento médico es controlable. Precisamente se llama
condición médica al conjunto de síntomas que, si son controlados a tiempo,
puede que no desarrollen una enfermedad, que ya es el cuadro en el que una
persona se incapacita en forma parcial o total.
Segundo, el VIH,
una vez detectado y controlado con tratamiento antirretroviral, es una
condición médica. Si no se controlara, puede degenerar en el síndrome de
inmunodeficiencia adquirida o SIDA, que es la enfermedad
cconsistente en que tus defensas bajan tanto que tu cuerpo no puede combatir un
patógeno o agente infeccioso que una persona con más defensas sí podría
sin usar medicamento o con pequeñas dosis.
Tercero, el
paciente que falleció con viruela del mono y que ya tenía VIH había
abandonado su tratamiento antirretroviral. Por lo tanto, la sustancia que
impedía que el VIH se copiara dentro de su cuerpo ya no tenía efecto alguno.
Mejor dicho, no hacía nada porque simplemente ya no existía dentro de su
cuerpo. Entonces, al no tener la ayuda, el VIH se copió masivamente al punto
que sus defensas eran incapaces de defenderlo.
Cuarto, fuentes
médicas indicaron que el paciente ya había sido atacado con tuberculosis y
pasado un cuadro de neumonía (pulmonía). Entonces, su organismo ya estaba
altamente debilitado: cualquier enfermedad que bajo otras condiciones se
controla o supera, en su caso podría matarlo si no recibía atención médica
rápida.
Quinto, el
paciente llegó tarde al servicio médico cuando poco o nada se podía hacer para
salvarlo. Las fuentes médicas indican que si iba a la consulta al primer
síntoma, sus posibilidades de salvarse eran altas. Pero al llegar contra el
tiempo, la infección de la viruela del mono había infestado todo su cuerpo al
punto que nada más se pudo hacer. Por eso, se habla de que murió debido a una septicemia.
Miguel cree que
Edú y Marcano han pasado la prueba al aire libre; pero uno de los tres puede
que ya no siga.
La tarde
siguiente, lunes, Miguel se abre paso entre el bosque que tapiza la falda del
cerro San Sebastián, relativamente cerca de la ciudad.
“Aquí está bien”,
indica señalando un lugar desde el que se tiene una fantasmal vista del valle
algo difuminado por el polvo que levanta la brisa de la tarde. Tras él, dos
varones también se abren paso.
“¿Por acá no fue
donde descubrieron esas pingas de oro?”, recuerda edú.
“Sí, pero fue un
poco más arriba”, confirma Miguel.
“¿Pingas de
oro?”, se extraña Marcano.
“Los antiguos
tallanes ttenían una obsesión por la fertilidad porque dependían de que el río
crezca y llueva en verano para cosechar alimentos, así que hacían penes de oro
y los ofrecían a este cerro, y parte de la ceremonia incluía cachar entre ellos”.
“¿Cachar entre
hombres?”, sonríe Edú.
“¿Qué tiene?”,
responde Miguel. “La homosexualidad es tan antigua como la humanidad. ¿Con
quién comenzamos?”
“Conmigo”,
responde Edú, quien se adelanta hasta un faique.
“Calatéate de una
vez”, indica Miguel.
“¡No me tomarás
primero con ropa, luego con bóxer, luego calato?”
“La sesión
completa te la hará Willy. Recuerda que ahorita necesitamos tomar pruebas, no
tenemos mucho tiempo de sol disponible y no quiero que la ronda nos encuentre
aquí calatos”.
Edú se queda desnudo
aunque sin quitarse las zapatillas y las medias. Se ubica, y Miguel, sacando
una cámara pequeña de su bolsillo, comienza a encuadrarlo y retratarlo.
“Bien ahí. Gira y
ponme duro tu culo”, instruye el artista.
Edú se pone de
espaldas y agrega tensión a sus redondas nalgas mientras Miguel comienza a tomar
las fotos.
“Gira de nuevo.
Pon dura tu pinga”.
Edú acata y
comienza a sobarse el pene para conseguir una erección. “¿No quieres
ayudarme?”, sonríe a Marcano, quien está detrás de ambos viendo el paisaje y
viendo la furtiva sesión.
“Ya va, pue’”.
Su compañero se
acerca, se arrodilla sobre el suelo de tierra y comienza a practicarle sexo
oral. El rostro de Miguel se ilumina.
“Desnúdate,
Marcano”.
“¿“¿de una vez?”
“Hazme caso, chamo”,
sonríe Miguel.
Marcano se quita
toda la ropa quedándose también en medias y zapatillas.
“Chúpasela de
nuevo”.
Marcano reanuda
el sexo oral a edú mientras Miguel fotografía todo.
“Hazle beso
negro; Edú, tú pajéate”.
Los modelos
siguen las instrucciones del fotógrafo: Marcano toma las dos firmes nalgas de
su amigo, las separa, saca su lengua y comienza a lamer ese ano y besarle las
nalgas.
“Ahora inviertan
papeles”.
Marcano deja de
meter su lengua entre las nalgas de Edú, se levanta y ahora ofrece su largo pene
semi-erecto a su amigo quien se lo chupa hasta ponerlo más largo, gordo y duro.
Posteriormente, da media vuelta y deja que Edú le bese y lama el inmenso culo. Miguel
sigue fotografiando incluso desde ángulos muy invasivos, como debajo de la
entrepierna del venezolano.
“Sería chévere
que se metieran la verga por el culo”, piensa en voz alta.
“Tengo condones”,
avisa edú.
“¿Tienes
lubricante?”, consulta Marcano.
“No. Me olvidé”.
“Yo creo que sí
tengo”, recuerda Miguel. Se revisa los bolsillos y encuentra un ccojincito.
Primero es
Marcano quien mete sus 21 centímetros al culo de Edú, se mece lentamente para
evitar que la foto salga movida; luego es Edú quien penetra a Marcano igual de
lento.
“Listo, chicos”,
avisa Miguel. “Ya tengo las fotos”.
“¿Y tú no quieres
cachar?”, sonríe Edú masajeándose su pene nuevamente erecto.
“Ya no hay
condones”, sonríe Miguel.
“Hay uno”,
recuerda Marcano.
“¿Tienes una
moneda?”, consulta edú.
“Sí”, avisa
Marcano. “¿Para qué la quieres?”
“Cara: tú se la
metes; sello: yo se la meto. ¿Hecho?”
Tras echar
suertes, Marcano se pone el condón y le mete su pene a Miguel mientras éste se
la chupa a Edú. Marcano, quien ya estaba excitado por el asunto de hacer la
sesión, ponerse la verga dura y mostrarla, dejársela chupar y meterla antes a
su amigo, no aguanta más y deja que su orgasmo explote sin censura.
“Me vengo, pana…
¡me vengo!”
Miguel siente
cómo el pene del chico palpita dentro de su ano mientras Edú saca el suyo de la
boca del artista.
“Vámonos que ya
va oscureciendo”.
A Miguel le
extraña la actitud de Edú pues pensaba saborear su semen, pero considerando que
el sol comienza a ocultarse, le parece una buena idea. Al llegar a la base del
cerro, la moto de Marcano los espera junto a la casa de un conocido (quien está
enteradísimo de lo que pasó en el cerro). Tras agradecer, los tres se montan en
el asiento y regresan a la ciudad.
Con los baches,
Miguel aprovecha para pegar su pene erecto a las enormes nalgas de Marcano,
quien conduce el vehículo. Los tres regresan al gimnasio del AS.
“Ese Marcano es
una máquina, huevón”, comenta Miguel a Alejo en voz baja. “Subió el cerro como
si nada, se deslechó, bajó, condujo la moto y encima viene a entrenar”.
“Está perfecto
para hacer porno, entonces”, sonríe el instructor de turno.
A la mañana
siguiente, edú y Marcano van a Piura para pasar el control médico que exige
Enrique antes de cachar en cámara. El doctor Talledo se sorprende de la
anatomía perfecta del venezolano, en especial su gran pene, sus enormes bolas y
sus inmensas nalgas.
“Perfecto,
Tomás”, le sonríe. “No hay problemas contigo, en todo caso esperemos qué dicen
las pruebas de sífilis, gonorrea, herpes y clamidia, pero al menos VIH, estás
limpio”.
“Ah, casi no me llaman Tomás”, sonríe el
chico. “Más me llaman por mi apellido: Marcano”.
Talledo sonríe de
vuelta mientras le acaricia la verga y el culo.
Tras salir
Marcano, llega el turno de Edú, quien se calatea y se pone en posición de fiel
musulmán para que el médico lo revise. Luego, espera sentado en la camilla.
“¿Nunca te has tamizado
para ITS, infecciones de transmisión sexual?”
“Pero no tengo
nada, doctor
Talledo respira
un poco. Espera. Al fin habla:
“Eduarddo… tu
prueba rápida de VIH salió… positiva”.
Edú se turba un
momento:
“¡No será un
error?”
“Por eso te
haremos una más precisa que la prueba rápida… Mientras tanto, por precaución,
sí deberías contactar a las personas con quienes has tenido sexo, en especial
sin protección, para avisarles que también se chequeen”.
Edú prefiere
guardar silencio mirando al vacío… o quizás a una lámina de un pene y sus
testículos colgada en la pared.