"Decían que te gustaba recibir pinga", le dije sin roche alguno.
"¿La verdad? Sí me gustaba, y sí me gusta", me dijo.
No estábamos ni siquiera picados. Apenas habíamos tomado un par de cervezas, en todo caso sí habíamos generado mucha confianza.
"Bien por ti", le dije con la mayor naturalidad.
"¿Y... es cierto lo que decían de ti en el colegio? ¿Que la tenías bien grande?"
"Jajajajaja. La tenía, y la tengo bien grande"", le volví a responder con toda naturalidad.
"¿Como de cuánto?", curioseó.
"No la he medido, pero sería bueno medirla, ¿no?".
Nos tomamos un par de cervezas más. Media hora después, estaba ingresando a un cuarto que alquilaba cerca del centro de esa ciudad. Allí dentro, no solo me la midió, sino que me la chupó bien rico, y cuando ya estábamos calatos, me lo agarré piernas al hombro y le metí mis casi 20 centímetros de pene al palo. Si bien su culo estaba abiertito, apretaba bien. Disfrutamos como media hora y tuve unos de los mejores orgasmos de los últimos meses.
Como tenía mucho tiempo libre, me quedé un rato allí, calato en su cama,junto a él. Nos besamos en la boca. Usualmente no beso cuando cacho con patas, pero este huevón tenía un toque muy especial, así que no me negué.
"¿Y traes puntos acá, cachas con alguien?", traté de iniciar una conversación.
"A veces, pero últimamente me ha pasado algo, cómo te digo, inusual", se soltó.
Mi pata me dijo que él en realidad es moderno, versátil, y que una vez estaba en Facebook cuando se le agregó un chico de unos 21 años que había conocido de casualidad en la calle, cuando le entregó un volante. Él estaba con una amiga quien se interesó en la oferta que aparecía en el papel. Como la amiga no llevaba su celular, quedaron en que se iba a comunicar al de mi pata. El volanteador así lo hizo, pero en vez de impulsar la oferta, comenzó a sacarle plan a mi pata.
"Me decía que le parecía atractivo, que le gustaba mi cuerpo".
"Y sí tienes buen cuerpo, huevón. ¿Vas al gym?"
"No, pero bailo danzas folklóricas en un conjunto acá, y éso te mantiene en forma".
"Entonces te sacó plan. ¿Qué hiciste tú?"
Mi pata me dijo que el volanteador le propuso encontrarse en un centro comercial, y así lo hicieron. Comenzaron a dar vueltas por ahí.
"De pronto el chiquillo vio una vitrina y se fijó en un par de zapatillas bien caras, y dijo que era una lástima que estaba sin plata para comprárselas".
"Un simple comentario", observé.
"Éso pensé yo, pero luego pasamos por una tienda de ropa y el mismo comentario, vimos un reloj y lo mismo; entonces, le dije para traerlo al cuarto, pero me dijo que diésemos una vueltita más, que quería ver cosas".
"¿Y ese chiquillo era activo o pasivo".
"Pasivo. Me dijo que quería probar mi pinga, aunque éso era lo de menos. Yo quería deslecharme como sea".
"Entonces, ¿dieron la vueltecita?"
"Claro, pero en vez de llevarme a ver mas tiendas, terminamos en el patio de comidas, y ahí, sin asco alguno, me pidió que lo invitara a comer. Entonces allí yo paré las orejas y entendí que ese chiquillo no quería nada. Yo me paré en seco y le dije que se desahuevara. Me dijo que sí tenía ganas, pero que, como yo le había caído en gracia, que quería que yo le diera algo o le regalara algo. Casi me rayo. O sea, si a él le picaba el culo, ¿por qué yo tenía que pagarle? Salvo que sea escort o puto, ¿no?".
"¿Lo dejaste tirando cintura?"
"Lógico pues. En todo caso, se hubiese sincerado desde el inicio: necesito plata, o esta cosa, y cacho contigo si me la das. Pero así, no jodas".
Yo me reí luego de escuchar este relato. Mi pata a mi lado como que se mosqueó. Yo me di cuenta y de inmediato puse el parche.
"No me río de ti, me río de que a mí me pasó algo muy parecido", le aclaré.
"¿En serio?"
"Sí", le dije. "Hace unos meses negociaba unos fertilizantes y los dejé en un pueblo cerca de nuestra ciudad y allí conocí a un chico que había terminado de agrónomo. La misma vaina: que dame tu número, coordinamos por Whatsapp. Un día me hizo el habla y comenzó a decir que se sentía mal, que había discutido con su familia, que quería dejar el pueblo y largarse a la capital para hacer mejor vida. Hasta ahí, nada del otro mundo hasta que me dijo si podía recibirlo en mi casa, porque se me ocurrió decirle que tengo un cuarto libre. Le dije que no podía recibirlo porque apenas lo conocía y no iba a saber cómo explicarle su presencia a mi familia. Entonces me dijo que por mi culpa, iba a dormir en la calle. Yo sí me rayé. Lo mandé a su misma mierda y lo bloqueé. Hace como tres semanas se apareció en mi trabajo diciendo si lo podía recomendar como vendedor, que necesitaba trabajar. Yo, normal, lo llevé al administrador. Luego regresó, me agradeció, pidió disculpas por lo del Whatsapp. Sí, todo confuso. Luego me dijo que si podíamos ir a otra parte porque quería "agradecerme"".
""Agradecerte"? ¿Quería que te lo cacharas?"
"Obvio. Le dije que no podía, que en todo caso, cuando ganara su primera quincena, podíamos ir, o que me la chupara ahí mismo. Total, casi nadie entra a mi oficina. Me salió que no, que como yo ya tenía plata, yo tenía que invitarlo. Le dije que no joda y que no me dé cara a menos que sea para cosas del trabajo".
"¿Y está trabajando allí?"
"No. No se presentó a trabajar. El administrador me lo dijo, y le dije que no sabía nada. Después me contó que ese chico le había pedido plata adelantada, pero él se lo negó".
Mi pata del colegio se quedó con la boca abierta. Sus labios carnosos comenzaron a ponerme dura la verga. Lo besé de nuevo, pero lo sentí seco.
"¿qué te pasó?", le pregunté.
"Nada huevón. ¿Te das cuenta que los veinteañeros pasivos parecen estarnos pidiendo a los cuarentones que los mantengamos o algo así?"
Me puse a pensar, y creo que terminé con la boca abierta también
"No lo sé", alcancé a responderle por fin. "Lo que sí tengo claro es que ni tú ni yo tenemos que ceder ni darles ni mierda. Que si quieren conseguir sus cosas, que trabajen por ellas, como hemos trabajado tú y yo".
Lo besé de nuevo y lo caché por segunda vez. Definitivamente, mi pata es lo máximo en la cama. Sin ser tan acrobático ni tan arrecho, me permitió tener un segundo rico orgasmo. Pero, cuando salí de su cuarto, tenía la espina clavada.
Cuando regresé a mi ciudad, no me quedé con las ganas y busqué de inmediato a un amigo que es psicólogo. Le conté todo sin roche alguno. Él me escuchó, se sonrió y me dijo que no era el primer ni segundo caso que él conocía, que ya otros patas de mi edad le habían contado lo mismo.
"¿Y a qué se debe?", me intrigué.
"No es la plata, no es lo material. O no, de primera mano", me dijo mi amigo, el psicólogo. "Es que a ciertas personas les encanta vivir dentro de relaciones en las que son dependientes de alguien porque sus figuras de autoridad les enseñaron a depender, entonces ignoran otra forma de vivir la vida que no sea por lucharla de forma independiente. Supongamos que le das lo que pide, no se satisface, y te pedirá más y más y más y más, pero no necesariamente porque sea materialista, sino porque en su mente se siente protegido, siente que alguien lo acoge, siente que puede seguir continuando el modelo de bajar la cabeza y recibir por toda su vida. Ojo que hasta éso de que se peleó en casa puede ser mentira, pero más que pelea, es porque sus figuras de autoridad nunca les dieron cariño, ni los valoraron, solo les dieron a cambio de agachar la cabeza porque había un proveedor. Incluso algunos han visto cómo violentaban a otros miembros de la familia o hasta a ellos mismos. Es perpetuar un círculo vicioso".
"No jodas. ¿Éso se soluciona?"
"Sí. Esos chiquillos tienen que reprogramar su chip, entender que las únicas personas de las que dependen son de ellos mismos, no de nadie más. Y no importa su opción, porque también hay activos jóvenes que buscan pasivos maduros para jugarles de la misma forma. De hecho, ése es el esquema más conocido, pero la solución es exactamente la misma: deben convencerse que no dependen de nadie, pero, si ya los malacostumbraste, ya fuiste y ya fueron".
"¿Entonces mandarlos a la mierda es la mejor respuesta?"
"Bueno, desahuevarlos es una buena respuesta, pero con solo decirles que tú no mantienes a nadie o algo por el estilo y cortar todo tipo de comunicación, asunto resuelto".
Le conté mi conversación con el psicólogo a mi amigo esta mañana que estaba jodiendo en Facebook. Me agradeció y me dijo que se lo contará a otros amigos suyos que también han sido abordados de la misma forma.
"Por último", me dijo mi pata, "contigo cacho mejor y la paso rico".
"Sí huevón", le dije. "Tienes toda la razón".
¿Te ha pasado algo parecido? ¿Qué hiciste? Cuenta acá abajo en los comentarios o al Twitter.