Mostrando entradas con la etiqueta bar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bar. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de agosto de 2019

Si te pica el culo, ¿por qué debo pagarte?

Soy un pata de 45 años, y a raíz de unas gestiones tuve que ir a otra ciudad. De pura casualidad me encontré con un pata que no veía desde el colegio. Es un año menor que yo. Nos reconocimos, y como no tenía nada que hacer, nos fuimos a tomar algo por ahí. Trago va, trago viene, y recordé que había un rumor sobre él cuando estudiábamos.
"Decían que te gustaba recibir pinga", le dije sin roche alguno.
"¿La verdad? Sí me gustaba, y sí me gusta", me dijo.
No estábamos ni siquiera picados. Apenas habíamos tomado un par de cervezas, en todo caso sí habíamos generado mucha confianza.
"Bien por ti", le dije con la mayor naturalidad.
"¿Y... es cierto lo que decían de ti en el colegio? ¿Que la tenías bien grande?"
"Jajajajaja. La tenía, y la tengo bien grande"", le volví a responder con toda naturalidad.
"¿Como de cuánto?", curioseó.
"No la he medido, pero sería bueno medirla, ¿no?".
Nos tomamos un par de cervezas más. Media hora después, estaba ingresando a un cuarto que alquilaba cerca del centro de esa ciudad. Allí dentro, no solo me la midió, sino que me la chupó bien rico, y cuando ya estábamos calatos, me lo agarré piernas al hombro y le metí mis casi 20 centímetros de pene al palo. Si bien su culo estaba abiertito, apretaba bien. Disfrutamos como media hora y tuve unos de los mejores orgasmos de los últimos meses.

Como tenía mucho tiempo libre, me quedé un rato allí, calato en su cama,junto a él. Nos besamos en la boca. Usualmente no beso cuando cacho con patas, pero este huevón tenía un toque muy especial, así que no me negué.
"¿Y traes puntos acá, cachas con alguien?", traté de iniciar una conversación.
"A veces, pero últimamente me ha pasado algo, cómo te digo, inusual", se soltó.
Mi pata me dijo que él en realidad es moderno, versátil, y que una vez estaba en Facebook cuando se le agregó un chico de unos 21 años que había conocido de casualidad en la calle, cuando le entregó un volante. Él estaba con una amiga quien se interesó en la oferta que aparecía en el papel. Como la amiga no llevaba su celular, quedaron en que se iba a comunicar al de mi pata. El volanteador así lo hizo, pero en vez de impulsar la oferta, comenzó a sacarle plan a mi pata.
"Me decía que le parecía atractivo, que le gustaba mi cuerpo".
"Y sí tienes buen cuerpo, huevón. ¿Vas al gym?"
"No, pero bailo danzas folklóricas en un conjunto acá, y éso te mantiene en forma".
"Entonces te sacó plan. ¿Qué hiciste tú?"
Mi pata me dijo que el volanteador le propuso encontrarse en un centro comercial, y así lo hicieron. Comenzaron a dar vueltas por ahí.
"De pronto el chiquillo vio una vitrina y se fijó en un par de zapatillas bien caras, y dijo que era una lástima que estaba sin plata para comprárselas".
"Un simple comentario", observé.
"Éso pensé yo, pero luego pasamos por una tienda de ropa y el mismo comentario, vimos un reloj y lo mismo; entonces, le dije para traerlo al cuarto, pero me dijo que diésemos una vueltita más, que quería ver cosas".
"¿Y ese chiquillo era activo o pasivo".
"Pasivo. Me dijo que quería probar mi pinga, aunque éso era lo de menos. Yo quería deslecharme como sea".
"Entonces, ¿dieron la vueltecita?"
"Claro, pero en vez de llevarme a ver mas tiendas, terminamos en el patio de comidas, y ahí, sin asco alguno, me pidió que lo invitara a comer. Entonces allí yo paré las orejas y entendí que ese chiquillo no quería nada. Yo me paré en seco y le dije que se desahuevara. Me dijo que sí tenía ganas, pero que, como yo le había caído en gracia, que quería que yo le diera algo o le regalara algo. Casi me rayo. O sea, si a él le picaba el culo, ¿por qué yo tenía que pagarle? Salvo que sea escort o puto, ¿no?".
"¿Lo dejaste tirando cintura?"
"Lógico pues. En todo caso, se hubiese sincerado desde el inicio: necesito plata, o esta cosa, y cacho contigo si me la das. Pero así, no jodas".

Yo me reí luego de escuchar este relato. Mi pata a mi lado como que se mosqueó. Yo me di cuenta y de inmediato puse el parche.
"No me río de ti, me río de que a mí me pasó algo muy parecido", le aclaré.
"¿En serio?"
"Sí", le dije. "Hace unos meses negociaba unos fertilizantes y los dejé en un pueblo cerca de nuestra ciudad y allí conocí a un chico que había terminado de agrónomo. La misma vaina: que dame tu número, coordinamos por Whatsapp. Un día me hizo el habla y comenzó a decir que se sentía mal, que había discutido con su familia, que quería dejar el pueblo y largarse a la capital para hacer mejor vida. Hasta ahí, nada del otro mundo hasta que me dijo si podía recibirlo en mi casa, porque se me ocurrió decirle que tengo un cuarto libre. Le dije que no podía recibirlo porque apenas lo conocía y no iba a saber cómo explicarle su presencia a mi familia. Entonces me dijo que por mi culpa, iba a dormir en la calle. Yo sí me rayé. Lo mandé a su misma mierda y lo bloqueé. Hace como tres semanas se apareció en mi trabajo diciendo si lo podía recomendar como vendedor, que necesitaba trabajar. Yo, normal, lo llevé al administrador. Luego regresó, me agradeció, pidió disculpas por lo del Whatsapp. Sí, todo confuso. Luego me dijo que si podíamos ir a otra parte porque quería "agradecerme"".
""Agradecerte"? ¿Quería que te lo cacharas?"
"Obvio. Le dije que no podía, que en todo caso, cuando ganara su primera quincena, podíamos ir, o que me la chupara ahí mismo. Total, casi nadie entra a mi oficina. Me salió que no, que como yo ya tenía plata, yo tenía que invitarlo. Le dije que no joda y que no me dé cara a menos que sea para cosas del trabajo".
"¿Y está trabajando allí?"
"No. No se presentó a trabajar. El administrador me lo dijo, y le dije que no sabía nada. Después me contó que ese chico le había pedido plata adelantada, pero él se lo negó".

Mi pata del colegio se quedó con la boca abierta. Sus labios carnosos comenzaron a ponerme dura la verga. Lo besé de nuevo, pero lo sentí seco.
"¿qué te pasó?", le pregunté.
"Nada huevón. ¿Te das cuenta que los veinteañeros pasivos parecen estarnos pidiendo a los cuarentones que los mantengamos o algo así?"
Me puse a pensar, y creo que terminé con la boca abierta también
"No lo sé", alcancé a responderle por fin. "Lo que sí tengo claro es que ni tú ni yo tenemos que ceder ni darles ni mierda. Que si quieren conseguir sus cosas, que trabajen por ellas, como hemos trabajado tú y yo".
Lo besé  de nuevo y lo caché por segunda vez. Definitivamente, mi pata es lo máximo en la cama. Sin ser tan acrobático ni tan arrecho, me permitió tener un segundo rico orgasmo. Pero, cuando salí de su cuarto, tenía la espina clavada.

Cuando regresé a mi ciudad, no me quedé con las ganas y busqué de inmediato a un amigo que es psicólogo. Le conté todo sin roche alguno. Él me escuchó, se sonrió y me dijo que no era el primer ni segundo caso que él conocía, que ya otros patas de mi edad le habían contado lo mismo.
"¿Y a qué se debe?", me intrigué.
"No es la plata, no es lo material. O no, de primera mano", me dijo mi amigo, el psicólogo. "Es que a ciertas personas les encanta vivir dentro de relaciones en las que son dependientes de alguien porque sus figuras de autoridad les enseñaron a depender, entonces ignoran otra forma de vivir la vida que no sea por lucharla de forma independiente. Supongamos que le das lo que pide, no se satisface, y te pedirá más y más y más y más, pero no necesariamente porque sea materialista, sino porque en su mente se siente protegido, siente que alguien lo acoge, siente que puede seguir continuando el modelo de bajar la cabeza y recibir por toda su vida. Ojo que hasta éso de que se peleó en casa puede ser mentira, pero más que pelea, es porque sus figuras de autoridad nunca les dieron cariño, ni los valoraron, solo les dieron a cambio de agachar la cabeza porque había un proveedor. Incluso algunos han visto cómo violentaban a otros miembros de la familia o hasta a ellos mismos. Es perpetuar un círculo vicioso".
"No jodas. ¿Éso se soluciona?"
"Sí. Esos chiquillos tienen que reprogramar su chip, entender que las únicas personas de las que dependen son de ellos mismos, no de nadie más. Y no importa su opción, porque también hay activos jóvenes que buscan pasivos maduros para jugarles de la misma forma. De hecho, ése es el esquema más conocido, pero la solución es exactamente la misma: deben convencerse que no dependen de nadie, pero, si ya los malacostumbraste, ya fuiste y ya fueron".
"¿Entonces mandarlos a la mierda es la mejor respuesta?"
"Bueno, desahuevarlos es una buena respuesta, pero con solo decirles que tú no mantienes a nadie o algo por el estilo y cortar todo tipo de comunicación, asunto resuelto".

Le conté mi conversación con el psicólogo a mi amigo esta mañana que estaba jodiendo en Facebook. Me agradeció y me dijo que se lo contará a otros amigos suyos que también han sido abordados de la misma forma.
"Por último", me dijo mi pata, "contigo cacho mejor y la paso rico".
"Sí huevón", le dije. "Tienes toda la razón".
¿Te ha pasado algo parecido? ¿Qué hiciste? Cuenta acá abajo en los comentarios o al Twitter.

jueves, 2 de mayo de 2019

Decía que no, pero ahí estaba en el bar

Acabo de reincorporarme a la chamba en un gym como instructor. No viene al caso explicar por qué me alejé tanto tiempo, en todo caso sí tengo que decir que fue Arnold, otro de los instructores, quien me animó a dar clases de nuevo. Todo comenzó cuando estaba por el centro y pasaba por el gym. Entonces entré para saludar. Ya era mediodía, cuando solo quedaban unos tres alumnos. Arnold me recibió con mucha alegría y amabilidad y nos pusimos a hablar de todo un poco. Fue entonces cuando me lanzó la idea de regresar. Yo le dije que ya no, que no estaba interesado, que quería probar otros negocios. Entonces lo llamó un alumno y pasó algo raro: en vez de que saliera directo a verlo por el costado que tenía libre, le dio la vuelta a su escritorio y pasó por detrás de mí, rozándome su paquete. No estaba al palo, pero me llamó la atención la rozada de paquete. Supuse que era casualidad, como el espacio donde pasaba era estrecho, y tiene un gran culo, entonces puede que alla sido éso. Esperé un minuto a lo más. Cuando regresó, lo mismo. No entró directo a su silla, sino que pasó por mi espalda y volvió a rozarme el paquete. Cuando se sentó, me lo quedé mirando con cara de extrañado, y él me sonrió y me guiñó el ojo.



Le conversé el hecho a un amigo, y tras reflexionar conmigo todo lo que le dije, me aseguró que Arnold me estaba mandando una señal, y que la única manera de confirmarlo, era preguntándoselo directamente. La cosa es que yo veía a Arnold como amigo, pero sí me dio mucha intriga porque físicamente es atractivo. Es un fisicoculturista de competencia, de hecho.



Con el pretexto de conversar sobre su propuesta de regresar para que dé clases, volví al gym a la misma hora. Quedaba un par de alumnos esta vez. Hablamos del tema. Me recordó que era bueno en mi rama de entrenamiento, que yo mismo podía ganar tanto dinero como clases quisiera dirigir. En fin. Entonces lo volvió a llamar uno de los alumnos, y volvió a repetir la misma ruta. Me rozó su paquete por la espalda. Se demoró un par de minutos. Escuché que se despedía de los alumnos. Regresó y pasó otra vez rozando su paquete por mi espalda. Solo que esta vez, se quedó allí atrás, se agachó para abrazarme. "No seas cojudo", me dijo, "regresa, huevón". Yo no me negué al abrazo. Entonces sentí cómo su paquete se ponía duro. Mi pinga se puso al palo también. "Si regreso, ¿vas a ser así de cariñoso conmigo?", le pregunté bromeando. "Claro", me respondió. Entonces me levanté de la silla, y a propósito me rozé contra él. Entonces me tomó de la cintura y me pegó su paquete duro a mis abultadas nalgas. Era imposible equivocarse porque los dos solo vestíamos una bermuda delgada. "Lo voy a pensar, pero más que sí", le dije. "Espero que sea sí", me replicó, y comenzó a mover su cadera lentamente en mi culo, como si lo estuviera cachando.



Al regresar a mi casa, me metí a mi cuarto y reflexioné todo: la oportunidad, la necesidad y la arrechura. El pene de Arnold estaba evidentemente erecto, entonces no cabían más dudas. Me excité otra vez, me quité toda la ropa, me pajeé imaginando a ojos cerrados el cuerpo musculoso de Arnold, en especial su culo. Una ráfaga de leche me inundó mi abdomen y mi pecho.



El lunes de esa siguiente semana rreinicié mi trabajo como instructor. Tomé un turno a las 7 de la mañana. De ese modo, tenía tiempo el resto del día para hacer lo que tenía planeado. Al terminar mi turno, Arnold estaba conversando con otro alumno, guapo, también con cuerpo de culturista. "No pues, huevón... ¿cómo voy a salir a concursar con una tanga que se me mete por la raja del culo?", le decía ese alumno. "Todos concursan así", le replicaba Arnold. "Por éso dicen que los culturistas son homosexuales", le chantó el alumno. "Bueno, éso sí", comentó arnold y se calló. Yo me sentí sorprendido con la conversación. "Así que, Arnold, no salgas a concursar con tanga, si no, van a decir que eres maricón", le aconsejó el alumno. "Noooo, yo para nada soy maricón, a mí me encantan las hembras, yo a los maricones los trato a patadas", se defendió Arnold. Yo me sentí incómodo, me despedí y me fui a casa.


Estaba descansando en mi cama buscando puntos en Grind'r. Me sentía palteado. ¿Cómo era posible que Arnold simulara cacharme cuando estuvimos solos esa vez y ahora le dijera al otro pata que hasta trataría a patadas a los gays? Yo soy gay, ¿entonces Arnold me trataría a patadas? Conseguí por ahí un punto en Grind'r y me encontré con él. Fuimos a cachar a su depa. El pata con quien me reuní mamaba rico la pinga y tenía un culo apretadito que me lo caché con gusto hasta botar mi semen en su espalda. Cuando nos estábamos duchando, el pata me preguntó: "¿Tú vas al gym donde trabaja un instructor llamado Arnold, no?". Le respondí que sí. "¿por qué?", le pregunté. "ah, porque a ese pata siempre lo veo en el bar de ambiente que hay cerca de la plaza". Me quedé idiota. "¿Estás seguro?", le pregunté. "Claro... incluso una vez se sentó a mi mesa y le invitamos chela, pero tuve mala suerte porque otro amigo parece que se lo levantó". No creía lo que el pata me contaba. No lo creía. "¿Cuándo lo viste?", volví a preguntarle. "Ah, el viernes pasado... el siempre va los viernes".



A la mañana siguiente, tras dar mi clase, otra vez Arnold estaba conversando con el alumno homófobo. Me costaba trabajo conciliar el hecho de que ese día me arrimara su paquete duro en mi culo, y ahora ni siquiera tuviera una expresión de desagravio con la gente gay, aunque no lo fuera. Preferí no encararlo. Tenía otros planes. El viernes por la noche fui al bar de ambiente tratando de no llamar la atención y me senté en un sitio bien caleta pero de donde se veía todo el espacio. Ya había ido antes, así que me es familiar. Fui temprano, como a las 9 de la noche, y decidí quedarme a esperar. Ya era como las 11 y ninguna señal de Arnold, mas bien del pata con quien había tirado a inicio de la semana. No le pasé la voz, pero comencé a pensar que era floro. Quizás el pata solo quería sacarme la lengua. Como ya estaba aburrido y cansado, decidí irme. Estaba dando media vuelta hacia la puerta, cuando me choqué con alguien. Pedí disculpas y luego me quedé helado. Era el alumno homofóbico, quien trataba de cubrirse la cara con una gorra. Traté de recuperarme, y comencé a sonreírle con sarcasmo. Avancé a la puerta, pero alguien me topó el hombro. Me voltéé. "¿Tú qué haces aquí?". Era Arnold. En su mano había una lata de chela.



Era casi medianoche cuando Arnold y yo llegamos al gym. Entramos. Él se queda a dormir ahí cuidándolo. Nos sentamos en el escritorio. "¿En qué momento me comenzarás a agarrar a patadas?", le pregunté sonriendo. "Nada, pata, sabes que nunca haría éso", me dijo arrochado. "Entonces, no quieres que te vean menos machito", le solté. Se quedó callado varios segundos. "Tú sabes cómo es la vaina acá", se justificó al fin. "¿Cuál vaina?", le pregunté otra vez. "Si saben que eres gay o que simpatizas con los gays aunque no lo seas, te marcan, huevón", volvió a justificarse. "O sea, ya estás marcado porque yo soy gay", le afirmé. No me dijo nada. Se levantó de la mesa, abrió un armario, sacó una colchoneta y unos trapos que supuse eran las cobijas, extendió todo sobre el suelo y prendió su celular. Puso un reggaetón, y se puso a bailar sensualmente mirándome. Mientras lo hacía, comenzó a desvestirse completo, completo, completo, hasta mostrarme su cuerpo de dios griego lampiño por todas partes, con el vello púbico bien rasurado. Se dio la vuelta y me movió el culo. Yo estaba a mil. Se dio vuelta de nuevo, me extendió la mano y me llevó a bailar con él. Mientras bailábamos, me fue quitando la ropa hasta dejarme calato, calato, calato. Me besó en la boca y me acarició. Pegamos nuestros paquetes. Se nos pararon las vergas.


Al poco rato, estábamos acostados sobre la colchoneta, rozándonos y besándonos. Le recorrí los pectorales, el abdomen de tabla de lavar, su pene erecto que no pasaba de los 14 cm, sus bolas. Luego, le chupé su miembro. Él comenzó a gemir y a pedir más. Levantó sus piernas al aire. "Chúpame el culo", me pidió. Le proyecté más las piernas y metí mi cara entre sus dos nalgas duras. Le hice un rico beso negro. Gemía más fuerte. Luego bajó las piernas, me volvía a ofrecer su pene, y entendí que era su turno. Me acosté a su lado, boca arriba y repitió todo lo que yo le hice, en especial chuparme mis 15 cm de pinga, gruesa y venuda, luego hundirse en mis nalgas para sopearme el ano. Yo estaba en éxtasis. Entonces se arrodilló, me tomó las piernas con fuerza, me puso su pene en la entrada de mi culo y me lo fue metiendo poco a poco. Me cachó rico, con cariño, con pasión. Duró como media hora. Me preñó mi ano. entonces me la chupó y las di en su boca.



Me quedé a descansar ahí junto a él, desnudos. Como no tenía clase a la mañana siguiente, no tenía la preocupación de acostarme temprano. No sé cómo haría él. A las 5 de la mañana sonó mi celu. Era mi vieja, preocupada. Le dije que estaba bien, que me había quedado en una fiesta y en vez de irme de madrugada, me quedé a dormir ahí. Juzgué que era el mejor momento para irme. Me duché en el gym, me vestí y le pedí a Arnold que me abriera la puerta... ya me había abierto el culo, jaja. Él se puso una bermuda y salió a abrirme.



el lunes siguiente, al terminar mi clase, nuevamente estaban Arnold y el alumno que había descubierto en el bar de ambiente. Mi amigo me saludó normal, y esta vez sin ningún comentario contra los gays. El otro pata no sabía dónde meterse. "Bueno, me regreso a casa", dije, "no vaya a ser que me agarren a patadas". Arnold sonrió. El otro pata mejor se fue a otro sitio. Estaba avanzando hacia la puerta cuando sentí una palmadita en mi nalga. Me volteé palteado. Era Arnold. "Ya no lo jodas", me pidió. "OK", le dije. "Ojalá cachemos otra vez", me dijo. "Claro, cuando quieras, le guiñé mi ojo. Salí del gym con una sonrisa de oreja a oreja.

¿Te ha pasado algo parecido? Coméntalo aquí abajo o en el Twitter.

miércoles, 9 de abril de 2014

The Bar's Boys (11)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: Nug Huyur

 

Capítulo XI: El Gimnasio (III parte)

 

Pablo se quedó absorto con el beso que le di de sorpresa, pero a su vez sonrió, me miró a los ojos.

  • Claro tonto, quieres ir a otra parte, quisiera terminar lo que empezamos.
  • Entonces vamos.
  • ¿Estás seguro?
  • Sí, Pablo.

Cogimos un mototaxi, y nos fuimos para su casa.

  • ¿Estás seguro Pablo?
  • Si Osvaldo, mi madre se ha ido al Bingo, y mi viejo, de veras no vive con nosotros desde que nací. – El rostro de Pablo se oscureció.
  • ¡Hey! Tranquilo Pablo ya lo vas a superar, amor.
  • De seguro que sí.

Sacó las llaves,  abrió la puerta. Me tomó de la mano. “Ven vamos entremos, amor”, me dijo. Coloqué mi mano sobre la de él, entramos y nos dirigimos a su cuarto. Su recámara, era muy bonita,  tenía unos ventanales grandes, que daban justamente a la calle, se veían las luces, las motos y las nubes y esa luna inmensa, grande. Era un cuarto muy bonito, aseado y ordenado. No tenía grandes cosas pero si lo principal.

  • Viendo el paisaje, amor – me dijo al oído y me tomó por la cintura.
  • Sí, tienes una linda vista de la ciudad.- me giró y me dio un beso.
  • ¿Nos duchamos?
  • Convénceme - Sonrió, me volvió a dar un beso.
  • ¿Así está bien?
  • No sé, le falta…

Y me dio uno con tal intensidad, que me dejó rendido. A paso torpe, me guió hasta el baño de su cuarto, me quitó el polo, como pude me saqué las zapatillas, sin separarme de sus labios. Él por su parte se quitó el polo, luego las zapatillas. Luego nos desnudamos, abrió la llave, corrió la cortina. Entramos. El agua caía sobre nosotros. Rodeé su cuello con mis brazos, nos besamos, y nos acariciamos, con mis dedos recorrí su pecho, hasta llegar a su pene erecto, lo cogí estaba caliente, duro grueso y cabezón.

  • ¿Te gusta?
  • Sí, pero creo que me va doler.
  • No pienses así, vas a ver que no te va doler.
  • ¿Estás seguro? Vas a ser el primero.

Una sonrisa se dibujó en su rostro, me besó otra vez y me giró. Mientras besaba mi cuello, rozaba su pene contra mis nalgas, lo sentí caliente, con sus manos las tocaba una y otra vez. En eso me nalgueó una, otra y otra vez. Se sentía rico, quería que siguiese así, de pronto, se arrodilla y empieza a besarlas, a pasarle la lengüita por en medio, en mi huequito, se la paso una y otra vez.

  • Hmmm! Que rico papi, sigue, sigue
  • Te gusta.
  • ¡Sí, sí!

Se paró y refregó su pene contra mis nalgas. Entonces cerró la llave, y al oído me dijo: “Vamos  al cuarto”. Lo miré y él sin más palabras me tomó de la mano, me llevó a su cama, me tiró sobre el colchón, sus manos fueron mi toalla, sus besos secaron mis miedos y sus manos recorrieron mi cuerpo, llenándolo de amor. Con su fuerza Hulkana me jaló hasta el filo de la cama, abriéndome de piernas. En esa posición me dejó.

  • Espera, me va doler, nunca lo he hecho.
  • Tranquilo, lo haré despacio, además tampoco quiero lastimarte.

Sacó un frasco de su mesa de noche. Me hechó un líquido. Estaba algo helado, lo untó en mi huequito con su dedo. Lo refregó por todo mi anito, para luego ir metiendo primero un dedo, luego dos. Dios, no sabía qué hacer, estaba reexcitado, mi pene estaba erecto aunque no era muy grande.

  • Listo, ya estas - dijo
  • ¿Para qué?
  • Para esto

Entonces sentí toda su humanidad ingresar en mi hoyito, era algo incómodo pero placentero, se sentía rico y el seguía embistiendo, una y otra y otra vez. ¡Au!, decía. Pablo pasaba su mano por mi pecho, e incluso se acercó a mi rostro para darme un beso, pero su pene se salió. Entonces, lo cogió, puso más crema, pero mi hoyito solo se dilató y volvió a ingresar. Pablo me embistió otra vez, me retorcía, me aferraba a la sábana de placer y dolor. Hasta que de pronto, un líquido inundó mi ser, estaba calientito. Sentí como el pene de Pablo se retiraba de mí. Se acostó a mi lado exhausto, bajé las piernas.

  • ¿Te gustó amor?
  • Me fascinó – tanto que ni cuenta me di, del momento en el que eyaculé, pensé.

  

Continuará….

 

© 2014 Hunks of Piura Entertainment. Ésta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

Siempre practica sexo seguro.

 

miércoles, 2 de abril de 2014

The Bar's Boys (10)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: Nug Huyur

 

Capítulo X: El Gimnasio (II parte)

 

Tras las palabras de Pablo, preferí salir del gym. Pablo gritó, vociferó pero corrí, galopé, huí. No podía ser. Yo no era gay. No podía serlo, esto que sentía estaba mal. No debí dejarme tocar. No debí desearlo. Estaba mal. Esto que sentía era malo. En eso, empieza la garúa. Llovizna. Llueve. El agua se precipita, se empoza, me moja, resbalo, ruedo, me levanto, maltrecho, herido, lloroso. No, no ¿Por qué a mí? ¿Por qué he de sentirme así?, pienso. Llego a mi casa. Me cambio, contemplo la lluvia a través del cristal. Mudo. Silencio. Apago la luz y me echo en mi cama. Con el goteo de la lluvia me quedo dormido. De pronto, alguien llama, está lejos, apenas percibo mi nombre, hay niebla por todo el lugar, camino buscando al dueño de la voz, hasta que la niebla se disipa, aparece una cama con un dosel, la voz proviene de quien esté acostado en aquel lecho. Al fin me puedo verme completo, llevo pantalón y polo color leche. En aquel lugar parece soñado, es una cama en medio de la nada. Hay un reloj, pero está detenido en una esquina y una ventana en medio de la nada parece abierta y cerrada a la vez. El cielo limpio, se ve la luna, grande e imponente. Una brisa con sabor a mar,  flamea las cortinas y alguien parece acostado en medio de la cama, come algo. Me conoce, porque al verme sonríe, me acerco para verle mejor. Es Pablo en traje de esclavo romano, su cuerpo fuerte y atlético se dejaba lucir, pues lo único cubierto era su entre pierna con el taparrabo que llevaba, su pecho musculoso, sus piernas fuertes y sus pantorrillas se notaban muy bien, en los brazos llevaba muñequeras doradas, un plato sobre la cama habían uvas, las cuales disfrutaba mientras me veía.

  • ¿Pablo?
  • Sí Osvaldo, pero ven, acuéstate conmigo, hazme compañía – dijo seductoramente y extendió su mano

Sin pensarlo, puse mi mano en la de él, y me recosté. Pablo acarició mi pelo y mi rostro.

  • ¿Por qué tienes miedo chiquito? ¿Por qué huyes de mí?
  • No lo sé.
  • ¿Por qué no escuchas a tu corazón? Él te dirá que hacer, y sentir.
  • ¿Qué siente mi corazón?
  • Acaso aún lo dudas – puso una uva sobre mi boca y acercó su rostro al mío – esto…

Tomó la uva con su boca y juntó sus labios a los míos, besándome tiernamente. Sus manos se deslizaron por mi cuerpo, hasta encontrarse  con las mías y las apretó. Luego las llevó sobre su espalda. No tengas miedo, me susurró. Acaricié su espalda. Él empezó a desabrocharme el pantalón. Luego subió sus manos por debajo de mi polo, tocó mis tetillas, las sobó y sobó hasta su erección. Me quitó el polo, cogió otra uva y la exprimió en mi pecho. Lamió su jugo. No cabía en mí, me sentía extraño, feliz, alegre, lleno de placer, que empecé a gemir. Me bajó el pantalón. Me giró, me bajo el calzoncillo, colocó uvas en toda la línea e iba comiendo una a una mientras lamía todo mi culito, tanto lo hizo que no cabía en mí, gemí, gemí y grité. Entonces, sentí algo caliente, algo mojó mi pijama. Desperté. Había eyaculado. Alguien tocó la puerta.

  • Todo bien – dijo una voz
  • Sí – respondí, sin saber qué hacer con mis pantalones
  • Apura, te haces tarde para el colegio.
  • Ya, mamá.

Grité y me apuré para ir al colegio. Tras finalizar la semana de clases, volví al gym. Pablo andaba molesto conmigo después de lo ocurrido. Había faltado casi dos días al gym. Poco quería hablar conmigo, estaba distante, frío. Eso me apenó más de lo que imaginaba. Sin embargo tenía que arreglarlo, no podía dejar que las cosas continuaran de ese modo. Tomé valor, respiré profundo y fui donde estaba.

  • Pablo – le dije, mientras Pablo levantaba las pesas.
  • Sí – respondió en seco.
  • Podríamos hablar.
  • Hmmm, no sé, voy a pensarlo. – Puso las pesas en su sitio – o mejor saldré huyendo – cogió su toalla y salió andando
  • En serio Pablo, necesito hablar contigo – iba tras él.
  • No me digas, la última vez casi te caes de tanto correr – habló enojado y entró a los vestidores.
  • Sí tienes razón, pero…
  • Pero que Osvaldo, yo no estoy para chiquilladas – abrió su locker, sacó su maletín y tiró la toalla dentro del casillero, del maletín extrajo un polo limpio y un short, se quitó el polo – ahora bien si quieres hablar de algo más, termino de cambiarme y nos vamos a hablar a otro lado y cámbiate tú también, ¿no?

Así lo hice. Abrí mí gaveta, saqué la mochila, y me cambié. Nos fuimos del gym. Caminamos en silencio hasta el anfiteatro, el que está debajo, con mirada al río, claro si ahora se le puede llamar así. Nos sentamos en un lugar algo oscuro por la hora no había casi parejitas.

  • Muy bien, de que me querías hablar.
  • De ésto – sin decir más nada, le di un beso, él correspondió, y de ahí, lo miré – me disculpas

 

Continuará….

 

© 2014 Hunks of Piura Entertainment. Ésta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

Siempre practica sexo seguro.

 

miércoles, 26 de marzo de 2014

The Bar's Boys (9)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: Nug Huyur

 

Capítulo IX: El gimnasio.

 

Y este pendejo, qué hace aquí, ahora falta que abra la boca, pensó Anthony. Mientras Cris se levantó y lo saludó, luego nos lo presentó a cada uno, Anthony con una falsa sonrisa tuvo que corresponder al saludo.

  • A ver muchachos ahora ¿Quién se anima a contar? – preguntó Hipólito
  • De ¿Qué están hablando? – preguntó Ángel a Cris
  • Amor, están contando su primera vez, así que Hipólito ya contó y ahora estamos viendo quien se anima y continúa con el juego – le explicó Cris
  • Sí, Ángel – Intervino Anthony, e irónicamente dijo – pero anímate, quizás tengas muchas experiencias que contar.
  • Ja, ja, ja – se rió diplomáticamente – No creo tener más que tú, perdón ¿Cómo dijiste que te llamabas?
  • Anthony, que rápido te olvidas – contestó Anthony
  • Chicos, chicos calma – dijo Osvaldo – Les parece si continuó yo, quisiera compartir lo que viví cuando era chibolo, o sea hace poquito.
  • Jajaja, no me hagas reír Osvaldo – Dijo Cris
  • Ya ok, cuando tenía dieciséis…

…En aquel tiempo, estaba en quinto de media, y no sé ustedes, pero a mí me jodían por mi  peso, y todo el mundo me molestaba, Preguntan sobre mi sexualidad, no nada que ver, estudiaba en colegio pituco, de curas y por el hecho de ser hijo del juez, las madres sobonas, hacían que mis compañeros se me acercaran con la finalidad de ser mis amigos, y las chicas supuestamente se enamoraban de mí. Todo por interés. Sin embargo me cogían de punto por mi sobrepeso y me hacían bromas pesadas, Más de alguna vez me deprimí, y para vencer esa angustia, comía y comía más y más. Hasta que un día me armé de valor y me fui a un gym con la finalidad de perder peso de manera radical. Ahí me rencontré con Pablo un viejo amigo del barrio. Él me mostró el gimnasio, me explicó los programas y decidí llevar una rutina con él, como instructor. Fue entonces que todo iba teniendo sentido, poco a poco me percibía más animado y hasta mi familia se había quedado extrañada de mi cambio, a las pocas semanas de haber iniciado el curso, me sentía  mejor conmigo mismo, y veía que mi cuerpo iba respondiendo de a pocos. Pero a la vez iba notando algo que no había sentido antes. Pablo era muy amable conmigo, siempre atento y caballero. Una vez hizo algo que me dejó confundido.

  • Bien amigo, hoy vamos a ver cuánto has bajado de cintura – se paró detrás mío – Alza los brazos – me rodeó mi pancita con el centímetro y me midió, retiró el centímetro -  Muy bien de ochenta a setenta y tres, siete centímetros menos – y me tocó la pancita – pero aún algo aguadita – luego me dio una nalgada, como para darme confianza, ahí me sonrojé – pero lo vamos a conseguir amigo – dijo amablemente al final.

Otro día nos quedamos solos en los vestidores, y el salió en toalla de la ducha. Ahí lo vi casi completo, era un Adonis, un hombre de uno setenta, de piel tostada, con músculos ceñidos a la piel, con vello en el pecho y unas pantorrillas bien pronunciadas. Torpemente traté de guardar mis cosas para salir.

  • ¡Hey! Osvaldo ¿Qué pasa?, ya te vas, espérate para irnos juntos – me dijo
  • ¡Ah!, disculpa, es que como  te vas a cambiar mejor salgo, ¿no?, además ya terminé de guardar mis cosas.
  • Espera Osvaldo

Me tomó por el brazo y me dio vuelta. Nos miramos a los ojos, mi corazón latió a mil, mi respiración se agitaba.

  • Acaso ¿no somos hombres? – susurró
  • Sí, pero….
  • Acaso dos hombres no sé…

Sin decir más, me tomó por la cintura, juntó sus labios a los míos, y nos besamos, sin poner resistencia correspondí. Era el Pablo de la primaria, el chico lindo, mi eterno defensor, a quien admiraba por su valentía y audacia. Siempre me quiso, así como era, sin máscaras, ahora me estaba besando, acariciándome, deslizando sus manos ásperas por mi espalda, suave, tersa y yo deslizando mis manos por su cuerpo, sintiendo sus músculos, percibiendo su olor, su sudor, mis manos bajaron y la toalla se deslizó, y sentí su pene erecto, entre mis piernas, sus manos se escabulleron hasta meterse dentro de mi short y me las apretó, me sentía extraño y excitado, sentía mi pene latir y mi potito pararse más, con cada apretón de nalgas. En eso siento su dedo en mi ano.  Entonces, lo empujé, sentía que algo no anda bien. Que si quería hacerlo, no era así. Al empujón, el retrocedió perdió el equilibrio y calló sentado.

  • ¿Qué pasa Osvaldo, por qué me empujas?
  • Espera Pablo, es qué…
  • ¿Es que, qué Osvaldo? ¿Acaso no te gusta lo que estamos haciendo?
  • Sí, es que… no sé Pablo, creo que mejor me voy – le di la espalda para irme.
  • Espera Osvaldo. ¡Tú me gustas!

Mi cuerpo se detuvo. Alguien se había fijado en mí. Algo nacía dentro de mí y no sabía cómo llamarlo.

 

Continuará….

 

© 2014 Hunks of Piura Entertainment. Ésta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

Siempre practica sexo seguro.

 

miércoles, 19 de marzo de 2014

The Bar's Boys (8)

Por: Nug Huyur

 

Capítulo VIII: El selvático (Parte II)

 

  • Muy bien soldado, descanse – le dije
  • ¡Si señor!
  • Muy bien, hijo,  mi nombre es Hipólito Ramírez – le di la mano – Ahora bien, vamos de tres a seis. A ver tú en la esquina derecha y yo en la izquierda.
  • ¡Si señor!

Nos pusimos en esquinas distintas, pero al cruzarnos le sobé el culo con la mano, él no se dio por entendido. Pero se notaba un culo durito, y algo amplio. Como a las cuatro de la mañana, todo estaba tranquilo, así que decidí orinar, me fui hacia un rincón que estuviese más oscuro que lo habitual para poder tener algo de privacidad, oriné y regresé sacudiéndome el pene, con la finalidad de que Silvester lo viera. ¡Bingo!, Silvester mordió el anzuelo, me miró descaradamente. De pronto, se me cayó la linterna de mano y él muy hacendoso.

  • ¡Señor, permiso para recoger la linterna! – dijo Silvester, con una voz que casi se le entrecorta.
  • Permiso concedido

El empezó a buscar, yo avancé hacia un lado de la torre donde la luz casi no llegaba pero apenas se diferenciaba, arrastré la linterna hacia mí, justo debajo de mi pene, que lo había estado agitando para endurecerlo, entonces encontró la linterna y se incorporó arrodillado.

  • Señor, la…lin….ter…na  –  dijo entre cortado mientras miraba mi pene.
  • Ok, pero mejor en vez de verla, ¿Por qué no la chupas?
  • ¿Puedo señor?
  • Claro, soldado, es más, es una orden ¡chúpela soldado!

Y sin aspaviento alguno le tomé la cabeza y se la hice ir hacia mi huevo, y él empezó a mamar mi pene, con tal agrado y profesionalismo, que me hizo sentir en la gloria, lo hacía suave y delicado, tanto como quien lame un chupete con tal placer, que él también lo disfrutaba. Usaba su lengua y sus labios sin meter sus dientes, lo hacia una y otra vez. Luego lo sacaba de su boca y le pasaba la lengua por todo el pene hasta la base, y luego chupaba mis huevos.  Tanto y tan bien que me dejé caer sobre los sacos que protegían la torre. De pronto oigo unos pasos, le cojo la cabeza. Pongo un dedo sobre mis labios, y hago la señal de silencio: ¡Shhhh! Espera no hagas nada, haz silencio, le ordené.

  • Y ¿Qué pasó? – preguntó angustiado Anthony
  • Sí, sí que ocurrió luego – insistió Osvaldo
  • ¿Los vio alguien? – Preguntó Cris.
  • Tranquilos no desesperen – repuso Hipólito – No nos vio nadie.

Los pasos se alejaron, y Silvester continuó con su tarea, asiduo a terminar lo iniciado. La agitación vuelve, y el corazón late, mientras su lengua lívida se desliza por mi pene, como niño pegado. Sus ojos fingiendo inocencia. Con el latir en la boca, se desliza el sudor por entre la ropa. Hasta que apretó con fuerza sus hombros, entonces llenó su boca con el líquido espeso blanco. El lame mi pene hasta limpiarlo, y luego lo escupe a un lado. Sonrió y el a mí.

  • Pobre chiquillo, le desvirgaste la boca – dijo irónicamente Cris.
  • Jajajaja, si claro, salud Cris – dijo Osvaldo
  • ¡Hey!, esperen, aún falta lo mejor – dijo Hipólito
  • ¡Más! – dijeron los tres al unísono. Anthony volteó y al ver a un grupo de muchachos que se les quedaba mirando, se sonrió.

Si verán, el sol comenzaba a despuntar, tocaron diana, y todos los soldados se levantaron, la guardia terminó y ambos bajamos a las duchas, para cambiarnos e irnos cada uno a sus labores, pero antes de pasar por las duchas sin que nadie se dé cuenta lo empujé dentro de un almacén, que tenía la puerta sin seguro. Miré a ambos lados de la puerta y cerré la puerta por dentro.

  • ¿Qué hace sargento?
  • Apura mierda, vamos a terminar lo que empezamos.
  • ¿Pero señor yo nunca lo hecho por ahí? – me respondió
  • Yo tampoco

Lo cogí de la camisa, y lo besé, él se sonrojó, nunca había besado, lo noté por su torpeza, pero a su vez me abrazó, pero lo empujé contra unos sacos de arroz, como pude le bajé el pantalón, le subí la camisa, y le vi las nalgas, estaban blanquitas. Se las palmee, una y otra vez, y él se agitaba de dolor. Le abrí ambas almohadas carnosas y vi su hoyito virginal, estaba marroncito, cerradito, lo agité con el dedo, lo escupí, una y otra vez, hasta que empezó a ceder, le metí un dedo despacito, luego otro, y otro, hasta dilatarlo bien, entonces se lo empecé a meter primero la cabecita, y gritó: ya no, ya no decía. Entonces lo sobé, le eché saliva y se lo volví a meter, lo nalgueé para soltar el anito, y esta vez entró una y otra vez, ahora ya no gritaba sino que gemía, y gemía de placer, le di un trapo para que mordiera. Seguí y seguí, eran ricas sus nalgas, chocaba contra ellas, una y otra vez. Hasta que me vine dentro de él. Se lo saqué lentamente.

  • Tienes rico culo -  le dije – desde ahora eres mi perro, ya sabes, ahora tendrás que cumplirme siempre.

Silvester sonrió y se subió el pantalón y lo hice que saliera primero. Pero antes lo besé y el correspondió tiernamente. Luego salí sin ser visto. Con Silvester salí un par de veces más, era un selvático muy excitante. Fui un tonto al dejarlo ir y todo por mis miedos.

  • ¡Ay!, ya se va poner triste – dijo sarcástico Anthony
  • ¡Salud Hipólito! ¡Salud! – Dijo Osvaldo – ¡Por tan buena historia!
  • ¡Salud! – respondió y tomó otro poco de cerveza.
  • Pero ya que estamos animados, quien continúa – Dijo Anthony
  • Y a mí no me invitan una cerveza – dijo la voz de alguien…

 

Continuará….

 

© 2014 Hunks of Piura Entertainment. Ésta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

Siempre practica sexo seguro.

 

 

miércoles, 12 de marzo de 2014

The Bar's Boys (7)

Por: Nug Huyur

 

Capítulo VII: El selvático.

 

Todo empezó cuando llegó el nuevo grupo de reclutas al cuartel. La mayoría provenientes de la selva, alguno que otro de la sierra, y por lo menos cinco o cuatro del mismo Piura.  Los hubiesen visto a esos muchachitos todos, con sus ojitos vívidos, mirando a todos lados, algunos no sabían ni lo que hacían ahí, alguno que otro se le veía resudado, otros pelucones, otros  desaliñados, algunos de mis promociones decían que tenían piojos, y otros que apestaban a queso rancio. Recuerdo que en aquella oportunidad, Arturo y yo estábamos de servicio diurno y nos tocó recibir a toda esa gente. Era todo un placer verlo, todo serio y firme, el muy desgraciado se lucía con su don de mando. Tras las palabras de bienvenida, se les condujo a los baños para su aseo respectivo, se les hizo calatearse, ingresamos a los baños, les fui entregando a cada uno una toalla y un jabón. Arturo andaba emocionadísimo, al igual que yo. Aunque trataba de ser discreto para no levantar sospechas. Al terminar los pusimos en columnas. Fue ahí que empezaron las risas, por lo que sin querer todos se veían, mostraban sus vergas: algunos eran realmente dotados y otros aunque sin gran pito, gran culo. Al notar el desorden que comenzaba a reinar, Arturo hizo gala de sus dones.

  • Firmes – gritó él
  • ¡SI SEÑOR! – contestaron todos al unísono, y se quedaron quietitos
  • Media vuelta derecha, derecha – ordenó y todo el grupo quedó mirándolo a él.
  • Acaso no son hombres,- regañó - todos tenemos verga y huevos en el cuartel,  o hay alguna señorita, entre nosotros.
  • ¡NO, SEÑOR!
  • Solo ellas tienen concha, y se avergüenzan, los machos, los hombres como nosotros tenemos huevos, así que  no quiero volver a escuchar más risas, nadie tiene que ocultar nada, tienen dos minutos para bañarse señores.
  • ¡SI, SEÑOR!
  • Apúrense, vamos, vamos, señoritas, que mi abuela lo hace más rápido que ustedes.

Todos ellos se distribuyeron cada uno a una regadera, aunque Arturo se la daba de muy macho ante ellos, por dentro se derretía, y más de alguna vez, tuve que cubrirlo para  acomodarse el paquete y no se le viera que andaba erecto. Al terminar con el protocolo de bienvenida, nos fuimos a comer algo cafetín del cuartel.

  • Bueno Hipo, ¿Qué te parecieron los nuevos prospectos? – interrogó Arturo tras terminar su cerveza
  • Están en algodón promo.
  • Puta, promo, ¿Cómo que están en algodón? Alguno de ellos debe haberte excitado, carajo.
  • Jajaja, tú no más piensas en eso ¿verdad?
  • ¡Ay! Hipólito, a estas alturas no te vas a poner cucufato, llevamos casi dos años en este puto cuartel como para venir con esas.
  • Si, y tú no te quedas atrás bien que te vi como disimulaste, para que no se notara que la tenías paradaza.
  • A ti no te puedo mentir promo, esos culos y esas vergas estaban bien ricas y verlos, ahí, serio que excita como mierda. Pero, y tú, no me digas que tampoco te gustan los hombres. Porque si es así, ya estamos mal.
  • No huevón, sabes que ando con La Carmen.
  • Acaso ella se irá a enterar, además a mí no me vas a venir con huevadas, La Carmen es pura fachada, a ti te mueven el piso los hombres, sino te abré visto como se te iban los ojos en el baño también. Y la vez…
  • Ya, ya, Arturo, crees que podrías arreglar una guardia con el selvático, el chatito potoncito, que hay en la cuadra.
  • Ya lo decía yo, si no hay problema, yo te arreglo eso, promo.
  • ¿Estás seguro, no te quisiera meter en problemas?
  • No seas huevón, además cumpa, sabes bien que nosotros somos brothes, y por ti hasta la vida, hermano.
  • Ya, ya aguanta, que con los amigos no me meto.
  • No seas imbécil, tú no eres mi tipo. Y ahora un salud por eso.

Me acuerdo que nos reímos de eso, chocamos los vasos y pedimos otra cerveza. Así llegó el día jueves, a mí me tocaba el último turno, de tres a seis de la mañana. Hasta ese momento se me comunicó que uno de los nuevos reclutas iba a hacer la guardia conmigo.  Ya estando en la torre de guardia llegó, era un chatito, de facciones no tan pronunciadas, con un cuerpo marcado a pesar que el uniforme no le ayudaba mucho, sin embargo, se notaba su pronunciado potito, bien despachadito el niño, pensé.

  • Buenas noches soldado, su nombre – dije enérgico
  • ¡Jhon Arnold Silvester Stalin Orbe Huampaní, reportándose para la guardia, Señor! –

 

Continuará….

 

© 2014 Hunks of Piura Entertainment. Ésta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

 

miércoles, 5 de marzo de 2014

The Bar's Boys (6)

Por: Nug Huyur

 

Capítulo VI: El baño.

 

 Son las doce de la noche. Un patrullero ha llegado al costado del bar, la policía detiene al Faite, es subido al patrullero. Osvaldo, Cris, Anthony e Hipólito, ingresan al bar. En el estéreo se escucha a Cristina y los subterráneos con “Tú por mí yo por ti”, en el bar hay movimiento, las conversaciones vienen y van, en la barra hay muchachos sacando plan a otros muchachos. Romeo, entregando los pedidos de los mozos y en la caja alguien cancelando lo consumido. Los cuatro amigos, han cogido una mesa. Osvaldo, se va al baño, se enjuaga la boca y escupe, se mira al espejo pero el reflejo solo muestra las heridas externas, no muestra la desilusión, el orgullo quebrado y el amor dolido. Quién lo mandó a enamorarse de un tipo así. De un don nadie, él un ingeniero agrónomo, socio de una de las empresas más importantes de la provincia. Que había logrado el respeto de sus compañeros, tanto para su opción, como el evitar las burlas. Sin embargo, las hormonas habían nublado su juicio, y unas cuantas palabras lo habían hecho caer con un tipo como El Faite. Se terminó de enjuagar las manos. En eso, se abrió la puerta, ingresó Hipólito mientras Osvaldo se mojaba la cara otra vez, no lo perdía de vista por el espejo. Hipólito se puso a orinar. Osvaldo se ganó con el pene de Hipólito. Es guapo en todo, pero y el Faite, a la mierda con él, Hipólito es mejor y más guapo que el Faite, pensó. Hipólito terminó de orinar, se acercó al lavadero contiguo. Osvaldo cogió su pañoleta e intentó amarrarla, pero no podía. Hipólito lo vio por el espejo.

  • Te queda bien esa pañoleta, te hace ver más guapo – coqueteó Hipólito
  • Gracias – contestó medio sonrojado Osvaldo y apropósito renegó aparentando no poderse amarrar la pañoleta - ¡Rayos!
  • A ver ven te ayudo – se ofreció Hipólito.

Tomó la pañoleta, la acomodó sobre la cabeza de Osvaldo y la amarró bien. Puso sus manos en los hombros de Osvaldo y olió su perfume, sintió algo que ni el mismo podía explicar, Osvaldo era consciente de su táctica.

  • Sabes, hueles rico – dijo Hipólito
  • ¿Tú crees?

Hipólito lo giró, sin decirle más. Lo besó, Osvaldo no se resistió. Era tan intenso, que Osvaldo se dejaba guiar, las manos de Hipólito seguían sus instintos, lo llevó contra la pared.  Pasó sus manos por su pecho, por su barriga, por sus tetillas. Osvaldo estaba muy excitado, por su cintura, estaba a punto de deslizar una de sus manos hacia sus nalgas. Pero de pronto y sin saber por qué, Hipólito se arrepintió, separándose.

  • Espera, espera, esto no está bien, Osvaldo
  • Pero que dices, Hipólito, si vamos muy bien, yo te gusto y tú a mí, ¿Qué más hay que pensar?
  • Osvaldo, ¿No entiendes nada, verdad? no te he salvado por esto, no por sexo.
  • Pero eso no importa, - dijo Osvaldo mientras avanzaba hacia él - ¡Au! – dijo Osvaldo y fingió un fuerte hincón en la costilla. Y calló de rodillas.
  • ¿Estás bien?

Hipólito se acercó a Osvaldo, y este aprovechó, le tomó por asalto y le robó un beso. Hipólito casi se cae, pero pone sus manos en el suelo y mantiene el equilibrio, en eso, logra cogerse del lavadero y se pone de pie junto con Osvaldo, ya en pie, delicadamente separa a Osvaldo de él.

  • Osvaldo, no quiero hacerte daño, pero esta no es mi idea de conocer a alguien, no así.
  • ¿Entonces porque me besaste?
  • Porque te lo merecías, porque eres guapo, y no hay persona en el mundo con el derecho suficiente para dañarte, o malograr tu vida y dejar de creer en ti, en la posibilidad de ser feliz.

Un silencio inundó el lugar, se separaron, y Osvaldo se entristeció, Hipólito se acercó a él, le tomó por el rostro y lo levantó.

  • ¡He, guapo! No estés triste, mira lo único que te pido es tiempo, ya tienes algo de mí, mis besos.
  • Besas rico – dijo después de sonreír
  • Ves, así te ves mejor, una sonrisa en tus ojos y en tus labios, ven te invito una cerveza, conozcámonos un poco más y luego si se da bacán, sino al menos seremos amigos, ¿Qué dices?
  • Sí, está bien

Hipólito abrazó a Osvaldo y luego salieron del baño conversando, Anthony solo sonrió.

  • Nuestro amigo no se pierde tiempo, ¿verdad? – dijo Cristian
  • Así veo amigo, aunque esos dos se hacían ojitos desde afuera.

Al llegar Osvaldo e Hipólito, se encontraron con las miradas de Anthony y de Cristian.

  • Será mejor que no piensen mal – advirtió Osvaldo
  • ¡Salud, Anthony! – chocaron los vasos Anthony con Cristian
  • Pidieron una jarra, ¡Qué bien! – se emocionó Osvaldo.

Se inició la conversa y la jarra de chela a girar, se acabó la primera,  y la segunda, entonces Anthony,  quien aún no estaba tan huasca como Cris u Osvaldo, el cual en más de alguna vez le había hecho ojitos a Hipólito, y el disimuladamente le había correspondido.

  • Bueno y ya que estamos en confianza, que les parece si contamos nuestra primera vez – propuso Anthony
  • Me parece genial – Dijo Osvaldo emocionado
  • Ya pero ¿quién empieza? – habló Cristian
  • ¡Yo! – se ofreció Hipólito
  • A ver, a ver, pero si el ejército es… - argumentó Cristian
  • Sí, el ejército forma hombres, valientes y bien varoniles, jajajaja – dijo Hipólito – pero no muchachos, es todo lo contrario, el cuartel me demostró eso y muchas cosas más, aunque no lo crean, todo empezó cuando….

 

Continuará….

 

© 2014 Hunks of Piura Entertainment. Ésta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.