domingo, 11 de agosto de 2013

Cuaderno de Obra (5)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.

 

Tras ducharse, luego de levantarse a correr bien temprano, Renzo sale a la sala, donde su nuevo jefe mira un partido de fútbol americano, mientras desayuna.

-           Buenos días. La clave. Es “danamireya”. En minúsculas. El nombre de mi hija.

-           OK… ¿le gusta el fútbol americano?

-           Bueno, me cuesta eso de las yardas y los touch-down, pero trato.

-          Renzo se fija en el mariscal de campo: un gringo simpático y fornido. Recuerda a una de sus exparejas, un compañero de clases cuando se fue de intercambio a Berkeley. Tras desayunar, regresa a su dormittorio, prende su lap-top y espera a que su chico se conecte en Facebook. Lo logra media hora después.

 

Tito está limpiando la sala de la casa. Ni siquiera su tía Irene tiene la paciencia de dejar todo reluciente.

- ¿Sobrino? ¿Cómo te fue ayer con Vinicio?

- Ah, tío. Bien, todo bien. Gracias. Me dio el trabajo. Sólo me dijo que esperara que comience.

- ¡Bien, sobrino! ¿Te dijo algo, te preguntó algo?

- No, no, no… no…

- ¿Todo está bien?

- Sí, sí… ¿por qué?

- Demoraste como dos horas. Pensé que te había hecho alguna prueba.

Tito siente cómo se ruboriza.

-          N-n-no… nada, tío. Me quedé viendo cómo jugaban mis patas.

-          Juan sonríe, se retira. Tito reanuda la limpieza. Minutos más tarde, Miguel.

-           Primo, necesito cortarme el pelo.

-           ¿Has ido donde Orlando?

-           Quiero ir, pero…

-          Miguel se acerca en tono confidencial.

-           … ando aguja.

-          Tito lo mira, duda.

-           Termino en media hora y vamos.

 

En el local del Sindicato, Vinicio revisa unos papeles, cuando entra Ezequiel.

-          ¿Irás a la Convención en Lima?

-           Sí. Quieren que llevemos una delegada, un delegado de juventudes y dos agremiados.

-           No tenemos Secretario de Juventudes.

-           Ya pondremos a alguien. Quizás el sobrino de Juan. Tiene cierta inteligencia. Si lo formamos, podría ser un buen dirigente.

-           ¿Hablas de Tito, el chico que vino ayer? Pero ese huevón se la pasa todo el día o en la cancha, peloteando, o en el gimnasio. Además, tiene su famita.

-           ¿Qué famita?

-           Dicen que… dicen que es mostacero.

-           ¿Ah, sí? ¿Y te jode eso?

-           ¿A mí? ¡No! Hablo del prestigio del Sindicato.

-           Destierra esas ideas neoliberalistas. Recuerda donde estuviste hace dos años.

-           Tú sabes que fue un error. Jamás maté a nadie.

-           Ahí está tu respuesta, compañero.

 

Poco después de mediodía, la peluquería de Orlando está vacía. Tito y Miguel llegan, ambos en polo pegado y short.

-          Hola, chicos. ¿Tan rápido Tito? Hace dos semanas que te corté.

-           Es para mi primo Miguel.

-          Orlando prepara al nervioso cliente, mientras Tito se sienta a un costado, y comienza a sobarse la entrepierna de modo evidente, tanto que un bulto se forma en esa área y resalta bajo la tela. Orlando, de reojo, verifica que sus ojos no lo engañan.

-          Termina el corte. Pasa la escobilla a Miguel.

-           Tengo pelitos como mierda.

-           Orlando tiene una ducha acá. Si no se incomoda, te la puede prestar. ¿Cierto?

-          El peluquero duda un poco, mira el reloj en la pared de su negocio, luego la calle.

-           Mira, Miguel, anda por el pasadizo: es la última puerta de la derecha.

-          Miguel se pone en marcha, y Tito lo acompaña.

-           ¿Y tú, chiquillo, a dónde vas?

-           Tranquilo, Orlandito. Quiero ver que no se pierda.

-          El chico da una sonrisa pícara. Ya solo, Orlando entiende que algo va a pasar. Se asoma en la puerta de la calle. El sol golpea la calzada de arena, inclemente. No hay mucha gente afuera. Cierra la puerta con sigilo. La atranca.

-          Entonces, va a su dormitorio y se pone cómodo: un polo, una bermuda y sandalias.

-          Al asomarse al pasadizo, no ve a Tito, aunque escucha el agua de la ducha. Avanza. Cuando llega a la última puerta de la derecha, la encuentra abierta de par en par, y adentro, Tito (con la verga al palo) y Miguel, desnudos, mojados, llenos de espuma, compartiendo el espacio.

-           Orlandito, ¿vienes con nosotros? Queremos aprender a lavarnos el pelo.

-          El peluquero no sabe si está soñando, pero se saca su ropa. Cuando tiene su bermuda a mitad de muslos, siente que tocan la puerta con fuerza. Hace un gesto de incomodidad, y se vuelve a vestir.

-           Ya vengo, chicos.

-          Al atender, se queda de una pieza: es Juan, padre de Miguel.

-           Orlando, ¿puedes pasarle la voz a mi hijo?

 

(CONTINUARÁ…)

 

©  2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com, o comenta a continuación.

Cuaderno de Obra (4)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunkk01 y N.Azz.

 

-          Gustavo levanta las piernas de Renzo y comienza a practicarle un beso negro. La excitación crece, a medida que su lengua dilata el orificio donde ambos encontrarán placer en unos minutos más.

-          Luego, protegido por un preservativo, le mete su miembro duro, y se recuesta sobre el delgado y formado cuerpo del inevitable viajero.

-          Varios minutos después, pone a Renzo boca abajo y vuelve a penetrarlo sin dejar de besarle la nuca y la parte superior de la espalda, sin dejar de acariciarle las caderas y los costados.

-          Casi una hora después, Gustavo eyacula dentro de su enamorado.

-           Es sólo un sacrificio, Renzo. Verás que no nos separaremos. Al contrario, seguiremos hasta el fin.

 

Por la noche, en la barriada, Juan toma el fresco sentado en su silla tejida con palma de caña.

-          ¡Compadre!

-           ¡Vinicio! ¿Qué nuevas?

-           Salió la licitación de la escuela. Va a haber chamba.

-           Al fin, huevón. Ya la estaban haciendo larga. ¡Dos años y ni mierda!

-           Mas bien te paso la voz. A lo mejor quieres chambear, tú y tu hijo. Anda al sindicato.

-           Miguel está estudiando… mas bien tengo un sobrino, Tito. Necesita chamba.

-           ¿Tiene experiencia?

-           No… no sé. Si quieres le digo que vaya mañana.

-           Claro, a ver qué puedo hacer. Hasta luego, Juancho.

 

Hacia la medianoche, de nuevo en el apartamento del condominio, un sigiloso hombre ingresa.

-          Gracias por hacernos ganar, Zacarías.

-           De nada, ingeniero Jáuregui. Mientras sea el alcalde, y mientras usted me… agasaje, toda licitación será suya.

-          Eduardo sonríe. Apenas viste polo y una bermuda.

-           Pasa al cuarto. Jonás nos está esperando.

-           ¿Nos está esperando?

-           Te tengo una sorpresa.

-          En el dormitorio, el moreno musculoso está desnudo, sobándose la pinga, viendo una porno. El alcalde se sobresalta ante la imagen, pero se sorprende más cuando Eduardo comienza a desnudarse, y a desnudarlo.

-          El cuerpo del ingeniero civil es de infarto: una figura de muñeco de acción pero tapizado con vello por todo sittio.

-           Acuéstate sobre él.

-          El alcalde Zacarías accede, se echa sobre Jonás, y comienza a besarlo. Entonces, siente sobre su espalda a Eduardo y su pene en proceso de erección.

-          Los tres se las ingenian para entrar de costado en la cama –el alcalde al medio- y gozar del trío. Así el ingeniero y su acompañante pueden ofrecer sus falos largos y duros para ser chupados con ternura. Eduardo lo tiene de 18 y es grueso, un buen complemento a los 20 de Jonás.

-          Después, Jáuregui penetra al alcalde, mientras éste no se despega del pito enorme de Jonás. Lo hace hasta eyacular.

-          Luego, Jonás demuestra por qué se ha ganado fama de semmental sodomizando a Zacarías en piernas al hombro, en perrito, encima de él. Eduardo se sorprende lo mucho que demora, hasta que se vacía dando un leve rugido.

-          Es cuando los tres pueden descansar.

-           ¿Cuándo comienzas la obra, Jáuregui?

-           Cuando me deposites la plata.

-           El domingo colocaremos la primera piedra.

-           Igual, o me sueltas la plata o no inicio nada, y Jonás tampoco te la soltará.

-          Los tres hombres desnudos ríen.

 

A la mañana siguiente, Tito llega al despacho de Vinicio, quien lo mira con disgusto por unos segundos, pero de inmediato cambia su expresión.

- Mi tío Juan me dijo que podía… haber chamba.

- ¿Has trabajado en Construcción?

- No, nunca…. Pero, puedo aprender.

Vinicio lo mira de pies a cabeza.

-          ¿Y tienes físico para la construcción?

-           No sé.

-           ¿Por qué… no te quitas la ropa?

-          Tito mira a Vinicio con sorpresa.

-           Quiero asegurarme que vas a resistirla, digo resistir.

-          Tito, entonces, se saca su camiseta, la deja sobre una silla. Igual hace con su pantalón. Su torso fuerte, sus brazos amplios, sus piernas voluminosas aparecen.

-          Vinicio se complace viendo tal obra de arte de carne y hueso.

-           Quédate calato. Quiero ver todo.

-           ¿Calato?

-           Puta ’on. El médico te pedirá lo mismo. Te lo estoy ahorrando.

-          Tito se ruboriza. Tímidamente se baja y saca su calzoncillo.

-          Vinicio pide que dé una vuelta. Tito le muestra su ancha espalda, sus levantadas nalgas.

-          El chico escucha cosas que se rozan, pero no está seguro, excepto que su pene, de nuevo, está poniéndose duro.

-           Voltéate, Tito.

-          Al girar, el muchacho ve que Vinicio está todo desnudo y también al palo.

 

Esa misma tarde, Renzo toma su vuelo a Piura. Durante el viaje, a medida que mira el mar de nubes  y los picachos de la cordillera, llora. Ni siquiera se deja atender por un fly-host, que desde que subió a la nave, lo mira con cierto interés.

Al aterrizar y pasar la sala de recojo de equipajes, trata de divisar el rostro del ingeniero Jáuregui.

-          ¡Renzo!

-           ¡Inge!

-          Rápidamente pone sus dos maletas en una camioneta doble cabina y ambos enrumban al condominio, suben al apartamento.

-           Mira este cuarto. Nadie lo ocupa, y será el tuyo. ¿Te gusta?

-           Claro. Es perfecto. Gracias. ¿Tiene… Internet?

-           ¡Por favor, Renzo! Ahora te paso la clave del router.

-          Después de meses, tendrá que pasar la noche a solas.

 

 (CONTINUARÁ…)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta a continuación.

sábado, 10 de agosto de 2013

Cuaderno de Obra (3)

Creado por N-azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.

 

En la cumbre de la colina que domina la barriada hay una cruz. Juan y Tito llegan. Contemplan las casas empequeñecidas por la altura y la perspectiva. Se sientan debajo de un algarrobo raquítico, tratando de protegerse del inclemente sol.

-          ¿Sabes cómo se llama este cerrito, sobrino? Cerrito del Conquistador. Dice que cuando llegaron los españoles, aquí en toda la corona, encontraron un templo de los antiguos, pero los encontraron tirando entre patas, o sea, entre hombres. Se molestaron tanto que los quemaron vivos, destruyeron el templo y pusieron una cruz, como ésa. Cuando era chibolo, mi abuelo decía que por eso, este cerrito le decían el Cerro Maricón.

-           ¿Estás molesto por lo de hoy, tío?

-           No, para nada. Pero me gustaría que confíes en mí, Tito. Yo también fui joven como tú.

-           ¿Piensas que soy maricón?

-          Juan sonríe.

-          - Cuando serví en el cuartel, tu abuelita se puso muy enferma. Todos tus tíos, tu viejo incluso ponían plata. Las propinas que me daban no alcanzaba, y estaba triste. Un día, me vio el hijjo de un oficial que era mi pata, le conté y me dijo que me podía ayudar.

-           ¿Cómo te ayudó?

-           Me dio plata… pero me lo tuve que cachar. Me lo comí tan bien, que todos los fines de semana, cuando salía de franco, era lo mismo: me lo cachaba y él me daba plata. Incluso cuando salí del servicio, me buscaba, por lo menos hasta que destacaron a su viejo a otra parte.

-           Pero salvaste a mi abuelita.

-           Sí… pero tuve que prostituírme.

-          Tito lo mira con asombro.

-           Yo me calateé hoy porque Miguel tenía que terminar su trabajo. No le cobré.

-           Tranquilo, Tito. No te’stoy juzgando. Sólo quiero que confíes en mí.

-          Juan se pone de pie.

-           Tío Juan, yo sí me he cachado un maricón. Fue hace quince días, cuando me fui a cortar el pelo donde Orlando.

-           Sí, Orlando se ha comido casi todas las pingas del pueblo. Sólo un consejo: no dejes que se te prenda, ni le aceptes ser su marido.

-           Sí, me dijo, pero no le atraqué. Ni siquiera me interesa estar con una jerma, menos con ese huevón.

-          Juan sonríe a Tito, le palmea el hombro y le hace un ademán. Ambos regresan a casa.

-           Tío, ¿es malo que se me pare el huevo?

-           No, no creo. La huevada es frente a quién se te para. Nada mas cuidado con Orlando.

-          Tito afirma con la cabeza, sonríe, y su rostro se ilumina con esa inexplicable sensualidad del piurano macho, pero simpático. Su tío le palmea el recio y redondo hombro.

-          - No eres mi hijo, pero como si lo fueras, Tito. Nunca lo olvides.

-          En mucho tiempo, es la primera expresión de cariño que Tito recibe de un familiar.

 

Al día siguiente, en la municipalidad, decenas de personas siguen atentas la apertura de sobres de la licitación.

en un despacho, el alcalde y su asesora de imagen revisan algunos detalles.

-          Recuerde, señor alcalde, el jefe de obras abre los sobres, lee al ganador, y cuando todo acabe, se retira del salón de actos sin dar declaraciones.

-           ¿Sabes si re-lacraron bien esos sobres?

-           Sí. El chico de Informática lo hizo perfecto.

-          A una señal, ambos salen al salón de actos. Apenas ingresa, el alcalde se percata que en primera fila, está sentado un chico moreno, fornido, que no le quita la mirada de encima.

-          La autoridad da unas instrucciones a un ayudante, quien disimuladamente se las repite al jefe de obras.

-          Se abren los sobres de la licitación, y se anuncia a Acrópolis como la ganadora. Otros participantes del proceso se levantan y se escucha un murmullo como reclamo. La jefa de imagen topa al alcalde, quien sale rápidamente del salón, no sin antes ver al moreno por última vez, quien le guiña un ojo.

-          De vuelta en su oficina, llama al ayudante.

-           Hay un chico moreno allá en el salón, en primera fila. Dile que nos reuniremos igual que la última vez.

-          El ayudante sale presto a cumplir la diligencia. Regresa un cuarto de hora después para confirmar el recado y la respuesta positiva.

-          Cuando la autoridad se queda a solas, se recuesta sobre su cómodo sillón: esta noche será otra jornada de sexo.

 

Al mismo tiempo, en Lima, Renzo está doblando su ropa con cierta tristeza. Mañana partirá a un nuevo destino, lejos de casa.

Es un joven de 27 años, delgado pero formado gracias a su afición a correr y practicar algo de artes marciales. Nunca entendió cuál era el vacilón de levantar pesas en el gimnasio, pero ello no descartó que, cierta vez, un tipo se le acercara en una discoteca para proponerle hacer un casting. Renzo rechazó la oferta.

Las chicas en la facultad de Ingeniería se morían por él: es guapo, pero guapo varonil, además de tener un carácter simpático y simple, aún cuando sus padres podían darse el lujo de pagarle vacaciones en Varadero o Cartagena.

Un hombre entra a la habitación, trigueño, de grandes músculos que el pijama evidencia sin roche alguno.

-          Sólo serán tres meses. No deberías estar triste.

-           ¿Te parece poco tres meses, Gustavo? ¿Justo ahora…?

-           Renzo, Piura está a una hora en avión. Si no te voy a visitar, tú vendrás.

-           Pero no será lo mismo, mi amor. ¿No lo entiendes? Llevamos cuatro meses como pareja, apenas uno viviendo juntos.

-          Gustavo se acerca a Renzo, lo abraza por detrás y comienza a besarle la espalda. La ropa para doblar puede esperar un poco. Ambos se desnudan progresivamente, mientras se besan y acarician.

-          Renzo se acuesta en el extremo de la cama que está libre y recibe el peso de su enamorado. Sus penes ya están duros.

-          Los dos no se pueden quejar pues la Naturaleza los ha dotado con gruesos falos de 17 centímetros. A veces, se preguntaban si eso era la señal de una relación duradera.

 

(CONTINUARÁ…)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares osituaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

Cuaderno de Obra (2)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunks01 y N-Azz.

 

En medio de pancartas, afiches y libros de actas y cajas, sobre una especie de gran trozo de tela, un chico delgado de 20 años yace acostado, boca abajo.

Encima suyo, un hombre de unos 35 años, de cuerpo más grueso y tosco (pero no obeso) mueve su cadera contra el trasero del primero. Por ratos se oyen pequeños jadeos y gruñidos.

Al fondo, una radio a todo volumen hace imposible que los sonidos de este espacio se escapen más allá de lo debido.

El adulto incrementa la velocidad de sus caderas, se aferra a los brazos del chico y suelta un rugido ahogado. Su gran culo deja de moverse. Está sudando a chorros.

-          Listo. Tu primer mes de deuda ya está pagado, falta el segundo. Anda al baño y límpiate.

-          Se levanta, y libera al muchacho, quien va a una puerta estrecha y desaparece, mientras él se saca el condón con mucho cuidado de no mancharse. Lo pone sobre unos volantes viejos, y comienza a vestirse.

-          Al salir del almacén, pasa a una oficina, donde otro hombre, de contextura normal, anteojos, unos 30 años, revisa unos papeles.

-           ¿Terminaste, Vinicio?

-           Lo rompí de pito al chibolo. Que le pase el dolor, y la otra semana me cobro lo que falta.

-           Mañana será la licitación, y me enteré que se la darán a Acrópolis.

-          Vinicio sonríe a su interlocutor, sin sorpresa.

-           Otra vez a lidiar con el reconchesumadre de Jáuregui.

-           La vez pasada respetó los acuerdos del sindica…

-           ¡Porque lo amenazé con parar la obra!

-          El chico que se había sometido a Vinicio pasa por el fondo raudamente, ya vestido, sin decir nada. El hombre de anteojos baja el volumen de la radio.

-           ¿Y qué fue del juicio que te metió?

-           Lo arreglamos extrajudicialmente. Estaba en mi derecho.

-           Bueno, nunca hemos tenido problemas con Acrópolis.

-           Ya te dije: porque la tuvimos cogida de los huevos. Si aspiras a ser más que un vocal, recuerda que no tienes un sindicato por las huevas. ¡Debes imponerte a como dé lugar!

-           Aunque anteayer se te pasó la mano.

-           ¡Carajo, Ezequiel! Para esos oligarcas, lo que hicimos anteayer es una cosquilla. Tienes que aprender a cagarte al neoliberalismo.

-          Un mensajero llega a la puerta, pregunta por Vinicio. El aludido recibe un sobre.

-           ¿Otra carta notarial?

-           No, mierda. Tengo que pagar la tarjeta de crédito.

 

No muy lejos, Tito continúa desnudo al extremo de la sala. Su pene pierde rigidez.

Su primo Miguel aún sostiene el carboncillo y la cartulina, algo incómodo.

en la puerta, un hombre moreno de unos 45 años está de pie, serio, con las manos a la cintura.

-          Viejo, es mi trabajo de la Escuela… Figura Humana.

-          Tito mira a ambos, sin saber qué hacer. Ahora su pene está totalmente flácido.

-          Juan, el padre, súbitamente, cambia su rostro serio y comienza a reírse.

-          Tito y Miguel se miran y lo miran con extrañeza.

-           ¡Los engañé! Ay, muchacho. Normal. No estaban haciendo nada malo, ¿o sí?

-           Te pasas, viejo. Se me suspendió el aliento.

-           Disculpa, tío. Es que…

-           Tranquilos. Pero la próxima vez, avísenme. ¿Se imaginan si hubiera sido la Irene? A ti te rompía las cartulinas, y a ti te rompía el alma y te ponía de patitas en la calle.

-          Los dos muchachos están más aliviados.

-           Tienes buen cuerpo, sobrino; pero, la próxima vez que poses, asegúrate que no se te levante el ‘muñeco’.

-          Miguel sonríe, y camina donde Tito.

-           Te acomodaré de nuevo para terminar. Me falta un par de trazos.

-          Juan se apodera de la puerta, como si fuera el arquero de la selección de fútbol donde suele jugar los fines de semana.

-           Yo me quedaré de ‘campana’.

-          Tras darle a Tito la pose inicial, Miguel regresa a su puesto, coge el carboncillo, y avanza lo que le falta para terminar un hermoso dibujo de su primo, como si fuera un dios de la Edad Antigua.

-          El pene de Tito se queda tranquilo y empequeñecido esta vez.

-           Listo. Acabé. Vístete al toque.

-          Tito se pone su ropa. A su pedido, Miguel le entrega a su padre la obra terminada. El adulto sonríe y hace gestos de aprobación.

-           Buen trabajo, hijo. Sobrino, deberías ser modelo.

-          Al fondo, alguien abre la puerta de la calle.

-           Tu madre. Guarda esto.

-          Miguel toma la cartulina, sus implementos de dibujo y sale. Tito se queda frente a Juan.

-           Tío, ¿en serio crees que puedo ser modelo?

-           Sí, creo que sí… pero…

-           ¿Pero?

-           ¿Puedes explicarme por qué se te paró la pinga… frente a tu primo?

 

Eduardo Jáuregui descansa sobre su cama. No es fácil manejar una constructora como Acrópolis. Peor hubiera sido seguir una carrera como físicoculturista, pues su padre nunca aprobó que se depilara todo el cuerpo –es velludo- y que saliera en tanga a concursar. Lo obligó a estudiar, y, con esfuerzo, se graduó como ingeniero civil.

De todos modos, apenas comenzó a ganar su plata, regresó a los fierros y siempre que puede se mata dos horas entrenando. Donde no le va bien es en su matrimonio: está separado de su mujer, y sólo ve a su hija de siete años una vez por semana.

De pronto, su celular vibra en su mesa de noche.

-          Dime, Wayo… Perfecto… Consíguete a Jonás para mañana: ese huevón necesita una segunda dosis. nos vemos.

Corta la llamada, y busca entre sus contactos, selecciona uno y lo llama.

-          ¿Renzo? ¡Hola, hombre! Oye, ¿te desocupaste de esa consultoría? … Aquí hay chamba…

 

 (CONTINUARÁ…)

 

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Cuaderno de Obra (1)

Escrito y creado por N-Azz

 

A escasos minutos de la medianoche, una camioneta del año, doble cabina, se estaciona frente al condominio de cuatro pisos, en un barrio residencial de Piura.

Un hombre encasacado, y con una gorra imposible, baja, mira a ambos costados con sigilo, y se acerca a la verja. Toca un timbre e ingresa.

Casi sin ver al vigilante del inmuevle, toma el ascensor. En minutos está en el apartamento del último piso donde lo recibe un hombre en camiseta y jean.

-          Gracias por venir.

-           ¿está todo listo?

-          El anfitrión entrega una carpeta. El invitado la revisa con cuidado, despliega unos planos, toma un papel suelto, lo examina.

-           Parece estar conforme. Es lo que negociamos, ¿no?

-           Le agregué un 3 por ciento. Espero que el sindicato de mierda no se ponga tan exigente.

-           Yo sé cómo controlarlo… aún así me parece que recibiré poco.

-           Abra esa puerta.

-          El anfitrión le indica un  rectángulo blanco en la pared. El invitado se levanta, camina hacia él, duda, gira el pomo. Adentro es un dormitorio amplio, con una cama inmensa donde lo espera un chico de unos 28 años, de cuerpo labrado en el gimnasio, apenas vestido en medias y boxer.

-           Buenas noches.

-           Adelante. Sin miedo. Revise las paredes si quiere.

-          El invitado, al fin se saca la gorra. Tiene unos 40 años. Se saca la casaca y comienza a desvestirse hasta descubrir un cuerpo de contextura normal, lampiño, no tan firme como el del chico que lo espera en su cama, quien, sin decir nada más se quita la ropa interior, descubriendo su enorme tesoro de carne.

-           ¿Qué le parece?

-           Estás perfecto.

-          El invitado se sube a la cama, y, sin pedir permiso, comienza a acariciar el pene largo hasta que le da dureza y longitud. Lo agarra y comienza a chuparlo, tratando de tragárselo, sin éxito.

-          El chico toma un condón de la mesa de noche, y, con mucha amabilidad, le pide a su amante que pare con tal de colocárselo.

-           ¿quieres sentarte encima de mi pija?

-          El visitante mira el falo de unos 20 centímetros, grueso.

-           ¿No me dolerá esa huevadaza?

-           Tranquilo. Soy… experto.

-          El pasivo coloca la punta del miembro en su ano, deja que le unten lubricante y comienza a tragárselo hasta sentarse cómodAmente en la ingle del musculoso. Lo cabalga por largo tiempo, hasta que es forzado a acostarse boca arriba, poner sus piernas en los hombros del chico y dejarse bombear. Algo de dolor siente en su orificio, pero trata de ignorarlo: ¿cuántas veces se tiene la oportunidad de disfrutar un semental como el de esta medianoche?

-           Córrasela.

-          El visitante comienza a masturbarse, trata de durar lo más que puede, pero no resiste y dispara su semen sobre su abdomen.

-           Ahhhh… qué rico, conchasumadre. ¡Qué bien que cachas, carajo!

-          El muchacho atlético sonríe en la penumbra.

-          Tras bañarse y vestirse de nuevo, regresa a la sala donde lo espera el primer anfitrión.

-           ¿Trato cerrado?

-           ¡Por supuesto! La licitación es tuya.

-          Ambos se dan la mano.

-          En diez minutos más, el visitante se va en el mismo vehículo que lo trajo.

-          El moreno, entonces, sale vestido del dormitorio.

-           ¿Atracó?

-           Sí, Jonás. Parece que es nuestra.

 

En una barriada de la ciudad, Miguel se rrasca la cabeza, cuando su primo Tito entra.

-          Oe, ¿no vas a jugar una pichanga?

-           No, ‘on. Tengo que presentar un trabajo en la escuela.

-           ¿Trabajo de qué?

-           Un desnudo masculino.

-           ¿qué? ¿Un pata calato?

-           Pata calato, so huevón. ¡Desnudo! ¡Culturízate, so ignorante!

-          Ambos ríen. Tito ve los bocetos que su primo ha realizado.

-           ¿Y qué necesitas?

-           Un modelo, si pudiera. Pero los patas que modelan cobran por posar y ando aguja.

-           El modelo…. ¿tiene que estar calato?

-           Lógico. Totalmente desnudo, ¡des-nu-do!

-           Si quieres… te ayudo.

-          Miguel mira extrañado a Tito. La oferta, de hecho, es inesperada. El primo, que ha cumplido 19 años, llegó a vivir a la casa hace un mes, debido a problemas en la suya. Tal es la confianza, que ya se ha paseado semi-desnudo por ALLÍ, cubierto por un short o una toalla: tórax y brazos fuertes, piel trigueña y lampiña, piernas anchas. Todo el cuerpo, hasta donde podía verse, estaba marcado. Además el fútbol le había dado un par de firmes glúteos.

-           Pero no tengo fichas pa’ pagarte.

-           No seas huevón. ¿Quieres que te jalen en la escuela? ¿Qué mierda?

-          Miguel prepara una cartulina, un carboncillo, coloca a su improvisado modelo junto a una ventana, ensaya la pose, y, finalmente, pide que se quite toda la ropa. Fuera polo, fuera short, fuera calzoncillo, incluso las medias. Es la primera vez que Miguel puede ver ese pene ni grande ni chico perfecto para unos huevos, sí, algo abultados y un vello púbico no tan abundante, no tan ralo. Tito tiene una expresión serena que, sin embargo, desborda sensualidad.

-          Las formas del modelo se van plasmando en la cartulina blanca. No hay que hacer correcciones, pues parece que el cuerpo realmente FUE hecho para esa tarea.

-          De pronto, Miguel repara en un detalle.

-           Se te está armando, ‘on.

-          Tito mira su pene semi erecto. Parece ser grande.

-           No es nada. Normal.

-          Miguel prosigue, pero cada vez que levanta la mirada, se percata que el miembro se pone más grande, hasta que parece llegar a su máxima expresión.

-           So mierda, eres malogra’o, reconcha tu vida.

-          Ambos sonríen, pero no sienten escrúpulos.

-          Una gota de líquido pre-seminal aparece en la punta del glande de Tito. Se precipita al piso. La sonrisa pendeja lo hace más sexy aún.

-          Ahora Tito parece un modelo de revista porno gay.

-          Súbitamente, un hombre mayor aparece en la puerta de la habitación.

-           ¿Qué pasa aquí?

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta a continuación.

jueves, 8 de agosto de 2013

¿En serio matamos al stripper?

Por: Nelson Peñaherrera Castillo

 

Omar Chehade, el defenestrado segundo vicepresidente de este país, pero aún congresista, está impulsando un peculiar proyecto de ley: censurar en Internet la pornografía legal, esto es, aquélla donde participan mayores de edad y que, en principio, está orientada a mayores de edad.

Siete personas del gobierno se tomarán la sacrificada (¡) tarea de ver todo lo que en la red pudiera catalogarse como pornografía (sea blanda o dura), entonces pasar una lista a las proveedoras de Internet, y así bloquear el contenido por-defecto.

Si eres mayor de edad y quieres seguir viendo material X o XXX, tendrás que inscribirte con todos tus datos en una lista. No sé si te vendrá el pack completo de Tabú por el trámite, pero eso dice la propuesta.

La finalidad es evitar que menores de edad ingresen a contenido pornográfico desde casa (o de donde sea), pues ya está bloqueado en cabinas públicas.

La pregunta del millón, que nos ha puesto en guardia, es: ¿y qué es ‘contenido pornográfico’ para el gobierno?

Lo que varias personas estamos suponiendo es que a Chehade no le aterra ver a dos o más individuos representando una escena de sexo o a un chico ‘de gym’ contoneándose en hilo dental, sino que se siga desnudando al poder.

Chehade perdió su cargo cuando una investigación periodística descubrió su presunta implicancia en ciertos negociados que afectaban a la Policía Nacional.

Por extensión, lo que parece aterrar a quienes impulsan esta ‘ley anti-porno’ no es la exposición de senos, traseros o genitales en línea, sino de cómo la corrupción actúa en nuestro país, y nos crea más perjuicios que ver a cualquier talento adulto.

Lo que parece aterrarles es que espacios como las redes sociales sigan siendo el tablón de convocatoria para protestar cuando las cosas no están bien, para conocer lo pésimo que actúan quienes nos gobiernan, para asquearnos con ese quiste maligno llamado corrupción.

Un William Levy en boxer transparente no le roba una escuela al país, una Andrea Montenegro con la blusa mojada (y sin brassiere) al lavar no enriquece inapropiadamente a una autoridad, … salvo que objetivamente me demuestren lo contrario.

Si Chehade pretende que el gobierno actúe como el Gran Hermano, quizás debería ver la viga en su ojo antes que la brizna (OK, paja, para ir a tono) en el nuestro. Por último, quien esté libre de corrupción, que se quite la primera prenda.

 

El autor recibe comentarios en www.twitter.com/nelsonsullana