lunes, 23 de julio de 2012

Fantasías: Mi instructor de natación

Era lunes, otra vez, y como siempre, desperté desganado, aborreciendo la idea de tener que asistir a la universidad, hacer mis deberes y acudir a mis clases de natación.
A pesar de ello, mis tardes siempre se tornan entretenidas, ya que pasar de dos a tres horas en el agua me relaja increíblemente.
Salí de clases, almorcé y me disponía a ir a casa a descansar para luego ir a nadar, cuando repentinamente sonó mi celular. Era un compañero que me informaba que tengo que presentar mi parte correspondiente en un trabajo grupal mañana por la mañana, y no el fin de semana tal y como se había previsto.
-Bueno, no queda de otra- me dije a mí mismo. Pasé 4 horas frente a la computadora redactando el maldito texto, que por momentos me ponía de mal humor, y más aún porque no me inspiraba realizarlo. Era una materia que no me agradaba en lo absoluto.
Así, dieron las 6 de la tarde.
Ya en la ducha, miré el agua recorrer cada centímetro de mi cuerpo. Los resultados del gym saltaban a la vista, y ello me excitaba. Mi espalda ancha, hombros redondeados y una cintura que había demandado un gran esfuerzo eran el preámbulo a unos glúteos redondos, firmes y grandes, piernas marcadas por practicar atletismo, y entre ellas mi miembro semi erecto que delataba mis ganas de tener sexo.
-Es tarde para ir a la piscina- pensé mientras limpiaba el espejo del baño, empañado por el vapor de la ducha –aunque si descanso un poco lograré cumplir con la agenda del día-

Como lo mencioné, terminaba mis días absolutamente relajado porque pasaba largas horas en la escuela de natación, conversando con algunos compañeros o con mi instructor y nadando obviamente.
Mi instructor era un tipo de aproximadamente 27 años, de cabello negro, ojos verdes y de un cuerpo que no podía pasar desapercibido. Siempre había llamado mi atención, desde el primer día que inicié mis clases. Su perfecta espalda, sus pectorales marcados y sus grandes brazos despertaban en mí el deseo, la excitación, por lo que tenía que regresar al agua para disimular mi erección cada vez que mi mente viajaba de manera veloz, y mis pensamientos me traicionaban al mirarlo en bañador y apreciar su enorme bulto.

Llegué aproximadamente a las 8 y 30 de la noche a la escuela, dejé mi tarjeta en recepción y pasé al área de la piscina.
-Nadarás sólo hora y media Sebastián- me dijo amablemente con una sonrisa la recepcionista.
-Si pues, eso me pasa por dormilón jaja- respondí amablemente.
Llegué al baño, abrí mi casillero, me desnudé, busqué en mi maletín mi bañador y me vestí.
Luego, fui hacia el espejo para poder colocarme la gorra cuando de pronto apareció Marco, mi instructor, llevando una toalla a la cintura.
-Flaco, ¿estas son horas de llegar?- me dijo sonriente a través del espejo mientras pasaba detrás mío dirigiéndose al lavador que se hallaba al lado.
-Me quedé dormido, ¿no hay gente verdad?- le respondí.
-No, si has podido ver, está vacío, y yo ya me iba pero por tu culpa me tendré que quedar hasta que cierren- añadió con tono de broma.
Sólo atiné a sonreír.
-Sólo espero que valga la pena- me dijo mientras pasaba por detrás rozando su pecho en mi espalda y con una sonrisa pícara.
No podía creer lo que estaba pasando, ¿eran ideas mías o estaba coqueteando?

Me dirigí a la piscina, me acerqué a él y le dije:
-¿Qué hacemos hoy?-
-Libre, total, sólo tienes una hora- me dijo mientras me miraba en el agua.
Nadé unos 20 minutos, mientras él oía música en su iPod, distraído.
De pronto, vi a la recepcionista acercársele. Regresó rápidamente a su oficina y de pronto salió por la puerta de ingreso con rumbo a la calle.
-¿Qué pasó? ¿Todo está bien?- le pregunté a Marco mientras salía del agua.
No me oyó, era obvio, tenía los audífonos puestos.
Me acerqué, le toqué el hombro y le dije: ¿Todo bien?
-Sí, la flaca que tiene una reunión y me ha pedido de favor que cierre el local y que mañana pasa a recoger las llaves temprano- respondió.
-Uhmmmm, entiendo, ya me aburrí- añadí.
-Jajaja, flojo como siempre- me respondió mientras se ponía de pie.
En ese momento mi mirada sólo se dirigió a una parte de su cuerpo: su paquete, el tremendo bulto que tenía y que ahora se marcaba mucho más en su bañador.
Era notorio, estaba excitado, ¿la razón?, creo que ni él mismo lo sabía.
Entonces, él notó que su enorme bulto había captado mi atención, se agarró el paquete y lo frotó suavemente.
-¿Nos vamos?- me dijo.
-Claro, vamos a cambiarnos- le respondí.
Ya en los baños, noté que me miraba fijamente el trasero. De reojo, vi que su erección no disminuia, y él se hallaba recostado en los casilleros.
-Que buen culo tienes- me dijo, pero esta vez no reía, al contrario su tono de voz era distinto, nunca lo había escuchado así.
-Los resultados del gym- exclamé, volteando a mirarlo y guiñándole el ojo.
De pronto, sentí que se acercó, tomó una toalla y me empezó a secar la espalda.
-¿Qué haces?- le pregunté nervioso y extrañado.
-Evitando la demora- me dijo muy cerca al oído.
Era inevitable, ya la tenía dura con sólo sentirlo cerca. De pronto no sentí la toalla y sólo sentí su paquete rozando mi bañador entre mis nalgas.
Así transcurrió por lo menos un minuto, sin decir ni una sola palabra, como si ambos supiéramos que siempre habíamos estado esperando este momento.
Me di vuelta y mirándolo a los ojos le dije: -¿Sabes algo? Me gustas…
-Ya lo había notado- respondió –Relájate, que lo que pasa aquí, queda entre nos… Además, aún no termino mi hora de trabajo.
Nervioso, le dije: -Una de mis fantasías siempre ha sido hacerlo en el baño de un gimnasio…-
-¿Y de una escuela de natación no?- añadió mientras pasaba una de sus manos por mi pecho y la otra por su paquete.
-¿Podría ser mejor no crees?
Entonces no aguanté más, lo besé y me devolvió el beso. Acercó mi cuerpo al suyo, duro como una roca, mientras sus manos acariciaban mi trasero y abrían mis nalgas.
Una de mis manos agarraba su paquete mientras que la otra descubría el resto de su cuerpo y acariciaba su perfecta espalda. Nos separamos, me quité el bañador mientras él hacía lo mismo. Cuando regresé la mirada, estaba sentado en una de las bancas que había ahí dentro, frotándose su enorme palo, de unos 19 centímetros aproximadamente.
-Chúpamela- me dijo, con esa sonrisa pícara que me encantaba.
Obedecí, su pinga estaba dura, y mi lengua iba de arriba abajo una y otra vez.
Comencé a succionar, y ver su cara de placer me excitaba aún más.
-Que rico, sigue, sigue…- exclamaba mientras sujetaba mi cabello.
Se puso de pie, fue hacia su maletín y sacó un condón de uno de los bolsillos.
Ya de regreso, comenzó a besarme la espalda y el cuello mientras sobaba su pinga entre mis nalgas. El líquido pre seminal humedecía la entrada de mi ano, y yo sólo disfrutaba cada segundo.
Se acostó en la banca y me dijo: -Ven, sube, quiero follar ese rico culo que tienes- mientras se colocaba el condón que anteriormente había tomado
Me acomodé encima de él y poco a poco fue introduciendo esa deliciosa pinga que había tenido en mi boca escasos minutos atrás.
El dolor me invadía, pero poco a poco desaparecía dando lugar al placer.
Los gemidos llenaban el lugar, me tomaba por la cintura, y yo me movía suavemente.
Mi fantasía se estaba cumpliendo y era mejor de lo que la había imaginado.
De pronto me sujetó contra su pecho y empezó a bombear rápidamente. El sonido de mis nalgas contra sus muslos me recordaba una de las películas porno que había visto alguna vez en internet. Era una sensación increíble, no quería que se detuviera y por eso solo atinaba a gemir.
-¿Te gusta?- me preguntó al oído mientras seguía bombeando.
-Me encanta- respondí con voz suave.
-Ven, agáchate, ponte en cuatro- me dijo mientras me acomodaba encima de una toalla en el suelo.
Él se acopló y nuevamente empezó a penetrarme. Esta vez sentía su pinga más adentro, pero me encantaba el placer. Él gemía fuertemente y de vez en cuando decía: -Que rico culo tienes-
Bombeaba rápidamente y me lanzaba una que otra nalgada. Yo apretaba sus muslos contra los míos, evitando que se detuviera y reclamando más y más velocidad.
Sus manos recorrían  mi espalda y luego sujetaban mis hombros afirmándome contra él
Entonces, hizo que me acostara en la toalla y él también lo hizo. Podía sentir su cuerpo sobre el mío. Abrió un poco más mis piernas para introducir mejor su pinga, y esta vez empezó a moverse en círculos suavemente. El placer era indescriptible. Me mordía la oreja por ratos y su lengua pasaba por mi cuello.
De pronto, bombeó rápidamente y lanzó un gemido intenso.
-Me vengoooo- exclamó. Rápidamente sacó su pinga de mi culo, se quitó el condón, y derramó toda su leche entre mis nalgas.
Me sentí satisfecho. Él continuaba gimiendo mientras expulsaba la última gota de semen.
-¿Te gustó?- le pregunté mirándolo.
-Ten por seguro que no será la última vez- me respondió con una sonrisa, esa sonrisa que siempre me sedujo.

Nos dirigimos a las duchas con nuestros cuerpos aún calientes por la temperatura. Me besó y exclamó: -Debes venir siempre a esta hora, no vengas tan temprano, y así podré darte clase a ti solito jaja-
Solo sonreí. Después de todo, iba a obedecerlo.
Ya con el agua recorriendo nuestros cuerpos, su pinga empezó a ponerse dura nuevamente…
-¿Una más?- me dijo mientras se acercaba a mí, me besaba el cuello y la frotaba entre mis nalgas. Sus fuertes brazos se entrelazaban en mi pecho y podía sentir lo fuerte que era.
-No, esperen…-
No había terminado de decir la frase cuando sonó mi celular. Me hallaba en mi cama, en toalla, y la llamada de mi compañero interrumpió mi sueño húmedo. El muchacho sólo quería decirme que el trabajo que le había enviado estaba bien hecho.

Miré la hora en el reloj. Eran las 8 de la noche, me había quedado dormido, y mientras sonreía pensé:
-Es muy buena hora para ir a nadar-

Escrito por Sebastian para Hunks of Piura Entertainment. ©2012. Los nombres son ficticios.

jueves, 19 de julio de 2012

Desnudez olímpica

Como te contamos anteriormente, los griegos de la antigüedad no usaban uniformes en las Olimpiadas, no por falta de recursos, sino porque el desnudo era considerado un símbolo de cercanía a la divindiad, claro está, si el cuerpo era perfecto. Aquí un documental que lo explica todo... el detalle es que la narración está en inglés, pero las imágenes te interesarán...
http://www.youtube.com/watch?v=n-Isn9m_8_o&oref=http%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fresults%3Fsearch_query%3Dnaked%2Bmale%2Bolympic%2Bathletes%26oq%3Dnaked%2Bmale%2Bolympic%2Bathletes%26gs_l%3Dyoutube.3...703.12141.0.12516.27.25.2.0.0.0.312.2576.0j1j10j1.12.0...0.0...1ac.RBmDyHYCg4E
(Es necesario tener perfil adulto).

La Parcela (10): Un rostro familiar

Ya en Piura, con mucho esfuerzo, Nando y Jano bajaron el mini-gimnasio de una habitación del segundo piso, lo aseguraron con cuerdas a la olla de la camioneta y lo cubrieron con un trapo. Las barras y las pesas estaban dispuestas sobre el suelo de la cabina del vehículo.
La cincuentona madre de Jano no cesaba de advertir precaución.
-         Tranquila, vieja. Ya hice esto antes.
Nando apenas si abrió la boca para saludar y casi mascullando.
Era como las siete y media de la noche cuando acabaron de hacer todo el embalado.
-         Nando, no te vayas. Mi vieja te está invitando para cenar.
-          Estéee… mira, la verdad te agradezco… pero quisiera ver a mi viejita ahora. ¿A qué hora salen mañana?
-          Quedé con David a las seis. ¿Por dónde te recogemos?
-          Yo te vengo a ver aquí.
-          Pero, puedo pasar por tu jato.
-          ¡No! Es decir, no. No es necesario; además, tienes mucho peso.
-          Bueno, como quieras.
Nando decidió salir por la puerta de servicio hacia una hermosa calle arborizada y pavimentada. Era uno de los barrios residenciales más elegantes de Piura, lleno de arquitectura funcional donde se privilegian los jardines y las cocheras.
Apenas Nando dobló la esquina, cuando se topó con un hombre de unos cuarenta años, vestido con un polo de rasgos étnicos, un jean y unas sandalias.
-         ¡Benny! ¿qué haces por acá? No me digas que… ¿visitando clientes?
-          Nada de eso. Vine a ver a un pata.
-          Vaya. Se nota que has subido de status.
-          Bueno, tengo que irme. Cúidate.
-          Oye. La Lito está buscando alguien para un show en vivo. Ya tú sabes. Su estrella anda por Chiclayo.
-          Ah, qué bien. Ya, yo lo llamo de aquí.
Cortante, Nando dejó a su interlocutor, y caminó hasta el límite de la urbanización, donde ya pasaban mototaxis. Tomó uno.
-         ¡A santa Leticia, brother! ¡Tres luquitas, pe!

A casi 100 kilómetros, Raúl era el último en cenar. Tomó su plato, lo lavó, y se puso a caminar alrededor de la casa. Pancho, Wilfredo y Gabo estaban en sus cuartos, y Jerry, luego de la cachada de ese atardecer, se había quitado al pueblo.
Cuando decidió regresar al cuarto, Pancho estaba sobre su colchón, cubierto de la cintura para abajo, boca abajo, leyendo un libro. Raúl se desnudó, jaló su sábana, se recostó de lado, y se dispuso a dormir. Quería olvidar la impresión que le causó la amplia y musculada espalda de su compañero de cuarto.
-         Raúl, ¿estás molesto por lo que pasó hoy?
El aludido giró.
-         ¿Lo de hoy? Ah, sí. No, la verdad no. Aunque, a decir verdad, me estuve preguntando algo.
-         ¿Como qué¿
-         ¿Tú… eres gay?
-          Sí, lo soy. Moderno.
-          Igual. Y ¿no te da palta… decirlo?
-          No. Mas bien, mira, vamos a convivir juntos, así que te prometo respeto.
-          Igual. Gracias.
Ambos se sonrieron. Entonces, Raúl giró a su posición inicial, y –ahora sí- se dispuso a dormir.
Pancho se quedó contemplando la espalda esbelta de Raúl, y tratando de digerir esa extraña sensación que tenía. Cerró su libro, decidió no darle importancia, y se levantó a apagar la luz. Antes de quedarse a oscuras, volvió a ver a su compañero de trabajo.
Segundos después, se hizo la penumbra. Apenas Pancho se echó, su pene se puso al palo, otra vez.

En una barriada de Piura, en una casa de pared de ladrillo sin enlucir, la puerta sonó, y una mujer cuarentona salió a atender.
-         ¡Nandito!
-          Má, ¿cómo estás?
-          Bien, hijito, ¡entra! . ¿Y tú?
-          Bien, má.
-          ¿Y tu trabajo?
-          Vinimos a dejar unas cosas, y mañana nos vamos tempranito.
En eso salió un chico más joven, pero igual de atlético que él: su primo Paul. La madre de Nando fue corriendo a la cocina a servirle cena.
-         ¿qué tal la chamba?
-          Bien. Todo va como pensé.
-          Oye, no es por preocuparte, y quizás tu vieja no te diga nada, pero ha llegado un recibazo de la luz.
-         ¿Cuánto?
-          No sé, pero es el recibo amarillo. Creo que hay deuda del mes anterior. Ahí está.
Paul le señaló la repisa bajo el espejo que colgaba junto a la puerta. Nando desdobló el papel.
-         Paul, ¿tienes crédito en tu celu?
-          Pa’ mensajes.
-          Ya. Yo te pago a fin de mes. O… de aquí, si todo sale bien.
Nando mensajeó algo.

Al otro lado de la ciudad, en su residencia, Jano y su madre conversaban sobre la parcela.
-         ¿Y ese chico trabaja contigo?
-          Sí. Nando. Estudia Agronomía.
-          ¿Sabes que su cara me es familiar?
Jano la miró extrañado, y por un momento alucinó situaciones nada santas para una mujer fanática de grupos de iglesia y obras de caridad.
-         Tiene la cara de alguien, pero no sabría decirte. Por cierto, los dos tienen los ojos claros.
 Coincidencia, ¿no?

A eso de las diez, el claxon de una moto pitaba fuera de la casa de Nando.
-         Paul, vieja, ya vengo.
-          ¿Adónde vas Nandito?
-          Tranquila. Vengo al toque.
Cuarenta y cinco minutos después, Jano llegaba a una residencia a dos calles atrás de la suya, llevando una botella de vodka.
-         Feliz cumpleaños.
Jano y un chico delgado, algo ebrio, se daban un abrazo.
-         ¡Adelante!
Adentro, otros cuatro hombres departían animadamente, mientras de fondo se oía algo de Fangoria y Cindy Lauper. Jano casi no bebía, pero conversaba muy divertido con ttodos ellos.
Pasaron unos minutos después de las once de la noche, cuando el timbre sonó. Uno de los invitados fue a atender. Y regresó de inmediato con una noticia que puso a todos en alerta.
-         Chicos, estamos en problemas.
Tras de sí, un muchacho alto y fornido con uniforme de policía neoyorkino (gorra y anteojos oscuros incorporados) entraba blandiendo una vara de control, al estilo George Michael. Era blanco, de brazos velludos y cabello teñido de rubio.
-         Los vecinos se están quejando de la bulla. ¡Yo vengo a poner orden!
De pronto, comenzó a sonar música electrónica, y el policía fue paseándose frente a los invitados, golpeándose una de las manos con la vara, hasta que súbitamente comenzó a  ejecutar una performance al estilo Van Damme, mientras se quitaba la camisa, descubriendo su tórax velludo, pero labrado por el gym, además de un par de tatuajes en el pectoral y el hombro izquierdos. Apenas se desanudó la corbata. Luego se aflojó su cinturón, y simuló una autoflagelación.
La concurrencia comenzaba a dar grititos de aliento
De un tirón, se despojó del pantalón, y se quedó en un hilo dental azul, que le resaltaba el paquete y dejaba al descubierto sus enormes nalgas, tan velludas como sus piernas.
Vestido con gorra, anteojos, corbata, interior y botas, se acercó al cumpleañero, le cogió de ambas manos y se las llevó a los extremos de su interior.
-         ¡Jala!
El muchacho delgado lo hizo, y el policía se quedó en pelotas frente a todos.
-         ¡Que la chupe, que la chupe!
El policía lo invitó al centro de la sala, hizo que se arrodillara y comenzó a sobarle su verga por su cara, hasta lograr que se le parara.
-         ¡Chúpamela!
El chico lo miró, miró a los invitados.
-         ¡Chúpala!
Ante tales muestras de aliento, comenzó a saborear el pene de la autoridad, mientras la concurrencia no cesaba en la fanfarria. Jano sólo sonreía, mirando hacia el rostro y los tatuajes del policía, quien, tras un tiempo, puso en pie a su felador, lo hizo dar media vuelta, y comenzó a quitarle el polo, le bajó el jean, le bajó el bikini, y comenzó a sobarle su dura verga entre sus nalgas, a medida que le besaba el cuello y le mordisqueaba las orejas.
-         ¿quieres que te la meta?
-          Sí.
El policía sacó un condón de uno de los bolsillos de su pantalón, que estaba sobre el suelo, se lo puso, hizo que su compañero ocasional se apoyara sobre la mesa de centro de la sala, le escupió en el ano y comenzó a meterle su falo.
El alcohol hizo que los otros invitados gritaran enloquecidos, mientras que Jano no dejaba de sonreír, aunque más que ver la penetración en vivo, observaba el gesto del policía.
El cumpleañero se aisló de su concurrencia y disfrutó el sexo más que la torta de cumpleaños, el trago o el par de tiros de cocaína de más temprano. Los presentes podían ver el miembro que trabajaba como pistón entre las nalgas del homenajeado.
Unos diez minutos después, el policía puso un gesto de máximo placer, sacó su verga, le quitó el condón, y disparó su semen en la espalda del pata.
El respetable aplaudía ruidosamente.
Terminado el coito,  se volteó a ver al complacido chico, le dio un beso en la boca, mientras las gotas de semen resbalaban hacia la raja del culo.
-         ¡Feliz cumpleaños!
Tras ello, hizo una venia, tomó su ropa y se fue, aún con el pene crecido, aunque flácido.
Jano se levantó y fue ttras el policía, pero otro de los invitados lo retuvo para pedirle unos números de celular, que tardó en encontrar.
Cuando ganó la calle, vio a dos patas alejarse en una moto lineal.
El hombre cuarentón lo halló en la puerta.
-         Buenazo el espectáculo del Benny, ¿no?
-          Sí, buenazo. Ya me voy. Me despides de todos.
Jano se fue de inmediato a casa, hablando solo.
-         Era Nando. Juro que era Nando.

(CONTINUARÁ…)

©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.

miércoles, 18 de julio de 2012

Muy pronto: Tus Fantasías

¿Alguna vez te has quedado viendo a un chico y súbitamente te pusiste a soñar despierto cómo sería un encuentro sexual con él?
Uno de nuestros lectores se tomó el trabajo de investigar las fantasías más recurrentes de todos nosotros, y las presentará muy pronto aquí por Hunks of Piura.
Entonces prepárate para esta nueva serie.
Como siempre, tus sugerencias y comentarios en hunks.piura@gmail.com o haciéndolo aquí mismo. A todo esto, ¿cuál es tu fantasía?

martes, 17 de julio de 2012

Casa De-For´mación (2): El Reverendo Rafael

El Aeropuerto Guillermo Concha está ante la ventanilla. La gente forma una larga fila al interior del avión, mientras la sobrecargo acciona la manilla. Han pasado cinco minutos desde que el personal de tierra pudo colocar la escalera. Todo el mundo está impaciente por bajar.
El Reverendo Rafael también está ansioso, pero prefiere esperar en su asiento a que la cola fluya y le dé espacio para terminar de plantar los pies en tierra, luego de un viaje lleno de turbulencia.
En la propia puerta lo asaltan el sol y el calor. Ya se lo había comentado el Reverendo Alexander. Menos mal que vino con una camisa delgada, igual los pantalones… ah, y sandalias.
Retira su maleta y en la salida, se le abalanzan los taxistas.
-         A Máncora, mister.
-         Talara, mister.
¿Le dicen mister por su tez blanca? Se sonríe, pensando que, como cualquier peruano convencional cederá a una tentación para la que no hay contrición que valga: un cebiche mixto.
Al fin, pone las ruedas de su maleta en el piso y comienza a rodarla fuera del estacionamiento. El Reverendo Alexander ya le había aconsejado que afuera podría conseguir taxi por la mitad de lo que su ‘comité de bienvenida’ le pide; sin embargo, sigue siendo caro. Empieza a sudar.

Traspasando la garita de peaje, las ofertas de transporte se dan en iguales términos.
-         taxi, mister.
Un hombre más o menos gordito, con rostro amigable, le llama la atención.
-         Zinco soles a Los Valles, detrás del Colegio San Miguel.
El taxista se sorprende. ¡Para nada el blanquiñoso tiene acento anglo, pero tampoco tiene pinta de surfer.
-         Seis.
-         Mejor no.
-         Ya, suba
-         ¿qué parte de Los Valles?
-         - El parque.
-         El vehículo arranca.
-         -¿Ya ha estado aquí?
-         - He vivido unos meses.
-         - Ah… ya conoce.
-         El Reverendo baja la luna de la ventana, y, de reojo, mira al taxista por el retrovisor.
-         Hace calor.
-         Verano, pues. En cualquier momento llueve y las pistas están hechas una mierda.
-         ¿Tanto así?
-         Imagine que el año pasado, el Gobierno Regional perdió diez millones de soles para obras de prevención. Simplemente a los funcionarios no les dio la puta gana, armar los expedientes técnicos.
-         ¿Eso salió en la prensa?
-         No. Yo lo sé. Yo trabajaba ahí.
-         ¿Y qué pasó?
-         No tengo carnet, p’e.

Los cinco kilómetros son una actualización de la realidad piurana, hasta que llegan al portón. El Reverendo paga al taxista, quien se apresura a abrir la maletera y bajar la valija.
-         Gracias. Muy amable.
-         Cuando quiera. Aquí está mi tarjeta. – El conductor le da una cartulina impresa: “Antonio Sxxx. Su taxi de confianza. Cel 969xxxxxx. 24 horas. English too”.
-         El sudoroso pasajero coloca la tarjeta en el bolsillo de su camisa, y le da la mano.
-         - Gracias Antonio. Muy amable.
-         Hago tours también, por si le interese.
-         Lo tendré en cuenta. – se termina de despedir.

Tras tocar el timbre, el musculoso Javier sale a recibirlo. Rafael duda.
-         Perdone. Busco al Reverendo Alexander.
-         ¡Ah, Alex! Usted debe ser el… ¿Reverendo Rafael?
Sí. Ambos no creen lo que veen. Un amo de llaves más tirado a un instructor de gimnasio de barrio, y un formador que parece tener la misma edad de los formandos.
Cuando el Reverendo Rafael pasa a la sala, su colega, Roberto, viene a su encuentro. Está algo turbado.
- Bienvenido. El Reverendo Alexander vendrá pronto. Fue a hacer unas gestiones.
-          ¿Ya llegaron los chicos?
-          Dos. Esperamos a los otros dos para las cuatro de la tarde.
El reloj de la sala marca veinte minutos para la hora.

La habitación que ocupará el  formador queda en el segundo piso. Pero no estará solo.
En el dormitorio hay dos camas, un escritorio con papeles y una lap-top encima y su silla con rueditas. Detrás, la ventana con las mismas cortinas blancas de toda la casa. Parece una doble en un hostal de tres estrellas.
- Aquí está el baño. Seguro que quieres ducharte. El closet es amplio, así que puedes ocupar todo este vacío. Compartiremos el cuarto… si no te molesta.
El teléfono suena abajo y Roberto sale de inmediato.
No hay decoración –ni piadosa siquiera- sobre las paredes blancas. Rafael se sienta sobre la cama mejor tendida, y, mientras se desabotona la camisa, se percata que tiene un gran espejo en la pared del frente, debajo del que hay una cómoda ocupada por literatura, enciclopedias, devocionarios… ¿libros de fotografía? Bueno, la gente debe tener sus aficiones, ¿no? La Suya es cantar. Ojalá haya una guitarra.

Cuando Roberto regresa, Rafael está desnudo: tiene el cuerpo con los músculos fibrosos, como futbolista, delgado, abdominales marcados… no es atlético como el chico que vio antes en el dormitorio de la azotea, pero no deja de ser agradable a la vista. Su pene flácido, incircunciso y largo, descansa sobre dos grandes testículos que cuelgan, rodeados de una abundante mata de vello púbico castaño como su cabello crespo. El resto del cuerpo es tan blanco como su rostro (con ocasionales y diminutas pecas), con ojos marrones claros, labios pequeños y rosados. El recién llegado no se inmuta ante la súbita entrada de su compañero, porque tampoco le molesta compartir el espacio.
- Sí que hace calor en Piura – sonríe Rafael.
Agarra su toalla, se pone sus sandalias, y da media vuelta. Su espalda no llama la atención, aunque forma un conjunto armónico con sus nalgas firmes y abultaditas.
Todo pasa en segundos.
El Reverendo Roberto siente que su bragueta empieza a hacerse estrecha de nuevo para una reacción que, minutos antes, tampoco pudo contener, aunque su ropa lo disimula muy bien; pero, es evidente que la humedad que se forma allí adentro lo. incomoda.
(CONTINUARÁ...)

©2012 Hunks of piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.

viernes, 13 de julio de 2012

¡12000 hits!

Gracias a ustedes, hemos logrado superar una nueva marca de visitas en este blog. Por ello, queremos gratificarlos por su preferencia.
Sólo deben decirnos cuál episodio de SOT o de La Parcela les ghustó y por qué; de lo contrario, cuál de los personajes les pareció más atractivo y por qué.
La respuesta más original se llevará una selección de nuestro "calátogo" Hunks 4Adults, que ya hemos promocionado aquí.
Pueden enviar sus respuestas hasta el 20 de julio a las 12 del mediodía (hora del Perú).
Nuevamente gracias y esperamos sus respuestas a hunks.piura@gmail.com. Como siempre, se guardará reserva del ganador si es que la pide. De lo contrario, se anunciará por aquí, y ustedes podrán contactarles para comprobar que el premio llegó a su correo.

jueves, 12 de julio de 2012

La Parcela (9): Los viejos tiempos

Wilfredo sacó su pinga erecta, se cubrió como pudo sus 20 centímetros, mientras Gabo se quedó de pie, bajo la regadera, como estatua, con el culo parado. Raúl, quien sólo vestía una bermuda, salió raudo en busca de agua.
-         ¡Puta! ¿Ahora qué dirá el ingeniero?
Gabo seguía inmóvil, inmóvil y mudo.
A esa hora, Jano llegaba al control de carreteras con Nando de copiloto.
- ¿Trajiste tus documentos?
- No. Los dejé en la parcela.
Un policía los retuvo.
-         Buenas tardes caballeros. Papeles, por favor.
-         Jano le dio la documentación del vehículo. El policía se quedó mirando fijamente a Nando. El musculoso también lo hizo, cambiando su rostro de preocupación, por uno de autosuficiencia. El uniformadoera alto, algo fornido, trigueño claro, y de voz ronca:
-          ¿Trabajando por aquí?
-          Sí.
El policía devolvió  la documentación. Y autorizó la circulación del vehículo. Jano disimuló muy bien el no haber notado el cruce de miradas.
-         ¿Lo conoces?
-          Tombo pasivazo. Si alguna vez tienes problemas en la Corte, éste se conoce a todos los fiscales y jueces que les gusta recibir por el culo.
-          Conozco a un par. Estuve en una orgía en la casa de uno de ellos.
-          ¿Y, qué tal?
-          Terminé agarrando con el instructor de mi gym. Él fue quien me llevó.
-          ¿No será el…?
-          Él mismo, ¡justo el que estás pensando! Le sacó como 100 dólares al fiscal, y sólo le calentó el culo. De ahí nos fuimos a su cuarto.
-          ¿Te tiró o tú lo tiraste?
-          Te recordaré que soy moderno. La huevada fue que me terminó compartiendo como 30 ó 40 dólares. No le acepté.
-          Yo me quiero dejar de esas huevadas. Mas bien, gracias por la chamba.
-          Entonces, te gusta la parcela.
-          Si, es un reto. A Raúl también le vacila.
-          A propósito, Raúl nunca trabajó contigo?
-          Sí, daba servicios, pero su clientela eran más chibolos de universidad. Aparte que tenía un nombre más usado que su culo: Juan Carlos.
-          Bueno. No se parece en nada a Raúl. Algo así como Benny no se parece en nada a Nando.
-          Claro, pero Benny Vergara vende. Algo así como Pedro Vonva.
-          ¿Y nunca conociste a ese Pedro Bomba?
-          Una vez, pero no llegamos a ningún acuerdo. Y recuerda no decirme Benny.
Jano sonrió ampliamente. El sol comenzaba a ponerse sobre los algarrobales que resguardaban la carretera.
En la cocina de la parcela, Raúl tomaba su segundo vaso con agua, mientras jerry preparaba todo para irse a casa. Cuando podía, lo contemplaba vestido tan sólo con la bermuda blanca de tela delgada.
-         La tienes parada.
-          Sí.
-          ¿Has… visto algo… otra vez?
-          Quizás. Pero quisiera cachar para desfogar.
-          El cuarto del administrador está libre esta noche. Tienes al moreno, a Gabo, o a Wilfredo.
-          ¿Y tú? ¿No cuentas?
-          Yo ya me voy.
Raúl se levantó de la silla, se puso de pie frente a Jerry, y se bajó por completo la bermuda, mostrando su esbelto y poco velludo cuerpodesnudo, trigueño oscuro, como de arquero de fútbol, y su miembro de 18 centímetros, completamente al palo.
En el cuarto de “los ingenieros”, Pancho miraba al techo blanco, desnudo, con sus manos tras la nuca. En eso oyó unos gemidos a su izquierda. Se puso de pie, pegó la oreja a la pared.
Sigilosamente, abrió la puerta que daba al cobertizo, caminó en puntillas, sin vestirse, y asomó su rostro por la cortina de la puerta contigua: Wilfredo estaba cachando a Gabo en pose de perrito, y el chiquillo se contorsionaba meciendo su cadera como licuadora. Ambos jadeaban. Las manos del tío se aferraban a las suaves caderas del sobrino, mientras que su verga entraba y salía del trasero joven y terso .
El pene de Pancho se puso rígido casi de inmediato, y comenzó a masajeárselo con una mano, mientras que con la otra sostenía la cortina que hacía de puerta, de tal modo que nadie lo descubra. Algo de su líquido pre-seminal cayó torpemente en su pie derecho.
En el cuarto, el fibroso cuerpo de Wilfredo se arqueó para atrás, lanzó un gemido y dejó de mover sus caderas, pegándolas al culo de su sobrino. Luego se acostó sobre la espalda de él.
Con el mismo sigilo, y sin dejar de corrérsela, Pancho regresó tras sus pasos, se echó en su colchón, y comenzó a masturbarse violentamente con la misma mano, mientras que con la otra, se intentaba separar las nalgas y acariciarse el ano, hasta que lo logró, sintiendo unas cosquillas inexplicables y extasiantes. Jadeó y jadeó hasta que chorros de esperma impactaron contra su quijada y su pecho. Con la mano que masajeaba su ano, se sobó la leche, y luego la limpió con su lengua. Tenía los ojos cerrados.
Mientras tanto, en el cuarto que ocupaba David, Jerry apoyaba su cara sobre el colchón, y levantaba sus nalgas, ofreciendo su ano, que en ese momento era penetrado por Raúl.
El “ingeniero” se movía con fuerza y pasión, mientras tiraba palmazos fuertes contra las caderas del cocinero. El choque de ambos cuerpos rebotaba en toda la habitación.
Raúl miraba incansablemente sus 18 centímetros entrar y salir del ojo del culo de jerry, quien hacía sonidos entre gemidos y quejidos.
Raúl sacó su pinga, puso a Jerry boca arriba, y lo agarró piernas al hombro, clavándole su estaca de carne de un solo empujón.
Jerry se retorcía de dolor y placer, arañando la sábana y la almohada, destendiendo la cama, y dejándose agitar por el balanceo de su paisano.
Raúl sintió el clásico vacío en su vientre bajo, que precede al orgasmo, hasta que se vino dentro del culo del cocinero. Fue un interminable minuto y medio de palpitaciones de la eyaculación.
sin perder tiempo, y sin sacar su aún dura verga,Raúl comenzó a masturbar a su amigo, y logró que el semen del otro muchacho se esparciera por los cuadros del abdomen y parte del pecho. recién allí pudo sacar su pene semi-flácido y forrado por un condón lleno de semen.
-         Qué rico, Rulito. como en los viejos tiempos.
-          Sí, Gerónimo. Como en los viejos tiempos.

(CONTINUARÁ…)

©2012 Hunks of Piura Entertainment. siempre practica sexo seguro. esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.