Hunks of Piura
Escrito por
Paolo
Ese
día me había levantado más arrecho que nunca. La tenía dura como roca y no
sabía por qué, tanto que tenía que caminar medio agachado para que no se notara
el bulto en mi boxer, ya que siempre duermo en boxer.
Tenía
que salir al baño. No quería que mi vieja se diera cuenta que su hijo la tenía
dura.
Me
metí al baño, y me la comencé a jalar. ¡Puta madre, qué rico se sentía! La tenía
más roja y cabezona que nunca.
Me la
comencé a jalar más rápido y con más fuerza. Sentía cómo ya se estaba llenando
de leche. ¡Puta! Me iba a venir con fuerza. Estaba seguro de eso. Y me iba a
venir bastante. Todos los deportistas nos venimos bastante, por el tipo de
alimentación que tenemos. Así que si quieres harta leche, cacha con un
deportista.
Bueno,
ya estaba por venirme, sentía ese cosquilleo tan placentero, tenía la pinga
recoontrarroja y venosa, ya estaba sudando… en unos segundos me iba a venir con
fuerza en el lavatorio. Iba a dejar toda mi leche allí.
Comencé a respirar más intensamente, procurando no hacer ruido, para no llamar
la atención … cuando de pronto mi vieja toca la puerta del baño, diciéndome que
me apure, que lo necesitaba urgentemente, “¿o qué estás haciendo?”, me preguntó
en un tono suspicaz, por lo que tuve que salir al toque nomás.
Me
quedé arrecho, tomé mi desayuno y me fui al gym, aún con la pinga dura, y con
las ganas de cachar con cualquiera.
Estuve
haciendo abdominales, pero el movimiento hacía que me diera ganas de venirme.
Dejé de hacerlo y me puse de frente a entrenar.
Me fui
a hacer press con barra, y, felizmente ese día, sólo estaba el instructor, ya
que, al echarme, se notaba un bulto duro que a veces se levantaba. No le presté
más atención, y seguí mi rutina.
Minutos después, el instructor me dijo que se iba a almorzar un toque, que me
quedara encargado.
A mí
me daba lo mismo, así que sin decir nada y sólo afirmando con la cabeza, acepté.
El
instructor se fue y me quedé completamente solo en el gym.
No
habían pasado ni diez minutos, cuando un muchacho nuevo llegó. Nunca lo había
visto antes, y tampoco le presté importancia porque en ese momento no estaba de
buen humor.
El
muchacho sabía su rutina, así que no me dijo nada.
Al
comienzo, no lo había observado bien, pero tenía buen cuerpo y olía bien. Poco a
poco fue llamando mi atencióncómo templaba sus músculos.
Estaba
con un polo amarillo manga cero. No era musculoso ni guapo, pero se le veía
bien, además, para la arrechura.
Me
acerqué hasta él para hacerle la conversación. Puse mi mano sobre su bíceps.
Estaba duro y sudado. Tenía ganas de lamerlo. Olía muy bien: esa mezcla de
macho, sudor fresco y desodorante que me pone.
Quería
romperle el polo y comenzar a follar ahí mismo. La pinga, que ya me había bajado
un poco, se me volvió a poner dura, y más al primer roce. No sabía qué hacer.
Puse
mi mano sobre su brazo sudado, haciéndome el huevón. El pata no me rechazó. Yo
le dije que estaba haciendo mal el ejercicio, que si lo hacía de otra manera, el
músculo trabajaba mejor.
“¿Ves?”
“Sí”,
respondió.
Me
comenzó a contar que venía al gym después de tiempo, que hace un par de meses
estaba más agarrado, que tenía los cocos recontramarcados.
“Como
para revista”, me dijo riendo.
“¿En
serio?”, pregunté haciéndome el huevón.”Pero supongo que todavía te debe quedar
algo, ¿no?”
“Sí,
algo”, respondió levantándose un poco el polo, y dejándome ver sus cocos que
estaban medio marcados, como decía.
“Yo te
veo bien”, le dije poniendo mi mano en su abdomen, el que se encontraba sudado.
“Antes
estaba mejor”, respondió . no quitó mi mano de su abdomen. ¡Puta madre!yo la
tenía recontradura, ya se la quería clavar. Me estaba costando respirar y
contenerme quería arrancarle el polo y ponerlo en cuatro.
“¿Y
tienes los oblícuos?”, pregunté llevando mis manos hacia los lados de su
abdomen.
“Algo”, respondió, mirándome a los ojos y sonriéndome. “Pero tenía los bajos
bien marcados”.
Inmediatamente, yo bajé mi mano hasta la parte más baja de su abdomen
“¿Éstos?”, pregunté.
“Sí”,
respondió mientras yo acariciaba su abdomen bajo, y lentamente metía uno de mis
dedos entre su ropa interior. Toqué sus pendejos . éste me miraba y no me decía
nada. Seguí bajando lentamente y toqué la punta de su pene. Lo tenía algo duro,
se le estaba comenzando a parar.
Acaricié la punta de su pinga con mi dedo. Sentí cómo se estaba poniendo dura
rápidamente.
Ya no
me aguantaba más, así que le dije: “¿Por qué no te quitas el polo?”
éste
no dijo nada, e inmediatamente lo hizo. Pude ver su cuerpo delgado pero
definido, y con algo de pelos en el pecho. Estaba bien formado. La pinga la
tenía más dura que un palo de escoba.
Entonces el me dijo: “Tú también quítate el polo”.
No
esperó a que dijera nada, e inmediatamente puso sus manos alrededor de mi
cintura, y me sacó el polo.
Nos
quedamos ambos sin polo, nos miramos un segundo, y de inmediato lo empujé a la
pared, y lo comencé a besar. Metía mi lengua en su boca mientras me sobaba
contra su muslo.
Él
gemía de placer.
Le
mordí el cuello mientras acariciaba su pinga. Ahora la tenía tan dura como la
mía.
Ya no
me aguanté las ganas y me saqué mi pinga dura, roja y venosa. Le dije: “Chupa”.
Éste
no esperó a que se lo repitiera y la comenzó a mamar desesperadamente. ¡Dios!
¡qué bien la chupaba! La metía toda en su boca. Luego la sacaba y me chhupaba
sólo la punta. Yo empujaba su cabeza con más fuerza contra mi vientre.
Le
decía: “No pares”. No paraba .
Luego
lo separaba de mi pinga : “¿Te gusta mi pinga, no?”
“Sí,
sí, sí”, me decía.
Se la
pasé por la frente, se la bajé por la nariz, y cuando estaba a punto de meterla
en su boca , lo empecé a cachetear. Podía ver cómo se desesperaba por chuparla y
me encantaba.
Dejé
que me la chupara, y comenzó a hacerlo con más fuerza y más rápido.
Ya
sentía que me venía: “Ya me vengo”, le dije.
“Yo
también”, me dijo, sacando su pinga.”Hay que venirnos juntos”.
Se
puso de pie, comenzó a pajearse con fuerza. Yo también lo hice.
Segundos después, él se vino, gimiendo de placer.
Él
estaba a mitad de su orgasmo, cuando me vine también. Mi leche cayó sobre la
suya, en el suelo.
Un
olor a lejía , sudor y pinga reinaba en el ambiente.
¡Puta
madre! ¡Qué rica mamada!
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