sábado, 19 de noviembre de 2011
No nos paltea posar calatos
La mayor parte de nosotros reaccionamos con palta, y nos negamos de primera mano. Algunos le damos vuelta y le ponemos precio, a ver si el proponente se desanima. Poquitísimos atracamos y, sin problema alguno, nos calateamos y ya.
El desnudo masculino es una de las formas de arte más antiguas del mundo, y, si bien se te puede venir a la cabeza la Antigua Grecia, no fue el único lugar del mundo donde se cultivó. Hay evidencias de que también se hizo en Egipto, la India y casi todas las culturas bajo los trópicos.
Cuando Colón llegó al Caribe, se quedó sorprendido de que los indígenas anduvieran con el huevo al aire, cosa que era tan natural como cazar con lanza.
Perú no escapó ni escapa al tema, a juzgar por muchas tribus no contactadas en nuestra selva, ahora una de las siete maravillas del mundo.
Cuando llegaron los españoles a Isla Puná y Tumbes, un montón de calatos salieron a su encuentro. Claro que los barbudos se quedaron escandalizadísimos, y eso que venían del Renacimiento, que se dedicó a calatear patas con la misma facilidad como se producían clásicos del arte mundial.
¿O será que por acá se vino la escoria peninsular? Puede ser, ¿no?
BENDICIÓN DIVINA
Nos contaron que en Grecia, la desnudez era sinónimo de cultura, ya que, debido al entrenamiento constante de esa gente, no era raro ver cuerpos de gym y sin ropa en calles, plazas y casas. Diríase que la cultura hunk también nació allí.
La belleza de los cuerpos no pasó inadvertida para múltiples artistas y fue representada en muchas esculturas y pinturas.
La perfección anatómica era considerada una bendición divina, entonces, representar a esos patas era casi, casi, como darle carne y hueso (mas bien mármol) a los dioses.
¿Alguien llegó a morbosearse con los patas calatos? Bueno, la verdad, sí, y hasta llegaron a más. Pero, eso ha sucedido en todas partes.
Un dato curioso que también nos pasaron: en Grecia lo único blanco eran las estatuas porque si algo apreciaba esa cultura era el bronceado de un cuerpo masculino.
¿Dónde se cagó la historia? Cuando en el siglo IV E.C. se abolen los Juegos Olímpicos (que se hacían sin ropa deportiva, mejor dicho, sin ropa).
La adopción del Catolicismo convirtió al desnudo en un asunto cochino. ¿Bajo qué fundamento? En realidad el de que si ver una verga te hacía caer en pecado (¿pecado?), mejor era andar cubierto de pies a cabeza.
Hasta que un milenio después, los artistas del Renacimiento Italiano redescubrieron el significado real del desnudo, que no sólo era un don divino, sino también el signo de máxima perfección y pureza. Y es que no hay mejor obra de arte que el cuerpo humano, ¿no?
Claro que la Iglesia Católica puso el grito en el cielo y, si pudo, destruyó creaciones magistrales o mandó a poner las hojitas de parra.
Lo poco que se salvó nos permite conocer un talento inigualable para representarnos casi a la perfección.
CALATEO PERUANO
En el Perú, desnudos masculinos claves bien trabajados, y a vista y paciencia de todo el mundo, están en el Monumento a La Libertad, en la Plaza de armas de Trujillo, y, si eres bien observador, en algunas formas del grupo escultórico del Monumento a Grau en Piura. En pleno cruce de Loreto y Grau.
Claro que el pene está estratégicamente occulto, pero hay buenos culos para recrear la vista.
Los desnudos masculinos contemporáneos en Piura son casi inexistentes, porque no hay patas que se animen a posar, a pesar de tener un cuerpo de modelo, y debido a que si alguien lo hace, podría ser estigmatizado como maricón. Sí, pues, no falta quien tenga un maní por cerebro, y no por otra cosa.
A propósito de maníes, otra razón parece ser la palta de mostrar nuestros miembros, pero, y si la Naturaleza nos dotó así, ¿no deberíamos tener algo de autoestima y lucirlo? ¡Plop! Esa parece ser la palabra clave: autoestima.
Calatearse para permitir la creación de arte no es signo de debilidad, mariconería, ni nada por el estilo. Si no, ¿por qué es materia obligada en las escuelas de arte?
¿Sabías que en la Ignacio Merino de Piura, se tiene una pequeña base de datos con modelos masculinos que se qitan la ropa y posan calatos ffrente a chicas… y chicos?
Incluso hubo erecciones, pero es normal que cuando te calateas, liberas a tu miembro, se llena de sangre, y ya. Todo no pasa de una sonrisa nerviosa y un pata ruborizado, porque alumnas y alumnos siguen dibujando como si nada.
Además, lo normal es que se pare, ¿no?
Dicen que la ignorancia es atrevida, y a veces nos juega malas pasadas como la de negarnos a posar desnudos, no porque no estemos en forma (que es otro tema) o porque nos ha salido un barrito en las nalgas (que es otro tema, también), sino porque eso es cochino. ¡Ya pé!
Ojjo, que posar con la verga parada también puede ser arte, si no ahí tienen a Pier Paolo Pasolini y su inolvidable Massetto, desnudo y erecto, en su película de culto, “El Decamerón”. No, no es porno por si acaso, o ¿no te acuerdas de tus clases de Literatura Universal?
Ahora que si alguien quiere morbosearse con tu figura desnuda (y posiblemente erecta y hasta eyaculando (como el chiclayano Ko Ryu), es problema de quien te ve.
Pero, si tú tienes la intención de generar morbo, ¿cuál es el problema? Kristen Bjorn es uno de los mejores exponentes de ese tipo de arte, por si acaso.
La belleza se hizo para apreciarse, y si tú la posees, no te prives de compartirla con el mundo; aunque, la decisión final es tuya.
En lo que a nosotros respecta, si estamos en forma y nos ofrecen posar calatos, no diremos que no.
©2011 Hunks of Piura Entertainment. Si quieres posar desnudo, adquirir nuestro “calátogo” Hunks4Adults o escribirnos: hunks.piura@gmail.com o déjanos tu comentario.
miércoles, 15 de junio de 2022
Nicola Porcella yLa Mackyna bien calatitos, como tú los querías ver
OnlyFans es
una red social que de un tiempo a esta parte ha tenido un crecimiento
interesante, especialmente en mercado peruano. Y para muchos gays, casi es una
bendición porque pueden ver a muchos chicos mostrándolo todo casi sin censura.
Aunque tenemos que aclarar que el acceso cuesta, y según cuánto pagues, cuanto
más podrás ver.
OnlyFans se ha convertido para muchos chicos en una
fuente para conseguir plata. Claro que ésta puede aumentar dependiendo de la
frecuencia con que publiquen, y las cosas que publiquen. Y, sin duda, los
contenidos más apreciados son los calateos completos o las sesiones de sexo
explícito.
De los usuarios
peruanos más populares, nos quedamos con dos ejemplos.
Nicola
Porcella es una primera
muestra. el actor, ex modelo y ex futbolista (sí, fue
delantero del Melgar, del Municipal y del Sport Boys) ha sido uno de los que
abrió su cuenta, aunque la cerró recientemente luego que consiguiera un
contrato con Televisa, la empresa de medios de comunicación más poderosa de
México.
Las fotos más célebres
de Nicola en OnlyFans, y que ha rescatado en su cuenta de Twitter, son aquellas
en las que aparece en un jacuzzi, o enseñando su culito.
El capitán
histórico de los guerreros ha sabido ocultar su paquete estratégicamente,
incluso en aquella foto de la ducha donde su mano es la principal barrera entre
su pinga y sus huevos y la vista de todos sus seguidores. ¿O qué
tal en la que deseamos ser la espuma que tapa las joyas que Dios le dio? Ya,
pues, Nicola, aunque sea para verla de lejitos, ¿no? Recuerda que amar (a tus fans)
es compartir (tus desnudos frontales).
Porcella ha
borrado algunas fotos calato, pero ha dado suficiente tiempo para que
muchas personas las bajaran y compartieran… y para que nuestro equipo de
investigadores las encontrara para que tú las disfrutes.
Las fotos fueron previamente publicadas por Nicola Porcella. Opina aquí qué te parecen.
Mack La Macyna es la segunda muestra. este entrenador,
stripper, comerciante, emprendedor al fin y al cabo, ha sido un poco más
explícito en OnlyFans, y cuando hablamos de explícito, nos referimos a que no
ha tenido ninguna palta en mostrar su pinga y sus huevos.
La Mackyna
también ha enseñado su hermoso culo…
mucho más formado que el de Nicola, por cierto. ¿Qué dices, Mack, se te puede
hacer un rico beso negro… o quién sabe? ¿Será cierto que eres ‘todo terreno’ en
todo el sentido de la expresión? No sería malo.
La Mackyna se
recursea dando clases particulares a algunas estrellitas peruanas, aunque
también tiene alumnos no tan famosos. ¿No te provoca contratarlo para unas
clases de musculación totalmente al desnudo? Por lo menos, el que haya posado así en
pelotas para que todos lo admiremos y deseemos, se agradece enormemente…
como las erecciones que ya nos
generó.
Estas fotos fueron previamente publicadas por Mack La Mackyna. ¿qué opinas de ellas?
Ya veremos qué
otras sorpresas nos tiene preparadas OnlyFans. A propósito, ¿tú tienes cuenta
allí? Si es así, déjala en los comentarios a continuación, deja que nuestros
seguidores las visiten y que las califiquen. Será muy sabroso hacer un ranking
de los mejores OnlyFans en la comunidad Hunks of Piura.
Para trabajar
tus producciones posando calato, escríbenos en estricto privado a hunks.piura@gmail.com o
a nuestro Twitter https://twitter.com/hunkspiura por DM.
También tenemos otras entradas sobre culturistas calatos, actores calatos y modelos calatos.
jueves, 1 de diciembre de 2011
Pajéate sin traumas
Hay dos opciones: esperar que se baje, o agarralo y darle cariño hasta que libere la tensión y se quede tranquilo.
Como pocos de nosotros logramos tener éxito en la primera, nos bajamos la ropa (si es que no estamos calatos también) y comenzamos a masturbarnos hasta que la leche sale disparada.
Por supuesto que contárselo a tus patas, ni cagando, porque o te dirían “pajero” o serías el hazmerreír por un buen tiempo.
Pero, ¿sabías que es más común de lo que parece?
Varios estudios muy serios dicen que los varones entre los 20 y los 40 años se la corren en promedio de 1 a 2 veces por semana. Algunos de ustedes que nos contaron esta experiencia confesaron que hasta 3, y al hilo.
“¿No estaré enfermo?”, nos dijo uno. Analicémoslo.
La masturbación (corrérsela, tirarse un pajazo) no es otra cosa que tener sexo, solos o acompañados, pero estimulando directamente los genitales, sea con la mano –que es la más conocida-, con un objeto, o con otro cuerpo.
Es el primer acto de descubrimiento sexual nacido en la adolescencia, y que nos acompañará de por vida.
Psicólogos y especialistas insisten en que masturbarse no es malo, siempre y cuando sea la única opción que tengamos, por ejemplo, si nos mandan a trabajar a un lugar donde no pasa ni mierda, entonces sí es una opción válida; pero, si la usamos como refugio por nuestra excesiva timidez o nuestra imposibilidad de relacionarnos con alguien, entonces sí que tenemos un problema a tratar.
Ahora que si es tu opción, es completamente respetable.
El machismo, que exige que se la metas a lo que sea (y éste sí que es un problema), nos ha llenado la cabeza de que nos podemos alocar, nos volveremos impotentes, nos quedaremos recontraflacos o hasta argumentos completamente cojudos y nada reales como que te saldrán pelos en las manos.
Lo que pasa es que los machistas viven con el trauma del poder y la reafirmación constante de la masculinidad que terminan diciendo cosas totalmente descabelladas. Esa gente requiere psiquiatra urgente, por cierto.
Agreguemos a las iglesias que diz´que es pecado, y la completa.
EXPERIENCIA PLACENTERA
La masturbación sin complejos es una experiencia tan alucinante como cachar con alguien. Requiere mucha creatividad y desacomplejamiento.
Lo mejor es hacerlo calatos sea en la cama o cuando vamos o nos estamos duchando.
La técnica varía de persona a persona pero lo común para que realmente te satisfaga es que debes estar arrecho, nadie debe interrumpirte y debes darte el tiempo que sea necesario para llegar a uno o varios orgasmos.
Si vas a usar la mano, deberías probar untártela con lubricante para que resbale mejor e ir variando velocidad. Especialmente cuando sientas que se te viene la leche, paras y reinicias, o te vacías sin roche.
Si lo haces sobándote contra algo u otro cuerpo, lo ideal es que lo que va a recibir tu miembro esté limpio. Si le das la velocidad conveniente, esta técnica es un excelente ejercicio para fortalecer abdominales y trasero (especialmente si abres un poco las piernas). No te dará volumen, sólo más flexibilidad debido al movimiento de la cadera.
Masturbarse con otra persona o dejar que ésta te masturbe es también una experiencia un poco más sofisticada, que no es mala idea experimentar. Como decíamos en otro artículo, el sexo sin penetración requiere cierta experiencia, pero si lo llegas a dominar, la pasarás de la puta madre.
Si no es con otro, sino con dos más, o tres o cuatro… OK.
Masturbarse frente a otros patas en el cine o el sauna es una buena manera de decir que quieres sexo, si es que realmente lo quieres.
Si no quieres dejar evidencias (léase manchas de semen) por ahí, usa un condón.
Ojo que quienes entrenan, como mejoran sus secreciones hormonales, sentirán más a menudo este deseo de corrérsela. Es natural, no te asustes, y mas bien, procede.
Algunos se masturban acariciándose el cuerpo o hasta metiéndose el dedo al culo. Eso está OK siempre que tengas cuidado en no herirte la piel, pero autoerotizarse es una buena técnica también.
Pajearse por teléfono es legítimo, pero recuerda que la otra persona simplemente podría estar actuando. Si lo haces por Webcams, ten cuidado de con quién lo haces, pues podrían estarte grabando. Jamás aceptes masturbarte frente a un menor de edad o aceptar una invitación para verlo masturbarse.
Ah, y no hagas como Elvis Crespo, pajéate en privado, salvo que sea parte de tu espectáculo en algún centro de diversión para adultos.
Entonces, ¿la tienes parada? ¿quieres corrértela? ¡Genial! ¿Te acompañamos?
¿Preguntas? Hunks.piura@gmail.com o déjanos tu comentario.
jueves, 6 de diciembre de 2012
El Vigilante (6): Oportunidad de trabajo
Marcos abrió la puerta del dormitorio, sudoroso y sonrojado. Vestía sólo su calzoncillo, debajo del que se notaba la pinga aún dura.
Ricardo estaba eufórico.
- Primo, deja de pajearte, cámbiate, y ven conmigo.
- ¿Por qué?
- Hay un huevón que está buscando vigilantes.
- ¿Vigilantes?
- Eres licenciado del ejército. ¡La harías, huevón! ¡Vamos!
- Ya. Ahorita.
- Marcos se secó el sudor, se puso un jean y su polo CEÑIDO de camuflaje. Antes de salir del cuarto, se inclinó hasta ver debajo de la cama.
- Sal cuando escuches que cerramos la puerta de la calle. Antes no. ¿Entendido?
- Allí, bajo el colchón, Lidia, temblorosa y desnuda, le hizo sí con la cabeza.
Ricardo y Marcos llegaron a un inmueble de gruesas y altas paredes en la parte oeste de la ciudad. Llamaron.
Adentro, en una oficina fresca gracias al aire acondicionado, un hombre de unos 40 años revisaba unos papeles.
Súbitamente, entró un tipo muy fornido, alto, y algo blanco, cabello cortito, como los personajes de Tom of Finland pero versión netamente piurana. Tendría unos 30 años.
- ¡Jefe, llegó su amigo!
- Hazlo pasar, Rutilio.
- Ricardo y Marcos pasaron. El primero se deshizo en saludos con el que parecía mandar allí, cosa que le fue más que correspondida.
- Éste es mi primo Marcos, de quien te hablé. Es licenciado, sabe manejar armas.
- Ya veo. ¿Marcos? Párate allí.
- Marcos se puso al frente del jefe. Ricardo se sentó en uno de los muebles.
- Marcos, ¿puedes quitarte la ropa?
- ¿La ropa?
- Marcos vio a Ricardo y se asustó.
- Confía en mi. La ropa me puede engañar. Quiero ver tu contextura.
- Marcos vio a Ricardo de nuevo.
- ¡Apura huevón, como si en el ejército no te hubieras calateado!
- Marcos volvió a sudar, mientras se quitaba el polo de camuflaje, dejando desnudo su recio y lampiño torso.
- ¡Vaya, buena contextura! ¿Qué talla eres? ¿L?
- L… M… ¿sigo?
- Marcos volvió a ver a su primo, y luego al jefe.
- No. No es necesario. Dame tu teléfono.
- No tengo.
- Ricardo intervino.
- Pero llámalo al mío.
- De acuerdo. Yo te llamaré.
- El jefe despidió a los dos.
Ya de regreso, Ricardo estaba algo incómodo.
- ¿Por qué no te calateaste?
- Tenía roche.
- ¿Y cuando ingresan al ejército no les hacen el examen calatos, cuando se bañan no se miran calatos?
- Marcos no respondió.
- Ese huevón no te va a llamar. Esa es la clásica. Cuando dicen “te llamo”, es porque el rechucha su madre no lo hará.
- Tenía roche… de tí.
- ¿De mí?
En la oficina de la empresa de vigilancia, el fornido Rutilio atendía una llamada de su jefe.
- ¡A sus órdenes!
- ¿Llegaron las municiones?
- No, jefe.
- El aludido hizo una mueca de incomodidad.
- Jefe, ¿y ese chico… va a trabajar?
- No se, Rutilio. Hay algo que no me convence de él.
- El musculoso cerró la puerta de la oficina.
- ¿Como qué, jefe?
- No sé. Como que no lo veo tan… no sé… no es como tú.
- ¿Como yo?
- El jefe se acercó y posó sus manos sobre los grandes pectorales de Rutilio.
- Claro, pues. Tú eres distinto.
- El jefe comenzó a desabrochar la camisa de Rutilio, poniendo al descubierto las dos grandes masas de carne del pecho, su grueso six-pack, y tirando la camisa hacia atrás, los grandes y bien desarrollados brazos. Todo el conjunto estaba carente de vello corporal.
- El jefe comenzó a acariciar el cuerpo del vigilante.
- ¿Hace cuánto que no cachas, Rutilio?
- Ayer nomás.
- ¿Con tu señora?
- El jefe comenzó a desabrochar la correa, y desabotonar el pantalón.
- No. Con una jermita que conocí en Castilla.
- ¿Jermita jermita? ¿O… jermita con sorpresa?
- El jefe había logrado abrir la cremallera y bajar un poco el pantalón, lo que le permitió sobar el grueso miembro que comenzaba a endurarse debajo del bikini apretado que Rutilio llevaba.
- No me acuerdo, pero le gustó mi pieza, jefe. ¿Quieres saber cómo me la caché?
- A ver, muéstrame.
Cuando Ricardo y Marcos llegaron a casa, Lidia estaba preparando ensalada de frutas.
- ¿Desean un poco?
- Marcos la miró, y casi sususrró.
- No, gracias.
- Ricardo no se hizo de rogar.
- Marcos entró al cuarto, y verificó que no quedaran evidencias de la follada con la mujer de su primo. se puso su ropa deportiva, y salió al gimnasio con la esperanza de aclarar mejor su cabeza.
En la oficina de la empresa de vigilancia, el jefe estaba desnudo, arrodillado frente a Rutilio, quien había apoyado sus grandes nalgas en el escritorio.
El jefe mamaba la gran verga del vigilante. Más o menos, 21 centímetros de gruesa y dura carne.
Rutilio gemía, mientras contemplaba cómo su jefe hacía esfuerzos para abrir la boca y lograr tragarse todo el palo, pero apenas si podía con la cabeza y algo del cuerpo. Por eso con una de sus manos, se la corría con suavidad.
- Se la meto, jefe.
- El jefe sacó un condón, lubricante, y se lo dio a Rutilio.
- Échate mucho lubricante, porque esa huevada duele como mierda.
- Rutilio sonrió.
- El jefe se puso, luego, un montón de lubricante en su ano, se apoyó en su escritorio, y se acostó boca arriba, levantando las piernas.
- Rutilio puso su glande en la misma entrada del ano, y comenzó a empujar su falo hacia dentro. La cabeza entró con dificultad.
- ¡Au, mierda, me duele!
- Relájese. Suelte. Poco a poco.
- ¡Au, mierda! ¡Sácala, carajo! ¡Sácala!
- Rutilio no oyó órdenes, y siguió penetrando. Ya casi llegaba a la mitad. Mientras se la metía, bombeaba, y sostenía las piernas de su amante con fuerza.
- ¡Ru.. Rutilio! ¡Carajo! ¡Sácala, mierda! ¡¡Sácala!!
- Rutilio cerró los ojos, se concentró, y tras unos 15 minutos de bombeo, eyaculó.
- Cuando terminó, el ano de su jefe estaba ancho e inflamado.
- Eres un animal hijo de puta.
- Como a ti te gustan, ¿no? ¿Qué pasa con ese chico? ¿La tiene chica, cierto?
- El jefe se molestó, y ordenó a Rutilio salir de su oficina. El vigilante se volvió a vestir y se fue luciendo su mejor risa pendeja.
El primer día de gimnasio de Marcos fue auspicioso. Para sorpresa de Danilo, su enttrenador, hizo toda la rutina, y hasta probó ejercicios adicionales.
- Ya basta. Vas a sobreentrenar.
- Ya.
- ¿Qué comes, Marcos? Acá nadie aguanta esa rutina.
- Danilo sonreía, y Marcos lo hizo tímidamente, mientras miraba sus ojos marrones, y luego se veía a sí mismo en los espejos que tapizaban las paredes.
A las siete de la noche, Marcos regresó a casa de Ricardo. Se bañó y salió para cenar. Aunque se reía con las bromas de su primo, se sentía incómodo por Lidia; pero él ya tenía una decisión.
Cuando terminaron de comer, él ayudó a lavar los platos (mejor dicho, los lavó), regresó al cuarto, y se puso a arreglar sus cosas, todas sus cosas.
Llamaron a la puerta. Abrió. Era Ricardo.
- ¿Qué haces?
- Mañana me regreso al pueblo.
- Anda, huevón. ¿Qué vas a hacer en el pueblo?
- Trabajar.
- Olvida eso. Ya tienes trabajo.
- ¿Trabajo?
- Mi amigo dice que te presentes con tus papeles mañana. Te aceptó.
(CONTINUARÁ…)
Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com, búscanos en Facebook, o deja tu comentario aquí.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Ese peón me puso en jaque
Como desde chavito tenía pasión por la playa, una de las primeras cosas que aprendí es a cuidar mi físico. Ustedes saben, quedarse muy al descubierto en la playa y atraer miradas, como que a cualquiera le parece padre.
Debido a eso, cuando estaba por Acapulco, con unos amigos, un fotógrafo me vio, me dijo que si me animaba a posar encuerado, y le dije que sí, pero bajo cuáles condiciones. Me lo explicó y fuimos a una villa en la playa, y me tomó con el bikini que tenía aquel día, y luego sin nada, para finalizar con varias con mi pene erecto, masturbándome y eyaculando.
Esas fotos fueron a una revista gay que se hace aquí en México, pero que en ese tiempo era de circulación muy restringida.
Yo acepté, porque estaba estudiando y casi no tenía lana para pagarme mis cosas, además vivía solo.
Cuando vi las fotos, me gustaron mucho, bien hechas.
No tengo rostro de modelo; de hecho, mis facciones son lo más común que puedes hallar por acá. Eso sí, soy moreno, alto, bien dotado (19 cm), lampiño, ni tan mamey pero tampoco flaco. Marcado, como dicen, pero de cuerpo agradable, que sigo manteniendo, tú sabes, para dar buena impresión a la clientela, pues mi trabajo consiste en negociar constantemente.
Día con día me fui olvidando de ese tema, a pesar que al inicio tenía miedo que lo viera alguien conocido, y cuando salía a a la calle, tenía la impresión de que me miraban para tener un revolcón en la cama.
La verdad a mi no me interesaba eso; sólo quería lana para vivir. El caso es que lo olvidé por completo hasta hace un par de meses.
La empresa me mandó a Perú a revisar negocios con algunos distribuidores. Uno de ellos se halla en Piura.
Cuando me reuní con ellos y les pregunté sobre el grado de satisfacción de los productos que les vendemos, ellos dijeron que por qué mejor no lo checaba por mi mismo. Me pareció una buena idea, pero exigí que quería ir por mi propio riesgo, y así evitar respuestas condicionadas.
Me dieron indicaciones y terminé llegando a una finca cerca de unas montañas vegetadas. Mi plan era estar un día completo y recoger experiencias de primera mano.
Me puse a pasear por el sembradío de maíz, y hablar con los jornaleros-
Llegué a una esquina donde estaba uno que chambeaba fuerte. Lo saludé y, a diferencia de los otros, se acercó a tenderme la mano, ponerse a mis órdenes… entonces comencé a entrevistarlo.
Claro que lo primero que me llamó la atención de él era un físico fuerte, con una armonía poco usual.
Me miraba fijamente a los ojos, cosa que me desconcentró al inicio, pero que pude superar. Lo que no me explicaba era por qué me pasaba eso.
El hombre era alto como yo, igual de marcado, lampiño (hasta donde pude ver), de brazos, pecho y piernas fuertes… lógico, es labriego.
Conversando me enteré que no es de la zona sino de la selva, que lo llamaron a trabajar debido a que el dueño ya lo conocía de años, y, lo más sorprendente, que tiene 40 años, aunque la pinta y el cuerpo parecían de 30, o de mi edad, en el peor de los casos.
Al terminar esa jornada, decidí quedarme a pasar la noche en aquel lugar.
Me dieron una recámara en una casa de campo donde sólo viven los ingenieros agrónomos.
Me fui a duchar, y, ¡vaya sorpresa!, ese peón estaba allí aún dentro de la regadera.
Volteó a verme, me sonrió.
“¡El ingeniero charro!”, me dijo, mientras yo me sacaba la ropa. La expresión me causó gracia.
Ocupé la regadera de junto, y cuando me volví hacia donde él me miraba, pude sentir que me examinaba con detenimiento. Me incomodé.
“Perdóneme, no quiero ser descortés, pero ¿pasa algo?”
“Es que me pareces conocido”.
“¿En serio? No lo creo, no soy de acá”.
en lo que es yo, fue la primer vez que pude ver más. Definitivamente, tenía un cuerpo extraordinario, similar al mio en las fotos que hice… y un miembro que parecía grande.
Terminamos de tomar el baño, y me entró la curiosidad, porque todo lo dijo con cierta convicción que terminó intrigándome.
Se lo dije, y cuando nos vestimos, me pidió que lo acompañara a una choza donde él vivía tantito cerca de la casa de campo, unos 30 metros quizás.
“Eso sí ingeniero. No se vaya a ofender”, me pidió.
“Descuida”.
Abrió un cajón, y sacó algo que me dejó sin palabras: la revista para la que había posado… abrió la página, me la mostró… estaba sin palabras y sudando frío.
“¿Es usted? Mire, perdone si le ofendo, pero su cara me parecía conocida”.
“Sí… soy yo… ¿Cómo llegó esta revista acá?”
“La compré en Chiclayo. Mire ingeniero, ¿para qué se lo niego? Me gusta ver patas calatos”.
“¿Patas calatos?”
“Hombres sin nada de ropa”.
“¿Eres… gay… o qué?”
“No lo sé. Aunque en mi tierra sí he estado con patas”.
Me sorprendió la naturalidad con la que me contaba detalles, por los que deduje que para él era muy común hacer eso, a pesar que tenía esposa y dos hijos pequeños.
“Ingeniero, y… ¿usted es gay?”
“No. Sólo posé porque necesitaba la lana, es decir, el dinero”.
El peón se quedó callado, me quitó la revista, y me dijo que no me preocupara, que él era un hombre discreto, que nadie sabía de su afición oculta.
Esa noche casi no cené, y me fui a mi recámara con muchas preguntas en mi cabeza, comenzando por la de qué hacía esa revista acá, cuando sólo se vería en México.
Entonces, comenzó una lluvia torrencial.
Para mi es natural eso teniendo en cuenta que viví en una región tropical; pero recordé la choza del peón: tenía muchos agujeros en la unión de la pared con el techo, sin contar las goteras, además de que las paredes eran de barro con paja.
Como estaba en calzones, me puse mis pantalones, busqué una linterna y salí a ver cómo estaba.
Me resbalé dos veces en el barro, y al llegar, actué ante la calamidad de ese hombre.
El agua entraba por las rendijas y estaba mojando sus cosas. Y a diferencia de mi recámara, aquí no había electricidad.
“Véngase conmigo. Acá la pasará mal”, le pedí.
Dudó al inicio, pero casi lo saqué a rastras, y corrimos hasta llegar. Entramos.
Estaba completamente empapado. Corrección: estábamos completamente empapados.
“quitémonos la ropa, si no pescaremos pulmonía”, le dije.
Ambos nos volvimos a ver encuerados.
“¿Y ahora?”
“Ahora a descansar”.
“Bueno, yo me acomodaré por aquí, en un rinconcito”.
“¡No, hombre! Compartiremos la cama”.
Me miró con extrañeza. Abrí la cobija, y otra vez lo traje casi a rastras, lo hice subir y lo cubrí.
De inmediato, seguí yo, que subí a la cama y me cubrí.
Lo que no calculé es que la cama era estrecha, para una sola persona, pero ante una emergencia, ¿qué otra opción tenía?
El caso es que era imposible poder estar sin contacto, así que, aunque nos acomodamos, o nuestras piernas, o nuestros brazos se rozaban.
Apagué la luz, y al ocupar mi espacio, también noté que nuestros miembros se rozaban.
“Perdone, ingeniero”.
“Perdonar ¿qué?”
“Se me está parando”.
“Descuide… a mi también”.
“¿Siente frío?”
“Algo… ojalá y no haga más”.
“Hará más”.
“¿Qué haremos?”
“Tengo una idea, pero espero que no se moleste”.
“Ahora, cualquier idea es buena”.
Se acercó más, me abrazó, y el roce de todo, absolutamente todo, era inevitable. Comencé a sentirme cachondo, y a experimentar la erección más placentera de toda mi vida.
También lo abracé. Y el abrazo se hizo caricia, tímida al inicio, y luego invadiendo espacios impensables, como mi cadera, mis piernas o mis nachas.
No aguanté más, me acosté sobre él, a la vez que lo besaba en la boca. Él se abrió de piernas y me dejó mecer mi cadera.
Invertimos roles y él se puso encima de mí. Comenzó a besarme en el cuello, los pezones, la espalda, y la recorrió hasta besarme las nalgas y hacerme un gran beso negro.
Yo jadeaba, al inicio despacio, pero, como la lluvia hacía tronar el techado, comencé a gemir más fuerte.
Me puso su pene entre las nalgas, y comenzó a frotarlo.
“Métemelo”, le supliqué.
Saqué un condón de mi bolsa de viaje, se lo di. Volvió a lamerme el ano, y lo siguiente que sentí fue su glande presionando y entrando, poco a poco.
Me dolió un poco, ya que era la primera vez que lo hacía. Lo juro. O sea, lo hacía de pasivo, porque siempre era activo, la mayor parte, por necesidad, pero, recuerden, necesitaba la lana.
Luego del perrito, me volteé y me puse con las piernas hacia mi pecho, y abriéndole el culo para que me introdujera su gran pene, quizás 20 ó 21, o no sé: estaba obscuro.
Comenzó a gemir con fuerza, me lo sacó, y lo siguiente que sentí fue su semen caliente sobre mi pecho y abdomen.
Se acostó de nuevo encima, me besó.
“¿Te gustó, charro?”
“Estuvo padrísimo”.
“Te toca”.
Se sentó sobre mi pene, cogí mi último condón, y me lo puse.
Comenzó a metérsela, igual despacio, y luego comenzó a cabalgar primero despacio, luego con fuerza.
Mi semen salió al rato.
Camuflamos los condones en papel de baño, nos acostamos de nuevo juntos, y más tarde hicimos una inigualable guerra de espadas. Nos vinimos luego de buen rato.
La lluvia seguía torrencial.
Cuando desperté, él no estaba en la recámara, tampoco su ropa. Salí a buscarlo. Estaba en su choza.
El agua había echado las paredes a perder, regado lodo sobre su cama, y arruinado parte de su ropa.
Fue a su mesa, abrió el cajón… la revista estaba ilesa.
“Te la compro”.
“¿Por qué?”
“Es una edición muy cara. Tuviste suerte de comprarla barato”.
“¿Cuánto cuesta?”
“Lo suficiente para que arregles esta casa”.
La compré por cien veces lo que costó en México, o algo así.
Dejé la finca, con el trasero algo escocido debido a la penetración que sufrí.
Aprovechando que en otra finca que visité habían hecho una hoguera, la eché.
Sólo quedaron las cenizas, pero del peón, quedó el deseo de otra gran partida. Deseaba con toda mi alma, que me pusiera en jaque de nueva cuenta, o que termináramos tablas…
© 2011 Hunks of Piura Entertainment.
¿quieres contar tu propia historia? Escríbenos: hunks.piura@gmail.com
viernes, 31 de diciembre de 2021
Proyecto Lujuria 2.3: Un trío por tu cumple
A la noche siguiente, mejor dicho al filo de que el sábado se transforme en domingo, el auto de Evandro se estaciona en un condominio de cuatro pisos que más tiene facha de clínica aunque pintada de rojo ladrillo, no muy lejos del edificio donde suele aparcar.
“¿Y por qué
no buscas cuarto alrededor de la residencial?”, pregunta mientras se saca el
cinturón de seguridad.
“La verdad no
he visto, aunque dicen que los domingos salen buenas ofertas en los
clasificados”, contesta Osmar.
“Sí, en
especial una que dice: vaquero, policía, bombero, marino o beisbolista… secciónrelax”
Osmar sonríe
y se desabrocha el cinturón de seguridad:
“Por cierto,
deberías arreglar el de marino que tiene un hilito suelto que no me da
confianza”.
“Si te va
bien con ese contrato y haces lo que te aconsejé, quizás ya no debas
preocuparte por esos disfraces”.
Evandro abre
la puerta y sale del auto; Osmar hace lo mismo. El conductor se da la vuelta y
se acerca a su amigo hasta palmearle el hombro.
“¿qué harás
con esos disfraces si me va bien con… Lust?”,
pregunta Osmar sarcásticamente.
“Alexis ya no
es mi opción porque Zaira lo marca bien, así que entraré en modo Escalante: full casting”.
“¿Sabes, Evan?
Me encantaría alquilar algo como el depa donde vives, donde haya todo ese
espacio como para dar shows sin
sobresalto, con mucha privacidad, dormir más abrigado, recibir a los amigos
cuando me dé la gana, ofrecer un café, una limonada, un trago”.
Osmar siente
el brazo de su amigo y compañero alrededor del cuello:
“Te ayudaré a
buscar y mudarte; ahora, vamos donde…”
Evandro
vuelve a juntar su índice y su pulgar izquierdos y los hace latir. Osmar se
ríe.
Al llegar al
tablero de timbres, el primero mira al cuarto piso mientras el segundo busca la
dirección en su celular para asegurarse de presionar el botón correcto.
“Demasiado
silencio para ser una fiesta”, observa Evandro.
“Quizás sean
las reglas del condominio”, supone Osmar mientras presiona el cuatro cero tres.
Suena una campanilla electrónica.
“Ya sabes:
llegamos, cumplimos, departimos y nos regresamos al toque a la residencial”,
recuerda Evandro.
“No me digas
que este coño y sus amigos se fueron a una disco”.
“¿Te dejó
algún mensaje?”
“Nada”.
Osmar vuelve
a presionar el botón y de nuevo suena el ding-dong-dang electrónico.
“Vamos pa’ la
casa mejor”, se desanima Evandro.
“Bueno…
llegamos, cumplimos, nos vamos”.
No acaban de
dar media vuelta el par de galanes cuando se oye una voz como aletargada en el
intercomunicador. Ambos se miran. Osmar se acerca:
“¿Gi… brán?”
“¿quién es?”,
responden por el pequeño altavoz.
“Evandro y
Osmar”.
“Un toque”,
responden.
Evandro topa
la firme cintura de su amigo:
“Este huevón
ya está avanzadito; mejor nos vamos”.
La cerradura
electrónica de la puerta suena. Osmar vuelve a mirar a su amigo:
“Entremos a
averiguar”, propone. “Si no hay nada, nos vamos”.
En dos
minutos, o menos, los dos chicos ya están en el pasillo del cuarto piso y
frente al cuatro cero tres. Osmar toca la puerta. Ésta se abre. La cabeza de
Gibrán se asoma; su hombro está desnudo:
“Chicos,
vinieron”, sonríe el anfitrión.
Gibrán sirve un vaso de cola negra a Evandro (sin trago, tengo que conducir) y un cuba libre a Osmar. Viste un bóxer opaco de adelante, transparente en la otra mitad. Mientras está de espaldas preparando el trago, Evandro vuelve a hacer a Osmar la seña con sus índice y pulgar izquierdos.
“Después de
la chamba, mis amigos me llevaron a comer cebiche a Chorrillos, y chela como mierda”,
explica Gibrán. “Solo recuerdo que llegué a casa de noche, me duché y me eché a
dormir”.
Se prepara un
segundo vaso de cuba, se sienta junto a sus dos invitados y brinda.
“Por tu
cumple”, anuncia Evandro. “Y yo que venía a bailar”.
“Puedes
bailar si quieres”, sonríe Gibrán, “aunque sin pareja o…”
“¿O como
qué?”
“¿Es cierto
que tienes un negocio de strippers?”
Osmar tose
atorándose con el sorbo que acaba de dar; Evandro se lo toma como si nada.
“Sí, es
cierto, pero el negocio ha decaído un poco estas semanas”, explica el aludido.
“Deben ser
muy caros”, continúa Gibrán”.
“Somos exclusivos más bien”, sonríe Evandro.
“¿De cuánto
hablamos?”
“Treinta y
cinco dólares por veinte minutos por mitra”.
Osmar solo
carraspea en silencio mientras degusta su trago.
“¿En qué
terminan: hilo, bóxer, o… calatos”.
“Hilo son
cuarenta; calatos, cincuenta más diez minutos extra”, sigue haciendo negocios Evandro.
“Eso sí: no fotos, no video; ahí el precio se dobla”.
“¿Alguna vez
se han dejado grabar o fotografiar?”
“Cuando lo
intentan y no pagan, paramos el show:
business are business”.
“¿Y qué pasa
si alguien quiere un strip-show
completo de los dos? ¿Setenta dólares?”
“No, pues. Te
dejamos a sesenta”.
“¿Y alguna
vez han hecho un show con final feliz?”
“Alguna vez
me lo pidieron: cobré diez dólares más y lo hice”.
“¿Tú también
has hecho algún show con final feliz, Osmar?”
El susodicho
va casi por la mitad de su trago:
“Aún no”,
sonríe desmotivadamente y mirando el líquido oscuro en su vaso sobre el que
flota un gajito de limón.
“Interesante,
chicos”, comenta Gibrán sorbiendo otro poco de su cuba.
Evandro apura
su cola negra y deja el vaso en la mesa de centro:
“Bueno,
perdona por levantarte de tu sueño, nos alegramos que hayas pasado un
cumpleaños divertido y… nos vemos en el gym,
¿no, Os?”
Osmar
entiende el mensaje, deja su vaso sin concluir sobre la mesa de centro,
carraspea:
“Si, nos
vemos el…”
“¿Cuánto me
cobran ambos por un show al rojo vivo… pero
bien al rojo vivo?
Osmar mira
algo alarmado a Evandro, quien no está sorprendido; está haciendo aritmética.
En menos de diez minutos, los tres varones están a luz de lámpara de mesa en el dormitorio de Gibrán bailando pegados al ritmo de un reggaetón lento, sensual más bien. Aunque el anfitrión tiene músculos marcados, no posee el volumen de sus dos visitantes: Evandro lo abraza desde atrás y con las manos sobre las filudas caderas; Osmar delante con las manos de su alumno rodeándole la estrecha cintura en tanto las suyas acarician los dorsales, o la evidencia de que allí podrían estar.
“Puedes comenzar
cuando quieras”, susurra Evandro al tiempo que muerde muy despacio el lóbulo de
la oreja derecha de Gibrán.
El chico toma
la camiseta alicrada de Osmar y comienza a sacársela entre lento y rápido. El
torso de dios griego no solo aparece ante sus ojos sino que lo puede acariciar
a voluntad. Prueba a masajear las dos tetillas del hombre y los pezones se
ponen duros. Afloja el cinturón, desabotona el jean, trata de bajarlo con
cierta dificultad. Se arrodilla para concretar la tarea, y Osmar gentilmente
flexiona las piernas para dejar que cada manga se despegue de sus poderosas
piernas (previamente, ya se había quedado descalzo). Así, arrodillado, Gibrán
le baja el bóxer: el pene flácido y los grandes cojones bajo el rasurado vello
púbico de su instructor están frente a su cara. Los acaricia. Son suaves al
tacto. No reaccionan. Entonces, toca ambas caderas y luego el enorme culo.
Gibrán
sonríe, se pone de pie, da media vuelta y pega sus pequeñas pero firmes nalgas
a la entrepierna de Osmar, la que parece seguir sin reacción; toma la camisa de
Evandro y la desabotona de arriba abajo; la saca del todo y la tira al suelo.
Afloja el cinturón, desabotona el jean, corre la cremallera, lo comienza a
bajar y repite la operación de arrodillarse para que la prenda se libere de las
extremidades inferiores del artista. Finalmente, baja la tanga blanca de
angostas tiras y ante su cara, salta un pene que bajo la tela hacía un gran
bulto, pero que ahora se extiende de frente, aparentemente erecto. Una gotita
de líquido preseminal se queda en la mejilla de Gibrán conforme el glande la
golpea.
“¿Puedo?,
consulta a Evandro con timidez hipócrita.
“Claro”, le
sonríe el varón.
Gibrán abre
la boca y deja que el falo entre en ella y lo comienza a succionar con cierto
chasquido. Logra tragárselo hasta que su nariz perfecta toca el recortado vello
púbico
Y su mentón
puede palpar el gran escroto donde parecen guardarse dos poderosos testículos. Aunque
desde su perspectiva, Osmar no puede distinguir muy bien la acción, pues la
cabeza de Gibrán lo tapa, inexplicablemente también siente que su pene comienza
a ponerse erecto en menos de un minuto. Y bien erecto, aunque sin la
lubricación que ostenta su amigo.
“Así chúpame
la pinga”, seduce Evandro, quien mira a Osmar en la semipenumbra y le sonríe.
“Chúpasela a Os también”.
Gibrán gira,
y antes de meterse la pinga de su instructor a la boca, nota que es cabezona,
medio incircuncisa, y con la base más delgada, quizás no tan larga y recta como
la del otro muchacho; más bien, una del tipo hongo.
Osmar siente
la humedad caliente y cierra los ojos intentando hallar disfrute en el sexo
oral pero no lo consigue; de hecho, su erección va desvaneciéndose.
“¿No te gusta
cómo lo hago?”, susurra Gibrán separando sus labios de la pija por un momento.
“Chupas el
huevo como los dioses”, miente Osmar; pero la verdad es que su pene está
semierecto otra vez.
“Chúpamela de
nuevo”, sugiere Evandro (cuyo miembro se ha puesto semiflácido), y cuando
Gibrán gira sobre el suelo para practicar la fellatio, Osmar vuelve a sentir que su erección retorna. Prefiere no
razonarlo en ese momento.
Poco después,
Evandro mete su pinga en el ano del cumpleañero, previamente protegido por un
condón, él arrodillado sobre la cama, el chico boca arriba y con las manos del
activo presionando sus piernas contra su abdomen y pecho. Al mismo tiempo,
Gibrán mama el miembro de Osmar, arrodillado en la cabecera y con el rostro de
su alumno prácticamente bajo su perineo, quien ni siquiera mira lo que hacen
con su órgano sexual sino que no pierde detalle de lo que pasa justo frente a
sus narices: la penetración anal en todo su esplendor.
A la una de
la mañana, los tres comparten la ducha. Gibrán insiste en extraer el semen de
la verga de Evandro y lo consigue. Sabe neutra, simple. Prueba entonces con la
de Osmar, que a mantenido masturbada y dura, pero al metérsela a la boca, otra
vez pierde rigidez.
“Perdona,
estoy algo cansado”, se justifica el instructor.
Gibrán lo
entiende y prefiere masturbarse sobre el piso de mayólica. Las ráfagas de semen
caen a los pies de Osmar.

























