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jueves, 25 de agosto de 2022

Ser rafael 3.3: Fuerza de voluntad


se acabó el trago en su copa y se sirvió una tercera.

“¿Ya tienes una estrategia al respecto?”

“No. Simplemente no fijarme en nadie más”.

“¿Incluso si se te ofrecen?”

“Incluso si se me ofrecen”.

“¡Sea jerma o sea pata?”

“Sea lo que sea”.

Me serví mi tercera copa, y así hasta que se acabó esa botella. Entonces, saqué una de vino tinto que tenía reservada para ocasiones especiales. Bueno, compartir una conversación con tu mejor amigo definitivamente es una ocasión especial, especialmente cuando no lo ves tan seguido.

Viramos de tema. Hablamos de los compañeros de promoción, en qué estaban, qué sabíamos de ellos. Si tu mejor amigo también ha sido tu compañero de clase, ésta es una charla recurrente.

Cuando el licor se agotó, saqué otra botella a medio comenzar. El alcohol ya estaba haciéndome efecto.

“Rafo, y si te reconciliaste, ¿por qué no quedaste con Laura para hoy?”

Le sonreí, con esa carita pícara que siempre uso para desviar el tema.

“¿No te gusta mi compañía?”

Reí.

“Calla, imbécil. Lo que digo es que le debías dar prioridad”.

“Quiero probarme”.

“¿Cómo así?”

“En vez de salir a una disco a ligar, prefiero pasar un sábado por la noche con mi mejor amigo. Y si me dejas solo, debo tener la fuerza de voluntad para irme a jatear y listo”.

“O sea, soy tu policía”.

Josué se carcajeó. Yo serví una nueva copa.

“Deja de decir estupideces, imbécil”, reclamé; luego me reí. “Además, mi Tuco, quería conversar. Esto no lo puedo conversar con nadie. Imagina lo que dirían mis otros patas si saben que tiro con patas”.

“Te dirían mostacero”.

Le tiré un corchazo en la cabeza, y nos reímos juntos.

“Y tú… ¿qué dirías de mí?”

Josué me miró a los ojos, dejó pasar unos segundos.

“No diría nada, huevón. Somos uña y mugre. Sabes que siempre vas a contar conmigo, no importa lo que mierda decidas”.

Sonreí agradecido. Él se levantó y me estrechó en otro abrazo cálido. Nos quedamos así por un buen rato.

“Te quiero, Tuco. Eres lo máximo”.

“Yo te quiero también, Rafo. Yo también, hermano”. 

    

Sí, evidentemente ya estábamos algo embriagados.

    

miércoles, 22 de febrero de 2012

El amante psicópata

¿Cómo reaccionarías tú si la persona que te gusta, en efecto, inicia una relación contigo? ¿Resistirías la tentación, o te lanzarías a la piscina sin más problema?
Eso le está pasando a uno de nuestros lectores, quien un buen día estaba en su oficina trabajando´, solo con su superior.
De pronto él salió mostrando una gran erección. De inmediato llamó a nuestro amigo a su oficina, y allí lo encontró viendo pornografía en su computadora.
El superior le insinuó tener sexo. Al inicio nuestro amigo dudó. Pero, el enorme bulto bajo el pantalón lo hizo cambiar de opinión. Fueron a otro espacio de la oficina, y allí lo penetró.
Luego, el superior le contó una historia de que él y su mujer ya no se entendían sexualmente, y le propuso ser amantes. Nuestro amigo accedió.
Pero, ¿era tanta maravilla el ser penetrado por el chico de sus fantasías? A la segunda penetración, el superior empezó a mostrar violencia; y a la tercera lo obligó a tener sexo, tras golpearlo un par de veces. Sí, lo violó.
Ahora el superior tiene amenazado a nuestro amigo a que si no accede a sus requerimientos para tener sexo, divulgará información sobre su orientación sexual, y le malogrará la carrera. Sí, lo está extorsionando y chantajeando.
No es invento, y cuando nos lo contó casi a hurtadillas, porque hasta sus comunicaciones mantiene vigiladas (sí, violación al secreto de las comunicaciones), hubo alarma en nuestra oficina.
Nuestro amigo se había topado con un psicópata. Estos sujetos son personas con un serio trastorno mental que consiste en perder la conexión con una escala de valores al punto de considerar que cualquier cosa es justificable con tal de satisfacer sus deseos y protegerse de posibles daños, llegando incluso a cometer asesinatos.
Son personas tan ególatras, que patológicamente están inhabilitadas de querer a otras personas. Incluso poseen un despreciable concepto de sí mismos, lo que les lleva a llenarse de indicativos externos que les permitan obtener estatus y seguridad.
Las víctimas de los psicópatas siempre suelen ser chicos de baja autoestima, sin mucha malicia y con un insaciable deseo por tener experiencias sexuales. En principio lo último no es malo, pero cuando se combina  con una baja autovaloración es una bomba de tiempo.
Otra característica de los psicópatas es la mitomanía -propensión patológica a decir mentiras de manera sistemática-, y nosotros lo detectamos en un detalle: supuestamente no había tenido sexo hacía más de nueve meses, pero cuando lo tuvo con nuestro amigo, duró más de 40 minutos... ¿estaba realmente aguantado, o qué?
Y por supuesto, los psicópatas siempre tienden a tener arrebatos violentos y procuran tener un máximo de poder suficiente para someter a los demás. Y cuando no lo consiguen, son capaces de todo, absolutamente todo.
Se parece mucho a la historia de la semana pasada, ¿cierto?
Al margen de los ilícitos penales en los que está incurriendo este superior -porque los psicópatas son expertos en transgredir todas las leyes posibles (ya te diste cuenta, ¿no?)-, la situación de este amigo nuestro es de altísimo riesgo.
Lo mejor que puede hacer, y se lo hemos aconsejado, es escapar de él, y es que, con las personas violentas, lo mejor es ni acercárseles, y si quieres que cambie, mándalo al primer psiquiatra que conozcas, y él se encargará del resto.
Sobre cómo capear las amenazas, cuando un psicópata comienza a actuar, lo mejor es ponerlo al descubierto. Como supondrán sabemos perfectamente de quién se trata, dónde está y qué hace en este mismo momento, y como los psicópatas son expertos en cometer errores (el de nuestro caso comete, y acaba de cometer uno, al cierre de este artículo) como cancha, simplemente se los estamos acumulando como si fueran boletos de rifa. Y adivinen qué: se los está comprando toditos.
La mejor manera de detectar a un psicópata es mediante la autosuficiencia, la soberbia o un silencio inexplicable. No necesariamente son personas que lucen desaliñadas, sino mas bien todo lo contrario: son extremadamente encantadores, apasionados, capaces de hipnotizar serpientes, hasta que sacan las garras.
algunos son candidatos ideales para caer en el alcoholismo, el tabaquismo, la ludopatía, la delincuencia o las drogas... o la combinación de todas ellas.
Varios son ávidos consumidores de esteroides, en su afán de tener la fihura perfecta, como que la llegan a conseguir.
Cuando veas que estas señales comienzan a aparecer, aléjate, no lo pienses dos veces, y si quiere manipularte a su antojo, como nuestro caso, acumula pruebas, porque no sabes en qué momento te van a servir. Y casi siempre, cuando las empleas (eso sí no digas dónde las tienes) ellos salen perdiendo.
Otra estrategia que nunca falla es ser cauto y conocer bien a esa persona antes de dar el siguiente paso.
Los psicópatas son como las enfermedades de transmisión sexual: basta un simple contacto para que el daño esté hecho. Así que de lejitos, se ven más bonitos. De hecho sólo sirven para que te des un pajazo viéndolos; pero de ahí a darles confianza, ¡nones!
No está demás repetirte que aprendas a quererte y darte cuenta de lo valioso que eres, sin importar qué mierda diga el resto. Ésta es una buena vacuna para no ser víctima de estos hijos de... su madre (que casi siempre son las personas más permisivas del mundo, al punto que les apañan todas sus inconductas).
Sobre nuestro amigo, no se ha vuelto a contactar pero mantenemos vigilancia, y actuaremos de ser el caso...

¡No seas víctima! denuncia: hunks.piura@gmail.com Todos los casos serán investigados y confrontados.

domingo, 15 de enero de 2012

SOT-2012-003: Viejo amigo, vieja película, un renovado orgasmo

Este es el informe de uno de mis colegas, 31 años, chiclayano, gran deportista y buen mozo. Dotación: 15 cm, más o menos lampiño.

9:21
Me encuentro con un amigo después de mucho tiempo, en la Jefatura. Ahora él se dedica al comercio. Tras saludarnos cordialmente, noto ciertos ademanes, y una ropa algo sexy: polo y jeans entallados. Pero, le quedan muy bien ya que no es delgado, sino ligeramente atlético.
Lo invito a que me visite en mi cuarto esa tarde, de paso que vemos una película.
La última vez que lo vi fue en el colegio, y durante quinto de media, teníamos sexo esporádicamente. Era la primera vez que tenía relaciones con un hombre. Aquella primera vez, nos excitamos viendo una película de Peter North.

16:53
Mi amigo llega a mi cuarto. Devido al calor, yo sólo visto un short, y nada más. Él llega luciendo un polo manga cero y unas bermudas.
Nos ponemos a conversar y a recordar nuestras épocas de escolares.
La conversación es entretenida y distendida.

17:06
Le muestro a mi amigo la caja de la película que lo había invitado a ver: es la misma de Peter North que vimos hace 15 años en mi casa.
Mi amigo acepta verla.
La pongo en el DVD, y dejo todo dispuesto para pasar un rato de distracción y entretenimiento adulto.

17:42
Está comenzando la tercera escena de la película, y ya pasó justo una de Peter Norrth. Ese actor, además de tener un gran cuerpo, un miembro grande, tiene eyaculaciones potentes.
Ex´perimento una erección, la que es evidente en mi short, debido a que no tengo ropa interior.
De reojo, me doy cuenta que a mi amigo le pasa lo mismo.

17:50
Mi amigo comienza a bromear sobre mi erección.
Yo le sigo la corriente. Le devuelvo la broma al hacerle notar su erección.

17:58
Mi amigo presume de que es más aventajado que yo.
Le digo que, si desea, podemos comparar tamaños. Acepta.
Me bajo el short, y él su bermuda –tampoco tiene ropa interior-, y juntamos los penes. Efectivamente, el de él es más grande que el mío por un par de centímetros; entonces, le digo que yo lo sé usar mejor, que no he perdido el estilo. Él me reta a probárselo. Lo invito a practicarme sexo oral, como en las épocas de colegio.

18:00
Acostado y desnudo sobre mi cama, dejo que mi amigo me chupe el pene y los testículos. Como está entre mis piernas, aprovecha para besarme los muslos y acariciarme las caderas.
Vuelve a chuparme el pene.
Saco un condón, me lo pongo, y le pido que se siente sobre mi pene. Él accede.
Muy despacio se mete mi miembro en su ano, y luego comienza a rebotar, mientras lo cojo de sus caderas. Con el movimiento, su glande golpea sobre mi formado abdomen.

18:15 (aprox.)
Cambiamos de posición. Esta vez lo penetro al estilo perrito. Mi amigo mueve su cadera tan rápido, que me excita demasiado.
Ambos no dejamos de ver la película. Estamos viendo otra escena donde participa Peter North, quien penetra a una actriz con su miembro grande, por el ano.

18:30 (aprox.)
La película se acaba. Peter North ha vuelto a eyacular con potencia.
Yo experimento un orgasmo y eyaculo dentro del ano de mi amigo.
De pronto, me siento como aquella vez que lo penetré por primera vez cuando éramos escolares.
Quedamos muy satisfechos.

18:45
Mi amigo se viste, se despide y se va. Antes acordamos un próximo encuentro en mi cuarto, esta vez, de madrugada, aprovechando que su esposa estará fuera de la ciudad, porque esta vez él le ha dicho que va a jugar un partido.
Como hemos sudado, la mentira es creíble.

CONCLUSIÓN
Espero ansiosamente ese próximo encuentro, y espero que no me deje con las ganas de una segunda, y hasta una tercera vez.

AÑADIDO
No sabía que Peter North comenzó su carrera siendo actor porno gay y que se dejaba penetrar... Lo que son las cosas. y yo que lo admiro mucho.

Preparado por SOT para Hunks of Piura Entertainment © 2012.
¿Comentarios, deseas enviarnos tu historia? Hunks.piura@gmail.com

miércoles, 4 de enero de 2012

No soporto que estés bien

Miguel acaba de terminar una relación de varios meses. Es un muchacho que ha decidido divertirse en vez de llorar su duelo.
“¿Qué se ha creído? Parece que nunca hubiera querido sinceramente a alguien”, dice… uno de sus amigos.
No es que el amigo tenga un interés en Miguel, pero es lo que está comentando a  quien se lo pregunte.
La expareja prefiere no hablar y ha decidido que no le hagan recordar a Miguel. Entonces, ¿por qué el amigo toma partido por la expareja?
“Se supone que ha roto una relación. Debería estar triste, pero no: ahí lo tienes divirtiéndose con sus compañeros de la universidad, como si nada”, prosigue el amigo. “Parece que nunca hubiera estado enamorado”.
Miguel se ríe de estas opiniones; “Si ese es mi amigo, imagina a mi enemigo”.
¿Está actuando mal Miguel? Según los especialistas no, pues él ha optado por hacer de lado la depresión, y actuar proactivamente con tal de brindarse tranquilidad emocional.
Entonces, ¿por qué su amigo está afectado?
“Se trata de un viejo problema: si yo no soy feliz, ¿por qué los demás tendrían que serlo?”, nos comenta nuestro especialista.
“No es exclusivo de las relaciones de pareja, sino de familia, de trabajo… en fin, en donde haya un humano que no puede soportar la felicidad, prosperidad o éxito de otro, siempre tendremos este tipo de actitud: la envidia”.
La envidia es mirar con malos ojos lo mejor de los otros debido a que yo no lo tengo.
Hay muchas causas asociadas como una baja autoestima, una mal entendida compasión por la parte débil, o el no tener un mínimo sentido de la prudencia y la perspectiva.
Los efectos inmediatos son el chisme, el rechazo y hasta la violencia sea física o psicológica.
“En este caso el problema no es Miguel, sino el amigo. Éste debe analizar qué le molesta, pero debe entender que las decisiones de Miguel son de Miguel”, sentencia nuestro especialista.
Pero, ¿acaso el amigo no tiene derecho a opinar?
“Claro que lo tiene, pero sobre un fundamento más racional, y en todo caso, si desea opinar que se lo diga a Miguel, no a los otros a espaldas de Miguel”, continúa el especialista.
El amigo no acepta este punto de vista, y mas bien nos dice que a lo mejor estamos del lado de Miguel, y se aleja. El caso es que a Miguel apenas lo hemos conocido diez minutos, así que no podemos juzgarlo a profundidad, y tampoco estamos buscando eso.
La cosa es que estos dimes y diretes llegan a trascender la esfera del círculo cercano, y se puede extender igual que fuego sobre yerba seca.
“Si encontramos otros con los mismos problemas, tenemos terreno fértil para que la reputación de alguien se destruya en cuestión de minutos”, concluye nuestro especialista.
“Si no nos respetamos nosotros mismos, ¿cómo queremos exigir respeto de los demás?”, nos cuestiona un fan de Hunks of Piura por el correo electrónico.
La respuesta más lógica aquí es que no debemos esperar que el resto cambie, cuando cada uno de nosotros no cambia antes.
Y, sin alardear de ello, ser alguien en quien se pueda confiar y con quien se pueda contar para unir antes que separar, construír antes que destruiír, amar antes que odiar.
Tan simple como proponérselo. ¿Hagámoslo ya!

Los nombres e identidades han sido cambiados para proteger la intimidad de las fuentes. Este tema fue pedido por correo electrónico. Opina o propón el tuyo escribiendo a hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí abajo.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Casa De-Formación (18): ¡Memo!

Hunks of Piura

Nada mejor que terminar una tarde de sábado en la piscina. Jonatan y otro amigo suyo (de cuerpo encantadoramente definido y firme) disfrutan nadando en un club de cierta reputación, y al que difícilmente podrían tener acceso. Un amigo de su amigo les consiguió la invitación, y en cuestión de una pasada de voz, el amigo de Jonatan logró incluírlo.

-          ¿Y cómo conociste a ese pata?

-           Su viejo lleva su carro al taller donde chambeo. Y ya, pues.

-          Jonatan sonríe. Así se la pasan chapoteando mientras el chico que los invitó no deja de hablar con otras personas, y, de vez en cuando, usando su teléfono celular.

-          En ese momento, Jonatan ve una cara que le es familiar caminando entre la gente. Nada hasta la orilla de la piscina, sale del agua (la que casi lo deja sin bañador) y corre a darle el encuentro.

-           ¡Memo!

-          El chico lo mira asustado.

-           Jo-Jo-Jo… ¿qué haces aquí? No me digas…

-           Me invitó un amigo. ¿qué tienes?

-           ¿Yo? Nada, nada.

-           Te cuento que ingresé a lacasa.

-           Ah. Qué bien. Mira, no le digas a nadie allí que me viste aquí.

-           Pero, ¿por qué?

-           Algún día te lo contaré.

-          El chico levanta la mano respondiendo el saludo de un hombre muy adulto, de anteojos oscuros.

-           Tengo que irme. Cuidate, Jon.

-          Cuando Jonatan regresa a la piscina, ni su amigo, ni quien los invitó se hallan presentes. Suponiendo que se fueron, camina a los vestidores.

-          Ingresa y busca su ropa. Al aproximarse a la ducha, escucha un leve quejido. ¿Alguien podría estar en problemas? Camina con cuidado, se asoma.

-          ¡Increíble!

-          Sobre un pequeño murito, la persona que invitó a su amigo y a él está recostada boca abajo, con las piernas separadas. Detrás, y afirmando sus manos en sus posaderas, su bien cincelado amigo mete y saca su largo y grueso pene del blanco culo abultado. Jonatan queda petrificado, y no atina a nada. Su amigo se da cuenta, y lejos de amilanarse, le hace un gesto como invitándolo. Es entonces cuando decide salir de escena, abrir la ducha, bañarse rápidamente, ponerse su ropa y salir lo más rápido que puede del club.

-          Al llegar a la calle, logra divisar a Memo partiendo en un auto conducido por la persona que le había pasado la voz más temprano. Memo y el conductor del carro lo ven. Unos metros más allá se detienen. Ve que ambos conversan. De inmediato, el auto reanuda su marcha.

-           ¡Jonatan! ¿qué haces ahí, huevón?

-           Me voy.

-           Ya. No te hagas el sueco, vamos a tomar unas chelas. Mira…

-          Su amigo le muestra un fajo de billetes.

-           No, gracias. Tomaré moto y me iré a mi jato.

 

Esa noche, Jonatan tiene un sueño raro. Está desnudo, en medio de una habitación donde hay incontables cortinas de tul blanco vaporoso, ondeando con algún viento. De pronto, una mano comienza a acariciar su perfecta anatomía; luego, otra, y otra, y otra. Muchas manos se pasean por su pecho, su abdomen, sus piernas, su espalda, su culo, su dura verga. Cuando consigue levantar la mirada, identifica a Manuel, con las muñecas amarradas por dos pedazos de tul blanco, tratando de liberarse y viéndolo con desesperación. Jonatan siente el deseo de ir a rescatarlo, pero las manos no lo dejan. Cuando consigue imponerse a la maraña de extremidades y llega a donde estaba su compañero y amigo… no lo encuentra. Mira a los cuatro costados. Está solo. Entonces, los tules comienzan a envolverlo cual capullo de mariposa. Quiere liberarse y no puede. Las envolturas llegan a su cabeza. No lo dejan  respirar.

Cuando Jonatan se despierta, está echado sobre el sofá de su sala, con la televisión prendida en azul. El reloj marca las dos de la mañana. Jadea y su corazón palpita fuertemente.

-          “¿Estarás bien?”

-          Su pinga está como roca, sin saber por qué.

 

A la tarde siguiente, un chico de contextura promedio está sentado sobre el miembro erecto de Jorge, en plena sala de la casa. El celador lo agarra de las caderas, y, de vez en cuando, empuja hacia arriba, haciendo que su falo entre más en el ano que está disfrutando.

- Te mueves bien. ¿Te gusta mi pinga?

- Ay, Coquito. La tienes como los dioses.

Sin más lecho que la alfombra de la sala, los dos sudan copiosamente. El amante ocasional se masturba hasta el punto que no puede contener su orgasmo, y vierte toda su leche en el torso de Jorge.

-          ¡Wow! Aldo no se equivocó. Eres un semental, Jorge.

-          Cuando quieras. Ya sabes lo que tienes que hacer.

-          Jorge toma un pedazo de papel higiénico, convenientemente a mano, y se limpia el semen.

-           Cámbiate.

-           ¿No hay duchas acá?

-           Sí, pero no hay tiempo que te bañes. En cualquier momento llega el dueño de casa.

-          Mientras Jorge bota los papeles blancos usados, en el basurero de la cocina, el chico se pone su ropa. En ese momento, se oye un auto que se estaciona afuera, y cuatro toques cortos de claxon. Jorge vuela a coger su ropa –bibidí y short- y se la pone.

-           Te voy a sacar de aquí. Tranquilo. Disimula, si no, me cagas.

-           Ya. Ya.

-          Jorge abre el portón, y hace ingresar al carro conducido por el Reverendo Rafael. Los tres ocupantes lo saludan, y en ese momento, Jorge aprovecha para despedir a su “mostaceado”.

-          El Reverendo Alexander se le acerca.

-           ¿Y ese?

-           Dí que es mi primo, que me vino a dejar la comida.

-           OK. ¿Y… alguna novedad?

-           Varias. Están como me dijiste que las dejara.

 

Una hora después llegan Manuel y Jonatan juntos. Luego, Pedro; finalmente, Darwin. Tras la cena, el Reverendo Rafael se acerca al superior de la casa. Ambos están en la cocina.

-          Todos regresaron. Es buena señal.

-          - Confía. Todo saldrá bien. ¿Disfrutaste la playa?

-           Me sentí… un hombre primitivo. La naturaleza y tú.

-           Regresaremos allá.

-          Rafael se queda pensativo. En un segundo, regresan a su cabeza todas las imágenes de ellos retozando desnudos, del vigilante de la playa, de su empalmamiento nocturno, y de la masturbación de la que tuvo que echar –literalmente- mano. Cuando las dudas van a asaltarlo, Alexander le da una palmada en su hombro.

-           Tranquilo, Rafo. Todo está OK.

-          El teléfono suena de pronto. Muy diligente, el Reverendo Rafael lo contesta.

-           ¿Aló?... Sí, está aquí. ¿De parte de quién?... OK. Espere un minuto, por favor… Alex, es para ti.

-           ¿Para mi? ¿quién?

-           Billy.

El Reverendo Alexander comienza a sudar frío. Sus manos tiemblan al recibir el auricular…

 

(CONTINUARÁ…)

 

Escrito por N-Ass. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com, búscanos en Facebook o deja tu comentario aquí.

 

jueves, 5 de diciembre de 2013

Crónicas de un moderno (5)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

TRACK #5: ¿mismo plato aburre?

 

Yo estaba recontra aburrido, había entrado un rato a la piscina pero luego me retiré de ahí, porque comenzaba a llenarse.

Estuve mirando como en la piscina gritaban, jugaban, y tantas huevadas que hacían, entre tanta gente logré ver a Jefri que estaba en la piscina, me quedó mirando, yo también lo miré y nada mas sonreí, me fui al baño y Jefri llegó detrás mío

Se colocó delante de mí y sin decir palabra alguna me sacó el pene de la trusa, húmeda aún por el agua de la piscina.

Hizo que mi pene se perdiera en el interior de su culo, realmente ese día para mí era tan aburrido, que no tenía ni ganas de clavármelo, y mucho menos que él me penetrara, le seguí la corriente pa’saciarle sus ansias.

Él prosiguió a metérmela, normalon me dejé, pero estaba muy aburrido, no sentía las mismas ganas que antes, a pesar que el pobre hombre me hablaba al oído con voz perdida de la excitación, creo que me porté mal ese día pero le dije:

-Ya chau me voy

Me levanté la trusa y salí de aquel baño. Sería que comer un mismo plato ya me había empachado ¿Quizá? jeje

Al regreso del viaje, subimos al carro y Jefri se sentó a mi costado, todo el camino iba que hablaba cositas pendejitas y yo la verdad no sé si me aburría él o el camino porque finalmente me quedé dormido.

Al llegar a Piura se me acercó despidiéndose y me dijo:

-Espero verte el lunes y ojala se repita algo de lo que pasó hoy.

No le respondí  y me fui con mis demás compañeros

El día lunes me vio y me dijo:

- A la hora de recreo te espero por los baños de primaria

-A ya, bacán- le contesté

Pero nunca fui, después comenzó a reclamarme por el plantón que le di, pensarán que soy botado pero mi vida comenzaba a cambiar, no me importaba ni él ni ningún otro pata, solo  una flaquita, que me gustaba mucho, la conocí en un viaje, nos hicimos amigos y luego me le mandé, me aceptó, y ya se imaginarán, su amigo Frank estaba muy feliz, pero esta felicidad no duró mucho.

El que decía ser mi mejor amigo la conoció y por joda comenzó a florearla, y la que era mi flaca le empezó a hacer caso, pronto se alejó de mí, una vez hablé con ella, solo me dijo:

-Perdóname, pero se acabó este amor, te deseo suerte

La cólera me invadió  al día siguiente cuando su prima me dijo que ella estaba con mi “mejor amigo”

Imaginen me hicieron cornudo jajaj, en ese momento eso me dolía mucho, pero ahora solo me rió, a la mierda pasó un tiempo y así me di cuenta que no era la única, había como mierda de jermas en mi cole, la olvidé también porque llegaron vacaciones y no verla tres largos meses me sirvieron de mucho.

El verano del 2009 mi tía Fernanda, llegó de visita con mis tres 3 primos; Carlos, cuatro años mayor que yo, Luis, dos años mayor que yo, y el último Paúl, era un año mayor que yo, él tenía quince años y yo iba a cumplir los catorce.

Mi primo Paúl estaba muy simpático, sus ojos negritos medio achinados, su sonrisa tan pícara que tenía, bastante cejon, y con un cuerpo que se le había formado muy bien, hace tiempo no lo veía.

No sé como pero le cogí gusto a mi primo, lo único malo que todos ellos eran evangélicos, pero hasta allí, estaban chibolos y no estaban tan metidos en la religión como lo están ahora.

Cada noche con Luis, Paúl, mi hermano y yo nos poníamos a contar disqué nosotros historias de terror, pero más lo hacíamos por joder, su otro hermano de ellos ya no se juntaba con nosotros, porque era mayor y ya tenía que estudiar preparatoria.

Una noche Carlos se fue a una amanecida de estudios en la academia. Como de costumbre Paúl y Luis, se iban a mi cuarto y junto conmigo y mi hermano repetíamos historias o hasta inventábamos.

Esta noche todo fue distinto la cama donde estábamos sentados era grande, al culminar de contar esas historias, Paúl con Luis no querían irse a su cama, así que  juntamos mi cama con la de mi hermano, de esta manera pudimos entrar los cuatro.

El orden en el que nos colocamos fue esta: Luis, Paúl, yo y mi hermano, si justamente mi primo estaba junto a mí.

Esa noche decidí  velar los sueños de mi primo y convertirme en su vigilante.

Mi primo Paúl estaba acostado boca abajo, yo estaba inquieto porque durmiese mirando al techo y toda la parte de su pecho quede mirando hacia arriba para que mis manos puedan actuar.

Eran las 3 de la madrugada y Paúl aún seguía boca abajo, pasando las 4:45, se colocó bocarriba.

Bien ¡ahora solo queda actuar cautelosamente, empezar a recorrer con mis manos el cuerpo de mi primo, pero sabía que tenía que hacerlo rápido; comencé a buscar algún tesoro escondido, y que tal tesoro el que hallé.

Wuao¡¡  si que mi primo para su edad estaba bien, empecé a manosear su pene por encima de su trusa, el que comenzaba a despertarse y a ponerse más grueso, era tanta la excitación que tuve, pues me animé a querer algo mas, quería que me penetrara.

-¿Cómo lo hago?- me decía a mi mismo

Empecé a meter mis manos en su trusa, me topé con un pene bastante duro, y grande, así mismo con el vello púbico, sentir todo eso entre mis manos me excitaba.

Mi primo también se encontraba al palo, sería por lo que había estado durmiendo boca abajo.

Yo no quise desaprovechar el momento, le cogí su pene fuertemente, lo saqué al exterior y entre la oscuridad, no lo podía apreciar muy bien, me mantuve un rato así hasta que mi primo se volteó y...

 

escuchar sus pasos que salían de la sala en dirección a mi cuarto…

 

(CONTINUARÁ…)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Los nombres fueron cambiados. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí. SIEMPRE PRACTICA SEXO SEGURO.

jueves, 13 de febrero de 2020

Ningún caramelo sabe mejor que mi mejor amigo

   ¿Cuándo mi mejor amigo se convirtió en uno de mis objetos sexuales? No sé si desde la primera vez cuando lo conocí hace unos seis años. Casi de inmediato me comenzó a gustar todo de él, y conforme han pasado los meses, y el tiempo nos ha comenzado a maltratar tanto como  hemos entrado o vamos rumbo a los cuarenta, muchas cosas suyas me gustan, desde lo intelectual hasta lo físico, aunque intelectualmente no es Platón pero tiene muchos menos traumas, ni aunque físicamente sea un Bob Paris aunque abiertamente haya defendido al colectivo gay y salir casi sin rasguños.


Y en ese caso, no sé si también me gusta el hecho de que aunque siempre se ha definido como heterosexual, nunca ha cerrado la puerta a las experiencias homosexuales (que no le signifiquen sentir dolor, como que le metan el pene por el culo), algo que otros hombres, especialmente quienes ya cruzaron la línea cuando el alcohol les ha jugado malas pasadas, jamás de los jamases darían por probable aunque hace rato ya fue posible.


Lo que sí tengo claro es que en nuestro caso, lo sexual puede ser muy carnal en lo teórico, pero en la práctica, está altamente cargado de simbolismos enmarcados por  el cariño o la lealtad que nos profesamos. Sin embargo, ¿desde cuándo la probabilidad de un acercamiento sexual comenzó a transformarse en posibilidad? Yo diría desde los pocos meses después de conocernos, cuando él tenía un juego que externamente me daba terror porque podríamos terminar desplomados en el suelo, pero que internamente me encantaba mucho. 

Aprovechando que soy más bajo que él en estatura, me levantaba en peso pegándome a su cuerpo por unos segundos. Aparte de terminar como dos sacos de papas en el piso, mi otro temor es que alguien subiera (porque siempre sucedía en el segundo piso de mi casa, donde acostumbro estar solo) y viera la escena. ¿qué habríamos dicho? ¿Una nueva forma de pesar a la persona? ¡Qué ingenuo!


En una ocasión, una de esas cargadas terminó con él dejándome echado sobre el sofá de mi sala, con su cuerpo casi encima del mío y nuestras caras muy cerca. ¿Robarle un beso? Me hubiese gustado, pero estaba lidiando con la impresión, porque siempre era todo repentino, y su reacción. Eventualmente me dijo que era un juego, y a veces ahora lo repetimos aunque con una connotación mucho más erótica. ¿Lo del beso? Por lo menos yo, es una probabilidad que no descarto: él sabe bien que para mí, el beso es el prólogo y letra capital de cualquier encuentro sexual, aunque, claro, depende mucho de quién te lo dé, cómo te lo dé y por qué te lo da.


Si bien solemos hablar de sexo más a un nivel puramente teórico, casi enciclopédico, ha sido apenas en los últimos tres o cuatro años cuando hemos comenzado a hablar de qué pasaría si ambos se nos ocurriera ir a la cama no en plan descanso, como ya había pasado antes, sino a tirar. Siempre hemos evadido la escena con bromas y hasta yo llegué a decirle que lo más que pasaría es que terminemos desnudos chismeando de todo el mundo o haciendo chistes de las cosas  más estúpidas solo como para no hacer brumosa la atmósfera del momento. Mas, como ambos decimos, nunca hay que decir nunca.


Una vez que salimos de viaje, yo me sentí mal por algo que comí y que me hizo mala interacción con una medicina. Parecía tener fiebre, así que me quité la ropa y me acosté en la cama. Él insistía que quería salir a bailar, pero honestamente yo no tenía ánimos, así que asumo pensó que me hacía el enfermo porque, súbitamente, sentí todo su peso encima de mi cuerpo. ¡No jodas! Intenté abrazarlo pero me dijo que no porque tenía una máquina deafeitar y podía cortarme accidentalmente. Se levantó y se metió al baño. Estaba en calzoncillo.


Cierta tarde que vino de hacer unos papeleos, se sentó conmigo a conversar en el mueble, y por joderlo comencé a palmearle la espalda baja burlándome de un polo chiquito que se había puesto. Cuando se sentaba y se inclinaba hacia adelante, el polo se le recogía y revelaba su lampiña y tersa –porque tiene una piel tersa—zona lumbar. Entonces noté algo inusual: donde debía estar la pretina de su ropa interior, no había nada. Se lo observé y me admitió lo increiblemente cachondo: no llevaba ninguna.


Por joder, comencé a darle manacitos en la cadera, la espalda baja y amenazaba con meter mi mano dentro de su jean apretado, como suele usarlos. Cuando se despidió, como siempre por iniciativa mía, solemos abrazarnos. Mientras me pegaba a su cuerpo, se me ocurrió darle una nalgada. Él me lo reclamó sin agresividad, pero hizo algo que a mí me sorprendió y excitó al mismo tiempo: tomó mis manos, se las metió dentro de la pretina de su pantalón e hizo que le acariciara sus nalgas.


¡No jodas! No es el culo formado de algún chico de gimnasio, como los que he tenido suerte de ver o tocar; es mas bien redondito, suave, lampiño en principio. Casi jadeando, tuve mis manos ahí. Él se sonreía pendejamente, no sé si por su acción o por mi cara de arrecho.


Yo, de puro pendejo, saqué una de mis manos y le toqué la braguetta. Él entonces se aflojó un poco el pantalón e hizo que le tocara su pene. Estaba más flácido que erecto. Claro que en ese momento asumí que ése era su tamaño mínimo ya que no tenía más referencias sobre él, excepto por su testimonio verbal y lo que una vez pude sentir cuando ocurrían las cargadas.


Por lo menos, en ese momento, lo asumimos como otro jueguito, aunque luego, entre broma y serio, me dijo por chat que yo era un aprovechado. Momento, le dije. Yo admito que estaba jodiendo, pero quien me metió las manos dentro de su ropa fue él por decisión propia. Y aunque el asunto pasó por alto, lo que yo comencé a temer es que él comenzara a alejarse, más aún sabiendo que lo que no tiene en físico, le sobra en coquetería y seducción. Ahí lo dejo.





Las cosas siguieron mejorando entre ambos, como amigos quiero decir, hasta que fuimos de campamento y entre las cervezas y el vino que nos tomamos, decidimos darnos un baño en la quebrada que corría al lado nuestro. Como era medianoche, por seguridad, nadé abrazado junto a él. Y como era medianoche, nos bañamos desnudos. Por un momento, nadar rozando su cadera desnuda con la mía, o anclando mis piernas con las suyas mientras por ratos sentía su pene fue una experiencia por demás alucinante.


Al año siguiente, justo el pasado, mientras lo ayudaba a hacer unas tareas en mi computadora, decidimos tomar un receso y terminamos en un portal de videos porno. Le pasé los datos de unas películas antiguas, y le comencé a contar cómo era el asunto del cine porno, cómo son los códigos de comportamiento y toda la nota. Le expliqué cómo los patas comenzaban a tocarte la pinga, y eventualmente terminé tocándole la suya, pero encima de su ropa. Entonces me di cuenta que a cada intento, su miembro crecía y se ponía rígido más y más, hasta que erectó por completo. No aguanté. Casi sin su autorización, y subrayo el casi, metí mi mano y pude tocar ese pedazo de carne, ni grandote ni insignificante. Me recuerda mucho al mío en dimensiones.


Desde entonces, los tocamientos entre debidos e indebidos se fueron repitiendo más de mi parte, lo acepto. Él siempre trató de limitarme, de no ir más allá. Acepté jugar con sus reglas, pero en algún momento del partido lograba avanzar usando las mías.


Una noche que vino de estudiar, estábamos comiendo unos dulces y por casualidad unos rodaron detrás de mi espalda, en el sofá en el que estábamos sentados viendo televisión. Mi amigo, con una agilidad felina, se puso de pie, se sentó en mis muslos y prácticamente me abrazó. ¡Dios mío! ¡Eso no podía ser cierto! ¿Era lo que pensaba que era? Puso sus dos manos en mi espalda baja, y luego regresó a sentarse en su lugar: había rescatado los dulces que yo había protegido con mi cuerpo. Bueno, definitivamente parecía ser amor al chicharrón.


Otra noche después de Navidad, prácticamente terminamos sentados frente a frente haciendo una postura de sexo tántrico en la escalera externa de mi casa. Como hay rejas gruesas, y está algo oscuro, no nos palteó mucho si alguien veía desde la calle.



Una tarde que nos dejaron solos en casa y él estaba buscando unos documentos en mi máquina, nos pusimos a tomar agua y revisar el lugar. Nos metimos a uno de los cuartos y se sentó a mi lado en la cama. Como es verano, vino con short. Se acostó. Mientras hablábamos, me acosté a su lado y puse mi cabeza en su pecho, que por cierto, sin hacer tanto ejercicio lo tiene formadito. Hubiese deseado que se me acostara encima, pero no sé cómo terminé poniendo sus dos piernas sobre las mías. Me preguntó por qué hice eso y mas bien le pregunté si le incomodaba; me dijo que no. No sé cómo, la vaina es que luego yo terminé simulando un piernas al hombro sobre esa cama, ambos con ropa, con él empujando mi cabeza como para que le chupara el pene mientras simulaba meterle el mío.  Yo no erecté en ese momento, pero juraría que cuando él me dijo que parara porque le dolían sus pantorrillas, le toqué el paquete: estaba duro.


Luego, volvió a mi máquina y cuando estaba sentado, simulamos que yo se la chupaba. A propósito, choqué mi cara contra su miembro, bueno, contra la tela de su shortt en todo caso.


Otra tarde que vino a pasar el tiempo,, estábamos en la azotea. Como hay un muro de seguridad, mientras probábamos un equipo y él se hacía una selfie, me arrodillé detrás suyo, y rocé mi cara con el medio de sus dos nalgas luego de un intento frustrado de simular una fellatio. No me aguanté, y antes de irse, le besé su pene, siempre protegido con su ropa, tras una sesión de “acaríciame mis piernas”, que a mi opinión parecen de futbolista esporádico, ya saben, ni tan masivo que cada músculo necesite dos manos para ser acariciado, ni tan pequeño que todo se pierda en una sola superficie.





Lo último que pasó ayer simplemente sobrepasó incluso mis propias fantasías con él, en las que estamos abrazados y desnudos bajo una fina sábana mientras nos rozamos y besamos, pero no llegamos a más.


Como siempre, vino por la tarde a ver unos formatos. Honestamente yo traté de controlarme, traté de distraerme hablando de cosas que son más útiles y que sí nos importan, pero entre puñetitos y palmaditas, no pude. Entonces, él se despidió. Nos pusimos de pie, y lo abracé como suelo hacer, aunque deliberadamente traté de que nuestros penes se juntaran. Estaban flácidos. Él me observó que ese rroce lo hacía sentir raro, no mal pero raro. Entonces de pronto me preguntó cómo era una guerra de espadas, y comenzó a menear su cadera: nuestros paquetes estaban golpeándose con cierto cuidado. Pero como yo soy más bajo que él, como que no sentía el punto de contacto justo en el propio miembro, hasta que graciosamente se agachó un poco y comenzó a hacerlo. Me excité. Y como yo estaba sin ropa interior, ya pues, se me notó.


No sé por qué me separé de él, pero cuando regresé, se había bajado su short y calzoncillo hasta medio muslo… aguanta… yo me bajé mi bermuda, e intenté reahcer la guerra de espadas, pero él no me permitió. A cambio, dejó sus nalgas al descubierto, e hizo que se las acariciara. Me apoyé en su cuerpo y aprovechando que ya estaba oscuro, comencé a hacerlo en círculos con las yemas de mis dedos, pero con una torpeza única, como si estuviese acariciando un material demasiado delicado, no con rudeza, no con seguridad. Fue la primera vez que me percaté que en la base de sus dos glúteos, es apenas velludito.


Estuvimos así unos segundos, y luego se levantó el short.
“¿Sigues erecto?”, curioseó al sentir mi entrepierna en su muslo.
“No, ya no”. Efectivamente, se me había bajado un poco.


Otra despedida. Volvió a bajarse el short y pedir que le acaricie las nalgas. Volví a hacerlo con menos inseguridad pero con un temor subyacente, ya saben, ¿estaré haciendo lo correcto o estaré cagando una relación hermosa de amistad? Aunque, por otro lado, era ahora o nunca. Me arrodillé, me puse tras suyo, le dije que confiara en mí, y comencé primero a besarle las nalgas y casi en medio de ellas, donde se le concentra más vello; entonces, se las mordisqueé.
Me moría por lamérselas, por empezar en una, seguir en otra, ir por el medio de su raja. Llegar a su ano. Otros chicos me han dicho que hago buenos besos negros. ¿Cómo habría reaccionado mi amigo? ¿Se habría excitado, como lo estaba mientras le besaba sus dos cachetes traseros y le tocaba su pene? El problema era que la posición cómo se había parado, yo no podía hacer mucho.


Si él estaba sorprendido, yo estaba alucinando. Se levantó el short y me puse de pie. Volví a abrazarlo juntando nuestros paquetes suaves.
“Te haré una pregunta y quiero que seas bien sincero conmigo”, me emplazó. “¿Llegarías a tener sexo con tu amigo?”
“Solo si mi amigo me lo pide”, le respondí.
Sonrió.
“Eres un aprovechado”, me reclamó amistosamente. “Yo te dejo acariciar mis nalgas y tú te pasas: si te doy el caramelo, no quieras comerte toda la torta”.


Un chorro de lucidez llegó a mi cabeza, y comprendí el asunto de respetar las reglas, porque hasta en el juego sexual, por el puro hecho de ser juego, hay reglas.
“Te prometo que si me das el caramelo, solo me comeré el caramelo”.
“está bien”, volvió a sonreírse. Nos abrazamos. De nuevo, otra despedida.


Súbitamente, me tomó por los dorsales, me abrió de piernas y simuló tirar conmigo de pie, con gemiditos incluídos. Yo comencé a jadear. ¡Dios! Eso estaba mejor que mis fantasías. Imagínense si hubiésemos estado desnudos y él con su pene erecto. ¡Qué rico hubiese sido sentir cómo me lo metía por mi culo! ¿Qué no habría hecho yo?
“¿Qué viene luego?”, sonrió. “Ser esposos?”
“No quiero ser tu esposo”, respondí divertido… aunque… no sé si realmente sea buena idea si bien suena lógico, pero quién sabe porque nadie ha regresado del futuro para decir qué tal es.


Estuvimos abrazados, filosofando a pene pegado un ratito, y volvió a bajarse el short. Yo sentí que donde estábamos era incómodo, así que lo jalé a una pared de la sala y ahí seguimos. Como que él perdió el ritmo, pero luego hice que se apoyara en mi cuerpo, y le acaricié el culo con un poquito más de lascivia, aunque no toda la que hubiese querido. Aproveché para besarle el cuello con sumo cuidado de no dejarle marca alguna: no solo me excitaba el morbo de estar haciendo todo eso con mi mejor amigo, sino el hecho de que, al margen de la incomodidad del momento, la confianza que tenía en su propio cuerpo lo pintaba como un gran amante, uno de ésos a quien no le importa rol, orientación o lo que fuera excepto sentir, ¡y qué rico se sentía!
. Volví a jadear. Esta vez no me conformé solo con el glúteo, exploré por encima de su raja y honestamente me quedé con ganas de separárselas y jugar con su ano a ver qué pasaba; no meterle el dedo porque eso es recontraincómodo, sino masajeárselo, dilatarlo, jugar.


Luego, él me llevó mis manos hacia adelante, se bajó del todo el short y por primera vez desde que lo conozco, me pidió masturbarlo. Le acaricié las bolas, parte del vello púbico que, como nunca, se lo había dejado crecer, pero no logré que se le parara porque de pronto le entraron dos llamadas importantes. Y realmente sí que lo eran. Como que eso ya rompió la atmósfera, aunque me quedé con las ganas de volver a sentir ese rico pene erecto, recto, perfecto, y llevarlo hasta el punto de un casi orgasmo tras lo que dejaría que se le bajara y masturbarlo suavemente aprovechando el montón de líquido preseminal que emana; o quien sabe, llevarlo hasta un final feliz y probar su semen, un fetiche que a él le encanta, porque hasta de cuál es el método más adecuado para mamárselo a él, hemos hablado varias veces. Ojalá haya el momento y el espacio suficientes para hacer un taller personalizado intensivo.


. Volvimos a despedirnos, y esta vez sí fue la definitiva.
Cuando llegamos a la calle, me dijo que le encantaría ver la experiencia en una historia escrita pero no lo tomé en serio hasta que hoy volvió a insistírmelo por chat. Dice que quiere analizar las cosas desde mi experiencia, y honestamente (como sé que también leerá esto), lo que tengo que decir es que, quizás no es lo que la pornografía te muestra como una secuencia predecible de excitación-erección-eyaculación, pero el truco en estos casos es no esperar nada más que vivir el momento, la experiencia, la oportunidad, la complicidad, entender ese adagio que ambos compartimos: el sexo es otra forma de comunicación eficaz entre dos personas que, al menos, se simpatizan, y donde lo impredecible siempre será lo óptimo.


Claro que en su nomenclatura, a esto le llamó “experimentación”; pero como yo le dije, lo mejor será no etiquetar nada, y en todo caso quedarnos con el solo hecho, la sola experiencia.





¿Repetirlo? Pues… sí, ¿por qué no? No sé si de nuevo aquí, o esta vez en otra parte; pero creo que con más tiempo y menos tensión. Y definitivamente con más tiempo y menos ropa o sin ella, porque esa piel sí amerita recorrerla con manos, lengua, crema, con lo que sea. Aunque, claro, todo dependerá de que ambos así lo queramos. Por lo menos, hay algo que podría jugar a nuestro favor: mi amigo me confesó que tras esta última experiencia, definitivamente ya no puede etiquetarse como puramente heterosexual. A mí no me importa eso. A mí me importa que nos sintamos libres, plenos y sin culpa si comenzácemos a hacer el amor con todas las de la ley.


Por lo menos en mi nueva fantasía tras lo de ayer, hay muchos más recursos que el simple abrazo, beso en la boca o el roce genital; hay todo un repertorio sexual que me encantaría ambos interpretemos a discreción.


Si no llegara a pasar, permanece la amistad, y todo lo que allí he conseguido junto a él, nunca lo pondré ni en hipoteca ni en subasta. Me costó cada hora y cada día construir algo hermoso, y eso está fuera de cualquier discusión.

martes, 14 de mayo de 2019

¿empezar una versión peruana de Dioses del Estadio?

Soy un pata universitario de 20 años y practico rugby. A raíz de que algunos amigos comenzaron a traer el deporte, me interesé. La gente piensa que es un deporte violento, pero no, yo creo que mas bien es un deporte intenso. Claro que necesita mucha preparación física, mucho entrenamiento. Cualquiera no puede soportar la presión física y mental porque el rugby, como el fútbol o el básket son deportes de estrategia en equipo. La huevada es que, a diferencia del fútbol, y a pesar de que el rugby es primo del fútbol, no tiene apoyo y todo cuesta.


Estaba conversando con mis patas de equipo a ver qué podíamos hacer para reunir plata, pero más allá de rifas y fiestas, no habían otras ideas. Si bien se recoge plata con esas actividades, como entra se va, y tienes que estar organizando una cada mes o cada quince días para no quedarte misio.

Después de un entrenamiento, me estaba bañando con uno de mis compañeros de equipo, y estábamos hablando de este tema. Analizando algunas ideas, me dijo algo que me dejó palteado al inicio pero pensando después. "¿Has oído hablar de los Dioses del Estadio?", me dijo pero bajando la voz. "No", le dije, "¿qué es éso?". Me explicó que se trata de un proyecto de la federación francesa de rugby para recaudar fondos, y consiste en producir calendarios donde sus jugadores estrellas posan desnudos. "Hablas huevadas", le dije. No me respondió nada. Solo se sonrió.


Cuando regresé a mi jato, entré en mi laptop y me puse a buscar. ¡A la mierda!, dije cuando vi las fotos en blanco y negro de los jugadores. Y la huevada es que no son desnudos porno o algo así. Incluso tienen un sitio web y todo un sistema de comercialización con tarjeta de crédito. Dos preguntas me vinieron a la mitra: una, ¿sería factible en un mercado como el peruano?, y dos, ¿cómo mierda mi pata sabía de ésto?

Al finalizar el siguiente entrenamiento hablé con él. A la primera pregunta me dijo: "no sé, huevón... habría que tantear mercado". ¿Y cuál sería el mercado?, pregunté. Se volvió a sonreír. "¿Sabes quiénes comprarían cosas así? Los cabros, huevón". Me palteé más aún. Yo soy bien hetero, tengo mi jerma... bueno, una jerma a la que agarro de vez en cuando, pero de que soy hetero, por donde me miren. Pero falta una pregunta por responder, ¿cómo mi pata se había enterado de esa huevada de los rugbiers calatos? "Un amigo me dijo", me respondió. ¿Qué amigo habrá sido? No me respondió más.


Esa noche, luego de bañarme, me vi al espejo. Gracias al rugby y al gym tengo un físico marcado, en especial los brazos, los pectorales, el culo y las piernas. Prendí mi laptop y ubiqué algunas fotos de los Dioses. No sé por qué, pero me puse a remedar las poses ahí frente a mi espejo. Entonces, me pasó una huevada bien rara: se me armó la verga. ¡No jodas!, me dije. ¿Se me estará manifestando la mariconada?

al siguiente entrenamiento volví a bañarme con mi pata. Le dije lo que había visto en la compu. Volvió a sonreírse. "¿Sabes quién me pasó la voz?", me habló en voz baja. "¿Te acuerdas ese pata que te dije que iba a hacerme un casting para el desfile de modas del centro comercial? Ya... él tiene un amigo acá... es cabro... él me dijo". Me quedé como piedra.


Esa noche, mi pata me llevó donde el otro pata, el que le había contado sobre los Dioses del Estadio. Lo conocía. es un chico que hace diseño gráfico y tiene un negocio de tipeos, encuadernado, esas huevadas. Me presentó, aunque ya lo conocía de vista. "Le conté a mi pata éso del calendario que me contaste", le dijo mi amigo. El pata se palteó un poco. "Tranquilo, huevón, mi pata es de confianza", le dijo mi amigo. "¿Y qué piensa?", le preguntó el pata con cierta duda. Ambos me miraron. Les respondí que si sería negocio considerando cómo es la gente peruana de cucufata. Les dije que una cosa es Francia o europa, otra es acá. "además, allá tienen estadios, gimnasios, vestuarios para el rugby, pero acá no", les observé. O sea, dónde y cómo haríamos las fotos. "No solo son fotos", dijo el pata de mi amigo.


el pata encendió su LED, puso un disco en su reproductor y nos sentamos en el sofá de su casa. ¡Mierda!, dije yo. Efectivamente no eran fotos, sino un video de hora y media donde se ve cómo producían las fotos y toda la huevada. Por un momento me vi en esa pantalla, y otra vez se me paró la pinga. Pero luego me acordé de mi viejo, que simplemente me agarraría a palazos si me veía posar calato en lo que sea, y mi vieja fácil que llorando porque a su hijo lo estaban volviendo cabro, peor cuando mi vieja está en éso de la parroquia y apoya esa huevada que está en contra de la ideología de género, que ni ella misma sabe cómo explicar. Me tratarían peor que leproso.


Estaba en esas cuando noté que mi pata se levantaba del sofá. Lo vi. "quédate acá", me dijo. Cuando me di cuenta, tampoco estaba el dueño de casa. Nunca me di cuenta en qué momento se había levantado. Me quedé allí viendo el video, pensando en si sería factible o no el negocio, y de ser ffactible, cómo podría ser la vaina. ¿el resto del equipo se animaría a posar calato? Se me volvió a parar la pinga.

Me levanté para ir al baño, pero ninguno de los dos estaba cerca, ni mi pata, ni su pata, así que me puse a buscar dónde quedaba. Abriendo puertas di con el cuarto de esa casa, y lo que vi me sacó de todo cuadro: mi pata encima del otro pata en un piernas al hombro y moviendo su culo. Por cierto, mi pata es más cuerpón que yo. Cerré despacio la puerta. Obvio que lo estava cachando. Abrí otra puerta. Por fin era el baño. entré. Seguía impresionado por lo que vi. Mi pinga se paró de nuevo. ¡A la mierda! ahí nomás me la jalé. No duré mucho, tampoco paré de gemir. Cuando las di, mi chorro de semen parecía metralleta. Regresé al sofá. el video ya había terminado. Me quedé ahí esperando. Oí que se abría una puerta, luego que venía el pata de mi pata. "¿Quieres agua?", me preguntó. Me negué amablemente.


Al siguiente entrenamiento, traté de evitar a mi pata. No sé. No sabía qué sentía. Me bañé con otro pata de mi equipo y mientras conversábamos de cosas de la universidad, me fijé en su cuerpo. Parecía uno de los jugadores que había visto en el video. Me enjuagué al toque y me salí. Cuando fui a vestirme, tenía mi pinga bien al palo. Al llegar a mi casa, mi compañero de equipo, con el que siempre me bañaba, me llamó al celu. "¿qué tienes, huevón?" Le dije que nada, que todo bien. "Estuve averiguando sobre el tema de las fotos", me dijo. Le corté amablemente. Le dije que no quería saber del tema, que tenía que estudiar. Me entendió. Cortó. En realidad no tenía que estudiar nada. Lo único que hice fue seguir pensando sobre el tema.

Pasaron dos semanas. Una de esas noches, un primo, que es también mi mejor amigo, me había visto con cara de imbécil y me dijo qué me pasaba. Huevadas, le dije. "Confía en mí", me dijo. Lo hice. Le conté todo... hasta que mi pene se erecta cuando pienso o veo el tema. Se lo tomó normal. "Mira, al margen de la reacción de tus viejos y la gente, no lo veo como negocio en sí mismo porque ahora tú pones una foto o un video en Internet y al toque la gente se lo baja o piratea porque la gente es misia, todo lo quiere gratis.... en todo caso, las fotos y el video puede servirte como pa' hacerte promoción, como los cantantes, y donde ganarías es en eventos en vivo como presentaciones, esas vainas... no sé, bailar como stripper, por ejemplo, y tú bailas de la puta madre". Me quedé mirándolo todo cojudo. Mi primo se rió. "Oe, huevón, ¿qué esperabas?, ¿que reaccione como tus viejos? éstas son otras épocas". Le dije que no soy cabro. "Nadie dijoque seas cabro, imbécil... solo es una chamba como cualquier otra", me dijo.



Al siguiente entrenamiento, traté de buscar a mi pata. Era obvio que nos habíamos distanciado, pero también lo estaba juzgando. No me dio cara. Fui a bañarme solo. Estaba bajo el agua cuando alguien me tocó la espalda. Me asusté. "¿Hay sitio para mí?". era mi pata. Le sonreí. Fuímos a su pensión y le dije todo lo que había pensado, sentido y conversado. "Al inicio me sentía como tú", me confesó. "Pero... bueno, creo que ya te diste cuenta qué hago con el otro pata, ¿no?". Le admití, pero también le dije que no entendía ccómo es que ese pata sabía que él era de la nota. "No soy de la nota", me dijo mi pata. "¿Tú crees que me lo cacho gratis?". Entonces entendí que le cobraba por montárselo. Pero aún así, no sabía cómo él sabía que él era... ustedes ya saben, ¿no? "El pata del desfile de modas me hizo fotos desnudo... como los Dioses del Estadio... el resto es historia".

Definitivamente no quiero cachar con otro pata así me pague, no sé si me anime a ser stripper, pero lo de ser modelo como que me estoy animando. Pero aún así, la vaina son las reacciones y si será negocio. Por éso cuento mi historia aquí, porque quiero saber qué piensan ustedes. ¿qué dicen? ¿Resultaría? Ya se bajaron a un fisicoculturista por posar calato. ¿Y si por conseguir fondos me sacan del equipo? ¿qué harían en mi lugar?