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jueves, 3 de agosto de 2023

PREP: qué es, cómo funciona (en sencillo)




El Ministerio de Salud del Perú anunció el 2 de agosto de 2023 que va a proporcionar gratuitamente la Profilaxis Pre-exposición, o PREP, a las personas cuyas
conductas sexuales continuuen siendo de riesgo a infectarse por el virus de inmunodeficiencia humana, o VIH, la causa del síndrome de inmunodeficiencia adquirida, o SIDA.

 

El SIDA, en sencillo, es la incapacidad generalizada del cuerpo para activar su sistema de defensas una vez que se detecta algún tipo de infección. Esto pasa porque el VIH, una vez que entra a nuestro organismo, se replica o copia a sí mismo a tales cantidades que supera a nuestro número de defensas dejándolas totalmente inútiles.

 




Diferencia entre TARGA y PREP

Por ahora, el Tratamiento Antirretroviral de Gran Alcance, o TARGA, consiste en tomar un medicamento que busca al VIH por todo nuestro organismo una vez que se sospecha o confirma te hayas contagiado, y una vez que lo encuentra, anula su capacidad de copiarse a sí mismo.

 

Si se toma como es indicado, el VIH puede comenzar a desactivarse a niveles tales que permite a nuestro sistema de defensa actuar eficazmente y superar cualquier otra infección. Pero, el TARGA no elimina ni mata el VIH; solo lo inutiliza.

 

A cambio, el TARGA te permite calidad y larga esperanza de vida, y realizar cualquier actividad casi sin problemas, siempre que sea saludable obviamente.

 

El PREP no es un tratamiento para la gente que ya está infectada sino un medicamento que lo toma una persona que pruebe clínicamente no tener VIH, pero cuya conducta (especialmente la sexual) pueda exponerla ante una infección por VIH.

 

Cuando se toma como es debido, si alguien te contagia el virus, PREP crea una especie de barrera de defensa que le impide copiarse a sí mismo; por lo tanto, le impide provocar una infección.

 



Cuándo sí, cuándo no

Pero, ojo, PREP solo evita que te infectes por VIH. No evita cualquier otro tipo de infección de transmisión sexual, o ITS, como la sífilis, por ejemplo. En ese caso, el uso de PREP combinado con otro método de barrera, como el condón, es una decisión acertada. PREP tampoco es la ansiada cura contra el SIDA.

 

PREP también es un excelente método para parejas en las que uno ya tiene diagnóstico confirmado de VIH y el otro no, y deciden tener sexo a pelo (bareback). En el caso del cruising (sexo con parejas ocasionales) o el swinging (intercambio de parejas sexuales), no tanto, puesto que, como dijimos, solo previene que te contagies de VIH, pero no de cualquier otra ITS.

 

Y, obviamente, PREP tampoco previene el embarazo. Edúcate más al respecto en los links aquí abajo y conversemos.

 

Qué es el PREP | Quiénes pueden acceder a PREP en Perú | Conversemos en X | hunks.piura@gmail.com 

lunes, 1 de agosto de 2022

Muere el primer peruano por viruela del mono

Hay 5 claves que debes conocer para entender qué pasó y cómo tú puedes evitar infectarte y complicar tu salud.


Este lunes 1 de agosto se informó oficialmente que el primer paciente peruano diagnosticado con viruela del mono falleció en el hospital Dos de Mayo en Lima. Se trata de un varón con diagnóstico positivo de VIH. Hasta ahí, la noticia parece alimentar el prejuicio de que esta nueva ola solo ataca a los gays o bi; sin embargo, si revisamos más en detalle, podríamos entender que las razones son otras.

Primero, sí es cierto que el fallecido portaba el virus de inmunodeficiencia humana o VIH, una condición que bajo tratamiento médico es controlable. Precisamente se llama condición médica al conjunto de síntomas que, si son controlados a tiempo, puede que no desarrollen una enfermedad, que ya es el cuadro en el que una persona se incapacita en forma parcial o total.

Segundo, el VIH, una vez detectado y controlado con tratamiento antirretroviral, es una condición médica. Si no se controlara, puede degenerar en el síndrome de inmunodeficiencia adquirida o SIDA, que es la enfermedad cconsistente en que tus defensas bajan tanto que tu cuerpo no puede combatir un patógeno o agente infeccioso que una persona con más defensas sí podría sin usar medicamento o con pequeñas dosis.

Tercero, el paciente que falleció con viruela del mono y que ya tenía VIH había abandonado su tratamiento antirretroviral. Por lo tanto, la sustancia que impedía que el VIH se copiara dentro de su cuerpo ya no tenía efecto alguno. Mejor dicho, no hacía nada porque simplemente ya no existía dentro de su cuerpo. Entonces, al no tener la ayuda, el VIH se copió masivamente al punto que sus defensas eran incapaces de defenderlo.

Cuarto, fuentes médicas indicaron que el paciente ya había sido atacado con tuberculosis y pasado un cuadro de neumonía (pulmonía). Entonces, su organismo ya estaba altamente debilitado: cualquier enfermedad que bajo otras condiciones se controla o supera, en su caso podría matarlo si no recibía atención médica rápida.

Quinto, el paciente llegó tarde al servicio médico cuando poco o nada se podía hacer para salvarlo. Las fuentes médicas indican que si iba a la consulta al primer síntoma, sus posibilidades de salvarse eran altas. Pero al llegar contra el tiempo, la infección de la viruela del mono había infestado todo su cuerpo al punto que nada más se pudo hacer. Por eso, se habla de que murió debido a una septicemia.

Ahora que ya tenemos más claro qué pasó, debemos tener claro también qué hacer: prevenir. Y eso va a depender de ti. Lee aquí nuestro post en el que explicamos cómopuedes evitar que te dé la viruela del mono. Hagamos la diferencia.

Mira aquí más sobre salud. 

martes, 26 de julio de 2022

¿Por qué la viruela del mono ataca a los gays?

Las noticias a nivel mundial dicen que lo que parecía un brote controlado comienza a multiplicar sus casos rápidamente, y algunos están usando la ocasión para culparnos a los gays y bi. Pero, ¿realmente tenemos alguna responsabilidad?

 


La viruela del mono es una enfermedad viral. A estas alturas de la vida, ya deberíamos saber algo acerca de los virus. Son un conjunto de grasas y proteínas que no tienen vida propia pero que sí tienen la habilidad de copiarse a sí mismos una vez que infectan una célula viva. Si la cantidad de células infectadas supera la cantidad de células que los reconocen y pueden ponerlos fuera de combate, entonces nos enfermamos.

No se puede matar a los virus, como sí sucede con las bacterias, pero si se consigue aislarlos, son incapaces de copiarse y se pueden desactivar, o sea desintegrarse en los elementos o sustancias que los forman.

Enfermedades causadas por los virus son la gripe, el herpes genital, la Covid-19 o el SIDA. En esencia, el mecanismo de infección es el mismo: alguien contagiado nos lo transmite y lo incubamos hasta que tarde o temprano se manifiesta.

 


Así funciona el contagio

Como su nombre lo dice, la viruela del mono es una enfermedad común de las selvas tropicales donde habitan los simios. Al igual que la rabia, ésta se puede transmitir a los humanos. Una vez que se aloja en nuestro cuerpo, puede cambiar o mutar y tener la capacidad de transmitirse a otros humanos si ignoramos la forma cómo trabaja cada virus.

En el caso de la viruela del mono, se ha determinado que su virus puede alojarse en nuestra saliva, y aquí viene el dato clave que debes tener en cuenta. No importa cómo uses tu boca, siempre que haya saliva involucrada, te puedes infectar y puedes contagiar a otras personas. Pero, ¿por qué los gays?

 


Cómo las relaciones sexuales pueden dar viruela del mono

Cuando tenemos sexo, nuestra boca debería jugar un rol clave ya sea besando la boca de otra persona, chupándole el pene o lamiéndole el ano. Si besamos en la boca a otra persona, y ésta ya se infectó aunque no presente síntomas, entonces nos va a pasar el virus. Como supondrás, es imposible de verlo debido a su tamaño microscópico.

Si la boca de la persona infectada nos chupa el pene, el virus puede ingresar por nuestra uretra, es decir ese conducto por donde sale nuestro semen. Si la boca de la persona infectada nos hace un beso negro, puede depositar el virus en la entrada de nuestro ano, y si hay alguna micro-herida, especialmente si nos pone saliva para que su pene entre más fácil, eso va a nuestro torrente sanguíneo. Resultado: contagio.

Claro que para desarrollar la enfermedad tiene que ver la cantidad de virus que entre en nuestro organismo, pero pongámonos en un caso promedio.

 


Cómo prevenimos contagiarnos de viruela del mono en las relaciones sexuales

Dicho todo esto, la viruela del mono no es específicamente una enfermedad o una infección de transmisión sexual, pero puede transmitirse por el contacto sexual. Tampoco es una enfermedad de gays porque desde que todos tenemos sexo al margen de nuestro rol u orientación sexual, estamos vulnerables a infectarnos.

De hecho, si una persona infectada sin protección, como una mascarilla, habla frente a otra sin protección, la contagia, porque la saliva viaja en gotitas que se disparan por el aire que botamos al articular palabra, mucho más si gritamos. Como vemos, en este caso, el sexo o la orientación sexual no tienen nada que ver.

De todos modos, lo que especialistas en salud recomiendan es la monogamia, o evitar los compañeros sexuales que sabemos tienden a ser promiscuos.

Teóricamente, el uso de condón en el sexo oral evita el contagio. En el caso del sexo anal, aparte del forro, es mejor usar lubricante para facilitar la entrada de nuestro miembro. Y, bueno, por ridículo que parezca, tener la mascarilla puesta podría ir a favor nuestro. Igual, existen las manos para estimular a la otra persona.

Como lo hemos aprendido con el SIDA, como lo hemos aprendido con la Covid-19, en la medida en que tomemos precaución sobre nuestro cuidado, evitaremos que la viruela del mono también se convierta en otro problema de salud pública. Hagamos la diferencia y comenta esto en la caja debajo o en nuestro Twitter.

Mira más sobre salud sexual y autoestima.

  

miércoles, 29 de junio de 2022

Qué hacer cuando conoces a un “se mira pero no se toca”

Hay chicos que te lo muestran todo, absolutamente todo,  y parecen ser una invitación a un sinfín de caricias y hasta un momento de buen sexo; pero cuando te les acercas, no solo se niegan sino que pueden rechazarte de la peor manera.


Mario suele compartir sus fotografías a torso desnudo, o con poca ropa, y con mirada o sonrisa seductora a través de su cuenta de Facebook. No luce mal. Se nota que su esfuerzo físico ha dado resultados y se siente orgulloso en mostrarlos. Bien por él.

Pero cuando un chico le chatea y le alaba ese desarrollo físico, Mario reacciona preguntándole si es gay, y subrayando a continuación que él es homofóbico.

Hay que recordar aquí un detalle: el que un chico luzca con poca ropa, sin ropa, e incluso con el pene erecto o abriendo las nalgas, no significa que sea gay o bi. Simplemente podríamos estar ante el caso de un chico exhibicionista, es decir uno que se complace mostrándo las maravillas que Dios y su esfuerzo le han merecido, pero que no busca ir más allá, es decir, no quiere que lo toques, menos que le propongas irte a la cama (aunque le pagues).

Lo que debes hacer en estos casos es admirar, aplaudir y pasar al siguiente. Suena a conformismo, pero tienes que aprender algo sobre la forma de pensarde un exhibicionista: existe en la medida en que lo veas; si dejas de verlo, muere socialmente.

Y si es un exhibicionista con evidentes traumas en torno a su orientación sexual (puedes ser heterosexual y perfectamente dejarse acariciar por alguien de su mismo sexo sin que eso signifique que le excita), entonces no pierdas tiempo y déjale de hablar, no lo frecuentes, no le hagas caso, deja que se muerda la cola (al margen de si tiene una rica cola), y sigue tu camino. Es obvio que el pata desea estar solo y tú no eres nadie para resolverle su conflicto sexual. Que se busque un psicólogo y lo trate con él, en todo caso.

Recuerda darte tu lugar y no estar rogando porque te presten atención, así que cuando te topes con un exhibicionista que prefiere ser mirado de lejos, dale el gusto como quien mira una pintura, una foto o una estatua, y listo, hasta nunca. ¿Qué piensas al respecto? Deja tus comentarios abajo, en nuestro Twitter o en hunks.piura@gmail.com

Mira más sobre culturista calato modelo calato heterosexual y homofóbico 

jueves, 13 de febrero de 2020

Ningún caramelo sabe mejor que mi mejor amigo

   ¿Cuándo mi mejor amigo se convirtió en uno de mis objetos sexuales? No sé si desde la primera vez cuando lo conocí hace unos seis años. Casi de inmediato me comenzó a gustar todo de él, y conforme han pasado los meses, y el tiempo nos ha comenzado a maltratar tanto como  hemos entrado o vamos rumbo a los cuarenta, muchas cosas suyas me gustan, desde lo intelectual hasta lo físico, aunque intelectualmente no es Platón pero tiene muchos menos traumas, ni aunque físicamente sea un Bob Paris aunque abiertamente haya defendido al colectivo gay y salir casi sin rasguños.


Y en ese caso, no sé si también me gusta el hecho de que aunque siempre se ha definido como heterosexual, nunca ha cerrado la puerta a las experiencias homosexuales (que no le signifiquen sentir dolor, como que le metan el pene por el culo), algo que otros hombres, especialmente quienes ya cruzaron la línea cuando el alcohol les ha jugado malas pasadas, jamás de los jamases darían por probable aunque hace rato ya fue posible.


Lo que sí tengo claro es que en nuestro caso, lo sexual puede ser muy carnal en lo teórico, pero en la práctica, está altamente cargado de simbolismos enmarcados por  el cariño o la lealtad que nos profesamos. Sin embargo, ¿desde cuándo la probabilidad de un acercamiento sexual comenzó a transformarse en posibilidad? Yo diría desde los pocos meses después de conocernos, cuando él tenía un juego que externamente me daba terror porque podríamos terminar desplomados en el suelo, pero que internamente me encantaba mucho. 

Aprovechando que soy más bajo que él en estatura, me levantaba en peso pegándome a su cuerpo por unos segundos. Aparte de terminar como dos sacos de papas en el piso, mi otro temor es que alguien subiera (porque siempre sucedía en el segundo piso de mi casa, donde acostumbro estar solo) y viera la escena. ¿qué habríamos dicho? ¿Una nueva forma de pesar a la persona? ¡Qué ingenuo!


En una ocasión, una de esas cargadas terminó con él dejándome echado sobre el sofá de mi sala, con su cuerpo casi encima del mío y nuestras caras muy cerca. ¿Robarle un beso? Me hubiese gustado, pero estaba lidiando con la impresión, porque siempre era todo repentino, y su reacción. Eventualmente me dijo que era un juego, y a veces ahora lo repetimos aunque con una connotación mucho más erótica. ¿Lo del beso? Por lo menos yo, es una probabilidad que no descarto: él sabe bien que para mí, el beso es el prólogo y letra capital de cualquier encuentro sexual, aunque, claro, depende mucho de quién te lo dé, cómo te lo dé y por qué te lo da.


Si bien solemos hablar de sexo más a un nivel puramente teórico, casi enciclopédico, ha sido apenas en los últimos tres o cuatro años cuando hemos comenzado a hablar de qué pasaría si ambos se nos ocurriera ir a la cama no en plan descanso, como ya había pasado antes, sino a tirar. Siempre hemos evadido la escena con bromas y hasta yo llegué a decirle que lo más que pasaría es que terminemos desnudos chismeando de todo el mundo o haciendo chistes de las cosas  más estúpidas solo como para no hacer brumosa la atmósfera del momento. Mas, como ambos decimos, nunca hay que decir nunca.


Una vez que salimos de viaje, yo me sentí mal por algo que comí y que me hizo mala interacción con una medicina. Parecía tener fiebre, así que me quité la ropa y me acosté en la cama. Él insistía que quería salir a bailar, pero honestamente yo no tenía ánimos, así que asumo pensó que me hacía el enfermo porque, súbitamente, sentí todo su peso encima de mi cuerpo. ¡No jodas! Intenté abrazarlo pero me dijo que no porque tenía una máquina deafeitar y podía cortarme accidentalmente. Se levantó y se metió al baño. Estaba en calzoncillo.


Cierta tarde que vino de hacer unos papeleos, se sentó conmigo a conversar en el mueble, y por joderlo comencé a palmearle la espalda baja burlándome de un polo chiquito que se había puesto. Cuando se sentaba y se inclinaba hacia adelante, el polo se le recogía y revelaba su lampiña y tersa –porque tiene una piel tersa—zona lumbar. Entonces noté algo inusual: donde debía estar la pretina de su ropa interior, no había nada. Se lo observé y me admitió lo increiblemente cachondo: no llevaba ninguna.


Por joder, comencé a darle manacitos en la cadera, la espalda baja y amenazaba con meter mi mano dentro de su jean apretado, como suele usarlos. Cuando se despidió, como siempre por iniciativa mía, solemos abrazarnos. Mientras me pegaba a su cuerpo, se me ocurrió darle una nalgada. Él me lo reclamó sin agresividad, pero hizo algo que a mí me sorprendió y excitó al mismo tiempo: tomó mis manos, se las metió dentro de la pretina de su pantalón e hizo que le acariciara sus nalgas.


¡No jodas! No es el culo formado de algún chico de gimnasio, como los que he tenido suerte de ver o tocar; es mas bien redondito, suave, lampiño en principio. Casi jadeando, tuve mis manos ahí. Él se sonreía pendejamente, no sé si por su acción o por mi cara de arrecho.


Yo, de puro pendejo, saqué una de mis manos y le toqué la braguetta. Él entonces se aflojó un poco el pantalón e hizo que le tocara su pene. Estaba más flácido que erecto. Claro que en ese momento asumí que ése era su tamaño mínimo ya que no tenía más referencias sobre él, excepto por su testimonio verbal y lo que una vez pude sentir cuando ocurrían las cargadas.


Por lo menos, en ese momento, lo asumimos como otro jueguito, aunque luego, entre broma y serio, me dijo por chat que yo era un aprovechado. Momento, le dije. Yo admito que estaba jodiendo, pero quien me metió las manos dentro de su ropa fue él por decisión propia. Y aunque el asunto pasó por alto, lo que yo comencé a temer es que él comenzara a alejarse, más aún sabiendo que lo que no tiene en físico, le sobra en coquetería y seducción. Ahí lo dejo.





Las cosas siguieron mejorando entre ambos, como amigos quiero decir, hasta que fuimos de campamento y entre las cervezas y el vino que nos tomamos, decidimos darnos un baño en la quebrada que corría al lado nuestro. Como era medianoche, por seguridad, nadé abrazado junto a él. Y como era medianoche, nos bañamos desnudos. Por un momento, nadar rozando su cadera desnuda con la mía, o anclando mis piernas con las suyas mientras por ratos sentía su pene fue una experiencia por demás alucinante.


Al año siguiente, justo el pasado, mientras lo ayudaba a hacer unas tareas en mi computadora, decidimos tomar un receso y terminamos en un portal de videos porno. Le pasé los datos de unas películas antiguas, y le comencé a contar cómo era el asunto del cine porno, cómo son los códigos de comportamiento y toda la nota. Le expliqué cómo los patas comenzaban a tocarte la pinga, y eventualmente terminé tocándole la suya, pero encima de su ropa. Entonces me di cuenta que a cada intento, su miembro crecía y se ponía rígido más y más, hasta que erectó por completo. No aguanté. Casi sin su autorización, y subrayo el casi, metí mi mano y pude tocar ese pedazo de carne, ni grandote ni insignificante. Me recuerda mucho al mío en dimensiones.


Desde entonces, los tocamientos entre debidos e indebidos se fueron repitiendo más de mi parte, lo acepto. Él siempre trató de limitarme, de no ir más allá. Acepté jugar con sus reglas, pero en algún momento del partido lograba avanzar usando las mías.


Una noche que vino de estudiar, estábamos comiendo unos dulces y por casualidad unos rodaron detrás de mi espalda, en el sofá en el que estábamos sentados viendo televisión. Mi amigo, con una agilidad felina, se puso de pie, se sentó en mis muslos y prácticamente me abrazó. ¡Dios mío! ¡Eso no podía ser cierto! ¿Era lo que pensaba que era? Puso sus dos manos en mi espalda baja, y luego regresó a sentarse en su lugar: había rescatado los dulces que yo había protegido con mi cuerpo. Bueno, definitivamente parecía ser amor al chicharrón.


Otra noche después de Navidad, prácticamente terminamos sentados frente a frente haciendo una postura de sexo tántrico en la escalera externa de mi casa. Como hay rejas gruesas, y está algo oscuro, no nos palteó mucho si alguien veía desde la calle.



Una tarde que nos dejaron solos en casa y él estaba buscando unos documentos en mi máquina, nos pusimos a tomar agua y revisar el lugar. Nos metimos a uno de los cuartos y se sentó a mi lado en la cama. Como es verano, vino con short. Se acostó. Mientras hablábamos, me acosté a su lado y puse mi cabeza en su pecho, que por cierto, sin hacer tanto ejercicio lo tiene formadito. Hubiese deseado que se me acostara encima, pero no sé cómo terminé poniendo sus dos piernas sobre las mías. Me preguntó por qué hice eso y mas bien le pregunté si le incomodaba; me dijo que no. No sé cómo, la vaina es que luego yo terminé simulando un piernas al hombro sobre esa cama, ambos con ropa, con él empujando mi cabeza como para que le chupara el pene mientras simulaba meterle el mío.  Yo no erecté en ese momento, pero juraría que cuando él me dijo que parara porque le dolían sus pantorrillas, le toqué el paquete: estaba duro.


Luego, volvió a mi máquina y cuando estaba sentado, simulamos que yo se la chupaba. A propósito, choqué mi cara contra su miembro, bueno, contra la tela de su shortt en todo caso.


Otra tarde que vino a pasar el tiempo,, estábamos en la azotea. Como hay un muro de seguridad, mientras probábamos un equipo y él se hacía una selfie, me arrodillé detrás suyo, y rocé mi cara con el medio de sus dos nalgas luego de un intento frustrado de simular una fellatio. No me aguanté, y antes de irse, le besé su pene, siempre protegido con su ropa, tras una sesión de “acaríciame mis piernas”, que a mi opinión parecen de futbolista esporádico, ya saben, ni tan masivo que cada músculo necesite dos manos para ser acariciado, ni tan pequeño que todo se pierda en una sola superficie.





Lo último que pasó ayer simplemente sobrepasó incluso mis propias fantasías con él, en las que estamos abrazados y desnudos bajo una fina sábana mientras nos rozamos y besamos, pero no llegamos a más.


Como siempre, vino por la tarde a ver unos formatos. Honestamente yo traté de controlarme, traté de distraerme hablando de cosas que son más útiles y que sí nos importan, pero entre puñetitos y palmaditas, no pude. Entonces, él se despidió. Nos pusimos de pie, y lo abracé como suelo hacer, aunque deliberadamente traté de que nuestros penes se juntaran. Estaban flácidos. Él me observó que ese rroce lo hacía sentir raro, no mal pero raro. Entonces de pronto me preguntó cómo era una guerra de espadas, y comenzó a menear su cadera: nuestros paquetes estaban golpeándose con cierto cuidado. Pero como yo soy más bajo que él, como que no sentía el punto de contacto justo en el propio miembro, hasta que graciosamente se agachó un poco y comenzó a hacerlo. Me excité. Y como yo estaba sin ropa interior, ya pues, se me notó.


No sé por qué me separé de él, pero cuando regresé, se había bajado su short y calzoncillo hasta medio muslo… aguanta… yo me bajé mi bermuda, e intenté reahcer la guerra de espadas, pero él no me permitió. A cambio, dejó sus nalgas al descubierto, e hizo que se las acariciara. Me apoyé en su cuerpo y aprovechando que ya estaba oscuro, comencé a hacerlo en círculos con las yemas de mis dedos, pero con una torpeza única, como si estuviese acariciando un material demasiado delicado, no con rudeza, no con seguridad. Fue la primera vez que me percaté que en la base de sus dos glúteos, es apenas velludito.


Estuvimos así unos segundos, y luego se levantó el short.
“¿Sigues erecto?”, curioseó al sentir mi entrepierna en su muslo.
“No, ya no”. Efectivamente, se me había bajado un poco.


Otra despedida. Volvió a bajarse el short y pedir que le acaricie las nalgas. Volví a hacerlo con menos inseguridad pero con un temor subyacente, ya saben, ¿estaré haciendo lo correcto o estaré cagando una relación hermosa de amistad? Aunque, por otro lado, era ahora o nunca. Me arrodillé, me puse tras suyo, le dije que confiara en mí, y comencé primero a besarle las nalgas y casi en medio de ellas, donde se le concentra más vello; entonces, se las mordisqueé.
Me moría por lamérselas, por empezar en una, seguir en otra, ir por el medio de su raja. Llegar a su ano. Otros chicos me han dicho que hago buenos besos negros. ¿Cómo habría reaccionado mi amigo? ¿Se habría excitado, como lo estaba mientras le besaba sus dos cachetes traseros y le tocaba su pene? El problema era que la posición cómo se había parado, yo no podía hacer mucho.


Si él estaba sorprendido, yo estaba alucinando. Se levantó el short y me puse de pie. Volví a abrazarlo juntando nuestros paquetes suaves.
“Te haré una pregunta y quiero que seas bien sincero conmigo”, me emplazó. “¿Llegarías a tener sexo con tu amigo?”
“Solo si mi amigo me lo pide”, le respondí.
Sonrió.
“Eres un aprovechado”, me reclamó amistosamente. “Yo te dejo acariciar mis nalgas y tú te pasas: si te doy el caramelo, no quieras comerte toda la torta”.


Un chorro de lucidez llegó a mi cabeza, y comprendí el asunto de respetar las reglas, porque hasta en el juego sexual, por el puro hecho de ser juego, hay reglas.
“Te prometo que si me das el caramelo, solo me comeré el caramelo”.
“está bien”, volvió a sonreírse. Nos abrazamos. De nuevo, otra despedida.


Súbitamente, me tomó por los dorsales, me abrió de piernas y simuló tirar conmigo de pie, con gemiditos incluídos. Yo comencé a jadear. ¡Dios! Eso estaba mejor que mis fantasías. Imagínense si hubiésemos estado desnudos y él con su pene erecto. ¡Qué rico hubiese sido sentir cómo me lo metía por mi culo! ¿Qué no habría hecho yo?
“¿Qué viene luego?”, sonrió. “Ser esposos?”
“No quiero ser tu esposo”, respondí divertido… aunque… no sé si realmente sea buena idea si bien suena lógico, pero quién sabe porque nadie ha regresado del futuro para decir qué tal es.


Estuvimos abrazados, filosofando a pene pegado un ratito, y volvió a bajarse el short. Yo sentí que donde estábamos era incómodo, así que lo jalé a una pared de la sala y ahí seguimos. Como que él perdió el ritmo, pero luego hice que se apoyara en mi cuerpo, y le acaricié el culo con un poquito más de lascivia, aunque no toda la que hubiese querido. Aproveché para besarle el cuello con sumo cuidado de no dejarle marca alguna: no solo me excitaba el morbo de estar haciendo todo eso con mi mejor amigo, sino el hecho de que, al margen de la incomodidad del momento, la confianza que tenía en su propio cuerpo lo pintaba como un gran amante, uno de ésos a quien no le importa rol, orientación o lo que fuera excepto sentir, ¡y qué rico se sentía!
. Volví a jadear. Esta vez no me conformé solo con el glúteo, exploré por encima de su raja y honestamente me quedé con ganas de separárselas y jugar con su ano a ver qué pasaba; no meterle el dedo porque eso es recontraincómodo, sino masajeárselo, dilatarlo, jugar.


Luego, él me llevó mis manos hacia adelante, se bajó del todo el short y por primera vez desde que lo conozco, me pidió masturbarlo. Le acaricié las bolas, parte del vello púbico que, como nunca, se lo había dejado crecer, pero no logré que se le parara porque de pronto le entraron dos llamadas importantes. Y realmente sí que lo eran. Como que eso ya rompió la atmósfera, aunque me quedé con las ganas de volver a sentir ese rico pene erecto, recto, perfecto, y llevarlo hasta el punto de un casi orgasmo tras lo que dejaría que se le bajara y masturbarlo suavemente aprovechando el montón de líquido preseminal que emana; o quien sabe, llevarlo hasta un final feliz y probar su semen, un fetiche que a él le encanta, porque hasta de cuál es el método más adecuado para mamárselo a él, hemos hablado varias veces. Ojalá haya el momento y el espacio suficientes para hacer un taller personalizado intensivo.


. Volvimos a despedirnos, y esta vez sí fue la definitiva.
Cuando llegamos a la calle, me dijo que le encantaría ver la experiencia en una historia escrita pero no lo tomé en serio hasta que hoy volvió a insistírmelo por chat. Dice que quiere analizar las cosas desde mi experiencia, y honestamente (como sé que también leerá esto), lo que tengo que decir es que, quizás no es lo que la pornografía te muestra como una secuencia predecible de excitación-erección-eyaculación, pero el truco en estos casos es no esperar nada más que vivir el momento, la experiencia, la oportunidad, la complicidad, entender ese adagio que ambos compartimos: el sexo es otra forma de comunicación eficaz entre dos personas que, al menos, se simpatizan, y donde lo impredecible siempre será lo óptimo.


Claro que en su nomenclatura, a esto le llamó “experimentación”; pero como yo le dije, lo mejor será no etiquetar nada, y en todo caso quedarnos con el solo hecho, la sola experiencia.





¿Repetirlo? Pues… sí, ¿por qué no? No sé si de nuevo aquí, o esta vez en otra parte; pero creo que con más tiempo y menos tensión. Y definitivamente con más tiempo y menos ropa o sin ella, porque esa piel sí amerita recorrerla con manos, lengua, crema, con lo que sea. Aunque, claro, todo dependerá de que ambos así lo queramos. Por lo menos, hay algo que podría jugar a nuestro favor: mi amigo me confesó que tras esta última experiencia, definitivamente ya no puede etiquetarse como puramente heterosexual. A mí no me importa eso. A mí me importa que nos sintamos libres, plenos y sin culpa si comenzácemos a hacer el amor con todas las de la ley.


Por lo menos en mi nueva fantasía tras lo de ayer, hay muchos más recursos que el simple abrazo, beso en la boca o el roce genital; hay todo un repertorio sexual que me encantaría ambos interpretemos a discreción.


Si no llegara a pasar, permanece la amistad, y todo lo que allí he conseguido junto a él, nunca lo pondré ni en hipoteca ni en subasta. Me costó cada hora y cada día construir algo hermoso, y eso está fuera de cualquier discusión.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Se la metí tan rico que se vació todito

El otro día que estaba haciendo unas gestiones, conocí en la cola a un chico joven, bien parecido. Nos pusimos a hablar de varias cosas, y como nos atendieron casi al mismo tiempo, salimos de la oficina donde estábamos y fuimos caminando juntos. Entonces llegamos a un parque y como habíamos estado de pie desde temprano, decidimos sentarnos para descansar.
"¿Qué vas a hacer el resto de la mañana?", me preguntó y me llamó mucho la atención que me lo preguntara.
"Nada en especial", le respondí de todas maneras. "¿Tú?", le devolví la pregunta.
"Tampoco nada en especial", me dijo con seguridad. "Creo que regresaré a jatear un rato más". Eran como las diez de la mañana. ¿Quién pensaría en jatear a esta hora? Pero bueno.

Debido al trámite que estaba haciendo, yo había pedido el día libre, y se lo conté a este nuevo amigo. Noté que su mirada hacia mí cambiaba, y que de cuando en cuando me miraba el paquete. Esa mañana me había puesto un semipitillo que me lo marcaba bien. Noté que el pata era algo delgado pero formadito. También se había puesto un semipitillo y se le marcaban los muslos.
"Bueno, quién como tú que te dejan dormir hasta tarde; en mi casa no creo que me dejen", solté a ver qué pescaba.
"¿Vives con tu familia?"
"Sí", respondí. "¿Y tú?"
"No, vivo solo", me dijo. "Alquilo un cuarto aquí a cuatro cuadras".
No sé por qué, pero mi pinga comenzó a ponerse dura cuando soltó el dato. Algo sospechaba.
"No quiero llegar a mi jato", punzé ya sin roche.
"¿Por qué no te vienes a mi cuarto un rato?", al fin me invitó, y mi pene duro comenzó a lubricar como cancha.

Aparentemente el pata se dio cuenta de mi erección porque nos quedamos hablando un rato más en ese parque hasta que se me puso blandita y nos pusimos en camino. Efectivamente habían cuatro cuadras. Llegamos a una casa de cuatro pisos, entramos y llegamos a su cuarto. Tenía su cama, una mesita, su ropero de ésos desarmables, una tele y unas tres sillas de madera.
"¿Te jode si me meto a la cama?", me consultó.
"Para nada... si quieres te acompaño", me mandé.
"Ya, pero... yo duermo calato", me advirtió seductoramente.
"Yo igual", le sonreí.
Nos quitamos toda la ropa y nos metimos debajo de la cobija. ¿Para jatear? Nada. Apenas nos tapamos, comenzamos a abrazarnos y besarnos con pasión. Nuestras pingas se pusieron durísimas. Me acosté sobre él y comencé a moverme. Como ambos lubricábamos como locos, pronto humedecimos al máximo nuestras ingles.
"¿Sabes qué me encantaría?, me alcanzó a decir.
"¿Que te la meta por el culo?", le respondí.
"Sí, pero además que me grabes mientras me la metes", me pidió. Primero me quedé sorprendido, pero luego me di cuenta que sería toda una experiencia. Bajé de la cama, saqué mi celular, se puso en posición y comenzamos.

Estaba metiéndole pinga al pata. Rico culo, por cierto, calentito. Encima lo estaba grabando. Yo estaba tan arrecho que, por más que me movía, en vez de quererme vaciar, más duraba. Y estaba contento por éso. Pero él no. Cuando estaba en lo mejor del cache, él no aguantó más y las dio. Si miran el video con cuidado, verán cuando me lo dice.


Como el ano se le estrechó y le dolía, tuve que sacarle mi pinga, y me quedé con las ganas de eyacular. Pero lo que más me sacó de cuadro fue que él se vaciara si no la tenía parada del todo, así que me puse a averiguar. En realidad, todo tiene que ver con la próstata. Cuando sabes estimularla y el nivel de excitación es alto, como que tu punto G, por así decirlo, se ubica ahí. entonces, casi que no necesitas una erección, o quizás no una intensa. El semen sale sin poder evitarlo y listo, llegas al orgasmo. A diferencia de otros huevones, no me molesté con el pata. Al contrario, fue una experiencia distinta y chévere. Y cuando me enteré que esa estimulación prostática solo la consiguen los expertos, olvídense, tenía la pinga parada a cada rato del puro orgullo. Claro que tendría que practicar más seguido para hallar mi técnica, pero de que es lo máximo, lo es, y se los recomiendo.

Si te pasó algo parecido, cuéntalo acá abajo o en el Twitter.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Motivación al desnudo con un toque afrocaribeño

Cuando sientas que las fuerzas te abandonan
no las busques fuera de tu lugar.
Búscalas dentro de ti.
Es el lugar más seguro
donde seguro las vas a hallar.

Siempre desafíate a hacer algo nuevo cada día.
¿Pero qué hacer, por dónde comenzar?
Simplemente explora en aquéllo que te apasiona.
entonces ponte una meta y trabaja hasta conseguirla.

Tu enemigo no es quien crees que es.
Tu enemigo es esa parte de ti que no te deja crecer.
entonces, no te derrotes a ti; derrota a éso que te ata
al pasado, a la derrota, al dolor, al desgano.
en fin, a lo que no te permita hoy ser mejor que ayer.

Hazte mensajero de buenas noticias.
Hazte el autor de los mejores tratos.
Hazte el mejor amigo de la vida.
Hazte el amante más intenso de tu destino.

El poder está dentro de ti.
Si tú te lo propones, puedes llegar muy lejos.
Pero aprende que el poder se consigue cuando sirves al resto de corazón, sin dejar de ser tú mismo.
No digas lo que vales.
Deja que quien realmente tiene sabiduría lo vea, lo aprecie y lo celebre.
Ése es tu real poder.

Prepara tu cuerpo, tu mente y tu espíritu
para cuando llegue el momento de compartirlos al desnudo con las otras personas.
Recuerda que la clave no es poseer.
La clave es brindar y disfrutar.
Pero también la clave es que los demás te brinden y gocen contigo.
Cuando todo es recíproco,
el clímax es una experiencia tan grande
que las palabras se quedan cortas para describirla.

No veas al tiempo
como el momento que acaba.
Mira al tiempo
como la oportunidad que comienza.
Cuando transformas al tiempo
de enemigo en amigo,
entonces descubres que la vida
tiene más horizonte
del que imaginabas.
Por último, tú haces el tiempo.
Hazlo con mucha inteligencia.

lunes, 26 de agosto de 2019

El primer amor que debo tener es a mí mismo

Hay una huevada recurrente en nosotros. Siempre creemos que la felicidad se consigue cuando estamos con alguien. Puede que sí, pero si no encuentras otra manera de ser feliz, algo malo está pasando contigo. Muy pocos se dan cuenta que ésta es una regla de oro. Pero, ¿cómo se consigue?

Lo primero que hay que hacer es escucharnos. No tanto escuchar a los demás. Primero escucharnos, dialogar con nosotros mismos, preguntarnos quiénes somos y por qué somos valiosos. Si tú crees que no te sientes valioso por ti mismo, es hora de buscar ayuda con un psicólogo, un consejero serio o un amigo de confianza que te diga las cosas como son aunque no te gusten. Quizás necesites una gramputeada para que reacciones pero podría ser la salida.

Lo siguiente es tomar el control de ti mismo. Una de las cosas que debes convencerte es que no dependes de nadie más que de ti. No de tu papá, no de tu mamá, no de tu pareja, solo de ti. Para mucha gente ésto suena a egoísmo pero cuando uno comienza a tomar control de sí mismo en todos los sentidos es cuando realmente uno va madurando y se va valorando. entonces, cuando alguien viene a calentarte la oreja o cualquier parte, es probable que tú te des cuenta que te mereces algo a tu altura. Y éso es bueno.

Lo siguiente es ejecutar tu plan, y éso significa comenzar a cultivarte por dentro y por fuera. De nada sirve que luzcas bien si tu cerebro está vacío, tu alma está angustiada o tu mente anda mal. En realidad, cuando uno luce bien por dentro, luce bien por fuera. Nunca olvides este tip. Igual con tu físico. Nunca te pierdas la oportunidad de hacerlo crecer, de desarrollarse, de verse realmente óptimo.

Cuando consigas todo lo anterior, te adelantamos que la gente va a verte raro. Bueno, ya te veían raro, pero ahora les parecerás más raro, y te contaremos por qué. La sociedad espera mucho de nosotros, es cierto, pero a veces adoptan un papel de juez que no les corresponde, y cuando ven que alguien es quien decide ser en realidad, suelen criticarlo, suelen desanimarlo y suelen agredirlo. No digas que no te lo advertimos, así que tú no tengas miedo. Si has descubierto que puedes ser una mejor versión de ti mismo, adelante. Si alguien jode, no le hagas caso, no le respondas, tú sigue en tu camino.

¿Y todo ésto te permitirá conseguir una mejor pareja? Probablemente sí, probablemente no. Y la razón es simple: cuando uno se quiere por encima de todo, uno aprende a darse cuenta si realmente necesita a alguien más para sentirse pleno, o si ese alguien más estorba antes que otra cosa. Entonces, aquí nuestro consejo es que te sigas escuchando con sinceridad, y que entiendas que todo el proceso es solo para valientes.

Si aún así, crees que tienes que ser feliz con una pareja, nunca, por nada del mundo, jamás de los jamases, ni por casualidad, permitas que te obligue a ser quien no eres, o que tengas que ceder en todo lo que has ganado solo por complacerlo. Quien decida a quererte, te tiene que querer tal como tú te quieres. Si no está dispuesto a ello, que se vaya a joder por otra parte.

Finalmente, no te tengas lástima. Es lo peor que puede sucederte. Tampoco dejes que el resto te tenga lástima. Si algo sale mal, levántate otra vez, mira dónde estuvo el error, corrígelo y sigue para adelante. Recuerda que no estás para complacer a nadie si no es primero a ti. Mientras éso no pase, el resto puede esperar. Conversemos más en el Twitter o acá abajo.

martes, 11 de junio de 2019

La gente que pide ser violada habla huevadas

Soy un pata de 26 años y hace un par que me asumí como gay. Me costó trabajo, ya saben, por la huevada de cómo va a reaccionar tu familia, la sociedad, esas cosas. Al final entendí que la decisión es solo mía y que el resto no debe importarme. Con mi aceptación también dejé de incursionar en el mundo gay con recelo, y poco a poco he ido socializando con otros patas, e incluso haciendo citas con algunos de ellos. En general la he pasado bien. No podría decir si soy activo o pasivo o no sé. Finalmente más que el rol, lo que yo siempre cuido es que ambos disfrutemos. Por ahí me han dicho para hacer tríos pero aún no me animo.

Como decía, en estos últimos dos años he socializado con mayor naturalidad. Obvio que éso significa que navego en las redes sociales y contacto a ciertos chicos que dejan mensajes, y leo de todo. Y en ese proceso en que leo de todo, me encuentro con ciertos avisos a los que miro con cierto temor. "Quiero que me violen", "Busco un macho que me viole", "Busco un pingón que me dé duro hasta sangrar".

Les juro que cuando leo esos avisos primero siento escalofríos, luego comienzo a sentir asco, y luego se me viene un mismo episodio a la cabeza, algo que, a pesar que he ido a terapia, todavía no puedo superar del todo.

Cuando estudiaba en el colegio, llegó en el cuarto de secundaria un chico de otra parte a estudiar con nosotros y en el corto tiempo, se me hizo pataza. Nos reuníamos para hacer las tareas, los trabajos, las expos. Era hijo de unos comerciantes y el menor de tres hermanos. Como a veces tenía que ir a su casa para hacer los trabajos porque solían dejarlo solo, ya que sus viejos solían estar de viaje y sus hermanos estudiaban en otra parte, y hacían pensión, llegó un momento en que jodiéndonos y jugándonos, terminábamos morboseándonos.

La primera vez fue en el sofá de su casa. Según nosotros, jugábamos a la lucha libre, y llaves van, llaves vienen, él terminó acostándose sobre mí. A pesar que estábamos con polo y bermuda, era evidente sentir nuestras pingas al palo. La segunda vez fue la misma rutina, jugar a la lucha libre, y cuando menos me di cuenta, terminamos en el suelo, él encima mío, pegando bien su paquete duro a mis nalgas. Como practicaba atletismo en el cole, tenía todo mi cuerpo bien trabajado y mi culo bien formado.

La tercera vez ya no guardamos tanto disimulo. Estábamos terminando de tipear un trabajo cuando se estiró en la silla y se tocó el bulto. "Estoy arrecho, huevón", me dijo.
Yo le sonreí.
"¿Y te arrechas de la nada?", le pregunté.
"Tu culo me pone arrecho", me dijo.
Le volví a sonreír.
"Ven", me dijo.
Nos pusimos de pie y nos fuimos a su cuarto. Comenzamos a acariciarnos, besarnos apasionadamente, nos calateamos mutuamente, y nos tiramos a la cama. Nos revolcamos hasta que yo quedé encima suyo y le fui besando el cuello suavemente, para no dejarle marca.
"Chúpamela", me pidió.
Yo me palteé porque jamás la había chupado, aparte que su pinga siempre estaba lubricada, entonces me daba cierto asquito probar ese líquido.
"Ahí nomás", le susurré.
"Ya, pe, no seas malito. Chúpamela", me repitió.
Hice el intento. Bajé hasta su miembro, lo tomé en mis manos, lo pajeé un poco y más líquido salía. Mi pinga se bajó.
"Ahí nomás, loco", le dije, y me bajé de la cama.
él me tomó de una de las muñecas.
"No me dejes así pues", me pidió.
"No quiero chuparla", le expliqué.
"entonces, cabálgala", dijo.
Hizo que me sentara sobre su pinga y comencé a rebotar. Hablamos de un falo de unos 16 centímetros, considerando que para entonces ya tenía 16 años. Cabezona, por cierto. Mientras lo cabalgaba, él agarraba su pene, y yo sentía que su intención era metérmela en mi ano, que para entonces, jamás había sido penetrado. Y ésa era una nota que yo evadía. Una cosa es la arrechura, estar calatos, pero nunca me gustó que me metieran la pinga y hasta ahora no me gusta que me metan la pinga ni yo meter la pinga. el caso es que él terminó pajeándose y llenándome la raja del culo con su semen.

Después de limpiarnos, me dijo que me vaya porque tenía que hacer otras cosas y no quería que su vieja se enoje con él. Luego de éso, cuando teníamos que hacer trabajos en equipo, él evitaba que nos toque juntos. Yo asumí que era porque no se la quise chupar, así que no le di importancia y seguí haciendo mi vida normal. Después de éso, ya no tuve nada con otro pata, hasta me confesé con mucho miedo y preferí estar tranquilo por el resto del año.

Llegó diciembre y con ello la fiesta de promoción. Cuando ésta acabó y una vez que dejamos a las parejas, nos reunimos en casa de uno de los chicos para seguirla. Eran como las seis de la mañana y ya estábamos bien borrachos. Como la gente se fue yendo de donde nos habíamos reunido, me pasaron la voz unos compañeros para seguirla en otra casa. Mi sorpresa fue grande cuando me dijeron que se trataba de la casa de mi amigo con quien hacía los trabajos. Ojo que estaba borracho, así que ya se imaginarán. Yo le busqué la mirada como esperando su aprobación. Se me acercó.
"Vamos, huevón. No seas monse", alcanzó a decirme, y lo primero que me llamó la atención es que parecía estar bien sobrio.
"¿Y tus viejos?", alcancé a articular.
"No están", me guiñó un ojo.
Yo seguí al grupo. eran como cinco compañeros, incluyéndolo.
Llegamos a su casa y seguimos chupando. Para las siete y media de la mañana tres de los seis ya estaban jatos en el mueble de la sala. A mí me dieron náuseas y fui al baño a vomitar. Como que se me pasó algo la borrachera. Me lavé la cara, me enjuagué bien la boca y me dije que ya estaba bueno, que era hora de regresar a casa y dormir todo el día. Ni siquiera aparecería al corte. Apenas salí del baño, mi amigo estaba en la puerta.
"Ven al cuarto", me dijo.
"Ya me voy", le informé.
"No jodas. Ven al cuarto".
"Es que ya me voy, ya no doy".
Mi amigo llamó a otro compañero, más alto y fornido, quien salió del cuarto completamente calato y con su gran verga aún dormida.
"¿Qué pasa?", le preguntó ese compañero.
"Que ya se quiere ir", le dijo mi amigo.
"¿Sin celebrar con nosotros?"
No entendí. Cuando menos me di cuenta, mi amigo y mi compañero casi me arrastraron al cuarto a pesar de mi negativa. Adentro estaba prendido el telebisor de mi amigo con lo que parecía ser una porno. Prácticamente me empujaron sobre la cama y caí tendido.
"No vas a terminar el cole sin haber sido nuestro", me dijo mi amigo.
Yo traté de levantarme, pero ambos no me dejaron. el otro compañero se me acostó encima y me anuló.
"así que te mueves rico, ¿no perrita?"
La poca borrachera que me quedaba se desvaneció, pero también estaba rendido por toda esa noche tomando. El compañero trató de besarme y traté de esquivarlo. Al mismo tiempo movía su cadera contra la mía y usaba sus poderosas piernas para abrir las mías, lo que consiguió. Mientras tanto, mi amigo se estaba quitando toda la ropa y se acostó a mi lado. Se besó en la boca con mi compañero. Se miraron y se sonrieron pendéjamente. Pude sentir que mi compañero ya estaba al palo y lo comprobé apenas se arrodilló, atenazando mis canillas con las suyas: ¡era un pene enorme, como de 19 centímetros! Al mismo tiempo, mi amigo me abría la camisa, a lo que traté de oponerme. Me dio un puñetazo en la mejilla que casi me soñó. Me sentí impotente y poca cosa, comencé a rogar al cielo que éso se acabara, pero parecía que nadie me oía allá arriba. Sentí que me bajaban el pantalón a la fuerza y luego mi bóxer. Sentí que el cuerpo de mi compañero fornido se acostaba sobre mi cuerpo ya desnudo y que me sobaba su pinga dura contra la mía, que no se paraba por nada del mundo. Sentí el cuerpo de mi amigo pugnando por  por acostarse encima. sentí mis lágrimas rodar. Sení que me levantaban las piernas y que un pene húmedo se colocaba en todo mi ano. Sentí dolor, un gran dolor cuando comenzaban a metérmelo. Sentí una gran mano tapándome la boca para evitar que gritara. Sentí dolor, mucho dolor en mi culo. Sentí que no podía hacer nada.

Cuando creí que la tortura se acababa, sentí un pene más grande taladrándome y otra mano en mi boca evitando que gritara. Sentí que mi amigo decía: "Con cuidado, huevón, vas a hacerlo sangrar". Sentí que era la mierda más mierda del mundo.

No recuerdo bien cómo acabó todo porque me desvanecí. Cuando desperté, mi amigo y mi compañero estaban bien dormidos flanqueándome, los tres sin ropa. Tuve miedo. Cuando me levanté, desperté a mi compañero, me miró, se dio la vuelta y se volvió a dormir. Ni siquiera me llamó la atención su enorme culo. Busqué mi ropa, salí del cuarto, de la casa. Ya era casi mediodía, y mi celular tenía varias llamadas perdidas de mi viejo que no oí porque lo había dejado en vibrador. Cuando llegué a mi casa, ni quise almorzar. Al llegar a mi cuarto, me asusté cuando vi mi bóxer manchado de mierda y sangre, mucha sangre. Me asusté mucho. Fui a bañarme como casi por una hora sobándome bien entre mis nalgas, puse mi ropa en la canasta de ropa ssucia, puse el bóxer en una bolsa plástica y lo escondí, esperando el momento de botarlo o quemarlo sin que mis viejos se dieran cuenta. Me eché a llorar y a dormir por casi dos días. Casi ni comía. "Es la pena", le decía a mi mamá.

No quise hablar con nadie del colegio y traté toda esa semana de olvidar el tema, de concentrarme en que tenía que ingresar a la universidad ese mismo verano. Cuando creía que las cosas estaban algo tranquilas, algo horroroso pasó... Mi mamá había descubierto la bolsa con el bóxer. Se sentó conmigo a conversar y a preguntarme. Me bloqueé. Cuando al fin pude hablar, le conté todo a mi mamá, quien lloró mucho. Mi papá reaccionó distinto. Denunció a mi amigo y a mi compañero y me llevó a la comisaría a que lo cuente todo. Me moría de la vergüenza, especialmente porque el policía me miraba más con cara de arrecho que de efectivo del orden. Hubo un lío bien feo. en su defensa, mi amigo dijo que no fue violación, que yo era gay y que ya lo habíamos hecho antes. Yo lo negué. Todo quedó en nada. Por último, la Policía terminó llevándose el bóxer y nunca supe qué destino le dieron.

Ingresé a la universidad y me alejé por completo de mi entorno escolar. Traté de comenzar de nuevo. Sin embargo, el nuevo entorno me fui abriendo más los ojos sobre mí mismo, sobre mi sexualidad. Me dio mucho miedo. Hablé con un psicólogo y me comenzó a tratar. Yo ya tendría como 19 años. A pesar que en las terapias me convencí que esa violación no fue mi culpa, porque no fue mi culpa, y que mi aparente homosexualidad no fue causada por esa violación, entré en modo negación. No quise saber nada con nadie. Cuando quise tener enamorada, la relación no duraba ni dos meses y siempre la cortaba. El psicólogo me dijo que no forzara las cosas, que hiciera mi proceso.

Cuando tuve 24 años, recién pude ir conciliando las cosas, acepté que soy gay, se lo conté a mi familia, me apoyan a medias porque me dijeron que no esperan verme con pareja, cosa que tampoco me interesa por ahora, aunque sí he tenido varios choques y fugas pero muy light. Llegué a aprender karate, y cuando sentía que, a pesar de que había convenido no tener penetración en algunas de mis citas, y la otra persona quería pasarse de lista, recordaba lo que pasó después de mi fiesta de promoción, y reaccionaba con un golpe o una patada.

Dos años después, me estoy tomando las cosas con más calma, aunque con el mismo cuidado. Trato de ser más firme y amable, aunque advierto que si alguien quiere propasarse, no va a irle bien. Sigo practicando karate como afición, como reencuentro conmigo mismo, aunque el sensei (instructor) me insiste que concurse. Lo que hasta ahora no he podido conciliar es cuando alguien pide que lo violen. Incluso cuando les digo que la tengo de 18 y gruesa, me lo piden y los mando a la recondchasumadre. Quizás sepas quién soy si me lo pedistealguna vez por chat y luego terminaste bloqueado. Sí, soy yo, y te digo ahora en público lo que te dije en privado: no sabes lo que estás pidiendo, no sabes lo que ser violado significa, no eres más que un pobre y triste huevón que no se quiere en absoluto y que es capaz de morir en manos de otro pobre y triste huevón por el puro hecho de sentirse sometido. Huevadas, nada más que huevadas que yo no comparto y que no creo que llegue a compartir.

domingo, 5 de mayo de 2019

El Angel que te enseña a no callar tu placer

Una de las cosas que nos enseñan a todos los hombres es que pajearse es malo. No importa tu orientación sexual o tu rol, toda la vida has crecido con la idea de que es pecado, de que daña la salud, de que te vuelve loco. Incluso se le ha nombrado como vicio solitario a la masturbación. ¿Pero lo es?

Sobarte el pene hasta ponerlo duro y masajearlo rico hasta que se te salga todo el semen es una costumbre saludable. Primero porque limpia tu aparato reproductor. Segundo porque te relaja. Tercero porque te enseña a identificcar tus zonas erógenas (donde sientes más placer). Cuarto porque te da la conciencia de ti mismo.

Y así podemos enumerar muchas ventajas. Pero, por si la mala imagen que ha recibido la masturbación no fuera poca, pocos hombres se permiten sentir placer cuando se pajean. Lo reprimen. Piensan que éso es inconcebible. Nada más lejano de la realidad.

Tenemos derecho a sentir y expresar placer cuando nos la jalamos. Sí. Y como ejemplo de ello, te dejamos con el fisicoculturista Angel Cordoba, quien no tuvo ningún roche en expresar su placer sexual mientras se masturbaba. Y para evidencia, aquí está su video. Disfrútalos.



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