miércoles, 7 de diciembre de 2011
Tu ropa de baño ideal
Esto significa que podremos apreciar más carne masculina en playas, ríos, piscinas, y cualquier lugar de veraneo.
Entonces, ¡que comience el desfile de ropas de baño!
Pero, si el sol sale para todos, ¿igual las ropas de baño?
Obviamente no todas las ropas de baño sientan por igual a todos nosotros, es decir, hay algunas que nos favorecen más; sin embargo, lo ideal es que tú tomes tus propias decisiones, basadas en qué te acomoda mejor.
Lo que sí es deseable es que hayas tenido la precaución de ejercitarte debidamente para este verano, si no, aún te quedan quince días, pero tampoco esperes milagros, porque los milagros sólo ocurren en octubre, jejej.
Otro aspecto es el material: casi todas las ropas de baño son de material sintético, entonces, si tenemos la piel de la entrepierna o el trasero muy sensible, habrá que preferir materiales que no generen lesiones, que usualmente son reacciones alérgicas. Revisa siempre la etiqueta de las indicaciones de lavado, pues suele traer la consistencia de la tela, por lo que si tu piel es sensible, procura que la proporción de algodón sea del 50% a más.
Aquí algunas sugerencias que pueden interesarte.
BERMUDAS
La ropa de baño preferida por los surfers, y por quienes jamás en su vida han visto una tabla en vivo y en directo, a menos que sea la de planchar, pero que alucinan.
Dicho sea de paso, son las más caras debido a su demanda.
Algunos las usan para disimular piernas flacas, aunque si la tela es delgada, lo mejor será que tengas glúteos firmes y algo masivos para que forme adecuadamente.
Pueden usarse con slip o boxer adentro. Si te metes al agua, puede que se pegue por sectores especialmente en tus piernas, y si es de color claro, te marcará o revelará el paquete, por lo que no recomendamos descoser la protección interior… salvo que quieras causar cierto impacto.
No son recomendables para baños de sol, es decir, tendremos un torso y unas pantorrillas bronceadas, pero muslos totalmente blancos.
SHORTS
La manga suele acabar a medio muslo, y en la versión ceñida a un cuarto de distancia de la ingle.
Ideales si te encanta nadar, además vienen en todas las telas pensadas y por pensar.
Puedes usarlos con rropa interior adentro, especialmente cuando debes sentarte, y al abrir las piernas, la gente podría ver más allá de lo evidente.
Disimulan muy bien la falta de pompas, pero no la de piernas; en las versiones ceñidas, las pompas y las piernas son requisitos obligatorios.
No recomendables si quieres tomar el sol porque ahora tendremos media pierna bronceada y la otra media pierna nada.
TRUZAS OLÍMPICAS, TANGAS
Para usar una de estas debes tener un cuerpazo, especialmente piernas, torso, brazos y culo, o sea todo.
Pero quizás lo más importante es que tengas una personalidad a prueba de todo, ya que no son usuales, a pesar que se las tolera en las olimpiadas (¿paradójico, no?).
La cantidad de personalidad requerida es inversamente proporcional al tamaño de la prenda, y de la apertura de mente de la gente. Se han hecho usuales en Máncora y en Colán, pero lo ideal sería que se extienda a todo lado.
Los mejor pensados te confundirán con un salvavidas. Y es que el modelo es perfecto para nadar, por eso se usaron por largo tiempo en los Olímpicos.
No admiten ropa interior, pues tienen la forma de los slips o briefs. La ventaja es que están pegadas al cuerpo sí o sí, por lo que no debes preocuparte esos descubrimientos accidentales de un testículo o la raja del culo, como suele pasar en shorts y bermudas.
Eso sí, recórtate los vellos del pubis, y es deseable que te depiles los testículos por estética. Igual puedes proceder con los de las nalgas, si es que las dejan parcialmente al descubierto, pues hay modelos que te las cubren por completo.
Los aventajados y los que pueden erectar con excesiva facilidad deben pensar seriamente su uso, aún si tienen buen cuerpo, salvo que hablemos de una playa o recinto gay.
Este tipo de ropa de baño es perfecto para tomar el sol, pues te deja el clásico acabado de modelo: torso y piernas bronceadas, pubis y nalgas color natural, que, cuando te ves desnudo dan la impresión de amplitud, por eso, también son ideales si vas a un solarium que es algo público, y te da roche estar completamente calato.
No hagas pasar tu slip por ropa de baño de este tipo por una simple razón: el algodón húmedo termina cediendo, cayéndose y revelar lo que no quieres, salvo intención contraria.
HILOS DENTALES
No son usuales en Piura, no por lo menos en espacios públicos sean abiertos o cerrados.
Si vas a ausarlas, pregunta antes, y así evitarás incomodarte e incomodar al resto.
Entonces, es ideal para reuniones totalmente privadas, o para tomar el sol en playas solitarias, como las de sechura.
Por cierto, el acabado del bronceado es muy sexy, ya que te deja el pubis blanco y detrás, la línea de la tela que se te mete al culo del mismo color, pero las nalgas bronceadas.
En este sentido, si eres culón, te favorece un montón, además son buenas para tener sexo anal sin necesidad de quitarse toda la prenda, o bajársela como el resto.
Lo recomendable es que recortes o depiles tu vello púbico, que depiles tus testículos, la ingle y tus nalgas, hasta el mismo ano, pero con sumo cuidado en esta parte. Igual, depílate o recórtate los vellos del torso, y, si quieres, los de las piernas.
Si tienes erecciones con suma facilidad, no te la recomendamos a menos que quieras que te vean armado, pero en ese caso, mejor es no tener nada.
Los aventajados pueden encontrar en esta prenda una gran aliada, especialmente si son modernos, o quieren hacerla de strippers.
DESNUDO
Aunque no lo creas es una opción. Si vas con los patas a un espacio donde nadie los joda, ¿para qué complicarte la vida? Calatéate y listo.
Aquí más que el volumen del cuerpo, manda la estética, y no requiere que te depiles nada, aunque si quieres hacerlo, adelante.
SUGERENCIA HUNKS OF PIURA
Si eres fan de Hunks of Piura, permítenos sugerirte las truzas olímpicas o tangas para reconocernos en las playas de Piura.
Para evitar las confusiones, podríamos andar solos o en grupo exclusivo de patas, donde hayan al menos dos usando el mismo tipo de prenda.
Si te incomoda este tipo de ropa, el short alicrado es otra contraseña, de preferencia negro.
En reuniones privadas, podemos usar hilo dental.
Quedamos entonces.
¿Preguntas? Escríbenos: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Tu ropa interior ideal
¡Por supuesto! Es nuestra ropa interior, underware, interiores, calzones, o como los quieras llamar.
Aunque los boxers parecen haberse puesto de moda otra vez, no siempre debes guiarte por este criterio.
Igual que con toda tu ropa, debes buscar algho que te deje cómodo. Ten en cuenta que esto es lo que llevamos por dentro, y si te molesta no siempre estarás de buen humor.
De nuevo un consejo relacionado con la tela. Es mejor el algodón, incluso si se entalla a tu cuerpo, pues el hombre suele sudar más de la entrepierna, entonces, es una fibra que absorbe mejor ese líquido y no genera alergias.
La ropa interior de materiales sintéticos es una buena opción para el frío, o para esos momentos íntimos especiales, y, si te olvidaste de tu ropa de baño, puede fungir perfectamente como aquélla.
Otro consejo: no uses ropa interior muy ajustada porque te jode la circulación de la sangre, especialmente si andas panchonchito. Compra los de tu talla real y te evitarás problemas.
Pero, ¿qué tipo de ropa interior es la más adecuada para qué momento? Revisemos.
BOXER: El también famoso pantaloncillo, se ha vuelto popular por la moda.
Tienes dos variedades: los sueltos y los entallados.
Son perfectos cuando debes quedarte semi-desnudo frente a mucha gente porque el roche no es mayor.
Los boxers sueltos son ideales si tienes nalgas planas y quieres dar sensación de volumen, especialmente bajo los jeans.
Los entallados, mas bien, suelen contraer las nalgas, así que son buenos para los culones (aunque ya salieron unos en EE.UU. que levantan las pompas). Estos son excelentes para usarlos bajo la ropa formal o de tela, ya que si te debes agachar o sentarte en cuclillas, no se marcan como los slips, sin importar el largo de la manga.
Los entallados pueden ser de algodón o alicrados, pero estos últimos tienen la desventaja de deshilacharse y perder su textura lisa si los usas con mucha frecuencia, en tanto que los primeros pierden elasticidad con los años por lo que puedes reciclarlos como unos sexys shorts.
Varios, especialmente en zonas sísmicas, o cuando comparten cuarto, o cuando están de viaje, los usan como pijama. Es una opción adecuada, pero depende de ti.
SLIPS: En Perú les llamamos calzoncillos, y ha sido la ropa interior masculina más común que hemos conocido.
Tenemos desde los de abertura adelante para, supuestamente, sacarte el pene, hasta los compactos, que parecen ser más prácticos.
Recientemente han aparecido nuevos con pretina elástica, que, a veces son un martirio, debido a la presión que ejercen en la cintura, dejándola muy marcada y dando problemas con la digestión.
Esta prenda tiene su subclasificación: la truza tradicional (parecida a las olímpicas de baño), y el bikini. La diferencia entre ambas es el ancho de la manga, que en el bikini se reduce al máximo, y es más sexy.
Los slips son convenientes para el gimnasio, especialmente cuando cargas peso, entrenas piernas, o usas short de licra entallada (tipo bicicletera). La razón es que favorece el movimiento de las piernas y aprisiona mejor los testículos, cosa que el boxer, aunque sea entallado, no consigue.:
Si tu trasero no es grande, esta prenda te favorece, debido a que libera más el glúteo… pero tampoco esperes milagros.
Disimula mejor las erecciones, pero si estás sentado y quieres que te la chupen, hará algo complicado la salida de tu pinga.
Son más baratos que los boxers, por lo que algunos los usan como indicadores de posición económica, pero en un lugar caluroso como Piura, los slips son mil veces mejores y más prácticos, especialmente durante los meses de verano.
Si no te queda otra que tomar un baño teniéndolos puestos, asegúrate que estén bien elasticados, si no, alguien se ganará con tus intimidades, salvo que quieras eso.
SUSPENSORES: En inglés son los llamados jockstraps.
Normalmente diseñados para practicar deportes, porque permiten proteger y asegurar los testículos –y por lo mismo, sin tela en las nalgas, excepto dos elásticos-, en el Perú tienen una variante introducida por una empresa que rellenó con tela la parte del trasero y usó un elástico ancho para unir la tela, quedando mas bien como un taparrabo.
Entonces, si vas a entrenar, son perfectos; pero, si piensas usarlo de ropa interior es una alternativa muy cachonda.
No recomendamos usarlos con ropa formal o jeans, especialmente si vas a sudar mucho, porque en algún momento el sudor se filtrará, y dará la impresión que tu culo está permanentemente mojado.
HILO DENTAL: En inglés, las T-strings. Casi siempre son alicrados, debido a que deben cubrir adelante y descubrir de forma sexy atrás.
Si te incomoda tener una tela metida entre las nalgas no los uses. Igual si no tienes nalgas grandes.
Tampoco son recomendables para largas jornadas de trabajo, pero sí para citas especiales o para un encuentro luego de la disco, o algo que no demande mucho tiempo. Eso sí, ten muy limpio tu culo.
El hilo dental más barato cuesta el doble que los boxers promedio.
Hay otros tipos de ropa interior como los de manga larga que te cubren toda la pierna, pero no los recomendamos para la costa de Piura, debido a que la temperatura más baja que hemos tenido es 13 grados. Podrían servirte para la sierra, pero siempre y cuando estés por encima de los 2000 metros de altura, y hagas trekking.
Otros, como el hilo dental que es incluso hilo delante, y apenas tienen un trocito de tela para asegurarte los genitales, requieren que te depiles el vello púbico, especialmente si te vas a desnudar frente a alguien.
Los transparentes suelen ser de fibra sintética. Son recontracachondos (si no, que lo diga william Levy), pero los recomendamos para ocasiones íntimas especiales.
Aunque la lavadora te ahorra tiempo, el lavado a mano le alarga la vida a tu ropa interior. No uses agua caliente porque el elástico deja de serlo y la fibra se debilita.
Si temes percudirlos, y son blancos, la lejía es una buena aliada.
No remojes interiores de distinto color juntos, y mucho menos con los blancos. El resultado será ropa íntima multicolor.
algo que casi nadie hace es personalizar su ropa interior. Si te vacila puedes agregarle toques muy personales, especialmente si son pequeños.
Otra cosa que pocos hacen es reciclarlos, especialmente si te has encariñado con alguno de ellos. Ponerle un nuevo elástico, recolorearlo o darle una nueva y sexy apariencia son cosas que deberías probar, de paso que les das un toque más tuyo.
Algunos prefieren no usar ningún interior. Es una opción interesante, pero ten en cuenta que si sudas mucho, filtrará a través de tus pantalones. No te lo recomendamos si vas a hacer deportes de potencia, pues puede producirte hernias en los testículos. Mas bien no usarlos es perfecto para dormir, te lo recomendamos.
Y… ¿qué ropa interior traes hoy?
¿Preguntas? Escríbenos: hunks.piura@gmail.com o déjanos tu comentario.
domingo, 20 de noviembre de 2011
Modelo sí, pero puto no
Desde chibolo jugaba basquet, y luego comencé a hacer pesas en el gym.
Me cuidé de no tener la apariencia de físicoculturista, sino mas bien la de surfer.
Como mido un metro 83, esa figura me favorece para hacer pasarela, fotos o aparecer en lo que quiera. Además, manejo mi pinta, y aparento más edad de la que tengo.
Pero también sabía que Piura no era el sitio para lanzarme por ahí. Le insistí a mi viejo que me mandara a Lima. En realidad quería estudiar en una buena universidad, y lo del modelaje sería un hobby, algo para conseguir plata adicional.
Como mi viejo tenía billete, me mandó.
Desde la academia, yo estaba viendo cualquier oportunidad para meterme a modelar; pero, como soy algo moreno, como que nadie me daba bola.
Le caí a una chica que tenía un primo que organizaba desfiles en algunas discotecas de Lince. Le comenté mi sueño, y ella me dijo que bestial, que hablaría con su primo.
A los dos días, me consiguió un casting. Fui, y me hicieron las clásicas pruebas: rostro, ropa deportiva, casual, formal. Me senttía bien.
“Tienes buen cuerpo. ¿Modelarías en ropa interior?”, me comentó su primo, un pata de unos 30 años, blanco, pintón, que también modelaba.
“La verdad no sé. Quizás hasta ropa de baño puede ser”.
“Pero, ¿qué tipo de ropa de baño?”
“Bermudas nomás”.
El pata dudó unos segundos, y me dijo que normal, que esté a la expectativa de mi celu, porque ese fin de semana habría un desfile en una disco de la avenida Arequipa.
Ese sábado fui. Era desfile de polos y bermudas estilo surfer, de una marca que a mi me vacila.
Los otros patas que allí estaban me recibieron fríamente. Como que me quise arrochar. En eso llegó el primo de mi enamorada, los saludó, luego me saludó. Como que me dio algo de confianza.
Éramos cinco patas y cinco chicas. A mi me dieron el último turno, pero sólo hice dos pases.
Me gané cien lucas. Para comenzar está bien, dije. Entonces invité a mi flaca a una disco en Barranco, luego nos fuimos a su jato, y la caché a forro en agradecimiento por el pase que me hizo.
Durante dos meses estaba combinando la academia, con el estudio y los modelajes de los fines de semana. Mi familia, ni enterada.
La huevada es que siempre me daban los últimos turnos, y sólo dos o tres pases.
Invertí la plata que ganaba en ropa, pasajes, gym, y salidas los fines de semana.
La vaina es que siempre terminaba aguja. Necesitaba ver la forma de cómo progresar en el modelaje para tener más cosas.
Un día, fui a la agencia y le pedí al primo de mi jerma que me diera mejores turnos y más pases.
“Mira, choche, la vaina es que los otros chicos ya tienen tiempo, además los que me pagan me exigen que les dé la preferencia a ellos, si no, normal. Mas bien déjame ver qué puedo hacer”.
Una noche, uno de los modelos se enfermó, y el otro tuvo un accidente. Tuvieron que jalar nueva gente, pero no estaba a la altura de los dos principales: eran más chatos, nada de especial y cuerpo hasta las huevas.
Le dije al primo que me diera la oportunidad, pero él seguía con lo mismo. Me arriesgué e insistí más. Claro que el huevón me podía botar ahí nomás.
“OK. Pero esto no lo podemos hablar aquí. En cinco minutos sube las escaleras, y allí te digo qué podemos hacer”, me contestó muy serio.
Pasado el tiempo, subí. Había una oficinita. Él estaba allí solo.
“Mira, piurano. Te voy a decir la verdad: los dos patas tienen la preferencia porque tienen un trato especial conmigo. Por eso les pago más y tienen mejores pases”.
“Yo también puedo hacer lo mismo. He aprendido mucho aquí”.
“¿seguro?”
“¡Seguro!”
Quedó callado unos segundos, me miró de pies a cabeza: “Necesito verte calato”.
“¿Qué?”
“No te preocupes. Sólo quiero tener…. Una idea de tu canon… nada más”.
“Pero yo no desfilaré en calzoncillo…”
“Sí, lo sé… pero el próximo mes modelaremos wetsuits, y… como sabes… son pegadas al cuerpo, y… quiero ver si estás OK para eso… nada más”.
No sabía qué hacer. En ese momento sólo vestía un polo, una bermuda y unos slaps, porque cuando modelas ropa de playa, no llevas calzoncillo ni boxer.
“¿Me pagarás más?”
“¡Lógico, piurano! ¡Mucho más!”
Dudando, me quité el polo, luego la bermmuda. Me quedé calato frente a él.
Estaba nervioso.
Comenzó a pasearme la vista por todo el cuerpo. Imaginen un surfer calato, así estaba… exactamente así.
Vi que su mirada se detuvo bajo mi vientre.
“¿Qué pasa?”
“Puta, piurano. Eres pingón”.
“¿Y eso qué tiene que ver?”
“Son wetsuits, acuérdate”.
“Entonces, ¿no?”
“Al contrario. Eso tiene arreglo. Hay ropa interior especial para disimularlo”. Abrió un cajón y sacó una cinta métrica. “Sólo quiero saber cuál es tu talla”.
“¿Qué vas a hacer”, le dije, al ver que se me acercaba y comenzaba a arrodillarse. Me muñequeé.
“Puta, piurano. Se nota que eres nuevo. Esto es normal para cualquier modelo”.
“¡No me vas a tocar el huevo!”
Se detuvo. Me miró seriamente. “Entonces regresa donde los demás, y seguiremos como siempre”.
¡Mierda! ¡Yo necesitaba la guita! No supe qué hacer, y el huevón se regresaba a su asiento. Yo seguía parado, estático y calato.
“Ya pues. Tómame las medidas”.
“Ahora sí nos entendemos”, me dijo serio aún.
Se acercó y comenzó a medirme las ingles, la cintura, la cadera. Y de pronto, me colocó la cinta a lo largo de mi verga. Para que se hagan una idea, cuando está dormida mide como nueve centímetros. Llevó la cinta hasta mis huevos. Comenzaba a sudar frío, y a sentir una sensación medio extraña en mis partes.
“Tranqquilo, piurano… ¡Oye, está creciendo!”
Efectivamente, por alguna razón de mierda, mi pene comenzó a erectar, y la huevada es que él no sacaba la cinta de allí.
“Debo esperar a que te pase para que me dé una lectura correcta”.
La vaina es que mi vaina, en vez de bajarse, se puso ‘arriba Perú’. La cabecita comenzó a asomarse en la punta, y el líquido pre-seminal comenzó a fluir.
“Así no vas a poder salir de aquí. Imagina el roche con los otros chicos”.
Dejé de sudar frío: “Esperaremos”, propuse; pero nada.
“Mira, piurano, te doy doscientas lucas esta noche, fuera de tus pases, si dejas que te la chupe”.
“¡Hablas huevadas!”
“Ese es el trato que tengo con esos dos muchachos. Tómalo o déjalo, pero apúrate que el desfile comienza en media hora”.
Mi verga no se bajaba, y por más que pensaba en otras cosas, seguía babeando, dura, palpitando.
“Botas tu leche, y ‘eso’ se pasa… ¿sabías que la tuya mide 19 centímetros? Fuera que es gruesa…”
“OK. Hazlo, pero dame la plata primero”.
Sacó el billete y lo puso en el bolsillo de la bermuda, que estaba sobre el suelo. Se arrodilló, y comenzó a succionarme la cabeza, y lentamente, se fue metiendo todo mi palo duro en su boca. No se la pudo comer completa, y dejó unos dos o tres centímetros fuera.
Yo no sabía qué sentir.
Me la mamó por veinte minutos, y las di en su boca. Me dio la impresión que se tragó mi leche, porque la sacó enjuagadita y flácida.
Esa noche gané como seiscientas lucas. Salí disparado de la disco, me olvidé de mi hembra, llamé a unos patas de mi academia, y me fui a chupar a Barranco.
De sólo recordar lo que había pasado, comencé a tener náuseas.
Chupé y bailé casi hasta las cinco, casi pierdo el examen de admisión a la mañana siguiente porque el guachimán me olió el tufazo, y no me quería dejar entrar. Le tuve que bajar 50 soles.
No ingresé y me tuve que regresar a esta tierra, de la que preferí salir por mis dos sueños.
Comencé a prepararme de nuevo, esta vez para ingresar a la Nacional de Piura, y volví a darle fuerte al gym.
Unas amigas me rogaron para modelar, pero no quería saber nada. A duras penas participé de un luau, y nada más.
La buena noticia fue que ingresé, y me puse a estudiar como mierda.
La hija de una amiga de mi vieja, que también ingresó, me encontró y nos pusimos a conversar de todo un poco, entre eso, que ella se recurseaba modelando los fines de semana.
La cojuda era riquísima, y había fichado con una agencia que acababa de crearse.
“Oe, estás para modelar, ¿por qué no lo haces?”
“No… ya no corre”, le decía. Ni cagando le contaría lo que me pasó en Lima.
Pero, tenía el bichito. Además, necesitaba plata porque los fines de semana era puntual a la disco.
Me presentó al dueño de la agencia. Bien legal el pata, me explicó las condiciones y le acepté, porque no había nada de huevadas, aunque para decir toda la verdad, le rogué a mi amiga que estuviera presente durante la entrevista. Claro que le llevé mi book de Lima.
Me comenzaron a programar desfiles, pero siempre estaba en tercer o en último turno, y mis pases eran pocos.
Se lo comenté al dueño, un patín de unos 25 años.
“De acuerdo, morenito. Déjame ver qué puedo hacer, pero no te prometo nada”.
Otra vez, una noche nos pusieron a modelar bermudas.
Ya tenía como tres meses en que un fin de semana sí, otro no, iba a pasarela.
Aprovechando los previos al desfile, y como los otros modelos no llegaban, hablé con el dueño, que estaba ordenando el vestuario de cada modelo.
Como me enseñaron en Lima, estaba calato, bueno, no completamente, con una toalla encima.
“Ya pe. Dame mejores turnos y más pases”.
“Ay, moreno, pero ya estamos ordenados”.
“Mira, yo tengo más experiencia que ellos. Ya pe”.
“Déjame ver si las bermudas te sientan”.
Agarró el vestuario del modelo principal, y las probó encima de la toalla.
“¿Viste? Sí me quedan… ya pe”.
“OK, moreno, tú saldrás primero”.
Me alegré. ¡Puta! Si había alguien de Lima afuera, a lo mejor, la podría hacer.
“Pero… ¿qué te parece si haces algo por mi?”
“¡Claro! Dime”.
“Cáchame, ¿sí?”
Me quedé helado de nuevo. Lo vi fijamente: no era feo el pata, además tenía buen cuerpo, bonita sonrisa, buen culo. En su mano ya tenía listo el condón.
“OK”, le dije.
Me quité la toalla, mostrándole mi huevo aún dormido. Me le acerqué. Lo tomé por los hombros…
Lo lancé hacia la pared, estrellándolo.
“¿sabes qué? Métete tu pasarela por el culo, hijo de puta”.
Agarré mi ropa y me salí. Prácticamente me cambié en el pasillo de emergencia, mientras el huevón gritaba que las iba a pagar,que quién me creía yo, que me iba a mandar a la cana…
Lo mandé a la mierda, y me fui corriendo de ahí.
Ese lunes, mi amiga no me saludó, y otros patas me miraban medio extraño.
Supe que el imbécil ese le contó a algunas personas que me lo quise forrar a la fuerza, y que me iba a enjuiciar.
Jamás me llegó la notificación,y no tengo RQ.
Pero, mil veces, estoy tranquilo estudiando en vez de destacar a cambio de culearme a otro pata.
Pero eso sí: aún quiero ser modelo.
¿quieres publicar tu relato aquí? Escríbenos: hunks.piura@gmail.com o déjanos tu comentario.
martes, 23 de abril de 2019
Mi secreto bajo la lluvia
No podía ser. Me parecía increíble.
- ¿Vicente? ¿Viche?
- ¡Claro!
El pata de unos 35 años, vistiendo polo y jean apretado que dejaba notar su cuerpo de culturista se me acercó y me dio un abrazo en mi cuerpo atlético.
- ¿Cuántos años, promo?
- ¡Desde el colegio, Viche!
La última vez que había visto a Vicente fue durante la fiesta de promoción de mi cole hace largos 18 años. El problema era que pertenecíamos a grupos diferentes. Yo estaba con los tranquis, casi los nerds, y él estaba con los chacoteros, los gileritos, los medios patanes.
- ¿Cierto que te casaste, Manu? Perdón, Manuel.
- Jajaaja. Normal. Dime Manu. así me decían en la promo, ¿no? Sí, me casé hace cinco años.
- ¿Y ya tienes churres?
- No. Ahora ando en otros proyectos, y por ahora hijos no. ¿Y tú?
- Nada. Sigo soltero. ¿Te hiciste contador?
- No, Viche. Soy psicólogo.
- Ah, mira. Qué interesante.
- ¿Y tú, Viche?
- Nada. No estudié. Pero estoy chambeando como guachimán en un almacén en la avenida transversal.
- ¿A qué altura?
- Por el cine.
- Ah, mira. Yo vivo por ahí a tres cuadras.
- ¡Chévere, Manu! A lo mejor quedamos un día y nos tomamos un par de chelas.
- ¡Claro!
Intercambiamoss números, nos despedimos Regresé a casa sorprendido de que aquel muchacho flaco y alto del cole se había convertido en ese guapo hombre fornido, como esas figuritas de acción de G.I. Joe, mi serie favorita cuando era chibolo.
Acababa de hacer mi rutina de isométricos a éso de las siete de la noche y me estaba quitando la ropa para bañarme. Era jueves por la noche y mi esposa había salido de viaje toda esa semana. Estaba supremamente arrecho y el ejercicio era una manera de sentirme cansado para que, en el peor de los casos, me pajeara en la ducha y luego de comer, viera algo en la tele y me quitara a dormir.
Ya estaba calato cuando chequeé mi celu. Habían varios mensajes. Entre ellos, uno de Viche: "¿Y promo, qué haces?". Le respondí: "Aquí en mi jato, aburrido.... la mujer me dejó por una semana". Estaba tomando la toalla cuando la alarma de mensaje sonó. Tomé el celu. "Vente a charlar un rato donde cuido... ¿qué dices?"
Estaba duchándome con el celular cerca,con mi música a todo volumen. qué mierda. Estaba solo. Ese día había sido pesado con consultas y necesitaba distenderme un poco. Comencé a jabonarme mi pija y mis bolas, que estaban tranquilas. Me acordé de mi esposa, de cómo siempre que quiere que la cache, se me sube encima cuando estamos en la cama, calatita, sobre mi cuerpo desnudo, porque duermo calato, y comienza a besarme desde la boca hasta mi miembro, despertándolo con su boca. Sus mamadas son magistrales. Entonces, mi pinga comienza a ponerse dura. Una pajeada en su nombre. ¿Por qué no? Me sobo mi pene hasta ponerlo duro y comienzo el masaje facilitado por la espuma del jabón. Estoy en lo mejor cuando... suena el celu.
Suelto mis 16 centímetros al palo, me seco las manos, salgo de la ducha procurando no mojar el piso, me seco las manos. Es Viche.
- ¿qué pasó, promoción?
- Oye, Manu. Vente al almacén.
- ¿Ahorita? ¿Acaso no hay gente?
- Cierran a las ocho. Ya son siete y media.
- mmmmm. Ya, yo te aviso.
Tras cenar, me siento a ver tele. Zapeo y zapeo por los ochenta y tantos canales y no hallo nada bueno. Miro mi reloj: diez para las nueve. Tomo mi celu, ignoro unos mensajes. Escribo: "¿Pásame la dirección ddel almacén, promo". Viche me manda una captura de Google Maps. Son exactamente cuatro cuadras y media. Como estaba calato (recuerden que no había nadie en casa), fui al cuarto, me puse un polo manga cero, una bermuda, mis sandalias y salí. Sí, no suelo usar ropa interior.
Cogí la llave, cerré bien la puerta de mi depa y bajé a la calle. Corría una brisa fresca.
Ya había avanzado dos cuadras, cuando, inesperadamente, la brisa cesó, y sentí unas gotitas en mi rostro. No le tomé importancia. En solo segundos, las gotitas se hicieron aguacero. ¡Mierda! Estaba a mitad de camino. ¿Dar media vuelta o continuar? Me estaba mojando todo.
Analicé rápidamente las cosas: en casa me aburriría, acá por lo menos iba a conversar por un par de horas, esperaba que pasara la lluvia y regresaba. Avancé.
Faltando media cuadra para llegar al almacén, mi promoción estaba en una esquina.
- ¡Vente, huevón!
Avanzamos a paso ligero y llegamos hasta el local. Entramos por una puertecita. Tras caminar un pasillo oscuro, llegamos a un cuartito. Viche prendió la luz. Apenas había una colchoneta, unas revistas y periódicos, unos percheros con ropa de vigilante, y en una esquina estaba lo que parecía ser un arma de fuego en su estuche de cuero.
- Estás mojado, Manu. Tienes que quitarte toda la ropa.
Lo miré extrañado, pero la sugerencia de Viche tenía todo el sentido. Si me quedaba con la ropa húmeda puesta, podía pescar una pulmonía, y a ver quién te salva de ésa. En lo que a él respectaba, ya se había sacado el polo y estaba quitándose el pantalón de lona, típico de los guachimanes. Tampoco tenía ropa interior. Ya se imaginarán la estampa de dios griego que tenía frente a mis ojos, o mejor aún, imaginen un G.I. Joe totalmente calato, peladito. Tomó una toalla.
- Sécate. Tu ropa vamos a colgarla acá en el baño para que se seque un poco.
- Asu, sí que casi diez años duraron de novios, Manu.
Sin saber cómo ni en qué momento, Viche y yo estábamos acostados en la misma colchoneta, de lado, para poder entrar. En esa posición, rozar sus piernas era casi imposible, pero yo no le di importancia al asunto. Me había concentrado en resumirle mi vida de enamorado y ahora de casado.
- ¿Y tú, Viche? Me dijiste que seguías soltero. ¿Acaso ninguna hembra te convenció?
Vicente sonrió y se tomó unos segundos.
- Tú eres psicólogo, ¿cierto? Entonces, tú me vas a entender? ¿Puedo confiar en ti?
- Claro, Viche. Cuenta conmigo.
- Sí, saliendodel colegio, me gustaban las hembras y salía con varias. Me las llevaba a la cama pero no me sentía satisfecho. Una vez Pepe, el fotógrafo de modas, me contrató para hacerme una sesión. Necesitaba el billete y acepté. Posé. Las fotos salieron de la puta madre.
- Sí, creo que las vi. Éso fue hace 15 años más o menos.
- No, diez años atrás. Para entonces ya tenía este cuerpo. La nota es que cuando terminamos la sesión, Pepe me dijo que si quería ganar más plata como modelo. Obvio le dije que sí. Entonces me propuso hacer fotos porno. Ya sabes: calato, mostrando mi verga al palo, esas cosas. Yo al inicio me asusté y le dije que no, pero al regresar a mi jato y ver la necesidad, pensé, huevón. A la semana siguiente le estaba posando como Dios me trajo al mundo. ¿Qué piensas de éso, Manu?
- ¿Yo? Nada. Normal. Yo entiendo que tenías necesidaes económicas. No hiciste nada ilegal, ni inmoral.
- ¿En serio crees éso?
- ¡Claro! son solo unas fotos porno, nada más. No mataste a nadie, no extorsionaste a nadie, ¿no?
- No... Eres la primera persona que me dice éso.
- ¿Y éso qué tiene que ver con las hembras? ¿Las fotos se filtraron? ¿Estabas con alguien y te cortó al verlas?
- No exactamente. Las fotos se filtraron hace ccinco años recién. Acá las tengo.
Vicente se levantó y se alargó hasta los pies de la colchoneta, y se quedó en cuatro, mostrándome su enorme culo y su ano, el que notaba algo más ancho de lo usual. Tal visión me comenzó a poner la pinga dura, así que me puse boca abajo.
Cuando se acostó otra vez.
- Guá, promo. ¿Y por qué te pusiste de culo?
- Nada... es que... de costado... me estaba cansando.
- Ah ya.
Me dio el celular y me mostró las fotos. Si bien Pepe había realizado un excelente trabajo con ese cuerpo desnudo en todos sus ángulos, incluso mostrando el culo, lo que tenía ahí a cinco o seis centímetros de distancia superaba cualquier obra de arte.
- Ah mierda, Viche. Eres aventajado, mierda.
- Jajajajaja. ¿Tú crees?
- Lindas fotos. Excelente trabajo.
Le devolví el celular. Mi pinga bajo mi vientre no solo estaba durísima, estaba recontra lubricado.
- ¿Qué piensas ahora que las viste?
- Ya te dije: excelente trabajo. Pero, ¿éso lo vio alguna jerma?
- No creo. La vaina fue lo que pasó luego de esa sesión.
- ¿Qué pasó, Viche?
- Me estaba bañando en la ducha porque en las últimas fotos tuve que eyacular, y me estaba quitando la leche de mi abdomen. en éso, siento que alguien entra detrás.
- ¿Pepe?
- Sí, Pepe. Comenzó a sobarme la espalda, a decirme que le parecía rico, que podía hacer mucha plata conmigo. Te juro que me paralicé. Cuando me volteé a reclamarle, él me cogió el huevo. Debí empujarlo porque se suponía que no me gustaba la mariconada pero... no lo hice, no solo me gustó.... Dejé que me la chupara. Se me armó otra vez. Al poco rato, le estaba metiendo mi pinga a su culo. Y cuando las di, no me sentí mal. Me asusté, huevón.
- ¿Se repitió?
- Tres veces más, Manu. Tres veces. Me presentó gente de su entorno y terminé cachando con todos ellos. Pepe se había alucinado que quería hacerme su macho, así que cuando supo de que me cachaba a sus amigos, me dejó de hablar, de dar plata. Lo bueno es que había hecho contactos y desde entonces trabajo como seguridad. Y desde entonces, comencé a cachar más con patas que con jermas hasta el punto que ahora solo cacho con patas.
- Ni me mires el culo, Viche, porque yo soy bien varoncito, jajajajajajaja.
- Jajajaja. Nada, Manu. Además, eres mi promoción. No me malearía así contigo. Pero éso no es lo único.
- ¿Hay más?
- Cuando comencé a cachar con patas, yo era quien los clavaba. Una vez conocí a un tombo, y luego de chupar como cancha, fuimos a su jato a seguirla. Allí mas bien comenzamos a manosearnos y terminamos en la cama. La vaina que esa madrugada, no solo me caché al tombo... el tombo me cachó a mí también. Y desde entonces fui metiéndola y dejándomela meter hasta que ahora me gusta más que me la metan. Claro que sí la meto, pero bien de vez en cuando. ¿qué crees que me haya pasado?
Yo seguía allí boca abajo ocultando mi erección húmeda.
- ¿qué te pasó, Viche? Pues, simple: digamos que en estos años, has ido explorándote hasta hallar tu sexualidad real. No eres el único. Le pasa a mucha gente.
- ¿Es normal, Manu?
- Ni normal ni anormal, Viche. Es un proceso personal, como todo en la vida. La pregunta sería: ¿cómo te sientes al respecto?
- ¿Yo? Normal, Manu. No me jode que me gusten los patas o que me la metan.
- Entonces, ya te aceptaste. Punto. Si no sientes culpa, todo está bien.
- La verdad que no siento culpa. ¿Dices que no soy el único?
- Correcto. No lo eres. Lo que pasa es que muchos hombres por el machismo, jamás lo admitirían, y en una sociedad que te señala por cualquier huevada, mejor actúan o se mantienen al margen.
- Y.... ¿a ti te ha pasado, Manu?
- ¿a mí? Pues.... ejem... No sé. Para serte honesto, hace unos mesesconocí a un chiquito de 25 años. Nos hicimos conocidos porque cuida cerca de donde yo trabajo. Una noche que me quedé hasta tarde, tomamos la mototaxi juntos porque él se regresaba a su casa, y como era mototaxi cerrada, así de la nada, se me acercó más de lo debido, me tocó el paquete y me dio un piquito en la boca.
- ¿Tú qué sentistte?
- ¿La verdad, nada.
- ¿No se te paró cuando te tocó el paquete, Manu?
- No. No se me paró.
- ¿Quién es?
- Qué chismoso. No creo que lo conozcas. Es un chibolo... un tal Jesús.
- ¿Jesús? ¡No jodas! Sí lo conozco. Me lo he clavado tres veces.
- ¿En serio? Es un medio gordito. Rico culo. Chatito, trigueñito.
- Entonces sí es el mismo. No vayas a contarle nada si lo ves, Viche.
- Hace meses que no lo veo, pero te paso el dato: cacha con gente treintona. Le gustan los treintones y cuarentones.
- Sí, me di cuenta que tiene carencias afectivas, pero ése ya es otro tema.
- ¿Fue la única vez, Manu?
- Sí... ¿Por qué me miras con esa cara?
- A mí me contaron algo. Dos notas tuyas. Una, que tieness varios amigos gay.
- ¿Y éso qué tiene que ver?
- ¿No ha pasado nada con ninguno? Hay rumores que dicen que sí.
- Jaajjajaja... Sí, los he oído, pero nada. ¿Cuál es la otra cosa que te han dicho de mí, Viche?
- No me la dijeron, Yo la vi: tú posaste desnudo para Pepe también.
Me dejó helado.
¿Cómo que la viste?
- Cuando Pepe quería que me hiciera su pareja, me mostró varias sesiones con patas y en una de ellas te reconocí. tenías el cabello más largo, pero ese cuerpo y esa expresión... imposible de olvidar. Especialmente por ese lunar aquí.
Vicente, entonces, puso su mano sobre mi nalga izqueirda. Yo reaccioné y me volteé.
- ¡Guarda, Viche, no seas pendejo!
Al voltearme, no me había dado cuenta que había expuesto mi pene erecto. Vicente sonrió.
Entonces, me tocó mi falo duro.
- ¿Y ésto?
- ¿ésto? es queeee... como estaba boca abajo, entonces la presión....
- ¿Cachaste o no cachaste con Pepe?
- Oe, ya me suena a interrogatorio.
- Normal, promo. Yo te confesé mis secretos. ¿Qué problema hay que me confieses los tuyos?
- ¿Qué dijo Pepe? ¿que me lo caché?
- Dijo que no quisiste, que por éso no te volvió a llamar, pero que notaba qe se te chorreaba la nota.
- Y así fue, Viche.
Me sentí incómodo. Me senté sobre la colchoneta.
- ¿Dónde está el baño? quiero mi ropa, Viche.
Vicente me agarró fuerte de la cintura y su antebrazo aprisionó mi erección.
- Tranquilo, promo. Todo está bien. Yo no dije nada antes, no diré nada ahora.
- ¿qué le dijiste a Pepe sobre mí cuando viste mis fotos?
- Nada. solo le pregnté qué había pasado con ese huevón y me contó lo que te dije.
Me tranquilicé un poco. Vicente se sentó a mi lado. Juntó su cadera con la mía. Me abrazó.
- Es normal, Manu. Le pasa a mucha gente.
Volteé a verlo.
- No dije que fuera normal o anormal. solo que no eres el único que ha descubierto su real sexualidad.
- Pero tú te resistes a reconocerla.
Lo miré fijamente a los ojos. Vicente me miraba no con cara de revancha, no con cara de burla; me miraba con cara de paz, de cierta ternura, con cara de quien tiene la autoridad para decirte tus cosas no por ciencia sino por sentido común. Lo abrazé también. Acerqué mi cara y lo besé en la boca. Me correspondió.
Vicente mamaba la pinga mejor que mi esposa. Se la tragó toda. Se la sacaba, se la metía, jugaba con mi prepucio. embocó cuidadosamente mis bolas con su lengua y siguió bajando hasta levantarme las piernas y hacerme un rico beso negro.
- Lo tienes cerradito, promo.
- Y así se quedará.
Vicente sonrió cuando le dije ésto. Se levantó, sacó un preservativo y me lo dio. Me lo puse. Luego me dio un sachet de lubricante y lo desparramé sobre mi pene forrado. el resto de lucricante se lo puse en su culo, se arrodilló sobre mí, y puso mi pene en su ano. Se lo fue tragando poco a poco. ¡qué rica sensación sentir cómo mi falo penetraba en esa caliente hondura, carajo! Cuando mis 16 centímetros estaban dentro, comenzó a cabalgarme. Su pene golpeaba en mi vientre y comencé a masturbarlo. Se puso duro. Tranquilamente eran 19 o 20 centímetros, grueso..
entonces se hizo para atrás y se puso boca arriba, levantó sus piernas y yo me le abalancé y lo clavé piernas al hombro. No quise agredir su culo. Fui gentil con mi bombeo, sintiendo el placer de cada minuto de sexo.
Luego se puso en cuatro, lo volví a clavar, así gentilmente. No pensé en nada más. Solo disfruté. Me vine a los pocos minutos.
Cuando volví en mí, abrí los ojos, estaba sudando como mierda. Bajé la mirada. Ese hombre musculoso estaba allí a cuatro patas, mi pene semiflácido dentro de su ano, el condón en su sitio, como debe ser. Me desesperé. Le saqué mi miembro de golpe, me puse de pie como un rayo.
- ¿Dónde está el baño, Vicente? Quiero mi ropa.
- Ya, Manu. Tranquilo.
- ¿Dónde está el baño, Vicente? quiero mi ropa, por favor.
Vicente se asustó, salió de la habitación. Vi el arma en la esquina, me acerqué a ella pensando en que podría ser mi mejor salida si pasaba algo.
Vicente regresó con mi ropa algo seca. Me la puse de inmediato.
- Quiero irme, Vicente.
- Tranquilo, Manu. Relájate.
Me agaché a la esquina y tomé el arma. No sé cómo la saqué y le apunté a Vicente.
- ¡¡Quiero irme, conchatumadre!!
Vicente se asustó.
- Tranquilo. Sígueme.
Salió del cuarto, avanzó por el pasillo a oscuras, sentí que abrió la puerta de par en par.
- Vete, Manuel.
Tiré el arma hacia el pasillo y salí corriendo de regreso a casa.
La ducha fría me tranquilizó. Puse la ropa de esa noche en el canastón de ropa sucia. Mi celular sonó. era mi esposa.
- ¿Dónde estabas? te he estado llamando.
- Sorry, amor. me quedé dormido.
- ¿Te pasa algo?
- Nada. Me asusté. Pensé que te había pasado algo grave.
- No, amor. Estoy bien. Mañana estoy temprano en casa.
Terminé de hablar con ella y sonó la alarma de mensaje. Vi. era Jesús. "Estoy solo en mi jato, ¿vienes?". Lo maldije. "Vente a la rconcha de tu madre, hijo de puta", le puse y lo bloqueé. También bloqueé a Vicente. Traté de dormir. Menos mal, al día siguiente sí llegó mi esposa.
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viernes, 24 de agosto de 2012
Casa De-Formación (7): ¿Quién es más aventajado?
En la Casa de Formación del Buen Camino, el día comienza oficialmente a las siete de la mañana. Pero, desde las seis, todo el mundo está pasando por la ducha, menos el Reverendo Alexander que está en pie a las cinco para entrenar.
Tras la oración de la mañana, a las siete y media todo el mundo desayuna. A las ocho, están comenzando las clases con los formandos a cargo del Reverendo Rafael, y van hasta las once, con dos descansos de un cuarto de hora.
Luego, se prepara el almuerzo, en compañía del Reverendo Roberto, quien siempre se encarga de la cocina.
A la una, el almuerzo debe estar servido, y, eventualmente, algo de la cena. Siguiendo una típica costumbre piurana, libre hasta las cuatro, cuando comienza la segunda tanda de formación, que termina con la oración de la tarde.
a las seis y cuarto se está preparando la cena, y, a las siete se come. De ahí, libre hasta las diez, cuando –al menos- los formandos deben estar en la cama.
Jorge, quien se encarga del mantenimiento y la limpieza de la casa, llega con el pan a las siete menos cuarto. Normalmente debe salir a las tres, pero, consiguió una concesión del Reverendo Alexander para tener descansos a las nueve, mediodía y a las tres, con la finalidad de cumplir con su dieta diaria. Y es que, como está metido en lo del culturismo, debe comer seis porciones diarias. Entonces, su día termina a las cuatro y media, aunque, a veces, se queda algo más para avanzar cosas, o conversar un rato con los Reverendos. Rara vez, los chicos se cruzan con Jorge, pues él está haciendo sus labores en los espacios que para esos momentos estén desocupados. Quizá por eso no renuncia a su ‘uniforme’: bibidí pequeño (casi siempre blanco), short negro, sandalias de plástico. Cuando entra y sale, luce ropa de marca. Puede usar las instalaciones de la casa cuando quiera, pero la verdad sólo emplea el baño antes de irse. Siempre, sin cruzarse con los chicos. Tras su día, suele ejercitarse en un gimnasio cercano. No lo hace en la casa, pues –como dice- las máquinas no son profesionales.
El Reverendo Roberto también aprovecha para ejercitarse cuando los chicos están en la clase de la mañana.
quien parece huir de los fierros es el Reverendo Rafael.
Justo después de la película, su compañero de cuarto se lo observó.
- La verdad sí me gusta, pero no pensé que tenían el mini-gimnasio acá; así que no traje la ropa que uso para entrenar, sino para jugar fútbol.
- Si quieres, te la consigo. Acá hay tiendas de deportes.
- Es que… yo sólo entreno en bibidí y short de lycra.
- ¿Y eso qué? Alex entrena en body tipo luchador.
Rafael se acerca al oído de Roberto.
- Es que… yo… no uso ropa interior.
Roberto traga saliva. Disimula. Reflexiona muy bien su respuesta.
- ¿Y?
- ¿No me has visto calato ayer?
- Sí, ¿y qué hay con eso?
- ¿No te has dado cuenta acaso?
- No. ¿De qué?
Rafael se abochorna, y se acerca de nuevo. Habla casi imperceptiblemente.
- Tengo… el miembro y los huevos… grandes.
- ¿Y qué? Yo… también.
- Pero tú entrenas en short ancho. No se nota nada. A mi no me gusta usar cosas holgadas cuando alzo pesas… y por eso, casi no he podido ir a los gyms, o sólo iba cuando nadie más entrenaba o había poca gente.
- Pero mucha gente entrena sin ropa interior; además no tienes la culpa de que seas… aventajado.
Rafael mira sorprendido a Roberto.
- ¿Cómo sabes eso? ¿Acaso… me…?
- ¿Te qué? – Roberto simula desinterés, aunque otra vez su verga está dura.
- O sea, anoche dormí…
- Tú mismo me estás diciendo que la tienes grande, ¿no?
- Ah. Claro. OK.
- Mira. Yo te consigo mañana esa ropa. Pero, ¿a qué hora quieres entrenar?
- OK. Mejor cuando todos se vayan a la cama. Así me evito el roche.
Roberto sonríe.
- Te puedo prestar un pantalón de ciclista que tengo arriba. Eres casi de mi vuelo, así que te quedará bien. Mañana te busco la ropa. Sólo dime de qué color y talla.
- Gracias Roberto.
Rafael le palmea en el hombro.
Ya en el dormitorio, Roberto le alcanza la prenda. Rafael la mira, se la prueba sobre la ropa. Parece que le quedará bien.
- ¿No hay problema si no uso….?
- Normal. A veces tampoco me pongo calzoncillo debajo.
Rafael se ríe. Por fin, se desnuda.
Roberto se queda viéndolo. Efectivamente, su pene es largo, aunque flácido, es largo; sus huevos, grandes. Traga saliva de nuevo.
Debajo de la ceñida prenda, se forma un considerable bulto.
Rafael termina de vestirse y baja al patio.
Alexander está sentado sobre su cama, leyendo. Alguien llama a su puerta.
Como está desnudo, busca su tanga y va a atender.
Un hombre ansioso entra a su dormitorio.
- ¿Qué pasó?
- Es aventajado.
- ¿quién?
- Rafael, huevón. Me lo confirmó cuando desconectábamos la tele.
- ¿Y lo dejaste solo para darme esa noticia? Te dije que no fueras evidente.
- ¡No huevón! Está abajo, entrenando.
- A lo mejor se dio cuenta.
- No. No entrenaba porque le daba roche que se lo vieran, y está buenazo.
- ¿Y te lo dijo así de la nada?
- Es limeño. ¿Acaso los limeños no son desarrochados?
- Como éste es de Surco… a lo mejor sí… ¿¿Y… quién la tiene más grande? – Alexander se baja la tanga con fuerza, al estilo stripper. - ¿´Él o yo?
Roberto se queda mirándole la entrepierna. El pene de su superior es pequeño ahora que está dormido, pero los huevos son grandes, y, es evidente que se recorta el vello púbico, no mucho porque lo tiene algo repartido en todo el cuerpo, así que sólo le da un toque estético. Roberto nota que el glande comienza a asomarse de entre el prepucio.
- Hace tiempo que no la chupas. –Roberto mira a Alexander. – Estoy aguantado… ¿qué dices?
- El pene sigue creciendo. En pocos segundos ya está en la boca de Roberto.
Las apariencias engañan. No puede tragárselo por completo. Se ahoga. De cuando en cuando, combina la gruesa verga con los huevos. Huelen a jabón, signo de que antes del fellatio, el arrecho gimnasta tomó un baño.
- quítate la ropa.
Roberto lo hace, su falo, algo más grande, está tan duro como hace media hora atrás.
Alexander abre un cajón de su mesa de noche. Saca un preservativo y un chisguete. Rompe la fundita, extrae el jebe, se lo coloca en el glande y se lo desenrrolla.
Roberto toma el chisguete y saca algo de gel. Se unta el ano, y se mete uno de los dedos, intentando dilatarlo.
Como aAlexander está acostado boca arriba, Roberto se sienta sobre él. Se coloca el pene duro en el ojo de su culo. Comienza a bajar, poco a poco, poco a poco, hasta que se lo traga por completo. Afuera sólo quedan las bolas.
Roberto suspira de placer.
Ahora comienza a subir, lentamente; luego, a bajar, también lentamente. Repite la acción y comienza a incrementar la velocidad.
Alexander comienza a jadear, mientras lo toma de las caderas.
- Córretela.
Conforme Roberto sube y baja, se masturba con fuerza.
Alexander cierra los ojos, tira su cabeza hacia atrás.
Roberto siente como su ano late conforme Su amante eyacula, gime y expira con fuerza. Luego, sólo jadea.
Roberto siente que su leche se aproxima al glande. Lo dispara sobre el pecho y el cuello de Alexander. Jadea también.
- Vete. Recuerda que nadie se debe dar cuenta.
Cuando Roberto regresa al dormitorio, encuentra la puerta del baño asegurada. Fijo que Rafael se ducha adentro. Aún jadea sin darse cuenta. Sólo quiere dormir.
En unos minutos, la puerta se abre.
- Oye, ¿dónde estabas?
- ¿Yo? Ah, con Alex. Aprovechando que saldré mañana… voy… voy a comprar algo que falta en la cocina.
- OK. Ah, gracias por la lycra. Te prometo que la lavo mañana.
- Descuida.
Cuando Roberto sale de la ducha, se encuentra con la luz apagada. La poca que se cuela desde la calle le da la impresión de que su compañero está desnudo.
¡Qué mierda!
Él también decide dormir sin cobertura alguna.
(CONTINUARÁ…)
Escrito por N-Ass. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares y situaciones es pura coincidencia. Contacta al autor a: hunks.piura@gmail.com, o deja tu comentario aquí.
jueves, 31 de enero de 2013
El Vigilante (14): Siluetas familiares
La peluquería de armando, Hair Cut spa, un nombre impresionante para un pequeño local, era un espacio, por lo menos limpio y ordenado. Estaba en el centro de la ciudad, y tenía una interesante clientela.
Armando trabajaba con otro muchacho y una chica de unos 28 años.
Cuando Marcos llegó, Silvano, el otro peluquero, le dio la atención de cliente, más por la apariencia que por otra cosa, pues su físico le había llenado el ojo.
- Busco a Armando.
- Increíble. Ahora sus agarres lo vienen a ver al negocio.
- Marcos no respondió. En pocos minutos, armando salió, muy alegre. La razón de la llamada era simple: ofrecerle empleo.
- Necesito que te quedes a dormir aquí en el local por las noches. Lo que quiero es que se vea que alguien se queda aquí. Tú sabes. Así ahuyentamos a los rateros.
- ¿¿Sólo dormir?
- Sí. Y si escuchas algo raro, llamas a Serenazgo y me llamas a mí.
- Armando cogió un pedazo de papel y escribió una cifra. Se la alcanzó a Marcos, explicándole que ésa sería su paga mensual, poco menos de la mitad de lo que iba a ganar como vigilante de la fábrica, mucho menos de lo que le iba a pagar Javier.
- Es que yo ayudo a mi primo en el mercado.
- Mira, Marcos, desconozco las pagas allí, pero no creo que llegue a esto; además, sé que te quieres presentar al Mister Bodybuilder del próximo año, así que puedo ser tu sponsor.
- Marcos lo miró fijamente, con asombro.
- ¿Mi sponsor?
- Claro. Yo converso con Danilo, que me haga un presupuesto mensual, y lo cubro todo. A cambio, sales con mi marca, y serías la imagen del spa por todo un año. Tú sabes. Me falta más clientela masculina, y creo que tienes la estampa perfecta.
- Marcos comenzó a entusiasmarse.
- ¿Cuándo comienzo?
- Hoy, si quieres.
- Tengo que hablar con mi primo. ¿Cómo te aviso?
- Armando le dio una tarjeta del salón, y le indicó que esperaba su llamada.
Cuando Marcos se lo contó a Ricardo, hubo un sentimiento encontrado. Tranquilidad, pues tenía otro empleo; lo opuesto, porque se quedaba sin una mano que le era útil.
- ¿En qué peluquería dices?
- El pata se llama armando. Va al gym.
- Ricardo no reaccionó.
- Tú ve, primo, lo que mejor te conviene. Pero, si puedes, me ayudas.
El plan que Marcos se trazó era simple: ir a la peluquería a las 10 de la noche, quedarse allí hasta que llegara su reemplazo a las 6, desayunar y alcanzar a Ricardo en el mercado, entrenar con él a media mañana, almorzar, y descanssar toda la tarde, cenar y regresar a su nueva chamba. Iba a ser algo matador, pero necesario.
Dicho sea de paso, justo esa semana, Ricardo le avisó a Lidia que iba a comenzar a trabajar casi desde medianoche, debido a que estaban llegando nuevas mercancías (“fruta de estación”).
La primera noche, Silvano le encargó todo y le dio indicaciones, especialmente si oía ruidos extraños.
Cuando todo quedó cerrado, fue al cuarto donde pasaría la noche: una cama, una mesa, un televisor con DVD, unos posters de chicos semi-desnudos en poses sugestivas y a punto de revelar sus paquetes, un teléfono fijo al costado. Marcos encendió la tele, dio una ronda, se echó, y se quedó dormido.
A mitad de madrugada se levantó, más por ir al baño que por algún ruido. Al salir, vio el salón sólo con sus enseres, e iluminado por tenues luces de neón, situadas detrás de los zócalos, en colores vivos. Tan a oscuras no estaba. Regresó a la cama y durmió hasta que a las seis, despertó. Armando lo relevó. Siguió el plan del día, sin novedades.
Era la quinta noche de su primera semana –sábado para más señas-, cuando lo llamaron al fijo. Era armando, advirtiéndole que iría como a la medianoche, “a hacer unas cosas”. Le exigió que no saliera del cuarto, y que guardara silencio absoluto. Marcos se asustó, pero quedó dormido. Si algo apreciaba de esta chamba, era que descansaba más de lo normal.
A eso de la una, oyó que la puerta se abría. Estaba acostado en ropa interior, por lo que de inmediato se puso un jean, y sus botas de campaña. Con mucho cuidado, se acercó a la puerta y la entreabrió despacio.
Cuando tuvo vista al fondo del salón, vio tres siluetas masculinas, muy juntas. La del medio parecía besar a una de ellas, y luego darse la vuelta para besar a la otra. Entonces, el del medio comenzó a quitar el polo a uno de los hombres, luego al otro. Tiró los polos sobre uno de los asientos. Por las siluetas, Marcos dedujo que los otros dos acompañantes eran fornidos, pero, como miraba a sobresaltos, no pudo identificar quiénes eran.
Los dos chicos sacaron el polo al del medio y comenzaron a acariciarlo. Uno de ellos lo hizo arrodillarse, lo que fue oportuno para desabrocharles y bajarles los pantalones. Ambos tenían buen rabo. Luego, el del medio le bajó a cada cual su ropa interior. Marcos pudo diferenciar dos grandes pingas que saltaban, las que comenzaron a ser mamadas por el pata arrodillado. De vez en cuando, las manos del chupavergas se perdían en los culos de sus amantes, quienes comenzaron a jadear. Chupaba una, luego la otra.
Marcos sintió que su verga se le paraba, por lo que la liberó, y comenzó a corrérsela.
“esperen que saco condones”, dijo el del medio. Era la voz de armando. Marcos lo vio venir en su dirección, y cerró la puerta súbitamente. Como un rayo, se metió en la cama. A lo lejos, oyó que Armando dijo “aquí están”, por lo que regresó a su puesto de vigía. Ya su pinga estaba dormida.
Cuando abrió la puerta de nuevo, notó que una de las siluetas se había sentado en una de las sillas, lo que hizo que Armando –si era él- se agachara a chuparle la pinga, y el otro comenzara a metérsela por el culo, hasta comenzar a bombear con rapidez y fuerza, tanto que hacía chasquear su cadera contra las nalgas del peluquero. A Marcos, se le volvió a armar su pistola, y volvió a tranquilizarla, dándole un rico masaje.
La escena continuó unos cinco minutos más. Entonces, la silueta que estaba sentada se lebantó y tomó el lugar del que estaba penetrando, el que, a su vez, pasó a sentarse para que se la chuparan. Tras conectársela, el segundo chico comenzó a culear con intensidad, repitiendo el mismo chasquido, y jadeando con fuerza.
“¡Las voy a dar!”, dijo el que penetraba. Marcos identificó la voz, pero dudó. Entonces, la silueta de pie alzó la cabeza y gruñó, a la vez que dejaba de mover su cadera. El peluquero dejó la mamada por un momento, y le señaló: “La puerta de la izquierda es baño. La de la derecha, ni la abras”. Marcos volvió a cerrar la puerta, hasta que sintió que alguien entraba al cuarto del costado. Su corazón palpitó a mil, y otra vez su verga se puso blandita.
Entreabrió la puerta otra vez, y vio que el peluquero estaba apoyado y agachado sobre la silla vacía, mientras la silueta sobrante volvía a follarle el culo. De nuevo los chasquidos de cadera; de nuevo, la verga de Marcos, dura como roca.
El vigilante nunca pensó que esto de ser mirón tenía su adrenalina.
El pata que había entrado al baño salió totalmente calato, vio la follada de los dos restantes, y se puso su ropa de nuevo. Entonces, el otro activo gimió con fuerza y dejó de moverse. Armando, qué duda cabía ahhora, también le señaló el baño. Y baño era lo que necesitaba Marcos, quien, sin darse cuenta, había eyaculado en su mano y sobre el suelo de su dormitorio. ¡Tenía que limpiar eso, ni bien se vaya esa gente!
Cerró la puerta con cuidado, y cuando iba a esperar que sonara en la pieza del costado… se abrió su puerta.
- Per…
- Los dos varones se quedaron sorprendidos, casi asustados. El que había entrado por error donde Marcos le sonrió, le hizo un gesto de silencio con el dedo, y cerró la puerta. Entonces, ingresó a la otra pieza.
- Unos cinco minutos después, sintió que alguien usaba el baño por tercera vez, y luego, al salir, abría con cuidado la puerta donde el vigilante seguía, con los pantalones por las rodillas, desconcertado.
- Armando entró, y se quedó pasmado. Marcos sólo atinó a cubrirse sus genitales con sus manos.
- ¿Has estado espiando?
- Marcos, azorado, no supo qué decir. Armando sonrió.
- Lo que viste, muere contigo. Te lo recompensaré, ¿OK?
- Armando guiñó un ojo, y Marcos sólo pudo afirmar despacio con la cabeza.
Ese domingo por la mañana, Marcos fue a entrenar un poco al gimnasio, y le llamó la atención que Danilo, el instructor, estuviera inusualmente callado y distante.
Regresó a casa de Ricardo y Lidia para almorzar, quienes, para variar, no dejaban de acerse cariñitos.
- ¿qué tal las nuevas cargas, mi cholo?
- Pesadas, amorcito, pesadas. Ya sabes cómo es el mercado.
- Tras almorzar, Marcos se fue a descansar, sin poderse quitar de la cabeza aquel espectáculo de las siluetas cachando, y del pata desnudo que entró por accidente a su cuarto.
- Tocaron la puerta. Marcos abrió. Era Ricardo, quien entró, cerró la puerta, y le dio un beso en la boca.
- Olvida lo que viste en la peluquería. Tú, tranquilo. Ya hablé con Armando.
(CONTINUARÁ)
Escrito por Hunk01. ©2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com
jueves, 30 de marzo de 2023
“Tienes rico culo”. “Tienes rrica verga”
¿Cómo te
sientes, y qué haces, cuando algún chico, especialmente si no lo conoces, te
lanza ese piropo? Esto puede ayudarte.
El blog ChulucanasGym publicó un artículo con consejos para los chicos que tienen buen cuerpo, que desarrollan una zona en especial, como el culo, y que llama la atención y las miradas del resto, pero que a ellos les incomoda.
Nosotros le
agregaríamos chicos que tienen desarrollada cualquier parte de su cuerpo sin
necesidad de ir al gym, que están naturalmente dotados. Pensemos, por ejemplo,
en tu pinga o tus huevos y el bulto
que todo ese paquete produce incluso si te pones un pantalón
ancho.
Podría ser un tema
medio tonto, pero si uno se pone a conversar con esos chicos, la verdad es que
en algunas situaciones sí lo ven casi como un trauma. ¿es tu caso?
A continuación
queremos proponerte unas situaciones que te permitirán darte cuenta si te avergüenzas
por esas partes generosas que el gimnasio o la Naturaleza te dieron, o a lo
mejor no. Solo tienes que responder cada pregunta con sinceridad y en privado.
No tienes que compartir tus resultados, pero si deseas hacerlo, más adelante te
diremos dónde.
Si sales a la calle o vas a alguna parte, prefieres vestir:
- Ropa que no deje nada a la imaginación.
- Ropa que se te vea bien.
- Ropa no tan llamativa.
- Ropa ancha.
Estás en la calle o cualquier espacio público, de pie, y notas que un pata se te queda viendo el paquete, el culo, o alguna parte de tu cuerpo…
- Le sonríes, te le acercas y te haces su amigo.
- Le sonríes y ahí queda todo.
- Mejor miras a otro lado.
- Lo miras con rabia y le dices algo como “qué tanto me ves”.
Terminaste tu rutina de entrenamiento, tu casa queda lejos, estás bien sudado y el gimnasio solo tiene duchas comunitarias…
- Te bañas ahí, y mejor si hay más gente.
- Te bañas ahí y punto.
- Te bañas ahí pero te aseguras de estar solo.
- Ni loco te bañas ahí.
Si compartes cuarto, a la hora de dormir prefieres…
- Desnudarte por completo.
- Quedarte en ropa interior.
- Usar pijama completa.
- Usas la ropa de ese día.
Tu ropa interior favorita es…
- Nunca uso / hilo dental / suspensor.
- Slip / tanga / bóxer entallado.
- Ropa interior suelta.
- Ropa interior suelta, encima short, y usar las camisas o camisetas por fuera.
Tu ropa de baño favorita es…
- Tanga brasileña o más chica.
- Speedo olímpico, quizás una sunga.
- Short estándar.
- Bermuda ancha, preferentemente de colores opacos.
Si te piden un “nude” por redes sociales…
- Te lo tomas de inmediato y preguntas qué le pareció.
- Si tienes uno disponible, lo mandas.
- Cambias de tema, o mandas el de otro chico.
- No mandas nada o bloqueas al contacto.
Si eres activo y te dicen “qué rico culo”, o si eres pasivo y te dicen “qué rico pene”, tú…
- Invitas a tocarlo, acariciarlo y hasta besarlo.
- Si te lo tocan, bien; si no, no hay drama.
- Agradeces, y le recuerdas que tienes otros talentos.
- Le recalcas que solo eres activo o solo eres pasivo.
Si eres activo y te dicen “muéstrame tu culazo” o si eres pasivo y te dicen “quiero ver tu vergota”, tú…
- Accedes y muestras algo ‘extra’.
- Accedes sin mayor problema.
- Accedes de mala gana.
- ¿Acceder? ¡Ni cagando!
Si un artista te propusiera posar desnudo destacando tu culo o tu pene, tú…
- Dices que sí en el acto.
- El ‘sí’ depende de una negociación previa.
- Dices ‘lo pensaré’, pero en el fondo tu respuesta es no.
- Dices que no, y es tu última palabra.
Ahora, suma el
número de las alternativas; si te salió…
- De 10 a 19: Piensas que Dios fue muy generoso contigo
al permitir que esa parte de tu cuerpo destaque y que despierte el deseo del
resto, así que no te haces problemas en que te lo toquen, lo besen, lo chupen,
lo masajeen… en fin, disfrutas tanto como el otro disfruta. Y si son más al
mismo tiempo, tampoco te haces problemas. Sin embargo, tu amplitud de mente
puede tener zonas ciegas riesgosas y hacerte blanco del acoso, o de que alguien
filtre tus desnudos o videos privados sin tu autorización. Si aún así ves ese
riesgo como una oportunidad, sigue adelante, pero que conste que te lo
avisamos.
- De 20 a 29: te tomas todo tu cuerpo de la forma más
natural y relajada que sea posible. Te sientes seguro de lo que tienes, pero
tampoco te preocupa en alardearlo. Está allí y ya. Si te lo tocan, te lo besan,
lo acarician, etc, lo agradeces pero tampoco es tu objetivo de vida, incluso
cuando tienes encuentros íntimos. Aún así, estate atento de que alguna gente
pueda interpretar esa actitud ‘fresh’ como que les da permiso para ir más allá
y crearte situaciones incómodas. Recuerda que tienes la habilidad de poner
límites sin que eso suene agresivo ni voluble: úsala antes de que el tema
escale a instantes que podrías calificar como incómodos para ambos.
- De 30 a 39: Te sientes contento con lo que tienes,
pero no te entusiasma mucho la idea de que otros se sientan contentos por lo
que tienes. Es válido pensar que lo tuyo es solo para tu disfrute, y de hecho
lo disfrutas al punto que hasta te lo tocas y te das buenas pajeadas
erotizándote; pero eso solo se queda contigo. A decir verdad, no está pasando
nada malo, es simplemente que prefieres ser más pudoroso, discreto, recatado.
Trabaja en no traumarte mucho por la forma cómo te vea la gente, y aprende a no
darle importancia a la presión que alguna de ella puede ejercer para que te
destapes más. Si no te gusta la idea, dilo y ya, o camina en otra dirección sin
renunciar a sentirte bien en tu propia intimidad. Si vas al gym, podría
servirte este artículo.
- De 31 a 40: Acéptalo: hay días, casi todos, en que
crees que Dios o aquello en lo que creas fue demasiado generoso con ciertas partes
de tu cuerpo… y tú crees que no te lo mereces. No te odias a ti, mas bien odias
a tus genes, tu herencia familiar, tu entrenador. En fin, eres un Gárgamel
andando. Te sugerimos que busques consejería profesional para que te ayude a
procesar ese sentimiento que hasta podría deprimirte o mantenerte
permanentemente ansioso. Si es necesario tomar una terapia, hazlo. Si después
de esa consulta o ese proceso quieres ver cómo está tu situación, puedes volver
a hacer este test.
Esperamos haberte ayudado. ¿el nombre del modelo? Es Alan Valdez.
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