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jueves, 30 de marzo de 2023

“Tienes rico culo”. “Tienes rrica verga”

¿Cómo te sientes, y qué haces, cuando algún chico, especialmente si no lo conoces, te lanza ese piropo? Esto puede ayudarte.

 










El blog ChulucanasGym publicó un artículo con consejos para los chicos que tienen buen cuerpo, que desarrollan una zona en especial, como el culo, y que llama la atención y las miradas del resto, pero que a ellos les incomoda.

 

Nosotros le agregaríamos chicos que tienen desarrollada cualquier parte de su cuerpo sin necesidad de ir al gym, que están naturalmente dotados. Pensemos, por ejemplo, en tu pinga o tus huevos y el bulto que todo ese paquete produce incluso si te pones un pantalón ancho.

 

Podría ser un tema medio tonto, pero si uno se pone a conversar con esos chicos, la verdad es que en algunas situaciones sí lo ven casi como un trauma. ¿es tu caso?

 

A continuación queremos proponerte unas situaciones que te permitirán darte cuenta si te avergüenzas por esas partes generosas que el gimnasio o la Naturaleza te dieron, o a lo mejor no. Solo tienes que responder cada pregunta con sinceridad y en privado. No tienes que compartir tus resultados, pero si deseas hacerlo, más adelante te diremos dónde.

 


Si sales a la calle o vas a alguna parte, prefieres vestir:

  1. Ropa que no deje nada a la imaginación.
  2. Ropa que se te vea bien.
  3. Ropa no tan llamativa.
  4. Ropa ancha.

 


Estás en la calle o cualquier espacio público, de pie, y notas que un pata se te queda viendo el paquete, el culo, o alguna parte de tu cuerpo…

  1. Le sonríes, te le acercas y te haces su amigo.
  2. Le sonríes y ahí queda todo.
  3. Mejor miras a otro lado.
  4. Lo miras con rabia y le dices algo como “qué tanto me ves”.

 


Terminaste tu rutina de entrenamiento, tu casa queda lejos, estás bien sudado y el gimnasio solo tiene duchas comunitarias…

  1. Te bañas ahí, y mejor si hay más gente.
  2. Te bañas ahí y punto.
  3. Te bañas ahí pero te aseguras de estar solo.
  4. Ni loco te bañas ahí.

 


Si compartes cuarto, a la hora de dormir prefieres…

  1. Desnudarte por completo.
  2. Quedarte en ropa interior.
  3. Usar pijama completa.
  4. Usas la ropa de ese día.

 


Tu ropa interior favorita es…

  1. Nunca uso / hilo dental  / suspensor.
  2. Slip  / tanga / bóxer entallado.
  3. Ropa interior suelta.
  4. Ropa interior suelta, encima short, y usar las camisas o camisetas por fuera.

 


Tu ropa de baño favorita es…

  1. Tanga brasileña o más chica.
  2. Speedo olímpico, quizás una sunga.
  3. Short estándar.
  4. Bermuda ancha, preferentemente de colores opacos.

 


Si te piden un “nude” por redes sociales…

  1. Te lo tomas de inmediato y preguntas qué le pareció.
  2. Si tienes uno disponible, lo mandas.
  3. Cambias de tema, o mandas el de otro chico.
  4. No mandas nada o bloqueas al contacto.

 


Si eres activo y te dicen “qué rico culo”, o si eres pasivo y te dicen “qué rico pene”, tú…

  1. Invitas a tocarlo, acariciarlo y hasta besarlo.
  2. Si te lo tocan, bien; si no, no hay drama.
  3. Agradeces, y le recuerdas que tienes otros talentos.
  4. Le recalcas que solo eres activo o solo eres pasivo.

 


Si eres activo y te dicen “muéstrame tu culazo” o si eres pasivo y te dicen “quiero ver tu vergota”, tú…

  1. Accedes y muestras algo ‘extra’.
  2. Accedes sin mayor problema.
  3. Accedes de mala gana.
  4. ¿Acceder? ¡Ni cagando!

 


Si un artista te propusiera posar desnudo destacando tu culo o tu pene, tú…

  1. Dices que sí en el acto.
  2. El ‘sí’ depende de una negociación previa.
  3. Dices ‘lo pensaré’, pero en el fondo tu respuesta es no.
  4. Dices que no, y es tu última palabra.

 

Ahora, suma el número de las alternativas; si te salió…

  • De 10 a 19: Piensas que Dios fue muy generoso contigo al permitir que esa parte de tu cuerpo destaque y que despierte el deseo del resto, así que no te haces problemas en que te lo toquen, lo besen, lo chupen, lo masajeen… en fin, disfrutas tanto como el otro disfruta. Y si son más al mismo tiempo, tampoco te haces problemas. Sin embargo, tu amplitud de mente puede tener zonas ciegas riesgosas y hacerte blanco del acoso, o de que alguien filtre tus desnudos o videos privados sin tu autorización. Si aún así ves ese riesgo como una oportunidad, sigue adelante, pero que conste que te lo avisamos.
  • De 20 a 29: te tomas todo tu cuerpo de la forma más natural y relajada que sea posible. Te sientes seguro de lo que tienes, pero tampoco te preocupa en alardearlo. Está allí y ya. Si te lo tocan, te lo besan, lo acarician, etc, lo agradeces pero tampoco es tu objetivo de vida, incluso cuando tienes encuentros íntimos. Aún así, estate atento de que alguna gente pueda interpretar esa actitud ‘fresh’ como que les da permiso para ir más allá y crearte situaciones incómodas. Recuerda que tienes la habilidad de poner límites sin que eso suene agresivo ni voluble: úsala antes de que el tema escale a instantes que podrías calificar como incómodos para ambos.
  • De 30 a 39: Te sientes contento con lo que tienes, pero no te entusiasma mucho la idea de que otros se sientan contentos por lo que tienes. Es válido pensar que lo tuyo es solo para tu disfrute, y de hecho lo disfrutas al punto que hasta te lo tocas y te das buenas pajeadas erotizándote; pero eso solo se queda contigo. A decir verdad, no está pasando nada malo, es simplemente que prefieres ser más pudoroso, discreto, recatado. Trabaja en no traumarte mucho por la forma cómo te vea la gente, y aprende a no darle importancia a la presión que alguna de ella puede ejercer para que te destapes más. Si no te gusta la idea, dilo y ya, o camina en otra dirección sin renunciar a sentirte bien en tu propia intimidad. Si vas al gym, podría servirte este artículo.
  • De 31 a 40: Acéptalo: hay días, casi todos, en que crees que Dios o aquello en lo que creas fue demasiado generoso con ciertas partes de tu cuerpo… y tú crees que no te lo mereces. No te odias a ti, mas bien odias a tus genes, tu herencia familiar, tu entrenador. En fin, eres un Gárgamel andando. Te sugerimos que busques consejería profesional para que te ayude a procesar ese sentimiento que hasta podría deprimirte o mantenerte permanentemente ansioso. Si es necesario tomar una terapia, hazlo. Si después de esa consulta o ese proceso quieres ver cómo está tu situación, puedes volver a hacer este test.

 






Esperamos haberte ayudado. ¿el nombre del modelo? Es Alan Valdez.

 

Comenta aquí abajo | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

martes, 11 de octubre de 2022

Por qué Ko Ryu es un ícono gay

Tres razones por las que este culturista peruano parece que jamás pasará de moda, al menos en nuestra comunidad.

 


Los videos y las fotos que el culturista peruano , no asiático como inicialmente se lo quiso publicitar, Ko ryu se han convertido en un clásico erótico y porno gay a pesar que toda la producción se habría hecho entre 2009 y 2010.

No solo se concentró en él u otros culturistas peruanos como Pedro Bomba o el fallecido Paulo Maneros. En realidad, se trató de todo un esfuerzo que reunió a los musculosos más cachondos de Sudamérica, y marcó un hito.

Hasta ahora, varios seguidores de Hunks of Piura quienes nos siguen fuera del Perú se preguntan dónde pueden encontrar nuevas fotos y videos de Ko Ryu y otros culturistas que en su momento dieron la hora. Nuestra respuesta sigue siendo la misma: lo ignoramos. Por ahora solo tenemos las mismas imágenes que han encantado a todo el mundo.

 


Sin embargo, sí nos hemos preguntado por qué todos estos culturistas nunca pasan de moda. Y en el caso de Ko Ryu, las respuestas  parecen ser éstas:

  • Rostro exótico: Ko Ryu no tiene las facciones que la pornografía internacional se ha esforzado en vendernos, y que más bien  nos alinean al prototipo europeo o africano. Nuestro culturista nacional tiene rasgos típicamente andinos (abajo los racistas), y eso no lo hace menos apetecible que sus colegas de otras latitudes. Todo lo contrario. Es una extraña mezcla de inocencia, pendejada, seriedad, autosuficiencia, simpatía. En fin. Ponle la característica que tú quieras y todas aplican. Y la buena noticia es que en Perú abundan rostros como los suyos, así que imagina el potencial que eso tiene para el porno gay o bi mundial.
  • Erotismo sobrio y espontáneo: si bien Ko Ryu tuvo que mostrarnos su pinga erecta y eyaculando, como debe ser, y al menos en un video compartió la pantalla con Bill Baker y Timmy Riordan, no necesitó meter pinga, dejarse meter la pinga, chuparla, que se la chupen, lamer el culo o que se lo laman. No al menos frente a cámara. Sin embargo, con el solo hecho de mostrar cómo entrena, flexionar sus músculos, luchar con sus colegas y pajearse hasta botar toda su leche, no necesitó nada más y encantó. A eso se llama sobriedad. Tampoco fue necesario someterlo a esas extenuantes grabaciones donde hay que cortar para que la cámara cambie de ángulo sino que todo se hizo en una sola toma (la técnica se llama plano secuencia) lo que da mayor realismo. Claro que la música a veces caga la arrechura, pero cumple bien. Sin embargo, lo antológico de toda la producción son los gemidos de Ko Ryu: si estaba actuando, lo hace excelente; si no estaba actuando,¡qué rico sería tener sexo con ese pata! Sus gemidos y gruñidos son masculinos, nada exagerados y te provocan pajearte junto a él. A la mierda con sus detractores. Se nota que la envidia los corroe. Mira todos sus videos aquí.
  • Ese hermoso culo: El cuerpo completito de Ko Ryu es un regalo del cielo. ¿quién dijo que Dios no es peruano? Todo lo contrario. Las cálidas tierras de Pomalca, Lambayeque, también tienen su pedacito de Olimpo. No en vano el culturista ha sido internacionalmente reconocido y premiado. Pero sin duda lo que se ha convertido en nuestro fetiche es ese hermoso par de nalgas, rredonditas y firmes, dignas de un eterno beso negro. Y sabemos que Perú tiene más chicos como éste que deben liberarse de prejuicios y mostrarse al mundo tal como vinieron a él: calatos. Y si lo hacen, Hunks of Piura es su plataforma ideal para que tú los disfrutes sin censura.

 

Apostamos que tú debes tener en lista otras cosas que te gustan de KoRyu, o quizás más imágenes de este tipo. O quizás tuyas propias o de otros chicos que se animan a mostrarlo todo sin miedo, con orgullo, con actitud. Déjanos saberlo en los comentarios aquí abajo o en nuestro Twitter. También escríbenos a hunks.piura@gmail.com  (Gracias a hector, nuestro suscriptor en Paraná, Brasil, quien nos inspiró este post y colaboró activamente en su elaboración)

 

Encuentra también: culturista peruano culturista desnudo modelo desnudo, modelo peruano 

domingo, 13 de marzo de 2022

ASS (19): Tres patas hacen trenecito en la parcela

Marcano lo sabe enchufar y se lo saben enchufar.


 

El culo de Marcano parece ser demasiado grande para el asiento de la motito Honda de segunda mano que utiliza para ir de un lado a otro de San Sebastián y atender a su clientela. Julio lo experimenta ahora mismo mientras está sentado detrás suyo entrando por el camino que lleva a su chacra.

Por más caleta que quiere pasar, le ha sido imposible despegar su bulto de las dos enormes nalgas del venezolano. ¿Se habrá dado cuenta que sus 18centímetros están al palo? Ojalá su jean lo haya podido disimular, pero con esos baches… uff, jodido.

“Es en esa puerta”.

Cuando al fin logran desmontar, Julio trata de dar la espalda al electricista para que no se percate de la erección. Ya dentro de la casa, van al dormitorio principal. El anfitrión abre la ventana para que entre más luz natural. Marcano analiza las paredes y el techo; regresa a la moto para traer su maleta de herramientas. Julio se mira la entrepierna y se golpea la pinga a ver si se le baja.

A la media hora, Edú regresa de trabajar en la plantación y entra por la puerta trasera dejando la pala donde siempre. Al escuchar el murmullo, se aproxima al cuarto y encuentra a Marcano descalzo, subido sobre la cama tratando de instalar un soquete en el techo y a Julio en la puerta mirando la escena. Disimuladamente le toca el culo y el dueño de casa se asusta.

“Estamos iluminando tu nidito de amor”, reacciona.

Edú saluda a Marcano y lo primero que le llena la vista es un evidente cuerpo atlético bajo el mameluco, en especial las piernas y las nalgas.

        Voy a bañarme”, avisa Edú. “Tengo las bolas bien sudadas”.

Marcano ríe.

“entonces, aparte de las bolas lávate bien ese culo”, bromea Julio captando la intención.

“Voy a sacar mi mochila”, replica Edú.

“Oe, huevón, ¿y acaso en el estadio no te paseabas enseñando el culo en las duchas como si nada?”

Marcano vuelve a reír y mira a edú:

“¿Qué deporte has practicado, pana?”

“Fútbol. ¿Tú has practicado alguno?”

“Béisbol en mi país, pero acá hago pesas”.

“Ah”, reacciona Julio. “por eso el cuerpazo”.

“También solíamos andar desnudos en los camerinos antes de ducharnos”, cuenta Marcano. “Bueno, era lo natural entre nosotros”.

“Entonces, no te incomoda ver hombres calatos, ¿o sí?”, lanza Edú ya sin anestesia.

“En el cuarto que alquilo, a esta hora, ando calato, como dicen ustedes. Solo uso la ropa para ir a la calle, pero hasta duermo sin nada porque me incomoda”.

Edú y Julio se miran en silencio.

“¿Y no te mueres de calor en ese mameluco?”, interviene Julio. “Yo que estoy acá parado, estoy sudando de pies a cabeza… incluso los huevos”.

Marcano sonríe otra vez:

“La verdad que sí pana, me sudan hasta las bolas, pero… tú sabe’, el respeto, o alguien venga”.

Sin previo aviso, Julio comienza a calatearse. Mira a Edú, y éste lo imita. Cuando Marcano baja la mirada, un hombre calato de 30 años y otro de 50 están como Dios los trajo al mundo… y cada uno con sus pingas de 18 centímetros en pleno engrosamiento.

Marcano sonríe de nuevo. Se baja la cremallera del mameluco, se lo saca, luego el polo que tenía dentro y finalmente su bóxer.

“Ahora sí trabajaré a gusto”, sonríe el venezolano mientras su pinga de 21 centímetros ya está bien parada y sus nalgotas están allí, firmes y lampiñas.

Edú se encarama en la cama, y aprovechando que Marcano sigue de pie, se arrodilla delante suyo y comienza a mamarle la verga. A la mierda si sabe un poco más salada que de costumbre debido al sudor. Tras el electricista, Julio acaricia los generosos glúteos, los separa y trata de hundir su cara entre ellos. Marcano cree estar soñando.

Luego de un rato, la lengua del visitante explora el culo y el hueco de Edú, mientras que el suyo sigue bajo dominio de Julio.

“Lo tienes bien dilatado”, le susurra al electricista.

“¿Tienes condones?”

Julio hace una seña a edú y saca un paquetito.

“¿Han hecho un trenecito?”, insinúa Marcano.

“No, pero si lo sabes hacer, enséñanos”, responde Edú.

Con su pene ya forrado y lubricado, Marcano comienza a introducirlo despacio a Edú hasta que logra insertarlo por completo. De inmediato, Julio mete su falo en el ano de Marcano. Cuando por fin los ‘vagones’ están conectados a la locomotora, Marcano comienza a mover su cadera con ese inigualable ritmo caribeño estimulando el recto de Edú y masajeando el miembro erecto de Julio. Es increíble la cantidad de placer que tres hombres pueden disfrutar así al mismo tiempo, en especial el del medio, pues goza doble.

Posteriormente, y luego que Julio aclare que su culo no recibe verga, Edú pasa a ocupar el lugar del medio y Marcano permuta hacia delante. Ahora Edú puede entender la sensación que Julio acaba de experimentar al meter su pinga a ese culazo.

Tras varios minutos de hacer el trenecito, Edú se arrodilla sobre el suelo del dormitorio, mientras las pingas de Marcano y Julio lo apuntan en cada mejilla. Tras algún rato de que ambos se pajean, siente el semen caliente impactar sobre su cara.

Para hacerlo recíproco, Marcano se arrodilla y chupa el pene de Edú.

“Las voy a dar, carajo. Se viene mi leche”.

Marcano se saca el pene de la boca y el esperma se dispara sobre su rostro.

Tras bañarse juntos, y aún calatos, Marcano instala el foco, Julio lo prueba y el cuarto ya tiene luz artificial.

“Oe, huevón, tienes hermoso cuerpo. ¿Dónde dijiste que haces pesas?”

“Ah, pana. En el gimnasio… el de la parroquia”, contesta Marcano sin intención.

Julio y edú se miran un poco palteados. Marcano se da cuenta:

“¿Pasa algo, panas?”

“Mira, pata”, se adelanta Julio, “creo que tenemos que hablar al toque una nota seria… mi hijo entrena en el gimnasio al que tú vas”.

“No le veo el problema, pana”, responde Marcano con una sonrisa de incomprensión.

“No quiero que se entere que los tres hemos cachado; mejor dicho no quiero que se entere que su papá…”

“Fresco, pana”, interrumpe Marcano. “Cuando uno trabaja como electricista, mira, escucha, toca, hace y calla… ¿Tú crees que no sentí tu verga dura en mi culo? ¿Te dije algo acaso, vale?”

Julio se sonroja y carraspea.

“Chicos”, se mete Edú, “creo que a ninguno de los tres nos conviene que se sepa esta historia, y creo tener una solución que nos convenga a todos… y seguir gozando sin que nadie nos joda…”

Y para terminar,mira una película porno aquí

sábado, 20 de marzo de 2021

La hermandad de la luna 2.3

Poco antes de la una de la tarde, un azorado gladiador llega a La Luna casi echando a perder la cadena de la bicicleta, la deja en un lado y corre adentro de la casa grande. Continúa con su ropa de entrenamiento, llega empapado en sudor. Entra a la cocina; Flor está alistando la vajilla para servir el almuerzo. Él la mira conmovido, se le abalanza, la abraza fuertemente y se echa a llorar.

“Te amo, hijita mía… yo te amo, hijita mía… Perdóname”.

Extrañada al inicio, Flor no resiste el llanto y se aferra a su progenitor con un amor que hace años no se prodigan.

“Yo también te amo, papá”, le responde con ternura. “Yo también… Perdóname a mí”.

Tito se separa un poco.

“Debí dedicarte más tiempo, Florcita”.

La chica trata de enjugar con sus pulgares las lágrimas de su progenitor.

“Papi, que yo recuerde, la persona que más me ha dedicado tiempo en esta vida has sido tú. Quien ha sacado la cara por mí has sido tú. Quien me ha formado para ser fuerte has sido tú. Tú, el tío Adán, el tío Carlos, el tío Manolo. No he tenido grandezas, papi; pero ustedes me han hecho sentir grande. Y aunque mamá no está, y la extraño, tú hiciste lo imposible por darme seguridad. Pero debes entender que ahora yo debo volar con mis alas, papi. Si no aleteo, no sabré si soy fuerte como tú me educaste”.

“Tienes razón; yo tengo que confiar en ti. Pero… tienes que tener más cuidado”.

“Ay, papi. Yo sé cómo controlarlo; además, no es nada serio: Frank se irá en octubre. ¿Cómo crees que yo empezaré algo serio con alguien que no va a quedarse?”

“Pero hoy”.

“Estoy en mis días infértiles”, susurra la chica.

“Pero él”.

“él está en abstinencia”, sonríe Flor. “Si pasa algo, tú serías el primero en enterarte… y todo Santa Cruz te respeta”.

“¿Te alcanza para otro almuerzo?”

Adán y un asustado Frank entran a la cocina. Tito camina hasta el joven y le da un fuerte abrazo.

“Te dije que no iba a hacerle nada… nada excepto encariñarse con él”, guiña un ojo Adán a Flor.

 


A las dos y media de la tarde, Tito llega como un rayo al hotel de Santa Cruz, situado, una calle detrás de la plaza principal. Sigue con su ropa de entrenamiento y lleva una mochila la espalda. Deja la bicicleta en la vereda e ingresa en busca del recepcionista.

“¿Owen Bongo, Mongo, Gongo, Congo? ¡No sé cómo se llama!”

“¿Owen Mgombo?”, verifica una joven algo asustada.

“¡Sí, él! Vengo a dejarle un encargo”.

“Dejó la habitación hace media hora, don Tito”.

El gladiador se desanima.

“Pero su turno acababa a las tres”.

“Se fue antes; agradeció y se fue. Solo dijo que el gimnasio es bueno”.

“¿Eso dijo?”, abre sus ojos verdes, Tito.


 

Un ciclista ccruza el pueblo a toda velocidad y llega al AMW. Un joven negro vestido en camiseta, jean, gorra en la cabeza y zapatillas lo espera.

“Yo no poder dejar Santa Cruz sin decir adiós”.

Tito desmonta y lo mira con una sonrisa irónica:

“No, no dirás adiós porque no te irás de Santa Cruz”.

Owen sonríe:

“Yo deber volver a casa”.

“Aquí tienes una casa”.

“Yo necesitar pagar por comida”.

Tito abre su mochila y saca un portaviandas tibio:

“No es mucho pero es un almuerzo”.

Owen sigue sonriendo:

“Yo necesitar un empleo si quedar en Santa Cruz”.

“Ya lo tienes: trainer del AMW”.

 


Espera: ¿le ofreciste el puesto solo porque no es venezolano?”, intenta entender Adán.

Junto a sus otros tres compañeros se reúnen en la caseta de vigilancia de La Luna. Son las seis de la tarde y Carlos acaba de llegar tras el funeral en Collique.

“¡No es eso!”, se excusa Tito. “Lo he visto entrenar y realmente parece fisicoculturista de competencia, como ésos de revista”.

“¿Revista porno?”, bromea Adán.

“Bueno, el problema con el venezolano no es que fuese venezolano, ¿o no, Tito?”, agrega Carlos.

“Ya, déjense de huevadas; ¿qué novedades hubo en el entierro?”, se defiende Tito.

“Nada”, responde Carlos. “No fue mucha gente, solo contados, sin responsos, algo simple; ni siquiera hubo misa”.

“¿Y Christian te dijo por qué no se respetó su voluntad?”, continúa Tito.

“Estuvo un ratito con la señora Esmeralda; luego desapareció pero nadie me da razón”.

“No sé ustedes, muchachos, pero a mí se me hace algo raro”, opina Adán.

“Explícate”, apela Carlos.

“eso es lo que no termino de asimilar, patas. Como que todo estuviese pasando demasiado rápido. ¿Y eso de que al entierro solo iban algunos invitados?”.

“Bueno, es obvio que la señora Esmeralda quiso hacerlo todo a su manera”, trata de explicar el capataz. “Y ya sabemos que ni ella ni sus hijos estaban conformes con la nueva vida que Manolo había adoptado”.

“Más que nueva vida, la otra vida que siempre tuvo”, puntualiza Adán.

Frank solo escucha, escucha y asimila; considera que no está tan integrado al grupo ni empapado de la situación que intuye como para meter boca.

“Ahora tú eres el hombre en La Luna, Carlos”, palmea Tito. “Así que, hasta nuevo aviso, tú das las órdenes”.

“Seguir trabajando como siempre y mejor que siempre, muchachos”, afirma el capataz con mucha seguridad. “A Manolo le hubiese gustado que hagamos eso, y que tengamos a los de Cruz Dorada lejos de esta propiedad, y ustedes saben por qué”.

Tito extiende su mano derecha, Adán pone la suya encima, y Frank hace lo propio. Carlos agrega la suya:

“¡Así lo haremos!”, prometen a coro marcial.

Frank acompaña a Carlos esa noche de ronda. La finca ha llegado a ser el único hogar del capataz. Apenas si sale al pueblo o a Collique para hacer compras, pero las veinticuatro horas de cada día de su vida transcurren allí en la parcela.

“Tío, ¿puedo preguntarte algo?”, se suelta Frank. “Adán habló de que si cambió a verde o a azul, y tú dijiste que todos sabemos qué estamos protegiendo; en el pueblo la gente mira con temor a la finca, sin contar lo de las luces verdes. ¿Cuál es la nota aquí?”

Carlos sonríe mientras caminan a la cocina de la casa grande a ver qué pueden cenar.

“Es mucha información y la irás sabiendo poco a poco, pero podemos comenzar por lo siguiente: mucho antes de La Luna, mucho antes de que llegara la gente que hablaba español, mucho antes toda esta zona era un pequeño reino. Se trata de un pueblo que, entre otras cosas, cultivaba la tierra. Cuando los incas los conquistaron, y luego hicieron lo mismo los españoles, ese pueblo trató de organizarse secretamente conservando un linaje. A eso se llama la estirpe. Nadie sabe cómo y quién es parte ahora de esa estirpe, pero cada vez que alguien compraba esta tierra, todo salía mal, hasta que hace veinte años la compró Manolo Rodríguez. La comenzó a trabajar y le produjo. Todo el mundo se quedó sorprendido porque la consideraban tierra maldita. Yo llegué a los tres o cuatro meses y había comenzado con camote y frejol. ¡No sabes las camionetadas que sacábamos! Cuando iba al pueblo, la gente comenzó a decir que Manolo era parte de esa estirpe y no sé qué más huevadas, y se comenzó a tejer la leyenda. Veinte años después, a pesar de nuestro tamaño, somos una de las fincas con mayor productividad de Santa Cruz, y el problema es que las tierras alrededor han reducido su rendimiento; entonces casi todos han vendido a Cruz Dorada. Nosotros no. Y aunque han intentado boicotearnos para forzar la venta, la tierra se mantiene fértil y pródiga”.

“¿Y por qué la diferencia?”, curiosea Frank.

“Quizás la leyenda, sobrino… no sea tan leyenda como parece”.

El joven se queda desconcertado.

 

sábado, 13 de marzo de 2021

La hermandad de la luna 2.2

Al llegar al patio trasero de la casa grande, no halla a nadie, pero sigue respirando agitado.

“¡Frank, esto no se queda así! ¡Vamos a hablarlo de hombre a hombre! ¿Me entendiste?”

Nadie le responde, pero un muchacho oculto entre los paltos cerca de ahí puede escucharlo claramente.


 

Tito llega a toda velocidad montado en su bicicleta a la entrada del AMW en Santa Cruz. Está sudado y quiere usar ese calentamiento para desfogar la rabia que aún tiene en las pesas y las máquinas. Al entrar, ve a un par de muchachos del pueblo entrenando, el chato y musculoso César dirigiéndolos, y más al fondo, en la zona de barras, a un tipo negro, alto y de carnes marcadas haciendo curl para bíceps. Tito se lamenta que no puede botar a la gente, cerrar el gimnasio por completo, quedarse desnudo y entrenar hasta que se le pase la cólera. . César se da cuenta de su llegada y camina a saludarlo.

“¿Quién es ese venezolano?”, interroga imperativo el recién llegado.

“¿Cuál venezolano?”, se extraña el instructor encargado.

“Carajo, ¿no lo ves acaso al fondo?”

César gira hacia donde le señala Tito.

“Ah, Owen; no, no es venezolano. Yo también pensé, pero habla como gringo”.

“¿Y de dónde mierda salió un negro gringo?”

Tito se aproxima con curiosidad al hombre: es joven, cabello zambo recortado con cierto estilo, facciones que se potencian cuando le sonríe, simetría muscular como si lo hubiesen sacado de un libro de Anatomía Humana; viste una camiseta con un símbolo de la paz como estampado, que no disimula sus protuberantes pectorales y que baila sin tocar su fina cintura, y un short algo pegado, que le marca un gran bulto delante debido a que sus nalgas parecen dos balones con peso y medida oficial, además de dos vascularizadas piernas que semejan dos troncos de ceibo pero prietos, calcetines y zapatillas número cincuenta y dos, tranquilamente. ¿Cuánto tendrá de estatura ese hombre? ¿Metro noventa y mucho?

“¿Tú necesitar barra?”, le consulta muy afable y sonriente.

“No”, atina a responder Tito algo desconcertado. “Sigue nomás”.

El muchacho acaba la serie, deja la barra en el soporte: a los extremos hay quince kilos, treinta y cinco incluyendo el trozo longitudinal cromado.

“¿No usas guantes?”

“Guanta?”

Tito hace un gesto con las manos, como si se calzara algo en ellas.

“Oh, gloves”, reacciona el muchacho con un acento harto afectado.

“Guantes”, le reitera Tito.

“No, no usar”.

“¿Y tus manos?”

El chico  se las extiende y Tito se queda sorprendido: ningún callo, parece una piel tersa, como de bebé. Se siente tentado a preguntar si es la primera vez que entrena, pero ese desarrollo muscular es altamente elocuente: no.

“Bienvenido a Santa Cruz”, da la mano Tito.

“Oh, gracias”, le responde, y lo confirma: suaves como si el cromo de la barra jamás las hubiera tocado. “Soy Owen Mgombo. Mucho gusto”.

“El gusto es mío”, responde el desconcertado gladiador, cuyas manos no son precisamente el orgullo de cualquier salón de belleza masculina.

“¿Owen Mongo?”, reacciona torpemente Tito.

“No, es Mgombo”, corrige Owen sin dejar de mostrar una dentadura blanquísima. “M, G, O, M, B, O.

“Te traeré un par de guantes”, sigue boquiabierto el anfitrión.

A mediodía, César rinde cuentas de la mañana a Tito quien  está a mitad de una rutina de piernas, y viste un bibidí rojo por el que se desbordan los vellos de su pecho, un pantaloncillo de licra a medio muslo que le marca todo el paquete y el trasero, calcetines gruesos y zapatillas. . No es su ropa de entrenamiento más impecable; en realidad, la rescató de la ropa sucia, así que no huele a gloria, precisamente. César es más humilde en cuanto a su vestimenta: un bibidí raído, un viejo short de Educación Física, unas zapatillas de cuero, cubren su metro sesenta y tres, trigueño oscuro, y un proceso de entrenamiento que le ha sacado el jugo a su somatotipo mesomorfo, lampiño encima.

“Todo en orden”, aprueba el gladiador. “Vete a almorzar y regresas a las dos”.

“Tito, no sé si pueda regresar esta tarde; me ha salido una posibilidad de chamba en Collique y quiero ver si la hago”.

“No jodas”.

“Frank puede cubrir la tarde”.

“No creo que pueda… tiene… trabajo en la finca”, miente Tito.

Al fondo, Owen hace jalones para tríceps.

“Si no pasa nada en Collique, vengo y te cubro”, promete César. “Te aviso a tu celular”.

Ambos van hasta la puerta y Tito decide cerrarla.

“¿Y el negro gringo?”, llama la atención César.

“Tranquilo que está bajo control”, guiña un ojo Tito.

Tras asegurar la puerta y cerrar las ventanas del todo, el gladiador se pone un grueso cinturón de cuero, regresa a donde dejó la barra cargada con 60 kilos por lado, se quita el bibidí y comienza a hacer sentadillas completas: espalda recta, sacando culo, bajándolo hasta quedar en cuclillas, contar hasta tres, luego elevarlo lentamente sin dejar la pierna recta del todo. Doce repeticiones. Del otro lado, Owen termina su segunda serie de jalones para tríceps y, al hacer contacto visual con un esforzado gladiador, le sonríe y se le acerca.

“Avisarme si querer mi ayuda”, se ofrece.

Mientras sube y baja, Tito se da un tiempo para sonreírle; gotas de sudor brotan por doquiera de su blanca y velluda piel. Dos minutos después, deja la barra en el suelo. Resopla, toma un poco de agua de una botellita de plástico que tiene al costado.

“¿Y a qué te dedicas, Owen? ¿qué haces?”

“Oh, yo ser psicólogo y antropólogo; ahora, yo hacer un investigación sobre pueblos antiguos”.

“¿Hace cuánto llegaste a Santa Cruz?”

“Tres días, pero yo estar sorprendido: ustedes no tener mucha información sobre su pueblo antiguo”.

Tito sonríe por compromiso.

“¿Por qué tú estar concernido?”, averigua Owen sin abandonar su blanca sonrisa.

“¿Concernido?”, se extraña el gladiador.

Owen  pone cara y ojos tristes y de inmediato ríe.

“Mi español ser malo”.

“Preocupado”, aclara Tito, sonriendo. “Se dice pre-o-cu-pa-do. Problemas aquí, problemas allá, problemas en todos lados”.

“Los problemas existir para ser resolvidos”.

“Se dice resueltos”, vuelve a sonreír Tito, y se inclina a coger la barra, mostrando sus bien desarrollados glúteos al espejo. “Un momento”, se detiene. “¿Dijiste que eres psicólogo?”

“Sí, yo ser”, sonríe Owen. “Tú poder confiar en mí tus problemas, si tú querer”.

“¿Tienes tiempo?”

“No mucho. Mi hotel terminar hoy tres de la tarde; luego, yo ir a Collique, regresar a la capital”.

“Ah, ya te vas”.

“Porque mi dinero acabar; si yo conseguir empleo, yo quedar”.

“Entiendo; no hay mucho que hacer”.

Owen, entonces, se quita la camiseta, revela su bien labrado torso lampiño, se acerca a Tito, lo abraza fuertemente, se aproxima a su oído:

“Tú tener dos problemas: miedo, vergüenza. Miedo paralizarte, vergüenza ocultarte. Tú creer tú no confiar en nadie, pero la verdad es tú no confiar en ti”.

Una paz inesperada se apodera de Tito, llevándolo casi a los límites de la lividez.

“Abre la puerta, toma tu bicicleta, corre, dile que tú amar y entender”, aconseja Owen. “Pero no juzgar, así como tú no querer ser juzgado”.

Owen se separa un poco y mira los ojos de Tito, quien ahora parece tenerlo todo más claro.