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sábado, 22 de octubre de 2022

ASS (49): Un trío gay desconcertante

Pedro es convocado a la casa de José Luis y se encuentra con Sandro; los tres terminan cachando al mismo tiempo.



Cuando Pedro termina de trabajar en la oficina , minutos después de las 4 de la tarde, un mensaje en su celular le llama la atención. Eliezer le pide encontrarse con un sereno en la puerta. Lo identifica y se le acerca:

“Tengo órdenes de llevarlo donde don José Luis, joven”, le dice con cierta discreción.

Pedro  va detrás del sereno y lo primero que llama su atención es la espalda ancha del efectivo, cintura aparentemente delgada, un buen par de nalgas. ¿Tendrá buenas piernas? El uniforme no le permite intuirlo. Además debe fijarse dónde pisa.

Ambos llegan a un estacionamiento donde hay motocicletas.

“Suba”, el sereno pide a Pedro mientras le alarga un casco de protección.

Un cuarto de hora después, el vehículo está a punto de dejar el área urbana de Castilla y se interna por el camino al lado de un canal y de la pared de la universidad nacional. De cuando en cuando, la inercia hace que la pelvis de Pedro tope las nalgas del sereno: son duras. El caso es que el uniformado parece no tener ese reflejo de otros motociclistas que, cuando sienten un paquete masculino en su culo ídem, tienden a sentarse milímetros más adelante.

“Si se siente más seguro, agárreme de la cintura”, alcanza a decir el sereno.

Pedro, más por morbo que por seguridad, coloca tímidamente sus manos en cada costado. La erección de su pene es inevitable. Incluso, por un momento, es capaz de jurar que el sereno le pega más el trasero.

Diez minutos después de eso, llegan a una casa de campo cercada con paredes en las que se ven cables eléctricos y cámaras de seguridad. El sereno escribe algo en la pantalla de su celular. Al ratito, se abre una de las hojas del portón. Ingresan.

“Sígame”, le dice con sigilo y vuelve a darle la espalda.

Los dos suben al segundo piso. Salaverry está en la antesala del dormitorio. El sereno se cuadra, saluda y se va.

“Entra”, instruye el asistente de José Luis a Pedro. “Desnúdate y métete al baño: tu padrino te espera allí”.

El chico se extraña pero acata. Ingresa, se quita toda la ropa, hasta el bóxer, se pone unas sandalias que parecen ser del tamaño de su pie y entra a la habitación que le señalan. Sabe bien cuál es. Ya ha entrado antes.

En la tina de la ducha, José Luis y Sandro se han acomodado de tal forma que el segundo parece estar sentado sobre el pubis del primero. Ambos se están besando con pasión. Pedro se sorprende un poco: no esperaba encontrarse con este varón, también de San Sebastián, a quien su padre detesta. José Luis deja de besar al otro pata y sonríe al ver a su ahijado:

“Ven, te estábamos esperando”.

Sandro  se separa un poco y cede su espacio a Pedro, quien, al asentar su culo sobre el cuerpo de su padrino, percibe que, efectivamente, la pinga está dura. La suya vuelve a ponerse erecta otra vez.

José Luis abraza a Pedro y abre la boca. Le acerca la cara. Pedro no sabe si corresponder el beso. José Luis lo nota:

“Tranquilo, aquí estamos en confianza”, le sonríe.

Con cierta vergüenza, Pedro aproxima sus labios y no solo saborea el aliento de su padrino sino que usa su lengua para explorar más adentro. Sandro se aproxima más y cubre la espalda de Pedro. Ahora el joven parece estar en medio de un emparedado.

José Luis al fin se suelta y habla muy bajo, casi susurrando:

“¿Cómo te fue en tu primer día?”

“Bien, padrino; avancé las planillas que me dijo y dejé todo listo para los desembolsos”.

“Genial. ¿y con tu gente?”

“Ya envié un tutorial del aplicativo”.

“¿Tutorial?”, interviene Sandro.

“en su momento, señor candidato; por ahora, baste saber que este jovencito va a ser nuestra pieza clave para justificar nuestras cuentas, y desde ya le digo que sus instrucciones están bien claras”.

José Luis vuelve a besar a Pedro en la boca.

“Claro”, asiente Sandro.

“Ahora… cachemos”, pide José Luis.

Sandro se pega más a la espalda de Pedro y comienza a frotar su pene erecto entre la raja de las nalgas y la espalda baja del chico.

“Tienes el culo durito”, le dice.

“Tú tienes el culo más duro”, interviene José Luis. “La bici te ha formado ricas nalgas”.

“¿Me las quieres probar otra vez?”, sonríe Sandro.

José Luis hace un gesto y Pedro se levanta. Sandro se apoya en el borde de la bañera y se abre de piernas. José Luis  se acerca, le palmea las nalgas, se las abre,y de inmediato comienza a lamarle el agujero del culo. Pedro mira la escena entre desconcertado y arrecho.

“Chúpame el ano”, pide José Luis a Pedro en un breve descanso del beso negro que le practica a Sandro. Pedro se arrodilla, busca las abultadas nalgas de su padrino. En aquella estrecha bañera, ya es posible ver un tren de hombres comiéndose el culo. Sandro gime y jadea.

La acción continúa sobre la cama  de José Luis. El exfutbolista se acuesta mientras Sandro se sienta encima de su verga, protegida por un condón,  y se la mete por el culo. Casi de inmediato, Pedro se acerca por detrás y también mete su pija, inusualmente también protegida por un condón,  dentro del mismo agujero. Comienza a bombear. Sandro jadea más fuerte tratando de no hacer más ruido.

“Así, cáchenme rico”, susurra.

Cuando está en lo mejor, Sandro dispara su semen sobre el abdomen y pecho de José Luis. Le es imposible contener su gruñido conforme llega al clímax.

José Luis prefiere reír. Pedro sigue desconcertado.

“Me gustaría conocer al profe que me dijiste, a ver si nos apoya en la campaña”, al fin articula el anfitrión.

“Ojalá se pudiera, pero esta mañana lo hallaron accidentado”.

“¿Cómo dices que se llama?”, repregunta José Luis.

“Francisco, pero en San Sebastián lo conocemos como Paco, y es de la nota”, responde Sandro.

Pedro reacciona al fin.

“¿Cómo se accidentó Paco?”

“¿Lo conoces?”, pregunta José Luis.

“No sé muy bien, pero parece que venía del campo en una mototaxi y cayó al canal con elmototaxista”, relata Sandro. “Los dos están en el hospital, graves”.

Pedro tiene un mal presentimiento. Mientras tanto, Sandro y José Luis pasan a ducharse. La  pinga de Pedro hace rato que perdió toda su erección.

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.


  

sábado, 19 de marzo de 2022

Proyecto Lujuria 6.2: La celebración por el comercial se vuelve una orgía


En la sala, César está sentado sobre el sofá mientras Sosa le mama la pinga alternándose con Escalante, a quien Fernando le practica un beso negro. Todos están totalmente desnudos. Gibrán hace una seña a Alexis y se van al dormitorio principal.

Fernando separa sus labios y lengua del ano de Escalante, se arrodilla, saca un condón de su pantalón tirado en el suelo, se lo pone en su pinga, y tras escupir un poco de saliva entre las nalgas, se la va metiendo de a pocos. Escalante se queja bien quedo mientras sigue mamando el pene a su camarógrafo, lo que Sosa aprovecha para besarlo en la boca:

“Métemela le dice en la oreja.

“Siéntate encima”.

Abelardo  se pone de pie, y mientras César se acomoda, se pasa saliva por su ano, se mete un poco el dedo y se sienta encima. Comienza a rebotar cuando tiene todo el falo rellenándole el agujero del culo.

Al interior del dormitorio, Alexis y Gibrán disfrutan un sesenta y nueve, en el que combinan indistintamente fellatios y besos negros. Tras varios minutos, el primero empuja al otro chico hacia adelante mientras se repliega hasta arrodillarse y, aprovechando la lubricación natural de su pene erecto, lo penetra por el ano, y comienza a bombearlo rítmicamente.

“Así, rico, así, hazlo así”, anima el dueño de casa.

“¿Te gusta cómo te la meto?”

“Me encanta”.

En la sala, , Sosa recibe al mismo tiempo las vergas de César y Fernando en su culo, en tanto que se la chupa a Escalante. No tarda mucho en que la leche del director de reparto se dispara dentro de su boca.

“Como en los viejos tiempos”, le susurra.

Los otros dos penetradores todavía tienen para rato.

En el dormitorio principal, Alexis bombea con mucha mayor fuerza hasta que preña con su leche el recto de Gibrán; entonces lo pone boca arriba, y le chupa la pinga hasta que eyacula en la boca.

Cuando regresa a la sala, Escalante lame el esperma que Fernando y César han disparado entre las nalgas de Abelardo, mientras los dos muchachos descansan a un lado, besándose en la boca:

“¿Tienes leche para un segundo round?”, consulta el venezolano.

“Será de probar”, sonríe el camarógrafo.

Alexis se prepara otro trago, mientras al fondo Gibrán entra al baño. Se sienta junto a Fernando y comienza a acariciarle los muslos y la entrepierna mientras da sorbos a su cuba.

“Pensé que ya no regresabas, chamo”, le sonríe.

Alexis le corresponde.

Escalante ahora está entre las piernas de Sosa chupándole la pija hasta que evidentemente el ex futbolista llega al orgasmo. Gibrán regresa a la sala y se sienta al lado de Alexis.

“¿Quedaste insatisfecho, papi?”

“¿Y tú?”

“También”, sonríe.

Ambos se besan en la boca. Escalante los interrumpe.

“¿Tendrás más hielo, por favor?”, consulta con cierta impertinencia.

“Claro”, responde el anfitrión. “Iré a buscar a la cocina”.

Apenas Gibrán se levanta, Escalante ocupa su lugar.

“Te armaste bien con el chibolo, ¿no?”, palmea burlonamente el enorme muslo de Alexis.

“No seas rochoso”.

“Yo no volví a las andadas con el perdedor de Cruzado, te recordaré”.

“No hables así de Evandro”.

Gibrán regresa con el hielo.

“Tranquilo, Alex”, vuelve a palmear el muslo Escalante. “Cuando ella vea que necesita abrir otra función, ya verás”.