lunes, 2 de enero de 2012
sot/2012-01: El vecino
15NOV11
9:17
Uno de los colegas me pide que le cuide su casa, debido a que planea irse de vacaciones con su familia, aprovechando el fin de año. Yo acepto.
2DIC11
17:32
Con las llaves en mi poder, llego a la casa de mi colega. Traigo una mochila con alguna ropa. Paso la primera tarde viendo televisión, aburrido.
3DIC11
15:22
Luego del trabajo llego a la casa. En la casa del costado hay un civil, como de mi edad, que me ve llegar y me saluda cort´´esmente.
15:40
Salgo a arreglar unas cosas en el jardín. Allí está el civil. Me vuelve a saludar. Se le nota tranquilo. Debe medir 1m65, y luce un polo y un short que me hacen pensar que practica mucho deporte, pues tiene cuerpo esbelto y músculos marcados. Destacan sus glúteos. Por hacerle conversación, le pregunto dónde hay una tienda cercana. Me da la información, y comenzamos a conversar.
18:35
Regreso tras jugar un partido de fulbito. Comienzo a desvestirme para tomar una ducha. Apenas me he quitado las zapatillas y las medias, cuando alguien toca el timbre. Es el civil, trayéndome un recibo de la casa de mi colega, que lo dejaron más temprano.
Lo invito a pasar, y comenzamos a charlar. Es técnico de computación, y trabaja en una oficina pública. Su manera de hablar me revela que podría gustarle la nota, en especial por la manera cómo se me queda mirando a los ojos, y a mis piernas, que las tengo musculosas y velludas.
Descubre unos DVD de música de mi colega. Le digo que, si desea, los puede ver.
Yo aprovecho para ir a desvestirme y entrar a la ducha.
18:55
El vecino me pasa la voz. Le digo que estoy en el baño, afeitándome. Cuando lo escucho, está en la puerta del baño. Sólo visto unos calzoncillos tipo bikini. Nos quedamos en silencio, hasta que él se despide del todo. Noto que ahora me mira con cierta lascivia y timidez. Debajo de mi ropa interior, mi pene está en semi-erección.
6DIC11
16:22
Regreso del trabajo. Encuentro al vecino en su jardín regando. Me acerco a saludarlo, y le comento que traje unos DVD del Grupo 5, por si le interesa verlos.
17:40
El vecino llega. Yo he trasladado el televisor y el reproductor de DVD al cuarto de mi colega, para mi mayor comodidad, frente a su cama. El vecino y yo nos acomodamos para ver los videos. Visto sólo una bermuda y un polo. Genero una erección, y hago lo posible para que el vecino la vea, tocándome y acariciándome la pelvis y la entrepierna.
17:55
Mi plan resulta: confirmo que el vecino mira de reojo mi erección.
18:03
El vecino alaba mi bermuda. Le digo que el material es suave, que lo toque. Él procede, pero tímidamente. Lo exhorto a que verifique la calidad de la tela. Entonces, comienza a pasear su mano por mi bermuda hasta que se topa con mi pene erecto. No me hace ningún comentario, pero duda si seguir.
Me desabrocho la bermuda y le digo que la tela es fresca por dentro, que la toque. Él procede. Mientras toca el forro interior, su mano roza mi pene erecto bajo mi bikini. Al fin me hace una pregunta al respecto. Le respondo como no dándole importancia, pero que no me molestaría en que lo averigüe él mismo.
El vecino mete su mano dentro de mi bikini, y comienza a tocarme mi pene erecto, que está húmedo debido a mi líquido pre-seminal.
Súbitamente, él saca su mano de mi interior, se levanta y dice que nos veremos después, que tiene que hacer.
Lo despido, pero quedo con la duda de si me he propasado o no.
8DIC11
17:09
El vecino va a verme para preguntarme por un libro que tenía mi colega. Le digo que si quiere lo busque, y me voy al cuarto.
A los pocos minutos él ingresa. Yo estoy viendo un documental en un canal de cable. Él lo mira también, y se viene a sentar a mi costado, en la cama.
Yo sólo visto mi bermuda, ya que una vez que termine el documental. pienso ir a bañarme.
Vuelvo a generar una erección, y me quito la bermuda. Cojo la mano del vecino y la traigo sobre mi ropa interior para que me sobe mi miembro. Lo hace. Luego le pido que lo sobe por dentro. Lo hace. Yo me bajo un poco la prenda y dejo al descubierto mis genitales. El vecino comienza a masturbarme, y a acariciarme el vello púbico. Tengo una placentera sensación ya que mi fluído pre-seminal me lubrica y permite que la manipulación de mi pene sea suave. De vez en cuando también me acaricia los testículos.
Muy amablemente le pido que me haga sexo oral, pero él se niega con mucha dificultad. A pesar de todo, nuevamente explora con sus manos mi pene, mi vello púbico y mis testículos. Los acaricia con su suave palma.
Tras unos minutos, se levanta, se despide, y se va a su casa.
Debido a mi estado de excitación sexual, decido masturbarme en el baño, fantaseando con él. Logro un orgasmo que no había sentido en mucho tiempo, además de tener una eyaculación potente y abundante.
10DIC11
23:10
El vecino y yo coincidimos en una discoteca. Ambos estamos con nuestros respectivos grupos de conocidos, pero de vez en cuando nos tratamos de ubicar entre la multitud.
11DIC11
2:36
Salgo de la discoteca, y decido ir a la casa, algo frustrado porque una chica a la que estaba seduciendo me rechazó y se fue con otro muchacho, que resultó siendo su amante de turno.
Justo en la puerta de salida, me encuentro al vecino, despidiéndose de sus amigos.
Le pregunto a dónde va, y me confirma que también va para su casa. Tomamos movilidad juntos.
2:52
Llegamos a la casa de mi colega. Lo invito a pasar, pues tengo algo de trago en la refrigeradora. Él acepta.
Nos ponemos a conversar.
3:18
El vecino bosteza, le digo que si quiere, puede descansar allí conmigo. Acepta, después de pensarlo un poco.
Nos vamos a la cama de mi colega. Comienzo a desvestirme hasta quedarme desnudo, tomo una toalla y me voy a la ducha. Dejo la puerta abierta.
En un par de minutos, él llega al baño, totalmente desnudo. Me pregunta si podemos compartir la ducha. Acepto. Comienzan los primeros toqueteos, y confirmo que tiene unas nalgas firmes y algo desarrolladas. a diferencia de mi, él es lampiño y se rasura su vello púbico. su pene mide unos 13 a 14 cm en erección.
3:32
El vecino y yo vamos desnudos a la cama. Me acuesto sobre él, y comienzo a besarle el cuello, luego los labios, hasta que le hago un beso francés. Él me acaricia la espalda con mucha ternura, y se abre de piernas, las que eleva hacia mis nalgas. Yo comienzo a sobar mi pene contra el suyo, aprovechando que mi fluído pre-seminal es abundante y permite que ambos miembros se lubriquen. Él comienza a jadear y gemir.
Me ruedo para hacer que él quede encima mío, y comienza a explorarme con su boca, desde el cuello hasta que llega a mi vello púbico. Me chupa un testículo, luego el otro, y atrapa los dos en su boca. Experimento mucho placer.
Le pido que me chupe el pene, y él acepta. Entonces, me hace un suave sexo oral con su boca cálida. Como soy incircunciso, me jala la telita del prepucio y usa su lengua para lammer por dentro, incluyendo mi glande. Luego sigue succionando.
Vuelve a besarme desde mis genitales hasta el cuello. Nos damos un beso en la boca.
se coloca de tal forma que mi pene erecto queda entre sus nalgas, las que usa para masajearlo.
En un momento determinado, se sienta sobre mis caderas, alza su trasero, se soba el glande de mi pene en su ano, y, tras ponerle un condón, comienza a introducírselo.
Se nota que le duele, porque la penetración completa se concreta tras varios minutos, y su gesto de dolor es evidente. Le digo que se relaje, respire profundo, y así reducir el dolor, técnica que funciona. Cuando eso sucede, él comienza a mecerce. Percibo que su ano es estrecho, por lo que mi pene queda muy apretado allí adentro.
Vuelvo a rodar hasta quedar en cúbito dorsal, y comienzo a batir mi cadera tan rápido como puedo. Aunque dice dolerle, me pide que no me detenga. Así puedo graduar la velocidad de mi penetración, y de vez en cuando saco todo mi miembro y se lo vuelvo a introducir con suavidad. mientras que él, con sus piernas, me atenaza la cintura.
Luego ruedo otro poco para quedar en la posición de piernas al hombro. Él comienza a masturbarse. Logra una eyaculación en pocos minutos. Luego, lo hago yo.
4:55
Anbos quedamos rendidos sobre la cama, desnudos.
10:09
El vecino se despierta, me pasa la voz y se va a su casa, tras lavarse y vestirse. Yo continúo durmiendo.
18:16
El vecino viene otra vez, trayendo un DVD con una película para adultos. La vemos juntos y volvemos a hacer el amor.
Es un buen amante, pero lo instruyo para que sea precavido y discreto, de tal modo que podamos seguir disfrutando de nuestros encuentros.
CONCLUSIÓN
Tras aquel primer encuentro, tenemos relaciones sexuales cada dos a tres días. Es un excelente amante, pero tengo que empezar a planear dejarlo, pues mi colega regresará pronto, y no quiero que el vecino se acostumbre a mi. Me costará dejarlo, pero, con tal de su beneficio y el mío, es lo mejor. Ya veré cómo hacemos para seguir teniendo sexo en el cuarto que alquilo.
Elaborado el 23DIC11 por SOT para Hunks of Piura Entertainment. © 2011.
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domingo, 9 de septiembre de 2012
Fantasías: El ayudante del chofer
Estaba viajando de Huancabamba a Piura. Era de noche. Venía de hacer una supervisión, y el bus estaba particularmente vacío. De hecho, en la hilera de asientos donde yo estaba, no habían pasajeros.
Desde que salí de esa ciudad, me llamó la atención el ayudante del chofer: un muchacho, como de 25 años, cuerpo bien formado, sin llegar a ser musculoso, algo blanco, ojos marrones claros, cabello lacio, algo castaño, y una sonrisa agradable.
El chofer lo trataba como “Colora’o”.
Vestía un polo blanco pegado y un jean pitillo, lo que dejaba ver unas piernas bien desarrolladas y un trasero que, sin ser grande, parecía firme y sexy. Constantemente se paseaba por el pasillo, para ver los sitios vacíos, así que era imposible no verlo y alucinar con su figura.
Así, pasando las horas, me quedé dormido.
Cuando desperté, vi a través de la ventanilla, pero no reconocí el Terminal de Castilla, donde llegan los buses. El mío estaba detenido.
Cogí mis cosas, y me dispuse a bajar cuando por la puerta del pasillo, apareció el “Colora’o”.
- Disculpa, ¿dónde estamos?
- En el terminal, amigo.
- Pero, ¿cuál terminal?
- ¿Por qué? ¿Dónde debías bajarte?
- En Castilla.
- Uhhhh… estamos bien lejos. Me hubieras dicho para pasarte la voz.
- Puta. Yo no conozco por acá.
- Pero hay buenos hoteles, por acá.
- Es que… no tengo plata para un hotel. Lo que me queda es para mi taxi, que me lleve a mi cuarto.
- Así, conversando, me di cuenta que él se iba hasta el fondo del bus y sacaba unas cobijas, las tendía en el suelo.
- Mañana tempranito regresaremos a Castilla.
- Y tú, ¿dónde vas a dormir?
- Aquí en el bus.
- Nos miramos por un momento.
- Mira, pata. Si quieres puedes quedarte aquí a dormir, y mañana tempranito te regreso a Castilla.
- ¿qué otra opción tengo?
- Entonces, el chico se sacó el polo. Su torso lampiño era espectacular: dos pectorales bien formados, y un abdomen lleno de cuadritos, además de unos brazos bien definidos. De inmediato, se quitó su pantalón, dejando ver esas piernas de futbolista, marcadas y amplias. En ese momento, lo único que vestía era un slilip blanco entallado, que le marcaba un considerable paquete, y un par de medias deportivas. Se echó sobre las cobijas.
- Yo seguía sorprendido por la naturalidad con la que se quitó la ropa. Me senté en un par de asientos, y me acomodé para pasar la noche. No quería que se diera cuenta que aquel cuerpo me había excitado.
- ¡Pata! ¿Dónde estás?
- Aquí, en este asiento.
- Allí vas a dormir incómodo.
- ¿Qué sugieres?
- Acá tengo espacio.
- Me levanté y avancé hasta donde él estaba. Se había acostado de lado.
- ¿No te da frío?
- El bus está bien cerrado. De aquí comenzará a hacer calor. Acuéstate aquí. Estarás más cómodo.
- No lo pensé tanto, y me acosté a su lado, totalmente vestido.
- ¿Vienes de Huancabamba, no?
- Sí. Estaba haciendo una supervisión.
- De pronto, comencé a sentir calor. El “Color’ao” lo notó.
- Sácate la ropa. No te ahueves. Somos hombres, ¿no?
- Me levanté, y me saqué mi chompa, mi camisa, y mi pantalón. Debajo tenía un boxer blanco y mis medias. Volví a acostarme.
- Carajo, pata. Estás en forma.
- Con el tiempo que tenía, cuando podía iba al gimnasio, a hacer full.body y algo de pesas. Pero mi plato fuerte era mi culo.
- Se hace lo que se puede.
- Oye, y ese es un boxer, ¿no? Parece un material medio raro.
- Sí. Lo compré en Lima.
- ¿Puedo tocarlo? Digo… si no te incomoda.
- No. Normal.
- El “Colora’o” pasó su mano por mi cadera, y fue como si hubiera activado una terminal eléctrica.
- ¿Te incomodé?
- No. Es que… ¿cómo te lo digo?... Activaste una zona sensible.
- Ala puta. Ddisculpa.
- Normal.
- El “Colora’o” siguió acariciando mi cadera, y me fue imposible contener mi erección. A la mierda, dije. Dejé que mis 16 centímetros se marcaran.
- Mi zona sensible es el cuello. Me arrecha cuando me lo besan suavemente.
- Igual yo. Casi todo mi cuerpo es sensible. Por eso procuro no toparme con las demás personas.
- Pero aquí donde estamos, eso sucederá de todos modos.
- Digamos que en el poco tiempo que hemos conversado, me inspiras confianza.
- Gracias. Tú también.
- El “Colora’o” deslizó su mano, un poco más arriba, hacia mi cintura. Suspiré.
- Pata, parece que estás arrecho.
- La verdad, sí. No sé… si pudiera… acariciarte.
- Claro. Con confianza.
- Pasé mi mano por su cadera y su cintura. De inmediato, él me abrazó, y juntó sus labios a los míos. Fue un cálido beso. Comencé a saborear sus labios, y, de pronto, mi lengua exploraba su boca. Él me abrazaba fuerte, y fue cuando pude sentir su pinga dura. No reparé en el tamaño, pero, en ese momento, sólo quería sentir sus labios.
- Su mano se metió en mi boxer, y comenzó a acariciarme una de mis nalgas. Yo hice lo mismo: las tenía duras.
- Así, giramos un poco, y logré que su cuerpo descansara sobre el mío. Abrí mis piernas y rodeé su cintura. Él comenzó a mover su cadera, frotando su verga contra la mía.
- Sentí cómo su boca besaba tiernamente mi cuello. Yo comencé a gemir. Sus labios recorrieron mis pectorales, y chupó mis dos tetillas. Siguió por mi abdomen, hasta llegar a mi boxer. Se arrodilló, y me lo quitó. Besó mis piernas, y fue subiendo hasta llegar a mis nalgas.
- Lo siguiente que sentí, fue su lengua lamiéndome el ano. Comencé a masturbarme. Estuvo así varios minutos, logrando dilatarlo. Entonces, se puso de pie, y se quitó su slip. Una hermosay gruesa verga, algo desviada a uno de los costados, saltó. Calkculo que tendría unos 17 a 18 centímetros.
- Se arrodilló de nuevo, puso mis piernas en sus hombros, y comenzó a sobarme su palo en la raja de mi culo.
- ¡Quiero cacharte, pata!
- ¿qué esperas?
- ¿Tienes forros?
- En el bolsillo de mi mochila.
- En pocos segundos, el “Colora’o” protegía su rica pinga con el latex, se arrodilló de nuevo, y en ese piernas-al-hombro, comenzó a introducirme su miembro.
- Cuando la cabeza de su pene entró en mi ano, sentí un extraño dolor. Por un lado, la incomodidad de la penetración, pero por otro, la arrechura del momento, hizo que pidiera más: la quería toda adentro.
- Despacio, ese pedazo de carne erecto fue entrando hasta que nada quedó fuera. Entonces, el “Colora’o” comenzó a bombearme suavemente, mientras sus manos recorrían todo mi cuerpo. Yo también comencé a acariciarlo. ¡Qué suave era su piel!
- ¿Te gusta cómo te cacho, pata?
- Cachas de la puta madre.
- Entonces me sacó su pinga, se puso de pie, hizo que me parara, y me pidió que me apoyara en uno de los asientos. Mientras yo veía la ventanilla del bus, él me cogía las nalgas, y me la metía de nuevo. Esta vez comenzó a bombearme con fuerza, haciendo que sus caderas sonaran cuando chocaban con mis nalgas. Gemía fuerte. Yo también.
- ¡Qué rico mueves tu culo, pata! ¡Sigue así! ¡Ahhh!
- Con una de mis manos, le agarré su nalga izquierda, se la estrujé, luego la metí debajo de mis huevos, y le acaricié los suyos.
- De pronto, comenzó a gemir más fuerte, y a incrementar la velocidad del bombeo.
- ¿Te gusta cómo te cacho?
- Sí, Colora’o. Destrózamelo.
- Dicho esto, hizo que me pusiera de pie, y que me acostara boca arriba en el otro par de asientos, justo donde estaba mi mochila. Me levantó las piernas, me la metió de nuevo, y comenzó a bombearme velozmente.
- Esta vez no censuramos más los gemidos, y todo ese espacio se llenó de ellos. Aproveché para masturbarme de nuevo, lo que había dejado porque sentía que la leche se me iba a salir.
- ¡Las voy a dar, pata. Las voy a dar!
- Sacó su pinga, le quitó el condón, se la sobó fuertemente, y chorros de leche espesa aterrizaron sobre mi abdomen y pecho. Casi de inmediato, mi leche salió y se mezcló con la suya. Lo miré, jadeando, cerré los ojos fuertemente y…
- ¡Pata! ¡Pata! Llegamos al terminal.
- Estaba recostado sobre los dos asientos, pero vestido. El “Colora’o” me estaba pasando la voz.
- ¿Dónde estamos?
- En el terminal de Castilla. Ya llegamos.
- Agarré mi mochila, y comencé a caminar para salir del bus. Estaba vacío.
- Cuando llegaba a la ppuerta, el chico me detuvo.
- Pata, ¿conoces aquí hospedajes para pasar la noche?
- ¿No tienes familia aquí?
- No. ¿Sabes de alguno?
- Reflexioné un rato.
- Oye, ¿y por qué mejor no vienes a mi cuarto? Es aquí en Miraflores.
- No, pata. No te quiero incomodar. Además, apenas me conoces.
- ¿Tienes otra opción?
- El “Colora’o” lo pensó por unos segundos. Me dijo que esperara y fue a sacar sus cosas.
- Ya pues, vamos.
Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Los nombres son ficticios. Contacta al autor: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.
miércoles, 6 de febrero de 2013
SOT-2013-006: El precio...so
26ene2013
22:00
Despierto en el calabozo. Sólo tengo mi ropa interior puesta. Estoy tratando de hacer memoria de todo lo pasado durante el día. Me siento desorientado, como cuando amanecí en aquella choza en plena selva.
Alguien entra. Es un colega joven, en ropa de civil. Con la poca luz existente, veo que tiene un rostro amable, por decirlo menos, y un físico algo formado.
“Buenas noches. Vine a ver cómo se encuentra”, me dice, educado.
“Vivo, creo”, le respondo.
“Mire: creo que sabe por qué está aquí. A la institución no le parece bien que se divulguen ciertas… intimidades. Merman la moral del personal”.
No respondo. No entiendo qué tiene que ver una cosa con la otra.
“Una institución tiene reglas, y hay que cumplirlas”, insiste.
“¿qué quieren de mí? Me mandaron a morir a esa selva. ¿Quieren que muera aquí? ¿Igual que los militares?”, espeto.
El mmuchacho carraspea. “Voy a trasladarlo a otro lugar, donde estará más… cómodo; pero no podré liberarlo hasta recibir órdenes”.
“Están obligados a reinstalarme”, replico.
“Como le dije, sólo sigo órdenes”.
23:12
Una ducha fría me relaja. Ésta es otra área que desconocía. Son una especie de celdas, como una pequeña cárcel.
Me llama la atención que me dejaran ver la hora, y que ya estoy como diez minutos bajo el agua, con un jabón decente, y una toalla.
Entonces, el colega joven aparece: “Séquese. Fin del baño”.
Me da la impresión de que no sólo me ve a los ojos, sino que la mirada se le va por todo mi cuerpo; aunque podrían ser ideas mías.
23:45
Aunque me han sugerido dormir, lo único que hago es revolcarme en la cama que me dieron. Es cómoda, al menos. Sólo estoy cubierto por la toalla, pues me incomoda dormir vestido con algo.
El colega joven, antes de irse, me pidió reflexionar sobre mi conducta: el haber permitido que se conozcan las historias de cómo quienes trabajanmos brinando seguridad, y tenemos una orientación hacia las personas de nuestro propio sexo, disfrutamos.
Recordando cada una de esas historias, sólo consigo excitarme. Veo y verifico que esté solo. Comienzo a masturbarme, pero trato de no llegar al orgasmo.
Me quedo dormido.
27ENE2013
6:58
Mi colega joven llega a despertarme. Me pregunta si dormí bien. Sonrío sarcásticamente.
Debajo de la toalla que usé de cobija, mi pene amanece erecto, así que flexiono una pierna para que no se note.
Jala una silla, y se sienta a mi costado.
“No sé si conoce la historia de este culturista chiclayano, el que ganó un título nacional”, comienza a decirme.
“¿Se refiere al que salió en una web posando calato?”.
“ese mismo. Sabe que la Federación quiso quitarle el título”, continúa.
“Sin ninguna base. La cosa quedó allí. Si lo hubieran hecho, el chico pudo haberlos demandado por conducta discriminatoria”, alego.
“Posiblemente. Pero eso lo iba a exponer más. ¿Ha visto lo que se comenta de él en Internet?”
“Y aunque sea cierto, ¿qué tiene que ver? Su deporte es caro. ¿Acaso la Federación está dándole plata para que entrene con todas las de la ley? Usted y yo sabemos éso”.
Ese es el punto, colega, que lo legalmente permitido no siempre es socialmente aceptado. No es… políticamente correcto”.
“¿Qué otra opción tiene? Si viene a darme clases de moral, le recuerdo que mucha gente nos ve mal, porque coimeamos. Al menos, ese chico se la gana por su cuenta”.
Mi interlocutor carraspea de nuevo, y se queda mudo por unos segundos. “Báñese. Ahora le traigo su desayuno”.
11:22
El colega regresa. Trae mi ropa. Oculto mi alegría.
“¿sabe, colega? El muchacho del que hablamos más temprano volteo su tortilla”.
“¿a qué se refiere?”
“en su cuenta de Facebook, dice que está trabajando con una firma de suplementos. Parece que quien lo jaló es un culturista de acá, sobre el que también se comenta que por unos verdes grandes, le da el trasero, o lo que quiera”.
“¿Cuál es el punto?”
“¿qué daría por ser libre… SOT?”
“Depende de cuánto cueste mi libertad”.
12:10
La ropa de mi colega joven está sobre el suelo. Toda.
Estoy acostado sobre la cama que me dieron, con las piernas un poco separadas, desnudo.
Mi colega me chupa mi pene, ya duro, tratando de succionarlo todo. Mis 19 centímetros no caben en su boca.
Luego me lame y succiona los testículos. Levanto un poco las piernas para que su cara recorra mejor mis genitales. Entonces, él baja por el perineo… y llega a rozar mi ano con su lengua. Hace que levante más mis piernas, y se queda allí por largo tiempo. Siento cómo uno de sus dedos se coloca en la entrada de mi orificio, y comienza a estimularlo. Alterna lengua y dedo. Me excita sobremanera.
Regresa a mis testículos y pene, al que devuelve su dureza.
Minutos después, me coloca un preserbativo, y comienza a sentarse sobre mi cadera. Mi miembro ingresa poco a poco en su recto. Jadea, y comienza a cabalgarme. Lo cojo de sus caderas, y le acaricio los costados. Él sólo jadea.
Luego se inclina. Busca que lo bese en la boca, y lo consigue.
Su cuerpo es formado, como dije, no voluminoso, pero tiene todos los grupos musculares marcados, especialmente los abdominales. A lo mejor practica karate.Aprovecho para bombearlo.
Después, se coloca en cuatro patas, y desde atrás lo fornico. Le acaricio la espalda. a veces se la beso. Mi cadera suena al chocar contra sus grandes nalgas. Su cuerpo es armónicamente bello, sin vellos.
Tras ello, se acuesta boca arriba, levanta sus piernas, y hace que lo penetre. Lo bombeo con fuerza. Se masturba, y se viene sobre su abdomen.
“Dalas, que me duele”, me dice.
Saco mi pene, me lo corro, y eyaculo, gruñendo sordamente.
13:14
Tras bañarnos y vestirnos, me hace firmar una papeleta de salida. Puedo ver que allí dice que debí abandonar el lugar ayer al mediodía. Se lo observo.
“Como te dije, cuánto cuesta tu libertad”.
Comprendo. Me dispongo a salir. Me retiene.
“Si quieres, cuenta lo que pasó aquí. Pero si pones mi nombre, ya sabes”.
Me besa en la boca.
“Tranquilo”, le digo.
“ah. Y no entiendo, por qué no renuncias y haces una carrera en el porno. Tienes potencialidades: buen cuerpo, resistencia, buena pinga”.
“Me gusta mi trabajo”.
“Tu pinga es más grande que la del chiclayano”, me dice, y sonríe.
“A ver si nos atraca un trío”, le respondo sonriendo.
22:47
Despierto sobresaltado. Afuera, las luces de la calle pasan velozmente.
“¿sabe dónde estamos?”, me pregunta un chico en el asiento de mi costado.
Veo de nuevo por la ventana.
“Barranca”, le digo.
“¿Cuánto falta para Piura?”
“Como doce horas”.
“espero no aburrirte”.
28ENE2013
16:29
El hotel donde me citó mi compañero de viaje no es ostentoso. Toco la puerta de la habitación. Me abre.
Nos abrazamos como viejos conocidos, nos besamos como los últimos amantes, hacemos el amor como animales hasta expulsar nuestro semen casi al mismo tiempo.
“¿Te sucede algo?”, me dice.
“Nada. Es bonito volver a casa”.
Escrito por SOT. ©2013 Hunks of Piura Entertainment. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com
jueves, 26 de diciembre de 2013
Kyrie
Por: Hunks01
Perdóneme, Padre, porque he pecado. Me acuso de haber tenido una conducta impropia con un desconocido.
Todo comenzó ayer, cuando mi amiga Giuliana me pidió que la acompañara a probarse su traje de novia. A pesar que le dije que me iba a aburrir, ella me insistió. Pero justo antes de llegar a su destino, le dije que iba a alquilar media hora de Internet, y luego la pasaba recoger.
Estaba viendo una porno amateur de dos chicos en el campo, cuando la ventana de un sitio de contactos gays se iluminó. La abrí. Era un tipo que dijo haber visto mis fotos, que le gustaban, que dónde estaba. Me puse a conversar con él. Me dijo que estaba en la ciudad, porque no es de acá, y que si podíamos encontrarnos.
Me faltaban nueve minutos para que se acabe mi tiempo.
Le mandé un mensaje a mi amiga. Nada.
Hace más de una semana que no tengo nada con nadie, y casi a diario aprovechaba para masturbarme en la ducha.
Cinco minutos antes de que se acabara mi tiempo, decidí ir a su encuentro. Me incomodaba dejar a mi amiga, pero pensé que esta oportunidad no se presentaría tan rápido.
Llegué a donde me había citado: un hospedaje sencillo, casi oculto, en una calle tranquila y perdida del centro de la ciudad. Pregunté por Rolando, como me dijo.
El recepcionista me indicó el cuarto (por cierto, a este chico lo he visto un par de veces en el baño del cine porno).
Tras tocar la puerta de la habitación, un tipo blanco, cabello y vellos castaños (por casi todo el cuerpo), ojos verdes, tan alto como yo, me atendió.
Su habitación era sencilla en extremo. Una cama, una mesa, una silla, una mesita de noche, y su maleta a medio abrir. Noté que sobre la mesa había un libro de Filosofía, unos papeles en blanco sobre los que, de seguro, escribía algo, y un bolígrafo.
Me pidió no estar nervioso, me dijo que en persona era mucho mejor que en las fotos de Internet. Soy flaco pero no huesudo, formadito mas bien, algo velludo, trigueño tirando a moreno, y encima zambo.
Rolando sólo tenía puesto un boxer; Me pidió que me desvistiera. También me quedé en boxer.
Se acercó y comenzó a acariciarme el pecho, me rodeó hasta la espalda, aproximó su cuerpo y comenzó a besarme en la boca. Le correspondí. Poco a poco, fuimos excitándonos, digo, era evidente por lo que ocurría debajo de nuestros boxers. Se arrodilló un poco y me quitó el mío. Se quedó sorprendido de ver lo que escondía debajo de él.
Me preguntó si realmente eran dieciocho centímetros, porque le daba la impresión de que era más.
Comenzó a hacerme… sexo oral.
Se quitó su boxer, y me pidió que también le hiciera sexo oral. Accedí. Lo suyo es algo más pequeño que el mío.
Me preguntó si tenía preservativos. Nada. Aún así, me acostó sobre la cama, se acostó sobre mí, y comenzó a rozarme todo su cuerpo. No parábamos de acariciarnos, incluso nos ingeniamos para rodar acostados, ya que sólo había espacio para una persona. Estuve largo rato encima suyo, y luego regresé a estar debajo. Luego me pidió que le dé la espalda, y volví a sentir su peso y cómo mecía su cadera, hasta que, tras un profundo suspiro, eyaculó. Pude sentir su tibio fluído entre mis nalgas.
Me bañé, me vestí, agradecí y salí del hospedaje. Fue cuando prendí mi celular. Giuliana me había respondido: se iba a demorar otra hora más.
Y por ella estoy aquí. Se casará dentro de una hora, y vengo a pedir la absolución, pues pienso comulgar. ¡quiero compartir el gozo de este día!
Así que, Padre, acepto la penitencia que me corresponde… aunque creo que será compartida.
Sí. No me mire con esa cara.
¡Perdónanos, señor, porque hemos pecado!
No olvide que usted, Padre Rolando, fue la persona que me citó a ese hospedaje.
© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Los nombres y situaciones fueron cambiados. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.
Producida con el Método Writting Fitness. Más información aquí.
sábado, 10 de diciembre de 2011
El chico de la tribuna
La rutina de todas las noches era ir como a las diez, ver algo de tele, y meterme en la cama.
Pero esa noche de sábado no pude dormir. Por más que vi tele, me revolqué en la cama, y traté de relajarme para descansar, no pude.
Fui a la biblioteca de la casa, y cuál sería mi sorpresa al encontrar una vieja revista porno entre los libros. Porno hetero, pero porno al fin y al cabo.
La comencé a hojear, y a enfocarme en las fotos de páginas completas, donde sementales metían sus grandes vergas en las chuchas de las modelos.
Supondrán que, lejos de poder dormir, me desperté aún más, y no sólo mi cabeza, sino adentro de mi pantaloneta.
Decidí no masturbarme, y mas bien, subí al techo de la casa, con la esperanza de que el viento fresco me relajara.
Al llegar al descanso y poder ver a la calle, me di cuenta que estaba vacía. Al fondo, la plataforma deportiva estaba casi oscura y sin la gente que pelotea todos los días.
De pronto, me llamó la atención algo en la tribuna: dos personas en arrumacos. afinando más mi visión, pude percatarme que eran un pata y una jerma. Ambos se besaban, abrazaban. Una cita romántica, me dije, y regresé a tratar de dormir.
Prendí la tele de nuevo, revisé la porno y la dejé en la mesita de noche... una hora y nada de pegar los ojos.
Probé de nuevo con el viento fresco, y regresé al descanso de la escalera. La calle seguía vacía, la plataforma también. En la tribuna ya no estaba la pareja, pero sí un bulto raro, como acostado.
Era un poco mas de la medianoche, y me quedé viendo a aquel bulto. No se movía. Me preocupé, y creí que debía ir a investigar. Claro que me arriesgaba a cualquier cosa, pero, más pudo mi curiosidad.
Tomé la llave, un cortauñas (por sí las moscas), y salí. En cinco minutos estaba junto a la tribuna. Se trataba de un hombre que parecía dormido. Me acerqué más y lo toqué para verificar que de veras estuviera dormido. El pata se despertó asustado.
"¿qué haces aquí?", le dije.
"Nada. Duermo".
"¿Aquí? ¿Y si te pasa algo?"
"Siempre me he quedado dormido acá y no me ha pasado nada".
Connversando, me enteré que él vivía del otro lado de la ciudad, pero se había hecho tarde y ninguna mototaxi pasaba por ese sitio.
"¿Por qué no vienes a la casa que estoy cuidando? Hay espacio para que te quedes dormido, además el frío te puede joder".
Lo pensó un rato, y aceptó de mala gana.
Al ponerse de pie, me di cuenta que era un poco más alto que yo, de rostro agradable, y voz afable. Estudiaba Educación Secundaria, y su especialidad es la Química.
Llegamos a la jato, entró. Mi plan era acomodarlo en el mueble que estaba cerca a mi, pero era muy chico para su estatura.
"Mas bien vente a la cama".
"Pero tú estabas durmiendo allí".
"Puedo acomodarme en el mueble".
Quedamos en que se quedaría hasta antes de amanecer, cuando las primeras mototaxis llegan por ese barrio, y se pueda ir a casa.
Caminó hasta la cama, y se encontró con la revista porno.
"¿Y esto?"
"No sé. Lo encontré en la biblioteca".
La hojeó.
"¿Estás seguro que me fuiste a buscar porque creías que necesitaba un lugar abrigado?"
"Bueno, sí.
La verdad me sentí descubierto, porque una de las razones que me animó a buscarle era la posibilidad de aventura, y el pata no estaba nada mal.
"¿Bueno, si te ofendo, disculpa".
"Oye, dime la verdad: tú quieres otra cosa, ¿no?"
"¿Otra cosa?"
"Claro... como lo que pasa en esta revista".
"Como te dije, no era mi inten..."
"Normal. No te paltees".
Se acercó a mi, y me tomó de los brazos. Comencé a sudar frío. Me los acarició entonces.
"Abrázame", me dijo.
Me estreché contra su pecho fuertemente. Él aprovechó para acariciarme la espalda, me levantó la barbilla y me besó en la boca. Fue un beso dulce, diferente. Su lengua y la mía luchaban sin violencia, como si danzaran juntas.
Pude sentir que, debajo de su jean, tenía su palo duro, pero no podía precisar cuánto. El mío estaba latiendo a mil.
Me sacó el polo; hice lo mismo: él tenía un grandioso torso, no masivo, pero sí muy bien formado, con unos pectorales prominentes, brazos marcados, cuadritos en el abdomen, y un vello muy ralo.
Me siguió besando y me sacó el polo, dejando mi cuerpo marcado algo velludo frente a él.
No esperé más. Le desaflojé la correa, el botón del jean, le bajé el cierre, y empujé su pantalón hacia abajo. Él me dejó que mis manos exploraran sus firmes glúteos, mientras metía sus manos dentro de mi pantaloneta, y la hacían bajar.
Vestidos sólo con nuestra ropa interior, nos echamos en la cama. Él estaba encima mío, y no paraba de besarme en los labios y el cuello.
Se revolcó conmigo hasta quedar bajo mi piel.
"Explórame". susurró.
Con mi boca, le besé el cuello, el medio del pecho, los pectorales, le chupé sus tetillas, sentí su estremecimiento en su abdomen, y llegué a su pinga, que seguía cubierta debajo de su calzoncillo. Usando mis labios se lo quité, y una verga de buen tamaño (unos 17 a 18 cm) saltó.
Sin que me lo pidiera, se la chupé a fondo. Hacía que su trozo de carne entrara y saliera de mi boca como el mejor manjar, mientras él gemía despacio.
Le lamí las bolas, y aprisioné en mi boca cada testículo.
No me dejó bajar más, porque su culo era grandioso.
Regresé con mi boca hasta encontrar sus labios. Volvió a revolcarse hasta yo quedar debajo suyo, se arrodilló y me quitó mi calzoncillo. Se acostó sobre mi, y progresivamente me fue levantando las piernas hasta que su miembro punteaba mi ano suavemente. sentía su cabecita húmeda, y me preguntaba si me aguantaría su pájaro.
La respuesta vino en los minutos siguientes, cuando poquito a poco comenzó a metérmela. Por alguna extraña razón no me dolía.
Él no dejaba de besarme, e indicarme que si sentía dolor, sólo me concentrara en sus besos y que respirara profundo. Creo que eso impidió el dolor.
Acostado sobre mi, se meció tan rápido como pudo y por largo tiempo. Sus manos no dejaban de explorarme, y las mias menos.
Jadeó con fuerza, hasta que cerró los ojos, levantó su cabeza, e hizo el gesto más arrechante que vi en la cara de un pata. Dejó de mecerse, y, al mismo tiempo, mi leche se proyectaba sobre mi pecho.
Volvió a besarme.
Pasamos el resto de la madrugada juntos, desnudos, yo durmiendo sobre su pecho.
A eso de las 5, se duchó, y le abrí la puerta para que se fuera.
admito que averigüé sobre él hasta saber cómo se recurseaba, dónde estudiaba, y llegamos a hacernos patas, pero nunca más volvimos a irnos a la cama.
Las últimas veces que lo vi, nos cruzamos en un cine porno, y ahora sé que anda ejerciendo su profesión por Lima, luego de haberlo hecho por acá.
Sé también que lo hizo con varios chicos, incluso de pasivo. Bueno, eso es lo de menos, pues en lo que a mi concierne, ha sido el mejor amante que tuve, aquel chico que encontré en una tribuna.
© 2011 Hunks of Piura Entertainment. ¿quieres contarnos tu relato? escríbenos: hunks.piura@gmail.com. Recuerda siempre practicar sexo seguro.
domingo, 4 de marzo de 2012
SOT-2012-010: Visita nocturna
20:00
Me reporto a mi guardia en la Jefatura. Haré el turno de madrugada, a partir de la 1:00, pero en vez de estar esperando en mi casa, mejor vengo desde ahora.
20:33
llamo al chico para que me dé indicaciones de cómo llegar a la casa. quedamos en que él estará afuera regando el jardín. De ese modo nadie sospechará que algo raro está pasando; además voy uniformado, así que los vecinos creerán que es una ronda.
21:15
Paso frente a la casa, y disimuladamente hago contacto visual con el chico, quien está regando el jardín. Hay pocos vecinos sentados en la calle. Regreso a la Jefatura.
22:20
Llamo de nuevo al chico. Le pido que deje la puerta abierta, de tal manera que ingrese sin hacer ruido y sin llamar la atención.
23:00
Paso nuevamente por la calle donde esta la casa. Me dirijo a ella. Empujo la puerta y ésta cede.
Adentro y con la luz apagada, está el chico esprándome en boxers.
Nos damos un beso profundo, y de la mano, me guía hasta el cuarto.
23:10
Ýa calatos, comenzamos a juguetear en la cama. Nos besamos en la boca, el cuello, y las tetillas.
Le pido que me haga sexo oral, y el chico va directo a mi pene erecto y comienza a succionarlo; luego, le pido que vaya a mis testículos, y lo hace.
Entonces, se me viene a mi cabeza aquella vez cuando vine algo tomado y le pedí a mi amante de aquella vez que me haga el beso negro. quiero experimentarlo de nuevo, y le pido al chico que me lo haga. Accede. Mientras me lame el ano con su lengua, yo comienzo a masturbarme. Recuerden que mi miembro mide 18 cm y es grueso.
Mi excitación es tal que le pido que pare y se siente sobre mi pene. Me obedece, y poco a poco va enterrando mi falo en su ano. Luego comienza a balancerase, y y mientras lo hace, me toca los testículos, y de vez en cuando se inclina para besarme en la boca. Yo aprovecho para acariciarle su firme cuerpo, y experimento a masturbarlo. su pene es grande como el mío, y bota gran cantidad de líquido pre-seminal.
Sin despegarnos, ruedo hasta quedar sobre el, le separo las piernas lo más que puedo, y sacudo mi cadera tan rápido como puedo. Él comienza a gemir. Mientras con un brazo me apoyo sobre el colchón, con la otra lo acaricio, y otra vez lo masturbo.
Cambiamos a la posición del perrito, y allí le puedo enterrar todo mi miembro sin problemas, me meneo tan rápido como puedo. Mis caderas aplauden sus nalgas, mientras él se masturba.
Finalmente eyaculo dentro de su ano. Es una sensación que no sentía hace tiempo.
Me dice que también quiere eyacular, así que se lo saco despacio, me acuesto boca arriba. y él se sienta encima de mi pene ya blando, se masturba, y eyacula sobre mi abdomen.
es la primera vez que experimento cómo el semen caliente se siente sobre mi piel.
Nos besamos de nuevo y nos vamos a duchar.
00:15
Ya fresco, me visto y lo dejo tras darle un nuevo beso. Mi guardia me espera.
CONCLUSIÓN
Estoy experimentando más con cosas que usualmente no hace un activo. El caso es que me gustan. Pero aún no entiendo por qué a los otros activos no les placen.
¿Ser penetrado? ¡No, aún no creo que llegue a ese nivel! simplemente digo que hay cosas que los activos deberían experimentar y que son placenteras.
O no sé...
Preparado por SOT para Hunks of Piura Entertainment ©2012-
Siempre practica sexo seguro. Cuéntanos tus experiencias con policías, serenos y vigilantes: hunks.piura@gmail.com
miércoles, 10 de agosto de 2022
Ser Rafael 1.1: Una noche en el cine XXX
Siempre admiré a T.T.Boyd: su cuerpo simétrico y con volumen, su rostro agradable, su actitud, y la manera cómo desplegaba sus sesiones de sexo explícito en la pantalla. Siempre que buscaba en la red, alquilaba videos porno o iba a la sala triple X de la ciudad, procuraba sus películas… bueno, videos.
en el ecran del
espacio donde el noveinta y nuebe punto nueve por ciento de la concurrencia son
varones, o al menos se visten como tales, el actor porno ejecutaba una de sus
típicas escenas de penetración a una modelo rubia y de exagerada ninfomanía.
La imagen era muy
opaca, lo suficiente para que sin vergüenza metiera la mano dentro de mi short,
buscara la pretina de mi calzoncillo y me acomodara mi dura masculinidad que
pugnaba por ganar espacio y longitud.
“¿está ocupado el
asiento?”, dijo alguien de pie a mi derecha.
La aparición hizo que
me quitara la mano de mis genitales tan rápido como pude.
“No. Está libre”,
respondí.
La silueta se sentó.
Yo puse mis antebrazos
en los respaldos de la butaca. Para nada perdí contacto visual con la acción en
la pantalla.
“Recién comenzó?”, me
dijo aquella persona . Era una voz varonil, no tan grave. Afable diría yo.
“No… La verdad no…
Tendrá como diez minutos”, informé.
Aunque la presencia
del chico no me incomodó, sí pensé que era inoportuna. Me había sentado en una
de las esquinas posteriores de la platea, cerca de una columna, para que
nadie viera si acaso
pretendía masturbarme. Y éste era uno de esos momentos cuando deseaba hacerlo.
Sí, suena raro.
Jamás me masturbaba en
el baño de mi casa ni en mi cama. Siempre sentía el miedo que mi vieja o la
empleada entraran y me sorprendieran. A mi vieja le habría dado un infarto, en
primera por la escena, y en segunda porque la Naturaleza fue muy generosa con el
tamaño de mi miembro.
Además, a propósito
había ido al cine con la ropa del gimnasio, de donde venía, para evitar la
incomodidad de bajarme la bragueta, desabotonarme, y buscar al ‘muchacho’ con
el propósito de que tome aire.
La única vez que hice
eso, casi lo magullé con la cremallera. Y, aunque iba a encontrar quién se
preste solícito, o solícita (si era una loca), a ayudarme, iba a ser el señor
papelón.
¿A qué hora se iría
este pata del costado? ¡Quería masajeármelo!
Y pasó.
Como si el cielo me
hubiera escuchado, el compañero de fila se levantó de su asiento.
Cuando me aseguré que
no viniera, procedí a sacármelo y autocomplacerme. Total, aquí está oscuro y la
única forma de detectar mi osadía era con un visor de infrarrojos, o cuando
algún hijo de puta se le ocurriera encender un cigarro al costado. Obviamente,
más que llenarse los pulmones de nicotina, la intención del tabacómano era
ganarse con los rostros de la concurrencia. Quién sabe, a lo mejor algún
parroquiano nuevo en la sala, o uno de ésos, como yo, que aparecían una vez a
las quinientas.
me acomodé mejor en el
asiento. Me relajé. Mi mano ya estaba haciendo su trabajo. Emitía pequeños
jadeos, uno que otro suspiro.
Entonces, algo me sacó
de cuadro.
Otra vez a mi derecha,
alguien ocupaba el sitio.
Maldije para mis
adentros, guardé a mi ‘compañero de toda la vida’, regresé a mi posición de
concurrente ‘decente’.
“En Internet dice que
ese huevón es medio latino”, me confió la voz de mi compañero de AL LADO. Era
el mismo tipo de hacía unos minutos.
“Sí, ¿no?”, repliqué.
Típica salida de quien te quiere decir ‘no me importa’ o ‘sigue la flecha’.
“Sí”, insistió otra
vez. “Incluso dice que fue gimnasta”.
¿Gimnasta? ¡aguarda!
¿T.T.Boyd es gimnasta?
“O sea… ese huevón ¿es
chato?”. Tenía que salir de dudas.
“Sí, creo que no pasa
del metro setenta”, prosiguió.
¿Metro setenta? ¡La
puta! Y yo que me quejaba de mi metro setenta y cinco.
“Además, dicen que la
tele aumenta cinco kilos”, agregó.
¡Reputa! O sea, yo con
cinco kilos, fácil que le hago la competencia en cuerpo… ¿cinco años entrenando
todos los días (bueno, cinco días a la semana) por dos horas en el gimnasio!
“¿qué más sabes de
T.T.Boyd?”, curioseé.
Sí, lo admito, esa
conversación comenzaba a ponerse interesante.
“Pues… hizo cine gay
hace poco”, me respondió.
“¿Cine gay? Me estás
floreando”.
“¡nada! Entra a
Internet, y descúbrelo tú mismo… por cierto, soy Juan”.
Sentí una palmadita en
mi bíceps derecho.
“Yo, Ra… Ra… Ra… eh…
Rato que no entro a Internet”. Alzé mi mano derecha y se la estreché.
“Mucho gusto”, me
dijo. “¿Cómo te llamas?”
“Eh, Paúl. Sí, Paúl”.
“OK, Paúl”, repitió.
Era obvio que parecía un seudónimo fácil y manganzón.
sábado, 5 de noviembre de 2022
Ser Rafael 11.3: Su culazo al desnudo
“¿Lo conoces?”, me dijo Jaime, susurrando.
“Más o menos”, dije en
voz baja.
Eduardo, quien me
había pasado la voz, se nos acercó. Me saludó muy efusivamente.
Iba a presentarle a
Jaime.
“Ya nos conocemos,
Rafael”, contestó Eduardo. “Mas bien lamento la muerte de la abuela de Laura”,
prosiguió. “Laura es su enamorada”, remató mirando a Jaime.
En ese momento, quería
reducir al inoportuno a poco menos que cenizas, guardarlas en un frasco
ultrahermético, enterrarlo cincuenta metros bajo el suelo, y ordenar que, cual
cápsula del tiempo, no lo sacaran unos cuarenta milenios después.
¿Alguien sabe si es
posible extraer el ADN de las cenizas de un ser vivo? Según yo, no. Así sería
imposible que lo clonen.
“Bueno, Rafael, tengo
que irme a atender las cosas que te dije tenía pendientes”, mintió Jaime,
dándome la mano. “Nos vemos la otra semana”.
A mí no me quedó más
que despedirlo.
Eduardo tenía cara de
satisfacción cuando lo vio alejarse.
“Eduardo, ¿y qué
hacías por acá?”
“estaba buscando…
algo, y pasé, y ¡plup! La casualidad”. Se me acercó: “Ten cuidado con ese tal
Jaime. Le gusta llevar chicos a su depa diz’que porque es pasivo, pero luego
termina siendo lo otro”.
Me molesté.
“Mira, Eduardo. Lo que
haga con mi vida no tiene por qué preocuparte, ¿estamos? Nos vemos”.
“¿Y a dónde te vas?”
No le respondí. Seguí
mi camino.
Como niño bueno resignado, decidií pasar la noche solito en mi casa. ¿Mencioné que era viernes?
¡Un momento! Al podía
estar en línea… pero, teniendo en cuenta el día que era, a lo mejor él había salido…
Opción desechada.
Una de las tantas
alarmas de mi lap-top sonó.
Era Al. ¡estaba en
línea!
Opción rehabilitada.
Retomamos la charla
del gimnasio, cuánto nos gustaba cuidarnos, y qué tipo de ejercicios hacíamos.
Por supuesto que
copiaba del chat, pegaba en el traductor, copiaba del traductor, pegaba en el
chat… pero pude conversar.
Creí oportuno
comentarle que la parte de su cuerpo “que más admiro” eran sus redondas
posaderas.
Envié.
Pasó un minuto, dos,
tres sin responder.
“¡Qué imbécil que fuiste,
Rafael Jesús!”
¡Trrrrrinnn!
“Thank U”, me
respondió él. Obviamente, no necesitaba traducirlo.
Otro ¡Trrrrrinnnn!
Una imagen JPG.
La descargué.
¡Dios mío bendito, que
nunca olvidas a tus fieles devotos!
Era una foto suya,
desnudo, y mostrando sus bubble butts sin censura y en todo su esplendor. ¡Y
vaya que eran burbujas perfectas!
“¿Cuándo te la
tomaste?”, escribí.
“Right now!”,
respondió.
No pude más. Me
acomodé sobre la cama, puse mi portátil a un lado y comencé a masturbarme.
Me dio la medianoche.
Estaba desnudo sobre
mi cama, satisfecho, con el vientre y el pecho salpicados de fluido seminal, y
con un nuevo amigo increíble por la red, quien se aseguró de enviarme hasta 15
imágenes distintas de aquel carnoso tesoro.
La alarma de mensajes
de texto sonó en mi celular.
“Perdóname por
importunarte”.
Ya sabía quién y por
qué era. Vete a la mierda, pensé.
Otra alarma.
“Tienes razón… no debo
meterme en tu vida”.
Apagué el aparato. Fui
a darme un duchazo.
Dormí plácidamente… hasta que se me dio la reverenda gana levantarme.
domingo, 26 de febrero de 2012
SOT-2012-009: La tortilla se volteó
Vi la convocatoria en el periódico y fui cuanto antes pude con mi curriculum, pero como las calles están hechas una mierda por las lluvias... bueno aquí se los detallo. Ah, yo tengo 25, marcado.
17:15
Con un cuarto de hora de retraso, llego a la empresa a dejar mis papeles. La convocatoria ya había cerrado, y, a pesar que salí temprano de mi jato, me demoré porque la moto que tomé agarró otra ruta para evitar los charcos de la lluvia.
Un vigilante, a todas luces cuerpón, ya en sus 30, me recibe y me dice que ya no se reciben papeles.
A la mierda, dije.
Me quedé allí parado y no me moví. El caso es que no tenía nada que hacer.
17:25
El vigilante me llama calladito. Me dice que me recibirá los papeles, pero que yo tengo que hacerle un favor.
- ¿Qué tipo de favor?
- Ya sabes. Mira esta es la dirección del telo. Nos vemos allí en una hora.
- ¿Estás loco?
- ¿Quieres trabajar aquí o no?
- Sí, pero...
- Bueno, tú ve.
- Está bien.
18:30
Estoy en el parque frente al telo. Ya lo conozco porque aquí vine con otro pata hace como tres semanas. Me cachó bien rico. Ah, soy pasivo, por si acaso.
El vigilante llega y me saluda.
- ¿Vamos?
- OK.
18:45
Entramos al cuarto. Me siento como las chicas que deben acostarse con sus futuros jefes para tener una chamba, pero éste no será mi futuro jefe ni a palos, yo no soy una chica, y, seamos claros, el pata es tan cuerpón que no desaprovecharía la oportunidad de probarle la cuestión, y sentirla dentro.
El vigilante se quita la ropa y se queda en un calzoncillo tipo suspensor. El desgraciado tiene ¡un cuerpazo de campeonato!
Me quito la ropa hasta quedarme en boxer.
- Tienes el culo paradito. Lástima que el pantalóm no te haga lucirlo.
- Gracias. Tú tienes un cuerpo espectacular.
- Y ´´esta es pa'culear.
Se agarra el paquete, se acerca a mi, y comienza a besarme.
Alucinen ser abrazado y besado por un agarradazo, que, además, tenía un tatuaje étnico en el brazo izquierdo. Besa de la puta madre, y su barba en mi cuello me excita al máximo.
Ya en la cama, nos revolcamos, y me pide que le saque el calzoncillo.
Lo hago, y debajo tiene una dura verga de... ¿13 cm?
Bueno, tranquilidad, no todo es perfecto. Además veamos el ángulo positivo: no me dolerá mucho.
Lo que sí tiene huevos grandes, y haciendo juego con su cuerpo lampiño, están rasurados al igual que su vello púbico.
- Ahora te lo sacaré a ti.
Me quita el boxer, y salta mi verga dura de... 19 cm, gruesa y venuda.
- ¡Mierda, eres mazón!
- No, soy católico.
- No... la tienes grandota.
- Bueno sí.
¿Y así eres pasivo?
- Bueno sí. ¿Por qué?
- Con esto entre mis piernas, rompería culos.
- ¿Como cuáles?
- Como... ¿el mío?
- ¿El tuyo? ¿No eres activo?
- Sí, pero... con ésto... ¡puta!
Sus manos comenzaron a acariciarme mis grandes huevos y mi pene. Comenzó a masturbarme.
Cuando menos me di cuenta, me la estaba chupando. es la primera vez que siento una deliciosa sensación en años, desde que me di cuenta que soy gay.
A los diez minutos, me puso un condón, y comenzó a sentarse de a poquitos. Mi verga penetraba en su estrecho culo.
Le tomó un par de minutos enterrársela toda. De allí comenzó a cabalgar. Alucinen: un pata de 80 kg cabalgándome a mi, que sólo peso 70.
Sus enormes nalgas parecen estrujar mi miembro, pero no me quedo atrás y acaricio su marcada y firme anatomía, incluyendo su pene que comienza a perder dureza.
Cambiamos de posición, a un piernas al hombro luego de un acrobático volantín. Cojo sus masivas y duras piernas, mientras él comienza a gemir, cosa que me arrecha un montón.
Probamos la pose del perrito. aquí sí me siento a gusto porque puedo controlarlo todo. Lo comienzo a nalguear, y a hacer chocar mi cadera contra sus dos grandes globos traseros.
Cada vez voy agarrando más velocidad y a irme fuera de mi. Es un placer alucinante.
El pata comienza a quejarse... de dolor, supongo.
Me sigo cimbrando, como un gran bailarín afro -¿será que soy algo afro?- y mi placer se acrecienta.
Llego al tope, y finalmente tengo mi orgasmo.
A pesar que siento que ya no boto semen, mi pene sigue duro.
Al sacarlo, me doy cuenta que he botado un montón de fluído, tanto que, al sacarme el condón, éste ocupa más o menos la mitad.
Me quedo descansando un rato más.
- ¿Qué tal
- De la puta madre. ¿Y eres pasivo?
- No sé.
- Parece que no. ¿Y cómo te diste cuenta?
- ¿De que te gusta la nota? Cuando estabas esperando allá afuera, pasó un pata, te vio por el polarizado, y me dijo simplemente que le entrabas.
- Entonces, decidiste ganarte.
- Si, pero mi idea era cacharte, no al revés.
- Y me gustaría hacerlo de nuevo.
- ¡Mierda, ya te gustó! No, loco, me duele el culo como mierda. Pero, habrá otras oportunidades.
20:45
Nos bañamos y dejamos el telo. Como tiene moto lineal, me jala, y durante todo el trayecto hasta mi casa, mi pene duro estuvo rozándole sus grandes nachas.
CONCLUSIÓN
Hubo dos oportunidades más. Claro, ingresé a la empresa. El pata que supuestamente me delató hasta ahora no lo conozco, así que sospecho que este vigilante se ha ganado conmigo en otra parte.
Como dije, hubo dos oportunidades más. La última se frustró porque su esposa lo llamó ya que su hijita estaba enferma.
En lo que a mi respecta, bueno, definitivamente, pasivo no soy, sino un contento moderno. Y cuando quieras, te doy a probar mi grueso falo. No te arrepentirás. No es floro.
Recopilado y preparado por SOT para Hunks of Piura. ©2012.
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