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martes, 3 de julio de 2012

Hunks4adults: adquiere fotos de chicos

Te recordamos que nuestro 'calátogo' Hunks4adults tiene las fotos inéditas más calientes de chicos al natural, y mostrando las bondades de su anatomía, en una producción original hecha en Piura.
Te recordamos los títulos disponibles:
Freddy: 2 sesiones, culturista, desnudo integral, semi-lampiño, no erección pero buena verga.
Adrián: culturista, desnudo integral, velludo, erección y buena verga.
Darwin: atlético, semidesnudo, lampiño.
andy: desnudo integral, velludo, delgado, erección y buena verga.
Andy & Lucas: desnudo integral, performance erótica.
Andy & Sixth: Desnudo integral, performance hardcore, bareback, mamada y corrida.
Karlos: desnudo integral, normal, lampiño, erección y buena verga.

Además te ofrecemos el Fredddy Pics for Customize, una sesión de desnudo integral, incluyendo erección, que tú podrás colorear electrónicamente a tu gusto.

Para adquirir samples, y hacer tu orden, escribe a hunks.piura@gmail.com.

lunes, 2 de enero de 2012

sot/2012-01: El vecino

Este es mi informe. Yo, 24 años, mi miembro mide 18 cm en erección, soy algo velludo, poco atlético, pero bien marcado y bien parecido.

15NOV11
9:17
Uno de los colegas me pide que le cuide su casa, debido a que planea irse de vacaciones con su familia, aprovechando el fin de año. Yo acepto.

2DIC11
17:32
Con las llaves en mi poder, llego a la casa de mi colega. Traigo una mochila con alguna ropa. Paso la primera tarde viendo televisión, aburrido.

3DIC11
15:22
Luego del trabajo llego a la casa. En la casa del costado hay un civil, como de mi edad, que me ve llegar y me saluda cort´´esmente.

15:40
Salgo a arreglar unas cosas en el jardín. Allí está el civil. Me vuelve a saludar. Se le nota tranquilo. Debe medir 1m65, y luce un polo y un short que me hacen pensar que practica mucho deporte, pues tiene cuerpo esbelto y músculos marcados. Destacan sus glúteos. Por hacerle conversación, le pregunto dónde hay una tienda cercana. Me da la información, y comenzamos a conversar.

18:35
Regreso tras jugar un partido de fulbito. Comienzo a desvestirme para tomar una ducha. Apenas me he quitado las zapatillas y las medias, cuando alguien toca el timbre. Es el civil, trayéndome un recibo de la casa de mi colega, que lo dejaron más temprano.
Lo invito a pasar, y comenzamos a charlar. Es técnico de computación, y trabaja en una oficina pública. Su manera de hablar me revela que podría gustarle la nota, en especial por la manera cómo se me queda mirando a los ojos, y a mis piernas, que las tengo musculosas y velludas.
Descubre unos DVD de música de mi colega. Le digo que, si desea, los puede ver.
Yo aprovecho para ir a desvestirme y entrar a la ducha.

18:55
El vecino me pasa la voz. Le digo que estoy en el baño, afeitándome. Cuando lo escucho, está en la puerta del baño. Sólo visto unos calzoncillos tipo bikini. Nos quedamos en silencio, hasta que él se despide del todo. Noto que ahora me mira con cierta lascivia y timidez. Debajo de mi ropa interior, mi pene está en semi-erección.

6DIC11
16:22
Regreso del trabajo. Encuentro al vecino en su jardín regando. Me acerco a saludarlo, y le comento que traje unos DVD del Grupo 5, por si le interesa verlos.

17:40
El vecino llega. Yo he trasladado el televisor y el reproductor de DVD al cuarto de mi colega, para mi mayor comodidad, frente a su cama. El vecino y yo nos acomodamos para ver los videos. Visto sólo una bermuda y un polo. Genero una erección, y hago lo posible para que el vecino la vea, tocándome y acariciándome la pelvis y la entrepierna.

17:55
Mi plan resulta: confirmo que el vecino mira de reojo mi erección.

18:03
El vecino alaba mi bermuda. Le digo que el material es suave, que lo toque. Él procede, pero tímidamente. Lo exhorto a que verifique la calidad de la tela. Entonces, comienza a pasear su mano por mi bermuda hasta que se topa con mi pene erecto. No me hace ningún comentario, pero duda si seguir.
Me desabrocho la bermuda y le digo que la tela es fresca por dentro, que la toque. Él procede. Mientras toca el forro interior, su mano roza mi pene erecto bajo mi bikini. Al fin me hace una pregunta al respecto. Le respondo como no dándole importancia, pero que no me molestaría en que lo averigüe él mismo.
El vecino mete su mano dentro de mi bikini, y comienza a tocarme mi pene erecto, que está húmedo debido a mi líquido pre-seminal.
Súbitamente, él saca su mano de mi interior, se levanta y dice que nos veremos después, que tiene que hacer.
Lo despido, pero quedo con la duda de si me he propasado o no.

8DIC11
17:09
El vecino va a verme para preguntarme por un libro que tenía mi colega. Le digo que si quiere lo busque, y me voy al cuarto.
A los pocos minutos él ingresa. Yo estoy viendo un documental en un canal de cable. Él lo mira también, y se viene a sentar a mi costado, en la cama.
Yo sólo visto mi bermuda, ya que una vez que termine el documental. pienso ir a bañarme.
Vuelvo a generar una erección, y me quito la bermuda. Cojo la mano del vecino y la traigo sobre mi ropa interior para que me sobe mi miembro. Lo hace. Luego le pido que lo sobe por dentro. Lo hace. Yo me bajo un poco la prenda y dejo al descubierto mis genitales. El vecino comienza a masturbarme, y a acariciarme el vello púbico. Tengo una placentera sensación ya que mi fluído pre-seminal me lubrica y permite que la manipulación de mi pene sea suave. De vez en cuando también me acaricia los testículos.
Muy amablemente le pido que me haga sexo oral, pero él se niega con mucha dificultad. A pesar de todo, nuevamente explora con sus manos mi pene, mi vello púbico  y mis testículos. Los acaricia con su suave palma.
Tras unos minutos, se levanta, se despide, y se va a su casa.
Debido a mi estado de excitación sexual, decido masturbarme en el baño, fantaseando con él. Logro un orgasmo que no había sentido en mucho tiempo, además de tener una eyaculación potente y abundante.

10DIC11
23:10
El vecino y yo coincidimos en una discoteca. Ambos estamos con nuestros respectivos grupos de conocidos, pero de vez en cuando nos tratamos de ubicar entre la multitud.

11DIC11
2:36
Salgo de la discoteca, y decido ir a la casa, algo frustrado porque una chica a la que estaba seduciendo me rechazó y se fue con otro muchacho, que resultó siendo su amante de turno.
Justo en la puerta de salida, me encuentro al vecino, despidiéndose de sus amigos.
Le pregunto a dónde va, y me confirma que también va para su casa. Tomamos movilidad juntos.

2:52
Llegamos a la casa de mi colega. Lo invito a pasar, pues tengo algo de trago en la refrigeradora. Él acepta.
Nos ponemos a conversar.

3:18
El vecino bosteza, le digo que si quiere, puede descansar allí conmigo. Acepta, después de pensarlo un poco.
Nos vamos a la cama de mi colega. Comienzo a desvestirme hasta quedarme desnudo, tomo una toalla y me voy a la ducha. Dejo la puerta abierta.
En un par de minutos, él llega al baño, totalmente desnudo. Me pregunta si podemos compartir la ducha. Acepto. Comienzan los primeros toqueteos, y confirmo que tiene unas nalgas firmes y algo desarrolladas. a diferencia de mi, él es lampiño y se rasura su vello púbico. su pene mide unos 13 a 14 cm en erección.

3:32
El vecino y yo vamos desnudos a la cama. Me acuesto sobre él, y comienzo a besarle el cuello, luego los labios, hasta que le hago un beso francés. Él me acaricia la espalda con mucha ternura, y se abre de piernas, las que eleva hacia mis nalgas. Yo comienzo a sobar mi pene contra el suyo, aprovechando que mi fluído pre-seminal es abundante y permite que ambos miembros se lubriquen. Él comienza a jadear y gemir.
Me ruedo para hacer que él quede encima mío, y comienza a explorarme con su boca, desde el cuello hasta que llega a mi vello púbico. Me chupa un testículo, luego el otro, y atrapa los dos en su boca. Experimento mucho placer.
Le pido que me chupe el pene, y él acepta. Entonces, me hace un suave sexo oral con su boca cálida. Como soy incircunciso, me jala la telita del prepucio y usa su lengua para lammer por dentro, incluyendo mi glande. Luego sigue succionando.
Vuelve a besarme desde mis genitales hasta el cuello. Nos damos un beso en la boca.
se coloca de tal forma que mi pene erecto queda entre sus nalgas, las que usa para masajearlo.
En un momento determinado, se sienta sobre mis caderas, alza su trasero, se soba el glande de mi pene en su ano, y, tras ponerle un condón, comienza a introducírselo.
Se nota que le duele, porque la penetración completa se concreta tras varios minutos, y su gesto de dolor es evidente. Le digo que se relaje, respire profundo, y así reducir el dolor, técnica que funciona. Cuando eso sucede, él comienza a mecerce. Percibo que su ano es estrecho, por lo que mi pene queda muy apretado allí adentro.
Vuelvo a rodar hasta quedar en cúbito dorsal, y comienzo a batir mi cadera tan rápido como puedo. Aunque dice dolerle, me pide que no me detenga. Así puedo graduar la velocidad de mi penetración, y de vez en cuando saco todo mi miembro y se lo vuelvo a introducir con suavidad. mientras que él, con sus piernas, me atenaza la cintura.
Luego ruedo otro poco para quedar en la posición de piernas al hombro. Él comienza a masturbarse. Logra una eyaculación en pocos minutos. Luego, lo hago yo.

4:55
Anbos quedamos rendidos sobre la cama, desnudos.

10:09
El vecino se despierta, me pasa la voz y se va a su casa, tras lavarse y vestirse. Yo continúo durmiendo.

18:16
El vecino viene otra vez, trayendo un DVD con una película para adultos. La vemos juntos y volvemos a hacer el amor.
Es un buen amante, pero lo instruyo para que sea precavido y discreto, de tal modo que podamos seguir disfrutando de nuestros encuentros.

CONCLUSIÓN
Tras aquel primer encuentro, tenemos relaciones sexuales cada dos a tres días. Es un excelente amante, pero tengo que empezar a planear dejarlo, pues mi colega regresará pronto, y no quiero que el vecino se acostumbre a mi. Me costará dejarlo, pero, con tal de su beneficio y el mío, es lo mejor. Ya veré cómo hacemos para seguir teniendo sexo en el cuarto que alquilo.

Elaborado el 23DIC11 por SOT para Hunks of Piura Entertainment. © 2011.

¿Deseas comentarlo o compartir tu relato? hunks.piura@gmail.com

jueves, 28 de junio de 2012

La Parcela (6): Fiesta de mirones

Jano dice que vayas a la reunión.
Raúl y Pancho se miraban fijamente a los ojos. el primero no pudo evitar bajarlos suyos al enorme cipote del moreno.
- Ahora me cambio.
Mientras Pancho se vestía, al fondo Gabo sudaba frío, desnudo, especialmente cuando Raúl lo miró, quien se sonrió y salió.
- Te espero allá.
- Ya.
Pancho se puso un polo de algodón, un short deportivo y unos yanques.
- ¿No te dije que cerraras bien la puerta?
Gabo temió que el moreno fortachón tomara represalias.
- Perdón.
Sin decir más, Pancho se fue. Gabo se mantuvo inmóvil por un rato, hasta que se puso su ropa y salió corriendo al único refugio que conocía: la cocina.
- No puede ser. ¿Otra vez Raúl? ¿Cómo lo hace?
Gabo le narró la escena a Jerry, apareciendo como una víctima seducida por Pancho.
- ¿Y dices que es moreno, cuerpón y aventajado?
- Ayshh. Sí, Jerry. No sabes qué miedo da su pinga.
- Pero bien que la querías dentro, ¿no?
Jerry nalgueó suavemente a Gabo.
Ese mediodía la cocina fue un jolgorio total  entre comentarios de la campaña, chistes, y anécdotas que tenían a Jano como común denominador, quedando claro que él seleccionó a los tres chicos que irían a trabajar a la parcela, porque Jerry ya estaba en el pueblo cercano, pero terminó entrando al saco porque en algún momento se conoció con Jano.
- Bueno, caballeros, brindemos con esta limonada helada por el éxito de la campaña... y la memoria de mi viejo, que me dejó esta parcela.
Todos chocaron vasos. El último en hacerlo, y de cierta mala gana fue Nando. Casi nadie lo reparó.
esa tarde, Jano estaba descansando antes de una breve jornada vespertina, cuando tocaron la puerta de su habitación. era david, su vecino del cuarto del lado.
jano vestía un boxer blanco, que no ocultó fácilmente sus 18 centímetros de erección. Cuando David vio la estampa, creyó haber tocado a la puerta del dios griego de la fertilidad... o el placer.
- Mañana les abriré sus tarjetas de débito aquí en la ciudad.
- OK, David. ¿Tú no descansas?
- No, estuve haciendo una lista de cosas que faltan... para comenzar, Internet.
- Tranquilo. sí lo he considerado.
- Jano, este personal que has elegido, ¿es el adecuado?
- Bueno. Los chicos son empeñosos... ya los oíste.
- Me pareció que el único calificado es Nando. Además es su carrera: Agronomía. Pero los otros... no sé.
La erección de Jano había desaparecido.
- Ya veremos. Si no rinden, les decimos: hasta aquí nomás.
- eso espero. Bueno, de aquí voy a la oficina.
Esa noche, Jano organizó una reunión de confraternidad con todo el personal, con bocaditos, bebida y juegos.
Dividió a todos en dos equipos: David, Nando, Jerry y él, en uno; Gabo, Pancho, Raúl y wilfredo en el otro.
Jugaron charada de prendas, es decir, por cada equivocación, el equipo completo tenía que desnudarse de una prenda, y como acto seguido, el grupo perdedor jugaría Twister, sin nada de ropa encima.
El equipo de Gabo perdió, así que a la orden de sus contrincantes fueron mostrando cuán flexibles eran en el juego de los círculos de colores. Era divertido ver las anatomías multicolores contorsionándose y enredándose entre sí, rozando penes, huevos, y dejando ver los ojos de los culos en una exhibición digna de pela porno, tanto que Wilfredo no pudo aguantar una erección y Raúl estaba en ese proceso. Pero a todos parecía importarles poco, casi anesteciados o entusiasmados por el vodka y el vino.
A las diez terminó todo, y los ocho se fueron a dormir. Como era tarde, David cedió su cuarto a Jerry, mientras que él compartiría la cama con Jano.
- ¿Sigues pensando lo mismo de los chicos?
- sí. Pero sería de irlos viendo luego.
Jano se desnudó por completo. David lo vio, sonrió, y lo imitó. Se acostaron de lado, dándose la cara. Jano acarició la mejilla de David, mientras que el resto de los cuerpos se rozaba esporádicamente.
- Verás que las cosas saldrán bien.
- eso espero.
Jano besó a David, y éste, al corresponderle, saboreó el aliento a licor. se abrazaron.
En el cuarto del costado, Jerry también estaba completamente desnudo e inexplicablemente erecto. Sintió un leve toque en su puerta, abrió.
- Estás al palo, huevón.
- Igual que tú jugando Twister. El más viejo y dando mal ejemplo.
wilfredo, quien no se había puesto su ropa, se acercó a Jerry, lo empujó a la cama, y se acostó sobre él, comenzando a mover su cadera y recuperando su enorme erección.
En el cuarto del costado, el pene de David (16 centímetros, algo curvados hacia la izquierda) estaba dentro de la boca de Jano, mientras sus nalgas eran apretadas por las manos del dueño de casa, amenazando con meter sus dedos en el ano. La luz eléctrica estaba encendida, al igual que los gemidos de ambos.
El cuadro entre Jerry y wilfredo no era distinto: el cocinero se las ingenió para que el enorme falo del guardián entrara en toda su boca. Luego de eso, Jerry se sentó sobre la verga encondonada de wilfredo y comenzó a rebotar tratando de no hacer sonar la cama, y arrechándose con los sonidos que venían desde la otra pared, donde David penetraba a Nando en una rara pose de perrito, algo así como un fox-terrier caramelo montando a un pitbull blanco. Ambos no se ahorraron las expresiones de placer, sino que las  derrocharon al máximo.
Cuando wilfredo se vino sobre el pecho y el abdomen marcados de Jerry, sintió que el Paraíso completo se había apropiado de su envidiable pene, y que a punto de rozar los 40, no había perdido el toque. Total, el jueguito de los círculos de colores ya lo había dejado al palo.
Cuando David disparó su semen sobre la espalda de Nando, sintió que la borrachera se le había ido como en un soplido. Jano, entonces, aún con los chorros de leche en su espalda, se volteó a ver a David, lo agarró piernas al hombro, y se masturbó hasta acabar sobre el pecho, y casi la cara de su administrador.
Cuando ambos se fueron a duchar juntos en el baño del cuarto, afuera, en la ventana que daba directamente a ese espectáculo, un inusual voyeur acababa un cigarro y un vaso descartable con vodka, con la complicidad de la negra noche rural.
Al igual que espectador en cine porno, su pene estaba erecto, pero difícilmente podría ver una película sin tener una prenda sobre el cuerpo, cosa que aquí sí, a pesar de la amenaza de zancudos.
Una leve y casi aguda voz a su costado lo desconcentró.
- ¿Nando?

CONTINUARÁ...

©2012Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es mera coincidencia.

domingo, 15 de enero de 2012

SOT-2012-003: Viejo amigo, vieja película, un renovado orgasmo

Este es el informe de uno de mis colegas, 31 años, chiclayano, gran deportista y buen mozo. Dotación: 15 cm, más o menos lampiño.

9:21
Me encuentro con un amigo después de mucho tiempo, en la Jefatura. Ahora él se dedica al comercio. Tras saludarnos cordialmente, noto ciertos ademanes, y una ropa algo sexy: polo y jeans entallados. Pero, le quedan muy bien ya que no es delgado, sino ligeramente atlético.
Lo invito a que me visite en mi cuarto esa tarde, de paso que vemos una película.
La última vez que lo vi fue en el colegio, y durante quinto de media, teníamos sexo esporádicamente. Era la primera vez que tenía relaciones con un hombre. Aquella primera vez, nos excitamos viendo una película de Peter North.

16:53
Mi amigo llega a mi cuarto. Devido al calor, yo sólo visto un short, y nada más. Él llega luciendo un polo manga cero y unas bermudas.
Nos ponemos a conversar y a recordar nuestras épocas de escolares.
La conversación es entretenida y distendida.

17:06
Le muestro a mi amigo la caja de la película que lo había invitado a ver: es la misma de Peter North que vimos hace 15 años en mi casa.
Mi amigo acepta verla.
La pongo en el DVD, y dejo todo dispuesto para pasar un rato de distracción y entretenimiento adulto.

17:42
Está comenzando la tercera escena de la película, y ya pasó justo una de Peter Norrth. Ese actor, además de tener un gran cuerpo, un miembro grande, tiene eyaculaciones potentes.
Ex´perimento una erección, la que es evidente en mi short, debido a que no tengo ropa interior.
De reojo, me doy cuenta que a mi amigo le pasa lo mismo.

17:50
Mi amigo comienza a bromear sobre mi erección.
Yo le sigo la corriente. Le devuelvo la broma al hacerle notar su erección.

17:58
Mi amigo presume de que es más aventajado que yo.
Le digo que, si desea, podemos comparar tamaños. Acepta.
Me bajo el short, y él su bermuda –tampoco tiene ropa interior-, y juntamos los penes. Efectivamente, el de él es más grande que el mío por un par de centímetros; entonces, le digo que yo lo sé usar mejor, que no he perdido el estilo. Él me reta a probárselo. Lo invito a practicarme sexo oral, como en las épocas de colegio.

18:00
Acostado y desnudo sobre mi cama, dejo que mi amigo me chupe el pene y los testículos. Como está entre mis piernas, aprovecha para besarme los muslos y acariciarme las caderas.
Vuelve a chuparme el pene.
Saco un condón, me lo pongo, y le pido que se siente sobre mi pene. Él accede.
Muy despacio se mete mi miembro en su ano, y luego comienza a rebotar, mientras lo cojo de sus caderas. Con el movimiento, su glande golpea sobre mi formado abdomen.

18:15 (aprox.)
Cambiamos de posición. Esta vez lo penetro al estilo perrito. Mi amigo mueve su cadera tan rápido, que me excita demasiado.
Ambos no dejamos de ver la película. Estamos viendo otra escena donde participa Peter North, quien penetra a una actriz con su miembro grande, por el ano.

18:30 (aprox.)
La película se acaba. Peter North ha vuelto a eyacular con potencia.
Yo experimento un orgasmo y eyaculo dentro del ano de mi amigo.
De pronto, me siento como aquella vez que lo penetré por primera vez cuando éramos escolares.
Quedamos muy satisfechos.

18:45
Mi amigo se viste, se despide y se va. Antes acordamos un próximo encuentro en mi cuarto, esta vez, de madrugada, aprovechando que su esposa estará fuera de la ciudad, porque esta vez él le ha dicho que va a jugar un partido.
Como hemos sudado, la mentira es creíble.

CONCLUSIÓN
Espero ansiosamente ese próximo encuentro, y espero que no me deje con las ganas de una segunda, y hasta una tercera vez.

AÑADIDO
No sabía que Peter North comenzó su carrera siendo actor porno gay y que se dejaba penetrar... Lo que son las cosas. y yo que lo admiro mucho.

Preparado por SOT para Hunks of Piura Entertainment © 2012.
¿Comentarios, deseas enviarnos tu historia? Hunks.piura@gmail.com

viernes, 3 de diciembre de 2021

Proyecto Lujuria 1.2: Esa erección no es mentira


Esa noche, en un dormitorio que apenas se ilumina por la luz azul que se cuela desde una ventana flanqueada por unas ramas secas, un hombre desnudo evidentemente atlético se sienta encogido sobre una estrecha cama. Piensa. Entonces se abre una puerta. Otro varón, vestido de camisa y pantalón,  entra y cierra la puerta.

“¿Por qué no te has cambiado aún?”, pregunta al hombre sobre la cama, quien dirige su mirada al que acaba de entrar.

“entiendes qué hicimos esta tarde, Lucas?”

“Ya olvídalo”, dice el otro también sentándose en la cama, dándole la espalda.

“¿Cómo puedes pedirme que lo olvide?”

“Juan, no hagas esto más complicado. Mateo preguntó por qué no bajaste a cenar. No supe qué responderle”.

“¿No supiste o no quisiste?”

Lucas se pone de pie impulsivamente.

“¡Por Dios, Juan! ¿Quieres que le diga a bocajarro que rompimos el voto de castidad?”

El hombre desnudo no sabe qué responder. Lucas pone su mano sobre el pomo de la puerta.

“entonces lo olvidaré. Voy a ducharme”.

“¡Espera!”

Lucas bordea la cama y alcanza a Juan quien se puso de pie en el lado opuesto. Se para frente a él y lo toma de sus brazos. Tras unos segundos en silencio, aproxima su rostro y lo besa en la boca. Juan no solo le corresponde sino que se entrega. Lucas separa sus labios.

“Ya lo hicimos una vez… Al diablo”.

Lucas se quita la camisa, luego los zapatos, el pantalón, la ropa interior, se aproxima a Juan, lo abraza y ambos se entregan en un romántico beso que continúa con una lenta caída sobre la cama. Juan abre sus piernas y comienza a levantarlas mientras la cadera de Lucas comienza a moverse entre las nalgas de su compañero. Quizás es la poca luz, pero da la impresión de que su pene comienza a crecer. Apenas han comenzado cuando se oyen golpes en la puerta.

“¿Juan, Lucas? Abran”, piden desde fuera.

Los dos amantes se asustan.

“¿Qué hacemos ahora?”, inquiere Juan con mucho miedo.

“Cállate”, ordena casi susurrando Lucas. “No hagas bulla”.

Súbitamente, se escucha que alguien mete una llave, que la puerta se abre y que alguien no solo aparece sino que entra y la cierra a sus espaldas. Los dos chicos sobre la cama se quedan como piedras, estupefactos tratando de ver al recién llegado.

“Ya lo sabía”, susurra Mateo. “¿quieren tenerme como hermano o como delator?”

Segundos de silencio.

“Haz como tu conciencia te dicte”, le contesta Lucas con mucha humildad.

Mateo comienza a desnudarse por completo, se mete a la cama, y Lucas decide que lo mejor será compartir a Juan en una especie de trío que se sucede en medio de besos, abrazos, giros, caricias, gemidos, algún suspiro, hasta formar un raro trenecito que acaba en un orgasmo progresivo comenzando por Mateo, luego Lucas, y finalmente Juan quien llega al clímax acurrucado por sus dos hermanos. La luz por la ventana se apaga. Se cierra el telón.

Tras un momentito de silencio, los aplausos en el público no solo se contagian como ola sino que acaba en una ovación. La pequeña sala está retumbando. El telón se vuelve a abrir y los tres protagonistas están de pie, ya cubiertos con batas de baño agradeciendo al respetable.

“¡Soberbio!”, grita una mujer desde el público.

Un clavel cae a los pies de uno de ellos, quien lo recoge, le da un beso y lo devuelve a la platea.

El telón se vuelve a cerrar y los tres actores corren a camerinos.

“Otro casi-lleno, chicos”, celebra Evandro, mirándose al espejo flanqueado por focos amarillos opacos.

“Y otra función que no controlas tu erección, carajo”, le sonríe Alexis viéndose al espejo también.

Osmar prefiere reírse mientras se saca la bata y busca su ropa en el armario.

“Lo siento, Alex, trato de concentrarme pero no puedo: tienes rico culo”.

“Mira, huevón, si se te parara hasta podría decir que es parte del papel, pero se te para y lubricas como mierda”.

Juan se pasa un pedazo de papel higiénico entre las nalgas.

“Menos mal que no me tocó el papel de Juan”, ríe Osmar.

“No, huevón”, bromea evandro. “Ahí sí no me aguanto y te taladro ese ojete”.

Todos ríen. Zaira Banquells entra al vestuario llevando la ropa que los actores dejaron tirada en el escenario.

“Ochenta y dos por ciento de ocupación de butacas… A pesar del boicot del Ejército Divino, gozamos de buena salud doce funciones después”.

“No me recuerdes que te debo la vida, Zaira”, apunta Evandro mientras busca su ropa.

“Si te reconciliaras ya sabes con quién, créeme que te iría mejor profesionalmente hablando”.

Evandro no dice nada, solo sonríe mientras se pone su ropa interior.

“Y a propósito, ¿qué tal tu casting?”, pregunta Zaira a Osmar.

“Traté de hacerlo bien, aunque creo que desnudarme frente a ese Escalante era innecesario pero… trabajo es trabajo, pues”.

“Ese comercial era mío”, reclama fraternalmente Evandro, quien ahora se acomoda la camisa, mientras Alexis está desnudo mostrando su cuerpo atlético y velludo por todas partes en tanto busca su ropa.

“¿También te vetó de las agencias de publicidad?”, averigua Osmar sin intención alguna.

“El problema de evan”, interviene Zaira, “es que a veces se comporta más como sindicalista que como actor, pero como sindicalista de extrema izquierda. ¿Supiste que agarró literalmente a patadas a un director de escena que parecía estarse propasando con una actriz revelación?”

“No jodas”, mete su cuchara Alexis. “Estaba justificado”.

“Sí”, prosigue Zaira, “pero no dentro del estudio y delante de todo el reparto, equipo, prensa y encima sin tener pruebas. Primero atrapas al lobo, luego le rajas la panza,pero evandro lo hizo al revés”.

“Me llegó al pincho, francamente”, se justifica el aludido.

“Bueno, ya estoy listo”, se abre paso Alexis y se acerca a Zaira a quien le estampa un beso en los labios.

“Llegando a casa te enjuagas bien esa boca porque recuerda que has compartido saliva con evancito”, ríe la mujer.

“Ya se nos acabó la soda cáustica, amor; tendrás que aguantar”.

Todos ríen. Alexis y Zaira se van, aunque ella se detiene un poco y se dirige a Evandro:

“Trabaja lo de esa erección… mi Alex aún es virgen”.

Todos ríen otra vez, y los dos enamorados se van del vestuario. Osmar se aproxima a Evandro, le da un par de palmadas en el hombro:

“Tienes que respirar hondo y desenfocar tu mente de lo erótico pero enfocar tu…”

“Ya, Osmar, no me recuerdes las lecciones del Actor’s Studio. ¿Estás listo?”

“Lo de Zaira me pareció más a reclamo amigable de mujer que a advertencia de directora de escena”.

Evandro ríe y mira directo a los ojos de Osmar:

“¿Y tú crees esa huevada de que su culo es virgen aún? Vamos”.

  

miércoles, 13 de febrero de 2013

SOT-2013-007: Ius Veritas

Hunks of Piura

Por: SOT

 

31ENE2013

11:29

Ya reinstalado, mi primera misión es verificar unos datos en un pueblo cerca de Piura. Debido a que no habían movilidades disponibles, me he tenido que desplazar por mi cuenta, así que he llegado a este pueblo, con mucho sacrificio. Consigo toda la información, y estoy junto a un quiosco, esperando alguna movilidad de regreso.

A pesar de que me he contactado con la Comisaría local, no hay vehículos disponibles.

De pronto, un joven, tan alto como yo, evidentemente corpulento, se acerca a comprar un agua. Su rostro me parece familiar.

“¿Eres de acá?”, le pregunto.

Me afirma con su cabeza.

“Te vi hablando con la familia que visité hoy”, añado.

“Soy abogado. Un amigo pidió que visite a la familia”, responde.

Intercambiamos identificaciones.

“¿Está investigando el mismo caso?”, me pregunta.

“Verificando datos. Pero ya terminé. Ahora quiero ver cómo regreso a Piura”, le comento.

“Bueno… yo vine en mi moto… Si desea, puedo jalarloa la ciudad, y allí puede tomar el bus a Piura”.

La propuesta no me parece mala. Acepto.

 

11:44

Bajo el inclemente sol, recorremos el camino de tierra. Antes de abordar la moto, me doy cuenta que, a pesar de su aparente descuido, tiene espalda y brazos anchos, además de unas piernas y un trasero fuertes… y cierto ademán… pero, prefiero pensar que son ideas mías.

Los baches hacen imposible que mi pelvis no roce con sus nalgas. Intento concentrarme en su conversación, que es empleado público, que sigue algunos casos por su cuenta, y que está estudiando un curso de extensión. No puedo hacerlo, y mi pene se erecta. Sólo espero que cuando lo roce, mi jean disimule mi erección. El problema es que él, en vez de mover su trasero hacia adelante, lo afirma más contra mi paquete.

 

12:10

Llegamos al terminal de buses. Bajo cuidando que no se me note la erección.

“Te dejo mi tarjeta. Mejor me llamas como a esta hora, porque en la noche suelo estar ocupado”, me dice.

“¿Trabajo?”

“No. Mi jermita”, responde sonriendo. Lo dudo, pero entiendo el mensaje. Igual, le doy mi número recien estrenado.

 

12:25

En  el bus viajo con un colega.

“¿Y de dónde conoces a ese chico?”, me pregunta.

“De ahorita. Lo encontré haciendo mi diligencia”, le cuento.

“Ten cuidado. Su pareja suele hacerle escenitas”.

“Ah, ¿su jermita es celosa?”

“Celosa no. Celoso”.

No comento nada más. Finjo sorpresa.

 

2FEB2013

11:23

Descanso un poco en una de las cuadras de la Jefatura, cuando suena el celular. No reconozco el número.

“Hola. No se si te acuerdas de mí. Nos conocimos hace dos días”.

“Claro. ¿Qué pasó? ¿Alguna cosa nueva?”.

“No. Han llegado unos amigos de fuera, y vamos a comer un cebiche, tomar algo. ¿Por qué no vienes?”

Recuerdo la advertencia de mi colega: “Estoy cero balas. Para otra ocasión”.

“Normal. Te invito”.

“¿Y quienes van?”

“amigos, colegas”.

“¿Y… tu… jermita?”

“No. No pasa nada. Vente”.

 

12:45

A pesar que no me gusta caer de paracaídas, y de que la advertencia que me hicieron me da vueltas, aparezco en el local. Nada mal, uno de los mejores de Piura.

En una mesa, está el muchacho con otros tres amigos. Me reconoce, me llama y me presenta. Pedimos comida y bebemos cerveza. Me doy cuenta que uno de los muchachos y él se miran con cierto ¿afecto?, pero no le doy importancia.

DE VEZ EN CUANDO, EL CELULAR DEL MUCHACHO SUENA O RECIBE MENSAJES. ÉL INTERRUMPE LA LLAMADA, Y MENSAJEA.

“¿La marca?”, le pregunto, divertido.

“si se entera dónde estoy, no le va a gustar”.

“¿Y dónde estás, supuestamente?”

“En mi curso. Le estoy diciendo que tengo exámenes, que estaré ocupado”.

 

16:45

Me despido del grupo. Creo que ya fue suficiente. El muchacho se para y me dice que no me vaya, que lo acompañe a otra reunión. Me guiña el ojo.

 

17:02

Llegamos a un hotel perdido en Castilla. Vamos el muchacho, su amigo y yo.

“¿Qué hacemos aquí?”, le pregunto.

“Vamos a bañarnos antes… de ir… a la otra reunión”, me dice.

Su celular vuelve a sonar. Ahora sí responde: “amor, tengo exámenes relámpago. Voy a regresar tarde. Te llamo de aquí”.

El otro chico, con el que intercambiaban miradas algo más que afectuosas, sale desnudo y mojado del baño: es un moreno fibroso, algo alto, ni delgado ni grueso. Se acerca a mi oferente y lo besa en la boca: “¿Hasta cuándo vas a seguir con ese huevón”, le dice. El muchacho sonríe, se quita la ropa y entra a bañarse.

 

17:29

Los tres estamos desnudos, abrazados y besándonos la boca (con fuerte aliento a alcohol) y el cuerpo. El chico moreno está al medio, y alterna dándome el frente o la espalda; luego, se pone boca abajo y nos recorre hasta comenzarnos a mamar el pene y los testículos. El chico que me invitó y yo aprovechamos para besarnos, aunque también le pellizco las tetillas.

Después el moreno se pone en cuatro, y el otro chico, algo robusto, pero aún con cierta forma, lo penetra por el ano. Me mira, y me hace señas de que lo penetre. Lo hago.

 

17:57

No aguanto más y eyaculo. Increíblemente, el chico que me invitó sigue fornicando con el moreno. Me acuesto a un costado para verlos.

 

18:06

El moreno le pide que pare, porque le arde el ano. La acción finaliza. Mientras el moreno se va al baño, y el abogado se quita el condón, se acuesta a mi lado y me besa.

“¿Las diste?”, curioseo.

“No. Demoro como mierda”.

“Y, ¿qué tomas?”

“Cuando estudiaba en la universidad, me recurseaba como escort, así que aprendí a cachar sin vaciarme al toque”.

“¿Ibas al gym?”

“Sí. Pero hace años que lo dejé. Tú si vas, ¿no?”

“Por mi trabajo como policía, tengo que estar en forma”.

 

20:00

Tras hacerlo por segunda vez, esta vez penetrando alternadamente al moreno entre el abogado y yo, por fin eyaculamos todos. Nos bañamos y vamos a comer al centro.

Aquí sí me despedí.

“Vamos a hacer un tercer round”, me dice el moreno. “¡Ven con nosotros!”

“No. Tengo que hacer”.

Noto que el abogado que conocí sigue mensajeando.

“Parece que su jermita lo marca mucho”, le digo al moreno.

“Ay, qué jermita, ni qué nada. Es un infeliz al que se lo forra cuando no me visita o no lo visito. Conmigo sí culea bien”.

Igual, me despido.

 

9FEB2013

10:58

Suena mi celular de nuevo. Es el abogado: “¿estarás libre como para comer algo de aquí?”

“Sí. ¿Dónde te veo?”

“Por la Plazuela Merino”.

 

12:15

Nos encontramos. Nos saludamos. Nos vamos a almorzar.

 

13:33

El abogado está desnudo. Se acuesta a mi costado. Me besa. Estamos en el mismo hotel de la vez pasada.

“Oye, y qué milagro tu pareja no te llama ni te mensajea”, le observo.

“Nada huevón. Descubrió que no fui a clases la semana pasada”, me dice suspirando.

“¿Y cómo se dio cuenta?”

“Uno de mis patas escribió algo en Facebook, y luego él llamó a la universidad y le dijeron todo”.

“A la mierda. ¿No querrá ser policía?”

“No creo. El conchasumare de su ex lo ayudó”.

“¿en serio? No me digas que te vio”.

“No sé cómo lo hicieron, pero ya no quiere saber nada de mí, ni me contesta mis llamadas”.

“Debiste ser más sapo”.

El abogado se lebanta, va al baño, se coloca su boxer.

“Tengo que irme. Tengo unos amigos que necesitan algo de acción. Si quieres los llamo”, me dice.

Decido que lo mejor es salir juntos. Trato de ocultar mi sonrisa por esta tragicomedia. A todos nos pasa alguna vez, pienso.

 

©2013 Hunks of Piura Entertainment. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com

jueves, 20 de octubre de 2022

Ser Rafael 9.2: Acarícialo ahora que puedes


Llegamos a la calle donde estaba el dormitorio de Antonio. Miré a todos los lados: cero gente.

Sin vergüenza alguna y mostrando la reacción de mi falo bajo la ropa ajustada, bajé y me metí en la casa.

Como la escalera para llegar al dormitorio era independiente, me daba lo mismo que se me viera o no; total, nadie estaba allí. Incluso el propio Eduardo pareció no advertir el cuadro porque siempre estaba delante de mí.

Al llegar a la habitación, traté de sacarme el traje.

“¿No te meterás al baño?, me preguntó Eduardo.

“Sí, una vez que consiga quitarme esto”, le respondí.

El muchacho se me aproximó y ayudó a deshacerme de la tela que el sudor había pegado a mi piel.

Cuando por fin yo estaba con todo el torso desnudo, le detuve sus manos.

“Gracias. Esta parte será sencilla”.

Él se retiró y se sentó en la cama.

Al quitarme las mangas de las piernas, saltó mi erección.

Traté de no darle importancia, de no mirar los ojos de Eduardo. Tomé una toalla y me metí brevemente a la ducha para limpiarme la capa pegajosa a lo largo de toda mi piel.

En un par de minutos estaba fuera.

Eduardo miraba la televisión. Tenía la pantalla sintonizada en una película pornográfica heterosexual que daban en el canal para adultos.

Tomé mayor atención a lo que veía: el actor era T.T.Boyd.

Me quedé desnudo contemplando la escena, y la excitación, que había decrecido con el agua fría, retornó.

“Bonito discurso de cumpleaños”, me dijo Eduardo.

“¿Tú crees?”

Mi miembro ahora estaba totalmente congestionado de sangre y casi palpitando.

Él volteó a mirarlo.

Entonces, buscó MIS OJOS.

“No voy a hacerlo, Rafael… No puedo, no debo… No quiero”.

Nos miramos unos segundos más.

Él se levantó y vino hacia mí.

Puso su mano derecha sobre mis pectorales y comenzó a bajar lentamente.

“Al final sí quieres”, le dije en voz baja.

Su cabeza se fue aproximando a la mía. Su mano ya estaba en mi abdomen.

“No debo, pero sí quiero”, dijo él casi susurrando.

Su mano ya estaba en mi recortado vello púbico. Su cabeza estaba demasiado cerca a la mía.

“Hazlo ahora que puedes”, asentí.

Por fin, sus suaves dedos comenzaban a acariciarlo, a sujetarlo, a masajearlo.

Su boca estaba a milímetros de la mía.

De pronto, Mi celular sonó…

“Espera”, le dije.

Era Sonia pidiendo que, al regresar, compráramos una botella de vino en la estación de servicio cercana.

Mi erección decayó un poco. Busqué mi boxer, mi pantalón y mi camisa.

Eduardo seguía inmóvil donde lo había dejado, a mitad del dormitorio.

“¡Vamos! El trago se les está acabando”, le avisé.

Eduardo caminó hacia la puerta. Yo también.

Cuando él iba a abrirla, se detuvo.

“Queríamos pero no pudimos”.

“Tampoco debíamos”, repliqué.

Eduardo demoró otro par de segundos. Al fin abrió la puerta.

Bajamos.

Al regresar a la casa de Laura, la reunión estaba en su apogeo.


martes, 26 de noviembre de 2013

Anselmo (8)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: N-Azz

 

Zack trajo otra botella, descorchó, sirvió su taza y la de Anselmo. Salud de nuevo. Acercó su silla.

“Aquí es bonito, pero debes conocer Paita. Te gustará el mar”.

Un corchazo cayó en la cabeza del chico simpático. Era Martín, quien lo recriminó cerrando un poco los ojos. Zack conocía ese gesto, y entendió por qué fue objetivo del proyectil.

“Sírvete papitas”.

Zack se sobó el cabello, e hizo lo que le dijeron. Nuevamente Anselmo vio esos glúteos redondeados que adelgazaban el cuerpo sin vellos del chico vestido con el pantaloncillo nlanco, esta vez a sólo centímetros.

Anselmo marcaba mil, de no ser por el pantalón que seguía vistiendo, y, que por nada se lo sacaría.

“Sírvete”.

Anselmo tomó algunasppapitas  mientras miraba a los ojos claros de Zack, quien le sonreía.

Tomó otro sorbo de vino, y al bajar la taza, el chico rozaba su muslo izquierdo contra sus dos rodillas.

“¿Ya acabaste el colegio?”

Anselmo mintió gestualmente sin dejar de ver la sonrisa de Zack, combustible de su erección, a la que logró dirigir hacia su muslo derecho.

“¿Qué quieres estudiar?”

Anselmo no supo qué decir. Zack se acercó hacia él y puso su mano izquierda muy cerca de la zona de peligro.

“Tu padrino te puede ayudar, ¿OK?”, le dijo en voz baja, a la vez queextendió sus dedos hasta ubicar la humedad que producía la secreción transparente de su glande. Zack no dejó de sonreirle ni despegarle la mirada de los ojos.

Anselmo sintió más calor aún.

“Tómate una más”, le invitó susurrando.

Anselmo acabó la taza rápidamente, y se levantó. Se fue hacia la cocina, buscando la puerta del fondo. Quería orinar. Cuando logró su cometido, sintió durante varios minutos que el frío de la sierra lo evitaba. se bajó la cremallera, y se sacó el miembro duro. Orinó largo y fuerte. No sabía en qué pensar.

De regreso, notó que Zack estaba sentado sobre la pierna izquierda de Agapito, quien metía sus manos por debajo del bóxer, allí donde acababa la espalda. 

Conversaba animadamente con su padrino, sin dejar de tomar esa bebida dulce y amarga.

Anselmo pasó hacia su cuarto de manera sigilosa, se sentó en su cama, y, despacio, se quitó el pantalón.

Así desnudo, se acomodó contra la pared, e intentó dormir. Pegó los ojos unos minutos, y, al abrirlos, notó el resplandor del candil de la sala, y escuchó respiraciones ahogadas y gemidos que identificó: Agapito.

En puntillas, fue hasta el marco de la puerta.

Efectivamente, era su padre,sentado en la silla,con el calzoncillo por los tobillos, ofreciendo su enorme pene a Zack, quien succionaba con los ojos cerrados, con tanta firmeza, que su padre se estremecía sobre el madero.

Se asomó un poco más. del otro lado, Martín hundía su cara entre los enormes glúteos de su asistente. Los grandes muslos de ambos no le dejaron ver nada más, sin contar  que la luz no era de mucha ayuda.

Anselmo se erectó de nuevo, y comenzó a desear ser parte del festín. Pero no estaba Elías cerca, así que se conformaría con mirar. Si no, hubiera roto el protocolo campesino, y se habría abalanzado sobre Zack. Comenzó a masturbarse.

“los condones están en la mesa”, dijo Martín, mientras daba auna nalgada a Zack, y se paraba de ahí.

Anselmo salió disparado, pero en puntillas hacia su cama. Se metió entre la sábanas, y cerró los ojos en dirección a la pared. Su erección era lo de menos, total, ya estaba a buen recaudo.

Escuchó a su padre alabar el gran culo de Zack, pidiendo penetrarlo. Zack le dijo que OK, pero debía dilatarse bien, mientras le solicitaba ponerse un preservativo.

De inmediato, Anselmo sintió que un peso se colocaba a su costado.

“Tranquilo”.

Un brazo lo rodeó, mientras una barbilla como lija exploraba su cuello. El adolescente quedó petrificado.

“Asu. Ya estabas listo. Calatito”.

Anselmo quería escapar o gritar, y cuando iba a abrir la boca, escuchó un gemido de dolor, cruzando la pared, seguido de otro de placer, más ronco.

“Es tu viejo comiéndose al Zack. Yo no soy tan bruto”, agregó la voz en su cuello, mientras sentía que unos dedos le humedecían el ano, dejándolo demasiado suave, extra suave. El peso de la otra persona lo ladeó hasta ponerlo debajo.

“Levanta el culo, que yo seré bueno contigo,  mi vida”.

Zack volvía a emitir otro gemido, seguido de un ¡despacio!

“No te haré doler, mi amor”. Dijo la voz apagada sobre su espalda, mientras sentía que su ano se dilataba ante la entrada de algo duro, que lo obligaba a abrirse de piernas, y la barbilla de lija seguía provocándole cosquillas en la nuca. Luego escuchó un gemido, mientras entre sus nalgas, la pelvis del invasor danzaba con cierta excitante suabidad.

Contra su colchón, Anselmo sentía que el cosquilleo de su miembro se transformaba en humedad, y luego en éxtasis. Comenzó a jadear, y se percató que, si lo hacía, al ritmo de la danza, podía anular el dolor.

“Así, mi amor. Así como lo sabes hacer,cariño. No pares”.

Sintió una boca besándole la nuca, humedeciéndola con saliva.  Se había aislado del todo, incluso del fuerte gruñido de placer que su padre dio del otro lado de la pared, anunciando su orgasmo, como era costumbre.

Anselmo percibió que una humedad caliente se posicionaba de su abdomen bajo y su colchón, a la vez que alucinaba estar cayendo al vacío, sin miedo, con placer.

“ah, qué rico aprietas. Vas a hacer que me vac´íe”.

Ahora la danza le producía irritación allá atrás, y pugnaba por sacarse el peso de encima, entonces movía las piernas en todas direcciones.

Sintió un enorme suspiro en su nuca, y un latido fuerte en la pared de su ano. Pasó un minuto. El peso desapareció de su espalda.

“Eres lo máximo. No sabes cómo me hiciste feliz”.

No era la voz de Elías.

Anselmo quiso llorar, pero el cansancio lo venció. Se quedó dormido, arrullado por los gemidos de Zack, quien se iba por el segundo asalto del pene de Agapito.

 

(CONTINUARÁ…)

 

© 2012, 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí. SIEMPRE PRACTICA SEXO SEGURO.

Texto producido con el Método Writting Fitness. Más información aquí.

miércoles, 11 de julio de 2012

Tocando bultos en el bus

Una de las fantasías más frecuentes que tenemos es subir a algún bus y tocar, rozar cuando menos, algún paquete que resulta apetitoso.
Hasta hace 15 años, eso se podía hacer en EPPO cuando la gente salía de la universidad y viajaba parada (o sea, de pie); pero las nuevas reglas de tránsito que obligan a que todos vayan sentados acabaron con el jueguito.
La técnica era sencilla: te acercabas al pata que parecía atractivo, y con el cuento de que llevabas tus cuadernos o tu folder en la mano, le comenzabas a rozar la bragueta. Si notabas que la cosa (o sea, la verga) se ponía dura, pasabas del roce a la presión.
Otra táctica era tener una mano en el pasamanos, y con el pretexto de que iba la gente apretujada, la otra mano rozaba primero, presionaba luego, y agarraba después.
La huevada es que la proliferación de los choros hace que cualquier mano, antes que ser un síntoma de placer, sea de peligro.
Si viajas en la olla de una camioneta, esto todavía puede ser practicado, siempre que haya mucha gente viajando más o menos apretada.
Aún así, hay suertudos que van sentados y de pronto hay alguien parado, y con la complicidad de algunos baches, sin más te arriman el paquete al hombro. Si tienes suerte y sensibilidad, podrás sentir cómo la pinga comienza a pararse. Claro está, para que no haya roche, lo mejor es que sea oscuro.
La versión más avezada es tocarla sin más estando ambos sentados. Si ves que el bulto es más prominente de lo usual, podría ser una invitación a tocar, pero ojo, la otra persona debe buscarte la mirada y con ella darte luz verde para iniciar el toqueteo, y aprovechando que es invierno, las casacas o chompas pueden ayudar a disimular la maniobra (al estilo Elvis Crespo, pero corregido y aumentado).
Ah, recuerda este detalle, si detectas la erección y la mirada de la persona te invita a hacerlo, entonces procede.
En los colectivos, puedes usar el codo. Con el cuento de ir apretujados, puedes hacer que tu codo roce el paquete, pero recuerda: erección y mirada.
¿Cómo saber si a la otra persona le gusta? si no te dice nada, o no te quita el paquete de la ubicación que tenía antes del toqueteo, entonces le gusta.
Este juego es preludio a ir más allá, una vez que te bajes de la movilidad. Nada más, toma precauciones y disfruta.
Agradecemos la consulta.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Al predicador que madruga, Nino lo ayuda (I)

Eran las ocho de la mañana y yo todavía estaba en mi cama entre dormido y despierto cuando sonó el timbre. Como es costumbre, estaba dentro de mi edredón y sábana completamente calato dispuesto a no moverme de ahí por nada del mundo. Mi pinga estaba bien al palo. El timbre sonó otra vez. ¿Mi vieja se habrá olvidado de la llave? Capaz. Esa mañana había salido a hacer gestiones.


Yo tenía que ensayar unas coreografías, pero a última hora de la noche mi amiga me mandó un whatsapp diciendo que tenía clases en la U, y que lo dejáramos para la tarde. Yo me recurseo enseñando baile y dando clases de aeróbicos durante las noches en un gimnasio como a cinco cuadras de mi casa. Siempre voy caminando y me vacila cómo la gente se me queda mirando el físico, más aún porque siempre me gusta ir con ropa entallada, que me marque mi cuerpo atlético.


Otra vez el timbre. ¡Carajo!
Me asomé al piso, vi por ahí un short de tela blanco que estaba tirado desde la noche anterior, me senté en la cama y me lo puse al mismo tiempo que me calzaba unas babuchas viejas que tengo.


Comencé a caminar acomodándome mi verga para tratar de que no se me notara la erección. Bien tarado que soy: ¿cómo se me ocurre que en la prenda blanca y entallada no se va a notar la erección? Me asomé a la puerta.
"Buenos días, amigo. Vengo a compartirte una enseñanza de la Biblia".


Un pata moreno, evidentemente maceta, un poco más alto que yo, pelo zambo cortito, linda sonrisa y voz, vestido con camisa manga larga, corbata, pantalón y zapatos de vestir, cargando una maleta, estaba en mi puerta.
"¿Ahora mismo?", le pregunté, asomándome un poco más. ¿Y la otra persona con quien suelen venir esta gente? Siempre vienen en parejas.
"Claro", me dijo. "Si no te interrumpo".
"¿Vienes solo?", le pregunté.
"Sí", contestó medio dudando.


Cuando trabajas en el gym, y mucho más si eres instructor,aprendes a darte cuenta de los físicos a la volada, pero, ¿ de qué gym era este patita? Peor aún, ¿por qué chucha no se me bajaba la pinga?
"Entra", le dije.
Me agradeció.
Mientras él pasaba pude notar mejor su amplia espalda, brazos con buenos bíceps, rico culo redondo, piernas gruesas (su pantalón no era muy flojo que digamos). Donde sí parecía que faltaba ejercitar era la cintura. No era delgada ni gruesa. simplemente parecía que no la ejercitaba.


Yo no sabía cómo mierda poner mis manos para que no me viera mi pinga erecta, 18 centímetros, gruesa.
Lo invité a sentarse e hice lo mismo. Rápidamente me puse un cojín del mueble sobre mis piernas para que no me viera lo que ya saben. Cuando él se sentó, sus gruesas piernas parecían que iban a reventar su pantalón. Noté que me miró mi torso y brazos desnudos.
"Perdona", le dije. "Recién me despierto".
Se avergonzó un poco.
"No, perdóname tú a mí", me dijo. "No sabí..."
"No importa", le repliqué. "Tenía que levantarme sí o sí".
Él sonrió. Yo también.
"Me llamo Miguel y vengo a compartirte algo de la Palabra Divina", se presentó mientras abría su maletín y sacaba una revista a todo color.


Con el pretexto de seguir su mano, reparé en su entrepierna. Se hacía una pelota ahí. ¿Será que este huevón se maneja una trolaza o será que tiene buenos huevos?
"Tú sabes", comenzó él, "que el mundo se está perdiendo porque no ama a Dios; incluso, estamos confundiendo el significado de amor. Así nos terminamos amando demasiado..."
¡Esperen un momento? ¿Su religión, secta, grupo o lo que fuera tenía algo contra la autoestima? Aparte de mi pene duro, era lo más grande que tenía.
"Incluso estamos confundiendo las formas de amor, y ahora quieren que veamos como normales, por ejemplo, el amor entre hombres..."
"¿Te refieres al amor de hombre a hombre?", le interrumpí.
Miguel carraspeó.
"Sí... Cuando dos hombres se aman como si fueran... hombre... y mujer".
"¿Qué problema hay con el amor gay? ¿Miguel?"
"Sí... Miguel. Creo... que no me dijiste tu nombre".
"Ah, sí, disculpa. Soy Nino".
"Oh, mucho gusto. Claro, ahora el amor gay se ve como algo normal".
"¿Y por qué no lo sería, Miguel?"
"Porque viola los mandamientos de Dios, va en contra de las Escrituras... verás..."


Se inclinó a buscar algo en su maletín. Sacó un libro de pasta negra -¿pasta negra?- con bordes rojizos. Hojeó las primeras páginas.
"Déjame buscar... por aquí..."
"La Biblia dice que Dios es amor".
Miguel me levantó la mirada; abrió sus lindos ojazos negros.
"Claro, Primera de Pablo..."
"entonces, Miguel, si Dios es amor, si Dios nos ama, si Dios es misericordioso, ¿no sería una contradicción que se opusiera a las distintas formas de amor siempre que sean legítimas?"
Miguel se quedó boquiabierto.
"Pe-pero... pero en Deutero..."
Miguel vio su Biblia (suponía que fuera éso) abierta en sus grandes y gruesas manos.
"Cierra la Biblia, Miguel. Piensa tú mismo. ¿No sería una contradicción?"
"Es queeeee... no es debido, Nino".
"¿qué es debido, Miguel?"
el chico hizo silencio.
"¿A...marnos?", dudó.
Yo le alzé mis cejas.





El momento se había puesto tenso, y no sé por qué se me ocurrió, pero lo invité a que me acompañe a la cocina. El debate ya me había bajado la pinga así que podía caminar sin temor a que se diera cuenta. Estaba calentando un poco de chocolate legítimo que mamá me había dejado para desayunar. ¡Hasta para éso me daba pereza! Miguel estaba apoyado en el marco de la puerta a mis espaldas.


"Nino, ¿puedo preguntarte algo?"
"¡Claro!", respondí animado.
"¿Por qué no te incomoda las relaciones entre hombres?"
"Porque cada uno es libre de hacer su vida sin joder a nadie más", repuse con seguridad.


Tomé la tetera con cuidado y serví una taza para Miguel y otra para mí. Volví a dejar la tetera sobre la hornilla de la cocina, tomé ambas tazas y las llevé hasta donde estaba el moreno. Bueno, trigueño oscuro.
Me agradeció y la recibió.
"Uy, olvidé ponerle azúcar", observé.
Miguel sonrió, notando que yo había reaccionado algo tarde porque había sorbido ya la taza. Entonces sus ojos se abrieron más.
"¡Delicioso!"
"¿En serio?"
"Sí. ¿Qué marca es?"
"No tiene marca. Lo traen del campo, cerca de acá".
Miguel sorbió otro poco.
"Estás en forma", me dijo.


Yo sonreí. Por alguna extraña razón, no quise presumir lo que hacía, a lo que me dedicaba.
"Entonces, ¿te gusta el chocolate?", le consulté.
"Bueno. Al menos éste, sí", se animó. Sorbió otro poco.
Yo hice lo mismo, saboreando el amargor del cacao secado, tostado y molido. Pensé que al menos ése iba a ser el único punto de encuentro con Miguel aquella mañana. Pensé que una vez que se terminara su chocolate, me agradecería, tomaría sus cosas y se iría amablemente a seguir tocando puertas.


"Nino... ehhh... ¿puedo... preguntarte otra cosa?"
"Seguro", casi susurré, casi sin despegar mis labios del borde de la taza.
"Tú..." Se tomó su tiempo. sorbió más chocolate. "Tú... ¿tú has... has estado... con otros hombres?"
Lo miré fijamente a sus lindos ojos.
"Sí", volví a susurrar.
Me bajó la mirada. Sorbió otro poco.
"¿Y has sido feliz?", me volvió a preguntar sin atreverse a levantarme la mirada.
"Sí", repetí.
"¿No sientes... que le has fallado a Dios?"
"No sé si le fallé, Miguel; pero al menos sé que he sido honesto conmigo y con las personas con las que he estado".
"¿Han sido varias?"
"Sí".
Miguel se quedó estático mirando su taza.
"¿Y éso te hace sentir bien?"
"Me sentiría peor si finjo ser quien no soy".


Ambos nos miramos fijamente a los ojos. La expresión de Miguel era la misma de quien de pronto había descubierto algo que no era como lo había pensado o se lo habían contado.
"¿Y Dios?", me insistió.
"¿Qué tal si Dios te mandó aquí?"
"Sería una herejía, Nino".
"¿Una herejía del propio Dios?"
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.


Me acerqué hacia él. No temí aproximarme. Junté mi cuerpo al suyo. Lo besé en los labios. No me correspondió, pero pude sentir que sus labios eran suaves y cálidos. Quizás por el chocolate.


Cuando me separé y abrí mis ojos, vi que los suyos aún seguían cerrados. Una lágrima corría por su mejilla derecha.


Miguel abrió sus ojos lentamente, se deslizó a mi costado y dejó su taza sobre la mesa de la cocina.


Regresó y se puso frente a mí, junto a mí. Me miró con sus ojos llorosos.
"¿Pasó?"
"Pasó, Miguel".
él tomó mis mejillas, las sujetó firmemente, aproximó su cara. Me besó profundamente. A medida que sentía su lengua explorando mi boca, saboreaba el inigualable chocolate.
Mi pinga se puso dura de nuevo.