La sexualidad
entre hombres no conoce límites, y gracias a la tecnología los gays y bi
campesinos se están integrando cada vez más y mejor.
Tenemos un prejuicio
equivocado sobre el sexo gay o bi. Pensamos que solo ocurre en la
ciudad. Mentira. En el campo ocurre en la misma proporción. Quizás no tenga lo
sofisticado de una ciudad pero a los varones del campo también les excita ver
un buen culo, quizás una verga, quizás ambas, pero lo cierto es
que se les pone dura y jugosa o se les dilata del mismo modo.
Y ahora que los
servicios de internet también han penetrado entre plantaciones y granjas,
los varones del campo tienen el mismo acceso que cualquiera en la ciudad para
sextear desde la intimidad de su cuarto o mandarte gloriosas fotos hot,
como las que ilustran este post y que son 100% reales. Esa pinga pertenece a un
chico campesino de Piura.
Dicho sea de
paso, ¿quién dijo que un chico del campo no disfruta igual del sexo que un
chico de la ciudad. Igual te mete la pinga, le puedes meter pinga, te la
mama, se la mamas, lo puedes besar, masajear, acariciar, amar. En fin, todo lo
que el sexo entre dos patas adultos te permita. Incluso hasta hacer una sesiónde fotos al desnudo o una buena escena sexual que no deje espacio a
la imaginación, final feliz incluido.
Así que te
animamos a explorar el campo como otro lugar donde puedes buscar contactos para
chatear, intercambiar material, visitar, tener sexo, o hasta encontrar el amor
de tu vida. Bueno, o a lo mejor un buen ejemplar masculino que pueda
ilustrar nuestras páginas. Si conoces a alguno, o vives en el campo, te
invitamos a ser parte de la experiencia gay y bi de nuestra comunidad.
Escríbenos a hunks.piura@gmail.com para enterarte qué debes hacer, o deja tu
mensaje aquí abajo en los comentarios. Recuerda que esto es solo para mayores
de edad. Y, como siempre, seguimos hablando en nuestro Twitter.
El culo de
Marcano parece ser demasiado grande para el asiento de la motito Honda de
segunda mano que utiliza para ir de un lado a otro de San Sebastián y atender a
su clientela. Julio lo experimenta ahora mismo mientras está sentado detrás
suyo entrando por el camino que lleva a su chacra.
Por más caleta
que quiere pasar, le ha sido imposible despegar su bulto de las dos enormes
nalgas del venezolano. ¿Se habrá dado cuenta que sus 18centímetros están al
palo? Ojalá su jean lo haya podido disimular, pero con esos baches… uff,
jodido.
“Es en esa
puerta”.
Cuando al fin
logran desmontar, Julio trata de dar la espalda al electricista para que no se
percate de la erección. Ya dentro de la casa, van al dormitorio principal. El
anfitrión abre la ventana para que entre más luz natural. Marcano analiza las
paredes y el techo; regresa a la moto para traer su maleta de herramientas.
Julio se mira la entrepierna y se golpea la pinga a ver si se le baja.
A la media hora,
Edú regresa de trabajar en la plantación y entra por la puerta trasera dejando
la pala donde siempre. Al escuchar el murmullo, se aproxima al cuarto y
encuentra a Marcano descalzo, subido sobre la cama tratando de instalar un
soquete en el techo y a Julio en la puerta mirando la escena. Disimuladamente
le toca el culo y el dueño de casa se asusta.
“Estamos
iluminando tu nidito de amor”, reacciona.
Edú saluda a
Marcano y lo primero que le llena la vista es un evidente cuerpo atlético bajo
el mameluco, en especial las piernas y las nalgas.
“Voy a bañarme”,
avisa Edú. “Tengo las bolas bien sudadas”.
Marcano ríe.
“entonces, aparte
de las bolas lávate bien ese culo”, bromea Julio captando la intención.
“Voy a sacar mi
mochila”, replica Edú.
“Oe, huevón, ¿y
acaso en el estadio no te paseabas enseñando el culo en las duchas como si
nada?”
Marcano vuelve a
reír y mira a edú:
“¿Qué deporte has
practicado, pana?”
“Fútbol. ¿Tú has
practicado alguno?”
“Béisbol en mi
país, pero acá hago pesas”.
“Ah”, reacciona
Julio. “por eso el cuerpazo”.
“También solíamos
andar desnudos en los camerinos antes de ducharnos”, cuenta Marcano. “Bueno,
era lo natural entre nosotros”.
“Entonces, no te
incomoda ver hombres calatos, ¿o sí?”, lanza Edú ya sin anestesia.
“En el cuarto que
alquilo, a esta hora, ando calato, como dicen ustedes. Solo uso la ropa para ir
a la calle, pero hasta duermo sin nada porque me incomoda”.
Edú y Julio se
miran en silencio.
“¿Y no te mueres
de calor en ese mameluco?”, interviene Julio. “Yo que estoy acá parado, estoy
sudando de pies a cabeza… incluso los huevos”.
Marcano sonríe
otra vez:
“La verdad que sí
pana, me sudan hasta las bolas, pero… tú sabe’, el respeto, o alguien venga”.
Sin previo aviso,
Julio comienza a calatearse. Mira a Edú, y éste lo imita. Cuando Marcano baja
la mirada, un hombre calato de 30 años y otro de 50 están como Dios los trajo
al mundo… y cada uno con sus pingas de 18 centímetros en pleno engrosamiento.
Marcano sonríe de
nuevo. Se baja la cremallera del mameluco, se lo saca, luego el polo que tenía
dentro y finalmente su bóxer.
“Ahora sí
trabajaré a gusto”, sonríe el venezolano mientras su pinga de 21 centímetros ya
está bien parada y sus nalgotas están allí, firmes y lampiñas.
Edú se encarama
en la cama, y aprovechando que Marcano sigue de pie, se arrodilla delante suyo
y comienza a mamarle la verga. A la mierda si sabe un poco más salada que de
costumbre debido al sudor. Tras el electricista, Julio acaricia los generosos
glúteos, los separa y trata de hundir su cara entre ellos. Marcano cree estar
soñando.
Luego de un rato,
la lengua del visitante explora el culo y el hueco de Edú, mientras que el suyo
sigue bajo dominio de Julio.
“Lo tienes bien
dilatado”, le susurra al electricista.
“¿Tienes
condones?”
Julio hace una
seña a edú y saca un paquetito.
“¿Han hecho un
trenecito?”, insinúa Marcano.
“No, pero si lo
sabes hacer, enséñanos”, responde Edú.
Con su pene ya
forrado y lubricado, Marcano comienza a introducirlo despacio a Edú hasta que
logra insertarlo por completo. De inmediato, Julio mete su falo en el ano de
Marcano. Cuando por fin los ‘vagones’ están conectados a la locomotora, Marcano
comienza a mover su cadera con ese inigualable ritmo caribeño estimulando el
recto de Edú y masajeando el miembro erecto de Julio. Es increíble la cantidad
de placer que tres hombres pueden disfrutar así al mismo tiempo, en especial el
del medio, pues goza doble.
Posteriormente, y
luego que Julio aclare que su culo no recibe verga, Edú pasa a ocupar el lugar
del medio y Marcano permuta hacia delante. Ahora Edú puede entender la
sensación que Julio acaba de experimentar al meter su pinga a ese culazo.
Tras varios
minutos de hacer el trenecito, Edú se arrodilla sobre el suelo del dormitorio,
mientras las pingas de Marcano y Julio lo apuntan en cada mejilla. Tras algún
rato de que ambos se pajean, siente el semen caliente impactar sobre su cara.
Para hacerlo
recíproco, Marcano se arrodilla y chupa el pene de Edú.
“Las voy a dar,
carajo. Se viene mi leche”.
Marcano se saca
el pene de la boca y el esperma se dispara sobre su rostro.
Tras bañarse
juntos, y aún calatos, Marcano instala el foco, Julio lo prueba y el cuarto ya
tiene luz artificial.
“Oe, huevón, tienes
hermoso cuerpo. ¿Dónde dijiste que haces pesas?”
“Ah, pana. En el
gimnasio… el de la parroquia”, contesta Marcano sin intención.
Julio y edú se
miran un poco palteados. Marcano se da cuenta:
“¿Pasa algo,
panas?”
“Mira, pata”, se
adelanta Julio, “creo que tenemos que hablar al toque una nota seria… mi hijo
entrena en el gimnasio al que tú vas”.
“No le veo el
problema, pana”, responde Marcano con una sonrisa de incomprensión.
“No quiero que se
entere que los tres hemos cachado; mejor dicho no quiero que se entere que su
papá…”
“Fresco, pana”,
interrumpe Marcano. “Cuando uno trabaja como electricista, mira, escucha, toca,
hace y calla… ¿Tú crees que no sentí tu verga dura en mi culo? ¿Te dije algo
acaso, vale?”
Julio se sonroja
y carraspea.
“Chicos”, se mete
Edú, “creo que a ninguno de los tres nos conviene que se sepa esta historia, y
creo tener una solución que nos convenga a todos… y seguir gozando sin que
nadie nos joda…”
Rodo, el mototaxista,
no pensó que la carrera incluyera participar en un trío.
Paco está en una
esquina más o menos concurrida pasando las 8:45 de la noche del martes. Mira su
celular y sonríe. Está vestido en una buzola que disimula pésimo su cuerpo
delgado formado porque de la cintura para abajo, sus dos nalgas resaltan a
pesar de la casaca y el viento revela la corva de sus bien formados muslos.
“Hola”.
Paco gira y se
encuentra con un sonriente edú, quien viste chompa, jean, zapatillas y una
mochila.
“Perdona la
demora. ¿vamos?”
“¿Sabes cómo
llegar?”
“Aunque hubiera
apagón. ¿Vamos?”
“No, Edú. Estás
loco si vamos a pie”.
“Tomemos moto”.
Paco busca en su
celular y llama:
“No cualquier
moto”.
En diez minutos
aparece un trimóvil conducido por un chico que, bajo la luz blanca del
alumbrado público, aparenta ser guapo, cosa que a Edú le jala la vista.
“Profe”, saluda
el conductor.
“Rodo”, responde
Paco.
Sube y le indica
a edú que lo siga. Arrancan. En cinco minutos, las luces de San Sebastián
quedan a sus espaldas, pero ocasionalmente las luces de los autos en la
carretera los encandilan. Rodo toma un desvío y se mete en un camino de tierra afirmada,
por lo quebaja la velocidad para no levantar tanto polvo.
Edú aprovecha que
hay mucha más penumbra para cariciar la espalda de Paco hasta llegar más debajo
de su cintura y meter su mano en la pantaloneta.
“No te has puesto
calzoncillo”, dice a Paco al oído mientras mete su mano hasta ponerla en la
raja del culo. Paco pone su mano en el bulto sobre el jean, protegido con la
mochila; lo acaricia. Se aproxima al cuello de edú y comienza a besarlo.
“Aguarda”, le
susurra el atleta. “Tu pata puede darse cuenta”.
“Le entra”,
aclara Paco.
“¿Qué tanto le
entra?”
Al llegar a la
puerta de la parcela de Julio, edú se baja y la abre.
“Adelante”,
indica Paco a Rodo.
“¿No hay roche?”,
se paltea un poco el chico.
“Entra normal”.
El vehículo se
detiene en el estrecho espacio entre el cerco y la fachada de la casa rústica.
“¿A qué hora te
vengo a ver?”, consulta Rodo a Paco.
“¿Y si entras un
rato, o tienes que hacer?”
“Chambear, profe.
Tú sabes cómo está la situación”.
“Te pago carrera
con espera”, replica Paco. “Va a ser bien difícil conseguir moto de regreso”.
“Ya, pues… te
espero”.
“No”, tercia Edú.
“Mejor baja y entra con nosotros”.
Los tres ingresan
a la casa. Edú prende la luz de la sala. Los invita a seguirlo al cuarto. Para
animarlo, Paco se acerca a Rodo, lo abraza y acaricia hasta poner su mano en su
paquete. El conductor se da cuenta que edú ya desapareció.
“¿El pata le
entra?”
Paco afirma
sonriente con la cabeza. Cuando los dos
invitados ingresan al dormitorio, una linterna está prendida iluminando la
pared enlucida cuyo color blanco refleja cierta claridad. Edú ya está sentado
en la cama quitándose las zapatillas. Su mochila está en una pequeña mesita.
“Pónganse
cómodos, chicos”.
Paco comienza a
desnudarse. Rodo aún está perplejo: ¿qué es todo esto? Edú ya se quitó la
chompa y ahora se saca el polo, se pone de pie y se afloja la correa para
bajarse el pantalón. Paco también se ha deshecho de la casaca y el polo, se
sienta en la cama y se quita las zapatillas, y en una maniobra típica de ballet
ruso, se saca la pantaloneta y se queda calatito. Rodo mira cómo edú se
aproxima hasta Paco, quien ya está acostado boca arriba, y lo besa en la boca.
Ambos se acarician.
“No te has
quitado el bóxer”, observa Paco a edú.
“Hazlo tú”.
El ‘profe’ se lo
baja y siente cómo su pinga ya dura se junta con la verga semidura del otro
varón. Mientras tanto bajo su ropa, Rodo siente que la suya también está bien
parada y mojándole el calzoncillo. Paco y edú se siguen besando y acariciando
sin censura, hasta que el primero se percata que el otro invitado sigue allí,
de pie, inmóvil:
“Calatéate,
Rodo”.
El mototaxista
sigue sin atinar a nada excepto apoyarse en la pared y cruzar los brazos. Edú
gira y pone a Paco encima suyo quien, rápidamente, se pone en cuatro y se
agacha a chuparle los 18 centímetros de pene ya al palo.
“Así, Paquito.
Trágatela”.
En la oscuridad,
Rodo libera sus brazos, se baja el cierre y por fin se anima a sacar su pene
erecto. Lo pajea. En ese mismo instante, edú gira hacia su mochila y abre uno
de los bolsillos, saca un paquetito de condones y un sachet de lubricante. Abre
uno y aprovechando que paco se la deja de chupar, se lo pone.
“Siéntate
encima”.
“No me has
estimulado mi ano”, le aclara Paco.
“Gira”.
Ambos hacen un
69: Edú sopea a fondo el hueco de Paco. Rodo, quien decide que masturbarse no
será suficiente, por fin se quita la chompa, el polo, el jean… todo… Ya desnudo
se pone a los pies de la cama entre las piernas de Edú. Paco aprovecha la pose
para mamársela. Aunque la pinga de Rodo mide 14 centímetros, es cabezona y algo
curva hacia abajo.
“La mamas rico”,
le felicita el chofer.
Vistas las
circunstancias, edú decide sacar sus piernas y abrirlas. Aprovechando que Paco
está en cuatro chupándosela a Rodo, toma un poco de lubricante, se lo unta en
su miembro y luego en el hueco del pasivo. Se lo va metiendo poco a poco. Paco
gime de dolor mientras lo penetran sin dejar de chupar la pija de Rodo, quien
de solo imaginar lo que está pasando en sus narices pero a contraluz, llega al
orgasmo y suelta su semen en la boca del ‘profe’. Y deja su pene allí dentro.
Las acometidas de
edú aumentan, se hacen más vigorosas y cuidadosas. Tras cinco minutos de
cachar, se percata que Rodo lo mira a ppesar de la poca luz. No puede distinguir
más detalles sobre su físico, aunque parecía gruesito cuando tomaron la moto.
“Tengo otro
condón y más lubricante”, invita.
“Ya las di”.
Edú sonríe y
sigue bombeando el culo de Paco haciendo sonar su pelvis contra las nalgas del
pasivo. Media hora después, finge haber llegado al orgasmo.
Paco yRodo están
de regreso en San Sebastián sanos y salvos a un cuarto para las 11 de la noche.
“Gracias”, sonríe
el pasajero.
“Me hubieses
avisado”, le responde el conductor.
Paco le sonríe:
“Tú sabes que a
la parcela de Julio no se va a rezar de noche”.
Rodo le sonríe y
se va en su moto. Cuando Paco llega a su cuarto, revisa su bolsillo: en una
bolsita plástica está el condón usado que olvidó tirar por el camino. Está
manchado.