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miércoles, 6 de julio de 2022

La pinga del campesino

La sexualidad entre hombres no conoce límites, y gracias a la tecnología los gays y bi campesinos se están integrando cada vez más y mejor.

 


Tenemos un prejuicio equivocado sobre el sexo gay o bi. Pensamos que solo ocurre en la ciudad. Mentira. En el campo ocurre en la misma proporción. Quizás no tenga lo sofisticado de una ciudad pero a los varones del campo también les excita ver un buen culo, quizás una verga, quizás ambas, pero lo cierto es que se les pone dura y jugosa o se les dilata del mismo modo.

Y ahora que los servicios de internet también han penetrado entre plantaciones y granjas, los varones del campo tienen el mismo acceso que cualquiera en la ciudad para sextear desde la intimidad de su cuarto o mandarte gloriosas fotos hot, como las que ilustran este post y que son 100% reales. Esa pinga pertenece a un chico campesino de Piura.

Dicho sea de paso, ¿quién dijo que un chico del campo no disfruta igual del sexo que un chico de la ciudad. Igual te mete la pinga, le puedes meter pinga, te la mama, se la mamas, lo puedes besar, masajear, acariciar, amar. En fin, todo lo que el sexo entre dos patas adultos te permita. Incluso hasta hacer una sesiónde fotos al desnudo o una buena escena sexual que no deje espacio a la imaginación, final feliz incluido.

 


Así que te animamos a explorar el campo como otro lugar donde puedes buscar contactos para chatear, intercambiar material, visitar, tener sexo, o hasta encontrar el amor de tu vida. Bueno, o a lo mejor un buen ejemplar masculino que pueda ilustrar nuestras páginas. Si conoces a alguno, o vives en el campo, te invitamos a ser parte de la experiencia gay y bi de nuestra comunidad. Escríbenos a hunks.piura@gmail.com para enterarte qué debes hacer, o deja tu mensaje aquí abajo en los comentarios. Recuerda que esto es solo para mayores de edad. Y, como siempre, seguimos hablando en nuestro Twitter.

Encuentra más sobre campesino gay parcela gay y sexo gay en el campo. 

viernes, 6 de mayo de 2022

La hermandad de la luna 10.7

En Santa Cruz, Adán invita un vaso con agua a Alvin, quien agradece.

“¿Dónde se escondió?, pregunta el biólogo.

Adán levanta las cejas fingiendo ignorancia. Se sienta al costado.

“No es quien dice ser. ¿Cierto?”, insiste el visitante.

Adán ríe levemente:

“Nadie es quien dice ser por lo general, licenciado”.

“Ya sé que no eres Édgar sino Adán, que Édgar es tu alias de batalla; pero eso no es a lo que me refiero”.

“Ya lo sabes, entonces”.

Adán pone su antebrazo izquierdo detrás de la nuca de Alvin, acerca su cara y lo besa profundo en la boca.

“No tienes que hacer preguntas cuando ya conoces las respuestas”.

“”¿Y dónde está ahora?”, curiosea el biólogo.

“Ya regresa… Él siempre regresa”.

Mira un video aquí. 

En la finca, y bajo la luna llena, elga acompaña a Frank a hacer la segunda ronda de la noche alrededor de la propiedad.

“Sí, yo sospechaba que todo era parte de un juego para evitar que venda La Luna”, dice ella.

“Perdona”, trata de humillarse Frank, aunque sin mucha convicción.

“Descuida… Si supieras cuántas veces tuve que fingir bajo el cuerpo de cada hombre que era el mejor amante que la historia hubiese conocido a pesar de que eran un desastre. Digamos que soy parte de ese juego. Sé también que Christian me utiliza, que soy parte de ese juego que ha creado”.

“O sea, todos somos fichas”, concluye el más joven. “Sector maizal todo despejado”, avisa por la radio.

“Sector maizal, negativo; tienen compañía más adelante”.

Elga se pone nerviosa y se refugia tras la espalda ancha de su empleado.

“No hay nada que temer”, Frank sonríe. “Te presentaré a un amigo”.

Giran por el camino y justo a la vuelta, la luz de la Luna apenas si ilumina la piel prieta de un hombre. La luz de una linterna deja ver su rostro sonriente.

“Tranquila”, abraza Frank a elga. “Es un amigo”.

El más joven toma la mano en la que la mujer tiene su linterna y hace que le dirija el haz luminoso de arriba abajo.

“él es Owen”, la presenta.

“Mucho gusto, señora”, dice el recién aparecido.

Diez minutos después, Frank regresa a la caseta de vigilancia a guardar la escopeta y a recargar el radio portátil.

“Vas a pasar la noche con ella?”, averigua Carlos, revisando la laptop.

“No. Hay alguien que me cree su héroe y no quiero decepcionarla más”.

Frank se sienta en una silla; Carlos le sonríe y palmea el muslo.

“¿Cómo le irá  a esta hora?”, trata de enterarse.

“Hasta donde sé, estaban en la comisaría sentando la denuncia y había un poco de gente afuera

“Sí, lo vi en el video”.

“¿Sabes qué es lo más atorrante, tío? Que el mismo cojudo que sacó esos papeles sobre Owen, ahora está transmitiendo a toda esa gente empinchada”.

“Y aquí, sobrino, una tensa paz”.

Arriba en la habitación principal, a elga no le ha costado trabajo deshacerse de su ropa. Con el dormitorio a media luz, está acostada sobre la cama admirando al increíble ejemplar que parece no morir de frío y que está arrodillado entre sus piernas, acariciándoselas suavemente, como si dos guantes de seda recorrieran sus muslos en dirección a sus caderas, y desde allí, dibujando todo su contorno de mujer. Un súbito jadeo se le escapa cuando él transita sus senos, llega a su cuello y casi sin sentirlo va apoyando todos sus músculos encima. Ella le acaricia los fuertes brazos, siente como esos grandes pectorales presionan y calientan su bien formado pecho, cómo su vientre vibra al sentir el acanalado abdomen, cómo la rigidez del sexo y la apertura del suyo se aprestan a fundirse. Puede oler un aliento que parece saber a primavera silvestre. Se besan en la boca. Luego, él le besa su delicado cuello mientras ella trata de hacer lo mismo con el de aquél, o quizás saborear el lóbulo de su oreja mientras sus manos femeninas recorren la suave espalda. No sabe a chocolate, como parece; sabe a ambrosía, a fino anís, a fresca sandía, a dulce naranja. Sabe que la está penetrando lentamente con esa enorme y gruesa verga que no ha evitado contemplar. A ella le sorprende que a pesar de un movimiento inexistente, siente como una inexplicable energía nace allí en sus entrañas y va conectando el resto de su ser, haciendo escala en su corazón, luego en su garganta, sus ojos, su mente. De pronto, está transportada, aferrada de sus enormes y duras nalgas y de sus gruesas y firmes piernas, en un indescriptible bosque tropical donde apenas hay haces de luz, donde hay abundancia de trinos, donde una fresca brisa le trae a la mente aquella canción que algún otro amante quiso censurar.

 



“Haz que este momento sea eterno”, le dice mentalmente.

“La eternidad depende de ti”, siente que le responden.

  La estancia en aquel paraje paradisíaco parece extenderse a lo largo de la madrugada. De eso se trata la magia de hacer el amor, de que la realidad en ese espacio íntimo donde los jadeos, gemidos, palabras cariñosas y caricias son notas del pentagrama, que no sean una pugna por dominar o ser dominado sino una hermosa comunión que inicia desde el primer beso y no acaba jamás. 

domingo, 27 de marzo de 2022

ASS (21): Un culo sangrante tras recibir pinga

La arrechura de Paco está a punto de desatar una tormenta.

 


Luego de hacer el corte de caja de ese miércoles, Pedro se cambia para entrenar un poco de piernas y culo. En el patio bajo techo solo están Alejo, dos alumnos más, y Paco junto a Miguel, aunque este último ya no entrenando sino conversando. Pedro se les acerca y arma su barra para iniciar sentadillas. Miguel se le acerca discretamente:

“¿Estás con ganas esta noche?”

“¿Por qué?”, sonríe el estudiante de contabilidad.

Cuando el AS está cerrado, Pedro entra a la ducha para asearse. Al interior, Alejo y Miguel flanquean a Paco. Se acarician mutuamente, aunque siendo más precisos, Paco les acaricia la verga y éstos le acarician las nalgas. Pedro se desnuda, cierra la puerta y entra al metro cuadrado de mayólica. Se asea bien y participa de lo que promete ser un gang-bang.

Paco se arrodilla y comienza a chupar los 18 centímetros de Alejo, los 18 de Miguel y los 15 de Pedro. Cuando acaba con este último, regresa donde Alejo y repite la secuencia.

A la hora del beso negro, a Paco se le ocurre un juego interesante; se pone en fila apoyado a la pared junto con Miguel y Pedro, se abren de piernas y primero se acarician las nalgas y luego se masajean sus anos. A continuación, Alejo se arrodilla y lame el cculo a Paco, luego a Miguel y finalmente a Pedro.

Cuando acaba, sorpresivamente ocupa el lugar al lado de Pedro, quien lo mira extrañado.

“¡¿Y qué? Es solo un beso negro, ¿no?”

Paco tiene cierta maesttría en usar su lengua en los agujeros de cada uno de los chicos. Y no solo eso, aprovecha una de sus manos para masajearles el pene y mantenerlo duro; de paso, acaricia las bolas. Cuando acaba, Miguel hace el mismo circuito, pero en lugar de pajear a sus compañeros, les da media vuelta y les chupa las vergas. Al terminar su turno, Pedro imita las maniobras de Miguel.

Al tocarle el turno a Alejo, comienza por meter su pene en el culo de Miguel y se mueve con ritmo y cuidado mientras Pedro y Paco siguen acariciándose sus culos; luego Alejo se la mete a Pedro mientras Miguel y Paco le acarician cada uno cada nalgota. Finalmente Alejo se la mete a Paco; pero antes, se coloca uno de los condones que éste ha traído:

“Despacio, papi

Mientras Alejo menea su verga dentro del ano de Paco, a su lado Miguel clava a Pedro. Tras algunos minutos, Miguel se pone otro condón y se la mete a Paco mientras Alejo se quita el forro y se la encaja a Pedro. Miguel sí se mueve hasta que siente su orgasmo venir.

“Dámela en mis nalgas”, pide Paco.

El semen de Miguel se dispara en esas dos blancas posaderas. Es el turno de Pedro, quien se coloca el último condón y penetra a Paco. Al mismo tiempo, Alejo penetra a Pedro mientras Miguel se baña bajo la ducha. Pedro tampoco dura mucho como cachero:

“También dámela en mis nalgas, papi”.

Sobre el semen que aún queda de Miguel, Pedro dispara el suyo hasta que se da cuenta de un detalle en el condón y luego en el piso blanco de la mayólica:

“Estás sangrando, huevón”.

Aprovechando que el ano de Pedro le estrangula la verga debido al orgasmo, Alejo simula llegar al suyo y también se pone bajo la ducha. Para finalizar, Pedro se arrodilla y chupa el pene de Paco hasta ordeñarlo:

“Me vengo, ¿me vengo!”

Paco hace un facial de semen a Pedro, quien vuelve a ver en el piso: hay tres gotas de sangre diluyéndose en el agua que se va a la alcantarilla.

Casi a medianoche, Alejo y Miguel tienen cada uno 50 soles en la mano. Cuando Paco va a darle los suyos a Pedro, éste se niega:

“Apréciamelos”, pide el promotor de la orgía.

Pedro mira a Alejo y a Miguel.

“Acéptaselos”, le guiña un ojo el musculoso.

Pedro lo hace aunque le parece que no debería porque él cachó y se dejó cachar por puro gusto.

Como la casa de Paco está camino de la de Pedro, ambos salen juntos del AS y van andando por las ya desiertas calles de San Sebastián.

“¿Siempre sangras así cuando te cahchan?”, curiosea Pedro.

“No siempre; bueno, hoy que tocó tres, y anoche que me aguanté una verga como la de Alejo y Miguel”, susurra Paco sonriendo.

“¿Dos noches seguidas aguantando verga?”

“Sí, aunque yo creo que también tú te aguantaste la verga que yo me aguanté anoche”.

Pedro lo mira extrañado.

Cuando éste llega a su casa, todos están durmiendo. Sube directo a su cuarto, cierra la puerta y se desnuda. Se mete a su cama y se arropa. En un minuto o dos, Edú pasa de su cama a la de Pedro evidentemente calato y evidentemente erecto a juzgar por el pene que restrega en las nalgas del muchacho.

“Hoy no tengo ganas, Edú”, susurra Pedro. “Acabo de cachar con alguien”.

“¿Con quién?”, finge celos el otro atleta.

“Eso no importa, pero solo te diré una cosa, Edú: no tengo nada en contra de que conozcas nueva gente en San Sebastián y que caches con ellos… pero, ¿quién te autorizó a llevarlos a la casa de la parcela para cachar?”

Edú se queda de una pieza… y su pieza comienza a ablandarse.

Temprano a la mañana siguiente, jueves, Edú y Julio entran al cuarto en la casa de la parcela. El segundo prende la luz y revisa la colcha.

“¿Por qué no me dijiste nada de que también cacharon con otra persona”.

“Pero es un mototaxista, Julio”.

“oe, huevón. ¿No sabes que son las personas más chismosas de San Sebastián? ¿Te has puesto a pensar qué pasaría si llega a oídos de mi mujer que patas están cachando con patas aquí?”

“Está bien, Julio. Se me pasó. Te pido disculpas y seré más cuidadoso la próxima vez que cachemos”.

Julio mira serio a Edú:

“Ya veremos si hay próxima vez para cachar… por lo pronto, lava bien esto antes que alguien se dé cuenta”.

Julio entrega la colcha a Edú. En todo el centro, hay tres o cuatro gotas de sangre ya secas.

Y para terminar,mira un video porno aquí.

        

domingo, 13 de marzo de 2022

ASS (19): Tres patas hacen trenecito en la parcela

Marcano lo sabe enchufar y se lo saben enchufar.


 

El culo de Marcano parece ser demasiado grande para el asiento de la motito Honda de segunda mano que utiliza para ir de un lado a otro de San Sebastián y atender a su clientela. Julio lo experimenta ahora mismo mientras está sentado detrás suyo entrando por el camino que lleva a su chacra.

Por más caleta que quiere pasar, le ha sido imposible despegar su bulto de las dos enormes nalgas del venezolano. ¿Se habrá dado cuenta que sus 18centímetros están al palo? Ojalá su jean lo haya podido disimular, pero con esos baches… uff, jodido.

“Es en esa puerta”.

Cuando al fin logran desmontar, Julio trata de dar la espalda al electricista para que no se percate de la erección. Ya dentro de la casa, van al dormitorio principal. El anfitrión abre la ventana para que entre más luz natural. Marcano analiza las paredes y el techo; regresa a la moto para traer su maleta de herramientas. Julio se mira la entrepierna y se golpea la pinga a ver si se le baja.

A la media hora, Edú regresa de trabajar en la plantación y entra por la puerta trasera dejando la pala donde siempre. Al escuchar el murmullo, se aproxima al cuarto y encuentra a Marcano descalzo, subido sobre la cama tratando de instalar un soquete en el techo y a Julio en la puerta mirando la escena. Disimuladamente le toca el culo y el dueño de casa se asusta.

“Estamos iluminando tu nidito de amor”, reacciona.

Edú saluda a Marcano y lo primero que le llena la vista es un evidente cuerpo atlético bajo el mameluco, en especial las piernas y las nalgas.

        Voy a bañarme”, avisa Edú. “Tengo las bolas bien sudadas”.

Marcano ríe.

“entonces, aparte de las bolas lávate bien ese culo”, bromea Julio captando la intención.

“Voy a sacar mi mochila”, replica Edú.

“Oe, huevón, ¿y acaso en el estadio no te paseabas enseñando el culo en las duchas como si nada?”

Marcano vuelve a reír y mira a edú:

“¿Qué deporte has practicado, pana?”

“Fútbol. ¿Tú has practicado alguno?”

“Béisbol en mi país, pero acá hago pesas”.

“Ah”, reacciona Julio. “por eso el cuerpazo”.

“También solíamos andar desnudos en los camerinos antes de ducharnos”, cuenta Marcano. “Bueno, era lo natural entre nosotros”.

“Entonces, no te incomoda ver hombres calatos, ¿o sí?”, lanza Edú ya sin anestesia.

“En el cuarto que alquilo, a esta hora, ando calato, como dicen ustedes. Solo uso la ropa para ir a la calle, pero hasta duermo sin nada porque me incomoda”.

Edú y Julio se miran en silencio.

“¿Y no te mueres de calor en ese mameluco?”, interviene Julio. “Yo que estoy acá parado, estoy sudando de pies a cabeza… incluso los huevos”.

Marcano sonríe otra vez:

“La verdad que sí pana, me sudan hasta las bolas, pero… tú sabe’, el respeto, o alguien venga”.

Sin previo aviso, Julio comienza a calatearse. Mira a Edú, y éste lo imita. Cuando Marcano baja la mirada, un hombre calato de 30 años y otro de 50 están como Dios los trajo al mundo… y cada uno con sus pingas de 18 centímetros en pleno engrosamiento.

Marcano sonríe de nuevo. Se baja la cremallera del mameluco, se lo saca, luego el polo que tenía dentro y finalmente su bóxer.

“Ahora sí trabajaré a gusto”, sonríe el venezolano mientras su pinga de 21 centímetros ya está bien parada y sus nalgotas están allí, firmes y lampiñas.

Edú se encarama en la cama, y aprovechando que Marcano sigue de pie, se arrodilla delante suyo y comienza a mamarle la verga. A la mierda si sabe un poco más salada que de costumbre debido al sudor. Tras el electricista, Julio acaricia los generosos glúteos, los separa y trata de hundir su cara entre ellos. Marcano cree estar soñando.

Luego de un rato, la lengua del visitante explora el culo y el hueco de Edú, mientras que el suyo sigue bajo dominio de Julio.

“Lo tienes bien dilatado”, le susurra al electricista.

“¿Tienes condones?”

Julio hace una seña a edú y saca un paquetito.

“¿Han hecho un trenecito?”, insinúa Marcano.

“No, pero si lo sabes hacer, enséñanos”, responde Edú.

Con su pene ya forrado y lubricado, Marcano comienza a introducirlo despacio a Edú hasta que logra insertarlo por completo. De inmediato, Julio mete su falo en el ano de Marcano. Cuando por fin los ‘vagones’ están conectados a la locomotora, Marcano comienza a mover su cadera con ese inigualable ritmo caribeño estimulando el recto de Edú y masajeando el miembro erecto de Julio. Es increíble la cantidad de placer que tres hombres pueden disfrutar así al mismo tiempo, en especial el del medio, pues goza doble.

Posteriormente, y luego que Julio aclare que su culo no recibe verga, Edú pasa a ocupar el lugar del medio y Marcano permuta hacia delante. Ahora Edú puede entender la sensación que Julio acaba de experimentar al meter su pinga a ese culazo.

Tras varios minutos de hacer el trenecito, Edú se arrodilla sobre el suelo del dormitorio, mientras las pingas de Marcano y Julio lo apuntan en cada mejilla. Tras algún rato de que ambos se pajean, siente el semen caliente impactar sobre su cara.

Para hacerlo recíproco, Marcano se arrodilla y chupa el pene de Edú.

“Las voy a dar, carajo. Se viene mi leche”.

Marcano se saca el pene de la boca y el esperma se dispara sobre su rostro.

Tras bañarse juntos, y aún calatos, Marcano instala el foco, Julio lo prueba y el cuarto ya tiene luz artificial.

“Oe, huevón, tienes hermoso cuerpo. ¿Dónde dijiste que haces pesas?”

“Ah, pana. En el gimnasio… el de la parroquia”, contesta Marcano sin intención.

Julio y edú se miran un poco palteados. Marcano se da cuenta:

“¿Pasa algo, panas?”

“Mira, pata”, se adelanta Julio, “creo que tenemos que hablar al toque una nota seria… mi hijo entrena en el gimnasio al que tú vas”.

“No le veo el problema, pana”, responde Marcano con una sonrisa de incomprensión.

“No quiero que se entere que los tres hemos cachado; mejor dicho no quiero que se entere que su papá…”

“Fresco, pana”, interrumpe Marcano. “Cuando uno trabaja como electricista, mira, escucha, toca, hace y calla… ¿Tú crees que no sentí tu verga dura en mi culo? ¿Te dije algo acaso, vale?”

Julio se sonroja y carraspea.

“Chicos”, se mete Edú, “creo que a ninguno de los tres nos conviene que se sepa esta historia, y creo tener una solución que nos convenga a todos… y seguir gozando sin que nadie nos joda…”

Y para terminar,mira una película porno aquí

viernes, 11 de marzo de 2022

La hermandad de la luna 9.4

Christian llega hasta la plaza principal de Santa Cruz y se estaciona cerca de la comisaría. Al alcanzar la puerta se queda de una pieza, pero se repone casi instantáneamente.

“Pablito, dichosos los ojos que te ven”.

El guardia intenta conservar la serenidad, casi sin éxito:

“Buenos días, licenciado. ¿Cómo le puedo ayudar?”

“Venía a ver al inútil de tu jefe, pero creo que tú me serás más eficaz. ¿A qué hora termina tu turno?”

“Mediodía, licenciado”.

“Búscame en Collique; sabes de sobra dónde vivo”.

“Tengo que regresar a las cuatro, licenciado”.

“Vas a tener tiempo de sobra, suboficial Chira; además, yo invito el almuerzo y el postre… o al revés”. Christian guiña un ojo.

“Yo lo llamo, licenciado”, responde el aturdido policía.

“Ni se te ocurra fallarme”.

Christian regresa a la camioneta. Apenas abre la puerta, una llamada entra a su celular.

“Buenos días, Nava. Dígame”.

“¿Por dónde estás, Esteves?”

“Pues… aquí, en Collique haciendo unas diligencias. ¿quiere verme?”

“Ya te estoy viendo, Esteves, y solo tengo algo que decirte: aléjate de donde estás porque si la cagas, olvídate de nuestro convenio”.

Nava le corta la llamada y Christian se pone a ver a todos lados, especialmente a la puerta de la comisaría: Chira parece mirar y tocar algo en su celular.

Mira un video aquí. 

Bordeando el mediodía, el abogado llega al departamento que pertenecía a Manolo en el sector sur de Collique, va al escritorio y revuelve papeles; luego abre un estante donde hay más de ellos. Revisa algunas carpetas hasta que se topa con una de color lila. La abre y su rostro se ilumina psicóticamente.

“No, Nava, el que te va a cagar soy yo”, maldice.

Toma su celular y busca un contacto; lo llama.

“Doctor Esteves, ¿qué pasó?”

“Juan, necesito verte urgente: necesito tu ayuda”.

“ehhh… Estoy en una diligencia ahora mismo”.

“Juancho, no te niegues, por favor”.

“Perdone, doctor Esteves, le llamo luego”.

Juan le corta la llamada.

“¡Maldito hijo de puta!”, se enfurece el abogado.

Su celular vuelve a sonar.

“Ya estoy libre, licenciado; me baño, cambio y vo…”

“No te molestes en venir, traidor de mierda. ¡No te molestes en venir, carajo!”

Christian corta la llamada. Lo rellaman, pero él no responde. Piensa, y piensa mucho. Toma su celular y busca a otro contacto.

“¡Chris de mi vida! ¿Cómo estás, amigo?”

“Bien, Saulito”, disimula. “¿Qué haces, amigo?”

“Nada, amiguis”.

“Ah, qué bueno, porque quería proponerte algo, Saulito”.

“Mmmm… ¿Qué será?”

Mira otro video aquí. 

En la finca, los tres peones tratan de relajarse trabajando entre los limoneros.

“está echando más flor tu tamarindo, primo”, comenta Adán.

“Bien raro porque está haciendo frío”, observa Tito.

Frank sonríe solamente, cuando el radio de los tres suena.

“Sobrino, la señora Elga te necesita urgente; con La Estirpe, vamos donde Yup”.

“No son buenas noticias”, comenta Tito. “Bueno, para Frank sí”.

“Para algunos no serán buenas noticias”, añade Adán.

Frank llega hasta el despacho e ingresa.

“¿Mandaste llamarme?”

Elga luce algo sombría:

“¿A qué hora sales hoy?”

“Apenas termine de almorzar, antes de las dos”.

“¿¿qué tal es la comida en Santa Cruz?”

“Más o menos. ¿Por qué?””

“Quiero que me lleves a almorzar fuera”.

Frank piensa que elga se acaba de volver loca.

Tito y Adán llegan hasta los algarrobos junto a la laguna y comienzan a desvestirse.

“Parece que serán los últimos ritos”, dice el primero.

Adán prefiere no confundir más a su primo con la propia confusión que no le permite ver nada claro en su mente. Entonces, Carlos llega con una mochila vieja.

“¿Y la que te regaló Manolo?”, le pregunta Tito, ya desnudo.

“La lavé y todavía no se seca”, sonríe el capataz mientras comienza a quitarse la ropa.

Una vez frente a la laguna, los tres varones se inclinan respetuosamente hasta que sus frentes tocan el césped que rodea la fuente.

“Senos propicia, Yup”, ora Carlos.

Los tres se ponen de pie. El capataz se calza su especie de mitra en forma de media luna, mientras Adán y Tito se colocan sus cascos. Carlos les unta resina aromática de palo santo, a la vez que ambos se toman de las manos y piden mentalmente que el ritual atraiga algo de buena suerte a sus vidas y al lugar por el que han trabajado por más de una década.

“Ahora”, indica Carlos.

Tito y Adán se ponen en guardia, se rodean; al mismo tiempo ambos se asaltan y comienza la lucha cuerpo a cuerpo. Cruzan sus brazos, juntan sus pechos, se apoyan tensando todos los músculos de sus piernas y traseros. Rugen tratando de derrotarse pero el combate está muy parejo. Por momentos, sus penes flácidos se rozan. Entonces, Tito logra que Adán pierda el equilibrio y logra hacerlo caer de espaldas sobre el césped; se acuesta encima tratando de someterlo, peroAdán consigue abrir sus piernas e intenta una llave que le permite rodar y ponerse sobre su primo. Se sienta en su pene y le inmoviliza los brazos con sus manos; comienza a mover sus posaderas, logrando que Tito erecte. Éste abre sus piernas también y vuelve a poner a Adán bajo su cuerpo para continuar frotando su miembro contra el del otro hombre, inmovilizándolo. Poco a poco, el pene de Tito va ingresando en el ano de Adán. LA cópula ritual comienza. Pasados varios minutos, el gladiador ruge.

“Las di”, anuncia entre jadeos. Es cuando Adán comienza a masturbarse hasta disparar su semen sobre su bien trabajado vientre. Entonces, Carlos se arrodilla dejando la cabeza de Adán entre sus piernas y también se masturba hasta eyacular. Como ai apaec mira las ráfagas blancas sobre el torso del guerrero vencido.

“Mucho poder en camino como un río fuera de control en verano”, pronostica.

Tras el baño ritual en la laguna, Carlos llega a la casa grande: Frank está calentando la motocicleta en el patio principal y Elga baja las escaleras con una mochila llena.

“Organiza los tiempos para que los chicos no se recarguen de trabajo”, instruye la mujer.

Carlos asiente.

“No sé qué harás, pero ten muchísimo cuidado”.

Elga no le responde; solo se le acerca y le da un beso cariñoso en la mejilla. Se va.

Shi te bendiga”, el capataz dice cuando ella está ausente.

  

sábado, 26 de febrero de 2022

Proyecto Lujuria 5.3: El peón tiene buenos pene y culo


Muy al norte, por insistencia de Abelardo Sosa, se sirve un almuerzo a los visitantes. Osmar se hidrata sentado más allá viendo el paisaje rural iluminado por la luz solar que cae de manera perpendicular, mientras que mucho más allá César muestra a Escalante las fotos de prueba que tomó a Fernando el día anterior.

“Estos venezolanos siempre se destacan por su culo”, comenta el director de reparto y escena.

“No sabes qué ganas tenía de meterle pinga”, agrega César.

“¿Y Abe no se dio cuenta?”

“Hicimos un trío anoche”.

Escalante se sorprende:

“¡No me jodas! ¿Y su esposa, sus hijos?”

“Los fines de semana van a Piura, así que la casa quedó solita para los tres”.

“¿Y qué tal pinga tiene ese venezolano?”

“Larga y gruesa: como te gustan, Arnold”.

El anfitrión y Fernando salen con unas fuentes de ceviche de caballa. Todos se arremolinan, excepto Osmar.

“Sí puedes comer esto”, le indica Escalante.

El modelo se acerca, toma su tenedor y se sirve. Realmente está delicioso.

“¿A qué hora sale su vuelo?”, consulta Sosa.

“Seis; tenemos que estar cinco en el aeropuerto”, responde Osmar.

“Qué lástima porque ya había separado una habitación para ustedes”.

“Solo haremos una toma extra, recogemos todo y partimos para Piura”, agrega Escalante. “Pero, cuando lancemos la campaña, o ustedes viajan o venimos a darnos una vuelta”.

“A mí me gustaría regresar”. Reflexiona Osmar. “Esto es casi como Venezuela”.

“Cuando quieras”, invita Sosa.

“Cuando llueve fuerte se parece a Venezuela”, sonríe Fernando.

“Quisiera regresar”, repite Osmar.

La toma faltante es un nuevo desnudo de espaldas parecido al que se hizo por la mañana. La intención de los productores es ver qué luz vende mejor todo. De paso que harán imágenes en video y foto de la línea Lust sobre el tronco caído de un faique. El sol de Piura tiene una mágica peculiaridad que para los amantes de la fotografía abre muchas posibilidades creativas, y casi sin usar filtros.

“Ni se te ocurra comentar de las fotos a su patrón”, advierte César.

Escalante mira a Fernando, quien está recogiendo la ropa de Osmar, nuevamente en su marca y totalmente desnudo para repetir la escena de la jarra y el agua sobre su cuerpo.

“Son amantes, ¿no?”

“Lo comparte bajo supervisión, pero no sabe nada de los desnudos que hicimos ayer por la tarde”

“”Lo despediría”.

“Del país”, asevera César.

Las dos escenas que faltaban grabar y fotografiar se concretan sin mayor problema. Ahora sí Osmar puede disfrutar su seco de cabrito con su jarrita de clarito helado.

“Exquisito”, califica.

“¿Y qué pasa si comías antes de la foto?”, sigue curioseando Sosa.

“Se me notaría un poco de panza… es la maldición de los modelos, especialmente si posamos desnudos”, sonríe el muchacho.

“Me disculpas lo que voy a decirte pero… tienes un hermoso culo”, se atreve el dueño de casa.

Osmar lo mira y sonríe sonrojándose:

“Gracias”.

Aprovechando la distracción de Sosa, y con el pretexto de ayudar con el orden de las cosas mientras llega la camioneta que va a regresarlos a la ciudad, Escalante tiene una breve reunión con Fernando.

“sí, César me explicó tu situación migratoria, pero esas fotos están muy buenas así que yo sí quisiera ofrecerte dinero no solo por publicar esas sino hacerte una sesión más producida”.

“¿Y cómo arreglamos lo de mis papeles?”

“Puedo enviarte plata. ¿Cuánto necesitas para reingresar a ecuador, ir a Guayaquil y hacer el trayecto pero por vía formal?”

“No sé… unos ciento cincuenta quizás… la vaina es cómo recibo el dinero si estoy como irregular en este país”.

César se aproxima:

“Osmar ya terminó de comer, chitón”.

Se escucha que Sosa llama a Fernando:

“¡Ya voy!”, responde el peón. “Permiso”, dice a Escalante.

“¿Arreglaron?”, casi susurra el camarógrafo.

“No”, responde Escalante.

“La cagada, no podremos hacer nada por lo de sus papeles”.

“Osmar ha congeniado con él”.

“¿Qué tratas de decir?”, sonríe César.

La camioneta llega puntual. Luego de poner y asegurar las cosas y el equipaje, Escalante, Osmar y César se despiden de Sosa y Fernando; enrumban de regreso a Piura. Patrón y peón regresan a recoger los platos y vasos del almuerzo.

“Arnold ha estado muy interesado en ti”, comenta Abelardo.

“Te parece”.

“¿Qué te ofreció?”

“Nada. Me estaba consultando unas cosas”.

“Mira, Fercho: conozco a Arnold desde el preuniversitario, y con tal de cachar con el primer muchacho que le guste, es capaz de poner su casa en hipoteca; entonces, entre gitanos no nos leemos la mano”.

El peón sonríe:

“Quiere que pose desnudo para él, pero le dije que no tengo papeles”.

“O sea que… tú quieres posarle calato, y seguro con la pingota que te manejas toda parada”.

“Yo soy pecuario, no modelo”.

“Tú eres mi toro cuando la vaca no está”.

Sosa pone su mano sin pudor sobre la bragueta de Fernando y comienza a sobarla:

“Vamos”.

En una cabañita algo cerca de la casa principal, los dos hombres se abrazan y besan apasionadamente mientras poco a poco se van quitando toda la ropa.

Sobre la cama del peón, quien está arrodillado, el patrón en cuatro patas deja que le metan una larga, gruesa y venuda verga en la boca, en tanto le mueven la cadera como queriendo horadar hasta la garganta mientras le acarician la cabeza.

Sosa tiene un par de nalgas como globos, producto de su pasado como futbolista, deporte que aún practica con la gente del pueblo todas las tardes que puede. Al medio de ellas, su ano es una especie de amplio hueco por donde una sola pinga no bastaría, pero Fernando se da maña para pasearle la lengua, chupárselo, comerle el orto por el que luego mete su falo y comienza a bombear .

“así, mi toro. Dale, mi chamo”.

Luego, Fernando se cacha a Abelardo en piernas al hombro mientras lo besa en la boca. El patrón aprovecha para acariciar los grandes glúteos de su  amante.

“Hermoso culo, quiero comérmelo”.

Fernando deja de meter pinga,baja las piernas de Abelardo y comienza a chuparle el pene y las bolas. La erección no demora mucho. El patrón también tiene un largo cipote, no tan grueso como el del otro muchacho, pero cabezón y algo curvo hacia abajo. Fernando se sienta encima de ese pene erecto y se lo mete a su ano. Comienza a rebotar. Sosa toma la pinga de Fernando y la masturba con rapidez.

“Oh”, ruge.

Toda su leche se dispara al interior del venezolano.

“Qué rica preñada”, gime el peón. “Voy a acabar”.

Fernando gruñe largo y su semen se dispara sobre el aún vientre plano y los dos formados aunque no tan masivos pectorales de su jefe. Vuelven a besarse.

“Bañémonos al toque antes que llegue mi espesa”, pide Abelardo. “Estuvo rico como anoche, como siempre”.

“Me vuelves loco”, seduce el peón. “Quiero coger otra vez”.

“Bañémonos. Quizá más tarde”.

  

domingo, 20 de febrero de 2022

ASS (16): A esa parcela se va a cachar

Rodo, el mototaxista, no pensó que la carrera incluyera participar en un trío.

 


Paco está en una esquina más o menos concurrida pasando las 8:45 de la noche del martes. Mira su celular y sonríe. Está vestido en una buzola que disimula pésimo su cuerpo delgado formado porque de la cintura para abajo, sus dos nalgas resaltan a pesar de la casaca y el viento revela la corva de sus bien formados muslos.

“Hola”.

Paco gira y se encuentra con un sonriente edú, quien viste chompa, jean, zapatillas y una mochila.

“Perdona la demora. ¿vamos?”

“¿Sabes cómo llegar?”

“Aunque hubiera apagón. ¿Vamos?”

“No, Edú. Estás loco si vamos a pie”.

“Tomemos moto”.

Paco busca en su celular y llama:

“No cualquier moto”.

En diez minutos aparece un trimóvil conducido por un chico que, bajo la luz blanca del alumbrado público, aparenta ser guapo, cosa que a Edú le jala la vista.

“Profe”, saluda el conductor.

“Rodo”, responde Paco.

Sube y le indica a edú que lo siga. Arrancan. En cinco minutos, las luces de San Sebastián quedan a sus espaldas, pero ocasionalmente las luces de los autos en la carretera los encandilan. Rodo toma un desvío y se mete en un camino de tierra afirmada, por lo quebaja la velocidad para no levantar tanto polvo.

Edú aprovecha que hay mucha más penumbra para cariciar la espalda de Paco hasta llegar más debajo de su cintura y meter su mano en la pantaloneta.

“No te has puesto calzoncillo”, dice a Paco al oído mientras mete su mano hasta ponerla en la raja del culo. Paco pone su mano en el bulto sobre el jean, protegido con la mochila; lo acaricia. Se aproxima al cuello de edú y comienza a besarlo.

“Aguarda”, le susurra el atleta. “Tu pata puede darse cuenta”.

“Le entra”, aclara Paco.

“¿Qué tanto le entra?”

Al llegar a la puerta de la parcela de Julio, edú se baja y la abre.

“Adelante”, indica Paco a Rodo.

“¿No hay roche?”, se paltea un poco el chico.

“Entra normal”.

El vehículo se detiene en el estrecho espacio entre el cerco y la fachada de la casa rústica.

“¿A qué hora te vengo a ver?”, consulta Rodo a Paco.

“¿Y si entras un rato, o tienes que hacer?”

“Chambear, profe. Tú sabes cómo está la situación”.

“Te pago carrera con espera”, replica Paco. “Va a ser bien difícil conseguir moto de regreso”.

“Ya, pues… te espero”.

“No”, tercia Edú. “Mejor baja y entra con nosotros”.

Los tres ingresan a la casa. Edú prende la luz de la sala. Los invita a seguirlo al cuarto. Para animarlo, Paco se acerca a Rodo, lo abraza y acaricia hasta poner su mano en su paquete. El conductor se da cuenta que edú ya desapareció.

“¿El pata le entra?”

Paco afirma sonriente con la cabeza.  Cuando los dos invitados ingresan al dormitorio, una linterna está prendida iluminando la pared enlucida cuyo color blanco refleja cierta claridad. Edú ya está sentado en la cama quitándose las zapatillas. Su mochila está en una pequeña mesita.

“Pónganse cómodos, chicos”.

Paco comienza a desnudarse. Rodo aún está perplejo: ¿qué es todo esto? Edú ya se quitó la chompa y ahora se saca el polo, se pone de pie y se afloja la correa para bajarse el pantalón. Paco también se ha deshecho de la casaca y el polo, se sienta en la cama y se quita las zapatillas, y en una maniobra típica de ballet ruso, se saca la pantaloneta y se queda calatito. Rodo mira cómo edú se aproxima hasta Paco, quien ya está acostado boca arriba, y lo besa en la boca. Ambos se acarician.

“No te has quitado el bóxer”, observa Paco a edú.

“Hazlo tú”.

El ‘profe’ se lo baja y siente cómo su pinga ya dura se junta con la verga semidura del otro varón. Mientras tanto bajo su ropa, Rodo siente que la suya también está bien parada y mojándole el calzoncillo. Paco y edú se siguen besando y acariciando sin censura, hasta que el primero se percata que el otro invitado sigue allí, de pie, inmóvil:

“Calatéate, Rodo”.

El mototaxista sigue sin atinar a nada excepto apoyarse en la pared y cruzar los brazos. Edú gira y pone a Paco encima suyo quien, rápidamente, se pone en cuatro y se agacha a chuparle los 18 centímetros de pene ya al palo.

“Así, Paquito. Trágatela”.

En la oscuridad, Rodo libera sus brazos, se baja el cierre y por fin se anima a sacar su pene erecto. Lo pajea. En ese mismo instante, edú gira hacia su mochila y abre uno de los bolsillos, saca un paquetito de condones y un sachet de lubricante. Abre uno y aprovechando que paco se la deja de chupar, se lo pone.

“Siéntate encima”.

“No me has estimulado mi ano”, le aclara Paco.

“Gira”.

Ambos hacen un 69: Edú sopea a fondo el hueco de Paco. Rodo, quien decide que masturbarse no será suficiente, por fin se quita la chompa, el polo, el jean… todo… Ya desnudo se pone a los pies de la cama entre las piernas de Edú. Paco aprovecha la pose para mamársela. Aunque la pinga de Rodo mide 14 centímetros, es cabezona y algo curva hacia abajo.

“La mamas rico”, le felicita el chofer.

Vistas las circunstancias, edú decide sacar sus piernas y abrirlas. Aprovechando que Paco está en cuatro chupándosela a Rodo, toma un poco de lubricante, se lo unta en su miembro y luego en el hueco del pasivo. Se lo va metiendo poco a poco. Paco gime de dolor mientras lo penetran sin dejar de chupar la pija de Rodo, quien de solo imaginar lo que está pasando en sus narices pero a contraluz, llega al orgasmo y suelta su semen en la boca del ‘profe’. Y deja su pene allí dentro.

Las acometidas de edú aumentan, se hacen más vigorosas y cuidadosas. Tras cinco minutos de cachar, se percata que Rodo lo mira a ppesar de la poca luz. No puede distinguir más detalles sobre su físico, aunque parecía gruesito cuando tomaron la moto.

“Tengo otro condón y más lubricante”, invita.

“Ya las di”.

Edú sonríe y sigue bombeando el culo de Paco haciendo sonar su pelvis contra las nalgas del pasivo. Media hora después, finge haber llegado al orgasmo.

Paco yRodo están de regreso en San Sebastián sanos y salvos a un cuarto para las 11 de la noche.

“Gracias”, sonríe el pasajero.

“Me hubieses avisado”, le responde el conductor.

Paco le sonríe:

“Tú sabes que a la parcela de Julio no se va a rezar de noche”.

Rodo le sonríe y se va en su moto. Cuando Paco llega a su cuarto, revisa su bolsillo: en una bolsita plástica está el condón usado que olvidó tirar por el camino. Está manchado.

 

Y para finalizar,te dejamos con una porno. 

viernes, 11 de febrero de 2022

La hermandad de la luna 9.1

Tras levantarse a correr por la finca, Tito toma un baño y regresa a la caseta de vigilancia. Apenas han pasado cinco minutos después de la seis de la mañana. Carlos está mirando su celular y su expresión no denota tranquilidad.

“¿Quién falleció?”, bromea el gladiador.

“Owen”, murmura el capataz casi sin advertir la pregunta.

Tito se alarma y sale disparado a buscar su bicicleta. Carlos se da cuenta de su torpeza y va corriendo tras él.

“¡No es eso!”, le alarga el celular.

El gladiador mira el contenido:

“¡Por la reconcha de su madre, carajo!”, se enfurece.

Mira un video aquí. 

Tito llega como un rayo al gimnasio. Ya está abierto. Los alumnos del primer turno entrenan con cara de circunstancia mientras Owen revisa el celular de uno de ellos. El gladiador y el instructor se miran muy serios: las noticias son malísimas. Tito encarga el AMW a Adán, quien tampoco luce cómodo, y hace ingresar a Owen a la sala de su casa.

“Albergan a terrorista en Santa Cruz”, lee Flor. “Uno de los miembros más recientes de nuestra comunidad, el entrenador personal Owen Mgombo, estaría implicado en una acusación por terrorismo planteada por la justicia de la República Sudafricana. Según documentos a los que Santa Cruz Directo tuvo acceso, Mgombo habría participado en actos de sabotaje contra empleados de la empresa GC Ventures en la Provincia del Cabo, Sudáfrica, junto a otros veinte subversivos, los que fueron condenados a treinta y cinco años de prisión hace diez años. Hasta donde pudimos tener conocimiento, el mencionado sujeto no habría recibido beneficios para salir libre, por lo que su presencia en nuestro país y nuestra comunidad serían irregulares. Mgombo, como dijimos, es el instructor de un gimnasio en nuestra localidad, y se ha ganado el aprecio de sus alumnos por su carisma y aparente experiencia en el deporte de las pesas. Se desconoce cuál será la respuesta de las autoridades”.

“¿Y esas cosas en inglés?”, pregunta Tito, muy serio.

“Son auténticas, papi. Dicen que Owen es un activista anticorp, que protagonizó varias protestas y actos de sabotaje, y que en ese atentado en particular fallecieron veintiséis personas entre gerentes y empleados. Dice que usó una bomba subterránea activada a distancia cuando el ómnibus pasaba sobre ella. La foto es suya, el diario existe, la noticia existe”.

Adán voltea la cara hacia Owen:

“Te pregunté quién eras y me dijiste que no tengo nada de qué preocuparme. Entonces, ¿esto?”

Yo no negarte yo fui y soy activista anticorp, pero ese caso no terminó así: la justicia sudafricana lo revisó y una decisión es esperada”.

“¿qué quieres decir?”, trata de entender Tito.

“Do you mean that a veredict is waited, that there’s no veredict yet?”, pregunta Flor.

“Yes, I do,” responde Owen.

“So you should be still jailed, don’t you?”

Tito mira a su hija y al instructor algo fastidiado. Flor toma aire:

“Técnicamente, papá, Owen debería estar en la cárcel aún”.

“¿qué haces aquí, entonces?”, le cuestiona el gladiador.

“Los activistas anticorp protestar a nivel mundial contra abusos de corporaciones, y Golden Cross, Cruz Dorada, ser una de ellas. Es cierto que nosotros bloqueado entradas, conducido manifestaciones, dar declaraciones de prensa; pero nosotros nunca atentar contra vida de trabajadores porque ellos tener vidas y familias”.

“Entonces, si ustedes no activaron esa bomba, ¿quién lo hizo, Owen?”

“Ellos mismos, Tito”.

“En las impresiones que aparecen aquí no dice nada de eso”, interviene Flor.

“Porque Cape Town Torch es un medio comprado por Golden Cross. Si tu conseguir The Light Seeker, tú poder conocer la otra mitad de historia”.

“Lo busco y ya”, resuelve Flor.

“el website no existir ya porque Golden Cross acusarlo por noticias falsas”.

“¿Y ganaron el caso?”, pregunta Tito.

“Nosotros sospechar Golden Cross compró fiscal y juez”.

“¿Y es fácil escapar de una cárcel en Sudáfrica?”

“No saberlo”.

“¿Cómo te escapaste tú, Owen?”, Tito comienza a perder la paciencia.

“Yo nunca escapar de ninguna cárcel en Sudáfrica, Tito. Yo nunca fui en Sudáfrica. Yo venir de Inglaterra, pero yo haber nacido en otra parte”.

“Jamaica”, interviene Flor poniendo pausa a una búsqueda infructuosa en su celular.

“El pasaporte”, recuerda Tito.

“¿Haber ustedes visto mi pasaporte?”

Al ser descubiertos, Flor y Tito se miran avergonzados.

Mira otro video aquí. 

Elga también termina de trotar alrededor de la finca, y al regresar a la casa grande encuentra a Frank barriendo el porche.

“Buenos días”, lo saluda con una sonrisa seductora.

“Buenos días”, le responde el muchacho con una amplia sonrisa también.

“¿Habrá agua arriba en mi baño?”

“Ahorita subo a ver”.

Elga entra a la casa y Frank pide permiso a Carlos, quien contempla todo desde la caseta de vigilancia y suspira. En realidad, reza. La mujer llega al dormitorio y comienza a desvestirse. En veinte segundos, Frank toca la puerta. Ella lo recibe en ropa interior.

“Vengo a ver lo del agua”.

“Claro, pasa”.

Elga se quita el brassiere y la braga; sin que se lo pidan, Frank se saca la chaqueta y la camiseta y pide permiso. La mujer hace un gesto de victoria al ver el torso musculoso y velludo del muchacho. Busca una toalla y escucha que adentro abre la ducha. A los pocos segundos, Frank sale con el jean mojado.

“Parece que no hay problema”, informa.

“¿Me lo juras?”

“Claro; si quiere, la probamos”.

“Sí, buena idea”, se emociona elga.

Frank sonríe, se descalza por completo y se quita ahí mismo el pantalón y el bóxer evidentemente húmedos. Dentro de la ducha, la escena de la víspera se repite. Él la baña a ella, ella a él. Se enjuagan el jabón, se abrazan y besan con pasión. Ya secos, él se acuesta sobre la cama mientras ella le recorre el cuerpo a besos hasta tomar su pene cabezón con los labios y chupárselo diligentemente, las bolas también. La lengua traviesa de elga quiere ir más abajo y Frank cree que es hora de experimentar cómo se siente el estímulo allí donde su hombría entre comillas le dijo por diecinueve años que un hombre no puede sentir placer. ¡Y vaya que se siente rico! ¿Cuándo Frank iba a pensar que terminaría en una cama con las piernas levantadas al aire y dejando que alguien, quien sea, use su lengua para generarle placer en el ano? En retribución, él deja que Elga se siente en su cara y dar rienda suelta al sexo oral en su vulva mientras ella no sabe qué hacer con sus senos, más aún cuando él le aferra cariñosamente la cadera y la cintura o pasea sus gruesas manos por sus suaves y firmes piernas. Lo siguiente que hará esa mujer será cabalgarlo extasiada mientras él no cesa de recorrerla con las palmas y las yemas de sus dedos. De vez en cuando hace el intento de incorporarse (gracias a sus buenos abdominales) y le mama los senos. Finalmente, la propia Elga se mete el pene de Frank a su ano y termina de cabalgarlo hasta que la cara del muchacho le revela que el orgasmo se ha producido. Ella se inclina a besarlo.

“¿Crees que puedas revisarme la ducha más tarde?”

“Siempre que lo necesites”, le responde Frank seductoramente.

Ella sonríe.

Mira un video más aquí.