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jueves, 2 de febrero de 2012

Estirpe pelotera 1

Conocí a S cuando fui a trabajar al campo. Fue el primero de los cuatro hermanos a quien tuve el gusto de verlo en el canal mientras se bañaba luego de un partido de fútbol.
Los cuatro son virtuosos con el balón e integraban el equipo local.
S estaba con otro amigo allí en el canal, ambos desnudos, como es costumbre por allá.
Pero algo me decía que se estaba ocultando, ¿de ´mi? no creo: todos los patas allá se bañan calatos y todos se ven la anatomía.
Juraría que se la estaba tocando, y cuando se percató que me acercaba, se metió en el agua. Asumí eso cuando vi a su acompañante, se incomodó.
S es delgado, pero de cuerpo marcado; piernas robustas y fibrosas debido al deporte, nalgas pronunciadas. Los vellos lo tapizaban de la cintura para abajo. Eran castaños, con lo que al sol se hacían casi invisibles, hasta que estabas cerca.
- Hola.
- Hola.
- Soy nuebo, vengo a trabajar acá.
- Ah, qué bien.
Con los días, S llegó a agarrar mucha confianza conmigo.
De vez en cuando llevaba su radio para escuchar música en mi cuarto, y cuando yo tenía, prendía el mío.
Me había comprado una ccámara digital, y mi afición fue tomarle fotos a todo. Como el paisaje era bosque y chacras, y no el despoblado o el desierto de otras partes de Piura.
Cierta vez, cuando regresaba a pie de un pueblo, me lo encontré en el camino.
- ¿qué haces?
- Tomando fotos mientras tanto.
Le enseñé lo que había logrado.
- Aquí, por el antiguo tanque de agua se tiene un paisaje bien bonito.
Lo seguí por en medio del follaje que nos cubría por completo.
Él vestía un bibidí y una bermu´da raída; yo iba con polo, mi jean y mis botas todo-terreno.
Llegamos a una plataforma de cemento. Realmente el paisaje era mostro: bosque por donde miráramos, y al fondo el cerro poblado de vegetación.
Comencé a hacer algunas tomas, y conforme avanzaba algunas, se las mostraba.
- Oye tómame fotos.
- Pero ésto no imprime, tendrías que usar una computadora.
- No importa.
S se colocó con el cerro al fondo y comenzó a posar. sin ser simpático, era fotogénico, y sabía buscar sus ángulos.
Le mostré las fotos y se quedó maravillado de la tecnología.
Pero su cara aparecía muy oscura.
Estudiando las tomas, me percaté que el blanco del bibidí creaba la opacidad.
- ¿Me lo quito?
- Si quieres.
Se despojó de la prenda. Volví a tirar algunas tomas.
- se ven mejores ahora.
- ¿Y esa mancha negra?
- ¿dónde?
- En mi cintura.
- Es tu bermuda.
- se ve fea.
- Ja, ja, ja. Tendrías que quitártela.
- ¿Quitármela?
- Claro, así corregimos ese defecto.
- La huevada es que no traigo nada debajo.
- ¿Y qué tiene?
- Me da roche.
- Pero las fotos sólo las veremos tu y yo.
Lo pensó y al final aceptó; se bajó la bermuda, pero se dio la vuelta, de tal forma que en la composición salía mirando al cerro, con toda su parte posterior desnuda. Sus nalgas, a pesar de estar en la esquina inferior izquierda del cuadro, de alguna manera, jalaban la visión.
Imaginen esta imagen, entonces: verde en segundo plano, el cerro al fondo contra un cielo inmejorablemente celeste y en primer plano, corrido hacia la izquierda, la piel trigueña de S en su primer desnudo integral, aunque no frontal.
Meses después me dijo que si le podía hacer una sesión de fotos pero que quería tenerlas en su álbum. Le dije que se trajera ropa para cambiarse, usaríamos algún escenario natural y otras en interiores. Planificamos la sesión. A pesar que se lo iba a sugerir, él propuso hacer algunas con ropa interior.
A la semana siguiente, regresé con mi cámara de película, y nos tomamos toda una mañana para producirle su sesión.
Nos fuímos a la chacra de sus viejos, y allí comenzamos a tomarle fotos. agarrado de un árbol, sentado, parado en la cerca con un pie arriba, descamisado en la puerta de su choza... parecía un perfecto modelo.
Llegó el turno de las fotos en ropa interior. Estábamos al interior de la choza.
- ¿Podrás tomarlas aquí?
- Sí, pero está oscuro.
- Con flash, pe.
- No. salen horribles, mejor con luz natural.
Después de un tiempo, aceptó abrir la puerta y comenzamos a hacer las imágenes, usando todos los suspensores marca Stripper que tenía.
Su ropa estaba sobre un catre al costado de una ventana, que también abrí para mejorar mi iluminación.
Obvio que me ganaba cuando se cambiaba de prenda, pero su pene estaba flácido. Me quedaba una toma y ya se habían acabado los calzoncillos.
- ¿Y si haces una calato?
- No. ¿Qué? ¿así, calato mirando frente a la cámara?
- Sí, calato mirando frente a la cámara.
- Pero se me va a ver todo.
Sus huevos eran grandes. Entendí que jamás querría tener un desnudo de sí mismo en el álbum de fotos personal, así que lo coloqué arrodillado sobre el catre, y luego hice que se cubriera sus partes íntimas con una sábana blanca pegada al cuerpo, pero dejando sus caderas desnudas, para crear el efecto sensual. Atracó.
Las fotos quedaron mostrazas.
Cuando las revelé y se las dí, S le enseñaba sus fotos a medio mundo igual que modelo con su 'book', aunque nadie por ahí lo llevaría a una pasarela o, cuando menos, lo llamaría para el cuero de la semana.
Varias noches después, me fue a ver a mi cuarto. Yo estaba leyendo.
En la conversación me preguntó si había llevado mi cámara, y le dije que sí, y él me dijo que quería hacerse fotos.
Como mi cuarrto no parecía adecuado para estudio, convine con él para que, aprovechando el blanco de mi sábana se acostara, y yo, parado del otro borde de la cama, le hiciera fotos en un gran picado. El flash, rebotando con el nlanco de la sábana, haría el resto.
Comenzó a posar.
Entonces le sugerí que comenzara a desvestirse y él accedió.
Fuera polo, fuera bermuda, y, después de dudar ambos, fuera calzoncillo.
Era el primer desnudo frontal que lograba de él.
súbitamente, su pene fue creciendo de toma a toma, hasta llegar a ser una barra gruesa y venuda.
Él posaba.
- Así, s. Muy bien. Libérate, deja que tu cuerpo se exprese,
Fue cuando tomó su miembro erecto, y comenzó a masturbarse.
- Lento, así, sigue.
Su rostro, que comenzó con una pícara sonrisa, se tornó en una seductora mirada para pasar a la más arrrecha excitación.
Yo seguía tirando fotos.
Él cerró sus ojos, y la cámara fue secuenciando el chorro de su leche que se disparaba contra su vientre plano y formado, inundando sus vellos.
Así desnudo, y con el papel higiénico aún secándose su eyaculación, le mostré las imágenes hasta su orgasmo.
No me dijo nada, se paró y se fue.
Después de eso seguíamos frecuentándonos, hasta que dejé de trabajar allá.
Hace poco regresé, y lo encontré con el cabello un poco más crecido, bien a la vincha, y enfrascado en un negocio absurdo: venta de ropa de marca a chicos del campo.
supe que, con la ayuda de su otro hermano, se casó.
Después no supe nada más.

CONTINUARÁ...
© 2012 Hunks of Piura Entertainment.
hunks.piura@gmail.com

domingo, 21 de noviembre de 2021

ASS (04): Muéstrame tu pinga erecta

Alejo posa en una sesión de fotos al desnudo y al palo.

 


A las 9:30 de ese domingo por la mañana, el atlético Alejo llega a una de las casas de Los Ejidos. Toca el timbre. Viste un polo, short y unas zapatillas de tela. El polo y el short disimulan mal el simétrico trabajo que las pesas han forjado en su cuerpo: espalda ancha, pectorales y brazos hinchados y formados, cintura estrechita, buen par de nalgas y buen paquete, grandes y formados muslos y ni qué hablar de sus pantorrillas. Hermoso ejemplar de varón en sus 22 años, quien además tiene un rostro muy agradable y un cabello negro ensortijado algo desordenado. Saca su celular del bolsillo delantero y comienza a escribir un mensaje cuando la puerta se abre y un hombre en sus 30 le sonríe.

“Pensé que ya no ibas a venir, cabrón”.

“Hay poca movilidad”.

Enrique le da la mano y lo invita a entrar. Tiene rostro agradable, ojos algo claros, un poco alto, y ese polo y esa bermuda que se puso esa mañana también disimula mal un físico típico de gimnasio. Cruzan el jardín que rodea una casa de dos pisos. 

Al ingresar a la amplia sala, en la escalera un hermoso y atlético chico, totalmente desnudo, lo ve llegar. Avanza un poco más y al pie de las gradas, un pata aparentemente flaco y formado, vestido con polo y buzola, manipula una cámara fotográfica profesional.

“Te presento a Willy”, le indica Enrique.

“Mucho gusto”, intercambian ambos.

“Y ese cuate allá arriba es el gran Flavio”.

Alejo le lanza un tímido hola que el modelo le responde con una amplia y seductora sonrisa.

“Acompáñame”, indica el anfitrión hastallevarlo a unos modulares donde hay unos papeles. “Tómalos y fírmalos con tu nombre y DNI. Uno es el contrato y el otro es la autorización de uso. ¿Sí tienes claro qqué vamos a hacer hoy, no?”

“Posar desnudo”, responde Alejo con mucha seguridad.

“Y mostrando la verga erecta”, agrega enrique.

“Sí, normal. ¿Tienes lapicero?”

“¿No vas a leerlo antes?”

“No vas a ratearte, ¿o sí? Ya me dijiste que las fotos son para México, ¡no?”

“Sí. Para una revista que publica desnudo masculino erótico”.

“Normal”, reitera Alejo, y firma.

“encuérate que voy a ponerte el óleo. Apenas Willy termine de trabajar con Flavio, comienza a trabajar contigo; luego con ambos”.

Alejo se quita el polo y las zapatillas. Ya descalzo, se para sobre la alfombra de la sala y se quita el sshort. Queda calato.

“Uff. Te ves más mamey que en las fotos que me mandaste, cabrón”, le comenta enrique.

El muchacho sonríe.

Enrique toma un frasco de un aceite oscuro y comienza a pasárselo por todo el cuerpo, desde la cara, luego el cuello, los pectorales, los brazos, los costados, el abdomen, la cintura.

“Voltéate. ¿entrenas duro, no?”

“Eso y el trabajo en la chacra”.

“Sí, me contaste”, menciona enrique, quien está untando toda la espalda y se arrodilla para hacer lo mismo con las nalgas. Entre ellas, asoma uno que otro vello.

“Me estás metiendo la mano al culo”, sonríe alejo medio en son de reclamo.

“Tranquilo, cabrón. No quiero que salgan zonas claras”.

Continúa con las piernas y pantorrillas.

“Voltéate”, pide.

Alejo gira, y ahora enrique le pasa el aceite por el pubis y la ingle incluyendo el pene y los testículos. El pene comienza a reaccionar y crecer.

“Te pones erecto de plano”.

Alejo sonríe.

Enrique termina de untarlo.

“Que se absorba un poco y te traigo el vestuario… debiste podarte un poco el arbusto”.

“No tengo tijera para los pendejos”.

“Ahora traigo una”, sonríe enrique.

“Necesito ayuda con el pene de Flavio”, llama Willy desde la escalera.

“Voy”, responde Enrique. “Ya vengo”, le dice a Alejo.

El anfitrión va hasta donde está el otro modelo, se arrodilla en una grada y evidentemente comienza a chuparle la pinga a Flavio, quien mira la escena, igual que Alejo, pero a la distancia. Su pinga también se pone dura y recta: 18 centímetros, gruesa, botando líquido preseminal ya en la punta.

Enrique saca un frasquito de su bolsillo y echa un líquido transparente, como gel, sobre el miembro de Flavio.

“espárcelo”.

Flavio distribuye el lubricante por su pene y reanuda la sesión de fotos. Enrique regresa donde Alejo, y se percata de su pene erecto.

“Chinga tu madre, cabrón. Qué buena verga tienes”.

Alejo sonríe y distribuye su líquido preseminal por toda su pieza a manera de lubricante.

Cuando Willy acaba la sesión con Flavio, el aceite ya se ha absorbido sobre la piel de Alejo dándole un tono bronceado uniforme y natural y Enrique ya le ha recortado el vello púbico para que se luzca mucho más su pinga y sus grandes bolas.

“Contigo vamos a trabajar en la columna que está en el jardín”, indica el fotógrafo, a la vez que apunta el dedo a una rara y solitaria decoración de mármol blanco de contorno acanalado.

Alejo camina y coloca en su marca; no se pone nervioso frente a la cámara. Ejecuta todas las poses que le piden. Su cuerpo hermoso no solo se luce bien en las fotos que aparecen chiquitas en el visor. También llama la atención de Enrique, y especialmente de Flavio.

”¿De dónde sacaste a ese churro?”

“De un rancho”.

“Qué rico”.

“enrique, ya sabes qué hacer”, pide Willy, quien está arrodillado sobre el piso del jardín al lado de la piscina y con la cámara en ristre.

“Si quieres lo hago yo”, murmura Flavio.

”Ya tendrás tu turno”, sonríe el anfitrión. “No me asustes al morro”.

Enrique va hasta donde Alejo se arrodilla y comienza a mamarle la verga hasta ponérsela dura. Repite la aplicación del lubricante. Con eso, Alejo tiene lo necesario para seguir haciendo la sesión con el pene erecto.

“No vayas a eyacular”, pide Willy.

“Demoro mucho”, presume Alejo.

“Qué bueno, peoncito”, susurra Flavio a la distancia, cuya pinga vuelve a ponerse al palo.

Y para terminar,te dejamos con una porno. 

martes, 30 de octubre de 2012

Casa De-Formación (17): Día de playa

Hunks of Piura

El auto de la Comunidad del Buen Camino ha dejado la carretera y ahora toma una especie de trocha de tierra flanqueada a la derecha por un enorme cerro.

-          Esa es la silla de Paita – El Reverendo Alexander funge de guía turístico. – Dicen que allí se aparece el demonio, o ven OVNIs.

Al Reverendo Rafael le inquieta llegar a ver al hermano mar, de quien se ha separado hace como unas cuatro semanas.

El vehículo  arriba a una tranquera rudimentaria, hecha con troncos de hualtaco, una soga y una piedra. En una caseta de adobe, un joven, con una camiseta ceñida que dice “Regimiento MGP 015 Paita”, un short negro parecido al que suele usar Jorge y sandalias, se acerca a la ventanilla del conductor.

-          Buenos días. ¿a dónde van?

-           Buenos días, ¿cómo te llamas?

-           Henry. Henry Yamunaqué.

-           Soy el Reverendo Roberto González. Venimos a la casa de los Vallellano.

-           ¿Tiene carnet?

Sin quitarle los ojos de encima, pues el mozo de piel prieta es agradable físicamente (de la cabeza a los pies), el Reverendo Roberto le alcanza el documento. Henry lo verifica, lo devuelve y eleva la tranca.

-          Pasen señores.

-           ¿Hasta qué hora trabajas?

-           De aquí hasta la una.

-           Si quieres nos vas a ver.

-           Ya señor. Gracias.

Mientras Alexander se hace el desentendido, Rafael no oculta su extrañeza.

-          ¿Y esa invitación?

-           Rafael, me extraña la pregunta. ¿Acaso Dios no hizo la playa para todos?

Rafael siente que no tiene argumentos en ese momento, pues el horizonte comienza a aparecer y la brisa corre hacia su cara. Alexander lo mira de reojo. Roberto sabe que las podía cagar en ese momento, pero no tendría otra oportunidad.

 

La casa de playa es una construcción sencilla, de adobe color blanco, edificada en lo que parece ser un pequeño promontorio sobre la playa. Hay una torrecita de hierro oxidado con un tanque de agua en su cima.

El auto se estaciona frente a la entrada. Los tres bajan, y al unísono aspiran tan profundo como pueden.

-          Bendiciones al Altísimo por la naturaleza.

 

Tras acomodar las cosas dentro de la casa (y descubrir que sólo hay dos camas), los tres deciden disfrutar de la playa. Bajan una pequeña cuesta de unos dos metros y tienen una gran porción de arena a su disposición. Ni un alma a lo que alcanza la vista, excepto ellos.

A la derecha hay una colina que se adentra en el mar, y algo que parece ser un túnel.

- Bien, Reverendos. ¡Patos al agua! – Alexander se desnuda y corre hacia el mar, llega a la primera rompiente y se clava. Tras unos segundos reaparece en una cresta y saluda a sus compañeros de comunidad.

Roberto se desnuda también e imita al superior. Rafael lamenta no haber traído ropa de baño, pero si éstos dos se han metido con las bolas al aire… ¿por qué él no?

 

Tras nadar, y acomodar grandes toallas sobre la arena, Rafael se olvida del pudor y comienza a volearse con Roberto, mientras Alexander mira la escena echado, tomando sol. A veces Rafael hace unas salvadas dignas de olimpiada que revelan un ano pito entre aquellas nalgas con pequitas. El superior debe cerrar los ojos y pensar en otra cosa para evitar una erección.

De pronto, siente que alguien le hace sombra.

-          ¿Tú no juegas?

-           No Rafael, pero se me ocurrió correr por la orilla. ¿Vienes conmigo?

-           No. Quiero descansar algo.

-           OK. ¿Y tú, Roberto?

-           Bueno. ¿Por qué no?

Los dos comienzan a trotar en dirección de la cueva. Cuando parecen estar a punto de llegar, Rafael siente que no está solo. Voltea y ve que alguien baja el desnivel. En sólo segundos, mira si hay algo contundente cerca: la cuchilla suiza de Alexander está a la mano. Se abalanza a cogerla y abrir la hoja de la navaja.

El sujeto se da la vuelta.

-          señor. Soy yo, Henry.

Rafael reconoce al portero y se tira al suelo: su trasero queda mirando al sol mientras adopta la postura de cuerpo a tierra, o, mejor dicho, a la toalla.

-          ah, s-s-sí. ¿Q-q-q-qué pasó?

-           Nada. Los venía a ver, como me dijo don Roberto.

-           Ah, sí. Se fue a trotar por allá.

Rafael señala hacia la cueva. En efecto, los dos religiosos desnudos se acercan hacia ellos.

-          ¡Henry, viniste! ¿Quieres trotar?

-           ¡No! ¡Mas bien quiero darme un baño!

-           Entonces, calatéate. ¡Vamos al agua!

Con una gran sonrisa, y sin hacerse de rogar, el chico se quita la camiseta, el short, un ceñido slip y corre al encuentro del Reverendo Roberto.

-          Algo me dice que las marcas de bañadores quiebran en Piura.

-           Así es, Rafael. Desafortunadamente, no hay bañadores para chalones.

-           ¿Chalones?

-           Vergones, pues.

Rafael y Alexander se ríen a carcajadas, y por fin el primero decide girar y mostrar las joyas de su familia, aparentemente, consagradas en celibato. Al fondo, Roberto y Henry salen y entran entre las olas, el segundo con mayor maestría que el religioso.

-          Nada que hacer. Ésta es gente de mar.

 

Tras el almuerzo, Henry y Roberto deciden caminar hasta la cueva, mientras los otros dos religiosos descansan un poco en la casa.

-          ¿Llevasu cámara?

-           Sí. Me has intrigado con lo que hay después de la cueva.

-           Vamos rápido antes que suba la marea.

Al bajar a la playa, los dos repiten el ritual de desnudarse, y emprender la marcha a paso ligero.

Al trasponer la oquedad, el espectáculo conmueve a Roberto: una suerte de abismo escalonado con piedras en tonos de grises a rojizos se elevan hasta donde alcanza su vista, formando una pared en forma de U, que se cierra en otra colina pétrea adentrada a la mar, y reaparece más allá a manera de islote, que las olas cubren y descubren rítmicamente. En el medio, un pedazo de tierra de unos 50 metros., que es toda la playa.

-          De la puta madre. ¿Cómo se llama aquí.

-           Aquí le decimos El Moridero, porque allá arriba vienen a morir los pelícanos, gabiotas, todas las aves de por acá.

Roberto prende la cámara y comienza a tirar fotos como desesperado.

-          ¿Sabes manejarla?

-           ¿Cómo es?

-           Miras por esta pantallita, presionas este botón, y ya.

Roberto corre a treparse cuidadosamente en una de las gradas, cuidando de no rasparse, y comienza  a posar.

-          ¿Pero así quieres las fotos?

-           ¿Cómo así?

-           Así pues. Calato.

-           ¡Como las huevas!

El moreno desnudo posa tanto como puede, y como puede. Eleva una pierna, se recuesta sobre la roca, se pone en cuclillas… el pene flácido y las bolas cuelgan en cada encuadre.

-          A ver, cómo salieron… Oye, no está mal. Tienes ojo para la fotografía.

-           Gracias.

-           ¿Te tomo fotos?

-           Pero…

-           Ah, perdón. Estás calato.

-           No, no es eso, sino cómo me las mandarás.

-           Yo te las traigo. Palabra.

-           ¿seguro?

-           Si, porque tenemos que regresar en quince días.

-           Ya pues.

-           ¿O es que te paltea posar sin ropa?

-           No, para nada. Ya lo hice antes.

-            ¿Sí? ¿Cuándo?

-           Cuando servía en la Marina, hace dos años.

-           ¿Y cómo fue?

-           Un día que salimos de descanso, nos fuimos a un bar a tomar unas chelas. Un gringo me hizo el habla, y me dijo pa’tomarme fotos calato. Fuimos a un telo y ya. Me tomó con ropa, con calzoncillo, calato, con la pinga parada, y ya. Después me pagó quinientos soles.

-           ¿Y las fotos?

-           No sé. Nunca más lo vi. Le di mi correo, pero nunca me las mandó.

-           Pero yo no puedo darte plata.

-           Normal. No te  preocupes. Yo sé que me las traerás. Mas bien, tómamelas… antes que suba la marea.

Henry toma posición y se luce como un modelo experimentado. Sabe cuándo sonreír, cuándo torcer la boca, o cuándo no hacer gesto alguno; maneja sus ángulos. Tiene pectorales, bíceps, abdomen, piernas y glúteos marcados e hinchados, sin ser un  cuerpo de culturista o algo por el estilo. Su verga, algo grande e incircuncisa, está coronada por una matita de vello púbico evidentemente recortado, y el escroto es lampiño.

Cada pose es sensualidad pura y natural. Roberto entiende por qué aquel gringo lo llamó. No deja de tirar fotos.

-          ¿Dices que también te tomó con la pinga parada?

-           Sí.

-           ¿Y no te dio vergüenza?

-           No.

-           Pero… ¿te costó ponerte la verga dura?

-           No. Se me para al toque.

-           ¿En serio?

-           Sí. Mira.

De la nada, Henry comienza acariciarse su miembro, y éste crece evidentemente. Rafael deja de obturar, entreabriendo su boca.

-          No dejes de tomar fotos, si no se baja.

-          El moreno acata la orden. Reinicia la sesión. Entonces, Henry muestra su falo completamente erecto, al que comienza a masturbar. Lo mira, y mientras se autocomplace, mira a la cámara con un gesto arrecho, de modelo triple X.

Roberto no puede contener su erección tampoco.

En un momento determinado, Henry se reclina sobre la roca, cierra los ojos, comienza a tener espasmos.

-          Las voy a dar.

Un gran chorrro de semen se dispara hacia sus pectorales, otro hacia su abdomen, otros dos inundan su ombligo y el último se dispersa entre su mano derecha, que aferra su miembro. Todo queda registrado en las fotos.

-          También estás arrecho, ¿no?

Roberto recién es consciente de su excitación, y se avergüenza un poco.

-          Disculpa.

-           Como las huevas. Ven acá.

El religioso se aproxima y siente que la mano del exmarino se apodera de su gran pene. Lo masajea fuertemente.

-          ¿Tienes condones?

-           Aquí no.

-           ¡Qué mierda! Sóbamela en el culo.

Henry se voltea y le ofrece las nalgas a Roberto, quien encaja sus casi veinte centímetros  en medio de la raja, balancea su pelvis. En un par de minutos, ráfagas de leche se proyectan sobre la espalda de Henry. Ambos jadean.

-          Me voy a lavar.

Apenas Henry corre un trecho, cuando por la puerta del túnel aparece Alexander.

Hay unos veinte metros de distancia. El superior sonríe y vuelve tras sus pasos.

Roberto se siente desconcertado, mientras una olita rompe a sus pies. La marea ha comenzado a subir.

 

Por la noche, Henry se queda con los tres religiosos en la casa. Sus padres están en Paita, no hay nadie en su casa, y, para colmo, no le dejaron la llave.

Entre las provisiones hay jamonada, pan integral, frutas en conserva, y dos botellas de vino. En esa secuencia se fue consumiendo todo. De fondo, rock de los noventa.

La conversa es distendida, y el vino se agota entre los chistes de alexander, los relatos ‘surfer’ de Rafael y las vivencias de Henry en el servicio militar, aún vívidas a sus 22 años.

Con el último sorbo de vino, se apaga la música y todos se van a dormir.

Tal como lo decidieron más temprano, Rafael y Roberto comparten una de las camas; por lo tanto, Henry se irá con Alexander. Parece que la brisa marina se llevó por el éter el título de “Reverendo”.

Tras orar, Rafael y Roberto se van a su dormitorio. Se desnudan, se acuestan, conversan cinco minutos después de darse las buenas noches, y, sin quererlo, se quedan dormidos.

A medianoche, Rafael siente la necesidad de orinar. Va al baño sin hacer ruido. Antes de entrar, siente unos jadeos apagados. No le toma interés (“debe ser la brisa”). A tientas encuentra el inodoro, y dispara su chorro.

Al regresar a su cama, y acostarse, sus manos se topan con el trasero de Roberto. Es suave al tacto. Lo que no es suave es cómo su pene se llena de sangre y se agranda hasta sus dimensiones colosales.

Rápidamente le da la espalda a su compañero de lecho, de cuarto, de comunidad, y recuerda vagamente que la castidad no aplica para su mano.

No puede ver dónde eyacula en medio de la oscuridad, pero tiene fe que el piso de barro apisonado, absorba su masculino fluído.

Por fin, puede dormir.

En el otro dormitorio, Alexander y Henry no dejan de batallar sobre el colchón que han bajado al suelo. Como consecuencia de la refriega, ambos pierden además de sudor, aquel líquido blanco pegajoso, cuya salida viene precedida de un intenso cosquilleo en el bajo vientre y una gran, enorme sensación de bienestar.

Mañana, antes que los otros dos lo descubran, Henry se deshará de los pedazos de papel

 

higiénico y de los tres condones que Alexander usó para penetrarlo por el culo.

 

(CONTINUARÁ…)

 

Escrito por N-Ass. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.

domingo, 12 de febrero de 2012

SOT-2012-007: Azotea caliente

Yo soy vigilante de un edificio de cinco pisos, destinado a educación superior. Funciona de lunes a viernes a lo largo del día, y los sábados sólo hasta el mediodía. Yo tengo 40, soy atlético, 1m76, 80 kg, y en mis ratos libres hago pesas y algo de aeróbicos. Les contaré lo que pasó el último sábado con mi sobrino, de 22 años, universitario, algo atlético también, 1m72, , que me pidió de favor que le diera acceso a la azotea para hacer fotos de la ciudad.
Le dije que tendría que ser en un momento que no haya nadie porque el acceso al edificio es restringido, en especial a la azotea, porque varias veces se han encontrado a algunas personas en pleno acto sexual. A veces he tenido que recoger condones usados.
Mi sobrino me dijo que normal, porque justo quería tener la luz de la tarde para hacer un trabajo de fotografía que le habían dejado.

16:20
Llega mi sobrino. Con mucho cuidado de que no me vean, lo hago entrar.
Justo me acababa de levantar de mi siesta de la tarde, luego de haber limpiado las plantas superiores.
Mi sobrino sube, prepara su cámara y comienza a hacer sus tomas.
Yo aprovecho para terminar de limpiar algunos corredores de la planta inferior a la azotea.

16:50
Termino de limpiar, y me voy a tomar un baño.

17:10
Tras bañarme, salgo y me pongo solamente la toalla. quiero ver si mi sobrino está bien, porque no lo he oído en todo ese lapso.
Al llegar a la azotea, lo veo inclinado, poniendo su cámara entre las celosías, y tomando fotos.
La luz se ha vuelto amarilla intensa y la ciudad se ve bonita desde este punto, pero lo que a mi me llama la atención al llegar son las redondas nalgas de mi sobrino.
Me las quedo mirando, pero trato de no solazarme con esa visión, puesto que somos familia.
Mi sobrino se asusta y se da cuenta que estoy detrás.
Se voltea, me sonríe.
- Ya casi termino, tío.
- Normal. ¿Todo bien?
- Mostro, tío. De aquí te enseño las fotos.
De pronto se me queda mirando, y súbitamente me toma una foto.
- ¿qué haces?
- Nada tío. Te ves bien con ese fondo y esta luz.
- ¿En serio?
- Sí, mira.
Me muestra la foto en su cámara. Realmente me veo muy bien. ¿Cuántos hombres de mi edad pueden decir que tienen un físico envidiable?
Entonces, me da un ataque de vanidad.
- Oye sobrino, ¿y... por qué no me tomas fotos?
- ¡Claro! No es mala idea. aprovechemos la luz.

17:25
Sin más ropa que la toalla que me cubre, comienzo a posar a los requerimientos de mi sobrino.
No me hago problemas cuando me pide que me quite la toalla y me la ponga cubriéndome mis partes íntimas. Luego, totalmente desnudo, aprovechamos un murito para ocultar mis genitales y acer varios desnudos artísticos. Como soy lampiño de pecho y nalgas, dice que se me ve excelente para las fotos.
- Tío, ¿y te animas a hacer un desnudo frontal?
- ¿Como así?
- Mostrándolo todo.
Dudo. Pero, ya estaba embarcado en el carro. La vaina es que mi pene comenzaba a erectarse, no sé por qué. aún así, mi sobrino me hizo varias tomas. En las últimas ya tenía una erección completa. A pesar que trataba de ignorarlo, mi pene no perdía rigidez, y, como mi sobrino no me decía nada, me lo tomé como algo natural.

18:10
Terminamos la sesión. Mi sobrino me alcanza la cámara para mostrarme las fotos.
La verdad no me veo nada mal; al contrario, las tomas están como para hacer un calendario.
A todo esto, mi pene sigue erecto.
- Excelente trabajo, sobrino, pero... como que algo aquí... ¿no estaría subido de tono?
- ¿Te refieres a tu erección?
- Pensé que no lo notaste.
- Imposible notarlo. ¿Cuánto mide?
- Como 17. ¿Por qué?
- No se ve mal en toda la composición. Si quieres las borro, pero son buenazas.
- No. No las borres.
- Gracias tío, por ayudarme.
Dicho esto, me dio un abrazo. Immposible evitar que mi miembro le roce su cuerpo.
siento una sensación muy placentera, y no deshago el abrazo.
- ¿Sabes sobrino?
- ¿qué, tío?
- Cuando subí y te vi inclinado, me dije: qué ricas nalgas tiene ese muchacho.
- Ja, ja, ja. Bueno, eso dicen.
- Lástima que es mi familia, si no ya lo hubiera hecho pagar pato.
- Bueno... si quieres... olvídate que soy tu familia.

18:20
Animado por sus palabras, comienzo a acariciarlo y besarlo en la boca. A medida que esto pasa le voy quitando la ropa, que tampoco traía mucha, pues estamos en verano.
Así desnudo, se inclinó sobre la misma celosía y me abrió sus nalgas.
Le lamí el ano, mientras él gemía y se movía de la excitación.
De vez en cuando le daba nalgadas.
Luego, le rocé mi pene entre sus nalgas, me puse un condón, y lo penetré.
Era increíble estar haciendo el amor con el sol cayendo sobre la ciudad, sintiendo todos sus ruidos allá abajo, y nosotros gimiendo y calentándonos más al escuchar cómo mi cadera sudorosa chocaba contra su trasero estrecho.
Mis manos se mantenían aferradas a sus caderas, y las apreté más cuando sentí mi orgasmo. Luego él se masturbó y eyaculó sobre el falso piso de esa azotea.

18:55
Bajamos a bañarnos juntos y a tener un nuevo coito, esta vez en la cama del cuarto que ocupo allí, haciendo las poses del perrito y piernas al hombro.

19:40
Tras terminar, de nuevo nos bañamos, y quedamos que él me quemaría las fotos en un CD.

19:55
Con el mismo sigilo con que entró, mi sobrino abandonó el edificio.
Media hora después, hice lo mismo, yendo a casa de mi cuñada para cenar.

CONCLUSIÓN
Sé que estoy violando reglas y la confianza de quienes me dieron la chamba, pero es la primera vez que experimento con un hombre y me ha gustado.
Voy a tratar de que se repita, pero cuidando la seguridad de ambos, probablemente por las noches.
Me muero de ganas de ver las fotos, porque dijo que las iba a retocar. Yo creo que no es necesario porque me veo bien, pero él es el especialista.
Si me animo, a lo mejor se las comparto.

Preparado por SOT para Hunks of Piura Entertainment. ©2012
Comparte tu relato con policías, vigilantes o serenos: hunks.piura@gmail.com

martes, 30 de agosto de 2022

El precio de Leandro 3.1: Un casting porno gay


Ese martes, Rico recoge a Leandro al finalizar el entrenamiento en el Estadio Municipal, y en lugar de llevarlo para su casa en el norte de la ciudad, lo lleva hacia el centro sur, muy cerca de la casa de novios y la Torre Echenique, la que se divisa algunas cuadras en dirección al mar. Se estacionan en una quinta, y tras pasar el portón de metal sin tanto enlucido, llegan a una de las viviendas de dos pisos pintada en blanco casi impecable. Adentro, el color es el mismo, solo que apenas si hay un sofá cubierto por un trapo como toda mueblería, una cortina blanca traslúcida que da una hermosa iluminación difusa, sin muchas sombras, una especie de gran dintel que separa lo que debería ser el comedor, y una puerta al fondo que lleva a la cocina y otra a a la derecha que lleva a las escaleras del segundo piso, a las que se puede acceder también por la mampara enorme en lo que debería ser la sala. Rico quita el trapo del sofá e invita a que Leandro tome asiento.

“¿Cómo conseguiste esto?”, pregunta el futbolista, quien no ha cerrado la boca desde que ingresó.

“Contactos”, responde lacónicamente el nuevo amigo, con una enorme sonrisa que agranda más su boca de labios carnosos.

Leandro toma su mochila y saca algo: un sobre manila que alcanza a Rico, quien, al abrirlo, sonríe entrañablemente.

“¡La ampliaste!”, exclama al ver que se trata de su foto en la computadora pero esta vez en un papel brillante de veinte por treinta. “Ni siquiera tengo el original de esta foto”.

“Claro que al diseñador le costó trabajo recuperarle la nitidez, pero quedó bien”, explica Leandro también entre sonrisas.

“Qué va, chico. Quedó estupenda”.

“Entonces, cuéntame de tu proyecto aquí, porque me dijiste que solo me lo contarías cuando llegásemos”.

Rico coloca el sobre en una caja de cartón que está pegada a una de las paredes y se sienta junto a Leandro.

“Quiero montar aquí un pequeño estudio para hacer fotos y videos”, le confiesa al fin eltaxista.

“Suena bien”, vuelve a sonreír Leandro. “¿Y ya tienes clientes?”

“Más o menos… ¿Cuánto ganas al mes por modelar y patear pelota, Leandro?”

“Veamos…. Setecientos un mes malo… Hasta mil doscientos un mes bueno. ¿Tú?”

“en el taxi me saco como cien diarios”.

“¡Oe, no está mal!”

“Pero lo reparto en tercios, Leandro: un tercio pa’ mi familia en mi país, un tercio pa’ ahorro, un tercio pa’ mis gastos”.

“Igual, Rico, eso es mil líquidos solo para ti; yo tengo que repartirlos en todo”.

“Lo sé, Leandro. Pero da la casualidad que hay un trabajo donde puedes sacarte dos mil quinientos en dos días, y eso para empezar”.

“¿A quién hay que matar?”, bromea Leandro.

Rico sonríe:

“A nadie; mas bien, posar desnudo y erecto”.

Leandro se queda en silencio por unos segundos.

“Perdona”, le aclara Rico, creyendo haber estropeado el momento.

“NO… para nada”, reacciona al fin su invitado. “¿Dos mil quinientos por posar calato y al palo?”

“Y pajeándose hasta acabar”, añade Rico. “Cuatro sesiones de hora y media a dos horas, hasta tres, durante dos días”.

Leandro no tiene que hacer mucha matemática para entender que en cuarenta y ocho horas puede sacar el equivalente  a tres meses de trabajo si las cosas van mal, o dos si todo va bien; y aún queda un sobrante.

“¿Pero y esas fotos dónde se van a ver, Rico?”

“El contrato dice en los Estados Unidos; pero ya sabes cómo es Internet: se filtrarán como les ocurrió a esos culturistas de acá”.

Leandro recuerda vagamente que ocho años atrás, un programa de espectáculos por televisión, chismes de farándula mas bien, sacó un informe donde revelaba que varios musculosos habían posado como Rico propone, y las imágenes terminaron filtrándose. Aunque no lo confiesa, él sabe que incluso, a pesar de una guerra por los derechos de autor, los videos de cuarenta minutos en promedio están subidos por usuarios privados. Piensa en cuál sería la reacción de su madre (la vieja se infartaría sí o sí, reflexiona), qué pasaría en su equipo, qué pasaría con sus aspiraciones:

“¿Y qué hay que hacer para chambear en eso?”

“Hacer una pequeña sesión de prueba”, replica Rico.

En cuestión de minutos, se organiza una en esa sala. El taxista saca una cámara fotográfica semiprofesional (ante la sorpresa de Leandro) de la caja de cartón y se dispone del espacio entre la sala vacía y el comedor también vacío. Leandro deja la mochila en el sofá y toma su marca. Lo mismo Rico, quien durante los próximos minutos comenzará a dar órdenes a su modelo, como los grandes fotógrafos profesionales:

“Manos a la cintura… así, sonrisa… pie izquierdo algo más adelante, no tanto, ¡ahí!”

Y conforme la sesión avanza, Leandro va perdiendo cada una de sus prendas hasta quedar como Dios lo trajo al mundo.

“eso, aprieta el culo… bien”, ordena Rico. “Gira… Acaríciate… Mano al huevo… eso… Masajéatelo”.

Leandro comienza a masturbarse, pero parece no conseguir el resultado que Rico espera:

“¿Demora en ponerse duro?”, consulta el fotógrafo ad-hoc.

“Lo que pasa es que no hay mucha estimulación”, sonríe Leandro pendejamente.

“Te pongo una porno”.

“No, eso no hace mucho efecto… Si hubiese alguien que…. La chupe”.

Rico ahora ssonríe pendejamente:

“¿Y cómo debe ser ese ‘alguien’?”

“Alguien que la sepa chupar”, guiña un ojo el modelo desnudo.

Un par de minutos después, Rico está arrodillado ante el cuerpo del adonis al natural practicándole sexo oral.

“¿Por qué no te quitas la ropa?”, suspira Leandro.

Rico accede, y si su trasero es motivo de alabanza pública, el de su nuevo amigo no se queda atrás: ahora sí, su erección es plena. Rico toma más fotos hasta que Leandro siente el cosquilleo que anuncia el orgasmo:

“Las voy a dar”.

“Aguarda”, pide Rico, quien apaga la cámara, la pone en el cajón de cartón, se acerca al otro muchacho, lo abraza frontalmente apretando su excitación contra la otra, y comienza a besarlo en la boca. Aunque no se tienen más imágenes, la sesión finaliza con ambos haciendo el amor tiernamente sobre el sofá.

  

martes, 23 de abril de 2019

Mi secreto bajo la lluvia

- ¡Manuel!
No podía ser. Me parecía increíble.
- ¿Vicente? ¿Viche?
- ¡Claro!
El pata de unos 35 años, vistiendo polo y jean apretado que dejaba notar su cuerpo de culturista se me acercó y me dio un abrazo en mi cuerpo atlético.
- ¿Cuántos años, promo?
- ¡Desde el colegio, Viche!
La última vez que había visto a Vicente fue durante la fiesta de promoción de mi cole hace largos 18 años. El problema era que pertenecíamos a grupos diferentes. Yo estaba con los tranquis, casi los nerds, y él estaba con los chacoteros, los gileritos, los medios patanes.
- ¿Cierto que te casaste, Manu? Perdón, Manuel.
- Jajaaja. Normal. Dime Manu. así me decían en la promo, ¿no? Sí, me casé hace cinco años.
- ¿Y ya tienes churres?
- No. Ahora ando en otros proyectos, y por ahora hijos no. ¿Y tú?
- Nada. Sigo soltero. ¿Te hiciste contador?
- No, Viche. Soy psicólogo.
- Ah, mira. Qué interesante.
- ¿Y tú, Viche?
- Nada. No estudié. Pero estoy chambeando como guachimán en un almacén en la avenida transversal.
- ¿A qué altura?
- Por el cine.
- Ah, mira. Yo vivo por ahí a tres cuadras.
- ¡Chévere, Manu! A lo mejor quedamos un día y nos tomamos un par de chelas.
- ¡Claro!
Intercambiamoss números, nos despedimos Regresé a casa sorprendido de que aquel muchacho flaco y alto del cole se había convertido en ese guapo hombre fornido, como esas figuritas de acción de G.I. Joe, mi serie favorita cuando era chibolo.



Acababa de hacer mi rutina de isométricos a éso de las siete de la noche y me estaba quitando la ropa para bañarme. Era jueves por la noche y mi esposa había salido de viaje toda esa semana. Estaba supremamente arrecho y el ejercicio era una manera de sentirme cansado para que, en el peor de los casos, me pajeara en la ducha y luego de comer, viera algo en la tele y me quitara a dormir.
Ya estaba calato cuando chequeé mi celu. Habían varios mensajes. Entre ellos, uno de Viche: "¿Y promo, qué haces?". Le respondí: "Aquí en mi jato, aburrido.... la mujer me dejó por una semana". Estaba tomando la toalla cuando la alarma de mensaje sonó. Tomé el celu. "Vente a charlar un rato donde cuido... ¿qué dices?"



Estaba duchándome con el celular cerca,con mi música a todo volumen. qué mierda. Estaba solo. Ese día había sido pesado con consultas y necesitaba distenderme un poco. Comencé a jabonarme mi pija y mis bolas, que estaban tranquilas. Me acordé de mi esposa, de cómo siempre que quiere que la cache, se me sube encima cuando estamos en la cama, calatita, sobre mi cuerpo desnudo, porque duermo calato, y comienza a besarme desde la boca hasta mi miembro, despertándolo con su boca. Sus mamadas son magistrales. Entonces, mi pinga comienza a ponerse dura. Una pajeada en su nombre. ¿Por qué no? Me sobo mi pene hasta ponerlo duro y comienzo el masaje facilitado por la espuma del jabón. Estoy en lo mejor cuando... suena el celu.
Suelto mis 16 centímetros al palo, me seco las manos, salgo de la ducha procurando no mojar el piso, me seco las manos. Es Viche.
- ¿qué pasó, promoción?
- Oye, Manu. Vente al almacén.
- ¿Ahorita? ¿Acaso no hay gente?
- Cierran a las ocho. Ya son siete y media.
- mmmmm. Ya, yo te aviso.



Tras cenar, me siento a ver tele. Zapeo y zapeo por los ochenta y tantos canales y no hallo nada bueno. Miro mi reloj: diez para las nueve. Tomo mi celu, ignoro unos mensajes. Escribo: "¿Pásame la dirección ddel almacén, promo". Viche me manda una captura de Google Maps. Son exactamente cuatro cuadras y media. Como estaba calato (recuerden que no había nadie en casa), fui al cuarto, me puse un polo manga cero, una bermuda, mis sandalias y salí. Sí, no suelo usar ropa interior.
Cogí la llave, cerré bien la puerta de mi depa y bajé a la calle. Corría una brisa fresca.
Ya había avanzado dos cuadras, cuando, inesperadamente, la brisa cesó, y sentí unas gotitas en mi rostro. No le tomé importancia. En solo segundos, las gotitas se hicieron aguacero. ¡Mierda! Estaba a mitad de camino. ¿Dar media vuelta o continuar? Me estaba mojando todo.
Analicé rápidamente las cosas: en casa me aburriría, acá por lo menos iba a conversar por un par de horas, esperaba que pasara la lluvia y regresaba. Avancé.
Faltando media cuadra para llegar al almacén, mi promoción estaba en una esquina.
- ¡Vente, huevón!
Avanzamos a paso ligero y llegamos hasta el local. Entramos por una puertecita. Tras caminar un pasillo oscuro, llegamos a un cuartito. Viche prendió la luz. Apenas había una colchoneta, unas revistas y periódicos, unos percheros con ropa de vigilante, y en una esquina estaba lo que parecía ser un arma de fuego en su estuche de cuero.
- Estás mojado, Manu. Tienes que quitarte toda la ropa.
Lo miré extrañado, pero la sugerencia de Viche tenía todo el sentido. Si me quedaba con la ropa húmeda puesta, podía pescar una pulmonía, y a ver quién te salva de ésa. En lo que a él respectaba, ya se había sacado el polo y estaba quitándose el pantalón de lona, típico de los guachimanes. Tampoco tenía ropa interior. Ya se imaginarán la estampa de dios griego que tenía frente a mis ojos, o mejor aún, imaginen un G.I. Joe totalmente calato, peladito. Tomó una toalla.
- Sécate. Tu ropa vamos a colgarla acá en el baño para que se seque un poco.



- Asu, sí que casi diez años duraron de novios, Manu.
Sin saber cómo ni en qué momento, Viche y yo estábamos acostados en la misma colchoneta, de lado, para poder entrar. En esa posición, rozar sus piernas era casi imposible, pero yo no le di importancia al asunto. Me había concentrado en resumirle mi vida de enamorado y ahora de casado.
- ¿Y tú, Viche? Me dijiste que seguías soltero. ¿Acaso ninguna hembra te convenció?
Vicente sonrió y se tomó unos segundos.
- Tú eres psicólogo, ¿cierto? Entonces, tú me vas a entender? ¿Puedo confiar en ti?
- Claro, Viche. Cuenta conmigo.
- Sí, saliendodel colegio, me gustaban las hembras y salía con varias. Me las llevaba a la cama pero no me sentía satisfecho. Una vez Pepe, el fotógrafo de modas, me contrató para hacerme una sesión. Necesitaba el billete y acepté. Posé. Las fotos salieron de la puta madre.
- Sí, creo que las vi. Éso fue hace 15 años más o menos.
- No, diez años atrás. Para entonces ya tenía este cuerpo. La nota es que cuando terminamos la sesión, Pepe me dijo que si quería ganar más plata como modelo. Obvio le dije que sí. Entonces me propuso hacer fotos porno. Ya sabes: calato, mostrando mi verga al palo, esas cosas. Yo al inicio me asusté y le dije que no, pero al regresar a mi jato y ver la necesidad, pensé, huevón. A la semana siguiente le estaba posando como Dios me trajo al mundo. ¿Qué piensas de éso, Manu?
- ¿Yo? Nada. Normal. Yo entiendo que tenías necesidaes económicas. No hiciste nada ilegal, ni inmoral.
- ¿En serio crees éso?
- ¡Claro! son solo unas fotos porno, nada más. No mataste a nadie, no extorsionaste a nadie, ¿no?
- No... Eres la primera persona que me dice éso.
- ¿Y éso qué tiene que ver con las hembras? ¿Las fotos se filtraron? ¿Estabas con alguien y te cortó al verlas?
- No exactamente. Las fotos se filtraron hace ccinco años recién. Acá las tengo.
Vicente se levantó y se alargó hasta los pies de la colchoneta, y se quedó en cuatro, mostrándome su enorme culo y su ano, el que notaba algo más ancho de lo usual. Tal visión me comenzó a poner la pinga dura, así que me puse boca abajo.
Cuando se acostó otra vez.
- Guá, promo. ¿Y por qué te pusiste de culo?
- Nada... es que... de costado... me estaba cansando.
- Ah ya.
Me dio el celular y me mostró las fotos. Si bien Pepe había realizado un excelente trabajo con ese cuerpo desnudo en todos sus ángulos, incluso mostrando el culo, lo que tenía ahí a cinco o seis centímetros de distancia superaba cualquier obra de arte.
- Ah mierda, Viche. Eres aventajado, mierda.
- Jajajajaja. ¿Tú crees?
- Lindas fotos. Excelente trabajo.
Le devolví el celular. Mi pinga bajo mi vientre no solo estaba durísima, estaba recontra lubricado.
- ¿Qué piensas ahora que las viste?
- Ya te dije: excelente trabajo. Pero, ¿éso lo vio alguna jerma?
- No creo. La vaina fue lo que pasó luego de esa sesión.
- ¿Qué pasó, Viche?
- Me estaba bañando en la ducha porque en las últimas fotos tuve que eyacular, y me estaba quitando la leche de mi abdomen. en éso, siento que alguien entra detrás.
- ¿Pepe?
- Sí, Pepe. Comenzó a sobarme la espalda, a decirme que le parecía rico, que podía hacer mucha plata conmigo. Te juro que me paralicé. Cuando me volteé a reclamarle, él me cogió el huevo. Debí empujarlo porque se suponía que no me gustaba la mariconada pero... no lo hice, no solo me gustó.... Dejé que me la chupara. Se me armó otra vez. Al poco rato, le estaba metiendo mi pinga a su culo. Y cuando las di, no me sentí mal. Me asusté, huevón.
- ¿Se repitió?
- Tres veces más, Manu. Tres veces. Me presentó gente de su entorno y terminé cachando con todos ellos. Pepe se había alucinado que quería hacerme su macho, así que cuando supo de que me cachaba a sus amigos, me dejó de hablar, de dar plata. Lo bueno es que había hecho contactos y desde entonces trabajo como seguridad. Y desde entonces, comencé a cachar más con patas que con jermas hasta el punto que ahora solo cacho con patas.
- Ni me mires el culo, Viche, porque yo soy bien varoncito, jajajajajajaja.
- Jajajaja. Nada, Manu. Además, eres mi promoción. No me malearía así contigo. Pero éso no es lo único.
- ¿Hay más?
- Cuando comencé a cachar con patas, yo era quien los clavaba. Una vez conocí a un tombo, y luego de chupar como cancha, fuimos a su jato a seguirla. Allí mas bien comenzamos a manosearnos y terminamos en la cama. La vaina que esa madrugada, no solo me caché al tombo... el tombo me cachó a mí también. Y desde entonces fui metiéndola y dejándomela meter hasta que ahora me gusta más que me la metan. Claro que sí la meto, pero bien de vez en cuando. ¿qué crees que me haya pasado?
Yo seguía allí boca abajo ocultando mi erección húmeda.
- ¿qué te pasó, Viche? Pues, simple: digamos que en estos años, has ido explorándote hasta hallar tu sexualidad real. No eres el único. Le pasa a mucha gente.
- ¿Es normal, Manu?
- Ni normal ni anormal, Viche. Es un proceso personal, como todo en la vida. La pregunta sería: ¿cómo te sientes al respecto?
- ¿Yo? Normal, Manu. No me jode que me gusten los patas o que me la metan.
- Entonces, ya te aceptaste. Punto. Si no sientes culpa, todo está bien.
- La verdad que no siento culpa. ¿Dices que no soy el único?
- Correcto. No lo eres. Lo que pasa es que muchos hombres por el machismo, jamás lo admitirían, y en una sociedad que te señala por cualquier huevada, mejor actúan o se mantienen al margen.
- Y.... ¿a ti te ha pasado, Manu?
- ¿a mí? Pues.... ejem... No sé. Para serte honesto, hace unos mesesconocí a un chiquito de 25 años. Nos hicimos conocidos porque cuida cerca de donde yo trabajo. Una noche que me quedé hasta tarde, tomamos la mototaxi juntos porque él se regresaba a su casa, y como era mototaxi cerrada, así de la nada, se me acercó más de lo debido, me tocó el paquete y me dio un piquito en la boca.
- ¿Tú qué sentistte?
- ¿La verdad, nada.
- ¿No se te paró cuando te tocó el paquete, Manu?
- No. No se me paró.
- ¿Quién es?
- Qué chismoso. No creo que lo conozcas. Es un chibolo... un tal Jesús.
- ¿Jesús? ¡No jodas! Sí lo conozco. Me lo he clavado tres veces.
- ¿En serio? Es un medio gordito. Rico culo. Chatito, trigueñito.
- Entonces sí es el mismo. No vayas a contarle nada si lo ves, Viche.
- Hace meses que no lo veo, pero te paso el dato: cacha con gente treintona. Le gustan los treintones y cuarentones.
- Sí, me di cuenta que tiene carencias afectivas, pero ése ya es otro tema.
- ¿Fue la única vez, Manu?
- Sí... ¿Por qué me miras con esa cara?
- A mí me contaron algo. Dos notas tuyas. Una, que tieness varios amigos gay.
- ¿Y éso qué tiene que ver?
- ¿No ha pasado nada con ninguno? Hay rumores que dicen que sí.
- Jaajjajaja... Sí, los he oído, pero nada. ¿Cuál es la otra cosa que te han dicho de mí, Viche?
- No me la dijeron, Yo la vi: tú posaste desnudo para Pepe también.
Me dejó helado.
¿Cómo que la viste?
- Cuando Pepe quería que me hiciera su pareja, me mostró varias sesiones con patas y en una de ellas te reconocí. tenías el cabello más largo, pero ese cuerpo y esa expresión... imposible de olvidar. Especialmente por ese lunar aquí.
Vicente, entonces, puso su mano sobre mi nalga izqueirda. Yo reaccioné y me volteé.
- ¡Guarda, Viche, no seas pendejo!
Al voltearme, no me había dado cuenta que había expuesto mi pene erecto. Vicente sonrió.
 Entonces, me tocó mi falo duro.
- ¿Y ésto?
- ¿ésto? es queeee... como estaba boca abajo, entonces la presión....
- ¿Cachaste o no cachaste con Pepe?
- Oe, ya me suena a interrogatorio.
- Normal, promo. Yo te confesé mis secretos. ¿Qué problema hay que me confieses los tuyos?
- ¿Qué dijo Pepe? ¿que me lo caché?
- Dijo que no quisiste, que por éso no te volvió a llamar, pero que notaba qe se te chorreaba la nota.
- Y así fue, Viche.
Me sentí incómodo. Me senté sobre la colchoneta.
- ¿Dónde está el baño? quiero mi ropa, Viche.
Vicente me agarró fuerte de la cintura y su antebrazo aprisionó mi erección.
- Tranquilo, promo. Todo está bien. Yo no dije nada antes, no diré nada ahora.
- ¿qué le dijiste a Pepe sobre mí cuando viste mis fotos?
- Nada. solo le pregnté qué había pasado con ese huevón y me contó lo que te dije.
Me tranquilicé un poco. Vicente se sentó a mi lado. Juntó su cadera con la mía. Me abrazó.
- Es normal, Manu. Le pasa a mucha gente.
Volteé a verlo.
- No dije que fuera normal o anormal. solo que no eres el único que ha descubierto su real sexualidad.
- Pero tú te resistes a reconocerla.
Lo miré fijamente a los ojos. Vicente me miraba no con cara de revancha, no con cara de burla; me miraba con cara de paz, de cierta ternura, con cara de quien tiene la autoridad para decirte tus cosas no por ciencia sino por sentido común. Lo abrazé también. Acerqué mi cara y lo besé en la boca. Me correspondió.



Vicente mamaba la pinga mejor que mi esposa. Se la tragó toda. Se la sacaba, se la metía, jugaba con mi prepucio. embocó cuidadosamente mis bolas con su lengua y siguió bajando hasta levantarme las piernas y hacerme un rico beso negro.
- Lo tienes cerradito, promo.
- Y así se quedará.
Vicente sonrió cuando le dije ésto. Se levantó, sacó un preservativo y me lo dio. Me lo puse. Luego me dio un sachet de lubricante y lo desparramé sobre mi pene forrado. el resto de lucricante se lo puse en su culo, se arrodilló sobre mí, y puso mi pene en su ano. Se lo fue tragando poco a poco. ¡qué rica sensación sentir cómo mi falo penetraba en esa caliente hondura, carajo! Cuando mis 16 centímetros estaban dentro, comenzó a cabalgarme. Su pene golpeaba en mi vientre y comencé a masturbarlo. Se puso duro. Tranquilamente eran 19 o 20 centímetros, grueso..
entonces se hizo para atrás y se puso boca arriba, levantó sus piernas y yo me le abalancé y lo clavé piernas al hombro. No quise agredir su culo. Fui gentil con mi bombeo, sintiendo el placer de cada minuto de sexo.
Luego se puso en cuatro, lo volví a clavar, así gentilmente. No pensé en nada más. Solo disfruté. Me vine a los pocos minutos.
Cuando volví en mí, abrí los ojos, estaba sudando como mierda. Bajé la mirada. Ese hombre musculoso estaba allí a cuatro patas, mi pene semiflácido dentro de su ano, el condón en su sitio, como debe ser. Me desesperé. Le saqué mi miembro de golpe, me puse de pie como un rayo.
- ¿Dónde está el baño, Vicente? Quiero mi ropa.
- Ya, Manu. Tranquilo.
- ¿Dónde está el baño, Vicente? quiero mi ropa, por favor.
Vicente se asustó, salió de la habitación. Vi el arma en la esquina, me acerqué a ella pensando en que podría ser mi mejor salida si pasaba algo.
Vicente regresó con mi ropa algo seca. Me la puse de inmediato.
- Quiero irme, Vicente.
- Tranquilo, Manu. Relájate.
Me agaché a la esquina y tomé el arma. No sé cómo la saqué y le apunté a Vicente.
- ¡¡Quiero irme, conchatumadre!!
Vicente se asustó.
- Tranquilo. Sígueme.
Salió del cuarto, avanzó por el pasillo a oscuras, sentí que abrió la puerta de par en par.
- Vete, Manuel.
Tiré el arma hacia el pasillo y salí corriendo de regreso a casa.



La ducha fría me tranquilizó. Puse la ropa de esa noche en el canastón de ropa sucia. Mi celular sonó. era mi esposa.
- ¿Dónde estabas? te he estado llamando.
- Sorry, amor. me quedé dormido.
- ¿Te pasa algo?
- Nada. Me asusté. Pensé que te había pasado algo grave.
- No, amor. Estoy bien. Mañana estoy temprano en casa.
Terminé de hablar con ella y sonó la alarma de mensaje. Vi. era Jesús. "Estoy solo en mi jato, ¿vienes?". Lo maldije. "Vente a la rconcha de tu madre, hijo de puta", le puse y lo bloqueé. También bloqueé a Vicente. Traté de dormir. Menos mal, al día siguiente sí llegó mi esposa.

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domingo, 19 de febrero de 2023

Los 4 grandes atractivos de Pedro Bomba

Míralo de la cabeza a los pies y dinos si tu selección coincide con la nuestra.

 



El piurano Pedro Bomba sorprendió al planeta entero luciendo su cuerpo totalmente desnudo y mostrando su pene totalmente erecto en un único video y sesión de fotos que se convirtieron en otro clásico de nuestro arte pornoerótico. ¿Y por qué se hizo un clásico? Lo explicamos aquí:








 

Sonrisa: A diferencia de otros culturistas peruanos que también hicieron fotos o videos porno, Pedro Bomba no deja de sonreír, lo que significa o que se la pasó muy relajado o que se la pasó muy nervioso. Sin embargo, se convierte en uno de sus mejores atractivos, y ayudan a que la calentura de verlo pajeándose sea más amigable. Como tener sexo con tu mejor amigo y que te diga sin palabras “no te compliques, solo disfrutemos”.

 








Pecho: ¡Dios mío! ¡Te imaginas haber tenido una sesión de sexo intenso, quedar agotado y usar esos pectorales para reposar tu cabeza? ¿Qué tal un trío? Cada músculo tranquilamente puede servir para que cada chico descanse cómodamente, por supuesto, sostenido por esos enormes brazos. Donde sí vas a pugnar, si lo compartes con otros, es en acariciar ese bien trabajado abdomen. Pero pongámonos de acuerdo con que ese enorme pecho es de antología.

     







Verga: Recta, gruesita, de tamaño promedio pero bien jugosita, ideal para darle una buena mamada o para sentirla dentro del culo. ¿Alguna idea de cómo debe saber su semen? Sin duda debe ser un néctar delicioso, pura masculinidad forjada con genes 100% piuranos. ¿Claro! Porque si en Piura todo es más rico, de hecho que esa polla debe serlo también. A menos que alguien ya se la haya tragado. Avísenos, por favor. ¿Y qué piensas de sus huevos?








 

Culo: ¡Qué comen los culturistas peruanos que les sale un trasero grande y bien redondo? OK. No solo es la comida. También es el entrenamiento y, por qué no, la genética. Pero ese par de duras nalgas son ideales para mordisquear, lamer, acariciar. Otro gran candidato a un inolvidable y discreto beso negro. Ah, y ese par de enormes piernas no se queda atrás.

 

¿Cuál es tu parte favorita del cuerpazo de Pedro Bomba? Cuéntanos en los comentarios. Gracias a Apasionado Solar por los vidcaps.

 

Mira el video completo de Pedro Bomba | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com