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miércoles, 21 de diciembre de 2011

Perú & Ecuador - Strippers!

Perú y Ecuador son naciones hermanas, tal como se ha demostrado en un evento reciente. Tenemos unos paisajes impresionantes, una cultura común, y unos hombres que son nuestro orgullo binacional en nuestros países y más allá.
http://www.youtube.com/results?search_query=stripper+ecuador+peru&oq=stripper+ecuador+peru&aq=f&aqi=&aql=&gs_sm=e&gs_upl=237250l238890l0l239218l6l6l0l0l0l0l0l0ll0l0
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Peru and Ecuador are sister nations, as asuch as it was demonstrated in a recent event. we got impressive landscapes, a common cultura and men that are our binational pride in our countries and beyond.
http://www.youtube.com/results?search_query=stripper+ecuador+peru&oq=stripper+ecuador+peru&aq=f&aqi=&aql=&gs_sm=e&gs_upl=237250l238890l0l239218l6l6l0l0l0l0l0l0ll0l0
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viernes, 17 de junio de 2022

El stripper brasileño que apareció en una corte peruana

Para ser el abogado de un presidente homofóbico, la imagen de Ricardo Milos bailando exóticamente en medio de una audiencia judicial es qcomo recibir un golpe de pinga en las mejillas… o en el mismo culo.


 

La imagen que se vio durante la audiencia corresponde al stripper, modelo y escort  brasileño Ricardo Milos, quien se hizo famoso allá por 2011 cuando su imagen bailando eróticamente luciendo una pañoleta roja y una tanga con los colores de la bandera estadounidense se hizo viral alrededor del mundo, especialmente en la comunidad gaymer… perdón, gamer.

Lo particularmente curioso es que el presidente peruano Pedro Castillo se ha declarado abiertamente contra la comunidad gay durante su campaña política, incluso parece tener problemas con las mujeres porque es lo que más escasea en su gabinete. Además, muchos de sus ministros y funcionarios tienen o han tenido denuncias por violencia contra las mujeres, incluso violación sexual. ¿No será que Castillo tiene su ladito gay? Quién sabe.

Mientras tanto, Lo poco que se sabe deRicardo Milos es que habría nacido en 1977, que mide metro 72 y pesa 86 kilos. O sea, es culturista.

Los videos de Ricardo Milos parecen ser populares en la comunidad de abogados peruanos porque su imagen también ha aparecido en una audiencia virtual aquí en la ciudad de Piura. Y por lo visto, tienen un gran archivo de videos de strippers porque también aparecieron en otras audiencias en todo el país.

Nosotros hemos buscado si hay videos de Ricardo Milos calato, pero no hemos encontrado nada. Si tú tienes alguno, avísanos. Mientras tanto sí hemos hallado este video suyobailando y este otro video suyo bailando. Se mueve rico el csm, ¿no? No olvides comentar acá abajo o en nuestro Twitter.

Tenemos más sobre stripper calato, culturista calato y abogado gay. 

jueves, 29 de agosto de 2019

¿Por qué me siento orgulloso de ser stripper?

Soy stripper hace un par de años. Me metí al negocio por curiosidad primero, y cuando vi que éso significaba un ingreso extra, me pareció una interesante idea ir desarrollando. Yo tengo un pequeño negocio, pero lo que gano no es suficiente, así que esas presentaciones me permiten tener algo extra que me deja pagar mis cuentas en general. A veces me he presentado en discos, pero mayormente hago shows privados, y mis performances van desde quedarme en boxer o hacer calzoncillo mojado hasta usar hilo dental. Si me pagas extra, me quedo calato y me pajeo delante tuyo hasta que veas fluir mi leche.

El fin de semana estuve dando un show privado en una casa por el cumpleaños de un pata, quien me pagó lo que le pedí y me trató muy amable. La huevada comenzó cuando cerré mi presentación y me iba a un cuarto que me dieron para ponerme mi ropa normal y regresar a mi casa. Solo vestía un hilo dental rojo cuando justo antes de entrar al cuarto me crucé con uno de los invitados. Lo reconocí porque entrenamos en el mismo gimnasio.
"Así te recurseas, ¿no?", me dijo con una sonrisita medio pendeja. Yo las paré de inmediato.
"Sí, así me recurseo", le dije con toda seguridad.
"¿Y no te jode recursearte así?", me volvió a preguntar pero con cierto tonito de desprecio.
"¿Y qué tiene de malo?", le devolví.
"Que, huevón, mírame a mí que estudié ésto y ahora soy ésto, tengo menos pinta que tú y saco mejor plata", se descosió.
"Bien por ti", le dije sin bajarle la mirada. "Pero yo me siento orgulloso de ser stripper".
El pata se quedó boquiabierto, lo que aproveché para darle la estocada final.
"Y te diré por qué".


  1. Me preparo para enseñar, no para ocultar: Entreno mi cuerpo a conciencia, me alimento sanamente, no bebo alcohol, no fumo, no me meto drogas, descanso lo necesario, procuro estar enfocado. En dos palabras: me cuido. De ese modo, puedo mostrar los resultados a la gente, y me pagan por esos resultados.
  2. Soy artista: Tengo oído musical, tengo ritmo, tengo flexibilidad, no solo me pongo a bailar, sino que uso todo mi cuerpo para transmitir sensualidad o sexualidad, desde cómo me peino y cómo luzco hasta cómo uso todo lo que la naturaleza me dio. Nada es casualidad, todo es parte de una coreografía que se adapta a lo que mi público busca.
  3. Me gano la vida ofreciendo fantasía: A diferencia de otros huevones que solo sacan cuerpo para sangrar a otros patas, yo te ofrezco toda una experiencia de la que tú sales totalmente relajado o totalmente estimulado, y es un aspecto que cuido mucho.
  4. Soy creativo: Siempre estoy viendo la forma de reinventarme, de ofrecerte algo novedoso, investigo, pruebo, perfecciono. Entonces, no soy cualquier huevón.


Cuando le espliqué todo ésto aal otro pata, él no sabía cómo responderme. Entonces, yo me sonreí pendejamente, y delante suyo me quité el hilo dental, mostrándole mi pinga y mis bolas, luego me metí a cambiarme y me fui.

El lunes me encontré al pata en el gimnasio. Cuando acababa de hacer mi rutina, se me acercó.
"Pata, sorry por lo que te dije la otra noche", me dijo aparte.
"Normal, huevón", le respondí. "Ya me a pasado antes".
Entonces se quedó callado un ratito hasta que la soltó.
"¿Tienes shows este fin de semana? Quisiera contratar uno".
Me volví a sonreír. Algún día les contaré cómo me fue en esa presentación.

martes, 29 de noviembre de 2011

El stripper que me quitó más que el frío

Soy un chico de Manizales, Colombia, tengo 26 años, y me encantan todos los deportes de aventura y la fotografía.
Pero también me llama la atención el folklore de los pueblos sudamericanos, en especial sus fiestas.
Había llegado a Sullana y unos parces me hablaron de la Feria de Ayabaca. Como estaba cerca, pedí que me prestaran una bicicleta de montaña. Arreglé unas cosas y me puse en camino.
Mis parces me pidieron una y mil veces que tenga cuidado porque es una zona riesgosa, especialmente para un colombiano como yo. ¿Y pasará algo más?, les pregunté. Ellos sabían que me refería a otro de mis gustos: hombres bacanos para tener placer.
En Ayabaca no pasa nada, me dijeron.
Bueno, dije yo. Entonces, me puse mi mochila, mi traje de ciclista y me fui. Salí como a las seis de la mañana, y llegué casi a medianoche.
A lo largo del camino, gente en trajes morados, algunas con cruces al hombro, llenas de fervor.
Como el paisaje es único, aproveché para hacer varias fotos, y conforme avanzaba y encontraba algo interesante que retratar, lo hacía hasta que llegué a la ciudad.
Allí me encontré con otros ciclistas de acá, y quedamos para hacer un pelotón de retorno.
Me costó trabajo encontrar habitación, pero al fin conseguí algo seguro a la vuelta de la plaza, donde pudiera descansar y guardar la bicicleta.
Al día siguiente me dediqué a hacer fotos de los peregrinos, las celebraciones, la adoración, realmente buen material.
A mediodía salí a la plaza para descansar antes de buscar algo que almorzar. Me senté en una banca, y fue cuando lo vi: un chico evidentemente atlético, vistiendo una franela y unos jeans ceñidos, hermoso cabello castaño oscuro peinado con un gracioso copete y un rostro recio pero afable.
Recordé el dato de mis parces de Sullana, pero igual no le quité la mirada de encima. Tenía la cámara en ristre, y aproveché para tirarle unas fotos con el tele, aunque sea para tenerlas de recuerdo.
De pronto, me miró. Tragué saliva. Él miró a los costados, y se acercó. Sabía que la había cagado, y que no me quedaría otra que pedir disculpas, inventar una excusa o quién sabe qué.
“¿Me estás tomando fotos?”
“Mire, qué pena con usted, la verdad que sí… es que me llamó la atención”.
El chico se sonrió, volvió a mirar a los costados, se presentó dándome la mano.
“Ten cuidado con los choros”.
“¿Con qué?”
“Los ladrones, pe”.
“No se preocupe. Gracias”.
Se sentó a mi lado, le conté mi historia.
Me escuchó con mucho interés, mientras sus brazos cruzados revelaban unos bíceps grandes, y sus piernas estaban a punto de romper sus pantalones.
“Yo acabo de regresar acá. Estuve dos años trabajando en Lima”.
“¿Trabajando de qué?”
“De lo que sea; mozo, ayudante, seguridad… hasta de stripper”.
“¿Trabajó como stripper?”
“Sí. Mi hermano me botó de su casa y tenía que comer como sea. Un amigo me habló, y como sé bailar muy bien, ya pues”.
“¿Y cómo era su espectáculo?”
“Tendrías que verlo”.
“Pero acá no se puede”.
Se quedó pensando un rato.
“No, aca no. Pero en mi cuarto sí”.
“¿En tu cuarto?”
“Por fin me tuteas. Sí, allí. Si quieres, sígueme”.
Nos metimos por una calle estrecha y curva franqueada por casas de dos pisos y balcones de madera, bajamos por una bocacalle y llegamos a una construcción de dos pisos, de pared blanca, con el consabido balcón de madera.
Subimos por una escalera que crujía a nuestros pasos, llegamos a un cuarto al final de un estrecho pasadizo. Al fondo, el paisaje impresionante de la cordillera, interrumpido por unos eucaliptos.
Entramos.
Abrió una ventana de madera y se iluminó el espacio de paredes blancas desnudas. Su cama estaba sin hacer.
“Me fotografiarás, ¿no?”
“Claro. Si no te molesta, sí”.
Yo prendí mi cámara; él, una pequeña grabadora y una canción de Lady Gaga se reprodujo.
Comenzó a cimbrearse, moviendo manos y cadera. Yo comencé a disparar.
se quitó la franela y debajo habían dos poderosos pectorales, una espalda maciza y unos abdominales dignos de calendario.
La música seguía sonando, y mi cámara continuaba congelando su sensualidad.
Me dio la espalda, se quitó sus zapatos, y fue deshaciéndose del cinturón. Simuló una flagelación, y se lo pasó por la entrepierna, mientras su trasero se movía sin cesar.
La canción seguía sonando.
Entonces se bajó los apretados pantalones, revelándome unos pequeñísimos slips que dejaban media nalga, redonda, al descubierto. Se puso en ángulo recto, se terminó de quitar la prenda, y ahora sólo tenía calcetas y su underware color blanco.
Era prácticamente lampiño, por lo que su atlético cuerpo lucía grandioso.
Yo no dejaba de tomar fotos y más fotos.
La canción terminó, e hizo una venia.
“¡Genial!”
“Gracias. ¿Qué tal las fotos?”
Me acerqué, nos sentamos sobre su cama, y le mostré la serie. El seguía semidesnudo.
“Están de la puta madre”.
“Gracias. Si deseas, te las imprimo y te las envío”.
“¿En serio?”
Tomé nota de su dirección de casa. No tenía correo electrónico.
“Tú eres un artista quitándote la ropa”.
“Y tú haciendo fotos”.
“¿Y has hecho desnudos?”
“No. Eso no corre conmigo”.
“¿Por qué no? Tienes un buen físico”.
“Eso sólo se muestra en privado”.
No le insistí. Apagué mi cámara, y estaba alistándome para agradecerle e irme a comer.
“Mira.”.
Se puso de pie, se colocó frente a mi, me dio la espalda de nuevo, y, sensualmente, se quitó el slip… ¡qué culo! Grandes glúteos redondeados y sin un pelo.
Giró lentamente, cubriéndose el miembro con una mano. Por cierto, el mío estaba más que duro.
“¿quieres ver lo que tengo bajo mi mano?”
“¿Me lo quieres mostrar?”
Me hizo una seña con la cabeza, tomé su mano, la retiré… un hermoso pene y unos grandes huevos debajo de un vello recientemente rasurado.
“¿Te gusta?”
“Bueno… creo que sí”.
“Quítate la ropa”.
Obedecí. Cuando estuve desnudo como él, me tomó por la cintura, juntó su cuerpo y me besó profundamente en la boca. Me empujó suavemente a su lecho y se acostó sobre mi, abriéndome de piernas.
Entonces, lamenté haber hecho caso a mis parces.
“¿Tienes condón?”
“No. ¿Tú tienes?”
“Tampoco”.
“Entonces…”
“No te preocupes”.
Me besó de nuevo en la boca, luego el cuello. Su pelvis no dejaba de masajear su miembro y el mío, mientras mis manos le acariciaban su espalda y trasero.
Me excitó tanto, que no dudé en venirme allí, bajo su piel, mientras él seguía moviéndose con frenetismo, jadeando, casi no dejándome respirar con sus besos.
Finalmente, dejó de mecerse, y pude percibir la humedad en nuestros vientres.
“¿Te gustó?”
“Estuvo grandioso”.
Sonrió.
Nos limpiamos el semen y nos pusimos la ropa de nuevo. Aproveché para invitarlo a almorzar, aunque al inicio no quiso.
Esa misma tarde dejé Ayabaca, me olvidé del pelotón, y fui cuesta abajo hasta un pueblo llamado Montero, donde pasé la noche.
Allí me abordó un hombre, con quien terminé compartiendo un café.
“Y conociste a *****?”
“Sí”.
“Vi cómo te llevó a su cuarto”.
Me incomodé algo.
“¿Cuánto te cobró?”
“Gracias por el café. Buenas noches”.
Esa noche, en mi cuarto, desnudo, junto a la bicicleta que me prestaron, pasé y repasé sus fotos, mientras me masturbaba vaciándome dos o tres veces.
Imprimí las fotos y se las mandé; además, le grabé un disco para que las tuviera en digital.
No volví a tener noticias suyas hasta que regresé a Colombia, entre a una comunidad de contactos por foto, y vi una inconfundiblemente suya, de espaldas, con el culo en primer plano.
Muchos comentarios lo alababan e insistían en contactarlo.
Y pensar que llegué a tocarlo, aunque nunca te la llegué a ver parada, escribí. Y me sonreí porque sólo sentí los dos miembros duros, pero el suyo siempre lo vi flácido, así que nunca supe cuánto medía.
Decidí no enviar el mensaje y pasar a otro perfil.

© 2011 Hunks of Piura Entertainment. ¿quieres contarnos tu relato? Hunks.piura@gmail.com

domingo, 15 de enero de 2012

Piso 14

El nombre de Piso 14 es un clásico en el Perú si es que hablamos de strippers masculinos. Su nombre se debe al bar que estaba ubicado en la décimocuarta planta de un conocido edificio en el distrito limeño de Miraflores. Haber estado en el staff de Piso 14 es la mejor recomendación que cualquier stripper profesional puede tener. He aquí un canal que pretendde seguir ese legado. Si hay algo así por Piura, avísennos.

Piso 14 brand is a classic if we're talking about male strippers in peru. The brand reerefers to a very known bar located in the 14th floor of a building in Miraflores, Lima. Being part of this staff is the best reference that a Peruvian professiional stripper can have. If you know something similar in Piura, please notify us.

http://www.youtube.com/user/PISORECARGADO/videos

(Se recomienda discresión. Viewer discretion advised.)

hunks.piura@gmail.com

domingo, 8 de enero de 2012

¡Hola Venezuela!

Tú conoces a los que salen en la tele, pero ¿qué hay de estos ilustres y calientes desconocidos?
Youknow the ones featured on TV. But what about those remarkable and hot unidentified guys?
http://www.youtube.com/results?search_query=stripper+venezuela&oq=stripper+venezuela&aq=f&aqi=&aql=&gs_sm=e&gs_upl=55578l62094l0l62375l20l15l0l0l0l0l0l0ll0l0
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hunks.piura@gmail.com

martes, 20 de marzo de 2012

Desvistiéndolo | Undressing him

Si tu fantasía es desnudar a un stripper -y no esperar a que él lo haga-, aquí hay alguien que no sólo lo hizo, sino que lo mostró a todo el público.

If your fantasy is undressing a stripper -not waiting for him to do it-, here is one who made it and showed it to the public.

http://www.youtube.com/watch?v=wVa53qYBTbo

hunks.piura@gmail.com

miércoles, 9 de enero de 2013

SOT-2013-002: Oficialmente muerto

Hunks of Piura

13NOV2012

18:15

Pedro y yo llegamos a quillabamba. En vez de entrar por la parte principal, según recuerdo, me lleva por otro lado.

“¿Por qué vamos por aquí?”, le preguntto.

“Confía en mí”.

 

18:30

Llegamos a una casa. Entramos. Tras subir una escalera, llego a un cuarto más o menos amplio, con piso de cerámica, y un baño privado.

Me doy cuenta de que Pedro es tan alto como yo, pero más fornido que yo: amplia espalda, piernas fuertes y torneadas (por lo que su pantalón deja ver), trasero parado y grande, brazos formados.

“Toma un baño. Esta noche, dormirás aquí. Mañana veremos”.

“¿Mañana? Necesito regresar al Cusco ya”.

“será mañana. Hoy ya no sale ningún carro para allá. Peor si está lloviendo”.

En efecto, se escucha un trueno, a lo lejos. Comienzo a desnudarme, mientras Pedro busca algo entre sus cosas.

Ya desnudo, cuando iba a correr la cortina para entrar a su baño, me topa el hombro: “Ten esto. Pa’que te seques”.

Abusando de mi anfitrión, me quedo media hora bajo la ducha, disfrutando la sensación de asearme decentemente, aunque una vez, Tomás y yo salimos debajo de una lluvia torrencial a bañarnos, y, aprovechando la oscuridad, hicimos el amor. Ese recuerdo me genera una erección, que el agua fría no consigue detener. Trato de disimularla presionando mi miembro con la toalla que me dio Pedro.

Al salir, él está acostado sobre su cama, desnudo, viendo algo porno en su televisor. Su miembro, que calculo tan grande como el mío (18), también está erecto, y él se lo está manoseando.

“¡saliste! ¿Qué tal el baño?”

Pedro tiene cuerpo de culturista. Ahora lo veo mejor, y completo, aunque él se cubre su pene erecto con una tela.

“Bien. Chévere”.

“Me voy a bañar. Dame la toalla”.

Dudo, pues mi erección no ha desaparecido.

“Normal, jefe. Si no se te para, preocúpate”, me dice.

 

20:00

Aunque sé que debo ver noticias, inevitablemente regreso al canal porno que estaba viendo Pedro. Él salió a ver comida. No quiso que lo acompañara. Me da la impresión de que Tomás le ha contado mi situación, y él trata de ser lo más discreto posible.

Estoy desnudo, manoseándome mi pene erecto, viendo cómo un chico negro tiene sexo con dos chicas blancas.

Al fin, Pedro entra con dos tappers. Súbitamente cambio a las noticias.

“Normal, jefe. Todos vemos porno”.

Al comer, Pedro me dice sin desparpajo alguno que se gana la vida prostituyéndose, o pasando droga en mochilas, o bailando en una discoteca en Cusco como stripper.

“¿Y tu clientela?”, le pregunto. Sigo desnudo, comiendo sobre el suelo.

“Gringas… gringos… soy democrático”.

“¿Y por qué no estás en el Cusco?”

“Mi familia vive en el monte”.

Tras la cena, sale otra vez, y regresa con una botella. Es licor. Brindamos.

 

21:30

Pedro está desnudo junto a mí. A medida que toco su cuerpo firme, nos vamos besando y acomodando sobre su cama. Estamos tan mareados que él puso algo de música y me demostró cómo son sus bailes como stripper.

Nos abrazamos con fuerza, nos revolcamos sobre su suave lecho, una sensación que no sentía en meses. Siento cómo su pene duro roza contra el mío, igual sus testículos sobre los míos. Nuestros alientos saben a alcohol. Le beso el cuello, y él comienza a gemir. Parece que no le importa si lo escuchan. Me acomodo encima de él, y comienzo a mecer mi cadera, masturbándome, masturbándonos. Él me acaricia la espalda y baja sus manos hasta mis nalgas, zona erógena por excelencia.

“Métemela”, me dice. “Tengo condones”.

Saco uno de su cajón, me lo pongo, y lo comienzo a penetrar. Mientras mi pene masajea su ano, él se abre más de piernas, las coloca sobre mis trapecios, se aferra a mi cuello, y gime con fuerza. No paramos de besarnos. En la televisión, sigue sonando la música de un canal de cable.

 

22:30

Después de muchos meses, me quedo profundamente dormido. Pedro me abraza por detrás. Estamos desnudos.

 

14NOV2012

4:15

Pedro me despierta.

“El carro al Cusco sale a las 5. si te apuras, lo alcanzamos”.

 

4:42

Logramos conseguir los últimos dos boletos al Cusco. Pedro también viene conmigo. Pensé que me harían problemas por no tener alguna identificación, pero Pedro conoce a la vendedora. Pedro dice que se va a trabajar, pues necesita más dinero. Sé que hay controles en el camino, y mi temor es no pasarlos… o quién sabe.

 

19:35

Llegamos al Cusco. Me despido de Pedro. Me da un papel con un teléfono: “Si lo necesitas,me llamas”. Le agradezco, pero creo que no será necesario.

 

20:30

Llego al departamento de un compañero de promoción que trabaja en el Cusco. Vive solo, pues su esposa e hijos están en Lima.

Me abre la puerta, asomando medio cuerpo. Parece que está desnudo.

“¿Tú?”

“Sólo vengo a recoger mis encargos”.

Me hace pasar, me pide que lo espere en su cocina. “Sírvete lo que quieras. ¿Ya comiste?”. Le digo que ya. Me causa gracia que viste un… hilo dental. Si eso lo supiera su comando. Al menos tiene buen cuerpo para sus casi 40 años de edad.

Tras veinte minutos, regresa.

“Disculpa, promo. Me estaba recurrseando”.

“¿Eres escorrt?”

“En mis ratos libres. Tú sabes: turistas”.

Me alcanza un sobre. Lo abro: ahí están mi DNI y mi tarjeta de banco. Le agradezco por el favor, y me despido.

“Hombre, no te vayas. Oficialmente estás muerto”.

Entiendo  su preocupación, pero el dinero que Tomás me dio se acaba. Se lo comento.

“Tengo una idea. ¿Cómo anda tu líbido?”.

 

16NOV2012

21:16

Mi promoción llega con un turista gringo. Me presenta. El hombre, de unos 35, le entrega dólares. “Come in, man”, le dice.

Los tres pasamos al dormitorio, nos desnudamos, y comenzamos a acariciarnos. Mientras yo lo beso en la boca, y siento su aliento a marihuana, mi promoción le besa la espalda, y le manosea sus nalgas. El gringo gira, pero mi promoción no quiere besarlo. Yo le lamo la espalda: “Ohhh, baby. Fuck!”, repite.

Mi promoción y yo nos ponemos de pie a cada costado del gringo, y el comienza a chuparnos el pene de forma alternada, mientras está arrodillado sobre el suelo. “Fuck me, boys!”, nos dice, y se sube a la cama, donde se pone en cuatro. Mi promoción me alcanza un condón, lubricante, y me subo para comenzar a penetrarlo. Mi pene entra con facilidad. Comienzo a bombear, mientras él se coloca del otro lado, para dejar que se la chupe.

Tras 20 minutos en esa maniobra, le cedo el turno. Sin quitarme el preservativo, el gringo me lo chupa.

Luego de diez minutos, mi promoción se acuesta sobre su cama, de tal modo que el gringo se sienta y se mete el pene en su ano, y al mismo tiempo, yo también lo penetro. Lo bombeamos, hasta que mi promoción le dice: “Time out, man!”.

“No! Hal fan hour more, please!”, pide.

“That means more bucks”.

“I don’t mind!”

En los treinta minutos siguientes, no resistimos más. El gringo se acuesta boca arriba sobre la cama, y mi promoción y yo comenzamos a masturbarnos. El gringo hace lo mismo, y eyacula en pocos minutos, luego mi promoción. Finalmente, yo.

 

23:45

Tras bañarnos juntos, el gringo se va. Mi promoción lo escolta.

Regresa cinco minutos después.

“Ahora sí, negocios son negocios”, me dice.

Toma el dinero, lo cuenta, y lo reparte por la mitad.

“Tu parte. ¿Conformes?”

“Conformes”.

“¿Vamos a dormir?”

Mi promoción me da un beso en la boca, y me lleva al cuarto.

 

Escrito por SOT. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Cuaderno de Obra (28)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.

 

en casa de Dante no hay nadie. En su cuarto, la pared está tapizada con afiches de físicoculturistas entre los que se disimulan algunas fotos de semidesnudos masculinos demasiado sensuales para pasar por estampas deportivas.

Sobre la cama, Tito y él  gozan del sexo, haciendo un piernas al hombro. Quién pensaría que ese musculoso cuerpo goza recibiendo los 19 centímetros del otro chico. Luego, sin avisarlo, se pone en cuatro, aferrándose a la cabecera de su cama.

En medio de la calentura, los gemidos y el sudor, Tito dispara su semen en las entrañas de Dante, aislado por el látex del condón. Al sacar su pene, se da cuenta de algo raro: el forro está roto.

-          Mierda. Oye, ¿no tienes nada, no?

-           ¿Nada? ¿SIDA te refieres? Si quieres te muestro mi ELISA. Es de hace tres meses.

-          Tito se recupera del susto, y no se inmuta.

-           ¿A ver?

-          Dante abre un cajón y saca el papel. Por lo que Tito puede entender, el resultado es negativo.

-           Mira, Tito, yo quiero ser muy transparente contigo. Por eso quiero que sepas que me gustas y quisiera tener algo contigo, algo más serio. No sólo vamos a tirar. Quiero…

-           Sé lo que dirás: ser pareja. No sé, Dante. Me vacila esto de ser gay, aunque creo que soy bisexual. No lo tengo claro aún. Pero, te soy sincero: no estoy enamorado de ti.

-           ¿es por ese Renzo que dijiste la vez pasada?

-           No lo nombres, por favor. Mira que la hemos pasado chévere.

-           Oye, cambiando de tema. Tengo una propuesta para ir a trabajar como stripper a una discoteca en Lima.

-           ¿Stripper? Chévere. ¿Con tías?

-           No, con patas. Es una disco de ambiente. Y me preguntaron si podía ir con alguien más.

-           ¿Y pagan bien?

-           ¿Te interesa? Podríamos ir a trabajar juntos.

-          Tito se queda pensativo…

 

Dos días después, el miércoles, Renzo y Tito se reúnen disimuladamente a puertas cerradas.

-          ¿Pasa algo?

-           Pasa que tus sospechas eran ciertas, Tito: los vigilantes del turno de noche están coludidos con alguien para robar materiales de la obra. Mira esto.

-          Renzo alcanza los reportes de vigilancia.

-           Mierda. Todos los obreros han rotado, pero el personal de seguridad no.

-           Correcto. Vamos tres semanas. Todas han tenido una rotación. Necesitamos una prueba definitiva.

-           ¿esta noche?

-           No, mañana. E iremos mejor equipados. Mucho mejor.

-          Alguien toca la puerta. Cuando Renzo abre, es Gustavo, quien al ver a los dos chicos al inicio está serio, pero cuando Renzo le pide cerrar la puerta, entiende que algo importante está ocurriendo allí.

-          Varios minutos después, Tito se va a su casa. Luego salen Renzo y Gustavo.

-          Eduardo los mira a lo lejos. Junto a él está el flaco Wilo, su asistente.

-           Puta, inge. Parece que los tres andan haciendo trío adentro.

-           Jaja. Si son tres es un trío. Tranquilo. Déjalos que se diviertan mientras acá hacemos cosas más interesantes.

-          Al voltear a la calle por donde Renzo suele ir a almorzar, Gustavo se adelanta hasta un escarabajo estacionado en la pista. Lo abre.

-          - ¿Y esto?

-          - ¿Esto? Señor ingeniero, esto es nuestro… es decir, nuestra carroza.

 

-          Al anochecer, Vinicio revisa unos documentos en el Sindicato, cuando sorpresivamente una presencia lo perturba. Suda frío.

-           ¿Qué tal don Vinicio? Gracias por preocuparse por mí.

-          Es Lucas.

 

Al día siguiente por la noche, ya muy tarde, Tito y Renzo se refugian en la construcción abandonada de siempre. Esta vez, montan vigilancia con una cámara de video.

Al fondo, el movimiento extraño de camiones no tarda en presentarse.

Antes que el vehículo arranque, ambos van ligeros unas cuadras más allá, donde Gustavo los espera.

-          Arranca.

-          Gustabo prende el escarabajo cuando Renzo le indica que no pierda al camión que aparece una cuadra más allá.

-           Vamos Tito.

-           No ingeniero. Avancen ustedes. Me quedo cerca, en mi casa.

-          Renzo y Gustavo salen en el carrito persiguiendo al camión, y Tito regresa a casa de su tío Juan.

-          Ensimismado, faltando un par de cuadras, no se da cuenta que Orlando viene a su encuentro.

-           Así que ese pituquito es el tal Renzo. ¡Y hasta chofer tiene!

-           Orlando, mira, no me jodas, ¿sí?

-           Claro, como tú ya me jodiste.

-           ¿Que yo qué? Oe, mira, no me calientes la mierda, ¿sí?

-          Dos tipos aparecen detrás del peluquero. Tito se pone alerta. No son simples transeúntes.

-           Ya ‘perdistes’, chibolo.

 

Gustavo y Renzo persiguen sigilosamente al camión hasta el otro lado de la ciudad. Notan que éste se detiene y toca dos veces largas su bocina. Abren un gran portón. El camión ingresa.

-          Amor, ¿ya apuntaste la dirección?

-           Sí, Tavo. La tengo. ¿Seguro que hallaremos al dueño en Internet?

-           Claro. Si está registrada, está en SUNARP.

-           Regresemos. Nos van a descubrir.

-          Unas cuadras más allá, ambos se cruzan con una camioneta que a Renzo le es familiar.

-           ¡Aguanta! Ése era… ¿Wilo? ¿Wilo? ¿La empresa?

-           ¿Qué pasa?

-          Renzo mira a Gustavo fijamente, y se resiste a creer en su sospecha.

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

martes, 27 de diciembre de 2022

Ser Rafael 19.2: Despedida de soltero


A diferencia de otras ocasiones, hicimos todo el trayecto en silencio. Mi pecho chocaba contra su espalda cada vez que debía frenar.

Llegamos.

Josué me dejó en la vereda fuera de mi block. No había un alma en la calle.

Me dio la mano con fuerza.

“Rafo, no hay nada qué pensar: no seré tu testigo. No me pidas algo que me hará sufrir”.

Sentí su voz quebrarse. Yo sentí que mi corazón se encogía.

“Solo dímelo, y soy capaz de…”

“Rafo, ya lo sabes… Lo mejor será que dejemos de vernos hasta que regreses de tu viaje de bodas”.

“No me pidas eso. ¡Me necesitas!”

Josué ya estaba llorando.

“No. No lo hagas por mí. Hazlo por ti, por ti, por ti”.

Se calmó un poco.

“Josué, no me pidas que deje de verte. No tú”.

“Te amo, Rafo. Te amo con todo lo que soy y lo que tengo. Confío en ti”.

Arrancó la moto y se fue.

Comencé a llorar en plena calle. Presentía lo peor.


Toda esa semana, Josué no respondió mis llamadas, ni me contestó en redes sociales, ni fue a esperarme para ir juntos al gimnasio (se cambió de turno a la mañana, para no coincidir, según deduje).

En lo que a ese domingo correspondió, fue difícil conciliar el sueño.

El resto de la semana no tuve otra opción que respetar su decisión, aunque me doliera en el alma. Y me estaba doliendo mucho en el alma; pero, ¿por qué?.

Igual, esa semana se hizo llevadera pues Laura se encargó de mantenerme absorbido. Apenas salíamos del gimnasio, ella tenía mil pendientes para hacer, lo que me dejaba agotado y me mandaba directo a la cama.

El viernes, víspera de la boda, mis compañeros de trabajo me llevaron directamente a un local donde nos encontramos con los compañeros de trabajo de Laura, algunos amigos –menos Josué-, y… Eduardo. Quiero decir, Eduardo estuvo allí invitado por Laura. Me esforcé para no toparme con él durante toda la celebración.

Laura se las había ingeniado para que las fiestas de despedida de soltero y de soltera se hicieran en el mismo lugar, a la misma hora y con la misma gente.

Hubo los juegos de siempre, comida, trago, y como broche de fondo, un stripper y una stripper, que nos deleitaron con un espectáculo erótico convencional, esto es, se quedaron en hilo dental, se acariciaron, hicieron la finta de tener relaciones pero de pie y listo. Lo único rescatable era la espalda, los pectorales, las piernas y el trasero del bailarín. Obviamente, como la gente estaba más o menos bebida, le dio lo mismo si eran bonitos o feos.

La reunión finalizó casi a medianoche, cuando Laura, medio bebida, se me acercó con Eduardo.

“Rafo, le pedí a nuestro amigo que se asegure de que irás directo a tu camita”.

¿Nuestro amigo? Si algo tengo que reconocerle a Eduardo es su camaleónica manera de relacionarse con mi entorno, generar tamaños desbarajustes y salir ileso. Fui un tonto al no pedirle cátedra de eso.

“¿Ah sí?” Me lo quedé mirando.

“Sí, Rafito, como Eduardo no ha tomado casi nada, que te lleve en el carro”.

Al fondo salían los dos strippers.

“OK. Que me lleve a casa, entonces”.

Me retiré con Eduardo.

“Menos mal que mañana estaré casado”, le dije rezongando.

Fuimos hasta el auto. Lo abordamos. Enfrente nuestro, el chico y la chica que habían actuado para todos nosotros tomaban un taxi.

“Estuvo misio el show de los strippers, ¿cierto?”, me comentó.

“Sí, medio monse”, le respondí.

“Sé que Laura me encargó algo, pero… si deseas, puedo llevarte a un lugar donde sí tendrás una verdadera despedida de soltero”.

“¿Una disco de ambiente? No, gracias. Prefiero ir a casa”.

“Mejor que eso”.

Eduardo hizo una llamada y fuimos a un edificio cerca de unas residencias militares; subimos a un departamento.

Nos recibió un chico blanco simpático, de evidente buen cuerpo, en medio de una sala a media luz, perfumada y con una música a punta de saxo y piano.

Cruzamos una especie de cortinas hechas con velos y pasamos a un espacio donde había cojines por todos lados, botellas con algo que parecía ser vino, lámparas de luz tenue y difusa. Esperamos unos minutos. La música cesó un segundo y comenzó una melodía árabe.

El anfitrión había cambiado su camiseta y su jean por una camisa y pantalón vaporosos. Se puso a bailar rítmicamente delante nuestro, como si su cuerpo recibiera gentiles cantidades de electricidad, lo que lucía grácil pero enérgico.

Eduardo me convidó de una de las botellas. Era un licor dulce, parecido al vino.

Lo caté y encontré agradable.

El muchacho ya se había despojado de la camisa, revelando pectorales y abdominales finamente labrados. Invitó a que Eduardo se ponga de pie, y lo hizo bailar.

El chico me pidió la botella y tomó el licor directamente del envase, se acercó a la cabeza de Eduardo y lo besó con la boca bien abierta, a medida que le quitaba la camisa. Volvió a probar otro poco de trago, a repetir el beso, y a intentar sacarle los jeans.

Un cuarto de botella después, Eduardo solo vestía calcetines, y el bailarín le estaba practicando sexo oral, primero por adelante; luego hundió su cabeza entre las nalgas de quien supuestamente tenía que asegurarse de que ya estuviera en cama.

Yo, obviamente, nada de sueño; estaba más que excitado.

El bailarín se levantó, se quitó el pantalón y se quedó sin nada de ropa. Hizo que Eduardo le hiciera lo mismo que él le había practicado.

Como era de suponerse, la performance se repitió.

“Desnúdate”, me dijo el chico. “Deja toda tu ropa a ese costado”.

No esperé más. Me quedé como Dios me trajo al mundo, y puse mi ropa donde me dijo. Allí había otra botella de licor.

“Tómala”, me dijo.

La agarré, la abrí y la bebí sin usar copa ni vaso.

“Ven”, me invitó.

Eduardo nos hizo sexo oral a los dos. Luego, ambos se arrodillaron como si estuvieran adorando al dios de la fornicación; dejaron que regara licor entre sus trabajadas nalgas, y que lo probara.

El bailarín sacó unos condones de entre los cojines, y el resto de la faena consistió en penetrarlos indistintamente y en todas las posiciones que la embriaguez y la flexibilidad nos permitieran. El chico también penetró a Eduardo, y Eduardo hizo lo propio.

Nuestros jadeos y gemidos, y uno que otro gruñido, se confundían con la música árabe que parecía no cesar.

jueves, 8 de mayo de 2014

Cartelera del jueves

Los clips más calientes de la red.

Hola. Aquí te dejamos más videos para que los disfrutes en tus ratos libres. Recuerda que debes ser mayor de edad para verlos, así que no responemos de ningún modo si te saltas esta advertencia.

 

Cabalgando verga

Casting Madrid

Charles Freitas

Estudiante caliente

Fiesta española

Gauge

Luchador

Luchador striper

Luchadores mexicanos

Masaje con Zack

Modelos culeando

Orgía de Futbolistas

Se la chupan a stripper

Stripper la zamaquea

 

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sábado, 19 de marzo de 2016

La Agencia (14)

Por Hunk01

 

Rodrigo no pudo asistir al funeral de Santiago debido a que sus compromisos con la novela le impidieron viajar fuera de Piura y porque apenas llegó la familia del actor de reparto, se lo llevó sin dar cara a nadie. En su lugar, la producción habilitó una salita dentro del estudio donde puso las fotos del productor y de Santiago, donde sus compañeros dejaban velas o flores. Rodrigo estaba sentado frente a la foto de quien llegó a ser su amigo. Estaba totalmente ensimismado cuando le tocaron el hombro, y luego se sentaron a su costado. Era la vedette.

-          El chofer le dijo a la Policía que Santi y el productor se pusieron a discutir, y quisieron abrir…

-           Están muertos. No quiero saber más.

Rodrigo se levantó y fue a su camerino. Estaba recogiendo sus cosas para irse a casa cuando entró Raúl, el protagonista, quien comenzó a desvestirse tras grabar sus escenas.

-           ¿Y cuáles son tus planes, Rodrigo, ahora que no está quien te protegía?

Rodrigo miró molesto a Raúl, quien sonrió bonachonamente.

-           No me estoy burlando de ti, Rodrigo. Espera a que me duche y salimos: te invito a cenar.

Rodrigo cambió su expresión a extrañeza. El desnudo Raúl se metió a la ducha, mientras el joven actor de reparto sentía la necesidad de no irse, a pesar que quería irse.

Raúl llevó a Rodrigo a su departamento, ubicado en una calle discreta no lejos del suyo. Raúl se puso un delantal y se metió a la cocina. Invitó a Rodrigo, a quien dio una copa de vino.

-           No entiendo por qué me choteaste cuando te invité a mi depa, Raúl.

-           Porque sabía que fue idea de santiago. Porque me olía algo raro, y lo confirmé ese día que nos sorprendiste culeando en el camerino. Para que te hagas una idea, Santiago dispersó por el estudio todo lo que hicieron el fin de semana que se fueron a la playa. Y esa fue su razón de vivir: saberle la vida privada a todo el mundo para sus propios intereses.

-           Santiago me dijo que tú cachabas con el productor.

-           Te seré sincero: todos quienes hemos venido trabajando con ese productor, nos íbamos a la cama con él. Para conseguirme buenos papeles me he metido a la cama con medio mundo, pero nunca me metí en intrigas, ni anduve chantajeando a mis colegas. No digo que me enorgullezca de lo que hice, pero este medio es así: comer o ser comido.

-           O las dos… en tu caso.

Raúl miró a Rodrigo fijamente y se soltó una carcajada.

-           ¿Viste? Es el efecto Santiago. Mira, yo comencé haciendo porno gay, luego hice porno straight, fui stripper y escort. Ahí me descubrieron. Trabajé para las cadenas en Miami, pero, cuando tienes un pasado puto, muchas puertas se te cierran por mala imagen, así que tienes dos opciones: rendirte o seguir siendo puto para mantenerte.

-           ¿Por qué estoy aquí?

-           Porque debes procesar la muerte de tus amigos.

-           ¿Y quién eres tú para entenderlo?

-           Mira, Rodrigo, quienes hemos estudiado algo de actuación sabemos algo de psicología. Ayer, cuando tenías que hacer la escena de sexo con la vedette, me di cuenta que no se te paró ni con Viagra. Tú no puedes controlar tus erecciones en cámara; entonces me dije: a este chico se le ha bloqueado todo.

-           Se supone que las escenas de sexo solo las ve el staff en el set.

-           Dime que no me has visto cuando grababa mis escenas de sexo.

-           No quise verlas, que es distinto.

-           Pero estaban disponibles. Ese era el trabajo de Ronny por encargo del productor. Por eso todo el mundo te respaldó cuando le metiste la golpiza, aunque eso ayudara a que recuperaran parte del dinero que te dieron por el filtrado de imágenes.

-           ¿santiago estaba metido en eso?

-           En eso y mucho más… ¿Gustas queso?

Raúl había preparado unos vegetales al vapor con trocitos de pechuga de pollo a la plancha y unos canelones metidos entre el verde de las verduras.

Tras cenar, Raúl abrió la puerta de su terraza, y se sentó con Rodrigo a ver la ciudad de noche. La luz de un avión que desscendía al aeropuerto de Castilla se divisaba a lo lejos. Ambos seguían bebiendo vino.

-           Raúl, ¿has perdido algo por ser actor porno, stripper, escort, por cachar para tener chamba?

-           ¡Claro que perdí! Y al inicio me chocaba mucho hasta que entendí una gran verdad: el ser humano no puede tenerlo todo sino lo que realmente necesita para ser feliz. Eso significa que para ganar tienes que dejarte vencer. O dicho de otra forma: el que mucho abarca, poco aprieta.

-           Yo perdí mis estudios, mi familia, mi privacidad, mis amigos…

Recién Rodrigo pudo llorar.

Raúl se acercó y lo abrazó en silencio, pues sabía que el muchacho tenía necesidad de desahogarse. Así pasaron varios minutos hasta que Rodrigo pudo calmarse.

-           Lo que perdiste, lo perdiste por simple efecto de compensación, Rodrigo, pero nunca tomaste el control de tus derrotas; y aquí viene tu segunda lección: así como eliges tus victorias, también elige tus derrotas. Eso le dará más sentido a tu razón para vivir. Así dejarás de vivir por vivir.

-           ¿Crees que Santiago vivió por vivir?

-           No lo creo, Rodrigo. Su problema es que él quería vivir a costa de la vida de los demás, y cuando haces eso, la peor forma de castigarte es… quitándote tu vida.

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2016 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.

sábado, 7 de agosto de 2021

La hermandad de la luna 5.4

Contra su propio pronóstico, Christian llega al G4G. Aunque no viste llamativo como en otras ocasiones, eso no le impide voltear cabezas apreciando su rostro de niño bueno y su físico de dios griego; pero él lo ignora todo, incluso una mano que subrepticiamente le han metido en medio de sus dos nalgas.

“¡Chris!”, le pasan la voz, a la vez que siente lo cogen fuerte de la cintura; se da la vuelta y se alegra, en cierto modo.

“¡Juanchito! Pensé que hoy sería sábado familiar”.

“Problemitas que nunca faltan; ya sabes cómo son las mujeres”.

Ambos van a un privado y prefieren beber una limonada frozen “con harto jarabe”, debido a que cada cuál tendrá que salir conduciendo más tarde, si es que los planes no varían.

“Pensé que no ibas a venir, como dijiste esa noche”, le observa García.

“Nada, doctor; estaba aburrido en casa, el gym no me agotó… mejor me vine a mi ex hogar”.

García ríe.

“¿Y cómo va el caso del finado?”

“Ay, Juanito, no vine al club para hablar de trabajo; mejor otro tema, ¿te parece?”

“Ya, ya, disculpa; no quería remover tu… duelo”.

Christian prefiere ignorar también la ironía con que ese comentario estuvo cargado, y contrataca:

“¿Y esta vez por qué fue la pelea con la mujer?”

“Dice que paro más tiempo en la red que ocupándome de ella. Está loca. Trabajo duro, pago casi todos los servicios de esa casa, le compro ropa, salimos de viaje fuera del país en vacaciones, vamos a las recepciones sociales, ayudo a hacer las tareas a mis cachorros. Ya pues, ¿qué más quiere? ¿Que me quede encerrado todo el día a ver las mismas huevadas en la televisión? ¡Que no joda!”

“¿Y no será que ella huele algo? Recuerda que vas a un gimnasio que tiene cierta famita”.

“Tengo derecho a mi espacio y ella lo sabe muy bien, así como yo le dejo el suyo”.


 

Muy ajenos, en el CAMERINO, Frank y César ensayan su coreografía por tercera o cuarta vez. Los otros dos chicos que comparten el cuarto los miran maravillados por la flexibilidad.

“¿Qué les parece?”, consulta Frank.

“¿Son karatecas de verdad?”, le repregunta uno de ellos.

“Más o menos”, presume Frank.

Los otros dos strippers se miran.

“Pero… ¿y la parte sexual?”

Ahora Frank y César se miran.

“ehhh… ya improvisaremos en el escenario”, responde César.

“¿Por qué?”, se intriga Frank. “¿Qué harán ustedes?”

“Cacharemos en vivo frente a todos”, responde el otro stripper muy suelto de huesos.

Frank y César comienzan a sudar frío.

 


Desde su privado y prottegidos por la penumbra que se interrumpe de vez en cuando por los haces de luces psicodélicas, Christian y César miran cómo el resto de la gente baila sin importarle si son parejas de hombres, de mujeres, si son hombres vestidos de mujer, mujeres vestidos de hombre…

“No hay buen material esta noche”, comenta Christian. “Lo mismo de siempre”.

Juan mira su reloj: once y media de la noche.

“Veamos si el panorama mejora a continuación”, pronostica.

Christian no toma importancia a las palabras de su colega. Entonces, las luces de la pista de baile se apagan y se encienden las del escenario. Una salpimentada mezcla de música urbana comienza a sonar por los parlantes del G4G, y dos jóvenes con anteojos, camisas, pantalones de tela y zapatos negros aparecen en el escenario. Comienzan a ejecutar la coreografía que consiste en varios movimientos acrobáticos individuales y apoyándose en el cuerpo del compañero, hasta que la mezcla se hace lenta y sensual; comienzan a desabotonarse las camisas.

“¿Tanto cuesta mandar a reemplazar los botones por tiritas de velcro?”, se queja Christian en el privado.

“¿Velcro?”, consulta García.

“Esa tela que le dicen pega-pega”.

Los torsos de los bailarines son dignos de escuela de artes plásticas. Mayor perfección no se podía pedir.

“Esos chibolos no son de Collique, ¿no?”, comenta García.

“Por lo menos al Extreme no van… bueno, tampoco creo que puedan pagarlo”, sentencia Christian.

Los muchachos en el escenario se deshacen de sus zapatos y comienzan a jugar con la idea de desabotonarse sus pantalones; por lo menos, ya desajustaron sus cinturones. Por fin deciden bajarse las prendas cuando la música da un giro a un ritmo algo más lento, más hip-hop, revelando unos bóxers semitransparentes negros.

“Quieren lucirse como ese actor cubano”, comenta García.

“Solo que el actor cubano debe tener como diez centímetros más de estatura, cinco más de pinga y huevos, y… como diez kilos más”.

La mezcla de música ahora se centra en una percusión donde los bajos hacen retumbar todo, y los dos strippers se miran frente a frente, se abrazan y comienzan a acariciarse el cuerpo de arriba abajo; se juntan y se dan un beso.

“Por fin comenzó la acción”, se excita García.

El de la derecha baja totalmente el bóxer al otro y se queda de rodillas, lo que aprovecha para tomar en su boca el pene semierecto y comenzarlo a chupar. Algunos grititos se escapan del público.

Desde el CAMERINO, que está conectado al escenario por un breve pasillo, Frank y César se asoman.

“A la puta”, dice el primero. “Una cosa es que me la chupen, pero chuparla…”

“Te dije que era una mala idea”, se queja el musculoso.

“¿Chicos?”, alguien los llama a sus espaldas, y los dos machotes se asustan.

El pene del primer stripper está evidentemente duro, señal que le dice al segundo que es tiempo de levantarse y darse la vuelta. Ahora el primero se arrodilla para bajarle el bóxer, ponerlo en veinte dedos e iniciar un gran beso negro.

“¿Cómo que cambio de planes?”, se extraña Frank en el camerino.

“Ya no saldrán a escena”, anuncia Saúl, “porque… no están tan dotados como ellos”.

“¿Dotados?”, se extraña César.

“Su… picha… es… ustedes saben”, se justifica Saúl haciendo una señal con sus dedos.

Frank y César no saben si mirarse con alivio o con preocupación.

“¿Ehh… ¿entonces nos vamos?”, consulta el fisicoculturista.

“Me temo que sí, chicos; discúlpenme”.

Saúl sale del camerino.

“Caballero, nomás”, farfulla Frank.

En el escenario, ha comenzado un coito sin protección que ha puesto a toda la concurrencia boquiabierta, como siempre musicalizada con el hip-hop.

“Y yo que pensaba iba a aburrirme esta noche”, suspira Christian.

“¿Cuánto le medirá a ese chico?”, reacciona lo mismo, García.

“Fácil sus veinte”.

Mientras tanto, Frank y César terminan de vestirse para irse del local, cuando la puerta del camerino se abre: los dos muchachos se quedan estupefactos.

“Hola, chicos”, saluda Adán llevando una mochila en uno de sus hombros.

El coito en el escenario ha tomado ribetes casi salvajes hasta que el activo saca su largo y grueso miembro y hace que el pasivo gire a chupárselo.

En el camerino, Adán se acerca a Frank, mete la mano a su bolsillo y saca un llavero:

“Regresen a Santa Cruz tan pronto puedan y quédense en casa de Tito hasta que yo regrese”.

“Pero…”, objeta Frank.

“Hazme caso: Christian está en el público y, si los ve, su plan puede venirse a la mierda”.

Afuera, uno de los strippers eyacula en la boca de su compañero, quien se pone de pie y comienza a masturbarse. Quien lo penetró ahora se pone de rodillas y abre su boca.

En el camerino, Frank duda. Tras unos segundos toma la llave.

“Estaré bien”, tranquiliza Adán. “Regresen a casa”.

“¿Y Owen?”, pregunta Frank.

“No sé. ¡Regresen ya!”

Aplausos y gritos se oyen desde afuera. Es la señal inesperada para que Frank y César cojan sus mochilas y salgan, pero del local. Adán queda solo en el vestidor y comienza a quitarse la ropa, cuando da media vuelta de pronto.

“Pensé que no ibas a venir”.

“Perdona la demora”, contesta Owen aparecido de la nada y totalmente desnudo, aunque luciendo brazaletes dorados en sus muñecas.