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miércoles, 23 de noviembre de 2022

el precio de Leandro 14.3: Persecución


A mitad de esa semana, a vísperas de cumplirse dos desde la última vez que se supo algo de Roberth, Rico va manejando su auto por una atestada avenida del centro a las siete y media de la noche, cuando nota mediante el retrovisor que dos personas en una motocicleta manejan por un carril incorrecto, justo de su lado. El conductor del vehículo parece muy fornido.

“Estos hijos de papá creen que las pistas les pertenecen”, se dice mientras una salsa suena en el equipo de sonido.

Dobla hacia una calle a la derecha, y nota que los dos sujetos siguen tras él en el mismo lado. Su sentido de alerta se activa. Busca espacios libres y maniobra el auto para ponerse en un lugar que considere más seguro.

“¿Por qué mierda no van a derecha?”

Coge su celular, mira a la pista, busca una aplicación, mira al retrovisor.

“Puto GPS, actívate”.

Mira la pantalla: hay una esperanza. Violando la regla de no adelantar, acelera un poco, dobla a la derecha por una calle más estrecha, se quita el cinturón y se estaciona frente a una comisaría. Baja corriendo y entra al precinto, muy azorado:

“Quiero denunciar que alguien me está siguiendo”, dice al policía que casi lo detiene en la entrada.

El efectivo lo reconoce:

“Adelante, señor”.

Rico repite el relato frente  a un segundo policía que toma la denuncia.

“Vamos por partes, señor. Su nombre… real, por favor”.

“Luis Ricardo Durán Rodríguez”.

“edad… real, señor”.

“Veinticuatro”.

“¿Documento de identidad?”

“Estoy tramitando mi carnet de extranjería”.

El policía ingresa los datos en una computadora.

“¿Profesión u ocupación?”

“Modelo”.

“¿Porno?”, sonríe irónico el policía.

El celular de Rico comienza a vibrar, lo saca. Es un alerta de mensaje, pero la ignora.

“Entonces, cuénteme qué pasó”.

“Le acabo de decir que dos sujetos venían siguiéndome en una moto. Iban por un carril prohibido. Vestían traje anti-abrasiones y cascos cerrados”.

“¿Cómo puede asegurar que lo seguían? ¿Pudo identificar a alguno de los sujetos?”

“La verdad no, le soy honesto; pero por la apariencia, uno de ellos podría ser Darío Echenique”.

El policía resopla y se recuesta en el respaldo de su silla:

“Señor… Durán: entenderá que no puedo basarme en… suposiciones”.

“Pero usted me está preguntando…”

“Además, señor, ¿qué no me dice que esto no es más que una maniobra publicitaria, de las que ustedes acostumbran hacer?”

Rico siente que no tiene futuro en esa comisaría:

“Gracias, oficial. Perdone que le haya quitado tiempo”.

Mientras sale, revisa el mensaje que le había entrado. Un muchacho de hermoso cuerpo musculado, desnudo, aparece en su pantalla.

“¿Y ése quién es?”, le pregunta alguien a su costado.

Rico se asusta: es el policía que lo recibió en la puerta.

“Ni idea”, le dice.

“¿Aún estás haciendo audiciones?”, le consulta el uniformado, con disimulo.

“Sí. ¿Conoces a alguien mayor de edad, así como ese chico?”

“Creo que sí. ¿Puedes darme tu número?”

 


Al salir de la comisaría, Rico llama al aspirante a modelo que lo ha contactado. Quedan en encontrarse en un parque a media hora conduciendo, donde va a recogerlo. Mira a ambos lados y da un gran rodeo en la ruta fijándose en los retrovisores, de forma compulsiva. Nadie lo sigue ahora. ¿Pudo ser simple susto? Llega con diez minutos de retraso debido al tráfico, baja de su auto y comienza a caminar por una de las veredas interiores hasta que vea un chico solitario, muy parecido al que vio desnudo en la foto que le enviaron.

“¿Mauricio?”, pregunta Rico.

“Sí”, le contesta el muchacho, sin ocultar sus nervios. “Hola”.

El productor de videos porno se sienta a su costado.

“Respira, Mauricio. Todo va a estar bien”.

Rico pone su mano izquierda en el enorme y firme muslo derecho del aspirante.

“¿es la primera vez que haces casting?”

“Sí. ¿Cuánto tiempo demorará?”

“Media hora, una hora. Depende. ¿Cuántos años tienes?”

“Veinti… cuatro”.

“La edad que me dijiste por mensaje. ¿Te parece si vamos a donde te haré la audición? Tengo el auto cerca”.

“Claro”, le responde Mauricio, todavía nervioso.

Ambos se ponen de pie y comienzan a caminar por la vereda. A los lados el follaje está alto y el alumbrado público no es muy potente. No dan ni cinco pasos cuando algo suena del lado de Mauricio, quien se aleja. Al reaccionar Rico, ve que Darío se le acerca vestido con un traje anti-abrasiones y le apunta con una pistola. Un disparo suena, ahogado por el tráfico circundante. De inmediato, dos personas fugan a toda velocidad montadas en una motocicleta. 

martes, 11 de octubre de 2022

el precio de Leandro 8.2: Casting de otro nivel


Dos días después, el lunes, Leandro acude a Sparking Advertising, una agencia de publicidad situada en una de las antiguas casonas que se pudieron rescatar de la modernización en el Distrito Centro Sur. Sin embargo, por dentro hay una combinación de los viejos estilos señoriales con la funcionalidad que dicta la arquitectura contemporánea, donde la línea recta ya no es la tendencia. La oficina de Alberto Madero, a donde lo hace pasar una de las secretarias que le había recibido sus papeles cuatro lunes antes, es mas bien un poco más moderna que señorial, con una gran ventana que tiene una vista a uno de los parques existentes en ese barrio residencial y empresarial. Leandro viste una chaqueta negra de cuero, una camisa rojo oscuro manga larga y un delgado jean celeste, ambas prendas entalladas en extremo, que dibujan perfectamente su atlética anatomía, y zapatos negros bien lustrados.

“Adelante”, le dice un hombre entre los treinta y cuarenta, de traje casual, algo más bajo que él pero en su peso, que está detrás de un amplio escritorio de madera, su laptop al costado, papeles ordenados sobre el tablero. Leandro agradece y espera a que lo inviten a tomar asiento, lo que sucede de inmediato.

“Revisé todos tus materiales y la verdad me gustaron, además que me encanta el fútbol, Leandro; pero, ¿qué otra experiencia tienes modelando que se sume a esto que tengo en mis manos?” Y el director creativo le muestra sus fotos de época Semanal, las que le hizo Roberth como prueba y las del catálogo.

“Hay un videoclip en el que participé para una nueva canción de Luna Estrella, donde aparezco con otro modelo, Rico Durán; el caso es que no sé si está editado y no sé cuándo saldrá al aire”.

“Sí, Roberth me comentó algo, pero descuida si no lo tienes. Mira, iré al grano: tenemos que grabar un comercial para una bebida energizante y estamos armando el cast. Hemos pensado grabarlo en Playa Norte y quiero saber qué disponibilidad tendrías para viajar y trabajar todo un día. Lo digo por lo de tu compromiso con el San Lázaro”.

“Yo estoy disponible, señor Madero”.

“Perfecto, básicamente se tratará de hacer pases a cámara, aparecer frente a ella, y posiblemente algunas coreografías, pero eso será con el cuerpo de baile…”

“¡Yo sé bailar!”

Madero lo mira con los ojos bien abiertos:

“¿en serio? ¡Perfecto! A ver, antes de tomar una decisión, quisiera que modeles un poco”.

Leandro se quita la chaqueta y la deja sobre la silla. El director creativo le señala un espacio libre cerca de la ventana y le pide que haga un pase y que luego se quede estático. El futbolista lo hace muy bien: cuerpo erguido, manos bajo la cadera, pie izquierdo delante, pie derecho detrás y mirando a la derecha, sonrisa franca.

“¿Tienes algún problema en quitarte la camisa, por favor?”

“No, en absoluto”.

Leandro se desabrocha la prenda, se la quita, y al liberarse de ella, le da vueltas en el aire como si fuese un bailarín exótico, lo que produce la risa de ambos. La prenda vuela cerca del escritorio.

“No me digas que también has sido…”

“Quise, pero no me dejaron porque me dijeron que me faltaba cuerpo”.

Madero observa los pectorales, el abdomen y los brazos bien marcados.

“Date la vuelta”, le pide.

Leandro gira y muestra su espalda no tan amplia pero casi impoluta, con el canal de la espina bien pronunciado, cintura pequeña y dos redondas nalgas bajo el pantalón.

“¿Hay algún problema en que te quedes en ropa interior?”, consulta Madero.

Leandro gira el tronco y su rostro luce dubitativo:

“Es que…”

“Ah, es la ventana”, sonríe Madero. “Si quieres cierro la cortina, aunque es polarizada: de afuera no se ve más que un cristal negro”.

“No, no es eso, señor Madero… es que… no… no traje ropa interior”.

“Ah, entonces descuida; no es necesa…”

“No, no tengo problema”, se apura Leandro.

Entonces, el galán se desabrocha el pantalón y se baja la cremallera. Como puede, se quita los zapatos y se despoja de toda la prenda. Vuelve a posar frente al señor Madero únicamente vistiendo sus calcetines.

“¿Puedes darte la vuelta?”

Leandro acata. ¿Qué duda cabe que en ese despacho hay un nuevo dios griego?

“Perfecto”, dice el señor Madero. “Vístete y siéntate”.

Mientras el futbolista se pone nuevamente su pantalón y sus zapatos, el director creativo toma un pedazo de papel y escribe algo. Apenas el modelo se sube la cremallera con sumo cuidado y se abrocha la prenda, ve que Madero escribe en su laptop, y le alcanza el pedazo de papel.

“Mira, vas a bajar al primer piso, la primera puerta a la derecha saliendo de la escalera. ¿Tienes tu documento de identidad?”

“Sí”, responde tímidamente Leandro, recibiendo la esquela.

“Perfecto; que le saquen copia, les das ese papel, ya te darán instrucciones y esperas nuestra llamada”.

Leandro asume que si bien ha creado una buena impresión, sus datos irán a un archivo para que sirva cuando se le necesite:

“Entiendo: no los llamo, ustedes me llaman”.

“Sí… para confirmarte tu número de reserva”.

Leandro se calza la camisa y mira a Madero, con mucha extrañeza.

“Creo que no entiendo”.

“Número de reserva, Leandro; el número para que hagas check-in para el vuelo: pide permiso al San Lázaro que mañana a las ocho tienes que estar en el aeropuerto porque viajamos a Playa Norte”.

El joven se emociona:

“¿qué quiere decir?”

“Que ya eres parte de Sparking. Bienvenido”.

Leandro no cabe de júbilo y aún sin abotonarse la camisa, rodea el escritorio y va a abrazar a su nuevo jefe, quien permanece sentado aún. Leandro siente que le palmean una nalga pero no le importa: tiene su primer empleo.

  

domingo, 10 de abril de 2022

ASS (23): Sus primeras dos escenas cachando a pelo

Un nuevo actor porno se une a la productora de Enrique.


 

“Soy Mike, tengo 20 años y vine aquí por el casting de baile”.

“¿Qué géneros sabes bailar?”

“Casi todos. Te demuestro si quieres”.

“Qué bueno, Mike. Yo estoy buscando strippers decididos a todo”.

“Yo estoy decidido a todo”, sonríe el postulante.

“Veamos”.

Suena una música y el candidato se pone de pie, va al centro del escenario y comienza a moverse sensualmente al ritmo. Se quita el polo. Sigue bailando. De un tirón se deshace del short y queda solo en zapatillas y una tanga con estampados felinos que le aprisionan el bulto y le ocultan la mitad de sus bien desarrolladas nalgas, aunque se le mete entre ellas.

Al terminar, hace una venia. El chico que lo está examinando se le acerca.

“Nada mal, Mike… pero… en mi show, el stripper se queda totalmente desnudo”.

“¿Y tú te quedas totalmente desnudo en tu shows?”

“Mira”.

Suena otra música y el examinador comienza una rutina en la que también se queda sin polo, sin short, y mientras baila solo en zapatillass y un hilo dental que oculta su paquete pero revela sin ningún roche su culo como dos burbujas hinchadas, se acerca al postulante, lo toma de su tanga atigrada y se la baja hasta las pantorrillas: la pinga semiflácida del otro chico queda al aire.

Se le contonea. El candidato termina de despojarse de la ropa interior y así desnudo lo sigue. Poco a poco, le saca el hilo dental. El examinador gira, abraza al postulante, lo besa en la boca y, apoyándose en sus manos, baja por todo su pecho y vientre velludo hasta llegar a su pinga. La comienza a mamar y la pone dura de inmediato. Tras un par de minutos, el examinador gira y se pone en cuatro patas sobre el piso del escenario.

“Mámame el culo”, pide.

El postulante se arrodilla y se inclina para hacer el beso negro. el examinador gime y jadea. Se la pasan así por un par de minutos.

“Métemela al culo”, pide el examinador.

Mike se incorpora, calibra sus 18 centímetros y comienza a meterlos con suma facilidad en ese hueco que más que dilatado, está bien usado.

“Así, fóllame rico”, pide el pasivo.

el activo se cimbra con mucho ritmo y respira profundo. Cierra los ojos y solo se deja llevar hasta que siente venir su orgasmo. Entonces, para y saca su pene.

“Cortamos”, dice hacia su costado derecho.

En la platea, Willy apaga la cámara de televisión dispuesta sobre un trípode mientras Enrique da una señal de conformidad y alejo mira toda la acción sentado en una silla de plástico.

“Subo para hacer los contraplanos”, avisa el camarógrafo a la vez que carga sus herramientas de trabajo hacia el proscenio.

“entonces, tu amigo… ¿Pedro? Bueno, él no se anima aún”, recuerda Enrique.

“Tiene miedo que su viejo le saque la mierda si lo descubre”, responde Alejo.

“¿Y ese otro que dices tiene más cuerpo de futbolista?”

“Sería de hablar con él, aunque parece que se está cachando a mi amigo Pedro”.

“¿Son pareja?”

“No, digamos que solo cachan porque él vive en su jato”.

“Ah, chinga”, reacciona enrique.

Sobre el escenario, los dos actores se visten por completo y se ubican en la posición inicial de la entrevista.

“Solo voy a hacer tus planos, Flavio”, indica Willy. “¿Recuerdas tus líneas?”

“Sí”, afirma el modelo y actor.

“Enrique, Alejo, detrás de mí para que no salgan en plano”, pide Willy. “¡Y…acción!”

Alejo y Enrique se van a un rincón de la discoteca vacía que funciona como locación.

“El pata que cacha con mi amigo Pedro está llegando al AS con un venezolano que tiene cuerpo como el mío, es culón, y Miguel me contó que ese venezolano es pingón”, dice Alejo en voz baja.

“¿Pero tiene papeles?”, consulta Enrique también en voz baja.

“Ah, eso no sé”.

Vuelve a sonar la música, y en el escenario, el que interpreta al postulante repite el baile y strip-tease hasta volverse a quedar en su tanga atigrada.

“Buen culo tiene tu amigo Miguel; debió depilárselo para ponerse el hilo dental que le había comprado”, comenta Enrique desde el fondo aún en voz baja.

“Y él sí es moderno”, agrega Alejo.

“¿Por qqué no te animas tú? Tienes buen culo”.

“No, cojudo. Duele cuando te meten la pinga”.

“¿Ya te la habrán metido, cabrón?”

Alejo ríe mirando al escenario cómo Flavio se quita toda la ropa y se queda en su hilo dental.

“Corten”, indica Willy. “Voy a cambiar de tiro”.

“¿Así se hace una porno?”, se extraña Alejo al fondo, siempre en voz baja.

“Todo lo que veas en la pantalla es 50% talento del modelo y el otro 50% del equipo detrás de cámaras”, presume Enrique.

En el escenario se reanuda la secuencia  del baile de Flavio hasta quedar totalmente desnudo, acercarse a bailar con Miguel, besarlo, desnudarlo, chuparle el pene, que él haga el beso negro y que finalmente lo penetre por el culo. Ahora Willy puede tomar los gestos de placer de los dos actores con más detalle.

“Las voy a dar”, avisa Miguel.

“Aguanta, voy a abrir la toma”, pide Willy. “Ahora sí… orgasmo… acción”.

Miguel se sigue cimbrando con su pene dentro del ano de Flavio hasta que ahora sí deja desencadenar su eyaculación:

“Me vengo, me vengo”.

“Sí, dame tu leche”, pide Flavio.

Miguel saca su pene, lo pajea y dispara su  semen entre las nalgas y la espalda baja de Flavio. Ambos se tranquilizan y esperan.

“Corten… queda”, avisa Willy.

“Recupérense que tenemos que hacer la escena del baño”, avisa Enrique.

“¿También vamos a filmar cachando y parando?”, vuelve a preguntar Alejo.

“el truco del buen cine”, explica Willy mientras recoge la cámara y el trípode, “es quetodo lo que vesen pantalla parezca como si hubiese pasado de forma corrida cuando realmente no fue así”.

“¿Incluso los videos porno amateur?”, curiosea Flavio.

“Los videos porno amateur no son tan amateur como parecen”, sonríe Enrique. “Son formatos que los estudios han desarrollado para que parezcan amateur y seguir ganando dinero invirtiendo menos en la grabación”.

Los cuatro van al camerino de la discoteca, y aprovechando la estrechez del pasillo, Flavio mete su mano en el culo de Alejo.

“Me dejaste por el Kike”, le dice bromeando.

“le ibas a pagar sus escenas con mi dinero”, aclara Enrique también bromeando.

La escena en las duchas es relativamente básica. Se supone que Alejo, encarnando a Santiago o Santi, está bañándose cuando llegan Miguel, interpretando a Mike, y Flavio, como él mismo. Al hallar el cubículo ocupado, deciden esperar pero Santiago les dice que mejor la comparten. Los tres entran como pueden, se bañan y se excitan.

Mike y Flavio se turnan para chupar el pene a Santiago, quien a su vez luego se los mete por el culo a cada uno. A pesar de la leve protesta de Alejo, Willy graba la escena cortando y cambiando de ángulo con tal de lucir mejor el falo del actor en los dos grandes culos que sodomiza, y de paso el del activo también. En una toma, se logra ver su agujero cerradito.

La escena termina con Flavio mamanndo ambas vergas hasta que logra que eyaculen en su boca. Primero la de Miguel, mucho después la de Alejo. Y como un extra, Miguel mama la pinga cabezona de Flavio hasta recibir el semen en su lengua y tragárselo. Lo saborea.

“Corten”, indica Willy cuyo pene también está durísimo, y de eso se encarga Enrique. Le baja la bragueta del jean, y delante de los tres actores, se arrodilla a chupársela hasta que el esperma del camarógrafo se dispara en su boca. Han sido cuatro horas y media de grabación, y son dos mil soles más en la cuenta de Flavio, dos mil quinientos adicionales a la de Alejo y los primeros dos mil para Miguel haciendo porno. Y todo el vestuario, proporcionado por ASS.

“¿Y si alguien descubre la película?”, por fin pregunta Alejo a Miguel cuando llegan a San Sebastián en la moto.

“Yo no le rindo cuentas a nadie más que a mí, así que yo me hago responsable solito”, responde el galán.

Alejo quisiera decir lo mismo, pero luego de dejar a Miguel, tendrá que inventarse otra mentira sobre su ausencia cuando llegue a casa, eso sí, con una buena dotación de víveres.

Y para terminar,te dejamos con una porno. 

viernes, 26 de noviembre de 2021

Proyecto Lujuria 1.1: Casting en la ducha


En el baño, César  resiste un poco más la sensación de usar el retrete para orinar. Delante suyo hay un trípode pequeño sobre la que está engarzada una cámara pequeña de televisión.

“Ya estoy listo”, dice por el intercomunicador sujeto a su cabeza.

“Dame un segundo”, le responde Escalante en su oreja. “Estoy tomando datos”.

César sabe que llenar la ficha tomará unos minutos más, así que aprovecha, avanza con cuidado de no tumbar el trípode, se baja la cremallera, saca su trigueña picha, apunta y dispara. ¡Qué alivio! Entonces, la puerta se abre y César se asusta.

Un joven alto, atlético sin ser tan musculado, guapo, cabello negro lacio con un raro ensortijado como copete, ojos marrón claro, pectorales, axilas y abdomen sin un solo pelo, todo en un tono blanco pálido lo mira a los ojos primero y luego mira su miembro en plena micción.

“Disculpa, pensé…”, le dice con un acento caribeño.

César no puede articular palabra.

“el modelo ya está contigo”, le avisan por el auricular.

César termina de orinar, carraspea.

El chico se saca la toalla, la cuelga y se mete a la ducha que en lugar de cortina tiene una mampara transparente.

A su vista queda un culo redondo, como si debajo de la piel se hubieran inflado un par de globos que están a punto de reventar, unas piernas mejor formadas que las de futbolista, lampiñas, y al girar un poco, el pene dormido sobre un par de grandes testículos.

César, avergonzado, sacude su picha y la mete de inmediato, casi choca con el lavabo.

“¿Ya estás listo?”, le insisten por el intercomunicador.

“Sí, dame un toque”, responde el camarógrafo mientras se lava y seca las manos y las lleva a la cámara. “¿Cuál es tu nombre?”, le pregunta al fin al chico desnudo bajo la ducha aún sin abrir.

“Osmar… Osmar Rivero”.

“Soy… César… ¿ya te dijo Escalante en qué consiste la escena?”

“Sí”, sonríe Osmar.

“Espera mi señal”.

César enfoca la cámara, hace un acercamiento a los abdominales de tabla de lavar en medio de una delgadísima cintura y luego mueve el anillo de zoom hasta tener un plano general del modelo.

“Listo”, dice por el intercomunicador.

“Dale acción”, le confirma Escalante.

César levanta la mano y hace cuenta regresiva con sus dedos. Al formar puño la baja y pone el ojo al visor de la cámara.

Osmar abre la ducha y deja que el agua moje todo su cuerpo, menos la cara y el cabello; toma la pastilla de jabón que ya estaba allí, recién abierta, y comienza a pasárselo suavemente, mirando sensualmente a la cámara, por sus pectorales, sus abdominales, sus axilas levantando los brazos y a lo largo de éstos, una de sus nalgas y a lo largo de su enorme muslo. Y su rostro con esa expresión de quien disfruta como ningún otro momento del día ese tiempo que uno le dedica a la higiene personal.

Luego, Osmar se pone de espaldas a César y se unta los dos grandes glúteos, en medio de ellos, voltea al otro costado y repite la operación del inicio. A continuación, se pone en frontal y asea sus genitales brevemente, siempre sonriendo a la cámara. Abre la llave de la ducha de nuevo, se enjuaga por completo con la misma sensualidad como se enjabonó todo el cuerpo, se seca y sale.

“¿qué tal lo hice?”, pregunta.

“ehhh… bien… creo”.

El camarógrafo sonríe mientras dentro de su cremallera, su picha está como roca y su calzoncillo mojadito de líquido preseminal.

Cuando Osmar regresa a la habitación contigua, que en realidad es un dormitorio matrimonial y busca su ropa para vestirse, Escalante está revisando unos apuntes en su tableta. Voltea a ver al modelo.

“¿Cómo te sentiste?”

“Bien. Ya te dije que el desnudo es natural para mí”.

Escalante sonríe.

“De todos modos, espera mi llamada, solo mi llamada, y si eres seleccionado, negociamos… ¿me dijiste que tienes tu permiso temporal en regla, no?”

“expira en dos meses, pero sí”.

“Listo”, vuelve a sonreír Escalante, un hombre de rostro agradable ya en sus cuarenta.

Osmar se termina de poner la ropa, se arregla la bufanda, agradece y se despide. Escalante lo acompaña hasta la puerta y la cierra, luego camina al baño.

En la ducha, ahora es César quien se refresca: cuerpo más o menos trabajado, lampiño, rico culo, verga semierecta bajo un vello púbico algo crecido.

“A ti no te haré casting”, sonríe Escalante.

“Ese venezolano que entró último me puso a mil, huevón”, confiesa el camarógrafo.

“¿Y a mí qué crees?”

Escalante se desnuda por completo, tira su ropa a la alfombra del dormitorio y se mete a la ducha con su compañero.

“Yo me inclino por el venezolano”, dice César cogiendo la cintura del otro hombre, delgado formado, blanco, lampiño, vello púbico recortado, a quien se aproxima y da un beso en la boca.

“Yo también”, dice Escalante. “Pero veamos qué dice el cliente”.

“Tengo ganas de ccacharte”.

“Vamos a la cama”.

Escalante se arrodilla, toma la picha de César y la mama con fruición hasta ponerla completamente dura mientras sus manos se afirman en las dos redondas nalgas de su compañero, luego se unta jabón en todo el ojo del culo, coge el cipote del camarógrafo y se lo mete como si nada. César jadea.

“qué rico tu ano calentito”.

“Dame pinga”, ruega el director de talento.

César logra meter sus diecisiete centímetros y bombea como condenado. Al mismo tiempo, Escalante masajea sus dieciocho centímetros que ya se pusieron duros. César no resiste más y dispara toda su leche dentro del recto de su jefe mientras éste dispara la suya  en la blanca mayólica de la ducha. César siente cómo el esfínter anal estrangula su aún dura picha.

“Rico”, suspira. “Mejor que mi mujer”.