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domingo, 7 de julio de 2019

La celebración que jamás esperé

Juego fútbol en un equipo de segundo división. Mi posición no importa por razones obvias. Hace poco recibimos un refuerzo. Se trata de un chico que vino de un equipo de fuera. Desde la primera práctica nos dimos cuenta que realmente había sido un buen fichaje. Y aunque le dimos una bienvenida acogedora, el chico era mas bien algo retraído. Yo no me hacía tanto problema. Total, cuando estás en un equipo, no todos se tienen que portar de la misma manera. Por último, nos interesa el rendimiento.

Durante el primer partido que nos tocó jugar, quedamos satisfechos. El chico realmente sabía jugarla, sabía insertarse en el equipo, tiene técnica y lo más importante: tiene hambre de gol. Su rendimiento fue el mismo en los partidos siguientes. Los comentarios de la hinchada y la prensa eran buenísimos. Recuerdo que hace un mes, al término de uno de los encuentros, comencé a sentir mucha admiración por él, me le acerqué y lo felicité con mucho entusiasmo. Él se alegró y me respondió con una sonrisa. La cosa no pasó más allá.



Hace quince días nos tocó jugar de visitantes y tuvimos que viajar. Cuando nos distribuyeron las habitaciones en el hotel, me tocó compartir cuarto con él. Ya había escuchado de otros compañeros que el pata era de lo más pacífico. Casi no conversaba y cuando ponía su cabeza en la almohada, se quedaba jato y listo. Mi plan al respecto era simple: que la convivencia sea de lo más agradable, ni yo meterme con él, ni él que se meta conmigo. Si hablábamos bien; si no, no. Y así pasó. Apenas si cruzamos palabra, algo que se reducía a un "¿todo bien?" o un "ya está listo el baño" o un "buenas noches". Dicho ésto, el pata se calateó y así se durmió hasta el día siguiente. Físicamente, nada del otro mundo: el típico cuerpo de futbolista: marcado, buenos abdominales, espalda no muy ancha, piernas musculosas, culo bien redondo y parado, huevos grandes, pinga normal, lampiño, y me di cuenta que se rapaba los pendejos.

La mañana del partido me di cuenta que se despertó distinto. Estaba contento. Me miró y me dijo "¿listo para hoy?". Le respondí con un "de todas maneras". Al levantarse me di cuenta que tenía su pinga al palo. No pude ver bien, pero de que era enorme, era enorme. Jugamos el partido y ganamos. Cuando regresamos a recoger nuestras cosas al hotel, nos dieron la noticia que el bus se había malogrado y que nos iban a cambiar por otro, pero el cambio recién vendría temprano al día siguiente. Tuvimos que quedarnos esa noche. Todos los chicos salieron a conocer. La verdad, yo no tenía ganas. El otro pata tampoco, así que nos quedamos en el cuarto. Como ya había metido todas mis cosas en la maleta, también me quedé calato y me metí en mi cama. Lo mismo el otro pata. Estábamos conversando del partido con la luz apagada (para que no nos jodan los otros patas) cuando me dijo: "Yo sabía que íbamos a golear". Yo me quedé pasmado.
"¿Cómo sabías?", le pregunté.
"Es que anoche tuve un sueño bien raro", me respondió.
"¿qué sueño?", quise saber.
Se rió. "No sé si deba contártelo... mejor no", me dijo.
"Ya, cuenta", insistí.
"Es que es bien maricón".
Por alguna razón,mi verga comenzó a llenarse de sangre y crecer. "No importa", le dije. "A la mierda si es bien maricón; cuenta igual".
El pata se tomó su tiempo y la soltó: "¿Conoces al chico moreno del otro equipo, el de los rayitos? Ya. Anoche soñé que le metía pinga por el culo".
"No jodas", le dije. "¿Por éso amaneciste bien armado hoy?"
Hizo silencio. Las cagué, pensé. Después de un tiempo me preguntó: "¿Te diste cuenta?"
"De casualidad", le respondí.
"Ah, menos mal... porque otra vez estoy al palo, huevón", me confesó.
"Hablas".
"Sí, la firme".
"Pues... yo igual", le confesé.



En solo segundos, me destapé. en solo segundos, el pata se vino a mi cama. en solo segundos me la tocó y comenzó a pajearme. Ahí mismo lo abrazé, y comencé a besarlo. Cuando menos nos dimos cuenta, él estaba encima mío, calato, y yo calato. Nos besamos, luego me recorrió el pecho, mi abdomen, llegó a mi pinga, me la chupó. Me succionó los huevos también. Y yo estaba tan arrecho que comencé a levanatr las piernas y en solo segundos sentí su lengua en mi ano. No sé cómo, él me la terminó metiendo toda. Pensaba que me iba a doler, pero el huevón la tenía tan lubricacada que resbaló. Ya ni recuerdo cuánto duró. Solo sé que se vino dentro de mi agujero. Luego me la chupó fuerte y le di todo mi semen en su boca. Se lo tragó.

Al día siguiente, despertamos en la misma cama, con la verga al palo. Queríamos más. Ya estábamos besuqueándonos cuando nos pasaron la voz. Mientras nos bañábamos al toque, aprovechamos para pajearnos mutuamente. Las dimos. Viajamos juntos. Comenzamos a awazapearnos. Esta semana nos toca de locales, pero me dijo que la próxima que jugamos de visita, pedirá cuarto juntos.



Como en mi jato hay un cuarto libre, estoy hablando para ver si se lo alquilamos... aunque no sé. Mi única palta es que la cosa crezca, especialmente porque yo tengo jerma. Si la cosa va en serio, ¿cómo haríamos? ¿qué me sugieres tú?

domingo, 16 de enero de 2022

ASS (11): ¡La tiene de 21 cm!

Es bueno ducharse tras entrenar; es mejor si todo termina en un trío.


 

 Aunque es media mañana de lunes, en el gimnasio al lado de la parroquia, que realmente se llama AS (pero más se le conoce como “el gym de la parroquia”), la cantidad de alumnos se redujo a su mínima expresión: uno haciendo piernas y el otro haciendo hombros. Ambos están concentrados viéndose en los espejos que se intercalan a las pinturas de los ángeles, y Miguel los vigila desde la puerta que separa el gran patio techado donde están las máquinas de potencia, de una sala que ahora quedó como antesala, que funciona realmente como recepción y sala de calentamiento (con un par de bicicletas estacionarias).

Una canción de Chino y Nacho suena en la radio… y Miguel se pregunta por qué si el Chino Miranda ha posado prácticamente calato, no lo hizo mostrando su verga al palo. ¿No que los venezolanos se enorgullecen de sus dotes? Quien está ejercitando hombros es, precisamente, un venezolano que se gana la vida en San Sebastián haciendo instalaciones eléctricas seguras y reparando electrodomésticos. Además de su buen cuerpo, en especial buen culo y buenas piernas, es evidente que debajo de su short baila una rica verga y un par de generosos huevos.

el chico que está ejercitando piernas, mejor dicho más culo (y vaya que si tiene un rico culo) que piernas, termina de entrenar y se acerca a Miguel todo sudoroso:

“Listo”.

“Anda a ducharte, Paco”.

“No, gracias. Mejor me ducho en mi jato… solo espero que hayan juntado agua”.

Al mismo tiempo, el venezolano que estaba ejercitando hombros termina y también se acerca a Miguel:

“Listo, pana, gracias. Oye, ¿podrás darme un masaje?”

“Claro, Marcano. Dúchate y te los hago. ¿Trajiste toalla?”

“No, pana… ¿podrás…?”

Miguel sonríe:

“Normal, Marcano. Anda a la ducha y ya te la alcanzo”.

El venezolano va a la antesala y de ahí a un pasillito que lo lleva al baño de la ex casa abandonada. Miguel y Paco se quedan solos en el gran patio techado.

“¿en serio vas a masajear a ese chico?”

“Claro, Paco. Y encima, se deja masajear calato”.

“No jodas”.

Marcano no se caracteriza precisamente por ser la persona más pudorosa de San Sebastián. Se desnuda en el baño con la puerta abierta dejando al descubierto la maravillosa anatomía que Dios le dio, especialmente ese par de grandes glúteos que coronan otro par de gruesas y fuertes piernas, y delante, debajo de un vello púbico rasurado, un pene dormido de unos 12 o 13 centímetros descansando sobre un par de hinchadas pelotas.

Aunque pensando más inocentemente, quizás Marcano haya obviado cerrar la puerta porque solo está Miguel y se supone que Paco ya se va a su casa. Se mete a la ducha y deja que el agua rrefresque su escultural cuerpo. Gira para que el líquido se distribuya por toda su piel. De pronto, Paco llega a la puerta y traga saliva al ver tal monumento de hombre. Marcano le sonríe:

“Hola, pana”.

“ehh… voy… voy a la lavander… voy… voy por la toalla”.

“Gracias, pana”, le sonríe Marcano.

Casi al segundo, Miguel pasa frente a la puerta ya sin polo:

“¿Qué tal está el agua?”

“De la puta madre, vale… ¿quieres bañarte?”

“Si no eres egoísta”.

“qué va, vale. Ya nos hemos bañado juntos, ¿no?”

Al ingresar a su cuarto, y quitarse el short y la tanga que se puso esa mañana, y dejarlas sobre su cama, Paco entra desde el pequeño espacio que se usa como lavandería con una toalla extendida:

“¿¿Vas a masajearlo calato?”

“Algo mejor que eso”, le sonríe.

Cuando Marcano está untándose el jabón, Miguel entra totalmente desnudo con Paco, también en pelotas.

“Estoy de oferta”, bromea con Marcano: “Pague uno y dúchese con dos”.

El venezolano se ríe:

“Como en la antigua Roma”.

Los tres chicos se acomodan como pueden en el metro cuadrado de mayólica blanca y comparten la ducha. El roce de sus pieles es inevitable.

“Perdona”, dice Paco a Marcano”.

“¿Por qué, pana?”

La verga ya parada del chico, unos 16 centímetros, cabezona, parece haberse atascado entre las dos nalgas del otro alumno quien se a quedado frente a frente con Miguel con sus penes flácidos también rozando.

“¿Tú crees que esté contraindicado tener sexo luego de un masaje”, pregunta Marcano a Miguel.

”Al contrario: nada mejor que un buen masaje erótico antes de una buena sesión de sexo”.

“¿Incluso sexo de a tres?”, sonríe Marcano.

“Incluso”, sonríe Miguel.

Paco sigue atónito y con su pene erecto aún atascado entre las dos nalgas de Marcano, y a punto de disparar su semen allí mismo entre ellas sin hacer nada más.

Marcano y Miguel, entonces, sin más preámbulo, se abrazan y se besan profundo en la boca, lengua incluída. El venezolano se separa de esos labios, gira, y con su verga ya al palo, besa a Paco quien trastabilla incluso para juntar sus labios.

Cuando ambos se separan, Paco mira a la entrepierna de Marcano:

“A la puta… es enorme”.

“21 centímetros”, sonríe el venezolano. “¿La quieres chupar?”

Paco, sin confirmar nada, se arrodilla sobre la mayólica y comienza a mamar el gran pene.  Miguel se pone al costado: sus 18 centímetros también están a toda su extensión.

“Chúpasela a él también”, pide Marcano.

Paco obedece. Tras un minuto de mame, Miguel toma la mejilla de Paco:

“Ponte de pie”.

El chico se incorpora mientras los otros dos se miran a la cara y se guiñan un ojo; entonces ambos se arrodillan y se alternan succionando el miembro de paco quien no puede creer nada de lo que allí está pasando:

“Las voy a dar, chicos. Ya no aguanto”.

Miguel toma el pene de Paco y junta su mejilla a la de Marcano. Pajea el falo y deja que el semen se dispare en ambos rostros.

“La puta”, suspira Paco en pleno orgasmo.

Y para terminar,te dejamos con un video porno. 

martes, 14 de mayo de 2019

¿empezar una versión peruana de Dioses del Estadio?

Soy un pata universitario de 20 años y practico rugby. A raíz de que algunos amigos comenzaron a traer el deporte, me interesé. La gente piensa que es un deporte violento, pero no, yo creo que mas bien es un deporte intenso. Claro que necesita mucha preparación física, mucho entrenamiento. Cualquiera no puede soportar la presión física y mental porque el rugby, como el fútbol o el básket son deportes de estrategia en equipo. La huevada es que, a diferencia del fútbol, y a pesar de que el rugby es primo del fútbol, no tiene apoyo y todo cuesta.


Estaba conversando con mis patas de equipo a ver qué podíamos hacer para reunir plata, pero más allá de rifas y fiestas, no habían otras ideas. Si bien se recoge plata con esas actividades, como entra se va, y tienes que estar organizando una cada mes o cada quince días para no quedarte misio.

Después de un entrenamiento, me estaba bañando con uno de mis compañeros de equipo, y estábamos hablando de este tema. Analizando algunas ideas, me dijo algo que me dejó palteado al inicio pero pensando después. "¿Has oído hablar de los Dioses del Estadio?", me dijo pero bajando la voz. "No", le dije, "¿qué es éso?". Me explicó que se trata de un proyecto de la federación francesa de rugby para recaudar fondos, y consiste en producir calendarios donde sus jugadores estrellas posan desnudos. "Hablas huevadas", le dije. No me respondió nada. Solo se sonrió.


Cuando regresé a mi jato, entré en mi laptop y me puse a buscar. ¡A la mierda!, dije cuando vi las fotos en blanco y negro de los jugadores. Y la huevada es que no son desnudos porno o algo así. Incluso tienen un sitio web y todo un sistema de comercialización con tarjeta de crédito. Dos preguntas me vinieron a la mitra: una, ¿sería factible en un mercado como el peruano?, y dos, ¿cómo mierda mi pata sabía de ésto?

Al finalizar el siguiente entrenamiento hablé con él. A la primera pregunta me dijo: "no sé, huevón... habría que tantear mercado". ¿Y cuál sería el mercado?, pregunté. Se volvió a sonreír. "¿Sabes quiénes comprarían cosas así? Los cabros, huevón". Me palteé más aún. Yo soy bien hetero, tengo mi jerma... bueno, una jerma a la que agarro de vez en cuando, pero de que soy hetero, por donde me miren. Pero falta una pregunta por responder, ¿cómo mi pata se había enterado de esa huevada de los rugbiers calatos? "Un amigo me dijo", me respondió. ¿Qué amigo habrá sido? No me respondió más.


Esa noche, luego de bañarme, me vi al espejo. Gracias al rugby y al gym tengo un físico marcado, en especial los brazos, los pectorales, el culo y las piernas. Prendí mi laptop y ubiqué algunas fotos de los Dioses. No sé por qué, pero me puse a remedar las poses ahí frente a mi espejo. Entonces, me pasó una huevada bien rara: se me armó la verga. ¡No jodas!, me dije. ¿Se me estará manifestando la mariconada?

al siguiente entrenamiento volví a bañarme con mi pata. Le dije lo que había visto en la compu. Volvió a sonreírse. "¿Sabes quién me pasó la voz?", me habló en voz baja. "¿Te acuerdas ese pata que te dije que iba a hacerme un casting para el desfile de modas del centro comercial? Ya... él tiene un amigo acá... es cabro... él me dijo". Me quedé como piedra.


Esa noche, mi pata me llevó donde el otro pata, el que le había contado sobre los Dioses del Estadio. Lo conocía. es un chico que hace diseño gráfico y tiene un negocio de tipeos, encuadernado, esas huevadas. Me presentó, aunque ya lo conocía de vista. "Le conté a mi pata éso del calendario que me contaste", le dijo mi amigo. El pata se palteó un poco. "Tranquilo, huevón, mi pata es de confianza", le dijo mi amigo. "¿Y qué piensa?", le preguntó el pata con cierta duda. Ambos me miraron. Les respondí que si sería negocio considerando cómo es la gente peruana de cucufata. Les dije que una cosa es Francia o europa, otra es acá. "además, allá tienen estadios, gimnasios, vestuarios para el rugby, pero acá no", les observé. O sea, dónde y cómo haríamos las fotos. "No solo son fotos", dijo el pata de mi amigo.


el pata encendió su LED, puso un disco en su reproductor y nos sentamos en el sofá de su casa. ¡Mierda!, dije yo. Efectivamente no eran fotos, sino un video de hora y media donde se ve cómo producían las fotos y toda la huevada. Por un momento me vi en esa pantalla, y otra vez se me paró la pinga. Pero luego me acordé de mi viejo, que simplemente me agarraría a palazos si me veía posar calato en lo que sea, y mi vieja fácil que llorando porque a su hijo lo estaban volviendo cabro, peor cuando mi vieja está en éso de la parroquia y apoya esa huevada que está en contra de la ideología de género, que ni ella misma sabe cómo explicar. Me tratarían peor que leproso.


Estaba en esas cuando noté que mi pata se levantaba del sofá. Lo vi. "quédate acá", me dijo. Cuando me di cuenta, tampoco estaba el dueño de casa. Nunca me di cuenta en qué momento se había levantado. Me quedé allí viendo el video, pensando en si sería factible o no el negocio, y de ser ffactible, cómo podría ser la vaina. ¿el resto del equipo se animaría a posar calato? Se me volvió a parar la pinga.

Me levanté para ir al baño, pero ninguno de los dos estaba cerca, ni mi pata, ni su pata, así que me puse a buscar dónde quedaba. Abriendo puertas di con el cuarto de esa casa, y lo que vi me sacó de todo cuadro: mi pata encima del otro pata en un piernas al hombro y moviendo su culo. Por cierto, mi pata es más cuerpón que yo. Cerré despacio la puerta. Obvio que lo estava cachando. Abrí otra puerta. Por fin era el baño. entré. Seguía impresionado por lo que vi. Mi pinga se paró de nuevo. ¡A la mierda! ahí nomás me la jalé. No duré mucho, tampoco paré de gemir. Cuando las di, mi chorro de semen parecía metralleta. Regresé al sofá. el video ya había terminado. Me quedé ahí esperando. Oí que se abría una puerta, luego que venía el pata de mi pata. "¿Quieres agua?", me preguntó. Me negué amablemente.


Al siguiente entrenamiento, traté de evitar a mi pata. No sé. No sabía qué sentía. Me bañé con otro pata de mi equipo y mientras conversábamos de cosas de la universidad, me fijé en su cuerpo. Parecía uno de los jugadores que había visto en el video. Me enjuagué al toque y me salí. Cuando fui a vestirme, tenía mi pinga bien al palo. Al llegar a mi casa, mi compañero de equipo, con el que siempre me bañaba, me llamó al celu. "¿qué tienes, huevón?" Le dije que nada, que todo bien. "Estuve averiguando sobre el tema de las fotos", me dijo. Le corté amablemente. Le dije que no quería saber del tema, que tenía que estudiar. Me entendió. Cortó. En realidad no tenía que estudiar nada. Lo único que hice fue seguir pensando sobre el tema.

Pasaron dos semanas. Una de esas noches, un primo, que es también mi mejor amigo, me había visto con cara de imbécil y me dijo qué me pasaba. Huevadas, le dije. "Confía en mí", me dijo. Lo hice. Le conté todo... hasta que mi pene se erecta cuando pienso o veo el tema. Se lo tomó normal. "Mira, al margen de la reacción de tus viejos y la gente, no lo veo como negocio en sí mismo porque ahora tú pones una foto o un video en Internet y al toque la gente se lo baja o piratea porque la gente es misia, todo lo quiere gratis.... en todo caso, las fotos y el video puede servirte como pa' hacerte promoción, como los cantantes, y donde ganarías es en eventos en vivo como presentaciones, esas vainas... no sé, bailar como stripper, por ejemplo, y tú bailas de la puta madre". Me quedé mirándolo todo cojudo. Mi primo se rió. "Oe, huevón, ¿qué esperabas?, ¿que reaccione como tus viejos? éstas son otras épocas". Le dije que no soy cabro. "Nadie dijoque seas cabro, imbécil... solo es una chamba como cualquier otra", me dijo.



Al siguiente entrenamiento, traté de buscar a mi pata. Era obvio que nos habíamos distanciado, pero también lo estaba juzgando. No me dio cara. Fui a bañarme solo. Estaba bajo el agua cuando alguien me tocó la espalda. Me asusté. "¿Hay sitio para mí?". era mi pata. Le sonreí. Fuímos a su pensión y le dije todo lo que había pensado, sentido y conversado. "Al inicio me sentía como tú", me confesó. "Pero... bueno, creo que ya te diste cuenta qué hago con el otro pata, ¿no?". Le admití, pero también le dije que no entendía ccómo es que ese pata sabía que él era de la nota. "No soy de la nota", me dijo mi pata. "¿Tú crees que me lo cacho gratis?". Entonces entendí que le cobraba por montárselo. Pero aún así, no sabía cómo él sabía que él era... ustedes ya saben, ¿no? "El pata del desfile de modas me hizo fotos desnudo... como los Dioses del Estadio... el resto es historia".

Definitivamente no quiero cachar con otro pata así me pague, no sé si me anime a ser stripper, pero lo de ser modelo como que me estoy animando. Pero aún así, la vaina son las reacciones y si será negocio. Por éso cuento mi historia aquí, porque quiero saber qué piensan ustedes. ¿qué dicen? ¿Resultaría? Ya se bajaron a un fisicoculturista por posar calato. ¿Y si por conseguir fondos me sacan del equipo? ¿qué harían en mi lugar?

martes, 23 de abril de 2019

Mi secreto bajo la lluvia

- ¡Manuel!
No podía ser. Me parecía increíble.
- ¿Vicente? ¿Viche?
- ¡Claro!
El pata de unos 35 años, vistiendo polo y jean apretado que dejaba notar su cuerpo de culturista se me acercó y me dio un abrazo en mi cuerpo atlético.
- ¿Cuántos años, promo?
- ¡Desde el colegio, Viche!
La última vez que había visto a Vicente fue durante la fiesta de promoción de mi cole hace largos 18 años. El problema era que pertenecíamos a grupos diferentes. Yo estaba con los tranquis, casi los nerds, y él estaba con los chacoteros, los gileritos, los medios patanes.
- ¿Cierto que te casaste, Manu? Perdón, Manuel.
- Jajaaja. Normal. Dime Manu. así me decían en la promo, ¿no? Sí, me casé hace cinco años.
- ¿Y ya tienes churres?
- No. Ahora ando en otros proyectos, y por ahora hijos no. ¿Y tú?
- Nada. Sigo soltero. ¿Te hiciste contador?
- No, Viche. Soy psicólogo.
- Ah, mira. Qué interesante.
- ¿Y tú, Viche?
- Nada. No estudié. Pero estoy chambeando como guachimán en un almacén en la avenida transversal.
- ¿A qué altura?
- Por el cine.
- Ah, mira. Yo vivo por ahí a tres cuadras.
- ¡Chévere, Manu! A lo mejor quedamos un día y nos tomamos un par de chelas.
- ¡Claro!
Intercambiamoss números, nos despedimos Regresé a casa sorprendido de que aquel muchacho flaco y alto del cole se había convertido en ese guapo hombre fornido, como esas figuritas de acción de G.I. Joe, mi serie favorita cuando era chibolo.



Acababa de hacer mi rutina de isométricos a éso de las siete de la noche y me estaba quitando la ropa para bañarme. Era jueves por la noche y mi esposa había salido de viaje toda esa semana. Estaba supremamente arrecho y el ejercicio era una manera de sentirme cansado para que, en el peor de los casos, me pajeara en la ducha y luego de comer, viera algo en la tele y me quitara a dormir.
Ya estaba calato cuando chequeé mi celu. Habían varios mensajes. Entre ellos, uno de Viche: "¿Y promo, qué haces?". Le respondí: "Aquí en mi jato, aburrido.... la mujer me dejó por una semana". Estaba tomando la toalla cuando la alarma de mensaje sonó. Tomé el celu. "Vente a charlar un rato donde cuido... ¿qué dices?"



Estaba duchándome con el celular cerca,con mi música a todo volumen. qué mierda. Estaba solo. Ese día había sido pesado con consultas y necesitaba distenderme un poco. Comencé a jabonarme mi pija y mis bolas, que estaban tranquilas. Me acordé de mi esposa, de cómo siempre que quiere que la cache, se me sube encima cuando estamos en la cama, calatita, sobre mi cuerpo desnudo, porque duermo calato, y comienza a besarme desde la boca hasta mi miembro, despertándolo con su boca. Sus mamadas son magistrales. Entonces, mi pinga comienza a ponerse dura. Una pajeada en su nombre. ¿Por qué no? Me sobo mi pene hasta ponerlo duro y comienzo el masaje facilitado por la espuma del jabón. Estoy en lo mejor cuando... suena el celu.
Suelto mis 16 centímetros al palo, me seco las manos, salgo de la ducha procurando no mojar el piso, me seco las manos. Es Viche.
- ¿qué pasó, promoción?
- Oye, Manu. Vente al almacén.
- ¿Ahorita? ¿Acaso no hay gente?
- Cierran a las ocho. Ya son siete y media.
- mmmmm. Ya, yo te aviso.



Tras cenar, me siento a ver tele. Zapeo y zapeo por los ochenta y tantos canales y no hallo nada bueno. Miro mi reloj: diez para las nueve. Tomo mi celu, ignoro unos mensajes. Escribo: "¿Pásame la dirección ddel almacén, promo". Viche me manda una captura de Google Maps. Son exactamente cuatro cuadras y media. Como estaba calato (recuerden que no había nadie en casa), fui al cuarto, me puse un polo manga cero, una bermuda, mis sandalias y salí. Sí, no suelo usar ropa interior.
Cogí la llave, cerré bien la puerta de mi depa y bajé a la calle. Corría una brisa fresca.
Ya había avanzado dos cuadras, cuando, inesperadamente, la brisa cesó, y sentí unas gotitas en mi rostro. No le tomé importancia. En solo segundos, las gotitas se hicieron aguacero. ¡Mierda! Estaba a mitad de camino. ¿Dar media vuelta o continuar? Me estaba mojando todo.
Analicé rápidamente las cosas: en casa me aburriría, acá por lo menos iba a conversar por un par de horas, esperaba que pasara la lluvia y regresaba. Avancé.
Faltando media cuadra para llegar al almacén, mi promoción estaba en una esquina.
- ¡Vente, huevón!
Avanzamos a paso ligero y llegamos hasta el local. Entramos por una puertecita. Tras caminar un pasillo oscuro, llegamos a un cuartito. Viche prendió la luz. Apenas había una colchoneta, unas revistas y periódicos, unos percheros con ropa de vigilante, y en una esquina estaba lo que parecía ser un arma de fuego en su estuche de cuero.
- Estás mojado, Manu. Tienes que quitarte toda la ropa.
Lo miré extrañado, pero la sugerencia de Viche tenía todo el sentido. Si me quedaba con la ropa húmeda puesta, podía pescar una pulmonía, y a ver quién te salva de ésa. En lo que a él respectaba, ya se había sacado el polo y estaba quitándose el pantalón de lona, típico de los guachimanes. Tampoco tenía ropa interior. Ya se imaginarán la estampa de dios griego que tenía frente a mis ojos, o mejor aún, imaginen un G.I. Joe totalmente calato, peladito. Tomó una toalla.
- Sécate. Tu ropa vamos a colgarla acá en el baño para que se seque un poco.



- Asu, sí que casi diez años duraron de novios, Manu.
Sin saber cómo ni en qué momento, Viche y yo estábamos acostados en la misma colchoneta, de lado, para poder entrar. En esa posición, rozar sus piernas era casi imposible, pero yo no le di importancia al asunto. Me había concentrado en resumirle mi vida de enamorado y ahora de casado.
- ¿Y tú, Viche? Me dijiste que seguías soltero. ¿Acaso ninguna hembra te convenció?
Vicente sonrió y se tomó unos segundos.
- Tú eres psicólogo, ¿cierto? Entonces, tú me vas a entender? ¿Puedo confiar en ti?
- Claro, Viche. Cuenta conmigo.
- Sí, saliendodel colegio, me gustaban las hembras y salía con varias. Me las llevaba a la cama pero no me sentía satisfecho. Una vez Pepe, el fotógrafo de modas, me contrató para hacerme una sesión. Necesitaba el billete y acepté. Posé. Las fotos salieron de la puta madre.
- Sí, creo que las vi. Éso fue hace 15 años más o menos.
- No, diez años atrás. Para entonces ya tenía este cuerpo. La nota es que cuando terminamos la sesión, Pepe me dijo que si quería ganar más plata como modelo. Obvio le dije que sí. Entonces me propuso hacer fotos porno. Ya sabes: calato, mostrando mi verga al palo, esas cosas. Yo al inicio me asusté y le dije que no, pero al regresar a mi jato y ver la necesidad, pensé, huevón. A la semana siguiente le estaba posando como Dios me trajo al mundo. ¿Qué piensas de éso, Manu?
- ¿Yo? Nada. Normal. Yo entiendo que tenías necesidaes económicas. No hiciste nada ilegal, ni inmoral.
- ¿En serio crees éso?
- ¡Claro! son solo unas fotos porno, nada más. No mataste a nadie, no extorsionaste a nadie, ¿no?
- No... Eres la primera persona que me dice éso.
- ¿Y éso qué tiene que ver con las hembras? ¿Las fotos se filtraron? ¿Estabas con alguien y te cortó al verlas?
- No exactamente. Las fotos se filtraron hace ccinco años recién. Acá las tengo.
Vicente se levantó y se alargó hasta los pies de la colchoneta, y se quedó en cuatro, mostrándome su enorme culo y su ano, el que notaba algo más ancho de lo usual. Tal visión me comenzó a poner la pinga dura, así que me puse boca abajo.
Cuando se acostó otra vez.
- Guá, promo. ¿Y por qué te pusiste de culo?
- Nada... es que... de costado... me estaba cansando.
- Ah ya.
Me dio el celular y me mostró las fotos. Si bien Pepe había realizado un excelente trabajo con ese cuerpo desnudo en todos sus ángulos, incluso mostrando el culo, lo que tenía ahí a cinco o seis centímetros de distancia superaba cualquier obra de arte.
- Ah mierda, Viche. Eres aventajado, mierda.
- Jajajajaja. ¿Tú crees?
- Lindas fotos. Excelente trabajo.
Le devolví el celular. Mi pinga bajo mi vientre no solo estaba durísima, estaba recontra lubricado.
- ¿Qué piensas ahora que las viste?
- Ya te dije: excelente trabajo. Pero, ¿éso lo vio alguna jerma?
- No creo. La vaina fue lo que pasó luego de esa sesión.
- ¿Qué pasó, Viche?
- Me estaba bañando en la ducha porque en las últimas fotos tuve que eyacular, y me estaba quitando la leche de mi abdomen. en éso, siento que alguien entra detrás.
- ¿Pepe?
- Sí, Pepe. Comenzó a sobarme la espalda, a decirme que le parecía rico, que podía hacer mucha plata conmigo. Te juro que me paralicé. Cuando me volteé a reclamarle, él me cogió el huevo. Debí empujarlo porque se suponía que no me gustaba la mariconada pero... no lo hice, no solo me gustó.... Dejé que me la chupara. Se me armó otra vez. Al poco rato, le estaba metiendo mi pinga a su culo. Y cuando las di, no me sentí mal. Me asusté, huevón.
- ¿Se repitió?
- Tres veces más, Manu. Tres veces. Me presentó gente de su entorno y terminé cachando con todos ellos. Pepe se había alucinado que quería hacerme su macho, así que cuando supo de que me cachaba a sus amigos, me dejó de hablar, de dar plata. Lo bueno es que había hecho contactos y desde entonces trabajo como seguridad. Y desde entonces, comencé a cachar más con patas que con jermas hasta el punto que ahora solo cacho con patas.
- Ni me mires el culo, Viche, porque yo soy bien varoncito, jajajajajajaja.
- Jajajaja. Nada, Manu. Además, eres mi promoción. No me malearía así contigo. Pero éso no es lo único.
- ¿Hay más?
- Cuando comencé a cachar con patas, yo era quien los clavaba. Una vez conocí a un tombo, y luego de chupar como cancha, fuimos a su jato a seguirla. Allí mas bien comenzamos a manosearnos y terminamos en la cama. La vaina que esa madrugada, no solo me caché al tombo... el tombo me cachó a mí también. Y desde entonces fui metiéndola y dejándomela meter hasta que ahora me gusta más que me la metan. Claro que sí la meto, pero bien de vez en cuando. ¿qué crees que me haya pasado?
Yo seguía allí boca abajo ocultando mi erección húmeda.
- ¿qué te pasó, Viche? Pues, simple: digamos que en estos años, has ido explorándote hasta hallar tu sexualidad real. No eres el único. Le pasa a mucha gente.
- ¿Es normal, Manu?
- Ni normal ni anormal, Viche. Es un proceso personal, como todo en la vida. La pregunta sería: ¿cómo te sientes al respecto?
- ¿Yo? Normal, Manu. No me jode que me gusten los patas o que me la metan.
- Entonces, ya te aceptaste. Punto. Si no sientes culpa, todo está bien.
- La verdad que no siento culpa. ¿Dices que no soy el único?
- Correcto. No lo eres. Lo que pasa es que muchos hombres por el machismo, jamás lo admitirían, y en una sociedad que te señala por cualquier huevada, mejor actúan o se mantienen al margen.
- Y.... ¿a ti te ha pasado, Manu?
- ¿a mí? Pues.... ejem... No sé. Para serte honesto, hace unos mesesconocí a un chiquito de 25 años. Nos hicimos conocidos porque cuida cerca de donde yo trabajo. Una noche que me quedé hasta tarde, tomamos la mototaxi juntos porque él se regresaba a su casa, y como era mototaxi cerrada, así de la nada, se me acercó más de lo debido, me tocó el paquete y me dio un piquito en la boca.
- ¿Tú qué sentistte?
- ¿La verdad, nada.
- ¿No se te paró cuando te tocó el paquete, Manu?
- No. No se me paró.
- ¿Quién es?
- Qué chismoso. No creo que lo conozcas. Es un chibolo... un tal Jesús.
- ¿Jesús? ¡No jodas! Sí lo conozco. Me lo he clavado tres veces.
- ¿En serio? Es un medio gordito. Rico culo. Chatito, trigueñito.
- Entonces sí es el mismo. No vayas a contarle nada si lo ves, Viche.
- Hace meses que no lo veo, pero te paso el dato: cacha con gente treintona. Le gustan los treintones y cuarentones.
- Sí, me di cuenta que tiene carencias afectivas, pero ése ya es otro tema.
- ¿Fue la única vez, Manu?
- Sí... ¿Por qué me miras con esa cara?
- A mí me contaron algo. Dos notas tuyas. Una, que tieness varios amigos gay.
- ¿Y éso qué tiene que ver?
- ¿No ha pasado nada con ninguno? Hay rumores que dicen que sí.
- Jaajjajaja... Sí, los he oído, pero nada. ¿Cuál es la otra cosa que te han dicho de mí, Viche?
- No me la dijeron, Yo la vi: tú posaste desnudo para Pepe también.
Me dejó helado.
¿Cómo que la viste?
- Cuando Pepe quería que me hiciera su pareja, me mostró varias sesiones con patas y en una de ellas te reconocí. tenías el cabello más largo, pero ese cuerpo y esa expresión... imposible de olvidar. Especialmente por ese lunar aquí.
Vicente, entonces, puso su mano sobre mi nalga izqueirda. Yo reaccioné y me volteé.
- ¡Guarda, Viche, no seas pendejo!
Al voltearme, no me había dado cuenta que había expuesto mi pene erecto. Vicente sonrió.
 Entonces, me tocó mi falo duro.
- ¿Y ésto?
- ¿ésto? es queeee... como estaba boca abajo, entonces la presión....
- ¿Cachaste o no cachaste con Pepe?
- Oe, ya me suena a interrogatorio.
- Normal, promo. Yo te confesé mis secretos. ¿Qué problema hay que me confieses los tuyos?
- ¿Qué dijo Pepe? ¿que me lo caché?
- Dijo que no quisiste, que por éso no te volvió a llamar, pero que notaba qe se te chorreaba la nota.
- Y así fue, Viche.
Me sentí incómodo. Me senté sobre la colchoneta.
- ¿Dónde está el baño? quiero mi ropa, Viche.
Vicente me agarró fuerte de la cintura y su antebrazo aprisionó mi erección.
- Tranquilo, promo. Todo está bien. Yo no dije nada antes, no diré nada ahora.
- ¿qué le dijiste a Pepe sobre mí cuando viste mis fotos?
- Nada. solo le pregnté qué había pasado con ese huevón y me contó lo que te dije.
Me tranquilicé un poco. Vicente se sentó a mi lado. Juntó su cadera con la mía. Me abrazó.
- Es normal, Manu. Le pasa a mucha gente.
Volteé a verlo.
- No dije que fuera normal o anormal. solo que no eres el único que ha descubierto su real sexualidad.
- Pero tú te resistes a reconocerla.
Lo miré fijamente a los ojos. Vicente me miraba no con cara de revancha, no con cara de burla; me miraba con cara de paz, de cierta ternura, con cara de quien tiene la autoridad para decirte tus cosas no por ciencia sino por sentido común. Lo abrazé también. Acerqué mi cara y lo besé en la boca. Me correspondió.



Vicente mamaba la pinga mejor que mi esposa. Se la tragó toda. Se la sacaba, se la metía, jugaba con mi prepucio. embocó cuidadosamente mis bolas con su lengua y siguió bajando hasta levantarme las piernas y hacerme un rico beso negro.
- Lo tienes cerradito, promo.
- Y así se quedará.
Vicente sonrió cuando le dije ésto. Se levantó, sacó un preservativo y me lo dio. Me lo puse. Luego me dio un sachet de lubricante y lo desparramé sobre mi pene forrado. el resto de lucricante se lo puse en su culo, se arrodilló sobre mí, y puso mi pene en su ano. Se lo fue tragando poco a poco. ¡qué rica sensación sentir cómo mi falo penetraba en esa caliente hondura, carajo! Cuando mis 16 centímetros estaban dentro, comenzó a cabalgarme. Su pene golpeaba en mi vientre y comencé a masturbarlo. Se puso duro. Tranquilamente eran 19 o 20 centímetros, grueso..
entonces se hizo para atrás y se puso boca arriba, levantó sus piernas y yo me le abalancé y lo clavé piernas al hombro. No quise agredir su culo. Fui gentil con mi bombeo, sintiendo el placer de cada minuto de sexo.
Luego se puso en cuatro, lo volví a clavar, así gentilmente. No pensé en nada más. Solo disfruté. Me vine a los pocos minutos.
Cuando volví en mí, abrí los ojos, estaba sudando como mierda. Bajé la mirada. Ese hombre musculoso estaba allí a cuatro patas, mi pene semiflácido dentro de su ano, el condón en su sitio, como debe ser. Me desesperé. Le saqué mi miembro de golpe, me puse de pie como un rayo.
- ¿Dónde está el baño, Vicente? Quiero mi ropa.
- Ya, Manu. Tranquilo.
- ¿Dónde está el baño, Vicente? quiero mi ropa, por favor.
Vicente se asustó, salió de la habitación. Vi el arma en la esquina, me acerqué a ella pensando en que podría ser mi mejor salida si pasaba algo.
Vicente regresó con mi ropa algo seca. Me la puse de inmediato.
- Quiero irme, Vicente.
- Tranquilo, Manu. Relájate.
Me agaché a la esquina y tomé el arma. No sé cómo la saqué y le apunté a Vicente.
- ¡¡Quiero irme, conchatumadre!!
Vicente se asustó.
- Tranquilo. Sígueme.
Salió del cuarto, avanzó por el pasillo a oscuras, sentí que abrió la puerta de par en par.
- Vete, Manuel.
Tiré el arma hacia el pasillo y salí corriendo de regreso a casa.



La ducha fría me tranquilizó. Puse la ropa de esa noche en el canastón de ropa sucia. Mi celular sonó. era mi esposa.
- ¿Dónde estabas? te he estado llamando.
- Sorry, amor. me quedé dormido.
- ¿Te pasa algo?
- Nada. Me asusté. Pensé que te había pasado algo grave.
- No, amor. Estoy bien. Mañana estoy temprano en casa.
Terminé de hablar con ella y sonó la alarma de mensaje. Vi. era Jesús. "Estoy solo en mi jato, ¿vienes?". Lo maldije. "Vente a la rconcha de tu madre, hijo de puta", le puse y lo bloqueé. También bloqueé a Vicente. Traté de dormir. Menos mal, al día siguiente sí llegó mi esposa.

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martes, 11 de junio de 2019

La gente que pide ser violada habla huevadas

Soy un pata de 26 años y hace un par que me asumí como gay. Me costó trabajo, ya saben, por la huevada de cómo va a reaccionar tu familia, la sociedad, esas cosas. Al final entendí que la decisión es solo mía y que el resto no debe importarme. Con mi aceptación también dejé de incursionar en el mundo gay con recelo, y poco a poco he ido socializando con otros patas, e incluso haciendo citas con algunos de ellos. En general la he pasado bien. No podría decir si soy activo o pasivo o no sé. Finalmente más que el rol, lo que yo siempre cuido es que ambos disfrutemos. Por ahí me han dicho para hacer tríos pero aún no me animo.

Como decía, en estos últimos dos años he socializado con mayor naturalidad. Obvio que éso significa que navego en las redes sociales y contacto a ciertos chicos que dejan mensajes, y leo de todo. Y en ese proceso en que leo de todo, me encuentro con ciertos avisos a los que miro con cierto temor. "Quiero que me violen", "Busco un macho que me viole", "Busco un pingón que me dé duro hasta sangrar".

Les juro que cuando leo esos avisos primero siento escalofríos, luego comienzo a sentir asco, y luego se me viene un mismo episodio a la cabeza, algo que, a pesar que he ido a terapia, todavía no puedo superar del todo.

Cuando estudiaba en el colegio, llegó en el cuarto de secundaria un chico de otra parte a estudiar con nosotros y en el corto tiempo, se me hizo pataza. Nos reuníamos para hacer las tareas, los trabajos, las expos. Era hijo de unos comerciantes y el menor de tres hermanos. Como a veces tenía que ir a su casa para hacer los trabajos porque solían dejarlo solo, ya que sus viejos solían estar de viaje y sus hermanos estudiaban en otra parte, y hacían pensión, llegó un momento en que jodiéndonos y jugándonos, terminábamos morboseándonos.

La primera vez fue en el sofá de su casa. Según nosotros, jugábamos a la lucha libre, y llaves van, llaves vienen, él terminó acostándose sobre mí. A pesar que estábamos con polo y bermuda, era evidente sentir nuestras pingas al palo. La segunda vez fue la misma rutina, jugar a la lucha libre, y cuando menos me di cuenta, terminamos en el suelo, él encima mío, pegando bien su paquete duro a mis nalgas. Como practicaba atletismo en el cole, tenía todo mi cuerpo bien trabajado y mi culo bien formado.

La tercera vez ya no guardamos tanto disimulo. Estábamos terminando de tipear un trabajo cuando se estiró en la silla y se tocó el bulto. "Estoy arrecho, huevón", me dijo.
Yo le sonreí.
"¿Y te arrechas de la nada?", le pregunté.
"Tu culo me pone arrecho", me dijo.
Le volví a sonreír.
"Ven", me dijo.
Nos pusimos de pie y nos fuimos a su cuarto. Comenzamos a acariciarnos, besarnos apasionadamente, nos calateamos mutuamente, y nos tiramos a la cama. Nos revolcamos hasta que yo quedé encima suyo y le fui besando el cuello suavemente, para no dejarle marca.
"Chúpamela", me pidió.
Yo me palteé porque jamás la había chupado, aparte que su pinga siempre estaba lubricada, entonces me daba cierto asquito probar ese líquido.
"Ahí nomás", le susurré.
"Ya, pe, no seas malito. Chúpamela", me repitió.
Hice el intento. Bajé hasta su miembro, lo tomé en mis manos, lo pajeé un poco y más líquido salía. Mi pinga se bajó.
"Ahí nomás, loco", le dije, y me bajé de la cama.
él me tomó de una de las muñecas.
"No me dejes así pues", me pidió.
"No quiero chuparla", le expliqué.
"entonces, cabálgala", dijo.
Hizo que me sentara sobre su pinga y comencé a rebotar. Hablamos de un falo de unos 16 centímetros, considerando que para entonces ya tenía 16 años. Cabezona, por cierto. Mientras lo cabalgaba, él agarraba su pene, y yo sentía que su intención era metérmela en mi ano, que para entonces, jamás había sido penetrado. Y ésa era una nota que yo evadía. Una cosa es la arrechura, estar calatos, pero nunca me gustó que me metieran la pinga y hasta ahora no me gusta que me metan la pinga ni yo meter la pinga. el caso es que él terminó pajeándose y llenándome la raja del culo con su semen.

Después de limpiarnos, me dijo que me vaya porque tenía que hacer otras cosas y no quería que su vieja se enoje con él. Luego de éso, cuando teníamos que hacer trabajos en equipo, él evitaba que nos toque juntos. Yo asumí que era porque no se la quise chupar, así que no le di importancia y seguí haciendo mi vida normal. Después de éso, ya no tuve nada con otro pata, hasta me confesé con mucho miedo y preferí estar tranquilo por el resto del año.

Llegó diciembre y con ello la fiesta de promoción. Cuando ésta acabó y una vez que dejamos a las parejas, nos reunimos en casa de uno de los chicos para seguirla. Eran como las seis de la mañana y ya estábamos bien borrachos. Como la gente se fue yendo de donde nos habíamos reunido, me pasaron la voz unos compañeros para seguirla en otra casa. Mi sorpresa fue grande cuando me dijeron que se trataba de la casa de mi amigo con quien hacía los trabajos. Ojo que estaba borracho, así que ya se imaginarán. Yo le busqué la mirada como esperando su aprobación. Se me acercó.
"Vamos, huevón. No seas monse", alcanzó a decirme, y lo primero que me llamó la atención es que parecía estar bien sobrio.
"¿Y tus viejos?", alcancé a articular.
"No están", me guiñó un ojo.
Yo seguí al grupo. eran como cinco compañeros, incluyéndolo.
Llegamos a su casa y seguimos chupando. Para las siete y media de la mañana tres de los seis ya estaban jatos en el mueble de la sala. A mí me dieron náuseas y fui al baño a vomitar. Como que se me pasó algo la borrachera. Me lavé la cara, me enjuagué bien la boca y me dije que ya estaba bueno, que era hora de regresar a casa y dormir todo el día. Ni siquiera aparecería al corte. Apenas salí del baño, mi amigo estaba en la puerta.
"Ven al cuarto", me dijo.
"Ya me voy", le informé.
"No jodas. Ven al cuarto".
"Es que ya me voy, ya no doy".
Mi amigo llamó a otro compañero, más alto y fornido, quien salió del cuarto completamente calato y con su gran verga aún dormida.
"¿Qué pasa?", le preguntó ese compañero.
"Que ya se quiere ir", le dijo mi amigo.
"¿Sin celebrar con nosotros?"
No entendí. Cuando menos me di cuenta, mi amigo y mi compañero casi me arrastraron al cuarto a pesar de mi negativa. Adentro estaba prendido el telebisor de mi amigo con lo que parecía ser una porno. Prácticamente me empujaron sobre la cama y caí tendido.
"No vas a terminar el cole sin haber sido nuestro", me dijo mi amigo.
Yo traté de levantarme, pero ambos no me dejaron. el otro compañero se me acostó encima y me anuló.
"así que te mueves rico, ¿no perrita?"
La poca borrachera que me quedaba se desvaneció, pero también estaba rendido por toda esa noche tomando. El compañero trató de besarme y traté de esquivarlo. Al mismo tiempo movía su cadera contra la mía y usaba sus poderosas piernas para abrir las mías, lo que consiguió. Mientras tanto, mi amigo se estaba quitando toda la ropa y se acostó a mi lado. Se besó en la boca con mi compañero. Se miraron y se sonrieron pendéjamente. Pude sentir que mi compañero ya estaba al palo y lo comprobé apenas se arrodilló, atenazando mis canillas con las suyas: ¡era un pene enorme, como de 19 centímetros! Al mismo tiempo, mi amigo me abría la camisa, a lo que traté de oponerme. Me dio un puñetazo en la mejilla que casi me soñó. Me sentí impotente y poca cosa, comencé a rogar al cielo que éso se acabara, pero parecía que nadie me oía allá arriba. Sentí que me bajaban el pantalón a la fuerza y luego mi bóxer. Sentí que el cuerpo de mi compañero fornido se acostaba sobre mi cuerpo ya desnudo y que me sobaba su pinga dura contra la mía, que no se paraba por nada del mundo. Sentí el cuerpo de mi amigo pugnando por  por acostarse encima. sentí mis lágrimas rodar. Sení que me levantaban las piernas y que un pene húmedo se colocaba en todo mi ano. Sentí dolor, un gran dolor cuando comenzaban a metérmelo. Sentí una gran mano tapándome la boca para evitar que gritara. Sentí dolor, mucho dolor en mi culo. Sentí que no podía hacer nada.

Cuando creí que la tortura se acababa, sentí un pene más grande taladrándome y otra mano en mi boca evitando que gritara. Sentí que mi amigo decía: "Con cuidado, huevón, vas a hacerlo sangrar". Sentí que era la mierda más mierda del mundo.

No recuerdo bien cómo acabó todo porque me desvanecí. Cuando desperté, mi amigo y mi compañero estaban bien dormidos flanqueándome, los tres sin ropa. Tuve miedo. Cuando me levanté, desperté a mi compañero, me miró, se dio la vuelta y se volvió a dormir. Ni siquiera me llamó la atención su enorme culo. Busqué mi ropa, salí del cuarto, de la casa. Ya era casi mediodía, y mi celular tenía varias llamadas perdidas de mi viejo que no oí porque lo había dejado en vibrador. Cuando llegué a mi casa, ni quise almorzar. Al llegar a mi cuarto, me asusté cuando vi mi bóxer manchado de mierda y sangre, mucha sangre. Me asusté mucho. Fui a bañarme como casi por una hora sobándome bien entre mis nalgas, puse mi ropa en la canasta de ropa ssucia, puse el bóxer en una bolsa plástica y lo escondí, esperando el momento de botarlo o quemarlo sin que mis viejos se dieran cuenta. Me eché a llorar y a dormir por casi dos días. Casi ni comía. "Es la pena", le decía a mi mamá.

No quise hablar con nadie del colegio y traté toda esa semana de olvidar el tema, de concentrarme en que tenía que ingresar a la universidad ese mismo verano. Cuando creía que las cosas estaban algo tranquilas, algo horroroso pasó... Mi mamá había descubierto la bolsa con el bóxer. Se sentó conmigo a conversar y a preguntarme. Me bloqueé. Cuando al fin pude hablar, le conté todo a mi mamá, quien lloró mucho. Mi papá reaccionó distinto. Denunció a mi amigo y a mi compañero y me llevó a la comisaría a que lo cuente todo. Me moría de la vergüenza, especialmente porque el policía me miraba más con cara de arrecho que de efectivo del orden. Hubo un lío bien feo. en su defensa, mi amigo dijo que no fue violación, que yo era gay y que ya lo habíamos hecho antes. Yo lo negué. Todo quedó en nada. Por último, la Policía terminó llevándose el bóxer y nunca supe qué destino le dieron.

Ingresé a la universidad y me alejé por completo de mi entorno escolar. Traté de comenzar de nuevo. Sin embargo, el nuevo entorno me fui abriendo más los ojos sobre mí mismo, sobre mi sexualidad. Me dio mucho miedo. Hablé con un psicólogo y me comenzó a tratar. Yo ya tendría como 19 años. A pesar que en las terapias me convencí que esa violación no fue mi culpa, porque no fue mi culpa, y que mi aparente homosexualidad no fue causada por esa violación, entré en modo negación. No quise saber nada con nadie. Cuando quise tener enamorada, la relación no duraba ni dos meses y siempre la cortaba. El psicólogo me dijo que no forzara las cosas, que hiciera mi proceso.

Cuando tuve 24 años, recién pude ir conciliando las cosas, acepté que soy gay, se lo conté a mi familia, me apoyan a medias porque me dijeron que no esperan verme con pareja, cosa que tampoco me interesa por ahora, aunque sí he tenido varios choques y fugas pero muy light. Llegué a aprender karate, y cuando sentía que, a pesar de que había convenido no tener penetración en algunas de mis citas, y la otra persona quería pasarse de lista, recordaba lo que pasó después de mi fiesta de promoción, y reaccionaba con un golpe o una patada.

Dos años después, me estoy tomando las cosas con más calma, aunque con el mismo cuidado. Trato de ser más firme y amable, aunque advierto que si alguien quiere propasarse, no va a irle bien. Sigo practicando karate como afición, como reencuentro conmigo mismo, aunque el sensei (instructor) me insiste que concurse. Lo que hasta ahora no he podido conciliar es cuando alguien pide que lo violen. Incluso cuando les digo que la tengo de 18 y gruesa, me lo piden y los mando a la recondchasumadre. Quizás sepas quién soy si me lo pedistealguna vez por chat y luego terminaste bloqueado. Sí, soy yo, y te digo ahora en público lo que te dije en privado: no sabes lo que estás pidiendo, no sabes lo que ser violado significa, no eres más que un pobre y triste huevón que no se quiere en absoluto y que es capaz de morir en manos de otro pobre y triste huevón por el puro hecho de sentirse sometido. Huevadas, nada más que huevadas que yo no comparto y que no creo que llegue a compartir.

jueves, 2 de mayo de 2019

Decía que no, pero ahí estaba en el bar

Acabo de reincorporarme a la chamba en un gym como instructor. No viene al caso explicar por qué me alejé tanto tiempo, en todo caso sí tengo que decir que fue Arnold, otro de los instructores, quien me animó a dar clases de nuevo. Todo comenzó cuando estaba por el centro y pasaba por el gym. Entonces entré para saludar. Ya era mediodía, cuando solo quedaban unos tres alumnos. Arnold me recibió con mucha alegría y amabilidad y nos pusimos a hablar de todo un poco. Fue entonces cuando me lanzó la idea de regresar. Yo le dije que ya no, que no estaba interesado, que quería probar otros negocios. Entonces lo llamó un alumno y pasó algo raro: en vez de que saliera directo a verlo por el costado que tenía libre, le dio la vuelta a su escritorio y pasó por detrás de mí, rozándome su paquete. No estaba al palo, pero me llamó la atención la rozada de paquete. Supuse que era casualidad, como el espacio donde pasaba era estrecho, y tiene un gran culo, entonces puede que alla sido éso. Esperé un minuto a lo más. Cuando regresó, lo mismo. No entró directo a su silla, sino que pasó por mi espalda y volvió a rozarme el paquete. Cuando se sentó, me lo quedé mirando con cara de extrañado, y él me sonrió y me guiñó el ojo.



Le conversé el hecho a un amigo, y tras reflexionar conmigo todo lo que le dije, me aseguró que Arnold me estaba mandando una señal, y que la única manera de confirmarlo, era preguntándoselo directamente. La cosa es que yo veía a Arnold como amigo, pero sí me dio mucha intriga porque físicamente es atractivo. Es un fisicoculturista de competencia, de hecho.



Con el pretexto de conversar sobre su propuesta de regresar para que dé clases, volví al gym a la misma hora. Quedaba un par de alumnos esta vez. Hablamos del tema. Me recordó que era bueno en mi rama de entrenamiento, que yo mismo podía ganar tanto dinero como clases quisiera dirigir. En fin. Entonces lo volvió a llamar uno de los alumnos, y volvió a repetir la misma ruta. Me rozó su paquete por la espalda. Se demoró un par de minutos. Escuché que se despedía de los alumnos. Regresó y pasó otra vez rozando su paquete por mi espalda. Solo que esta vez, se quedó allí atrás, se agachó para abrazarme. "No seas cojudo", me dijo, "regresa, huevón". Yo no me negué al abrazo. Entonces sentí cómo su paquete se ponía duro. Mi pinga se puso al palo también. "Si regreso, ¿vas a ser así de cariñoso conmigo?", le pregunté bromeando. "Claro", me respondió. Entonces me levanté de la silla, y a propósito me rozé contra él. Entonces me tomó de la cintura y me pegó su paquete duro a mis abultadas nalgas. Era imposible equivocarse porque los dos solo vestíamos una bermuda delgada. "Lo voy a pensar, pero más que sí", le dije. "Espero que sea sí", me replicó, y comenzó a mover su cadera lentamente en mi culo, como si lo estuviera cachando.



Al regresar a mi casa, me metí a mi cuarto y reflexioné todo: la oportunidad, la necesidad y la arrechura. El pene de Arnold estaba evidentemente erecto, entonces no cabían más dudas. Me excité otra vez, me quité toda la ropa, me pajeé imaginando a ojos cerrados el cuerpo musculoso de Arnold, en especial su culo. Una ráfaga de leche me inundó mi abdomen y mi pecho.



El lunes de esa siguiente semana rreinicié mi trabajo como instructor. Tomé un turno a las 7 de la mañana. De ese modo, tenía tiempo el resto del día para hacer lo que tenía planeado. Al terminar mi turno, Arnold estaba conversando con otro alumno, guapo, también con cuerpo de culturista. "No pues, huevón... ¿cómo voy a salir a concursar con una tanga que se me mete por la raja del culo?", le decía ese alumno. "Todos concursan así", le replicaba Arnold. "Por éso dicen que los culturistas son homosexuales", le chantó el alumno. "Bueno, éso sí", comentó arnold y se calló. Yo me sentí sorprendido con la conversación. "Así que, Arnold, no salgas a concursar con tanga, si no, van a decir que eres maricón", le aconsejó el alumno. "Noooo, yo para nada soy maricón, a mí me encantan las hembras, yo a los maricones los trato a patadas", se defendió Arnold. Yo me sentí incómodo, me despedí y me fui a casa.


Estaba descansando en mi cama buscando puntos en Grind'r. Me sentía palteado. ¿Cómo era posible que Arnold simulara cacharme cuando estuvimos solos esa vez y ahora le dijera al otro pata que hasta trataría a patadas a los gays? Yo soy gay, ¿entonces Arnold me trataría a patadas? Conseguí por ahí un punto en Grind'r y me encontré con él. Fuimos a cachar a su depa. El pata con quien me reuní mamaba rico la pinga y tenía un culo apretadito que me lo caché con gusto hasta botar mi semen en su espalda. Cuando nos estábamos duchando, el pata me preguntó: "¿Tú vas al gym donde trabaja un instructor llamado Arnold, no?". Le respondí que sí. "¿por qué?", le pregunté. "ah, porque a ese pata siempre lo veo en el bar de ambiente que hay cerca de la plaza". Me quedé idiota. "¿Estás seguro?", le pregunté. "Claro... incluso una vez se sentó a mi mesa y le invitamos chela, pero tuve mala suerte porque otro amigo parece que se lo levantó". No creía lo que el pata me contaba. No lo creía. "¿Cuándo lo viste?", volví a preguntarle. "Ah, el viernes pasado... el siempre va los viernes".



A la mañana siguiente, tras dar mi clase, otra vez Arnold estaba conversando con el alumno homófobo. Me costaba trabajo conciliar el hecho de que ese día me arrimara su paquete duro en mi culo, y ahora ni siquiera tuviera una expresión de desagravio con la gente gay, aunque no lo fuera. Preferí no encararlo. Tenía otros planes. El viernes por la noche fui al bar de ambiente tratando de no llamar la atención y me senté en un sitio bien caleta pero de donde se veía todo el espacio. Ya había ido antes, así que me es familiar. Fui temprano, como a las 9 de la noche, y decidí quedarme a esperar. Ya era como las 11 y ninguna señal de Arnold, mas bien del pata con quien había tirado a inicio de la semana. No le pasé la voz, pero comencé a pensar que era floro. Quizás el pata solo quería sacarme la lengua. Como ya estaba aburrido y cansado, decidí irme. Estaba dando media vuelta hacia la puerta, cuando me choqué con alguien. Pedí disculpas y luego me quedé helado. Era el alumno homofóbico, quien trataba de cubrirse la cara con una gorra. Traté de recuperarme, y comencé a sonreírle con sarcasmo. Avancé a la puerta, pero alguien me topó el hombro. Me voltéé. "¿Tú qué haces aquí?". Era Arnold. En su mano había una lata de chela.



Era casi medianoche cuando Arnold y yo llegamos al gym. Entramos. Él se queda a dormir ahí cuidándolo. Nos sentamos en el escritorio. "¿En qué momento me comenzarás a agarrar a patadas?", le pregunté sonriendo. "Nada, pata, sabes que nunca haría éso", me dijo arrochado. "Entonces, no quieres que te vean menos machito", le solté. Se quedó callado varios segundos. "Tú sabes cómo es la vaina acá", se justificó al fin. "¿Cuál vaina?", le pregunté otra vez. "Si saben que eres gay o que simpatizas con los gays aunque no lo seas, te marcan, huevón", volvió a justificarse. "O sea, ya estás marcado porque yo soy gay", le afirmé. No me dijo nada. Se levantó de la mesa, abrió un armario, sacó una colchoneta y unos trapos que supuse eran las cobijas, extendió todo sobre el suelo y prendió su celular. Puso un reggaetón, y se puso a bailar sensualmente mirándome. Mientras lo hacía, comenzó a desvestirse completo, completo, completo, hasta mostrarme su cuerpo de dios griego lampiño por todas partes, con el vello púbico bien rasurado. Se dio la vuelta y me movió el culo. Yo estaba a mil. Se dio vuelta de nuevo, me extendió la mano y me llevó a bailar con él. Mientras bailábamos, me fue quitando la ropa hasta dejarme calato, calato, calato. Me besó en la boca y me acarició. Pegamos nuestros paquetes. Se nos pararon las vergas.


Al poco rato, estábamos acostados sobre la colchoneta, rozándonos y besándonos. Le recorrí los pectorales, el abdomen de tabla de lavar, su pene erecto que no pasaba de los 14 cm, sus bolas. Luego, le chupé su miembro. Él comenzó a gemir y a pedir más. Levantó sus piernas al aire. "Chúpame el culo", me pidió. Le proyecté más las piernas y metí mi cara entre sus dos nalgas duras. Le hice un rico beso negro. Gemía más fuerte. Luego bajó las piernas, me volvía a ofrecer su pene, y entendí que era su turno. Me acosté a su lado, boca arriba y repitió todo lo que yo le hice, en especial chuparme mis 15 cm de pinga, gruesa y venuda, luego hundirse en mis nalgas para sopearme el ano. Yo estaba en éxtasis. Entonces se arrodilló, me tomó las piernas con fuerza, me puso su pene en la entrada de mi culo y me lo fue metiendo poco a poco. Me cachó rico, con cariño, con pasión. Duró como media hora. Me preñó mi ano. entonces me la chupó y las di en su boca.



Me quedé a descansar ahí junto a él, desnudos. Como no tenía clase a la mañana siguiente, no tenía la preocupación de acostarme temprano. No sé cómo haría él. A las 5 de la mañana sonó mi celu. Era mi vieja, preocupada. Le dije que estaba bien, que me había quedado en una fiesta y en vez de irme de madrugada, me quedé a dormir ahí. Juzgué que era el mejor momento para irme. Me duché en el gym, me vestí y le pedí a Arnold que me abriera la puerta... ya me había abierto el culo, jaja. Él se puso una bermuda y salió a abrirme.



el lunes siguiente, al terminar mi clase, nuevamente estaban Arnold y el alumno que había descubierto en el bar de ambiente. Mi amigo me saludó normal, y esta vez sin ningún comentario contra los gays. El otro pata no sabía dónde meterse. "Bueno, me regreso a casa", dije, "no vaya a ser que me agarren a patadas". Arnold sonrió. El otro pata mejor se fue a otro sitio. Estaba avanzando hacia la puerta cuando sentí una palmadita en mi nalga. Me volteé palteado. Era Arnold. "Ya no lo jodas", me pidió. "OK", le dije. "Ojalá cachemos otra vez", me dijo. "Claro, cuando quieras, le guiñé mi ojo. Salí del gym con una sonrisa de oreja a oreja.

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domingo, 3 de abril de 2022

ASS (22): Cuando tu profe te contrata pa' que te lo caches

Tras un show porno, Alejo se lleva una inesperada sorpresa.

 


Cuando la noche del viernes acaba y comienza la madrugada del sábado, un grupo de cinco chicos se bañan desnudos en la piscina de la casa de enrique. El agua está temperada, así que si bien en el resto de la ciudad corre viento frío, adentro del agua, la cosa se mantiene de tibia a fresca. Alguno sale al bar que allí se dispuso y en el que enrique está desplegando su otro talento: bartending.

“en un momento tengo listo tu trago”.

Enrique lo prepara y lo sirve. El chico, delgado, se apoya en la mesa viendo la única prenda que el bartender está luciendo esa noche: un bóxer rojo opaco de adelante pero transparente de las nalgas. Y enrique tiene un generoso par de nalgas. Sorpresivamente, entra Alejo vestido de la misma manera y de frente se para frente a Enrique:

“Oe, ¿por qué me quitaste mi chamba?”, le reclama.

“¿De qué chamba me hablas? ¿Acaso tú llegaste a tiempo para dedicarte a tu… chamba?”

Para sorpresa de todos, Alejo da empellones a enrique y lo lleva hasta el otro lado de la piscina. Los ocupantes quedan desconcertados. Los dos patas vestidos con la misma sexy lencería se agarran a pelear allí delante de todos, y en una maniobra de Alejo, ambos caen a la piscina. Enrique trata de llegar al borde pero su oponente trata de halarlo al agua, y en el forcejeo, le termina quitando el bóxer. Al quedarse oficialmente desnudo, enrique da media vuelta e inicia la lucha dentro del agua. Los otros invitados se acercan a separarlos. Ambos púgiles se dejan controlar (y de paso manosear) por los otros bañistas.

“¿Sabes cómo resolvemos esto?”, ddesafía Enrique. “Con un duelo”.

“Acepto el duelo”, responde Alejo.

Ambos salen de la piscina pidiendo antes que el resto no intervenga y que se mantenga tranquilo porque será el jurado.

“Pero yo ya estoy encuerado y tú no”, observa Enrique.

“No me paltea ccalatearme”, responde Alejo, y en el acto se saca el bóxer.

Ambos se juntan e inician combate cuerpo a cuerpo; pero ante los ojos de los otros cinco en la piscina, algo raro pasa con esa lucha, porque poco a poco, las bocas de ambos contrincantes se buscan hasta besarse profundamente. Tras algún rato, al separar sus cuerpos, sus vergas, cada uno bien dotado con 18 centímetros, están bien al palo. Encima tienen hermosos culos. Allí mismo comienzan una guerra de espadas.

La concurrencia entiende, entonces, que todo es un montaje, pero un montaje erótico. Alejo hace una llave y Enrique gira dándole la espalda, lo que permite rrestregar su pene erecto entre las nalgas del anfitrión.

“Te he vencido”, le dice.

“Tienes razón… acepto la derrota”.

“Ponte de rodillas”.

Enrique se hinca ante Alejo y comienza a chuparle el pene y lamerle las bolas. Debajo del agua, algunas erecciones entre los concurrentes comienzan a manifestarse. Alguno aprovecha y toca el miembro del compañero y comienza a pajearlo.

En el borde, tras mamarla por buen rato, enrique se voltea y Alejo se agacha para inclinarse, abrirle las nalgas y aplicarle un buen beso negro. Enrique gime y jadea extasiado. Bajo el agua, ya no hay mucha inhibición: es evidente que al menos dos parejas de patas se están pajeando.

Aprovechando la postura de enrique, Alejo escupe entre las nalgas  y comienza a meter su pene erecto. Cuando logra introducirlo todo, comienza a mecerse vigorosamente. Ambos machos siguen gimiendo y jadeando. Adentro del agua, una de las parejas se anima también a practicar sexo anal mientras los otros cuatro miran, se pajean, o se besan.

Tras veinte minutos de espectáculo, Alejo saca su pene, lo pajea y dispara su semen en la nalga de enrique más visible ante su público. A su vez, Enrique se pone de pie frente a Alejo, se la pajea también y le eyacula entre los dos grandes y lampiños pectorales. Por fin, ambos se ponen de pie, se besan en la boca nuevamente y hacen una venia al respetable que aplaude:

“Feliz aniversario”, saludan a los dos que están en pleno coito aún en la piscina.

Alejo y enrique van a ducharse al segundo piso de la residencia.

“Solo espero que ese pasivo esté limpio de la panza, si no, mañana tendré que cambiar el agua”, reclama el dueño de casa. “Por cierto, cabrón, tu idea de la performance estuvo cañón”.

“Como que ya salíamos de lo mismo del baile y del calateo, ¿no?”

“¿Te quedas a pasar la noche?”

“No, enrique. Me prestaron la moto y tengo que devolverla”.

“Con tu exclusividad deberías pensar en comprarte una moto”, sonríe el anfitrión.

Enrique baja rápidamente a la piscina vistiendo un bóxer blanco convencional.

“Si desean, tengo un cuarto”, avisa a la pareja de enamorados quienes siguen abrazados.

“Ya lo preñé hace rato”, sonríe el que está detrás.

Cuando Enrique regresa a la barra pensando que definitivamente el resto de ese sábado se la pasará desaguando, llenando y desinfectando la piscina, uno de los invitados emerge.

“¿Y el otro chico?”, pregunta dándole alcance.

“¿por qué?”

“¡Da servicios?”

Enrique casi choca con Alejo cuando éste baja lasescaleras.

“Te tengo un cliente”.

Alejo se lo piensa.

Diez minutos después, el invitado que preguntó por el escort abre la puerta de uno de los dormitorios. Al entrar, Alejo lo espera tapado en la cama.

“Ponle seguro”, pide el gigoló.

Cuando la puerta está cerrada y asegurada, Alejo se destapa: está calato, y su pinga está más dormida que erecta. El invitado, ahora convertido en su cliente, se acuesta a su lado. Alejo lo abraza y lo besa en la boca:

“Prepárate para gozar”, le anuncia.

Tras un poco de caricias románticas, Alejo se pone bajo el hombre, de unos 35 años, y deja que vaya hasta su pinga para chupársela:

“Los huevos también”, indica.

Con sus 18 centímetros duros y autolubricando, lo siguiente será forrarse con un condón y meterle del otro lubricante, el de base de agua:

“Siéntate y cabalga”.

El cliente sigue las instrucciones y lentamente se sienta sobre la gorda vara de carne hasta que su ano la engulle toda. Comienza a rebotar.

“Cáchame, Alejandro, cáchame así”, gime de dolor el hombre llegando al éxtasis.

El escort se extraña de que lo llamen por su nombre real, pero trata de restarle importancia y gira con su cliente hasta meterle verga haciendo un piernas al hombro. El cliente comienza a pajearse hasta  que no aguanta más y eyacula en su propio vientre, lo que estrecha su recto y es la señal para que Alejo cese la penetración.

“Pensé que harías carrera en el Ejército”, le dice el hombre.

“Alejo se extraña.

“¿No te acuerdas de mí?”

“No, la verdad”, sonríe el escort para no generar conexión y porque realmente no lo recuerda.

“Fui tu profesor reemplazante de Literatura en la secundaria. No te reconocí por el corte de pelo y los músculos, pero ese timbre de voz y esos ojos…”

“¿Quieres que te devuelva tu plata o…?”

“No, Alejandro. No es eso. Solo que no pensé encontrarte aquí y así. Más bien, si quieres puedo conseguirte trabajo, digamos, no sé… Ahora estoy a cargo de una oficina en educación, aquí en la Regional y…”

”Gracias. Yo te aviso”, contesta secamente el escort, levantándose de la cama. “Puedes ducharte aquí”, le señala la puerta del baño.

“¿Dije algo malo?”

Alejo toma aire y disimulando su incomodidad todo lo que puede:

“Creo que me confundes. Yo soy Santiago. Y, claro, siempre que sea para cachar, nos podemos ver. Espero lo hayas disfrutado”.

Así, calato, Alejo deja la habitación y deja a su cliente totalmente desconcertado.

                Y para terminar,mira una porno aquí. 

domingo, 28 de noviembre de 2021

ASS (05): Sexo entre legionarios

Alejo y Flavio posan desnudos como luchadores y terminan cachando frente a cámara.


 

 Justo antes de las 11:00 de ese domingo por la mañana, Enrique acomoda una especie de alfombra acolchada ploma al lado de la piscina y teniendo como fondo la pared poblada de arbustos que forma una especie de segundo tapiz. En el umbral de la mampara que conecta al patio trasero, Alejo termina de acomodarse un casco de utilería, parecido al de los legionarios romanos; Flavio, a su lado, se repasa el óleo sobre su cuerpo.

“enrique la chupa rico”, le arma conversación.

“¿Qué tal la chupas tú?”

Flavio sonríe y entrega un frasquito a Alejo.

“échate el óleo”.

Flavio se coloca el casco y se calza unas sandalias de tiras hechas a propósito de la sesión.

“Ya saben en qué consiste la acción, ¿no?”, se les aproxima Willy. “Vamos a interpretar una pelea cuerpo a cuerpo. La idea no es que se agarren a golpes sino que sus rostros y sus músculos muestren una gran expresividad”.

“Yo no sé defensa personal”, aclara Flavio.

“Pero yo sí”, indica Alejo.

“Genial, entonces tú lo guías”.

Los modelos no tienen nada más sobre el cuerpo excepto los cascos y las sandalias. Están desnudos. Ambos se colocan sobre la alfombra frente a frente.

“¿Listos?”, consulta Willy.

Ambos modelos confirman. Comienzan tomándose de las manos y tratando de empujarse mutuamente poniendo el pecho como ariete. Sus brazos, espalda, culo y piernas se tensan.

Willy se quita rápidamente la ropa y se mete a la piscina totalmente desnudo con tal de tener mejores ángulos.

“Comiencen con las llaves”, indica.

Alejo se coloca tras de Flavio y le inmoviliza los brazos haciendo que éste segundo luzca mejor sus pectorales y bíceps. Es inevitable que el pubis de alejo roce las enormes y redondas (y firmes) nalgas de Flavio: su pene comienza a ponerse erecto.

Enrique graba todo con su celular desde el fondo del patio. Luego, Flavio se coloca detrás de Alejo, quien ya tiene su verga al palo.

“Sumisión”, indica Willy.

Flavio y Alejo se acuestan sobre la alfombra y se revuelcan sobre ella y uno encima del otro simulando la lucha cuerpo a cuerpo. Willy no pierde oportunidad para probar diferentes ángulos. Alejo sigue con el pene erecto y el de Flavio comienza a responder hasta ponerse duro: es cabezón, un poco como hongo, unos 15 centímetros quizás. Evidentemente, ambos chicos están excitados.

“Listo”, indica Willy. “Excelente”.

“Yo creo que falta”, se acerca enrique.

“No, ya está todo”, reitera Willy.

“Chicos, díganme la verdad: ¿están cachondos, no?”

“Yo sí”, se apura en responder Flavio.

“¿Cómo cachondos?”, duda Alejo.

“Arrechos”, aclara Willy.

“Miren, chavos”, propone enrique, “ya cada uno tiene asegurado sus mil soles por cabeza… Yo les propongo otros mil más y… cogen frente a cámara”.

Willy, que continúa calato, se sorprende.

“Yo acepto”, se apresura a decir Flavio otra vez.

Alejo se queda callado pero no de sorpresa: está haciendo matemáticas. en solo hora y media ya se ganó mil soles y sin hacer mayor esfuerzo que posar calato y con la verga parada, y encima jugar a la peleíta con Flavio. ¿Y ahora otros mil por cachar? Esos dos mil solo se los ganaría en 25 días de jornalero o en doce y medio manejando tractor… y jornada completa encima.

“Pero yo solo hago de activo”, avisa.

“Tu verga dentro de mi culo se verá mejor en las fotos que la mía dentro del tuyo”, sonríe Flavio, cuya pichula cabeza de hongo comienza a despertar otra vez.

“Y otros mil más a ti”, anuncia enrique a Willy.

en poquito más de cinco minutos, Alejo y Flavio ya se están besando en la boca. Las manos del primero bajan por la espalda hasta acariciar las nalgotas del segundo. Willy obtura y obtura.

“Date la vuelta, Flavio… bésale el cuello, Alex… no le dejes marca”, indica el fotógrafo, quien vuelve a meterse a la piscina para ganar mejor ángulo, en especial de todo el cuerpo de Flavio, quien debajo de su rasurado vello púbico, ya tiene su pene erecto. Desde el fondo, enrique graba todo con su celular: si no le sale un corto porno gay, al menos le saldrá un caliente making-off.

“Chúpasela, Flavio”.

El modelo se arrodilla sobre la alfombra y comienza a succionar los 18 centímetros de su compañero. Aunque debiera, no actúa; disfruta practicando sexo oral. Willy sigue tomando fotos, aunque en realidad el agua oculta su erección. Nada del otro mundo, unos 16 centímetros ni grueso ni delgado.

“¿Chupas culo, Alejo?”, consulta Willy.

“sí”, responde el chico con seguridad.

“Hazle un buen beso negro, entonces”.

Mientras los modelos toman posición, enrique camina a otro lado del patio para tener otro ángulo. Un enorme pene se marca bajo su bermuda.

Ya en cuatro, Alejo separa los dos enormes y firmes glúteos de Flavio y los chupa ruidosamente. El pasivo comienza a gemir:

“Así… méteme la lengua… qué rico… sigue”.

Willy sigue metido en la piscina tomando fotos. El agua fría no baja en absoluto su erección.

“¿Lo notas dilatado?”, consulta.

“Tengo lubricante”, avisa enrique acercándose del otro lado de la piscina. “¿Estás limpio, Flavio?”,

El modelo asiente con la cabeza mientras Alejo le examina el ano:

“Ya está dilatado”.

Enrique entrega el lubricante aAlejo quien se lo unta generosamente en su pene erecto y luego en el ano de Flavio. Enrique se aleja y vuelve a grabar con su celular.

“Métesela despacio”, instruye Willy.

Alejo comienza a introducir su pinga como le dicen. Flavio se queja de dolor pero respira hondo y ccorto y relaja su esfínter. En pocos segundos, la verga ya está metida dentro del agujero.

“Muévete despacio… no quiero que salga borroso”, pide Willy.

Alejo ccomienza a ccachar a Flavio de manera más pausada, y eso le recuerda la forma cómo cacha al Padre Alberto o a Pedro, y eso lo excita mucho.

Willy se deja de recatos, sale de la piscina a conseguir mejores ángulos para fotografiar la penetración y revela su pene al palo. Enrique también lo graba.

“Piernas al hombro, pero las piernas bien abiertas para verlo en la cámara”,pide el fotógrafo. “Pajéate, Flavio; quiero ver tu pene erecto”.

Continúan en la nueva pose. Alejo ha resultado ser una revelación porque hasta ese momento, ni señas de querer eyacular, algo que no pasa con su compañero de escena:

“No aguanto… me vengo”.

“Solo un par de minutos más”, pide Willy.

“Me vengo, ¡Me vengo!”

Flavio suelta todo su semen por su abdomen perfecto. Una ráfaga va hasta su pecho. Mientras tanto, su recto estrangula la pinga que tiene dentro.

“Pajéate, Alejo”, pide Willy.

El otro modelo saca su pene, lo masajea con cierta firmeza, se concentra en las sesiones de sexo de San Sebastián, las del cuartel, donde además de instrucción militar recibió instrucción sexual y suelta su leche sobre el cuerpo de Flavio.

El sol de casi mediodía comienza a enrojecer la piel de todos.

“Nos damos un regaderazo, chicos?”, invita Enrique…

Y para terminar,te dejamos con una porno.

domingo, 21 de noviembre de 2021

ASS (04): Muéstrame tu pinga erecta

Alejo posa en una sesión de fotos al desnudo y al palo.

 


A las 9:30 de ese domingo por la mañana, el atlético Alejo llega a una de las casas de Los Ejidos. Toca el timbre. Viste un polo, short y unas zapatillas de tela. El polo y el short disimulan mal el simétrico trabajo que las pesas han forjado en su cuerpo: espalda ancha, pectorales y brazos hinchados y formados, cintura estrechita, buen par de nalgas y buen paquete, grandes y formados muslos y ni qué hablar de sus pantorrillas. Hermoso ejemplar de varón en sus 22 años, quien además tiene un rostro muy agradable y un cabello negro ensortijado algo desordenado. Saca su celular del bolsillo delantero y comienza a escribir un mensaje cuando la puerta se abre y un hombre en sus 30 le sonríe.

“Pensé que ya no ibas a venir, cabrón”.

“Hay poca movilidad”.

Enrique le da la mano y lo invita a entrar. Tiene rostro agradable, ojos algo claros, un poco alto, y ese polo y esa bermuda que se puso esa mañana también disimula mal un físico típico de gimnasio. Cruzan el jardín que rodea una casa de dos pisos. 

Al ingresar a la amplia sala, en la escalera un hermoso y atlético chico, totalmente desnudo, lo ve llegar. Avanza un poco más y al pie de las gradas, un pata aparentemente flaco y formado, vestido con polo y buzola, manipula una cámara fotográfica profesional.

“Te presento a Willy”, le indica Enrique.

“Mucho gusto”, intercambian ambos.

“Y ese cuate allá arriba es el gran Flavio”.

Alejo le lanza un tímido hola que el modelo le responde con una amplia y seductora sonrisa.

“Acompáñame”, indica el anfitrión hastallevarlo a unos modulares donde hay unos papeles. “Tómalos y fírmalos con tu nombre y DNI. Uno es el contrato y el otro es la autorización de uso. ¿Sí tienes claro qqué vamos a hacer hoy, no?”

“Posar desnudo”, responde Alejo con mucha seguridad.

“Y mostrando la verga erecta”, agrega enrique.

“Sí, normal. ¿Tienes lapicero?”

“¿No vas a leerlo antes?”

“No vas a ratearte, ¿o sí? Ya me dijiste que las fotos son para México, ¡no?”

“Sí. Para una revista que publica desnudo masculino erótico”.

“Normal”, reitera Alejo, y firma.

“encuérate que voy a ponerte el óleo. Apenas Willy termine de trabajar con Flavio, comienza a trabajar contigo; luego con ambos”.

Alejo se quita el polo y las zapatillas. Ya descalzo, se para sobre la alfombra de la sala y se quita el sshort. Queda calato.

“Uff. Te ves más mamey que en las fotos que me mandaste, cabrón”, le comenta enrique.

El muchacho sonríe.

Enrique toma un frasco de un aceite oscuro y comienza a pasárselo por todo el cuerpo, desde la cara, luego el cuello, los pectorales, los brazos, los costados, el abdomen, la cintura.

“Voltéate. ¿entrenas duro, no?”

“Eso y el trabajo en la chacra”.

“Sí, me contaste”, menciona enrique, quien está untando toda la espalda y se arrodilla para hacer lo mismo con las nalgas. Entre ellas, asoma uno que otro vello.

“Me estás metiendo la mano al culo”, sonríe alejo medio en son de reclamo.

“Tranquilo, cabrón. No quiero que salgan zonas claras”.

Continúa con las piernas y pantorrillas.

“Voltéate”, pide.

Alejo gira, y ahora enrique le pasa el aceite por el pubis y la ingle incluyendo el pene y los testículos. El pene comienza a reaccionar y crecer.

“Te pones erecto de plano”.

Alejo sonríe.

Enrique termina de untarlo.

“Que se absorba un poco y te traigo el vestuario… debiste podarte un poco el arbusto”.

“No tengo tijera para los pendejos”.

“Ahora traigo una”, sonríe enrique.

“Necesito ayuda con el pene de Flavio”, llama Willy desde la escalera.

“Voy”, responde Enrique. “Ya vengo”, le dice a Alejo.

El anfitrión va hasta donde está el otro modelo, se arrodilla en una grada y evidentemente comienza a chuparle la pinga a Flavio, quien mira la escena, igual que Alejo, pero a la distancia. Su pinga también se pone dura y recta: 18 centímetros, gruesa, botando líquido preseminal ya en la punta.

Enrique saca un frasquito de su bolsillo y echa un líquido transparente, como gel, sobre el miembro de Flavio.

“espárcelo”.

Flavio distribuye el lubricante por su pene y reanuda la sesión de fotos. Enrique regresa donde Alejo, y se percata de su pene erecto.

“Chinga tu madre, cabrón. Qué buena verga tienes”.

Alejo sonríe y distribuye su líquido preseminal por toda su pieza a manera de lubricante.

Cuando Willy acaba la sesión con Flavio, el aceite ya se ha absorbido sobre la piel de Alejo dándole un tono bronceado uniforme y natural y Enrique ya le ha recortado el vello púbico para que se luzca mucho más su pinga y sus grandes bolas.

“Contigo vamos a trabajar en la columna que está en el jardín”, indica el fotógrafo, a la vez que apunta el dedo a una rara y solitaria decoración de mármol blanco de contorno acanalado.

Alejo camina y coloca en su marca; no se pone nervioso frente a la cámara. Ejecuta todas las poses que le piden. Su cuerpo hermoso no solo se luce bien en las fotos que aparecen chiquitas en el visor. También llama la atención de Enrique, y especialmente de Flavio.

”¿De dónde sacaste a ese churro?”

“De un rancho”.

“Qué rico”.

“enrique, ya sabes qué hacer”, pide Willy, quien está arrodillado sobre el piso del jardín al lado de la piscina y con la cámara en ristre.

“Si quieres lo hago yo”, murmura Flavio.

”Ya tendrás tu turno”, sonríe el anfitrión. “No me asustes al morro”.

Enrique va hasta donde Alejo se arrodilla y comienza a mamarle la verga hasta ponérsela dura. Repite la aplicación del lubricante. Con eso, Alejo tiene lo necesario para seguir haciendo la sesión con el pene erecto.

“No vayas a eyacular”, pide Willy.

“Demoro mucho”, presume Alejo.

“Qué bueno, peoncito”, susurra Flavio a la distancia, cuya pinga vuelve a ponerse al palo.

Y para terminar,te dejamos con una porno.