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jueves, 1 de diciembre de 2011

Pajéate sin traumas

Estás solo en tu cama, viendo una pela y de pronto tu actor favorito sale calato. Comienzas a fantasear, y sientes que el pájaro se te pone duro.
Hay dos opciones: esperar que se baje, o agarralo y darle cariño hasta que libere la tensión y se quede tranquilo.
Como pocos de nosotros logramos tener éxito en la primera, nos bajamos la ropa (si es que no estamos calatos también) y comenzamos a masturbarnos hasta que la leche sale disparada.
Por supuesto que contárselo a tus patas, ni cagando, porque o te dirían “pajero” o serías el hazmerreír por un buen tiempo.
Pero, ¿sabías que es más común de lo que parece?
Varios estudios muy serios dicen que los varones entre los 20 y los 40 años se la corren en promedio de 1 a 2 veces por semana. Algunos de ustedes que nos contaron esta experiencia confesaron que hasta 3, y al hilo.
“¿No estaré enfermo?”, nos dijo uno. Analicémoslo.
La masturbación (corrérsela, tirarse un pajazo) no es otra cosa que tener sexo, solos o acompañados, pero estimulando directamente los genitales, sea con la mano –que es la más conocida-, con un objeto, o con otro cuerpo.
Es el primer acto de descubrimiento sexual nacido en la adolescencia, y que nos acompañará de por vida.
Psicólogos y especialistas insisten en que masturbarse no es malo, siempre y cuando sea la única opción que tengamos, por ejemplo, si nos mandan a trabajar a un lugar donde no pasa ni mierda, entonces sí es una opción válida; pero, si la usamos como refugio por nuestra excesiva timidez o nuestra imposibilidad de relacionarnos con alguien, entonces sí que tenemos un problema a tratar.
Ahora que si es tu opción, es completamente respetable.
El machismo, que exige que se la metas a lo que sea (y éste sí que es un problema), nos ha llenado la cabeza de que nos podemos alocar, nos volveremos impotentes, nos quedaremos recontraflacos o hasta argumentos completamente cojudos y nada reales como que te saldrán pelos en las manos.
Lo que pasa es que los machistas viven con el trauma del poder y la reafirmación constante de la masculinidad que terminan diciendo cosas totalmente descabelladas. Esa gente requiere psiquiatra urgente, por cierto.
Agreguemos a las iglesias que diz´que es pecado, y la completa.

EXPERIENCIA PLACENTERA
La masturbación sin complejos es una experiencia tan alucinante como cachar con alguien. Requiere mucha creatividad y desacomplejamiento.
Lo mejor es hacerlo calatos sea en la cama o cuando vamos o nos estamos duchando.
La técnica varía de persona a persona pero lo común para que realmente te satisfaga es que debes estar arrecho, nadie debe interrumpirte y debes darte el tiempo que sea necesario para llegar a uno o varios orgasmos.
Si vas a usar la mano, deberías probar untártela con lubricante para que resbale mejor e ir variando velocidad. Especialmente cuando sientas que se te viene la leche, paras y reinicias, o te vacías sin roche.
Si lo haces sobándote contra algo u otro cuerpo, lo ideal es que lo que va a recibir tu miembro esté limpio. Si le das la velocidad conveniente, esta técnica es un excelente ejercicio para fortalecer abdominales y trasero (especialmente si abres un poco las piernas). No te dará volumen, sólo más flexibilidad debido al movimiento de la cadera.
Masturbarse con otra persona o dejar que ésta te masturbe es también una experiencia un poco más sofisticada, que no es mala idea experimentar. Como decíamos en otro artículo, el sexo sin penetración requiere cierta experiencia, pero si lo llegas a dominar, la pasarás de la puta madre.
Si no es con otro, sino con dos más, o tres o cuatro… OK.
Masturbarse frente a otros patas en el cine o el sauna es una buena manera de decir que quieres sexo, si es que realmente lo quieres.
Si no quieres dejar evidencias (léase manchas de semen) por ahí, usa un condón.
Ojo que quienes entrenan, como mejoran sus secreciones hormonales, sentirán más a menudo este deseo de corrérsela. Es natural, no te asustes, y mas bien, procede.
Algunos se masturban acariciándose el cuerpo o hasta metiéndose el dedo al culo. Eso está OK siempre que tengas cuidado en no herirte la piel, pero autoerotizarse es una buena técnica también.
Pajearse por teléfono es legítimo, pero recuerda que la otra persona simplemente podría estar actuando. Si lo haces por Webcams, ten cuidado de con quién lo haces, pues podrían estarte grabando. Jamás aceptes masturbarte frente a un menor de edad o aceptar una invitación para verlo masturbarse.
Ah, y no hagas como Elvis Crespo, pajéate en privado, salvo que sea parte de tu espectáculo en algún centro de diversión para adultos.
Entonces, ¿la tienes parada? ¿quieres corrértela? ¡Genial! ¿Te acompañamos?

¿Preguntas? Hunks.piura@gmail.com o déjanos tu comentario.

jueves, 13 de febrero de 2020

Ningún caramelo sabe mejor que mi mejor amigo

   ¿Cuándo mi mejor amigo se convirtió en uno de mis objetos sexuales? No sé si desde la primera vez cuando lo conocí hace unos seis años. Casi de inmediato me comenzó a gustar todo de él, y conforme han pasado los meses, y el tiempo nos ha comenzado a maltratar tanto como  hemos entrado o vamos rumbo a los cuarenta, muchas cosas suyas me gustan, desde lo intelectual hasta lo físico, aunque intelectualmente no es Platón pero tiene muchos menos traumas, ni aunque físicamente sea un Bob Paris aunque abiertamente haya defendido al colectivo gay y salir casi sin rasguños.


Y en ese caso, no sé si también me gusta el hecho de que aunque siempre se ha definido como heterosexual, nunca ha cerrado la puerta a las experiencias homosexuales (que no le signifiquen sentir dolor, como que le metan el pene por el culo), algo que otros hombres, especialmente quienes ya cruzaron la línea cuando el alcohol les ha jugado malas pasadas, jamás de los jamases darían por probable aunque hace rato ya fue posible.


Lo que sí tengo claro es que en nuestro caso, lo sexual puede ser muy carnal en lo teórico, pero en la práctica, está altamente cargado de simbolismos enmarcados por  el cariño o la lealtad que nos profesamos. Sin embargo, ¿desde cuándo la probabilidad de un acercamiento sexual comenzó a transformarse en posibilidad? Yo diría desde los pocos meses después de conocernos, cuando él tenía un juego que externamente me daba terror porque podríamos terminar desplomados en el suelo, pero que internamente me encantaba mucho. 

Aprovechando que soy más bajo que él en estatura, me levantaba en peso pegándome a su cuerpo por unos segundos. Aparte de terminar como dos sacos de papas en el piso, mi otro temor es que alguien subiera (porque siempre sucedía en el segundo piso de mi casa, donde acostumbro estar solo) y viera la escena. ¿qué habríamos dicho? ¿Una nueva forma de pesar a la persona? ¡Qué ingenuo!


En una ocasión, una de esas cargadas terminó con él dejándome echado sobre el sofá de mi sala, con su cuerpo casi encima del mío y nuestras caras muy cerca. ¿Robarle un beso? Me hubiese gustado, pero estaba lidiando con la impresión, porque siempre era todo repentino, y su reacción. Eventualmente me dijo que era un juego, y a veces ahora lo repetimos aunque con una connotación mucho más erótica. ¿Lo del beso? Por lo menos yo, es una probabilidad que no descarto: él sabe bien que para mí, el beso es el prólogo y letra capital de cualquier encuentro sexual, aunque, claro, depende mucho de quién te lo dé, cómo te lo dé y por qué te lo da.


Si bien solemos hablar de sexo más a un nivel puramente teórico, casi enciclopédico, ha sido apenas en los últimos tres o cuatro años cuando hemos comenzado a hablar de qué pasaría si ambos se nos ocurriera ir a la cama no en plan descanso, como ya había pasado antes, sino a tirar. Siempre hemos evadido la escena con bromas y hasta yo llegué a decirle que lo más que pasaría es que terminemos desnudos chismeando de todo el mundo o haciendo chistes de las cosas  más estúpidas solo como para no hacer brumosa la atmósfera del momento. Mas, como ambos decimos, nunca hay que decir nunca.


Una vez que salimos de viaje, yo me sentí mal por algo que comí y que me hizo mala interacción con una medicina. Parecía tener fiebre, así que me quité la ropa y me acosté en la cama. Él insistía que quería salir a bailar, pero honestamente yo no tenía ánimos, así que asumo pensó que me hacía el enfermo porque, súbitamente, sentí todo su peso encima de mi cuerpo. ¡No jodas! Intenté abrazarlo pero me dijo que no porque tenía una máquina deafeitar y podía cortarme accidentalmente. Se levantó y se metió al baño. Estaba en calzoncillo.


Cierta tarde que vino de hacer unos papeleos, se sentó conmigo a conversar en el mueble, y por joderlo comencé a palmearle la espalda baja burlándome de un polo chiquito que se había puesto. Cuando se sentaba y se inclinaba hacia adelante, el polo se le recogía y revelaba su lampiña y tersa –porque tiene una piel tersa—zona lumbar. Entonces noté algo inusual: donde debía estar la pretina de su ropa interior, no había nada. Se lo observé y me admitió lo increiblemente cachondo: no llevaba ninguna.


Por joder, comencé a darle manacitos en la cadera, la espalda baja y amenazaba con meter mi mano dentro de su jean apretado, como suele usarlos. Cuando se despidió, como siempre por iniciativa mía, solemos abrazarnos. Mientras me pegaba a su cuerpo, se me ocurrió darle una nalgada. Él me lo reclamó sin agresividad, pero hizo algo que a mí me sorprendió y excitó al mismo tiempo: tomó mis manos, se las metió dentro de la pretina de su pantalón e hizo que le acariciara sus nalgas.


¡No jodas! No es el culo formado de algún chico de gimnasio, como los que he tenido suerte de ver o tocar; es mas bien redondito, suave, lampiño en principio. Casi jadeando, tuve mis manos ahí. Él se sonreía pendejamente, no sé si por su acción o por mi cara de arrecho.


Yo, de puro pendejo, saqué una de mis manos y le toqué la braguetta. Él entonces se aflojó un poco el pantalón e hizo que le tocara su pene. Estaba más flácido que erecto. Claro que en ese momento asumí que ése era su tamaño mínimo ya que no tenía más referencias sobre él, excepto por su testimonio verbal y lo que una vez pude sentir cuando ocurrían las cargadas.


Por lo menos, en ese momento, lo asumimos como otro jueguito, aunque luego, entre broma y serio, me dijo por chat que yo era un aprovechado. Momento, le dije. Yo admito que estaba jodiendo, pero quien me metió las manos dentro de su ropa fue él por decisión propia. Y aunque el asunto pasó por alto, lo que yo comencé a temer es que él comenzara a alejarse, más aún sabiendo que lo que no tiene en físico, le sobra en coquetería y seducción. Ahí lo dejo.





Las cosas siguieron mejorando entre ambos, como amigos quiero decir, hasta que fuimos de campamento y entre las cervezas y el vino que nos tomamos, decidimos darnos un baño en la quebrada que corría al lado nuestro. Como era medianoche, por seguridad, nadé abrazado junto a él. Y como era medianoche, nos bañamos desnudos. Por un momento, nadar rozando su cadera desnuda con la mía, o anclando mis piernas con las suyas mientras por ratos sentía su pene fue una experiencia por demás alucinante.


Al año siguiente, justo el pasado, mientras lo ayudaba a hacer unas tareas en mi computadora, decidimos tomar un receso y terminamos en un portal de videos porno. Le pasé los datos de unas películas antiguas, y le comencé a contar cómo era el asunto del cine porno, cómo son los códigos de comportamiento y toda la nota. Le expliqué cómo los patas comenzaban a tocarte la pinga, y eventualmente terminé tocándole la suya, pero encima de su ropa. Entonces me di cuenta que a cada intento, su miembro crecía y se ponía rígido más y más, hasta que erectó por completo. No aguanté. Casi sin su autorización, y subrayo el casi, metí mi mano y pude tocar ese pedazo de carne, ni grandote ni insignificante. Me recuerda mucho al mío en dimensiones.


Desde entonces, los tocamientos entre debidos e indebidos se fueron repitiendo más de mi parte, lo acepto. Él siempre trató de limitarme, de no ir más allá. Acepté jugar con sus reglas, pero en algún momento del partido lograba avanzar usando las mías.


Una noche que vino de estudiar, estábamos comiendo unos dulces y por casualidad unos rodaron detrás de mi espalda, en el sofá en el que estábamos sentados viendo televisión. Mi amigo, con una agilidad felina, se puso de pie, se sentó en mis muslos y prácticamente me abrazó. ¡Dios mío! ¡Eso no podía ser cierto! ¿Era lo que pensaba que era? Puso sus dos manos en mi espalda baja, y luego regresó a sentarse en su lugar: había rescatado los dulces que yo había protegido con mi cuerpo. Bueno, definitivamente parecía ser amor al chicharrón.


Otra noche después de Navidad, prácticamente terminamos sentados frente a frente haciendo una postura de sexo tántrico en la escalera externa de mi casa. Como hay rejas gruesas, y está algo oscuro, no nos palteó mucho si alguien veía desde la calle.



Una tarde que nos dejaron solos en casa y él estaba buscando unos documentos en mi máquina, nos pusimos a tomar agua y revisar el lugar. Nos metimos a uno de los cuartos y se sentó a mi lado en la cama. Como es verano, vino con short. Se acostó. Mientras hablábamos, me acosté a su lado y puse mi cabeza en su pecho, que por cierto, sin hacer tanto ejercicio lo tiene formadito. Hubiese deseado que se me acostara encima, pero no sé cómo terminé poniendo sus dos piernas sobre las mías. Me preguntó por qué hice eso y mas bien le pregunté si le incomodaba; me dijo que no. No sé cómo, la vaina es que luego yo terminé simulando un piernas al hombro sobre esa cama, ambos con ropa, con él empujando mi cabeza como para que le chupara el pene mientras simulaba meterle el mío.  Yo no erecté en ese momento, pero juraría que cuando él me dijo que parara porque le dolían sus pantorrillas, le toqué el paquete: estaba duro.


Luego, volvió a mi máquina y cuando estaba sentado, simulamos que yo se la chupaba. A propósito, choqué mi cara contra su miembro, bueno, contra la tela de su shortt en todo caso.


Otra tarde que vino a pasar el tiempo,, estábamos en la azotea. Como hay un muro de seguridad, mientras probábamos un equipo y él se hacía una selfie, me arrodillé detrás suyo, y rocé mi cara con el medio de sus dos nalgas luego de un intento frustrado de simular una fellatio. No me aguanté, y antes de irse, le besé su pene, siempre protegido con su ropa, tras una sesión de “acaríciame mis piernas”, que a mi opinión parecen de futbolista esporádico, ya saben, ni tan masivo que cada músculo necesite dos manos para ser acariciado, ni tan pequeño que todo se pierda en una sola superficie.





Lo último que pasó ayer simplemente sobrepasó incluso mis propias fantasías con él, en las que estamos abrazados y desnudos bajo una fina sábana mientras nos rozamos y besamos, pero no llegamos a más.


Como siempre, vino por la tarde a ver unos formatos. Honestamente yo traté de controlarme, traté de distraerme hablando de cosas que son más útiles y que sí nos importan, pero entre puñetitos y palmaditas, no pude. Entonces, él se despidió. Nos pusimos de pie, y lo abracé como suelo hacer, aunque deliberadamente traté de que nuestros penes se juntaran. Estaban flácidos. Él me observó que ese rroce lo hacía sentir raro, no mal pero raro. Entonces de pronto me preguntó cómo era una guerra de espadas, y comenzó a menear su cadera: nuestros paquetes estaban golpeándose con cierto cuidado. Pero como yo soy más bajo que él, como que no sentía el punto de contacto justo en el propio miembro, hasta que graciosamente se agachó un poco y comenzó a hacerlo. Me excité. Y como yo estaba sin ropa interior, ya pues, se me notó.


No sé por qué me separé de él, pero cuando regresé, se había bajado su short y calzoncillo hasta medio muslo… aguanta… yo me bajé mi bermuda, e intenté reahcer la guerra de espadas, pero él no me permitió. A cambio, dejó sus nalgas al descubierto, e hizo que se las acariciara. Me apoyé en su cuerpo y aprovechando que ya estaba oscuro, comencé a hacerlo en círculos con las yemas de mis dedos, pero con una torpeza única, como si estuviese acariciando un material demasiado delicado, no con rudeza, no con seguridad. Fue la primera vez que me percaté que en la base de sus dos glúteos, es apenas velludito.


Estuvimos así unos segundos, y luego se levantó el short.
“¿Sigues erecto?”, curioseó al sentir mi entrepierna en su muslo.
“No, ya no”. Efectivamente, se me había bajado un poco.


Otra despedida. Volvió a bajarse el short y pedir que le acaricie las nalgas. Volví a hacerlo con menos inseguridad pero con un temor subyacente, ya saben, ¿estaré haciendo lo correcto o estaré cagando una relación hermosa de amistad? Aunque, por otro lado, era ahora o nunca. Me arrodillé, me puse tras suyo, le dije que confiara en mí, y comencé primero a besarle las nalgas y casi en medio de ellas, donde se le concentra más vello; entonces, se las mordisqueé.
Me moría por lamérselas, por empezar en una, seguir en otra, ir por el medio de su raja. Llegar a su ano. Otros chicos me han dicho que hago buenos besos negros. ¿Cómo habría reaccionado mi amigo? ¿Se habría excitado, como lo estaba mientras le besaba sus dos cachetes traseros y le tocaba su pene? El problema era que la posición cómo se había parado, yo no podía hacer mucho.


Si él estaba sorprendido, yo estaba alucinando. Se levantó el short y me puse de pie. Volví a abrazarlo juntando nuestros paquetes suaves.
“Te haré una pregunta y quiero que seas bien sincero conmigo”, me emplazó. “¿Llegarías a tener sexo con tu amigo?”
“Solo si mi amigo me lo pide”, le respondí.
Sonrió.
“Eres un aprovechado”, me reclamó amistosamente. “Yo te dejo acariciar mis nalgas y tú te pasas: si te doy el caramelo, no quieras comerte toda la torta”.


Un chorro de lucidez llegó a mi cabeza, y comprendí el asunto de respetar las reglas, porque hasta en el juego sexual, por el puro hecho de ser juego, hay reglas.
“Te prometo que si me das el caramelo, solo me comeré el caramelo”.
“está bien”, volvió a sonreírse. Nos abrazamos. De nuevo, otra despedida.


Súbitamente, me tomó por los dorsales, me abrió de piernas y simuló tirar conmigo de pie, con gemiditos incluídos. Yo comencé a jadear. ¡Dios! Eso estaba mejor que mis fantasías. Imagínense si hubiésemos estado desnudos y él con su pene erecto. ¡Qué rico hubiese sido sentir cómo me lo metía por mi culo! ¿Qué no habría hecho yo?
“¿Qué viene luego?”, sonrió. “Ser esposos?”
“No quiero ser tu esposo”, respondí divertido… aunque… no sé si realmente sea buena idea si bien suena lógico, pero quién sabe porque nadie ha regresado del futuro para decir qué tal es.


Estuvimos abrazados, filosofando a pene pegado un ratito, y volvió a bajarse el short. Yo sentí que donde estábamos era incómodo, así que lo jalé a una pared de la sala y ahí seguimos. Como que él perdió el ritmo, pero luego hice que se apoyara en mi cuerpo, y le acaricié el culo con un poquito más de lascivia, aunque no toda la que hubiese querido. Aproveché para besarle el cuello con sumo cuidado de no dejarle marca alguna: no solo me excitaba el morbo de estar haciendo todo eso con mi mejor amigo, sino el hecho de que, al margen de la incomodidad del momento, la confianza que tenía en su propio cuerpo lo pintaba como un gran amante, uno de ésos a quien no le importa rol, orientación o lo que fuera excepto sentir, ¡y qué rico se sentía!
. Volví a jadear. Esta vez no me conformé solo con el glúteo, exploré por encima de su raja y honestamente me quedé con ganas de separárselas y jugar con su ano a ver qué pasaba; no meterle el dedo porque eso es recontraincómodo, sino masajeárselo, dilatarlo, jugar.


Luego, él me llevó mis manos hacia adelante, se bajó del todo el short y por primera vez desde que lo conozco, me pidió masturbarlo. Le acaricié las bolas, parte del vello púbico que, como nunca, se lo había dejado crecer, pero no logré que se le parara porque de pronto le entraron dos llamadas importantes. Y realmente sí que lo eran. Como que eso ya rompió la atmósfera, aunque me quedé con las ganas de volver a sentir ese rico pene erecto, recto, perfecto, y llevarlo hasta el punto de un casi orgasmo tras lo que dejaría que se le bajara y masturbarlo suavemente aprovechando el montón de líquido preseminal que emana; o quien sabe, llevarlo hasta un final feliz y probar su semen, un fetiche que a él le encanta, porque hasta de cuál es el método más adecuado para mamárselo a él, hemos hablado varias veces. Ojalá haya el momento y el espacio suficientes para hacer un taller personalizado intensivo.


. Volvimos a despedirnos, y esta vez sí fue la definitiva.
Cuando llegamos a la calle, me dijo que le encantaría ver la experiencia en una historia escrita pero no lo tomé en serio hasta que hoy volvió a insistírmelo por chat. Dice que quiere analizar las cosas desde mi experiencia, y honestamente (como sé que también leerá esto), lo que tengo que decir es que, quizás no es lo que la pornografía te muestra como una secuencia predecible de excitación-erección-eyaculación, pero el truco en estos casos es no esperar nada más que vivir el momento, la experiencia, la oportunidad, la complicidad, entender ese adagio que ambos compartimos: el sexo es otra forma de comunicación eficaz entre dos personas que, al menos, se simpatizan, y donde lo impredecible siempre será lo óptimo.


Claro que en su nomenclatura, a esto le llamó “experimentación”; pero como yo le dije, lo mejor será no etiquetar nada, y en todo caso quedarnos con el solo hecho, la sola experiencia.





¿Repetirlo? Pues… sí, ¿por qué no? No sé si de nuevo aquí, o esta vez en otra parte; pero creo que con más tiempo y menos tensión. Y definitivamente con más tiempo y menos ropa o sin ella, porque esa piel sí amerita recorrerla con manos, lengua, crema, con lo que sea. Aunque, claro, todo dependerá de que ambos así lo queramos. Por lo menos, hay algo que podría jugar a nuestro favor: mi amigo me confesó que tras esta última experiencia, definitivamente ya no puede etiquetarse como puramente heterosexual. A mí no me importa eso. A mí me importa que nos sintamos libres, plenos y sin culpa si comenzácemos a hacer el amor con todas las de la ley.


Por lo menos en mi nueva fantasía tras lo de ayer, hay muchos más recursos que el simple abrazo, beso en la boca o el roce genital; hay todo un repertorio sexual que me encantaría ambos interpretemos a discreción.


Si no llegara a pasar, permanece la amistad, y todo lo que allí he conseguido junto a él, nunca lo pondré ni en hipoteca ni en subasta. Me costó cada hora y cada día construir algo hermoso, y eso está fuera de cualquier discusión.

domingo, 5 de febrero de 2012

SOT-2012-006: Un reencuentro fugaz y caliente

¿Recuerdan cuando les conté sobre mi experiencia sexual con el atleta que iba a correr por mi casa, o que animé a correr por mi casa? Bueno, me lo encontré la otra noche cuando regresaba de trabajar, y aprovechando que mi familia se fue de viaje por unos días, y me dejaron solito, bueno... mejor se los detallo.

21:02
De´pués de pasarme toda la tarde tomando cerveza con mis colegas en una dependencia, decidí irme a casa, no tan mareado, pero sí muy estimulado.
En la combi de regreso, coincidí con el atleta joven. Venía de hacer unas gestiones, y como el sitio del costado estaba libre, le dije que viajara conmigo.
En el trayecto, lo convencí de que viniera un rato a mi casa antes de pasar a la suya. También le rozaba mi muslo al suyo para excitarlo.
No lo veía desde aquella vez cuando fue a mi casa a primera hora de la mañana.

21:25
llegamos al paradero que hay cerca de mi casa, y nos fuimos los dos caminando.

21:38
Llegamos a la casa. Cerré la puerta, lo tomé de la mano y lo guié hasta mi cama.
Allí, con mi aliento a licor, lo besé en la boca, mientras le quitaba la ropa. Él también hizo lo mismo: polo, jean, ropa interior...
Me acosté sobre el borde de la cama, con los pies al suelo mientras él comenzaba a recorrerme el cuerpo con sus besos. Se detuvo buen tiempo en mis tetillas. Nuestros penes estaban bien erectos.
siguió bajando, y se detuvo otro rato en mi ombligo hasta que llegó a mi glande, y debido al tamaño de mi miembro, mientras me lo succionaba, con la mano me masturbaba la parte que aún quedaba libre, al mismo estilo de las películas pornográficas.
Me hizo sexo oral por varios minutos, hasta que le pedí que me chupara los testículos, a lo que él accedió.
Primero me tomó uno con su boca, luego el otro, y luego ambos.
Estaba muy excitado, tanto que le pedí que siguiera bajando.
Entonces, levanté mis piernas, y le ofrecí mi ano para que me lo lamiera.
No hubo necesidad de proponérselo dos veces, pues lo hizo, y fue la primera vez en mi vida que sentía un placer indescriptible, como nunca antes sentí.
Noté que mi ano estaba húmedo por su saliva, entonces le pedí que me rozara su pene en ese lugar. Lo hizo, y le puse mis piernas en su hombro.
Intentó penetrarme, o creo que sí llegó a meterme su glande, pero el hecho fue que reaccioné y le dije que no.
Le pedí que regresara a besarme la boca.
Luego ya nos acostamos normal sobre la cama. Yo me puse encima de él, y comencé a sobarle mi pene contra el suyo. Me pidió que le lamiera el ano, pero me negué.
Lo que sí hice fue levantarle las piernas hasta mi hombro, colocarme un preservativo, echarle saliva en su ano, y meterle mi pene.
Mi cadera chocaba contra sus nalgas, mientras él gemía.
Sentía su pene chocando mi vientre.
Volví a besarlo en la boca.
Tras varios minutos en esa posición, le pedí hacer la del perrito. Se colocó y le volví a meter mi pene, y disfruté viendo cómo éste entraba y salía de su ano.
Era la primera vez que experimentaba ese grado de excitación.
Luego me acosté boca arriba, e hice que se sentara sobre mi falo, y que comenzara a balancearse como si lo estuviera cabalgando.
Le acaricié todo su cuerpo formado y firme, mientras su pene seguía golpeteando mi vientre. Él gemía y se contorsionaba.
Luego, se inclinó para besarme en la boca, y allí sentí que su semen cálido se disparaba contra mi vientre y pecho.
Lo tomé de sus caderas, y comencé a bombear la mía rápido y fuerte, mientras sentía que su ano se contraía.
Saqué mi pene, le quité el preservativo, me masturbé y eyaculé en sus nalgas y espalda.

22:56
Tras un duchazo mutuo, lo despedí, y me eché a dormir hasta el día siguiente, prometiéndonos un nuevo encuentro pronto.

CONCLUSIÓN
Es la primera vez que experimento el llamado 'beso negro', y debo admitir que me gustó.
No sé si me hubiera dejado penetrar. El problema es que sólo tenía un preservativo.
Tammpoco estoy seguro si el grado de excitación fue debido al alcohol.
Espero que se dé un nuevo encuentro pronto para contestar todas estas preguntas, pero sin trago de por medio.
¿Será que me volveré moderno?

Preparado por SOT para Hunks of Piura Entertainment. ©2012.
¿quieres contarnos tu propia experiencia con policías, serenos o vigilantes? Escribe a hunks.piura@gmail.com

martes, 4 de octubre de 2022

Hunks Shopping Online: Catálogo Octubre 2022

¿Buscas ropa de baño atractiva y accesorios para un sexo anal sin accidentes desagradables? Has llegado al lugar correcto.

La canción dice que “para hacer bien el amor hay que venir al sur”… al sur del planeta, por supuesto, pero donde se goza mejor es definitivamente aquí en el norte. Si tienes la posibilidad de venir a tomarte unos días, eres bienvenido; pero si no, ¿por qué no llevar un poco del calor norteño allí donde estés?

Y como ya viene el verano, antes de hacer el amor, primero tienes que seducir en la playa o la piscina. Por eso, aquí tenemos la mejor ropa de baño para que te luzcas este verano. Más adelante te explicaremos cómo adquirirla antes que se agote.

Y como sabemos que esas prendas te van a marcar bien el culo o el paquete, o ambos, será sencillo que conquistes al chico de tus sueños, o al menos de tus fantasías. Y como queremos que tu experiencia sexual sea altamente placentera, también te ofrecemos accesorios ideales para que el sexo anal (independientemente de que tú metas pinga, te metan la pinga, o ambas) no tenga accidentes desagradables. O sea, al mismo estilo de tu película porno gay favorita. Más adelante te explicaremos cómo adquirirlo todo discretamente.

A continuación, te invitamos a revisar estos productos:


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  • Toda la transacción se hará en privado para garantizar tu discreción.
  • No responderemos mensajes en los comentarios de este post o en los tuits públicos. 

miércoles, 18 de abril de 2012

Soy activo, pero me puedes penetrar

a raíz del testimonio que compartimos con ustedes de un chico que descubrió que se sentía a gusto practicando sexo homosexual, y que luego comenzó a experimentar temor de que, siendo activo, pudiera volverse pasivo, compartimos este nuevo testimonio que nos llega de uno de ustedes, y que valdría la pena que analicemos.
Yo también tuve una experiencia así, en la que tuve que pensar mucho sobre lo que tenía que hacer.
Hace mucho tiempo, tuve una pareja diez años mayor que yo. Cuando empezamos, las chupadas y el beso negro eran mutuos. Nunca he tenido problemas en hacer eso, al menos no con mi pareja, pero yo siempre era el activo, porque siempre fui el que penetró.
Mi pareja me pidió que me dejara penetrar. Yo lo pensé mucho, y fue una decisión personal, mezclada con curiosidad y amor.
Es un gran paso que se da, porque no sabes si después te gustará, qué se sentirá, el remordimiento y todos los prejuicios y complejos asociados a la penetración.
al final, se dieron las cosas, y yo fui decidido a probar, porque si no pruebas algo, no puedes decidir si te gusta o no.
Llegó el gran momento. Lo hice.
La experiencia no fue tan dolorosa como lo había imaginado. Él me dio seguridad, fue despacio, y, sobre todo, tuvo mucha paciencia.
Particularmente, fue una experiencia muy bonita, por decirlo así. LUEGO DE ESO, EL SEXO FUE DIFERENTE.
Cuando terminé con él, alguna vez lo probé con un amigo, y nunca fue lo mismo.
Cuando volví a tener pareja, lo hice ttiempo después de haber iniciado la relación, y me  di cuenta que he asociado mucho el placer de una penetración con el sentimiento hacia la persona.
Hay algunos que disfrutan una penetración físicamente, pero habemos otros que la disfrutamos más con la mente que con el cuerpo, por decirlo así.
El problema viene cuando le dices a alguien que alguna vez te penetraron, e inmediatamente salta a sus mentes: "a éste le gusta la pinga". Eso es lo malo en esta gran sociedad. Inclusive en los gays, hay un tipo de machismo entre los penetrados y los penetradores, por decirlo así.
Cuando un activo se deja penetrar por las razones que sea, inmediatamente cae sobre él el estigma del 'volteado', del 'que se voltea', o si no, dicen 'cuidado, ése te va a estafar'.
Y, es más, lo hacemos porque nosotros lo queremos.
El haberlo hecho una vez, no quiere decir que nos agrade, o que lo tenemos que hacer siempre, obligatoriamente, o tener que escuchar las típicas frases: "pero si ya lo has hecho", "si te la han metido, entonces te gusta".
Sea por las razones que sea, lo que uno hace para buscar su placer en el sexo,  debe ser exclusivo y sólo del momento. No debemos tomar éso como un estigma o una marca.
Es por eso que muchos activos tenemos miedo de entregarnos plenamente a nuestra pareja, o de experimentar nuevas cosas.
Y esto es lo que alimenta el prejuicio dentro de los mismos gays. Pedimos que se nos respete, pero no nos respetamos entre nosotros, y nos etiquetamos en base a nuestra opción sexual.
Opina al respecto aquí mismo o en hunks.piura@gmail.com

viernes, 24 de marzo de 2023

¿eres heterocurioso y te jode un cuerpo musculoso?







En Perú decimos heterocuriosos a los chicos que se identifican como abiertamente heterosexuales pero que, así, como quien no quiere la cosa, tienen sus encuentros con chicos del mismo sexo.  ¿Eres uno de ellos?

 

Si no te defines como bisexual o gay reprimido (que no es lo mismo que gay de clóset), sientes la curiosidad por el morbo de tener una sesión íntima con otro chico, lo experimentas y ya, ahí queda todo, no te embarcas en una doble vida (o no, al menos, de forma permanente), y defiendes tu relación heterosexual por encima de todo, definitivamente eres un heterocurioso.

 

No hay nada que criticarte. Si exigimos que se respete la diversidad en nuestras identidades de género  (cómo nos consideramos incluyendo o excluyendo nuestro sexo anatómico), lo primero a lo que debes restar importancia es cuando alguien te pide que “te definas”. Total, para gustos y colores, han escrito los autores.

 







Si no lo has notado, eres atractivo para los gays y bi porque eres el morbo en persona. Es más, a ti no te jode tanto lo gay o lo bi. Tu rollo es tener una buena experiencia sexual con alguien de tu mismo sexo. Ésa es tu principal ventaja. Claro que si tienes buena verga o buen culo, eso suma pero no determina.

 

Pero, ¿qué pasa cuando tienes enfrente a un musculoso, sea en foto, video… o en persona? ¿Sientes que dejas de ser el centro de la atención?  ¿Repites ésa de “qué tiene él que no tenga yo”? ¿Te incomodas hasta la molestia? ¿Mandas a la mierda tu lado amable y dejas aflorar tu grinch? ¿Te cuesta trabajo evitarlo? ¡Tranquilo! Aquí vamos a darte algunas ideas que pueden servirte.

 

  1. Dale al musculoso la importancia que le das a todas las personas de tu entorno cercano. Ni mucha ni poca. En tanto lo acojas de forma natural, su presencia no molestará pero tampoco será un mal necesario.
  2. No cometas el error de matricularte en el primer gym que encuentres para “ser como”. Eso significaría vivir “a la sombra de”. Si te metes a entrenar, hazlo porque sientes que lo quieres y necesitas, no porque las circunstancias externas te obligan.
  3. Métete en la cabeza que un musculoso no es una amenaza; es una oportunidad: hazte su amigo, claro si merece ser tu amigo… pero en general, las asperezas suelen limarse cuando conoces y entiendes a la persona… y llegas a descubrir que a lo mejor, tú vas a serle de más ayuda que él a ti.
  4. Si te preguntan por el musculoso a sus espaldas, tú no digas nada. Un “no opino de gente que no conozco” dicho de manera tranquila va a funcionar mucho.
  5. Por encima de todo, se tú mismo. Recuerda que tu atractivo radica en tu esencia, no necesariamente en tu apariencia. Así que… ¿no te estás molestando innecesariamente?

 












Por cierto, el musculoso de esta entrada es el brasileño Evandro Silveira.

 

Mira porno de heterocuriosos con gays | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

domingo, 12 de agosto de 2012

Fantasías: El Skater (2)

Francisco dejó de lado las dudas que habían recorrido su mente momentos antes mientras disfrutaba de una buena corrida al lado de Joao, y éste último alejaba de sí mismo toda inseguridad o temor perdiéndose en ese beso apasionado que el primero le correspondía.
Francisco hizo a un lado su skate y cruzó sus brazos alrededor de la cintura de Joao presionándolo contra su cuerpo, sintiendo como su pinga empezaba a ponerse dura nuevamente.
Joao disfrutaba de las caricias de su amante mientras lo sujetaba por el cuello.
Se separaron y se miraron profundamente por unos segundos. Entonces Francisco tomó su mano y lo condujo hacia el mueble.
-Ven, quiero estrenar ese mueble- le dijo Francisco con una sonrisa coqueta.
-Oe, pero que esto quede entre nosotros. Ni una palabra a nadie. Mi hermano me mata si se entera que soy maricón- agregó Joao seriamente.
-Descuida, tú y yo sabemos que aquí no ha pasado nada, ¿verdad?
-Jaja… entonces no perdamos tiempo-
Los amantes se fueron despojando una a una de sus prendas. Joao empujó a Francisco hacia el mueble y éste cayó sentado. Vio como la pinga de éste se notaba totalmente sobre el bóxer, reclamando su salida al exterior, y al mismo tiempo Francisco llevaba una de sus manos sobre su enorme paquete frotándolo y dándole a entender a Joao cuál era el paso siguiente.
Joao miró fijamente los ojos verdes de Francisco, los cuales lo tenían encantado, se deleitaba con la perfección de su cuerpo y empezaba a sentir como su temperatura corporal iba en aumento al igual que su erección.
Se arrodilló y acercándose a él le quitó el bóxer. Al instante, su pinga de 18 centímetros estuvo al descubierto.
-¡Chúpamela! Estoy arrecho y quiero follarte después…- dijo Francisco excitado.
Obediente, el muchacho posó sus labios sobre la pinga de su amante y empezó a succionar lentamente, de arriba hacia abajo, mientras que con una de sus manos la sostenía. Las expresiones faciales de Francisco denotaban el placer puro, al límite.
Joao le chupaba cada centímetro de su pinga, le pasaba la punta de su lengua por la cabeza y luego bajaba a los testículos para introducirlos en su boca y chuparlos mientras los estiraba un poco en un jugueteo espectacular.
-¡Sigue!, no pares, la chupas riquísimo…- decía Francisco en un esfuerzo por no gemir fuertemente.
-¿Te gusta?-
-Sí, cómetela todita, es toda tuya, sácame la leche…-
Francisco tomaba su pinga con una de sus manos y la golpeaba en los labios de Joao.
-Ven, sube al mueble y ponte en cuatro- le dijo mientras se ponía de pie.
Joao se despojó del bóxer que llevaba puesto y le dejó ver a Francisco su pinga totalmente erecta y húmeda por sus fluidos.
Se agachó en el mueble y sintió como la lengua de Francisco recorría sus nalgas y luego su ano. Por momentos lo mordía, y era lo que más lo excitaba.
-¡Oh! ¡Qué ricooooooo! Cómetelo Francisco…-
-Tienes un culazo, en un rato te lo voy a reventar-
Francisco continuó haciéndole un intenso beso negro a Joao. Disfrutaba cada segundo, y no dejaba que su lengua se perdiese ni un solo espacio de las nalgas y del ano de éste.
Joao gemía intensamente. No era la primera vez que experimentaba dicha práctica, pero sí que Francisco sabía mover su lengua. Además el hecho de que su mayor fantasía se estuviese cumpliendo lo excitaba aún más.
Francisco subía y bajaba entre sus nalgas, recorría su espalda, frotaba su pinga entre las nalgas de Joao y lo embestía simulando el más morboso sexo.
-Sigue chupándome el ano, muérdeme- le decía Joao extasiado.
-Tienes el hueco rosadito, me provoca cacharte todo el día-
-Entonces no esperemos más y empecemos-
Francisco se separó de Joao y buscó su pantalón. De su billetera sacó un condón, lo abrió y se lo dio a Joao.
-Pónmelo con la boca- le dijo con esa sonrisa pícara de siempre.
Una vez más Joao obedeció. Se puso el condón en la boca y se acercó a la pinga de Francisco. Puso el condón en la punta y con su boca ejerciendo presión empezó a extenderlo a lo largo.
El muchacho disfrutaba de una manera increíble la mamada del ya no tímido joven. Por su mente sólo pasaban ideas de cómo sería follar el rico culo que tenía Joao, lo cual ocurriría acto seguido.
Joao se dio vuelta y colocándose en pose de perrito estaba listo para que Francisco lo penetrara. Puso algo de saliva en su ano y sintió luego como la pinga de Francisco empezaba a introducirse. A medida que lo hacía, Francisco lanzaba un intenso gemido. Su respiración era fuerte y apretaba con sus manos la cintura de Joao acercándola a la suya.
Una vez dentro, Joao empezó a gemir. Se movía suavemente, mientras Francisco contemplaba como su amante disfrutaba de su destreza en el sexo.
-Ve más rápido- dijo Joao.
-Como quieras huevón, te voy a romper el culo- respondió
Dicho esto, empezó a dar fuertes embestidas mientras aumentaba la velocidad. Joao gritaba de placer, y el sonido del choque de los testículos de Francisco con sus nalgas lo volvía loco. Esta había sido su gran fantasía: tener sexo con el chico del cuerpo perfecto, al que tanto aborrecía pero que a la vez deseaba.
Francisco subió al mueble y ahora penetraba con más fuerza a Joao.
-Métemela, métemela- exclamaba Joao
-¿Te gusta? Dime si te gusta cómo te cacho-
-Me encanta-
-¿Cómo dices?-
-Me encantaaaaa, cáchame fuerte-
Al acercarse al oído de Joao, éste aprovechó a darle un beso mientras Francisco disminuia poco a poco la fuerza de sus embestidas.
-De costadito Joao- le dijo
-Fóllame y no pares huevón, quiero tu pinga dentro de mí-
-Jajaja, ¿bien arrecho estás no?- le susurró al oído
-Tú cáchame y no digas nada jaja-
Los amantes se acomodaron una vez más en el mueble y mientras se besaban, Francisco empezó a penetrar con fuerza a Joao, quien con una de sus manos lo sujetaba por la espalda y lo apretaba más contra su cuerpo para sentir aún más adentro su pinga.
-Oh, sigue- gritaba Joao
-¡Qué rico culooooo!-
El roce entre sus cuerpos, los sonidos que se producían, la escena sexual parecían sacadas de una película porno. Disfrutaban cada segundo como si fuera el último y los gemidos habían invadido completamente la habitación.
-Levántate, quiero que cabalgues- le dijo Francisco
-Huevón, es mi pose favorita-
-¿Te gusta cómo te cacho? ¿Es rico?-
-Quiero tu pinga el resto del día jaja-
Terminado el diálogo, Joao empezó a sentarse lentamente sobre la pinga de Francisco, quien miraba atentamente cómo su palo se perdía en el culo de su amante. No había diferencia alguna con el trasero de una mujer. Joao trabajaba mucho aquella parte de su cuerpo y definitivamente los resultados saltaban a la vista.
Poco a poco fue aumentando la velocidad en su acción y otra vez el golpe de sus testículos contra las nalgas de Joao se oía fuertemente. Estaba muy excitado y pronto a llegar al clímax.
-Sigue, sigue, sigue- gritaba Joao.
Francisco lo tomó por el cabello y deteniéndolo empezó rápidamente a follarlo.
Su pinga iba de adentro hacia afuera del culo de Joao con gran rapidez y mientras tanto balbuceaba morbosas expresiones al oído de Joao.
-Me vengo, me vengoooo- le susurró al oído
Francisco sacó su pinga y mientras Joao se arrodillaba empezó a masturbarse.
Joao, ya arrodillado esperaba ansioso los chorros de leche en su boca
-¡Abre la boca! Te voy a llenar de leche…-le decía Francisco.
-Dámela, dámela-
-Ah, ahí va, ahí va, oooooh…-
De pronto, un chorro de leche espesa y blanquecina cayó en la boca de Joao quien probaba su sabor y jugaba mientras tanto.
Tomó la pinga de Francisco y la volvió a introducir en su boca, chupándola muy satisfecho.
-¿Te gustó?
-Me encantó, cachas como los dioses-
-Tú tienes un culo que me vuelve loco, que rico culo por Dios-
-Lo puedes tener cuando quieras, ya sabes la condición…-
-Relajado huevón… Jajaja-
Ambos se sentaron nuevamente en el mueble, sonrientes y satisfechos luego de la intensa jornada. Joao tenía un nuevo amante, y a la vez había realizado su mayor fantasía. No había sido cosa del destino, sino que sólo había sido necesaria la decisión de ambos de avanzar al siguiente nivel.
-Oe, se me hace tarde para mi reunión… tengo que irme-
-Ya, normal, me cambio al toque y bajamos por ahí-
Cuando Francisco se estaba poniendo de pie, Joao lo detuvo, lo miró fijamente y se enamoró de su angelical rostro. Se disponía a besarlo cuando de pronto escuchó el claxon de un carro.
Miró confundido hacia la calle, y ahí estaba el servicio de taxi que había solicitado minutos antes. Se hallaba vestido de manera distinta, con el cabello ordenado y su ropa no tenía muestras de haber sido arrancada con fuerza. Estaba sentado en una de las bancas que había en el pasadizo de acceso al edificio.
El viento de la tarde lo había arrullado y se quedó dormido. Sólo atinó a sonreír al darse cuenta que toda aquella experiencia sexual había sido fruto de su imaginación.
Se puso de pie, tomó sus cosas y al salir, fijó su mirada atentamente en Francisco, quien aún se hallaba en el parque, sin camiseta y con su cabellera rubia al viento.

Escrito por Sebastian para Hunks of Piura Entertainment. Siempre practica sexo seguro. Los nombres son ficticios. Contacta al autor a sebastian.hunk90@gmail.com