Mostrando las entradas para la consulta sentó sobre mi verga ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta sentó sobre mi verga ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de junio de 2012

SxEC 10: Una visita placentera

Déjenme presentarles al chico de esta semana: moreno, 1m68, 17 cm de verga, delgado pero un poco agarrado... aún tiene cuerpo de chibolo... bueno así es... ah, y cabello negro crespo. es amigo de la familia, que, de vez en cuando llega a tomar unas cervezas o tipo visita médica. Tiene 33 años, está casado y ya tiene familia.
Ese día mis papás y hermanos no estaban en casa. Él llegó y pasó de frente a mi sala.
- ¿Solo?
- sí, no hay nadie.
- Um. Interesante.
se sentó en mi mueble y me palmeó la espalda. Comenzó a sobarse su bragueta y se me acercó; entonces, me agarró la mano.
Hizo que le abriera el cierre.
- Chúpala.
Le saqué su verga, y comencé a succionársela.
Él se echó a lo largo del sofá y se sacó el pantalón. a medida que se la chupaba, se la masajeaba con mi mano.
Él me quitó el polo, y me acariciaba el culo. allí también aprovechó para quitarse la camisa, con lo que sólo terminó sobre mi sofá con el calzoncillo abajo. a pesar de estar sobre los 30, tenía un cuerpo rico. Yo se la seguía chupando.
- Chúpala así. sigue.
Me bajé mi short y mi calzoncillo.
Lo tomé de la mano, hice que se levantara y lo llevé a mi cuarto. Justo antes de entrar ahí, se quitó su calzoncillo.
el camino de mi sala a mi cuarto estaba lleno de ropa tirada, igual que esas escenas de las parejas recién casadas cuando se van a hacer el amor. Me gustó esa escena.
Ya en mi cuarto, me acarició mi cuerpo, y, en especial, mis tetillas.
me empujó a la cama, y él se acostó a mi lado.
- Síguela chupando.
Yo lo hice. él se sentó sobre mi cama, y yo me puse en cuatro para probar ese cipote moreno y gruesito.
Luego me empujó hasta que me puso boca arriba, se levantó y se sentó sobre mi pecho.
- Chupa.
Mientras lo hacía, comencé a acariciarle sus lampiñas nalgas, y él comenzó a respirar con más fuerza. Fue cuando me agarró mis pies y me levantó las piernas.
- ¿qué haces? ¡Suave!
Fue bajando, paseando su culo por mi abdomen, mi verga dura, hasta que se colocó de tal modo que su verga estaba lista para penetrarme... y lo hizo de un solo tirón.
Como la había chupado bien, no me dolió tanto. Él comenzó a jadear y a sususrrar cosas que no entendí. estaba arrecho... y yo también.
Me folló así por buen rato, con las piernas levantadas tanto como pudo.
- ¡Qué rico huevo tienes!
Yo me dejaba llevar.
Me la sacó y escupió en mi culo.
- Para que te entre toda y te resbale fácil, huevón.
Luego él se dio la vuelta, dándome la espalda.
- Te la quiero meter toda.
Me la metió toda, de tal forma que veía cómo su culo se movía, y sus huevos chocaban con los míos. Qué rica pose.
En ese momento en que disfrutaba al máximo a ese hombre, me preguntaba y alucinaba cómo lo haría con su mujer.
Me la quitó, se echó a mi costado e hizo que me acostara de lado, me levantó una pierna, y me la metió otra vez.
Yo le acariciaba sus huevos, su espalda, su cuerpo.
Él comenzó a besarme el cuello y la nuca, lo que hizo que me arrechara más y más.
Luego me puso boca arriba, y él se puso encima mío, y mientras me bombeaba , puso sus piernas de tal forma que brincaba sobre mi cama, a medida que su pija me entraba y salía de mi ano.
- ¿Te duele?
- No. sigue así.
- ¡qué rico culo tienes!
- Cuidado me quiebres la cama de tanto salto.
sonreímos.
Me siguió follando así un rato.
De ahí me puso piernas al hombro, siguió meciéndose como loco, hasta que me la sacó, y se vino sobre mi estómago y mi pecho.
- Córretela.
Yo comencé a masturbarme hasta que mi leche se mezcló con la suya.
Con la mano que tenía libre, le apretaba una de sus nalgas, y le acariciaba su espalda.
Me hizo levantar y me abrazó, y las dos lechadas se esparcieron entre su cuerpo y el mío. Mientras me abrazaba, me acariciaba la espalda.
Fuimos a ducharnos al toque. Volvió a acariciarme, se vistió y se fue.
Ha sido una de las mejores cachadas que haya tenido. ¿O ustedes que piensan?
Ah, la huevada fue cuando llegó mi viejo, y encontró el calzoncillo tirado en la puerta de mi cuarto.
Hasta ahora no logran explicarse cómo apareció allí...
©2012 Hunks of Piura Entertainment. siempre practica sexo seguro.

miércoles, 9 de mayo de 2012

SxEC 04: Un duchazo con mi primo

Era un fin de semana. Sábado por la mañana, para ser exacto. Me tocó hacer limpieza en casa. Todo iba normal.
cuando terminé, tocaron. Era mi primo, un chico algo fornido, de mi edad, o sea, 19, lampiño, buenos brazos, buen pecho, buenas piernas, culo no muy grande pero redondo y durito.
- Entra, primo. ahorita me voy a bañar porque acabo de hacer limpieza.
- Ya, OK.
- Vamos al patio de atrás, mientras conversamos.
- Ya, pe, mientras te bañas, vamos conversando.
- OK.
Me desnudé todo y abrí la ducha.
- Bien culón eres, primo.
Nos reímos, y entré.
Procedí al clásico rito de enjabonarme.
Recuerden que mi ducha no tiene puerta, así que mi primo se sentó cerca de ella, pero sin podernos ver; pero lo suficientemente cerca como para no gritar mientras conversábamos.
- Primo, tienes culo de puta.
sentí que su tono era algo... arrecho. De vez en cuando, noté que se asomaba mientras me bañaba.
Entonces, empecé a enjabonarme el culo, y comencé a hacer ruido con los dedos, como cuando sacas un objeto de algo que lo succiona.
- ¿qué suena, primo?
Se asoma por completo a mi ducha.
- Nada.
- ¿qué estás haciendo, primo?
Me reí.
- a ver, pe, déjame ver qué estás haciendo. Normal conmigo.
Comencé a meterme los dedos al culo, a sacarlos de golpe, con las manos enjabonadas, y a hacer ese sonido que le llamó la atención.
- Déjame ver... suena bien... suena rico.
Entonces me agarró de los brazos.
- Tienes un buen culo, primo.
Comenzó a acariciarme las nalgas con sus manos. De pronto, su dedo índice me penetró el ano. Me arrechó, y como me movía por eso, terminé mojando sus ropas.
- ¡Puta, primo! ¡No me queda otra que bañarnos juntos!
Se quedó calato. Su verga de 16 cm, gruesa, estaba al palo. Gruesa y venuda, por cierto. La usó para sobarla entre mis nalgas, aprovechando que estábamos enjabonados.
Me eché boca abajo sobre el piso del baño.
Se puso champú sobre su verga y comenzó a sobármela en la raja de mi culo, y a golpearla sobre mis nalgas.
- Ábrete las nalgas.
Lo hice. Agarró dos dedos y los untó con champú. Me los metió a mi agujero. mientras usaba su verga para golpearla contra mis nalgas.
- Con cuidado, que me duele.
- Ya, disculpa primo... te entra suavecito, huevón.
Me logró meter tres dedos. Lo hizo por un tiempo,, salió y entró, esta vez con un condón en la mano. Se arrodilló, abrió la ducha y dejó que el agua me enjuagara mi trasero, mientras me lo movía.
Se puso la orilla del empaque del condón entre sus labios, y volvió a separarme las nalgas con sus manos.
- Tienes un señor ano.
Entonces, llevó su verga a mi boca. Comencé a chupársela. ¡qué rico era mamarla así mojadita!
Tras ello, me puse de pie, y él también. Me incliné a seguirla chupando. Sacó el condón de su empaque.
-Ponte en cuatro.
Nos acomodamos y me la metió. ¡Qué rica follada, carajo!
- ¿Te gusta, primo?
- Sí, cáchame fuerte.
Comenzó a meterla y sacarla.
- Chúpala otra vez.
Comencé a hacerlo, saboreando el látex, y luego, mamando sus grandes huevos.
Me arrinconó a la pared de la ducha, y me la metió de nuevo. Comenzó a bombearme el ano como loco.
- Puta ma're, primo. Te gusta comerte las pijas... ¡Qué bien! ¡ahhh! ¡Te las comes bien, mierda! ¡Te las comes toda!
Me arrodillé a chupársela de nuevo. Luego, él se sentó sobre el piso de la ducha.
- Baja lento sobre mi verga. Te la voy a clavar toda.
Lo hice, y comencé a cabalgar sobre él, mientras me agarraba de las caderas, y me besaba las tetillas. Mi verga parada se sobaba contra su vientre duro, como tabla de lavar. Me arreché tanto, que las di sobre su vientre, pero no dejaba de cabalgar.
- ¡qué rico, primo! ¡Yo también las voy a dar! ¡Carajo, se viene! ¡Mierda! ¡ahhhh! ¡Se me sale la leche!
Se sacó el condón. Nos lavamos bien, y mientras yo salía, el entraba al sanitario para botar el condón repleto de semen.
Así calatos, nos fuimos a mi cuarto. Vi un papel en el suelo, y me agaché a levantarlo.
En ese momento, sentí que me agarró de mis caderas. Minutos después, mi culo volvía a recibir su verga. ¡Qué rico folla este primo!
Nos pusimos de pie y nos terminamos de secar. Se sacó un segundo condón que, no sé de dónde lo había sacado. el hecho que luego se la chupé hasta que se vino en mi boca.
Fui al baño a enjuagarme la boca, y regresé al cuarto. Lo encontré echado boca arriba, contento, calato.
- ¡qué buena cachada he tenido hoy, primo!
Me cambié, sonriendo.
Su ropa secó. La planchó algo húmeda.
Se cambió, y se fue a su casa.
Antes de salir, me dió dos nalgueadas.
Anoche me mandó un mensaje de texto: "¿Cndo t toca limpieza?".
Le respondí:"Este fds... y stare solo".
A la hora había otro mensaje en mi celu: "Spérame y preparat".
©2012 Hunks of Piura Entertainment.

lunes, 27 de febrero de 2023

Lucas: Un ron por ese chibolo

Soy Lucas, vivo en Piura,  y tengo 38 años. Mi obsesión son los chibolos de 22 años, delgados pero formaditos. ¿Por qué?

 


Hace un tiempo yo chambeaba en Chiclayo. Un miércoles me encontré en un grupo de contactos gay a un chibolo de 20 años. Le mandé solicitud, me aceptó, chateamos buen rato, me cayó simpático, quedamos para vernos el sábado. Esa noche y las siguientes hasta el viernes, aluciné follando sin control con él en mi cama, inundando su ano con mi semen.

 

No había momento en que me quedara calato en la cama, pusiera dura mi verga de 15 centímetros y la frotara contra la almohada hasta que se me saliera la leche imaginando que perforaba su sabroso culito. Ni las duchas frías que tomaba me bajaban la calentura. ¡a la mierda! Cuánto esperma me hizo botar ese conchesumare.

 

Llegó el sábado. Como le dije que tenía sitio, organicé mi cuarto para que la cita fuese lo más placentera posible. Me fui bien animado a chambear.

 

A eso del mediodía, el huevón me pasó un mensaje: “No creo que la haga, causa… tengo un culo de trabajos de la universidad por entregar” ¡Carajo!, me dije. ¡Y qué iba hacerme esa noche? Porque si él tenía un culo de trabajos, yo no había dejado de alucinar cómo sería probar su culo mientras le hacía el amor. Ni modo. Me resigné. Algo haría. Quizás… pajearme como loco.

 

Salí de la chamba a eso de las seis y media de la tarde cuando otro mensaje me entró. Era el mismo chibolo. Yo estaba desganado, así que no le di bola. Pero el chico insistió. “Al diablo mis trabajos… ¿dónde nos vemos?” Puta madre. De solo pensarlo, se me fue el cansancio y hasta mi verga se puso dura bajo mi ropa. Y ya sentía el bóxer húmedo porque cuando se me para, lubrico como mierda.

 

Quedamos de vernos en el Paseo de las Musas. A pesar que yo había deseado ese momento, estaba medio nervioso. Me compré un roncito y me puse a tomar un poco como para darme valor. La huevada es que el chibolo no aparecía por ningún lado. Decidí acabarme la chata e irme a joder a otra parte.

 

Ya estaba tomando el último vaso cuando él apareció.

“Disculpa, brother”, me dijo todo humilde. “traté de zafarme, pero una vaina y otra…”

¿De qué vainas habla este huevón? Mejor estaba mi vaina, otra vez al palo, lubricando, especialmente con esa ropa entallada que le marcaba su físico, y ese pitillo que le destacaba su culito bien redondito y sus piernas gruesitas y firmes.

“Practico fútbol”, me contó cuando se sentó a conversar.

Compré otro ron y comenzamos a hablar. Le invité pero no quiso. Nos caímos en gracia. Cuando se acabó la segunda chata, llegó la duda:

“¿Dónde la seguimos?”, le dije, con la esperanza de que ya quisiera que cachemos.

“Vamos a la disco”, me propuso. No era precisamente lo que tenía en mente, primero porque ya le tenía hambre a ese culito y segundo porque no soy bueno bailando. Obvio, no le dije eso.

“OK… vamos”, le dije.

 

La pasamos bien en la disco. Como ya la había comenzado con ron, la seguí con ron. Quizás eso me dio valor para bailar. No sé ni cómo lo hice, o si hice el ridículo, pero el caso fue que también el chibolo aceptó tomar unos vasitos. Aprovechando la penumbra, me le acerqué y mi mano traviesa le acarició una nalga: estaba durita. Imagínense cuando nos tocó perrear, ahora era mi pinga la que se había puesto no durita al rozar su trasero… ¿estaba duraza!

“¿La seguimos en otro lado?”, le consulté.

“¿Dónde?”

 

En veinte minutos ya estábamos en mi cuarto. Apenas cerramos la puerta, nos besamos en la boca como locos. Qué rico sentir su lengua. Me imagino que le excitó mi aliento a ron. Comenzamos a quitarnos la ropa.

 

Ya calatos, nos abrazamos fuerte y dejamos que nuestras pingas duras se frotaran y rozaran. La suya también lubricaba un montón. Mientras nos besábamos, subimos a la cama.

 

Acaricié su culo de futbolista. Obviamente que así sin ropa era más redondito y firme que con ella. Aparte que esas nalgas lampiñas hacían que las caricias fuesen como pasar seda sobre porcelana.

 

Mis labios dejaron los suyos y comencé a besar suavemente su cuello con aroma de rico perfume varonil. ¿Bien!, dije yo. Él comenzó a gemir y jadear con tono de macho. ¿Bien, carajo!, dije yo. Los patas que se comportan como mujeres en la intimidad no me ponen nada.

 

Bajé a chuparle las tetillas. El chibolo se alocó más y acariciaba mi cabello. En realidad, me despeinaba. Seguí bajando. No tuve problema en chuparle su pene. No era largo o grueso, pero estaba ahí, levantado y duro como un gancho del que debía colgar toda mi boca caliente.

“Así, pata… la mamas bien rico”.

Succioné bien su pichula para ordeñarle un poco de precum y luego lo guardé en mi boca para buscar la suya e intercambiarlo junto a nuestras salivas mientras nos besábamos otra vez. Volví a bajar a seguirle chupando su rico pene.

 

Solito se fue acostando sobre mi cama. Abrió sus piernas para que le lama los testículos. ¿Requetebién!, dije yo. Solito levantó las piernas. Obviamente, ambos sabíamos qué queríamos.

 

Separé sus nalgas, saqué mi lengua, y, sin perder tiempo, fui a conquistar su anito cerradito. En mi excitación, quería penetrarlo solo con mi lengua. Él me agarró fuerte del cabello y quería que no deje de hacerle el beso negro. Miré un toque: ya estaba dilatándose. Decidí sopearlo más.

 

Me incorporé. Aprovechando mi saliva y mi líquido preseminal, le fui metiendo mi pene. El chibolo era tan estrecho que incluso para meterle la cabecita fue un poquito trabajoso. Así que me estiré, saqué el condón que había separado para esa noche especial, me lo puse, y luego saqué el lubricante y lo embadurné bien. Puse algo del gel en el ano de ese hermoso chico.

 

Empecé a empujarle mi pinga. Logró entrar todita poco a poco, pero, como era tan estrecho, me apretaba como mierda, y sentía que en cualquier momento ese ano iba a succionar mi falo arrancándolo de mi cuerpo. Comencé a mecerme. ¿Puta madre, por Dios! ¡qué hermosa sensación bombear ese agujero!

¡así,papito”, susurraba el chibolo. “Cáchame rico así”.

Ese pedido con voz de macho me calentó más, por lo tanto le di con todo y me moví como loco. El chibolo se quejaba medio rugiendo, como macho. Eso para mí era combustible. Le di más fuerte aún. Ambos estábamos fuera de nuestros seres entregándonos al sexo más rico que nunca antes nadie haya sentido.

 

Como me lo agarré piernas al hombro, mi pubis y mis bolas azotaban sus nalgas como un castigo placentero, que nunca desearía que acabe.

 

En un momento que tomé aliento para volverlo a cachar fuerte, él puso sus manos en mi pecho y me hizo entender que quería que me acostara. Lo hice. Ese hermoso nene se sentó sobre mi verga, se abrió bien sus nalgas y se dejó clavar por mi herramienta sexual. Comenzó a cabalgar como loco. Ahora era su hermoso culo de futbolista el que azotaba mi piel. Siguió gimiendo y jadeando. Por ratos se inclinaba y me besaba en la boca sin dejar de mover ese fabuloso trasero.

 

Estuvimos buen rato así hasta que…

“Ya las voy a dar”, le dije.

Él me sonrió.

“Quiero quitarme el condón y llenarte el culo con mi leche”, le dije.

Volvió a sonreír y me señaló su boca lo más pendejamente que puedas imaginar.

 

Cuando sentí que ya no iba a aguantar más, le dí unas nalgaditas y él se desconectó de mi pene, se arrodilló sobre mi cama y yo me puse de pie sobre ella. Me hice una paja que era capaz de arrancarme mi pinga y le di toda mi leche en su boca. Él no solo la saboreó; se la ttragó como quien traga el licor más rico del mundo.

 

Me incliné a besarlo en la boca nuevamente.

“La pasé de la puta madre”, le dije.

“Yo igual”, me respondió.

Para entonces, el efecto del ron se nos había pasado. Nos quedamos conversando un rato y cuando nos dimos cuenta, ya casi estaba amaneciendo.

 

Tuitea a Lucas | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

domingo, 5 de abril de 2020

El juramento de #semen es para toda la vida

Cuando hice el servicio militar, hace ya casi 20 años, había un juego que mis promociones y yo solíamos hacer cuando dormíamos. Como éramos varios en la cuadra, teníamos que compartir camas. Como a veces hacía calor, dormíamos en calzoncillo (en esa época no estaban de moda los bóxers), y por joder, cuando el otro promoción estaba de espaldas, lo agarrabas de la cintura, le arrimabas tu paquete al medio del culo, y hacías como que te lo cachabas. Así fue como conocí a mi promoción Wálter, un pata flaquito pero marcado, metro 65, lampiño, culo normal pero bien paradito.




Una madrugada, cuando vino de una guardia, como de costumbre se sentó sobre la cama y comenzó a desvestirse. Yo estaba de espalda, durmiendo hacia la pared. Esa noche tenía un calzoncillo bien pegado. Yo soy metro 68, velludo, y en ese tiempo mi contextura era normal.
"¿Estás despierto?", me preguntó bien despacito.
De puro pendejo, no le respondí.
"Ya, oe, Pérez, habla. ¿Estás despierto?"
Y me colocó su paquete en mis nalgas. Solo que esta vez noté que su paquete estaba duro, durazo.
"Aguarda, mierda", le respondí sonriéndome y bien despacito también. "¿Qué pasó?"
"Me gané una huevada. Yo y Sánchez. En el algarrobo cerca de la esquina de la torre, notamos que dos bultos se acercaron. Activamos los largavistas de visión nocturna y... ¡dos patas cachando, huevón!"
"Hablas huevadas", le respondí.
Me narró que ambos llegaron con mucho sigilo, en una zona que en esa época era oscura, y cuando comenzaron a espiarlos vieron cómo se desvestían, y ya calatos cómo uno de ellos se arrodillaba en la arena para chupar lo que parecía ser un gran pene. Luego, cómo el activo ponía al pasivo en cuatro patas y se la clavaba hasta que luego de varias minutos, el activo sacaba su mazo, se lo pajeaba y parecía llegar al orgasmo sobre el cuerpo de su amante.
"¿Qué dijo Sánchez?"
"Ese pendejo se pajeó allí en la torre".


Sentí la mano de Wálter sobre mi cintura, como usándola para narrarme lo que vio, luego sentí su mano en mi cadera. Éso me arrechó y también se me paró.
"Ya deja dormir", pedí.
"¿Por qué?", me preguntó.
Tomé su mano y la puse sobre mi paquete duro. Él no la retiró. Mas bien metió su mano dentro de mi calzoncillo y me tocó mi verga dura.
"¿Hace cuánto que no cachas, Pérez?"
"No sé", le dije por responder cualquier huevada.
Entonces me comenzó a pajear. Yo me quedé tranquilo. Bueno, ni tan tranquilo. Con mi mano libre, le bajé el tirante de su calzoncillo, que para variar era delgado, y le toqué su paquete.


Abrí los ojos. Estaba más o menos oscuro. Tratando de no hacer ruido, me volteé en la cama hasta quedar frente a frente con él. Le bajé su calzoncillo, cosa que él me ayudó, a la vez que me bajaba el mío. Juntamos ambas vergas duras, nos abrazamos, y mientras las masajeábamos contra el cuerpo del otro, nos besamos en la boca. No era el primer pata que besaba en la boca, pero era mi pata, mi promoción. Fue una experiencia rica.
"Las voy a dar", le dije.
Él me puso mirando arriba y con cuidado de no hacer ruido, puso mi pinga en su boca, me la chupó. Le di toda mi leche en ese espacio suave, húmedo y caliente.
"También las voy a dar", me dijo.
Se puso boca arriba. Yo dudé algunos segundos. También cuidando de no hacer ruido, me incliné hasta su pinga, se la chupé y por primera vez en mi vida recibí semen de otro pata. Sabía medio raro, pero ya estaba acostumbrado: el rancho no era comida de cinco tenedores que digamos.





A la mañana siguiente, hicimos como que no pasó nada. Todo normal. Volvimos a repetir la cosa unas dos o tres veces hasta que salimos de baja. Yo me fui a trabajar a Arequipa, él se quedó acá y creo que fue a Lima. Casi había perdido el contacto con él hasta que antes de la cuarentena estaba viendo unos negocios en Canchaque a ver si iba con turistas para la Semana Santa, cuando estaba cruzando la plaza de armas y alguien me pasó la voz.
"¡Pérez!"
Volteé a ver. Un pata algo maceteado me sonreía desde una de las bancas. Me le acerqué. ¡No saben el gozo cuando reconocí a Wálter!
"¡A los años! ¿Qué haces acá, huevón?"
"Tengo un par de días libres en el trabajo y me vine a pasear".
"¿Ya conocías acá?"
"No, es mi primera vez", me guiñó un ojo.
"¿Quieres que te lo muestre?", le sonreí.
"Todito", se carcajeó él.


Caminamos por el mirador, los peroles, vimos el paisaje, aunque hacía algo de frío, él estaba comenzando a sudar.
"¿Quieres darte un baño acá cerca?", consulté.
"Pero no he traído ropa de baño".
"Tú sígueme".
Lo llevé a un paraje del río Pusmalca donde hay unas totoras y algo de pajonal, un poco retirado del pueblo. Al llegar, me calateé todo.
"¡Qué rico cuerpo, promoción!", me alabó.
"El fitness", le sonreí.
Me metí al agua. él se calateó también.
"También tienes rico cuerpo", le observé.
"el fútbol", me sonrió, y parecía darle la razón porque el culo le había crecido lo mismo que las piernas. Se sumergió todo. Aprovechando la soledad, aprovechamos para ponernos al día de toda nuestra vida. él trabaja como ingeniero de telecomunicaciones y yo, como dije arriba, soy operador turístico.
"Esta agua sí que relaja", me dijo.
"¿Te gusta?"
"Como mierda", me dijo. "¿Te acuerdas cuando te hice masajes una vez y me dijiste que estabas bien relajado después de la sesión?"
"Bueno", recordé, "relajado y bien al palo también". Me reí.
"Estoy igual", me guiñó un ojo.
"Hablas huevadas".
Wálter tomó mi mano sumergida, y como esa vez en la cuadra hace 20 años, la puso sobre su paquete. Mas bien sobre su pinga: estaba dura, a pesar del agua fría.
"¿Qué tal?", me dijo.
"Toca la mía", le respondí.
No solo la hizo. Comenzó a pajearme dentro del agua. Yo hice lo mismo. Terminamos eyaculando allí, sin que nadie se diese cuenta. Quién sabe a dónde fluyó nuestro semen, que parecía dos pequeñas nubes blancas alejándose con rapidez.





La siguiente parada del 'tour' fue un hostal en el pueblo. No sé con qué cara nos vieron pero nos dieron una matrimonial. (Nos dijeron que las dobles estaban llenas y no había simples.) Desde que entramos y nos quitamos la ropa, lo primero que hicimos fue tirarnos sobre la cama, abrazarnos y besarnos como locos. Ahora sí podía recorrer su cuerpo bajo el mío.
"Chúpame las tetillas", me pidió, y al hacerlo el huevón comenzó a gemir como mierda, tanto que le tuve que tapar la boca. Luego le chupé la verga, unos 15 cm rectita, y tras levantarle las piernas, le hice un beso negro tierno y profundo. Dilató de inmediato, y era evidente que por ese agujero ya habían entrado varios falos, pero a la mierda... disfruté lamiendo, besando y punteando, mientras él gemía y jadeaba, pedía más, me acariciaba.


Cuando yo me puse boca arriba, él también me besó todo el cuerpo y al llegar a mi pinga, 14 cm recta, me la chupó un rato, luego los huevos. entonces, se sentó sobre mi palo, se puso saliva en el ano, y fue bajando poco a poco hasta que sus nalgas tocaron mi ingle. Rebotó algunos minutos. Luego me lo puse piernas al hombro, pero en vez de bombearlo, probé una técnica tántrica en la que él tenía que apretar el culo mientras yo activaba sus zonas erógenas y en especial su ruta de chakras. Bueno, cuando guías turistas y cachas con ellos, aprendes de todo, ¿no? Wálter disfrutó tanto la experiencia, que, tras hora y media después, eyaculó sobre su abdomen. Afuera ya era de noche.
"Lo máximo, Pérez", me dijo extasiado. "Es la primera vez en mi vida que cacho tan rico".
"Y yo también", le repliqué. "Debe ser porque nos tenemos un cariño de años".
"Debe ser".





Tras cenar algo, el resto de esa noche volvimos a cachar. Esta vez repetí la misma técnica, toda mi pinga en su orto, pero teniéndolo en perrito mientras yo le masajeaba la espalda. Wálter se contorsionaba de la pura excitación, jadeaba, me decía que era mi puta, que me amaba, que lo haga mío.  Luego lo puse boca arriba. Mientras él me pajeaba, yo lo pajeaba. Nuestro esperma se disparó en los vientres de ambos.


Al día siguiente, tomamos el ómbnibus de regreso a Piura. Nos mirábamos como idiotas y nos sonreíamos mientras veíamos la campiña pasar bajo la primera lluvia de verano. Al llegar a Piura, nos despedimos.
"¿Cuándo vuelves a tener días libres, Wálter?"
"En cualquier momento... yo te aviso".
"Ojalá sea pronto porque... es la primera vez en muchos años que hago el amor con alguien".
Pérez se emocionó y los ojos se le aguaron. Ahora nos comunicamos por chat y espero esa próxima vez, que, según me dijo, podría ser un trío. Estamos buscando candidato.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Ven a la casa de mis amigos esta Navidad

Hola. Soy un inhgeniero guayaquileño que, desde hace un año, trabajo en la exportación del banano en el Valle del Chira, allá en Piura.
Cuando me mudé fue jodido porque no conocía a nadie, estaba desempleado hasta ese entonces, y no tuve más opción que tomar esta chamba. Claro que en ese momento, me pareció lo menos esperanzador, pero cambié de opinión luego.
Debido a que estaba ahorrando al máximo, tomé una dolorosa decisión: no pasar Navidad con mi familia. En mis 26 años de vida, era la primera vez que no estaría junto a los míos por estas fechas.
La empresa nos había alquilado una casa en un barrio más o menos residencial, la que compartía con otros trabajadores. El día antes de Nochebuena, ellos se fueron para sus hogares, y me quedé solo. Mi plan era ver tele hasta sentir sueño, e irme a dormir.
Esa misma semana, un chico pasó ofreciendo sus servicios como guardián nocturno, o sereno, como le llaman acá. Habló con la gente de la casa, y todos acordamos dar una cuota para que la incluyera en la lista de todas las que tenía que rondar.
Este pelado parecía no tener más de 20 años, pero el físico te engañaba un poco. quiero decir, se le veía robusto, con brazos anchos, pecho prominente, piernas fuertes que comenzaban en un culo redondeadito. Pero su cara de niño te decía otra cosa.
Justo era 23 cuando llegó a ofrecer sus servicios, y lo vi de pasada, puesto que me fui a la oficina, y me quedé trabajando hasta tarde.
Regresé a casa como a las 11 de la noche, luego de pasar un rato en el gym, como era mi costumbre, y quedándome a conversar con algunos de los panas que hice en esta ciudad. Claro que lo hacía para no recordarme de la fecha, y al día siguiente haría lo mismo.
Justo cuando llegaba a casa, él pasaba por la esquina de mi cuadra. Me saludó atentamente.
Uno de mis compañeros, que estaba despierto viendo una película, me explicó lo de la cuota, y que le apenaba que no quisiera regresar a mi casa. La verdad es que sí quería, pero tampoco me motivaba llegar a un sitio donde lo que menos tendría sería una Noche de Paz.
Al día siguiente, como lo programé, trabajé haciendo papeleo, y aproveché para saludar a algunos amigos y familiares por la Internet de la oficina.
Trabajé hasta las cuatro, y luego decidí ir al gym para agotarme lo más que pudiera.
Ustedes se preguntarán cómo era eso de que no iba a casa pero sí al gym. Bueno, un amigo de la empresa me consiguió una beca, así que asistí de gratis. Cuando vivía en Guayaquil, me sucedió casi lo mismo: me hice amigo de un trainer, que era pareja de una amiga mía, y logró que tuviera ese beneficio. Eso me sirvió como terapia para no deprimirme mientras anduviera desempleado. Por ello, mi amigo de acá me decía: "No hay sin suerte", pero no le entendí.
Volví a casa como a las 7, tomé un baño, apenas me puse un boxer, cené y me eché a dormir.
Como a las 11 perdí el sueño. Intenté conciliarlo, sin éxito.
 De pronto, escuché el timbre de la casa.
Como estaba durmiendo desnudo, debido al calor, me puse una toalla y fui a atender. Era el pelado.
"Buenas noches. Disculpe ingeniero. Soy el guardián y vine a ver si había alguien aquí".
"¿Por qué?"
"Es que vi varias luces prendidas".
"Sí. Estoy solo acá".
"¿Solo? Justo ahora". No se preocupe, yo vigilaré que esté seguro".
Le sonreí.
Luego de eso, me quité la toalla, y me puse a ver tele -algo que no hacía mucho- y descubrí que estábamos suscritos al canal adulto. Me acomodé bien, y pensé que a lo mejor una pajeada podría darme el cansancio necesario para irme a dormir.
En la tele, una chica vestida de Mamá Noela chupaba y se comía unas pingas de campeonato.
La mía era más o menos grande... bueno, 17.5, por si les interese. En pocos minutos la tenía a todo su esplendor, y comencé a hacerme la paja.
Eran 10 para las 12, cuando de nnuevo sonó el timbre.
Puse el "Mute" al tele, me arreglé la toalla para que no se me viera mi erección, y fui a atender.
Era el pelado, esta vez, con una vianda.
"Ingeniero, no vaya a pasar solo la Navidad. ¿Qué le parece si compartimos una pobreza?"
Me conmoví. Ese chico, pensando en alguien que no conocía... antes que la nostalgia navideña se me hiciera lágrimas, fui a ver platos, tazas. y puse la mesa.
Cuando le pasé la voz al guardián, me lo encontré concentrado viendo la tele... ¡justo en el canal porno!
"La cena está lista".
Él se puso de pie, y debajo de sus pantalones de camuflaje, una pinga parada no se podía disimular.
Le repetí la invitación. Entonces, él se llevó la mano sobre su sobresaliente bulto, como queriendo disimularlo. Yo me hice el que no le di importancia.
Durante la breve cena, supe que tenía 19 años, que acababa de salir del Ejército, y que una familia de la cuadra le convidó ese pedazo de panetón y un termo de chocolate. Él se había creado ese puesto de trabajo, porque no encontraba nada aún, pero no quería dedicarse a la vida fácil. Por mi parte, le conté toda mi historia. Bueno, en breve.
Esa noche, él vestía una camiseta ceñida de camuflaje, los pantalones que mencioné y sus botas.
Al terminar la cena, nos dimos un abrazo de Navidad, y dos hechos curiosos sucedieron. Primero, la toalla que me cubría se me cayó, y quedé desnudo, mientras me abrazaba. Lo segundo es que su erección era constante en ese momento.
Ambos nos ruborizamos.
"Bueno, yo regresaré a la calle para vigilar".
"Yo veré tele un rato más y espero quedarme dormido".
"Esteeee.... ¿puedo darle una vuelta más tarde? Digo, por si se le ofrezca algo?"
"Claro. Tocas el timbre, y listo".
"Ah, ingeniero. ¿Usted entrena en algún gimnasio?"
"Sí, el del centro. ¿Por qué?"
"Tiene bonito cuerpo".
"Gracias", le dije sonriendo.

A un cuarto para la una, seguía insomne, viendo un show de sexo gay en vivo. Nuevamente tenía mi verga parada, y recibiendo cariño entre mis manos. El timbre sonó. Salí a atender la puerta desnudo, sólo que al abrirla, oculté mi cuerpo tras ella. Era el guardián.
"¿Todo bien ingeniero?"
"Sí, creo que sí".
"Todavía despierto, ¿no?"
"No puedo dormir".
Nos quedamos unos segundos en silencio.
"Bueno, seguiré dando vueltas".
"Oye, y... ¿por qué no pasas?"
Sí, yo sé a lo que me estaba exponiendo, pero no era la primera vez que eso me pasaba, así que si mi experiencia no fallaba, pues, podría haber algo.
Como pensé, él ingresó.
Fuimos a la sala, y lo invité a sentarse a ver tele un rato.
"Si quieres cambiamos de canal".
"No o ingeniero. Normal".
Con la verga semi-parada, , me senté junto a él y nos pusimos a ver el show candente.
Un minuto después, el bulto bajo sus pantalones era nuevamente evidente.
"¿Y eso?", le dije indicándoselo.
"¿Y usted qué me dice de eso?", me la regresó señalando la mía que estaba dura de nuevo.
"Me excita ver éso".
"A mi también".
"¿Te jode si me pajeo?"
"No ingeniero... Normal".
Comencé a masturbarme, y a empujar mi pinga hacia abajo para que, al soltarla, cchocara con mi abdomen.
"Ingeniero... y... ¿yo también puedo corrérmela?"
"Claro. Normal".
Se puso de pie, se quitó la camiseta, se sacó las botas, se quitó los pantalones, y... sólo se quedó vestido con sus calcetas verde olivo... debajo no llevaba underware, y estaba mismo William Levy, pero con pelo negro. Sus nalgas eran lindas, lampiñas y enormes.
Se sentó de nuevo, y comenzó a pajear su verga que era tan grande como la mía, con unos huevos enormes.
De vez en cuando nos mirábamos. Estábamos super excitados.
Entonces, se la agarró de la base y comenzó a menearla.
"Ingeniero, una pregunta, pero no se moleste".
"Dime".
"¿Alguna vez la ha chupado?"
"Un montón de veces".
"¿Podría...?"
Sonreí, me agaché, y comencé a darle una mamada magistral. Sus manos acariciaban mi espalda, mi trasero, y mis piernas. En algunos momentos, sentí el roce de su mano sobre mi miembro.
"Alto", me dijo. "Voltéese". Lo hice. Él se levantó y se arrodilló sobre el sofá donde estábamos.
Tiramos en la posición de perrito. Al inicio, iba despacio, pero luego aumentó la velocidad, y sus caderas hacían un chasquido cuando chocaban contra mi trasero. Luego me puse boca arriba, y él me agarró piernas al hombro, pero manteniéndose de pie sobre el piso de la sala. Esta vez no se anduvo con contemplaciones, y bombeó tan rápido como pudo. Yo aproveché para pajearme.
A los pocos minutos, sacó su verga y me regó su leche sobre mi vientre plano y mi pecho. Yo también me corrí en ese momento.
Tras ducharnos juntos, regresó a la calle. Eran las tres de la mañana.
Quedé dormido en el sofá hasta que el timbre me despertó otra vez. La tele seguía prendida. El resplandor de la mañana entraba entre la cortina. Pensé que era alguno de mis compañeros. Apagué la tele, me puse mi toalla encima, y me fui a abrir la puerta.
Era el pelado de nuevo.
"Ingeniero, vengo a despedirme. No sé si... se le ofrece algo más".
"No sé. Depende de ti".
"¿Puedo pasar?"
Esta vez nos fuimos a mi cuarto. Tras revolcarnos sobre mi cama varias veces, hicimos el 69,.
"Alto", dijo él.
"¿Te vas a correr?"
"No... métamela ingeniero".
Como yo estaba boca arriba, le pedí que se sentara sobre mi pene, el que poco a poco fue introduciéndose en su estrecho y caliente ano, hasta no quedar nada al aire libre.
Me cabalgó con locura, mientras le aferraba y palmeaba sus grandes y duras nalghas. Él se comenzó a pajear.
Le pedí que girara,y se acostó boca arriba apoyando su espalda contra mi torso. Le alzé las piernas, flexioné las mías y comencé a bombearlo, al punto que gemía como condenado.
Tras un gruñido que dio, sentí cómo su ano se hacía super estrecho.
"Las estoy dando ingeniero, las estoy dando".
Bastó que me dijera eso para que mi leche le inundara su gran culo.
Nos pusimos de lado sin perder esa posición, y nos quedamos dormidos.
Nos despertamos como a las dos de la tarde. Él preparó almuerzo, comimos, y me dejó solo toda esa tarde de sábado de Navidad.
Por la noche, dormí como angelito, y a las seis de la mañana del domingo 26, estaba de nuevo en la puerta buscando más sexo.
Hasta que llegó su guardia nocturna, follamos todo el día.
Para el fin de semana de Año Nuevo fue lo mismo.
Con los meses, conseguí hacerlo entrar como seguridad a la empresa, alquilamos un apartamento juntos, y vamos al mismo gym. A veces, él se consigue unos billetes extra trabajando como stripper, cosa que a mi no me jode la verdad. También me comentaron que se prostituye, pero, como somos panas y no otra cosa, a mi me resbala, siempre que me respete... aunque, ya entiendo por qué me está insistiendo para hacer un trío. Yo no me animo. ¿Ustedes qué me recomiendan?
Ah, y este año, tampoco  iré a Guayaquil por Fiestas...

© 2011 Hunks of Piura Entertainment. Siempre practica sexo seguro. ¿quieres compartir tu relato? Escríbenos: hunks.piura@gmail.com

miércoles, 13 de junio de 2012

SxEC 09: Mi orto y la ducha

El chico con el que estuve mide 1m68, contextura promedio, y una polla de 16 cm. se trata de un amigo que vive cerca de mi casa.
Hace unos días llegó para joder un rato. Mi hermano había llegado mareado, y se fue a dormir la mona, en su cuarto.
- Oye, me voy a bañar.
- ¿Y por qué no nos bañamos juntos?
- Ya pues.
Nos calateamos. Lo primero que me llamó la atención fue su pinga, tan rica. Yo tuve que aguantarme para no decir ni hacer nada.
Nos metimos a la ducha. Yo comencé a enjabonarme.
- ¿Te enjabono el culo?
Los dos nos reímos. Se la pasó todo el rato jodiendo y jodiendo.
- ¿Te paso el jabón por la espalda?
- Hablas huevadas.
En ese momento me volteé de tal forma, que casi le doy un beso en la boca.
- Sorry.
- No hay problema... ¿Saves? Tienes el culo bien redondito, mejor que de una jerma.
- ¿qué?
- Tienes culito de puta.
Los dos nos reímos.
- Tienes un culo tan grande que sobrado se aguanta dos pijas.
Mientras nos seguíamos bañando, sentí como un airecito sobre mis nalgas: él me había pasado las manos rápidamente, pero sin tocármelas.
- ¿No te vas a enjabonar el culo? ¡Yo te lo enjabono!
- ¿Cómo?
- Normal. Habla.
Entonces, su verga comenzó a pararse. Yo no le dije nada. seguí bañándome, cuando sentí que me sopló el cuello. Me volteé, y mi verga chocó con la suya. Las dos estaban armadazas.
Lo quise evadir, pero él me agarró de la cintura, y pegó su cuerpo al mío. ¡qué rica sensación, por Dios!
Áún así, le quité sus manos de mi cuerpo, pero él me volvió a tomar y me arrinconó contra la pared de la ducha, rozando su pecho, su vientre, sus piernas y su verga parada contra las mías. Era definitivamente rico.
- Chúpamela.
Me arrodillé a hacerlo, mientras el agua de la ducha caía, y me suavizaba el fuerte sabor de su pinga. se la succioné con fuerza, antes de pasar a comerme sus huevos.
Él me tomó del cabello y me metía y sacaba su pinga de mi boca. Por un momento, sentí que me ahogaba, y no pude articular palabra.
- Cómetela toda. qué rico la chupas. Tienes una boquita calientita. Si así tienes la boca grande, ¿cómo tendrás el orto?
Yo paré en seco, y lo miré extrañado.
- ¿Qué es orto?
- ¡Tu ano, pues, huevón!
Nos reímos.
Se la seguí chupando y chupando, y comenzó a hacer unos gemidos bien arrechos.
- Puta madre. sigue. Sigue.
se inclinó a tocarme el culo, y aprovechando la humedad de la ducha, me metió los dedos a mi... orto.
salió un toque a ver su ropa y regresó con un condón, se lo puso. Se sentó sobre el piso de la ducha, pero debajo de la lluvia. El agua seguía cayendo.
- siéntate despacito. quiero abrirte ese... orto.
Mientras la metía y bajaba, me dio dos fuertes nalgadas. su pene entró sin problemas en mi culo, quizás por el agua que caía.
Comencé a subir y bajar, a ir para adelante y para atrás, a apretársela con mis nalgas.
- Uyyy, ¡qué rico la aprietas! ¿quieres comértela toda?
Él me acariciaba la espalda. Entonces me senté dándole la espalda, y él empezó a besármela, lo que me provocaba cosquillitas placenteras.
 
me daba besos en la espalda que sentia cosquillitas ............
- Muévete.
Lo hice con fuerza.
Luego nos pusimos de pie, y él me cachaba con fuerza. El agua caía. qué rico se sentía, era espectacular.
Mientras me follaba, me abría las nalgas.
- es para que te entre y la sientas toda.
Me agarró de los hombros para bombearme el culo con más fuerza, y lo consiguió.
- No gimas fuerte, que mi hermano te puede escuchar.
Comenzó a gemir despacio, pero se le olvidó, me sacó la pinga, casi arrancó el condón, y disparó su leche sobre mi espalda.
Terminamos de bañarnos, pero él no dejaba de acariciarme.
Antes de salir de la ducha, se arrodilló, y me dio un beso en la nalga derecha, en la izquierda, y abriéndomelas, en... el orto.
- qué rico ortazo que me he comido.
se levantó y me quiso dar un beso en la boca, pero se lo esquivé y terminó dándomelo en la mejilla.
Mi hermano seguía durmiendo la mona. Cuando pasamos y lo vimos de reojo, notamos que su verga estaba parada.
 
©2012 Hunks of Piura Entertainment. Comenta este relato aquí.

miércoles, 30 de mayo de 2012

SxEC 07: Recordando las escondidas

Hace unos días, estábamos conversando algunos primos y amigos, y nos acordamos de los juegos de  infancia.
- ¿se acuerdan de las escondidas?
el que hablaba era un chico de unos 22 años, 1m67, cuerpo agarrado, bien formado, trigueño.
- Oigan, ¿qué les parece si la jugamos de nuevo?
Nos miramos todos, y dijimos: ya.
Le tocó contar a un amigo y todos corrimos a escondernos. Yo me fui a un cuarto desocupado, que a veces usamos como almacén de cosas viejas. Casi nadie entra, o mejor dicho, lo hacen una vez a las quinientas.
El amigo agarrado que recordó el juego se escondió conmigo.
Le metí picaporte a la puerta para que piensen que no había nadie allí. El amigo que estaba contando comenzó a buscar. Mis otros primos y amigos  se escondieron por otros cuartos de mi casa.
Yo estaba con mi amigo agarrado.
- se demorará en encontrarnos. Nunca nos va a encontrar.
Entonces, supongo que jugando, se acostó encima mío.
- ¡Aguanta!
Nos reímos. De pronto comenzó acariciarme, y yo también. Me miraba fijamente.
- A ver cuánto duras mirándome fijamente a los ojos, sin lagrimear.
- ¿qué?
- Si lagrimeas, te follo el culo.
Me reí bajito.
Lo miré fijamente por buen tiempo, sin lagrimear.
- ¿Ya ves que aguanté?
- ¿Y si te hago llorar de otro modo?
- ¿Cómo?
- Follándote por el culo.
Me reí de nuevo, porque pensé que estaba bromeando, así que le seguí la corriente.
Él vestía un short y camiseta deportivos. Se sacó la camiseta, y noté cómo su verga se abultaba bajo su short, así que se la saqué, pero no le hice nada: era un trozo de 18 cm, grueso.
- Cómetela.
- No sé.
- ¿qué pasa? ¿No la quieres?
Me acosté a su lado, y él se sacó el short. No llevaba ropa interior. Se sentó sobre mi pecho y me puso su verga en mi boca.
- Embútettela.
Me pasó su verga y sus huevos por mi boca, mientras comencé a acariciarle su firme culo. Entonces, jugando, me lo quité de encima, así que él se quedó sentado sobre el suelo, culo al piso.
- Te apuesto que no me follarás.
se levantó, me tomó por los brazos, y me volteó. Me bajó mi bermuda, y comenzó a puntearme.
Así agarrados, caminamos hasta su short. sacó su billetera, y allí tenía un condón. Se lo puso.
De pronto, sentí cómo su pene entraba en mi culo.
- ¿Te duele?
Me estuvo follando unos minutos, cuando reaccionó.
- Hay que salir un rato del escondite para que no sospechen. Luego regresamos para comerme ese culo.
Se puso su ropa, sin sacarse el condón.
Para no levantar sospechas, y hacer suponer que estuvimos escondidos en partes distintas, él salió por una puerta, y yo por la otra.
Cuando regresamos, el chico que estaba contando se negó a hacerlo de nuevo.
- 'Ta que son bien fatales pa' esconderse.
Un primo tomó su lugar, pero acordamos que no iríamos a los dormitorios para evitar que se pierdan cosas.
Aún así, me fui a mi cuarto... y mi amigo agarrado me siguió.
Nos quitamos la ropa, y él se acostó en mi cama, así que comencé a chupársela. Puse mi culo en su cara, y él me hizo el beso negro.
- Chúpala así.
Me la metí toda en mi boca.
Saqué un condón que tenía en mi mesita de noche, se lo puse, y me senté encima de su pija.
De allí rodamos en mi cama hasta que hicimos un piernas al hombro.
- Voltéate.
Me puse en cuatro y me la clavó de nuevo. sus huevos sonaban cuando golpeaban mis nalgas.
- Cómetela toda, mierda. qué rico culo tienes.
Yo gemía de placer.
- Te voy a meter los huevos también.
- sí, hazlo.
- qué rico culo tienes, reconcha tu madre.
- No resondres, reputa la tuya.
Nos reímos.
Me volteó otra vez, hasta que quedé boca arriba, me levantó una pierna y me la metió. Me folló con más fuerza.
Volvió a hacerme el perrito, pero esta vez contra la pared.
- ¿Te duele?
Me acariciaba todo mi cuerpo, me tocaba las tetillas y eso me ponía más arrecho.
Él continuaba moviéndose, hasta que se vació.
Aún a pesar que ya las había dado, no dejaba de moverse con fuerza, como si quisiera atacar por segunda vez.
Entonces, se detuvo.
- ¡qué rico ha estado! Eres de la puta madre, huevón.
- Tú igual.
- A partir de ahora, vamos a follar cuando queramos.
Cuando salimos, todos los demás se habían ido, seguro porque era hora del almuerzo.
- Fue buena idea decirles para jugar a las escondidas, ¿no?
- ¿Por qué?
- Porque mañana jugaremos también.
©2012 Hunks of Piura Entertainment.
 

viernes, 20 de abril de 2012

SxEC 1: Partido bajo techo

Vivo en una casa, que en la parte delantera tiene una tienda resguardada con rejas, por seguridad. Un día estaba solo; entonces, llegó a comprar un chico. Es de cuerpo marcado, brazos grandes y formados, alto. Es simpático de rostro, donde destacan unos ojos claros.
Como el pata es del barrio, le abrí las rejas y lo hice pasar con toda normalidad.
Yo no me hacía muchas ilusiones, pues sabía que era heterosexual... o al menos eso creí.
- Por favor, véndeme una gaseosa.
- OK.
Caminé hasta la refrigeradora, que está del otro lado de la tienda. Él me siguió. abrí la puerta de la refri.
- ¿Qué gaseosa quieres?
Él me miraba fijamente, en silencio. Entonces, se acercó más, y me tocó el culo.
- ¡Aguarda, mierda. No seas gracioso!
Trataba de hacerme el inocente; además, yo siempre tuve la imagen de que con él no pasaba nada, a pesar que su imagen de macho varonil me impresiona.
- Ya. dime, qué gaseosa quieres.
Él seguía mudo, mirándome fijamente. Entonces, sus labios se despegaron.
- Yo quiero otra cosa.
me reí.
Se puso detrás mío, comenzó a tocarme el culo. Yo estaba palteadazo.
- Buen culo tienes.
Me empezó a acariciar. Me arrechó.
- Te veo por la calle, y me dan ganas de metértela toda.
Comenzó a tocarse su verga. Yo seguía muy nervioso, pues estaba tan cerca de mi. Normalmente, lo veo jugando fútbol y hablando de chicas con sus patas. Yo no sabía qué pensar ante las cosas que me decía, que, ni por casualidad, se me hubiera ocurrido que pudieran salir de su boca.
Se bajó el cierre de su pantalón, y se sacó su verga de 16 cm, gruesa.
- Mámala, chúpala.
Al inicio, me palteaba hacerlo, debido a los nervios. Pero me arrodillé, cerré la refri, y comencé a darle un mameluco.
- Wow! ¡Qué caliente está tu boca! Chúpala así.
Le pasé mi lengua por toda su boca, y también le lamí los huevos, que los tiene grandes. Entonces, él se bajó más su pantalón.
Dejé de chupársela, pensando que ya se iría, pero él comenzó a apretarme las nalgas, y a acercarme todo su cuerpo. Mi excitación hizo que la mía tamién se pusiera dura y babeante.
- Todavía no termino. quiero probar ese buen culo que se te marca cuando caminas. Lo debes tener bueno.
Yo me reí.
- Déjame comprobarlo.
Abrió la nevera de la refri, y me bajó mi short y mi calzoncillo.
- ¡Buen culo tienes!
Me nalgueó, y como él había metido su mano a la nevera, me la pasó por mi trasero. Luego comenzó a meterme los dedos, y a estrecharme más contra su cuerpo.
- Qué rico culo tienes, mejor que el de una puta.
Se rió.
Hizo que me incline, apoyándome en la refri. Sacó un condón, se lo puso y comenzó a metérmela. Me dolía como mierda.
- Qé rico y apretado está tu culo. Ahhhh. Vas a ser mío, carajo.
Comenzó a follarme y a seguirme follando. Entonces, hizo que me apoyara contra la pared, me abrió de piernas, y me la clavó de nuevo.
De allí, pasamos a la sala, y me tumbó sobre mi sofá para seguírmela metiendo. Me hizo piernas al hombro, pero con las piernas cerradas, según él, para sentirla más.
Se sacó su polo, y comenzó a acariciarse su pecho formado, y sus tetillas.
- ¿Te gusta?
- Sí, mi amor.
Se acostó sobre mi y me dejó sentir sus músculos firmes, aunque no grandes.
- Ponte en cuatro.
Me la metió de nuevo, y no paraba de decirme cosas cachondas.
- qué rico culo habías tenido, y te la tragas toda, so pendejo tragón y comelón.
Me nalgueó de nuevo.
En eso, eyaculó.
Se sentó completamente calato sobre mi sofá. Estaba cansado. Yo estaba complacido por esa imagen
- He cachado rico contigo. Tienes buen culo, carajo.
Se me acercó de nuevo, y en compensación a esas palabras, se la chupé otra vez. su verga estaba semi-dormida, luego de haber vaciado su semen.
- espero que se vuelva a repetir.
- Claro, por mi, normal.
- Ya... pro... que quede entre los dos.
- Normal. Descuida.
Normalmente no le cuento mis cosas íntimas a nadie, pero con todos ustedes, he tenido que romper esa promesa de silencio.
al día siguiente, lo vi jugando fútbol. Me vio a lo lejos.
No me saludó... como si no me hubiera visto...

©2012 Hunks of Piura Entertainment. Comenta este relato aquí o en hunks.piura@gmail.com

jueves, 19 de enero de 2012

Quería agua y me dieron más que éso

Debido a las vacaciones de fin de año, se nos acumuló mucho trabajo en la oficina. Por eso, decidií avanzar algo este domingo.
El calor era insoportable, así que constantemente estaba tomando agua, hasta que el dispensador se quedó vacío.
Llamé a nuestro proveedor y me dijo que trataría de enviarme un bidón, pues, como era fin de semana, no tenían personal disponible. Pedí de favor que la llevaran pues la necesitava.
Era casi mediodía, el calor se incrementaba, y nada de agua. Insistí. Me dijeron que en veinte minutos, un amigo del dueño del negocio llevaría mi pedido.
la verdad es que estaba perdiendo la paciencia.
Tres cuartos de hora después, tocaron el intercom de la oficina. Era una voz grave:
-         Su agua, señor.
Cuando abrí la puerta de la oficina, un pata inesperado, luciendo un bibidí blanco y un short de tela sintética color negro. Era un tipo moreno, musculoso, con grandes brazos, enormes pectorales, culo redondo y relleno, y piernas de futbolista.
No pude quitarle los ojos de encima.
El pata, muy cordialmente, retiró el bidón vacío, e instaló el nuevo.
-         Ya está. ¿Algo más que pueda hacer por usted?
-          No sé. ¿qué más puedes hacer?
-          Lo que quiera.
-          ¿Lo que quiera?
-          Claro.
-          Bueno, estoy algo tenso por estos papeles…
-          ¿Desea un masaje?
-          ¿Sabes darlos?
-          Algo.
-          Claro, ¿por qué no?
Volteé mi silla, y él se colocó detrás de mí. Sus gruesas manos comenzaron a sobarme el trapecio, y la nuca. La distensión llegó en poco tiempo.
-         Tienes buena mano.
-          Gracias. No pensé que le gustaría.
-          No me trates de usted.
-          De acuerdo. ¿así está bien?
-          Perfecto.
-          Si deseas, puedo avanzar con toda la espalda, pero necesito que te saques el polo.
-          ¿En serio?
-          Seguro. Confía en mi. Además, tú tienes el teléfono de mi amigo. Si hago algo malo, llamas y me acusas.
-          ¿Y dónde aprendiste a dar masajes?
-          En el gimnasio donde entreno.
-          Se nota. Tienes buen cuerpo.
-          Gracias. ¿Entonces?
-          La verdad es que me gustaría un masaje completo.
-          ¿Completo?
-          Todo el cuerpo.
-          Allí hay un sofá, puedes echarte allí, y lo hago, pero… tendrías que quitarte toda la ropa.
-          OK. Nadie vendrá aquí.
Desnudo, me eché boca abajo sobre el sofá. Sus dedos comenzaron a pasearse por toda mi espalda, mis brazos, mis nalgas y mis piernas. La verdad es que me sentía relajado por completo, pero debo admitir que más que la técnica, era el sentirme tocado por ese musculoso. Entonces, comencé a excitarme.
-         Date la vuelta.
¡Mierda! Como dije, estaba excitado… y con la pinga parada. No supe qué hacer, y tras unos segundos de duda, giré.
-         ¡Vaya! ¿Y eso?
-          Disculpa, no lo pude evitar.
-          Normal. ¿Hace cuánto que no te dan un masaje?
-          Es la primera vez.
-          Entiendo. ¿Puedo ponerme más cómodo para masajearte?
-          ¡Claro! ¿qué harás?
-          Quitarme la ropa.
No lo podía creer. Se quedó en un bikini que apenas podía asegurarle el paquete, el que se veía algo grande.
-         ¿Y eso?
-          Ah, ¿te gusta? Lo compré en Lima.
-          ¿Eso?
-          Sí, esto… o ¿de qué estás hablando?
-          De lo que hay debajo del bikini.
-          Ah, te refieres a esto.
Entonces, se bajó la prenda, y su pinga saltó. El huevón era lampiño, y se había rasurado el vello púbico y las bolas. Apenas tenía el vello de las pantorrillas para abajo, pero escaso.
Así calato, reinició el masaje. Se sentó sobre mi verga y comenzó a sobarme el pecho, el cuello y el abdomen, y mientras se proyectaba hacia mis piernas, dejándome su miembro y bolas a la vista, comenzó a mover su culo. Mi pinga estaba entre sus nalgas, y como la mía bota bastante líquido pre-seminal, él pudo darme un masaje allí con mucha facilidad, pues su raja estaba más que lubricada.
Sin dejar de mover su culo, se inclinó a besarme en la boca, y yo aproveché para acariciarle su firme cuerpo, su espalda, sus nalgas.
Todo me parecía un sueño, pero, ¡mierda!, eso no era un sueño. Pasaba allí sobre el sofá de la oficina.
No resistí más, y le di mi semen allí entre sus nalgas.
Él no dejaba de moverse por lo que me producía unas cosquillas que estaban a punto de volverme loco.
Él comenzó a pajearse, cada vez más fuerte, hasta que su semen se disparó sobre mi abdomen y pecho algo velludos, aunque no tan formados como los suyos.
-         ¿qué te pareció el masaje?
-          Perfecto. Todo está perfecto.
De pronto sonó su celular. Se levantó a verlo y contestarlo. No me percaté del diálogo, sino que me distraje viendo mi leche entre sus nalgas, y cómo comenzaba a chorrearse por sus abductores.
-         Tengo que irme. ¿Tienes papel?
-          Sí, allí en el baño.
-         Ambos nos pusimos la ropa de nuevo. Sorbí un vaso con el agua que él había traído. Estaba fresca.
-          ¿Cuánto te debo?
-          Siete soles del bidón más tres de movilidad. Diez en total.
-          ¿Nada más?
-          No. Nada más.
-          ¿Y el masaje?
-          Cortesía de la casa, es decir, de mi casa… Cuando quieras, serás bienvenido.
Me dejó su número.
Esa tarde, terminé de hacer los papeles, y me quité de la oficina como a las cuattro.
Tomé otros dos vasos con agua.
Lo llamé y quedamos para esa noche.
Desafortunadamente, tuve inconvenientes en mi casa y no pude ir: mi esposa se había puesto algo malita. Ni modo, la familia está primero.
La huevada es que el pantalón donde guardé su teléfono lo mandé a lavar, y me da roche preguntar por él al señor donde pedimos el agua.
Así que si alguien lo ve por su casa u oficina, pásenme la voz. Quiero sentir su culo, y su verga –por qué no-, de nuevo.

© 2012 Hunks of Piura Entertainment. Siempre practica sexo seguro.
¿quieres compartir tu relato? hunks.piura@gmail.com

jueves, 12 de enero de 2012

secreto de primos, eso espero

Cierto día que mi familia había organizado una fiesta, estuvimos todos. Todos menos un primo que se había quedado cuidando su casa.
Como habían servido regular comida, me pidieron a mi y a su hermano mayor, que estábamos nadando en la piscina, haciendo carreritas, que lo fuéramos a ver.
Salimos refunfuñando, porque desde el colegio, siempre nos destacamos por estar en los primeros lugares, y ahora nos estaban quitando la viada.
Llegamos y el cuidador no daba señales de vida. Su hermano lo llamó pero no contestaba su celu.
-         seguro fue a jugar fulbito. Esperémoslo.
-          Oye, pero estábamos de la puta madre en la piscina.
-          De aquí regresamos y ya.
-          Ya pues.
-          Oe, ¿y por qué tu afán de regresar a nadar, si hace cinco años que hemos salido del cole, y te sigo ganando?
-          Revancha, pe.
-          Es que el culazo que te manejas te hace contrapeso y por eso no puedes nadar.
En la joda, mi primo tenía razón. Mi trasero era grandecito, tanto que ni el resto de mi cuerpo atlético lo podía disimular.
Mientras esperábamos a mi otro primo, nos pusimos a ver tele. Estábamos sentados en dos sillones en perpendicular.
Entonces, mi primo comenzó a joderme.
-         Prepárate para la derrota.
-          Ya veremos. Lo que pasa es que haces trampa.
-          ¡Qué picón!
Al momento que me decía esto, sentí que su pie me rozaba mi culo.
-         ¡Suave, huevón!
-          Si no tuvieras el culo tan grande, avanzarías más rápido.
-          Pero al menos a mi me quedan mehjor los pantalones.
-          Uyyyy…. Te picaste de nuevo.
Entonces, volvió a meterme su pie en mi poto.
-         Ya, no jodas.
-          ¿sabes qué, primo? Me gusta tu culo.
-          Hablas huevadas. – Yo me sentí sorprendido al inicio por esa afirmación, pero algo me recorrió el cuerpo.
-          Puta. Si de mi dependiera, ya le habría metido huevo.
Su pie seguía en mi culo. Cuando lo volteé a ver, ví que se sobaba su pinga bajo su bermuda. Como habíamos salido rápido de la piscina, nos quitamos los speedos, y nos pusimos las bermudas ahí nomás encima.
-         ¿qué dices? ¿Dejarías que te cache?
-          No me jodas… no sabía que eras maricón.
-          Ja, ja. ¿Crees que no me sé lo que te pasó con el capitán de la selección de natación del cole?
Vaya, vaya. ¿Y cómo se había enterado de eso? Era uno de mis secretos.
-         Yo sé que los dos pasaron la noche cachando cuando fueron a concursar a Trujillo hace seis años. Por eso ese huevón no quedó en primer lugar.
Yo no sabía qué decir, y soy muy malo para ocultar lo que me pasa, o me pasó.
-         Eso pasó hace tiempo.
-          Y hace unos meses también. Ese huevón es medio bocón. Agradece que soy su pata, porque de ser otro, ya anduviera en el chisme.
-          Gracias… primo.
-          Ya, pé, ¿cómo con ese desconocido sí, y conmigo que soy tu family te haces el tercio?
Se levantó y se interpuso entre mi y la tele, se bajó la bermuda, y me dejó al descubierto su pija gruesa y babeante con unos huevos rosados grandes, que le colgaban. Se la empezó a correr.
-         Ya pe. Una chupadita antes de que venga mi hermano.
-          Estás loco.
-          ¿Y tú no? ¿Crees que no me di cuenta cómo me miras la entrepierna, o cómo me mirabas ahora que nos cambiamos?
-          Ese mierda no te debió contar eso.
-          Ese mierda no te sabrá cachar como yo… anda, no seas malito, dale su chupada.
Me quise parar, pero él me tomó de las muñecas, y logró que mis manos se la acariciaran. Ya no pude contra mi mismo. Mirándolo fijamente a los ojos, comencé a masturbarlo, me senté lentamente, y cuando tenía su verga a la altura de mi boca, le lamí la cabecita que estaba salada por su líquido pre-seminal. Poco a poco me fui olvidando del pudor, y me fui metiendo ese falo grueso en mi boca.
Le di una mamada genial.
-         quítate la bermuda, ponte en cuatro en el sofá.
Me quedé desnudo, e hice como me lo pidió.
Al poco rato, comencé a sentir un dolor en mi agujero allí en mi culo: me la estaba metiendo.
La pinga de mi primo fue entrando y saliendo de mi culo por largo rato hasta que sentí que palpitaba, mientras él lanzaba un gemido profundo.
Justo en ese momento sonó la puerta, y a la volada, nos pusimos las bermudas. Era mi otro primo, su hermano menor.
Le sirvió la comida y se quitó a otra parte. Yo sentía el culo mojado y me acomodaba de tal modo que no se me pegara con la bermuda.
-         ¿qué tienes, primo?, - me preguntó.
-          Nada. El calor.
-          Anda a mi cuarto, entra al baño y úsalo.
Me llamó la atención esto. ¿se habría dado cuenta de lo que había pasado?
Sin roche, me fui a su cuarto, entré a su baño, y me limpié.
Cuando salí, mi primo, el menor, estaba en su cuarto… calato, erecto… y no era tan chiquita. Bueno, apenas tenía 18.
-         Gracias por la comida, pero ¿qué te parece si te comes ésta?
Y se la comenzó a correr. Yo entendí que hacerme el cojudo no me iba a servir, porque encima ambos eran simpatiquísimos, tanto que las chicas les revoloteaban.
Él se sentó sobre su cama, y yo me senté encima de su verga, y comencé a saltar, con su palo dentro de mi culo.
De allí hizo que me inclinara sobre su cama, y él, de pie, me la clavó toda.
Unos minutos después, sentí que su verga palpitaba dentro de mi, y otra vez esa sensación de tener el culo mojado. Esta vez me duché.
Cuando salí, mi primo, el mayor, me esperaba en la sala.
-         Regresemos al tono a darle razón a mis viejos.
-          Claro.
-          Ah, y de esto ni una sola palabra, tanto tú, como tú. – Y nos señaló a los dos.
Hasta ahora me pregunto si el que recibo pinga es un secreto como he creído, o ya tengo mi famita.
Me da la impresión que es lo segundo, porque cuando regresamos a la fiesta, mi primo, el menor de todos, me miraba como ofreciéndose como una tercera opción.
Por ahora no está en mis planes hacerle caso porque apenas tiene 16, y yo le llevo cuatro años.
¿Será parte de mi lista de cacheros? Ya lo sabremos en un par de años. Mientras tanto, otro chapuzón para refrescarme no me vendría mal.

©2012 Hunks of Piura Entertainment. Siempre practica sexo seguro.
Basada en un relato de El Chico (busca su perfil en este mismo blog). ¿quieres compartir tu historia? Hunks.piura@gmail.com