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lunes, 27 de febrero de 2023

Lucas: Un ron por ese chibolo

Soy Lucas, vivo en Piura,  y tengo 38 años. Mi obsesión son los chibolos de 22 años, delgados pero formaditos. ¿Por qué?

 


Hace un tiempo yo chambeaba en Chiclayo. Un miércoles me encontré en un grupo de contactos gay a un chibolo de 20 años. Le mandé solicitud, me aceptó, chateamos buen rato, me cayó simpático, quedamos para vernos el sábado. Esa noche y las siguientes hasta el viernes, aluciné follando sin control con él en mi cama, inundando su ano con mi semen.

 

No había momento en que me quedara calato en la cama, pusiera dura mi verga de 15 centímetros y la frotara contra la almohada hasta que se me saliera la leche imaginando que perforaba su sabroso culito. Ni las duchas frías que tomaba me bajaban la calentura. ¡a la mierda! Cuánto esperma me hizo botar ese conchesumare.

 

Llegó el sábado. Como le dije que tenía sitio, organicé mi cuarto para que la cita fuese lo más placentera posible. Me fui bien animado a chambear.

 

A eso del mediodía, el huevón me pasó un mensaje: “No creo que la haga, causa… tengo un culo de trabajos de la universidad por entregar” ¡Carajo!, me dije. ¡Y qué iba hacerme esa noche? Porque si él tenía un culo de trabajos, yo no había dejado de alucinar cómo sería probar su culo mientras le hacía el amor. Ni modo. Me resigné. Algo haría. Quizás… pajearme como loco.

 

Salí de la chamba a eso de las seis y media de la tarde cuando otro mensaje me entró. Era el mismo chibolo. Yo estaba desganado, así que no le di bola. Pero el chico insistió. “Al diablo mis trabajos… ¿dónde nos vemos?” Puta madre. De solo pensarlo, se me fue el cansancio y hasta mi verga se puso dura bajo mi ropa. Y ya sentía el bóxer húmedo porque cuando se me para, lubrico como mierda.

 

Quedamos de vernos en el Paseo de las Musas. A pesar que yo había deseado ese momento, estaba medio nervioso. Me compré un roncito y me puse a tomar un poco como para darme valor. La huevada es que el chibolo no aparecía por ningún lado. Decidí acabarme la chata e irme a joder a otra parte.

 

Ya estaba tomando el último vaso cuando él apareció.

“Disculpa, brother”, me dijo todo humilde. “traté de zafarme, pero una vaina y otra…”

¿De qué vainas habla este huevón? Mejor estaba mi vaina, otra vez al palo, lubricando, especialmente con esa ropa entallada que le marcaba su físico, y ese pitillo que le destacaba su culito bien redondito y sus piernas gruesitas y firmes.

“Practico fútbol”, me contó cuando se sentó a conversar.

Compré otro ron y comenzamos a hablar. Le invité pero no quiso. Nos caímos en gracia. Cuando se acabó la segunda chata, llegó la duda:

“¿Dónde la seguimos?”, le dije, con la esperanza de que ya quisiera que cachemos.

“Vamos a la disco”, me propuso. No era precisamente lo que tenía en mente, primero porque ya le tenía hambre a ese culito y segundo porque no soy bueno bailando. Obvio, no le dije eso.

“OK… vamos”, le dije.

 

La pasamos bien en la disco. Como ya la había comenzado con ron, la seguí con ron. Quizás eso me dio valor para bailar. No sé ni cómo lo hice, o si hice el ridículo, pero el caso fue que también el chibolo aceptó tomar unos vasitos. Aprovechando la penumbra, me le acerqué y mi mano traviesa le acarició una nalga: estaba durita. Imagínense cuando nos tocó perrear, ahora era mi pinga la que se había puesto no durita al rozar su trasero… ¿estaba duraza!

“¿La seguimos en otro lado?”, le consulté.

“¿Dónde?”

 

En veinte minutos ya estábamos en mi cuarto. Apenas cerramos la puerta, nos besamos en la boca como locos. Qué rico sentir su lengua. Me imagino que le excitó mi aliento a ron. Comenzamos a quitarnos la ropa.

 

Ya calatos, nos abrazamos fuerte y dejamos que nuestras pingas duras se frotaran y rozaran. La suya también lubricaba un montón. Mientras nos besábamos, subimos a la cama.

 

Acaricié su culo de futbolista. Obviamente que así sin ropa era más redondito y firme que con ella. Aparte que esas nalgas lampiñas hacían que las caricias fuesen como pasar seda sobre porcelana.

 

Mis labios dejaron los suyos y comencé a besar suavemente su cuello con aroma de rico perfume varonil. ¿Bien!, dije yo. Él comenzó a gemir y jadear con tono de macho. ¿Bien, carajo!, dije yo. Los patas que se comportan como mujeres en la intimidad no me ponen nada.

 

Bajé a chuparle las tetillas. El chibolo se alocó más y acariciaba mi cabello. En realidad, me despeinaba. Seguí bajando. No tuve problema en chuparle su pene. No era largo o grueso, pero estaba ahí, levantado y duro como un gancho del que debía colgar toda mi boca caliente.

“Así, pata… la mamas bien rico”.

Succioné bien su pichula para ordeñarle un poco de precum y luego lo guardé en mi boca para buscar la suya e intercambiarlo junto a nuestras salivas mientras nos besábamos otra vez. Volví a bajar a seguirle chupando su rico pene.

 

Solito se fue acostando sobre mi cama. Abrió sus piernas para que le lama los testículos. ¿Requetebién!, dije yo. Solito levantó las piernas. Obviamente, ambos sabíamos qué queríamos.

 

Separé sus nalgas, saqué mi lengua, y, sin perder tiempo, fui a conquistar su anito cerradito. En mi excitación, quería penetrarlo solo con mi lengua. Él me agarró fuerte del cabello y quería que no deje de hacerle el beso negro. Miré un toque: ya estaba dilatándose. Decidí sopearlo más.

 

Me incorporé. Aprovechando mi saliva y mi líquido preseminal, le fui metiendo mi pene. El chibolo era tan estrecho que incluso para meterle la cabecita fue un poquito trabajoso. Así que me estiré, saqué el condón que había separado para esa noche especial, me lo puse, y luego saqué el lubricante y lo embadurné bien. Puse algo del gel en el ano de ese hermoso chico.

 

Empecé a empujarle mi pinga. Logró entrar todita poco a poco, pero, como era tan estrecho, me apretaba como mierda, y sentía que en cualquier momento ese ano iba a succionar mi falo arrancándolo de mi cuerpo. Comencé a mecerme. ¿Puta madre, por Dios! ¡qué hermosa sensación bombear ese agujero!

¡así,papito”, susurraba el chibolo. “Cáchame rico así”.

Ese pedido con voz de macho me calentó más, por lo tanto le di con todo y me moví como loco. El chibolo se quejaba medio rugiendo, como macho. Eso para mí era combustible. Le di más fuerte aún. Ambos estábamos fuera de nuestros seres entregándonos al sexo más rico que nunca antes nadie haya sentido.

 

Como me lo agarré piernas al hombro, mi pubis y mis bolas azotaban sus nalgas como un castigo placentero, que nunca desearía que acabe.

 

En un momento que tomé aliento para volverlo a cachar fuerte, él puso sus manos en mi pecho y me hizo entender que quería que me acostara. Lo hice. Ese hermoso nene se sentó sobre mi verga, se abrió bien sus nalgas y se dejó clavar por mi herramienta sexual. Comenzó a cabalgar como loco. Ahora era su hermoso culo de futbolista el que azotaba mi piel. Siguió gimiendo y jadeando. Por ratos se inclinaba y me besaba en la boca sin dejar de mover ese fabuloso trasero.

 

Estuvimos buen rato así hasta que…

“Ya las voy a dar”, le dije.

Él me sonrió.

“Quiero quitarme el condón y llenarte el culo con mi leche”, le dije.

Volvió a sonreír y me señaló su boca lo más pendejamente que puedas imaginar.

 

Cuando sentí que ya no iba a aguantar más, le dí unas nalgaditas y él se desconectó de mi pene, se arrodilló sobre mi cama y yo me puse de pie sobre ella. Me hice una paja que era capaz de arrancarme mi pinga y le di toda mi leche en su boca. Él no solo la saboreó; se la ttragó como quien traga el licor más rico del mundo.

 

Me incliné a besarlo en la boca nuevamente.

“La pasé de la puta madre”, le dije.

“Yo igual”, me respondió.

Para entonces, el efecto del ron se nos había pasado. Nos quedamos conversando un rato y cuando nos dimos cuenta, ya casi estaba amaneciendo.

 

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viernes, 1 de junio de 2012

La Parcela (2): Sazonando un culo

Wilfredo estaba a punto de blandir la varilla de fierro como objeto disuasivo ante los dos extraños, mientras que su fierro de la entrepierna había regresado a ser ese pacífico músculo blando de 9 centímetros de largo, moreno con manchitas marrones.
Era evidente que los dos tipos agarrados que estaban esperando afuera eran supremamente mas fuertes que él.
- Nando, parece que nos equivocamos.
- ¿Nando?
Wilfredo se relajó, dudó. El desconcertado blancón fornido trató de explicar.
- Sí, yo soy Nando. Fernando, pero más me dicen Nando. ¿En serio Jano no le dijo sobre mi?
- Esteee... bueno sí, el joven alejandro mencionó que vendría un Nando con un amigo.
- Ése soy yo. Y este es mi amigo, Raúl.
- Ah, mierda. Disculpe la equivocación. Es que he oído sobre los asaltos, y...
Wilfredo sacó la llave de su bolsillo, cuyo peso le dejaba media nalga derecha velluda al descubierto. Jaló el picaporte, y abrió la puertecilla.
Los dos muchachos entraron, y era como estar en un mundo distinto: un hermoso y tupido jardín enmarcaba una casa de material noble, enlucido, pintada de blanco, con tejas en el techo, de un solo piso. Pero justo a la derecha del portón, había una especie de casa más pequeña de un solo piso con la ppuerta y la ventana cerradas.
- Pasen para llevarlos a su cuarto.
Entraron por el costado izquierdo de la casa grande. Wilfredo les abrió una puerta.
- Ésta es la cocina y el comedor.
Bajo una ventana cubierta con blancas cortinas, una estufa a gas, una mesa de mayólica celeste y un lavavo de aluminio en la pared del fondo. Al medio de la habitación una mesa de madera con dos bancos en hilera a cada costado y una silla solitaria de madera en el lado más angosto, con una ventana también cubierta con blancas cortinas, que daba a un jardín interior, y que servía como separador a la otra ala de la casa, donde habían tres puertas.
- La de la izquierda es mi cuarto, la de la derecha es el water, y al centro está su cuarto.
Entró allí y abrió la ventana.  El espacio tenía paredes de un color crema cálido, suelo de cemento rojo con cuadrícula, y una puerta del otro lado. En el suelo se apiñaban tres colchones y trapos que parecían ser sábanas blancas.
- Yo mismo limpié el cuarto ayer, pero como ustedes vivirán acá, se encargarán de eso.
- Y... ¿hay dónde bañarse?
Ante el requerimiento del alto, blanco y fortachón, Wilfredo abrió la otra puerta. Había una especie de patio con un cobertizo, algunos sillones de paja raída, y una puerta al fondo tapada por una cortina plástica.  A sus espaldas, toda la parcela delineada por una fila de limoneros.
Wilfredo abrió la cortina.
- Hola.
En la habitación forrada de mayólicas blancas bajo un cielo raso se veían dos regaderas, y un pequeño foso, colgadores del otro lado.
Debajo de una de las duchas, Gabo, mojado, desnudo, y de espaldas a los visitantes, se enjabonaba las nalgas.
Mientras Wilfredo tragaba saliva ruidosamente, Nando y Raúl se miraron brevemente, y contestaron el saludo al unísono.
- Es-es-este es mi sobrino Ga-Gabo.
- Hola chicos. Disculpen.
- Descuida.
Nando, el blanco fortachón, le lanzó una mirada pícara.
Los tres regresaron al cuarto, y dejaron sus mochilas. Nando se estiró, luciendo toda la musculatura debajo de una camiseta manga cero y un jean ceñidos.
- Será necesario inspeccionar toda la plantación. ¿qué están produciendo?
- Limón, mango, frejol chileno, palta...
- Palta o aguacate... ¿y qué tal palta da acá?
- Buena; pero no es temporada aún.
- Claro... ¿Puede acompañarnos para hacer una especie de catastro?
- Pero, primero desayunemos.
Los dos muchachos aceptaron. Wilfredo pidió retirarse. salió hacia su cuarto, y justo detrás de él, iba Gabo en una breve toalla. Miró hacia el cuarto de los recién llegados y buscó de nuevo los ojos de Nando. Fue correspondido al menos por unos segundos.
- Una bebita ese huevón.
- ¿Buen culito tiene.
- Tranquilo, 'on. Mejor prepárate para ver el terreno.
- ¿Cuanto te dijo Jano que era?
- 25 hectáreas. Nos tomará un par de horas. Casi son las nueve. Antes de mediodía nos desocupamos, y por la tarde hago los cuadros.
En el cuarto del costado, Wilfredo regañaba en voz baja a Gabo por el roche.
- Ten cuidado, so mierda.
- ¡Ayshh! Seguro se van a bañar juntos y se verán calatos, ¿no?
- Yo me voy con ellos a ver el terreno. quédate aquí atento para cuando llegue Jerry. Dile que se haga algo suave nomás. Ah, y limonada en cantidad.
- Ya, tío.
Todos desayunaron velozmente un plato con cuatro humitas recalentadas, un generoso pedazo de queso y café negro pasado algo tibio. Lo devoraron en un cuarto de hora y salieron al fondo de la propiedad, menos Gabo, quien se quedó solo en la cocina, alucinando con el cuerpazo de Nando.
La campana sonó unos veinte minutos después. Gabo, vistiendo un bibidí desteñido y una bermuda de tela, que resaltaba sus glúteos fue a atender.
Era Jerry, un chico de unos 27 años, delgado pero con una incipiente masa muscular, aunque sin llegar a ser atlético; era trigueño, no tan alto, peinado en copete modelado con fijador. vestía un polo de mangas cortitas con un curioso diseño de una cruz en llamas, y un jean que, sin pegarse al cuerpo, revelaba unas piernas poderosas y fuertes, amén de un trasero levantado.
- ¡Gabito, amigo!
- ¡Hola Jerry!
Gabo le ayudó con una canasta de nylon donde llevaba algunas cosas para cocinar.
- ¿Y el resto?
- aquí en mi mochila.
Jerry le mostró el objeto de color negro, colgado de su hombro izquierdo.
Ya en la cocina, Jerry dispuso todo para preparar los alimentos.
- Dijo mi tío que algo ligero. Ah, y mucha limonada.
- ¿Cuántos son?
- A ver... mi tío, yo, el chico blanco agarrado, el otro moreno cuerponcito, y tú.
- Cinco en total. Así que ya llegaron los chicos. ¿Y Janito?
- No sé. No ha llamado todavía.
- ¿Cómo es eso que hay dos cuerpones?
- Ah sí. Si los vieras. Uno blanco alto, musculoso; el otro moreno, algo más bajo, pero no tan cuerpón.
Jerry se rió.
- Ay, ese Jano. espero que no se le haya olvidado que necesita jornaleros, no modelos. ¿Y dónde están?
- se fueron a ver toda la parcela, hace como media hora.
- Ah... ¿y cuál te gusta?
- Aysh, ¿qué dices?
- Ay, Gabito, Gabito, Gabito. Y eso que no te pregunté cómo te fue con el arrecho de tu tío, anoche.
- Pueeessss... cachamos.
Jerry se acercó a Gabo, en actitud intimista.
- O sea, ya te rompió ese culito, ¿no?
- ¿qué dices?
- Anoche, con el cañazo, también te pusiste arrecho. ¿Te acuerdas cuando se fue el Wilfredo al baño, y te dejaste tocar las piernas?
- Estaba borrachito.
- Tienes ricas piernas.
Jerry se acercó hasta que su torso hizo contacto con el de Gabo. Juntó su boca a la del chico y le dio un beso francés. Gabo reaccionó sobresaltado.
- Pueden venir.
- Se han ido a ver la parcela. Demorarán.
Gabo se relajó y se unió en un abrazo, mientras sellaba sus labios con los del cocinero. Comenzó a sentir un gran bulto en sus pantalones, pero no pudo precisar si era suyo.
- ¿Ayer cumpliste 18, cierto?
- Sí. ¿Por qué?
Volvieron a besarse. Jerry acarició la espalda y el trasero a Gabo.
- Tienes el culo rico. ¿Te comiste la anaconda de Wilfredo?
- ¿Cómo sabes que es grande?
- Los chicos del pueblo lo saben: lo han visto calato bañándose en el canal luego del fútbol.
Jerry comenzó a besar el cuello a Gabo, quien sentía una excitación creciente, pero diferente de la que experimentó la noche anterior, y esa mañana temprano con su tío.
Los dos avanzaron hasta llegar al borde de la mesa de la cocina.
- Voltéate.
Gabo obedeció. Jerry juntó su cuerpo y comenzó a sobar su bulto duro contra las nalgas del otro muchacho, mientras las manos le exploraban el duro abdomen, y pellizzcaban las tetillas erectas.
Entonces, de un solo tirón, bajó la bermuda y el calzoncillo tipo suspensor, hasta dejarle las nalgas al aire.
- Agáchate y abre tus piernas.
Jerry tomó cada nalga con sus manos, las separó y, arrodillado, le practicó un beso negro. Su lenguas se hacía una cuña de carne queriendo horadar el ano dilatado de Gabo, quien se retorcía de placer, mientras se apoyaba en la mesa del comedor.
- ¡Ay. Así. Ajjj. Ay, qué rico. sigue. Sigue!
Jerry siguió metiéndole lengua al ano unos minutos más, se puso de pie, abrió uno de los bolsillos de su mochila, sacó un condón, se desabotonó el pantalón y se lo bajó  hasta las caderas, boxer con pretina incluído, se colocó el preservativo, sacó un chisguetito y se untó un gel a lo largo de su falo de 18 centímetros, y comenzó a magreárselo.
- Quédate como te dejé. No te va a doler.
Se levantó su camiseta, descubriendo su abdomen de tabla de lavar, puso el glande en el ano de Gabo y poco a poco comenzó la penetración. El lubricante hizo sencilla la maniobra, y en diez segundos, el orificio del chico era placenteramente invadido por segunda vez en menos de cuatro horas.
Los dos comenzaron a gemir y a jadear.
- ¿Te gusta, Gabito?
- Sí, Jerry. sigue. Cachas rico, huevón.
- Ahhh... me encanta tu culo.
- Tienes una pinga rica.
- Claro, Gabito, ideal para sazonarte ese culito.
Jerry, poco a poco, le daba más velocidad a su penetración, en tanto que Gabo paraba más el culo, como queriendo recibir más que el pene.
Con el movimiento, la bermuda y el jean cayeron a las rodillas de cada quien.
Jerry procuraba demorar tanto como podía, total, lo que iba a hacer esa mañana, teniendo en cuenta el requerimiento de Wilfredo, no tomaría mucho tiempo. Sin embargo, su cerebro no pudo aguantar lo planeado. Cuando Jerry se disponía a disparar su semen dentro del culo de Gabo, una silueta esbelta y recia se apareció en la puerta.
Jerry se quedó helado.

(CONTINUARÁ...)
©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones son mera coincidencia.
escribe: hunks.piura@gmail.com  o deja tu comentario aquí.

martes, 6 de agosto de 2019

El sexo y los negocios nunca van de la mano

La otra noche estaba bien arrecho cuando me di un vueltón por la Plaza de Armas a ver si levantaba puntos. Como esttaba solo en mi casa, y me estaba aburriendo demasiado, mejor fui buscando un culito que esté dispuesto a comerse mi pinga de 16 centímetros, ni gruesa ni delgada. Sí, pajearme hubiese sido una opción, pero no quería esa noche. La vaina es que llegué, me senté en una banca, paseé mi mirada, y me encontré con Marlon.

Este chibolo es un amigo de la universidad, pero estudia en otra facultad. Ya me habían dicho que el pata le entraba a la nota, pero como en cualquier lugar de cada diez cosas que te dicen, once son rumores, no le tomé importancia. Por último, que esté en la banca por la oficina de correos puede ser casual. Igual, le busqué la mirada, y cuando lo conseguí, me sonrió pero de una manera bien cojuda.

en lugar de sobarme mi paquete que, debajo de mi jean, no tenía ningún tipo de barrera, así que se me marcaba mucho teniendo en cuenta que tengo bolas grandes, decidí levantar el culo de la banca y acercarme a la suya.
"¿Qué hay Marlon?", lo saludé.
"Nada, Tavo", me respondió.
"¿Cómo que nada? ¿Y esa cara de cojudo que te cargas?"
Marlon se sonrió un poco. Al menos reaccionó.
"Huevadas que uno piensa", me dijo.
"¿Y estás aquí hueveando, como pan que no se vende?", comencé a joder.
"No quiero ir a mi casa, no tengo a dónde ir", me confesó.
"Vamos a la mía, si quieres", me lancé.
"No. Ahí nomás". Ni modo, dije, si va a estar con esa cara de culo, mejor busco puntos en el cine. "No quiero incomodar a tu mami". Ah, puta, entonces me dije que había esperanzas.
"Mi vieja no está", le informé. "Todos se fueron de viaje, así que ando solo y aburrido".
"¿En serio, Tavo?"
Le respondí que sí con mi cabeza, la de arriba, porque la de abajo ya estaba despertándose, y mejor era caminar para no ir con el roche de estar por el centro con la verga al palo bajo la ropa.
"¡Vamos!", se animó y se puso de pie.
Yo, de puro pendejo, me detuve un rato para verle su culo bien redondito y marcado. Marlon es un poquito más bajo que yo, marcadito de cuerpo, buenas piernas, y, bueno, su culito redondito, bien paradito.

llegamos a mi casa en diez minutos. Solo era de tomar taxi y ya.
"¿quieres quedarte aquí en la sala o mejor vamos a mi cuarto?", le ofrecí sin ocultar mi pendejada.
"¿Hay algún problema si vamos a tu cuarto?", me consultó.
"No, para nada". aseguré. "Vamos".
Caminamos.
"Oe, Tavo, ¿aún vas al gym, no?"
"Sí, Marlon. ¿Por qué?"
"Porque se te nota. Te pusiste una ropa tan apretada que parece cuerpo pintado".
Me reí ante la gracia.
"Por mí andaría calato pero no se puede, así que éso lo hago solo cuando estoy en mi cuarto", expliqué.
"Yo igual", me dijo Marlon.
Entramos a mi cuarto que no estaba ordenado como la gente decente, pero a la mierda. Invité a que Marlon se siente en mi cama y yo sí me acosté.
"Chévere tu cuarto", comentó Marlon.
"Gracias. Con invitados como tú, se pone más chévere aún".
"Gracias", se sonrió, y me palmeó mis abdominales. "Los tienes duros", siguió sonriendo".
"No es lo único duro que tengo".
Ah no? ¿Qué otras cosas tienes duras?"
"Ah, no sé. Si quieres, explora".
Marlon sonrió y me tocó el brazo, lo que hizo que se inclinara y se arrellanara más en mi cama, luego mi pecho.
"Sí los tienes duros, Tavo".
"Te falta abajo", le avisé. Y claro que estaba durísimo de allí, durísimo y comenzando a mojarme.
Marlon me tocó los muslos, y quitó la mano.
"Te falta", le dije.
"¿Quieres que te toque la pinga?", me preguntó.
"Depende de ti. Yo no me palteo".
Marlon al fin la cogió, y no solo éso, la manoseó por encima de mi ropa.
"¿Y cuándo te quedas calato aquí en tu cuarto?"
"Ahorita mismo, pero a lo mejor te jode un poco".
"No, Tavo, para nada. Además ésta es tu casa".
Le sonreí, me levanté de la cama y delante de él me quité mi polo, mis zapatos, mis medias y mi jean. Y me quedé como Dios me trajo al mundo porque, recuerden, no tenía ropa interior.
"Si quieres, quédate calato", le invité.
"¿No te jode, Tavo?"
"Para nada".
Marlon se puso de pie y se quitó todo, incluyendo una tanga pegadita que tenía por ropa interior. Me le acerqué, pegué mi cuerpo, lo abracé y le di un beso en la boca. Nuestras pingas duras se chocaron en una guerra de espadas riquísima.

Los rumores eran ciertos. Marlon no solo es gay sino que la chupa como los dioses. Se metió toda mi pinga hasta el fondo y me la succionó al punto que casi las doy en su boca. Tuve que respirar hondo para que no se me salga la leche. Como estaba jadeando, parece que Marlon entendió que no resistiría más. Sentó su culo redondo y duro sobre mi verga e hizo que mi líquido preseminal le lubricara las nalgas y el orto. Saqué un condón de mi mesa de noche y se lo di. Ya forrado, se metió mi pene duro en su caliente culo y comenzó a rebotar.
"Ay, Tavo", gemía. "Qué rica que está".
"es toda tuya", le dije arrechazo.
No duré mucho, lo confieso, porque estaba con la leche en la punta del pájaro, así que las di en cuestión de dos o tres minutos. Luego, agarré su pene de 16 centímetros, lo masturbé e hice que su leche se me disparara sobre mi abdomen y pectorales.
"Qué rico, Tavo", suspiraba Marlon.

Después de limpiarme su leche y lavarme mi pinga, me acosté a su lado. Seguíamos desnudos. Lo abracé.
"¿Y ahora me vas a decir por qué esa cara de culo que tenías en la plaza?", pregunté.
"Es que me metí en un negocio: le vendí ropa a varias personas y un chico me pidió ropa interior. Media docena. La vaina es que se la llevé, le gustó, hizo todo el show de probársela, cachamos, y cuando le dije que me pagara, me dijo que no joda, que con cachar ya debería darme por pagado, y ahora estoy con una deuda jodida que no puedo pedir cierta cantidad de ropa, y éso me jode el negocio".
"Qué pendejo", le dije.
"Entonces estaba viendo quién me prestaba para saldar mi deuda y seguir pidiendo volumen".
"¿Y ese conchasumadre no quiere pagarte?"
"Fui a verlo pero ahora se niega. Yo creí en él".
"Ay, Marlon. Muy cojudo fuiste. Seguro el huevón vio que se te caía la baba por él y se aprovechó".
"Seguro. Ahora sé por qué dicen que el sexo y los negocios no se llevan bien".
"A menos que seas escort", me reí. "Por cierto, ¿cuánto te debe?"
"150 soles".
"¡Ala puta de su vieja! Oe, ¿y quién es ese rechuchasumadre?"
"No, Tavo; tú sabes que mejor es ser caleta".
Entendí. Claro, Marlon tiene razón. Como que no es bueno hacer luz a veces. Entonces se me ocurrió una idea.

Tras vestirnos, salimos de mi casa y nos fuimos a un cajero automático. Saqué plata.
"Te presto para que cubras. Me la vas devolviendo de a pocos porque dudo que ese hijo de puta lo haga", le expliqué. Marlon se deshizo en agradecimientos y.... desapareció. Es más, ni siquiera lo veía en la facultad, aunque un amigo común me aseguraba que sí estaba asistiendo, hasta que hace tres días lo encontré de pechito en un centro comercial. Nos saludamos normal.
"Ah, vamos a tomar algo", me invitó". "Te daré 50 de lo que me prestaste".
Así lo hicimos.
"Ya los otros 50 te los doy la próxima quincena y quedamos a mano".
"¿a mano? No seas pendejo: me debes 100 aún".
Marlon se rió. "¿Y esa tarde que cahchamos?"
"Oe, no seas pendejo. Nunca dijimos que te pagaría por follar".
Marlon se carcajeó.
"Sexo y negocios no van de la mano", me lanzó".
"¡No seas pendejo!", comencé a perder la paciencia.
Marlon se carcajeó más y éso comenzó a sacarme de cuadro.
"Ya, Tavo, no seas zonzo. ¡Claro que te debo 100! Te doy 50 la próxima quincena y los otros 50 la siguiente. Ahora, si quieres, te puedo canjearlo por mercadería".
Me tranquilicé.
"Parece buena idea", le dije.
"Pero... me metes pinga y te doy tu prenda", me ofreció.
"Marlon, me voy a sentir como un escort".
"Son negocios... me ayudaste a cubrir mi deuda".
"Pero sexo y negocios no se mezclan, Marlon".
"¿Y si hacemos una excepción?", me lanzó mientras rozaba mi pierna bajo la mesa, lo que me paró mi pinga bajo mi pantalón, otra vez sin ropa interior.
Ahora me pregunto si debo aceptar o no. ¿Tú qué harías en mi lugar? Aconséjame aquí o en el Twitter.


viernes, 20 de enero de 2023

ASS (62): Así me la mamó, pero tú lo haces más rico

Damián pide a Juan reconstruir lo que pasó la noche que cachó con Paco.


“Nos cruzamos esa noche en la calle, me decía que venía de tomar unas chelas con unos amigos… creo que en el semental, o algo así”, relata Juan.

“¿Será el Cimarrón?”, interrumpe Damián.

“Sí, creo que sí”, replica Juan. “el hecho que venía algo picado, me hizo el habla, y, bueno… si se me estaba ofreciendo así, yo creí que podríamos venir aquí a pasarla bien. Total, ¿quién iba a enterarse?”

el peón y el policía están sentados en una mesa simple en la salita de la casa que Julio tiene en su parcela, cerca de San Sebastián. El dueño de la propiedad también está presente ese miércoles, ya pasadas las nueve de la noche.

“¿Te sirve esa información?”, pregunta Julio.

“va a cobrar relevancia en la medida en que paco despierte o podamos encontrar al mototaxista para corroborar datos”, explica Damián.

“¿encontrar al mototaxista?”, se extraña Julio.

“Pidió su alta desde ayer por la tarde y desde entonces su paradero es un misterio”, responde Damián.

“Lo que les digo es la pura verdad”, reclama Juan.

Damián estudia las agradables facciones del chico y le palmea el hombro:

“Mira, muchacho, aquí entre nos, yo sí creo que estás diciendo la verdad, pero si ese otro huevón va a hacer lo que pienso que va a hacer, lo mejor es que tengamos datos exactos para que Julio sepa cómo lo puede joder”.

“Perdone, don Julio”, baja la voz Juan.

“No es tu culpa”, responde el aludido, de manera tranquila.

“Lo que no entiendo es por qué quiere joderte de esa manera”, observa Damián a Julio.

El ex futbolista suspira y se estira sobre su silla.

“Cuando Sandro se hizo adolescente, se hizo hincha del equipo y lo veíamos apoyando en todos los partidos. Su viejo era socio del club y aportaba fuerte. Eso hizo que Sandro tuviera más acceso, incluso a los vestuarios. Tendría 15 o 16 años, y de pronto noté que rondaba mucho a los jugadores. Una vez lo descubrí cachando con uno de ellos en las duchas. Era José Luis. Sandro alucinó que el Pelu era su pareja y no lo abandonaba ni a sol ni a sombra. Tuve que hablar con su viejo para que nos lo quitara de encima porque ya estaba afectando nuestro rendimiento. Desde allí me cogió fastidio”.

“¿Y nunca lo pudo superar?”, inquiere Damián.

“No lo sé. Cuando Sandro cumplió 18 años, pidió adelanto de herencia a su viejo. Sandro fue siempre hábil para los negocios e hizo crecer su plata. Fue cuando se hizo socio. La huevada era que jugador que fichábamos, jugador que debía meterle pinga. Era fijo. Y cuando se le prendía a uno, no lo dejaba ni a sol ni a sombra. Hizo que uno de los chicos se separe de su mujer, y ya te imaginarás cómo fue eso. Me tocó ponerlo en su sitio. Empezó a decir que Pelu y yo éramos pareja, que hacíamos orgías con los otros futbolistas. Entonces le saqué su mierda”.

“¿Le pegaste?”

“Ya me había sacado de mis casillas y me había indispuesto con mi mujer… Me denunció… Menos mal que todo el equipo, incluyendo el cuerpo técnico, sacó la cara por mí y testificó diciendo que él era un acosador. Renunció como socio del club. La huevada es que eso te explica por qué me tiene cólera”.

“Ahora me quedan las cosas más claras”, comenta Damián. “Solo un detalle: ¿podrían mostrarme qué pasó  esa noche que viniste con Paco?”

“Mostrarle, ¿cómo?”, se extraña Juan.

“Hacer exactamente lo que hicieron esa noche ”.

Minutos después, Julio se desnuda por completo y entra al cuarto. Juan y Damián ya están acostados, calatos, uno al lado del otro.

“Comenzó a conversarme y a acariciar”, cuenta Juan.

“¿Cómo te acarició?”, averigua Damián.

“Me pasó la mano desde la tetilla hasta mi huevo”.

“¿Así?”

Damián pasa la palma de su mano desde el pectoral, suavemente, hasta detenerse sobre el pene semierecto de Juan.

“Así, así, exacto; entonces Paco comenzó a pajearme”.

Julio no pierde detalle de cómo Damián comienza a masturbar a su peón hasta que el pene se le pone bien duro. Su miembro también se pone bien rígido.

“entonces comenzó a chupármela”, indica Juan.

“¡Así?”

Damián se dobla como puede para iniciar el sexo oral.

“Tienes que parar el culo”, indica Juan.

Damián asume la posición señalada, lo que el peón aprovecha para acariciar las nalgas y masajear el ano del policía.

“La chupas mejor que ese huevón”, comenta el joven.

“¿Y solo cacharon Paco y tú?”, pregunta Julio mientras se masajea su pene duro.

“Sí, solo él y yo”.

Damián deja de mamar la pinga:

“¿qué pasó luego? ¿Le metiste tu pene?”

“Sí”, responde Juan muy excitado. “Se sentó encima de mi pinga”.

Damián toma un condón, le pone su propio líquido pre-seminal como lubricante, pues también se le ha parado el pene, unta ese mismo fluido al miembro de Juan, se coloca, pone la punta del glande en la entrada de su culo y comienza a tragárselo por atrás poco a poco.

“Aa la mierda”, reacciona el policía. “el tuyo sí duele”.

“Métetelo despacio”, aconseja Julio. Para qué te apuras si igual vas a gozar rico cachando?”

Damián sigue el consejo mientras respira hondo y lento y trata de expandir los músculos de su ano.

Ya con todo el pene dentro de su recto, el policía comienza a rebotar despacio.

“¡él cachó así?”, pregunta excitado a Juan.

“Sí”, dice el chico, bien arrecho, “pero tú te dejas cachar más rico”.

“¡así de rico, papito? ¿Así te gusta meter verga a un buen culito?”

“Claro que sí… y tu culito… está más sabrosito”.

Ambos gimen y jadean mientras Julio hace un esfuerzo para evitar que la leche se le salga mientras se sigue masturbando.

La sensación le parece tan deliciosa a Juan que no puede contener su orgasmo:

“Las voy a dar, carajo”, anuncia, y eyacula dentro del condón.

Damián deja de cabalgarlo poco a poco, pero su pene está bien al palo.

“¿Y él se pajeó sobre ti?”

“No”, suspira Juan, más relajado. “en realidad, le hice perrito, pero no se vació”.

Julio reacciona:

“¿Perrito, dijiste? O sea que siguieron cachando”.

Damián se saca el pene de su ano:

“¿Y cómo cacharon en perrito?”

“mirando a esa pared”, señala Juan hacia los pies de la cama.

“Eso lo puedo hacer yo”, anuncia Julio encaramándose, buscando un preservativo y poniéndoselo mientras Damián adopta la posición. Poco después, el pene del ex futbolista taladra el ojete del policía fiscal. Julio cacha como loco.

“¿Así se lo clavó?”, pregunta excitado a Juan.

“No, pero qué rico es verte dándole pinga a ese pata”.

Damián goza al sentir cómo esa pija le taladra el culo. Gime.

“agárrame piernas al hombro”, pide.

Julio se olvida de la reconstrucción de los hechos y le da gusto al policía. Adoptan la nueva posición. El ex futbolista vuelve a introducir su pene al ano del robusto efectivo del orden, en tanto éste comienza a pajearse:

“¿La damos juntos? Ya casi me vengo”.

“Yo igual”, avisa Julio.

“Vamos”.

Los dos reanudan la acción, solo que esta vez Julio bombea con más fuerza:

“Concha su madre, carajo, las voya dar, mierda… ¡las voy a dar,reconchasumadre!”

Julio eyacula dentro del ano de Damián, mientras éste apura su masturbación hasta que las ráfagas de su semen se disparan sobre su abdomen y pecho:

“Rico, carajo”, murmura Damián.

Tras lavarse y secarse, el futbolista y el policía salen de la casa en la parcela y están a punto de montar la moto que los regrese a San Sebastián. Es las once y media de la noche:

“Eres un pendejo”, sonríe Julio. “Todo lo que hiciste para que cachemos contigo”.

Damián no responde nada; solo sonríe. Ambos montan la moto. Cuando ya ven más cerca las luces de la ciudad… un camión sale de la nada.

“¿¿carajo!!”, advierte Damián tratando de controlar la motocicleta…

Para terminar, te dejamos con una porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com

  


viernes, 27 de septiembre de 2013

Cuaderno de Obra (35)

Creado por N-Azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.

 

A las tres de la tarde, en el terminal, Dante espera a Tito, pero no aparece. Tiene los dos pasajes a mano, con destino a Lima. Al fin, llaman por los altavoces para abordar. Nada con Tito. Dante sube al autobús asumiendo que tendrá que viajar solo.

El vehículo comienza a rodar. Dante prefiere cerrar la cortinilla. No vale la pena ver afuera. Pone música en su celular, se aísla mediante sus audífonos, cierra sus ojos.

El autobús se detiene, pues le tienen que abrir el portón del terminal. Entonces, Dante siente que alguien ocupa el asiento vacío del costado. Abre los ojos, incómodo.

-          Disculpa. Mamá me tenía loco dándome recomendaciones.

-          El compañero de viaje es Tito.

 

Al finalizar la jornada de ese lunes, Ya la estructura de la escuela está lista para el techado. Para Juan, ahora sí parece un laberinto completo. Pero, ¿dónde estará escondido el minotauro?

Como es su costumbre, con la poca agua que hay en los tanques, se da un baño, como que evita ocupar el de su casa innecesariamente para no molestar a su mujer. Se desnuda por comppleto, y se deja refrescar por un grueso chorro del líquido.

-          Don Juan.

-          El aludido se voltea. Robin, el obrero joven, está en la puerta. Tiene su camiseta al hombro y sólo viste su short, revelando su esbelto y trigueño cuerpo.

-           ¿Qué hubo?

-           Ya aseguré todo como me lo ordenó… ¿puedo bañarme aquí?

-          Juan duda.

-           ¿Hay alguien por ahí?

-           No. Todos se fueron ya. Estamos… solos.

-          Juan le hace ademán. Robin se quita toda la ropa, y se ubica a pocos centímetros, de quien ahora se echa el jabón.

-           Don Juan, quería agradecerle por haberme aceptado en su cuadrilla.

-           De nada. Trabajas bien. Gracias a ti mas bien.

-           ¿Sabe algo? Hoy será mi último día aquí.

-          Juan se voltea a ver al muchacho, quien ya tiene el cuerpo húmedo, y busca su propio jabón.

-           ¿Pasó algo?

-           Es que se llevan a mi viejita a Lima, porque está mal, y alguien debe cuidarla.

-           Entiendo. ¿Ya hablaste con los ingenieros?

-           Sí, ya arreglaron mi liquidación. ¿sabe? Nunca olvidaré lo que aprendí acá. Tampoco lo olvidaré a usted.

-           Gracias. Me alagas. ¿Y qué aprendiste?

-           Mucho… especialmente esto.

-          Robin se acerca a Juan y lo besa en la boca.

-          El dirigente no sabe cómo reaccionar, se queda estático. Robin no espera y lo vuelve a besar. Juan lo rodea por la cintura. Ahora sí, nada impide que sus cuerpos se estrechen. Sus penes no tardan en ponerse duros y largos.

-          Tiernamente, Robin acaricia la verga de Juan, y besándole las tetillas, se pone en cuclillas. La fellatio es inminente. Juan siente cómo la boca del muchacho le cosquillea su miembro.

-          Robin también le lame las bolas y pasea sus manos por la espalda baja, las nalgas y las piernas de su amante. Entonces se pone en pie, va a buscar algo en su ropa, regresa.

-           Métamela por el culo.

-          Robin le deja un paquetito metálico en la mano a Juan, y de inmediato se apoya en el tanque, parando su culo. Juan está a mil…

 

Lucas entrega los reportes que Renzo espera. Los revisa.

-          Vaya. Todo está en orden. Felicitaciones.

-           Gracias, ingeniero.

-          Lucas sonríe ampliamente, habla con afabilidad. En eso entra Gustavo. Renzo le sonríe, le presenta a su nuevo asistente.

-           Él es Gustavo, mi pareja.

-           Mucho gusto.

 

En el interior de la escuela en construcción, Juan por fin le mete sus 19 centímetros de verga protegida por el condón dentro del culo de Robin. Lo hace poco a poco, dejando que se dilate. Le interesa que su amante goce tanto como él. Logra entrar toda.

Juan se aferra de las caderas de Robin y comienza a cimbrarse. Ambos gimen. Ambos se dicen cosas sucias.

-          Qué rico se mueve… ábrame bien el culito… ahhh…

-           Eso, qué rico… ¿te gusta mi pinga?

-          Varios minutos después, El semen de Juan se esparce por una de las nalgas de Robin, pues le pidió que las dé fuera.

-          Ambos se enjuagan.

-           Jamás lo olvidaré. Cuidese.

-          Robin vuelve a besar a Juan, se viste. Se va.

-          Juan se queda allí, solo, en medio del laberinto sin minotauro… o quizás sí.

 

Dos días después, Eduardo manda a llamar a Juan.

-          Ingeniero, ¿para qué soy bueno?

-           Bueeeno…. Creo que para más de lo que sospechaba. Mire esto.

-          Eduardo coloca un disco en su lap-top, gira la pantalla, cierra la puerta de su oficina.

-          Juan se queda de una pieza. Es él cachando con Robin. Mira al ingeniero, quien está sereno. Cuando al fin se cruzan miradas, le entrega un papel.

-           Llegó con esto.

-          Juan lo lee: “Dígale a su obrero que no se haga el héroe. A mucha gente le gustará ver este video en Internet”.

-           ¿Y esto, ingeniero?

-           Es una amenaza. Y para mí está claro lo que le piden.

-           ¿Qué?

-           Renuncie de inmediato a su puesto en la obra para que esto no se publique.

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

 

miércoles, 8 de abril de 2015

Backstreet Meeting (Encuentro Clandestino)

Una mañana cualquiera, un pata aburrido en su cuarto, y con ganas de disparar su leche, recibe una grata visita: un amigo que no solo lo ordeñará rico, sino que usará su boca y su culito para pasar un momento de arrechura completa.... y al final, leche por todos lados.






miércoles, 13 de junio de 2012

SxEC 09: Mi orto y la ducha

El chico con el que estuve mide 1m68, contextura promedio, y una polla de 16 cm. se trata de un amigo que vive cerca de mi casa.
Hace unos días llegó para joder un rato. Mi hermano había llegado mareado, y se fue a dormir la mona, en su cuarto.
- Oye, me voy a bañar.
- ¿Y por qué no nos bañamos juntos?
- Ya pues.
Nos calateamos. Lo primero que me llamó la atención fue su pinga, tan rica. Yo tuve que aguantarme para no decir ni hacer nada.
Nos metimos a la ducha. Yo comencé a enjabonarme.
- ¿Te enjabono el culo?
Los dos nos reímos. Se la pasó todo el rato jodiendo y jodiendo.
- ¿Te paso el jabón por la espalda?
- Hablas huevadas.
En ese momento me volteé de tal forma, que casi le doy un beso en la boca.
- Sorry.
- No hay problema... ¿Saves? Tienes el culo bien redondito, mejor que de una jerma.
- ¿qué?
- Tienes culito de puta.
Los dos nos reímos.
- Tienes un culo tan grande que sobrado se aguanta dos pijas.
Mientras nos seguíamos bañando, sentí como un airecito sobre mis nalgas: él me había pasado las manos rápidamente, pero sin tocármelas.
- ¿No te vas a enjabonar el culo? ¡Yo te lo enjabono!
- ¿Cómo?
- Normal. Habla.
Entonces, su verga comenzó a pararse. Yo no le dije nada. seguí bañándome, cuando sentí que me sopló el cuello. Me volteé, y mi verga chocó con la suya. Las dos estaban armadazas.
Lo quise evadir, pero él me agarró de la cintura, y pegó su cuerpo al mío. ¡qué rica sensación, por Dios!
Áún así, le quité sus manos de mi cuerpo, pero él me volvió a tomar y me arrinconó contra la pared de la ducha, rozando su pecho, su vientre, sus piernas y su verga parada contra las mías. Era definitivamente rico.
- Chúpamela.
Me arrodillé a hacerlo, mientras el agua de la ducha caía, y me suavizaba el fuerte sabor de su pinga. se la succioné con fuerza, antes de pasar a comerme sus huevos.
Él me tomó del cabello y me metía y sacaba su pinga de mi boca. Por un momento, sentí que me ahogaba, y no pude articular palabra.
- Cómetela toda. qué rico la chupas. Tienes una boquita calientita. Si así tienes la boca grande, ¿cómo tendrás el orto?
Yo paré en seco, y lo miré extrañado.
- ¿Qué es orto?
- ¡Tu ano, pues, huevón!
Nos reímos.
Se la seguí chupando y chupando, y comenzó a hacer unos gemidos bien arrechos.
- Puta madre. sigue. Sigue.
se inclinó a tocarme el culo, y aprovechando la humedad de la ducha, me metió los dedos a mi... orto.
salió un toque a ver su ropa y regresó con un condón, se lo puso. Se sentó sobre el piso de la ducha, pero debajo de la lluvia. El agua seguía cayendo.
- siéntate despacito. quiero abrirte ese... orto.
Mientras la metía y bajaba, me dio dos fuertes nalgadas. su pene entró sin problemas en mi culo, quizás por el agua que caía.
Comencé a subir y bajar, a ir para adelante y para atrás, a apretársela con mis nalgas.
- Uyyy, ¡qué rico la aprietas! ¿quieres comértela toda?
Él me acariciaba la espalda. Entonces me senté dándole la espalda, y él empezó a besármela, lo que me provocaba cosquillitas placenteras.
 
me daba besos en la espalda que sentia cosquillitas ............
- Muévete.
Lo hice con fuerza.
Luego nos pusimos de pie, y él me cachaba con fuerza. El agua caía. qué rico se sentía, era espectacular.
Mientras me follaba, me abría las nalgas.
- es para que te entre y la sientas toda.
Me agarró de los hombros para bombearme el culo con más fuerza, y lo consiguió.
- No gimas fuerte, que mi hermano te puede escuchar.
Comenzó a gemir despacio, pero se le olvidó, me sacó la pinga, casi arrancó el condón, y disparó su leche sobre mi espalda.
Terminamos de bañarnos, pero él no dejaba de acariciarme.
Antes de salir de la ducha, se arrodilló, y me dio un beso en la nalga derecha, en la izquierda, y abriéndomelas, en... el orto.
- qué rico ortazo que me he comido.
se levantó y me quiso dar un beso en la boca, pero se lo esquivé y terminó dándomelo en la mejilla.
Mi hermano seguía durmiendo la mona. Cuando pasamos y lo vimos de reojo, notamos que su verga estaba parada.
 
©2012 Hunks of Piura Entertainment. Comenta este relato aquí.

miércoles, 2 de abril de 2014

The Bar's Boys (10)

ACONSEJAMOS DISCRESIÓN DEL LECTOR: Algunas escenas que presentamos a continuación son inapropiadas.

 

Por: Nug Huyur

 

Capítulo X: El Gimnasio (II parte)

 

Tras las palabras de Pablo, preferí salir del gym. Pablo gritó, vociferó pero corrí, galopé, huí. No podía ser. Yo no era gay. No podía serlo, esto que sentía estaba mal. No debí dejarme tocar. No debí desearlo. Estaba mal. Esto que sentía era malo. En eso, empieza la garúa. Llovizna. Llueve. El agua se precipita, se empoza, me moja, resbalo, ruedo, me levanto, maltrecho, herido, lloroso. No, no ¿Por qué a mí? ¿Por qué he de sentirme así?, pienso. Llego a mi casa. Me cambio, contemplo la lluvia a través del cristal. Mudo. Silencio. Apago la luz y me echo en mi cama. Con el goteo de la lluvia me quedo dormido. De pronto, alguien llama, está lejos, apenas percibo mi nombre, hay niebla por todo el lugar, camino buscando al dueño de la voz, hasta que la niebla se disipa, aparece una cama con un dosel, la voz proviene de quien esté acostado en aquel lecho. Al fin me puedo verme completo, llevo pantalón y polo color leche. En aquel lugar parece soñado, es una cama en medio de la nada. Hay un reloj, pero está detenido en una esquina y una ventana en medio de la nada parece abierta y cerrada a la vez. El cielo limpio, se ve la luna, grande e imponente. Una brisa con sabor a mar,  flamea las cortinas y alguien parece acostado en medio de la cama, come algo. Me conoce, porque al verme sonríe, me acerco para verle mejor. Es Pablo en traje de esclavo romano, su cuerpo fuerte y atlético se dejaba lucir, pues lo único cubierto era su entre pierna con el taparrabo que llevaba, su pecho musculoso, sus piernas fuertes y sus pantorrillas se notaban muy bien, en los brazos llevaba muñequeras doradas, un plato sobre la cama habían uvas, las cuales disfrutaba mientras me veía.

  • ¿Pablo?
  • Sí Osvaldo, pero ven, acuéstate conmigo, hazme compañía – dijo seductoramente y extendió su mano

Sin pensarlo, puse mi mano en la de él, y me recosté. Pablo acarició mi pelo y mi rostro.

  • ¿Por qué tienes miedo chiquito? ¿Por qué huyes de mí?
  • No lo sé.
  • ¿Por qué no escuchas a tu corazón? Él te dirá que hacer, y sentir.
  • ¿Qué siente mi corazón?
  • Acaso aún lo dudas – puso una uva sobre mi boca y acercó su rostro al mío – esto…

Tomó la uva con su boca y juntó sus labios a los míos, besándome tiernamente. Sus manos se deslizaron por mi cuerpo, hasta encontrarse  con las mías y las apretó. Luego las llevó sobre su espalda. No tengas miedo, me susurró. Acaricié su espalda. Él empezó a desabrocharme el pantalón. Luego subió sus manos por debajo de mi polo, tocó mis tetillas, las sobó y sobó hasta su erección. Me quitó el polo, cogió otra uva y la exprimió en mi pecho. Lamió su jugo. No cabía en mí, me sentía extraño, feliz, alegre, lleno de placer, que empecé a gemir. Me bajó el pantalón. Me giró, me bajo el calzoncillo, colocó uvas en toda la línea e iba comiendo una a una mientras lamía todo mi culito, tanto lo hizo que no cabía en mí, gemí, gemí y grité. Entonces, sentí algo caliente, algo mojó mi pijama. Desperté. Había eyaculado. Alguien tocó la puerta.

  • Todo bien – dijo una voz
  • Sí – respondí, sin saber qué hacer con mis pantalones
  • Apura, te haces tarde para el colegio.
  • Ya, mamá.

Grité y me apuré para ir al colegio. Tras finalizar la semana de clases, volví al gym. Pablo andaba molesto conmigo después de lo ocurrido. Había faltado casi dos días al gym. Poco quería hablar conmigo, estaba distante, frío. Eso me apenó más de lo que imaginaba. Sin embargo tenía que arreglarlo, no podía dejar que las cosas continuaran de ese modo. Tomé valor, respiré profundo y fui donde estaba.

  • Pablo – le dije, mientras Pablo levantaba las pesas.
  • Sí – respondió en seco.
  • Podríamos hablar.
  • Hmmm, no sé, voy a pensarlo. – Puso las pesas en su sitio – o mejor saldré huyendo – cogió su toalla y salió andando
  • En serio Pablo, necesito hablar contigo – iba tras él.
  • No me digas, la última vez casi te caes de tanto correr – habló enojado y entró a los vestidores.
  • Sí tienes razón, pero…
  • Pero que Osvaldo, yo no estoy para chiquilladas – abrió su locker, sacó su maletín y tiró la toalla dentro del casillero, del maletín extrajo un polo limpio y un short, se quitó el polo – ahora bien si quieres hablar de algo más, termino de cambiarme y nos vamos a hablar a otro lado y cámbiate tú también, ¿no?

Así lo hice. Abrí mí gaveta, saqué la mochila, y me cambié. Nos fuimos del gym. Caminamos en silencio hasta el anfiteatro, el que está debajo, con mirada al río, claro si ahora se le puede llamar así. Nos sentamos en un lugar algo oscuro por la hora no había casi parejitas.

  • Muy bien, de que me querías hablar.
  • De ésto – sin decir más nada, le di un beso, él correspondió, y de ahí, lo miré – me disculpas

 

Continuará….

 

© 2014 Hunks of Piura Entertainment. Ésta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

Siempre practica sexo seguro.

 

miércoles, 15 de junio de 2022

Nicola Porcella yLa Mackyna bien calatitos, como tú los querías ver

OnlyFans es una red social que de un tiempo a esta parte ha tenido un crecimiento interesante, especialmente en mercado peruano. Y para muchos gays, casi es una bendición porque pueden ver a muchos chicos mostrándolo todo casi sin censura. Aunque tenemos que aclarar que el acceso cuesta, y según cuánto pagues, cuanto más podrás ver.

 


OnlyFans se ha convertido para muchos chicos en una fuente para conseguir plata. Claro que ésta puede aumentar dependiendo de la frecuencia con que publiquen, y las cosas que publiquen. Y, sin duda, los contenidos más apreciados son los calateos completos o las sesiones de sexo explícito.

De los usuarios peruanos más populares, nos quedamos con dos ejemplos.


 

Nicola Porcella es una primera muestra. el actor, ex modelo y ex futbolista (sí, fue delantero del Melgar, del Municipal y del Sport Boys) ha sido uno de los que abrió su cuenta, aunque la cerró recientemente luego que consiguiera un contrato con Televisa, la empresa de medios de comunicación más poderosa de México.

Las fotos más célebres de Nicola en OnlyFans, y que ha rescatado en su cuenta de Twitter, son aquellas en las que aparece en un jacuzzi, o enseñando su culito.

El capitán histórico de los guerreros ha sabido ocultar su paquete estratégicamente, incluso en aquella foto de la ducha donde su mano es la principal barrera entre su pinga y sus huevos y la vista de todos sus seguidores. ¿O qué tal en la que deseamos ser la espuma que tapa las joyas que Dios le dio? Ya, pues, Nicola, aunque sea para verla de lejitos, ¿no? Recuerda que amar (a tus fans) es compartir (tus desnudos frontales).

Porcella ha borrado algunas fotos calato, pero ha dado suficiente tiempo para que muchas personas las bajaran y compartieran… y para que nuestro equipo de investigadores las encontrara para que tú las disfrutes.














Las fotos fueron previamente publicadas por Nicola Porcella. Opina aquí qué te parecen.

 


Mack La Macyna es la segunda muestra. este entrenador, stripper, comerciante, emprendedor al fin y al cabo, ha sido un poco más explícito en OnlyFans, y cuando hablamos de explícito, nos referimos a que no ha tenido ninguna palta en mostrar su pinga y sus huevos.

La Mackyna también  ha enseñado su hermoso culo… mucho más formado que el de Nicola, por cierto. ¿Qué dices, Mack, se te puede hacer un rico beso negro… o quién sabe? ¿Será cierto que eres ‘todo terreno’ en todo el sentido de la expresión? No sería malo.

La Mackyna se recursea dando clases particulares a algunas estrellitas peruanas, aunque también tiene alumnos no tan famosos. ¿No te provoca contratarlo para unas clases de musculación totalmente al desnudo?  Por lo menos, el que haya posado así en pelotas para que todos lo admiremos y deseemos, se agradece enormemente… como las erecciones  que ya nos generó.














Estas fotos fueron previamente publicadas por Mack La Mackyna. ¿qué opinas de ellas?

 

Ya veremos qué otras sorpresas nos tiene preparadas OnlyFans. A propósito, ¿tú tienes cuenta allí? Si es así, déjala en los comentarios a continuación, deja que nuestros seguidores las visiten y que las califiquen. Será muy sabroso hacer un ranking de los mejores OnlyFans en la comunidad Hunks of Piura.

Para trabajar tus producciones posando calato, escríbenos en estricto privado a hunks.piura@gmail.com  o a nuestro Twitter https://twitter.com/hunkspiura por DM.

También tenemos otras entradas sobre culturistas calatos, actores calatos y modelos calatos.