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martes, 26 de julio de 2022

¿Por qué la viruela del mono ataca a los gays?

Las noticias a nivel mundial dicen que lo que parecía un brote controlado comienza a multiplicar sus casos rápidamente, y algunos están usando la ocasión para culparnos a los gays y bi. Pero, ¿realmente tenemos alguna responsabilidad?

 


La viruela del mono es una enfermedad viral. A estas alturas de la vida, ya deberíamos saber algo acerca de los virus. Son un conjunto de grasas y proteínas que no tienen vida propia pero que sí tienen la habilidad de copiarse a sí mismos una vez que infectan una célula viva. Si la cantidad de células infectadas supera la cantidad de células que los reconocen y pueden ponerlos fuera de combate, entonces nos enfermamos.

No se puede matar a los virus, como sí sucede con las bacterias, pero si se consigue aislarlos, son incapaces de copiarse y se pueden desactivar, o sea desintegrarse en los elementos o sustancias que los forman.

Enfermedades causadas por los virus son la gripe, el herpes genital, la Covid-19 o el SIDA. En esencia, el mecanismo de infección es el mismo: alguien contagiado nos lo transmite y lo incubamos hasta que tarde o temprano se manifiesta.

 


Así funciona el contagio

Como su nombre lo dice, la viruela del mono es una enfermedad común de las selvas tropicales donde habitan los simios. Al igual que la rabia, ésta se puede transmitir a los humanos. Una vez que se aloja en nuestro cuerpo, puede cambiar o mutar y tener la capacidad de transmitirse a otros humanos si ignoramos la forma cómo trabaja cada virus.

En el caso de la viruela del mono, se ha determinado que su virus puede alojarse en nuestra saliva, y aquí viene el dato clave que debes tener en cuenta. No importa cómo uses tu boca, siempre que haya saliva involucrada, te puedes infectar y puedes contagiar a otras personas. Pero, ¿por qué los gays?

 


Cómo las relaciones sexuales pueden dar viruela del mono

Cuando tenemos sexo, nuestra boca debería jugar un rol clave ya sea besando la boca de otra persona, chupándole el pene o lamiéndole el ano. Si besamos en la boca a otra persona, y ésta ya se infectó aunque no presente síntomas, entonces nos va a pasar el virus. Como supondrás, es imposible de verlo debido a su tamaño microscópico.

Si la boca de la persona infectada nos chupa el pene, el virus puede ingresar por nuestra uretra, es decir ese conducto por donde sale nuestro semen. Si la boca de la persona infectada nos hace un beso negro, puede depositar el virus en la entrada de nuestro ano, y si hay alguna micro-herida, especialmente si nos pone saliva para que su pene entre más fácil, eso va a nuestro torrente sanguíneo. Resultado: contagio.

Claro que para desarrollar la enfermedad tiene que ver la cantidad de virus que entre en nuestro organismo, pero pongámonos en un caso promedio.

 


Cómo prevenimos contagiarnos de viruela del mono en las relaciones sexuales

Dicho todo esto, la viruela del mono no es específicamente una enfermedad o una infección de transmisión sexual, pero puede transmitirse por el contacto sexual. Tampoco es una enfermedad de gays porque desde que todos tenemos sexo al margen de nuestro rol u orientación sexual, estamos vulnerables a infectarnos.

De hecho, si una persona infectada sin protección, como una mascarilla, habla frente a otra sin protección, la contagia, porque la saliva viaja en gotitas que se disparan por el aire que botamos al articular palabra, mucho más si gritamos. Como vemos, en este caso, el sexo o la orientación sexual no tienen nada que ver.

De todos modos, lo que especialistas en salud recomiendan es la monogamia, o evitar los compañeros sexuales que sabemos tienden a ser promiscuos.

Teóricamente, el uso de condón en el sexo oral evita el contagio. En el caso del sexo anal, aparte del forro, es mejor usar lubricante para facilitar la entrada de nuestro miembro. Y, bueno, por ridículo que parezca, tener la mascarilla puesta podría ir a favor nuestro. Igual, existen las manos para estimular a la otra persona.

Como lo hemos aprendido con el SIDA, como lo hemos aprendido con la Covid-19, en la medida en que tomemos precaución sobre nuestro cuidado, evitaremos que la viruela del mono también se convierta en otro problema de salud pública. Hagamos la diferencia y comenta esto en la caja debajo o en nuestro Twitter.

Mira más sobre salud sexual y autoestima.

  

domingo, 5 de abril de 2020

El juramento de #semen es para toda la vida

Cuando hice el servicio militar, hace ya casi 20 años, había un juego que mis promociones y yo solíamos hacer cuando dormíamos. Como éramos varios en la cuadra, teníamos que compartir camas. Como a veces hacía calor, dormíamos en calzoncillo (en esa época no estaban de moda los bóxers), y por joder, cuando el otro promoción estaba de espaldas, lo agarrabas de la cintura, le arrimabas tu paquete al medio del culo, y hacías como que te lo cachabas. Así fue como conocí a mi promoción Wálter, un pata flaquito pero marcado, metro 65, lampiño, culo normal pero bien paradito.




Una madrugada, cuando vino de una guardia, como de costumbre se sentó sobre la cama y comenzó a desvestirse. Yo estaba de espalda, durmiendo hacia la pared. Esa noche tenía un calzoncillo bien pegado. Yo soy metro 68, velludo, y en ese tiempo mi contextura era normal.
"¿Estás despierto?", me preguntó bien despacito.
De puro pendejo, no le respondí.
"Ya, oe, Pérez, habla. ¿Estás despierto?"
Y me colocó su paquete en mis nalgas. Solo que esta vez noté que su paquete estaba duro, durazo.
"Aguarda, mierda", le respondí sonriéndome y bien despacito también. "¿Qué pasó?"
"Me gané una huevada. Yo y Sánchez. En el algarrobo cerca de la esquina de la torre, notamos que dos bultos se acercaron. Activamos los largavistas de visión nocturna y... ¡dos patas cachando, huevón!"
"Hablas huevadas", le respondí.
Me narró que ambos llegaron con mucho sigilo, en una zona que en esa época era oscura, y cuando comenzaron a espiarlos vieron cómo se desvestían, y ya calatos cómo uno de ellos se arrodillaba en la arena para chupar lo que parecía ser un gran pene. Luego, cómo el activo ponía al pasivo en cuatro patas y se la clavaba hasta que luego de varias minutos, el activo sacaba su mazo, se lo pajeaba y parecía llegar al orgasmo sobre el cuerpo de su amante.
"¿Qué dijo Sánchez?"
"Ese pendejo se pajeó allí en la torre".


Sentí la mano de Wálter sobre mi cintura, como usándola para narrarme lo que vio, luego sentí su mano en mi cadera. Éso me arrechó y también se me paró.
"Ya deja dormir", pedí.
"¿Por qué?", me preguntó.
Tomé su mano y la puse sobre mi paquete duro. Él no la retiró. Mas bien metió su mano dentro de mi calzoncillo y me tocó mi verga dura.
"¿Hace cuánto que no cachas, Pérez?"
"No sé", le dije por responder cualquier huevada.
Entonces me comenzó a pajear. Yo me quedé tranquilo. Bueno, ni tan tranquilo. Con mi mano libre, le bajé el tirante de su calzoncillo, que para variar era delgado, y le toqué su paquete.


Abrí los ojos. Estaba más o menos oscuro. Tratando de no hacer ruido, me volteé en la cama hasta quedar frente a frente con él. Le bajé su calzoncillo, cosa que él me ayudó, a la vez que me bajaba el mío. Juntamos ambas vergas duras, nos abrazamos, y mientras las masajeábamos contra el cuerpo del otro, nos besamos en la boca. No era el primer pata que besaba en la boca, pero era mi pata, mi promoción. Fue una experiencia rica.
"Las voy a dar", le dije.
Él me puso mirando arriba y con cuidado de no hacer ruido, puso mi pinga en su boca, me la chupó. Le di toda mi leche en ese espacio suave, húmedo y caliente.
"También las voy a dar", me dijo.
Se puso boca arriba. Yo dudé algunos segundos. También cuidando de no hacer ruido, me incliné hasta su pinga, se la chupé y por primera vez en mi vida recibí semen de otro pata. Sabía medio raro, pero ya estaba acostumbrado: el rancho no era comida de cinco tenedores que digamos.





A la mañana siguiente, hicimos como que no pasó nada. Todo normal. Volvimos a repetir la cosa unas dos o tres veces hasta que salimos de baja. Yo me fui a trabajar a Arequipa, él se quedó acá y creo que fue a Lima. Casi había perdido el contacto con él hasta que antes de la cuarentena estaba viendo unos negocios en Canchaque a ver si iba con turistas para la Semana Santa, cuando estaba cruzando la plaza de armas y alguien me pasó la voz.
"¡Pérez!"
Volteé a ver. Un pata algo maceteado me sonreía desde una de las bancas. Me le acerqué. ¡No saben el gozo cuando reconocí a Wálter!
"¡A los años! ¿Qué haces acá, huevón?"
"Tengo un par de días libres en el trabajo y me vine a pasear".
"¿Ya conocías acá?"
"No, es mi primera vez", me guiñó un ojo.
"¿Quieres que te lo muestre?", le sonreí.
"Todito", se carcajeó él.


Caminamos por el mirador, los peroles, vimos el paisaje, aunque hacía algo de frío, él estaba comenzando a sudar.
"¿Quieres darte un baño acá cerca?", consulté.
"Pero no he traído ropa de baño".
"Tú sígueme".
Lo llevé a un paraje del río Pusmalca donde hay unas totoras y algo de pajonal, un poco retirado del pueblo. Al llegar, me calateé todo.
"¡Qué rico cuerpo, promoción!", me alabó.
"El fitness", le sonreí.
Me metí al agua. él se calateó también.
"También tienes rico cuerpo", le observé.
"el fútbol", me sonrió, y parecía darle la razón porque el culo le había crecido lo mismo que las piernas. Se sumergió todo. Aprovechando la soledad, aprovechamos para ponernos al día de toda nuestra vida. él trabaja como ingeniero de telecomunicaciones y yo, como dije arriba, soy operador turístico.
"Esta agua sí que relaja", me dijo.
"¿Te gusta?"
"Como mierda", me dijo. "¿Te acuerdas cuando te hice masajes una vez y me dijiste que estabas bien relajado después de la sesión?"
"Bueno", recordé, "relajado y bien al palo también". Me reí.
"Estoy igual", me guiñó un ojo.
"Hablas huevadas".
Wálter tomó mi mano sumergida, y como esa vez en la cuadra hace 20 años, la puso sobre su paquete. Mas bien sobre su pinga: estaba dura, a pesar del agua fría.
"¿Qué tal?", me dijo.
"Toca la mía", le respondí.
No solo la hizo. Comenzó a pajearme dentro del agua. Yo hice lo mismo. Terminamos eyaculando allí, sin que nadie se diese cuenta. Quién sabe a dónde fluyó nuestro semen, que parecía dos pequeñas nubes blancas alejándose con rapidez.





La siguiente parada del 'tour' fue un hostal en el pueblo. No sé con qué cara nos vieron pero nos dieron una matrimonial. (Nos dijeron que las dobles estaban llenas y no había simples.) Desde que entramos y nos quitamos la ropa, lo primero que hicimos fue tirarnos sobre la cama, abrazarnos y besarnos como locos. Ahora sí podía recorrer su cuerpo bajo el mío.
"Chúpame las tetillas", me pidió, y al hacerlo el huevón comenzó a gemir como mierda, tanto que le tuve que tapar la boca. Luego le chupé la verga, unos 15 cm rectita, y tras levantarle las piernas, le hice un beso negro tierno y profundo. Dilató de inmediato, y era evidente que por ese agujero ya habían entrado varios falos, pero a la mierda... disfruté lamiendo, besando y punteando, mientras él gemía y jadeaba, pedía más, me acariciaba.


Cuando yo me puse boca arriba, él también me besó todo el cuerpo y al llegar a mi pinga, 14 cm recta, me la chupó un rato, luego los huevos. entonces, se sentó sobre mi palo, se puso saliva en el ano, y fue bajando poco a poco hasta que sus nalgas tocaron mi ingle. Rebotó algunos minutos. Luego me lo puse piernas al hombro, pero en vez de bombearlo, probé una técnica tántrica en la que él tenía que apretar el culo mientras yo activaba sus zonas erógenas y en especial su ruta de chakras. Bueno, cuando guías turistas y cachas con ellos, aprendes de todo, ¿no? Wálter disfrutó tanto la experiencia, que, tras hora y media después, eyaculó sobre su abdomen. Afuera ya era de noche.
"Lo máximo, Pérez", me dijo extasiado. "Es la primera vez en mi vida que cacho tan rico".
"Y yo también", le repliqué. "Debe ser porque nos tenemos un cariño de años".
"Debe ser".





Tras cenar algo, el resto de esa noche volvimos a cachar. Esta vez repetí la misma técnica, toda mi pinga en su orto, pero teniéndolo en perrito mientras yo le masajeaba la espalda. Wálter se contorsionaba de la pura excitación, jadeaba, me decía que era mi puta, que me amaba, que lo haga mío.  Luego lo puse boca arriba. Mientras él me pajeaba, yo lo pajeaba. Nuestro esperma se disparó en los vientres de ambos.


Al día siguiente, tomamos el ómbnibus de regreso a Piura. Nos mirábamos como idiotas y nos sonreíamos mientras veíamos la campiña pasar bajo la primera lluvia de verano. Al llegar a Piura, nos despedimos.
"¿Cuándo vuelves a tener días libres, Wálter?"
"En cualquier momento... yo te aviso".
"Ojalá sea pronto porque... es la primera vez en muchos años que hago el amor con alguien".
Pérez se emocionó y los ojos se le aguaron. Ahora nos comunicamos por chat y espero esa próxima vez, que, según me dijo, podría ser un trío. Estamos buscando candidato.

lunes, 27 de febrero de 2023

Lucas: Un ron por ese chibolo

Soy Lucas, vivo en Piura,  y tengo 38 años. Mi obsesión son los chibolos de 22 años, delgados pero formaditos. ¿Por qué?

 


Hace un tiempo yo chambeaba en Chiclayo. Un miércoles me encontré en un grupo de contactos gay a un chibolo de 20 años. Le mandé solicitud, me aceptó, chateamos buen rato, me cayó simpático, quedamos para vernos el sábado. Esa noche y las siguientes hasta el viernes, aluciné follando sin control con él en mi cama, inundando su ano con mi semen.

 

No había momento en que me quedara calato en la cama, pusiera dura mi verga de 15 centímetros y la frotara contra la almohada hasta que se me saliera la leche imaginando que perforaba su sabroso culito. Ni las duchas frías que tomaba me bajaban la calentura. ¡a la mierda! Cuánto esperma me hizo botar ese conchesumare.

 

Llegó el sábado. Como le dije que tenía sitio, organicé mi cuarto para que la cita fuese lo más placentera posible. Me fui bien animado a chambear.

 

A eso del mediodía, el huevón me pasó un mensaje: “No creo que la haga, causa… tengo un culo de trabajos de la universidad por entregar” ¡Carajo!, me dije. ¡Y qué iba hacerme esa noche? Porque si él tenía un culo de trabajos, yo no había dejado de alucinar cómo sería probar su culo mientras le hacía el amor. Ni modo. Me resigné. Algo haría. Quizás… pajearme como loco.

 

Salí de la chamba a eso de las seis y media de la tarde cuando otro mensaje me entró. Era el mismo chibolo. Yo estaba desganado, así que no le di bola. Pero el chico insistió. “Al diablo mis trabajos… ¿dónde nos vemos?” Puta madre. De solo pensarlo, se me fue el cansancio y hasta mi verga se puso dura bajo mi ropa. Y ya sentía el bóxer húmedo porque cuando se me para, lubrico como mierda.

 

Quedamos de vernos en el Paseo de las Musas. A pesar que yo había deseado ese momento, estaba medio nervioso. Me compré un roncito y me puse a tomar un poco como para darme valor. La huevada es que el chibolo no aparecía por ningún lado. Decidí acabarme la chata e irme a joder a otra parte.

 

Ya estaba tomando el último vaso cuando él apareció.

“Disculpa, brother”, me dijo todo humilde. “traté de zafarme, pero una vaina y otra…”

¿De qué vainas habla este huevón? Mejor estaba mi vaina, otra vez al palo, lubricando, especialmente con esa ropa entallada que le marcaba su físico, y ese pitillo que le destacaba su culito bien redondito y sus piernas gruesitas y firmes.

“Practico fútbol”, me contó cuando se sentó a conversar.

Compré otro ron y comenzamos a hablar. Le invité pero no quiso. Nos caímos en gracia. Cuando se acabó la segunda chata, llegó la duda:

“¿Dónde la seguimos?”, le dije, con la esperanza de que ya quisiera que cachemos.

“Vamos a la disco”, me propuso. No era precisamente lo que tenía en mente, primero porque ya le tenía hambre a ese culito y segundo porque no soy bueno bailando. Obvio, no le dije eso.

“OK… vamos”, le dije.

 

La pasamos bien en la disco. Como ya la había comenzado con ron, la seguí con ron. Quizás eso me dio valor para bailar. No sé ni cómo lo hice, o si hice el ridículo, pero el caso fue que también el chibolo aceptó tomar unos vasitos. Aprovechando la penumbra, me le acerqué y mi mano traviesa le acarició una nalga: estaba durita. Imagínense cuando nos tocó perrear, ahora era mi pinga la que se había puesto no durita al rozar su trasero… ¿estaba duraza!

“¿La seguimos en otro lado?”, le consulté.

“¿Dónde?”

 

En veinte minutos ya estábamos en mi cuarto. Apenas cerramos la puerta, nos besamos en la boca como locos. Qué rico sentir su lengua. Me imagino que le excitó mi aliento a ron. Comenzamos a quitarnos la ropa.

 

Ya calatos, nos abrazamos fuerte y dejamos que nuestras pingas duras se frotaran y rozaran. La suya también lubricaba un montón. Mientras nos besábamos, subimos a la cama.

 

Acaricié su culo de futbolista. Obviamente que así sin ropa era más redondito y firme que con ella. Aparte que esas nalgas lampiñas hacían que las caricias fuesen como pasar seda sobre porcelana.

 

Mis labios dejaron los suyos y comencé a besar suavemente su cuello con aroma de rico perfume varonil. ¿Bien!, dije yo. Él comenzó a gemir y jadear con tono de macho. ¿Bien, carajo!, dije yo. Los patas que se comportan como mujeres en la intimidad no me ponen nada.

 

Bajé a chuparle las tetillas. El chibolo se alocó más y acariciaba mi cabello. En realidad, me despeinaba. Seguí bajando. No tuve problema en chuparle su pene. No era largo o grueso, pero estaba ahí, levantado y duro como un gancho del que debía colgar toda mi boca caliente.

“Así, pata… la mamas bien rico”.

Succioné bien su pichula para ordeñarle un poco de precum y luego lo guardé en mi boca para buscar la suya e intercambiarlo junto a nuestras salivas mientras nos besábamos otra vez. Volví a bajar a seguirle chupando su rico pene.

 

Solito se fue acostando sobre mi cama. Abrió sus piernas para que le lama los testículos. ¿Requetebién!, dije yo. Solito levantó las piernas. Obviamente, ambos sabíamos qué queríamos.

 

Separé sus nalgas, saqué mi lengua, y, sin perder tiempo, fui a conquistar su anito cerradito. En mi excitación, quería penetrarlo solo con mi lengua. Él me agarró fuerte del cabello y quería que no deje de hacerle el beso negro. Miré un toque: ya estaba dilatándose. Decidí sopearlo más.

 

Me incorporé. Aprovechando mi saliva y mi líquido preseminal, le fui metiendo mi pene. El chibolo era tan estrecho que incluso para meterle la cabecita fue un poquito trabajoso. Así que me estiré, saqué el condón que había separado para esa noche especial, me lo puse, y luego saqué el lubricante y lo embadurné bien. Puse algo del gel en el ano de ese hermoso chico.

 

Empecé a empujarle mi pinga. Logró entrar todita poco a poco, pero, como era tan estrecho, me apretaba como mierda, y sentía que en cualquier momento ese ano iba a succionar mi falo arrancándolo de mi cuerpo. Comencé a mecerme. ¿Puta madre, por Dios! ¡qué hermosa sensación bombear ese agujero!

¡así,papito”, susurraba el chibolo. “Cáchame rico así”.

Ese pedido con voz de macho me calentó más, por lo tanto le di con todo y me moví como loco. El chibolo se quejaba medio rugiendo, como macho. Eso para mí era combustible. Le di más fuerte aún. Ambos estábamos fuera de nuestros seres entregándonos al sexo más rico que nunca antes nadie haya sentido.

 

Como me lo agarré piernas al hombro, mi pubis y mis bolas azotaban sus nalgas como un castigo placentero, que nunca desearía que acabe.

 

En un momento que tomé aliento para volverlo a cachar fuerte, él puso sus manos en mi pecho y me hizo entender que quería que me acostara. Lo hice. Ese hermoso nene se sentó sobre mi verga, se abrió bien sus nalgas y se dejó clavar por mi herramienta sexual. Comenzó a cabalgar como loco. Ahora era su hermoso culo de futbolista el que azotaba mi piel. Siguió gimiendo y jadeando. Por ratos se inclinaba y me besaba en la boca sin dejar de mover ese fabuloso trasero.

 

Estuvimos buen rato así hasta que…

“Ya las voy a dar”, le dije.

Él me sonrió.

“Quiero quitarme el condón y llenarte el culo con mi leche”, le dije.

Volvió a sonreír y me señaló su boca lo más pendejamente que puedas imaginar.

 

Cuando sentí que ya no iba a aguantar más, le dí unas nalgaditas y él se desconectó de mi pene, se arrodilló sobre mi cama y yo me puse de pie sobre ella. Me hice una paja que era capaz de arrancarme mi pinga y le di toda mi leche en su boca. Él no solo la saboreó; se la ttragó como quien traga el licor más rico del mundo.

 

Me incliné a besarlo en la boca nuevamente.

“La pasé de la puta madre”, le dije.

“Yo igual”, me respondió.

Para entonces, el efecto del ron se nos había pasado. Nos quedamos conversando un rato y cuando nos dimos cuenta, ya casi estaba amaneciendo.

 

Tuitea a Lucas | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

viernes, 18 de mayo de 2012

SOT-2012-021: Lo bueno dura poco

Es difícil comenzar  a contar  lo que ha pasado, pero es necesario porque tanto ustedes como yo hemos querido, compartido y hasta deseado a SOT, un policía que tan sólo identificándose como lo que es, un suboficial Técnico, se atrevió a decir lo que muchos policías, muchos vigilantes, muchos serenos callan: que también nos gustan los hombres, y tenemos sexo o alguna relación con ellos.
Esta es la versión que no encontrarán en ningún atestado oficial, pero que debo contar para que las cosas queden claras, y para tener un poco de paz.

8MAY02, 22:39
SOT y yo estábamos en la cuadra de la Jefatura, conversando de diversas cosas, y acordándonos de la última aventura con el bailarín de una cantante. En eso, recibe una llamada. Tras atenderla, se voltea a verme, sonriente, me abraza, me da un beso en la boca.
- ¡Las cosas van a cambiar, huevón!
- ¿Como cambiar?
- Mañana me llamará el Comandante. Sólo te adelanto que las cosas van a cambiar.
- ¿Para mejor?
- ¡Lógico, huevón!

9MAY02, 11:06
SOT viene a mi oficina, totalmente entusiasta.
- ¿Recuerdas el patita que salvamos una vez en la playa, con un salvavidas que capacité?
- ¿El que resultó ser hijo de...?
- ¡Sí, ese mismo!
- ¿qué tiene?
- Desde mañana seré su escolta.
- ¿Del chibolo?
- ¡No! Del viejo.
- ¡Bien! ¡Felicitaciones!
- ¡De igual modo, huevón!
- ¿Por qué?
- Los dos hemos sido asignados.
- ¿qué?

10MAY02, 7:33
SOT y yo nos presentamos en la casa del señor, que es una autoridad. SOT está sonriente, desde la víspera está así.
Aparece la persona a la que vamos a escoltar. Nos presentamos.
- Lástima que tuve que pedir el cambio, pero me convencieron que debía ser por mi seguridad.
Hablamos sobre el protocolo de escolta, y comenzamos nuestro trabajo.

10MAY02, 14:15
Tras una mañana llena de traslados y reuniones, almorzamos y descansamos un poco.
- ¿Qué te pareció el día?
- Ese pata se codea con la crema y nata.
- ¡Es otro nivel! ¡Hasta el rancho ha mejorado!
En eso, entró el chico, un muchacho en sus veinte, con la pinta de pituquito surfer, pero amable. Nos presentamos.
- Gracias por la recomendación.
- De nada. Mejor ni lo digas...
- Tranquilo, aquí mi compañero es de toda confianza.
- ¿En serio?
- Claro.
Yo me mantengo mudo.
- Entonces, nos vemos más tarde.
- Claro, más tarde.

10MAY02, 21:09
Llego casi volando a la cita con SOT y el chico. Es un edificio de departamentos.
- Tarde, huevón.
- Disculpa. ¿Y el chico, dónde está?
- espera.
Lo llama por su celular.
Discretamente, la puerta del edificio se abre, y el portero nos pasa la voz. Entramos.
Llegamos hasta el departamento, donde nos recibe el chibolo vestido con una bata de baño.
Los tres nos sentamos en un sofá, conversamos de diversas cosas, y tomamos un etiqueta negra. Raro en mi servicio.
- Chicos, ¿alguna vez han estado en un jacuzzi?
- No.
-No.
- ¿Vamos?
Nos levantamos, y andamos.
- ¡Oigan, pero así con ropa no van a entrar.
Dicho esto se quitó su bata, y se quedó desnudo. Su pene está semi-erecto. SOT comienza quitarse la ropa, hasta quedarse sin ella, y revela que su gran falo también está comenzando a erectarse. Me mira, y me hace una seña. Tímidamente, me quito mi polo, mis zapatillas, mi jean, mis medias... y mi boxer. Yo sí no pude contener mi erección, y la tengo dura.
Los tres vamos a la habitación donde está la tina burbujeante, nos metemos y poco a poco nos relajamos, y comenzamos a rozar nuestros cuerpos.
El chico se mantiene siempre al medio cual sandwich, pero de vez en cuando mis manos y las de SOT se entrecruzan y acarician. Los tres penes están erectos al tope. Alternadamente, SOT y yo besamos al chico en la boca, y en distintas partes de su cuerpo firme y marcado, gracias a correr olas.

10MAY02, 21:48
Estamos los tres en la cama. De nuevo el chico al medio, dejándose besar por ambos. Los tres estamos desnudos y al palo.
El chico comienza a besarnos el cuello, el pecho, nuestros formados abdómenes, y llega a la altura de nuestras pelvis. Comienza a hacernos sexo oral, de forma alternada. Primero SOT, luego yo; luego SOT, y así... Nuestros miembros llegan hasta su garganta.
Mientras veo la escena, siento una mano en mi mejilla. Es SOT, me voltea suavemente la cara, me mira. Me besa apasionadamente en la boca. Nunca había pasado.
- ¿Son pareja?
- ¡No! Es la arrechura.
- Ah.
El chico sube y hace que nuestras tres bocas se junten en un solo beso.

10MAY02, 22:07
SOT se coloca un preservativo y me da uno. Él se encarama sobre las nalgas del chico, quien está en cuatro. SOT abre sus piernas, y comienza a penetrarlo suavemente. Su pene entra en el ano dilatado del muchacho. Yo miro la escena, entonces, SOT gira la cabeza hacia mi lado.
- Bésame el culo.
- ¿Qué?
- Bésame el culo.
Sin saber qué hacer, comienzo a lamerle las nalgas, que las tiene grandes. Mi lengua las moja por completo, mientras el se menea metiendo y sacando su miembro del trasero del muchacho.
- ¡El ano´, huevón!
- ¿Qué?
- ¡Hazme el beso negro!
Comprendí lo que SOT quería. Puse mi lengua en su ano, y esta vez humedecí toda la unión de sus nalgas.
se detuvo, y me dijo que yo tome su lugar, en la misma posición. Me encaramé, le introduje mi pene al muchacho, y sin que diga nada, SOT comenzó a hacerme el beso negro. Era la primera vez que lo experimentaba, y sentí un placer indescriptible.
Nos alternamos penetrando al chico, hasta que SOT dijo que quería eyacular. El muchacho se acostó boca arriba. Los tres comenzamos a masturbarnos. Primero eyaculó el chico, luego yo, y luego SOT. Las tres descargas de semen inundaban el vientre del joven.
SOT se acostó encima del chico y lo besó en la boca.
- Gracias por la recomendación.
- Y este es sólo el inicio. Las cosas van a cambiar.
SOT volteó a mirarme, y me hizo una seña de triunfo.
- Bésalo tú también.
Lo hice.
Cuando SOT se levantó, tenía su abdomen manchado con el semen que antes habíamos eyaculado.

10MAY02, 22:55
Dejamos el edificio con el mismo sigilo con que entramos.

11MAY02, 11:18
Nos piden que regresemos a empacar, porque esa misma tarde salíamos de viaje de comisión con nuestro escoltado´. Acatamos órdenes.

11MAY02, 18:56
Llegamos al lugar donde se tomarían los buses. Nos colocamos en posición en uno de ellos para resguardar a nuestro escoltado.
Para sorpresa nuestra, su hijo también viaja.
Después de cenar, partimos.

12MAY02, 01:33
Llegamos a nuestro destino, una ciudad en la sierra, donde al día siguiente habrá un programa de actividades, y nuestro escoltado tendrá que dar unas palabras; pero, como no tendrá que hacerlo hasta mediodía, nos dice que nos reuniremos a las 8;30 para tomar desayuno.
SOT y yo vamos a nuestro cuarto, para descansar.
- ¿Viste que viajó el chibolo?
- sí. Seguro lo acompaña.
- Bien raro, porque normalmente los hijos d estas autoridades prefieren estar al margen.
Mientras hablo, SOT se queda desnudo.
- ¿Nos duchamos antes de dormir?
- Estás cojudo. esa agua debe estar heladísima.
- Mejor. Así se duerme mejor. quítate la ropa.
Me guiñó el ojo, ¿Qué estaba pasando? Sin quitarle la mirada, me desbestí completamente.
Entramos juntos a la ducha.
- ¿Te acuerdas de la escuela de suboficiales?
- A la hora de levantarse...
- Ajá.
- ¡Mierda, esta agua está heladísima!
- Permíteme.
Me abrazó, comenzó a sobarme todo el cuerpo. Pude sentir su pene erectarse. Pude sentir el mío hacer lo mismo. Comenzó a hacerme una guerra de espadas.
- ¿Sigues sintiendo frío?
- No tanto.
Luego nos fuimos a la cama, así desnudos, abrazados, revolcándonos. besándonos en la boca. No dije nada para no malograr el momento. seguíamos rozando nuestros penes. Luego él se volteó.
- Hazme el beso negro.
Se lo hice. Luego, cambiamos de roles. ¡qué rica sensación!
Volvimos a rozarnos de frent, masajeando nuestros penes entre sí. Eyaculamos casi al mismo tiempo.
Nos quedamos dormidos, compartiendo la misma cama.

12MAY, 09:35
Tras desayunar, damos un paseo por la ciudad, bueno, cuidando al señor y su hijo.

12MAY02, 20:12
Después de la cena, SOT y yo acordamos quién resguardará esa noche al señor, ya que se había organizado una recepción, y era casi seguro que duaría hasta tarde. Por suerte, me tocó a mi.
- ¿Y qué harás aquí en el hotel?
- Ver tele, dormir. Mañana habrá que levantarse temprano, tú puedes reincorporarte al mediodía.
- OK.

12MAY, 21:15
Salimos para la recepción con el señor. Noto que su hijo no lo acompaña.
- Me dijo que estaba mareado. Mejor que descance. No está acostumbrado, y esta altura es traicionera.
A la media hora de llegar, veo que recibe una llamada, que conversa con otra autoridad. Regresa conmigo.
- acompáñeme. Tenemos que ver un documento, urgente.
- Sí, señor.

12MAY02, 22:20
Llegamos al hotel.
- Quédese aquí un segundo.
El señor se acerca a la Recepción. Uno de los chicos nos acompaña. Camino a su cuarto, nos detenemos en el de su hijo.
a una seña, el muchacho de Recepción abre la puerta.
El señor se queda estático.
Trato de asomarme.
¡Increíble! SOT está acostado sobre el hijo del señor, con las piernas de éste en sus hombros. ambos están desnudos en la cama.
El señor cierra la puerta.
- Vamos a ver los documentos.
Entré en el cuarto del señor. Por largo tiempo se quedó sentado en su cama, sin decir nada, y sin buscar documento alguno.
Al rato, me vio.
- Mira si ya terminaron.
Obedezco. Al tocar la otra puerta, me abre su hijo, con una toalla a la cintura, asustado, muy asustado.
- ¿Dónde está?
- Se fue.
Regreso al cuarto del señor. Le digo que su hijo está solo.
- Vaya a descansar. No regresaré.
Fui al cuarto. SOT no regresó toda esa noche.

13MAY02, 07:26
Regresamos a nuestra ciudad en una camioneta, el señor, su hijo y yo. Todo el trayecto se hizo en silencio.

13MAY02, 14:16
Ya en la Jefatura, llamo al celular de SOT. No hay respuesta.
Procurando que nadie me escuche, llamo a otros de nuestros amigos, les cuento la situación, y les pido que me ayuden a ubicarlo.

13MAY02, 21:19
Me llaman a mi celular.
- Lo tienen detenido. Mañana lo bajan a la Jefatura.

14MAY02,15:26
Por todos los medios intento ver a SOT. es imposible. Mis fuentes no consiguen información.

16MAY02, 9:55
Recibo una llamada de SOT.
- ¿Dónde estás?
- En la Regional. Me dijeron que espere. No sé nada más.
Media hora después, me llama uno de nuestros amigos.
- Te llamo para decirte que le quitaron su celular a SOT.
- Ya me lo temía.
- además...
- ¿Además qué?
- Lo cambiaron de destino.
- ¿A dónde?
- El sur. Fuerza anti-terrorista.
No termino de entender nada.
Llamo al celular de SOT. suena apagado. Y así sonó todo el día.
Desde entonces, no sé nada de él. Tampoco he visto al chibolo desde que regresamos.
sigo como escolta de este señor.
Me incomoda la incertidumbre.

(CONTINUARÁ...)
(Fin de la primera temporada)

©2012 Hunks of Piura Entertainment. Síguenos contando tus aventuras con policías, vigilantes y serenos: hunks.piura@gmail.com

jueves, 11 de julio de 2019

En vez de seguir discutiendo con ella, me buscó para cachar

Soy un ingeniero informático que hace muchos, muchos años que salí de mi ciudad para hacer una carrera más competitiva en Lima. Sin embargo, no he perdido el contacto con mi ciudad y de vez en cuando regreso a visitar a alguna familia, ciertos amigos y ver algunos negocios de mis papás que ya no viven allá. En realidad, regreso para deshacerme de esos negocios puesto que mis papás han comenzado una nueva vida en otra parte, están lejos, y lo que menos quieren tener ahora son preocupaciones. Por éso fue que hace poco estuve allí para vender la casa donde crecimos. Hubo ofertas de compra, pero ninguna me convenció.

La última tarde que pasé allá me crucé con algunos amigos del colegio quienes me dijeron esa noche para juntarnos y tomar unas chelas. Yo les dije que sí por puro compromiso, porque, la verdad, lo que menos quería era juntarme con ellos. Ya sabía que ellos pondría las cuatro primeras, y el resto de la caja me la iban a terminar chantando, y yo, la verdad, no mantengo a nadie excepto mi familia. Por otro lado, esa noche iba a quedarme solo allí en la casa donde no había nada, solo un colchón con mi bolsa de dormir en lo que alguna vez fue mi cuarto. Encima era viernes. De que iba a aburrirme, iba a aburrirme. Podía ir a una disco pero iba a ser la misma cosa, y al día siguiente quería regresar a primera hora.

Estaba en esa reflexión, cuando al doblar la esquina me topé, casi me choqué, con Fico, el cuñado de uno de mis amigos, que ahora trabaja como profesor de Educación Física y que era un gran futbolista cuando yo vivía en la ciudad. Bueno, no sé si aún continúa siéndolo porque, a juzgar por el polo entallado y el jean pitillo que vestía, no había perdido la forma. Yo, para ser sincero, cuando salí de la universidad no tenía un cuerpo atlético lo que se dice atlético, pero me veía bien. Con los años me he descuidado un poco pero siempre me doy tiempo para salir a correr tempranito en la mañana y, digamos que estoy en condiciones aceptables. Pero volvamos con Fico.
"¡Rubén, a los años!", me dijo y me dio un cálido abrazo. "¿Cuándo llegaste?"
"Hola, Fico", le respondí, no sin extrañarme por el abrazo porque cuando vivíamos hace años apenas si nos levantábamos las cejas. "Vine hace dos días, me voy mañana".
Le expliqué la razón de mi visita y que pensaba regresarme al día siguiente.
"No jodas", me dijo. "¿Y estás solito en esa casota?"
Yo le dije que sí, que no tenía sentido quedarme en casa de nadie, que, hasta que no la venda, ésa era mi casa.
"Bueno, ojalá pueda saludarte más tarde", continuó. "Ahorita se me hace tarde porque tengo que jugar una pichanguita".
Bueno, al menos confirmamos el dato que ese cuerpo se debía a continua actividad física. Nos despedimos. Yo regresé a mi casa.

Me despertó un claxon afuera. Yo estaba desnudo en mi colchón con mi verga de 16 centímetros al palo. No tenía idea de por qué estaba con esa erección. El hecho es que vi mi celular y era como las siete de la noche o por ahí. Mis alertas de Facebook indicaban que tenía varios mensajes, entre ellos los de mis patas que querían chupar conmigo. Bueno, teniendo la casa sola y sin planes, y siendo viernes, estaba tentado a tomar la oferta, aunque terminara pagando los dos tercios de la caja. Tomé mi toalla y me levanté para ir a ducharme cuando oí que sonaba el timbre de mi casa y luego que tocaban la puerta. Pensé lo peor: o que alguien sabía que estaba solo y quería hacerme daño, o que mis patas habían decidido buscarme en casa para chupar sí o sí. Me anudé la toalla a mi cintura, bajé a atender. Sí, estaba corriendo riesgo porque simplemente podía ignorar, pero volvieron a tocar.
"¿Quién?", grité con mi voz más viril posible.
"¿Rubén?", me preguntaron desde afuera.
"¿De parte?", volví a rugir.
"Soy yo, Fico", me replicaron.
¡Aguanta! ¿Fico? Abrí. Ahí estaba el cuñado de mi amigo, vestido como qien te vas a jugar un partido de fútbol, mejor dicho, como quien llega de jugar un partido de fútbol.

"Tuve problemas en casa", me dijo Fico mientras lo hacía subir a mi cuarto. "Discutí con la mujer, y en lugar de meterle más gasolina al fuego, mejor salí".
"Hiciste bien", le respondí. "No es bueno dejar que las discusiones escalen hasta ponerse fuera de control".
"Por éso lo hice y, bueno, me acordé de ti y... espero no incomodarte", trató de justificarse.
"Para nada molestas", le sonreí. Y la verdad era ésa. Aunque no me parecía creíble el cuento de la mujer, tampoco me incomodaba de verdad la presencia de Fico en mi casa, especialmente con ese uniforme que, dicho sea de paso, se le pegaba al cuerpo revelando una anatomía digna de escuela de arte, en especial esas piernas musculosas y ese culo redondo y firme.
"¿Ibas a bañarte?", me preguntó.
"Sí, me desperté y justo tocaste la puerta".
"Ah, chucha, disculpa".
"No, normal".
"Oe Rubén, ¿me creerás que tampoco me he bañado todavía?"
Como supondrán, yo paré las antenas. Respiré profundo tratando de que mi erección, que ya se había bajado, no se vuelva a manifestar. De hecho, hice como que no escuché lo que dijo.
"¿Y quién ganó el partido?", le desvié el tema.
"Nosotros... 5 a 3", respondió mientras se cogía su paquete con la mano. ¡Y vaya que se notaba un considerable paquete!
"¿Me prestas tu baño un toque?", dijo. "¿O ya te vas a bañar?"
"no, entra, normal".
Le indiqué y regresé a mi cuarto. Me pareció que no había cerrado la puerta porque escuché un sonoro chorro que caía al inodoro. Recordé lo que me había dicho otro amigo, de que los pingones tienen chorros más potentes cuando orinaban. Entonces, pensé, la razón por la que Fico había llegado a mi casa era una especie de respuesta a mi negativa para salir. ¿Por qué seguir siendo frío? Me gustaba, mejor dicho, me gusta. Fico regresó.
"Así que no te has bañado aún", cambié mi tono. "¿quieres bañarte acá? Puedes usar la ducha si deseas".
Noté que Fico tragó saliva.
"No, Rubén, cómo se te ocurre, no quiero causar molestias".
¡Carajo!, pensé. ¿Y entonces por qué me lo dijo? Yo seguía allí con la toalla anudada a la cintura.
"Bueno, yo sí", le dije algo frustrado. "espérame un toque". Así que fui a la ducha.

estaba cubierto de jabón escuchando música de mi celular.
"¿Y están vendiendo la casa?", me preguntaron.
"¡Mierda! No asustes así, Fico", reaccioné.
"Perdona", me dijo casi riendo. "Es que tú dejaste la puerta abierta".
Bueno, sí, confieso que lo hice a propósito.
"Sí, la estamos vendiendo, pero la gente que la quiere comprar me está ofreciendo miserias; esta casa vale más", le dije, al fin, recuperándome.
"¿Qué jabón usas, Rubén?"
La pregunta me dio una pista: no había entrado para preguntar el valor de la casa, evidentemente.
"No sé, lo encontré acá todo duro", le respondí, acentuando lo de duro.
"Huele rico", me comentó.
"¿Sacas la marca por el olor?"
"No, quizás por el color, pero tendría que verlo".
A la mierda, dije. Abrí la cortina y... ¡Dios mío! Fico estaba calatito, desnudito, sin su uniforme. Quedé boquiabierto viendo su cuerpo marcado. Él se dio cuenta.
"Perdona, es que... como dijiste que podía bañarme acá". Ahora yo fui quien tragó saliva.
"entra a la ducha", me animé a decirle.

Fico tomó el jabón, lo olió con los ojos cerrados, abrió la llave de la ducha, dejó que el agua recorriera su cuerpo desnudo, y me dejó ver su espalda no tan ancha, sus glúteos como burbujas, algo de vello en sus nalgas, muy fino, y esas piernas de campeonato. Giró. Pectorales no tan inflados, abdominales marcados, cintura pequeñita, y debajo de su vello púbico evidentemente afeitado hace unos días, un largo pene descansando encima de un buen par de bolas. Se untó el jabón lentamente. Mi pinga, casi sin darme cuenta, se puso al palo.
"¿Ya sabes qué marca de jabón es?", le pregunté para liberar tensiones.
"No importa", me replicó. "Huele de la puta madre".
Dejó el jabón en la jabonera de la ducha y comenzó a masajearse el cuerpo tratando de hacer espuma.
"Sóbate el jabón", me pidió. "Se te va a resecar la piel", aconsejó a continuación sonriendo.
Yo no reaccioné. Ya tenía mi verga bien parada. él sonrió, me tomó de los brazos, me puso frente a frente con él y comenzó a sobármelos, haciendo espuma.
"Sóbame", me pidió.
Yo solo atiné a acariciarle la cintura.
"Todo el cuerpo, Rubén", me sonrió, y tomó mis manos y me las pasó por sus pectorales, su cadera y la parte exterior de sus dos nalgas.
"Sin miedo, Rubén, hazlo sin miedo".
Poco a poco fui paseando mi mano por todas esas partes. Me animé a sobarle el centro de sus nalgas, lo que hizo que le acercara mi verga a la suya. La sentí semierecta. También le sobé los muslos. Él sí no se amilanó y me acarició la espalda, mis nalgas, incluso mi pene y mis huevos.
"¿Puedo jabonarte en la raja de tu culo?", me consultó.
"Sí", le permití.
""OK, también sóbame la mía".
Juntamos nuestras pingas ahora duras y usamos la yema de nuestros dedos para pasarnos el jabón por en medio de nuestras nalgas y, cuando menos nos dimos cuenta, o quizás sí, estábamos masajeando el agujero de nuestros anos. Comencé a jadear y a disfrutar.

Tras enjuagarnos y secarnos, volvimos al cuarto y caímos sobre el colchón. Fico me besó profundamente en la boca. Nuestras lenguas más que combatir, se acariciaron. Sus manos y las mías no hicieron más que acariciarnos nuestros cuerpos a todo lo que se podía mientras nos revolcábamos no solo sobre el colchón, sino que nos desbordábamos al piso frío. Me besó el cuello, dejándome gemir Me puse encima suyo y ahora a mí me tocó hacerlo gemir mientras le succionaba las tetillas.
"Rico, Rubencito, sigue", me animó. Y así lo hice.
Pasé mi lengua sobre sus abdominales y llegué a su vello púbico que me raspó la cara. Tomé su pinga de unos 18 o 19 centímetros (parece que mis amigos tenían razón con lo del tamaño y el chorro), y comencé a chuparla a lo que podía porque es gruesa.
"Así, Rubencito, oh, qué rico", me suspiraba. Bueno, mas bien gemía.
Como toda su pinga no me cabía en la boca, , usé mi lengua para lamerle el resto de su falo hasta llegar a sus huevos y succionarlos mientras le pajeaba el pájaro. Fico convulsionaba. entonces, me puso sus poderosas piernas en mi espalda.
"Lámeme el culo, Rubencito, lámemelo", me pidió.
Le levanté las piernas, él me ayudó abriendo sus nalgas con sus manos y fui a la conquista de su ano. Lo lamí, lo punteé con mi lengua. Mi nariz aspiraba el aroma del jabón que habíamos usado poco antes. Sentí cómo su agujero se comenzaba a dilatar.
"Métemela, Rubén", me rogó. Y yo no esperé mucho, me arrodillé, me puse saliva en mi cabecita y puse mi huevo a la entrada de su culo. Empujé suavemente. Qué rica sensación, carajo, sentir cómo me abría paso por ese hoyo caliente. Me tomé mi tiempo porque tiempo era lo que me sobraba. En esa pose, metía y sacaba, metía y sacaba. Fico gemía extasiado, tomando su enorme pene y pajeándose sin violencia. Cuando creí que iba a explotar, me pidió lo insospechado.
"Sácamela, Rubén".
"¿Te duele?", pregunté.
"No, solo sácamela, no seas malito".
Lo hice.

Apenas le saqué mi pinga a Fico, cerró sus piernas y se arrodilló frente a mí para besarme en la boca otra vez.
"Acuéstate boca abajo, Rubencito", me pidió.
Le obedecí. Lo siguiente fue sentir su lengua en mi nuca, luego a lo largo de toda mi espina y finalmente haciendo circulitos en mis nalgas.
"Tienes rico culo", me dijo Fico.
"¿Te gusta?"
"¡Me encanta!"
Entonces me hizo el beso negro. Tampoco me contuve y gemí. Qué mierda. La casa eestaba vacía. Quién podía joder. Nadie. Así que gemía y jadeaba. Estuvo largo rato ahí. Hizo que levantara mis nalgas, casi poniéndome en perrito, y me colocó su cabeza en mi ano. Me la fue metiendo de a pocos. Aunque yo estaba recontraexcitado, me dolió un poco cuando me la metió, pero me acordé de respirar hondo, de relajarme, y el pene de Fico me penetró con facilidad. Se movió con gentileza, como entendiendo que cualquier movimiento brusco podría generarme mucho dolor, me acariciaba con mucha seguridad.
"Hace tiempo que quería cacharte", repetía. "Por fin eres mío".
"Cáchame, Fico".
De pronto me la sacó.
"¿Pasó algo?", quise saber.
"Está a punto de pasar", me dijo.
Me puso boca arriba y se acostó sobre mi. Comenzó a mover su cadera mientras yo le habría las piernas. Nos besamos y aproveché para agarrarle las nalgas con fuerza. Entonces sentí una humedad caliente en mi vientre.
"Las di", me confirmó Fico.
Se arrodilló, tomó mi pene con su mano y comenzó a masturbarme. En cuestión de minutos, disparé todo mi semen sobre mi abdomen y mi pecho.
"Vamos a lavarnos", me dijo.

Tras secarnos, vi mi celular. Eran casi las ocho y cuarenta y estaba cargado de mensajes de mis patas. Fico se echó sobre el colchón, aún desnudo.
"Ojalá que mi mujer ya no esté asada", comentó.
"No creo", le observé. "Aunque quizás es muy pronto".
"Sí, pero a lo mejor tú quieres salir: es viernes por la noche".
"No, prefiero quedarme aquí".
"¿En serio?"
"Sí, Fico; prefiero quedarme aquí".
Se mantuvo en silencio buen rato.
"¿Puedo quedarme aquí contigo?", me pidió.
"Claro", le sonreí.
"Ven", me tomó del brazo e hizo que me acostara encima suyo. Nos besamos en la boca de nuevo.
"¿Cómo es éso que hace tiempo querías cacharme?", le pregunté cuando nos separamos.
"Es una larga historia, desde que mi cuñado nos presentó".
"¿Una larga historia como tu pinga?"
"¿Te gusta mi pinga?"
"Me gustas, Fico".
"Tú también, Rubén".
Nos volvimos a besar.
El cuñado de mi amigo y yo nos quedamos a pasar esa noche y cachamos dos veces más. ¿Mis patas? Bueno, se cansaron de mandarme mensajes para chelear. Que sigan mandando. Que no nos jodan.

domingo, 4 de marzo de 2012

SOT-2012-010: Visita nocturna

Hace poco me enteré que un chico que conocí por Internet, iba a quedarse solo cuidando una casa. El chico es atractivo, 20 años, deportista, y por lo tanto, de un cuerpo marcado. Por supuesto, lo que más me atrae de él es su trasero. Creo que juega fútbol y eso explica por qué está tan desarrollado. No sé por qué pero tengo predilección por los chicos que hacen deporte. Definitivamente se tiene buen sexo con ellos, porque son flexibles, más calientes y les gusta experimantar cosas nuevas sin hacer tantas preguntas.

20:00
Me reporto a mi guardia en la Jefatura. Haré el turno de madrugada, a partir de la 1:00, pero en vez de estar esperando en mi casa, mejor vengo desde ahora.

20:33
llamo al chico para que me dé indicaciones de cómo llegar a la casa. quedamos en que él estará afuera regando el jardín. De ese modo nadie sospechará que algo raro está pasando; además voy uniformado, así que los vecinos creerán que es una ronda.

21:15
Paso frente a la casa, y disimuladamente hago contacto visual con el chico, quien está regando el jardín. Hay pocos vecinos sentados en la calle. Regreso a la Jefatura.

22:20
Llamo de nuevo al chico. Le pido que deje la puerta abierta, de tal manera que ingrese sin hacer ruido y sin llamar la atención.


23:00
Paso nuevamente por la calle donde esta la casa. Me dirijo a ella. Empujo la puerta y ésta cede.
Adentro y con la luz apagada, está el chico esprándome en boxers.
Nos damos un beso profundo, y de la mano, me guía hasta el cuarto.

23:10
Ýa calatos, comenzamos a juguetear en la cama. Nos besamos en la boca, el cuello, y las tetillas.
Le pido que me haga sexo oral, y el chico va directo a mi pene erecto y comienza a succionarlo; luego, le pido que vaya a mis testículos, y lo hace.
Entonces, se me viene a mi cabeza aquella vez cuando vine algo tomado y le pedí a mi amante de aquella vez que me haga el beso negro. quiero experimentarlo de nuevo, y le pido al chico que me lo haga. Accede. Mientras me lame el ano con su lengua, yo comienzo a masturbarme. Recuerden que mi miembro mide 18 cm y es grueso.
Mi excitación es tal que le pido que pare y se siente sobre mi pene. Me obedece, y poco a poco va enterrando mi falo en su ano. Luego comienza a balancerase, y y mientras lo hace, me toca los testículos, y de vez en cuando se inclina para besarme en la boca. Yo aprovecho para acariciarle su firme cuerpo, y experimento a masturbarlo. su pene es grande como el mío, y bota gran cantidad de líquido pre-seminal.
Sin despegarnos, ruedo hasta quedar sobre el, le separo las piernas lo más que puedo, y sacudo mi cadera tan rápido como puedo. Él comienza a gemir. Mientras con un brazo me apoyo sobre el colchón, con la otra lo acaricio, y otra vez lo masturbo.
Cambiamos a la posición del perrito, y allí le puedo enterrar todo mi miembro sin problemas, me meneo tan rápido como puedo. Mis caderas aplauden sus nalgas, mientras él se masturba.
Finalmente eyaculo dentro de su ano. Es una sensación que no sentía hace tiempo.
Me dice que también quiere eyacular, así que se lo saco despacio, me acuesto boca arriba. y él se sienta encima de mi pene ya blando, se masturba, y eyacula sobre mi abdomen.
es la primera vez que experimento cómo el semen caliente se siente sobre mi piel.
Nos besamos de nuevo y nos vamos a duchar.

00:15
Ya fresco, me visto y lo dejo tras darle un nuevo beso. Mi guardia me espera.

CONCLUSIÓN
Estoy experimentando más con cosas que usualmente no hace un activo. El caso es que me gustan. Pero aún no entiendo por qué a los otros activos no les placen.
¿Ser penetrado? ¡No, aún no creo que llegue a ese nivel! simplemente digo que hay cosas que los activos deberían experimentar y que son placenteras.
O no sé...

Preparado por SOT para Hunks of Piura Entertainment ©2012-
Siempre practica sexo seguro. Cuéntanos tus experiencias con policías, serenos y vigilantes: hunks.piura@gmail.com

domingo, 10 de noviembre de 2013

Sexo Mandamiento (4)

No sé si fue mi impresión, pero estaba más guapo que la última vez que nos vimos. Se había cortado el cabello, y la ropa formal que llevaba, ligeramente ceñida a su cuerpo, lo hacían lucir aún más varonil.

“Hola”, me dijo y de inmediato me abrazó, yo de inmediato respondí el abrazo. Por alguna razón, ese abrazo me brindó una sensación de protección y de cariño que, sinceramente, no había sentido hasta ese momento. “¿Cómo has estado? ¿Te pasó el susto?” Me preguntó preocupado. “Sí, ya fue esa huevada. Créeme que si puedes sobrevivir a mi vieja, puedes sobrevivir a cualquier susto”, le dije riendo. “A la mierda, ¿tan jodida es tu vieja?” me preguntó riéndose. “Sí créeme”, le respondí.

Una vez dentro del departamento, conversamos de muchas cosas, me contó cosas de su trabajo. Yo le comenté ciertos problemas en casa, como las peleas con mi vieja, le conté el incidente con la profesora en la mañana. “¡Ta’ huevona esa vieja! Eso solo tiene un nombre: falta de huevo, como no tiene quien se la cache, le jode que el resto del mundo disfrute su vida como se debe”, me dijo y dicho esto se paró y movió sus caderas como loco como si estuviese bailando negroide. Yo me reí, me pareció gracioso. “Sí, yo también creo que es una vieja aguantada que habla así porque no hay quien se la cache”, le dije. “Sí, tienes razón y me parece paja que la hayas puesto en su lugar, a eso yo le llamo tener huevos”, me dijo.

Me pidió que lo esperara, que se iba a duchar porque venía cansado de la chamba. Me dejó en la sala del pequeño departamento y se dirigió a su cuarto. Yo me quedé ahí sentado mirando televisión. Me aburrí y me paré. Comprendí por fin por qué me pidió disculpas, la primera vez que nos vimos, por su “desorden”. Esta vez todo se encontraba mucho más pulcro que la vez anterior. El departamento, parecía sacado de uno de esos comerciales de desinfectantes.

De repente, el silencio producido por la televisión apagada, se vio interrumpido por un, desafinado, pero alegre, canto. Sonreí y dispuesto a tomar la iniciativa esta vez, me dirigí al cuarto. Una vez en él, me desnudé y me dirigí a la ducha. Ahí en la ducha, Adríán se encontraba desnudo y cubierto enteramente por espuma. Me metí a la ducha en silencio aprovechando que se encontraba con los ojos cerrados y  lo abrazé por detrás. Se sobresaltó.

Lentamente empecé a masajear la espuma en su cuerpo. Abrió la ducha y poco a poco su cuerpo empezó a quedar descubierto. Se volteó y puso sus brazos alrededor de mi nuca y yo aproveché para descender las mías hasta su cintura. Me miró, y juntó su nariz a la mía. “Te he extrañado, me susurró”. Yo también, le respondí.

Nos besamos, bajo el chorro tibio de la ducha. Nuestros cuerpos se unieron en un abrazo fuerte. Nuestros miembros chocaban con cada movimiento nuestro. Con rudeza, me tiró contra la pared lateral de la ducha y bajó suavemente por mi cuello, deslizándose por mis tetillas y mi abdomen, jugó un momento en mi ombligo hasta que finalmente llegó a mi miembro. Suavemente, tomó mi miembro en su boca, provocando en mí un leve gemido y una acelerada respiración. El movimiento de su boca introduciéndose mi miembro cada vez más, me estaba volviendo loco, yo solo optaba por gemir y respirar fuerte. Mis manos estaban sujetadas fuertemente a su cabeza. Él se puso de pie y tomó mis hombros jalándolos hacia abajo. Yo bajé a su miembro de inmediato. Me puse de rodillas e introduje su pene en mi boca. Una sensación indescriptible me invadió. Al levantar la mirada, me encontré con la mirada de Adrián, llena de placer. Sus caderas se movían duramente, como si me estuviese “cachando por la boca”. En un momento determinado mientras me enloquecía succionando el miembro de él, se volteó dejando delante de mí su hermoso culo, era algo velludo, pero eran unos vellos preciosamente ordenados, finos, delicados. Mordí suavemente sus nalgas. Él parecía enloquecer, Poco a poco fui introduciéndome entre ellas  hasta tener mi lengua entera lamiendo su ano. Poco a poco y con un deleite jamás experimentado, empecé a introducir mi lengua dentro de su ano. Él por su cuenta, empezó a gemir fuertemente.

Me levanté y lo abrazé por detrás. Nos empezamos a besar locamente, y mientras lo hacíamos, empezé a rozar mi miembro en la entrada de su ano. Él gemía sin control. “Creo que hoy me toca chantarme a mi” me dijo riéndose, “así parece” le dije. Tomé una toalla, me sequé y me dirigí a la cama. Me acosté y unos minutos después salió él. Por su corpulento, cubierto de vellos, aun corrían algunas gotas de agua, lo cual a mí me pareció sexy. Su mirada se clavó en mi erecto miembro. De inmediato se acostó en la cama y con las piernas abiertas, se posó sobre mí. Me besó, sus besos eran apasionados, fuertes, calientes, eran una mezcla perfecta entre lo rudo y lo dulce. Poco a poco, descendió por mi abdomen hasta llegar a mi pene, el cual se tragó en un solo acto. Hizo que me retorciera de placer. Sin duda era la mejor mamada que me habían dado jamás. Subió nuevamente a besarme y luego empezó a rozar su culo con mi durísima verga. Poco a poco el fuego se iba incrementando. Nuestros besos, nuestras lamidas y caricias iban aumentando su intensidad. Hasta que el momento propicio se dio y él exclamó: “¡métemela huevón, métemela!”. Él mismo tomó un preservativo y me lo colocó. Yo estaba extasiado. Yo recostado en la cama y él sentado sobre mí con sus rodillas flexionadas. Me besó, lamió mis orejas, mi cuello, mis axilas. Y fue el mismo quien se introdujo mi miembro, poco a poco, con paciencia. Su cara denotaba dolor y placer. Yo por mi parte, sentía como mi miembro se habría paso en sus entrañas. “¡Estás bien apretadito!” le dije y reí, “Sí, solo hice de pasivo una vez, tu eres la segunda, tienes un no sé qué que me llevó  a animarme” me dijo y me besó. Por fin estuve dentro de él completamente. Me aferré a su cuerpo y él al mío. El determinaba el ritmo. Yo no me movía, pero el sí ¡y de qué manera!

“¡Que rico es cachar contigo!” me dijo, “Tas’ huevón, que rico es hacerlo contigo mierda”, le dije poniendo blancos los ojos de placer. Sin sacarla y en una muestra de flexibilidad, se reclinó y yo me puse sobre él. Ahora quien dirigía el movimiento era yo. “Asu mare, que rico te mueves huevón” exclamó, “y eso que aún estoy calentando” le respondí. Nuestros gemidos y rugidos invadían la habitación entera.

Cambiamos de pose, ahora él se colocó a cuatro patas en el borde de la cama y yo detrás suyo, de pie. Introduje suavemente mi miembro en él. Gimió y se estremeció. Su fuerte espalda quebrándose para mí, y su cintura apretada, que no había visto tanto en la primera cita, me volvían loco. Bombeé con más fuerza, con más rapidez. Tomé su corto cabello y lo jalé fuerte hacia atrás mientras mi otra mano sujetaba fuertemente su cintura. “¡Ah mierda! ¡Qué rico!” exclamé y el solo se limitó a gemir. Era increíble la sensación de placer que sentía al poseerlo, no sé si era su apretado ano, o la sensación de poseer a un machote como él, o los gestos de placer que él tenía. Mis caderas se movían rápidamente, pero alternaban lo rápido con lo lento. Lo sacaba completamente y lo volvía a meter. Adrián se retorcía de placer. Era excitante ver mi miembro entrar y salir de su ano.

Él se acostó suavemente y yo me puse sobre él sin dejar de penetrarlo, sujetando con mi brazo su cuello y con la otra mano, dando nalgadas y amasando sus nalgas. Sentí de repente  que una explosión se expandía en mi cuerpo. “¡Me vengo!”, exclamé. Retiré mi miembro y me quité el preservativo, poniéndome de pie sobre la cama, él se dio vuelta y esperó mi leche. Pronto un chorro de semen salió disparado de mi verga, en dirección al pecho de Adrián.  Descendí hacia él, que me esperaba con las piernas abiertas. Me coloqué sobre él y lo besé. Él se masturbaba, así que metí dos dedos en su dilatado ano, mientras le besaba las tetillas. El no dejó de masturbarse y retorcerse de placer, hasta que finalmente se vino, lanzando contra mi abdomen  sus masculinos fluidos.

Él se recostó a un lado de la cama y yo me recosté sobre su pecho abrazándolo, él también me abrazó. “Wow” me dijo, besándome la frente. “Eres bien rico” le dije y lo besé. Permanecimos abrazados por largo tiempo en la cama. “Me gustaría verte más seguido y no precisamente para tirar. Me gustaría empezar a salir contigo” me dijo. Algo dentro de mí se puso en alerta. Adrián me gustaba y mucho, pero ¿salir? Eso no estaba en mis planes. Me separé de él y me senté en el borde de la cama. Nuevamente ese bochorno se apoderó de mí y mi cabeza empezó a girar como dentro de una licuadora. “¿Qué pasa dije algo malo? Me preguntó algo alarmado, “No, no es nada” le respondí.

 

Continuará…

 

© 2013 Gonzalo Martínez. © 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.  Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

Texto producido con el Método Writting Fitness. Más información aquí.

 

lunes, 19 de agosto de 2019

Si te pica el culo, ¿por qué debo pagarte?

Soy un pata de 45 años, y a raíz de unas gestiones tuve que ir a otra ciudad. De pura casualidad me encontré con un pata que no veía desde el colegio. Es un año menor que yo. Nos reconocimos, y como no tenía nada que hacer, nos fuimos a tomar algo por ahí. Trago va, trago viene, y recordé que había un rumor sobre él cuando estudiábamos.
"Decían que te gustaba recibir pinga", le dije sin roche alguno.
"¿La verdad? Sí me gustaba, y sí me gusta", me dijo.
No estábamos ni siquiera picados. Apenas habíamos tomado un par de cervezas, en todo caso sí habíamos generado mucha confianza.
"Bien por ti", le dije con la mayor naturalidad.
"¿Y... es cierto lo que decían de ti en el colegio? ¿Que la tenías bien grande?"
"Jajajajaja. La tenía, y la tengo bien grande"", le volví a responder con toda naturalidad.
"¿Como de cuánto?", curioseó.
"No la he medido, pero sería bueno medirla, ¿no?".
Nos tomamos un par de cervezas más. Media hora después, estaba ingresando a un cuarto que alquilaba cerca del centro de esa ciudad. Allí dentro, no solo me la midió, sino que me la chupó bien rico, y cuando ya estábamos calatos, me lo agarré piernas al hombro y le metí mis casi 20 centímetros de pene al palo. Si bien su culo estaba abiertito, apretaba bien. Disfrutamos como media hora y tuve unos de los mejores orgasmos de los últimos meses.

Como tenía mucho tiempo libre, me quedé un rato allí, calato en su cama,junto a él. Nos besamos en la boca. Usualmente no beso cuando cacho con patas, pero este huevón tenía un toque muy especial, así que no me negué.
"¿Y traes puntos acá, cachas con alguien?", traté de iniciar una conversación.
"A veces, pero últimamente me ha pasado algo, cómo te digo, inusual", se soltó.
Mi pata me dijo que él en realidad es moderno, versátil, y que una vez estaba en Facebook cuando se le agregó un chico de unos 21 años que había conocido de casualidad en la calle, cuando le entregó un volante. Él estaba con una amiga quien se interesó en la oferta que aparecía en el papel. Como la amiga no llevaba su celular, quedaron en que se iba a comunicar al de mi pata. El volanteador así lo hizo, pero en vez de impulsar la oferta, comenzó a sacarle plan a mi pata.
"Me decía que le parecía atractivo, que le gustaba mi cuerpo".
"Y sí tienes buen cuerpo, huevón. ¿Vas al gym?"
"No, pero bailo danzas folklóricas en un conjunto acá, y éso te mantiene en forma".
"Entonces te sacó plan. ¿Qué hiciste tú?"
Mi pata me dijo que el volanteador le propuso encontrarse en un centro comercial, y así lo hicieron. Comenzaron a dar vueltas por ahí.
"De pronto el chiquillo vio una vitrina y se fijó en un par de zapatillas bien caras, y dijo que era una lástima que estaba sin plata para comprárselas".
"Un simple comentario", observé.
"Éso pensé yo, pero luego pasamos por una tienda de ropa y el mismo comentario, vimos un reloj y lo mismo; entonces, le dije para traerlo al cuarto, pero me dijo que diésemos una vueltita más, que quería ver cosas".
"¿Y ese chiquillo era activo o pasivo".
"Pasivo. Me dijo que quería probar mi pinga, aunque éso era lo de menos. Yo quería deslecharme como sea".
"Entonces, ¿dieron la vueltecita?"
"Claro, pero en vez de llevarme a ver mas tiendas, terminamos en el patio de comidas, y ahí, sin asco alguno, me pidió que lo invitara a comer. Entonces allí yo paré las orejas y entendí que ese chiquillo no quería nada. Yo me paré en seco y le dije que se desahuevara. Me dijo que sí tenía ganas, pero que, como yo le había caído en gracia, que quería que yo le diera algo o le regalara algo. Casi me rayo. O sea, si a él le picaba el culo, ¿por qué yo tenía que pagarle? Salvo que sea escort o puto, ¿no?".
"¿Lo dejaste tirando cintura?"
"Lógico pues. En todo caso, se hubiese sincerado desde el inicio: necesito plata, o esta cosa, y cacho contigo si me la das. Pero así, no jodas".

Yo me reí luego de escuchar este relato. Mi pata a mi lado como que se mosqueó. Yo me di cuenta y de inmediato puse el parche.
"No me río de ti, me río de que a mí me pasó algo muy parecido", le aclaré.
"¿En serio?"
"Sí", le dije. "Hace unos meses negociaba unos fertilizantes y los dejé en un pueblo cerca de nuestra ciudad y allí conocí a un chico que había terminado de agrónomo. La misma vaina: que dame tu número, coordinamos por Whatsapp. Un día me hizo el habla y comenzó a decir que se sentía mal, que había discutido con su familia, que quería dejar el pueblo y largarse a la capital para hacer mejor vida. Hasta ahí, nada del otro mundo hasta que me dijo si podía recibirlo en mi casa, porque se me ocurrió decirle que tengo un cuarto libre. Le dije que no podía recibirlo porque apenas lo conocía y no iba a saber cómo explicarle su presencia a mi familia. Entonces me dijo que por mi culpa, iba a dormir en la calle. Yo sí me rayé. Lo mandé a su misma mierda y lo bloqueé. Hace como tres semanas se apareció en mi trabajo diciendo si lo podía recomendar como vendedor, que necesitaba trabajar. Yo, normal, lo llevé al administrador. Luego regresó, me agradeció, pidió disculpas por lo del Whatsapp. Sí, todo confuso. Luego me dijo que si podíamos ir a otra parte porque quería "agradecerme"".
""Agradecerte"? ¿Quería que te lo cacharas?"
"Obvio. Le dije que no podía, que en todo caso, cuando ganara su primera quincena, podíamos ir, o que me la chupara ahí mismo. Total, casi nadie entra a mi oficina. Me salió que no, que como yo ya tenía plata, yo tenía que invitarlo. Le dije que no joda y que no me dé cara a menos que sea para cosas del trabajo".
"¿Y está trabajando allí?"
"No. No se presentó a trabajar. El administrador me lo dijo, y le dije que no sabía nada. Después me contó que ese chico le había pedido plata adelantada, pero él se lo negó".

Mi pata del colegio se quedó con la boca abierta. Sus labios carnosos comenzaron a ponerme dura la verga. Lo besé de nuevo, pero lo sentí seco.
"¿qué te pasó?", le pregunté.
"Nada huevón. ¿Te das cuenta que los veinteañeros pasivos parecen estarnos pidiendo a los cuarentones que los mantengamos o algo así?"
Me puse a pensar, y creo que terminé con la boca abierta también
"No lo sé", alcancé a responderle por fin. "Lo que sí tengo claro es que ni tú ni yo tenemos que ceder ni darles ni mierda. Que si quieren conseguir sus cosas, que trabajen por ellas, como hemos trabajado tú y yo".
Lo besé  de nuevo y lo caché por segunda vez. Definitivamente, mi pata es lo máximo en la cama. Sin ser tan acrobático ni tan arrecho, me permitió tener un segundo rico orgasmo. Pero, cuando salí de su cuarto, tenía la espina clavada.

Cuando regresé a mi ciudad, no me quedé con las ganas y busqué de inmediato a un amigo que es psicólogo. Le conté todo sin roche alguno. Él me escuchó, se sonrió y me dijo que no era el primer ni segundo caso que él conocía, que ya otros patas de mi edad le habían contado lo mismo.
"¿Y a qué se debe?", me intrigué.
"No es la plata, no es lo material. O no, de primera mano", me dijo mi amigo, el psicólogo. "Es que a ciertas personas les encanta vivir dentro de relaciones en las que son dependientes de alguien porque sus figuras de autoridad les enseñaron a depender, entonces ignoran otra forma de vivir la vida que no sea por lucharla de forma independiente. Supongamos que le das lo que pide, no se satisface, y te pedirá más y más y más y más, pero no necesariamente porque sea materialista, sino porque en su mente se siente protegido, siente que alguien lo acoge, siente que puede seguir continuando el modelo de bajar la cabeza y recibir por toda su vida. Ojo que hasta éso de que se peleó en casa puede ser mentira, pero más que pelea, es porque sus figuras de autoridad nunca les dieron cariño, ni los valoraron, solo les dieron a cambio de agachar la cabeza porque había un proveedor. Incluso algunos han visto cómo violentaban a otros miembros de la familia o hasta a ellos mismos. Es perpetuar un círculo vicioso".
"No jodas. ¿Éso se soluciona?"
"Sí. Esos chiquillos tienen que reprogramar su chip, entender que las únicas personas de las que dependen son de ellos mismos, no de nadie más. Y no importa su opción, porque también hay activos jóvenes que buscan pasivos maduros para jugarles de la misma forma. De hecho, ése es el esquema más conocido, pero la solución es exactamente la misma: deben convencerse que no dependen de nadie, pero, si ya los malacostumbraste, ya fuiste y ya fueron".
"¿Entonces mandarlos a la mierda es la mejor respuesta?"
"Bueno, desahuevarlos es una buena respuesta, pero con solo decirles que tú no mantienes a nadie o algo por el estilo y cortar todo tipo de comunicación, asunto resuelto".

Le conté mi conversación con el psicólogo a mi amigo esta mañana que estaba jodiendo en Facebook. Me agradeció y me dijo que se lo contará a otros amigos suyos que también han sido abordados de la misma forma.
"Por último", me dijo mi pata, "contigo cacho mejor y la paso rico".
"Sí huevón", le dije. "Tienes toda la razón".
¿Te ha pasado algo parecido? ¿Qué hiciste? Cuenta acá abajo en los comentarios o al Twitter.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Ser Rafael 12.3: Un rico trasero


Nos besamos en la boca.

El aliento a alcohol me excitó más.

“Quiero”, rematé.

Me saqué la camisa y la dejé en el suelo.

Volvimos a besarnos, esta vez con abrazo incluido. Y así seguimos hasta desnudarnos por completo.

Me alocó con una magistral fellatio, rodamos un poco en la cama, y se acomodó para que lo penetrara, levantando sus piernas tanto como pudo.

“¿Tienes forros?”, consulté muy cariñoso y ardiente.

“esta vez sí”.

Abrió una gaveta de la mesita de noche.

Lo hicimos.

Tengo que reconocer que Eduardo era muy creativo a la hora de desplegar su repertorio de posiciones sexuales. A lo mejor era experto en Kamasutra gay, un título, o al menos un diploma, que difícilmente podrías ostentar en la pared de tu casa pero que sí podías acreditar dentro de las paredes de una habitación, o quién sabe dónde.

Era casi las dos de la mañana.

Ahí estaba yo otra vez, acostado junto al chico que alguna vez había conocido en un cine triple X, solo que ahora sí éramos Eduardo y Rafael.

Lo tenía abrazado por la espalda, sin ropa.

“Fue lo máximo”, me susurró.

“Qué bueno”, le dije también susurrando.

Me quedé dormido.

Cuando abrí los ojos, la televisión seguía prendida, esta vez con una clásica historia porno heterosexual. Afuera seguía oscuro.

Muy despacio, deshice el abrazo a Eduardo. Mi pecho estaba sudoroso.

Rodé hasta el filo de la cama sigilosamente, fui al otro lado y recogí mi ropa.

Tras vestirme, esculqué el bolsillo del jean de Eduardo.

Encontré las llaves.

Salí con cuidado del dormitorio, bajé, destrabé la puerta de la calle, subí de nuevo, dejé las llaves, cerré la puerta del dormitorio sin hacer bulla, bajé con cuidado otra vez, cerré la puerta de la calle. Me sentía un perfecto ladrón.

Vi mi reloj.

¡Maldita sea! ¡No tenía reloj!

¡Puta madre! ¡Lo había dejado en la mesita de noche!

No. Regresar no era una opción (tampoco podía).

Vi mi celular.

Era las cuatro y cincuenta de la mañana.

No circulaba un mísero taxi, por lo que llamé un remisse.

Mientras lo esperaba, varios chicos ebrios pasaban. Algunas caras me eran conocidas. Un hombre gordo, ya cuarentón, me guiñó un ojo. Lo ignoré. Oriné por allí, en un jardín, vigilando a ambos lados, porque no aguantaba.

El auto llegó a las cinco y diez.

Camino a casa, otra vez esa bachata de moda sonaba en la radio.

Ahora sí, dormí hasta que me dio la gana, o sea, mediodía.


En ese momento, prendí mi teléfono un instante para llamar a mi mamá, y confirmar la hora de regreso y la hora que tenía que recogerla.

Tras ello, iba a apagarlo cuando entró un mensaje de texto.

“Pudiste dejar tu reloj aquí… Si lo quieres, debes buscarme”.

Apagué el celular, y ese día decidí dejarme de cosas. Limpié mi habitación, la ordené, me preparé almuerzo. Más tarde, recogí a mi mamá, y lo que me restaba del domingo, me propuse ser un hijo ejemplar. Por supuesto, le conté sobre el fallecimiento de la abuela de Laura.


Al día siguiente, fui a trabajar como de costumbre.

Dejé todo listo para la capacitación, pero un proceso de última hora requirió mi atención.

Llegué tarde a la sala de juntas y ubiqué mi lugar, previas disculpas.

¡Vaya! el capacitador tenía un buen trasero.

Ni modo, como él estaba de espaldas, fue lo primero que llamó mi vista.

Entonces, él se volteó a vernos con un rostro sonriente.

Me quedé helado.

Era Al.


domingo, 20 de octubre de 2013

Sexo Mandamiento (1)

Mi nombre es Gustavo. Hoy me considero gay y lo admito orgullosamente; pero eso, que ahora admito con tanta facilidad, ha sido objeto de muchas luchas internas, hasta que finalmente me decidí a ser feliz.

Siempre he sido deportista, y mi gran pasión ha sido desde que tengo uso de razón, la natación, así que ya pueden imaginar el cuerpo que tengo.

Mido 1.78, peso 73 kilos, soy marcado del cuerpo, piel blanca y lampiña, ojos verdes y cabello castaño oscuro. Nunca me fue difícil conseguir puntos.

Una noche, caminaba temeroso, sintiendo el viento frío azotar mi cara. No podía creer que  estaba a punto de volverme a acostar con un huevón. Había jurado en mi última confesión que no lo haría más.

Tenía dentro de mí una lucha de sentimientos: por un lado estaba mi aferrado catolicismo, por otro lado me encontraba a mí mismo preso de mis pasiones.

Quería follar. Cuando veía a un chico como el que me iba a encontrar a continuación, mi cuerpo, simplemente no entendía de razones, simplemente pedía y yo accedía a sus pedidos.

  Al fin llegué a la dirección indicada. Era una conocida y exclusiva urbanización piurana. No me fue difícil encontrar el edificio en el que me había citado con Adrián, un huevón que había conocido en una página de contactos gay. Toqué el timbre del intercomunicador, e inmediatamente una voz gruesa me contestó. Hola, quedamos de vernos, le dije, ah, sí, sí, pasa, me contestó.

Entré, el huevón me saludó atentamente. Me pidió disculpas por el desorden del pequeño departamento, pero francamente no entendí porque se disculpaba si yo alcanzaba a ver todo en su lugar. Si así es de desordenado, ¿cómo diablos será cuando en realidad pone en orden las cosas? ¡Wow!, exclamé para mis adentros.

Me invitó un vaso de cerveza; conversamos un poco. Me comentaba que no era de Piura, que pese a haber venido en muchas de sus vacaciones para acá por motivos familiares, nunca había pensado en quedarse a vivir.

La conversación se hizo muy amena, pero yo no había ido, precisamente hasta ahí, para tener una charla. Sutilmente le indiqué que estábamos perdiendo el tiempo solo hablando cuando podíamos disfrutarlo de mejor manera.

Aproveché un momento de silencio en la conversación, aquellos que se dan cuando el tema se ha agotado. Me levanté del sillón, me dirigí hacia donde él se encontraba sentado, lo besé suavemente en los labios, y le dije: “ya papi, no perdamos tiempo, entremos en acción “. Le volví a besar.

Lo que había empezado en la sala tuvo su continuación en la ducha.

Él se desnudó y me quedé impresionado con lo que estaba ante mis ojos: Adrián tenía un cuerpo casi perfecto, caja ancha, pectorales, brazos, abdominales y piernas trabajados en las maquinas del gym; todo su cuerpo se encontraba cubierto por una capa densa de fino vello, que empezaba en toda el área de los pectorales y descendía en undelgado hilo por el abdomen hasta volverse a ampliar en la zona del ombligo y seguir bajando hasta confundirse con su abundante, pero delicado vello púbico, bajo el cual yacía aún dormido su miembro viril, que, hasta entonces, era normal.

Me quedé petrificado por un instante. ¡Santa mierda, todo ésto me voy a comer!, dije para mis adentros. Nos besamos apasionadamente bajo el tibio chorro de agua. “Que rico besas, huevón”, me dijo separándose y volviendo a besarme. “¡tú también! ¡Besas genial pendejo!”, le respondí invadido por una arrechura que solo despertaba en mí, cuando me encontraba con un huevón que de verdad me gustaba.

Sus manos, fuertes, rudas y ásperas, acariciaban la suavidad de mi espalda, descendiendo, de cuando en cuando, a mi culo. Mis manos recorrían su velludo torso y descendían por sus brazos.

Sabía que me hacía tarde, y que no me quedaba mucho tiempo para disfrutar tal banquete, así que decidí acelerar un poco las cosas.

Suavemente llevé sus brazos hacia atrás, lo empujé sutilmente contra la pared de la ducha, y conducido por un deseo indescriptible, lamí sus axilas. El olor que manaba de ellas, era demasiado para mí: una mezcla entre el halo de perfume masculino, típico del desodorante, y el olor propio de su sudoración. Era un olor a macho.

Poco a poco descendí a sus tetillas. Fue impresionante el gemido y la fuerte respiración que tuvo Adrián cuando toqué con mis labios esa zona. Esa actitud me arrechó a un más.

Por fin, tenía ante mi su miembro. “¡Wow!”, exclamé en cuanto lo tuve delante. No podía creer cómo es que había podido crecer tanto. Si inactivo era tan pequeño.

“¿Te gusta?”, me preguntó.

“¿bromeas?”, le respondí.

Introduje dentro de mi boca tan rica verga., Era como de unos 19 o 20 centímetros, no lo sé, gruesa.

Jugué lentamente con mi lengua en su glande, y me deslizaba por el tronco hasta llegar a sus bolas.

Me sentía a punto de estallar. El rítmico movimiento de sus caderas era sensacional,las cosas calientes que me decía, Mis manos recorriendo su masculino cuerpo, sus manos aferradas con fuerza a mis cabellos  jalándome hacia sí. ¡Todo era perfecto en ese huevón! Sin duda, el mejor polvo que había tenido hasta entonces.

De la ducha nos trasladamos a la cama, sin secarnos y olvidando cerrarla. Nos arrojamos a las sabanas, su cuerpo sobre el mío, mis piernas abiertas, su rostro áspero por la barba no afeitada, su enorme verga rozando mi lampiño culo, sus labios besando los míos.

El momento decisivo había llegado. Era hora que uno se someta al otro.

Recuerdo que me preguntó por mi rol en la cama, y solo respondí: “contigo me da igual”, y como resulta casi obvio, en un chico así, me tocó a mí.

“con esa respuesta, ¡ya perdiste!” me dijo, con una sonrisa pícara y  malévola en los labios.

Me volteó, coloqué mi pecho sobre el colchón y levanté mi culo. El bajó hasta allí, recorriendo toda mi espalda. La humedad de su lengua y la aspereza de su barba se combinaban en una sensación magnífica.

En la entrada de mi culo sentía cómo su lengua se movía en círculos, para después moverse desordenadamente, y finalmente ingresar.

Mientras jugaba con su lengua no paraba de preguntarme si me gustaba, a lo que yo extasiado y entre gemidos respondía que sí. Mi cuerpo experimentaba un placer grandísimo, no comparable a ninguno que ya había sentido.

¡Chúpamela! Me ordenó y se levantó de la cama, colocándose al filo de ésta, mientras con un gesto sádico me miraba mientras yo me introducía un dedo al culo sin perder contacto visual. Me lancé hacia él en busca de su miembro, mi cuerpo quedó tendido en su cama mientras mi cabeza sobresalía de ella, y se hizo una con su cuerpo cuando introduje  su miembro denuevo en mi boca.

Me jaló con fuerza hacia sí fuertemente. ¡suave, huevón! ¿Qué chucha, tengo garganta de lata? Reímos. Es que la chupas tan rico, que por mí te quedaras todo el día ahí, me dijo. Me relajé, volvió  con el juego de su lengua en mi ano, pero ahora ya había introducido un dedo.

Era hora de culminar, así que armándome de valor, le dije: “ya huevón, ¡cáchame!, te quiero sentir adentro”.

Adrián sonrió y fue en busca de un condón y una botella diminuta de lubricante. Se lo colocó. Yo me preparaba psicológicamente para aguantar semejante huevada. Todo va a estar bien, todo va a estar bien, me repetía, mientras mi mente imaginaba el placer que iba a sentir.

Él empezó. Su pene rozaba la entrada de mi ano. Cuando empujaba, ejercía presión sobre él, y me provocaba un intenso dolor. Yo solo respiraba profundamente, frunciendo el ceño y ahogando gritos o quejas de dolor. ¡Puta madre, si así duele sin entrar, cómo mierda dolerá ya adentro!, me sermoneaba a mí mismo.

Tranquilo bebe, tranquilo, sólo relájate. Dolerá al principio, pero luego te gustará, me calmó Adrián.

Al fin introdujo la puntita. Me dolía mucho aún. ¡Para! Me decía una voz en mi interior. ¡sigue, aguanta! Pugnaba otra.

No paré. Decidí aguantar.

Adrián tenía mucha paciencia, y así entre temores, dolores, gritos ahogados y un inusual placer, tuve dentro de mí todo su inmenso miembro. Sus movimientos empezaron lentos, con la finalidad de no lastimarme y de que poco a poco me adapte a su sexo.

¡Qué rico culo tienes! Repetía constantemente, mientras movía sus caderas. Sus manos, se trasladaban de arriba abajo por mi cintura y de ella se trasladaban a mis piernas.

Yo que aún en el sometimiento quería tener el control, le sugerí que cambiemos de pose: “déjame cabalgarte”, le dije. “Como gustes, bebito”, me respondió.

Él se recostó en la cama, y yo, aunque con dificultad, me senté sobre Adrián, introduciéndome la totalidad de su inmenso miembro. Sentía cómo su pene se abría paso dentro de mí, cómo mi culo se abría, cómo me dolía el arito y la parte en la que chocaba su inmensidad.

 Me dolía pero me gustaba, y yo quería disfrutar.

Adrián tomaba fuertemente mi cintura y yo de cuando en cuando bajaba a besarlo. Sus caderas tenían un ritmo espectacular, pasaban de lo suave a lo violento y de lo violento descendían a un movimiento lentísimo. El cambio de ritmos, me tenía enloquecido, sentía cómo es que mi ano se adaptaba a los cambios.

Adrián se sentó, pero yo aún permanecía sobre el. Su destreza en la cama me tenía impresionado.

Sus labios empezaron a lamer mis tetillas. Las besaba con devoción, como si de un culto antiguo y olvidado se tratase. De cuando en cuando, las mordía ligeramente.

Su cuerpo moviéndose bajo el mio, la fuerza con la que sujetaba mi cintura. Nuestros cuerpos unidos mediante mis manos tomando su cuello mientras besaba mi pecho, y sus fuertes manos, moviendo mi cintura e indicándome el modo en que debía moverme.

¡que rico te dejas cachar, colorado!, me repetía a cada instante. Él al igual que yo la estaba gozando de maravilla.

Él volvió a tirarse en la cama y yo me di vuelta, dejando mi espalda a su disposición. Él se deleitaba mirando mi cintura moverse para el, y yo me deleitaba con el reflejo del espejo de la cómoda que estaba frente a la cama.

Lograba ver cómo su miembro entraba y salía de mis entrañas, lograba ver mi rostro desfigurado por el placer, mis labios siendo mordidos por mí mismo. En segundo plano observaba a un Adrián extasiado, que retorcía su cuerpo a cada movimiento y se mordía los labios, mientras recorría mi espalda.

De repente, sentí en mi cuerpo una corriente eléctrica, que empezando en mi vientre, recorrió todo mi ser. Sentí que era arrojado al vacío, y ese vértigo invadió mi abdomen. La presión en mi erecto miembro aumentaba.

¡Me vengo!, grité.

Vente, vente, ¡vente!, me exigió.

Di media vuelta. El chorro de semen impactó en su pecho. Él, extasiado, lo esparció en todo su torso.

Me levanté. Él se quitó el preservativo y empezó a masturbarse mientras azotaba mi cara. Yo sentía las cachetadas de su húmedo y caliente miembro en mis mejillas.

Finalmente, y dando un fuerte gruñido, Adrián derramó su líquido masculino en mi rostro.

Lo besé y tomé una ducha.

Mientras el agua caliente caía sobre mí, mi mente no paraba de pensar. Las imágenes de lo que había hecho, unos minutos atrás, aparecían una tras otra. Sentía placer.

“nuestro cuerpo debe ser casto; es templo del Espíritu de Dios” . La frase del Cura, en una charla a la que me llevó un compañero de clase, vino a mi mente y el placer se deshizo.

 Una fuerte confusión se apoderó de mí, y un calor como el que se siente con un bochorno, incendió mi cuerpo.

Salí de la ducha furioso, tomé mi ropa, me la puse y Me fui corriendo del departamento, sin tan siquiera despedirme de Adrián, a quien vi de reojo: me miraba moviendo la cabeza y frunciendo el ceño, sin poder entender mi reacción después de lo rico que la habíamos pasado.

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2013 Gonzalo Martínez. © 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.  Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.