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miércoles, 16 de septiembre de 2020

Felices los 4 (8)

Tras una orgía, Rafael muestra su rostro real.



    


Tras asegurarse que todo el Olympus está bien cerrado, ángel y Eduardo bajan la escalera interna de caracol que los conecta con la casa habitación.

“Claro, mientras sales de viaje, Rafa y su esposa pueden venirme a ayudar”.

“No es su esposa, a duras penas son pareja, aclara Eduardo. “¿Y dónde se quedarían?”

“En el otro cuarto que tienes”, responde el instructor. “Abajo hay tres cuartos y apenas aprovechamos el nuestro”.



Abren la puerta de uno de los dormitorios más pequeños y sobre la cama, un hombre atlético, de amplia espalda y grandes nalgas, está sentado cabalgando el largo y grueso pene de otro chico moreno y atlético como él. Eduardo traga saliva al ver ese ano engullendo el falo del otro varón (protegido con un preservativo), siente su erección al reconocer los gemidos del jinete.



Minutos después los cuatro hombres comparten una ducha a media luz en la que el dueño del inmueble no sabe a qué cuerpo girar para dar y recibir caricias, o a quién dar besos. Mejor opta por arrodillarse en la bañera, tomar el pene largo, grueso e imperceptible curvo hacia arriba de Ángel, y el falo largo, grueso y evidentemente curvo hacia la izquierda de Rafael, los masajea un poco y comienza a mamarlos un rato uno, otro rato el otro. Tras ellos, Amado espera su turno con su pene largo, recto y grueso esperando su turno. El vapor crea una atmósfera cómplice y pantanosa.



Lo que pasa luego es que el ano de Eduardo es alternadamente penetrado por Rafael, Amado (siempre protegido con un condón) y Ángel. El ahora dueño del Olympus está cómodo en cuatro patas sobre su cama sintiendo cómo es placenteramente torturado por tres tipos de virilidad, una más elegante, otra más salvaje, una más sutil, otra más lujuriosa, una suya, otra… quién sabe. Lo que importa en ese momento es disfrutar. Más nada.

“Solo espero que no se apareen con Ángel”, advierte Eduardo mientras acompaña a Rafael y Amado a la puerta una vez que acaba la sesión.

“Vendré a verlo con Ingrid”, aclara el policía.

“Espero que no sea una arrecha de mierda como Dalila”.

“Tranquilo, mi Lalo: tengo bien domada a esa chuchita”.

“Y tú resultaste ser toda una revelación”, dice el anfitrión a Amado.

“Gracias, don Lalo”, sonríe el moreno. “Y gracias por el mes gratis”.



    


Eduardo abre la puerta y Rafael saca su motocicleta que está parada en una vereda interna del jardín delantero de la casa. Amado se encarama justo detrás juntando su paquete a las nalgas del conductor.



En cinco minutos llegan a una calle estrecha dominada por un enorme algarrobo.

“Ese tronco me recuerda ya sabes a qué”, sonríe Rafael.

Amado sonríe también.

“Gracias por traerme y…” el moreno se acerca al oído del conductor. “Gracias por dejarme probar ese culo”.

“Gracias por el banano”, retribuye Rafael. “Espero que no sea debut y despedida”.

“No lo será”, promete Amado, quien saca una llave y abre una puerta de madera algo tosca, parte de una casa común y corriente. Camina hasta su dormitorio. Se quita toda la ropa en la oscuridad.

“Huevón”, susurra.



     

Diez minutos de trayecto con el frío calándole las manos, el pecho y las piernas, y el policía vestido de atleta llega a su casa pocos minutos antes de la medianoche. Su pareja lo espera profundamente dormida, ocupando la mitad de la cama matrimonial. Recién se despierta cuando él ocupa la otra y le roza su cuerpo desnudo.

“¿Qué dice Lalo?”, averigua adormilada.

“Nada en especial”, susurra Rafael. “Extraña a Dalila”.

“Sí… claro”., dice ella antes de quedarse dormida otra vez y de un tirón hasta que el despertador suena a las cinco y se repite el rito de dejar el desayuno preparado e ir hasta el Olympus. Es miércoles. Esta vez, Ángel viste otro de sus enterizos en el que el blanco de la tela no le deja lugar a dudas a la alumna: debajo no hay ropa interior alguna. Mientras ejecuta su rutina, Ingrid puede casi ver cada músculo al desnudo, y mucho más el paquete, aunque lo que jala su vista es el acupulado trasero. Ángel se da cuenta:

“¿Te incomoda?”, le pregunta ensayando una sonrisa cándida.

“No, para nada”, responde ella con mucha seguridad. “Me gusta cuando un chico se pone algo sexy y lo luce con actitud”.

“Ya te dije que tú miras las cosas de otra manera, no como el común de las personas”.



Eduardo sube al tercer piso con cara  de circunstancia, se acerca a Ángel, lo llama a un costado y conversa algo. Ingrid finge indiferencia, pero aunque quisiera, la música de  fondo le impide saber qué están hablando, pero la cara que pone Ángel no le da buena espina. La charla dura un par de minutos. Eduardo sale disparado, El instructor regresa donde su alumna.

“¿Todo bien?”, pregunta Ingrid.

“Todo bien”, responde seco el chico.



    


En la esquina de la manzana donde queda el Olympus, Eduardo espera. Mira hacia la derecha tratando de distinguir algo. Los minutos se le hacen eternos. Toma su celular y marca, timbra en el auricular pero nadie le responde. Entonces lo divisa y lo ve acercarse hasta que se estaciona frente a sí vistiendo una casaca larga y las manos inusualmente cubiertas por guantes de cuero.

“Sube”, le dice Rafael sentado en la motocicleta.  “¿qué pasó?”

“Que tu plan falló”, casi reclama Eduardo ya colocado a su espalda.

El vehículo arranca y el conductor toma una vía más discreta bajo una fila de algarrobos.

“Cálmate, huevón”, se pone firme Rafael. “Sabe qué le pasó pero no quién se lo hizo; además, tu obstáculo es otro, recuerda”.

“Te dije que no era una buena idea”, tiembla Eduardo.

“¿Te arrepientes?”

“¡No sé! Pienso que esto se salió de las manos”.



    


Al llegar a un parque, el conductor sigue de largo por la carretera que mira al río.

“¡Vamos a la clínica!”, reclama Eduardo.

“Me falta combustible y en la ciudad me sale caro”, responde Rafael.



Cruzan el puente. Al fondo se ve una estación de servicios. Cuando Eduardo cree que están perdiendo el tiempo, la moto en lugar de seguir la pista, se mete por un camino de tierra.

“¡¿Qué haces?!”, se alarma el pasajero.

Rafael no responde.

“¡¿Qué haces, carajo?!”



Eduardo entra en pánico y busca su celular, pero en el esfuerzo por abrir el apretado bolsillo de su pantalón de pronto el vehículo pasa sobre un hueco y él cae de espaldas al suelo seco arcilloso. Algunas piedras le hieren. Casi ni puede gritar por el dolor.



Rafael detiene la motocicleta unos metros más allá, baja y se acerca al herido.

“Ningún plan mío falla”, le dice, sacando su pistola de reglamento oculta por su casaca, luego un silenciador. Eduardo mira el arma con pavor.


 

sábado, 17 de septiembre de 2022

ASS (46): Juan y Paco cachan en la parcela

Tras una noche de algunas copas, una noche de rico sexo termina de mala manera.



Casi a las once de la noche del domingo, Paco sale de un barcito de poca monta en una calle céntrica de San Sebastián. Se llama El Cimarrón y es punto fijo de levante gay. Pero esa noche no fue muy propicia que digamos. Con tres copas de vino encima, lo único que ha conseguido el docente es aplacar un poco su sensación de frío. Al llegar a la esquina para tomar el mototaxi, cruzando la acera viene andando un chico que no había visto antes en la ciudad. Se le nota delgado pero no escurrido, algo atlético. Paco no lo pierde de vista; de hecho, cruza y se le coloca muy al alcance. Nota que el muchacho parece estar buscando algo.

“Hola”, al fin le lanza cuando lo tiene muy cerca.

“Hola”, le responde el chico pero pasa de largo. O casi. “Perdona, busco la calle Los Cardos, ¿sabes dónde está?”

“Te puedo llevar”, le responde Paco con cierto gesto coqueto.

El muchacho sonríe, agradece y accede.

Al llegar a la calle indicada, el paseo a dúo parece finalizar.

“Ya, aquí me oriento al paradero de mototaxis”.

“Pero esas mototaxis van al campo”.

“es que cuido una parcela acá cerca de la ciudad”.

Paco se desilusiona un poco:

“Ah, tienes que regresar a ver a tu familia…”

“No, yo la cuido solo. El dueño es de aquí, pero vine a cenar donde unos familiares y me hice tarde”

“¿Quién es el dueño?”

“Un señor llamado  Julio… ha sido futbolista”

El cerebro de Paco parece despertar. Finge buscarse algo en el bolsillo y poner cara de preocupación.

“¿Qué te pasa, pata?”, pregunta el joven.

“Mierda… no saqqué las llaves de mi casa, ya a esta hora mi vieja no me abre la puerta ni cagando”.

“¿Qué harás?”

“Pasar la noche en la calle, pues… ¿cómo me dijiste que te llamas?”

“Juan… mucho gusto”.

“Yo soy Paco… Tendré que buscarme una cómoda banca en un parque y pasar la noche ahí”.

“Pero… hace mucho frío, es peligroso”. El muchacho parece reflexionar algo. “Tengo una idea, Paco”.

Veinte minutos después, una mototaxi los deja en la puerta de madera que accede a la parcela de Julio, y cinco minutos después, en el cuarto que ocupa Juan.

“Hace más calorcito aquí”, comenta Paco sonriendo.

“Sí, de hecho yo duermo calato… como nadie entra aquí”.

“Ah, que coincidencia”, finge Paco. “Yo también duermo calato en mi casa”.

“Durmamos calatos, entonces”, invita Juan. “Total, somos hombres, ¿no?”

No pasan ni dos minutos, y ambos varones ya están desnudos dentro de la cama, tapados con esa gruesa colcha de alpaca.

“¿Se siente rico dormir calato, no?”, prosigue Paco.

“Sí”, confirma Juan. “Y más cuando se te para la verga”.

“¿Tienes la verga al palo?”, pregunta Paco fingiendo inocencia.

“Duraza”, sonríe Juan en la oscuridad.

“No te creo”, finge refutar el docente.

“Tócala… si quieres”, dice el otro chico, pero la invitación viene con cogidita de mano bajo la colcha a lo que Paco no se hace de rogar: efectivamente, el pene del muchacho está duro y grueso.  Paco lo toma y comienza a explorarlo.

“¿Cuánto mide?”

“No sé. ¿Por qué?”

“Es grandecito”.

“¿Tú crees?”

“Sí”, responde paco.

“¿Quieres… chupármelo?”

Paco entiende que hace rato le han sacado línea y que no vale seguirse con rremilgos. Sonríe en la oscuridad. Se interna bajo la colcha, recorre con su mano libre el marcado cuerpo de Juan y llega a su falo. Lo huele un poco. Parece limpio. Abre la boca y le lame la cabecita en círculos.

“Rico, carajo”, suspira Juan.

Poco a poco, Paco se va metiendo un ttrozo más del pene erecto dentro de su boca hasta tragárselo todo. Como su culo está a la altura de la cara de Juan, éste último se moja el índice derecho con su saliva y le va acariciando las lampiñas y firmes nalgas hasta dar con su ano. Comienza a meterle el dedo poco a poco. Paco comienza a gemir mientras sigue tragándose ese sable de 17 centímetros.

“La chupas rico, pata, y tu culo está sabroso”.

Tras varios minutos de la maniobra, paco deja de mamar la verga, y destapando a ambos, gira y se sienta sobre el pene de Juan:

“Ahora vas a gozar rico, papito”.

Paco coge el falo y lo calibra dentro de su ano. Comienza a metérselo con facilidad debido a la saliva que le ha dejado y a que el dedo de su amante lo ha dilatado lo suficiente… aunque ese ano tiene cierta lubricación extra.

Paco cabalga el pene de Juan por largo rato mientras se apoya en los marcados pectorales del otro chico, quien no deja de acariciarle las nalgas.

“Te cacho en cuatro”, propone Juan.

Paco acepta, adopta la posición y ahora deja que el mancebo lo bombee con cierta firmeza. Paco gime de placer. Definitivamente, ese chico sabe cómo penetrar el ano de otro hombre. La ingle del activo chasquea al chocar con las nalgas del pasivo.

“las voy a dar”, anuncia Juan.

“Dame tu leche, papito”… dame toda tu leche”.

“Ahhh”, gruñe Juan, y eyacula dentro del recto de Paco.

Juan sigue gruñendo de placer por algún tiempo más hasta que saca su miembro, y se baja de la cama.

Luego que ambos se limpian, regresan al lecho. Vuelven a cubrirse bajo la colcha.

“Sabes que tu cara me es conocida de algún lado”, le lanza Juan.

“¿Sí? ¿de dónde?”

“Eso es lo que trato de recordar, pero ya te he visto antes”.

“San Sebastián no es grande; quizás de ahí”.

“Quizás”, reflexiona Juan.

Ambos se quedan profundamente dormidos.

A las cinco de la mañana, Paco despierta y tras esperar a Rodo, el mototaxista, regresa a casa. Antes de salir, se despide de Juan con un profundo beso en la boca.

“¿Volveremos a vernos?”, le consulta.

“Ya tienes mi número”, le sonríe Juan. “Coordinamos”.

Paco sonríe.

Durante el trayecto de regreso, Rodo no se aguanta el comentario:

“Ya se te hizo costumbre venir a esta parcela, no?”

“Te la perdiste”, le dice el docente muy suelto de huesos.

De pronto, algo inesperado. Una camioneta sale de una parcela justo antes del puente que conecta con las primeras casas de la ciudad. Rodo trata de evadirlo.

La mototaxi maniobra mal y cae al canal que está al lado de la carretera, quedando llantas arriba.

Rodo y Paco quedan inconscientes.

Y para terminar, tedejamos con una porno gay.


domingo, 24 de abril de 2022

ASS (26): El verdadero secreto sexual del cura

Padre Alberto cacha de lo mejor con Miguel cuando recibe una noticia que podría joder sus planes.

 


Nada mejor para el Padre Alberto que terminar un domingo junto a Miguel, desnudándose mientras se besan en el dormitorio del AS. Ambos se echan sobre la cama, uno encima del otro.

“Entonces no te dio pena coger con Alejo frente a una cámara”, concluye el sacerdote.

“Si aún viviera en mi casa, creo que sí tendría un poco de roche; pero ya sabes que a ellos les importé una mierda”.

“Ya, cuate. ¿Hasta cuándo vas a seguirles teniendo ese resentimiento?”

Alberto besa otra vez en la boca a Miguel.

“ojalá a la gente le guste mi culo velludo”, comenta el artista.

“?Por qué no les podría gustar? Yo ya lo estaba extrañando… igual que tu verga”.

Ambos se dan un nuevo beso; entonces Miguel se incorpora un poco, gira respecto a la posición de Alberto y le coloca su pene en la boca mientras él se agacha a chupar el del cura.

La pose del 69 es perfecta no solo para que ambos se mamen mutuamente sus pingas, también para que se succionen sus bolas y, aprovechando la flexibilidad de ambos, a que se abran sus nalgas por igual y se practiquen el beso negro al mismo tiempo. Los penes erectos descansan cada  uno sobre la hendidura entre los pectorales del otro.

Giran sobre la cama. Ahora que el Padre Alberto está encima, aprovecha para incorporarse, avanzar hasta el culo velludo de Miguel, levantárselo más, golpear su pinga dura sobre el propio agujero y, en cuclillas, irla metiendo poco a poco. Miguel, desde su ángulo, puede ver las dos grandes nalgas del cura bien abiertas, el agujero del ano rodeado por una matita de vellos, cómo un pene grueso de 18 centímetros taladra sus entrañas, y cómo su cachero, para tener más estabilidad, se apoya en la cabecera de la cama y comienza a bombearlo. Él comienza a pajearse.

“Qué rico la metes, Betito”.

“¿Te gusta cómo te cojo, morrito?”

“Me encanta”, susurra Miguel.

Alberto saca su pene, gira, se pone ssaliva en todo el ojete y toma el falo erecto de Miguel, lo calibra y se sienta sobre él engulléndolo con su recto. Cuando lo consigue, comienza a rebotar mientras el otro chico mueve también su cadera. Ahora es el sacerdote quien se pajea.

“Dame verga, así, rico”.

“Adoro ese culazo que tienes”.

Alberto se vuelve a zafar, hace que Miguel gire sobre sí mismo y luego lo pone en cuatro patas. Vuelve a meter su pinga y no se ahorra el chasquido de su ingle al chocar con esos velludos glúteos. Luego le cede el turno a Miguel quien la tiene fácil porque las nalgas del cura son lampiñas y suenan más.

Como el Padre sabe que Miguel no dura mucho, repite el 69, pero ambos de costado sobre la cama. Cada uno toma el glande del pene del otro y lo asegura bien en su boca mientras masajea el resto del miembro. Alberto es el primero en saborear el semen del chico mientras Miguel espera más tiempo hasta que lo consigue.

“¿Qué tales están mis mecos?”, cachondea Alberto renunciando a vestirse de nuevo.

“Ricos y nutritivos, y hasta deben venir benditos”, ríe Miguel.

“Ven acá, pendejo”. El cura atrae su cabeza a la del más joven y lo vuelve a besar en la boca. Justo entonces suena el celular del cura. Se levanta de la cama, mira la pantalla y hace un gesto de silencio a Miguel.

“Bueno, ¡Padre Provincial?”

“Padre Alberto”, le responde otro hombre por el aparato. “Te estuve llamando a la casa parroquial pero nada”.

“Ehh… estaba… duchándome, Padre Provincial. ¿En qué puedo servir?”

“Pues, te llamo para informarte que el próximo domingo, junto con el Padre David, estoy enviando a un novicio para que te ayude en tu apostolado”.

Alberto se queda frío:

“¿Qué… dice… Padre Provincial?”

A la mañana siguiente, el sacerdote se trata de tranquilizar con un whisky en el minidepartamento que Flavio alquila cerca del Puente Cáceres, en Castilla. El modelo viste una pijama de franela y babuchas, se sienta al costado y pone su gruesa mano en el ancho muslo del visitante.

“¿En serio crees que lo hacen para joderte, Beto?”

“Me las ingenié para que por dos años no me mandaran a nadie y evitar… bueno… tú sabes. Pero si viene, solo basta un error insignificante para que todo se vaya a la chingada”.

Flavio acaricia la cabeza de Alberto, se le acerca y lo besa en la boca.

“Necesitas relajarte. Vamos”.

“No sé si tenga ganas, Flavio”.

“Pero yo sí… hace semanas que no cachamos”.

Flavio vuelve a besar a Alberto en la boca. Logra que éste deje su vaso de escocés en una mesita de centro y sin mucho esfuerzo se lo lleva al dormitorio. Allí, ambos se siguen besando y desnudando por completo hasta acostarse en la cama. El modelo se queda bajo el sacerdote, abierto de piernas, rozando su pene cabezón erecto contra el largo falo del visitante. Flavio abre más sus piernas hasta levantarlas y hacer que el pene de Alberto resbale hasta la propia entrada de su ano.

“Me encanta cómo lubrican Alejo y tú, pero más me encanta cómo me cachan”.

“Lástima que ese recluta no está aquí, ¿no?”

“No importa, Beto. Alejo y tú son solo el inicio”.

Mientras ambos se besan en la boca, el pene de Alberto va ingresando dentro del ano de Flavio hasta que los testículos del sacerdote chocan contra las nalgas del modelo. Ambos comienzan a moverse y el placer comienza a elevarse. Definitivamente, el culo de Flavio es insaciable. Tiempo después, Alberto cacha al modelo en perrito. Ambos gimen y jadean fuerte, sin miedo. Estando en el último piso del edificio, nadie los escucha.

Luego Alberto se acuesta a lo ancho de la cama. Flavio se sienta encima de su pinga, dándole la espalda, se la mete por el culo y comienza a rebotar. Entonces, el celular del muchacho suena: él reconoce el tono.

“Ya llegó”, se detiene, se saca el pene erecto con mucho cuidado, se limpia la raja del culo con un pedazo de papel higiénico, se pone su pijama y sus babuchas.

Alberto se queda calato sobre la cama dudando si vestirse o no. Mejor opta por quedarse así, en pelotas. Cinco minutos después, escucha que se abre la puerta y que dos personas entran conversando. Luego un poco de silencio, algo que parecen ser unos besos y luego unos pasos que se aproximan.

“Qué hubo, Beto”, escucha en la puerta.

Al voltear la cara, Enrique entra luciendo su glorioso cuerpo musculoso al desnudo…

Y para terminar,te dejamos con una porno. 

martes, 22 de enero de 2013

SOT-2013-004: Mi alma dura

Hunks of Piura

12nov2012

17:43

Estoy a punto de jalar uno de mis exámenes. Soy estudiante de Bellas artes (Dibujo y Pintura). El profesor me ha dicho que estoy mal en figura humana, que ni teniendo a los modelos frente a mí, soy capaz de guardar las proporciones. Y no es que esté creando una nueva corriente, sino que, por alguna razón, no me sale.

El profesor me dice que, si no le presento algo que lo impresione, me desaprobará. No se me ocurre nada.

 

14NOV2012

22:53

Unos amigos artistas me invitan a un cumpleaños. A pesar de que trato de distraerme, no se me quita la preocupación. ¿qué presentaré para no desaprobar el curso? Me gusta el arte, pero temo que la creatividad, no sea mi fuerte.

El anfitrión me pide que conozca a unas personas, y veo que uno de ellos no está tomando nada de alcohol, sino agua. Aprovechando que los otros se van a bailar (soy un mal bailarín), me le acerco.

“¿Temes que el alcohol se te suba a la cabeza?”, le pregunto.

“No. Nada que ver. Es rico, pero prefiero cuidarme”, me responde.

En efecto, se trata de un hombre de unos 30 a 32 años de edad, algo alto (como de 1m79), de complexión atlética (aunque su camisa me hace dudar, pero su jean le entalla perfecto), algo moreno, cabello crespo.

Comenzamos a conversar, y me doy cuenta que aprecia el arte. Bueno, de otro modo, difícilmente hubiera ido a esa fiesta.

 

15NOV2012

00:33

Tras bailar y escuchar un recital de poesía, sigo conversando con él. De hecho, toda la noche lo hice. Nota mi preocupación, y le cuento mi problema.

“Algo que lo impresione. ¿Has pensado en algo surrealista?”, me comenta.

“¿Como qué?”

“No sé. Algún personaje que sea recurrente en tus sueños”.

Ahora que  lo menciona, siempre son recurrentes unos hombres alados, como ángeles, pero desnudos, sin más accesorios que cintas doradas en sus muñecas y tobillos.

Con cierta reserva, se lo comento.

“La idea es mostra. ¿Por qué no la haces?”, me anima (para mi sorpresa).

“Soy malo con las proporciones. Además, necesitaría un modelo, y ando cero balass”, le replico.

El chico me toma la mano y la sacude: “¿Dónde queda tu taller?”

Quedo desconcertado: “¿Conoces algún modelo que no me cobre?”

“Yo… digo, si califico”, afirma sonriendo.

No sé qué responder. No tengo un taller, pero sí tiempo.

“Mira, estoy libre en dos días. Déjame tu celular y me encargo del espacio”, se ofrece.

“¿A cambio de qué?”, insisto.

“De servirte, de que salgas aprobado. Además, siempre quise posar desnudo”.

No se si fue el vino, pero en ese momento, mi pene erectó.

 

17NOV2012

09:12

Tras encontrarnos en el Óvalo Cáceres, me lleva a una de estas urbanizaciones que hay por la avenida Panamericana. Allí llegamos a una casa, sin muebles, pintada de blanco, amplias ventanas, cubiertas con cortinas blancas. Como afuera hace sol, el espacio es ideal.

Mi modelo, sin que se lo pida comienza a desvestirse, hasta revelar una estupenda anatomía.

No sé si por descuido, o qué sé yo, olvidé preguntarle dónde trabajaba, pero era evidente que, por su complexión atlética, le dedicaba cierto tiempo al día para ejercitarse. Aparte era lampiño, y se notaba que recortaba su vello púbico, lo que resaltaba un pene bien proporcionado, y unos testículos grandes, pero adecuados al conjunto: un perfecto dios griego.

Mi pene, un perfecto falo excitado.

 

09:25

Tras estudiarlo, y ubicarlo en una pose, como si estuviera volando, procedo a dibujar mi boceto. Aprovechando su disponibilidad, haré varios.

La concentración hace que mi erección decaiga.

 

10:26

He terminado. Me pide ver mis bocetos. Se los muestro. Sin vestirse, está cerca de mí, y otra vez, mi pene se hincha de sangre, regresando a su rigidez. Me abochorno por ello.

“Oye, están de la puta madre”, me dice.

“Luego, le agrego las alas, y listo”, le digo casi tartamudeando.

“Creo que te aprobarán”.

Entonces, me abrazó fuertemente. Creí estar soñando. Su hermosa anatomía, estrechándose contra la mía casi endeble. Siento que mi pene está a punto de estallar.

“¿sabes por qué no te salían los otros trabajos?”, me dice, sin dejar de abrazarme.

“¿Por-por qué?”

“Porque te dejabas llevar por la esencia de tu profesor, pero no por lo que sientes realmente”.

“¿Cómo es eso?”

Sin preámbulo, él puso su mano sobre mi paquete duro. Era el acabóse: “esto es lo que realmente sientes… y yo también”.

 

10:49

Los dos estamos desnudos, acostados sobre una especie de alfombra que hay sobre el falso piso. Estamos echados de costado, pero frente a frente. Seguimos abrazados besándonos, acariciándonos, sintiendo la dureza de nuestros largos penes: el mío mide 18, y el de él va por ahí. Los rozamos, y jugamos una placentera guerra de espadas.

Comenzamos a revolcarnos, hasta que quedo acostado sobre él. Me levanto y me siento sobre su miembro, y, dejándome llevar por la excitación, comienzo a masajearlo con la raja de mis nalgas. Jadeamos y gemimos. Él me acaricia todo el cuerpo, y de vez en cuando, mueve su pelvis.

Se supone que entre artista y modelo, esto no debe pasar. Pero, ¿qué mierda?

 

11:05

El chico saca un condón (me llama la atención que hubiera venido preparado), y sin perder la pose, comienzo a introducirme su pene en mi ano. No lo hago desde hace meses. ¡qué rica sensación! Subo y bajo, subo y bajo.

Volvemos a girar, y me pongo piernas al hombro. Él me bombea con firmeza, pero procurando que sienta el momento y su masculinidad. Mi pene sigue erecto a más no poder.

 

11:22

Hacemos un 69. ¡qué rico es sentir chuparla y que te la chupen!

“Las voy a dar”, me advierte.

Saca su pene de mi boca, se la comienza a correr. En pocos segundos siento su semen caliente sobre mi cara y cuello. Él también me suelta mi falo, me lo corro. No sé dónde eyaculo.

 

29NOV2012

11:02

Mi profesor me llama. Es el momento de la verdad. “Estás aprobado”, me dice sorprendido. “Realmente me has impresionado… es un excelente trabajo. De no ser por un par de errores, imperceptibles, diría que lo mandaste a hacer, pero es tu estilo, tu alma”.

Al salir del aula, lo primero que se me ocurre es salir y buscar a mi modelo, pues, realmente, fue mi amuleto de la buena suerte. Pero, ¿dónde está? Ni siquiera mi amigo me da razón.

 

10ENE2013

21:06

Uno de mis amigos ofrece una exposición, y voy a buscar el lugar. Pero al llegar, no encuentro referencias.

Veo a un policía, con un sexy trasero debajo de su uniforme, y cuerpo de modelo, y voy a preguntarle por referencias.

“Disculpe, jefe. La exposición de…”

No puedo continuar. Me quedo helado viendo su rostro.

El policía es… mi modelo.

 

Recopilado por SOT. ©2013 Hunks of Piura Entertainment. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com, o deja tu comentario aquí.

domingo, 26 de junio de 2022

ASS (34): ¿Cuántas veces Alejo dio el culo, realmente?

Ser pasivo no significa que dejes de hacer un buen beso negro.


 

Ese sábado de mañana en San Sebastián, Pedro está descalzo y subido sobre una cama sin tender colocando un letrero de bienvenida en el cuarto vacío de la casa parroquial, mientras el Padre Alberto le mira las firmes nalgas desde atrás. El sacerdote no resiste la tentación de sobarse la bragueta, cuando se escucha llegar una moto.

“¿¿Qué tal se ve, Padre?”

“Delicioso como siempre, querido Pedro”.

“Me refiero al letrero, no a mi trasero”.

“Igual yo. Tú tienes mejor gusto para el diseño de interiores y… tu culo está delicioso”.

En ese momento entra Paco cargando una gran bolsa, y detrás de él, el musculoso Alejo; ambos visten polos manga cero, shorts y zapatillas. Justo suena un celular y Pedro saca el suyo; lo contesta. Paco entrega la bolsa al Padre.

“Compré dos juegos de sábanas, por si acaso, y una colcha. Hacen juego con el color del cuarto”.

“Gracias, Paquito. Perfecto. Que Pedro termine de hablar para hacer la cama”.

Alejo hace una seña al cura y lo llama fuera del cuarto. Pedro cuelga y paco le muestra  la bolsa.

“Excelente”, dice el muchacho mientras la abre y saca las telas. “El color está lindo”.

“Gracias. Qué bueno te haya gustado”. Paco carraspea un poco: “Pedro, sobre el tema de Edú…”

“Ya olvídalo. Tú no tienes culpa alguna. Los dos querían tener sexo, son adultos, son libres. Como te dije, solo no la hagas más larga”.

“Claro. Lo único largo debe ser su pene”, ríe Paco. “Y a todo esto, ¿dónde está?”

El Padre entra nuevamente:

“¿Necesitamos algún otro encargo? Alejo usará la moto, así que aprovechemos”.

“No, ya terminé”, informa Pedro mostrando la cama tendida. “Tengo que ir urgente a la parcela”.

Alejo ingresa también: “Puedo jalarte si deseas”.

Pedro sonríe y sale despidiéndose de Paco y el Padre.

“Ha quedado lindo elcuarto para el novicio… ¿cómo se llama?”

“Ni idea, Paquito. Solo sé que desde mañana a mediodía debo portarme como un cura decente”.

“Pero usted es un cura decente, Padre. Es como… un super cura”.

“¿Como Superman?”, sonríe Alberto flexionando sus brazos bien formados.

“¿Vio? Hasta tiene el cuerpo de Superman”.

“¿Tú crees? ¿Acaso me has visto desnudo alguna vez?”

“No, Padre, pero… ¿es malo si lo veo… desnudo?”

Alberto sonríe, cierra la puerta con seguro, se pone frente a Paco y se quita toda la ropa. Paco suda ffrío viendo los músculos del sacerdote, sin saber dónde posar su vista: si en ese torso de escultura, esas piernas de futbolista, o esa pinga que cuelga sobre unos generosos huevos. ¿Podría ser sobre la sonrisa pendeja del cura quien se le aproxima, lo abraza, lo mira fijamente a los ojos y le da un beso profundo?

El Padre quita el polo y el short a Paco. Debajo viste un suspensor. El cura gira al laico y le comienza a sobar la estrecha espalda y las lampiñas y firmes-pero-sexys nalgas. Poco después, lo pone de cuatro patas sobre la cama para abrirle el culo y comenzarlo a sopear. Paco surca entre la excitación y la incredulidad. De inmediato, Alberto le quita el suspensor.

A continuación, con el cura acostado sobre la cobija, ambos practican un 69. El Padre sigue chupándole el ano y masturbando suavemente la pinga de 14 centímetros mientras Paco chupa la vergota de 18 centímetros que no deja de manar líquido preseminal. También alterna succionando cada testículo e incursiona un poco más abajo hasta que su lengua estimula el velludo hoyo anal.

Lo siguiente será cachar a Paco en posición de perrito. La pinga de Alberto entra y sale de ese glorioso culo. El pasivo goza como loco. El activo ni se diga. Como broche final, la posición favorita de ambos: un piernas al hombro mezclado con un misionero, lo que da oportunidad a que ambos se besen en la boca y se acaricien por donde la mano alcance, y la mano de Alberto travesea sin cesar el pene de su amante.

“Las voy a dar, Padre”.

“Acabemos juntos. ¿Dónde quieres mi leche?”

“Dentro de mi ano, Padre. Hágame suyo”.

Paco se comienza a agitar, jadea y se queja más profundo. Alberto aumenta la velocidad de su bombeo. El semen de Paco comienza a dispararse sin control sobre su vientre y su pecho. Alberto sigue cimbrándose más fuerte excitándose con el rostro de su feligrés que combina dolor y placer hasta que eyacula en las entrañas del muchacho. El cura saca su pinga aún dura y se acuesta encima. Los dos varones se besan de nuevo en la boca.

Fuera de la ciudad, pero no tan lejos, Pedro y alejo llegan a la parcela. Aunque su jean pareció disimularlo bien, durante todo el camino el primero ha pegado su bulto erecto contra las dos firmes y grandes nalgas del conductor. Ambos entran. Juan los ve llegar juntos y se sorprende. Pedro le paga la semana, como su padre se lo encargó por teléfono.

“Te jalo a Artesanos, Juan”, ofrece Alejo.

“Primero me  baño”.

Mientras Juan se asea, Alejo y Pedro lo esperan recostados en la cama del cuarto principal.

“Quisiera cachar aquí contigo pero tengo que guardar leche pa’ más tarde”.

“¿El Padre sabe que están haciendo esa pela porno?”

“Tranquilo, Pedrito. No cagaremos al Padre”.

Alejo toma la mano de Pedro y se la mete dentro del short haciéndolo acariciar su bulto aprisionado por un bóxer.

“Se supone que no quieres cachar conmigo, Ale”.

“Pero me la puedes chupar al toque mientras Juan se baña”.

Alejo se saca el pene semierecto y se lo comienza a magrear. Pedro lo duda pero… ¿cuántas veces se puede disfrutar ese pene de 18 centímetros? Pedro se incorpora un poco y lleva su boca hasta el falo aún blando de su amigo y comienza a succionarlo. No pasa mucho tiempo en que ya lo pone duro, lubricado y muy húmedo debido a la saliva.

En lo mejor de la mamada, Alejo mira hacia la puerta y descubre que Juan está allí desnudo y sobándose su pija de 17 centímetros, ya erecta. Alejo sonríe, le hace una seña y Juan se acerca a la cama, deja la toalla a un lado, se aproxima a Pedro y comienza a sacarle el pantalón.

Alejo y Pedro se quedan por fin desnudos. Eso facilita a Juan separar las nalgas del segundo y disfrutar mamándole el culo mientras éste  ha comenzado a lamer las bolas a Alejo. Juzgando que ese ano ya está dilatado, Juan se incorpora y comienza a introducir su falo muy despacio.

Aprovechando que Pedro continúa estimulando sus bolas, Alejo se deja llevar y levanta sus musculosas piernas con cuidado. Pedro parece entender el mensaje y comienza a bajar por el perineo hasta topar con su lengua el ano de su amigo. La sensación que el musculoso experimenta le relaja el pene pero le genera una increíble excitación desde su gran culo. Juan, al ver la escena, se arrecha demasiado y termina preñando el ano de Pedro.

Una hora después, a las 11, Alejo y Juan están a punto de llegar a Artesanos.

“Pensé que te habías vuelto solo activo”.

“Si te refieres a lo que pasó esa vez…”

“No, alejo, le diste el culo a Pedro”.

“Solo me chupó el culo… ni loco me la dejo meter otra…”

Alejo calla. Juan tampoco insiste, aunque su pene se puso duro de nuevo. La motocicleta está a punto de llegar a su destino.

        Y para finalizar,te dejamos un video porno gay. 

domingo, 5 de junio de 2022

ASS (31): Sandro, Eliezer y Bartolo

Dos amigos celebran su reencuentro cachando y reciben un invitado inesperado.

 


Un hombre alto, moreno y atlético, que disimula muy bien sus 45 años, sale de la municipalidad de San Sebastián. Camina por la vereda cuando al llegar a la esquina casi lo arrolla un ciclista vestido en mallas negras de muslo a cuello. El hombre moreno salta un paso hacia atrás rápidamente. El ciclista se detiene asustado:

“Perdo…” Esa cara le parece conocida…  “¡¿Eliezer?!”

“¿Sandro?”, lo reconoce el peatón.

Un cuarto de hora  después, ambos hombres comparten una estrecha ducha. Eso les permite abrazarse y besarse desnudos mientras el agua fresca cae encima de sus atléticos cuerpos. Eliezer toma el jabón y lo comienza a untar a Sandro por la espalda, el culo, luego el pecho, el abdomen, la pinga y los huevos. Sandro hace el mismo tramo, pero al llegar al medio del culo…

“Solo jabóname y nada más”, advierte Eliezer sonriendo.

Sandro pasa la pastilla de jabón por la raja entre las enormes y velludas nalgas de arriba abajo y luego se arrodilla para seguir con las gruesas piernas. Un largo y grueso pene baila frente a su cara aún cubierto de jabón. Lo enjuaga bien y comienza a chuparlo.

“así, Sandrito. Trágate ttoda mi verga.

Ya seco, Sandro se acuesta en la cama que hay en el cuarto. Se abre de piernas. Eliezer llega a su encuentro, se acuesta sobre él y vuelve a besarlo mientras el otro se le aferra abrazándolo. Entonces, Eliezer se incorpora, le levanta las bien formadas piernas y comienza a sobarle su vergota aún blanda en la raja del culo. La erección no tarda en producirse. Sandro alcanza un condón y un chisguete de lubricante.

“Gástalo todo si quieres”, le pide sonriendo.

Eliezer se coloca el forro en su grueso y largo trozo, 23 centímetros, se unta el gel transparente, lo aplica al ano de Sandro tratando de estimularlo con un leve masaje y comienza la penetración.

“Despacio, negro”, gime Sandro. “No me hagas doler”.

Eliezer tiene todo el tiempo del mundo para ir clavando lentamente ese culo hasta que solo puede ver su crecido vello púbico aplastándose contra el culo de su amante. Y lentamente comienza a bombearlo mientras vuelve a inclinarse para besarlo en la boca, lo que es correspondido.

“¿Te gusta la pinga, mi campeón?”, le pregunta excitado.

“Me encanta, negrito lindo”, jadea el otro pata. “me aloca”.

Los dos siguen cachando en esa posición por buen tiempo hasta que Sandro se pone en perrito y el otro hombre lo sodomiza siempre lento. El exceso de lubricante entre el pene y el ano de ambos produce un sonido bien cachondo. Eliezer prueba a aumentar la velocidad del bombeo aprovechando que ese esfínter parece haber ganado mayor flexibilidad. Sandro gime un poco más aguantando el dolor, enfocándose en cómo podría verse el sexo si alguien más los estuviese mirando. Y a esa velocidad, Eliezer ya va durando casi tres cuartos de hora.

Posteriormente, el activo se acuesta al filo de la cama mientras el pasivo, bien abierto de piernas y afirmando sus pies en el suelo, rebota haciendo gala de sus muslos bien ejercitados. Finalmente, Sandro se apoya en el filo de la ventana mientras Eliezer lo acomete de pie y desde atrás a todo lo rápido y cuidadoso que puede hasta que por fin eyacula dentro del condón. Se relaja todo al fin.

Tras el sexo, ambos descansan sobre la cama con el televisor prendido en ese programa donde los chicos reality dejan ver sus bien trabajados culos en esas mallas sin ropa interior.

“Eres la misma máquina cachera de hace 15 años, eli”.

“¿Aún te acuerdas?”, sonríe el moreno. “Fue cuando ganaste ese festival de tondero, si mal no recuerdo… Y creo que Julio todavía jugaba en el Piura”.

“Claro, Eli. Yo recién cumplía 20 añitos. Y no te olvides de Pelu. Cachamos los cuatro. No puedo olvidarme cómo ese huevón sufría con tu verga dentro del culo. ¿Sigues trabajando con él?”

“Sí, ahora le estoy preparando la candidatura al gobierno regional”.

“¿Y sigues cachando con él?”

“No tanto como antes pero a veces nos damos nuestras escapadas so pretexto de coordinar”.

Se escuchan unos pasos fuera, luego unos toques en la puerta de metal.

“¿Esperas a alguien?”, se intriga Eliezer en voz baja.

“Los únicos que me vienen a ver son el chiclayano o el venezolano del tercer piso”.

Así calato, Sandro se levanta de la cama y abre un poquito la puerta.

“Hola”, le dicen desde el corredor.

“Entra”, invita Sandro.

Un chico joven, unos 25 años, alto, cabello largo y lacio, bien peinado, vistiendo una bata blanca con el logotipo del Seguro Social en el pectoral izquierdo, el que resalta (de hecho todo su físico parece ser atlético) ingresa.

“Te venía a avisar que la campaña…” el muchacho enmudece al ver al esbelto moreno desnudo sobre la cama. “Perdona, pensé que estabass…”

Sandro sonríe y, cerrando la puerta, se le aproxima y le pone su mano en el paquete.

“Descuida, Bartolo. ¿Por qué no tomas un baño y… disfrutas con nosotros?”

El recién llegado duda un poco. Vuelve a mirar a Eliezer. Sandro toma la cremallera de su bata y, sin que oponga resistencia, se la baja y quita; luego hace lo mismo con el pantalón blanco de tela. A pesar del bibidí y del bóxer blancos, es evidente que ese chico entrena a diario.

Quién sabe qué le dijo Sandro a Bartolo en la ducha. El asunto es que el muchacho, ya desnudo, se integra a la cama. No solo es atlético y lampiño sino que tiene todo su vello púbico rasurado. Eliezer le sonríe. Los tres se funden en un abrazo y tratan de besarse al mismo tiempo.

“Chúpasela al negro”, le dice Sandro. “Te vas a volver loco”.

Bartolo toma en su mano el pene ssemierecto de Eliezer y se inclina a chuparlo; Sandro aprovecha para succionarle las nalgas y el propio ojo del culo. Bartolo intuye que ya hubo acción en ese cuarto porque ese falo sabe a látex, pero no le importa. Continúa. Además, disfruta cómo le agasajan el ano, por lo que en compensación gira y se la chupa a Sandro. Eliezer no resiste la tentación de usar su enorme pie para acariciar el rico culo de Bartolo y usar el pulgar derecho para estimularle el esfínter.

Poco después, Sandro penetra a Bartolo por el culo mientras éste sigue tratando de tragarse la gran pinga de Eliezer. Como activo, Sandro es apasionado y cariñoso sin que eso deje de probar algo tan arrecho como hacerle sonar las nalgas mientras lo bombea. Minutos después, los roles se invierten. Eliezer nota que Bartolo tiene una pinga de unos 17 centímetros, algo curva hacia abajo, medio gruesita. También se fija en los 16 centímetros gruesos de Sandro, que son pajeados mientras le llenan el culo por segunda vez esa noche. Eliezer se pajea.

“Campeón, todavía me queda leche”, le sonríe a Sandro, quien, sin dejar de masturbarse, vuelve a succionar el pene de su visitante. El dormitorio se vuelve a llenar de gemidos y jadeos hasta que los de Bartolo se hacen más fuertes.

“Voy a eyacular, mierda”. Y dando un rugido sordo, casi como un quejido, dispara todo su semen dentro del culo de Sandro, quien al sentir la palpitación, deja de chupársela a eliezer, deja que le saquen la pinga, se acuesta boca arriba y se pajea con toda su fuerza. No avisa nada. Su leche se dispara sobre su abdomen y pecho. Entre asco y fascinación, Eliezer observa cómo Sandro se soba el esperma hasta convertirlo en una capa blanca que se seca sobre la piel.

“¿Qué venías a decirme?”, al final reacciona cuando se relaja.

“Que el traumatólogo dijo que la campaña en tu pueblo sí va”, contesta Bartolo terminándose de sacar el condón.

“¿Campaña de…?”, averigua Eliezer aún con la pinga dura.

“Acción social”, sonríe Sandro. “Quiero postular a la provincial”.

Bartolo los mira en silencio.

“¿Por qué no postulas con Pelu?”, consulta Eliezer a Sandro, quien le sigue sonriendo. Eliezer sabe que eso es un sí. Bartolo y su cuerpo atlético al desnudo continúa ahí, arrodillado al pie de la cama, sintiendo que ése ya no es su asunto. Lo único que llama su atención es ver cómo Eliezer pajea su enorme falo hasta que espesas ráfagas de leche blanca se dibujan sobre su piel marrón. 

Y para finalizar, mira un video porno gay aquí.

jueves, 9 de agosto de 2012

La Parcela (13): ¿Infieles?

Muy asustado, David se levantó su calzoncillo y su pantalón (y casi se magulla su pene parado con la cremallera), mientras que Nando aprovechaba que el primero se interponía entre él y la persona en la puerta para alzarse su bermuda y ponérsela, casi tropezando.
-         Tranquilos, muchachos. Soy Pancho. Normal.
Nando se pegó a unos archivadores, aún con la pinga parada y húmeda, mientras que David se puso, como sea, su polo. Pancho, por fin, entró a la oficina.
-         Nando, benía a avisarte que ya hicimos una aplicación en la fila que nos dijiste, pero queremos saber si es necesario seguir o ahí lo dejamos.
-          Esteee… no… ahí nomás déjenla.
Aún semi-erecto, Nando salió de la oficina hacia su dormitorio. Apenas trasponía la puerta, cuando Jano salía de la casa grande hacia donde él estaba.
-         ¿Y ese estilo veraniego?
-          Nada. Vine… vine a ver unas cosas que quería David.
Jano notó el bulto, presintió la respuesta por compromiso, y un extraño sentimiento de frustración lo inundó, pero se negaba a explicarlo.
Nando se fue, ligero, hacia su dormitorio.

Allí, esa misma noche, él, Raúl y Pancho jugaban una partida de cartas. A pedido del primero, el dueño de la baraja, con apuesta deducible de su primera quincena. Los tres estaban desnudos, pero relajados.
-         Oye, Nando, ¿qué quería David?
-          Nada, Raulito. Sólo quería ver una cuestión sobre los fertilizantes.
-         Nando alzó su mirada hacia Pancho, esperando que se revelara lo que pasó esa tarde, pero el moreno musculoso estaba abstraído en ver si en su mano podía armar grupos de naipes para hacer, al menos, un punto.
-          Ya, Raulito, te toca.
-         Nando pasó los dedos de su mano por la raja del culo de su amigo.
-          Suave, huevón… Mira: seis y cinco son once, y once sobre la mesa… ¡punto!
Pancho entendió que no ganaría esa partida bajjo ningún aspecto.
-         Muchachos, me cancelo. Voy a tomar agua, pero juego la revancha.
-         Los otros dos sonrieron, mientras el moreno se ponía un short y salía del dormitorio hacia la cocina. Nando aprovechó para volver a tocar el culo a Raúl.
-          ¡Suave! ¿qué dirá Pancho?
-          Puta, huevón. ¿De dónde crees que lo sacó Jano? ¿De un convento?
-          De todas maneras.
-          ¿Qué pasa? No me digas que te gusta.
-         Raúl no se atrevió a mirar a Nando y se fijó en las cartas. Entonces sintió un peso en su espalda.
-          Así que te gusta el negro, ¿no? Yo pensé que te agradaba la carne blanca.
-         Nando sonreía mientras movía su cadera sobre el trasero de Raúl.

-         Pancho llegó a la cocina y se encontró con David viendo algo en la lap-top. Cuando el administrador advirtió al moreno, cerró la tapa del aparato.
-          Hola, Pancho. Estaba avanzando trabajo.
-          AAh. Yo sólo vengo a tomar agua.
Pancho se sirvió el líquido, y se sentó al costado de David, quien vestía un bibidí y una bermuda suelta.
-         ¿Te incomodo? Si quieres, me voy.
-          No, Pancho. Esta cocina es de todos, sino que no quería hacerle bulla a Jano que está jateando como bebé.
-          Ah. Oye… ¿y puedo hacerte una pregunta incómoda y personal?
-          ¿Lo que pasó hoy? La verdad ni yo mismo me explico. Pasó. Así de simple.
-          ¿Es la primera vez que te pasa en el trabajo?
-          Sí. Normalmente haces el contacto en la oficina, y luego vas a otro lado, pero esta vez no sé qué me pasó. ¿Y a ti te sucedió?
-          Una vez, en la oficina de una profesora. Estaba esperando notas, y… tú sabes… se dio, y tiramos.
-          O sea, ¿eres hetero?
-          No. Esa fue una de las pocas veces con chicas. A mi me gustan los patas.
-          ¿En serio? ¿Y cómo te gustan?
-          Chéveres, sencillos, descomplicados, como ustedes, como tú.
Ambos se quedaron en silencio, se miraron a los ojos, sonrieron, y, sin más preámbulo, acercaron sus cabezas para besarse en la boca. Primero algo superficial, pero ambas cavidades fueron ampliándose hasta permitir un combate de lenguas. Se separaron.
-         Besas rico. Tienes talento, ¿ah?
-          Jano me enseñó. Además de los números, ése es mi fuerte.
-          A mi también me enseñó él. Aparte de los ejercicios y las rutinas, dicen que soy bueno con la boca.
-          Habrá que probarte.
-         Pancho y David volvieron a besarse, hasta que el fortachón sintió cierto remordimiento, y se separó.
-          Disculpa. No debí hacer eso.
-         Pancho terminó su vaso con agua, salió de la cocina y regresó al dormitorio. David se quedó desconcertado.

-         Al llegar, Pancho vio cómo Nando estaba acostado sobre Raúl, con las piernas abiertas, y bombeando sus nalgas de arriba hacia abajo. La luz pudo dejarle ver el miembro de Nando entrando y saliendo del ano de Raúl. Ambos jadeaban.
-         Sin decir nada, sin hacer ruido, Pancho regresó a la cocina, martillándose la cabeza. ¿Acaso la deslealtad al objeto de seducción puede desencadenarla en otro lado? ¡Vaya misterio!
-         Al reingresar a la cocina, con sigilo, vio el rostro de David iluminado por el resplandor del monitor. Uno de sus brazos se agitaba bajo la mesa. Algunos gemidos masculinos se escapaban de la máquina.
-          Disculpa. Estás viendo porno, ¿cierto?
-         David se asustó. Pancho dio un par de pasos.
-          Déjame ver, por favor.
-          Ven.
-         Pancho se sentó al lado de David, muy junto, rozando pierna con pierna. Se miraron otra vez. Se besaron profundamente de nuevo, abrazándose.

La noche para ambos terminó en el cuarto de David, donde Pancho se tendió boca arriba sobre la cama, dejando que su anfitrión recorriera desde su boca hasta su pene, pasando por cuello, tetilla y ombligo, con sus labios y lengua.
-         De inmediato, David comenzó a chupar los 19 centímetros al palo de Pancho, metiéndoselos a la boca con dificultad, pero con cierta técnica que sólo arrancaba suspiros al grandulón.
-          Vaya, sí que eras malogrado, huevón. La tienes realmente grande.
-          ¿Te gusta? También chúpame los huevos. Así. Ah. Así.
-         La boca y la lengua de David tomaba indistintamente cada testículo humedeciendo los vellos que tapizaban el moreno escroto.
-         Pancho separó más sus piernas, y comenzó a elevarlas lentamente. David lamió el perineo, y lentamente se fue acercando con la lengua a la raja de las nalgas.
-          Sigue. Ah. Sigue así. Qué rico, huevón. Qué rica lengua.
-         En cuestión de segundos, el ano de Pancho era hábilmente humedecido por el administrador, quien acariciaba piernas y nalgas con las manos más que abiertas. Pancho no cesaba de jadear y suspirar arrechamente, hasta que David se arrodilló, colocando su verga de 16 centímetros en la misma entrada del culo velludo de Pancho.
-          ¿Quieres que te la meta?
-          Claro, pero déjame chupártela.
-         Pancho se arrodilló y se puso en cuatro, agachándose a chupar la pinga de David. La engulló toda de golpe, y comenzó a succionarla.
-         Varios minutos después, ambos se practicaban un increíble 69, donde sus bocas alternaban penes, testículos y anos.
-         Media hora después, David se ponía condón y le untaba lubricante para introducir su miembro en el orto del moreno, en la pose de piernas al hombro. No fue fácil, porque Pancho lo tenía cerrado; pero aún así, ambos resistieron el dolor de penetrar y ser penetrado.
-         David se meció por varios minutos, y cuando ya sentía que su leche iba a salir disparada, Pancho logró contraer su esfínter y expulsar el pene que lo taladraba.
-          Aún no las des.
-         Pancho agarró otro condón, se echó el resto del sachet de lubricante, embadurnó un poco en el ano de David, metiendo parte de su dedo índice. La entrada del falo tampoco fue sencilla, ya que se hizo lentamente, lentamente; primero la cabeza, luego el primer centímetro del cuerpo, y otro, y otro, y otro… David nno pudo resistir los 19 centímetros en su culo, por lo que Pancho debió moverse lentamente, y con cuidado. Claro que esto era una ventaja para el moreno porque duró más de media hora.
-         David ya no pudo más con el dolor.
-          Sácala.
-          Hay que pajearnos.
-         Pancho masturbó los 16 de David, y éste, el enorme falo de Pancho.
-         UN minuto más tarde, la leche de David se estrellaba contra el vello púbico y el abdomen bajo de Pancho.
-         Diez minutos después, el semen de Pancho ascendía velozmente hasta las tetillas de David y dejaba una blanca y resbaladiza película desde allí hasta sus piernas.
-         Ambos se vinieron otras dos veces, pero pajeándose, sobándose, chupándolas, besándose, rozándose. Tantas veces eyacularon, tantas veces compartieron la ducha.

-         Hacia la una de la mañana, ambos se quedaron dormidos.
-         A las cinco y media, Pancho dejó la cama. La aurora despuntaba tras los cerros.
-         Pasó junto al mini-gimnasio y lo ignoró, pues quería ducharse.
-         Al entrar al cuarto, vio a Nando y Raúl durmiendo de costado, abrazados. La pinga de Raúl estaba parada. Pancho salió raudamente a las duchas.
-         Raúl se despertó por la vibración en el suelo, y sólo alcanzó a ver la espalda y el culo de Pancho. Quiso hundirse en el colchón. Una inexplicable tristeza y nostalgia comenzó a invadirlo.

(CONTINUARÁ…)

©2012Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con personas, lugares y situaciones es pura coincidencia. Contacta a los autores dejando tu comentario aquí, o escribiendo a hunks.piura@gmail.com