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domingo, 26 de junio de 2022

ASS (34): ¿Cuántas veces Alejo dio el culo, realmente?

Ser pasivo no significa que dejes de hacer un buen beso negro.


 

Ese sábado de mañana en San Sebastián, Pedro está descalzo y subido sobre una cama sin tender colocando un letrero de bienvenida en el cuarto vacío de la casa parroquial, mientras el Padre Alberto le mira las firmes nalgas desde atrás. El sacerdote no resiste la tentación de sobarse la bragueta, cuando se escucha llegar una moto.

“¿¿Qué tal se ve, Padre?”

“Delicioso como siempre, querido Pedro”.

“Me refiero al letrero, no a mi trasero”.

“Igual yo. Tú tienes mejor gusto para el diseño de interiores y… tu culo está delicioso”.

En ese momento entra Paco cargando una gran bolsa, y detrás de él, el musculoso Alejo; ambos visten polos manga cero, shorts y zapatillas. Justo suena un celular y Pedro saca el suyo; lo contesta. Paco entrega la bolsa al Padre.

“Compré dos juegos de sábanas, por si acaso, y una colcha. Hacen juego con el color del cuarto”.

“Gracias, Paquito. Perfecto. Que Pedro termine de hablar para hacer la cama”.

Alejo hace una seña al cura y lo llama fuera del cuarto. Pedro cuelga y paco le muestra  la bolsa.

“Excelente”, dice el muchacho mientras la abre y saca las telas. “El color está lindo”.

“Gracias. Qué bueno te haya gustado”. Paco carraspea un poco: “Pedro, sobre el tema de Edú…”

“Ya olvídalo. Tú no tienes culpa alguna. Los dos querían tener sexo, son adultos, son libres. Como te dije, solo no la hagas más larga”.

“Claro. Lo único largo debe ser su pene”, ríe Paco. “Y a todo esto, ¿dónde está?”

El Padre entra nuevamente:

“¿Necesitamos algún otro encargo? Alejo usará la moto, así que aprovechemos”.

“No, ya terminé”, informa Pedro mostrando la cama tendida. “Tengo que ir urgente a la parcela”.

Alejo ingresa también: “Puedo jalarte si deseas”.

Pedro sonríe y sale despidiéndose de Paco y el Padre.

“Ha quedado lindo elcuarto para el novicio… ¿cómo se llama?”

“Ni idea, Paquito. Solo sé que desde mañana a mediodía debo portarme como un cura decente”.

“Pero usted es un cura decente, Padre. Es como… un super cura”.

“¿Como Superman?”, sonríe Alberto flexionando sus brazos bien formados.

“¿Vio? Hasta tiene el cuerpo de Superman”.

“¿Tú crees? ¿Acaso me has visto desnudo alguna vez?”

“No, Padre, pero… ¿es malo si lo veo… desnudo?”

Alberto sonríe, cierra la puerta con seguro, se pone frente a Paco y se quita toda la ropa. Paco suda ffrío viendo los músculos del sacerdote, sin saber dónde posar su vista: si en ese torso de escultura, esas piernas de futbolista, o esa pinga que cuelga sobre unos generosos huevos. ¿Podría ser sobre la sonrisa pendeja del cura quien se le aproxima, lo abraza, lo mira fijamente a los ojos y le da un beso profundo?

El Padre quita el polo y el short a Paco. Debajo viste un suspensor. El cura gira al laico y le comienza a sobar la estrecha espalda y las lampiñas y firmes-pero-sexys nalgas. Poco después, lo pone de cuatro patas sobre la cama para abrirle el culo y comenzarlo a sopear. Paco surca entre la excitación y la incredulidad. De inmediato, Alberto le quita el suspensor.

A continuación, con el cura acostado sobre la cobija, ambos practican un 69. El Padre sigue chupándole el ano y masturbando suavemente la pinga de 14 centímetros mientras Paco chupa la vergota de 18 centímetros que no deja de manar líquido preseminal. También alterna succionando cada testículo e incursiona un poco más abajo hasta que su lengua estimula el velludo hoyo anal.

Lo siguiente será cachar a Paco en posición de perrito. La pinga de Alberto entra y sale de ese glorioso culo. El pasivo goza como loco. El activo ni se diga. Como broche final, la posición favorita de ambos: un piernas al hombro mezclado con un misionero, lo que da oportunidad a que ambos se besen en la boca y se acaricien por donde la mano alcance, y la mano de Alberto travesea sin cesar el pene de su amante.

“Las voy a dar, Padre”.

“Acabemos juntos. ¿Dónde quieres mi leche?”

“Dentro de mi ano, Padre. Hágame suyo”.

Paco se comienza a agitar, jadea y se queja más profundo. Alberto aumenta la velocidad de su bombeo. El semen de Paco comienza a dispararse sin control sobre su vientre y su pecho. Alberto sigue cimbrándose más fuerte excitándose con el rostro de su feligrés que combina dolor y placer hasta que eyacula en las entrañas del muchacho. El cura saca su pinga aún dura y se acuesta encima. Los dos varones se besan de nuevo en la boca.

Fuera de la ciudad, pero no tan lejos, Pedro y alejo llegan a la parcela. Aunque su jean pareció disimularlo bien, durante todo el camino el primero ha pegado su bulto erecto contra las dos firmes y grandes nalgas del conductor. Ambos entran. Juan los ve llegar juntos y se sorprende. Pedro le paga la semana, como su padre se lo encargó por teléfono.

“Te jalo a Artesanos, Juan”, ofrece Alejo.

“Primero me  baño”.

Mientras Juan se asea, Alejo y Pedro lo esperan recostados en la cama del cuarto principal.

“Quisiera cachar aquí contigo pero tengo que guardar leche pa’ más tarde”.

“¿El Padre sabe que están haciendo esa pela porno?”

“Tranquilo, Pedrito. No cagaremos al Padre”.

Alejo toma la mano de Pedro y se la mete dentro del short haciéndolo acariciar su bulto aprisionado por un bóxer.

“Se supone que no quieres cachar conmigo, Ale”.

“Pero me la puedes chupar al toque mientras Juan se baña”.

Alejo se saca el pene semierecto y se lo comienza a magrear. Pedro lo duda pero… ¿cuántas veces se puede disfrutar ese pene de 18 centímetros? Pedro se incorpora un poco y lleva su boca hasta el falo aún blando de su amigo y comienza a succionarlo. No pasa mucho tiempo en que ya lo pone duro, lubricado y muy húmedo debido a la saliva.

En lo mejor de la mamada, Alejo mira hacia la puerta y descubre que Juan está allí desnudo y sobándose su pija de 17 centímetros, ya erecta. Alejo sonríe, le hace una seña y Juan se acerca a la cama, deja la toalla a un lado, se aproxima a Pedro y comienza a sacarle el pantalón.

Alejo y Pedro se quedan por fin desnudos. Eso facilita a Juan separar las nalgas del segundo y disfrutar mamándole el culo mientras éste  ha comenzado a lamer las bolas a Alejo. Juzgando que ese ano ya está dilatado, Juan se incorpora y comienza a introducir su falo muy despacio.

Aprovechando que Pedro continúa estimulando sus bolas, Alejo se deja llevar y levanta sus musculosas piernas con cuidado. Pedro parece entender el mensaje y comienza a bajar por el perineo hasta topar con su lengua el ano de su amigo. La sensación que el musculoso experimenta le relaja el pene pero le genera una increíble excitación desde su gran culo. Juan, al ver la escena, se arrecha demasiado y termina preñando el ano de Pedro.

Una hora después, a las 11, Alejo y Juan están a punto de llegar a Artesanos.

“Pensé que te habías vuelto solo activo”.

“Si te refieres a lo que pasó esa vez…”

“No, alejo, le diste el culo a Pedro”.

“Solo me chupó el culo… ni loco me la dejo meter otra…”

Alejo calla. Juan tampoco insiste, aunque su pene se puso duro de nuevo. La motocicleta está a punto de llegar a su destino.

        Y para finalizar,te dejamos un video porno gay. 

domingo, 27 de febrero de 2022

ASS (17): ¡Edú es moderno!

Pedro pide a Alejo que no involucre al Padre en su carrera de actor porno gay.

 


La rutina nocturna de Pedro los días de semana es ir al AS a leso de 9 de la noche para revisar las cuentas del día, y una vez que termina, ponerse a entrenar. De ser un chico flaco durante su adolescencia, ahora luce un envidiable cuerpo atlético, muy simétrico. Fue su mejor terapia contra la depresión. Usualmente se ducha en el gimnasio y luego entra en la habitación de Miguel.

Esta noche de martes no es la excepción, y ahí está echado sobre la cama boca abajo, totalmente calatito (sus nalgas se marcan como dos pequeñas burbujas) leyendo unos papeles impresos. El reloj marca las 11. De pronto ssiente un cuerpo desnudo acostándose sobre el suyo. Lo sabe porque siente una pinga blandita sobre su culo. Se asusta:

“Aguarda, Ale. ¿Ya limpiaste todo?”

“Sí. ¿Tú ya leíste todo?”

“Lo clave: es la típica cuenta de ahorros, la tasa de interés es la de mercado, te deja hacer 4 retiros mensuales sin cobrarte comisión pero solo si usas ventanilla o cajero de donde sacaste la cuenta, por lo que vas a tener que hacerte un presupuesto mensual o quincenal; si no, vas a perder antes que ganar”.

“A mí me dijeron que mi plata iba a crecer mes a mes”.

“En realidad, el truco de estas cuentas es meter más que sacar. Así es como crece. Lo bueno es que vas a tener ese contrato, tus clientes, tus actuaciones…”

Ah”, recapitula Alejo. “entonces, crece si la meto más” –mueve su pelvis sobre las nalgas de Pedro—“y la saco menos”.

“Sí, pendejo. Y ahora salte de encima que ya me quiero vestir”.

“Quédate un poco más, Pedrito…”, Alejo comienza a besar el cuello a su amigo. “No cachamos desde la semana pasada”. Alejo sigue moviendo su pelvis y su pija comienza a ponerse dura, además de engrosar y crecer. Pedro siente la humedad del líquido preseminal entre sus nalgas y comienza a moverlas como queriéndose liberar del portento masculino que sigue acostado encima suyo, pero Alejo sigue besándole la nuca y la espalda superior.

El musculoso no tarda en recorrer toda la espina arrancando gemidos y jadeos al atlético, hasta que llega al trasero y él mismo lame su saladito fluído transparente. De inmediato,  abre los dos glúteos a Pedro y comienza a estimularle el ano mientras que con sus manos masajea y palmea las nalgas. Luego de un par de minutos, Alejo revisa: el agujero ya está dilatado, bien rosadito. Regresa besando la espina hasta alcanzar la nuca otra vez:

“Párame el culo: esta noche quiero hacerte el amor, Pedrito”.

La instrucción es acatada sin reclamos. Poco a poco, el pene del adonis va ingresando por el esfínter, el recto, hasta que los 18 centímetros llegan a las entrañas de Pedro. Mientras el musculoso entrenador masajea su picha dentro del ano, el atlético huésped intenta un baile de cadera que termina por alocar a ambos.

“Ponte en cuatro”, pide Alejo.

Pedro adopta la pose de perrito, y ahora siente cómo el cuerpo de otro hombre no solo lo posee sino que lo azota viril y cariñosamente por detrás.

“¿Te gusta cómo hacemos el amor?”

“Me encanta, Ale. Hazme tuyo”.

Alejo aumenta un poco la velocidad tratando de no ser rudo y se deja de huevadas. Mira su pene entrando en el ano de su amigo, se siente dichoso y satisfecho. ¡Esto sí es cachar!

“Las quiero dar en tu boca”.

“Cuando quieras”, acepta Pedro.

“Ahorita… ahorita”.

Alejo saca su miembro, espera a que Pedro gire en la cama, se lo enchufa en la boca y comienza a pajearse hasta que su leche salta hasta la garganta del chico:

“Proteína purita”, le dice mientras eyacula.

Pedro termina de chupar el semen restante y se incorpora, mira a su cachero y va a besarlo en la boca:

“¿Ya te la tragaste?”, se detiene Alejo.

“Hace rato”.

Ambos se besan profundo.

“¿A qué sabe la leche?”

“Depende del chico. La tuya es un poco simple”.

Alejo sonríe cariñoso:

“¿Sabes que mientras cachábamos alucinaba que nos filmaban?”

“Pensé que estábamos haciendo el amor, no cachando”, sonríe Pedro.

“Bueno… hacer el amor… Pero en serio: alucinaba que nos filmaban”.

“Suena chévere, Ale, pero ni loco me pongo frente a una ccámara… Mi viejo se entera y me saca la mierda a patadas. Más bien, ¿qué fue de esa chamba?”

“Mañana voy a Piura a firmarle la exclusividad: mil verdes al mes… solo tengo que estar en forma y cachar bien en cámara”.

Pedro levanta las cejas.

“¿Y no te paltea que esas fotos o esos videos los vea la gente de acá?”

“El pata me dijo que solo es para venderlo a los países gringos”.

Pedro ahora levanta una ceja y Alejo se da cuenta:

“¿Y eso?”

“Alejo… ¿tú sabes que con internet ahora ya no hay fronteras y que esas imágenes se pueden filtrar en cualquier lugar?”

“¿Pero no hay sitios que los prohíben acá?”

“Mmm… pueden prohibir el acceso a los sitios,pero esos videos o esas fotos se pueden publicar en un culo de sitios, y pueden estar allí hasta que alguien los borre… y vuelvan a aparecer en otros sitios… ¿Te has puesto a pensar qué harás si eso llega a suceder? ¿qué tal si te vinculan al Padre? O sea, una cosa es ser escort, stripper, pero fotos y videos… no sé… al menos yo no… yo ni cagando lo haría, Alejo”.

El aludido piensa por un rato, suspira y palmea las nalgas a Pedro.

“Cuando le llevé esos víveres a mi viejita el domingo, se puso contenta. Ahora ella alucina que estoy en Las Compuertas haciendo plata con un amigo trabajando su chacra; pero ni cagando haría 2 mil soles manejando tractor, Pedro. ¿No te pondría feliz ver a tu vieja sonriendo?”

“Quizás esa es la diferencia de ti o de Miguel conmigo: ustedes ya son independientes. En mi caso, aún dependo de mis viejos”.

“Vente a hacer plata conmigo un domingo… ¿O cuánto sacas con el Padre? Ese pata de los videos y las fotos, Enrique, dijo que está buscando chicos”.

Pedro suspira, palmea el enorme culo de burbuja de Alejo y se baja de la cama buscando su mochila:

“Yo te voy a apoyar siempre, pero no cuentes conmigo. En todo caso dile a Miguel, que tiene físico, cara, pinga, culo…”

“Miguel irá el domingo”.

Pedro se comienza a vestir con ropa limpia sacada de su mochila.

“Igual, vean ese tema de dónde distribuirán el material y procuren que no afecte al Padre: mira todo lo que ha hecho por ustedes”.

“Oye… ¿y ese Edú que está de posada en tu jato?”

Pedro mira extrañado a Alejo:

“¿Qué tiene Edú?

“¿Ya te cachó ese pata?”

Pedro termina de vestirse.

“No quiero hablar de eso”.

“Ayer lo tasé. Dice que es activo. Tiene buena verga. Podría…”

“Alejo”, Pedro se acerca y besa los labios de su cachero. “Te dije que no quiero hablar de eso. Nos vemos mañana” a a la misma hora. Y ya sabes: usa bien esa cuenta de ahorros.

El chico camina a abrir la puerta del dormitorio cuando entra Miguel; se despide también de él con un beso en la boca. El recién llegado espera a que Pedro abra y cierre la puerta de la calle:

“¿Cacharon?”

“Sí. Ya tocaba. Pero parece que no le gustó que hablara de Edú. Solo le pregunté si ya cachó con él”.

Miguel comienza a desvestirse para entrar a la ducha.

“Ay, Alejo. Es que haces unas preguntas tan obvias. Claro que ya deben haber cachado a estas alturas, y fácil que Pedro se lo comió”.

“No creo. Ayer me dijo cuando hicimos la guerra de espadas que es activo”.

Miguel mira a Alejo y ríe compasivamente:

“¿Activo? Si ayer le metí pinga”.

Entonces los dos galanes desnudos se miran y chasquean los dedos: “¡Edú es moderno!”, exclaman a coro.

 

Y para finalizar,te dejamos con un video porno. 

domingo, 13 de febrero de 2022

ASS (15): Un escort para esta noche

 

 La verga de Alejo trabaja doble el lunes.



Esa noche, el ‘paciente’ de Alejo es un hombre de unos 35 años, contextura normal, sobre el que se acuesta ya desnudo en una cama de plaza y media con una manta de mala muerte bajo unos cursis tubos plásticos emitiendo una luz roja. Espejos en el techo, en la cabecera y a los costados. Alejo besa en la boca al otro hombre con mucha pasión. Mientras lo hace, gira hasta ponerlo encima suyo: “Chúpame la verga”, le pide.

El otro hombre recorre a besos el musculoso torso de Alejo, sus definidos abdominales y llega al pubis donde la pinga de 18 centímetros ya está parada y babeando. Sin esperar más –el tiempo es, literalmente, oro—comienza a mamarla.

“Así, mi amor; trágatela toda”.

Aunque, claro, para el mamón es complicado metérsela en su boca de labios carnosos. Tras unos diez minutos en ese plan,alejo consulta:

“¿Te la clavo?”

“¿No puedo mamarla otro ratito más?”

“Claro; es toda tuya”.

El otro hombre ahora saborea el lampiño escroto y usa su boca para adivinar el tamaño de los dos testículos allí dentro. Su lengua traviesa baja al perineo y busca llegar al ano.

“Solo mamada”, le aclara Alejo.

“¿No puedo hacerte beso negro?”

El joven lo piensa; recuerda los encuentros de las últimas 36 horas. Bah, es solo un beso negro. Levanta las piernas y ofrece su orificio al otro hombre: “Solo beso negro”, le aclara de nuevo.

Comparando con la lengua de Miguel, a este tipo le falta algo de destreza pero tampoco lo hace mal. Alejo se da licencia para disfrutarlo aunque eso implique que su gran pene pierda rigidez. Por si acaso, lo pajea.

“¿Aún tengo tiempo?”, consulta sonriendo el otro hombre.

Alejo baja sus piernas, dobla la cintura estrecha sobre la cama y se asoma al suelo del cuarto donde están las ropas de ambos. Mira su celular y aprovecha para sacar el paquete de condones y el sachet de lubricante: “Tenemos una hora todavía”.

El otro hombre sonríe, vuelve a chupar la pinga del atleta y la pone bien dura otra vez. Alejo se coloca uno de los tres condones, embadurna todo con lubricante: “Siéntate… para que no te duela”, le indica.

El otro hombre se deja ensartar el pene en su ano poco a poco y cuando ya no siente tanto dolor, cabalga. Alejo le acaricia las nalgas; se siente tentado a pajearle su pene más pequeño que el suyo pero no es parte del trato. Más bien, tras cierto tiempo cambia a un piernas al hombro (y entiende la lógica de los espejos), y luego en perrito. Su narcisismo lo lleva a contemplarse cachando con esa luz débil de mierda. Y verse reflejado lo excita sobremanera acelerando su orgasmo.

“Voy a darlas: ¿dónde te la vacío?”

“En mi pecho”.

Alejo hace que el hombre gire, casi se arrodilla sobre su abdomen, se masajea duro el pene y bota su semen sobre los aplastados pectorales.

Tras bañarse juntos tiernamente, ambos amantes salen de la habitación, bajan las escaleras y abordan un SUV que hay en un estacionamiento.

“Quería cachar contigo en la casa, Santiago, pero la huevada es que siempre hay gente”.

“Tranquilo. Ya habrá oportunidad”, calma el joven, sonriendo.

Casi a medianoche, el trayecto desde el hospedaje en Catacaos al centro de Piura se hace relativamente rápido. La SUV para a una cuadra de la plaza de armas.

“Te paso la voz la otra semana… ¿podrás?”

“Claro. Ya sabes cómo es”.

Cliente y escort se despiden. Alejo camina hasta una cochera a media cuadra y retira una motocicleta. En cuarenta minutos llega a San Sebastián y  en cinco minutos se estaciona en la casa parroquial. Mira a ambos lados, abre discretamente  una de las hojas del portón y mete el vehículo. En su celular ya se marca casi la una de la madrugada. Empuja la puerta de uno de los dormitorios y la cierra tras sí, se desnuda por completo y se mete en una cama ya ocupada. Y el ocupante se despierta asustado. También duerme desnudo.

“Pensé que pasarías la noche en Piura”.

“No. Hoy es lunes…”

El Padre Alberto mira los números en su despertador electrónico de la mesa de noche:

“Ya es martes”.

Alejo se encarama encima del cura y comienza a besarlo en la boca y el cuello.

“Antes que nada, Alejo, explícame cómo es eso que de AS ahora serás ASS”.

“No quiero dejar de ser un AS. Todavía no le he firmado papeles”.

“¿Acaso no confías en ese chico?”

“No es eso. Solo sigo tu consejo: que no me note urgido”.

Alberto sonríe y se besa en la boca con alejo. Ambos se besan las tetillas. Camino hacia su culo, alejo no desaprovecha la ocasión para besar el pene y las bolas del sacerdote. Le levanta las piernas y le aplica el beso negro que su cliente de aquella noche, o la noche previa, no supo hacer, y el cura goza con las cosquillas que le produce la lengua del joven en su culo rodeado de vellos.

“Déjame chupártela”, le pide.

“es toda tuya”.

El Padre mama la pinga de su protegido y es imposible ignorar el aroma a barrita de jabón de hospedaje. Con la verga ya dura, Alejo comienza a penetrar ese ano que sigue dilatado y a moverse rítmicamente en una pose que mezcla el piernas al hombro y una acrobática variante de un misionero. Eso es conveniente pues ambos adoran besarse en la boca.

Luego, Alejo gira para que el Padre le cabalgue la verga, y a él sí le acaricia el pene erecto y las bolas que le azotan el abdomen de tabla de lavar.

“Las boy a dar”, avisa el cachero.

“Aguanta para acabar juntos”.

Alejo masturba el pene de Alberto más rápido hasta que siente que las ráfagas cálidas de semen se disparan encima de su vientre.

“Ricco, Alejito. ¿Acabaste?”.

“Claro”, miente el activo.

Tras ducharse, ambos regresan a la cama y se arropan desnudoss y abrazados.

“¿Cuándo le firmarás el contrato, Alejo?”

“¿Cuándo me recomiendas?”

El cura suspira:

Que no pase del fin de semana”.

Alejo besa en la boca a Alberto:

“Y no te paltees: jamás dejaré de ser un AS… no después de lo bien que te has portado conmigo”.

El Padre Alberto sonríe. Le devuelve el beso:

“Durmamos… es muy tarde”.

 

Y para terminar,te dejamos un video porno.

domingo, 7 de noviembre de 2021

ASS (02): Un culo y unos labios golosos

La ducha que toman al mismo tiempo el Padre Alberto, Pedro y Juan se convierte en otro trío.

 


 La puerta del baño se abre y se prende la luz. Juan,el Padre Alberto y pedro entran.

“No es muy grande, pero podemos bañarnos los tres”.

El sacerdote se quita la toalla que lo cubre y queda totalmente calato. Juan y Pedro por fin pueden contemplar su espalda ancha, su cintura estrecha, su culo bien pronunciado y sus poderosas piernas. Los dos también se desnudan e ingresan mientras el Padre saca un poco de agua con un baldecito y se lo echa al cuerpo.

“espero que no esté tan fría”, indica Juan.

“Para quitarme bien el trago está bien”, sonríe Alberto quien toma un jaboncillo y comienza a untárselo. Pedro es el siguiente en echarse el agua.

El Padre Alberto se percata mejor del físico desnudo de Juan: parece más un futbolista, es decir, marcado y delgado de la cintura para arriba, pero algo masivo de la cintura para abajo. Detiene su mirada en la pinga del chico debajo de un vello púbico algo crecido.

“Así que ésa te has aguantado, Pedrito”, comenta.

El aludido también toma el jaboncillo y se lo pasa por la raja del culo donde unos 15 minutos antes, dos penes erectos habían penetrado y dejado una gran cantidad de semen.

”Y eso que está dormidita”, bromea Juan.

“¿Se la podrá despertar otra vez?”, sonríe el Padre.

“Si me la chupan bien, ¿por qué no?”

El Padre sonríe de nuevo y, sin pedir permiso, se agacha hasta aferrarse de las caderas de Juan y usar sus labios como aspiradora para succionar la picha del muchacho. La suelta un ratito.

“Chúpame el culo, Pedrito”, pide.

El acólito obedece y, separando las nalgas del sacerdote, descubre el ano rodeado de vellitos. Comienza a lamerlo y succionarlo. El aroma del jabón también está presente ahí.

“Clávame, Pedrito”

El monaguillo, quien ya tiene sus 15 centímetros gruesos al palo, pone la cabecita de su pene en todo el ano del cura y comienza la penetración. Su miembro es rápidamente engullido. De inmediato, Pedro se mueve y hace chocar su cuerpo sobre las nalgas de Alberto, quien no deja de mamar la verga a Juan.

Pedro acelera un poco más su baile pélvico hasta que no puede contener su eyaculación.

“Las voy a dar, las voy a dar”, anuncia. Y sucede. Su esperma se dispara más adentro del ano de Alberto. Ya tenía tanta arrechura contenida que se aceleró tras el trío en el cuarto donde va a pasar la noche con Juan.

“Clávame tú”, dice el Padre separando sus labios del pene del anfitrión.

Juan gira y mete su pinga casi de golpe; total, ese agujero está ya abierto. Comienza a moverse.

“Qué rico”, se excita el cura mientras comienza a pajearse ahí, agachado, casi sosteniéndose con las uñas de sus manos del tanque de metal en el que se acumula el agua que viene poca y a ratos cuando la sueltan por el canal.

Pedro se queda ahí viendo todo como si asistiera a una película porno en 3D. Juan le sonríe.

“¿Qué tal cacho?”, le pregunta.

“Cachas rico”, atina a responder Pedro sin quitar su mirada del pene entrando y saliendo del ano del cura.

Pedro tampoco luce mal así, calato: cuerpo atlético y lampiño, buenos pectorales, buenos brazos, vientre plano y cintura estrecha, culo redondito, piernas formadas, grandes huevos.

Juan acelera y hace sonar sin roche su pelvis sobre las nalgas de Alberto.

“Así, rico. Dame verga, cabrón. Dame tu rrica verga”. El Padre Alberto sí que es goloso cuando se trata de ser pasivo.

Juan demora un poco más el segundo orgasmo de esa noche, lo que Alberto agradece, sin duda; pero todo tiene su final:

“Las doy de nuevo”, avisa.

Pero esta vez, hace algo diferente al primer trío: saca su pene aún erecto (el glande colorado de tanta fricción), y comienza a pajearse. Su leche espesa termina disparándose entre las nalgas del cura, quien aprovecha y dispara el suyo sobre el falso piso de la ducha. Pedro queda allí viendo todo, casi desconcertado y con uno de sus pies llenos de un semen que no es el suyo.

A la mañana siguiente, de regreso a San Sebastián en la camioneta de la parroquia, solo van el sacerdote y su acólito.

“¿Cómo sabías lo de Juan?”

“No lo sabía; fue casualidad… aunque ya lo sospechaba”, sonríe Alberto.

“¿Cómo lo sospechabas?”

“Es promoción de Alejo: ¿no te ha contado las orgías que había en ese cuartel?”

“Nunca”.

“¿Cuál será el próximo cumpleaños? Podríamos pedirle que nos cuente alguna de sus historias del ejército… Por cierto que Juan tiene rica pinga”.

“¿Lo convertirás en otro ángel?”

El Padre Alberto vuelve a sonreír mientras llegan a las primeras calles de San Sebastián, la pequeña ciudad rodeada de campos de cultivo y algarrobales.

Y para terminar,te dejamos con una porno. 

domingo, 31 de octubre de 2021

ASS (01): La linterna de Juan

El padre Alberto descubre a Juan cachando con Pedro y termina convirtiendo el dúo en trío.


 

Es sábado, diez de la noche en Artesanos y el padre Alberto se siente algo picado. Tras el matrimonio que consagró, participó de la recepción y tragos van, tragos vienen. Imposible decir no. Delante suyo, Juan ilumina el camino de greda con una linterna. Al lado va Pedro, quien esa noche fue el acólito y está muy sobrio.

“Ya casi llegamos”, avisa Juan con la voz claramente tocada por el licor. “Veinte pasos y llegamos”.

En un minuto ya están en la puerta de la construcción de adobe. Al entrar, Juan pprende la luz eléctrica e indica un cuarto grande al padre Alberto:

“Aquí va a pasar la noche”.

“Gracias, Juan. ¿Antes no podría usar tu ducha un rato? Mañana no quiero amanecer con resaca”.

“Claro, Padre”.

Alberto entra a la pieza que le señala, la que solo tiene una cortina de separación.

“Nosotros vamos a mi cuarto”, avisa Juan a Pedro indicándole otra cortina. Ambos entran. “Acomódate: voy a sacarle una toalla al Padre”.

Pedro se sienta sobre la cama y comienza a quitarse los zapatos y las medias.

Cuando Juan ingresa al otro cuarto, Alberto ya se ha quitado la camisa revelando un par de bien formados pectorales, unos abdominales incipientes y brazos bien torneados.

“Es la puerta del fondo y luego cruza derechito al otro lado del patio”, indica al sacerdote dándole la linterna.

“Mostro”, confirma Alberto sacándose el pantalón y revelando unas piernas de futbolista y un culo bien redondo que se oculta muy mal bajo el bóxer gris.

Juan regresa a su cuarto y al pararse junto a la cama, se quita toda la ropa.

“¿Ya te dormiste, Pedro?”

“No, aún no”.

Juan escucha que la puerta del fondo se abre. Él, entonces, se mete a la cama, y sin pensarlo dos veces aproxima su piel a la del invitado.

“Ya estás calatito, Pedrito”.

“Creo que por eso te ofreciste muy amable a que pasemos la noche aquí, ¿no?”

Juan sonríe en la oscuridad y se acuesta encima de Pedro.

“Ya la tienes parada, pendejo”.

“Tú igual: ya estás al palo”.

Juan besa en la boca a Pedro, quien acaricia la suave aunque no tan amplia espalda de su amante hasta llegar a sus redondos glúteos; comienza a masajearlos.

“Aguarda con el culo, huevón. Mejor chúpamela”.

Juan se arrodilla sobre el duro colchón y destapa a ambos. Pedro se pone en cuatro y comienza a mamarle el pene de unos 17 centímetros.

“Así… qué rico… trágate mi pichula”.

Juan está en lo mejor del sexo oral cuando siente un resplandor en su izquierda.

“Perdona que no encue…”

`´el, Pedro y el recién llegado se quedan de una pieza.

“¡Padre Alberto!”, exclama el acólito con sorpresa y miedo.

En segundos, los dos chicos sobre la cama sienten que el sacerdote se les aproxima y también se sube al colchón.

“Hagan de cuenta que no vi nada, pero déjenme participar”.

Juan no lo duda mucho.

“Chúpasela”, le pide a Pedro, quien tampoco parece dudarlo. Con cierto recato, toma la pinga de Alberto y se la mete a la boca. Aún está blandita… pero no tarda en ponerse dura.

“Chúpasela a Juan también”.

Pedro hace caso y termina alternando ambas pichulas en su boca, las succiona, las compara. La del Padre es casi tan grande como la de su amigo aunque un poco más gruesa… y lubrica como mierda.

Alberto siente que es hora de dar un nivel más arriba y se coloca detrás de su monaguillo, se inclina, le abre las dos redondas y duras nalgas y comienza a chuparle el culo. Mientras Pedro chupa la pinga a Juan, comienza a gemir. No tarda mucho tiempo cuando el trozo de carne duro e hinchado se mete poco a poco en las entrañas del chibolo a través de su ano dilatado. El Padre Alberto comienza a bombear hasta hacer sonar su ingle contra el culo de Pedro, quien continúa succionando la verga de Juan.

Al poco tiempo, el Padre saca con cuidado su miembro.

“Gózalo, Juan”.

El aludido entiende que es hora de meter su verga al interior de su amigo, mientras el sacerdote toma su lugar, y así sucede. La ronda ocurre por diez minutos más.

“Las voy a dar, las voy a dar”, avisa Juan mientras culea a Pedro, y sin más, suelta su leche dentro del acólito. Incluso luego de botar todo su semen, se mueve un poco más antes de sacar su pija algo morcillona.

“es mi turno”, anuncia el Padre Alberto, quien rápidamente (y casi atropellando a un satisfecho Juan) se coloca tras el culo de Pedro y le clava su pene erecto; se mueve con firmeza  y ternura hasta que siente el orgasmo inundar su bajo vientre.

“Me vengo, me vengo, cabrón”.

El Padre Alberto expulsa como medio litro de semen dentro del recto de Pedro, quien ahora yace en medio de sus dos cacheros de turno.

“¿Qué te pareció el trío?”, pregunta el sacerdote.

“Locazo”, responde el joven.

“Y pensar que yo venía a decirle a Juan que me indique bien dónde queda el baño”.

Y para terminar,mira una porno.