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viernes, 20 de enero de 2023

ASS (62): Así me la mamó, pero tú lo haces más rico

Damián pide a Juan reconstruir lo que pasó la noche que cachó con Paco.


“Nos cruzamos esa noche en la calle, me decía que venía de tomar unas chelas con unos amigos… creo que en el semental, o algo así”, relata Juan.

“¿Será el Cimarrón?”, interrumpe Damián.

“Sí, creo que sí”, replica Juan. “el hecho que venía algo picado, me hizo el habla, y, bueno… si se me estaba ofreciendo así, yo creí que podríamos venir aquí a pasarla bien. Total, ¿quién iba a enterarse?”

el peón y el policía están sentados en una mesa simple en la salita de la casa que Julio tiene en su parcela, cerca de San Sebastián. El dueño de la propiedad también está presente ese miércoles, ya pasadas las nueve de la noche.

“¿Te sirve esa información?”, pregunta Julio.

“va a cobrar relevancia en la medida en que paco despierte o podamos encontrar al mototaxista para corroborar datos”, explica Damián.

“¿encontrar al mototaxista?”, se extraña Julio.

“Pidió su alta desde ayer por la tarde y desde entonces su paradero es un misterio”, responde Damián.

“Lo que les digo es la pura verdad”, reclama Juan.

Damián estudia las agradables facciones del chico y le palmea el hombro:

“Mira, muchacho, aquí entre nos, yo sí creo que estás diciendo la verdad, pero si ese otro huevón va a hacer lo que pienso que va a hacer, lo mejor es que tengamos datos exactos para que Julio sepa cómo lo puede joder”.

“Perdone, don Julio”, baja la voz Juan.

“No es tu culpa”, responde el aludido, de manera tranquila.

“Lo que no entiendo es por qué quiere joderte de esa manera”, observa Damián a Julio.

El ex futbolista suspira y se estira sobre su silla.

“Cuando Sandro se hizo adolescente, se hizo hincha del equipo y lo veíamos apoyando en todos los partidos. Su viejo era socio del club y aportaba fuerte. Eso hizo que Sandro tuviera más acceso, incluso a los vestuarios. Tendría 15 o 16 años, y de pronto noté que rondaba mucho a los jugadores. Una vez lo descubrí cachando con uno de ellos en las duchas. Era José Luis. Sandro alucinó que el Pelu era su pareja y no lo abandonaba ni a sol ni a sombra. Tuve que hablar con su viejo para que nos lo quitara de encima porque ya estaba afectando nuestro rendimiento. Desde allí me cogió fastidio”.

“¿Y nunca lo pudo superar?”, inquiere Damián.

“No lo sé. Cuando Sandro cumplió 18 años, pidió adelanto de herencia a su viejo. Sandro fue siempre hábil para los negocios e hizo crecer su plata. Fue cuando se hizo socio. La huevada era que jugador que fichábamos, jugador que debía meterle pinga. Era fijo. Y cuando se le prendía a uno, no lo dejaba ni a sol ni a sombra. Hizo que uno de los chicos se separe de su mujer, y ya te imaginarás cómo fue eso. Me tocó ponerlo en su sitio. Empezó a decir que Pelu y yo éramos pareja, que hacíamos orgías con los otros futbolistas. Entonces le saqué su mierda”.

“¿Le pegaste?”

“Ya me había sacado de mis casillas y me había indispuesto con mi mujer… Me denunció… Menos mal que todo el equipo, incluyendo el cuerpo técnico, sacó la cara por mí y testificó diciendo que él era un acosador. Renunció como socio del club. La huevada es que eso te explica por qué me tiene cólera”.

“Ahora me quedan las cosas más claras”, comenta Damián. “Solo un detalle: ¿podrían mostrarme qué pasó  esa noche que viniste con Paco?”

“Mostrarle, ¿cómo?”, se extraña Juan.

“Hacer exactamente lo que hicieron esa noche ”.

Minutos después, Julio se desnuda por completo y entra al cuarto. Juan y Damián ya están acostados, calatos, uno al lado del otro.

“Comenzó a conversarme y a acariciar”, cuenta Juan.

“¿Cómo te acarició?”, averigua Damián.

“Me pasó la mano desde la tetilla hasta mi huevo”.

“¿Así?”

Damián pasa la palma de su mano desde el pectoral, suavemente, hasta detenerse sobre el pene semierecto de Juan.

“Así, así, exacto; entonces Paco comenzó a pajearme”.

Julio no pierde detalle de cómo Damián comienza a masturbar a su peón hasta que el pene se le pone bien duro. Su miembro también se pone bien rígido.

“entonces comenzó a chupármela”, indica Juan.

“¡Así?”

Damián se dobla como puede para iniciar el sexo oral.

“Tienes que parar el culo”, indica Juan.

Damián asume la posición señalada, lo que el peón aprovecha para acariciar las nalgas y masajear el ano del policía.

“La chupas mejor que ese huevón”, comenta el joven.

“¿Y solo cacharon Paco y tú?”, pregunta Julio mientras se masajea su pene duro.

“Sí, solo él y yo”.

Damián deja de mamar la pinga:

“¿qué pasó luego? ¿Le metiste tu pene?”

“Sí”, responde Juan muy excitado. “Se sentó encima de mi pinga”.

Damián toma un condón, le pone su propio líquido pre-seminal como lubricante, pues también se le ha parado el pene, unta ese mismo fluido al miembro de Juan, se coloca, pone la punta del glande en la entrada de su culo y comienza a tragárselo por atrás poco a poco.

“Aa la mierda”, reacciona el policía. “el tuyo sí duele”.

“Métetelo despacio”, aconseja Julio. Para qué te apuras si igual vas a gozar rico cachando?”

Damián sigue el consejo mientras respira hondo y lento y trata de expandir los músculos de su ano.

Ya con todo el pene dentro de su recto, el policía comienza a rebotar despacio.

“¡él cachó así?”, pregunta excitado a Juan.

“Sí”, dice el chico, bien arrecho, “pero tú te dejas cachar más rico”.

“¡así de rico, papito? ¿Así te gusta meter verga a un buen culito?”

“Claro que sí… y tu culito… está más sabrosito”.

Ambos gimen y jadean mientras Julio hace un esfuerzo para evitar que la leche se le salga mientras se sigue masturbando.

La sensación le parece tan deliciosa a Juan que no puede contener su orgasmo:

“Las voy a dar, carajo”, anuncia, y eyacula dentro del condón.

Damián deja de cabalgarlo poco a poco, pero su pene está bien al palo.

“¿Y él se pajeó sobre ti?”

“No”, suspira Juan, más relajado. “en realidad, le hice perrito, pero no se vació”.

Julio reacciona:

“¿Perrito, dijiste? O sea que siguieron cachando”.

Damián se saca el pene de su ano:

“¿Y cómo cacharon en perrito?”

“mirando a esa pared”, señala Juan hacia los pies de la cama.

“Eso lo puedo hacer yo”, anuncia Julio encaramándose, buscando un preservativo y poniéndoselo mientras Damián adopta la posición. Poco después, el pene del ex futbolista taladra el ojete del policía fiscal. Julio cacha como loco.

“¿Así se lo clavó?”, pregunta excitado a Juan.

“No, pero qué rico es verte dándole pinga a ese pata”.

Damián goza al sentir cómo esa pija le taladra el culo. Gime.

“agárrame piernas al hombro”, pide.

Julio se olvida de la reconstrucción de los hechos y le da gusto al policía. Adoptan la nueva posición. El ex futbolista vuelve a introducir su pene al ano del robusto efectivo del orden, en tanto éste comienza a pajearse:

“¿La damos juntos? Ya casi me vengo”.

“Yo igual”, avisa Julio.

“Vamos”.

Los dos reanudan la acción, solo que esta vez Julio bombea con más fuerza:

“Concha su madre, carajo, las voya dar, mierda… ¡las voy a dar,reconchasumadre!”

Julio eyacula dentro del ano de Damián, mientras éste apura su masturbación hasta que las ráfagas de su semen se disparan sobre su abdomen y pecho:

“Rico, carajo”, murmura Damián.

Tras lavarse y secarse, el futbolista y el policía salen de la casa en la parcela y están a punto de montar la moto que los regrese a San Sebastián. Es las once y media de la noche:

“Eres un pendejo”, sonríe Julio. “Todo lo que hiciste para que cachemos contigo”.

Damián no responde nada; solo sonríe. Ambos montan la moto. Cuando ya ven más cerca las luces de la ciudad… un camión sale de la nada.

“¿¿carajo!!”, advierte Damián tratando de controlar la motocicleta…

Para terminar, te dejamos con una porno gay | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com

  


sábado, 17 de septiembre de 2022

ASS (46): Juan y Paco cachan en la parcela

Tras una noche de algunas copas, una noche de rico sexo termina de mala manera.



Casi a las once de la noche del domingo, Paco sale de un barcito de poca monta en una calle céntrica de San Sebastián. Se llama El Cimarrón y es punto fijo de levante gay. Pero esa noche no fue muy propicia que digamos. Con tres copas de vino encima, lo único que ha conseguido el docente es aplacar un poco su sensación de frío. Al llegar a la esquina para tomar el mototaxi, cruzando la acera viene andando un chico que no había visto antes en la ciudad. Se le nota delgado pero no escurrido, algo atlético. Paco no lo pierde de vista; de hecho, cruza y se le coloca muy al alcance. Nota que el muchacho parece estar buscando algo.

“Hola”, al fin le lanza cuando lo tiene muy cerca.

“Hola”, le responde el chico pero pasa de largo. O casi. “Perdona, busco la calle Los Cardos, ¿sabes dónde está?”

“Te puedo llevar”, le responde Paco con cierto gesto coqueto.

El muchacho sonríe, agradece y accede.

Al llegar a la calle indicada, el paseo a dúo parece finalizar.

“Ya, aquí me oriento al paradero de mototaxis”.

“Pero esas mototaxis van al campo”.

“es que cuido una parcela acá cerca de la ciudad”.

Paco se desilusiona un poco:

“Ah, tienes que regresar a ver a tu familia…”

“No, yo la cuido solo. El dueño es de aquí, pero vine a cenar donde unos familiares y me hice tarde”

“¿Quién es el dueño?”

“Un señor llamado  Julio… ha sido futbolista”

El cerebro de Paco parece despertar. Finge buscarse algo en el bolsillo y poner cara de preocupación.

“¿Qué te pasa, pata?”, pregunta el joven.

“Mierda… no saqqué las llaves de mi casa, ya a esta hora mi vieja no me abre la puerta ni cagando”.

“¿Qué harás?”

“Pasar la noche en la calle, pues… ¿cómo me dijiste que te llamas?”

“Juan… mucho gusto”.

“Yo soy Paco… Tendré que buscarme una cómoda banca en un parque y pasar la noche ahí”.

“Pero… hace mucho frío, es peligroso”. El muchacho parece reflexionar algo. “Tengo una idea, Paco”.

Veinte minutos después, una mototaxi los deja en la puerta de madera que accede a la parcela de Julio, y cinco minutos después, en el cuarto que ocupa Juan.

“Hace más calorcito aquí”, comenta Paco sonriendo.

“Sí, de hecho yo duermo calato… como nadie entra aquí”.

“Ah, que coincidencia”, finge Paco. “Yo también duermo calato en mi casa”.

“Durmamos calatos, entonces”, invita Juan. “Total, somos hombres, ¿no?”

No pasan ni dos minutos, y ambos varones ya están desnudos dentro de la cama, tapados con esa gruesa colcha de alpaca.

“¿Se siente rico dormir calato, no?”, prosigue Paco.

“Sí”, confirma Juan. “Y más cuando se te para la verga”.

“¿Tienes la verga al palo?”, pregunta Paco fingiendo inocencia.

“Duraza”, sonríe Juan en la oscuridad.

“No te creo”, finge refutar el docente.

“Tócala… si quieres”, dice el otro chico, pero la invitación viene con cogidita de mano bajo la colcha a lo que Paco no se hace de rogar: efectivamente, el pene del muchacho está duro y grueso.  Paco lo toma y comienza a explorarlo.

“¿Cuánto mide?”

“No sé. ¿Por qué?”

“Es grandecito”.

“¿Tú crees?”

“Sí”, responde paco.

“¿Quieres… chupármelo?”

Paco entiende que hace rato le han sacado línea y que no vale seguirse con rremilgos. Sonríe en la oscuridad. Se interna bajo la colcha, recorre con su mano libre el marcado cuerpo de Juan y llega a su falo. Lo huele un poco. Parece limpio. Abre la boca y le lame la cabecita en círculos.

“Rico, carajo”, suspira Juan.

Poco a poco, Paco se va metiendo un ttrozo más del pene erecto dentro de su boca hasta tragárselo todo. Como su culo está a la altura de la cara de Juan, éste último se moja el índice derecho con su saliva y le va acariciando las lampiñas y firmes nalgas hasta dar con su ano. Comienza a meterle el dedo poco a poco. Paco comienza a gemir mientras sigue tragándose ese sable de 17 centímetros.

“La chupas rico, pata, y tu culo está sabroso”.

Tras varios minutos de la maniobra, paco deja de mamar la verga, y destapando a ambos, gira y se sienta sobre el pene de Juan:

“Ahora vas a gozar rico, papito”.

Paco coge el falo y lo calibra dentro de su ano. Comienza a metérselo con facilidad debido a la saliva que le ha dejado y a que el dedo de su amante lo ha dilatado lo suficiente… aunque ese ano tiene cierta lubricación extra.

Paco cabalga el pene de Juan por largo rato mientras se apoya en los marcados pectorales del otro chico, quien no deja de acariciarle las nalgas.

“Te cacho en cuatro”, propone Juan.

Paco acepta, adopta la posición y ahora deja que el mancebo lo bombee con cierta firmeza. Paco gime de placer. Definitivamente, ese chico sabe cómo penetrar el ano de otro hombre. La ingle del activo chasquea al chocar con las nalgas del pasivo.

“las voy a dar”, anuncia Juan.

“Dame tu leche, papito”… dame toda tu leche”.

“Ahhh”, gruñe Juan, y eyacula dentro del recto de Paco.

Juan sigue gruñendo de placer por algún tiempo más hasta que saca su miembro, y se baja de la cama.

Luego que ambos se limpian, regresan al lecho. Vuelven a cubrirse bajo la colcha.

“Sabes que tu cara me es conocida de algún lado”, le lanza Juan.

“¿Sí? ¿de dónde?”

“Eso es lo que trato de recordar, pero ya te he visto antes”.

“San Sebastián no es grande; quizás de ahí”.

“Quizás”, reflexiona Juan.

Ambos se quedan profundamente dormidos.

A las cinco de la mañana, Paco despierta y tras esperar a Rodo, el mototaxista, regresa a casa. Antes de salir, se despide de Juan con un profundo beso en la boca.

“¿Volveremos a vernos?”, le consulta.

“Ya tienes mi número”, le sonríe Juan. “Coordinamos”.

Paco sonríe.

Durante el trayecto de regreso, Rodo no se aguanta el comentario:

“Ya se te hizo costumbre venir a esta parcela, no?”

“Te la perdiste”, le dice el docente muy suelto de huesos.

De pronto, algo inesperado. Una camioneta sale de una parcela justo antes del puente que conecta con las primeras casas de la ciudad. Rodo trata de evadirlo.

La mototaxi maniobra mal y cae al canal que está al lado de la carretera, quedando llantas arriba.

Rodo y Paco quedan inconscientes.

Y para terminar, tedejamos con una porno gay.


domingo, 26 de junio de 2022

ASS (34): ¿Cuántas veces Alejo dio el culo, realmente?

Ser pasivo no significa que dejes de hacer un buen beso negro.


 

Ese sábado de mañana en San Sebastián, Pedro está descalzo y subido sobre una cama sin tender colocando un letrero de bienvenida en el cuarto vacío de la casa parroquial, mientras el Padre Alberto le mira las firmes nalgas desde atrás. El sacerdote no resiste la tentación de sobarse la bragueta, cuando se escucha llegar una moto.

“¿¿Qué tal se ve, Padre?”

“Delicioso como siempre, querido Pedro”.

“Me refiero al letrero, no a mi trasero”.

“Igual yo. Tú tienes mejor gusto para el diseño de interiores y… tu culo está delicioso”.

En ese momento entra Paco cargando una gran bolsa, y detrás de él, el musculoso Alejo; ambos visten polos manga cero, shorts y zapatillas. Justo suena un celular y Pedro saca el suyo; lo contesta. Paco entrega la bolsa al Padre.

“Compré dos juegos de sábanas, por si acaso, y una colcha. Hacen juego con el color del cuarto”.

“Gracias, Paquito. Perfecto. Que Pedro termine de hablar para hacer la cama”.

Alejo hace una seña al cura y lo llama fuera del cuarto. Pedro cuelga y paco le muestra  la bolsa.

“Excelente”, dice el muchacho mientras la abre y saca las telas. “El color está lindo”.

“Gracias. Qué bueno te haya gustado”. Paco carraspea un poco: “Pedro, sobre el tema de Edú…”

“Ya olvídalo. Tú no tienes culpa alguna. Los dos querían tener sexo, son adultos, son libres. Como te dije, solo no la hagas más larga”.

“Claro. Lo único largo debe ser su pene”, ríe Paco. “Y a todo esto, ¿dónde está?”

El Padre entra nuevamente:

“¿Necesitamos algún otro encargo? Alejo usará la moto, así que aprovechemos”.

“No, ya terminé”, informa Pedro mostrando la cama tendida. “Tengo que ir urgente a la parcela”.

Alejo ingresa también: “Puedo jalarte si deseas”.

Pedro sonríe y sale despidiéndose de Paco y el Padre.

“Ha quedado lindo elcuarto para el novicio… ¿cómo se llama?”

“Ni idea, Paquito. Solo sé que desde mañana a mediodía debo portarme como un cura decente”.

“Pero usted es un cura decente, Padre. Es como… un super cura”.

“¿Como Superman?”, sonríe Alberto flexionando sus brazos bien formados.

“¿Vio? Hasta tiene el cuerpo de Superman”.

“¿Tú crees? ¿Acaso me has visto desnudo alguna vez?”

“No, Padre, pero… ¿es malo si lo veo… desnudo?”

Alberto sonríe, cierra la puerta con seguro, se pone frente a Paco y se quita toda la ropa. Paco suda ffrío viendo los músculos del sacerdote, sin saber dónde posar su vista: si en ese torso de escultura, esas piernas de futbolista, o esa pinga que cuelga sobre unos generosos huevos. ¿Podría ser sobre la sonrisa pendeja del cura quien se le aproxima, lo abraza, lo mira fijamente a los ojos y le da un beso profundo?

El Padre quita el polo y el short a Paco. Debajo viste un suspensor. El cura gira al laico y le comienza a sobar la estrecha espalda y las lampiñas y firmes-pero-sexys nalgas. Poco después, lo pone de cuatro patas sobre la cama para abrirle el culo y comenzarlo a sopear. Paco surca entre la excitación y la incredulidad. De inmediato, Alberto le quita el suspensor.

A continuación, con el cura acostado sobre la cobija, ambos practican un 69. El Padre sigue chupándole el ano y masturbando suavemente la pinga de 14 centímetros mientras Paco chupa la vergota de 18 centímetros que no deja de manar líquido preseminal. También alterna succionando cada testículo e incursiona un poco más abajo hasta que su lengua estimula el velludo hoyo anal.

Lo siguiente será cachar a Paco en posición de perrito. La pinga de Alberto entra y sale de ese glorioso culo. El pasivo goza como loco. El activo ni se diga. Como broche final, la posición favorita de ambos: un piernas al hombro mezclado con un misionero, lo que da oportunidad a que ambos se besen en la boca y se acaricien por donde la mano alcance, y la mano de Alberto travesea sin cesar el pene de su amante.

“Las voy a dar, Padre”.

“Acabemos juntos. ¿Dónde quieres mi leche?”

“Dentro de mi ano, Padre. Hágame suyo”.

Paco se comienza a agitar, jadea y se queja más profundo. Alberto aumenta la velocidad de su bombeo. El semen de Paco comienza a dispararse sin control sobre su vientre y su pecho. Alberto sigue cimbrándose más fuerte excitándose con el rostro de su feligrés que combina dolor y placer hasta que eyacula en las entrañas del muchacho. El cura saca su pinga aún dura y se acuesta encima. Los dos varones se besan de nuevo en la boca.

Fuera de la ciudad, pero no tan lejos, Pedro y alejo llegan a la parcela. Aunque su jean pareció disimularlo bien, durante todo el camino el primero ha pegado su bulto erecto contra las dos firmes y grandes nalgas del conductor. Ambos entran. Juan los ve llegar juntos y se sorprende. Pedro le paga la semana, como su padre se lo encargó por teléfono.

“Te jalo a Artesanos, Juan”, ofrece Alejo.

“Primero me  baño”.

Mientras Juan se asea, Alejo y Pedro lo esperan recostados en la cama del cuarto principal.

“Quisiera cachar aquí contigo pero tengo que guardar leche pa’ más tarde”.

“¿El Padre sabe que están haciendo esa pela porno?”

“Tranquilo, Pedrito. No cagaremos al Padre”.

Alejo toma la mano de Pedro y se la mete dentro del short haciéndolo acariciar su bulto aprisionado por un bóxer.

“Se supone que no quieres cachar conmigo, Ale”.

“Pero me la puedes chupar al toque mientras Juan se baña”.

Alejo se saca el pene semierecto y se lo comienza a magrear. Pedro lo duda pero… ¿cuántas veces se puede disfrutar ese pene de 18 centímetros? Pedro se incorpora un poco y lleva su boca hasta el falo aún blando de su amigo y comienza a succionarlo. No pasa mucho tiempo en que ya lo pone duro, lubricado y muy húmedo debido a la saliva.

En lo mejor de la mamada, Alejo mira hacia la puerta y descubre que Juan está allí desnudo y sobándose su pija de 17 centímetros, ya erecta. Alejo sonríe, le hace una seña y Juan se acerca a la cama, deja la toalla a un lado, se aproxima a Pedro y comienza a sacarle el pantalón.

Alejo y Pedro se quedan por fin desnudos. Eso facilita a Juan separar las nalgas del segundo y disfrutar mamándole el culo mientras éste  ha comenzado a lamer las bolas a Alejo. Juzgando que ese ano ya está dilatado, Juan se incorpora y comienza a introducir su falo muy despacio.

Aprovechando que Pedro continúa estimulando sus bolas, Alejo se deja llevar y levanta sus musculosas piernas con cuidado. Pedro parece entender el mensaje y comienza a bajar por el perineo hasta topar con su lengua el ano de su amigo. La sensación que el musculoso experimenta le relaja el pene pero le genera una increíble excitación desde su gran culo. Juan, al ver la escena, se arrecha demasiado y termina preñando el ano de Pedro.

Una hora después, a las 11, Alejo y Juan están a punto de llegar a Artesanos.

“Pensé que te habías vuelto solo activo”.

“Si te refieres a lo que pasó esa vez…”

“No, alejo, le diste el culo a Pedro”.

“Solo me chupó el culo… ni loco me la dejo meter otra…”

Alejo calla. Juan tampoco insiste, aunque su pene se puso duro de nuevo. La motocicleta está a punto de llegar a su destino.

        Y para finalizar,te dejamos un video porno gay. 

domingo, 22 de mayo de 2022

ASS (29): El nuevo peón promete silencio

Juan consigue trabajo en la parcela de Julio, y su bienvenida incluye un trío con el Padre Alberto.

 


Una diligencia ha llevado al Padre Alberto muy temprano, la mañana de ese jueves, hacia Artesanos, donde había celebrado un matrimonio hace dos fines de semana. Al terminar, pasa por la casa de Juan, quien sale vestido con un polo de camuflaje, recuerdo de su paso por el servicio militar, una pantaloneta deportiva y zapatillas. el sacerdote no puede evitar solazarse con la esbeltez marcial del muchacho quien, además, lleva una mochila al hombro. Le abre la puerta de la camioneta y lo invita a subir.

“¿Listo, Juan?”

“Recontra listo, Padre”.

El vehículo emprende la marcha.

“Gracias por llevarme”, se adelanta el muchacho.

“Cuando quieras”, sonríe el cura posando su mano en el paquete aún blandito del ex soldado.

Tras veinte minutos de viaje, la camioneta de la parroquia llega hasta la parcela de Julio, quien los recibe muy contento. Les hace un recorrido por toda la propiedad. Pasan por el noque revestido que refulge con la luz del sol.

“Perfecto para encuerarse y darse un chapuzón”, comenta el Padre.

“¿Sí se baña calato en el campo?”, sonríe Julio.

“Que te cuente Juan”, guiña un ojo Alberto.

“Si fuese noche de verano, sí podríamos; ahorita de día, a veces los vecinos… usted sabe”.

“en Artesanos hay una parte de la quebrada que está bien caleta”, interviene Juan. “Ahí siempre nos bañamos calatos y nadie jode”.

“A mí no me jode bañarme calato”, aclara Julio, “es más, si les contara lo que pasaba en los camerinos y hoteles cuando íbamos a jugar fútbol, al Padre le da un infarto”.

“Si vas a decirme que hacían orgías, ya estoy curado del susto”, ríe Alberto.

“¿Incluso si le digo orgías entre patas?”, reta Julio, también sonriendo.

A Juan, la conversación ya le puso el pene más que duro… y la pantaloneta no lo disimula.

“No me escandaliza en absoluto que dos o más hombres tengan sexo”, replica el cura.

Julio sonríe y se comienza a sobar la bragueta ya sin roche: “estoy bien al palo”.

“También la tengo bien parada”, confirma Alberto sin hacer más gestos.

Ya sin roche, los tres van a la casa, entran al dormitorio principal, se quitan toda la ropa y arrodillados en la cama, comienzan a besarse en la boca al mismo tiempo que se acarician la espalda y los redondos culos (en especial el del Padre) mientras sus largos y gruesos penes erectos se rozan y humedecen gracias al líquido pre-seminal que fluye del falo del cura.

El Padre Alberto los hace ponerse de pie y comienza a chuparles la verga alternadamente mientras les acaricia las nalgas. Julio y Juan siguen besándose en la boca.

“Cógeme, Juan”, pide el cura.

Mientras Alberto se pone en cuatro patas, el ex soldado se arrodilla y se inclina a palmearle los glúteos, masajearlos, abrirlos y hundir su cara en medio de tan generoso trasero.

“Ven para seguírtela mamando”, le indica a Julio mientras tanto, y él acata ofreciendo sus jugosos 18 centímetros poniéndolos en la boca del religioso quien la succiona de inmediato.

Mientras tanto, Juan se incorpora otra vez, separa las grandes nalgas de Alberto con sus manos y comienza a meter su verga de 17 centímetros poco a poco hasta que puede pegar sus bolas  al perineo del cura. Con la claridad del cuarto, ahora sí puede ver cómo su pene entra y sale de ese ano rodeado de vellos. Julio también puede ver con mucha claridad cómo su pene erecto entra y sale de la boca del Padre Alberto aunque miles de preguntas llegan a su cabeza amenazando con romper el disfrute del momento.

Tras pasar largo rato meciéndose cada cual sin cambiar de posición, Juan hace un gesto que inequívocamente anuncia que su orgasmo se aproxima. Y lo hace con un gemido más largo que todos los que dio durante el trío: eyacula dentro del ano del cura. Julio, que ha estado más distraído que otra cosa, saca su pinga de la boca del sacerdote.

“Suficiente”, dice un poco seco.

Cuando la camioneta deja la parcela ni siquiera son las 11 de la mañana. Juan termina de ponerse su ropa de faena y va al encuentro de Julio quien está revisando las palas, siempre al lado de la puerta trasera de la casa.

“Ya estoy listo”, avisa.

Julio le sonríe algo protocolar pero no entusiasta como al inicio.

“¿Puedes decirme algo, Juan, y hablarme con la verdad?”

“Claro, don Julio. Mande usted”.

“¿Tú… es la primera vez que cachas con ese cura?”

Juan se queda frío ante la pregunta a quemarropa, pero entiende que es palabra comprometida, así que se toma solo unos segundos.

“No, señor. No es la primera vez”.

“¿Y siempre cachas sin forro?”

“Yo estoy sano, señor”.

“¿Y crees que ese cura solo cacha contigo?Dicen los rumores que cacha con otros chicos de su grupo de la parroquia”.

Juan traga ssaliva:

“Yo no sé si el Padre cacha con otros chicos de la parroquia, señor, pero conmigo ésta ha sido la segunda vez en toda mi vida”.

“¿Y no tienes miedo del SIDA, esas enfermedades? Deberías cachar con forro”.

Juan baja la cabeza y se sonroja.

“Ah… Juan, algo más… ¿también has cachado con… con mi hijo?”

Juan levanta la cabeza, se llena de fortaleza como le enseñaron en el servicio militar:

“Sí, señor. Una sola vez en mi vida, pero… sí… señor”.

“¿Y cachaste con alguien más de ese grupo parroquial?”

“La verdad, señor, solo con uno, pero… mucho antes de estar en AS”.

“Ya me imagino con quién cachaste… Mira, Juan, me tranquiliza que mi hijo y ese cura te respalden y el empleo ya es tuyo pero… ahora que también sabes de qué pie cojeo, así estés bien arrecho, ni una palabra a mi hijo… ni a nadie. ¿Quedamos?”

“Quedamos, señor”, asegura Juan. 

Y para terminar, te dejamos con un video porno.

viernes, 11 de marzo de 2022

La hermandad de la luna 9.4

Christian llega hasta la plaza principal de Santa Cruz y se estaciona cerca de la comisaría. Al alcanzar la puerta se queda de una pieza, pero se repone casi instantáneamente.

“Pablito, dichosos los ojos que te ven”.

El guardia intenta conservar la serenidad, casi sin éxito:

“Buenos días, licenciado. ¿Cómo le puedo ayudar?”

“Venía a ver al inútil de tu jefe, pero creo que tú me serás más eficaz. ¿A qué hora termina tu turno?”

“Mediodía, licenciado”.

“Búscame en Collique; sabes de sobra dónde vivo”.

“Tengo que regresar a las cuatro, licenciado”.

“Vas a tener tiempo de sobra, suboficial Chira; además, yo invito el almuerzo y el postre… o al revés”. Christian guiña un ojo.

“Yo lo llamo, licenciado”, responde el aturdido policía.

“Ni se te ocurra fallarme”.

Christian regresa a la camioneta. Apenas abre la puerta, una llamada entra a su celular.

“Buenos días, Nava. Dígame”.

“¿Por dónde estás, Esteves?”

“Pues… aquí, en Collique haciendo unas diligencias. ¿quiere verme?”

“Ya te estoy viendo, Esteves, y solo tengo algo que decirte: aléjate de donde estás porque si la cagas, olvídate de nuestro convenio”.

Nava le corta la llamada y Christian se pone a ver a todos lados, especialmente a la puerta de la comisaría: Chira parece mirar y tocar algo en su celular.

Mira un video aquí. 

Bordeando el mediodía, el abogado llega al departamento que pertenecía a Manolo en el sector sur de Collique, va al escritorio y revuelve papeles; luego abre un estante donde hay más de ellos. Revisa algunas carpetas hasta que se topa con una de color lila. La abre y su rostro se ilumina psicóticamente.

“No, Nava, el que te va a cagar soy yo”, maldice.

Toma su celular y busca un contacto; lo llama.

“Doctor Esteves, ¿qué pasó?”

“Juan, necesito verte urgente: necesito tu ayuda”.

“ehhh… Estoy en una diligencia ahora mismo”.

“Juancho, no te niegues, por favor”.

“Perdone, doctor Esteves, le llamo luego”.

Juan le corta la llamada.

“¡Maldito hijo de puta!”, se enfurece el abogado.

Su celular vuelve a sonar.

“Ya estoy libre, licenciado; me baño, cambio y vo…”

“No te molestes en venir, traidor de mierda. ¡No te molestes en venir, carajo!”

Christian corta la llamada. Lo rellaman, pero él no responde. Piensa, y piensa mucho. Toma su celular y busca a otro contacto.

“¡Chris de mi vida! ¿Cómo estás, amigo?”

“Bien, Saulito”, disimula. “¿Qué haces, amigo?”

“Nada, amiguis”.

“Ah, qué bueno, porque quería proponerte algo, Saulito”.

“Mmmm… ¿Qué será?”

Mira otro video aquí. 

En la finca, los tres peones tratan de relajarse trabajando entre los limoneros.

“está echando más flor tu tamarindo, primo”, comenta Adán.

“Bien raro porque está haciendo frío”, observa Tito.

Frank sonríe solamente, cuando el radio de los tres suena.

“Sobrino, la señora Elga te necesita urgente; con La Estirpe, vamos donde Yup”.

“No son buenas noticias”, comenta Tito. “Bueno, para Frank sí”.

“Para algunos no serán buenas noticias”, añade Adán.

Frank llega hasta el despacho e ingresa.

“¿Mandaste llamarme?”

Elga luce algo sombría:

“¿A qué hora sales hoy?”

“Apenas termine de almorzar, antes de las dos”.

“¿¿qué tal es la comida en Santa Cruz?”

“Más o menos. ¿Por qué?””

“Quiero que me lleves a almorzar fuera”.

Frank piensa que elga se acaba de volver loca.

Tito y Adán llegan hasta los algarrobos junto a la laguna y comienzan a desvestirse.

“Parece que serán los últimos ritos”, dice el primero.

Adán prefiere no confundir más a su primo con la propia confusión que no le permite ver nada claro en su mente. Entonces, Carlos llega con una mochila vieja.

“¿Y la que te regaló Manolo?”, le pregunta Tito, ya desnudo.

“La lavé y todavía no se seca”, sonríe el capataz mientras comienza a quitarse la ropa.

Una vez frente a la laguna, los tres varones se inclinan respetuosamente hasta que sus frentes tocan el césped que rodea la fuente.

“Senos propicia, Yup”, ora Carlos.

Los tres se ponen de pie. El capataz se calza su especie de mitra en forma de media luna, mientras Adán y Tito se colocan sus cascos. Carlos les unta resina aromática de palo santo, a la vez que ambos se toman de las manos y piden mentalmente que el ritual atraiga algo de buena suerte a sus vidas y al lugar por el que han trabajado por más de una década.

“Ahora”, indica Carlos.

Tito y Adán se ponen en guardia, se rodean; al mismo tiempo ambos se asaltan y comienza la lucha cuerpo a cuerpo. Cruzan sus brazos, juntan sus pechos, se apoyan tensando todos los músculos de sus piernas y traseros. Rugen tratando de derrotarse pero el combate está muy parejo. Por momentos, sus penes flácidos se rozan. Entonces, Tito logra que Adán pierda el equilibrio y logra hacerlo caer de espaldas sobre el césped; se acuesta encima tratando de someterlo, peroAdán consigue abrir sus piernas e intenta una llave que le permite rodar y ponerse sobre su primo. Se sienta en su pene y le inmoviliza los brazos con sus manos; comienza a mover sus posaderas, logrando que Tito erecte. Éste abre sus piernas también y vuelve a poner a Adán bajo su cuerpo para continuar frotando su miembro contra el del otro hombre, inmovilizándolo. Poco a poco, el pene de Tito va ingresando en el ano de Adán. LA cópula ritual comienza. Pasados varios minutos, el gladiador ruge.

“Las di”, anuncia entre jadeos. Es cuando Adán comienza a masturbarse hasta disparar su semen sobre su bien trabajado vientre. Entonces, Carlos se arrodilla dejando la cabeza de Adán entre sus piernas y también se masturba hasta eyacular. Como ai apaec mira las ráfagas blancas sobre el torso del guerrero vencido.

“Mucho poder en camino como un río fuera de control en verano”, pronostica.

Tras el baño ritual en la laguna, Carlos llega a la casa grande: Frank está calentando la motocicleta en el patio principal y Elga baja las escaleras con una mochila llena.

“Organiza los tiempos para que los chicos no se recarguen de trabajo”, instruye la mujer.

Carlos asiente.

“No sé qué harás, pero ten muchísimo cuidado”.

Elga no le responde; solo se le acerca y le da un beso cariñoso en la mejilla. Se va.

“Shi te bendiga”, el capataz dice cuando ella está ausente.