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sábado, 20 de agosto de 2022

ASS (42):: Qué rico culo tiene el novicio

Santos busca el baño y de pronto se le cae la toalla, quedando totalmente desnudo frente a David y, especialmente, Alberto.



“Bienvenido”, dice Alberto, abriendo una puerta.

Santos ingresa y por un momento olvida que la sensación térmica es mayor a la que sentía en Lima: la cama arreglada, la pintura nueva, el resplandor de la tarde entrando, el letrero de bienvenida bajo el crucifijo colgado en la pared.

“Gracias”, susurra emocionado.

De reojo, Alberto baja la mirada hacia el culo bien formado del novicio. Se pregunta si el Padre Provincial lo mandó como prueba o como aliado.

“Desempaca y ponte cómodo: ya vamos a almorzar”, avisa el cura.

Santos sonríe, cierra la puerta. Alberto se queda salivando y al girar se encuentra de pechito con David, quien lo agarra de su musculoso brazo y lo jala hacia la sala de la casa parroquial.

“Santos es uno de los mejores pibes que tiene el noviciado, che: solo te pido que lo mantengas alejado de esos chicos del gym porque tú y yo sabemos que no son buena influencia”.

“Mira, David, yo no moveré un dedo ni por acercarlo ni por alejarlo; asumo que el Padre Provincial ya lo mandó con una agenda, así que… se haga su voluntad y no la mía”.

“No le he dicho nada al Padre Provincial de lo que pasa realmente en ese gimnasio… tú me tenés en tus manos, yo te ttengo en las mías… pero Santos está limpio, así que llevemos la fiesta en paz, ¿entendés?”.

“La paz será con nosotros, Padre David”.

Alberto se acerca a David y le da un abrazo hipócrita. Al fondo, Santos sale con una toalla anudada a la cintura avanzando por el pasadizo.

“Perdonen, dónde está exactamente el baño”.

Alberto y David le indican con el dedo. Santos sonríe agradecido y al girar sucede lo inesperado: la toalla se desata y cae al suelo. El culo velludo y bien formado del novicio queda frente a los dos consagrados.

Alberto siente cómo su verga se pone dura dentro de su pantalón y comienza a mojarle el bóxer.

Durante la tarde, el párroco está arreglando su dormitorio cuando tocan a su puerta: es Santos. Alberto lo hace pasar.

“Padre, me contaron en Lima que usted tiene un proyecto muy interesante con jóvenes de San Sebastián… los ases”.

Alberto mira al chico vestido solo en una camiseta manga cero, unos shorts de tela sintética y sandalias. Su escultural cuerpo es escandalosamente evidente, un modelo digno de fresco rrenacentista. Perfecto.

“As. Es correcto, Santos. ¿te interesa el proyecto?”

“A decir verdad… me gustaría entrenar en ese gimnasio, pero… no sé si por ser novicio…?

Alberto sonríe: “No, para nada, Santos. Puedes entrenar cuando quieras según tus horarios. Y… por lo visto, entrenas mucho y bien”.

El chico se sonroja un poco: “Siempre me gustó la musculación, desde que era un chaval de 14 o 15 años… Ya llevo 8 años en entreno”.

“Pues, yo igual, desde que era un chavo de esa edad. Ya voy a cumplir 20 años dándole a las pesas y las barras”.

“¿tanto? Usted luce muy joven. Bueno. Sí me había dado cuenta que usted es bien cachas, ¿no? Pero yo pensé que usted era más joven”.

“Tú también luces joven”, ssonríe Alberto.

es obvio que ambos están más relajados ahora.

“¿Y cómo evalúa mi físico, Padre?”, al fin lanza Santos.

Alberto para en seco: ¿es una pregunta inocente, es una trampa del Padre Provincial o es la puerta a algo más?

“Yo te veo bien”, responde procurando seguridad.

“Así, a ojo de buen cubero?”.

Alberto sonríe de nuevo, camina hacia Santos y se para a pocos centímetros de sus ojos verdes.

“Hablemos con franqueza: ¿qué sabes de mí, qué esperas que haga yo, qué te dijeron que debías lograr?”

Santos se sorprende y traga saliva: ”No-no entiendo, padre… ¿Insinúa que yo vine a tenderle una celada o algo así?”

“No insinúo, Santos. Me encuero ahora mismo si no es verdad”.

“Pues, ha de quedarse en pelotas”, sonríe Santos, “porque yo no soy un complotador ni nada por el estilo. Es más…”

Sin que se lo pidan, el novicio se quita la Camiseta manga cero y el short. Queda totalmente desnudo. Alberto nuevamente se queda sorprendido: su verga vuelve a ponerse erecta bajo su bermuda.

“Noté que me deseabas con tu mirada cuando se me cayó la toalla, Padre”. Entonces, Santos, sin permiso alguno, agarra el paquete de Alberto. “Este empalmamiento confirma mis sospechas”.

“¿Cuáles?”

“Que te gusta follar… igual que a mí”.

Como si se tratara de una devoción, Santos se arrodilla sin soltar el paquete duro de Alberto, le baja el short (el Padre tampoco viste ropa interior) y con el pene duro y lubricando frente a sus labios, lo siguiente será sentir cómo la boca húmeda y caliente del novicio se traga el ssable.

“Así, Santitos, mámate mi verga… hasta adentro, mámala toda”.

Alberto termina de quedarse desnudo. Lo siguiente será poner en cuatro patas a Santos sobre su cama, abrir sus nalgas velludas, y tras besarlas, saborear ese hermoso ano rosado y cerradito.

“Fóllame, Padre. Méteme tu polla”.

Sin perder la pose, Alberto aprovecha la lubricación natural de su pene para ir metiendo poco a poco su masculinidad en ese glorioso hoyo. A santos le gusta. ¿es pecado la sodomía cuando dos varones consienten usarla como camino a la felicidad y el placer? A la mierda lo que piense el resto: esto sí es vida.

“Me vengo, me vengo”, anuncia Alberto.

“Córrete dentro de mi culo, Padre”.

Alberto, efectivamente, preña a Santos. Cierra los ojos. Se siente extrañadamente rendido y cae sobre la cama. Entonces unos toques en la puerta lo ponen en alerta mientras termina de jadear. Abre los ojos. ¿Dónde está Santos? Se mira a sí mismo. Sigue desnudo tendido sobre su cama y con su pene erecto y lubricando. Siguen los toques. Se levanta, busca una toalla, se cubre la erección, abre la puerta.

 Es Ssantos, quien se queda sorprendido al ver al párroco totalmente desnudo, cubriéndose el pene erecto con la toalla:

“Di-dice el Padre David que dónde dejó la casulla para la eucaristía de hoy”.

Y para terminar,te dejamos con un video porno gay.


domingo, 26 de junio de 2022

ASS (34): ¿Cuántas veces Alejo dio el culo, realmente?

Ser pasivo no significa que dejes de hacer un buen beso negro.


 

Ese sábado de mañana en San Sebastián, Pedro está descalzo y subido sobre una cama sin tender colocando un letrero de bienvenida en el cuarto vacío de la casa parroquial, mientras el Padre Alberto le mira las firmes nalgas desde atrás. El sacerdote no resiste la tentación de sobarse la bragueta, cuando se escucha llegar una moto.

“¿¿Qué tal se ve, Padre?”

“Delicioso como siempre, querido Pedro”.

“Me refiero al letrero, no a mi trasero”.

“Igual yo. Tú tienes mejor gusto para el diseño de interiores y… tu culo está delicioso”.

En ese momento entra Paco cargando una gran bolsa, y detrás de él, el musculoso Alejo; ambos visten polos manga cero, shorts y zapatillas. Justo suena un celular y Pedro saca el suyo; lo contesta. Paco entrega la bolsa al Padre.

“Compré dos juegos de sábanas, por si acaso, y una colcha. Hacen juego con el color del cuarto”.

“Gracias, Paquito. Perfecto. Que Pedro termine de hablar para hacer la cama”.

Alejo hace una seña al cura y lo llama fuera del cuarto. Pedro cuelga y paco le muestra  la bolsa.

“Excelente”, dice el muchacho mientras la abre y saca las telas. “El color está lindo”.

“Gracias. Qué bueno te haya gustado”. Paco carraspea un poco: “Pedro, sobre el tema de Edú…”

“Ya olvídalo. Tú no tienes culpa alguna. Los dos querían tener sexo, son adultos, son libres. Como te dije, solo no la hagas más larga”.

“Claro. Lo único largo debe ser su pene”, ríe Paco. “Y a todo esto, ¿dónde está?”

El Padre entra nuevamente:

“¿Necesitamos algún otro encargo? Alejo usará la moto, así que aprovechemos”.

“No, ya terminé”, informa Pedro mostrando la cama tendida. “Tengo que ir urgente a la parcela”.

Alejo ingresa también: “Puedo jalarte si deseas”.

Pedro sonríe y sale despidiéndose de Paco y el Padre.

“Ha quedado lindo elcuarto para el novicio… ¿cómo se llama?”

“Ni idea, Paquito. Solo sé que desde mañana a mediodía debo portarme como un cura decente”.

“Pero usted es un cura decente, Padre. Es como… un super cura”.

“¿Como Superman?”, sonríe Alberto flexionando sus brazos bien formados.

“¿Vio? Hasta tiene el cuerpo de Superman”.

“¿Tú crees? ¿Acaso me has visto desnudo alguna vez?”

“No, Padre, pero… ¿es malo si lo veo… desnudo?”

Alberto sonríe, cierra la puerta con seguro, se pone frente a Paco y se quita toda la ropa. Paco suda ffrío viendo los músculos del sacerdote, sin saber dónde posar su vista: si en ese torso de escultura, esas piernas de futbolista, o esa pinga que cuelga sobre unos generosos huevos. ¿Podría ser sobre la sonrisa pendeja del cura quien se le aproxima, lo abraza, lo mira fijamente a los ojos y le da un beso profundo?

El Padre quita el polo y el short a Paco. Debajo viste un suspensor. El cura gira al laico y le comienza a sobar la estrecha espalda y las lampiñas y firmes-pero-sexys nalgas. Poco después, lo pone de cuatro patas sobre la cama para abrirle el culo y comenzarlo a sopear. Paco surca entre la excitación y la incredulidad. De inmediato, Alberto le quita el suspensor.

A continuación, con el cura acostado sobre la cobija, ambos practican un 69. El Padre sigue chupándole el ano y masturbando suavemente la pinga de 14 centímetros mientras Paco chupa la vergota de 18 centímetros que no deja de manar líquido preseminal. También alterna succionando cada testículo e incursiona un poco más abajo hasta que su lengua estimula el velludo hoyo anal.

Lo siguiente será cachar a Paco en posición de perrito. La pinga de Alberto entra y sale de ese glorioso culo. El pasivo goza como loco. El activo ni se diga. Como broche final, la posición favorita de ambos: un piernas al hombro mezclado con un misionero, lo que da oportunidad a que ambos se besen en la boca y se acaricien por donde la mano alcance, y la mano de Alberto travesea sin cesar el pene de su amante.

“Las voy a dar, Padre”.

“Acabemos juntos. ¿Dónde quieres mi leche?”

“Dentro de mi ano, Padre. Hágame suyo”.

Paco se comienza a agitar, jadea y se queja más profundo. Alberto aumenta la velocidad de su bombeo. El semen de Paco comienza a dispararse sin control sobre su vientre y su pecho. Alberto sigue cimbrándose más fuerte excitándose con el rostro de su feligrés que combina dolor y placer hasta que eyacula en las entrañas del muchacho. El cura saca su pinga aún dura y se acuesta encima. Los dos varones se besan de nuevo en la boca.

Fuera de la ciudad, pero no tan lejos, Pedro y alejo llegan a la parcela. Aunque su jean pareció disimularlo bien, durante todo el camino el primero ha pegado su bulto erecto contra las dos firmes y grandes nalgas del conductor. Ambos entran. Juan los ve llegar juntos y se sorprende. Pedro le paga la semana, como su padre se lo encargó por teléfono.

“Te jalo a Artesanos, Juan”, ofrece Alejo.

“Primero me  baño”.

Mientras Juan se asea, Alejo y Pedro lo esperan recostados en la cama del cuarto principal.

“Quisiera cachar aquí contigo pero tengo que guardar leche pa’ más tarde”.

“¿El Padre sabe que están haciendo esa pela porno?”

“Tranquilo, Pedrito. No cagaremos al Padre”.

Alejo toma la mano de Pedro y se la mete dentro del short haciéndolo acariciar su bulto aprisionado por un bóxer.

“Se supone que no quieres cachar conmigo, Ale”.

“Pero me la puedes chupar al toque mientras Juan se baña”.

Alejo se saca el pene semierecto y se lo comienza a magrear. Pedro lo duda pero… ¿cuántas veces se puede disfrutar ese pene de 18 centímetros? Pedro se incorpora un poco y lleva su boca hasta el falo aún blando de su amigo y comienza a succionarlo. No pasa mucho tiempo en que ya lo pone duro, lubricado y muy húmedo debido a la saliva.

En lo mejor de la mamada, Alejo mira hacia la puerta y descubre que Juan está allí desnudo y sobándose su pija de 17 centímetros, ya erecta. Alejo sonríe, le hace una seña y Juan se acerca a la cama, deja la toalla a un lado, se aproxima a Pedro y comienza a sacarle el pantalón.

Alejo y Pedro se quedan por fin desnudos. Eso facilita a Juan separar las nalgas del segundo y disfrutar mamándole el culo mientras éste  ha comenzado a lamer las bolas a Alejo. Juzgando que ese ano ya está dilatado, Juan se incorpora y comienza a introducir su falo muy despacio.

Aprovechando que Pedro continúa estimulando sus bolas, Alejo se deja llevar y levanta sus musculosas piernas con cuidado. Pedro parece entender el mensaje y comienza a bajar por el perineo hasta topar con su lengua el ano de su amigo. La sensación que el musculoso experimenta le relaja el pene pero le genera una increíble excitación desde su gran culo. Juan, al ver la escena, se arrecha demasiado y termina preñando el ano de Pedro.

Una hora después, a las 11, Alejo y Juan están a punto de llegar a Artesanos.

“Pensé que te habías vuelto solo activo”.

“Si te refieres a lo que pasó esa vez…”

“No, alejo, le diste el culo a Pedro”.

“Solo me chupó el culo… ni loco me la dejo meter otra…”

Alejo calla. Juan tampoco insiste, aunque su pene se puso duro de nuevo. La motocicleta está a punto de llegar a su destino.

        Y para finalizar,te dejamos un video porno gay. 

domingo, 22 de mayo de 2022

ASS (29): El nuevo peón promete silencio

Juan consigue trabajo en la parcela de Julio, y su bienvenida incluye un trío con el Padre Alberto.

 


Una diligencia ha llevado al Padre Alberto muy temprano, la mañana de ese jueves, hacia Artesanos, donde había celebrado un matrimonio hace dos fines de semana. Al terminar, pasa por la casa de Juan, quien sale vestido con un polo de camuflaje, recuerdo de su paso por el servicio militar, una pantaloneta deportiva y zapatillas. el sacerdote no puede evitar solazarse con la esbeltez marcial del muchacho quien, además, lleva una mochila al hombro. Le abre la puerta de la camioneta y lo invita a subir.

“¿Listo, Juan?”

“Recontra listo, Padre”.

El vehículo emprende la marcha.

“Gracias por llevarme”, se adelanta el muchacho.

“Cuando quieras”, sonríe el cura posando su mano en el paquete aún blandito del ex soldado.

Tras veinte minutos de viaje, la camioneta de la parroquia llega hasta la parcela de Julio, quien los recibe muy contento. Les hace un recorrido por toda la propiedad. Pasan por el noque revestido que refulge con la luz del sol.

“Perfecto para encuerarse y darse un chapuzón”, comenta el Padre.

“¿Sí se baña calato en el campo?”, sonríe Julio.

“Que te cuente Juan”, guiña un ojo Alberto.

“Si fuese noche de verano, sí podríamos; ahorita de día, a veces los vecinos… usted sabe”.

“en Artesanos hay una parte de la quebrada que está bien caleta”, interviene Juan. “Ahí siempre nos bañamos calatos y nadie jode”.

“A mí no me jode bañarme calato”, aclara Julio, “es más, si les contara lo que pasaba en los camerinos y hoteles cuando íbamos a jugar fútbol, al Padre le da un infarto”.

“Si vas a decirme que hacían orgías, ya estoy curado del susto”, ríe Alberto.

“¿Incluso si le digo orgías entre patas?”, reta Julio, también sonriendo.

A Juan, la conversación ya le puso el pene más que duro… y la pantaloneta no lo disimula.

“No me escandaliza en absoluto que dos o más hombres tengan sexo”, replica el cura.

Julio sonríe y se comienza a sobar la bragueta ya sin roche: “estoy bien al palo”.

“También la tengo bien parada”, confirma Alberto sin hacer más gestos.

Ya sin roche, los tres van a la casa, entran al dormitorio principal, se quitan toda la ropa y arrodillados en la cama, comienzan a besarse en la boca al mismo tiempo que se acarician la espalda y los redondos culos (en especial el del Padre) mientras sus largos y gruesos penes erectos se rozan y humedecen gracias al líquido pre-seminal que fluye del falo del cura.

El Padre Alberto los hace ponerse de pie y comienza a chuparles la verga alternadamente mientras les acaricia las nalgas. Julio y Juan siguen besándose en la boca.

“Cógeme, Juan”, pide el cura.

Mientras Alberto se pone en cuatro patas, el ex soldado se arrodilla y se inclina a palmearle los glúteos, masajearlos, abrirlos y hundir su cara en medio de tan generoso trasero.

“Ven para seguírtela mamando”, le indica a Julio mientras tanto, y él acata ofreciendo sus jugosos 18 centímetros poniéndolos en la boca del religioso quien la succiona de inmediato.

Mientras tanto, Juan se incorpora otra vez, separa las grandes nalgas de Alberto con sus manos y comienza a meter su verga de 17 centímetros poco a poco hasta que puede pegar sus bolas  al perineo del cura. Con la claridad del cuarto, ahora sí puede ver cómo su pene entra y sale de ese ano rodeado de vellos. Julio también puede ver con mucha claridad cómo su pene erecto entra y sale de la boca del Padre Alberto aunque miles de preguntas llegan a su cabeza amenazando con romper el disfrute del momento.

Tras pasar largo rato meciéndose cada cual sin cambiar de posición, Juan hace un gesto que inequívocamente anuncia que su orgasmo se aproxima. Y lo hace con un gemido más largo que todos los que dio durante el trío: eyacula dentro del ano del cura. Julio, que ha estado más distraído que otra cosa, saca su pinga de la boca del sacerdote.

“Suficiente”, dice un poco seco.

Cuando la camioneta deja la parcela ni siquiera son las 11 de la mañana. Juan termina de ponerse su ropa de faena y va al encuentro de Julio quien está revisando las palas, siempre al lado de la puerta trasera de la casa.

“Ya estoy listo”, avisa.

Julio le sonríe algo protocolar pero no entusiasta como al inicio.

“¿Puedes decirme algo, Juan, y hablarme con la verdad?”

“Claro, don Julio. Mande usted”.

“¿Tú… es la primera vez que cachas con ese cura?”

Juan se queda frío ante la pregunta a quemarropa, pero entiende que es palabra comprometida, así que se toma solo unos segundos.

“No, señor. No es la primera vez”.

“¿Y siempre cachas sin forro?”

“Yo estoy sano, señor”.

“¿Y crees que ese cura solo cacha contigo?Dicen los rumores que cacha con otros chicos de su grupo de la parroquia”.

Juan traga ssaliva:

“Yo no sé si el Padre cacha con otros chicos de la parroquia, señor, pero conmigo ésta ha sido la segunda vez en toda mi vida”.

“¿Y no tienes miedo del SIDA, esas enfermedades? Deberías cachar con forro”.

Juan baja la cabeza y se sonroja.

“Ah… Juan, algo más… ¿también has cachado con… con mi hijo?”

Juan levanta la cabeza, se llena de fortaleza como le enseñaron en el servicio militar:

“Sí, señor. Una sola vez en mi vida, pero… sí… señor”.

“¿Y cachaste con alguien más de ese grupo parroquial?”

“La verdad, señor, solo con uno, pero… mucho antes de estar en AS”.

“Ya me imagino con quién cachaste… Mira, Juan, me tranquiliza que mi hijo y ese cura te respalden y el empleo ya es tuyo pero… ahora que también sabes de qué pie cojeo, así estés bien arrecho, ni una palabra a mi hijo… ni a nadie. ¿Quedamos?”

“Quedamos, señor”, asegura Juan. 

Y para terminar, te dejamos con un video porno.

domingo, 24 de abril de 2022

ASS (26): El verdadero secreto sexual del cura

Padre Alberto cacha de lo mejor con Miguel cuando recibe una noticia que podría joder sus planes.

 


Nada mejor para el Padre Alberto que terminar un domingo junto a Miguel, desnudándose mientras se besan en el dormitorio del AS. Ambos se echan sobre la cama, uno encima del otro.

“Entonces no te dio pena coger con Alejo frente a una cámara”, concluye el sacerdote.

“Si aún viviera en mi casa, creo que sí tendría un poco de roche; pero ya sabes que a ellos les importé una mierda”.

“Ya, cuate. ¿Hasta cuándo vas a seguirles teniendo ese resentimiento?”

Alberto besa otra vez en la boca a Miguel.

“ojalá a la gente le guste mi culo velludo”, comenta el artista.

“?Por qué no les podría gustar? Yo ya lo estaba extrañando… igual que tu verga”.

Ambos se dan un nuevo beso; entonces Miguel se incorpora un poco, gira respecto a la posición de Alberto y le coloca su pene en la boca mientras él se agacha a chupar el del cura.

La pose del 69 es perfecta no solo para que ambos se mamen mutuamente sus pingas, también para que se succionen sus bolas y, aprovechando la flexibilidad de ambos, a que se abran sus nalgas por igual y se practiquen el beso negro al mismo tiempo. Los penes erectos descansan cada  uno sobre la hendidura entre los pectorales del otro.

Giran sobre la cama. Ahora que el Padre Alberto está encima, aprovecha para incorporarse, avanzar hasta el culo velludo de Miguel, levantárselo más, golpear su pinga dura sobre el propio agujero y, en cuclillas, irla metiendo poco a poco. Miguel, desde su ángulo, puede ver las dos grandes nalgas del cura bien abiertas, el agujero del ano rodeado por una matita de vellos, cómo un pene grueso de 18 centímetros taladra sus entrañas, y cómo su cachero, para tener más estabilidad, se apoya en la cabecera de la cama y comienza a bombearlo. Él comienza a pajearse.

“Qué rico la metes, Betito”.

“¿Te gusta cómo te cojo, morrito?”

“Me encanta”, susurra Miguel.

Alberto saca su pene, gira, se pone ssaliva en todo el ojete y toma el falo erecto de Miguel, lo calibra y se sienta sobre él engulléndolo con su recto. Cuando lo consigue, comienza a rebotar mientras el otro chico mueve también su cadera. Ahora es el sacerdote quien se pajea.

“Dame verga, así, rico”.

“Adoro ese culazo que tienes”.

Alberto se vuelve a zafar, hace que Miguel gire sobre sí mismo y luego lo pone en cuatro patas. Vuelve a meter su pinga y no se ahorra el chasquido de su ingle al chocar con esos velludos glúteos. Luego le cede el turno a Miguel quien la tiene fácil porque las nalgas del cura son lampiñas y suenan más.

Como el Padre sabe que Miguel no dura mucho, repite el 69, pero ambos de costado sobre la cama. Cada uno toma el glande del pene del otro y lo asegura bien en su boca mientras masajea el resto del miembro. Alberto es el primero en saborear el semen del chico mientras Miguel espera más tiempo hasta que lo consigue.

“¿Qué tales están mis mecos?”, cachondea Alberto renunciando a vestirse de nuevo.

“Ricos y nutritivos, y hasta deben venir benditos”, ríe Miguel.

“Ven acá, pendejo”. El cura atrae su cabeza a la del más joven y lo vuelve a besar en la boca. Justo entonces suena el celular del cura. Se levanta de la cama, mira la pantalla y hace un gesto de silencio a Miguel.

“Bueno, ¡Padre Provincial?”

“Padre Alberto”, le responde otro hombre por el aparato. “Te estuve llamando a la casa parroquial pero nada”.

“Ehh… estaba… duchándome, Padre Provincial. ¿En qué puedo servir?”

“Pues, te llamo para informarte que el próximo domingo, junto con el Padre David, estoy enviando a un novicio para que te ayude en tu apostolado”.

Alberto se queda frío:

“¿Qué… dice… Padre Provincial?”

A la mañana siguiente, el sacerdote se trata de tranquilizar con un whisky en el minidepartamento que Flavio alquila cerca del Puente Cáceres, en Castilla. El modelo viste una pijama de franela y babuchas, se sienta al costado y pone su gruesa mano en el ancho muslo del visitante.

“¿En serio crees que lo hacen para joderte, Beto?”

“Me las ingenié para que por dos años no me mandaran a nadie y evitar… bueno… tú sabes. Pero si viene, solo basta un error insignificante para que todo se vaya a la chingada”.

Flavio acaricia la cabeza de Alberto, se le acerca y lo besa en la boca.

“Necesitas relajarte. Vamos”.

“No sé si tenga ganas, Flavio”.

“Pero yo sí… hace semanas que no cachamos”.

Flavio vuelve a besar a Alberto en la boca. Logra que éste deje su vaso de escocés en una mesita de centro y sin mucho esfuerzo se lo lleva al dormitorio. Allí, ambos se siguen besando y desnudando por completo hasta acostarse en la cama. El modelo se queda bajo el sacerdote, abierto de piernas, rozando su pene cabezón erecto contra el largo falo del visitante. Flavio abre más sus piernas hasta levantarlas y hacer que el pene de Alberto resbale hasta la propia entrada de su ano.

“Me encanta cómo lubrican Alejo y tú, pero más me encanta cómo me cachan”.

“Lástima que ese recluta no está aquí, ¿no?”

“No importa, Beto. Alejo y tú son solo el inicio”.

Mientras ambos se besan en la boca, el pene de Alberto va ingresando dentro del ano de Flavio hasta que los testículos del sacerdote chocan contra las nalgas del modelo. Ambos comienzan a moverse y el placer comienza a elevarse. Definitivamente, el culo de Flavio es insaciable. Tiempo después, Alberto cacha al modelo en perrito. Ambos gimen y jadean fuerte, sin miedo. Estando en el último piso del edificio, nadie los escucha.

Luego Alberto se acuesta a lo ancho de la cama. Flavio se sienta encima de su pinga, dándole la espalda, se la mete por el culo y comienza a rebotar. Entonces, el celular del muchacho suena: él reconoce el tono.

“Ya llegó”, se detiene, se saca el pene erecto con mucho cuidado, se limpia la raja del culo con un pedazo de papel higiénico, se pone su pijama y sus babuchas.

Alberto se queda calato sobre la cama dudando si vestirse o no. Mejor opta por quedarse así, en pelotas. Cinco minutos después, escucha que se abre la puerta y que dos personas entran conversando. Luego un poco de silencio, algo que parecen ser unos besos y luego unos pasos que se aproximan.

“Qué hubo, Beto”, escucha en la puerta.

Al voltear la cara, Enrique entra luciendo su glorioso cuerpo musculoso al desnudo…

Y para terminar,te dejamos con una porno. 

domingo, 6 de febrero de 2022

ASS (14): "¿te tomo todas tus medidas?"

Edú llega a entrenar al gym; seduce a Alejo y es cachado por Miguel.

 


A las cinco y cuarto de la tarde de ese lunes, tres toques de timbre suenan en el gimnasio AS. Alejo, quien ha llegado con las justas a cubrir el turno poco más de tres horas antes verifica su lista de reservas y no tiene a nadie programado, pero la contraseña es la contraseña. En el patio bajo techo ya hay cinco personas entrenando.

“Hola”.

Alejo se sorprende al ver a un chico delgado formado, guapo, en bibidí, short, medias y zapatillas.

“Soy Eduardo… edú. ¿Tú eres  Alejo? Vivo en casa de Pedro”.

“Ah”, reacciona el otro mancebo musculoso, también guapo, cabello rizado, quien rápidamente entiende que es el nuevo chico llegado a San Sebastián. Le da acceso.

“Quiero tonificar, hacer un poco de fitness”, indica Edú.

“OK”, confirma Alejo, sacando una ficha vacía de un cajón en el escritorio de la antesala y sala de calentamiento. “Igual tengo que tomarte medidas. Es control de rutina”.

“Mostro”.

Alejo saca una cinta métrica y pide a edú que entre en la habitación contigua, donde hay una camilla de masajes, una pequeña repisa cubierta y un tallímetro-báscula en una esquina.

“Quítate las zapatillas”.

“¿Me vas a pesar? Tendría que quitarme la ropa”.

“Sería lo ideal pero si tienes roche…”

“No, para nada”.

Casi de inmediato, edú se quita las zapatillas, el bibidí y el short. Debajo tiene un suspensor que solo le tapa la pinga y los huevos pero le deja sus redondas nalgas al aire. Alejo se gana el pase, traga saliva y procura respirar hondo para evitar que se le pare la verga. Justo tocan la puerta de la habitación.

“Párate en la bandeja”.

Mientras Edú se pone de pie, Alejo reconoce el toque en la puerta. La abre:

“¡Padre Alberto!”

“¿estás ocupado?”

“No. Pase”.

El sacerdote entra sudado en su ropa de entrenamiento: un enterizo alicrado que le marca toda la musculada anatomía. Obviamente, se queda viendo a Edú semidesnudo parado en el tallímetro. Se saludan.

“Venía aavisarte que el viernes tienes… Legión de María”.

“Ah”, capta Alejo. “Más bien disculpe que hoy…”

“Tranquilo. Lo hablamos más tarde”.

El cura se despide de alejo y de Edú. Al reanudar la toma de medidas, el segundo no puede contener su curiosidad:

“¿ése es el Padre Alberto?

“Sí”, sonríe Alejo. ¿Por qué?”

“ric… cuerpazo tiene”.

“¿Mejor o peor que el mío?”, sonríe Alejo nuevamente.

Edú se lo queda mirando: “Parece que iguales”, responde.

Alejo ríe despacio, y, sin pprevio aviso, se saca el bibidí y el short. Debajo solo tiene una tanga roja en la que destaca un buen bulto. Justo en ese momento suena su celular; lo busca y gira para atenderlo (dejando que edú se gane con su enorme culo):

“¿Hola…? Sí, soy yo… ¿Para cuándo…? Ya. ¿Me das cinco minutos y te devuelvo la llamada…? Chévere”.

Alejo cuelga y regresa a tomar las medidas; entonces se percata de una protuberancia en el suspensor de Edú:

“¿Se te ha parado la verga o me estás hueveando?”

Edú se deja de recatos y se quita el pedazo de tela: sus 18 centímetros están al palo. Alejo le vuelve a sonreír y lo imita: sus 18 centímetros también están al palo y lubricando.

“¿Me permites tomarte todas tus medidas?”

“Claro”, sonríe Edú. “Toditas”.

Siete minutos después, ambos salen de la salita para masajes y justo Miguel llega de la calle; se sorprende al ver a Edú quien, como si nada, monta una de las bicicletas estacionarias.

“Migue”, Alejo lo saca de su embobamiento. “Necesito que… ¡Migue!”

El otro galán recién reacciona: “¿Qué hubo?”

“Necesito que me cubras después de la misa: tengo… paciente”.

“Ah… claro.

Miguel y edú cruzan miradas por demás evidentes. Aprovechando que Alejo entra un rato al patio bajo techo, se deja de formalismos:

“Ayer pichangueamos… fuiste con el viejo de Pedro”.

“Sí, me estoy quedando en su jato”.

Miguel le da la mano y se presenta; edú lo mismo.

“¿el otro pata tiene pacientes… ¿pacientes de qué?”

“Ah…”, Miguel ensaya una respuesta. “De… masajes. Los dos damos masajes. Si deseas… puedo…”

“Claro. De aquí, terminando de entrenar”.

Miguel mira el reloj de pared y hace cálculos: no le dará el tiempo. Busca a Alejo en el salón:

“Te cubro después de la misa, pero… cúbreme durante la misa”.

“¿Y la gente?”

“Yo lo resuelvo”.

Una hora después, en la sacristía del templo, que está a espaldas del gimnasio, el Padre Alberto se sorprende de ver a Alejo en lugar de Miguel organizando la ropa y los accesorios para la misa:

“¿Y ese milagro?”

“¿Puedo confesarme, Padre Alberto?”, sonríe el muchahcho.

Al mismo tiempo, Miguel espera impaciente en el escritorio cuando suenan los tres toques de timbre. Va a abrir.

“Gracias por venir, Paco”.

“¿él aceptó?”

“Aún no, pero yo me encargo”.

Veinte minutos después, mientras en la iglesia se reza el Rosario, edú entra apenas cubierto con una toalla al cuarto de masajes donde lo espera Miguel acomodando el aceite y con la habitación ya odorizada con incienso de rosas. Solo viste un bóxer.

“Ponte cómodo”.

Edú se desnuda y se recuesta boca abajo en la camilla mientras Miguel unta sus manos en aceite y comienza a apretarle los trapecios y realizar el procedimiento a lo largo de la espalda hasta trabajar los glúteos. Deliberadamente coloca uno de sus pulgares cerca del ano. Edú está marcando mil:

“¿Se puede masajear el cóccix?”

“No, los huesos no se masajean sino los músculos”.

“¿Y… abajito del cóccix?”

“¿Quieres que te masajee ahí?”

“¿Se podrá?”

“Claro”.

Miguel masajea la raja del culo a Edú, y no evita que sus dedos toquen el propio ano.

“Ahí se siente rico”, suspira edú. “Masajea ahí”. Y el atleta se abre de piernas y levanta el culo.

“Esa quebradita está buena para masajearla con un rodillo”.

“¿Tienes uno?”

“De carne. ¿Quieres… probarlo?”

“sí”.

Miguel arrastra a Edú hasta el filo de la camilla y lo pone en ángulo recto, se baja el bóxer, y comienza a frotar su pene erecto de 18 centímetros allí mismo. Ambos comienzan a gemir.

“¿solo es masaje superficial?”, logra preguntar edú entre jadeos.

“También puedo hacerlo profundo”.

“Hazlo”.

Miguel se unta más aceite en su pinga y la va metiendo de a pocos en el ano de edú: comienza a cacharlo. Ambos siguen gimiendo en ese ambiente donde solo huele a vapor de rosas. El activo prueba a ser un poco más agresivo y nota dos cosas: que el pasivo no opone resistencia y que su pene entra y sale de ese hueco con suma facilidad.

“¿Tienes ganas de vaciarte?”, consulta Miguel.

“No. ¿Tú?”

“Ya no aguanto más”.

“Préñame”, pide edú.

En medio minuto, la leche de Miguel se dispara en las entrañas del nuevo alumno.

“?Cuánto te debo?”

“mmmm… ¿Me podrás hacer otro favor?”

Y para terminar,te dejamos con un video porno.