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viernes, 9 de diciembre de 2022

Ser Rafael 16.2: La persona ideal


Casi nadie entendía mi carrera, y casi nadie me lo reconocía, así que este respaldo me enorgulleció… aunque no tenía claro por qué lo consideraba tan… especial.

“Siempre vas a contar conmigo, Tuco. Jamás lo dudes. Te lo prometí”.

A continuación, fuimos donde sus primos donde nos dieron yucas sancochadas con carne de res… y café.

Hablamos de todo un poco.

Nos sirvieron un licor de café (para variar). Riquísimo.

Josué trató de no beber mucho, pues habíamos ido en la moto.

Nos quedamos hasta las nueve de la noche y regresamos a nuestro alojamiento. Estábamos cansados.

“Menos mal que salimos. La gente de acá piensa que emborrachándose del todo le caerá mejor al resto”, comentó el Tuco.

“A mí me cayeron bien”.

“Sí, eso es al inicio; pero aguántalos un mes”.

Nos reímos.

“¿Y esa bolsa, Tuco?”

Descubrió el contenido: una botella de licor de café.

“Tú dirás, Rafo: o muere esta noche, o sobrevive hasta Piura”.

No lo pensé mucho.

“Muere esta noche, Tuco”.

Mientras yo abría la botella, él trajo un par de vasitos de vidrio.

Nos sentamos en el corredor de la casa, y nos pusimos a catar el licor mientras mirábamos al negro infinito tachonado de estrellas, más de las que puedo ver en la ciudad cuando hay luna nueva.

En el celular teníamos la mejor selección de rock y pop de los ochenta y noventa, la mejor música de todos los tiempos.

“Gracias por todo, pata. Realmente no pensé que tu presencia sería de tanta ayuda”.

“Nada, Tuquito. Ya te dije que siempre puedes contar conmigo”.

Me arrimé a él y lo abracé. Volví a mirar al cielo.

“Sabes identificar constelaciones, Tuco?”

“No. No mucho”.

“Papá, que en paz descanse, nos enseñó algunas. Mira: allí está Orión. ¿Ves las Tres Marías?”

“¿esas tres en línea?”

“sí. Hay gente que dice que la humanidad viene de allí”.

“Toda la humanidad? ¿Incluso los homosexuales?”

Me reí.

“Apuesto que sí, Tuco. Los homosexuales también son seres humanos”.

Giré mi cabeza para verlo. Él estaba absorto mirando las estrellas, mientras sostenía su vasito de licor.

La botella se vació hasta la cuarta parte… la mitad… tres cuartas partes… El efecto de su contenido no tardó en aparecer.

“¿Qué crees que esté haciendo Laura, Rafo?”

“No sé, carajo. Debe estar con sus papis, con Sonia, o debe estar jateando ya. Milagro que no me ha llamado”.

“¿La extrañas?”

“No sé,huevón”.

“Puta, si Laura hubiera venido, ¿cómo nos habríamos acomodado?”

“Ya,Tuco. Deja de pensar en Laura. Disfruta el cielo. Si por mí fuera, me quedaría a vivir acá toda mi vida. ¡al diablo con la ciudad de mierda!”

“¿en serio piensas eso? A mí también me gusta acá”.

Nos quedamos en silencio. Solo oíamos la música desde el celular.

“Te quiero mucho, Rafo”.

“Calla, huevón… Yo te quiero más”.

Nos reímos.

“Hablando en oro, Tuco: te quiero como mierda”.

Nos miramos. Sonreímos.

No quedó nada dentro de la botella de licor.

Nosotros estábamos algo embriagados. Al menos, yo sí sentía el típico efecto de adormecimiento y cierta forma típica de hablar.

No era ni las once de la noche, cuando cerramos todo, y fuimos a dormir.

Josué estaba asegurando la puerta del dormitorio. Yo estaba sentado sobre la cama sacándome la camiseta y los zapatos.

“Gracias por acompañarme, hermano”, me dijo el Tuco.

“De nada. Cuando tengas otro viaje de éstos, me apuntas”.

Se acercó y me dio la mano. Me puse de pie. Nos dimos un fuerte abrazo.

“Te quiero, Tuco”.

“Te quiero, Rafo”.

Él comenzó a acariciarme levemente la espalda. Yo froté mi mejilla contra la suya.

Entonces nos miramos. No nos sentíamos incómodos. No sentíamos nada malo.

¿Mencioné que estábamos algo borrachos?

De pronto, el universo entero se silenció.

El tiempo pareció detenerse.

Una rara electricidad fluyó.

Nos besamos.

No fue un simple piquito.

Saboreamos nuestros labios, a cada segundo con mayor intensidad.

Le quité su camiseta, y comencé a devolver las caricias en la espalda que él me había dado.

No recuerdo si él me desnudó o yo a él. El caso es que terminamos acostándonos sobre la cama avrazados, besándonos, acariciándonos, moviéndonos.

No era la típica escena lasciva donde tienes que demostrar que eres buen amante, sino que debes esforzarte por hacerle sentir a la persona que no hay nadie mejor que ella para pasar ese preciso momento, y convencerte que ésa es la persona ideal para comunicarte sin palabras en lo más íntimo de tus sentimientos.

Ni siquiera sentimos la necesidad de una penetración: solo queríamos decir con nuestras pieles cuánto nos queríamos.

Claro que tuvimos orgasmos, pero no fueron el fin del momento, sino el inicio de otro instante… ¿de qué?

No lo tenía claro aún; pero sí estaba seguro que esto era distinto a todas mis experiencias previas en la cama… incluso con Laura. 

viernes, 18 de noviembre de 2022

ASS (53): Somos hombres, ¿no?

    

    


Tras su jornada de prácticas, Pedro descansa totalmente desnudo en el dormitorio de la casa que ocupa Eliezer en Castilla. Tocan su puerta. Despierta y lo primero que nota es que su pene está duro como piedra.

No siente roche de taparse la erección así que se levanta y abre la puerta; total, allí solo viven Eliezer y él…

¿qué tal susto!

“Bu-bu-bue…”, dice un chico fornido cubierto por un un uniforme de sereno.

Pedro se queda congelado allí, con la puerta abierta, y el pene duro.

“Su-su-su… don Eliezer me mandó para ver si necesita ir a alguna parte”.

Pedro lleva una de sus manos hacia su miembro erecto para cubrirlo, sin mucho éxito.

“No”, responde tragando saliva y aliviándose del susto. “Me quedaré aquí”.

“Ah, entonces… puedo retirarme, si gusta”.

“¿Qué hora es?”, se pregunta Pedro, ya con su pene semi-erecto. Voltea hacia la mesa de noche.

El sereno le mira las nalgas lampiñas y redondas, firmes y bien formadas. Ahora su pene es el que comienza a ponerse duro.

“Va a ser las cinco”, reacciona Pedro, ensimismado.

“entonces, me regreso a la base, si usted no tiene problemas”.

Pedro se pasa la mano por la cara. Su pene ya no está erecto ahora, pero una gota de líquido preseminal rueda por su muslo derecho, producto de la lubricación interna de su miembro.

“¿qué harás en la base?”

“Aburrirme esperando órdenes”, responde el sereno, con una ligera sonrisa.

“Ah, perdona que esté calato y…”

“No, joven, no se preocupe… es normal… somos hombres”.

“Pero estaba con la… con el… ufff”.

“Seguro estaba durmiendo rico, digo, profundo, y a lo mejor estaba soñando algo… ya sabe”.

Pedro sonríe:

“Mejor entra y cierra la puerta; no quiero que llegue mi tío y crea que tú y yo hemos…”

“¿Tenido relaciones?”

Pedro vuelve a sonreír:

“No es mi intención ofenderte”.

El sereno entra al cuarto y cierra la puerta tras de sí.

“No se preocupe, joven”, tranquiliza. ”yo sé que si entrara y sospechara eso, usted lo negaría totalmente”.

“¿Por qué estás tan seguro de eso…? ¿Me dijiste tu nombre?”

“Huamán. Todos me dicen Huamán en el serenazgo”.

Pedro se sonríe otra vez:

“¿Por qué estás tan seguro de que yo negaría que tú y yo tuvimos relaciones sexuales, Huamán?”

“Porque se nota que usted es legal, joven…”

“Pedro… Mi nombre es Pedro”.

“Usted es legal, joven Pedro… y… si hubiese sido verdad, yo no me avergonzaría… Por lo menos me culparían de haber tenido relaciones con un joven tan legal y… guapo, como usted, y no con alguno de esos choros y gente de mal vivir que capturamos”.

“Debería tomarlo como un piropo, ¿no?”

“Usted vea, joven Pedro”.

Entonces el sereno le mira la entrepierna. Pedro se da cuenta y baja su mirada también: su pene está erecto otra vez. A continuación, mira de nuevo a Huamán.

“Mejor voy a ducharme”, avisa Pedro con una media sonrisa.

“yo lo espero, joven. Con su permiso, me retiro”.

“Hazme conversación al menos… mientras me ducho… si mi tío llega, le diré la verdad”.

“¿También le dirá que lo vi con la pinga al palo?”, Huamán baja un poco el tono de su voz.

“A la mierda con eso… Tú estás en ventaja: estás vestido”.

“¿Quiere verme calato, joven?”, se arriesga Huamán.

Pedro lo piensa unos segundos.

“No sería mala idea”, responde.

El sereno sonríe y, sin esperar confirmación, se saca el polo entallado, revelando un pecho fuerte y masivo, quizás no con un abdomen definido pero sí plano, sin llantitas. Se desabrocha la correa de tela y se inclina a sacarse las botas. Entonces, se desabrocha el pantalón, se baja la cremallera. Al bajarse el pantalón, un coqueto micro-bóxer cachetero color blanco contrasta con la piel cobriza del muchacho. Y esas piernas, son simplemente dos troncos de árbol añejo, fuertes, anchos, velludos.

Aunque lo que llama la atención de Pedro es lo que aparenta ser un pequeño tronco que se marca en la tela blanca de la ropa interior.

Huamán se saca las medias, por fin.

“¿¡Sigo, joven Pedro?”

“Somos hombres… ¿no?”, sonríe el aludido.

Huamán se baja el micro-bóxer: efectivamente su pene está erecto… y no es tan pequeño como parecía. Mas bien es gordito y parece lubricar mucho a juzgar por el brillo del glande. Quizás necesita un poco de recorte en el vello púbico. Quizás no.

“ya estamos calatos los dos”, anuncia el sereno con una sonrisa cachonda.

“y con el pene erecto”, agrega Pedro.

“Somos hombres”, reitera Huamán.

El joven anfitrión vuelve a sonreír:

“Solo falta que tengamos relaciones sexuales”.

Huamán sonríe también:

“No me jodería”.

Ambos jóvenes se miran fijamente a los ojos. Entonces, Pedro ya no puede más con la excitación. Se acerca a Huamán, pega su cuerpo y lo acaricia:

“Tienes la piel suave”, le susurra.

“Tú también”.

Pedro, entonces, aproxima su cara a la de Huamán. Lo besa en la boca. Mientras las lenguas de ambos  combaten golosamente, sus manos recorren las espaldas y los culos mientras sus penes erectos se refriegan uno contra el otro.

Huamán, entonces, toma la iniciativa y empuja a Pedro a la cama logrando acostarlo boca arriba. Luego, descansa toda su humanidad encima de ese terso cuerpo.  Pedro abre sus piernas y está dispuesto a sentir cómo la masculinidad del sereno se puede hundir en su culo, cuando…

“¡ya vine!”, se oye desde el pasadizo.

Pedro y Huamán se dejan de besar y se miran sudorosos y estupefactos.

Y para terminar, te dejamos con un video porno gay.


domingo, 6 de noviembre de 2022

ASS (51): Monumentos de hombre

Enrique y José Luis por fin cierran un trato y lo celebran con un ‘adelanto’ de orgía gay.



A primera hora del martes, Julián está nadando en la Piscina Comunitaria. Viste su trusa olímpica roja, gafas de bordes transparentes y la consabida gorra impermeable. Tres chicos más nadan junto a él pero entrenando por separado. Al terminar un largo, se encuentra con Flavio justo debajo de uno de los podios.

“No sé cómo puedes nadar en esta agua tan fría”, le comenta tratando de no tiritar.

Julián sonríe: “Vengo de un clima más frío, ¿recuerdas? Anda, nada. No quiero que te acalambres”.

Flavio se baja las gafas y se lanza a nadar. Viste un bañador celeste con una franja lateral plateada.

Willy los sigue desde fuera del agua hasta casi chocarse con enrique quien mira la escena muy discretamente tras unas gafas de sol (a pesar que está nublado) y una gorra negra. Entonces, el celular de enrique vibra. Lo saca: “Ya llegaron”.

El productor porno gay gira en 180. Al fondo llega Eliezer. Se le acerca y se saludan con un abrazo.

“Dijo que sí, pero por razones obvias no pudo bajar. ¿Podemos ir a tu casa? “

El mexicano hace una seña a Willy. El camarógrafo se acerca al borde de la piscina y le hace la misma seña a Julián: es hora de irse. El nadador le responde con el pulgar hacia arriba. Cuando Flavio termina su largo, ambos salen del agua.

Solo en ese momento es posible apreciar en toda su plenitud el cuerpo bien trabajado de ambos varones: cada músculo en su sitio, todo un poema a la perfección masculina, un monumento viviendo a la vitalidad y virilidad…

Enrique se adelanta hasta su casa en Los ejidos para cumplir su rol de anfitrión. Manda a Flavio y Julián quitarse el cloro de la piscina. Ambos suben hasta uno de los dormitorios.

Tras entrar y cerrar la puerta, ambos se quitan toda la ropa y la dejan lista para lavar.

“Y pensar que en esas fotos y cuando te pones esa trusa, parece que tuvieras un pene chico y unas pelotitas”, comenta Flavio, entre seductor y divertido; “pero, cuando te quedas calato, realmente tienes un rico pene y unas hermosas bolas”.

Julián sonríe: “Darías lo que sea porque te clave mi pene en tu ano, ¿cierto?”

“Daría lo que sea por pasarme todo el tiempo del mundo contigo haciendo el amor, mi campeón”.

Julián sonríe de nuevo, se acerca a Flavio y lo palmea en una de sus redondas y firmes nalgas:

“A partir de mañana, creo que cacharemos hasta por gusto”.

Julián se mete a la ducha, Flavio lo sigue.

“¿Y podríamos hacer un ensayo ahora?”

Julián abre la ducha y se mete bajo la lluvia; el agua comienza a mojar su blanco cuerpo:

“Tengo que guardar leche para las grabaciones”.

“Yo puedo enseñarte cómo cachar sin llegar a eyacular”, sonríe Flavio mientras comienza a sobar la espalda húmeda del nadador.

“Hablas huevadas”.

Entonces, Flavio arrima todo su cuerpo y su pene erecto se encaja entre las nalgas de Julián:

“¿Aguarda, oe!”, reacciona el nadador.

“Confía en mí, campeón”, susurra Flavio mientras comienza a dar suaves pellizcos a las tetillas de Julián, y a mover lentamente su pinga al palo al medio del culo del nadador, quien, inexplicablemente, comienza a sentirse más relajado que de costumbre.

Abajo en la sala, José Luis y Eliezer están sentados en el sofá; en un modular va enrique, en el otro va Willy.

“Hermosa casa”, comenta José Luis; “parece que el porno es un buen negocio”.

“Creo que todo negocio es bueno si sabes cómo administrarlo”, sonríe enrique.

José Luis devuelve la sonrisa y se concentra en las agradables facciones del anfitrión:

“Vamos a cerrarles la piscina por dos días”, comienza a informarle; “al público le diremos que se trata de un mantenimiento preventivo. Yo cumplo con mi parte. Lo que no termino de entender es cómo ustedes podrían beneficiarme políticamente”.

“Simple”, explica enrique. “Sin ofender, pero los políticos se han devaluado mucho estos tiempos porque hablan de más y hacen menos o nada; en el mundo actual, las palabras sobran y son las acciones las que cuentan”.

“¿entonces?”

Enrique se pone de pie. Comienza a quitarse la ropa:

“El mercado gay y bi de Piura es el santo grial de cualquier marketero de este planeta porque no está tan disperso como en otros países, incluso México o Estados Unidos, que son lo que mejor conozco… Piura, Sullana, Paita, Talara, Chulucanas, Sechura… Son los lugares desde donde recibo más clientela… Y no solo te hablo de las ciudades sino de todo lo que hay alrededor”

“¿Me hablas de  la disco de ambiente?”, interrumpe José Luis mientras su mirada se posa ahora en los fuertes pectorales de Enrique, ya al desnudo.

“el antro de ambiente, el servicio de escorts, los shows privados, mercancía para adultos…”

“Y son los grandes mercados electorales de Piura”, se da cuenta Eliezer.

Enrique se afloja la hebilla de su cinturón y se desabotona el pantalón:

“Conozco cuáles son las obras emblemáticas de su gestión: si usted me autoriza a usarlas como locaciones para mis videos porno gay, la gente asociará inconscientemente el lugar con su gestor; incluso hasta lo podrían visitar… una especie de turismo gay”.

“Mensajes subliminales”, agrega Eliezer como descubriendo la pólvora.

“No,no pretenderás filmar escenas de sexo gay en las obras que yo gestioné”, atinge José Luis mientras ve el pequeño slip que no disimula el paquete de Enrique, quien ya deslizó su pantalón hasta las rodillas.

“Solo si usted me lo autoriza”.

Enrique hace una seña a Willy. Éste sube a la planta superior.

“Los desnudos están prohibidos en público por ley”, observa Eliezer. “Mucho más tener relaciones sexuales en la calle”.

“Me refiero a que si la obra tiene el espacio adecuado para montar una escena de sexo, como la piscina, y usted me lo autoriza, sí”, aclara Enrique, quien ahora solo se queda vistiendo su ajustado slip allí en medio de su propia sala. “Pero si no, solo la usaría como exteriores, y los interiores los haríamos en otra parte”.

El pene de José Luis está duro y pugnando por salir de su pantalón. Ya no sabe cómo sentarse en ese sofá para que su miembro se acomode y no le moleste.

En ese momento, Flavio y Julián bajan del segundo piso, calzando sandalias, sus cuerpos solo cubiertos por breves toallas.

“¿Tenemos un trato?”, sonríe Enrique, muy seductor.

José Luis no sabe dónde posar su mirada. Los tres monumentos de hombres tienen las manos listas en sus prendas y quedarse desnudos va a depender de su respuesta.

“Te prometo que todo está bajo control”, le dice Eliezer en voz baja mientras le toca el muslo.

Segundos de silencio.

Willy también baja solo en toalla y sandalias. No es un cuerpo de gimnasio, pero tampoco es un físico despreciable.

“Tenemos un trato”, afirma José Luis.

Enrique sonríe; se baja el slip. Flavio y Julián se quitan las toallas y se acercan al productor. Willy, aún bajando las escaleras, hace lo mismo.

“Gracias”, dice a José Luis. Entonces gira hacia Flavio y lo besa en la boca mientras con una de sus manos le acaricia el culo. Termina, gira al otro lado y hace lo mismo con Julián.

Lo que viene a continuación es un show caliente de caricias y besos que incluye apreciar cuatro penes erectos haciendo una continua guerra de espadas.

José Luis está excitadísimo. Eliezer le sigue acariciando el muslo.

 “Vengan, participemos”, invita willy.

En un par de minutos, seis varones desnudos, cuerpos bien trabajados, cada uno en su volumen, se rozan, acarician, besan. Manos recorriendo espaldas, manos recorriendo culos, manos masajeando penes, manos, manos, manos.

El show dura unos veinte minutos hasta que Enrique abraza a José Luis y lo besa en la boca mientras le coge fuerte las nalgas:

“Esto es solo un adelanto… te prometo que el viernes en la noche, te agrego tres chicos más”.

“¿Me vas a dejar con las ganas?”

“No, te la voy a mamar hasta que me des todos tus mecos en la boca… pero ellos sí necesitan guardarlos para que la escena salga bien padre”.

José Luis no reclama. Enrique se arrodilla y comienza a chuparle el pene. Ni siquiera en sus épocas de futbolista cuando veía a diez hombres calatos en las duchas, José Luis se sentía tan arrecho como ahora. Encima, Enrique la sabe mamar como los dioses. Por más que se resiste, termina eyaculando en la boca del productor.

“Tus mecos son deliciosos”, le susurra Enrique.

Y para finalizar, te dejamos con un #video porno gay.


viernes, 28 de octubre de 2022

ASS (50): El secreto erótico del novicio

Mientras Santos entrena culo y piernas, Alejo y Miguel aprovechan para retozar desnudos en la ducha y en la cama hasta que algo aparece en el celular.



 

Esa noche del lunes en el AS de san Sebasstián quedan apenas dos alumnos entrenando, o terminando de entrenar. Alejo mira el reloj de pared: diez para las diez. Es casi la hora de cierre.

Con el poco pudor que le queda, el entrenador viste aquella noche un enterizo tipo luchador grecorromano, pero de licra, color celeste con ribetes plateados; debajo no tiene ropa interior, lo que le marca su gran bulto por delante y hace que de cuando en cuando se le meta la tela entre las nalgas. Ahora calza zapatillas de marca y gruesos calcetines. Revisa nuevamente su celular y termina de alimentar a una aplicación la planilla de ingresos y gastos de aquel día.

“Buenas noches”, le dice alguien vistiendo como él, pero en tono negro satinado.

“Bue-buen… buenas noches”, vacila el fortachón a la par que trata de reponerse de la primera impresión, pues acaba de ingresar un hermoso muchacho blanco, musculoso, rubio muy crespo, ojos azules y con vellos también rubios sobre su pecho y piernas que dan la impresión de que no los llevara,o que tuviera una especie de cubierta acolchada.

“¿Tú eres Alejo, verdad?”

“Claro. Tú…”

“Soy Santos”, alarga la mano el chico, quien habla con evidente acento español. “Vine ayer para ayudar a los Padres Alberto y…”

“Ah, eres el novicio”.

Santos sonríe: “Sí,eso mismo soy”.

Entonces Alejo examina mejor su rostro, pero ya no con embelezo sino con intriga.

“No sé si te mosqueo entrenando a esta hora; lo que pasa es que todas mis tareas…”

“Tranquilo”, interrumpe Alejo. “El AS es todo tuyo. ¿Necesitas que te oriente o ya tienes rutina?”

“Creo que ambas”, responde Santos, siempre con su sonrisa carismática.

En la antesala donde están las máquinas para calentamiento, Alejo toma todas las medidas al nuevo alumno y las ingresa en el aplicativo del celular.

“Qué guay que vosotros estéis tecnificados”.

“recién desde esta tardecita”, sonríe ahora Alejo sin dejar de examinar el rostro del nuevo alumno. “Pareces tener el canon perfecto… ¿Santos?”

“Sí, así me llamo”.

“¿Hace cuánto no entrenas?”

“Hace… 48 horas”.

“Entonces sigue el programa de entrenamiento que seguías, y si necesitas ayuda, me avisas”.

“Genial”, replica el novicio sin renunciar a esa hermosa y blanca sonrisa. Entonces, los dos alumnos que siguen en la gran sala pasan por el lado de ambos y se despiden. Nadie más excepto Alejo y Santos quedan en el AS. Entonces el primero toma nuevamente su celular y busca. Está en eso cuando siente sutilmente una mano tocándole en el medio de su bien formado y duro culo. Alejo se asusta.

“Eras tú”, reacciona suspirando.

“No… el fantasma de Paco nada más”. Miguel sonríe gracioso.

“¿Qué? ¿Ya fue?”

“Nada aún, pero los médicos no le dan esperanzas… Y, oye, vino Santos… Olvidé avisarte”.

“¿Tú lo mandaste?”

“Luego te cuento”.

Miguel se aproxima hasta Santos, quien está haciendo sentadilla libre, y, aprovechando su descanso entre series, lo saluda y conversa brevemente. Ambos se sonríen mucho y parecen bromearse. Entonces,Miguel regresa donde Alejo.

“Voy a ducharme… ¿me acompañas?”

“Pero…”

“Tranquilo. Estudia Educación Física, así que si tú o yo nos vamos, él tranquilamente nos reemplaza”.

Mientras Santos está a mitad de la prensa para piernas, Alejo y Miguel ingresan a la ducha, totalmente desnudos. En tanto el agua comienza a caer recorriendo sus cuerpos, Miguel besa la boca de Alejo. Sus penes no tardan en ponerse erectos conforme se estrujan uno contra el otro.

“Aguanta, huevón”, reacciona seductor Alejo. “Recuerda que tenemos que guardar leche para la porno de esta semana”.

“Tranquilo, mi amor”, responde Miguel. “No quiero que me la metas… quiero que comiences a mimarme ahora”.

Mientras se ponen el jabón mutuamente, las manos de ambos recorren cada centímetro cuadrado de sus físicos de dios griego. Nada queda exceptuado. Ni siquiera la pinga, las bolas, la entrepierna,las nalgas y en medio de ellas. Este momento es aprovechado por Miguel para, de todas maneras, darle una mamada al pene de Alejo. Qué rico sabe su líquido pre-seminal.

“¿Quieres hacerlo tú?”, invita.

Alejo respira hondo. Titubea unos segundos. Trae a su mente el hecho de que ésa no será la primera vez, que, de hecho, aprendió a hacerlo antes. Respira hondo de nuevo. Se arrodilla, abre su boca, cierra sus ojos, deja que Miguel le ponga el glande en su lengua. Poco a poco, Alejo va mamando el falo de su mejor amigo mientras pajea el suyo.

“Así, Ale… así… qué rico la chupas”, susurra Miguel,todo excitado.

Casi a las diez y media de esa noche, Alejo, solo cubierto por la cintura con una toalla y calzando sandalias, se acerca a un sudoroso Santos quien está echado boca abajo sobre la máquina de femorales. Entonces se percata del redondo culo que tiene el novicio. Y parece… que no tiene ropa interior debajo.

“Tranquilo, que solo vine a saber si necesitabas ayuda”, se adelanta el fortachón peruano al ver cierta cara de ansiedad en su colega español.

“Ah, pensé que…”

“Nada. Tú tranquilo. Solo voy a apagar las luces que no necesitamos”.

“me parece perfecto, pues tenemos que ser responsables con el planeta”.

No termina la oración cuando desde el fondo, Miguel también viene al encuentro de ambos caminando vestido solo con ttoalla y en sandalias. Se detiene al lado de Santos, quien ha reanudado su serie. Lo mira y mira la pantalla del celular. El novicio siente que algo raro está pasando allí. Ahora solo quedan las luces de la zona de piernas dentro del AS.

Entonces, Miguel siente que le tocan el culo; se voltea y su toalla está a punto de caer. Logra detenerla mientras mira a Alejo haciéndole un gesto de retirarse.

“Estamos en el cuarto”, le avisan a Santos.

Y en ese cuarto, Alejo y Miguel, ya libres de las toallas, siguen retozando sobre la cama, besándose, acariciándose y revolcándose. Sus penes duros se refriegan en medio de una romántica y sensual batalla.

A eso de las once les tocan la puerta. Con la impudicia que lo caracteriza, Alejo se levantta abrirla así, desnudo y con su pene de 18 centímetros erecto. Santos está con el enterizo bajado hasta la altura de la cintura mostrando su bello torso y parte de su cadera izquierda: efectivamente, parece no tener ropa interior.

“He de irme, regreso mañana, chaval”.

La desnudez y la gran y húmeda erección del entrenador parecen no inmutar al novicio.

“Un momento”, se levanta Miguel, también desnudo y con el pene erecto. “Tenemos una duda y queremos que nos la resuelvas”, le dice a Santos.

El español se turba un poco, especialmente cuando le dan el celular con algo en la pantalla. Lo mira. Abre la boca y se pone evidentemente nervioso.

“¿De-de-de dónde sacaron esto?”

“Eres tú, ¿cierto?”, interpela Miguel.

Un hermoso chico desnudo y con el pene erecto se despliega en la pantalla en una foto aparentemente tomada en una playa.

Y para terminar, te dejamos con un video porno gay.


miércoles, 26 de octubre de 2022

Ser Rafael 10.2: ese culito masculino


Tras despertar nos colocamos nuestros trajes de baño: ella vestía un conservador bikini rosado con ribetes blancos; yo, mi bermuda guinda con unos grandes estampados a manera de hojas celeste apagado.

Nos pusimos a caminar a lo largo de la playa poblada de casas de madera y defensas de rocas grandes. Los días de semana casi no hay gente, entonces puedes andar a tus anchas.

Concursamos a ver quién contaba más pelícanos en el horizonte. Tratamos de mantener en pie un castillo de arena que desafiaba toda norma arquitectónica (perdón, somos ingenieros de sistemas). Perseguimos cangrejos. Recolectamos conchas olvidadas en la arena. Imaginamos una casa de playa en una colina cercana (a prueba de tsunamis… otra vez, somos ingenieros de sistemas). Probamos caricias atrevidas entre la arena, el cielo y el sol, con la complicidad de unas gaviotas hambrientas.

Aprovechando una palmera, nos sentamos a ver el mar.

“Rafo, qué lindo cumpleaños estoy pasando”.

“Te dije que era poco”.

“Gracias, amor. Te luciste, especialmente anoche, porque eso de vestirte de superhéroe sabiendo lo machista que eres… ¿y todo por mí?”

“Volvería a hacerlo, pero esta vez el traje lo elijo yo”.

Ambos nos reímos.

La puerta de una casa se abrió.

Dos chicas y dos chicos salieron a disfrutar la playa; es decir, suponía eso. Ambos muchachos tenían un físico inflado con anabólicos en el gimnasio. más que evidente. Uno de ellos vestía un bañador alicrado negro, a manera de un boxer diminuto; el otro tenía una tanga azul acero que apenas le podía contener un pequeño paquete, pero que

difícilmente ocultaba sus redondas nalgas, como si fueran burbujas. En realidad ambos tipos las tenían como burbujas.

“¡Rafo! ¡Ya deja de verlas”.

“¿Qué? Mejores están las mías, más naturales”.

“Oye, ¿de qué hablas? Te dije que dejaras de ver a las chicas”.

“Ay, mi amor. En realidad veía a esos huevones. Tienen que ser bien rosquetes para ponerse eso”.

Laura me quedó mirando, extrañada.

“Ay, qué machista que eres. ¿Y cuando pasemos nuestra luna de miel en Acapulco, Ibiza o Río de Janeiro?”

“No, Laura. Ni loco me pongo esas tangas”. ¿Andar con las nalgas al aire? Prefiero estar calato”.

“¿Y que las gringas o las cariocas locas se ganen contigo y quieran raptarte? ¡Nunca!”

Me reí estruendosamente. La besé otra vez.

De reojo, veía el casi esférico trasero firme del chico de la tanga azul acero que comenzaba a alejarse.

Luego, me negué a meterme al agua por temor a que alguna raya me picara: el centro de salud estaba muy lejos y no había movilidad que nos llevara.

A cambio, propuse disfrutar un fresco y picante cebiche con unas cervezas bien heladas. El sol estaba en su cenit.

Tras almorzar, regresamos al búngalo, compartimos la ducha, y pasamos directo a la cama a repetir la lujuriosa jornada de la mañana, por dos veces consecutivas.

Ya no tenía más condones dicho sea de paso.

Retozamos desnudos, hasta que, como de costumbre, Laura usó mi pectoral como su almohada.

“Rafo, cuando nos casemos, ¿podremos pasar la luna de miel en una playa? Pero una playa para los dos solitos”.

“Claro. Tenemos mucho tiempo para elegir la playa, hacer reservas y ahorrar”.

“¿Siempre quieres casarte cuando cumplamos 30?”

“Por qué el apuro, Laura?”

Ella no respondió.

“¿Aún no estás seguro, Rafo?”

“No es eso. Pero aún tenemos que realizarnos, conseguir logros profesionales”.

“Podemos conseguirlos estando casados”.

“Con hijos será más difícil”.

“Podemos esperar”.

Preferí no contestar.

“Rafo, entiendo que nos estemos cuidando para no tener hijos, y perdóname por pedirte hacerlo sin condón, pero podemos estar casados y realizarnos. Cuando sintamos que es el momento, dejamos de protegernos y tenemos hijos”.

“De acuerdo”.

Ese comentario me trajo a la memoria aquella noche, hacía cuatro meses, cuando Eduardo y yo lo hicimos sin preservativo.

Obviamente, ni loco se lo contaría a Laura. El caso es que el fantasma de la incertidumbre volvió a rondarme.

Eduardo dijo la madrugada en que lo rescaté que había perdido. ¿Y si se refería a otra cosa?

“¿Rafo? ¿ESTÁS BIEN?”

“¿Ah?”, respondí sobresaltado.

“¿Te molestó lo que te dije?”

“No, amor. Quiero ir al baño”.

Me levanté de la cama. Me encerré por un momento. Me vi la cara al espejo… ¡Algo tenía que hacer al respecto! Pero… ¿qué?