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miércoles, 6 de julio de 2022

La pinga del campesino

La sexualidad entre hombres no conoce límites, y gracias a la tecnología los gays y bi campesinos se están integrando cada vez más y mejor.

 


Tenemos un prejuicio equivocado sobre el sexo gay o bi. Pensamos que solo ocurre en la ciudad. Mentira. En el campo ocurre en la misma proporción. Quizás no tenga lo sofisticado de una ciudad pero a los varones del campo también les excita ver un buen culo, quizás una verga, quizás ambas, pero lo cierto es que se les pone dura y jugosa o se les dilata del mismo modo.

Y ahora que los servicios de internet también han penetrado entre plantaciones y granjas, los varones del campo tienen el mismo acceso que cualquiera en la ciudad para sextear desde la intimidad de su cuarto o mandarte gloriosas fotos hot, como las que ilustran este post y que son 100% reales. Esa pinga pertenece a un chico campesino de Piura.

Dicho sea de paso, ¿quién dijo que un chico del campo no disfruta igual del sexo que un chico de la ciudad. Igual te mete la pinga, le puedes meter pinga, te la mama, se la mamas, lo puedes besar, masajear, acariciar, amar. En fin, todo lo que el sexo entre dos patas adultos te permita. Incluso hasta hacer una sesiónde fotos al desnudo o una buena escena sexual que no deje espacio a la imaginación, final feliz incluido.

 


Así que te animamos a explorar el campo como otro lugar donde puedes buscar contactos para chatear, intercambiar material, visitar, tener sexo, o hasta encontrar el amor de tu vida. Bueno, o a lo mejor un buen ejemplar masculino que pueda ilustrar nuestras páginas. Si conoces a alguno, o vives en el campo, te invitamos a ser parte de la experiencia gay y bi de nuestra comunidad. Escríbenos a hunks.piura@gmail.com para enterarte qué debes hacer, o deja tu mensaje aquí abajo en los comentarios. Recuerda que esto es solo para mayores de edad. Y, como siempre, seguimos hablando en nuestro Twitter.

Encuentra más sobre campesino gay parcela gay y sexo gay en el campo. 

domingo, 16 de octubre de 2022

ASS (48): Tres gotas de prueba

Juan prefiere entregarse a un trío con Marcano y Julio, como queriendo ignorar algo.



Pasadas las diez de la mañana, Julio llega a su parcela a las afueras de San Sebastián. Encuentra a Juan, vestido solo con un short ceñido,  qquitando maleza de una acequia que lleva agua a los mangos. Por unos segundos, el ex futbolista se enfoca en el pequeño y firme culo de su peón y su cuerpo atlético en general, hasta que recuerda que el chico es gay activo.

“¿Ya te enteraste del accidente?”

Juan casi no reacciona.

“Oe”, insiste Julio sonriendo y palmeándole levemente una nalga. “¿Te enteraste o no?”

Juan reacciona como si recién despertara:

“¿Cuál accidente?”

“Acá cerca. Una mototaxi. Dicen que el chofer y el pasajero se sacaron la mierda”.

“Ah, ¿sí? Algo oí”.

Julio percibe algo, pero no atina a entender de qué se trata. Tampoco quiere preguntar. Entonces suena su celular. Contesta:

“Dime, chamo”.

“¿Siempre quiere que le haga la conexión que me pidió?”

“Si es ahorita, sí; justo estoy en la parcela”.

“Estoy en camino, entonces”.

Media hora después, Marcano llega. Julio va a buscarlo a la puerta de la propiedad y lo lleva hasta un lado de la casa. Ya sin roche, el ex futbolista mete la mano al culo del venezolano, quien solo sonríe.

“Rico y durito”, celebra Julio.

“Oiga, ¿y ya supo del accidente acá cerca?”

“Fueron dos, ¿no? ¿Tú sabes algo?”

“Pues… a uno lo conozco. Entrena con nosotros en el AS: Paco”.

Julio reacciona:

“Ah, mierda, ¡la Paco? ¿Hablas del profe?”

Marcano sonríe:

“Lo conoce?”

“Cuando edú cuidaba la parcela, un día se lo trajo para cachárselo; parece que hicieron un trío, pero no recuerdo con qué otro pata”.

Marcano traga saliva y usa su voltímetro para revisar una línea eléctrica. Julio vuelve a meterle la mano al culo:

“¿Tú ya has cachado con paco?”

Marcano piensa en milisegundos lo que va a decir. Regresa a su memoria aquella orgía en el bañodel AS. Aunque Pedro, el hijo de Julio, no estuvo presente aquella ocasión, sabe que la sola mención del gimnasio podría traer muchas preguntas incómodas.

“A decir verdad, una vez en mi cuarto”, miente el musculoso.

“¿No te dejó sangrando el colchón?”

Marcano se extraña y mira a Julio como resorte. Juan justo aparece en ese momento.

“Ya terminé”, avisa.

“Ayúdanos un toque acá”, pide Julio.

Juan deja la pala en su sitio y acude donde están realizando la instalación. Media hora después, ya está lista. . Los tres varones sudan.

“Pruébemelo”, bromea Marcano.

“Adentro en la ducha te lo pruebo rico”, responde sonriendo Julio.

Los tres varones sonríen. Julio acciona un interruptor y se encienden un par de focos en lo que sería el patio trasero de la casa de campo.

“Todo conforme, como siempre”, dice el dueño de la propiedad. “¿Pasamos?”

Ya desnudos, los tres se meten en la estrecha y rudimentaria ducha, que ahora ya puede utilizarse aprovechando el agua que se acumula en la lagunita existente al centro de la parcela. El líquido cae caliente debido al sol inclemente del norte peruano. Acarician sus cuerpos mientras se jabonan. Julio ahora sí puede meter su mano en medio de esas dos abultadas nalgas y explorar hasta que su dedo encuentra el ano de Marcano, quien no deja de besar la boca de Juan mientras acaricia su pene con una mano y con la otra masturba el suyo.

Julio arrima sus 18 centímetros a la raja del culo de Marcano:

“Quiero metértela, chamito”.

Sin secarse, los tres van al dormitorio. Sobre la colcha tendida encima de la cama, Marcano se pone en cuatro patas y se abre de nalgas. Julio le hace un apasionado beso negro. Juan está del otro lado dejando que el venezolano le chupe el pene.

Julio ssaca un condón, se lo coloca, escupe en el agujero y comienza a meterla poco a poco hasta que la conecta toda dentro de las entrañas del musculoso ahora en su faceta de electricista. Comienza a bombear.

Juan por su parte disfruta viendo cómo su pene erecto entra y sale de la cálida boca de Marcano.

Los dos activos casi eyaculan simultáneamente. Marcano paladea el semen de Juan: un poco ácido, pero rico dentro de su rango de sabores masculinos. Proteína al fin y al cabo. Él prefiere no eyacular; sabe que su leche debe guardarla para el examen médico que pasará más tarde.

Como nunca, Julio despide a Marcano con un apasionado beso en la boca.

“Si estuviera soltero…”

“Fresco”, susurra Marcano sonriendo. “Gracias por todo y por elsexo… Y si hay problemas con la conexión, me llamas, vale”.

Julio acompaña al venezolano a la salida mientras Juan se queda en el cuarto poniéndose ropa limpia. Va a la cocina a ver qué hay para preparar el almuerzo. Después de esa faena, alimentarse es importante.

Está en esa tarea cuando Julio lo llama con un tono distinto, como de alarma.

Al entrar al dormitorio, halla al dueño de la parcela con un gesto muy serio, casi enojado, y la cama con la colcha removida.

“¿Estuvo aquí, no, mierda?”, inquiere Julio. “Estuvo aquí, ¿no, carajo?”

Juan se asusta. Sobre la sábana, tres gotas rojas secas destacan en el blanco de la tela.

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.



sábado, 17 de septiembre de 2022

ASS (46): Juan y Paco cachan en la parcela

Tras una noche de algunas copas, una noche de rico sexo termina de mala manera.



Casi a las once de la noche del domingo, Paco sale de un barcito de poca monta en una calle céntrica de San Sebastián. Se llama El Cimarrón y es punto fijo de levante gay. Pero esa noche no fue muy propicia que digamos. Con tres copas de vino encima, lo único que ha conseguido el docente es aplacar un poco su sensación de frío. Al llegar a la esquina para tomar el mototaxi, cruzando la acera viene andando un chico que no había visto antes en la ciudad. Se le nota delgado pero no escurrido, algo atlético. Paco no lo pierde de vista; de hecho, cruza y se le coloca muy al alcance. Nota que el muchacho parece estar buscando algo.

“Hola”, al fin le lanza cuando lo tiene muy cerca.

“Hola”, le responde el chico pero pasa de largo. O casi. “Perdona, busco la calle Los Cardos, ¿sabes dónde está?”

“Te puedo llevar”, le responde Paco con cierto gesto coqueto.

El muchacho sonríe, agradece y accede.

Al llegar a la calle indicada, el paseo a dúo parece finalizar.

“Ya, aquí me oriento al paradero de mototaxis”.

“Pero esas mototaxis van al campo”.

“es que cuido una parcela acá cerca de la ciudad”.

Paco se desilusiona un poco:

“Ah, tienes que regresar a ver a tu familia…”

“No, yo la cuido solo. El dueño es de aquí, pero vine a cenar donde unos familiares y me hice tarde”

“¿Quién es el dueño?”

“Un señor llamado  Julio… ha sido futbolista”

El cerebro de Paco parece despertar. Finge buscarse algo en el bolsillo y poner cara de preocupación.

“¿Qué te pasa, pata?”, pregunta el joven.

“Mierda… no saqqué las llaves de mi casa, ya a esta hora mi vieja no me abre la puerta ni cagando”.

“¿Qué harás?”

“Pasar la noche en la calle, pues… ¿cómo me dijiste que te llamas?”

“Juan… mucho gusto”.

“Yo soy Paco… Tendré que buscarme una cómoda banca en un parque y pasar la noche ahí”.

“Pero… hace mucho frío, es peligroso”. El muchacho parece reflexionar algo. “Tengo una idea, Paco”.

Veinte minutos después, una mototaxi los deja en la puerta de madera que accede a la parcela de Julio, y cinco minutos después, en el cuarto que ocupa Juan.

“Hace más calorcito aquí”, comenta Paco sonriendo.

“Sí, de hecho yo duermo calato… como nadie entra aquí”.

“Ah, que coincidencia”, finge Paco. “Yo también duermo calato en mi casa”.

“Durmamos calatos, entonces”, invita Juan. “Total, somos hombres, ¿no?”

No pasan ni dos minutos, y ambos varones ya están desnudos dentro de la cama, tapados con esa gruesa colcha de alpaca.

“¿Se siente rico dormir calato, no?”, prosigue Paco.

“Sí”, confirma Juan. “Y más cuando se te para la verga”.

“¿Tienes la verga al palo?”, pregunta Paco fingiendo inocencia.

“Duraza”, sonríe Juan en la oscuridad.

“No te creo”, finge refutar el docente.

“Tócala… si quieres”, dice el otro chico, pero la invitación viene con cogidita de mano bajo la colcha a lo que Paco no se hace de rogar: efectivamente, el pene del muchacho está duro y grueso.  Paco lo toma y comienza a explorarlo.

“¿Cuánto mide?”

“No sé. ¿Por qué?”

“Es grandecito”.

“¿Tú crees?”

“Sí”, responde paco.

“¿Quieres… chupármelo?”

Paco entiende que hace rato le han sacado línea y que no vale seguirse con rremilgos. Sonríe en la oscuridad. Se interna bajo la colcha, recorre con su mano libre el marcado cuerpo de Juan y llega a su falo. Lo huele un poco. Parece limpio. Abre la boca y le lame la cabecita en círculos.

“Rico, carajo”, suspira Juan.

Poco a poco, Paco se va metiendo un ttrozo más del pene erecto dentro de su boca hasta tragárselo todo. Como su culo está a la altura de la cara de Juan, éste último se moja el índice derecho con su saliva y le va acariciando las lampiñas y firmes nalgas hasta dar con su ano. Comienza a meterle el dedo poco a poco. Paco comienza a gemir mientras sigue tragándose ese sable de 17 centímetros.

“La chupas rico, pata, y tu culo está sabroso”.

Tras varios minutos de la maniobra, paco deja de mamar la verga, y destapando a ambos, gira y se sienta sobre el pene de Juan:

“Ahora vas a gozar rico, papito”.

Paco coge el falo y lo calibra dentro de su ano. Comienza a metérselo con facilidad debido a la saliva que le ha dejado y a que el dedo de su amante lo ha dilatado lo suficiente… aunque ese ano tiene cierta lubricación extra.

Paco cabalga el pene de Juan por largo rato mientras se apoya en los marcados pectorales del otro chico, quien no deja de acariciarle las nalgas.

“Te cacho en cuatro”, propone Juan.

Paco acepta, adopta la posición y ahora deja que el mancebo lo bombee con cierta firmeza. Paco gime de placer. Definitivamente, ese chico sabe cómo penetrar el ano de otro hombre. La ingle del activo chasquea al chocar con las nalgas del pasivo.

“las voy a dar”, anuncia Juan.

“Dame tu leche, papito”… dame toda tu leche”.

“Ahhh”, gruñe Juan, y eyacula dentro del recto de Paco.

Juan sigue gruñendo de placer por algún tiempo más hasta que saca su miembro, y se baja de la cama.

Luego que ambos se limpian, regresan al lecho. Vuelven a cubrirse bajo la colcha.

“Sabes que tu cara me es conocida de algún lado”, le lanza Juan.

“¿Sí? ¿de dónde?”

“Eso es lo que trato de recordar, pero ya te he visto antes”.

“San Sebastián no es grande; quizás de ahí”.

“Quizás”, reflexiona Juan.

Ambos se quedan profundamente dormidos.

A las cinco de la mañana, Paco despierta y tras esperar a Rodo, el mototaxista, regresa a casa. Antes de salir, se despide de Juan con un profundo beso en la boca.

“¿Volveremos a vernos?”, le consulta.

“Ya tienes mi número”, le sonríe Juan. “Coordinamos”.

Paco sonríe.

Durante el trayecto de regreso, Rodo no se aguanta el comentario:

“Ya se te hizo costumbre venir a esta parcela, no?”

“Te la perdiste”, le dice el docente muy suelto de huesos.

De pronto, algo inesperado. Una camioneta sale de una parcela justo antes del puente que conecta con las primeras casas de la ciudad. Rodo trata de evadirlo.

La mototaxi maniobra mal y cae al canal que está al lado de la carretera, quedando llantas arriba.

Rodo y Paco quedan inconscientes.

Y para terminar, tedejamos con una porno gay.


jueves, 26 de julio de 2012

La Parcela (11): Tres, dos, todos los hombres al desnudo

Nunca el cobertizo posterior de la casa de la parcela anduvo tan concurrido, especialmente por los “ingenieros”, y así lo hizo notar David a Jano, mientras supervisaban el cambio del cableado telefónico.
-         Si pancho y Nando han pasado por el costado del mini-gym, unas cien veces, ha sido poquito.
-          ¿Y tú, David, no sientes curiosidad por el mini-gym?
-          ¡Hombre! Las planchas y las ranas siguen siendo efectivas.
Jano sonrió sin ánimo. Se ensimismó por un segundo, y siguió trabajando.
En el almuerzo, el mini-gym fue el tema más importante de conversación, al punto que Jano tuvo que terciar.
-         Bien, muchachos, organícense, porque no quiero disputas por el momento en que lo van a utilizar. Además, compórtense, qué dirán los técnicos aquí presentes.
Eran dos varones. El primero, joven, como de unos 25 años, de cabello lacio grueso, peinado con raya en medio, trigueño, alto y de contextura normal. El segundo era delgado, un poco mayor, como a finales de los 30 –rozando los 40- y un poco más alto que el anterior, además de tener el cabello corto y zambo. Al escuchar a Jano, ambos sonrieron.
-         Con advertencia y todo, el almuerzo fue un debate completo por los turnos, hasta que al final decidieron que a las cinco de la mañana lo usaría Pancho; a las cuatro de la tarde, Nando; a las cinco, Raúl; y luego quedaba libre para quien quisiera  practicar, además de las mañanas. Aunque, camino a su dormitorio, Nando terminó convenciendo a Raúl para permutar los turnos.
-         - es que mi rutina es más completa, pata. Además, ¿quién trajo el aparato?
Raúl accedió de mala gana, aunque siempre terminaba cediendo a la opinión de Nando. Pancho los quedó mirando, algo incómodo.

Para las tres de la tarde, ya había Internet en la parcela. El ‘click’ de honor lo hicieron Jano y David. También había un teléfono más moderno en la oficina, otro en la sala y otro en el cuarto de Jano.
Este era el último lugar de trabajo de los técnicos, donde no demoraron más que poner el aparato, conectar, probar y dar por verificado el procedimiento.
El delgado y mayor se dirigió a Jano:
-         Terminado, ingeniero, y funcionando. ¡Uf! Aquí sí que hace calor.
-          Aquí hay baño. Si desean tomen una ducha.
Los dos técnicos se miraron sorprendidos por la invitación.
-         No, no queremos incomodar. Lo que sí le agradeceríamos es agüita.
-          Vengan a la cocina.
Jano les invitó limonada helada, especialidad de Jerry. Luego, Jano y el técnico mayor se fueron a la oficina a ver lo de los honorarios. El más joven se quedó con el cocinero, y lo miraba de reojo, hasta que sus miradas coincidieron.
-         ¿Cómo te llamas?
-          Leandro.
-          Yo soy Jerry. Trabajo aquí.
-          Tu cara me es familiar. ¿Tú no trabajabas por el Bajo Chira?
-          Hasta hace casi medio año. ¿Meviste por allá?
-          Bueno. No sé si te acuerdas. Era la fiesta de un santo de por allá.
Jerry abrió los ojos mucho más, y por fin hizo memoria; pero cuando iba a recordar todo lo que había pasado, llegó el otro técnico y le ordenó salir, pues regresaban a casa.
Jerry se quedó con la palabra en la boca.
-         Mira, pues. Es que con uniforme, es decir, sin uniforme… se ve distinto.

Ante la mirada de Wilfredo y Gabo, Pancho, Raúl y Nando terminaron de montar el mini-gym y hacer pruebas. Eran tres niños crecidos y de carnes firmes comportándose como cuando se tiene juguete nuevo. Pancho vestiía un short de lycra debajo del que evidentemente no había nada; Raúl fue con su bermuda blanca; Nando exhibía su musculatura cubierto apenas por un boxer negro con ribetes celestes y pretina blanca.
Mientras tanto, Jano conducía de nuevo a Piura, con los dos técnicos a bordo. El joven iba en el asiento trasero y su colega mayor en el del copiloto.
-         ¿Cansado, maestro?.
-          Le hubiera aceptado el baño, ingeniero.
-          Se puede resolver aún. Aunque no lo crea, yo también quiero un baño.
Jano miró de forma insinuante al técnico a su derecha, y éste al que iba atrás. Luego el copiloto regresó a ver a Jano.
-         ¿Qué idea tiene?

En la casa de la parcela, y ajeno al jolgorio del mini-gym, David seguía sentado en la computadora, hasta que alguien en la puerta lo asustó.
-         Disculpa, David. No era mi intención.
-          Descuida, Jerry. Estaba trabajando en la lap-top.
-          ¿Cierto que ya hay Internet?
-          Sí.
-          Ojalá algún día pueda ver mi correo, o mi Messenger.
-          ¿Por qué no lo ves ahora mismo?
Jerry intuyó que vería algo más que mensajes de correo o chat.

En una ciudad antes de llegar a Piura, pero algo desviada de la ruta hacia el norte, la camioneta de Jano llegaba a un hotel en la orilla del río Piura.
-         Una habitación para los tres. Sólo queremos bañarnos y descansar.
En minutos, Jano y los dos técnicos estaban en una simple con baño privado y televisor. El técnico más joven accionó el control remoto: en la pantalla, dos hombres penetraban a una chica al mismo tiempo, gimiendo. Los dos técnicos se miraron de nuevo, y luego a Jano, quien, para entonces, ya estaba bajándose el pantalón.
-         ¿qué dicen? ¿Compartimos la ducha?

En la parcela, y sin dejar de discutir, Nando, Raúl y Pancho compartían, la ducha, con el recurrente tema de la musculación, rutinas, dietas, y referentes del culturismo nacional y mundial. Wilfredo aprovechó el pánico para tirar con Jano, nuevamente, aunque esta vez usando condón.
Sin mucho esfuerzo, Jerry y David se escabulleron en el cuarto del segundo, se despojaron de toda su ropa, abrieron la lap-top, y se echaron boca abajo, desnudos, a ver una película porno gay recién descargada.
En la ducha del hotel, Jano y los dos técnicos acariciaban sus recios cuerpos bajo la lluvia fresca. Allí el chico pudo ver que el más viejo, aunque delgado, tenía músculos marcados, un poco más que Wilfredo, mientras que el más joven era atlético aunque sin mucha definición muscular.
El técnico mayor acariciaba con una mano la espalda y trasero de Jano, mientras lo besaba en la boca, y con la otra, recorría desde la nuca hasta el medio de las nalgas del técnico más joven, a quien besó después. Las tres pingas convergían en un mismo punto: la de 18 de Jano, rosada y venuda; la trigueña y también venuda, de unos 19 centímetros del técnico mayor; y, la de 15 y trigueña, pero gruesita del técnico más joven, que, por cierto, competía en firmeza y redondez de culo con Jano,–nada despreciable y sexy sin ser crecido, como el de Pancho o Nando.
Por su parte esos dos no cesaban de debatir, con Raúl tratando de mediar en la discusión, sin éxito. Tanto era el apasionamiento que los tres permanecían aún desnudos en su cuarto, entretanto que en el del costado, Wilfredo eyaculaba sobre el pecho de su sobrino, y en el cuarto de Dabid, Jerry se encaramaba sobre la espalda del administrador para besarla desde la nuca hasta el medio de las nalgas; luego, regresó hasta el cuello para hacer el mismo trayecto, esta vez, besándola, a lo que David respondió retorciéndose y gruñendo por las placenteras cosquillas que sentía, especialmente cuando le hicieron el beso negro, mientras dos chicos blancos musculosos hacían un bareback en la pantalla de la lap-top.
En el cuarto del hotel, el técnico mayor le metía su pene a Jano, y éste a su vez al técnico joven. Claro que antes, y vía el intercomunicador, el dueño de la parcela debió ordenar una tira de preservativos. Jano movía su culo de tal manera que se la corría al técnico mayor y le daba un masaje prostático al menor. Los tres gemían confundiendo sus exhalaciones con las de la película en el televisor.
Igual pasaba con Jerry y David.  Sin dejar de ver el monitor, el administrador se había puesto en cuatro, dando al cocinero toda la maniobrabilidad necesaria para perforarle el culo, de manera casi violenta, dándole una agridulce sensación de placer. De vez en cuando Jerry nalgueaba a David, con cierto escándalo, tanto como el de sus caderas al chocar con las nalgas lampiñas del piurano clasemediero.

En el cuarto del hotel, el técnico joven estaba sentado sobre la pinga de Jano, la que tenía dentro de su ano al mismo tiempo que la del técnico mayor. Con el orto extremamente dilatado, ese muchacho comenzó a quejarse de dolor, mientras Jano intentaba darle placer masturbándolo, hasta que consiguió que eyaculara, pero tal acción comprimió tanto el ano del técnico, que las dos pingas fueron expulsadas de inmediato. Sin importarle nada, el técnico, se acostó sobre el cuerpo de Nando manchando sus vientres con semen. El técnico mayor comenzó a corrérsela, hasta que se quedó mirando un hilo rojo en la entrepierna de su colega más joven:
-         estás sangrando, huevón.
En la parcela, tras un piernas al hombro, Jerry y David se masturbaron mutuamente y eyacularon con diferencia de un minuto a favor del cocinero. El abdomen y el pecho del administrador estaban inundados del blanco fluído. Mientras las daban, ambos gruñeron con cierta fuerza.
-         ¿Te gustó?
-          De la puta madre, Jerry. De la puta madre.

En el cuarto del hotel, el técnico joven, se masturbó por segunda vez viendo cómo su colega mayor penetraba a un inquieto Jano que se mecía en la pose de perrito, gimiendo excitado, hasta que recibió sobre su espalda el semen del otro hombre. A su vez, él se incorporó, y gimiendo fuerte, se la corrió hasta disparar su leche sobre el suelo. El técnico joven volvió a mancharse su torso con su propio semen.
Los tres regresaron a la ducha para lavarse, y casi dos horas después de pedir la habitación, retomaron el camino a Piura. Jano, aunque satisfecho, iba aturdido por una sensación inexplicable de nostalgia.

En la parcela, aunque Jerry se escabulló por la puerta principal y se fue, David no pudo disimular su bochorno al llegar a la cocina y ver las miradas de Wilfredo, Gabo, Pancho, Raúl y Nando encima de él. Se sentía desnudo, avergonzado. Todos estaban en silencio, terminando la cena.
Nando, sonriendo, rompió el hielo:
-         No lo olvides: esta es la parcela de Jano.

(CONTINUARÁ…)

©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares y situaciones es pura coin

lunes, 14 de mayo de 2012

Se viene La Parcela

Como ya informamos antes, la saga del policía que se animó a contar sus encuentros homosexuales y los de algunos vigilantes y serenos llega a su final de temporada.
En su reemplazo, desde la próxima semana comenzaremos la primera novela de ficción gay ambientada en la zona rural de Piura (donde la ácción es más frecuente de lo que se sospecha) llamada "La Parcela".
Esta novela cuenta la historia de un muchacho piurano que recibe como herencia una parcela, que toma bajo su administración, contratando un personal con el que, además del trabajo duro del campo, habrá mucho sexo; pero también un secreto que lo pondrá en riesgo. ¿Cuál será? ¡Espéralo!
A lo largo de esta semana, te presentaremos a sus personajes.
Mientras tanto, recuerda que para celebrar el final de temporada de SOT estamos pidiéndote que nos digas qué episodio te gustó más y por qué; además, ¿crees saber cómo acabará esta primera temporada?
Escríbenos a hunks.piura@gmail.com (o deja tu comentario). Como siempre, quienes nos escriban al mail, tienen garantizada la reserva de su identidad. Y sí, hay sorpresitas.

viernes, 11 de noviembre de 2022

ASS (52): ¿Puedes hacerme un favor?

tras cachar un rato, Bartolo cuenta a Sandro que Dago ya despertó.



Con muchas preguntas en la cabeza, Sandro aprovecha esa mañana para coger su bicicleta y emprender una de esas rutas de hora y media que terminan dejándole el culo y las piernas bien hinchados y duros. Llega a la pensión donde vive antes del mediodía. En la puerta se encuentra de pechito con Bartolo, vestido en su bata de personal de salud.

“¿Llegas o te vas?”, le pregunta Sandro.

“Llego”, le responde Bartolo.

“Perfecto: necesito un masaje”, le pide el primero acercándose discretamente.

“OK.. pero yo antes necesito una ducha”.

“Yo tengo una”, sonríe Sandro pícaramente.

Los dos atletas comparten el baño y aprovechan para pasarse el jabón por sus pechos, sus espaldas, sus abdómenes, sus culos y al medio de ellos, sus pingas, sus bolas, sus piernas.

“qué rico me tocas”, susurra Sandro mientras busca la boca de Bartolo. Lo besa profundo.

Ya secos, ambos se olvidan del masaje y se revuelcan en la cama. Bartolo le chupa ambas tetillas, también la pinga y las bolas; le levanta las piernas y le mete lengua en su ano liso y ancho, signo inequívoco que un pene, o varios penes, ya entró ahí más de una lujuriosa vez.

“¿te masajeo primero y te cacho después?”, propone Bartolo.

“Mientras me hagas llegar al clímax, haz lo que quieras, mi vida”.

Bartolo sonríe. Pone a Sandro boca abajo y comienza a sobarle la nuca, luego los hombros, toda la espalda superior de arriba abajo y de los lados al centro. No olvida los brazos, sigue con la espalda media y baja. Da algunos golpecitos con la yema de sus dedos. Continnúa con las musculosas nalgas, de arriba abajo, de la cadera a la raja. Con uno de sus pulgares, le soba sutilmente el ano. Luego deja que su pene semi-erecto se pose encima de esa profunda división del culo.

Sigue con las piernas, y luego lo pone boca arriba. Ahora es el trasero de bartolo el que se posa encima del pene erecto de Sandro mientras le soba el pecho.

“¿Quieres que te la meta, Bartolito?”.

“Si quieres… ¿por qué no?”

Sandro sonríe. Saca un condón y lubricante. Bartolo se encarga de proteger el pene y untarlo del coloide. Luego, comienza a insertarse ese pedazo de carne, engulléndolo con su ano. Gime y jadea. Posteriormente, comienza a rebotar sobre él.

La sensación de placer que experimenta Sandro es indescriptible. El problema, quizás, es que no está tan habituado a ser activo: siete u ocho minutos después, eyacula dentro del condón.

Descansa sobre su cama con Bartolo al lado.

“¿Y cómo va la campaña?”,le pregunta.

“Ahí… más o menos. Ayer estuve con el candidato regional, Pelu”.

“Ah,el que fue futbolista o algo así”.

“Sí,ése. Rico culo y rica verga tiene ese man”.

“¿También cachas con él”.

“Yo quiero cachar con todos los hombres guapos y masculinos que conozca, Bartolito, y tú eres uno de esos privilegiados”.

Sandro se aproxima a dar un beso a su amante de turno.

“¿Y tú qué novedades? ¿algo interesante en el hospital?”

“nada en especial. Los pacientes de siempre, aunque hoy me dijeron que evalúe a un pata que se accidentó ayer temprano acá cerca de san Sebastián”.

“¿Quién es?”

“Dagoberto… algo… no recuerdo el apellido. El caso que venía con un pasajero que había recogido,un camión salió de sorpresa de una parcela, él perdió el control y cayó con todo y pasajero al canal que hay al lado”.

“¿No será Dago, un pata que hace mototaxi?”

“Ni idea, Sandro. Es un pata gruesito, más o menos agraciado. Buenas piernas”.

“¿quién era el pasajero?”

“Un tal Francisco, creo que es profesor de aula. Me parece haberlo visto en el AS alguna vez. Creo que es amigo del instructor o algo así”.

La curiosidad de Sandro se activa.

“¿No será un tal Paco? Es una locaza”.

“Ni idea, Sandro. El mototaxista despertó hoy. Milagrosamente ssolo tiene contusiones, una luxación de hombro y codo, pero ningún hueso roto”.

“¿Y Paco está despierto?”

“No, aún no”.

“¿Y qué cuenta el mototaxista?”

“Muy poco. Lo que te dije. Fue a recoger a ese profe a una parcela como a las cinco de la mañana y pasó todo lo que te dije”.

Sandro se extraña. ¿en qué parcela podría haber estado Paco?

“Se me paró la pinga”, avisa Bartolo. “¿Te cacho al toque?”

Sandro sonríe. Hace que su amante se acueste sobre él.

“Claro… ¿Puedo pedirte un favor?”

“Mientras no sea plata…”

“No, algo más fácil”.

Bartolo sonríe. Se incorpora , levanta las piernas al ciclista, vuelve a hacerle un beso negro, y, al ver que ese ano ya está bien dilatado, pide un condón, se lo pone, unta lubricante y mete su pedazo de masculinidaden ese ccálido y gentil agujero.

Bartolo bombea gentilmente, controlando su respiración, transmitiendo energía erótica en cada movimiento que devuelve la excitación a Sandro, quienluego se pone en cuatro patas y deja que el fisioterapéuta le azote las nalgas con su ingle. Bartolo prueba a tener un orgasmo sin eyacular, y consigue tener dos. Ni una gota de leche fuera. Nno es necesario. Sí es posible llegar al éxtasis sin desperdiciar ese precioso fluido blanco.

Se acuesta sobre Sandro.

“Qué rico es cachar contigo, carajo”, le dice.

“¿Y podrás hacerme el favor?”

“Claro… cuenta con eso, Sandrito”.

Dos horas después, el ciclista llega a la ssala donde Dago se recupera. El mmototaxista se sorprende.

“Yo sé que me conoces de vista, pero me gustaría ayudarte”. Sandro saca varios billetes y se los deja discretamente debajo de un teléfono celular. “¿Puedes contarme detalles del accidente?

Dago mira los billetes, luego mira a Sandro. Está desconcertado.

“¿Por qué quiere saber detalles?”

“Confía en mí… ¿aceptas la oferta?”

Dago se lo piensa. Sandro espera con paciencia. Mientras tanto, en Cuidados Intensivos, Paco sigue inconsciente.

 

Y para terminar, te dejamos con un video porno gay.


sábado, 15 de septiembre de 2012

15000 HITS!

Hunks of Piura

Como siempre, gracias a ustedes, hoy hemos superado esta nueva marca. Por ello, queremos agradecerles invitándoles a que visiten el canal de video de Zev Atlas, el hunk gay más sexy que se haya desnudado. Claro que para ver muchos de los videos, requieren perfil adulto. Pero, podemos regalarte  un video suyo que podrás ver en la discreción de tu computadora, si adivinas dos cuestiones:

Primero, en La Parcela, Jano asiste a una cita misteriosa. ¿Quién crees que lo citó? ¿Lo aceptará?

Segundo, En Casa De-Formación, el Reverendo Alexander sorprende al Reverendo Rafael viendo un video porno gay. ¿qué crees que pasará con el Reverendo Rafael?

Envía tus respuestas a hunks.piura@gmail.com (se garantiza confidencialidad), y entre quienes acierten, les regalaremos este video de Zev atlas. Usuarios de Facebook, tendrán un premio adicional. El sorteo se hará el 23 de setiembre, y los resultados se anunciarán por aquí (en clave) y directamente al interesado.

sábado, 3 de diciembre de 2022

ASS (55): Todos tus secretos están seguros

Un policía se ofrece a cubrir las espaldas de Julio.



Solo para relajarse, Julio emplea las últimas horas de ese martes para jugarse un partido de fulbito con algunos amigos de san Sebastián. Sabe que nunca es bueno irse a la cama de mal humor. Mete un par de goles y queda satisfecho. Termina el encuentro. Está sudoroso y más oxigenado.

“50 años y como si nada”, le comenta alguien”.

“¡Damián!”, se regocija Julio al voltear y ver al hombre en sus 30, algo cuerpón pero evidentemente fuera de forma, quien jugó en el equipo opuesto aquella noche. El short que se puso no disimula su redondo culo ni sus gruesotas piernas. “¿Cómo va la comisaría?”, le pregunta.

“Bien, aunque hay una nota que te quiero comentar”.

“Hablemos”, sonríe Julio.

“No aquí”.

En menos de diez minutos, ambos llegan al departamento de Damián, en el centro de san Sebastián.

“¿Agua, jugo, chela?”, ofrece el anfitrión.

“Agüita nada más… Aunque ahorita lo que extraño es la ducha de mi casa”.

“Si quieres, puedes ducharte aquí”, ofrece Damián. “Mi señora no está, por si acaso; recién esta noche regresa de Trujillo”.

Julio se lo piensa: ¿será buena idea ducharse en el departamento del policía? Por otro lado,le incomoda su cuerpo pegajoso debido al sudor.

“espero que no te asustes de verme calato”, bromea como sondeando al efectivo, quien se sonríe.

“No sería mala idea verte calato, así sé qué marcas ocultas tienes si debo identificar tu cadáver”.

“Pues… una vergota”, responde Julio.

Ambos ríen.

Pasan al dormitorio y se quitan toda la ropa.

“La fiscal le tomó declaración al mototaxista que se accidentó el lunes de mañanita y el pata  le dijo que había recogido al tal Paco en tu parcela. Tranquilo. Esto no es un interrogatorio ni quiero sacar provecho, capitán. Simplemente quiero anticiparme  a lo que la fiscal pueda hacer mañana porque quiere investigar la ruta”.

“Y habiendo tanto caso por resolver acá, ¿por qué la fiscal quiere investigar ese caso en particular?”

Damián ya se ha quedado desnudo del todo: su cuerpo tiene un fino tapiz de vellitos en el pecho y el culo; las piernas y en especial la zona púbica sí parecen un bosque sin podar. Julio también ya se ha quedado en cueros, mostrando su cuerpo atlético, aún en forma, y su largo pene dormido descansando sobre sus grandes huevos.

“Ni idea, capi… me dijeron algunos colegas que ella y el tal Paco son amigos pero no me consta”.

Damián entrega una toalla a Julio.

“Tú primero”.

“Y… ¿por qué no los dos juntos? Digo… como que seguimos conversando”.

Damián sonríe:

“Por mí no hay problema”

Revisa aquí qué le pasó a Paco.


 La ducha es estrecha, pero tiene algo que no tiene Julio en casa: agua caliente. Los dos disfrutan el baño con el inevitable roce de pieles como consecuencia. Julio trata de concentrarse en otra cosa para evitar que se le pare el pene; ya intuye en qué va a terminar esa vaina.

“¿Cómo crees que el tal Paco fue a dar a tu parcela?”

“Ni idea, Damián; yo no tengo confianza con él”.

“¿Y no tendrá confianza con el tal edú, que es tu amigo? Para nadie es secreto que Paco tira con todos los patas de San Sebastián y que Edú también ha sido medio promiscuo”.

Julio medio sonríe:

“¿Tú también te has cachado a Paco?”

Damián no se anda con complejos:

“sí, y casi me descubre la mujer. El huevón debe tener las paredes del ano muy débiles porque aguanta bien, disfruta, pero sangra como mierda”.

Esa confesión pone a Julio menos tenso:

“¿en serio sangra por el culo?”

“Pensé que lo había sacado de pito, pero recordé que cuando le sopeé el ano, noté que ya tenía su uso; entonces me dije que yo no le había ‘quitado la virginidad’”.

Ambos ríen.

“¿Qué hiciste?”, pregunta Julio simulando ignorancia.

“Caballero, a lavar la sábana a las doce de la noche y rogar que se secara para la mañana siguiente… pero, no me has respondido: ¿será que conocía al tal edú?”

“No sé… Edú ya no trabaja conmigo; se fue hace un par de semanas; no me dijo por qué, solo que se iba y desde entonces no sé nada de él”.

“Puta madre”, reacciona Damián. “Porque Edú era la mejor explicación de que Paco haya aparecido en tu parcela”.

“¿Seguro que no me estás jalando la lengua, Damián?”

El policía sonríe:

“Nada que ver; ya te dije: quiero minimizar impactos. Como tú pienso que el caso no da para tanto, pero no quiero que esto termine siendo un lío para ti”.

“¿Y por qué tu interés en que no me perjudique?”

Damián suspira, pone su mano en el pene de Julio y comienza a masajearlo.

“Porque no te lo mereces”, responde Damián con seguridad.

Ambos se miran directo a los ojos. Se sonríen. Julio se deja de cosas, estrecha al policía con un abrazo y le aproxima su boca. Se besan. Luego de eso, Damián se las ingenia para arrodillarse en la estrecha ducha y comienza a mamar la verga a Julio. Qué rico es chupar esos 18 centímetros que se vuelven a poner duros como roca.

¿es cierto que el culo de Paco sangra mucho cuandole meten pene?


Sin secarse, ambos se tiran a la cama. Se revuelcan. Julio besa el cuello, las tetillas, levanta las piernas a Damián y revisa entre las nalgas.

“Tampoco eres virgen, carajo”.

“¿Te jode?”

“No… me excita más”.

Julio se agacha y comienza a hacer un beso negro que arranca suspiros viriles a Damián, quien comienza a autocomplacerse masajeando su pinga gorda y venuda, unos 16 centímetros quizás, que elimina líquido preseminal en cantidad.

“¿Tienes condones?”, consulta Julio.

Damián abre como puede un cajón de su mesita de noche, le alcanza un paquetito a Julio, y con esa misma mano, trata de ordeñar un poco de su precum para untarlo en su ano.

Julio, con su pene ya forrado por el látex, comienza a penetrarlo. La entrada es sencilla. Damián sigue gimiendo y gruñendo virilmente mientras siente que se lo cachan por el culo.

Julio se apoya encima del policía y le hace el amor de una forma gentil. Ambos se besan en la boca. El ex futbolista no entiende por qué esta sesión de coito anal parece ser diferente a las otras que ha vivido, siempre como el activo. Así que solo disfruta.

A los cinco minutos cambian de pose: esta vez Damián cabalga a Julio. El policía también es cuidadoso para que su sobrepeso no mate toda la pasión, y se mueve rico, aparte que pone un rostro de arrecho, nada que ver con su gesto duro de policía.

“Tírame tu leche en la cara”, pide Damián.

“Todavía no las voy a dar”, sonríe julio.

“No importa”, suspira el policía, quien comienza a masturbarse cada vez más fuerte, más fuerte, más fuerte. “¡A la mierda!”, ruge. Su semen se dispara sobre el abdomen de Julio.

el ex futbolista siente que el ano de Damián comienza a oprimirle el pene, así que se lo saca y le cumple la fantasía. Se pajea y dispara todo su esperma en el rostro de Damián, quien se lo saborea.

Ambos vuelven a ducharse.

“espero que esto no trascienda de tu depa”, advierte Julio.

“Todos tus secretos están a salvo conmigo”, tranquiliza Damián. “A mí tampoco me conviene que se sepa que recibo pene como si nada”.

Julio sonríe:

“entonces… te contaré toda la historia…”

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.


jueves, 23 de agosto de 2012

La Parcela (14): Esta noche, ¿Benny?

Aquel primer sábado por la mañan

Aquel primer sábado por la mañana, el sol había amanecido con cólera, obligando a que todo el mundo estuviera bajo sombra la mayor parte del tiempo.

Para Raúl fue una mañana distinta. Estaba aplicando el fertilizante con Pancho, bajo la supervisión de Nando. Notó que mientras con Nando la conversación y las bromas eran las mismas de todos los días, algo raro pasaba con Pancho, pues apenas si le dirigía la palabra. “Quizás el calor”, pensó. No se explicaba por qué lo inquietaba ese silencio tan inusual, al menos con él.

Aquel sábado se iba a trabajar hasta mediodía, luego de lo que todos tendrían libre hasta el lunes a primera hora.

Pancho rechazó quedarse a almorzar aduciendo que tenía que visitar a una tía, y el bus para ese pueblo pasaría en cualquier momento.

Justo antes de sentarse a la mesa, Raúl habló a solas con Jano pidiéndole permiso para quedarse el fin de semana en la parcela.

-         ¿No irás a casa, como todos?

-          Es que… yo no tengo a dónde llegar en Piura.

-          ¿Y dónde vivías antes de venir acá?

-          Alquilaba un cuarto, y…

-          Mira, vente con nosotros. No te vas a quedar aquí solito.

-          ¿Y no se queda Wilfredo?

-          Sí, pero… vente con nosotros. Hay espacio en la camioneta. Confía en mi.

 

Ya en Piura, Jano dejó a David en la puerta de su casa, y a Nando en una avenida donde tomaría un carro. Como la vez que recogieron el mini-gimnasio, se negó a que lo llevara a su casa.

En la ccamioneta sólo quedaron Raúl y Jano.

-         ¿No tienes familia acá, cierto?

-          No. Están en el Bajo Chira. Pero, ya que estoy acá puedo viajar a Sullana y llegar hasta casa.

-          ¿Hace cuánto que no vas a verlos?

-          Hace meses… desde que vine a vibir acá. Es que me la pasaba cachueleando y…

-         Nando lo miró esperando la finalización de la frase, pero vio cómo los ojos de Raúl se llenaban de lágrimas.

-          Oye, mira, te invito a que vengas a mi casa. Sólo vivimos mamá, la empleada y, bueno, yo.

-          Es que… no quiero causar…

-          Nada de eso. A mamá le encantará hablar con alguien más que la empleada. Créeme.

Cuando Raúl iba a insistir, la camioneta se estacionó en la residencia de Jano.

Adentro, su madre recibió a Raúl amablemente, mientras que saludaba cariñosamente a su hijo.

Raúl se alojó en uno de los dormitorios del segundo piso al costado del de Jano.

-         Es el cuarto de mi hermano que vive fuera. Espero que estés cómodo.

-          No debiste. Pero… gracias.

-         El resto de la tarde, como Jano se lo dijo, la madre comenzó a conversarle la historia de la familia, de cómo se conoció con el padre de Jano, de cómo comenzaron y los militares les quitaron una hacienda, de cómo recomenzaron y cómo llegaron a adquirir la parcela, cuando Jano apenas tenía tres años de edad.

-          Qué bueno que Janito esté al frente. Así evitamos que otra vez nos la quieran quitar, como pasó cuando la compramos.

-          ¿Otra vez los militares?

-          No. Digamos que el papá de Jano tuvo sus cosas por ahí, y salió una mujer a querer quitarnos la tierra. Pero, ya se resolvió, y nunca más nos molestará.

Tras cenar, estar un rato en Internet, y ver televisión, Raúl se sintió cansado y se fue a dormir como a las diez. A esa hora, Jano se estaba vistiendo para salir a la calle. Bajó y se encontró con su madre.

-         ¿Otra vez fuera?

-          Voy a ver a mis amigos. No me demoro que mañana debo hacer cosas acá en la casa temprano. No te preocupes que no trasnocharé.

-         jano salió a encontrarse con sus amigos de la fiesta de la noche de cumpleaños, y se fueron a la discoteca gay. Ocuparon una mesa y comenzaron a pedir trago. Allí también estaba el cumpleañero.

- ¿Crees que haya sexo en vivo?

-          A lo mejor.

-          Ay. Ojalá que salga Benny. Lo hace rico.

-         Jano miró hacia el escenario, como alertado ante tal pedido, pero ese espacio estaba vacío.

-         Fue al baño luego, y al regresar a la mesa, pasó por la barra.

-          ¿Sabes si esta noche actuará Benny?

-          Parece. No sé, causa.

-         A medianoche, dos chicos con la piel brillante, como si tuvieran aceite, pero extrañamente coloreados, se apoderaron del escenario y comenzaron a realizar una performance erótica. Ambos estaban desnudos, luciendo cuerpos que sólo se consiguen con suplementos, mancuernas y barras. Ambos tenían un tono bronceado artificial de la cabeza a los pies.

-         De pronto, Jano se fijó en uno de los dos, y notó la prominencia del trasero, una característica que le parecía muy familiar, que ya había visto varias veces. En medio de la naciente ebriedad, meneó la cabeza para asegurarse que estaba identificando correctamente al modelo, quien erectó su pene, como de unos 18 centímetros, y se lo dio a su compañero para que se lo chupara.

-         La multitud daba grititos nerviosos y alaridos de excitación, y el personal de seguridad tubo mucho trabajo para que más de un espontáneo no pudiera subir a darse un festín.

-         Cuando el que hacía de activo se disponía a penetrar al otro modelo que estaba en veinte uñas sobre el escenario, Jano decidió irse dejando todo atrás.

El resto de la madrugada se la pasó en un bar del centro de Piura bebiendo por beber, y sin razón aparente.

A las tres y media de la mañana estaba tan borracho, que uno de los mozos le ayudó a tomar taxi. Había apagado su celular.

Quince minutos después hizo esfuerzos supremos para no hacer bulla al caminar, ya dentro de su residencia. Incluso llegó a quitarse las zapatillas. Subió las escaleras mecánicamente, pues de su cabeza no pudo quitarse la imagen del modelo de la discoteca. Pasó frente al cuarto donde había alojado a Raúl. Se detuvo. Respiró hondo, dudó un minuto, sacó su llavero e ingresó a ese espacio.

Raúl dormía boca abajo, descubierto y totalmente desnudo. Lo contempló con la poca luz que entraba por entre las cortinas.

Jano se desnudó por completo, y se echó sobre la espalda de Raúl, quien se despertó asustado.

-         soy yo. Tranquilo. Hagamos el amor, ¿sí?

-         Raúl no supo qué hacer, y dejó que la boca de su anfitrión le besara la espalda desde la nuca hasta la raja del culo, que le separara las nalgas, que le hiciera un intenso beso negro, que le recorriera las piernas hasta llegar a besar las plantas y los dedos de los pies.

-          Voltéate.

Raúl acató la orden, se puso boca arriba y sintió cómo Jano regresaba por sus piernas hasta lamer sus testículos y comenzar a chupar su pene. Raúl no sabía a qué sensación darle más prioridad, si al temor o al placer.

Sintió cómo sus 18 centímetros entraban y salían de la boca de Jano, e hizo esfuerzos para no gemir, por temor a que lo escucharan en el resto de la casa.

Luego de unos diez minutos, Jano se acostó sobre Raúl, y lo besó profundamente en la boca, por varios segundos.

-         Tienes rica pinga. ¿Has hecho el 69 alguna vez?

-          Sí. Varias veces.

-          Hagámoslo.

Ambos se aferraron a las nalgas del otro mientras se daban una gran mamada. En esa pose, se revolcaron sobre la cama cuantas veces quisieron. Jano alucinó estar con el chico de la disco, con el policía de sus sueños, con el policía del cumpleaños, con…

-         ¡Las voy a dar!

-         Raúl soltó la verga de Jano y dejó que su leche caliente le inundara el pecho y el abdomen.

-         Jano jadeó un par de veces, y se deshizo de la pinga de Raúl, regresó a su realidad, se levantó, se puso su boxer.

-          Disculpa. No sé qué me pasó.

-         Así, semi-desnudo, Jano dejó el cuarto.

-         La primera claridad de las cinco de la mañana se asomaba por la ventana, pero insuficiente para iluminar la perplejidad en el rostro de Raúl.

 

(CONTINUARÁ…)

 

©2012  Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido o semejanza con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Contacta a los autores: hunks.piura@gmail.com