viernes, 15 de abril de 2022

La hermandad de la luna 10.4

En las oficinas de Cruz Dorada, Christian está sentado gastando la cuarta revista institucional en la sala de espera en Gerencia. . Hace media hora que la secretaria se ha despedido preguntándole si necesitaba algo y él le dijo que no, tras haber llegado poco antes de las cinco. Chiquito entra y camina rápido hacia la oficina de Ismael Nava.

“Disculpa”, Christian se pone de pie, pero el hombre lo deja con la palabra en la boca e ingresa veloz.

“Carajo”, balbucea el abogado y regresa al sofá de cuero.

Busca en su celular el número de Elga y está a punto de marcar cuando se abre la puerta de la oficina de Nava y éste sale rápidamente con Chiquito. Christian se levanta y le da alcance, pero el guardaespaldas lo bloquea.

“Ahora no lo puede atender, doctor”, le dice empujándolo con el antebrazo.

“¡No puedes tratarme así, oye!”, reclama Christian.

Nava sigue su camino hasta la salida y le hace una seña a un guardia de seguridad que reemplaza a Chiquito y retiene al abogado.

“Caballero, tranquilícese, o llamo a la Policía”.

“?Oye! ¿Tú sabes quién soy yo?”, se infla Christian.

“Lo siento, caballero. Está en propiedad privada y debe tranquilizarse o llamo a la Policía”.

Christian trata de salir del edificio pero el guardia se lo impide.

“¡esto es secuestro!”, amenaza.

“Conserve la tranquilidad, caballero, por favor”.

Chiquito y Nava abordan una de las camionetas de Cruz Dorada y dejan el estacionamiento. Cuando Christian por fin es liberado, corre hasta la camioneta que está conduciendo, pero el otro vehículo ya se perdió en medio del tráfico.

Mira un video aquí. 

Cuarenta minutos después, Tito y Flor llegan a la casa y encuentran a Adán y Frank sentados en el sofá. Al fondo, el AMW no ha suspendido su atención.

“Acabamos de cruzarnos con la camioneta de ellos a mitad de camino”, informa el gladiador.

Adán toma una bolsa plástica blanca que está en el suelo, a un costado del sofá, y se la lanza a su primo.

“¿Fueron de compras?”

“Más o menos”, responde el cuerpo de luchador. “Es un regalo para el biólogo”.

Tito abre la bolsa: prendas manchadas en sangre. Mira a Adán, sorprendido.

“Es uno de los sujetos que vino a molestar a Flor”.

“¿Cómo lo consiguieron?”, se asombra Tito.

“Olvidaste que fuiste un comando de estirpe?”, guiña un ojo su primo.

Tito sonríe y cierra la bolsa; comienza a buscar en su celular, en tanto que Flor se libera de su mochila.

“¿Y dónde está el alumno nuevo, tío?”

“Viene más tarde”, responde Adán.

“Y espero que sano y salvo”, murmura Frank.

Flor no entiende nada.

  

domingo, 10 de abril de 2022

ASS (23): Sus primeras dos escenas cachando a pelo

Un nuevo actor porno se une a la productora de Enrique.


 

“Soy Mike, tengo 20 años y vine aquí por el casting de baile”.

“¿Qué géneros sabes bailar?”

“Casi todos. Te demuestro si quieres”.

“Qué bueno, Mike. Yo estoy buscando strippers decididos a todo”.

“Yo estoy decidido a todo”, sonríe el postulante.

“Veamos”.

Suena una música y el candidato se pone de pie, va al centro del escenario y comienza a moverse sensualmente al ritmo. Se quita el polo. Sigue bailando. De un tirón se deshace del short y queda solo en zapatillas y una tanga con estampados felinos que le aprisionan el bulto y le ocultan la mitad de sus bien desarrolladas nalgas, aunque se le mete entre ellas.

Al terminar, hace una venia. El chico que lo está examinando se le acerca.

“Nada mal, Mike… pero… en mi show, el stripper se queda totalmente desnudo”.

“¿Y tú te quedas totalmente desnudo en tu shows?”

“Mira”.

Suena otra música y el examinador comienza una rutina en la que también se queda sin polo, sin short, y mientras baila solo en zapatillass y un hilo dental que oculta su paquete pero revela sin ningún roche su culo como dos burbujas hinchadas, se acerca al postulante, lo toma de su tanga atigrada y se la baja hasta las pantorrillas: la pinga semiflácida del otro chico queda al aire.

Se le contonea. El candidato termina de despojarse de la ropa interior y así desnudo lo sigue. Poco a poco, le saca el hilo dental. El examinador gira, abraza al postulante, lo besa en la boca y, apoyándose en sus manos, baja por todo su pecho y vientre velludo hasta llegar a su pinga. La comienza a mamar y la pone dura de inmediato. Tras un par de minutos, el examinador gira y se pone en cuatro patas sobre el piso del escenario.

“Mámame el culo”, pide.

El postulante se arrodilla y se inclina para hacer el beso negro. el examinador gime y jadea. Se la pasan así por un par de minutos.

“Métemela al culo”, pide el examinador.

Mike se incorpora, calibra sus 18 centímetros y comienza a meterlos con suma facilidad en ese hueco que más que dilatado, está bien usado.

“Así, fóllame rico”, pide el pasivo.

el activo se cimbra con mucho ritmo y respira profundo. Cierra los ojos y solo se deja llevar hasta que siente venir su orgasmo. Entonces, para y saca su pene.

“Cortamos”, dice hacia su costado derecho.

En la platea, Willy apaga la cámara de televisión dispuesta sobre un trípode mientras Enrique da una señal de conformidad y alejo mira toda la acción sentado en una silla de plástico.

“Subo para hacer los contraplanos”, avisa el camarógrafo a la vez que carga sus herramientas de trabajo hacia el proscenio.

“entonces, tu amigo… ¿Pedro? Bueno, él no se anima aún”, recuerda Enrique.

“Tiene miedo que su viejo le saque la mierda si lo descubre”, responde Alejo.

“¿Y ese otro que dices tiene más cuerpo de futbolista?”

“Sería de hablar con él, aunque parece que se está cachando a mi amigo Pedro”.

“¿Son pareja?”

“No, digamos que solo cachan porque él vive en su jato”.

“Ah, chinga”, reacciona enrique.

Sobre el escenario, los dos actores se visten por completo y se ubican en la posición inicial de la entrevista.

“Solo voy a hacer tus planos, Flavio”, indica Willy. “¿Recuerdas tus líneas?”

“Sí”, afirma el modelo y actor.

“Enrique, Alejo, detrás de mí para que no salgan en plano”, pide Willy. “¡Y…acción!”

Alejo y Enrique se van a un rincón de la discoteca vacía que funciona como locación.

“El pata que cacha con mi amigo Pedro está llegando al AS con un venezolano que tiene cuerpo como el mío, es culón, y Miguel me contó que ese venezolano es pingón”, dice Alejo en voz baja.

“¿Pero tiene papeles?”, consulta Enrique también en voz baja.

“Ah, eso no sé”.

Vuelve a sonar la música, y en el escenario, el que interpreta al postulante repite el baile y strip-tease hasta volverse a quedar en su tanga atigrada.

“Buen culo tiene tu amigo Miguel; debió depilárselo para ponerse el hilo dental que le había comprado”, comenta Enrique desde el fondo aún en voz baja.

“Y él sí es moderno”, agrega Alejo.

“¿Por qqué no te animas tú? Tienes buen culo”.

“No, cojudo. Duele cuando te meten la pinga”.

“¿Ya te la habrán metido, cabrón?”

Alejo ríe mirando al escenario cómo Flavio se quita toda la ropa y se queda en su hilo dental.

“Corten”, indica Willy. “Voy a cambiar de tiro”.

“¿Así se hace una porno?”, se extraña Alejo al fondo, siempre en voz baja.

“Todo lo que veas en la pantalla es 50% talento del modelo y el otro 50% del equipo detrás de cámaras”, presume Enrique.

En el escenario se reanuda la secuencia  del baile de Flavio hasta quedar totalmente desnudo, acercarse a bailar con Miguel, besarlo, desnudarlo, chuparle el pene, que él haga el beso negro y que finalmente lo penetre por el culo. Ahora Willy puede tomar los gestos de placer de los dos actores con más detalle.

“Las voy a dar”, avisa Miguel.

“Aguanta, voy a abrir la toma”, pide Willy. “Ahora sí… orgasmo… acción”.

Miguel se sigue cimbrando con su pene dentro del ano de Flavio hasta que ahora sí deja desencadenar su eyaculación:

“Me vengo, me vengo”.

“Sí, dame tu leche”, pide Flavio.

Miguel saca su pene, lo pajea y dispara su  semen entre las nalgas y la espalda baja de Flavio. Ambos se tranquilizan y esperan.

“Corten… queda”, avisa Willy.

“Recupérense que tenemos que hacer la escena del baño”, avisa Enrique.

“¿También vamos a filmar cachando y parando?”, vuelve a preguntar Alejo.

“el truco del buen cine”, explica Willy mientras recoge la cámara y el trípode, “es quetodo lo que vesen pantalla parezca como si hubiese pasado de forma corrida cuando realmente no fue así”.

“¿Incluso los videos porno amateur?”, curiosea Flavio.

“Los videos porno amateur no son tan amateur como parecen”, sonríe Enrique. “Son formatos que los estudios han desarrollado para que parezcan amateur y seguir ganando dinero invirtiendo menos en la grabación”.

Los cuatro van al camerino de la discoteca, y aprovechando la estrechez del pasillo, Flavio mete su mano en el culo de Alejo.

“Me dejaste por el Kike”, le dice bromeando.

“le ibas a pagar sus escenas con mi dinero”, aclara Enrique también bromeando.

La escena en las duchas es relativamente básica. Se supone que Alejo, encarnando a Santiago o Santi, está bañándose cuando llegan Miguel, interpretando a Mike, y Flavio, como él mismo. Al hallar el cubículo ocupado, deciden esperar pero Santiago les dice que mejor la comparten. Los tres entran como pueden, se bañan y se excitan.

Mike y Flavio se turnan para chupar el pene a Santiago, quien a su vez luego se los mete por el culo a cada uno. A pesar de la leve protesta de Alejo, Willy graba la escena cortando y cambiando de ángulo con tal de lucir mejor el falo del actor en los dos grandes culos que sodomiza, y de paso el del activo también. En una toma, se logra ver su agujero cerradito.

La escena termina con Flavio mamanndo ambas vergas hasta que logra que eyaculen en su boca. Primero la de Miguel, mucho después la de Alejo. Y como un extra, Miguel mama la pinga cabezona de Flavio hasta recibir el semen en su lengua y tragárselo. Lo saborea.

“Corten”, indica Willy cuyo pene también está durísimo, y de eso se encarga Enrique. Le baja la bragueta del jean, y delante de los tres actores, se arrodilla a chupársela hasta que el esperma del camarógrafo se dispara en su boca. Han sido cuatro horas y media de grabación, y son dos mil soles más en la cuenta de Flavio, dos mil quinientos adicionales a la de Alejo y los primeros dos mil para Miguel haciendo porno. Y todo el vestuario, proporcionado por ASS.

“¿Y si alguien descubre la película?”, por fin pregunta Alejo a Miguel cuando llegan a San Sebastián en la moto.

“Yo no le rindo cuentas a nadie más que a mí, así que yo me hago responsable solito”, responde el galán.

Alejo quisiera decir lo mismo, pero luego de dejar a Miguel, tendrá que inventarse otra mentira sobre su ausencia cuando llegue a casa, eso sí, con una buena dotación de víveres.

Y para terminar,te dejamos con una porno. 

sábado, 9 de abril de 2022

Proyecto Lujuria 7.1: Una mañana al desnudo con un surfista aficionado


Al llegar al condominio donde vive Gibrán, en Jesús María, Evandro destraba las puertas del Yaris, y como un rayo Osmar abre la suya y baja.

“Espera, Os”, le pide.

Alexis también baja y camina hasta la puerta de la calle donde su compañero ya está sacando la llave para entrar. Evandro les da alcance:

“Os, por favor, tenemos que hablar”.

Pero Osmar abre la puerta y se voltea hacia Alexis, muy serio:

“¿Entras o esperas?”

“Avanza, luego entro”.

Osmar camina hacia el edificio, mientras los otros dos chicos se quedan en la puerta de la calle:

“La recontracagaste, Evandro. Esta vez sí la recontracagaste, para… variar”.

“¿Qué necesidad tiene él de bajarse en cualquier lugar a esta hora de la noche, Alex?”

“¿Y quién eres tú para impedírselo? Ya hemos hablado de esto el otro día”

“Lo que me dijiste es que lo estaba haciendo dependiente”.

“Pues, hello, su carrera comenzará a despegar y por mérito propio… bueno, y de su culo”.

Evandro baja la cabeza y mira a un costado:

“Tengo que hablar con él; tengo que disculparme”.

“Evan, mira, lo mejor que podemos hacer a esta hora es irnos a la cama, tranquilizarnos, descansar, esperar a que amanezca, y ya en la mañana analizaremos cómo actuar: deja las cosas como están por ahora”.

“Me sonó a cumbia de desengaño, Alex”.

“Bueno, más tarde le dices que te equivocaste y… ya tú ve qué floro le metes, pero ahora sí reconoce que la cagaste, hermano”.

Evandro suspira. Quizás Alexis tenga razón.

 


Solo unas horas después, el torso desnudo de Osmar se cuelga en varios puestos de diarios y revistas en todo Lima y Callao. Con un titular muy explícito (Su piel al desnudo), las cuatro páginas centrales están dedicadas al actor y modelo que aparece en algunos afiches entre osados y sugerentes a lo largo de la metrópoli y algunas ciudades importantes del resto del país, y en los comerciales de trasnoche a nivel nacional. Además de las fotos de Alejandro Albújar, hay otras de archivo aportadas por el propio Osmar y un par que la propia revista ha incluido de su acervo en las que se ve al talento cuando aún hacía carrera en Venezuela.

Osmar ya había salido a media mañana a comprar no uno, sino cinco ejemplares del diario con la revista adjunta, y cuando pensaba refugiarse todo el día en el gimnasio, la alarma de mensajes de su celular suena. Con cierta molestia toma el aparato y abre el aplicativo: toda esa mañana Evandro no se ha cansado de enviarle cosas como “quiero hablar contigo” o “perdóname, necesitamos hablar” o “por favor, respóndeme”; pero el que acaba de entrar es distinto: “¿ya despertaste?”.

 


En media hora, llega a la esquina de Javier Prado Este y Paseo Parodi, donde lo espera un Alejandro muy deportivo. Al bajar del taxi y reencontrarlo, le sonríe con entusiasmo.

“Pensé que ibas a estar ocupado”, le dice el fotógrafo.

“No, los domingos trato de descansar”.

Ambos comienzan a caminar en dirección a Lince.

“¿Y ya recibiste comentarios por la nota?”

“Algunos mensajes, saludos, cosas en mis redes; creo que hasta el taxista me reconoció”.

“¿Te dijo algo?”

“No, pero tenía una cara muy… sospechosa cuando pagué la carrera”.

Alejandro sonríe:

“Este país de mierda adora ver mujeres calatas pero sigue escandalizándose si ve chicos desnudos, especialmente si son guapos como tú”.

Osmar sonríe y se sonroja.

Ambos llegan a un edificio y suben hasta el quinto piso, donde Alejandro alquila un amplio dormitorio solo ocupado por su cama, una mesa de noche, un armario desarmable, un archivador de metal (“lo compré en las subastas de la Sunat”, explica), un escritorio con una Mac, su silla, un estante con algunos libros y papeles, y un gran espacio libre al lado de la ventana. Osmar camina hasta ella y mira a través de las hojas abiertas de vidrio, por donde se cuela un aire fresco. La vista de Lima que en este punto tiene más edificios con diferentes diseños y colores, le recuerda por un instante a su lejana Caracas, aunque sin las verdes colinas que la rodean.

“Te ves guapísimo con esa luz”, Alejandro no ahorra el piropo.

“Gracias”, sonríe el modelo. “¿Me tomarás una foto aquí?”

“Solo si tú me lo pides”.

Osmar vuelve a sonreír viendo hacia la calle:

“Podríamos pensar en una sesión, pero quizás otro día; hoy quiero disfrutar esto, y me encanta este lugar”.

“El edificio es de la década de los sesenta, por eso los acabados son muy anticuados”, explica Alejandro.

“Lo importante es que lo sientas tu hogar”.

“Trato de hacerlo mi hogar; aquí estoy por trabajo. Mi hogar está en Negritos. Sería bonito que lo conozcas algún día”.

“¿Te sientes solo acaso?”.

Alejandro carraspea y va al archivador. Osmar nota que la expresión de su nuevo amigo ha cambiado.

“Perdona, no quise…”, se justifica.

“Descuida”, sonríe Alejandro. “Te dije que tenía algo especial para ti”.

El fotógrafo saca una caja rectangular blanca,sellada, y se la entrega al actor y modelo. Al abrirla…

“¡Naguará, chamo! ¡Están hermosas!”

Son todas las fotos de la sesión, en impresiones de veinte por treinta centímetros, algunas de ellas duplicadas pero en escala de grises.

“Y si tienes una memoria USB o si tienes espacio en tu Drive, te puedo enviar las versiones digitales”.

“Debe haberte costado caro”.

“No importa. Es mi… regalo de cumpleaños”.

“Ya pasó mi cumpleaños, pero gracias”.

“¿Te provoca hacer algo? No sé. Salir a caminar, conocer algo de Lima que no conozcas, comer algo”.

Osmar sonríe:

“¿Te aburre quedarte aquí encerrado?”

“Suelo ir a la playa a correr o ssimplemente escuchar el mar”.

“¿Y tu tabla?”

“La tuve que vender, pero tengo otra en casa, en Negritos. Cuando voy, a esa le saco la mugre”.

Osmar sonríe:

“Allá en Venezuela hay un sitio llamado Cuyagua, en el Estado Aragua. Cuando grabamos una novela cerca, íbamos los fines de semana. Uno de los actores me quiso enseñar surf, pero terminé tragando más agua que parándome sobre la tabla”.

Ambos ríen.

“La práctica hace al maestro”, asevera Alejandro.

“Es un sitio hermoso, chamo. Hay tortugas, un río…”

“Como El Ñuro, en Piura”.

“¿Está cerca de tu ciudad?”

“Una hora; tres cuartos de hora”.

Osmar repasa las fotos otra vez y se sonríe a sí mismo. Alejandro ha sabido captarlo. Entonces, esa sensación que va más allá de la vanidad, la satisfacción y el placer regresa a su cuerpo.

“Creo que te encantaron, ¿no?”

Osmar sonríe:

“Encantar se queda corto como verbo. No sé, chamo, se nota que tu trabajo fue hecho con cariño, con estilo, con calidad”.

“No te equivocas… en lo del cariño, quiero decir”.

Osmar mira a Alejandro. Guarda las fotos en su caja, las cierra y las deja sobre el escritorio. Se acerca al muchacho, y al ponerse frente a frente, lo abraza muy estrechamente.

“Perdóname, Osmar”.

“¿Por qué tengo que perdonarte, vale? Todo está OK”

“Estoy excitado con todo esto”.

Osmar sonríe de nuevo:

“Yo igual”.

El modelo se separa un poco, lleva sus manos hasta la pretina de la pantaloneta del fotógrafo, la desata, la extiende, mira adentro:

“Es grueso y largo: ahora se explica”.

Alejandro sonríe e imita la acción: mira dentro de la pantaloneta que Osmar se puso esa mañana.

“La tienes como hongo”.

Osmar ríe despacio y se separa un poco. Se desnuda por completo sonriendo como un inocente niño travieso. Alejandro, esperando interpretar la acción correctamente, hace lo mismo, aunque sonriendo encandilado: delgado pero formado, espalda ancha, no musculoso sino fibrado, vientre plano, piernas y pantorrillas como futbolista. Osmar se acerca y lo abraza otra vez, acariciando su espalda y yendo más abajo:

“Cuando te vi ese día en el gimnasio, me preguntaba si era tu jean, pero también tienes un culo grande como el mío”.

“No es cierto”, replica Alejandro, también acariciando las grandes nalgas de Osmar. “Tu culo sí es enorme”.

Los dos vuelven a mirarse de frente, se sonríen, aproximan sus rostros, se besan con ternura.

A continuación, ambos se revuelcan sobre la cama, juntando sus bocas y lenguas, acariciándose, disfrutándose. Alejandro prueba a recorrer con sus besos desde la nuca hasta las nalgas sin obviar la espalda. Cuando llega a los glúteos, los separa y va a la conquista del ano de Osmar. Es cerradito. Al mismo tiempo, toma el pene erecto del actor y lo masturba. Luego se invierten los papeles. Mientras ambos están abrazados y besándose en la boca, casi eyaculan simultáneamente uno en el vientre del otro.

“Me caes muy bien, Alejandro”.

“¿Y tú qué crees? Quisiera que te quedes todo el día aquí”.

“¿No te incomodo?”

“Para nada… Ahora esto sí parece tener calor de hogar”.

Tras bañarse juntos, salen a un sitio bien caleta en Barranco donde almuerzan algo, y Alejandro le presenta a una pareja de actores veteranos que justo pasaban allí el domingo. Tras departir con ellos, regresan al cuarto en Lince, descansan un poco y reviven la faena de la mañana un par de veces más.

  

viernes, 8 de abril de 2022

La hermandad de la luna 10.3

Adán ingresa al gimnasio. Está concurrido, a pesar de todo. Bueno, el turno tarde siempre es más concurrido que el de la mañana y faltan todavía por llegar los de la noche. Se acerca a Owen y lo jala al pasillo de la casa, a puertas cerradas.

“Pablo ya me lo contó todo: ¿por qué no quieres acompañarlo?”

Owen deja la farsa sobre sí mismo:

“Porque la batalla va a jugarse aquí y ustedes me necesitan, Adán”.

“¿Y si te detienen?”

Owen sonríe y se desvanece. Adán gira para saber a dónde se fue. El supuesto fantasma reaparece desnudo justo en la puerta que comunica pasillo con sala, siempre sonriente y luciendo sus brazaletes dorados en ambas muñecas.

“Tú ya conoces mi secreto, Adán. ¿Por qué me subestimas?”

Owen gira hacia la sala y mira a Pablo, quien no termina de dar crédito al prodigio que acaba de ver, y no se refiere al físico del ser teletransportado necesariamente.

“quedan dos horas para que anochezca, pero podrías adelantar tu viaje”.

Una motocicleta suena afuera. Owen vuelve a desvanecerse y Adán entra a la sala, aún perplejo.

“Creo que el negro tiene razón”.

El cuerpo de luchador va a abrir la puerta e ingresa Frank con la motocicleta. El más joven se extraña de ver a Pablo en la sala.

“Es largo de explicar”, se adelanta Adán. “Por ahora lo único que te diré es que necesitamos nos prestes tu caballo de metal”.

Súbitamente, se escuchan varios fierros cayendo en el gimnasio y alguien que grita de dolor. Los tres corren a ver de qué se trata.

Mira un video aquí. 

En la posta médica de Santa Cruz, el capitán Castro despierta luego del descanso que le ordenó el médico. Tiene moretones en ambos lados de la sien y un intenso dolor muscular en la zona abdominal. Aún así se incorpora con cierto esfuerzo hasta sentarse en la camilla. Mira su reloj: seis menos diez de la tarde. Busca su celular, pero no lo encuentra. Ingresa una enfermera a la sala.

“Hola, ¿por casualidad has visto…?”

“¿Sus cosas, capitán? Las tiene uno de sus subordinados afuera. ¿Lo hago pasar?”.

“Si fuese tan amable, por favor”

“Claro, pero no se levante hasta que el médico le dé de alta; reclínese”.

La enfermera sale. Veinte segundos después, Castro mira con asombro y temor a la puerta cómo alguien bien fornido se le acerca hasta prácticamente rozarlo.

“Suspenda o posponga, capitán”, El Carnes le devuelve su celular, su billetera y su arma muy discretamente.

“No puedo; la Fiscalía va a proceder”.

El Carnes se le acerca más.

“El ingeniero dice que suspenda o posponga, o de lo contrario no podrá protegerlo”.

“Pero si todo iba bien”.

“Iba. Prenda su celular que lo llama en unos minutos”.

Un alboroto se oye afuera. El sentido de curiosidad, más que del deber, se activa en el comisario y, a pesar de su dolor, sale al pasillo. Un muchacho en ropa deportiva ingresa en una camilla empujado por dos apresurados técnicos de enfermería, y en su rostro la angustia por una lesión  está más que plasmada. Lo llevan a Tópico. El Carnes también asoma medio cuerpo hacia el pasillo.

“Buenas tardes, caballeros”, dice alguien a sus espaldas con un español masticado.

El comisario y el Carnes giran lentamente y se quedan petrificados: Owen secundado por Adán ocupan casi todo el pasadizo de la posta.

El Carnes, en una desesperada y estúpida reacción, quita el arma a Castro, y éste comienza a forcejear con el matón.

“¡No seas imbécil!”, le grita el policía y lo empuja hacia el cuarto que estaba ocupando, pero el sobresaltado forzudo no quiere soltar la pistola. Adán busca ingresar, pero Owen lo detiene con un solo brazo.

“No”, le pide moviendo la cabeza además. Empuja al cuerpo de luchador hacia el tópico.

“¡Se va el negro!”,se desespera El Carnes. “¡¡Se va, carajo!!”

“¡Suéltala, mierda! ¡¡Suéltala, te digo!!”, arrecia el capitán mientras procura que no alce su brazo.

La enfermera corre para controlar la pugna y… la pistola se dispara. La mujer grita aterrorizada. Owen y Adán salen de Tópico y regresan al cuarto en el que se habían detenido inicialmente. La enfermera está sumamente nerviosa mientras junto a la camilla, los cuerpos de El Carnes y Castro se separan lentamente ya manchados por la sangre.

“¡Pide ayuda!”, urge Adán, pero Owen lo traspasa y entra al cuarto.

El cuerpo de el Carnes se desploma en el suelo; respira agitado. Castro lo mira con terror. El arma se desliza por los enormes muslos del herido. Owen se arrodilla y pone su mano sobre la inserción del protuberante pectoral izquierdo y el hombro de ese lado.

“¿”¿es aquí?”

El Carnes lo mira suplicante, ahogándose.

Owen cierra los ojos y la víctima comienza a respirar con normalidad poco a poco, además que la sensación de dolor y ardor van aminorando. Owen abre los ojos y clava la mirada en El Carnes.

“Gracias”, susurra el matón.

Owen le sonríe.

Entran un par de técnicos de enfermería. El celular del comisario suena insistentemente, pero no puede contestarlo porque está sin sentido sobre el suelo donde aún corre sangre. La posta médica comienza a ser un alboroto.

  

domingo, 3 de abril de 2022

ASS (22): Cuando tu profe te contrata pa' que te lo caches

Tras un show porno, Alejo se lleva una inesperada sorpresa.

 


Cuando la noche del viernes acaba y comienza la madrugada del sábado, un grupo de cinco chicos se bañan desnudos en la piscina de la casa de enrique. El agua está temperada, así que si bien en el resto de la ciudad corre viento frío, adentro del agua, la cosa se mantiene de tibia a fresca. Alguno sale al bar que allí se dispuso y en el que enrique está desplegando su otro talento: bartending.

“en un momento tengo listo tu trago”.

Enrique lo prepara y lo sirve. El chico, delgado, se apoya en la mesa viendo la única prenda que el bartender está luciendo esa noche: un bóxer rojo opaco de adelante pero transparente de las nalgas. Y enrique tiene un generoso par de nalgas. Sorpresivamente, entra Alejo vestido de la misma manera y de frente se para frente a Enrique:

“Oe, ¿por qué me quitaste mi chamba?”, le reclama.

“¿De qué chamba me hablas? ¿Acaso tú llegaste a tiempo para dedicarte a tu… chamba?”

Para sorpresa de todos, Alejo da empellones a enrique y lo lleva hasta el otro lado de la piscina. Los ocupantes quedan desconcertados. Los dos patas vestidos con la misma sexy lencería se agarran a pelear allí delante de todos, y en una maniobra de Alejo, ambos caen a la piscina. Enrique trata de llegar al borde pero su oponente trata de halarlo al agua, y en el forcejeo, le termina quitando el bóxer. Al quedarse oficialmente desnudo, enrique da media vuelta e inicia la lucha dentro del agua. Los otros invitados se acercan a separarlos. Ambos púgiles se dejan controlar (y de paso manosear) por los otros bañistas.

“¿Sabes cómo resolvemos esto?”, ddesafía Enrique. “Con un duelo”.

“Acepto el duelo”, responde Alejo.

Ambos salen de la piscina pidiendo antes que el resto no intervenga y que se mantenga tranquilo porque será el jurado.

“Pero yo ya estoy encuerado y tú no”, observa Enrique.

“No me paltea ccalatearme”, responde Alejo, y en el acto se saca el bóxer.

Ambos se juntan e inician combate cuerpo a cuerpo; pero ante los ojos de los otros cinco en la piscina, algo raro pasa con esa lucha, porque poco a poco, las bocas de ambos contrincantes se buscan hasta besarse profundamente. Tras algún rato, al separar sus cuerpos, sus vergas, cada uno bien dotado con 18 centímetros, están bien al palo. Encima tienen hermosos culos. Allí mismo comienzan una guerra de espadas.

La concurrencia entiende, entonces, que todo es un montaje, pero un montaje erótico. Alejo hace una llave y Enrique gira dándole la espalda, lo que permite rrestregar su pene erecto entre las nalgas del anfitrión.

“Te he vencido”, le dice.

“Tienes razón… acepto la derrota”.

“Ponte de rodillas”.

Enrique se hinca ante Alejo y comienza a chuparle el pene y lamerle las bolas. Debajo del agua, algunas erecciones entre los concurrentes comienzan a manifestarse. Alguno aprovecha y toca el miembro del compañero y comienza a pajearlo.

En el borde, tras mamarla por buen rato, enrique se voltea y Alejo se agacha para inclinarse, abrirle las nalgas y aplicarle un buen beso negro. Enrique gime y jadea extasiado. Bajo el agua, ya no hay mucha inhibición: es evidente que al menos dos parejas de patas se están pajeando.

Aprovechando la postura de enrique, Alejo escupe entre las nalgas  y comienza a meter su pene erecto. Cuando logra introducirlo todo, comienza a mecerse vigorosamente. Ambos machos siguen gimiendo y jadeando. Adentro del agua, una de las parejas se anima también a practicar sexo anal mientras los otros cuatro miran, se pajean, o se besan.

Tras veinte minutos de espectáculo, Alejo saca su pene, lo pajea y dispara su semen en la nalga de enrique más visible ante su público. A su vez, Enrique se pone de pie frente a Alejo, se la pajea también y le eyacula entre los dos grandes y lampiños pectorales. Por fin, ambos se ponen de pie, se besan en la boca nuevamente y hacen una venia al respetable que aplaude:

“Feliz aniversario”, saludan a los dos que están en pleno coito aún en la piscina.

Alejo y enrique van a ducharse al segundo piso de la residencia.

“Solo espero que ese pasivo esté limpio de la panza, si no, mañana tendré que cambiar el agua”, reclama el dueño de casa. “Por cierto, cabrón, tu idea de la performance estuvo cañón”.

“Como que ya salíamos de lo mismo del baile y del calateo, ¿no?”

“¿Te quedas a pasar la noche?”

“No, enrique. Me prestaron la moto y tengo que devolverla”.

“Con tu exclusividad deberías pensar en comprarte una moto”, sonríe el anfitrión.

Enrique baja rápidamente a la piscina vistiendo un bóxer blanco convencional.

“Si desean, tengo un cuarto”, avisa a la pareja de enamorados quienes siguen abrazados.

“Ya lo preñé hace rato”, sonríe el que está detrás.

Cuando Enrique regresa a la barra pensando que definitivamente el resto de ese sábado se la pasará desaguando, llenando y desinfectando la piscina, uno de los invitados emerge.

“¿Y el otro chico?”, pregunta dándole alcance.

“¿por qué?”

“¡Da servicios?”

Enrique casi choca con Alejo cuando éste baja lasescaleras.

“Te tengo un cliente”.

Alejo se lo piensa.

Diez minutos después, el invitado que preguntó por el escort abre la puerta de uno de los dormitorios. Al entrar, Alejo lo espera tapado en la cama.

“Ponle seguro”, pide el gigoló.

Cuando la puerta está cerrada y asegurada, Alejo se destapa: está calato, y su pinga está más dormida que erecta. El invitado, ahora convertido en su cliente, se acuesta a su lado. Alejo lo abraza y lo besa en la boca:

“Prepárate para gozar”, le anuncia.

Tras un poco de caricias románticas, Alejo se pone bajo el hombre, de unos 35 años, y deja que vaya hasta su pinga para chupársela:

“Los huevos también”, indica.

Con sus 18 centímetros duros y autolubricando, lo siguiente será forrarse con un condón y meterle del otro lubricante, el de base de agua:

“Siéntate y cabalga”.

El cliente sigue las instrucciones y lentamente se sienta sobre la gorda vara de carne hasta que su ano la engulle toda. Comienza a rebotar.

“Cáchame, Alejandro, cáchame así”, gime de dolor el hombre llegando al éxtasis.

El escort se extraña de que lo llamen por su nombre real, pero trata de restarle importancia y gira con su cliente hasta meterle verga haciendo un piernas al hombro. El cliente comienza a pajearse hasta  que no aguanta más y eyacula en su propio vientre, lo que estrecha su recto y es la señal para que Alejo cese la penetración.

“Pensé que harías carrera en el Ejército”, le dice el hombre.

“Alejo se extraña.

“¿No te acuerdas de mí?”

“No, la verdad”, sonríe el escort para no generar conexión y porque realmente no lo recuerda.

“Fui tu profesor reemplazante de Literatura en la secundaria. No te reconocí por el corte de pelo y los músculos, pero ese timbre de voz y esos ojos…”

“¿Quieres que te devuelva tu plata o…?”

“No, Alejandro. No es eso. Solo que no pensé encontrarte aquí y así. Más bien, si quieres puedo conseguirte trabajo, digamos, no sé… Ahora estoy a cargo de una oficina en educación, aquí en la Regional y…”

”Gracias. Yo te aviso”, contesta secamente el escort, levantándose de la cama. “Puedes ducharte aquí”, le señala la puerta del baño.

“¿Dije algo malo?”

Alejo toma aire y disimulando su incomodidad todo lo que puede:

“Creo que me confundes. Yo soy Santiago. Y, claro, siempre que sea para cachar, nos podemos ver. Espero lo hayas disfrutado”.

Así, calato, Alejo deja la habitación y deja a su cliente totalmente desconcertado.

                Y para terminar,mira una porno aquí. 

sábado, 2 de abril de 2022

Proyecto Lujuria 6.4: ¿Evandro celoso?


La siguiente nota se hace dos días después, el sábado, en el teatro, con la participación de Evandro y Alexis, la supervisión de Zaira, y la mirada lejana de Escalante. Esta vez el motivo es la obra. Las preguntas son triviales, y lo que parece importar a los reporteros es que posen con el vestuario de clergymen y que poco a poco se despojen de la camisa, el pantalón, la ropa interior, y que luzcan desnudos y en poses muy sugestivas sobre la cama que está en el escenario del teatro. en una de ellas, Alexis está al centro orientado hacia su izquierda, a su frente está Evandro un poco girado hacia su derecha, y detrás suyo está Osmar girado hacia su izquierda de tal manera que se le luzcan las nalgas. El actor al medio está nervioso no por la foto (no es la primera vez que posa en cueros) sino por la consabida erección de su compañero de delante, la que Evandro contiene apretando su ingle contra el muslo de Alexis.

“Es todo”, dice el segundo fotógrafo. “Gracias”.

Osmar se retira pero Evandro no sabe qué hacer mientras Alexis siente la humedad en su pierna.

“Ya pueden bajar”, insiste el fotógrafo.

Osmar mira a los chicos y se topa con Evandro que tiene el SOS titilando en los ojos.

“¿Me toman una foto con Zaira?”, explota el actor, y así desnudo camina hacia una sorprendida directora y la voltea hacia la platea mientras posa de lado con ella. Zaira, para disimular, pone su antebrazo a lo largo del abdomen de su talento. Detrás, evandro y Alexis no solo salen disparados del lecho, sino que buscan sus ropas de inmediato.

 


“Te la debo, amor”, sonríe Evandro a Osmar mientras regressan en el Yaris al terminar la función.

“Otra vez lleno y con gente esperando una entrada”, comenta Alexis, en el asiento posterior.

“Chicos, aceptemos las funciones dobles los fines de semana, ¿qué dicen?”

Evandro y Alexis se miran por el retrovisor central. Se levantan las cejas como diciendo OK. El conductor mira a su copiloto:

“Tú eres el más juicioso de los tres. ¿Por qué no hacerte caso?”

Osmar sonríe. Evandro le palmea el hombro y le estruja levemente el paquete.

“Evan, esa mano”.

Osmar siente que le estrujan el paquete otra vez y que se va poniendo duro.

“No hagan provocar”, reclama Alexis desde el asiento posterior.

“Chicos…”, Evandro cambia de tono. “¿Y si hacemos un trío?”

Osmar se sorprende. Alexis no se lo espera. Evandro sonríe. El Yaris avanza por toda la avenida José Pardo. Entonces, el celular de Osmar vibra. Lo saca. Es un mensaje de Alejandro: “Te vi en la función… estuviste bárbaro… quería invitarte unos tragos pero te perdí de vista… ¿aún estás despierto?” Osmar responde. Evandro trata de adivinar quién escribe. Vibra el celular otra vez. Ya están para doblar a la Avenida del Ejército.

“Yo me bajo, panas”.

“¿Qué?”, se sorprende Evandro. “¿Estás loco o qué?”

“Dije que me bajo. Detén el auto”.

“¿Quién te está escribiendo?”

Osmar sonríe:

“No me hagas esas escenas. Detén el auto y ya”.

Evandro toma la palanca decambios, y en lugar de detenerse,continúa.

“¡¡qué pasa, chico?!”

“No te irás a ninguna parte. Te llevaré a casa”.

Osmar mira a Evandro indignado. Alexis no sabe qué hacer ante tal situación tensa. El Yaris sigue su marcha camino hacia la avenida Salaverry.


 

viernes, 1 de abril de 2022

La hermandad de la luna 10.2

En una avenida de Collique, el tráfico de las cuatro de la tarde comienza a hacerse pesado. Frank trata de abrirse paso llevando a Elga como su pasajera en la motocicleta.

“Debiste entrar dos calles atrás, como te dije”, le observa ella.

“Tranquila que damos vuelta dos cuadras más adelante y nos vamos por una ruta más corta”.

De pronto, Frank nota que varios metros adelante hay una matrícula de auto que conoce.

“No te asomes para nada”.

“¿Por qué?”, se intriga Elga.

“¡Solo no te asomes!”

El semáforo que estaba deteniendo el flujo se pone en verde y Frank, en lugar de avanzar, apaga la moto y la mantiene inmóvil a la derecha de la vía.

“¿Estás loco o qué?”, reclama Elga.

Frank no responde.

“¡Avanza, por favor! No nos conviene estar parados aquí”.

“Te equivocas: en este momento, lo que más nos conviene es estar parados aquí”.

El semáforo vuelve a ponerse en rojo y el aparente peligro que estaba delante desaparece. Frank arranca la motocicleta otra vez y espera que regrese la luz verde.

“¿Me quieres decir qué está pasando?”, insiste Elga.

“Christian estaba delante nuestro”.

La mujer comienza a sudar frío y sentir que le falta la respiración. Se apoya fuerte en la espalda del conductor.

“¿Te sientes bien?”

“No”, musita ella.

Mira un video aquí.

Adán llega a la casa de Tito en su bicicleta. Al abrir la puerta, lo que más le llama la atención es que alguien esté durmiendo en el sofá, quien al despertar, de inmediato toma un arma dentro de una mochila y le apunta. Los dos varones se miran muy asustados. Cuando el intruso reconoce al cuerpo de luchador, baja la pistola.

“Perdona”, le susurra.

“¿Vas a explicarme quién mierda eres tú y qué mierda haces aquí?”, se indigna Adán.

Pablo toma el arma por el cañón y se la entrega al habitante de la casa:

“Descárgala; te voy a contar una historia”.

Adán se sorprende y reconoce el modelo de pistola.

“¿Eres policía?”

Mira otro video aquí. 

A las cinco menos cuarto de esa tarde, Tito llega a la oficina de Juan García en el Ministerio Público de Collique. Saluda a César, saluda al fiscal.

“Mucho te has demorado”, le observa Juan.

“Mi hija y yo estábamos verificando esto”.

Tito enseña el video que Flor había tomado la tarde anterior en la universidad.

“Es el comisario de Santa Cruz”, reconoce Juan.

“Había ido al Centro de Idiomas de su universidad para pedir una traducción confiable de los papeles que publicó el flaco de Santa Cruz Directo hoy; las había dejado por la mañana”.

“¿Entonces la fuente fue el comisario?”, pregunta César.

“Mi pregunta mas bien sería cómo el capitán Castro sabía  de la existencia de esta información”, centra el fiscal.

“Yo sospecho de Cruz Dorada”, se aventura a acusar Tito.

“La teoría es buena”, replica el fiscal. “Pero deberías saber lo que encontramos nosotros: Owen Mgombo tiene hasta seis pasaportes diferentes, y en todos tiene la misma edad, cuarenta y siete años, aunque los lugares de nacimiento se adaptan a cada país. Pero el dato realmente curioso es éste: la mayoría de frecuencias ha sido desde estos países a Inglaterra. Por ahí que se ha movido a otros lugares como México, India, Etiopía, Brasil o acá mismo; pero en todos los registros, figura que la mayor frecuencia es con Inglaterra, así que allí vive en realidad”.

“Que yo recuerde, él nos dijo que vive en Londres por trabajo y estudios”, acota Tito.

“eso no es lo raro, Joey; lo raro es que necesite hasta seis pasaportes distintos para viajar, como si se tratase de seis personas distintas cuando realmente es una sola”.

“¿Entonces, es terrorista como dice la publicación?”

“No hallé evidencia de eso, pero de que a nivel migratorio está en un lío, está en un lío; y si las autoridades de acá deciden intervenir tu negocio, hasta podrían multarte por contratar a un extranjero sin tener los papeles saneados”.

“¿Y la relación con Cruz Dorada?”

“Todos los países que visitó Mgombo tienen una filial de Cruz Dorada, con ese nombre o con otros acrónimos, así que básicamente la está cazando a nivel mundial, y donde parece haber tenido rencillas aparte de Sudáfrica, y ahora acá, es en Malawi y en Uganda”.

“eso sin contar que ya falleció en Sudáfrica y en Kenia”, completa César.

El gladiador mueve su cabeza como queriendo despertar.

“¿De qué chucha hablan?”

“Que en tu casa tienes al fantasma de carne y hueso más musculoso que la parapsicología haya conocido jamás”.

“¿Y todo eso cómo se conecta con la muerte de Manolo?”

“legalmente, no se conecta aún. Aunque los documentos de ayer hablan de la práctica latifundista de Cruz Dorada, que no es delito ni falta en nuestras leyes, solo me permiten conjeturar que si lo mataron fue porque Manolo sabía que algo irregular hay en esas compras, y eso sí sería delito”.

“¡Listo, Juan! ¡Ya tienes tu caso!”

“No, Joey, Tito o como te llames: solo tengo una sospecha, y tú vas a contarme por qué creo que manejas más información de la que aparentas”.

Tito abre los ojos y traga saliva.

“¿Por qué crees eso, Juan?”

“Dímelo tú, Tito”.

El gladiador se toma un respiro…

“Owen nos contó hoy que nunca estuvo en Sudáfrica… al menos no este Owen”…”

“No hablo de Owen; hablo de Manolo Rodríguez”, aclara Juan.

Los labios de Tito se vuelven blancos de los nervios.