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martes, 7 de febrero de 2023

el misterio de Olorun (4)


En Pueblo Libre, Lima, el Reverendo Manuel Palomino, responsable de ICK en Perú, autentica las pruebas de su existencia en carne, hueso y energía.

“Él anda entre nosotros haciéndose pasar como un negro común, a veces como un desconocido peón, o simple transeúnte. Por sus poderes de Orisha, revelará su identidad, sólo a quienes Él escoge”, me explica.

Según ICK, Olorum, quien fuera ejecutado durante la Colonia, resucitó el 15 de agosto de 2007, afirmación que ha sido blanco de críticas, y hasta escarnio, por parte de creyentes de otros cultos y religiones.

“Sinceramente, creemos que el gran problema de la sociedad moderna es que se ha vuelto demasiado superficial, materialista, pragmática y racionalista. Al perderse la fe en lo sobrenatural y divino, los modernos pierden contacto con esa otra realidad”, reflexiona Palomino.

Trae a colación el hecho que las culturas de la antigüedad tenían un fuerte componente de creer en lo sobrenatural: “En tal sentido, es tiempo que, especialmente, las nuevas generaciones de peruanos re-descubran y aprecien la herencia cultural y religiosa del antiguo Perú y también esta que nos trajeron los esclavos del continente negro”.

 


Resurrección

El 15 de agosto de 2007, un terremoto de ocho grados en la escala de Richter, remeció, durante dos minutos, la zona costera del norte de Ica y el sur de Lima. Las poblaciones quedaron muy dañadas, en especial Pisco.

El seísmo, producido a las 18:40 estuvo acompañado de un raro fenómeno lumínico que se pudo apreciar en la ciudad de Lima, y fue reportado por todas las cadenas nacionales, y algunas internacionales, de televisión.

Cuando Olorum era ejecutado, cerca de Pisco, Ica, predijo dos fuertes cataclismos, y que resucitaría en el segundo de ellos.

Desde entonces, está en medio del mundo en forma tangible, pero con la posibilidad de aparecer y desaparecer a voluntad, o a simple vista, tal como lo contaron sus hermanos, hace cuatro siglos.

ICK insiste que la aparición del Daniel escobar es Él.

 


De la hostilidad a la amistad

La probabilidad de un encuentro con Olorum en el Alto Chira, Sullana, es tan eventual como la cantidad de testimonios que provocaron este viaje por medio hemisferio.

Pero, si sucede, el Reverendo Palomino sugiere que lo último que se debe sentir es temor, fuera de que su identidad podría ser inequívoca: un afrodescendiente desnudo, atlético, alto y con un grillete en el cuello.

Si se le tiene miedo, o se le rechaza, es probable que se termine siendo alzado en peso, y arrojado al canal, así que la salida es otra.

“La persona que se encuentra con Olorum debe mostrarle una actitud amigable, con mucha sinceridad. Olorum, en su condición de Orisha, percibe fácilmente cuando alguien no es sincero, ni amigable con Él”, aconseja Palomino.

El Orisha se aparece a personas a quienes quiere poner a prueba, creando un escenario sobrenatural. Para romper el hielo, puede recitarse una antífona.

“Amo a Dios y a Cristo su Vodún Hijo. Y reconozco que tu eres Olorum su Orisha su siervo sobrenatural enviado, que has resucitado para traernos  bendiciones.  Reconozco y aprecio tus actos de libertad que hiciste por los hermanos negros, e indígenas. Y que heroicamente fuiste a la cruz por todos los oprimidos y pobres que padecen la injusticia. Te acepto Olorum.”

Palomino también aconseja agregar el Padre Nuestro en Patwa, la lengua de los pueblos africanos que fueron sometidos a esclavitud en Sudamérica.

“Faada, mek piipl av nof rispeck fi yu an yu niem.  Mek di taim kom wen yu ruul iina evri wie. Evridie gi wi di fuud we wi niid. Paadn wi fi aal a di rang we wi du siem laik ou wi paadn dem we du wi rang. No mek wi fies notn we wi kaaz wi fi sin. An protek wi fram di Wikid Wan”.

Dice Palomino que si Olorum escucha esta oración, comprenderá que su interlocutor está identificado con su causa, su historia y sus creencias. Pero, se debe recordar que estas expresiones deben ser sinceras, si no… ¡un baño no deseado en el canal!

Empleando este protocolo, Olorum podría llegar a hablar y a  entablar una duradera amistad basada en el respeto y la protección mutuas.

“Es más, no se sorprenda si después Olorum empieza a tratar con usted en sueños. Luego jugará con usted, le esconderá sus cosas, llaves, etc., porque es un Orisha juguetón y travieso”, afirma el Reverendo Palomino.

¿Esclavo furioso, o mas bien un Orisha milagroso y socarrón? Por lo pronto, la ICK lo honró en 2011, sacando su imagen en procesión.

“Hará otras cosas raras para mostrarle su presencia y amistad. Puede incluso visitarlo. Y su ayuda será muy efectiva cuando se cree en él y se lo aprecia: él se hace su amigo”, indica Palomino.

  

martes, 31 de enero de 2023

el misterio de Olorun (3)


Oret Watson, un joven negro que había llegado a buscar suerte en Kingston, Jamaica,salió un sábado por la noche a divertirse. A la entrada de la discoteca Da Quad, se encontró con David Minto y unas chicas.

Quiso hacer gala de su vanidad, y retó a Minto a una carrera de piques en sus motocicletas. El escenario sería el Knourfurd Bpulevard, que a esashoras estaba despejado.

Watson aceleró a tal punto que tenía la carrera ganada, a no ser porque en una intersección se le cruzó un camión.

Cuando él, su contrincante y el improvisado auditorio pensaron que moriría estrellado, su máquina desaceleró, aparentemente, sin que él pudiera maniobrarla.

El camión pasó sin rasguñarlo, siquiera; su única explicación: un milagro.

Curado del susto, y de la vanidad, regaló su motocicleta a Minto, y decidió regresar a casa. Si tenía la suerte de que algún transporte público pasara, lo tomaría; si no, completaría el camino a pie.

Ningún vehículo circulaba, hasta que uno se detuvo cerca, ocupado por tres afrodescendientes como él. sin dudarlo, se subió.

En el camino, Watson les contó su experiencia, y los otros pasajeros le dijeron que “Dios había actuado a través de su Orisha Olorum”.

Cuando llegó a su destino, el conductor, un joven negro como él, le dio su tarjeta de presentación, diciéndole que estaba a su servicio.

A la mañana siguiente, buscando entre sus cosas, halló la tarjeta. Estaba a nombre de un Olorum sáduha.

En otro momento, una persona no identificada, pero que se sabe que es blanca, estaba ansiosa porque debía pagar la deuda de su tarjeta de crédito, de 658 dólares americanos.

El día del vencimiento de su deuda llamó al banco, y le dijeron que no debía preocuparse porque ya había sido cancelada por completo, a través de un depósito a su cuenta.

Personal del banco le informó, después, que un joven negro había realizado la transacción, asumiendo que iba de su parte; pero, el deudor no había enviado a nadie, y lo que era peor, no tenía el dinero justo.

 


Intercesión exitosa

Antes de mudarse a Kingston, Oret Watson vivía en la zona rural de Jamaica, donde su abuela trató de instruírlo en la veneración al Orisha Olorum; incluso, lo encomendaba constantemente.

Oret desdeñó tal protección, se llenó de arrogancia y se fue a vivir a la ciudad. El incidente de la noche de la carrera de piques le hizo regresar a sus raíces.

Cuando se reencontró con su cariñosa abuela, se quedó pperplejo al saber que aquella misma noche, ella, presintiendo una desgracia, rezó por él y recibió la confirmación de la desaceleración de la moto que salvó su vida.

El milagro fue atribuído a Olorum, lo que provocó la conversión de Watson, quien ahora vive en las Islas Cayman, donde se desconoce su paradero. Su amigo David Minto, también creyente, es quien repite la historia a quien quiera saberla.

Sobre el deudor sobregirado, se la pasaba constantemente pidiendo la interseción de Olorum para salir del trance.

Videos de vigilancia del banco muestran a un joven negro, atlético, alto y con anteojos oscuros, realizando una transacción. Esa noche, Olorum se le presentó en sueños y se le había confirmado como su benefactor.

La Iglesia de Cristo Kyrios (ICK) asegura que es el líder anti-esclavista en persona,quien cuatro siglos antes se rebeló en Perú, y que, aparentemente también se materializa a lo largo del canal Daniel Escobar, en sullana.

  

martes, 24 de enero de 2023

el misterio de Olorun (2)


La gente que ha tratado de reconstruír la historia de Olorum también le atribuye el diseño de la bandera peruana bicolor, esto es, blanco y rojo, los mismos del Vodum.

La adición son cinco cruces negras, en conmemoración a la muerte de su abuelo, Baba Kwame y sus cuatro generales, asesinados por el dueño de la hacienda Maranga (Lima), Pedro Mondragón de Covarrubias.

Según la tradición Yoruba, el rojo representa a su Orisha Shango y el blanco a Obátala. “Cuando Olorum atacaba, la bandera era extendida”, convirtiéndose así en la  primera señal emancipadora de su tipo, al menos para la población afrodescendiente.

Sofocada la  rebelión, la bandera fue llevada a Pisco, Ica, lugar donde, según la Historia oficial, el Libertador José de San Martín la creó, en 1820; aunque, tras la Declaración de Independencia, en 1821, sólo consideró libre a la población afrodescendiente que naciera después del 28 de julio de ese año.

ICK sugiere que san Martín recibió mucho apoyo por parte de los esclavos pisqueños.

Su templo principal, en Pueblo Libre, Lima, tiene una réplica de la bandera de Olorum, como símbolo de la libertad.

ICK aclara que estos datos fueron debidamente investigados y presentados en 2011 en el Museo Afroperuano, en Ciudad de Lima.

 


Las profecías
Pisco también fue el fin de Olorum, pues, dejando la seguridad de Piura, regresó y fue capturado. A las autoridades españolas, con fuerte influencia católica, no le hizo ninguna gracia las reivindicaciones religiosas de Olorum, y mucho menos, su categoría de Orisha.

Tras un juicio, fue sentenciado a morir clavado a un árbol en forma de cruz, pues se consideraba que era la mejor forma de acabar con la ‘superchería’ de origen africano, pagano para la mentalidad colonial.

“La ejecución  se hizo cerca de una playa en Pisco.  Cuando Olorum fue clavado en su cruz,  anunció eventos terribles: uno fue la destrucción de Lima colonial, que ocurrió en 1746”, relata el Reverendo Foster.

Olorum también predijo su propia resurrección en medio de un destructivo terremoto que afectaría la comarca donde fue crucificado, y que, aparentemente, ya ocurrió.

ICK asegura que, tras su muerte, el cuerpo de Olorum se mantuvo incorrupto.

 


Códigos secretos

Los Orishas siempre están rondando nuestro mundo físico: “Lo que ustedes han recogido en Chalacalá, es parte de sus manifestaciones sobrenaturales”, subraya Foster, en la sede de ICK, en Kingston.

La tradición llegó a Jamaica luego que varios de los seguidores de Olorum fueran deportados. Ésta se conservó en el Patwa, idioma de origen africano y de carácter sagrado, que es usado por esta Iglesia dentro de sus ritos.

Los creyentes de la ICK tambié nos explicaron que es posible escuchar ciertas palabras en Patwa en el folklore jamaiquino, como el reggae, su género musical más conocido, y que este idioma es el que realmente utilizan en vez del inglés británico, que aparece por todos lados como el oficial.

El Patwa es parte de la familia Bantú, y se habló en Etiopía, Nubia… e Israel.

“Inclusive, eruditos han encontrado  algunas expresiones Patwa en los manuscritos antiguos de los Evangelios”, dice Foster, por lo que no descartan que Jesucristo y sus Apóstoles conocieran ese idioma, o al menos en parte.

La tradición dice que Ellos hablaron arameo, mas Jerusalén, su capital, era lo que en tiempos actuales llamamos una ciudad cosmopolita.

El Patwa ha permitido que el relato de Olorum se preserve, pues lo mantuvo lejos de extirpadores de idolatrías y curiosos

¿Y por qué el espíritu del ‘esclavo furioso’, literalmente, arroja a la gente al canal Daniel escobar?

“Ése es un tipo de castigo que Olorum aplicaba a los escépticos  y racistas que rechazaban creer en su resurrección y manifestación sobrenatural”, dice el Reverendo Foster.

Pero, ¿qué hacer si se nos vuelve a cruzar en el camino? Este caso está a punto de explicarse… o eso parece.

“¡Cuidado! No sean escépticos”, advierte Foster.

  

martes, 17 de enero de 2023

el misterio de Olorun (1)


“Lo que sucede allá en san Vicente de Piedra Rodada, Sullana, es real”, advierte el Reverendo Dwight Foster.

“La gente allá está enfrentando una manifestación sobrenatural”, indica el representante de la Iglesia de Cristo Kyrios (ICK) en Kingston, Jamaica.

Foster explica que es una religión, por su carácter sobrenatural, que propone la creencia en un solo Dios, que es el mismo de las tres grandes religiones monoteístas del mundo (Cristianismo, Judaísmo e Islamismo), pero que aporta una raíz marcadamente africana a la teología e historia de cada una de ellas.

Dicho en sencillo: las grandes figuras de la Redención humana y su descendencia directa tuvo rasgos étnicos negros, y se distribuyó por el mundo a través de una diáspora forzada durante la gran trata de personas (tráfico humano) autorizada por las grandes potencias de la Edad Moderna, que se tiene registro.

Aunque su centro principal queda en Perú, se practica en Colombia y en Jamaica.

Hay testimonios de Varias personas que transitaron a lo largo del canal Daniel escobar, entre san Vicente de Piedra Rodada y los dos pueblos de Chalacalá, en Sullana.

Estos lugareños, porque los atacados son varones, contaron  que, en ciertas noches de luna llena, una sombra con forma de un afrodescendiente fornido, y vistiendo sólo un grillete al cuello, les atacaba y les arrojaba a la corriente de agua.

Si ellos quieren acusar a alguien, podría ser a Olorum  Sádua, un esclavo que condujo una rebelión en el centro-sur peruano, durante el siglo XVII, que llegó a poner en jaque a la población de Lima, pero que la historia oficial no registra.

Sí, no leíste mal: el presunto responsable de estos incidentes es una persona que tiene… siglos de vida.

 


Rebeliones silenciadas

Desde el siglo XVI, miles de hombres y mujeres del África habían sido capturados cual animales y transportados en condiciones infrahumanas hasta las colonias americanas, desde el actual Estados Unidos hasta el cono sur de Sudamérica.

Lo que la Historia no cuenta es que hubo varias rebeliones por la manera cómo los patrones españoles, ingleses y portugueses les trataban. En el caso del Perú, la rebelión de Olorum parece haberse impuesto en la plantación Regis, al sur de Lima, para luego liberar a sus hermanos y hermanas y emprenderla contra la capital del Virreinato del Perú.

“Los petrificados habitantes pidieron la intervención del Virrey”, relatan, y como respuesta, él envió al ejército que diezmó a los rebeldes.

“Olorum y sus guerreros más valientes escaparon” hacia el norte peruano. “En su ruta alcanzaron Chalacalá, también Yapatera (Morropón) y simbilá (Piura), con el mismo propósito: combatir la opresión y liberar a su gente”, cuenta Foster.

“Olorum tuvo un particular interés en Chalacalá, porque en los días cuando esclavo, fue alquilado por su antiguo amo… durante un periodo”, nos explica.

La estancia fue pródiga en maltratos y torturas, por lo que les prometió que volvería  “para vengar esos crímenes”.

 


El
Orisha
Los antiguos esclavos llegaron a contar que Olorum tenía la habilidad de aparecer y desaparecer a voluntad en diferentes lugares. Eso, aunado a su valentía, éxito, poder sobrenatural  y su fuerte apariencia muscular, fue suficiente para ser calificado como un Orisha.

En la teología africana, un Orisha es la emanación de un Vodum, que, a su vez, es la emanación del mismo Dios. Ellos creen en la existencia de dos Vodunes y siete Orishas.

Varios testigos de la aparición destacaron su contextura física porque no es común, no sólo en el campo, sino en todo Piura… a menos que un fisicoculturista temerario, y conocedor del relato, quisiera hacer uso de un retorcido sentido del humor.

Hablando en estricto sentido criminológico, sería sencillo, con esa descripción física, considerar a una decena de sospechosos, que, dicho sea de paso, no registra antecedentes policiales. Para ICK, este dato es evidencia de que se trata de Un Orisha.

A pesar de la masa muscular, en todos los lugares de los incidentes, sólo quedó marcado un par de huellas: las de la víctima.

Por otro lado, maniobrar con un grillete al cuello es complicado por el peso. Este accesorio tampoco es casual, según la ICK.

“Él usaba un grillete. Durante una ceremonia Vodum, solía romperlo con sus propias manos”, explican. “Cada año, el grillete de hierro era reemplazado por uno nuevo, y Olorum  repetía la acción ritual  ante los sorprendidos ojos de sus compañeros, como una forma de mostrar  su poder para conseguir la libertad”. 

viernes, 10 de junio de 2022

La hermandad de la luna (epílogo)

En Fogatas, la playa por donde pasa la línea que permite dividir a la Tierra en dos mitades perfectamente iguales, un ansioso Ismael Nava se sienta en una mesa al interior de un restaurante de hamburguesas. Es mediodía, el tiempo está templado, y poco o nada le importa que donde él está sentado es invierno pero saliendo por la puerta principal, a unos diez metros de distancia, es verano. Chiquito se le aproxima y sienta al frente.

“Ya nos traen la orden, inge”.

“No me llames así, carajo”, regaña Nava en voz baja.

“Disculpe, don Mayo. ¿Cuándo tomaremos el vuelo?”

“Una semana todavía porque tienen que arreglarme lo de tu pasaporte: hacerte pasar por ciudadano de acá y sacarte papeles no se hace de un rato al otro como en Collique, pero Latinoamérica es Latinoamérica, donde sobornas a quien sea y… ya sabemos qué pasa”.

Chiquito sonríe.

“¿Y cuándo podré llamar a mi mujer y mi viejita, in… don Mayo?”

“Carajo, huevón, espera a que lleguemos a Londres y ahí nos organizamos. Le has dejado regular cantidad de plata a tu familia, así que no creo que la desaparezcan en una semana”.

De pronto, una hermosa joven vestida con breve blusa de tiritas, short y sandalias entra, observa a los lados y camina hasta sentarse en la misma mesa que los dos varones. Nava mira a Chiquito muy sorprendido; lo mismo el matón.

“Hola, caballeros”, dice con voz muy dulce y coqueta.

“Buenas tardes”, trata de ser cortés Nava. “Perdone, ¿nos conocemos?”

“No creo, pero… podríamos conocernos más”.

Nava y Chiquito vuelven a cruzar miradas. El segundo le mira los senos sin ningún disimulo pero no con afanes pecaminosos, mas bien de seguridad, detectando algún cable oculto, algo fuera de lo común.

“El reloj”, reacciona alarmándose, y levantándose de la mesa. “¡El reloj, inge!”

Todos en el restaurante voltean la cara.

“Siéntate, por favor”, advierte Nava en voz baja.

Chiquito reocupa su asiento con los ojos desorbitados, totalmente jadeante.

“Al grano, señorita”, el ingeniero se pone serio. “Su presencia nos está inquietando”.

La chica mete la mano a su bolsillo y saca un carnet con una foto.

“Prensa. Quiero que me cuente la historia de Cruz Dorada en el valle de Collique, del otro lado de la frontera”.

Chiquito se vuelve a levantar de golpe, tira la silla, se mete la mano a la cintura y saca una pistola: apunta a la chica. Nava se para con rapidez y lo encara.

“No seas imbécil”.

El matón mira con desesperación a la joven audaz y mira a Nava. Gimottea. Al instante, se lleva el cañón del arma a la boca. Los comensales gritan de espanto.

Un disparo se oye.

Todos salen despavoridos, entre ellos Nava, pero su carrera se acaba en la esquina de esa calle cuando alguien lo bloquea de un golpe y lo agarra del pecho.

“¿Pensó abandonarme, ingeniero?”

Ismael abre sus ojos y su boca: el Carnes lo tiene paralizado. A sus costados, la gente huye; la Policía está a punto de llegar.

Mira un video aquí.

Esa noche, el grandulón se cobra la victoria de una forma diferente, al menos nunca antes experimentada en toda su vida pero que nunca dejó de producirle curiosidad: con su no tan largo aunque sí grueso pene erecto metido dentro del ano de otro hombre que es la perfección física andando, o al menos la que él recientemente ha conocido. Cierra los ojos, trata de resistir pero no puede más: eyacula en el interior de ese otro varón.

“Perdona”.

“No hay problema; excelente siendo primera vez”, le dice el amante del momento, mientras su pene erecto pierde firmeza y descansa poco a poco sobre el bajo vientre del cuerpón.

“¿en serio te gustó?”, el Carnes le acaricia los bien formados glúteos, aún sobre su pubis.

“A mí sí”.

“¿Pensaste que no lo iba a lograr?”

“Yo no decir eso. Yo sentir cierta duda, entonces yo decidí reto”.

El Carnes sonríe.

“Ahora sabes que puedes confiar en mí, y tú sabes por qué debes creer en mí”.

“Sí, sí saberlo”.

“¿Y ahora qué, Owen?”

“Tú ser libre. La frontera estar a diez horas en auto. Mañana poder regresar”.

“Mi país ya no es mi casa; no tengo que hacer nada allí”.

“Entonces… mi casa ser tu casa, pero ser viaje muy largo”.

El Carnes palmea una de las nalgas.

“Será la primera vez en mi vida que un viaje tenga sentido para mí”.

Owen sonríe, se inclina y besa los labios del hombre.

“Entonces, ir a casa”.

Una alarma suena en el celular de El Carnes. Lo rescata de la mesa de noche al lado y lo revisa. Ríe.

“Ciento veinte me gusta”.

El Carnes deja el celular en la mesa otra vez, gira con Owen y se le acuesta encima. En la pantalla, brilla la foto de un iracundo Ismael Nava esposado a un poste de energía eléctrica en una calle de Fogatas con el texto: Welcome to the Middle of the World. #WhiteCross #endgame #moonbrotherhood 

domingo, 5 de junio de 2022

ASS (31): Sandro, Eliezer y Bartolo

Dos amigos celebran su reencuentro cachando y reciben un invitado inesperado.

 


Un hombre alto, moreno y atlético, que disimula muy bien sus 45 años, sale de la municipalidad de San Sebastián. Camina por la vereda cuando al llegar a la esquina casi lo arrolla un ciclista vestido en mallas negras de muslo a cuello. El hombre moreno salta un paso hacia atrás rápidamente. El ciclista se detiene asustado:

“Perdo…” Esa cara le parece conocida…  “¡¿Eliezer?!”

“¿Sandro?”, lo reconoce el peatón.

Un cuarto de hora  después, ambos hombres comparten una estrecha ducha. Eso les permite abrazarse y besarse desnudos mientras el agua fresca cae encima de sus atléticos cuerpos. Eliezer toma el jabón y lo comienza a untar a Sandro por la espalda, el culo, luego el pecho, el abdomen, la pinga y los huevos. Sandro hace el mismo tramo, pero al llegar al medio del culo…

“Solo jabóname y nada más”, advierte Eliezer sonriendo.

Sandro pasa la pastilla de jabón por la raja entre las enormes y velludas nalgas de arriba abajo y luego se arrodilla para seguir con las gruesas piernas. Un largo y grueso pene baila frente a su cara aún cubierto de jabón. Lo enjuaga bien y comienza a chuparlo.

“así, Sandrito. Trágate ttoda mi verga.

Ya seco, Sandro se acuesta en la cama que hay en el cuarto. Se abre de piernas. Eliezer llega a su encuentro, se acuesta sobre él y vuelve a besarlo mientras el otro se le aferra abrazándolo. Entonces, Eliezer se incorpora, le levanta las bien formadas piernas y comienza a sobarle su vergota aún blanda en la raja del culo. La erección no tarda en producirse. Sandro alcanza un condón y un chisguete de lubricante.

“Gástalo todo si quieres”, le pide sonriendo.

Eliezer se coloca el forro en su grueso y largo trozo, 23 centímetros, se unta el gel transparente, lo aplica al ano de Sandro tratando de estimularlo con un leve masaje y comienza la penetración.

“Despacio, negro”, gime Sandro. “No me hagas doler”.

Eliezer tiene todo el tiempo del mundo para ir clavando lentamente ese culo hasta que solo puede ver su crecido vello púbico aplastándose contra el culo de su amante. Y lentamente comienza a bombearlo mientras vuelve a inclinarse para besarlo en la boca, lo que es correspondido.

“¿Te gusta la pinga, mi campeón?”, le pregunta excitado.

“Me encanta, negrito lindo”, jadea el otro pata. “me aloca”.

Los dos siguen cachando en esa posición por buen tiempo hasta que Sandro se pone en perrito y el otro hombre lo sodomiza siempre lento. El exceso de lubricante entre el pene y el ano de ambos produce un sonido bien cachondo. Eliezer prueba a aumentar la velocidad del bombeo aprovechando que ese esfínter parece haber ganado mayor flexibilidad. Sandro gime un poco más aguantando el dolor, enfocándose en cómo podría verse el sexo si alguien más los estuviese mirando. Y a esa velocidad, Eliezer ya va durando casi tres cuartos de hora.

Posteriormente, el activo se acuesta al filo de la cama mientras el pasivo, bien abierto de piernas y afirmando sus pies en el suelo, rebota haciendo gala de sus muslos bien ejercitados. Finalmente, Sandro se apoya en el filo de la ventana mientras Eliezer lo acomete de pie y desde atrás a todo lo rápido y cuidadoso que puede hasta que por fin eyacula dentro del condón. Se relaja todo al fin.

Tras el sexo, ambos descansan sobre la cama con el televisor prendido en ese programa donde los chicos reality dejan ver sus bien trabajados culos en esas mallas sin ropa interior.

“Eres la misma máquina cachera de hace 15 años, eli”.

“¿Aún te acuerdas?”, sonríe el moreno. “Fue cuando ganaste ese festival de tondero, si mal no recuerdo… Y creo que Julio todavía jugaba en el Piura”.

“Claro, Eli. Yo recién cumplía 20 añitos. Y no te olvides de Pelu. Cachamos los cuatro. No puedo olvidarme cómo ese huevón sufría con tu verga dentro del culo. ¿Sigues trabajando con él?”

“Sí, ahora le estoy preparando la candidatura al gobierno regional”.

“¿Y sigues cachando con él?”

“No tanto como antes pero a veces nos damos nuestras escapadas so pretexto de coordinar”.

Se escuchan unos pasos fuera, luego unos toques en la puerta de metal.

“¿Esperas a alguien?”, se intriga Eliezer en voz baja.

“Los únicos que me vienen a ver son el chiclayano o el venezolano del tercer piso”.

Así calato, Sandro se levanta de la cama y abre un poquito la puerta.

“Hola”, le dicen desde el corredor.

“Entra”, invita Sandro.

Un chico joven, unos 25 años, alto, cabello largo y lacio, bien peinado, vistiendo una bata blanca con el logotipo del Seguro Social en el pectoral izquierdo, el que resalta (de hecho todo su físico parece ser atlético) ingresa.

“Te venía a avisar que la campaña…” el muchacho enmudece al ver al esbelto moreno desnudo sobre la cama. “Perdona, pensé que estabass…”

Sandro sonríe y, cerrando la puerta, se le aproxima y le pone su mano en el paquete.

“Descuida, Bartolo. ¿Por qué no tomas un baño y… disfrutas con nosotros?”

El recién llegado duda un poco. Vuelve a mirar a Eliezer. Sandro toma la cremallera de su bata y, sin que oponga resistencia, se la baja y quita; luego hace lo mismo con el pantalón blanco de tela. A pesar del bibidí y del bóxer blancos, es evidente que ese chico entrena a diario.

Quién sabe qué le dijo Sandro a Bartolo en la ducha. El asunto es que el muchacho, ya desnudo, se integra a la cama. No solo es atlético y lampiño sino que tiene todo su vello púbico rasurado. Eliezer le sonríe. Los tres se funden en un abrazo y tratan de besarse al mismo tiempo.

“Chúpasela al negro”, le dice Sandro. “Te vas a volver loco”.

Bartolo toma en su mano el pene ssemierecto de Eliezer y se inclina a chuparlo; Sandro aprovecha para succionarle las nalgas y el propio ojo del culo. Bartolo intuye que ya hubo acción en ese cuarto porque ese falo sabe a látex, pero no le importa. Continúa. Además, disfruta cómo le agasajan el ano, por lo que en compensación gira y se la chupa a Sandro. Eliezer no resiste la tentación de usar su enorme pie para acariciar el rico culo de Bartolo y usar el pulgar derecho para estimularle el esfínter.

Poco después, Sandro penetra a Bartolo por el culo mientras éste sigue tratando de tragarse la gran pinga de Eliezer. Como activo, Sandro es apasionado y cariñoso sin que eso deje de probar algo tan arrecho como hacerle sonar las nalgas mientras lo bombea. Minutos después, los roles se invierten. Eliezer nota que Bartolo tiene una pinga de unos 17 centímetros, algo curva hacia abajo, medio gruesita. También se fija en los 16 centímetros gruesos de Sandro, que son pajeados mientras le llenan el culo por segunda vez esa noche. Eliezer se pajea.

“Campeón, todavía me queda leche”, le sonríe a Sandro, quien, sin dejar de masturbarse, vuelve a succionar el pene de su visitante. El dormitorio se vuelve a llenar de gemidos y jadeos hasta que los de Bartolo se hacen más fuertes.

“Voy a eyacular, mierda”. Y dando un rugido sordo, casi como un quejido, dispara todo su semen dentro del culo de Sandro, quien al sentir la palpitación, deja de chupársela a eliezer, deja que le saquen la pinga, se acuesta boca arriba y se pajea con toda su fuerza. No avisa nada. Su leche se dispara sobre su abdomen y pecho. Entre asco y fascinación, Eliezer observa cómo Sandro se soba el esperma hasta convertirlo en una capa blanca que se seca sobre la piel.

“¿Qué venías a decirme?”, al final reacciona cuando se relaja.

“Que el traumatólogo dijo que la campaña en tu pueblo sí va”, contesta Bartolo terminándose de sacar el condón.

“¿Campaña de…?”, averigua Eliezer aún con la pinga dura.

“Acción social”, sonríe Sandro. “Quiero postular a la provincial”.

Bartolo los mira en silencio.

“¿Por qué no postulas con Pelu?”, consulta Eliezer a Sandro, quien le sigue sonriendo. Eliezer sabe que eso es un sí. Bartolo y su cuerpo atlético al desnudo continúa ahí, arrodillado al pie de la cama, sintiendo que ése ya no es su asunto. Lo único que llama su atención es ver cómo Eliezer pajea su enorme falo hasta que espesas ráfagas de leche blanca se dibujan sobre su piel marrón. 

Y para finalizar, mira un video porno gay aquí.

viernes, 3 de junio de 2022

La hermandad de la luna 10.12

Esa noche, como a las diez y cuarto, Frank está acostado sobre la cama de Flor con las piernas levantadas hacia el aire disfrutando cómo la lengua de la chica le besa las velludas nalgas y luego va en busca de su ano. No solo jadea, gime. Alza los brazos, se frota la cara; a pesar de la oscuridad, cierra los ojos y se concentra en el intenso cosquilleo que se transmite por todo su organismo hasta que su mano no resiste la necesidad de tomar su pene erecto y sobarlo despacio. Entonces, siente algo entre blando y duro que toca su esfínter y lo masajea, carente de humedad y calidez.

“No me lo metas”, pide.

“Tranquilo, querido”, Flor le acerca su lengua otra vez.

Afuera, en el salón de máquinas, Adán y Pablo terminan de cuadrar las cuentas, casi sin hacer más comentarios.

“Será difícil reemplazar al negro”, al fin se anima a expresar el cuerpo de luchador.

Pablo lo mira y sonríe; le palmea el hombro izquierdo.

“Alégrate, enfócate en el alumno, dile que sí puede, felicítalo cuando termine la serie y la haya completado, ayúdalo a terminarla sin decirle que es débil, escúchalo… ese huevón hacía que todos nos sintamos como en casa, como patas de toda la vida, como que nuestros problemas no existían”.

Adán mira fijamente a Pablo.

“¿Qué dices?”

“Owen no era un instructor, Carrillo; era una filosofía de vida… Es, quiero decir”.

Adán sonríe, mira al salón lleno de máquinas, de espejos, de las tres fotos en la pared del fondo incluyendo la suya.

“¿Siempre pedirás tu baja, Chira?”

“Aún no lo sé. Me encanta la Policía, me encanta esta nota del gym; me encanta bailar… Creo que Frank es el único que tiene las cosas claras: me dijo que postulará a la universidad el año que viene y estudiará Administración, que ya habló en La Luna y le dijeron que sí, aunque también él tiene miedo por eso de La Estirpe. Me preguntó que se siente tener una pinga metida en el culo…”

“¿Qué le dijiste?”

“Que él debería experimentarlo por su cuenta, que yo puedo decirle muchas cosas, pero es mejor cuando uno explora sus propias sensaciones, como yo lo hice”.

“¿Cuántos años tienes, huevón?”

“Veinticinco, Carrillo”.

“Hablas como si tuvieras más”.

“Digamos que mi maestro del sexo homosexual tiene cincuenta años”

Ambos se ríen. Guardan todo e ingresan a la casa. Al entrar al pasillo, los gemidos de Frank y Flor se oyen claros. Los dos hombres se miran a los ojos, sonríen, apagan las luces y se meten al otro dormitorio, se despojan de sus ropas y suben a la cama entre besos, abrazos, caricias, placer.

En la pared del lado, Frank está acostado sobre Flor quien le hunde sus tobillos en medio de su trasero mientras éste mueve su cadera rítmicamente y con paciencia, procurando que su pene erecto estimule gentilmente todo el canal vaginal mientras sus labios, lengua y saliva dicen sin palabras que ése es el mejor momento del mundo que puede pasar y las manos no censuran ningún camino, lo mismo que sobre su cuerpo no hay ningún rincón prohibido.

Del otro lado, Adán descubre que Pablo tiene diecisiete centímetros deliciosos al paladar como centro de un cuerpo marcado y que no deja de agitarse tratando de envolverse en esa playa desierta que parece rodearlo poco a poco hasta que puede sentir la brisa y hasta escuchar el rumor del mar. Es cuando puede ver a Adán engullendo su pene entre sus nalgas; en compensación, él acaricia su atlético y lampiño cuerpo, le toma el miembro con ambas manos y se lo comienza a frotar. El sol brilla pero no achicharra; mas bien entibia el momento. Pablo cierra sus ojos sin dejar de sonreír. Siente cómo se libera del peso, y en medio de la oscuridad que lo envuelve otra vez, busca ese cuerpo firme para hacer exactamente lo mismo: no consigue salir del dormitorio, pero no se desespera; solo se deja llevar por el momento… un largo momento.

“¿Hay espacio para mí?”, pregunta Frank en voz baja mientras tantea la cama.

“Siempre hay sitio”, responde Adán.

Las manos del más joven tocan la cara de Pablo y le acerca la suya; lo besa en la boca mientras se arrodilla con cuidado. Adán entiende el mensaje, entiende por qué Frank le pone la entrepierna en su cara y comienza a chupársela, luego le practica un largo beso negro, mientras la mano traviesa del recién llegado explora el pene y debajo de los testículos de Pablo.

“¿No te duele?”, pregunta.

“¿Quieres probar?”, lo desafían.

Frank lo duda en ese momento. Tiene menos de dos semanas para la siguiente luna nueva. Es más que suficiente para tomar una decisión, piensa.

Mira un video aquí.

Dos noches después, el sábado, Juan lee por segunda vez el documento de cinco páginas que Tito logró recuperar de una notaría en Collique. Los dos están junto a Alvin, en uno de los cuartos de visitas de la casa grande, totalmente desnudos pero relajados. Tito coloca una mochila llena sobre una mesa.

“esto es sin dudas un adelanto de herencia”, dice el fiscal  a Tito. “El asunto es que…, bajo las circunstancias actuales, no sé cuánto valor llegará a tener; pero por ahora es perfectamente legal aunque discutiblemente aplicable”.

“¿Quieres decir que Elga repartió las propiedades?”

“No exactamente. Transfiere La Luna a propiedad de Charlie, Édgar y tú, pero siempre que se constituyan como una sociedad de responsabilidad limitada; y, bueno, ahora que sabemos la verdad del gimnasio y del club, pide que se les incorpore como unidades de negocio de la nueva empresa”.

“Podrían llamarla La Estirpe”, interviene Alvin.

“No aconsejo crear la nueva empresa porque todo está muy confuso aún en términos legales, quiero decir”, acota Juan.

“¿Como tu situación matrimonial?”, bromea el biólogo

Juan sonríe.

“eso sí lo tengo claro: el lunes iniciaré los trámites del divorcio… al demonio si Collique dice que soy un fiscal gay… No tiene sentido estar en algo que no te genera comodidad y va a ser un mal ejemplo a la larga para mis hijos”.

Alvin se incorpora y besa en la boca a Juan.

“Bienvenido”, le sonríe.

“Pero no entiendo por qué recién meten al AMW y al GGG o como se llame en el adelanto de herencia”, interrumpe Tito.

“Pues, lo único que se me ocurre es que ella quería dejarles a ustedes el pleito con Christian Esteves, en lugar de lidiarlo. Elga conoce mejor que nadie los negocios de Manolo Rodríguez, y ante todo lo que pasó, tenía una papa caliente encima: juego de lealtades, remordimiento de última hora. Una cosa es manejar a Elga, pero otra distinta es enfrentar a la Estirpe, a la que Christian había renunciado. ¿Divide y vencerás? ¡Nunca iba a funcionar con ustedes!”

“¿Christian quería matarme, Juan?”

“es una posibilidad, Joey”.

“El ADN de la ropa empapada en sangre coincide con las muestras que estaban en tu vereda”, agrega Alvin. “El tal Valdivia”.

“El plan era perfecto: amedrentamiento, y si no funcionaba, asesinato”, continúa Juan. “Pero es como si alguien les hubiese salado todo: el extraño colapso de los matones, la carpeta lila, hasta diría que la propia movida torpe del comisario, si fue él, al armar esa campaña contra Owen… es como si el plan hubiese estado hecho para ser un fracaso… bueno, estamos hablando de Christian, ¿no?”

Una luz llega a Tito cual ráfaga.

“Owen… Fue Owen… ¿Recuerdas lo que te contó Chira?”

“Primero lo sometería a un examen toxicológico y un peritaje psicológico”… no sé… esas supuestas visiones, esos cambios de conducta… los policías son sometidos a mucho maltrato durante su formación y no descarto falsos recuerdos por un síndrome de estrés postraumático”.

“¿Un qué?”, se extraña Tito.

“Una mente desconfigurada que no diferencia entre realidad y fantasía debido a un evento muy malo que le pasó”, intenta explicar Alvin.

“Pero él sabía toda la verdad todo este tiempo”, insiste Tito. “¿Tú crees que está loco?”

“Lo que nos regresa al inicio de esta discusión: legalmente, más que soluciones, ahora es cuando comenzarán nuevos líos, especialmente ahora que Cruz Dorada ha quedado como una enorme organización criminal que traficaba terrenos, compraba autoridades, medios, voluntades y hasta vidas”.

“Todo lo que Owen nos dijo que pasa en los países donde trabajan”, añade Tito.

“Si hay un modus operandi internacional, me parece que lo más inteligente será hacer el caso… internacional”, aconseja Juan. “No será el primer ni el último caso de corrupción transnacional, desgraciadamente”.

Tito saca algo de la mochila, lo extiende y se coloca una túnica de lana; alcanza otras dos y las deja sobre la cama.

“Es hora. Vamos”.

Los tres se ponen en marcha por en medio de la finca hasta llegar a la acequia y pasar al camino secreto, pero en lugar de ir a los algarrobos que rodean la laguna, suben la lomita. En la cumbre, Carlos y César están arrodillados frente a un fuego amarillo cuidando que no se apague. Tito, Juan y Alvin se hincan en silencio. Los cinco miran las flamas danzando en la fría noche, dejando escapar chispas, disfrutan la calidez y la luz.

Og ya está listo”, advierte Tito. “¿Seguimos esperando?”

“No”, anuncia alguien a sus espaldas.

Carlos y Tito miran a donde sonó la voz y sonríen; Alvin queda boquiabierto, Juan trata de mantener la serenidad, César está tranquilo y satisfecho.

“Perdonen la demora””, dice el hombre de recio y armonioso cuerpo que, desnudo y erecto, se sienta al lado de Carlos y le quita la túnica dejándolo también desnudo mientras lo besa en la boca hasta que su pene se eleva y engrosa por completo.

“Prosigue”, le dice.

“Gracias, Manolo”, sonríe el capataz.

Entonces, las flamas amarillas del fuego se tornan rojas, y en el cielo, las nubes se despejan para que la última luna llena brille con fuerza. Sobre sus cabezas, un lucero verde se forma y comienza a revolotear en espiral. . Sobre la cima de la lomita, los cuatro hombres que restan se quitan las túnicas y comienza la ceremonia de iniciación que terminará casi con los rayos del nuevo día en una orgía que admite todas las combinaciones posibles.


  

viernes, 20 de mayo de 2022

La hermandad de la luna 10.10

Casi al mismo tiempo, tocan insistentemente la puerta principal de la casa de Tito. Pablo Chira, quien duerme en el sofá, se despierta y se sienta. Frank sale de la habitación más próxima a la sala completamente desnudo.

“Ocúltate en el baño del gimnasio”, le susurra  al visitante acercándosele.

“Tranquilo”, le replica Chira, dándole leves palmaditas en la redonda, velluda y dura nalga. “Ya estoy recagado con ellos”.

El más joven –de la casa de Tito—sonríe. Sigue su camino y asoma su torso por la puerta.

“Perdone, caballero”, le indica un policía. “Orden de detención al señor Owen… Mo-Mo-Mo-gam-bo”.

“No hay nadie con ese nombre acá”, sonríe Frank.

“Señor, no nos haga…”

Frank abre la puerta de par en par (protegiéndose tras ella):

“Pase y verifique”.

El policía duda por un instante, pero decide que es mejor verificar. Su primera sorpresa es encontrar a Chira en la sala.

“Buenos días, Guerrero”.

“Buenos días”, le responde el policía, desconcertado.

“¿Quiere registrar los cuartos? Lo hago pasar al gimnasio”, ofrece Frank.

Al fondo del pasillo, Tito abre la puerta de su dormitorio, ya vestido, y abre la puerta que conecta al AMW.

“Pase, suboficial, porque estamos a punto de abrir”.

Guerrero avanza temiendo por su vida, pero avanza. Desenfunda su arma y la rastrilla para ingresar al salón de máquinas. Le encienden las luces. No hay nadie. Tito lo guía hasta el baño del gimnasio. Entran. Tampoco hay nadie. Le abren la puerta que conecta a la lavandería. Ni allí ni en los pasillos donde están estacionadas las dos bicicletas y la moto de Frank hay nadie. Aunque se extraña de que esos vehículos no estuvieran unas horas antes, prefiere no hacer preguntas.

“Disculpe, don Tito”.

“Pero le falta mi cuarto, la cocina, el baño de la casa y… el cuarto de mi hija”.

“Mejor fírmeme el cargo”, pide Guerrero.

Mira un video aquí.

Hacia las seis y veinte de la mañana, Cristian llega en un taxi al edificio donde vive, en Collique Sur. Lo primero que le llama la atención  es el carro de la Policía estacionado justo en la puerta, y personas con cámaras y celulares hablando y tomando el lugar. Ingresa y se encuentra al portero algo asustado.

“¿Qué pasó?”, le pregunta haciendo una mueca en dirección a la calle.

“Están en el departamento del señor Manolo”.

“¡¿Qué?!”

Christian llega al último piso y se encuentra a un policía resguardando la puerta y a un par de vecinos curioseando. Le muestra su carnet del Colegio de Abogados.

“Soy el doctor Christian Esteves y represento el legado del señor Rodríguez. ¿Qué ha pasado?”

“Orden de allanamiento, doctor. Adentro está el fiscal”.

Christian se congela, entra en pánico, se agita y gira sobre sus pasos rumbo al ascensor. Casi atropellando al portero, sale rápidamente hacia la camioneta, cuya llave siempre estuvo resguardada en el bolsillo del pantalón que viste desde el día anterior. Enciende el vehículo, y por defecto, la radio sintoniza una estación de noticias.

“Lo que sabemos a esta hora”, narra una mujer, “es que también se están allanando dos propiedades en una zona exclusiva del balneario La Santita, provincia de Collique. Uno de ellos había sido comprado recientemente por la corporación Cruz Dorada, y el otro, como les venimos informando desde el inicio de este noticiero, perteneció al recientemente asesinado Manuel Rod…”

Los latidos y la respiración de Christian se hacen más fuertes, al punto que puede oírlos más que cualquier otro sonido alrededor. Se paraliza. Entonces, suena su celular. El abogado regresa en sí y contesta.

“¿Doctora Salvavera? Buenos días”.

“Buenos días, doctor Esteves. Verá: estamos ejecutando una orden de allanamiento en la propiedad de quien fuera su patrocinado”.

“Sí, me acabo de enterar”, interrumpe muy nervioso, temiendo escuchar algo peor.

“Bueno, sí, se filtró. ¿Podría venir, por favor? Queremos verificar cierto hallazgo con usted”.

“Sí… ahora mismo voy”.

Christian corta la llamada, y trata de tomar aire. Los planes que había diseñado tendrán que modificarse radicalmente. Pero tiene que pensar rápido porque algunos pisos arriba, la Policía puede darse cuenta de muchas cosas.

 “Así es, se trata de un cuadernillo de documentos en los que se registran operaciones de compra-venta de bienes raíces, ejecutada por la Corporación Cruz Dorada, y que se habrían ejecutado de forma aparentemente fraudulenta –repetimos, aparentemente fraudulenta—en gran parte del valle de Colliq…”

“¿De qué documentos hablan?”, se pregunta Christian.

Busca rápidamente en su celular. Pasea y pasea sus dedos hasta que lo encuentra, y comienza a hiperventilarse.

“¡No, mierda ¡La carpeta!!”, Christian comienza a llorar. “¡Manolo reconchatumadre!”

Al fin decide acelerar el vehículo y hacer el camino hacia la finca en doce minutos. Lo mismo: un carro de la policía en toda la entrada, un par de policías a ambos lados de la puerta. Christian nota que no hay nadie más, así que decide pisar el acelerador a fondo y seguir de largo hasta Santa Cruz. Se estaciona frente al portón del AMW, que ya está abierto al público, abre la guantera, saca la pistola y se la acomoda en el cinto disimulándola bajo su chaqueta. Toma aire y baja. Su primera sorpresa al ingresar es que Frank y Adán están atendiendo a la concurrencia. El segundo, al percatarse de su presencia, se le aproxima y lo saluda.

“No vengo a verte a ti sino al negro”, le espeta Christian.

“No sé a cuál negro te refieres”, replica el cuerpo de luchador con un cinismo muy mesurado.

Christian repliega levemente su chaqueta y deja ver el arma por unos segundos.

“Dime dónde está, o esto no va a terminar bien”.

Adán se da cuenta del riesgo y clava la mirada fijamente en el abogado.

“Salgamos de aquí y te diré dónde está”

“No, Adán, ese truco no va a funcionar ahora”.

Al fondo, Frank presiente que la situación no es buena pero prefiere no hacer nada para evitar la alarma entre los alumnos que ya están entrenando esa mañana, y quienes tampoco aspiran tranquilidad en el ambiente. Mientras tanto, Adán insiste en concentrar la atención de Christian en sus ojos caramelo.

“No me iré de aquí hasta que me entreguen al negro”, insiste el abogado.

Entonces, un raro prodigio sucede ante los ojos del muchacho: la piel clara y pecosa de Adán comienza a oscurecerse en tanto que su masa muscular aumenta y se marca más; el marrón claro de los ojos se hace amarillo, y la estatura se eleva un poco más. La ropa invernal desaparece del cuerpo. Christian comienza a jadear e hiperventilarse otra vez, pero intenta conservar la calma, o quizás perderla más: saca el arma del cinto y la pone a quemarropa, o a flor de piel, en todo el medio del masivo pecho masculino enfrente suyo.

“What did you do to me?,” el joven comienza a sollozar.

El hombre transformado no le responde; solo le insinúa una sonrisa. De pronto, siente que alguien se aproxima por su espalda.  Christian hace un giro rápido y se topa con Owen , quien entra al gimnasio. Le apunta con el arma.

“End game”, le sentencia el recién llegado.

Y antes de que el abogado dispare, , un agudo dolor siente súbitamente por el medio de su espina, obligándolo a arquearse y baleando una planta de sábila colgada justo sobre el portón, la que comienza a manar un líquido rojo. Una violenta torsión de su muñeca derecha lo obliga a soltar el arma, y prácticamente con el antebrazo derecho roto, tiene que someterse a alguien que lo inmoviliza desde atrás, girando hasta tumbarlo sobre el suelo, sometiéndolo.

“Qué rico culo tienes”, le susurra Adán en su oído. “Lástima que se lo van a cachar los presos”.

Por ambos accesos a la casa, entran Tito y Pablo, quienes atan las manos y los pies de Christian con cuerdas para evitar su escape.

“Ojalá la Policía no tarde en llegar”, comenta el gladiador.

“Testaferro… Solo has sido un puto testaferro”, rezonga Christian en el suelo.

“Ya está en camino”, avisa Pablo.

“Y tú, mi puto cómplice. ¿Ya les dijiste, suboficial Chira, que tú mataste a Manolo Rodríguez?”, sigue espetando el abogado.

“Tienes derecho a guardar silencio”, le recita el joven policía.

Minutos después, la patrulla se lleva a Christian hasta la comisaría de Santa Cruz, donde el capitán Castro lo recibe junto a otros policías. Tiene el brazo entablillado.

“Usted no va a quedar limpio, comisario: ¿ya le dijo a su personal en qué está involucrado?”

“Llévenlo al calabozo”, ordena el oficial.

“”Usted planificó la muerte de Manolo Rodríguez, capitán!”, grita como enajenado el abogado.

Castro, sí, prefiere guardar silencio; mas bien se soba su propio pecho y regresa a su despacho. Allí sentado con su soledad, por primera vez en muchos meses siente que ya no hay camino hacia adelante, excepto a ser compañero de celda de quién sabe qué maleante. Revisa su celular: su nombre aparece en los papeles que ahora son de dominio público, que lo involucran con Cruz Dorada. En la puerta de la comisaría, se trata de regresar a la normalidad. Un vehículo llega y baja una mujer en traje sastre con una medalla colgada al pecho. Se presenta como una fiscal provincial y requiere hablar con el comisario cuando un disparo se oye. Todo el mundo se asusta, algunos se cubren. Solo uno rastrea el sonido y va comisaría adentro.

“¡Traigan una ambulancia urgente!”, comienza a gritar. “¡El capitán está herido!”