Me llama la atención el trasero bien formado de su compañero de clase.
domingo, 8 de enero de 2012
SOT-2012-02: El atleta madrugador
Me llama la atención el trasero bien formado de su compañero de clase.
domingo, 5 de febrero de 2012
SOT-2012-006: Un reencuentro fugaz y caliente
21:02
De´pués de pasarme toda la tarde tomando cerveza con mis colegas en una dependencia, decidí irme a casa, no tan mareado, pero sí muy estimulado.
En la combi de regreso, coincidí con el atleta joven. Venía de hacer unas gestiones, y como el sitio del costado estaba libre, le dije que viajara conmigo.
En el trayecto, lo convencí de que viniera un rato a mi casa antes de pasar a la suya. También le rozaba mi muslo al suyo para excitarlo.
No lo veía desde aquella vez cuando fue a mi casa a primera hora de la mañana.
21:25
llegamos al paradero que hay cerca de mi casa, y nos fuimos los dos caminando.
21:38
Llegamos a la casa. Cerré la puerta, lo tomé de la mano y lo guié hasta mi cama.
Allí, con mi aliento a licor, lo besé en la boca, mientras le quitaba la ropa. Él también hizo lo mismo: polo, jean, ropa interior...
Me acosté sobre el borde de la cama, con los pies al suelo mientras él comenzaba a recorrerme el cuerpo con sus besos. Se detuvo buen tiempo en mis tetillas. Nuestros penes estaban bien erectos.
siguió bajando, y se detuvo otro rato en mi ombligo hasta que llegó a mi glande, y debido al tamaño de mi miembro, mientras me lo succionaba, con la mano me masturbaba la parte que aún quedaba libre, al mismo estilo de las películas pornográficas.
Me hizo sexo oral por varios minutos, hasta que le pedí que me chupara los testículos, a lo que él accedió.
Primero me tomó uno con su boca, luego el otro, y luego ambos.
Estaba muy excitado, tanto que le pedí que siguiera bajando.
Entonces, levanté mis piernas, y le ofrecí mi ano para que me lo lamiera.
No hubo necesidad de proponérselo dos veces, pues lo hizo, y fue la primera vez en mi vida que sentía un placer indescriptible, como nunca antes sentí.
Noté que mi ano estaba húmedo por su saliva, entonces le pedí que me rozara su pene en ese lugar. Lo hizo, y le puse mis piernas en su hombro.
Intentó penetrarme, o creo que sí llegó a meterme su glande, pero el hecho fue que reaccioné y le dije que no.
Le pedí que regresara a besarme la boca.
Luego ya nos acostamos normal sobre la cama. Yo me puse encima de él, y comencé a sobarle mi pene contra el suyo. Me pidió que le lamiera el ano, pero me negué.
Lo que sí hice fue levantarle las piernas hasta mi hombro, colocarme un preservativo, echarle saliva en su ano, y meterle mi pene.
Mi cadera chocaba contra sus nalgas, mientras él gemía.
Sentía su pene chocando mi vientre.
Volví a besarlo en la boca.
Tras varios minutos en esa posición, le pedí hacer la del perrito. Se colocó y le volví a meter mi pene, y disfruté viendo cómo éste entraba y salía de su ano.
Era la primera vez que experimentaba ese grado de excitación.
Luego me acosté boca arriba, e hice que se sentara sobre mi falo, y que comenzara a balancearse como si lo estuviera cabalgando.
Le acaricié todo su cuerpo formado y firme, mientras su pene seguía golpeteando mi vientre. Él gemía y se contorsionaba.
Luego, se inclinó para besarme en la boca, y allí sentí que su semen cálido se disparaba contra mi vientre y pecho.
Lo tomé de sus caderas, y comencé a bombear la mía rápido y fuerte, mientras sentía que su ano se contraía.
Saqué mi pene, le quité el preservativo, me masturbé y eyaculé en sus nalgas y espalda.
22:56
Tras un duchazo mutuo, lo despedí, y me eché a dormir hasta el día siguiente, prometiéndonos un nuevo encuentro pronto.
CONCLUSIÓN
Es la primera vez que experimento el llamado 'beso negro', y debo admitir que me gustó.
No sé si me hubiera dejado penetrar. El problema es que sólo tenía un preservativo.
Tammpoco estoy seguro si el grado de excitación fue debido al alcohol.
Espero que se dé un nuevo encuentro pronto para contestar todas estas preguntas, pero sin trago de por medio.
¿Será que me volveré moderno?
Preparado por SOT para Hunks of Piura Entertainment. ©2012.
¿quieres contarnos tu propia experiencia con policías, serenos o vigilantes? Escribe a hunks.piura@gmail.com
domingo, 19 de junio de 2022
ASS (33): Un trío gay matutino puede cambiarlo todo
El culo de Flavio tiene poder, incluso poder político.
A las 6 de la
mañana, Flavio ssale del edificio donde vive, vistiendo una malla de una sola
pieza azul eléctrica, que se sujeta a sus bien formados trapecios y ssolo le tapan
las tres cuartas partes del muslo. El resto de su anatomía, aunque esté
cubierta por la tela alicrada, no deja nada a la imaginación, en especial sus pectorales,
su espalda, su cintura delgadísima y plana, su enorme culo, su paquete, sus
bien formadas piernas.
La poca gente que
está despierta y en la calle a esa hora del sábado se lo queda mirando. A
Flavio le llega a la punta del huevo. Sabe de más que Piura es una ciudad
hipócritamente conservadora, que se escandaliza en público pero goza todo el
kamasutra en privado. Aún así, la ruta del muchacho es discreta, recorriendo
Miraflores, escuchando los trinos de las aves, los ruidos de la ciudad, buscando
calentarse en el aire frío del amanecer.
Dobla a la
avenida que va a dar al Cuarto Puente y trota sostenido y firme, tan firme que
sus grandes nalgas e hinchadas piernas vibran a cada impacto de su pie con el
concreto. Al pasar por la segunda cuadra, de una mototaxi que se estaciona baja
Eliezer junto a otra persona alta como él pero menos fornida. Ambos se quedan
viendo al atleta alejarse.
“Un culazo justo
como me lo recomendó el doctor”, dice en voz baja.
“Y culazo pituco
por lo visto”.
Ambos ingresan a
una casa a mitad de esa cuadra.
“Tremendo susto
el que me diste en el bus con ese maricón”.
“Eres bien
huevón: ¿a quién se le ocurre dejarse mamar la pinga sabiendo que te pueden
ver?”
“Ya empezó el
capitán… ¿ya se te olvidó cuando metíamos huevo?”
“Pero nosotros
cachábamos caleta, eli; más bien, dime cómo puedo ayudarte”.
“Cáchate de nuevo
a Pelu, y a cambio te prometo más ganancias que putas pérdidas”.
“No me digas que
el culo de Pelu sigue en servicio activo”.
“Sí, solo que
ahora se come pingas de alto rango…”
El otro hombre
mira fijamente a Eliezer:
“Acepto siempre
que no me metas el dedo al culo… y que mi hijo sea parte de los beneficiados”.
“Nada de eso,
capi… será mejor que cachar con los calichines del FC”.
Veinte minutos
después, ambos salen de la casa y caminan en dirección al Cuarto Puente.
“Gracias, capi, y
lo otro ya sabes que se arregla metiéndole verga”.
“Si lo haces,
hasta les doy el culo a ti y a Pelu”.
Llegan a un
cafetín pero lo hayan cerrado.
“Hijo de puta…
tendremos que ir por la irazola. Conozco otro lugar”.
Al doblar la
esquina casi chocan con Flavio quien viene trotando en sentido contrario. Los
tres se asustan primero, se maravillan luego.
“Perdonen, no los
vi llegar”, se excusa el muchacho.
“Descuida… fue mi
culo, digo, mi culpa”.
Flavio sonríe
ante el lapsus linguae, y nota que el otro hombre le mira fijamente las
caderas y las piernas. En diez minutos, los tres ingresan al minidepartamento del
joven. Eliezer y su acompañante agradecen y se sientan.
“Ya decía de
dónde tu cara y tu cuerpo me eran familiares”, comenta el primero.
“¿Cara, cuerpo y
culo?”, ssonríe Flavio mientras pone una sartén en la cocina y enciende la
cafetera. “Hay huevos en la refri, y tengo tostadas en la alacena; sírvanse
mientras me ducho”.
Flavio entra a su
cuarto, se sienta en la cama y se saca las zapatillas y las medias, las que
lanza con precisión al cesto de ropa sucia. Se pone de pie y se saca la malla
de licra; queda completamente desnudo. De pronto nota que alguien también
desnudo entra por la puerta, la que deliberadamente dejó abierta.
“No te entendí a
qué huevos te referías”, sonríe Eliezer. “¿A lo mejor éstos?”, pregunta
fingiendo inocencia y sacudiéndose los testículos.
“Sí, tus enormes
huevos”, sonríe Flavio muy seductor. “Apuesto que son más nutritivos”.
En ese momento,
el otro hombre entra completamente desnudo también. En un par de minutos, los
dos invitados están apiñados con el anfitrión en su ducha untándole el jabón
líquido. Recorren todo su cuerpo perfecto, en especial ese generoso culo.
Flavio, aprovechándose flanqueado, agarra las pingas de ambos y las comienza a
masturbar.
Una vez que ambos
penes están duros, gira, se arrodilla sobre el piso de mayólica y los chupa
alternadamente. Minutos después, los tres comparten la cama. Mientras Eliezer
ofrece su pija para que se la chupe Flavio, el otro hombre le clava sus 18
centímetros por ese ano suave y cálido. Hay gemidos, hay jadeos, hay arrechura.
Luego Eliezer
mete su pinga a Flavio mientras éste se la chupa al otro hombre. Aquí la cosa
se ha puesto un poco más complicada para el pasivo porque el grosor de ese pene
largo y moreno desafía la elasticidad de cualquier recto, incluso del
experimentado mancebo. El otro hombre no aguanta mas y dispara todo su semen en
la boca del atleta matutino. Tras suspirar, se echa en uno de los lados de la
cama.
Los siguientes
veinte minutos serán solo de Eliezer y Flavio. El primero acostado boca arriba,
el segundo cabalgándolo sin descanso. Incluso Eliezer se anima a tomar el pene
de Flavio y comenzarlo a masturbar hasta conseguir que crezca a sus 15
centímetros, el glande más hinchado que el resto del tronco; los testículos golpeando
el vello púbico.
Luego Eliezer se
sienta en el filo de la cama y Flavio se sienta sobre él. Con la enorme pija
dentro de su culo, continúa cabalgando. La plasticidad de este pasivo es
sorprendente, piensa el activo. Finalmente, Flavio da una última mamada
profunda al órgano sexual de Eliezer y le extrae todo el semen, una gran
cantidad dicho sea de paso, y se la traga. Los dos se acuestan junto al primer
hombre, de tal manera que el anfitrión queda al medio.
“Leche de negro y
leche de cholo”, celebra Eliezer.
“el que no tiene
de inga, tiene de mandinga, y sabe disfrutar una buena pinga… o un buen par de
pingas”, ríe Flavio.
“¿Y como cuánntas
te habrás comido?”, le consulta el otro hombre.
“No muchas como
parece, pero las que me comí pagaron bien y quedaron muy satisfechas”.
“Ah… eres… cómo
decir…”
“Escort, modelo
de desnudo artístico, desnudo pornográfico, stripper, gogo, y ahora estoy
grabando una película porno”.
Eliezer
reacciona: “O sea que este trío…”
“Tranquilo,
moreno. Esto es cortesía de la casa; es más: yo estoy dispuesto a cachar
contigo todas las veces que quieras… y con tu amigo también”.
“¿Por nada?”, se
serena Eliezer.
“Al contrario. Si
haces que tu jefe no se meta con mis negocios… yo te prometo que todos ustedes
llegan a la regional… y tendrán rico sexo gay”.
Casi a un cuarto
para las 9 de la mañana, Eliezer y su acompañante salen del edificio.
“Eli, prácticamente
le has dado el culo a ese chibolo”.
“Tranquilo, capi:
ni le di el culo ni me dio su pinga… todo está bajo control”.
“Ya te dije,
eliezer: no me metas en líos y garantiza lo de mi hijo”.
“Lo de tu hijo es
un hecho; por lo demás, ¿cuándo te he cagado la vida, querido Julio?”
lunes, 18 de marzo de 2019
sábado, 10 de mayo de 2014
domingo, 26 de febrero de 2012
Marcos Jr.
What's the best way to get awaked? Sure, taking a shower. And if itsn't enough, you must see this.
http://www.youtube.com/watch?v=0gZHn11a5OQ
hunks.piura@gmail.com
jueves, 11 de octubre de 2012
Casa De-Formación (14): Dioses desnudos
Pedro está acostado sobre su cama mirando hacia la pared. Es la hora de LA SIESTA.
Piensa.
No quiere cerrar los ojos.
Algo de viento se mete por la ventana, pero no lo siente del todo, ya que la cama de Darwin está camino hacia la claridad.
Golpes en la puerta.
Mejor hacerse el dormido.
Nuevamente, golpes en la puerta.
Se pone boca abajo, total, ahora tiene puesto un short holgado, así que nadie se excitará con su ropa sexy.
- Pedro.
No es la voz de Darwin. El aludido se voltea sobre su cama fingiendo despertar.
- Jorge. ¿Qué pasó?
- ¿Te molesto?
- No. Ven, siéntate.
El musculoso cierra la puerta, las cortinas de la ventana y atiende la invitación. Luce el ‘uniforme’ de siempre, pero huele rico.
- ¿Todo OK?
- Sí… bueno… OK, OK, no tanto, pero…
- Supe lo que hizo Darwin anoche.
- ¡Ay, ya te fue con el chisme!
- En realidad lo obligué a hablar. Estaba anoche echado en el sofá de acá afuera.
- ¿Y qué te dijo?
- Que la cagó. Que se siente mal.
Pedro baja la mirada, se sienta sobre el colchón, apoyándose en la pared, mirando hacia la ventana.
- Debió pensar antes de forzarme.
- Sí, aunque dice que… no te la metió.
- Pero es como si lo hubiera hecho.
Jorge se interna más en la cama y se reclina también sobre la pared al costado de Pedro.
- A veces los chicos somos bestias.
- Lo hice con ustedes dos esa noche. Me dolía un poco… aún me incomoda alguito.
- ¿Sangraste?
- No. Eso pasó… - Pedro enmudece por algunos segundos. - ¡Ya pasó eso!
Jorge alza su brazo izquierdo y rodea el cuello de Pedro, quien se acurruca.
- Escucha: debes perdonar a Darwin. Yo ya lo amenacé. Le dije que si vuelve a hacer esa cojudez, yo mismo lo saco a patadas. Simplemente tú me debes avisar. ¿Lo perdonas?
- Bueno. Lo haré porque tú me lo pides… porque tú me lo pides, ¿cierto?
- Sí. Si los reverendos se dan cuenta, pueden joderlos a los dos.
- OK, Darling.
Jorge espera a que Pedro lo mire; lo besa en la boca. El chico le responde.
El atleta se pone de pie, se quita el bibidí y el short negro. Debajo no tiene nada. Vuelve a subirse al costado de Pedro, y esta vez intenta besarlo de frente. Lo logra con dificultad.
Ambos terminan acostándose uno al lado del otro. Jorge saca lentamente el short de Pedro, y éste completa la tarea.
Tamppoco tiene nada debajo.
Entonces, el adulto se acomoda encima del menor: lo abraza, lo acaricia, lo besa en la boca y el cuello. Le abre las piernas, juntando su genital en proceso de endurecimiento con su par erecto.
- Coquito, no me la metas, ¿sí papi?
- No mi amor.
Las caderas de Jorge se mecen entre las piernas de Pedro. Ahora ambas espadas de carne pueden combatir en igualdad de condiciones. El físico-culturista se abre de piernas para abrir más las de su amante, quien lleva sus manos a la conquista del masivo trasero encima suyo.
Cuando Pedro está ascendiendo en su grado de excitación…, la puerta del dormitorio se abre.
Jonatan y Manuel están durmiendo la siesta, cada quien en su lecho. Ambos no lucen más que la ropa interior.
El piurano despierta, y rápidamente se voltea a ver si su compañero está en la otra cama. Lo contempla un rato. Duda. Mide. Decide. ¡Calsoncillo fuera!
Torna su cuerpo hasta quedar frente a frente con el durmiente que está cruzando ese foso de medio metro.
Su pene, que hace varios días no daba señales de vida, comienza a crecer. Tras estar en perpendicular al colchón, poco a poco, a medida que crece y se engrosa, termina haciendo una diagonal.
¿Por qué ocultarlo?
Jorge sonríe, abrazado a Pedro, quien está mudo y estupefacto.
- ¿Están jugando a las luchas?
- Sí, Reverendo Roberto. ¿Quiere jugar?
- Sí. ¿Por qué no?
El religioso cierra la puerta. Se desnuda.
Pedro se sorprende al mirar el gran falo de quien los organiza en la cocina; luego mira a Jorge, aún sobre él.
- Tranquilo. No tengas miedo.
Jorge se para y se coloca frente al Reverendo. Lo toma de las manos. Comienza a hacer fuerza. Los cuerpos no tardan en juntarse.
Despacio, ambos caen sobre la cama de Darwin, y se alternan en someterse uno al otro.
Pedro no sabe qué hacer, pero sí tiene seguro que no quiere irse de allí: dos hombres de cuerpos atléticos en la pugna más sensual que no vio jamás. Quizás en las pornos que bajó alguna vez de Internet; pero, en vivo, es otra cosa.
De pronto, Jorge se coloca encima de él. Parece haberle ganado.
Comienza amover su pelvis sobre la del moreno contrincante.
- Te vencí.
- Sí. Debes cobrarte la victoria.
- Pedro, ven, comparto mi victoria contigo.
El chico salta de su cama. Jorge se para un rato y le indica que se acueste sobre el religioso y repita lo que él estaba haciendo un ratito antes.
Pedro lo hace, y el Reverendo lo recibe . siente su gran pene bajo su pubis y las piernas del otro rodeándole las caderas, colocándole los talones en medio de las nalgas.
Jorge, entonces, se acuesta sobre ambos.
El del medio y el de abajo se corren.
- Me vine.
- Ay, yoo también.
Jorge toma grandes trozos de papel y se los da a ambos para que se limpien el semen que ha embadurnado su bajo vientre.
El religioso sale primero, tan en silencio como entró.
Jorge y Pedro se quedan solos.
- Escucha: calcula diez minutos antes de ir al baño, ¿OK?
- OK, Darling.
Un nuevo beso en la boca.
Pedro se queda anonadado y desnudo, preguntándose si el Reverendo Rafael es, o se hace, el cojudo.
Sea cual fuere la respuesta, eso a él le complace.
Manuel, al fin, se despierta.
Frente a si está Jonatan desnudo, como si posara para una pintura en honor a un dios griego durmiente.
Su anatomía le genera una sensación inevitable: su pene queda tan erecto como el que tiene al frente, a sólo medio metro.
¿qué pasaría si sus manos se posaran allí?
(CONTINUARÁ…)
Escrito por N-Ass. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares y situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.
domingo, 20 de marzo de 2022
ASS (20): el gimnasio de la parroquia sirve para hacer fotos al desnudo
Miguel posa desnudo, luego hace el amor con el fotógrafo.
A un cuarto para
las 2 de la tarde, el miércoles, en el gimnasio AS no queda gente excepto
Miguel terminando de entrenar. Solo viste una pantaloneta de licra celeste
encendida, medias y zapatillas. el sudor le da un brillo especial a su cuerpo
atlético velludo. Por la puerta entra Alejo con un visitante esperado.
“¡Willy!”, se
acerca a saludar. “Gracias por venir”.
“Menos mal que
terminé de editar las fotos de… Santi”, ríe el fotógrafo mirando a Alejo
mientras deja una mochila sobre una de las bancas.
“No sabía que
editar demorara un culo de tiempo”, se disculpa el aludido musculoso.
“Tú dirás”, avisa
Willy a Miguel.
“De una vez,
aprovechando que no hay alumnos”.
“¿Y Marcano, y
Paco?”, se extraña Alejo.
“Paco tiene
clases hasta las dos”, responde Miguel. “Y Marcano, ni idea”.
Willy saca su
cámara fotográfica de la mochila y comienza a mirar el patio techado.
“Hay buena luz
aquí. ¿Podemos hacerlas en este lugar?”
“Claro”, responde
Miguel.
El fotógrafo
comienza a captar con su cámara al atleta y bailarín mientras entrena, y una
vez que acaba, apoyado en las bancas, arreglando pesas. Alejo mira todo desde
la puerta cubierta por el biombo con pinturas.
“¿qué ropa
interior te pusiste?”, consulta Willy.
“Ninguna”,
responde Miguel. “¿Hacemos los desnudos?”
“Sí, de arranque”.
Miguel se saca la
licra yqueda totalmente calato. Luce su esbelta figura: lindos pectorales,
buenos brazos, torneadas piernas, cintura delgadísima, redondas nalgas, su
pinga dormida descansando sobre sus grandes testículos y todo eso bajo un recortado
vello púbico. El modelo lo luce todo sin complejos. En la Escuela de Bellas
Artes le dijeron que la primera obra maestra es el propio cuerpo humano, así
que lo esculpido en el gimnasio y las horas de ensayo bailando, se debe
mostrar.
“¿Pones tu pene
erecto?”, pregunta Willy.
“Claro, pero con
el biombo de fondo”,acepta Miguel.
“¿Y no es el
mismo fondo en el que me hiciste las fotos?”, observa Alejo.
“Recuerda que son
solo pruebas, no son las fotos oficiales”, aclara su amigo, quien comienza a estimularse
los genitales. “¿No quieres ayudarme?”, pregunta simulando seducción a Willy,
quien lo mira sonriendo. “No te ahueves: Alejo es de toda mi confianza, ya
debes haberte dado cuenta”.
Willy mira al
musculoso, quien mas bien está solazando su vista con el culo de Miguel.
“¿Y… no viene
nadie?”, duda .
“Tienen que tocar
el timbre antes de entrar”, reacciona Alejo.
Willy lo piensa
un poco:
“Ni una palabra a
Enrique”, le pide.
“Tranquilo, causa”,
sonríe el musculoso. “Aquí todos somos una tumba”.
Willy devuelve la
sonrisa, se aproxima a Miguel, se arrodilla y comienza a chuparle el pene.
Alejo ni se inmuta. Los 18 centímetros de Miguel crecen y se ponen duros con la
mamada. Willy lo deja:
“Pajéate”, le
dice.
Se aleja un poco
y sigue haciéndole fotos. Entonces se escuchan los tres toques de timbre.
“Mierda”,
masculla el modelo.
Alejo le alcanza
su pantaloneta:
“Comenzaron a
llegar”.
“¿Y ahora?”,
consulta Willy.
“Tranquilo”,
sonríe Miguel.
Tras darse una
ducha, la sesión continúa en el estrecho dormitorio. No es que fotográficamente
sea una gran locación pero la cama permitirá que Miguel muestre todo su cuerpo
desnudo, y esta vez absolutamente desnudo.
“Chúpamela otra
vez”, pide a Willy.
“Y pensar que me
la comenzaste chupando ”, sonríe Willy mientras se arrodilla.
“Y me gustaría
hacerlo de nuevo”.
Willy le pone el
pene duro otra vez y vuelve a fotografiarlo.
“Pajéate”, pide a
Miguel.
El modelo
comienza a masajear su miembro mientras su rostro refleja placer y arrechura.
“Voy a eyacular”,
avisa el modelo.
Willy se prepara
con la cámara, esta vez con un flash
listo para encandilar. El rostro del chico y un jadeo que ya conoce le
advierte que debe presionar el disparador ya. Y sucede: tres chorros de semen
saltan del pene de Miguel hacia su abdomen y aterrizan sobre sus vellos.
Tras limpiarse,
el modelo revisa las imágenes en la pantallita de la cámara. Willy se acuesta a
su lado, totalmente desnudo. Le pone el brazo bajo su cabeza y le da un besito
en la boca:
“Me has puesto
caliente, Miguel”.
“Las fotos han
quedado de la puta madre”.
“Eso me ha puesto
caliente, en efecto”.
Miguel deja la
cámara sobre su mesa y abraza por completo al fotógrafo.
“Lástima que ya
no vivas solo”.
“Ya, no me hagas
recordar que debí utilizar condón esa noche de borrachera”.
Ambos se besan en
la boca.
“Nunca terminaré
de agradecerte cómo te la jugaste por mí”.
“Gracias a ti
tengo un trabajo extra, así que cuenta como agradecimiento”, sonríe Willy.
Miguel también sonríe
y gira hasta que Willy se acuesta encima suyo. Se besan en la boca.
“Hazme el amor”,
susurra Miguel.
Willy se
arrodilla en la cama, levanta las piernas al chico y le hace un beso negro.
Miguel lo disfruta a tope y jadea arrechamente. Entonces, cuando Willy ya tiene
el pene duro, se lo mete todo, despacio, y se acuesta encima moviéndose con
mucha ternura.
“Así, rico, así
hazme el amor”.
En cinco minutos
Willy expulsa toda su leche dentro del culo de Miguel.
“No soiy un gran
cachero”, se justifica el fotógrafo.
“Te equivocas…
eres el más romántico”.
“¿estás seguro
que quieres entrar al negocio?”
“Si alejo ya es
un ASS sin dejar de ser un AS, ¿por qué no yo?”
Willy vuelve a
besar en la boca a Miguel.
“Reclutador,
artista plástico, coreógrafo, y ahora modelo: vas a forrarte bien”.
“Me mandaron a la
mierda, Willy; ahora es mi turno”.
A veinticinco
para las 4, Willy sale del dormitorio solo cubierto con una toalla que Miguel
le prestó para ducharse y en pleno pasillo se choca de pechito con el Padre
Alberto quien llega a entrenar. Ambos se sonríen.
jueves, 1 de marzo de 2012
TT1: Con la miel en el cuerpo
- Mira, vas a ver cómo tu cuerpo y tu salud se mejoran.
El Metro era el instructor: un pata en sus 25, cabello corto, algo de barba, un cuerpo velludo cubierto por un body de lycra al estilo luchador, que le marcaba unos prominentes pectorales, algo de paquete y unas abultadas y redondeadas nalgas. Lo que estaban al descubierto eran unos brazos gruesos y formados y unas piernas enormes y espectaculares. Era claro que estaba frente a un físicoculturista.
- ¿qué dices? ¿Te animas?
- Ya, bueno, probaré este mes. ¿Y qué incluyen los servicios?
- Bueno, las máquinas, y una hora de sauna los sábados.
- ¿Tienes sauna?
- Sí. ¿quieres conocer?
El Metro me hizo una visita guiada por un espacio libre lleno de espejos que usaba para los aeróbicos, y un tabique de madera que lo separaba del área de máquinas.
El sauna era un cuarto enorme de metal, al que se entraba por una puerta que daba a un pequeño vestidor y que discretamente te mandaba a las duchas. Milagrosamente, éstas tenían agua.
Comencé esa semana y me acostumbré a verlo vestido así, mínimamente, exhibiendo su musculoso cuerpo, pero derrochando simpatía, interactuando con todo el alumnado, preocupándose porque aprendieras a hacer el movimiento, preguntando si te sentías bien.
- La pastilla se llama Apronax.
Esa era la frase con que despedía a sus alumnos de cada clase, advirtiéndoles que si les dolía, iba todo bien, que no se preocuparan, pero que regresaran.
Y la gente regresaba.
Yo aguanté la semana, porque quería obtener alguna meta en mi vida, ya que siempre solía abanonar las que me proponía. Ésta fue la excepeción, porque hasta ahora sigo con los fierros, y eso debo reconocérselo, que me inculcó la pasión por ellos... bueno y por los buenos cuerpos.
Ese sábado tocó sauna. Como yo, había otros tres patas que iban a entrar.
Había leído algo sobre el tema, y encontré que la mejor manera de tomar ese tipo de baño era totalmente desnudo, que la toallita y toda la huevada era simple truco para las cámaras.
Cuando llegó el momento, El Metro comenzó a calentar el espacio, y cuando ya había ganado temperatura nos hizo entrar.
Yo era el único calato del grupo, pero como todos éramos patas, como las huevas. No eran cuerpos formados; de hecho sólo uno tenía la forma de atleta, pero se había cubiertto sus partes con su calzoncillo.
De pronto, la puerta corrediza se abrió y entró el instructor con una botella en la mano.
- Es miel. Es buena para la piel, lo sentirán ahora.
Dicho esto, comenzó a echarla desde la cabeza, como quien unge a sus discípulos.
Cuando me la echó, entendí el poder de la miel más el calor. Vásicamente se evapora, pero al hacerlo, se lleva las toxinas y deja la piel suave, tersa, de la puta madre.
El Metro vestía una tanga como las que se usan para los concursos de culturismo. Era negra, y por atrás, con dificultad le cubría sus nalgas.
se echó la miel.
El tratamiento se repitió las siguientes tres semanas. Cada bez que pasó, él, vistiendo su tanga entraba y repetía el rito de la miel.
La última, cuando ya se acababa mi membresía, sólo estábamos dos para entrar al sauna, justo el pata atlético y yo.
Entramos y nos pusimos a conversar de todo un poco, sólo que esta vez el pata no tenía nada, y así pude ver su pene incircunciso, coronado de un tupido vello púbico y unas grandes bolas. El pata era algo simpático.
Yo también estaba calato, con mi cuerpo semivelludo, y sentado muy cerca de él.
Las gotas de sudor decoraban nuestros cuerpos, y de cuando en cuando, nos las sacudíamos, descansando sobre las bancas de madera.
De pronto la luz se apagó, y se abrió la puerta corrediza.
Me palteé un poco.
- No se preocupen, es para que se relajen mejor.
Era el Metro. Y volvió a repetir el rito de la miel, sólo que esta vez con una variante.
Como la puerta tenía un vidrio, y por allí se filtraba la luz del gran salón de máquinas, pude ver cómo se acercó al otro pata, le dejó caer el fluído, y comenzó a restregarle el cuerpo. El pata estaba con la cabeza levantada, mientras el Metro lo sobaba por el pecho y la espalda.
- ¡Aguarda, Metro!
- ¿Qué pasa?
- No toques el culo, mierda.
Nos reímos los tres.
Luego vino hacia mi, me echó la miel, y comenzó a sobarme sus gruesas y gordas manos por el pecho, la espalda, y también las nalgas. Yo no protesté, pero hice un gran esfuerzo para evitar que se me parara, porque cada vez que me pasaba la mano a lo largo de mi espina, sentía cosquilleo.
- Échame la miel.
Le hice caso, y puse la botella en alto. Comenzó a sobarse el cuerpo, y luego me dio la espalda.
- Ayúdame a esparcir la miel.
Mi mano sobó el dulce por su gran espalda, y tuve que llegar a sus nalgas.
- sigue normal.
Su culo era velludo, y no aguanté más: mi verga se paró.
Con mucho cuidado, aprovechando la penumbra, traté de que ésta no lo rozara.
Los tres nos sentamos sobre la banca, pero me fui al rincón con la esperanza que se me bajara mi erección. Nada.
Cuando vi al otro pata que había entrado conmigo, que se había acostado sobre la banca, la tenía armadaza.
El Metro estaba a mi costado, como las huevas, conversando de todo un poco.
Entonces, el otro pata se levantó.
- Voy a ducharme.
Al abrir la puerta, era evidente que su erección, de unos 16 cm, estaba a tope.
Me quedé con el Metro.
- ¿Y qué tal el mes?
- Excelente. Tengo algunos logros.
- Sí, lo noté. Si sigues, llegarás a echar mejor físico.
- ¿Como tú?
- Claro... ¿Y qué dices? ¿Tomas el segundo mes?
- Bueno.
- Hombre, hazlo, mira nadie te ofrece sauna.
Tras meditarlo unos segundos, acepté. Me palmeó la pierna.
Un par de minutos después, el otro pata entró. La tenía baja. Pensé que se debía al agua fría.
- anda, dúchate.
salí, y cuando iba a abrir la ducha, mi pie pisó algo pegajoso. Bajé mi mirada: semen.
No le di importancia y me duché.
Tras reingresar al sauna por unos 20 min, salí, me duché y me cambié para irme a casa. El otro pata y el Metro se quedaron todavía, calatos, dentro del sauna.
Esa noche, me duché de nuevo y me la corrí. Como nunca, grandes torrentes de mi leche salían disparados hasta la pared de mi ducha. Pensé que era la testosterona, ya que, cuando entrenas, ésta aumenta naturalmente.
Ese lunes regresé a iniciar el segundo mes. El Metro vestía un short algo holgado, pero que igual no podía ocultar sus nalgas.
Ese sábado, repetimos el sauna, solo que esta vez el otro pata no apareció para nada, mas bien dos nuevos alumnos.
Cuando ingresé, porque fui el primero en meterme al sauna, vi algo brillante en la esquina que no había visto la última vez. Al alzarlo, lo identifiqué: la envoltura de un condón.
En ese momento, el Metro entró, como siempre, con su botella de miel, vistiendo su tanga negra.
Cuando vio lo que tenía en la mano, puso cara de circunstancia. No le dije nada. No me dijo nada.
Doblé lo más que pude el papel aluminio y lo tiré a una esquina. La ceremonia de la miel se repetiría esa noche.
CONTINUARÁ...
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miércoles, 16 de septiembre de 2020
Felices los 4 (8)
Tras una orgía, Rafael muestra su rostro real.
Tras
asegurarse que todo el Olympus está bien cerrado, ángel y Eduardo bajan la
escalera interna de caracol que los conecta con la casa habitación.
“Claro,
mientras sales de viaje, Rafa y su esposa pueden venirme a ayudar”.
“No es
su esposa, a duras penas son pareja, aclara Eduardo. “¿Y dónde se quedarían?”
“En el
otro cuarto que tienes”, responde el instructor. “Abajo hay tres cuartos y
apenas aprovechamos el nuestro”.
Abren la
puerta de uno de los dormitorios más pequeños y sobre la cama, un hombre
atlético, de amplia espalda y grandes nalgas, está sentado cabalgando el largo
y grueso pene de otro chico moreno y atlético como él. Eduardo traga saliva al
ver ese ano engullendo el falo del otro varón (protegido con un preservativo),
siente su erección al reconocer los gemidos del jinete.
Minutos
después los cuatro hombres comparten una ducha a media luz en la que el dueño
del inmueble no sabe a qué cuerpo girar para dar y recibir caricias, o a quién
dar besos. Mejor opta por arrodillarse en la bañera, tomar el pene largo,
grueso e imperceptible curvo hacia arriba de Ángel, y el falo largo, grueso y evidentemente
curvo hacia la izquierda de Rafael, los masajea un poco y comienza a mamarlos
un rato uno, otro rato el otro. Tras ellos, Amado espera su turno con su pene
largo, recto y grueso esperando su turno. El vapor crea una atmósfera cómplice
y pantanosa.
Lo que
pasa luego es que el ano de Eduardo es alternadamente penetrado por Rafael,
Amado (siempre protegido con un condón) y Ángel. El ahora dueño del Olympus
está cómodo en cuatro patas sobre su cama sintiendo cómo es placenteramente
torturado por tres tipos de virilidad, una más elegante, otra más salvaje, una
más sutil, otra más lujuriosa, una suya, otra… quién sabe. Lo que importa en
ese momento es disfrutar. Más nada.
“Solo
espero que no se apareen con Ángel”, advierte Eduardo mientras acompaña a
Rafael y Amado a la puerta una vez que acaba la sesión.
“Vendré
a verlo con Ingrid”, aclara el policía.
“Espero
que no sea una arrecha de mierda como Dalila”.
“Tranquilo,
mi Lalo: tengo bien domada a esa chuchita”.
“Y tú
resultaste ser toda una revelación”, dice el anfitrión a Amado.
“Gracias,
don Lalo”, sonríe el moreno. “Y gracias por el mes gratis”.
Eduardo
abre la puerta y Rafael saca su motocicleta que está parada en una vereda
interna del jardín delantero de la casa. Amado se encarama justo detrás juntando
su paquete a las nalgas del conductor.
En cinco
minutos llegan a una calle estrecha dominada por un enorme algarrobo.
“Ese
tronco me recuerda ya sabes a qué”, sonríe Rafael.
Amado
sonríe también.
“Gracias
por traerme y…” el moreno se acerca al oído del conductor. “Gracias por dejarme
probar ese culo”.
“Gracias
por el banano”, retribuye Rafael. “Espero que no sea debut y despedida”.
“No lo
será”, promete Amado, quien saca una llave y abre una puerta de madera algo
tosca, parte de una casa común y corriente. Camina hasta su dormitorio. Se
quita toda la ropa en la oscuridad.
“Huevón”,
susurra.
Diez
minutos de trayecto con el frío calándole las manos, el pecho y las piernas, y
el policía vestido de atleta llega a su casa pocos minutos antes de la medianoche.
Su pareja lo espera profundamente dormida, ocupando la mitad de la cama
matrimonial. Recién se despierta cuando él ocupa la otra y le roza su cuerpo
desnudo.
“¿Qué
dice Lalo?”, averigua adormilada.
“Nada en
especial”, susurra Rafael. “Extraña a Dalila”.
“Sí…
claro”., dice ella antes de quedarse dormida otra vez y de un tirón hasta que
el despertador suena a las cinco y se repite el rito de dejar el desayuno
preparado e ir hasta el Olympus. Es miércoles. Esta vez, Ángel viste otro de
sus enterizos en el que el blanco de la tela no le deja lugar a dudas a la
alumna: debajo no hay ropa interior alguna. Mientras ejecuta su rutina, Ingrid
puede casi ver cada músculo al desnudo, y mucho más el paquete, aunque lo que
jala su vista es el acupulado trasero. Ángel se da cuenta:
“¿Te
incomoda?”, le pregunta ensayando una sonrisa cándida.
“No,
para nada”, responde ella con mucha seguridad. “Me gusta cuando un chico se
pone algo sexy y lo luce con actitud”.
“Ya te
dije que tú miras las cosas de otra manera, no como el común de las personas”.
Eduardo
sube al tercer piso con cara de
circunstancia, se acerca a Ángel, lo llama a un costado y conversa algo. Ingrid
finge indiferencia, pero aunque quisiera, la música de fondo le impide saber qué están hablando,
pero la cara que pone Ángel no le da buena espina. La charla dura un par de
minutos. Eduardo sale disparado, El instructor regresa donde su alumna.
“¿Todo
bien?”, pregunta Ingrid.
“Todo bien”,
responde seco el chico.
En la
esquina de la manzana donde queda el Olympus, Eduardo espera. Mira hacia la
derecha tratando de distinguir algo. Los minutos se le hacen eternos. Toma su
celular y marca, timbra en el auricular pero nadie le responde. Entonces lo
divisa y lo ve acercarse hasta que se estaciona frente a sí vistiendo una
casaca larga y las manos inusualmente cubiertas por guantes de cuero.
“Sube”,
le dice Rafael sentado en la motocicleta.
“¿qué pasó?”
“Que tu
plan falló”, casi reclama Eduardo ya colocado a su espalda.
El
vehículo arranca y el conductor toma una vía más discreta bajo una fila de
algarrobos.
“Cálmate,
huevón”, se pone firme Rafael. “Sabe qué le pasó pero no quién se lo hizo;
además, tu obstáculo es otro, recuerda”.
“Te dije
que no era una buena idea”, tiembla Eduardo.
“¿Te
arrepientes?”
“¡No sé!
Pienso que esto se salió de las manos”.
Al
llegar a un parque, el conductor sigue de largo por la carretera que mira al
río.
“¡Vamos
a la clínica!”, reclama Eduardo.
“Me
falta combustible y en la ciudad me sale caro”, responde Rafael.
Cruzan
el puente. Al fondo se ve una estación de servicios. Cuando Eduardo cree que
están perdiendo el tiempo, la moto en lugar de seguir la pista, se mete por un
camino de tierra.
“¡¿Qué
haces?!”, se alarma el pasajero.
Rafael
no responde.
“¡¿Qué
haces, carajo?!”
Eduardo
entra en pánico y busca su celular, pero en el esfuerzo por abrir el apretado
bolsillo de su pantalón de pronto el vehículo pasa sobre un hueco y él cae de
espaldas al suelo seco arcilloso. Algunas piedras le hieren. Casi ni puede
gritar por el dolor.
Rafael detiene
la motocicleta unos metros más allá, baja y se acerca al herido.
“Ningún
plan mío falla”, le dice, sacando su pistola de reglamento oculta por su
casaca, luego un silenciador. Eduardo mira el arma con pavor.