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domingo, 19 de febrero de 2023

Los 4 grandes atractivos de Pedro Bomba

Míralo de la cabeza a los pies y dinos si tu selección coincide con la nuestra.

 



El piurano Pedro Bomba sorprendió al planeta entero luciendo su cuerpo totalmente desnudo y mostrando su pene totalmente erecto en un único video y sesión de fotos que se convirtieron en otro clásico de nuestro arte pornoerótico. ¿Y por qué se hizo un clásico? Lo explicamos aquí:








 

Sonrisa: A diferencia de otros culturistas peruanos que también hicieron fotos o videos porno, Pedro Bomba no deja de sonreír, lo que significa o que se la pasó muy relajado o que se la pasó muy nervioso. Sin embargo, se convierte en uno de sus mejores atractivos, y ayudan a que la calentura de verlo pajeándose sea más amigable. Como tener sexo con tu mejor amigo y que te diga sin palabras “no te compliques, solo disfrutemos”.

 








Pecho: ¡Dios mío! ¡Te imaginas haber tenido una sesión de sexo intenso, quedar agotado y usar esos pectorales para reposar tu cabeza? ¿Qué tal un trío? Cada músculo tranquilamente puede servir para que cada chico descanse cómodamente, por supuesto, sostenido por esos enormes brazos. Donde sí vas a pugnar, si lo compartes con otros, es en acariciar ese bien trabajado abdomen. Pero pongámonos de acuerdo con que ese enorme pecho es de antología.

     







Verga: Recta, gruesita, de tamaño promedio pero bien jugosita, ideal para darle una buena mamada o para sentirla dentro del culo. ¿Alguna idea de cómo debe saber su semen? Sin duda debe ser un néctar delicioso, pura masculinidad forjada con genes 100% piuranos. ¿Claro! Porque si en Piura todo es más rico, de hecho que esa polla debe serlo también. A menos que alguien ya se la haya tragado. Avísenos, por favor. ¿Y qué piensas de sus huevos?








 

Culo: ¡Qué comen los culturistas peruanos que les sale un trasero grande y bien redondo? OK. No solo es la comida. También es el entrenamiento y, por qué no, la genética. Pero ese par de duras nalgas son ideales para mordisquear, lamer, acariciar. Otro gran candidato a un inolvidable y discreto beso negro. Ah, y ese par de enormes piernas no se queda atrás.

 

¿Cuál es tu parte favorita del cuerpazo de Pedro Bomba? Cuéntanos en los comentarios. Gracias a Apasionado Solar por los vidcaps.

 

Mira el video completo de Pedro Bomba | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com 

domingo, 28 de noviembre de 2021

ASS (05): Sexo entre legionarios

Alejo y Flavio posan desnudos como luchadores y terminan cachando frente a cámara.


 

 Justo antes de las 11:00 de ese domingo por la mañana, Enrique acomoda una especie de alfombra acolchada ploma al lado de la piscina y teniendo como fondo la pared poblada de arbustos que forma una especie de segundo tapiz. En el umbral de la mampara que conecta al patio trasero, Alejo termina de acomodarse un casco de utilería, parecido al de los legionarios romanos; Flavio, a su lado, se repasa el óleo sobre su cuerpo.

“enrique la chupa rico”, le arma conversación.

“¿Qué tal la chupas tú?”

Flavio sonríe y entrega un frasquito a Alejo.

“échate el óleo”.

Flavio se coloca el casco y se calza unas sandalias de tiras hechas a propósito de la sesión.

“Ya saben en qué consiste la acción, ¿no?”, se les aproxima Willy. “Vamos a interpretar una pelea cuerpo a cuerpo. La idea no es que se agarren a golpes sino que sus rostros y sus músculos muestren una gran expresividad”.

“Yo no sé defensa personal”, aclara Flavio.

“Pero yo sí”, indica Alejo.

“Genial, entonces tú lo guías”.

Los modelos no tienen nada más sobre el cuerpo excepto los cascos y las sandalias. Están desnudos. Ambos se colocan sobre la alfombra frente a frente.

“¿Listos?”, consulta Willy.

Ambos modelos confirman. Comienzan tomándose de las manos y tratando de empujarse mutuamente poniendo el pecho como ariete. Sus brazos, espalda, culo y piernas se tensan.

Willy se quita rápidamente la ropa y se mete a la piscina totalmente desnudo con tal de tener mejores ángulos.

“Comiencen con las llaves”, indica.

Alejo se coloca tras de Flavio y le inmoviliza los brazos haciendo que éste segundo luzca mejor sus pectorales y bíceps. Es inevitable que el pubis de alejo roce las enormes y redondas (y firmes) nalgas de Flavio: su pene comienza a ponerse erecto.

Enrique graba todo con su celular desde el fondo del patio. Luego, Flavio se coloca detrás de Alejo, quien ya tiene su verga al palo.

“Sumisión”, indica Willy.

Flavio y Alejo se acuestan sobre la alfombra y se revuelcan sobre ella y uno encima del otro simulando la lucha cuerpo a cuerpo. Willy no pierde oportunidad para probar diferentes ángulos. Alejo sigue con el pene erecto y el de Flavio comienza a responder hasta ponerse duro: es cabezón, un poco como hongo, unos 15 centímetros quizás. Evidentemente, ambos chicos están excitados.

“Listo”, indica Willy. “Excelente”.

“Yo creo que falta”, se acerca enrique.

“No, ya está todo”, reitera Willy.

“Chicos, díganme la verdad: ¿están cachondos, no?”

“Yo sí”, se apura en responder Flavio.

“¿Cómo cachondos?”, duda Alejo.

“Arrechos”, aclara Willy.

“Miren, chavos”, propone enrique, “ya cada uno tiene asegurado sus mil soles por cabeza… Yo les propongo otros mil más y… cogen frente a cámara”.

Willy, que continúa calato, se sorprende.

“Yo acepto”, se apresura a decir Flavio otra vez.

Alejo se queda callado pero no de sorpresa: está haciendo matemáticas. en solo hora y media ya se ganó mil soles y sin hacer mayor esfuerzo que posar calato y con la verga parada, y encima jugar a la peleíta con Flavio. ¿Y ahora otros mil por cachar? Esos dos mil solo se los ganaría en 25 días de jornalero o en doce y medio manejando tractor… y jornada completa encima.

“Pero yo solo hago de activo”, avisa.

“Tu verga dentro de mi culo se verá mejor en las fotos que la mía dentro del tuyo”, sonríe Flavio, cuya pichula cabeza de hongo comienza a despertar otra vez.

“Y otros mil más a ti”, anuncia enrique a Willy.

en poquito más de cinco minutos, Alejo y Flavio ya se están besando en la boca. Las manos del primero bajan por la espalda hasta acariciar las nalgotas del segundo. Willy obtura y obtura.

“Date la vuelta, Flavio… bésale el cuello, Alex… no le dejes marca”, indica el fotógrafo, quien vuelve a meterse a la piscina para ganar mejor ángulo, en especial de todo el cuerpo de Flavio, quien debajo de su rasurado vello púbico, ya tiene su pene erecto. Desde el fondo, enrique graba todo con su celular: si no le sale un corto porno gay, al menos le saldrá un caliente making-off.

“Chúpasela, Flavio”.

El modelo se arrodilla sobre la alfombra y comienza a succionar los 18 centímetros de su compañero. Aunque debiera, no actúa; disfruta practicando sexo oral. Willy sigue tomando fotos, aunque en realidad el agua oculta su erección. Nada del otro mundo, unos 16 centímetros ni grueso ni delgado.

“¿Chupas culo, Alejo?”, consulta Willy.

“sí”, responde el chico con seguridad.

“Hazle un buen beso negro, entonces”.

Mientras los modelos toman posición, enrique camina a otro lado del patio para tener otro ángulo. Un enorme pene se marca bajo su bermuda.

Ya en cuatro, Alejo separa los dos enormes y firmes glúteos de Flavio y los chupa ruidosamente. El pasivo comienza a gemir:

“Así… méteme la lengua… qué rico… sigue”.

Willy sigue metido en la piscina tomando fotos. El agua fría no baja en absoluto su erección.

“¿Lo notas dilatado?”, consulta.

“Tengo lubricante”, avisa enrique acercándose del otro lado de la piscina. “¿Estás limpio, Flavio?”,

El modelo asiente con la cabeza mientras Alejo le examina el ano:

“Ya está dilatado”.

Enrique entrega el lubricante aAlejo quien se lo unta generosamente en su pene erecto y luego en el ano de Flavio. Enrique se aleja y vuelve a grabar con su celular.

“Métesela despacio”, instruye Willy.

Alejo comienza a introducir su pinga como le dicen. Flavio se queja de dolor pero respira hondo y ccorto y relaja su esfínter. En pocos segundos, la verga ya está metida dentro del agujero.

“Muévete despacio… no quiero que salga borroso”, pide Willy.

Alejo ccomienza a ccachar a Flavio de manera más pausada, y eso le recuerda la forma cómo cacha al Padre Alberto o a Pedro, y eso lo excita mucho.

Willy se deja de recatos, sale de la piscina a conseguir mejores ángulos para fotografiar la penetración y revela su pene al palo. Enrique también lo graba.

“Piernas al hombro, pero las piernas bien abiertas para verlo en la cámara”,pide el fotógrafo. “Pajéate, Flavio; quiero ver tu pene erecto”.

Continúan en la nueva pose. Alejo ha resultado ser una revelación porque hasta ese momento, ni señas de querer eyacular, algo que no pasa con su compañero de escena:

“No aguanto… me vengo”.

“Solo un par de minutos más”, pide Willy.

“Me vengo, ¡Me vengo!”

Flavio suelta todo su semen por su abdomen perfecto. Una ráfaga va hasta su pecho. Mientras tanto, su recto estrangula la pinga que tiene dentro.

“Pajéate, Alejo”, pide Willy.

El otro modelo saca su pene, lo masajea con cierta firmeza, se concentra en las sesiones de sexo de San Sebastián, las del cuartel, donde además de instrucción militar recibió instrucción sexual y suelta su leche sobre el cuerpo de Flavio.

El sol de casi mediodía comienza a enrojecer la piel de todos.

“Nos damos un regaderazo, chicos?”, invita Enrique…

Y para terminar,te dejamos con una porno.

jueves, 2 de agosto de 2012

La Parcela (12): Nando suaviza una reprimenda

Es de noche. En medio de los árboles de limón, iluminado con una extraña luz de fondo, la silueta de un policía uniformado emerge de la bruma. Se acerca.
Justo a la distancia del largo del brazo. Se puede apreciar su uniforme, azul brillante, con una vara plateada, al igual que las monturas de los anteojos oscuros. Se cimbra, mueve la cadera de un lado a otro al ritmo de una extraña, extrañísima melodía.
En un leve movimiento, se despoja de la camisa, revelando un torso velludo castaño, de pectorales prominentes, brazos anchos, abdomen de tabla de lavar, cintura breve. Dos tatuajes étnicos pintan el pectoral y hombro izquierdos.
Es, evidentemente, un policía, un policía de luces, que mueve la ingle como si toda la electricidad del cuerpo se concentrara allí, tanto que en otro tirón desaparece los pantalones, y deja ver unas fuertes piernas, de amplios muslos, gruesas pantorrillas. El uniformado tiene una tanga breve que apenas contiene el paquete. Se da la vuelta: dos enormes nalgas. Éstas y las piernas también tienen vello por todas partes.
Otra media vuelta, y el policía ya está con sus dos manos en los extremos de la tanga, listos para tirarla fuera. Cuando ya no queda mmás que ocultar… sonó un celular.
Jano se sienta sobre su cama, sudoroso. No era de noche, sino una mañana soleada, según la luz que entraba por su ventana. El smart-phone sigue sonando.
Al fin, contesta.
-         Claro, voy de inmediato.
Desnudo, como se acostó la noche anterior, vuela hacia la ducha, se pone un polo del Demonio de Tasmania y una bermuda, sus zapatillas, baja a tomar algo como desayuno y corre a encender la camioneta. Si demoró 20 minutos en todo el proceso, fue demasiado.
Mientras conducía a la tienda de agroquímicos, trata de olvidar la imagen que inundaba sus ojos antes de despertar.
-         Fue un sueño. No significa nada. Fue un sueño.
Hacia la una de la tarde, Jano regresó a la parcela con su cargamento. David lo recibió.
-         Dile a los chicos que lo descarguen, pero con cuidado.
-          Listo, Jano. Mientras ellos lo hacen, vamos a almorzar.
Estaban caminando a la cocina cuando aparecieron los “ingenieros” Nando, Raúl y Pancho.
-         Muchachos, descárguenlos y pónganlos en el cobertizo, por favor.
-         Jano y David prosiguieron a la cocina, y Nando se dio media vuelta a ver a sus otros dos compañeros, y comenzó a aplaudir.
-         - ¡Ya escucharon, muchachos. Llévenlo atrás!
-          Pero Jano dijo…
-          Suave, Raúl. Yo me encargaré de que estén bien apiñados.
Como siempre, Raúl no cuestionó, y Pancho ya estaba jalando el primer saco de 50 kilos.
Antes de entrar a la cocina,David le hizo la misma observación a Jano.
-         Tú dijiste a los tres, pero Nando anda de capataz.
-          Déjalo. Seguro que él verá lo del almacenamiento. Además, esa es su especialidad, ¿no?
-          No sé, Jano. Pero, si tú lo dices…
Tras el almuerzo, Jano se fue a descansar a su cuarto, y David pidió a Gabo que buscara a Nando. El musculoso se apareció media hora después… algo perfumado, en sandalias y vistiendo una bermuda blanca algo transparente, que se chorreaba por sus caderas. Debajo, su culo y su paquete estaban más que marcados.
-         ¿Me llamaste, David?
-          Sí, Nando. Siéntate. Mira, hay algo que pasó esta tarde, que me gustaría hablar contigo.
David comenzó a exponer asertivamente su punto de vista.
-         Pero yo también he trabajado.
-          No cargaste ningún saco.
-         Es que… yo vi que los apiñaran bien.
-          Mira, Nando. No es la primera parcela donde trabajo, y sé cómo se hace ese procedimiento. Acá no hay peones y todos ponemos el hombro. Yo te sugiero que tengas más consideración con tus compañeros, nada más, ser más… equitativo.
-         Nando abrió sus brazos y se los puso detrás de su cabeza, pose en la que la musculatura se tenía que marcar de todos modos. David tragó saliva e intentó disimularlo.
-          ¿qué tienes David? Estás algo pálido.
-          ¿Yo? Nada.
-          ¿Será que… acaso… te gusta lo que ves?
-          Estás loco.
Nando comenzó a hacer latir cada bíceps alternadamente, luego cada pectoral. David no sabía dónde dirigir su mirada, si a los ojos de Nando, o a sus palpitantes músculos.
Nando sonrió, se puso de pie, sin dejar de jugar con sus carnes. Cuando Dabid vio la bermuda, pudo notar que la verga de Nando estaba al palo, o en proceso de estarlo.
David buscó la mirada de Nando, quien sonreía sensual. El administrador estaba desconcertado.
Nando comenzó a caminar lentamente hasta ponerse a un costado de David.
-         Jerry está lavando platos, Jano está jateando. Los demás están al fondo, ocupados. Sé que estoy propasándome, pero, si no te gusta bótame de aquí. Te doy tres segundos para hacerlo.
-         David permanecía mudo.
-          Tres… Dos… Uno… Cero, punto cinco… Cero.
-         Nando bajó sus brazos, los puso en la pretina de la bermuda, y la empujó hacia abajo, deshaciéndose de ella con una patada.
-         Su verga parada saltó como resorte, a menos de medio metro de la cara de David, quien no sabía qué hacer, como que tampoco pudo evitar que Nando alzara una pierna, la pasara por encima de las suyas, aferradas al asiento, y esta vez pusiera su jugosa verga y sus grandes huevos a sólo centímetros.
-          Chúpala. Yo sé que te gusta.
David olvidó las formas, el espacio, el momento, se acercó y abrió su boca. Tímidamente sus labios tomaron el glande de Nando, y poco a poco fue dejando que la pinga de 18 centímetros traspasara sus dientes y se posara en su lengua. Su miembro de 16 estaba a mil dentro del pantalón corto de tela.
Nando comenzó a jadear y suspirar, en tanto que David succionaba el pene suavemente, sintiendo el grosor, el sabor del líquido pre-seminal, el olor a jabón.
-         ¿Quieres que te la meta?
-          No sé. Además, no tengo condón aquí.
-          Normal. Te la sobo entonces.
-          Es que… me paltea aquí.
-          Ya te dije que todos están ocupados. Ya, pe, no seas malito.
-         David se puso de pie, se desajustó su correa, se bajó el pantalón y dejó que cayera hacia el suelo. Le dio la espalda a Nando, quien giró para abrazarle y pellizcarle las tetillas, mientras arrimaba su pija y la comenzaba a sobar entre las nalgas del otro chico. Suavemente le quitó el polo y lo dejó sobre el escritorio.
-         Agáchate.
-         David obedeció y posó sus manos sobre el escritorio, mientras Nando no cesaba de sobarle su miembro en la raja del culo, de puntearlo como queriendo metérsela, y de bajar su verga hacia la misma entrepierna, metiéndola por la hendidura que forman ambas extremidades inferiores.
-         David cerró los ojos, percibió la dureza de su miembro y se dejó llevar.
-         Ambos jadeaban lenta y sensualmente.
-         Nando agarraba las caderas de David , y eventualmente paseaba sus manos por los dorsales, la espalda, el pecho y las tetillas erectas de David, quien se arrechaba más y más ante esas caricias.
-         De pronto, unos pasos se escucharon en el umbral de la puerta de la oficina, la que se oscureció un poco. Cuando David abrió los ojos, vio una silueta atlética, con las manos en la cintura.
-          ¿qué mierda está pasando aquí?

(CONTINUARÁ…)
©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Deja tus comentarios aquí o escribe a los autores en hunks.piura@gmail.com

sábado, 27 de abril de 2019

Por mirón me pasó algo alucinante

Mi nombre es Roger y tengo 30 años. Junto con mi hermano mayor tenemos un fundo dedicado a producir limones en el Alto Piura. Mientras yo veo lo relacionado con bancos y el personal, mi hermano ve todo lo referente a insumos y se encarga de las compras. Para mí, éso es muy conveniente puesto que puedo supervisar a los 4 peones que tenemos a cargo. En general, la gente del campo es muy amistosa, honrada y chambera a full, así que estos hombres no son la excepción. El mayor tiene 38 años, luego viene uno de 32, otro de 30 y el menor de 22, hermano del primero.

La jhjornada comienza temprano, bien temprano, a las 5 o 6 de la mañana. Usualmente mi hermano y yo llegamos en la camioneta a éso de las 8 y nos regresamos a casa a éso de las 3 o 4. Nuestros peones suelen retirarse entre 1 a 2 de la tarde, dependiendo de la carga de trabajo para el día.

Una de sus costumbres al final de la jornada es ir a un rincón del canal que nos sirve de lindero para tomar un baño. Es un sitio donde tres algarrobos enormes dan buena sombra, y varios arbustos altos han creado una especie de cortina natural tras la que los peones se quitan toda su ropa y se meten al agua. Siempre los cuatro van a bañarse juntos. Lo sé porque casi todos los días los espío desde unos matorrales bien tupidos. Como ellos me tienen que reportar el término de sus labores para incluírlos en la planilla, sé exactamente a qué hora van al canal. Entonces, cuando mi hermano se queda dormido, no está, o tiene mucho trabajo, yo me escabullo y voy por otro caminito, con mucho cuidado para que no me vean y disfruto el show.

No son cuerpos de gimnasio, pero imaginen a la gente del campo cuyos músculos están más que todo marcados por el trabajo duro. Encima, como los cuatro juegan al fútbol, tienen unas hermosas piernas y unos culitos bien paraditos, en especial el de 30 y el de 22, aunque el de 38 tampoco anda mal.

Cuando ese espectáculo me pone bien hot, aprovecho que nadie me ve, y me bajo mi jean y mi boxer para corrérmela. Siempre termino tirando mi leche entre los arbusstos y tengo que morderme la lengua para no gemir.



Una de las personas que viene frecuentemente al fundo es Isma, un agrónomo de 27 años, alto, fornido, evidentemente trabajado con pesas y barras. Su labor es verificar que las plantas estén bien de salud y recomendar algún agroquímico que hiciera falta. Por cierto, es guapo, pero tiene un señor defecto: cuando se junta a hablar con mi hermano, es el tipo más machista que puedan imaginarse. Los dos hablan huevadas de las chicas y encima hablan mal de los gays. ¿De qué me sirve tanto músculo y tanta belleza si es un huevón que ni siquiera respeta a las mujeres? Entonces, yo prefiero irme hacia la plantación o me voy a espiar a mis peones cuando se bañan.

Un día que, para variar, mi hermano e Isma se pusieron a hablar estupidez y media de las mujeres y los gays, salí de la casa de campo que usamos como oficina y depósito. Como apenas hacía quince minutos había dado las conformidades a mis peones, decidí irlos a espiar. Anduve sigilosamente por el camino que ya conocía y llegué hasta el matorral tupido, teniendo cuidado de verificar que no hubiera alguna serpiente escondida por ahí. Me coloqué y me puse a mirarlos. Curiosamente, solo estaban el chico de 22 y el otro de 30. Acababan de desnudarse y se metían al agua. Ambos se sumergieron por completo aprovechando que habían soltado el agua y emergieron con sus cuerpos húmedos. El de 30 sacó un jaboncillo de las cosas en la orilla y se puso a recorrerse el cuerpo: su pecho, sus brazos, sus axilas, su cintura, la cadera, el pene, los huevos, la espalda, las nalgas. Apenas dejó de usarlo, se lo pasó al de 22, quien repitió el mismo recorrido. Estaban hablando de fútbol, según pude oír. El de 22 dejó de untarse con el jaboncillo y lo dejó en la orilla. ¡Qué ricas nalgas, por Dios! Ambos comenzaron a sobarse sus cuerpos: pecho, axilas, brazos, cinturas, caderas, pene, huevos, espalda, el culo, y hasta al medio del culo, en especial el de 22. Por cierto, aunque son marcados, sus penes lucen algo largos para estar dormidos y con el vello púbico sin recortar. Yo me bajé el pantalón y el boxer otra vez. Comencé a estimularme mi pene con una mano mientras que con la otra hacía lo mismo con una de mis nalgas.

Estaba absorto viendo a los dos peones cuando siento una palmada en la nalga que no me estaba estimulando. Sudé helado. Me subí el pantalón y el boxer como pude y giré. Me quedé petrificado tapándome la boca para no gritar del susto.
- Así que a ésto te vienes, ¿no, degenerado?
No supe qué hacer. Era Isma con una sonrisa del tipo "ya te pesqué, mierda". Las piernas me temblaban como para salir corriendo. Solo atiné a taparme bien la boca con mis dos manos.
- Tranquilo, Rogercito, no soy tu hermano. ¿Pero te imaginas lo que hubiera pasado si él te descubría?
Isma me tomó los codos con sus manazos. No me apretó. Solo me sujetó.
- ¿Te imaginas si tus peones se enteran que los espías, Roger? Estás en serios problemas, huevón. Y todo depende de que yo abra la boca.
Isma tomó suavemente mis manos y me las sacó de mi boca.
- P-p-por fa-fa-favor. No digas. Te lo suplico, Isma.
- Claro que no diré nada, huevón... pero tú tienes que hacer algo por mí.
- Claro, Isma. Lo que sea.
El agrónomo sonrió.



Entonces, Isma miró a ambos lados, se acurrucó conmigo en el matorral, se aflojó la correa y se desabrochó su jean. Se lo bajó. Yo no podía creer lo que estaba pasando. En su boxer se notaba un abultado paquete.
- Arrodíllate.
Lo hice.
- Acarícialo.
Comencé a sobar su paquete aún aprisionado en el boxer. Estaba dormido aún, pero sí podía percibir que lo que estaba dentro era realmente grande. Así que lo fui acariciando. Conforme lo hacía, notaba que se ponía más duro hasta que no cupo duda de que debajo había una enorme erección. Isma se bajó el boxer y un pene largo y grueso saltó debajo de un vello púbico que tendría un par de días sin afeitar.
- Chúpala.
Tomé el pene erecto de Isma e hice lo que me dijo.  Como era enorme, con una mano lo masturbaba mientras que lo que sobraba estaba dentro de mi boca. Su glande ocupaba casi toda mi boca.
- Así, huevón. Así, Rogercito. Mámala rico.
Obviamente, ya no podía ver qué pasaba en el canal.
- Ponte de pie, Rogercito.
Lo hice.
- Da media vuelta y agáchate. Mira a tus peones.
Lo hice. Ahora estaban los cuatro, bañándose y conversando como cada término de jornada.
Sentí que Isma me desabrochó mi pantalón y boxer y me lo bajó hasta las rodillas.
- Separa las piernas.
Lo hice, dentro de lo difícil que era. Entonces sentí que Isma me estimulaba el ano. Y por la humedad, era obvio que con su boca.
En el canal, mis peones parecían estar ajenos a mi experiencia. Mi pene erectó. Vi que los peones de 30 y 22 salían del canal y se vestían, dejando al de 38 y el de 32. Pero algo raro hacían al vestirse. Solo se ponían sus jeans y sus zapatos. Sus camisas y sus calzoncillos los llevaban en la mano. Jamás hacían éso, pero quién sabe.
- Hace tiempo que no te la meten, ¿cierto? Lo tienes cerrado, Rogercito.
Isma terminaba de decir éso cuandosentí que algo duro se colocaba en la entrada de mi ano y poco a poco entraba dentro de mí. Respiré hondo porque me dolía, pero Isma parecía entender que no podía ser brusco. Se le resbaló así que con mi mano y un poco de mi saliva en su glande, lo ayudé. Ahora sí, su pene fue entrando poco a poco dentro de mi ano, mi recto, y seguía perforándome. Isma me bombeaba despacio, dándome tiempo a acostumbrarme a su pedazo de músculo duro metido en mi culo. Mientras tanto, seguía viendo a mis dos peones mayores bañándose. Comencé a pajearme, además.
Estábamos en lo mejor de todo, cuando noté pasos, y luego a dos personas acercándose. ¡No podía ser!
- Tranquilo.
Isma hablaba con mucha seguridad.
quienes venían eran mis peones de 30 y 22, con una sonrisa en la boca. Me di por perdido porque se supone que para ellos soy el patrón. Pero, ¿después de éso?
Los dos chicos se detuvieron con cuidado a nuestro lado.
- Sáquense el pantalón.
Al pedido de Isma, los dos peones volvieron a quedarse desnudos del todo. Ahora sus vergas estaban al alcance de mi boca. Isma me giró con cuidado hacia ellos.
- Chúpaselas, Rogercito.
Yo dudé.
- Chúpaselas, huevón. No los hagas esperar.
Tomé la pinga del de 22 y me la puse en la boca.
- Éso, don Roger. qué rico.
Se puso dura en mi boca. Era de tamaño promedio. Luego tomé la del peón de 30, que ya la tenía dura y lubricando. Era un poco más grande. Mientras la chupaba, se la corría al de 22. Y así fui alternando mientras Isma seguía metiéndomela por el culo, esta vez bombeando con un poco más de fuerza.
A los cinco minutos,sentí que el agrónomo suspiraba hondo y luego que su pene latía allí dentro. Bombeó un par de veces más y poco a poco me la fue sacando.
En éso, mi peón de 30 caminó a mi lado. De inmediato sentí que me tocó mis nalgas y me metía su pene.
- Qué rico culo, don Roger. Entra facilito.
Mi peón de 30 comenzó a bombear algo más fuerte mientras que yo seguía chupándosela al de 22, quien comenzó a tomarme la cabeza y luego a cacharme la boca. En un par de minutos, sentí su semen dentro de mi boca. Dejó que lo mamara bien, me la sacó y se puso su pantalón. Avanzó unos pasos a donde estaba el agrónomo, quien se había quedado todo el tiempo estático delante nuestro pero dándonos la espalda, como vigilando. No pude creer cuando mi peón, le dio una nalgada al agrónomo y luego le agarró bien el medio del culo en medio del jean. Ambos se sonrieron.
Mi peón de 30, mientras tanto, seguía metiendo y sacando, jadeando y suspirando.
Diez minutos más tarde...
- Las doy, don Roger. Las doy.
Mi peón dejó de moverse.
Mientras se ponía su pantalón, yo aproveché para corrérmela, mirando al canal; pero los dos peones mayores ya no estaban allí. ¿También estarán en camino?
No lo pensé más y eyaculé en los arbustos.
Me subí mi boxer y mi pantalón.



Le di alcance a Isma, quien seguía estático en el mismo punto. Ya había despachado a los dos peones. Me miró sonriendo.
- No me digas que te disgustó, Rogercito.
- Obvio que no... pero....
- Pero, tranquilo, amigo. Solo los cuatro sabemos ésto y el secreto se queda entre nosotros.
- Pero tú, cuando conversas con mi hermano....
- No seas cojudo, Roger. Si no hago éso, al toque tu hermano sospecharía. Mas bien, tú no seas tan evidente yéndote cuando comentamos esas cosas. Hazte el que no escuchas y listo.
- Eres un pendejo, Isma. ¿Cómo sabías que ellos dos...?
- Solo lo sé. Y ellos ya se habían dado cuenta de que los espiabas, sino que se hacían los cojudos y te cubrían para que los otros dos no se dieran cuenta.
- ¿entonces, los otros dos?
- No sé. Ellos dicen que no... pero yo tengo mis dudas.
- Tengo miedo que ahora me miren distinto.
Isma se sonrió. Miró al frente, me miró de nuevo.
- Tú confía en mí. La próxima será mejor.
Isma me guiñó un ojo y luego me dio una nalgadita.

¿Te pasó lo mismo? Cuéntanos aquí abajo o en el Twitter.

jueves, 19 de enero de 2012

Quería agua y me dieron más que éso

Debido a las vacaciones de fin de año, se nos acumuló mucho trabajo en la oficina. Por eso, decidií avanzar algo este domingo.
El calor era insoportable, así que constantemente estaba tomando agua, hasta que el dispensador se quedó vacío.
Llamé a nuestro proveedor y me dijo que trataría de enviarme un bidón, pues, como era fin de semana, no tenían personal disponible. Pedí de favor que la llevaran pues la necesitava.
Era casi mediodía, el calor se incrementaba, y nada de agua. Insistí. Me dijeron que en veinte minutos, un amigo del dueño del negocio llevaría mi pedido.
la verdad es que estaba perdiendo la paciencia.
Tres cuartos de hora después, tocaron el intercom de la oficina. Era una voz grave:
-         Su agua, señor.
Cuando abrí la puerta de la oficina, un pata inesperado, luciendo un bibidí blanco y un short de tela sintética color negro. Era un tipo moreno, musculoso, con grandes brazos, enormes pectorales, culo redondo y relleno, y piernas de futbolista.
No pude quitarle los ojos de encima.
El pata, muy cordialmente, retiró el bidón vacío, e instaló el nuevo.
-         Ya está. ¿Algo más que pueda hacer por usted?
-          No sé. ¿qué más puedes hacer?
-          Lo que quiera.
-          ¿Lo que quiera?
-          Claro.
-          Bueno, estoy algo tenso por estos papeles…
-          ¿Desea un masaje?
-          ¿Sabes darlos?
-          Algo.
-          Claro, ¿por qué no?
Volteé mi silla, y él se colocó detrás de mí. Sus gruesas manos comenzaron a sobarme el trapecio, y la nuca. La distensión llegó en poco tiempo.
-         Tienes buena mano.
-          Gracias. No pensé que le gustaría.
-          No me trates de usted.
-          De acuerdo. ¿así está bien?
-          Perfecto.
-          Si deseas, puedo avanzar con toda la espalda, pero necesito que te saques el polo.
-          ¿En serio?
-          Seguro. Confía en mi. Además, tú tienes el teléfono de mi amigo. Si hago algo malo, llamas y me acusas.
-          ¿Y dónde aprendiste a dar masajes?
-          En el gimnasio donde entreno.
-          Se nota. Tienes buen cuerpo.
-          Gracias. ¿Entonces?
-          La verdad es que me gustaría un masaje completo.
-          ¿Completo?
-          Todo el cuerpo.
-          Allí hay un sofá, puedes echarte allí, y lo hago, pero… tendrías que quitarte toda la ropa.
-          OK. Nadie vendrá aquí.
Desnudo, me eché boca abajo sobre el sofá. Sus dedos comenzaron a pasearse por toda mi espalda, mis brazos, mis nalgas y mis piernas. La verdad es que me sentía relajado por completo, pero debo admitir que más que la técnica, era el sentirme tocado por ese musculoso. Entonces, comencé a excitarme.
-         Date la vuelta.
¡Mierda! Como dije, estaba excitado… y con la pinga parada. No supe qué hacer, y tras unos segundos de duda, giré.
-         ¡Vaya! ¿Y eso?
-          Disculpa, no lo pude evitar.
-          Normal. ¿Hace cuánto que no te dan un masaje?
-          Es la primera vez.
-          Entiendo. ¿Puedo ponerme más cómodo para masajearte?
-          ¡Claro! ¿qué harás?
-          Quitarme la ropa.
No lo podía creer. Se quedó en un bikini que apenas podía asegurarle el paquete, el que se veía algo grande.
-         ¿Y eso?
-          Ah, ¿te gusta? Lo compré en Lima.
-          ¿Eso?
-          Sí, esto… o ¿de qué estás hablando?
-          De lo que hay debajo del bikini.
-          Ah, te refieres a esto.
Entonces, se bajó la prenda, y su pinga saltó. El huevón era lampiño, y se había rasurado el vello púbico y las bolas. Apenas tenía el vello de las pantorrillas para abajo, pero escaso.
Así calato, reinició el masaje. Se sentó sobre mi verga y comenzó a sobarme el pecho, el cuello y el abdomen, y mientras se proyectaba hacia mis piernas, dejándome su miembro y bolas a la vista, comenzó a mover su culo. Mi pinga estaba entre sus nalgas, y como la mía bota bastante líquido pre-seminal, él pudo darme un masaje allí con mucha facilidad, pues su raja estaba más que lubricada.
Sin dejar de mover su culo, se inclinó a besarme en la boca, y yo aproveché para acariciarle su firme cuerpo, su espalda, sus nalgas.
Todo me parecía un sueño, pero, ¡mierda!, eso no era un sueño. Pasaba allí sobre el sofá de la oficina.
No resistí más, y le di mi semen allí entre sus nalgas.
Él no dejaba de moverse por lo que me producía unas cosquillas que estaban a punto de volverme loco.
Él comenzó a pajearse, cada vez más fuerte, hasta que su semen se disparó sobre mi abdomen y pecho algo velludos, aunque no tan formados como los suyos.
-         ¿qué te pareció el masaje?
-          Perfecto. Todo está perfecto.
De pronto sonó su celular. Se levantó a verlo y contestarlo. No me percaté del diálogo, sino que me distraje viendo mi leche entre sus nalgas, y cómo comenzaba a chorrearse por sus abductores.
-         Tengo que irme. ¿Tienes papel?
-          Sí, allí en el baño.
-         Ambos nos pusimos la ropa de nuevo. Sorbí un vaso con el agua que él había traído. Estaba fresca.
-          ¿Cuánto te debo?
-          Siete soles del bidón más tres de movilidad. Diez en total.
-          ¿Nada más?
-          No. Nada más.
-          ¿Y el masaje?
-          Cortesía de la casa, es decir, de mi casa… Cuando quieras, serás bienvenido.
Me dejó su número.
Esa tarde, terminé de hacer los papeles, y me quité de la oficina como a las cuattro.
Tomé otros dos vasos con agua.
Lo llamé y quedamos para esa noche.
Desafortunadamente, tuve inconvenientes en mi casa y no pude ir: mi esposa se había puesto algo malita. Ni modo, la familia está primero.
La huevada es que el pantalón donde guardé su teléfono lo mandé a lavar, y me da roche preguntar por él al señor donde pedimos el agua.
Así que si alguien lo ve por su casa u oficina, pásenme la voz. Quiero sentir su culo, y su verga –por qué no-, de nuevo.

© 2012 Hunks of Piura Entertainment. Siempre practica sexo seguro.
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