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viernes, 2 de septiembre de 2022

ASS (44): El nadador y el político… con el pene erecto

Enrique coordina todo para lanzar un nuevo talento porno gay: Julián.



En uno de los dormitorios de la extensa casa de Enrique en Los ejidos, Julián está arrodillado en el filo de la cama totalmente desnudo mientras Flavio le mama su pene. El experto actor y modelo porno gay también está desnudo. Julián mira cómo su miembro es succionado por la boca experta de su compañero sexual. Al recorrer con su mirada la espalda de Flavio y llegar a sus musculosas y redondas nalgas, mira cómo entre ellas la cara de Enrique se solaza metiendo su lengua al ano del chico.

Julián cree que ver un beso negro a otro pata es una cosa excitante, pero está inseguro sobre si él haría eso. Sí le había chupado y lamido la chucha a sus enamoradas, ¿pero a otro chico? Mejor prefiere no pensar.

A un lado de ellos, Willy mira la escena atentamente. Está sentado sobre una silla y solo viste su bóxer. Su pene está evidentemente erecto y se lo soba con la mano. Entonces mira a Julián:

“Tienes que hacerte a la idea de que va a verte mucha gente, pero a la vez tienes que meterte en la cabeza que todo debe parecer muy íntimo y natural”.

“Jodida la cosa”, sonríe el nadador, cuyo hermoso cuerpo desnudo y depilado de pies a cabeza luce como una escultura griega bajo la luz suave del cuarto.

El celular de enrique suena. Suelta las nalgas de Flavio, camina hasta un ccostado de Willy, coge el aparato, mira la pantalla:

“Me llegó la visita… Sigue tú, güey”, indica a Willy.

Enrique se pone el jean y una chompa encima de su cuerpo desnudo, se calza las zapatillas rápidamente y sale del cuarto. Willy se saca el bóxer y continúa el beso negro que su compañero inició en el culo de Flavio. Julián sigue ‘practicando’ cómo manejar su excitación mientras le chupan el pene.

“¿te animas a cacharlo de una vez?”, Willy lo desafía.

Julián duda.

En el primer piso de la casa, Enrique recibe a Eliezer. Ambos se sorprenden de la estampa de culturista que lucen. Se sientan en los muebles de la sala.

“entiendo que debes tener muchas cosas que hacer así que iré al grano”, se desahueva Enrique. “Quisiera que me faciliten la piscina comunitaria un par de días para grabar un video porno gay: te pago lo que me pidan y eso pueden ponerlo como aporte a la campaña sin necesidad de buscar un concepto de blanqueamiento”.

“¿Para cuándo la necesitas?”, se sorprende Eliezer.

“Esta semana… ustedes vean el mejor momento”.

“La huevada es cerrar una piscina de uso público…”

“Yo entiendo, Eliezer; pero comprenderás que no puedo grabar una porno gay a vista y paciencia de todo el mundo. ¿Cuento con ustedes?”

El asistente de Pelu se toma unos segundos.

“Déjalo de mi cuenta”, al fin responde sonriendo. “Y… ¿cuán fuertes serán las escenas que van a filmar?”

Enrique se deja de protocolos y comienza a acariciar la pierna de futbolista  que se maneja Eliezer, quien comienza a sentir que la pinga se le pone dura. Entonces, pone su mano encima de la del productor porno gay:

“Creo que sabemos cómo va a terminar esto y… no sé cómo decírtelo… yo… es decir… ustedes”.

“¿¿Qué pasa, Eliezer?”

“¿Ustedes están sanos? Mira que ahora ha aparecido esto de la viruela del mono, hay ese nuevo brote de Covid…, y el… el…”

“Estamos vacunados contra Covid, Eliezer. Y sobre viruela del mono, todos tenemos sexo solo entre nosotros”.

“Y el VIH?”

“Todos estamos controlados y tomamos Truvada ®… por cierto, deberían convertirlo en política de salud pública, especialmente para los gays y bi que aquí son más de lo que el censo dice”.

“Yo caché con uno de los chicos que trabaja para ti; Flavio creo que se llama. Él me dijo que es escort, ¿entonces qué me garantiza que no tenga algo más?”

Enrique sonríe comprensivo y deja de acariciar la pierna de Eliezer:

“¿Tú coges con el tal José Luis, cierto?”

“sí… así que imagínate si le da algo… los otros candidatos lo demolerían”.

Enrique sonríe de nuevo:

“Te entiendo… bueno, celebro que tu jefe no sea… promíscuo… y más bien, mándame tu cotización y la cuenta para depositar”.

Eliezer se incomoda al escuchar la insinuación sobre la conducta sexual de Pelu pero se las traga:

“Claro… Mañana a primera hora”.

Eliezer se levanta y se despide. Enrique lo acompaña siguiéndolo a propósito para ganarse con su hermoso culo. Entonces, el moreno frena en seco:

“Nunca he visto el porno que hacen… ¿dónde puedo encontrarlo?”

Enrique le sonríe: “Sígueme”.

Cuando ambos llegan al segundo piso, sobre la cama Flavio está en cuatro patas mientras Willy le acomete por el culo con su verga y Julián sigue delante de la boca del actor y modelo dejando que le siguiera mamando el pene. Eliezer se asoma con cuidado tratando de no hacer bulla. Logra concentrarse en la imagen, tanto que su gran pene comienza a ponerse duro bajo su jean. Pero no solo es la única cosa que siente: algo se arrima en sus nalgas. Reacciona. Al girar, la cara de enrique está a milímetros de la suya.

“Soy activo solamente”.

Qué pedo, güey”, le susurra enrique. “Entonces acaríciame el culo”.

Eliezer no aguanta más; se trenza en un beso con el dueño de casa mientras sus manos se posan ya sin roche sobre las firmes nalgas, y más aún, tratan de meterse bajo el jean de enrique. Eliezer se separa de pronto, ya excitado:

“No tienes ropa interior”.

“No tengo nada debajo excepto unas ganas increíbles de que me cojas”.

“¿

En solo cinco minutos, Eliezer y enrique ocupan el cuarto contiguo y comienzan a desnudarse sin ddejarse de besar en la boca, suben a la cama y se arrodillan sin dejar que sus labios pierdan el contacto.

Así desnudos, Eliezer puede pasear sus gruesas manos por esas lampiñas, redondas y duras nalgas mientras su pene erecto esgrime con el pene erecto de Enrique.

“Chúpame el culo”, dice el anfitrión.

Enrique gira y se agacha. Eliezer olvida todos sus escrúpulos sanitarios y se inclina también a probar el ano que se le abre en medio de las dos poderosas nalgas que también lame, besa y mordisquea. Enrique gime y pide más.

Tras varios minutos de beso negro, Eliezer se levanta otra vez: “Chúpamela”.

Enrique gira y se prende de la vergota gorda y larga que se le eleva dura como un tronco fresco emergiendo del negro bosque de un vello púbico sin recortar. Increíblemente, enrique logra tragarse todo el pene. Eliezer lo agradece en el alma.

Posteriormente, Enrique da un condón a Eliezer quien se lo calza. Una buena cantidad de lubricante es untada sobre el falo y en el agujero del culo. La penetración anal se hace despacio. Eliezer sabe que su miembro no puede entrar de golpe; además, lento se siente más rico. Eso incluye el bombeo.

Él y enrique gimen mientras disfrutan del momento.

En la habitación del lado, Willy preña a Flavio. Saca su pene y mira a Julián:

“¿te animas? Hay condones”.

Julián lo piensa… “De acuerdo”.

Willy le alcanza el preservativo, Julián se lo pone y se coloca detrás de Flavio.

“Al fin te la voy a sentir en mi culo”, comenta éste último”.

Julián no termina de meterle la cabeza cuando siente que no puede evitar la eyaculación. Ahí acaba todo. Mira nervioso a Willy, quien no sabe qué decir.

En la habitación del lado, Eliezer todavía dura una hora más antes de que su semen llene el látex y tras un beso recuerdde a enriqe que el trato está cerrado:

“Tranquilo que vas a tener la piscina en el menor tiempo posible”.

Y para terminar,una porno gay.


domingo, 26 de diciembre de 2021

ASS (9): ¿El cachero se contradice?

Edú intenta comportarse ante Pedro como un macho que se respeta.



 Pedro está en el segundo piso de su casa trabajando en su laptop ya sobre las once de la noche.

“¿Hola?”

El chico salta en su asiento.

“Soy yo”, lo tranquiliza Edú abrazándolo por detrás y arrimándole su bulto a la espalda debajo de un short delgado y sin polo; evidentemente no lleva ropa interior.

“No te juegues así, huevón”.

“Pensé que te estabas pajeando con una porno y que por eso no ibas a dormir”.

“Nada… Estaba acabando un trabajo de la universidad”.

“Entonces demorarás, ¿no?”

Pedro sonríe:

“Solo añado un número y me voy a dormir”.

Diez minutos después, el muchacho entra al dormitorio que está justo a espaldas de la silla donde estaba trabajando, se calatea por completo y se mete a la cama. No termina de acomodarse cuando siente que Edú –no podría ser otro—jala la cobija y se mete también a su lado, completamente desnudo.

“Como en los viejos tiempos, campeón”, le susurra al oído para luego besarlo, mientras pega todo su cuerpo a su espalda, y en especial su gran bulto a sus nalgas. Pedro gira, abraza a Edú y le da un beso en la boca haciendo que se acueste encima suyo; abre las piernas.

“¿Haremos el amor y luego dormiremos juntos toda la noche?”

“¿Tienes otro plan, campeón?”

Pedro sonríe en la oscuridad y besa en la boca a Edú. Las pingas de ambos comienzan a ponerse duras. El que está encima comienza a besar el cuello, las ttetillas, baja por el abdomen. Para sorpresa de quien está debajo, le besa su verga erecta y le lame las bolas hasta que le levanta las piernas y le comienza a sopear el ano sin censura. Pedro goza, se deja humedecer el agujero mientras se pajea un poco sus 15 centímetros gruesos. Eventualmente con esa misma mano, acaricia los cabellos de su compañero sexual.

Edú se incorpora un poco, y manteniendo la misma postura, coloca sus 18 centímetros en todo el orto de Pedro y comienza a meterlos despacio, con cuidado, con mucho cariño. ¡Qué placentera sensación para quien penetra y para quien se deja penetrar!

“¿Te gusta cómo te cacho?”

“Tú sabes que cachas rico, edú”.

Y efectivamente, se trata de un coito gentil y sin pausa, lleno de mucha ternura,tanta que hasta el activo se deja acariciar sus nalgas firmes y lampiñas.

Edú gira y hace que Pedro permanezca sentado encima de su pene metido en su culo, lo motiva a cabalgar con cuidado de no hacer crujir la cama. Edú le acaricia su ahora atlético cuerpo y en especial sus nalgas y piernas masivas y duras mientras Pedro  le estimula las tetillas aprisionándolas entre sus dedos de la mano.

“Hagamos perrito”, pide el activo.

Para no hacer bulla, Pedro se arrodilla sobre el tapete que hay a los pies de su cama, se pone en cuatro patas y deja que Edú le vuelva a meter su pija. De pronto siente que su cachero se apoya sobre su espalda y que una de sus manos comienza a masajearle su miembro. Pedro le vuelve a acariciar una de las nalgas.

“¿Me vengo  dentro de tu culo?”

“Sí. Dámela adentro”.

Edú preña a Pedro por segunda vez ese día mientras lo sigue pajeando hasta que la leche del pasivo se dispara sobre el falso piso de la habitación. Una de las nalgas de edú sigue aprisionada por la mano de Pedro.

Minutos después, ambos vuelven a meterse bajo la cobija de la misma cama; Edú lo abraza otra vez por la espalda.

“No sabes cuánto extrañaba tu culo”.

“¿Desde esta mañana?”

“Desde que me fui a Chile”.

“¿Por qué entonces no te quedaste y te fuiste con Pierina?”

“Ya te conté qué pasaba y, bueno, fui un reverendo huevón, ¿me entiendes? Y tienes toda la razón: debí quedarme y ser más valiente”.

“Bueno, ya pasó. Lo importante es que estás aquí”.

“¿Quieres decir que podemos ser nuevamente…”

“No necesariamente; lo que digo es que ya lo que hiciste en el pasado, ya pasó; que ahora importa el presente”.

“¿Cachaste con alguien más todo este tiempo?”

“Lógico, edú. No me iba a estar aguantando seis años”.

“¿Con cuántos?”

“Tampoco soy puto, edú. Si abré probado cuatro o cinco pingas aparte de la tuya, exagero”.

“¿Te has protegido?”

“Sí”, contesta Pedro con mucha seguridad.

“Conmigo no te estás cuidando y yo también he cachd…”

“¿Te has cuidado, Edú?”

“Lógico… Con esto del bicho, tú sabes”.

“Pero  como dices, no hemos usado condón”.

“¿Tú recoges la basura de la casa?”

“A veces. Mi vieja es la que mayormente recoge…”

“¿Te imaginas si ella o tu viejo hallan el condón en la basura?”

“¿Y por eso lo hicimos sin condón estas dos veces?”

“Ya, tranquilízate: estoy limpio. Más bien, cuando ahorre algo, me dejo de huevadas, me alquilo algo y puedes ir cuando quieras”.

“¿Solo por un condón?”, Pedro ríe despacio.

“Ya, campeón. Te dije que estoy limpio. Oye, cambiando de tema, ¿quién era ese chico de la parroquia con quien jugamos hoy? Está… fuerte”.

“Debe ser Miguel si te refieres al que te presenté. El otro puede ser el Padre Alberto”.

“¿Ese Miguel le entra?”

“Sí… y cacha riquísimo… cacha y deja que lo cachen”.

“¿en serio le has metido pinga?”

“Sí”, contesta Pedro muy suelto de huesos.

“¿Cachan mejor o peor que yo?”

“Ay, edú, por favor… Eso no viene al caso. Cachamos y ya”.

“Bueno, al menos se comieron el culo más rico de San Sebastián”.

“Y yo también me comí su culo… Y… me gustaría comerme el tuyo”.

“Estás huevón, Pedro. Tú sabes perfectamente que yo solo soy activo”.

“Pero me acabas de besar la pinga y los huevos”.

“Es… como si besara el clítoris y la chucha de una hembra. Es arrechura”.

“¿Me ves como una hembra, edú?”

“No… Digo que es como si…”

“¿No te estarás acordando de esa Pierina cuando cachas conmihgo?”

“No. Estás huevón. Ya deja a Pierina en paz; tú dijiste que lo pasado, pisado”.

“Increíble qcómo te descubrió”.

“Sí, pues. La hue’ona me encontró porno gay en el celular y se armó el despelote”.

Pedro recuerda en fracciones de segundo la conversación de más temprano con Miguel.

“¿No fue que te encontró en la cama con un cabro?”

Edú se pone en alerta:

“¿”¿De dónde sacaste eso, campeón?”

“Me lo contaste hoy temprano”.

Edú se queda largo rato en silencio hasta que por fin despega sus labios:

“O sea… me encontró unos videos en el celular donde yocachaba con un cabro”.

“Ah”, responde Pedro en tono incrédulo. “¿Los tienes aún?”

“De ese celular no queda nada ahora. Lo tiró a un río que pasaba por nuestro barrio y… ya no pude rescatarlo”.

“Lástima… Me hubiese gustado verte cachando con ese… cabro”.

“Mejor durmamos, campeón. Ya es tarde y mañana tu viejo me va a necesitar desde las cuatro”.

Edú se acurruca en la espalda de Pedro, quien se queda pensativo hasta que lo gana el sueño, pero con una última idea por esa noche: hasta qué punto todas las explicaciones de su cachero son verdaderas? ¿Será que las sospechas de Miguel son ciertas?

La medianoche cae sobre San Sebastián.

 

Y para terminar, te dejamos con una porno. 

sábado, 22 de octubre de 2022

ASS (49): Un trío gay desconcertante

Pedro es convocado a la casa de José Luis y se encuentra con Sandro; los tres terminan cachando al mismo tiempo.



Cuando Pedro termina de trabajar en la oficina , minutos después de las 4 de la tarde, un mensaje en su celular le llama la atención. Eliezer le pide encontrarse con un sereno en la puerta. Lo identifica y se le acerca:

“Tengo órdenes de llevarlo donde don José Luis, joven”, le dice con cierta discreción.

Pedro  va detrás del sereno y lo primero que llama su atención es la espalda ancha del efectivo, cintura aparentemente delgada, un buen par de nalgas. ¿Tendrá buenas piernas? El uniforme no le permite intuirlo. Además debe fijarse dónde pisa.

Ambos llegan a un estacionamiento donde hay motocicletas.

“Suba”, el sereno pide a Pedro mientras le alarga un casco de protección.

Un cuarto de hora después, el vehículo está a punto de dejar el área urbana de Castilla y se interna por el camino al lado de un canal y de la pared de la universidad nacional. De cuando en cuando, la inercia hace que la pelvis de Pedro tope las nalgas del sereno: son duras. El caso es que el uniformado parece no tener ese reflejo de otros motociclistas que, cuando sienten un paquete masculino en su culo ídem, tienden a sentarse milímetros más adelante.

“Si se siente más seguro, agárreme de la cintura”, alcanza a decir el sereno.

Pedro, más por morbo que por seguridad, coloca tímidamente sus manos en cada costado. La erección de su pene es inevitable. Incluso, por un momento, es capaz de jurar que el sereno le pega más el trasero.

Diez minutos después de eso, llegan a una casa de campo cercada con paredes en las que se ven cables eléctricos y cámaras de seguridad. El sereno escribe algo en la pantalla de su celular. Al ratito, se abre una de las hojas del portón. Ingresan.

“Sígame”, le dice con sigilo y vuelve a darle la espalda.

Los dos suben al segundo piso. Salaverry está en la antesala del dormitorio. El sereno se cuadra, saluda y se va.

“Entra”, instruye el asistente de José Luis a Pedro. “Desnúdate y métete al baño: tu padrino te espera allí”.

El chico se extraña pero acata. Ingresa, se quita toda la ropa, hasta el bóxer, se pone unas sandalias que parecen ser del tamaño de su pie y entra a la habitación que le señalan. Sabe bien cuál es. Ya ha entrado antes.

En la tina de la ducha, José Luis y Sandro se han acomodado de tal forma que el segundo parece estar sentado sobre el pubis del primero. Ambos se están besando con pasión. Pedro se sorprende un poco: no esperaba encontrarse con este varón, también de San Sebastián, a quien su padre detesta. José Luis deja de besar al otro pata y sonríe al ver a su ahijado:

“Ven, te estábamos esperando”.

Sandro  se separa un poco y cede su espacio a Pedro, quien, al asentar su culo sobre el cuerpo de su padrino, percibe que, efectivamente, la pinga está dura. La suya vuelve a ponerse erecta otra vez.

José Luis abraza a Pedro y abre la boca. Le acerca la cara. Pedro no sabe si corresponder el beso. José Luis lo nota:

“Tranquilo, aquí estamos en confianza”, le sonríe.

Con cierta vergüenza, Pedro aproxima sus labios y no solo saborea el aliento de su padrino sino que usa su lengua para explorar más adentro. Sandro se aproxima más y cubre la espalda de Pedro. Ahora el joven parece estar en medio de un emparedado.

José Luis al fin se suelta y habla muy bajo, casi susurrando:

“¿Cómo te fue en tu primer día?”

“Bien, padrino; avancé las planillas que me dijo y dejé todo listo para los desembolsos”.

“Genial. ¿y con tu gente?”

“Ya envié un tutorial del aplicativo”.

“¿Tutorial?”, interviene Sandro.

“en su momento, señor candidato; por ahora, baste saber que este jovencito va a ser nuestra pieza clave para justificar nuestras cuentas, y desde ya le digo que sus instrucciones están bien claras”.

José Luis vuelve a besar a Pedro en la boca.

“Claro”, asiente Sandro.

“Ahora… cachemos”, pide José Luis.

Sandro se pega más a la espalda de Pedro y comienza a frotar su pene erecto entre la raja de las nalgas y la espalda baja del chico.

“Tienes el culo durito”, le dice.

“Tú tienes el culo más duro”, interviene José Luis. “La bici te ha formado ricas nalgas”.

“¿Me las quieres probar otra vez?”, sonríe Sandro.

José Luis hace un gesto y Pedro se levanta. Sandro se apoya en el borde de la bañera y se abre de piernas. José Luis  se acerca, le palmea las nalgas, se las abre,y de inmediato comienza a lamarle el agujero del culo. Pedro mira la escena entre desconcertado y arrecho.

“Chúpame el ano”, pide José Luis a Pedro en un breve descanso del beso negro que le practica a Sandro. Pedro se arrodilla, busca las abultadas nalgas de su padrino. En aquella estrecha bañera, ya es posible ver un tren de hombres comiéndose el culo. Sandro gime y jadea.

La acción continúa sobre la cama  de José Luis. El exfutbolista se acuesta mientras Sandro se sienta encima de su verga, protegida por un condón,  y se la mete por el culo. Casi de inmediato, Pedro se acerca por detrás y también mete su pija, inusualmente también protegida por un condón,  dentro del mismo agujero. Comienza a bombear. Sandro jadea más fuerte tratando de no hacer más ruido.

“Así, cáchenme rico”, susurra.

Cuando está en lo mejor, Sandro dispara su semen sobre el abdomen y pecho de José Luis. Le es imposible contener su gruñido conforme llega al clímax.

José Luis prefiere reír. Pedro sigue desconcertado.

“Me gustaría conocer al profe que me dijiste, a ver si nos apoya en la campaña”, al fin articula el anfitrión.

“Ojalá se pudiera, pero esta mañana lo hallaron accidentado”.

“¿Cómo dices que se llama?”, repregunta José Luis.

“Francisco, pero en San Sebastián lo conocemos como Paco, y es de la nota”, responde Sandro.

Pedro reacciona al fin.

“¿Cómo se accidentó Paco?”

“¿Lo conoces?”, pregunta José Luis.

“No sé muy bien, pero parece que venía del campo en una mototaxi y cayó al canal con elmototaxista”, relata Sandro. “Los dos están en el hospital, graves”.

Pedro tiene un mal presentimiento. Mientras tanto, Sandro y José Luis pasan a ducharse. La  pinga de Pedro hace rato que perdió toda su erección.

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.


  

domingo, 31 de julio de 2022

ASS (39): Julián y Santos comienzan el domingo con sexo

El nadador nunca pensó llevarse a su cama a ese español musculoso que conoció en el vestuario.


 

 Apenas el domingo amanece, y mientras Lima aún duerme, Julián desafía al frío parado en el podio. Cuerpo musculoso, blanco, lampiño, mejor dicho rasurado, apenas cubierto por una truza de baño clásica color rojo que aunque cubre su paquete y su gran culo, no evita notar sus grandes proporciones íntimas. Se lanza al agua. Es un perfecto estilo mariposa. Al llegar al otro extremo de la piscina hace el largo de vuelta de espalda. Sale del agua. Se quita los lentes y el gorro de nadar. Sube por la escalerilla, se cubre con una toalla, resopla, se seca, busca sus sandalias y va a los vestidores. Aunque no está mojado, sacude su corto cabello negro.

Ya adentro y más abrigado, y ante la ausencia de otra persona, se saca la truza. Queda completamente calato. Se seca sus gloriosas nalgas y su paquete donde el vello púbico ha sido retirado a punta de crema depiladora.

De pronto, un hermoso muchacho musculoso, sudando un enterizo de licra, cabello rubio, ojos claros, piel blanca, ingresa también. Ambos se miran.

“Disculpa”, dice el recién llegado con un acento que parece ser español. “Pensé que estaba vacío”.

Julián no se inmuta, aunque disimuladamente se cubre la pichula con su toalla.

“Tranquilo… somos hombres”.

“Bueno, eso sí”.

El rubio se aproxima a otro casillero, se saca las zapatillas y las medias.

“¿Tú nadas?”

“Sí”, responde Julián. “¿Por qué?”

“Ahí está tu bañador”, responde el rubio sonriendo mientras se quita el enterizo. Debajo no tiene nada, excepto un cuerpo de dios griego tapizado de un fino vello también rubio.

Julián mira el paquete, parece que esa mota de pelos encima de su pinga dormida no ha sido recortada hace meses.

“Ah, lo olvidaba: soy Santos”.

el rubio calato extiende la mano a Julián, quien se deja de pudores, se olvida de la toalla y extiende la suya también. La estrecha. La sacude.

De inmediato, cada cual toma un cubículo y se ducha.

“Así que eres español”, dice Julián.

“Catalán más bien”, aclara Santos.

“¿Eso no es España?”

“Es largo de contar… ¿Desde cuándo nadas?”

“Desde que tengo uso de razón”, responde Julián.

“Pero andas bien cachas”.

“¿Bien qué?”, se extraña el nadador.

“Bien musculado… tienes un cuerpo perfecto”.

“Tú… igual”.

Tras salir del club donde ambos han entrenado, llegan a un edificio cercano. Suben a un tercer piso. Entran a un departamento.

“Perdona el desorden”, Julián pone el parche.

“Descuida”.

Sin que se lo pidan, Santos camina hacia el mueble y la mesa y comienza a ordenar un poco.

“Oye, deja ahí”, sonríe Julián. “No tienes que…”

“Mientras preparas el desayuno, yo ordeno esto”.

Santos sonríe. Ambos se miran. Electricidad.

Al diablo con el orden, los dos ingresan al único dormitorio besándose apasionadamente en la boca, y vuelven a quitarse toda la ropa. Se echan a la cama y comienzan a revolcarse.

Como Julián queda bajo el cuerpo de Santos, aprovecha para acariciarle toda la espalda y terminar en sus dos grandes y velludas nalgas.

“¿te gusta mi culo, majo?”, sonríe el europeo.

“Me encanta”.

“Me gusta el tuyo también”.

Las pingas de ambos están duras y apretadas una contra la otra. La de Santos lubrica mucho.

“Yo solo hago de activo”, avisa Julián.

“Esas son gilipolleces. No importa quién folle, botemos la lefa”.

“¿Qué?”, se extraña Julián.

“Hagamos el amor”.

Sin esperar más, el nadador gira sobre su amante y y lo pone boca abajo, recorre su bien formada espalda hasta llegar a sus prominentes nalgas cubiertas de vellitos rubios. Hace levantar el culo y le separa los cachetes: el ano es rosadito y cerradito. Sin pensarlo más, le aproxima su boca y comienza a darle tal beso negro que Santos araña las cobijas.

“Cómete bien mi culo, macho”, le repite.

Julián no solo estimula el ano, que parece no dilatarse sino que le besa las nalgas, y regresa por la espalda hasta tocar el cuello del otro chico con sus labios. La pinga gruesa y dura de Julián está en medio de los dos glúteos.

“Ponte condón”, pide Santos.

“No tengo”, dice Julián bien arrecho. “Confía en mí”.

“¿Qué vas a hacer, cabrón?”.

“Hacernos el amor”, replica Julián más arrecho aún.

Mueve su pinga contra el culo de Santos sin penetrarlo, y lo hace con mucha energía, sin dejar de besarle el cuello. Ambos jadean.

“Qué rica polla”, suspira Santos.

“¿te gusta?”

“Me encanta”.

El semen de Juliánn se dispara entre su pubis y las dos nalgas de Santos. Se mueve un poco más hasta que se detiene.

“Creo que tendremos que ducharnos de nuevo”, sonríe el nadador.

“Creo que sí”, responde el otro chico. “Y… creo que tendré que poner tu cobija en la lavadora”.

“¿Por qué?”

“Me corrí en ella”.

Julián sonríe:

“A la mierda”.

El duchazo es un torneo de guerra de espadas y luego una lucha cuerpo a cuerpo que termina en una nueva vaciada mutua.

“Ojalá te vuelva a ver”, pide Julián a Santos dándose un beso en la boca.

“Ojalá”, le replica el otro chico.

Yaa eso de las once, Julián llega al aeropuerto con una mochila mediana, protegiendo su cabeza con una gorra y su cara con lentes oscuros… a pesar de que en Lima es un día nublado.

Al pasar a sala de embarque, sorpresa: al otro lado está esperando… Santos.  

Y para terminar, te dejamos con una porno gay.    

sábado, 24 de abril de 2021

La hermandad de la luna 3.2

“El que va a renunciar será el sobrino de Carlos mas bien”, comenta Tito a Adán. “¿Tenías que abrirle los ojos así?”

“Si no era hoy, ¿era cuándo?”, se defiende el cuerpo de luchador.

Ambos caminan hacia uno de los campos por sembrar donde un tractor los espera para iniciar el arado.

“Además, no va a renunciar. Ya sabe la nota. No la comparte, pero ya la sabe, ¿o me vas a decir que no te ha pasado nada con ese chico?”

 “Hablas huevadas”, se pone serio Tito.

El celular de ambos varones suena en simultáneo. Se miran, lo sacan y abren la aplicación de mensajes: “A mediodía donde Yup”.

“Te dije que no iba a renunciar”, sentencia Adán y se adelanta hasta el tractor.

 


Poco antes de mediodía, los dos varones avanzan por el camino secreto hasta el sitio donde los algarrobos se hacen más tupidos. Ya están colgadas las ropas de Carlos y Frank en las salientes, así que ellos también se desnudan por completo, quedando a mano solamente con unos cascos simples de cuero con una gran lengüeta que protegerá su nuca. Siguen el camino de cemento hasta el espacio de gramita que rodea la transparente laguna frente a la que  Carlos y Frank están desnudos, arrodillados con la espalda recta, meditando en silencio. Los dos recién llegados adoptan la misma posición justo a continuación de los dos primeros.

“Estamos aquí frente a Yup, la diosa transportadora de vida”, interviene Carlos, “para que sea testiga de esta primera ceremonia de iniciación en que le presentamos a Frank, quien pide ser incorporado como guerrero”.

“Frente a Yup, prometo que ejecutaré mi primera prueba con ahínco, honor y respeto, y para ello, elijo como contrincante a… Tito”.

el aludido siente que su corazón salta de sorpresa; el acompañante al lado, lo mismo.

“Tito, ¿aceptas el reto?”, consulta Carlos.

El gladiador se toma unos segundos, segundos muy tensos. Sabe que esa elección no es adrede.

“Tito, ¿acept…?”

“Sí, acepto”.

Carlos se toma otro par de segundos, lo mismo que toma aire:

“Contrincantes: ofrézcanse a Yup”.

Tito y Frank se ponen de pie, caminan e ingresan a la laguna hasta lanzarse y sumergirse por un momento, sin que el agua logre despojarlos de su ansiedad. Al emerger y regresar a la orilla, Carlos y Adán ya tienen toallas con las que secan a cada uno de los participantes de pies a cabeza, sin dejar un espacio con resquicios de humedad, lo que significa secar también el pene, los testículos, el perineo  y en medio de las dos velludas,redondas y duras nalgas que ambos poseen. Frank y Tito solo respiran profundo, lento y conscientemente. Una vez secos, Carlos y Adán toman frascos de vaselina y los untan nuevamente de arriba abajo, al medio y entre los espacios por donde difícilmente llega la luz. Los dos que terminarán expectando el rito, toman las gorras con diseños triangulares y se las colocan en la cabeza; los otros dos, los cascos.

“No golpes, solo la fuerza de sus músculos y sus cuerpos”, advierte el capataz. “Comiencen… ¡ahora!”

Tito y Frank se miran frente a frente, se abrazan y se dan un profundo beso en la boca. De inmediato se separan y se ponen en guardia, agachándose un poco, moviendo sus antebrazos, describiendo un círculo de lucha sobre el césped. Entonces, Frank se lanza sobre Tito, quien lo recibe y lo aprisiona con sus extremidades superiores rodeando los dorsales y la espalda media; las piernas de ambos se ponen altamente tensas tratando de que uno no avance sobre el otro, los glúteos elevados a su máxima expresión debido al esfuerzo, los velludos pechos comparten la aceleración de sus latidos conforme hacen contacto, los jadeos y gruñidos compiten con los trinos de los pájaros que aparentemente se han posado a contemplar el combate. Tito adelanta un pie y mueve algo fuera del círculo imaginario a Frank, quien trata de no rendirse pero termina deslizándose apenas centímetros, por lo que torpemente gira y le da la espalda al veterano gladiador con la esperanza de ponerle una zancadilla, pero no resulta. Termina cayendo de bruces sobre el césped y Tito encima suyo inmovilizándolo con su peso y sus piernas, las que abre para atenazar las del joven retador, al mismo tiempo que comienza a mover su pubis sobre las nalgas de Frank, quien se desespera, cierra los ojos y piensa que todo está perdido, especialmente cuando siente la dureza de una erección entre sus glúteos.

“¡Me rindo!”, grita desesperado.

Tito cesa el movimiento púbico. El sudor de ambos se confunde con la piel untada en vaselina. Carlos no tiene más opción que declarar la derrota del aspirante a guerrero. Entonces, Tito clava la mirada en los ojos de Adán: quizás esté perdiendo la habilidad de presentir con exactitud.


 

En el AMW, Owen despide a sus últimos dos alumnos de la primera mitad del día y cierra con seguro la puerta de acceso. Toca otra puerta lateral que conecta a la casa de Tito. Flor abre.

“¿Terminaron?”, consulta la chica.

“Sí, terminado”, sonríe el instructor.

Flor cuadra la caja de esa media mañana, y, tras la segunda verificación, mas bien sobra dinero: cinco más.

“No registraste a alguien”, le observa ella.

“Oh, el nuevo”, Owen saca un papel del bolsillo de su short.

“OK. Ahora sí, everything’s alright”.

“You speak english, Flor?”

“Just a Little”, sonríe la chica.

“Oh, I’ve got those additional eight”, él le dice sacando otra vez un puñado de monedas de a uno y de  medio centavo.

“Your tips?”

“I guess so”, Sonríe Owen.

“Daddy said you keep your tips, don’t include them in the final amount”.

“Thank you. Your daddy and you’re very good to me, even when you still distrust”.

“It’s natural, Owen. You appeared from anywhere here in Santa Cruz”.

“And you’re wondering who I am. It’s OK. I have nothing to hide.”

“No offense to you. Those times are not safe.”

“Yeah, I know, Flor”, sonríe Owen.

“Take a bath. It’s lunch time,” invita la chica.”

 

miércoles, 6 de marzo de 2013

SOT-2013-010: El informante

Recopilado por SOT 25FEB2013 17:11 Soy un policía de unos 45 años, deportista, no mal parecido, contextura normal. Estoy a punto de salir de mi trabajo, cuando recibo una llamada de última hora para averiguar un caso que se acaba de reportar. Llamo, sin éxito, a todos mis colegas disponibles, para obtener más información. Entonces, se me hace una luz en la cabeza: hay un civil que tiene buenas fuentes, que trabaja regularmente con nosotros, y que podría tener información que me ayudaría. 18:02 Al fin, consigo contactar a mi informante. Alguien me da su teléfono, porque no hemos hablado en muchos años. Es un muchacho de unos 35. Lo llamo y él accede a darme información. Por seguridad, le digo que iré a visitarlo. Lo conozco hace diez años, cuando comenzaba a trabajar en esta ciudad. Una de esas tardes, fue a mi cuarto para charlar, y terminamos teniendo sexo. 19:24 Llego a la casa de mi informante. Me da gusto verlo después de mucho tiempo, y nos sentamos a charlar un rato. Me da toda la información que le había pedido. Entonces, me doy cuenta, que está algo cambiado, físicamente especialmente. “¿Y ese cuerpo?”, le digo. “Gimnasio, pues!, me responde. De hecho, tiene piernas bien torneadas y fuertes, brazos musculados, amplio pecho. Como viste una bermuda, se le ve un trasero no muy grande, pero firme. “Tú también te ves bien”, me dice. Le digo que a duras penas, juego algo de fútbol, pero rindo lo suficiente. “Eso quiere decir que tienes las piernas ejercitadas”, me comenta. “Claro. Toca, si quieres”, le invito. No se hace de rogar. 20:20 Así conversando, le pregunto sobre su vida sexual. Me comenta que acaba de salir de una relación que terminó mal. “¿eras pasivo? Cuando estuviste conmigo eras pasivo”, le recuerdo. “No. Descubrí que soy moderno”, me responde. Le recuerdo que soy activo, y le confieso que he tenido otras experiencias homosexuales, y en algunas me dijeron que les gustaba mi pene, porque era algo más grande que el promedio. Él me responde que eso no es lo importante, sino cómo se use. Aún así, le insisto en saber si él cree que mi pene es más grande que el promedio. “Habría que verlo”, me dice. 20:34 En otro cuarto, donde no haya miradas indiscretas, me bajo el pantalón y el calzoncillo. Él comienza a masajearme el pene, y logra que se ponga erecto. Coge una regla y me lo mide: “17 centímetros. Nada mal”. Noto que, debajo de su bermuda, su pene también está erecto. Me inclino a tocárselo. “¿Me lo puedes mostrar?”, le pido. Se baja la bermuda y un suspensor y me lo enseña. Le pido que lo junte, y me doy cuenta que ambos son casi tan grandes. El choque de ambos miembros me excita, y le arrimo mi cuerpo. Él me responde. 20:46 Ya desnudos, nos abrazamos, nos acariciamos, y nos masturbamos mutuamente, frotando el pene de uno contra el cuerpo del otro. Nos besamos en el cuello. Por alguna razón, evito besarle la boca, y él tampoco se esfuerza por besar la mía. “Chúpamela”, le pido. Él se arrodilla y toma mi falo en su boca. Hace tiempo que no tengo esa sensación, y la disfruto al máximo. Jadeo de placer. Él me excita más, cuando me comienza a acariciar mis nalgas, y poco a poco va corriendo sus dedos hasta el medio de ambas. Entonces, quiero experimentar. Le agarro la mano y hago que me meta el dedo en la raja de mis nalgas. No resisto más, me doy media vuelta. “Lámeme el culo”, le pido. Él mete su lengua y logra dilatarme el ano. “Méteme el dedo despacio”. Lo hace. Estoy a tope. 20:58 Le doy un condón, me lo pone, se ensaliva su ano, y se inclina. Poco a poco lo voy penetrando, y comienzo a bombearlo. Poco a poco, el sonido de mi cadera chocando contra sus nalgas se hace más fuerte. Él mueve su trasero, lo que incrementa mi placer. Jadeamos. Me sigue tocando mis nalgas, y yo aprovecho para masturbarle el pene. Luego me siento sobre una silla, y él se sienta sobre mi miembro. Ahora él bombea. 21:14 No resisto más y eyaculo. No sentía esa sensación desde hacía mucho tiempo. Estamos sudados. 21:48 Me despido de mi informante, satisfecho porque obtuve dos cosas: el dato y el placer de hacerlo sin tanto compromiso. Ojalá se repita. ©2013 Hunks of Piura Entertainment. Contacta al autor: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.

jueves, 11 de julio de 2019

En vez de seguir discutiendo con ella, me buscó para cachar

Soy un ingeniero informático que hace muchos, muchos años que salí de mi ciudad para hacer una carrera más competitiva en Lima. Sin embargo, no he perdido el contacto con mi ciudad y de vez en cuando regreso a visitar a alguna familia, ciertos amigos y ver algunos negocios de mis papás que ya no viven allá. En realidad, regreso para deshacerme de esos negocios puesto que mis papás han comenzado una nueva vida en otra parte, están lejos, y lo que menos quieren tener ahora son preocupaciones. Por éso fue que hace poco estuve allí para vender la casa donde crecimos. Hubo ofertas de compra, pero ninguna me convenció.

La última tarde que pasé allá me crucé con algunos amigos del colegio quienes me dijeron esa noche para juntarnos y tomar unas chelas. Yo les dije que sí por puro compromiso, porque, la verdad, lo que menos quería era juntarme con ellos. Ya sabía que ellos pondría las cuatro primeras, y el resto de la caja me la iban a terminar chantando, y yo, la verdad, no mantengo a nadie excepto mi familia. Por otro lado, esa noche iba a quedarme solo allí en la casa donde no había nada, solo un colchón con mi bolsa de dormir en lo que alguna vez fue mi cuarto. Encima era viernes. De que iba a aburrirme, iba a aburrirme. Podía ir a una disco pero iba a ser la misma cosa, y al día siguiente quería regresar a primera hora.

Estaba en esa reflexión, cuando al doblar la esquina me topé, casi me choqué, con Fico, el cuñado de uno de mis amigos, que ahora trabaja como profesor de Educación Física y que era un gran futbolista cuando yo vivía en la ciudad. Bueno, no sé si aún continúa siéndolo porque, a juzgar por el polo entallado y el jean pitillo que vestía, no había perdido la forma. Yo, para ser sincero, cuando salí de la universidad no tenía un cuerpo atlético lo que se dice atlético, pero me veía bien. Con los años me he descuidado un poco pero siempre me doy tiempo para salir a correr tempranito en la mañana y, digamos que estoy en condiciones aceptables. Pero volvamos con Fico.
"¡Rubén, a los años!", me dijo y me dio un cálido abrazo. "¿Cuándo llegaste?"
"Hola, Fico", le respondí, no sin extrañarme por el abrazo porque cuando vivíamos hace años apenas si nos levantábamos las cejas. "Vine hace dos días, me voy mañana".
Le expliqué la razón de mi visita y que pensaba regresarme al día siguiente.
"No jodas", me dijo. "¿Y estás solito en esa casota?"
Yo le dije que sí, que no tenía sentido quedarme en casa de nadie, que, hasta que no la venda, ésa era mi casa.
"Bueno, ojalá pueda saludarte más tarde", continuó. "Ahorita se me hace tarde porque tengo que jugar una pichanguita".
Bueno, al menos confirmamos el dato que ese cuerpo se debía a continua actividad física. Nos despedimos. Yo regresé a mi casa.

Me despertó un claxon afuera. Yo estaba desnudo en mi colchón con mi verga de 16 centímetros al palo. No tenía idea de por qué estaba con esa erección. El hecho es que vi mi celular y era como las siete de la noche o por ahí. Mis alertas de Facebook indicaban que tenía varios mensajes, entre ellos los de mis patas que querían chupar conmigo. Bueno, teniendo la casa sola y sin planes, y siendo viernes, estaba tentado a tomar la oferta, aunque terminara pagando los dos tercios de la caja. Tomé mi toalla y me levanté para ir a ducharme cuando oí que sonaba el timbre de mi casa y luego que tocaban la puerta. Pensé lo peor: o que alguien sabía que estaba solo y quería hacerme daño, o que mis patas habían decidido buscarme en casa para chupar sí o sí. Me anudé la toalla a mi cintura, bajé a atender. Sí, estaba corriendo riesgo porque simplemente podía ignorar, pero volvieron a tocar.
"¿Quién?", grité con mi voz más viril posible.
"¿Rubén?", me preguntaron desde afuera.
"¿De parte?", volví a rugir.
"Soy yo, Fico", me replicaron.
¡Aguanta! ¿Fico? Abrí. Ahí estaba el cuñado de mi amigo, vestido como qien te vas a jugar un partido de fútbol, mejor dicho, como quien llega de jugar un partido de fútbol.

"Tuve problemas en casa", me dijo Fico mientras lo hacía subir a mi cuarto. "Discutí con la mujer, y en lugar de meterle más gasolina al fuego, mejor salí".
"Hiciste bien", le respondí. "No es bueno dejar que las discusiones escalen hasta ponerse fuera de control".
"Por éso lo hice y, bueno, me acordé de ti y... espero no incomodarte", trató de justificarse.
"Para nada molestas", le sonreí. Y la verdad era ésa. Aunque no me parecía creíble el cuento de la mujer, tampoco me incomodaba de verdad la presencia de Fico en mi casa, especialmente con ese uniforme que, dicho sea de paso, se le pegaba al cuerpo revelando una anatomía digna de escuela de arte, en especial esas piernas musculosas y ese culo redondo y firme.
"¿Ibas a bañarte?", me preguntó.
"Sí, me desperté y justo tocaste la puerta".
"Ah, chucha, disculpa".
"No, normal".
"Oe Rubén, ¿me creerás que tampoco me he bañado todavía?"
Como supondrán, yo paré las antenas. Respiré profundo tratando de que mi erección, que ya se había bajado, no se vuelva a manifestar. De hecho, hice como que no escuché lo que dijo.
"¿Y quién ganó el partido?", le desvié el tema.
"Nosotros... 5 a 3", respondió mientras se cogía su paquete con la mano. ¡Y vaya que se notaba un considerable paquete!
"¿Me prestas tu baño un toque?", dijo. "¿O ya te vas a bañar?"
"no, entra, normal".
Le indiqué y regresé a mi cuarto. Me pareció que no había cerrado la puerta porque escuché un sonoro chorro que caía al inodoro. Recordé lo que me había dicho otro amigo, de que los pingones tienen chorros más potentes cuando orinaban. Entonces, pensé, la razón por la que Fico había llegado a mi casa era una especie de respuesta a mi negativa para salir. ¿Por qué seguir siendo frío? Me gustaba, mejor dicho, me gusta. Fico regresó.
"Así que no te has bañado aún", cambié mi tono. "¿quieres bañarte acá? Puedes usar la ducha si deseas".
Noté que Fico tragó saliva.
"No, Rubén, cómo se te ocurre, no quiero causar molestias".
¡Carajo!, pensé. ¿Y entonces por qué me lo dijo? Yo seguía allí con la toalla anudada a la cintura.
"Bueno, yo sí", le dije algo frustrado. "espérame un toque". Así que fui a la ducha.

estaba cubierto de jabón escuchando música de mi celular.
"¿Y están vendiendo la casa?", me preguntaron.
"¡Mierda! No asustes así, Fico", reaccioné.
"Perdona", me dijo casi riendo. "Es que tú dejaste la puerta abierta".
Bueno, sí, confieso que lo hice a propósito.
"Sí, la estamos vendiendo, pero la gente que la quiere comprar me está ofreciendo miserias; esta casa vale más", le dije, al fin, recuperándome.
"¿Qué jabón usas, Rubén?"
La pregunta me dio una pista: no había entrado para preguntar el valor de la casa, evidentemente.
"No sé, lo encontré acá todo duro", le respondí, acentuando lo de duro.
"Huele rico", me comentó.
"¿Sacas la marca por el olor?"
"No, quizás por el color, pero tendría que verlo".
A la mierda, dije. Abrí la cortina y... ¡Dios mío! Fico estaba calatito, desnudito, sin su uniforme. Quedé boquiabierto viendo su cuerpo marcado. Él se dio cuenta.
"Perdona, es que... como dijiste que podía bañarme acá". Ahora yo fui quien tragó saliva.
"entra a la ducha", me animé a decirle.

Fico tomó el jabón, lo olió con los ojos cerrados, abrió la llave de la ducha, dejó que el agua recorriera su cuerpo desnudo, y me dejó ver su espalda no tan ancha, sus glúteos como burbujas, algo de vello en sus nalgas, muy fino, y esas piernas de campeonato. Giró. Pectorales no tan inflados, abdominales marcados, cintura pequeñita, y debajo de su vello púbico evidentemente afeitado hace unos días, un largo pene descansando encima de un buen par de bolas. Se untó el jabón lentamente. Mi pinga, casi sin darme cuenta, se puso al palo.
"¿Ya sabes qué marca de jabón es?", le pregunté para liberar tensiones.
"No importa", me replicó. "Huele de la puta madre".
Dejó el jabón en la jabonera de la ducha y comenzó a masajearse el cuerpo tratando de hacer espuma.
"Sóbate el jabón", me pidió. "Se te va a resecar la piel", aconsejó a continuación sonriendo.
Yo no reaccioné. Ya tenía mi verga bien parada. él sonrió, me tomó de los brazos, me puso frente a frente con él y comenzó a sobármelos, haciendo espuma.
"Sóbame", me pidió.
Yo solo atiné a acariciarle la cintura.
"Todo el cuerpo, Rubén", me sonrió, y tomó mis manos y me las pasó por sus pectorales, su cadera y la parte exterior de sus dos nalgas.
"Sin miedo, Rubén, hazlo sin miedo".
Poco a poco fui paseando mi mano por todas esas partes. Me animé a sobarle el centro de sus nalgas, lo que hizo que le acercara mi verga a la suya. La sentí semierecta. También le sobé los muslos. Él sí no se amilanó y me acarició la espalda, mis nalgas, incluso mi pene y mis huevos.
"¿Puedo jabonarte en la raja de tu culo?", me consultó.
"Sí", le permití.
""OK, también sóbame la mía".
Juntamos nuestras pingas ahora duras y usamos la yema de nuestros dedos para pasarnos el jabón por en medio de nuestras nalgas y, cuando menos nos dimos cuenta, o quizás sí, estábamos masajeando el agujero de nuestros anos. Comencé a jadear y a disfrutar.

Tras enjuagarnos y secarnos, volvimos al cuarto y caímos sobre el colchón. Fico me besó profundamente en la boca. Nuestras lenguas más que combatir, se acariciaron. Sus manos y las mías no hicieron más que acariciarnos nuestros cuerpos a todo lo que se podía mientras nos revolcábamos no solo sobre el colchón, sino que nos desbordábamos al piso frío. Me besó el cuello, dejándome gemir Me puse encima suyo y ahora a mí me tocó hacerlo gemir mientras le succionaba las tetillas.
"Rico, Rubencito, sigue", me animó. Y así lo hice.
Pasé mi lengua sobre sus abdominales y llegué a su vello púbico que me raspó la cara. Tomé su pinga de unos 18 o 19 centímetros (parece que mis amigos tenían razón con lo del tamaño y el chorro), y comencé a chuparla a lo que podía porque es gruesa.
"Así, Rubencito, oh, qué rico", me suspiraba. Bueno, mas bien gemía.
Como toda su pinga no me cabía en la boca, , usé mi lengua para lamerle el resto de su falo hasta llegar a sus huevos y succionarlos mientras le pajeaba el pájaro. Fico convulsionaba. entonces, me puso sus poderosas piernas en mi espalda.
"Lámeme el culo, Rubencito, lámemelo", me pidió.
Le levanté las piernas, él me ayudó abriendo sus nalgas con sus manos y fui a la conquista de su ano. Lo lamí, lo punteé con mi lengua. Mi nariz aspiraba el aroma del jabón que habíamos usado poco antes. Sentí cómo su agujero se comenzaba a dilatar.
"Métemela, Rubén", me rogó. Y yo no esperé mucho, me arrodillé, me puse saliva en mi cabecita y puse mi huevo a la entrada de su culo. Empujé suavemente. Qué rica sensación, carajo, sentir cómo me abría paso por ese hoyo caliente. Me tomé mi tiempo porque tiempo era lo que me sobraba. En esa pose, metía y sacaba, metía y sacaba. Fico gemía extasiado, tomando su enorme pene y pajeándose sin violencia. Cuando creí que iba a explotar, me pidió lo insospechado.
"Sácamela, Rubén".
"¿Te duele?", pregunté.
"No, solo sácamela, no seas malito".
Lo hice.

Apenas le saqué mi pinga a Fico, cerró sus piernas y se arrodilló frente a mí para besarme en la boca otra vez.
"Acuéstate boca abajo, Rubencito", me pidió.
Le obedecí. Lo siguiente fue sentir su lengua en mi nuca, luego a lo largo de toda mi espina y finalmente haciendo circulitos en mis nalgas.
"Tienes rico culo", me dijo Fico.
"¿Te gusta?"
"¡Me encanta!"
Entonces me hizo el beso negro. Tampoco me contuve y gemí. Qué mierda. La casa eestaba vacía. Quién podía joder. Nadie. Así que gemía y jadeaba. Estuvo largo rato ahí. Hizo que levantara mis nalgas, casi poniéndome en perrito, y me colocó su cabeza en mi ano. Me la fue metiendo de a pocos. Aunque yo estaba recontraexcitado, me dolió un poco cuando me la metió, pero me acordé de respirar hondo, de relajarme, y el pene de Fico me penetró con facilidad. Se movió con gentileza, como entendiendo que cualquier movimiento brusco podría generarme mucho dolor, me acariciaba con mucha seguridad.
"Hace tiempo que quería cacharte", repetía. "Por fin eres mío".
"Cáchame, Fico".
De pronto me la sacó.
"¿Pasó algo?", quise saber.
"Está a punto de pasar", me dijo.
Me puso boca arriba y se acostó sobre mi. Comenzó a mover su cadera mientras yo le habría las piernas. Nos besamos y aproveché para agarrarle las nalgas con fuerza. Entonces sentí una humedad caliente en mi vientre.
"Las di", me confirmó Fico.
Se arrodilló, tomó mi pene con su mano y comenzó a masturbarme. En cuestión de minutos, disparé todo mi semen sobre mi abdomen y mi pecho.
"Vamos a lavarnos", me dijo.

Tras secarnos, vi mi celular. Eran casi las ocho y cuarenta y estaba cargado de mensajes de mis patas. Fico se echó sobre el colchón, aún desnudo.
"Ojalá que mi mujer ya no esté asada", comentó.
"No creo", le observé. "Aunque quizás es muy pronto".
"Sí, pero a lo mejor tú quieres salir: es viernes por la noche".
"No, prefiero quedarme aquí".
"¿En serio?"
"Sí, Fico; prefiero quedarme aquí".
Se mantuvo en silencio buen rato.
"¿Puedo quedarme aquí contigo?", me pidió.
"Claro", le sonreí.
"Ven", me tomó del brazo e hizo que me acostara encima suyo. Nos besamos en la boca de nuevo.
"¿Cómo es éso que hace tiempo querías cacharme?", le pregunté cuando nos separamos.
"Es una larga historia, desde que mi cuñado nos presentó".
"¿Una larga historia como tu pinga?"
"¿Te gusta mi pinga?"
"Me gustas, Fico".
"Tú también, Rubén".
Nos volvimos a besar.
El cuñado de mi amigo y yo nos quedamos a pasar esa noche y cachamos dos veces más. ¿Mis patas? Bueno, se cansaron de mandarme mensajes para chelear. Que sigan mandando. Que no nos jodan.

domingo, 30 de enero de 2022

ASS (13): Un 'remember' entre futvolistas

Edú y el viejo de Pedro se dan tiempo para cachar en la chacra.


 

A mediodía, el papá de Pedro usa una pala para quitar las hojas secas que se han acumulado en uno de los pequeños canales en su parcela de mangos, ubicada a 20 minutos a pie de San Sebastián. Para sus 50 años de edad, luce extremadamente bien conservado, a no ser por las canas que ya adornan su cabello y que no está dispuesto a disimular, pero aparte de guapo, ese indiscutible cuerpo atlético, fruto del trabajo en el campo y un pasado relativamente no tan lejano como delantero del Deportivo Potreros, el equipo local, le mantienen una apariencia muy sensual.

Edú viene desde atrás con una palana en mano, y al llegar le mete la otra entre sus dos redondas y aún duras nalgas.

“Aguarda ‘che tu vida”, sonríe el papá de Pedro.

“Ya terminé de regar la otra melga”.

“Chévere. Yo acabo aquí y nos regresamos a la casa… Oye… ¿Y ya cachaste con mi retoño?”

“Carajo, Julio. ¡Si prácticamente me pusiste a tu hijo en bandeja! ¿Crees que uno es de piedra?”

El papá de Pedro sonríe.

“Como no escuché nada…”

“Te consta que desde que nos conocimos, siempre he sido bien caleta, querido Julio”.

“No me agas recordar, que se me para la pinga aquí mismo… ¿Te acuerdas esa Copa Perú hace ocho años?”

“¿No que se te va a parar la pinga aquí mismo…? Claro que me acuerdo. Y me acuerdo bien”.

Julio termina de palanear, se seca el sudor de la frente.

“¿Vamos a bañarnos?”

En la entrada de la parcela hay una casa de adobe enlucida con una sala, una cocina, un par de habitaciones y un baño. Está sencillamente amoblada. De hecho, era la casa del padre de Julio.

“Pedro me habló de abrir la casa para turismo rural los meses cuando no hay campaña; dice  que se puede ganar buena plata”.

“¿Y tienes idea de cómo es esa vaina?”, se interesa Edú.

“Más o menos me lo explicó. En realidad, la idea se la dio el Padre Alberto, el que se lo jaló de monaguillo”.

“Ah… el Padre Alberto”.

Julio capta el tonito socarrón de Edú:

“¿Celoso del cura?”

“Para nada”; tiene buen cuerpo y buen culo ese… Padre Alberto.

“Es que no quiero que la chacra esté tan sola: mi hijo mayor ya está trabajando aparte, mi hija ni cagando va a venir acá y Pedro no creo  que venga tampoco. ¿Tú vendrías a vivir acá?”

Ambos entran a la casa por una puerta trasera y dejan las palas a un lado; están sudados.

“No sé, Julio. La huevada es que no voy a vivir pajeándome aquí solito todo el tiempo”.

El papá de Pedro cierra la puerta:

“Podrías traerte a puntos bien caletas… como cuando estabas en el Potreros, o…”

“¿O qué?”

Julio mete su mano en el culo también redondo de Edú y lo agarra con fuerza, a la vez que se pega a su cuerpo y lo besa en la boca; se separa:

“O podríamos usarlo como nuestro… nidito de sexo”.

“Pensé que ibas a decir… ‘nidito de ammor’”.

Ambos ríen. Julio vuelve a besar a edú y ambos comienzan a quitarse toda la ropa. Las caricias y los besos continúan en el estrecho baño bajo los chorros de agua que se dan con una jarra mientras se aplican el jabón mutuamente: el cuerpo de Julio conserva la definición muscular, además de un envidiable vientre plano y definido. Ah, y la joya de la corona: bajo un tupido vello púbico, un largo pene de 19 centímetros que ya está parado mientras unos grandes testículos cuelgan como castañuelas.

“¿Te acuerdas esa vez hace ocho  años?”

“Ganamos la provincial y me cachaste como nunca”.

“Y te prometí que te seguiría cachando como nunca hasta que se te metió esa huevada de probar coño y largarte a Chile. Me tuviste en abstinencia sseis años”.

“No te quisiste divorciar”.

“Ni cagando lo iba a hacer”.

La pinga de edú también está al palo y rozando la de Julio.

“era más chibolo… luego me di cuenta que te pedía una chiquillada”.

“Qué bueno”.

Ambos atletas comienzan a hacer una guerra de espadas que los lleva a tope. Nuevamente se abrazan y besan en la boca.

“Cáchame, Julio”.

Tras bañarse y secarse, ambos ocupan una de las camas en uno de los dos cuartos. Edú está en cuatro patas mientras Julio le sopea el ano ruidosamente. Ambos gruñen de placer.

“¿Probaste verga en Chile?”

“Varias”, responde sonriendo edú.

“Ahora prueba la de tu macho”.

Edú comienza a chupar el pene erecto de Julio por largo tiempo, pero no consigue metérselo toda.

“Así, así. Chupa la pieza de tu marido. Rico la chupas, educito”.

El más joven busca en su mochila un condón, se lo da a Julio quien lo abre, se lo pone, escupe en todo el ano de edú, y le va metiendo el pene poco a poco.

“Despacio, Julio. Así despacito, mi amor”.

Los 19 centímetros por fin entran completos, y el resto es moverse con ritmo y paciencia. Edú se queja de dolor y placer.

“¿Te gusta cómo te culea tu marido?”

“Me encanta”, susurra el otro.

La verga dura entra y ssale del ano apretado de Edú; sus nalgas siguen tan golosas como cuando se fue de San Sebastián hace seis años, hasta que llega el orgasmo.

“¿Quieres tu yogur natural?”

“Dámelo”.

Julio se saca el condón, hace que Edú gire, y le pone el pene en su boca; lo masturba hasta disparar su semen dentro de él. El muchacho lo traga.

“¿Qué tal estuvo?”

“Pura proteína, Julito”.

A medio camino hacia San Sebastián, Julio simula orinar y tira el condón usado en un cerco de overos detrás de un algarrobo, aprovechando que nadie pasa por ahí:

“Ya sabes que de esto ni una palabra a nadie, ni a tu almohada. Prefiero que crean que estáss cachando con mi hijo; pero que ni sospechen que tú y yo cachamos o hemos cachado antes”.

“¿por qué tanto miedo?”

“Ya hablamos de esto, edú… ya no tienes 24 años, ¿recuerdas?”

El aludido se sonríe mientras divisa las primeras casas de la ciudad.

“¿Y ese Padre Alberto le entra, no?”

“¿También quieres cachar con el cura?”

Edú sonríe pendejamente a Julio mientras, al disimulo, le agarra el paquete.

Para finalizar,te dejamos con un video porno. 

miércoles, 30 de enero de 2013

Hunks of Piura

20ENE2013

03:17

Después de atender a un cliente, en el departamento de mi colega, voy a un bar del centro para encontrarme con él. Simplemente quiero relajarme. Al llegar, no lo encuentro. Posiblemente, esté en el baño, o ya aparecerá. Me acerco a la barra, y me encuentro con Pedro, el chico que me había logrado sacar de la selva, y con quien viajé al Cusco.

“¿Qué hay jefe?”, me dice efusivamente. Me alegra verlo también. Me cuenta que le está yendo bien atendiendo  a turistas, pero que el flujo de los mismos ha decaído.

“Tú eres del norte”, me dice.

“Sí. ¿Por qué?”, le respondo.

“Máncora, jefe. Ahí es la voz”, replica entusiasmado.

El recuerdo que tengo de ese lugar es el que desencadenó la separación con mi mujer. Si bien me siento cómodo teniendo sexo con otros hombres,siento que la extraño un poco, pero más a mi hijo.

“Quisiera experimentar por allá”, insiste Marcos.

Lo miro a los ojos, y siento que me quiere proponer algo. Justo, en eso, aparece mi colega, compañero de departamento, cama y afectos.

 

04:48

Los tres regresamos al departamento. Ya más cómodos, comenzamos a besarnos mutuamente, y a desvestirnos. Estamos sobre el sofá de la sala.

Pedro está al medio de mi compañero y yo. Nos turna al besarnos, mientras, con cada mano nos estruja nuestros genitales. Yo le acaricio su pierna izquierda, y mi compañero la derecha. Los tres tenemos el pene erecto. Entonces, Pedro se inclina hacia mí, me baja mi calzoncillo y comienza a mamármela. Alterna pene y testículos. Mi compañero, comienza a bajarle su boxer y a acariciarle las nalgas.

Cuando termina conmigo, le baja el boxer a mi compañero y se la chupa. Sólo que esta vez, se pone en cuatro sobre el sofá, de tal modo que me permite bajarle todo el boxer y comenzar a besarle las nalgas lampiñas, duras y grandes que tiene. Recuerden que Pedro tiene un cuerpo de culturista. Mi compañero también tiene buen cuerpo, y yo he recuperado mi físico, gracias a buena alimentación y a rutina de gimnasio.

 

05:14

Pedro está arrodillado sobre el suelo y apoyándose en la mesa de centro de la sala. Detrás suyo, mi compañero y yo nos turnamos para penetrarlo por el ano. Los tres jadeamos, nos miramos, nos besamos.

Cuando mi compañero lo penetra, aprovecho para besarle la espalda y las nalgas.

 

05:33

Ya en el dormitorio, Pedro se vuelve a poner en cuatro. Mi compañero lo penetra. Yo penetro a mi compañero, y dejo que él se mueva. Así, mientras le da un masaje anal a Pedro, a mí me da un masaje de pene.

 

05:45

Los tres nos acurrucamos y nos masturbamos. Pedro y mi compañero eyaculan casi de inmediato. Yo me vengo unos minutos más tarde. Nos bañamos, y nos quedamos ddormidos.

 

12:33

Mi compañero despide a Pedro, y regresa a la cama.

“¿Qué tienes?”, me pregunta. No le respondo.

 

22ENE2013

10:29

Pedro y yo nos encontramos por San Blas, un barrio del Cusco.

“Conseguí para mañana. Ten todo listo”, me advierte.

“¿Y los controles? ¿sabes algo?”, le pregunto.

“Tranquilo. Tenemos dos buenas herramientas, como para pasar piola”, me contesta sonriendo.

 

23ENE2013

20:59

La camioneta donde vamos se detiene para que podamos cenar. Es una cabina simple. Afuera hace mucho frío. Según el conductor, estamos en el límite entre Ayacucho y apurímac. Nos hemos ido por caminos casi inexistentes en el mapa. Entramos a una casa donde nos atienden muy bien. Pedro dice que, antes de cenar, quiere bañarse. Pienso que está loco. El conductor, igual. “Ven”, me dice Pedro. Cuando lo sigo hasta un cuarto, veo que él y el conductor de la camioneta se desvisten. ¡está loco! No me bañaré aquí.

 

 

21:16

No sabía que las duchas aquí tenían agua caliente. Como sea, los tres entramos en una y nos bañamos. El espacio es tan pequeño, que el roce es inevitable. El conductor y Pedro hacen bromas de corte sexual.

 

22:30

El conductor, Pedro y yo compartimos la misma cama. Mientras yo acurruco a mi amigo, el conductor lo abraza por detrás. Yo froto mi pene contra el suyo, y es evidente que el conductor frota su mienbro contra la raja del culo de Pedro, quien se da la vuelta, y hace que yo tome el papel del conductor.

Jugando de esa forma, nos quedamos dormidos.

 

24ENE2012

06:15

Tras ir al baño, contemplo el paisaje. Es una especie de puna. Hay nevados cubiertos de nubes, y la acequia al costado de la construcción donde hemos pasado la noche está congelada.

Pienso en mi compañero, quien se quedó en Cusco. Me rogó que me quedara, que estaba arriesgando mi vida, pero ése no era mi sitio, era algo temporal. Le prometí que si lograba lo que quería, buscaría la manera de que venga conmigo.

Pedro salió detrás de mí. “es de la puta madre, ¿no?”, me dice. Sonrío y le respondo afirmativamente.

 

25ENE2013

21:29

Llegamos a Lima. Lo siguiente que haré será dirgirme a casa de un familiar. Además, será el fin de la aventura con Pedro.

Nos despedimos afectuosamente. Igual con el conductor, quien me da su número. El pata es un blancón, no fornido pero formado, quizás unos 26 años.

 

 

26ENE2013

08:38

Llego a la oficina de mi comando. Varios compañeros se sorprenden de verme entrar y murmuran. Me presento a la oficina de mi superior. Al inicio no me dejan pasar, pero, de pronto, él mismo sale y me atiende.

“Lo creíamos muerto. ¿Cómo sobrevivió?”, me pregunta fingiendo sorpresa.

“Con ayuda de nativos, mi comandante”.

“estoy sorprendido. Esas selvas son traicioneras. Bueno, creo que viene por su reinstalación”.

“Si fuera posible, la verdad, lo agradecería”.

“Mire. El caso es que hubo muchas presiones para mandarlo al sur. Usted sabe qué pasó. Además, dicen que está contando… ciertas intimidades que van contra la disciplina y la moral de la institución”.

“Mi comandante, el caso es que no fallecí. Creo qque me corresponde reincorporarme”.

“Claro, claro. Déjeme resolverlo”.

Mi superior llama por un intercomunicador. Minutos después, entran unos colegas míos. Me toma cada uno de un brazo.

“Está detenido. Llévenselo”.

 

(CONTINUARÁ)

 

Escrito por SOT. ©2013 Hunks of Piura Entertainment. Escriba al autor: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.

domingo, 19 de febrero de 2023

Los 4 grandes atractivos de Pedro Bomba

Míralo de la cabeza a los pies y dinos si tu selección coincide con la nuestra.

 



El piurano Pedro Bomba sorprendió al planeta entero luciendo su cuerpo totalmente desnudo y mostrando su pene totalmente erecto en un único video y sesión de fotos que se convirtieron en otro clásico de nuestro arte pornoerótico. ¿Y por qué se hizo un clásico? Lo explicamos aquí:








 

Sonrisa: A diferencia de otros culturistas peruanos que también hicieron fotos o videos porno, Pedro Bomba no deja de sonreír, lo que significa o que se la pasó muy relajado o que se la pasó muy nervioso. Sin embargo, se convierte en uno de sus mejores atractivos, y ayudan a que la calentura de verlo pajeándose sea más amigable. Como tener sexo con tu mejor amigo y que te diga sin palabras “no te compliques, solo disfrutemos”.

 








Pecho: ¡Dios mío! ¡Te imaginas haber tenido una sesión de sexo intenso, quedar agotado y usar esos pectorales para reposar tu cabeza? ¿Qué tal un trío? Cada músculo tranquilamente puede servir para que cada chico descanse cómodamente, por supuesto, sostenido por esos enormes brazos. Donde sí vas a pugnar, si lo compartes con otros, es en acariciar ese bien trabajado abdomen. Pero pongámonos de acuerdo con que ese enorme pecho es de antología.

     







Verga: Recta, gruesita, de tamaño promedio pero bien jugosita, ideal para darle una buena mamada o para sentirla dentro del culo. ¿Alguna idea de cómo debe saber su semen? Sin duda debe ser un néctar delicioso, pura masculinidad forjada con genes 100% piuranos. ¿Claro! Porque si en Piura todo es más rico, de hecho que esa polla debe serlo también. A menos que alguien ya se la haya tragado. Avísenos, por favor. ¿Y qué piensas de sus huevos?








 

Culo: ¡Qué comen los culturistas peruanos que les sale un trasero grande y bien redondo? OK. No solo es la comida. También es el entrenamiento y, por qué no, la genética. Pero ese par de duras nalgas son ideales para mordisquear, lamer, acariciar. Otro gran candidato a un inolvidable y discreto beso negro. Ah, y ese par de enormes piernas no se queda atrás.

 

¿Cuál es tu parte favorita del cuerpazo de Pedro Bomba? Cuéntanos en los comentarios. Gracias a Apasionado Solar por los vidcaps.

 

Mira el video completo de Pedro Bomba | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com