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sábado, 12 de agosto de 2023

Un café al desnudo con Elías Velasco

¿qué hay detrás del nuevo encueramiento del conductor de Café & Conversa?

 








Elías Velasco
(nacido en Lima el 21 de noviembre de 1974, donde reside) estaba encerrado en el baño vestido únicamente con un sacón verde. Respiró profundo. Debió pensar que ésta era la cuarta vez en su vida que lo hacía. “Voy a interpretar a un personaje”, se repitió. Logró tranquilizarse, abrió la puerta, salió hacia la sala, se despojó de la prenda. Estaba completamente desnudo.

 

Afuera lo esperaban dos miembros de su equipo de producción, el artista plástico Miguel Rosas y sus tres aprendices. Todo el mundo entendió que estaba listo. elías se sentó como el pintor le pidió y posó como Dios –aunque no crea en Él—lo trajo a este mundo.

 

“Me sentí nervioso, un poco ansioso, muy observado en general”, cuenta el creador, director y conductor de su show en YouTube, el amenísimo e inspirador Café & Conversa, un espacio donde Elías se sienta a charlar en profundidad con invitados muy diversos.

 

Para el episodio dedicado a Miguel Rosas, su productor sugirió que no solo converse ante cámara o que muestre parte del desnudo masculino que el artista plástico pinta. Pidió a Elías que sea uno de los modelos: “Me pareció una idea bastante arriesgada, polémica, pero muy artística”.

 

No podía echarse para atrás porque cree que si un periodista tiene que narrar bien una crónica, en cierto modo debe convertirse en parte de ella. O sea, si tenía que hablar de hombres pintados completamente desnudos, pues… tenía que ser uno de ellos. Para evadir la censura de YouTube, que prohíbe mostrar explícitamente la pinga, las bolas o todo el culo, su producción eligió ángulos que no mostraran nada más que sus hermosos torso y piernas.

 

Hoy, por primera vez, Elías Velasco cuenta en exclusiva para Hunks of Piura esos detalles y secretos que ni siquiera confesó en aquel comentado episodio.

 







Grandes músculos, pequeño autoestima

En 1993, Elías era otro chico limeño flaco que se sentía demasiado pequeño psicológicamente hablando. Acababa de salir de una relación que de tóxica pasó a violenta. Su pareja se emborrachaba, se desaparecía del mapa; y cuando reaparecía, lo que debía ser un reencuentro romántico se volvió discusiones cada vez más crispadas. Entonces, llegaron los golpes. En algún momento, Elías fue violado sexualmente por ese chico totalmente drogado.

 

“Tener sexo forzado con una persona es violación”, afirma hoy. “Eso me deprimió mucho. Me encerré. Estaba muy delgado”, recuerda.

 

Recapacitó  cuando pidió trabajo en una galería de ropa. el dueño era un miembro de la comunidad LGTBIQ+: “¿cómo un feo va a vender ropa bonita?”, le encaró.

 

Cierta tarde, un amigo pidió que lo acompañara a ver un partido de básquet en el colegio Guadalupe, en el centro de Lima, y cuando menos se dio cuenta, estaba metido en el gimnasio: “en un año cambió mi cuerpo, comencé a arreglarme más”. Su musculatura causó furor e inquietud, lo que Elías usó para cobrarse revancha: “si me maltrataron, yo tenía que maltratar”.

 

Echó para adelante, y en 2004 comenzó a estudiar los secretos de esos físicos que despiertan nuestros deseos prohibidos. Para entonces, estaba en una segunda relación. “Mi pareja me pagó el curso”.

 

En 2007, Elías salió al público vistiendo una tanga bajo la que ya destacaba un hermoso culo y un delicioso paquete. Llegó al Mister Perú y se codeó con las mayores figuras del fisicoculturismo y el fitness; de hecho, obtuvo el tercer lugar en la categoría de culturismo clásico. Previamente, había quedado en segundo lugar en el Mister Lima en la misma categoría, y había ganado el Mister Verano. Tenía 33 años.

 

El problema fue que esa hermosa figura necesitaba que consuma anabólicos. Una enfermedad en sus huesos se activó y lo postró en cama. “Bajé hasta los 49 kilos.”. Como referencia, Elías mide metro 68, así que su peso ideal tenía que estar entre 67 y 70 kilos. “Traté de suicidarme, pero algo impidió que me lanzara al vacío… ¿qué fue? Ni yo mismo lo tengo claro”.

 

Los siguientes doce meses fueron de tratamiento psiquiátrico intensivo. El deseo de matarse fue desapareciendo poco a poco, pero su propio concepto seguía muy devaluado: “Yo me sentía una persona pobre en todos los aspectos”.

 






Las mejores nalgas

Antes del desnudo integral que hizo para su programa, Elías Velasco ya se había quitado toda la ropa en tres ocasiones: en 2008 para una campaña orientada a escorts de Panamá y para el Ministerio de Salud (Minsa); en 2011, nuevamente para el Minsa esta vez en alianza con el Movimiento de Homosexuales y Lesbianas, dentro de una campaña que se llamó Úsame; en 2012 para un fotógrafo francés, que las publicó en una revista para chicos;.

 

La segunda sesión fue especial porque se trató de despertar conciencia sobre el uso del condón y porque Elías compartió el set con otros dos modelos de hermosos cuerpos con quienes simuló poses sexuales pero cubierto por látex de pies a cabeza. Pudo lidiar con el hecho de posar solo, pero hacerlo con otros dos modelos lo intimidó: “Sentí un poco de pudor y nervios”, cuenta.

 

El fotógrafo tuvo tino para romper el hielo, y la sesión se hizo, aunque duró siete horas. Una de las estrategias fue alabando el culo de Elías: “Son las mejores nalgas que he visto”, le dijo, y se lo explicó: estaban bien trabajadas y lucían bien masculinas. Tratamos de vérselas nuevamente, y las tiene riquísimas, aunque de inmediato nos pide orden: “Me gusta  cómo han quedado mis nalgas, pero más me gustan mis ojos… como que hablan mirando.”

 

La campaña Úsame fue un éxito en todo el Perú, aunque a la mamá de Elías no le hizo gracia que el cuerpo desnudo de su hijo se exhibiera en bares y discos de ambiente: “Lo hice porque había un tema de fondo.”.

 

Tener un hermoso cuerpo también lo hizo atractivo para el negocio de los escorts. Ocurrió en 2007. No aceptó. También le propusieron actuar teniendo sexo con otros culturistas peruanos y extranjeros pagándole de 1000 a 1500 dólares por sesión. Volvió a negarse.

 

“No lo acepté porque no lo consideraba estratégico”, explica. Un árbitro argentino era el reclutador de los modelos. Poco después, el escándalo de los culturistas peruanos calatos estalló con fuerza por los medios.

 






Primero, belleza interior

Tener un hermoso cuerpo es ahora un estilo de vida para Elías, pero el físico no es lo primero en que se enfoca. El primer entrenamiento es mental: “como vas a estar por dentro, vas a estar por fuera”. El comunicador se reconoce como un paciente que ha tratado su depresión y su ansiedad. Su búsqueda mental ha entendido que la raíz del problema comenzó desde el mismo momento cuando fue concebido.

 

¿Pareja? No. Ya aprendió que es mejor tomarse el tiempo necesario para elegir mejor; más bien, está enamorado de sí mismo. “Me está resultando enfocarme en cosas concretas y no rodearme de personas que no me aportan nada”, afirma. Su consigna es la empatía o ponerse en los zapatos del otro. Así puede tomar mejores decisiones. “Me siento libre, cicatrizado”, sonríe.

 

Elías asegura que el mejor regalo que te puedes hacer es cambiar porque es tu propia postura, no porque te lo dice la gente: “Mi vida no se maneja por una aceptación colectiva sino por una aceptación interna”.

 

¿Y su pasado? “No puedo renegar de las experiencias de mi vida porque me permiten estar más cuajado”. Y parte de ese crecimiento ha sido crear Café & Conversa. “El programa ha salido más por un tema catártico, debido a una segunda ruptura amorosa”, revela.

 






Y la erección comenzó

Como parte de esa nueva aventura, llegamos a la mañana cuando Elías posó completamente desnudo frente a Miguel Rosas. Tras liberarse del sacón, el siguiente reto fue mantenerse quieto. Y si Elías tiene un pequeñito problema es que suele moverse mucho.

 

Estuvo sentado por tres horas: “Tuve calambres en nalgas, pantorrillas y pies”. Eso le activó la ansiedad y los nervios… y ambas le activaron su pene de 17 centímetros de largo. “Miguel, creo que esa parte se quiere levantar un poco”, le dijo al artista plástico. “eso es normal”, le respondió Rosas con naturalidad. Dicho eso, su verga se volvió a dormir.

 

Lucir su metro 68 y sus actuales 72 kilos requirió alguna preparación corporal: se recortó un poco los vellos del pubis y las piernas. Para sus dos primeros desnudos, sí se depiló completo.

 

Cuando terminó de posar y vio su cuerpo desnudo pintado en el lienzo, quedó muy satisfecho. “Me impresionó el color que le plasmó… Me sentí muy cuidado y protegido por Miguel… Me sentí muy pleno.

 

Elías cree ser una persona bastante normal. “No me considero guapo”, pero “yo me siento atractivo”. A pesar del desnudo y de su físico, tampoco se siente un símbolo sexual. “Me considero una persona en pleno proceso de crecimiento, que busca la belleza interna,” afirma. Eso no lo desenfoca de su físico, del que, dice, no cambiaría nada a estas alturas de su vida.

 

“El cuadro que me hizo Miguel es una piel que expresa colores a través del lienzo, que ha sabido posicionar lo que más me gusta de mí, que son mis ojos”. El cómo lo tome la gente, para bien, para mal, o para fantasear sexualmente lo tiene sin cuidado.

 

Elías piensa que la sesión que hizo para Miguel Rosas ha beneficiado su trabajo como comunicador; de hecho, cree que el cuerpo “es un templo o un lienzo que habla”. “Si me proponen un desnudo y siento que va a aportar a mi vida profesional, sí lo aceptaría”, asegura.

 

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miércoles, 3 de octubre de 2012

Casa De-Formación (13): Cuidado con Jonatan

Hunks of Piura

Darwin llega un minuto tarde a la oración de la mañana… y le cuesta trabajo tener los ojos abiertos. Jonatan, quien está sentado a su costado, cuando siente que se le arrima, le mete un par de pequeños codazos, muy a hurtadillas.

Pedro, contra su voluntad, luce unas señoras ojeras. ¿Qué estaba pensando cuando  no empacó la crema para los ojos? Bueno, suya no era, pero ¿acaso su mamá no se compraba un par mensual?

 

Durante el desayuno, Darwin toma dos tazas de café cargado. El Reverendo Rafael pela los ojos. Se había dado cuenta de que estaba cabeceando, mas esto casi es el colmo. El Reverendo Alexander lo saca de órbita:

-          Reverendo, ¿necesitará el mapamundi?

-           Esteeee… sí, para la tarde.

-           Está bien. Lo tendrá.

Al finalizar la comida, el superior llama aparte a Pedro:

-          ¿Podrás verme en mi dormitorio durante el primer descanso?

-          Pedro enrojece y trastabilla:

-           S-s-sí, re-re-reveren… reverendo.

-           Ahí te espero entonces.

-          El formador no resiste la tentación de indagar en la somnolencia de Darwin.

-           ¿qué pasa?

-           ¿Qué pasa de qué?

-           Casi te nos vienes encima como palitroque.

-           Ah, nada. No pude dormir.

-           ¿algún problema?

-           ¡Noooo, para nadaaaa! A veces me da, esteee, eso que le da a los… ¡ah ya: sonambulismo!

-           ¿Será insomnio?

-           ¿Es sinónimo?

El religioso se ríe y soba la cabeza del chico.

 

Durante el primer descanso, Pedro toca la puerta del superior.

- ¡Pasa Pedro!

- D-d-dígame.

- ¿Tienes algo?

- ¡No!

- De acuerdo…mira, te llamé porque todos aquí practicamos algún deporte; pero parece que tú no.

- Ah. Eso… Es queee… acá no están los deportes que me gustan.

- ¿Y cuáles son?

- Vóley y… bailar.

- Entiendo. Desafortunadamente, acá ni fútbol podemos jugar por el espacio, y, el baile podrías hacerlo en el patio d abajo.

- Podría, si tuviera espejos, baranda y un piso especial.

- Ah.

- Yo hacía coreografías en mi colegio, y cuando teníamos que ensayarlas, alquilábamos las salas de aeróbicos en los gimnasios.

- Claro… ¿te gusta el ballet?

- ¡Por supuesto! Pero… acá no se practica.

- En realidad, la gente no sabe que sí se practica.

- ¿Cómo es eso?

- Tengo un amigo acá a la vuelta que da clases y tiene el espacio adecuado, ahora que recuerdo. Podría hablarle y…

- ¡¿En serio?!

- ¡Espera! Tengo que hablarle primero.

- Ay. Si me acepta, le prometo que me esforzaré. Siempre quise estudiar ballet.

- De acuerdo. Lo llamaré y veré qué horarios tiene disponible, ¿OK?

- Ay sí, Reverendo. Le prometo que seré el mejor.

Ambos se abrazan. Pedro no puede evitar sentir el físico del religioso, quien, por su parte,acaricia la espalda del muchacho, justificándose en la diferencia de estaturas.

-          Reverendo, qué bueno es usted.

-           Todavía debemos esperar la respuesta de mi amigo.

-           Rezaré para que sea un Sí.

-           Eso está bien… ¿Sabes? Eres muy cariñoso.

-           Sí. Es que usted hace que lo trate así.

-           Espero que así sea con el resto de los chicos.

-           Aunque creo que el Reverendo Rafael no es así.

-           ¿Así? ¿Cómo así?

-           Cariñoso pues.

-           ¡Ah…! Dale tiempo.

-           Claro.

Alexander lo suelta, le sonríe.

-          Debes regresar a clases.

 

Al momento que Pedro y el encargado de la casa inician su reunión, Jonatan llega a la lavandería de la azotea. Su misión: hallar un mapa-mundi muy vistoso, que durante la jornada vocacional a la que había asistido seis meses antes, fue usada para una dinámica de grupo. Tiene un trapo en la mano para quitarle el polvo.

Está al fondo. Verifica el rollo. Es lo que busca.

Lo saca y escucha que algo suena al caerse de lomo. Deja el rollo en la pared, se asoma y mira la contraportada de una revista.

La recoge: la Latin Males con Lorenzo Verástegui en portada. La deshoja rápidamente, se sonríe.

-          Jon, están esperando el mapa-mundi abajo.

-           Es para la tarde todavía.

-           ¿Y esa revista… es tuya? - Jorge se acerca aplicando tono policial.

-          No. ¿Qué hace esta huevada acá?

-           No sé. Dime tú.

-           Era de Memo.

-           ¿Y… por qué estás tan seguro?

-           Él me la mostró.

-           Considerado el Memito ¿no?

-           Por esto se retiró ¿cierto?

-           No sé. Yo sólo limpio la casa. – Definitivamente, la idea no era una pregunta como réplica.

-           Él me contó que se había retirado, pero nunca me dijo por qué.

Jorge siente pérdida de terreno.

-          La verdad es que nunca supe.

-           Una vez me lo encontré por el mercado. Yo venía de entregar una compra en la moto de la tienda.

-           ¿Y te dijo algo más? – Jorge cambia de tono: este dato es nuevo.

-           Sí. Que quería regresarse a Huancabamba. Era de un pueblo cercano creo.

-           Ah, fíjate… y recién me entero.

-           ¿Recién te enteras?

-           De que quería volver a su casa.

-           Fue lo único que me dijo. No hablamos mucho porque yo estaba apurado, y él también. Me dijo que lo llamara, pero perdí su número.

-           ¿No te dijo nada más entonces?

-           Nunca lo vi de nuevo. Eso fue antes de Navidad… hace menos de un mes… fue la primera y única vez que lo vi en la calle. - La revista queda estática en las manos de Jonatan:- Voy a botar esta huevada a la basura.

-           ¡No!

-           ¿No?

-           Es decir… ese es mi trabajo. Tú sabes, yo limpio la casa.

-           Bueno. Debo bajar que ya me hice tarde.

-           OK.

Jorge recibe la revista. Definitivamente, el mayor de todos los formandos es alguien de otro calibre. Y, si quiere hacerlo caer, deberá afinar mejor la puntería, pero ¿cómo?

 

Para la hora del descanso, Juan salvador Gaviota hace que Jonatan se olvide por completo del incidente de la revista.

Es su costumbre usar ese momento para avanzar su lectura, aunque no con mucho éxito porque a los diez minutos ya está dormido.

Los primeros días, con algo de recato, el efebo se quita la camiseta y en bermuda se acuesta, agarra el libro en alto y comienza a leer. Esta tarde decide quedarse en un bóxer negro con ribetes blancos.

Manuel suele entrar delante o detrás de él, pero esa tarde demora unos minutos más.

El sueño comienza a vencerlo.

Al fin, se abre la puerta.

Manuel ingresa y cierra la puerta. Se quita la camiseta y el pantalón para ponerse un short. Trae un libro de pasta blanca con un dibujo muy familiar para su compañero de cuarto.

-          ¿Y eso?

-           Ah. El Principito. Me lo dio el Reverendo Alex.

-           ¡Copión! – Jonatan sonríe.

-           ¡Picón! – Manuel devuelve la sonrisa.

-           Es un buen libro, pero debes leerlo desde el principio, principio.

-           ¿Ah, sí?

-           Ajá. Desde la página uno.

Manuel se acomoda en su cama e imita la postura de Jonatan. Las bocas de ambos enmudecen y sus ojos se clavan en sus textos.

Cuando Jonatan cree haberle ganado la partida al cansancio, siente que las letras se borran y el libro con el techo de fondo se desvanecen en negro.

-          ¿Quién es León Werth?

-           ¿León… qué?

-           León Werth. Aquí hay una dedicatoria a un tal León Werth.

-           Ah. No lo sé. Quizás fue amigo suyo.

-           “A León Werh cuando era niño”. ¡Ja!

-           Manuel… - Jonatan siente un nudo en la garganta, especialmente cuando su interlocutor regresa amirarlo.

-           ¿Qué?

-           Lee…

Manuel sonríe.

Quizás después.

Quizás de aquí.

Quiz…

 

A la hora de dormir, y tras haberse duchado, Darwin espera desnudo a que su puerta se abra. Sólo está tapado por una sábana, de tal modo que su cadera derecha y sus pantorrillas quedan al descubierto.

Unos minutos después, Pedro, con semblante de indiferencia, traspone la puerta, se quita toda la ropa.

-          ¿Puedo apagar la luz?

-           Si quieres.

-           Alright. Buenas noches.

Luces fuera. Darwin siente que la cama del costado cruje levemente.

-          Pedro…

-           ¿Sí?

-           Ven aquí.

-           ¿Adónde?

-           A mi cama, pé.

-           Ay, Darwin, tengo sueño.

-           Ya pé… no seas así.

-           Ay no. No tengo ganas.

-           La tengo dura… Ya pé, Pedrito.

-           Ay, pajéate si quieres. No tengo ganas, ¿sí?

Darwin se levanta de su cama y toma por asalto la vecina. Se acuesta sobre la espalda de su compañero, colocando su mienbro duro sobre sus nalgas.

-          Darwin, no. Me duele.

-          El velludo cuerpo del sechurano se encarama bien, e inicia el baile pélvico, a pesar de la negativa de Pedro.

 

En el dormitorio del costado, Jonatan está desnudo sobre su cama… de nuevo con su libro. Tocan la puerta. No es Manuel. Está seguro de eso.

De un salto se levanta y se pone el bóxer negro.

Al abrir la puerta, Jorge lo está esperando.

-          ¿Puedo pasar?

-           Claro.

-           Este. Jon. Quiero que me disculpes por lo de esta mañana.

-           ¿Esta mañana?

-           Es que pensé que la revista era tuya.

-           ¿Ah?

-           La porno.

-           Ah… la de Memo.

-           Sí, ésa.

-           Normal. Pero ya sé qué piensas de mi.

-           No, cholo. No es eso. Imagina si te la veía el Reverendo Rafael. ¿Te imaginas?

-           ¡Qué cojudo el que la escondió allí! ¿No crees?

-           Sí, qué cojudo.

-           Si quieres que me vaya de la Casa, dímelo nomás.

-           ¡No, no es eso! ¡Me confundí, huevón!Discúlpame, ¿sí?

Jorge agarra los dos brazos del chico sin dejar de suplicar.

Manuel entra súbitamente.

Jonatan se mantiene inmutable.

‘El que sólo limpia la casa’ no sabe qué hacer ahora, pero no suelta sus manos de los bíceps firmes  de quien debe darle perdón.

 

Darwin no puede contenerse más. Suelta su leche en la raja de las nalgas de Pedro. Siente el fluído caliente esparcirse y su ppene perder rigidez. Para su movimiento. Jadea.

-          Eres una bestia.

-           ¿Qué dices?

-           Casi me has violado.

-           No te la he metido.

Pedro solloza. Darwin sigue sobre su espalda. Lo besa en el cuello.

-          Perdóname Pedrito.

-           Te dije que no tengo ganas. – Es difícil articular en medio del llanto.

-           ¿Me perdonas?

-           No sé. Sal de mi cama.

Darwin se levanta acongojado. Se tira sobre su cama. Intenta ver sin ver por la ventana a su costado.

 

Jorge teje una nueva alianza en la habitación del lado. Escapa por milímetros con la misericordia de Jonatan. Cierra la puerta y se va rumbo a su habitación.

Darwin está acostado en el sillón del patio de la azotea, viendo sin ver al cielo.

-          La cagué, Jorge.

Un búho pasa sobre ellos aleteando.

 

(CONTINUARÁ...)

 

Escrito por N-Ass. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia.

domingo, 8 de abril de 2012

SOT-2012-015: Cuerpos con arte

Hay una regla estúpida que sigue el serenazgo de mi ciudad para admitir nuevos miembros: no tener tatuajes.
Nadie me ha sabido explicar la relación entre éstos y el rendimiento de los serenos, pero varios jóvenes fueron rechazados por esta absurda razón. Dicen que es porque los tatuajes son signo de gente maleada. ¿Han eschado una justificación más cojuda que ésa?
Como necesitaba reforzar la seguridad de mi negocio, tuve que convocar gente con preparación militar para que formen parte del cuerpo de vigilantes.
Como es de suponer, pedí papapeles, incluyendo autorización para manejar armas y los certificados de antecedentes.
Tras mucho pensar y conversar con los potenciales candidatos, me quedé con dos chicos. Uno vive en una urbanización y el otro en un barrio cerca del centro de la ciudad; uno estudia, y el otro trabajaba en una mototaxi; uno tiene 21 años, y el otro tiene 25. Lo que ambos tienen en común es que se mantienen en buena forma. Incluso hice arreglos para que los tres entrenáramos en el mismo gym, entonces, todo nos sale por precio de oferta.
Me enteré también que ambos habbían postulado Al Serenazgo por casualidad.
Un día convoqué al mayor de ellos, durante su día de descanso, para que  regularizara unos papeles.
- Me preguntaron si tenía tatuajes. Justo ese día fui con un polo de mangas cortas, y se veía la pata de la pantera que tengo en el brazo izquierdo.
- ¿Y qué pasó?
- Me hicieron arremangarme el polo, vieron el tatuaje, y me dijeron que me iban a llamar... hasta ahora lo hacen.
- ¿Y por qué te lo hiciste?
- Porque lo vi a un pata en una revista, me vaciló, y, como tengo un amigo que sabe hacer tatuajes, le pedí que me lo dibujara.
- ¿Hace cuánto tiempo?
- Cinco, seis años, los mismos que llevo haciendo fierros.
Justo ese día, él fue con camisa, y le pedí que me mostrara el diseño. Como temía que se le arrugara la prenda, me dijo si se la podía sacar, y le dije que no había problema. Se quedó con el torso desnudo, y en su voluminoso brazo estaba el felino sobre una especie de pisito con hierba, un trabajo meticuloso y bien hecho, a pesar que sólo se trata de trazos lineales.
- Me gustaría hacerme una cadena en el otro brazo, y una culebra enroscada en mi muslo.
Comencé a calentarme. Por alguna inexplicable razón, sentía atracción por ese tipo de arte, sí, arte, porque el nivel del trabajo refleja eso, además de su bien cuidado cuerpo.
- ¿Y ya has pensado en el diseño?
- Sí. ¿Tiene un lapicero?
- ¿Para qué?
- Para mostrarle los diseños que he pensado.
Le dí uno negro, y comnzó a dibujarse la cadena en su brazo derecho, decorada con una especie de hojas. Cuando vi el trazo, descubrí que el dibujo era su otro talento.
Él se entusiasmó explicándome el significado y el tipo de técnica que usan.
- ¿Y en tu muslo?
- Pero... tendría que sacarme el pantalón.
- No hay problema.
Fui y puse seguro a la puerta de mi oficina, y le dije que podía proceder.
Se quitó la prenda, y debajo sólo tenía un pequeño calzoncillo, con unas tiras bien delgadas, que le dejaban media nalga descuubierta, la que, por cierto, es grande. Sus piernas también lo son, y no tienen tanto vello.
Comenzó a practicarse el diseño, siempre explicándome técnicas y significados. Yo casi no presté atención a ello, sino a sus volúmenes corporales, y a su pene que se marcaba debajo de su ropa interior, dando la impresión de que estaba erecto, pues abultaba uno de los costados de la prenda, justo encima de sus bolas.
- ¿Le gusta?
- Está de la puta madre.
- Me refiero al dibujo.
- Claro, pues. ¿De qué cosa estamos hablando?
- Es que... a veces los ojos se van por otro lado.
- Sí, a veces.
Sin decir más nada, se quitó la prenda, y su miembro semi-erecto saltó. se acercó a mí, y me tomó por los brazos.
Mientras me tenía sentado sobre el escritorio de la oficina, comenzó a besarme, y a quitarme mi polo, mi jean, mis boxers. Juntamos nuestros sexos, y él comenzó a moverse, mientras me acariciaba las piernas, tratando de levantarlas. Logró acostarme sobre mi pupitres, me alzó las piernas y comenzó a hacerme el beso negro. Me sentía en las nubes.
Sin perder tiempo, sentí luego su pinga de 15 cm entrando en mi ano. Comencé a masturbarme. Él se movía procurando no hacer mucha bulla.
A los diez minutos, sentí que su miembro palpitaba, pero yo seguía sin eyacular, ya que demoro harto.
Botó el condón en mi baño privado, se vistió y se despidió.
- Gracias, jefe, por darme la oportunidad, y por este rato.
- De nada. Ojalá te sientas a gusto trabajando aquí.
- De hecho... y si la repetimos otro día, mucho más.
- De lo que se perdieron en la municipalidad.
se sonrió y se fue.
Yo no pude trabajar tranquilo toda esa tarde, y en vez de hacer mis cuadros y revisar las finanzas de la empresa, aproveché la Internet para ver páginas de patas, a la vez que me preguntaba si había sido muy evidente, al punto que hubiera pasado ese episodio.
De todos modos, intenté ponerme al día, y acabé como a las seis y media de la tarde.
Cuando salía, el chico de 21 años le estaba entragando el turno a otro vigilante que tengo de años. Este chibolo es súper-hábil e inteligente para su edad.
Me saludaron.
- ¿Ya de salida, jefe?
- Sí. Ya me voy.
- ¿Para dónde vas?
Me señaló la dirección.
- Estotoy en tu ruta. ¿Te jjalo?
- Ya, jefe, Gracias.
En el camino, fuimos conversando y también me contó la historia de cómo postuló al Serenazgo, y fue rechazado por tener un tatuaje.
- Pero yo nunca te vi tatuajes.
- es que... lo tengo en un sitio que normalmente está cubierto.
- ¿Y cómo se dieron cuenta?
- a la hora del examen médico. ahí uno se calatea, pe.
- ¿Lo tendrás en los genitales?
- No. En las dos caderas.
- Ah, pero ¿quién se va a dar cuenta de eso?
- Pero así es esa gente, pe.
Llegamos a mi casa.
- Hoy vi la pantera de tu compañero y me dijo que quiere hacerce una cadena en el otro brazo, y una serpiente en su muslo.
- Sería de la puta ma're... pero, ¿usted no dice nada?
- No. Porque eso nada tiene que ver con su rendimiento. Para mi, es arte.
- Puta, jefe. Usted sí que es un tipazo.
- Colecciono arte, cuando puedo.
- ¿Donde lo colecciona?
- en mi depa.
- a mi me gusta el arte. quise estudiar Dibujo y Pintura, pero mi viejo dijo que me moriría de hambre, pero tampoco tuvo plata para mandarme a estudiar otra cosa.
- Con que te gusta el arte, ¿no?
- Sí. ¿Por qué?
Lo invité a entrar a mi depa, y a que vea algunas pinturas medio abstractas, y otros desnudos masculinos que tengo en mi sala. Puedo darme esos lujos, porque vivo solo.
Mi empleado se quedó extasiado viendo cada obra, cada trazo. ¡Mierda!, decía yo. ¿Cómo carajo estos chicos son sensibles a estas cosas, y la porqueríaque tenemos de funcionarios no? Bueno, en lo que sí son capos es en el arte de ociosear y coimear.
- ¿Y tus tatuajes son de ese estilo?
- No. son diseños étnicos.
- ¿Puedo verlos?
- Bueno, sí, jefe, pero... me tendría que quitar la ropa, y no lo quiero incomodar.
- Normal.
Preparé dos vasos de vodka con jugo de naranja, y cuando se lo alcancé estaba en boxer aún. Parte del trazo aparecía en una de las mangas.
- ¿Y el resto del dibujo?
Tomó un sorbo de su trago, y tímidamente, se bajó su ropa interior.
Entonces, lo pude contemplar. Era un intrincado dibujo de curvas y más curvas pintado de negro, que comenzaba en su cintura, bajaba por su cadera, y terminaba  a medio muslo. El diseño, a la altura de su cintura, invadía algo del glúteo.
- ¿Cuando te lo hiciste?
- El año pasado. Un pata que vino de Lima me lo hizo. La vaina es que tuve que esperar el último turno, usted sabe, el roche.
- ¿Y cuánto te costó?
Tomó otro sorbo.
- Nada.
- ¿Lo hizo por nada?
- Bueno, jefe. Yo creo que usted es mente abierta. a juzgar por ese cuadro de desnudo frontal que está allí.
- sí. Normal. Es de un chico de Bellas Artes.
-Yo conocí al pata en una fiesta, tomamos, y luego así picados, nos fuimos a un telo, y... pasó lo que tenía que pasar.
- ¿Tuvieron sexo?
- Ajá. Y luego, cuando acabamos, me dijo que me quedaría bien este tatuaje. Acepté, y listo.
- Entiendo.
- ¿Y usted quiere hacerse algún tatuaje?
- Me gustaría, pero no sé cuál ni dónde.
- ¿Le puedo sugerir?
- ¡Claro!
- Pero... ¿se quitaría la ropa?
Lo miré fijamente, me sonreí.
Me desnudé.
Con su dedo, fue dibujando opciones en diferentes partes de mi cuerpo, tanto por delante, como por detrás.
Preparé un segundo vaso de vodka.
sentados en mi sofá, desnudos, seguimos conversando.
Al tercer vaso, él estaba acostado sobre mi, acariciándome, y besándome.
Fue bajando con su boca, hasta hacerme sexo oral. También me hizo el beso negro. Entonces, regresó con su boca hasta mi cuello, y luego se sentó, poniendo su trasero, encima de mi pene erecto.
Le agarré las caderas, justo sobre sus tatuajes.
Minutos después, mi pene estaba dentro de su ano, y el brincando sobre mis 17 cm de carne, que esa tarde ya habían sido estimulados, sin querer, por su otro compañero.
Su pene, similar al mío, también estaba erecto, golpeando mi abdomen a medida que brincaba.
Nos acariciamos mutuamente el pecho, los brazos, las caderas, las bolas, lo masturbé un rato, raspándome levemente con su vello púbico afeitado.
Entonces, ráfagas de su semen cayeron sobre mi pecho y abdomen, mientras su ano se contraía, lo que provocó que también me viniera.
Descansamos como media hora, mientras disfrutamos un cuarto vaso con vodka, en la cocina. Entonces, hizo que me inclinara sobre la mesa allí presente, y me la metió.
Casi eran las nueve, cuando salimos de la ducha, y nos despedimos.

CONCLUSIÓN
Las consecuencias de juzgar a la gente por su apariencia son nefastas. Si me hubiera dejado llevar por los tatuajes, no tendría esos dos empleados tan buenos, como el resto de mi personal; además, no habría disfrutado de un sexo chérvere, informal, y placentero.
Creo que me haré un tatuaje también, pero aún no sé dónde.
A lo mejor convoco a los dos, me quitaré la ropa frente a ellos, y les pediré opiniones.
¿Y ustedes que me sugieren?

©2012 Hunks of Piura Entertainment. siempre practica sexo seguro. Cuéntanos tus relatos con policías, serenos o vigilantes: hunks.piura@gmail.com