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sábado, 12 de agosto de 2023

Un café al desnudo con Elías Velasco

¿qué hay detrás del nuevo encueramiento del conductor de Café & Conversa?

 








Elías Velasco
(nacido en Lima el 21 de noviembre de 1974, donde reside) estaba encerrado en el baño vestido únicamente con un sacón verde. Respiró profundo. Debió pensar que ésta era la cuarta vez en su vida que lo hacía. “Voy a interpretar a un personaje”, se repitió. Logró tranquilizarse, abrió la puerta, salió hacia la sala, se despojó de la prenda. Estaba completamente desnudo.

 

Afuera lo esperaban dos miembros de su equipo de producción, el artista plástico Miguel Rosas y sus tres aprendices. Todo el mundo entendió que estaba listo. elías se sentó como el pintor le pidió y posó como Dios –aunque no crea en Él—lo trajo a este mundo.

 

“Me sentí nervioso, un poco ansioso, muy observado en general”, cuenta el creador, director y conductor de su show en YouTube, el amenísimo e inspirador Café & Conversa, un espacio donde Elías se sienta a charlar en profundidad con invitados muy diversos.

 

Para el episodio dedicado a Miguel Rosas, su productor sugirió que no solo converse ante cámara o que muestre parte del desnudo masculino que el artista plástico pinta. Pidió a Elías que sea uno de los modelos: “Me pareció una idea bastante arriesgada, polémica, pero muy artística”.

 

No podía echarse para atrás porque cree que si un periodista tiene que narrar bien una crónica, en cierto modo debe convertirse en parte de ella. O sea, si tenía que hablar de hombres pintados completamente desnudos, pues… tenía que ser uno de ellos. Para evadir la censura de YouTube, que prohíbe mostrar explícitamente la pinga, las bolas o todo el culo, su producción eligió ángulos que no mostraran nada más que sus hermosos torso y piernas.

 

Hoy, por primera vez, Elías Velasco cuenta en exclusiva para Hunks of Piura esos detalles y secretos que ni siquiera confesó en aquel comentado episodio.

 







Grandes músculos, pequeño autoestima

En 1993, Elías era otro chico limeño flaco que se sentía demasiado pequeño psicológicamente hablando. Acababa de salir de una relación que de tóxica pasó a violenta. Su pareja se emborrachaba, se desaparecía del mapa; y cuando reaparecía, lo que debía ser un reencuentro romántico se volvió discusiones cada vez más crispadas. Entonces, llegaron los golpes. En algún momento, Elías fue violado sexualmente por ese chico totalmente drogado.

 

“Tener sexo forzado con una persona es violación”, afirma hoy. “Eso me deprimió mucho. Me encerré. Estaba muy delgado”, recuerda.

 

Recapacitó  cuando pidió trabajo en una galería de ropa. el dueño era un miembro de la comunidad LGTBIQ+: “¿cómo un feo va a vender ropa bonita?”, le encaró.

 

Cierta tarde, un amigo pidió que lo acompañara a ver un partido de básquet en el colegio Guadalupe, en el centro de Lima, y cuando menos se dio cuenta, estaba metido en el gimnasio: “en un año cambió mi cuerpo, comencé a arreglarme más”. Su musculatura causó furor e inquietud, lo que Elías usó para cobrarse revancha: “si me maltrataron, yo tenía que maltratar”.

 

Echó para adelante, y en 2004 comenzó a estudiar los secretos de esos físicos que despiertan nuestros deseos prohibidos. Para entonces, estaba en una segunda relación. “Mi pareja me pagó el curso”.

 

En 2007, Elías salió al público vistiendo una tanga bajo la que ya destacaba un hermoso culo y un delicioso paquete. Llegó al Mister Perú y se codeó con las mayores figuras del fisicoculturismo y el fitness; de hecho, obtuvo el tercer lugar en la categoría de culturismo clásico. Previamente, había quedado en segundo lugar en el Mister Lima en la misma categoría, y había ganado el Mister Verano. Tenía 33 años.

 

El problema fue que esa hermosa figura necesitaba que consuma anabólicos. Una enfermedad en sus huesos se activó y lo postró en cama. “Bajé hasta los 49 kilos.”. Como referencia, Elías mide metro 68, así que su peso ideal tenía que estar entre 67 y 70 kilos. “Traté de suicidarme, pero algo impidió que me lanzara al vacío… ¿qué fue? Ni yo mismo lo tengo claro”.

 

Los siguientes doce meses fueron de tratamiento psiquiátrico intensivo. El deseo de matarse fue desapareciendo poco a poco, pero su propio concepto seguía muy devaluado: “Yo me sentía una persona pobre en todos los aspectos”.

 






Las mejores nalgas

Antes del desnudo integral que hizo para su programa, Elías Velasco ya se había quitado toda la ropa en tres ocasiones: en 2008 para una campaña orientada a escorts de Panamá y para el Ministerio de Salud (Minsa); en 2011, nuevamente para el Minsa esta vez en alianza con el Movimiento de Homosexuales y Lesbianas, dentro de una campaña que se llamó Úsame; en 2012 para un fotógrafo francés, que las publicó en una revista para chicos;.

 

La segunda sesión fue especial porque se trató de despertar conciencia sobre el uso del condón y porque Elías compartió el set con otros dos modelos de hermosos cuerpos con quienes simuló poses sexuales pero cubierto por látex de pies a cabeza. Pudo lidiar con el hecho de posar solo, pero hacerlo con otros dos modelos lo intimidó: “Sentí un poco de pudor y nervios”, cuenta.

 

El fotógrafo tuvo tino para romper el hielo, y la sesión se hizo, aunque duró siete horas. Una de las estrategias fue alabando el culo de Elías: “Son las mejores nalgas que he visto”, le dijo, y se lo explicó: estaban bien trabajadas y lucían bien masculinas. Tratamos de vérselas nuevamente, y las tiene riquísimas, aunque de inmediato nos pide orden: “Me gusta  cómo han quedado mis nalgas, pero más me gustan mis ojos… como que hablan mirando.”

 

La campaña Úsame fue un éxito en todo el Perú, aunque a la mamá de Elías no le hizo gracia que el cuerpo desnudo de su hijo se exhibiera en bares y discos de ambiente: “Lo hice porque había un tema de fondo.”.

 

Tener un hermoso cuerpo también lo hizo atractivo para el negocio de los escorts. Ocurrió en 2007. No aceptó. También le propusieron actuar teniendo sexo con otros culturistas peruanos y extranjeros pagándole de 1000 a 1500 dólares por sesión. Volvió a negarse.

 

“No lo acepté porque no lo consideraba estratégico”, explica. Un árbitro argentino era el reclutador de los modelos. Poco después, el escándalo de los culturistas peruanos calatos estalló con fuerza por los medios.

 






Primero, belleza interior

Tener un hermoso cuerpo es ahora un estilo de vida para Elías, pero el físico no es lo primero en que se enfoca. El primer entrenamiento es mental: “como vas a estar por dentro, vas a estar por fuera”. El comunicador se reconoce como un paciente que ha tratado su depresión y su ansiedad. Su búsqueda mental ha entendido que la raíz del problema comenzó desde el mismo momento cuando fue concebido.

 

¿Pareja? No. Ya aprendió que es mejor tomarse el tiempo necesario para elegir mejor; más bien, está enamorado de sí mismo. “Me está resultando enfocarme en cosas concretas y no rodearme de personas que no me aportan nada”, afirma. Su consigna es la empatía o ponerse en los zapatos del otro. Así puede tomar mejores decisiones. “Me siento libre, cicatrizado”, sonríe.

 

Elías asegura que el mejor regalo que te puedes hacer es cambiar porque es tu propia postura, no porque te lo dice la gente: “Mi vida no se maneja por una aceptación colectiva sino por una aceptación interna”.

 

¿Y su pasado? “No puedo renegar de las experiencias de mi vida porque me permiten estar más cuajado”. Y parte de ese crecimiento ha sido crear Café & Conversa. “El programa ha salido más por un tema catártico, debido a una segunda ruptura amorosa”, revela.

 






Y la erección comenzó

Como parte de esa nueva aventura, llegamos a la mañana cuando Elías posó completamente desnudo frente a Miguel Rosas. Tras liberarse del sacón, el siguiente reto fue mantenerse quieto. Y si Elías tiene un pequeñito problema es que suele moverse mucho.

 

Estuvo sentado por tres horas: “Tuve calambres en nalgas, pantorrillas y pies”. Eso le activó la ansiedad y los nervios… y ambas le activaron su pene de 17 centímetros de largo. “Miguel, creo que esa parte se quiere levantar un poco”, le dijo al artista plástico. “eso es normal”, le respondió Rosas con naturalidad. Dicho eso, su verga se volvió a dormir.

 

Lucir su metro 68 y sus actuales 72 kilos requirió alguna preparación corporal: se recortó un poco los vellos del pubis y las piernas. Para sus dos primeros desnudos, sí se depiló completo.

 

Cuando terminó de posar y vio su cuerpo desnudo pintado en el lienzo, quedó muy satisfecho. “Me impresionó el color que le plasmó… Me sentí muy cuidado y protegido por Miguel… Me sentí muy pleno.

 

Elías cree ser una persona bastante normal. “No me considero guapo”, pero “yo me siento atractivo”. A pesar del desnudo y de su físico, tampoco se siente un símbolo sexual. “Me considero una persona en pleno proceso de crecimiento, que busca la belleza interna,” afirma. Eso no lo desenfoca de su físico, del que, dice, no cambiaría nada a estas alturas de su vida.

 

“El cuadro que me hizo Miguel es una piel que expresa colores a través del lienzo, que ha sabido posicionar lo que más me gusta de mí, que son mis ojos”. El cómo lo tome la gente, para bien, para mal, o para fantasear sexualmente lo tiene sin cuidado.

 

Elías piensa que la sesión que hizo para Miguel Rosas ha beneficiado su trabajo como comunicador; de hecho, cree que el cuerpo “es un templo o un lienzo que habla”. “Si me proponen un desnudo y siento que va a aportar a mi vida profesional, sí lo aceptaría”, asegura.

 

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sábado, 26 de noviembre de 2022

ASS (54): Puertas abiertas

Santos tiene una especie de revelación respecto a su homosexualidad.



Esa tarde de martes, en la casa parroquial de San Sebastián, Santos termina de ducharse. Tras secar su velludo y bien esculpido cuerpo, se anuda la toalla a la cintura. Al salir y andar a pie seguro por el pasillo, encuentra la puerta del dormitorio del Padre Alberto abierta.

De reojo mira al cura: está desnudo, de espaldas. Santos traga saliva al ver en esa fracción de segundos, un cuerpo finamente entrenado: ancha espalda, cintura estrecha, culo grande y redondo, gruesas y bien definidas piernas. Es obvio que va al AS, piensa. Prefiere seguir avanzando hasta su habitación.

“¿Santos?”

El aludido se detiene y gira. Nuevamente la toalla está a punto de deslizarse hacia el suelo, acariciando su cuerpo blanco lleno de vellos rubios.

“¿Sí, Padre?”

“¿Qué pasó con David?”

“Ah… dijo que había de resolver un tema en el refugio de migrantes, que iba a tomarle tiempo, y que apenas terminara, venía para acá”.

“Perfecto. avanzaremos sin él, entonces”.

“Como diga, Padre”.

Santos tiene muchas preguntas y temores en su cabeza, especialmente tras lo que le había pasado la noche anterior en el gimnasio, luego que Alejo le mostrara aquella foto de él desnudo, una imagen que él pensaba se había perdido en algún lugar de la red.

Pero también tiene curiosidad por lo que acaba de ver en esa puerta, aunque conscientemente se lo esté negando. Retrocede sus pasos hacia ella. Adentro, Alberto sigue desnudo: imposible ignorar esa ancha espalda, esos gruesos brazos, ese redondo culo, esas poderosas piernas. El sacerdote extiende su ropa sobre su cama, y cuando se inclina, los vellitos que rodean su ano, asoman entre sus dos nalgas.

“Padre, disculpe”, reacciona santos antes de que su polla comience a engordar y alargarse.

“Dime”, sonríe Alberto, tomándoselo todo como la cosa más natural del mundo.

“¿Usted… usted también va al AS, cierto?”

Alberto se extraña por la pregunta, pero se lo toma como si nada:

“Sí, Santos, a primer hora de la mañana, antes de la primer misa, ¿por qué?”

“No… por nada… gilipolleces mías”.

Alberto sonríe, toma una toalla. Ahora Santos puede contemplar sus pectorales bien esculpidos, su abdomen de tabla de lavar, su vello púbico evidentemente recortado, su verga aún dormida descansando sobre ese par de generosas bolas.

Le dijeron que solazarse de esa forma es pecado; pero, si la otra persona muestra su cuerpo desnudo como si se tratara de algo totalmente normal, ¿dónde está el pecado: en quien lo muestra o quien lo mira?

“¿y cómo te fue con Alejo anoche?”

“¿Anoche?”,reacciona Santos.

“Claro. ¿qué tal la rutina?”

“Ah… me dejó hacer la que ya llevo hace meses”.

“Tienes bonito cuerpo”, le califica Alberto, sonriendo.

“eh, gracias. Solo una pregunta, Padre… ¿Cuánto usted confía en Alejo?”

Alberto se extraña por la cuestión:

“¿Por qué? ¿Acaso hizo algo que…?”

“No, Padre”, se apresura Santos. “Es solo… solo que me… gustaría conocerle más”.

Justo en ese momento, sin que medie acción alguna… la toalla que cubre a santos cae al suelo. Sus mejillas enrojecen casi de inmediato.  Otra vez el novicio queda completamente desnudo enfrente de Alberto, quien nota un detalle adicional: el pene del chico está tterminándose de poner erecto. Santos nota que le están mirando el miembro y se pone más rojo aún, ya sudando frío.

Alberto controla la situación con una sonrisa:

“Alejo, Miguel… son mis chavos de confianza. No tengas miedo: también hazlos tus chavos de confianza”.

Santos guarda silencio, y mas bien mira sin tanto remilgo hacia la entrepierna de su superior: el pene de Alberto también comienza a ponerse erecto.

“es obvio, Padre, que debo comenzar confiando por usted”, concluye Santos.

“Absolutamente”, confirma Alberto.

“Buscaré el momento, Padre, porque tengo una larga historia que contaros”.

Alberto sonríe mientras muestra sin complejo alguno su pene totalmente erecto y con el líquido preseminal comenzando a gotear desde su cabecita rosada. El de Santos también está erecto y palpitando.

Alberto , entonces, hace algo arriesgado. Se aproxima ante Santos, lo atrae del dintel de la puerta hacia el interior de su dormitorio y lo abraza así desnudo, juntando su verga a la polla del muchacho, ambas duras. Para Santos, el gesto lo libera, y a la vez le gusta.

No es un sueño ni una fantasía; está pasando en ese mismo instante.

“Cuando desees platicamos, Santos… ahora vístete que tenemos una misa por celebrar”.

Santos siente que la humedad del precum comienza a mojarle la punta de su pene.

“Claro, Padre”, le responde.

Unos quince minutos después, Santos entra por la puerta de servicio al AS y toca la puerta del dormitorio. Mientras espera que le respondan, se abre la puerta del baño. Marcano aparece totalmente desnudo terminando de secarse el cuerpo.

“Buenas tardes”, saluda el venezolano.

“Buenas… buenas tardes”, balbucea el español, sorprendido de ver ese otro monumento de carne masculina.

Es cuando le abren la puerta del dormitorio. Es Miguel. También está desnudo. ¿Qué mierda está pasando en este lugar donde los chicos parecen emular al paraíso terrenal pero solo compuesto por las mitades masculinas?

“Me cambio al toque y voy para allá”, le avisa el otro muchacho.

“Perdona, ¿puedo hablaros un segundo?”, pide Santos.

“Claro”.

Miguel hace pasar a Santos y cierra la puerta mientras busca ropa limpia para ponerse encima.

“Es sobre la foto de anoche… ¿se la habéis mostrado a alguien más?”

Miguel se detiene en su búsqueda y mira a Santos con una sonrisa.

“¿Estás loco? No, para nada. Eso solo lo sabemos Alejo, tú y yo”.

“O sea… ¿eso está seguro entre nosotros?”

“Por supuesto, Santos. Puedes confiar al ciento por ciento en nosotros”.

“¿y también en el Padre Alberto?”

Miguel se extraña por la inquietud, pero tiene una respuesta inmediata:

“También en el Padre: es nuestro mayor aliado”.

Como resorte, Santos se aproxima a Miguel, quien sigue desnudo, y lo abraza fuerte.

“Necesito confiar en vosotros”, le dice.

Miguel le corresponde el abrazo y comienza a acariciarle la recia espalda de arriba abajo.

“Confía”, le replica.

Ahora la  mano de Miguel comienza a palmear una de las nalgas duras de Santos. El novicio parece estar cómodo con la caricia.

 

y para terminar, te dejamos con un video porno gay.


domingo, 19 de junio de 2022

ASS (33): Un trío gay matutino puede cambiarlo todo

El culo de Flavio tiene poder, incluso poder político.

 


A las 6 de la mañana, Flavio ssale del edificio donde vive, vistiendo una malla de una sola pieza azul eléctrica, que se sujeta a sus bien formados trapecios y ssolo le tapan las tres cuartas partes del muslo. El resto de su anatomía, aunque esté cubierta por la tela alicrada, no deja nada a la imaginación, en especial sus pectorales, su espalda, su cintura delgadísima y plana, su enorme culo, su paquete, sus bien formadas piernas.

La poca gente que está despierta y en la calle a esa hora del sábado se lo queda mirando. A Flavio le llega a la punta del huevo. Sabe de más que Piura es una ciudad hipócritamente conservadora, que se escandaliza en público pero goza todo el kamasutra en privado. Aún así, la ruta del muchacho es discreta, recorriendo Miraflores, escuchando los trinos de las aves, los ruidos de la ciudad, buscando calentarse en el aire frío del amanecer.

Dobla a la avenida que va a dar al Cuarto Puente y trota sostenido y firme, tan firme que sus grandes nalgas e hinchadas piernas vibran a cada impacto de su pie con el concreto. Al pasar por la segunda cuadra, de una mototaxi que se estaciona baja Eliezer junto a otra persona alta como él pero menos fornida. Ambos se quedan viendo al atleta alejarse.

“Un culazo justo como me lo recomendó el doctor”, dice en voz baja.

“Y culazo pituco por lo visto”.

Ambos ingresan a una casa a mitad de esa cuadra.

“Tremendo susto el que me diste en el bus con ese maricón”.

“Eres bien huevón: ¿a quién se le ocurre dejarse mamar la pinga sabiendo que te pueden ver?”

“Ya empezó el capitán… ¿ya se te olvidó cuando metíamos huevo?”

“Pero nosotros cachábamos caleta, eli; más bien, dime cómo puedo ayudarte”.

“Cáchate de nuevo a Pelu, y a cambio te prometo más ganancias que putas pérdidas”.

“No me digas que el culo de Pelu sigue en servicio activo”.

“Sí, solo que ahora se come pingas de alto rango…”

El otro hombre mira fijamente a Eliezer:

“Acepto siempre que no me metas el dedo al culo… y que mi hijo sea parte de los beneficiados”.

“Nada de eso, capi… será mejor que cachar con los calichines del FC”.

Veinte minutos después, ambos salen de la casa y caminan en dirección al Cuarto Puente.

“Gracias, capi, y lo otro ya sabes que se arregla metiéndole verga”.

“Si lo haces, hasta les doy el culo a ti y a Pelu”.

Llegan a un cafetín pero lo hayan cerrado.

“Hijo de puta… tendremos que ir por la irazola. Conozco otro lugar”.

Al doblar la esquina casi chocan con Flavio quien viene trotando en sentido contrario. Los tres se asustan primero, se maravillan luego.

“Perdonen, no los vi llegar”, se excusa el muchacho.

“Descuida… fue mi culo, digo, mi culpa”.

Flavio sonríe ante el lapsus linguae, y nota que el otro hombre le mira fijamente las caderas y las piernas. En diez minutos, los tres ingresan al minidepartamento del joven. Eliezer y su acompañante agradecen y se sientan.

“Ya decía de dónde tu cara y tu cuerpo me eran familiares”, comenta el primero.

“¿Cara, cuerpo y culo?”, ssonríe Flavio mientras pone una sartén en la cocina y enciende la cafetera. “Hay huevos en la refri, y tengo tostadas en la alacena; sírvanse mientras me ducho”.

Flavio entra a su cuarto, se sienta en la cama y se saca las zapatillas y las medias, las que lanza con precisión al cesto de ropa sucia. Se pone de pie y se saca la malla de licra; queda completamente desnudo. De pronto nota que alguien también desnudo entra por la puerta, la que deliberadamente dejó abierta.

“No te entendí a qué huevos te referías”, sonríe Eliezer. “¿A lo mejor éstos?”, pregunta fingiendo inocencia y sacudiéndose los testículos.

“Sí, tus enormes huevos”, sonríe Flavio muy seductor. “Apuesto que son más nutritivos”.

En ese momento, el otro hombre entra completamente desnudo también. En un par de minutos, los dos invitados están apiñados con el anfitrión en su ducha untándole el jabón líquido. Recorren todo su cuerpo perfecto, en especial ese generoso culo. Flavio, aprovechándose flanqueado, agarra las pingas de ambos y las comienza a masturbar.

Una vez que ambos penes están duros, gira, se arrodilla sobre el piso de mayólica y los chupa alternadamente. Minutos después, los tres comparten la cama. Mientras Eliezer ofrece su pija para que se la chupe Flavio, el otro hombre le clava sus 18 centímetros por ese ano suave y cálido. Hay gemidos, hay jadeos, hay arrechura.

Luego Eliezer mete su pinga a Flavio mientras éste se la chupa al otro hombre. Aquí la cosa se ha puesto un poco más complicada para el pasivo porque el grosor de ese pene largo y moreno desafía la elasticidad de cualquier recto, incluso del experimentado mancebo. El otro hombre no aguanta mas y dispara todo su semen en la boca del atleta matutino. Tras suspirar, se echa en uno de los lados de la cama.

Los siguientes veinte minutos serán solo de Eliezer y Flavio. El primero acostado boca arriba, el segundo cabalgándolo sin descanso. Incluso Eliezer se anima a tomar el pene de Flavio y comenzarlo a masturbar hasta conseguir que crezca a sus 15 centímetros, el glande más hinchado que el resto del tronco; los testículos golpeando el vello púbico.

Luego Eliezer se sienta en el filo de la cama y Flavio se sienta sobre él. Con la enorme pija dentro de su culo, continúa cabalgando. La plasticidad de este pasivo es sorprendente, piensa el activo. Finalmente, Flavio da una última mamada profunda al órgano sexual de Eliezer y le extrae todo el semen, una gran cantidad dicho sea de paso, y se la traga. Los dos se acuestan junto al primer hombre, de tal manera que el anfitrión queda al medio.

“Leche de negro y leche de cholo”, celebra Eliezer.

“el que no tiene de inga, tiene de mandinga, y sabe disfrutar una buena pinga… o un buen par de pingas”, ríe Flavio.

“¿Y como cuánntas te habrás comido?”, le consulta el otro hombre.

“No muchas como parece, pero las que me comí pagaron bien y quedaron muy satisfechas”.

“Ah… eres… cómo decir…”

“Escort, modelo de desnudo artístico, desnudo pornográfico, stripper, gogo, y ahora estoy grabando una película porno”.

Eliezer reacciona: “O sea que este trío…”

“Tranquilo, moreno. Esto es cortesía de la casa; es más: yo estoy dispuesto a cachar contigo todas las veces que quieras… y con tu amigo también”.

“¿Por nada?”, se serena Eliezer.

“Al contrario. Si haces que tu jefe no se meta con mis negocios… yo te prometo que todos ustedes llegan a la regional… y tendrán rico sexo gay”.

Casi a un cuarto para las 9 de la mañana, Eliezer y su acompañante salen del edificio.

“Eli, prácticamente le has dado el culo a ese chibolo”.

“Tranquilo, capi: ni le di el culo ni me dio su pinga… todo está bajo control”.

“Ya te dije, eliezer: no me metas en líos y garantiza lo de mi hijo”.

“Lo de tu hijo es un hecho; por lo demás, ¿cuándo te he cagado la vida, querido Julio?”

            Para finalizar,mira un video porno gay aquí. 

jueves, 26 de septiembre de 2013

Cuaderno de Obra (34)

Creado por N-azz. Escrito por Hunk01 y N-Azz.

 

Casi a la una de la mañana, Renzo llega al departamento que comparte con Gustavo.

-          ¿Dónde estabas? Me tenías preocupado. Dejaste tu celular.

-          Renzo se asusta. Al fin puede tomar una bocanada de aire.

-           Perdóname. Se me fue el tiempo.

-           No pude dormir pensando en lo que decidirías.

-           No hay nada que decidir. Voy a seguir contigo. Cuando comenzamos decidimos ser incondicionales. Lo seguiremos siendo.

-          Gustavo, quien sólo viste una bata de dormir, se pone de pie, se acerca a Renzo, lo abraza y lo besa cálida y tiernamente en la boca. Entre caricia y caricia, logra desatarse el nudo de la bata y deja que caiga al suelo: se queda completamente desnudo.

-           Te amo, Renzo.

-          Minutos después, los dos, desnudos se acuestan sobre la cama. En realidad, Gustavo lo hace sobre Renzo. Al contacto de ambas pieles, sus penes ya están erectos.

-          Se revuelcan suavemente, se acarician toda parte del cuerpo que tienen a su alcance, se siguen besando e intercambiando saliva.

-          Gustavo mueve sus caderas, frotando su miembro duro contra el de su pareja. La velocidad se incrementa. Los jadeos de ambos se hacen más intensos. Entonces, ambos sienten cómo una cálida y pegajosa humedad se apodera de sus pelvis y bajos vientres.

-           Te viniste.

-           No podía resistirlo más.

-          Ambos se besan, se duchan juntos.

-          Cansados, se acuestan desnudos y se abrigan bien. Lo que resta de la madrugada, Renzo duerme sobre el pecho de Gustavo.

 

Apenas amanece, Eduardo recibe una visita inusual en su apartamento.

-          Pasa, Vinicio.

-          Ambos se sientan.

-           ¿Cómo es eso de que están metiendo las narices en el negocio, Jáuregui?

-           Nada. El imbécil del guardián que pusiste de noche no tuvo cuidado de hacer un doble registro del material, y el kárdex real llegó a manos del residente.

-           El culoncito limeñito. Es un sobrado de mierda. Típico burguesito.

-           Ya déjate de esas huevadas socialistas. Aquí no hay socialismo de mierda que valga. Vamos a cambiar la estrategia de trabajo, pero quiero ponerme de acuerdo contigo antes. Por eso te mandé llamar.

-           Bueno, despide al residente.

-           Ni cagando. Eso nos va a poner la lupa encima. Mas bien pasó algo mejor: se quedó sin asistente.

-          Eduardo guiña un ojjo a Vinicio.

 

En casa de Juan, el día comienza en silencio. Cuando regresa de bañarse y se alista para ir a la obra –ha mudado toda su ropa al cuarto de Miguel-, su hijo lo mira mientras se viste.

-          ¿Y volviste a ver a ese chico?

-           Trabaja en mi cuadrilla. Pero no ha vuelto a pasar nada, si a eso te refieres.

-           ¿Y qué decidiste? ¿Heterosexual, bisexual, homosexual?

-           ¿Cómo?

-           ¿Cuál será tu… opción?

-           Miguel, mi opción es sacarme la mugre por tu mamá y por ti, y no hacerles daño. ¿De acuerdo?

 

en un hermoso bosque, lleno de trinos melodiosos, Renzo avanza completamente desnudo. Se complace con el frresco ambiente, hasta que una luz le llama la atención. Entre dos árboles la encuentra y sale hacia a ella. Para su sorpresa, lo que se extiende es un infinito y gris desierto bajo un cielo encapotado. Cuando voltea a refugiarse en el bosque, éste ya no está. El desierto lo rodea a donde quiera que mire.

Entonces, lo impensable: Renzo comienza a hundirse en la arena. Se desespera, busca de qué aferrarse. No halla nada.

Cuando está a punto de ser engullido por la tierra… despierta.

Está solo en su cama.

-          ¡Tavo! ¡Tavo!

-          Así desnudo, se levanta.

-           Amor, por fin.

-          Gustavo está en la cocina con un gracioso delantal haciendo desayuno. No viste nada más.

-           Me parece que cierto ingeniero se hizo tarde para trabajar.

-          Ambos sonríen. Gustabo se acerca a besar a Renzo.

-           Vamos a bañarnos. Hoy comienza una etapa distinta.

 

Pasa el domingo… llega otro lunes. El movimiento en la obra es frenético, a primera hora de la mañana.

La escuelita ya va tomando forma. Varios de sus muros ya están en pie, y una vez que esa estructura esté lista se comenzará el techado, quizás en un par de semanas más.

Cuerpos masculinos trigueños y morenos, de músculos marcados, se preparan para otra semana de esfuerzo.

Gustavo deja a Renzo en la puerta de la oficina en el salón comunal. A hurtadillas, lo despide con un beso en la boca, aunque con poco éxito. Algunos obreros se ganan con el pase, pero no joden al joven ingeniero, quien ha demostrado justicia y firmeza en el trato que les da, sin perderles el respeto y sin dejarse perder el respeto. Cosa rara, pues a diferencia de muchos de sus colegas, Renzo es el empleado más popular y querido de la obra.

Al entrar a su oficina, encuentra todo como lo dejó Tito. Suspira. Sonríe solo.

Antes de que la melancolía lo invada, prende su computadora y revisa los pendientes del día.

Entonces, Eduardo ingresa acompañado de un chico simpático, delgado, formado.

-          Inge, buenos días. ¿Listo para la semana?

-           Sí. Ahora comienza lo bueno, Eduardo. Ese techado me tiene ansioso.

-           Es por eso que te tengo a este tigre, que te ayudará a reducir tus niveles de ansiedad. Él será tu nuevo asistente.

-          El muchacho se acerca, y estrecha la mano de un extrañado Renzo.

-           Mucho gusto, ingeniero. Soy Lucas.

 

(CONTINUARÁ)

 

© 2013 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe a hunks.piura@gmail.com o comenta aquí.

 

 

A las tres de la tarde, en el terminal, Dante espera a Tito, pero no aparece. Tiene los dos pasajes a mano, con destino a Lima. Al fin, llaman por los altavoces para abordar. Nada con Tito. Dante sube al autobús asumiendo que tendrá que viajar solo.

El vehículo comienza a rodar. Dante prefiere cerrar la cortinilla. No vale la pena ver afuera. Pone música en su celular, se aísla mediante sus audífonos, cierra sus ojos.

El autobús se detiene, pues le tienen que abrir el portón del terminal. Entonces, Dante siente que alguien ocupa el asiento vacío del costado. Abre los ojos, incómodo.

-          Disculpa. Mamá me tenía loco dándome recomendaciones.

-          El compañero de viaje es Tito.

 

miércoles, 27 de marzo de 2013

SOT-2013-012: Pedro regresa

Escrito por SOT

 

9MAR2013

22:05

Recibimos órdenes de iniciar un operativo preventivo en las calles de Piura. Yo haré pareja con uno de mis colegas, a quien conozco porque solemos jugar pelota los fines de semana. Tiene unos 28 años, pero es de contextura normal, trigueño.

 

23:14

Llegamos a un hostal. Lo que buscamos es prevenir la práctica del meretricio con menores de edad, que es ilegal, así como verificar que las condiciones de salubridad sean las adecuadas.

Entramos de improviso. El dueño nos jura que allí todo está en orden, y me saca sus papeles.

Mi compañero ya ha subido a las habitaciones a verificarlas una por una.

Los papeles del dueño, efectivamente, parecen no tener problema. Cuando creo que la intervención ha finalizado allí, mi compañero me llama al celular. “Indocumentados”, me dice.

 

23:26

Subo al tercer piso. En una habitación, mi compañero tiene a dos varones desnudos. Logro ver al primero. Es un abogado que siempre encuentro en la corte, y con el que tuve una aventura hace unas semanas, cuando regresé a Piura, y que se los conté por aquí.

Entro al dormitorio para ver al otro… ¡es Pedro!

Pedro fue el muchacho que me sacó de la selva, allá en Cusco, quien viajó conmigo, y me llevó hasta Lima.

Cuando le menciono a mi compañero sobre la identidad del abogado, decide dejarlo ir.  El abogado se viste, me mira como agradeciendo y sale a toda prisa. Mas tarde, me enviará un mensaje dándome a entender que guarde el secreto.

Trato de abogar por Pedro, pero mi compañero se resiste: “Puedes conocerlo, huevón; pero si los jefes saben que no atrapamos a nadie, nos cagan”.

El muchacho está ahí, sin ropa, acostado sobre la cama, luciendo toda su musculatura bien trabajada, como si nada le importara.

 

10mar2013

00:06

Trasladamos a Pedro a la comisaría. Juzgo que no es el momento para hablar con él, porque puedo empeorar su situación. Sin embargo, consigo que no lo internen con los otros detenidos, sino en un espacio algo más cómodo, dentro de la incomodidad de la comisaría.

 

00:18

Por fin consigo hablar con Pedro.

“Como te dije, quería ir a Máncora. Pero el negocio está cayendo. Fin del verano”, me cuenta. Además me dice que estuvo buscándome por Piura durante una semana, pero que no dio conmigo, y, como se le estaba acabando la plata, comenzó a buscar clientes en discotecas. Así se pudo mantener.

“Yo tampoco tengo casa acá. Estoy viviendo en la Jefatura”, le digo.

“Incluso estoy tirando con el instructor de mi gimnasio, para que no me lo cobre”, me cuenta.

Salgo y le traigo una botella con agua. Me lo agradece.

Prometo verlo dentro de un rato, y le digo que se sienta seguro en esa habitación.

 

02:10

Luego de hacer el papeleo de la intervención, regreso a ver a Pedro. Miro a ambos costados, y abro la puerta con cuidado de no hacer ruido. Adentro escucho gemidos, y me digo a mí mismo que espero que Pedro no se esté masturbando allí dentro.

Cuando consigo abrir la puerta, me quedo sorprendido.

En el escritorio del fondo, Pedro está completamente desnudo, apoyado sobre este mueble. Detrás, mi compañero lo penetra, también completamente desnudo. Pedro mueve su trasero con destreza. En realidad, quien gime es mi compañero.

Cierro la puerta de inmediato, lo que llama la atención de ambos. Pedro se asusta un poco, pero mi compañero me mira, sonríe, y me hace una seña para que me acerque.

Sólo atino a coger una silla, ponerla a cierta distancia y a ver la escena.

Entonces Pedro se separa un poco de mi compañero, me da la espalda y se acuesta boca arriba sobre el escritorio, de tal modo que mi compañero lo vuelve a penetrar. Mi compañero no será musculoso, pero se maneja un pene grande. Quizás 20 cm.

Mi compañero agarra a Pedro de sus amplias y marcadas piernas y lo bombea con fuerza. El bombeo hace que las dos pieles chasqueen rítmicamente.

Por un momento, mi pene se pone rígido. Sólo me lo acaricio, pero no lo saco, como podría ser costumbre.

De pronto, mi compañero arquea su cuerpo hacia atrás y gruñe con rapidez. Se queda moviéndose un poco más hasta que saca su pene ya flácido, se quita el condón, se pone su ropa y se va sin despedirse.

 

05:10

Acompaño a Pedro a que tome su ómnibus a Máncora. Le doy referencias de unos amigos que tengo allá para que lo ubiquen en un lugar seguro. Verifico que tiene sus documentos a mano.

“¿Por qué no me cachaste?”, me pregunta confidencialmente.

“Porque no tenía ganas”, le respondo. “¿Por qué cachaste con mi compañero?”

“Fue negocio”, me dice. “Mi libertad a cambio de que botara su leche”.

“Yo no te hubiera hecho o pedido eso”, le replico.

Pedro se queda en silencio, viéndome a los ojos.

Se anuncia la salida.

Lo despido con un abrazo.

Me siento raro.

 

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sábado, 23 de abril de 2022

Proyecto Lujuria 7.3: La trampa erótica de Escalante


El miércoles sale el segundo material, que se produjo con los tres chicos en el teatro. Esta vez, los tres iluminan la portada de la revista con los torsos desnudos, sugiriendo el desnudo completo que está en unas discretas pero coloridas páginas interiores en las que se anuncia que desde ese fin de semana comenzarán las funciones dobles. Mientras va en un taxi, Osmar revisa el contenido y el reportaje en tanto habla por los audífonos con Alejandro:

“Las fotos son buenas, pero yo las hubiera hecho más osadas”.

“Cómo así, vale”.

“Desnudo frontal completo”.

Osmar casi se carcajea:

“La censurarían”.

“Ya te dije: este país de mierda alaba a las jermas calatas pero se agarra a chicotazos cuando ven una pinga y un buen par de huevos”.

El taxi desacelera:

“Joven, ya llegamos”, avisa el taxista.

“Tengo que bajar, Ale. Te cuento cómo me fue al salir”.

“Listo, Osmy. Un beso”.

Osmar cuelga la llamada, paga la carrera y el taxista se lo queda viendo por el retrovisor:

“¿Tú eres el veneco que posó calato en esas revistas?”.

Osmar se pone serio:

“Sí, señor, soy venezolano, y sí posé en esas revistas”.

“No crees que esas fotos son inmorales? Piensen en los niños, los adolescentes. Con esa cosa de la ideología de género, los van a trastornar”.

Osmar trata de controlarse:

“Gracias por su opinión, señor, pero respete mi trabajo como yo respeto el suyo”. Abre la puerta. “Y respete mi país como yo respeto el suyo”.

“¡Respeta a Dios, hermano! ¡Lee la Biblia! ¡No promuevas el pecado!”

Osmar cierra la puerta con cuidado y mejor se concentra en tocar el timbre del departamento donde vive Escalante. Le dan acceso. Sube.

 


“Te llamé porque tengo tres buenas noticias”, dice el director de reparto aún vestido en pijama a las seis de la tarde. “La primera es que hay una revista brasileña que quiere producir una sesión con los tres. Quinientos dólares por cabeza, desnudo total y frontal, erótico. La segunda es que van a crear un personaje en una serie de horario estelar en una cadena y creen que el papel está perfecto para ti: el enamorado de una de las antagonistas. Dos mil dólares por quince días. Y la tercera es que hay un estudio en España y otro en Estados Unidos interesados en hacer la versión cine de Voto de Castidad, y Alexis y tú están en el reparto”.

“¿Y Evandro?”, se extraña Osmar.

“Rivero, cuántas veces debo decirte que él es un cadáver en la industria. Simplemente no va”.

“El cast somos los tres: no puedes excluir a Evandro”.

“Osmar, déjame recordarte que estás construyendo carrera y que en la medida en que vayas por la vía correcta, llegarás lejos. ¿No quieres ir a Miami, acaso?”

Escalante sonríe, lentamente se pone de pie y se desnuda por completo, gira, separa las piernas y se agacha mostrando todo el agujero del culo y parte de sus grandes bolas. Osmar lo mira sin gesto, también lentamente se pone de pie, se baja el pantalón y el bóxer, le acerca su bulto flácido al medio de las nalgas, se lo comienza a sobar.

“Qué rico”, se excita Escalante.

“Pero no se me para, vale… yo no soy gay”.

Osmar se separa, se sube el bóxer y el pantalón y se dirige a la puerta.

“Antes que te vayas”, Escalante se sube la pijama y se da vuelta (su pinga está al palo), “ten cuidado con lo que hagas y por quién abogas: si no fuese por mí, no serías la sensación que comienzas a ser”.

Osmar se voltea, le sonríe, abre la puerta y se va. Escalante se queda tranquilo, respirando hondo; entonces, mira a una de las puertas.

César sale completamente desnudo portando una handycam pequeña. Se la da al director de reparto.

“Yo sé qué va a hacer ese conchasumadre”.

“No te confíes, Arnold”, aconseja César mientras se masajea su pinga dura.

“No, César… que él no se confíe”.

La imagen congelada de Osmar sobando su paquete en medio del culo de Escalante llena toda la pantalla de la handycam.