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viernes, 15 de junio de 2012

La Parcela (4): Nando y Raúl

En la oficina de la parcela, las manos temblorosas de Jerry habían dejado caer el contenido del envoltorio.
- ¿qué pasa jerry? Mucha paja te estás haciendo.
- Dis-dis-disculpa.
Wilfredo levantó lo caído: una libreta de espiral.
- El joven Alejandro me dijo que la uses para registrar quiénes comen, cuándo, y esas cosas, para que luego te paguen a fin de mes.
- Claro.
Jerry sudaba frío.
- ¿qué pasa Jerrycito?
- Nada.
- ah, ya sé.
Jerry miró a los ojos de Wilfredo, atemorizado. El ´guardián cerró la puerta de la oficina, se aflojó el cordón de su pantaloneta, y se la bajó, junto con su calzoncillo, hasta medio muslo. Comenzó a acariciarse la pinga.
- Esto es lo que te hace falta, ¿no?
- ¿Qué?
- Desde anoche me la estás buscando. Quieres que te cache. aprovechemos.
El miembro de Wilfredo  comenzaba a crecer hacia los famosos 20 centímetros en medio de su pubis velludo. Comenzó a acercarse a un petrificado Jerry.
En el dormitorio de Nando y Raúl, los dos muchhachos seguían desnudos.
Nando se limpiaba el vientre lleno de semen con una considerable cantidad de papel higiénico.
- Asu, huevón, has botado como mierda de leche. ¿Desde cuándo no cachas?
- Hace quince días, después que salimos de la disco.
- ¿Con quién?
- Contigo, pues, huevón. ¿Y tú, desde cuándo no cachas?
- Desde ayer por la tarde.
- ¿Y te ordeñó bien?
- Un par de veces... pero no te preocupes: yo también lo ordeñé bien.
- ¡Ya vas!
- ¡No es floro! ¿De dónde crees que salió lo del pasaje para acá, y las... provisiones?
- Bueno...
- Pero ya quiero dejarme de huevadas. Y ésta es mi oportunidad.
Raúl se acababa de limpiar el blanco fluído.
- Mejor me voy a bañar.
- ¡Nos vamos a bañar! De una vez, que quiero que me ayudes a hacer los cuadros.
Cada uno se puso una toalla acabada de comprar, anudada a la cintura, abrieron la puerta y se fueron a la contigua, donde estaba la ducha.
Ellos ingresaban y Gabo salía. Raúl cruzó su mirada con la del chibolo, quien se fue raudo al cuarto de Wilfredo.
- Parece que le gustas a la bebita, Raulito.
El trigueño se rió, dando un leve puñete en el hombro de Nando.
En la oficina, mientras tanto, Wilfredo se acercaba con su verga erecta a un indeciso Jerry, quien miraba el rostro arrecho del guardián, y el falo babeante que estaba a sólo centímetros de sí.
El teléfono sonó.
Como si alguien lo hubiera visto, Wilfredo se levantó pantaloneta y calzoncillo, se frotó las manos y contestó la llamada.
- ¿Aló?... ¡Joven Alejandro!... Bien, bien... Si, ya están en su cuarto... sí, sí... También, acabo de dárle...
se volteó a buscar a Jerry, pero éste había aprovechado para abrir la puerta de la oficina y escapar hacia la cocina, donde se refugió agitado. No estuvo allí mucho tiempo y salió en dirección al cuarto de Nando y Raúl. Tocó, sin resultado.
En la puerta del costado, apareció Gabo.
- Están bañándose los dos juntos.
- ¿Los dos juntos?
- Sí... parece que son pareja.
Jerry miró a Gabo con cara de asombro.
Al anochecer de ese día, Wilfredo fue a interrumpir el trabajo de Nando y Raúl en la oficina, quienes se liaban entre papeles cuadriculados tamaño oficio y una calculadora científica.
- Ingenieros, ya está la merienda.
- Gracias, don wilfredo. Cuadramosésto último y vamos. Gracias por avisar.
Raúl se asomó a ver al cielo.
- Ya es casi oscuro. ¡Cuatro horas de trabajo!
- si Jano tuviera compu, nos demoraríamos media, a lo mucho.
- ¿Le dijiste eso?
- No sabía que esto no tenía más que un teléfono fuera de moda.
Raúl sonrió.
Terminaron unos diez minutos después. Nando se estiró mostrando su musculatura.
- Ordena los papeles, Raúl. Me adelanto a cenar.
- Ya.
Una vez que el trigueño atlético terminó, y se iba a apagar la luz, jerry se apareció en la puerta.
- Al tiempo, Rulo. ¿Te acuerdas cuando te decíamos Rulo?
- Tenía 15 años, y el pelo más crecido.
- ¿Recuerdas cuando fuimos al canal con los chicos luego de jugar voley?
- Fuimos a concursar a ver quién la daba más lejos; luego los chicos nos dejaron solos, y fue... mi primera vez... contigo...
- Eras el más aventajado de todos... Oye, ¿tú y ese Fernando... son... pareja?
- ¿Por qué dices eso?
- Bueno, llegaron juntos, duermen juntos, trabajan juntos... se duchan juntos.
- No te entiendo.
- No hace falta. Mira, yo quería pedirte algo muy encarecidamente.
- Sí... dime.
- Yo sé que lo que hice con Gabo estuvo mal.
- Normal, Jerry. Es tu vida.
- Por favor, no vayas a comentar nada de eso a nadie.
- Tú sabes que yo no soy chismoso.
- ¿qué quieres decir?
- ¡Nada, huevón!
Raúl palmeó el hombro delgado pero torneado de Jerry, quien evitó como pudo la muestra de afecto.
- Hasta mañana.
Raúl se quedó confuso en la puerta de la oficina.
Al llegar a la cocina, sólo estaba Nando saboreando la cena.
- Oye, desde mañana, planchas, sentadillas, ranas, barras... si seguimos comiendo así, vamos a terminar chanchos.
- Ajá... ¿y el resto?
- se quitaron a jatear. Tú sabes que la gente del campo jatea temprano.
- Pero apenas son las siete.
La luz eléctrica iluminaba la fachada de la casa grande en la parcela. Nando la aprovechó para pasear buscando un lugar donde pudiera hacer sus ejercicios, pero se quedó con el cobertizo de la parte posterior. Encontró una ruma de sacos de polietileno, los sacudió bien, y le colocó una franela que encontró por ahí. se desnudó hasta quedarse en boxer, y comenzó a hacer abdominales, luego planchas, sentadillas, y toda una rutina de isométricos.
Raúl pasó hacia las duchas, y cuando salió de ellas, Nando no llegaba ni a la mitad de su rutina.
Cuando ésta acabó, entró a las duchas, abrió una de las llaves y se quitó el sudor. Tomó un pedazo de jabón que allí dejó esa tarde, y se rodeó de fragante espuma. Pensaba, pensaba y pensaba, mientras sus manos acariciaban su amplio pecho y grandes brazos, su abdomen duro y cuadriculado, su cintura pequeña, sus grandes nalgas, macizos muslos y gordas pantorrillas.
Al secarse, y verse en el espejo con la débil luz, notó que la barba comenzaba a poblar su rostro. Cada dos días tenía que rasurarse. Esta noche no lo haría.
al regresar al cuarto, la luz estaba apagada, pero pudo ver la silueta de Raúl, desnudo, parado en la ventana, viendo hacia el cielo.
- ¿Lloverá?
- No. ¿quieres ver las Tres Marías?
- A ver.
Nando se acercó por la espalda de Raúl y le arrimó su cuerpo.
- ¿Cuáles son?
Raúl le señaló  los tres puntos de luz, pero Nando, en vez de verlos, comenzó a besarle la nuca, y a bajar con sus labios toda la médula espinal, lentamente. Al llegar a la raja del culo, se desvió a cada nalga, y las besó y lamió. Raúl se estremecía y se aferraba fuerte de los fierros de la ventana.
Nando se puso de pie y arrimó sus 17 centímetros en medio del culo de Raúl.
- Gracias por ayudarme. Te pasaste.
- Somos compañeros, ¿verdad?
- Más que eso, Raulito. Tú lo sabes.
El trigueño se removió todo, mientras su pene marcaba sus 18 centímetros de largo y un considerable grosor.
Nando besó sus orejas, y hablaba susurrando.
- ¿Te cacho?
- Sí.
Cuando el blanco musculoso y velludo regresó al asalto de la espalda de Raúl, traía la pija forrada en un condón, y un pomito de lubricante.
- Para el culo.
Raúl le ofreció su trasero, y Nando fue introduciendo su dura verga en el interior del ano de ¿su compañero?, ¿su amigo?, ¿su amante?
Agarrándolo de las caderas, Nando trató de que las suyas danzaran ofreciendo lujurioso placer a un chico que tenía una mezcla de sentimientos en su interior, pero algo clarísimo: ese cuerpón, fantasía de cualquier hombre o mujer con gusto por un 'hunk', le atraía mucho.
Jadeando, Nando incrementó la velocidad en el culo de Raúl, quien sin dejar de mantenerlo parado, y aferrado a los barrotes de la ventana, se cimbraba tratando de sentir la penetración al máximo.
Raúl comenzó a masturbarse su aventajado miembro.
el jadeo se incrementó hasta que su semen se disparó contra la toalla que estaba colgada, secándose en el filo de la ventana. Ahogó un gemido, aviso de su orgasmo.
- ¿qué pasó?
- Ya las di.
- ahora me vengo.
Nando hizo un brusco movimiento, y hundió su pene de golpe en el culo de Raúl.
- Las di.
- sí. Siento cómo late.
- me voy a bañar.
Raúl lo siguió.
Esa noche, los dos durmieron desnudos, compartiendo el mismo colchón, abrazados.
Y así amanecieron, sudorosos.

(CONTINUARÁ)

©2012 Hunks of Piura Entertainment. esta es una obra de ficción: los nombres, situaciones y lugares son pura coincidencia.
Escribe: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí.

jueves, 25 de octubre de 2012

La Parcela (24 - final): Mi parte de la herencia

Hunks of Piura

En una vieja moto, José y Pancho no dejaron de preguntar a lo largo del camino por la camioneta de Jano.

Debido a la hora de la mañana, muy pocas personas pudieron dar referencias, ya que el vehículo había pasado a velocidad, hasta que estuvieron a pocos kilómetros de un control policial.

-          ¿Nando habrá sido tan avezado que passó en las narices de la Policía?

-           Si supieras, José. Ese huevón se acostó con jueces, fiscales, policías… una vez nos contó que lo contrataron para una orgía.

-           Sí, ya sé cómo es eso.

-          Una señora apareció por un costado del camino, maldiciendo. Pancho y José se miraron extrañados.

-           ¿qué pasó, madre?

-           Un blanquiñoso desgracia’u pasó a la carrera, y casi se lleva mis ovejitas.

-           ¿En una camioneta negra?

-           Sí, por ahí se jueron.

-          La mujer señalaba un desvío de tierra. José arrancó la moto y se acercó.

-           Es la huella, huevón. ¡Se fueron por aquí!

-           Señora. Avise a la ronda, a la policía. ¡están secuestrando a una persona!

-           A ver, ¿cómo es eso?

-           Señora, no pierda tiempo. Que sigan el rastro de la camioneta.

 

En otro automóbil, Jerry y Raúl, desesperados, llevaban a César mal herido y casi inconsciente.

-          Resista, doctor. Ya casi llegamos al hospital.

-           ¿Jerry, ¿viste a Pancho y José?

-           No, no me di cuenta.

-          El control policial detuvo la carrera del auto.

-           ¿Por qué el apuro, maestro?

-           Jefe, llevo un herido.

-          El atlético policía se acercó. Era el mismo que semanas antes había parado a Jano, para pedirle documentos. Se aproximó a la ventanilla.

-           ¡Doctor! ¡Mierda!

 

en un desvío imperceptible, cubierto de algarrobos, Nando, quien punzaba con una navaja el costado de Jano, ordenó detenerse.

Se quedaron inmóviles y callados por largos minutos. Nando temblaba, y Jano estaba cargado de una inusual tranquilidad, teniendo en cuenta que el filo punzocortante podría rasgarle la ropa y la piel en cualquier instante.

-          ¿Y ahora qué, Nando? ¿Me matarás? ¿Repetirás la historia de tu padre?

-           ¡Calla, mierda! ¡No tienes ni la más puta idea de quién fue mi padre!

-           Ya no es un secreto. Por lo menos, no en la parcela.

-           Mira, huevón. Bueno fuera que Zacarías hubiera sido mi padre, pero él sólo me firmó.

-           Entonces, ¿por qué haces todo ésto?

-           Porque también soy dueño de esa parcela.

-           ¡Por favor, Nando! Fuimos pareja, pero eso…

-           ¡Calla, imbécil! Se nota que no sabes nada. María, mi madre, la que tu vieja botó como una perra, cometió el error de meterse con tu viejo.

-           ¿qué dices?

-           Cuando tu vieja la botó, mi mamá estaba embarazada de mi.

-           No. No puede ser. ¿quieres decir que tú… y yo… somos… ¿

-           Así es… hermanito. Tu familia nunca nos quiso dar nuestro lugar, y mi vieja sufrió lo que no sabes para sacarnos  adelante, para conseguirme una carrera. ¿Crees que lavando ropa vas a tener una vida digna? ¿Crees eso, carajo?

-           Pero Nando, pudiste haberlo hecho de otra forma.

-           Si tu vieja no nos dejaba, mierda. Cuando te conocí en esa disco de ambiente, y supe quién eras, prometí que recuperaría lo mío. Y hoy es el día.

-          Nando volvió a poner la navaja en el cuello de Jano.

-           Adiós, hermanito.

-          Un trueno, seguido de un cristal hecho trizas se oyó. Nando sonrió pendejamente… y se desvaneció en el asiento. En el vidrio, un gran salpicón de sangre se imponía sobre el fondo verde del bosque seco, húmedo por la lluvia.

-          Jano también se desvaneció.

 

O0o0o0o

 

En su cuarto, los besos apasionados entre Pancho y Raúl no cesaban. Las caricias eran interminables. Apenas había amanecido, y ambos salían de la ducha, apenas cubiertos por la cintura, en una toalla.

Pancho deshizo el nudo de la de  Raúl, y la tiró sobre la cama. El pene del chico estaba creciendo poco a poco. Nuevos besos y caricias. Raúl aprovechó para repetir el gesto con Pancho.

Así, totalmente desnudos, con una erección en progreso, se echaron sobre la cama. El cuerpo musculoso de Pancho descansaba sobre el físico marcado de Raúl. Su pelvis comenzó a masajear la del chico bajo su piel. En cuestión de un minuto más, ambas vergas estaban durísimas y secretando fluído pre-seminal.

Pancho rodó, dando la oportunidad de que Raúl ocupe su lugar y el turno para que frotara su pelvis. Raúl besó el cuello de su enamorado, y un gemido se escapó. Las piernas de Pancho se elevaron hasta aprisionar la espalda de Raúl.

-          Métemela por el culo.

-          Raúl sacó un condón de su mesa de noche, y comenzó la lenta penetración. Pancho jadeaba, de tal manera que la introducción de los 17 centímetros de su amante, amigo y todo lo que él quería, fueran más placenteras.

-          Cuando Raúl concretó la penetración, comenzó a moverse con más fuerza y a gemir. Sus manos se paseaban por las inmensas nalgas de Pancho, por su pecho, pellizcaba cariñosamente sus tetillas hasta verlas erectarse. Pancho no se quedó atrás: acariciaba todo lo que tenía al alcance de su mano.

-          De pronto, vio un gesto conocido en el rostro de Raúl.

-           ¿Las vas a dar?

-           Sí, mi amor.

-           Aguanta.

-          Pancho hizo que Raúl retirara su pene, tomó otro condón, se masturbó un poco y se lo puso hasta que su pinga se puso dura como roca.

-           Siéntate, amorcito.

-          Raúl colocó el glande de Pancho en su ano, y poco a poco fue bajando hasta que desapareció toda la pija dentro de su culo.

-           Así, mi amor. Cómetela toda.

-          Raúl estuvo brincando y dándose un masaje con los 19 centímetros de gruesa carne.

-           Pancho, me gustas tanto, amor. Te amo, carajo. ¡Te amo!

-          Pancho acariciaba a Raúl con pasión, hasta que sintió la inminencia del orgasmo.

-           Me vengo, me vengo.

-          Raúl levantó su culo y se sentó sobre los voluminosos muslos de su chico. Ambos se la corrieron hasta casi eyacular al mismo tiempo sobre el pecho y el abdomen de Pancho.

-          Raúl se agachó para besarlo profundamente en la boca, hasta que escucharon un claxon conocido.

-           Son ellos. Lavémonos y vamos.

 

En el estacionamiento principal de la parcela, José y Jerry recibiían a Jano y David.

-          ¿Qué tal el viaje, Jano?

-           Ahí, como siempre, José. ¿Todo en orden?

-          Casi atropellándose, Pancho y Raúl aparecieron a saludar. Como venían vistiéndose en el camino, Raúl terminó con el polo al revés. Todos se rieron.

-           ¿Cómo está Wilfredo, Jano?

-           Bien, Raúl. Mucho mejor. La vaina es que su juicio saldrá en un par de meses más.

-           Mierda. Y recién lleva dos mesesadentro. ¿Crees que lo condenen?

-           Tuvo relaciones con un chibolo de 16. todo lo incrimina, Pancho. La buena noticia es que como aceptó su culpa, puede que le reduzcan la pena.

-          Pancho se disculpó y fue a ver su mochila para ir a la ciudad. Hacía un mes que sus clases comenzaron de nuevo. Raúl lo ayudó.

-           Todo estará bien, mi amor. ¿Nos vemos esta tarde?

-           Claro. Te amo, Pancho.

-          Ambos se besaron en la boca. El moreno musculoso y culón salió a tomar su carro. Raúl, Jerry y David se fueron a la cocina. Sólo quedaron José y Jano. El capataz vestía su clásico polo ceñido y un jean que, aunque suelto, le marcaba la musculatura; el dueño de la parcela con sus clásicos polos de Looney Tunes, y sus bermudas playeras.

-           Qué lindo que Pancho y Raúl se entienden.

-           Sí, José. Chambearon duro todo el verano.

-           Bueno, sí, me consta. Todas las noches los oía follar como locos.

-           Jajaja, José. Fue una de las pocas cosas buenas que hizo Nando.

-           Puede ser. ¿Cómo quedó Gabo?

-           Hoy comienza a estudiar Cocina. Espero que no le serruche el puesto a Jerry, jajajaj. Además, acompañará a mi vieja.

-           Jano, ¿y qué dijo ella de tu decisión de modificar el testamento de tu viejo?

-           No lo acepta, pero le hice entender que es lo legal. La vieja de Nando tiene todo el derecho del mundo a recibir una parte de la parcela. Yo hablé con la señora, y le dije que todos los meses iba a recibir la parte proporcional de las ganancias.

-           ¡Qué mierda! O sea, se salió con la suya ese huevón de Nando.

-           Aunque no nos guste, es lo justo. Además, existe el parentesco.

-           Aunque Nando nunca se comportó como tu hermano. Aprovechó su pinta de modelo, culturista y actor porno para seducirte y estafarte.

-           A mi, a David, a Jerry, a Raúl, a Pancho, hasta el pobre de Gabo. ¿sabes que Gabo se siente pésimo por ser quien delató a Wilfredo?

-           Cuando Wilfredo me dio las llaves, me dio mala espina. Pero cuando Gabo me lo contó todo, en la ducha, no me quedaron dudas. Supe que estabas en peligro, Jano. Temí perderte otra vez.

-           Y siempre te lo agradeceré, José. Sin tu astucia, tu garra y… bueno, y el cariño que me tienes, quizás no estuviera aquí para contarlo. Te debo la vida.

-           No fue nada, Jano. Te lo prometí. ¿Y cierto que trasladaron a Zacarías?

-           Sí, aunque la novedad es que quiso escaparse del otro penal… y lo mataron.

- ¡Mierda! De veras, ¿Nando se recuperará?

-           Los doctores dicen que no. La pedrada fue tal que casi pierde la visión, pero se quedó mudo… y cuadrapléjico. Aunque va a pasar rehabilitación, los doctores creen que el resto de su vida… pucha, pobre Nando. Si lo vieras, está adelgazando. Peor ahora que sabe que César lo ha denunciado, encima está mi denuncia. Pobre, se jodió la vida.

-           Qué tal puntería la de ese rondero. Al menos la familia de Nando podría invertir la parte de sus ganancias en la rehabilitación. Dicen que es cara.

-           Eso espero, porque su primo no me da confianza.

-           Pero, tú tranquilo. Todos aquí somos de tu confianza, Jano.

-           Hace un momento insinuaste que no debía confiar en los fortachones, cuerpo de culturista, stripper y actor porno… entonces, ¿qué hago contigo, José?

-           Puta. Nos vamos a las patadas.

-           ¡es broma, cojudito! Espero que algún día pueda corresponderte tanto como tú me aprecias.

-           No te aprecio, Jano. Te quiero con toda mi alma. Pero… tienes razón. Esperaremos.

-          Jano tomó la mano de José y la apretó.

-           Las cosas serán mejores para todos. Ya lo verás, José.

-          Ambos se miraron fijamente. Los ojos de José comenzaron a llenarse de lágrimas. Jano lo miró con una nueva expresión. ¿Acaso era hora de voltear la página… o repasarla?

-           Yo también te quiero, José.

 

FIN.

 

Escrito por Hunk01. ©2012 Hunks of Piura Entertainment. Esta es una obra de ficción: cualquier parecido con nombres, lugares o situaciones es pura coincidencia. Escribe al autor: hunks.piura@gmail.com o deja tu comentario aquí. Si quieres repasar toda la serie, haz click en la etiqueta “la parcela”, o busca en Google como “hunks Piura la parcela”.

domingo, 5 de junio de 2022

ASS (31): Sandro, Eliezer y Bartolo

Dos amigos celebran su reencuentro cachando y reciben un invitado inesperado.

 


Un hombre alto, moreno y atlético, que disimula muy bien sus 45 años, sale de la municipalidad de San Sebastián. Camina por la vereda cuando al llegar a la esquina casi lo arrolla un ciclista vestido en mallas negras de muslo a cuello. El hombre moreno salta un paso hacia atrás rápidamente. El ciclista se detiene asustado:

“Perdo…” Esa cara le parece conocida…  “¡¿Eliezer?!”

“¿Sandro?”, lo reconoce el peatón.

Un cuarto de hora  después, ambos hombres comparten una estrecha ducha. Eso les permite abrazarse y besarse desnudos mientras el agua fresca cae encima de sus atléticos cuerpos. Eliezer toma el jabón y lo comienza a untar a Sandro por la espalda, el culo, luego el pecho, el abdomen, la pinga y los huevos. Sandro hace el mismo tramo, pero al llegar al medio del culo…

“Solo jabóname y nada más”, advierte Eliezer sonriendo.

Sandro pasa la pastilla de jabón por la raja entre las enormes y velludas nalgas de arriba abajo y luego se arrodilla para seguir con las gruesas piernas. Un largo y grueso pene baila frente a su cara aún cubierto de jabón. Lo enjuaga bien y comienza a chuparlo.

“así, Sandrito. Trágate ttoda mi verga.

Ya seco, Sandro se acuesta en la cama que hay en el cuarto. Se abre de piernas. Eliezer llega a su encuentro, se acuesta sobre él y vuelve a besarlo mientras el otro se le aferra abrazándolo. Entonces, Eliezer se incorpora, le levanta las bien formadas piernas y comienza a sobarle su vergota aún blanda en la raja del culo. La erección no tarda en producirse. Sandro alcanza un condón y un chisguete de lubricante.

“Gástalo todo si quieres”, le pide sonriendo.

Eliezer se coloca el forro en su grueso y largo trozo, 23 centímetros, se unta el gel transparente, lo aplica al ano de Sandro tratando de estimularlo con un leve masaje y comienza la penetración.

“Despacio, negro”, gime Sandro. “No me hagas doler”.

Eliezer tiene todo el tiempo del mundo para ir clavando lentamente ese culo hasta que solo puede ver su crecido vello púbico aplastándose contra el culo de su amante. Y lentamente comienza a bombearlo mientras vuelve a inclinarse para besarlo en la boca, lo que es correspondido.

“¿Te gusta la pinga, mi campeón?”, le pregunta excitado.

“Me encanta, negrito lindo”, jadea el otro pata. “me aloca”.

Los dos siguen cachando en esa posición por buen tiempo hasta que Sandro se pone en perrito y el otro hombre lo sodomiza siempre lento. El exceso de lubricante entre el pene y el ano de ambos produce un sonido bien cachondo. Eliezer prueba a aumentar la velocidad del bombeo aprovechando que ese esfínter parece haber ganado mayor flexibilidad. Sandro gime un poco más aguantando el dolor, enfocándose en cómo podría verse el sexo si alguien más los estuviese mirando. Y a esa velocidad, Eliezer ya va durando casi tres cuartos de hora.

Posteriormente, el activo se acuesta al filo de la cama mientras el pasivo, bien abierto de piernas y afirmando sus pies en el suelo, rebota haciendo gala de sus muslos bien ejercitados. Finalmente, Sandro se apoya en el filo de la ventana mientras Eliezer lo acomete de pie y desde atrás a todo lo rápido y cuidadoso que puede hasta que por fin eyacula dentro del condón. Se relaja todo al fin.

Tras el sexo, ambos descansan sobre la cama con el televisor prendido en ese programa donde los chicos reality dejan ver sus bien trabajados culos en esas mallas sin ropa interior.

“Eres la misma máquina cachera de hace 15 años, eli”.

“¿Aún te acuerdas?”, sonríe el moreno. “Fue cuando ganaste ese festival de tondero, si mal no recuerdo… Y creo que Julio todavía jugaba en el Piura”.

“Claro, Eli. Yo recién cumplía 20 añitos. Y no te olvides de Pelu. Cachamos los cuatro. No puedo olvidarme cómo ese huevón sufría con tu verga dentro del culo. ¿Sigues trabajando con él?”

“Sí, ahora le estoy preparando la candidatura al gobierno regional”.

“¿Y sigues cachando con él?”

“No tanto como antes pero a veces nos damos nuestras escapadas so pretexto de coordinar”.

Se escuchan unos pasos fuera, luego unos toques en la puerta de metal.

“¿Esperas a alguien?”, se intriga Eliezer en voz baja.

“Los únicos que me vienen a ver son el chiclayano o el venezolano del tercer piso”.

Así calato, Sandro se levanta de la cama y abre un poquito la puerta.

“Hola”, le dicen desde el corredor.

“Entra”, invita Sandro.

Un chico joven, unos 25 años, alto, cabello largo y lacio, bien peinado, vistiendo una bata blanca con el logotipo del Seguro Social en el pectoral izquierdo, el que resalta (de hecho todo su físico parece ser atlético) ingresa.

“Te venía a avisar que la campaña…” el muchacho enmudece al ver al esbelto moreno desnudo sobre la cama. “Perdona, pensé que estabass…”

Sandro sonríe y, cerrando la puerta, se le aproxima y le pone su mano en el paquete.

“Descuida, Bartolo. ¿Por qué no tomas un baño y… disfrutas con nosotros?”

El recién llegado duda un poco. Vuelve a mirar a Eliezer. Sandro toma la cremallera de su bata y, sin que oponga resistencia, se la baja y quita; luego hace lo mismo con el pantalón blanco de tela. A pesar del bibidí y del bóxer blancos, es evidente que ese chico entrena a diario.

Quién sabe qué le dijo Sandro a Bartolo en la ducha. El asunto es que el muchacho, ya desnudo, se integra a la cama. No solo es atlético y lampiño sino que tiene todo su vello púbico rasurado. Eliezer le sonríe. Los tres se funden en un abrazo y tratan de besarse al mismo tiempo.

“Chúpasela al negro”, le dice Sandro. “Te vas a volver loco”.

Bartolo toma en su mano el pene ssemierecto de Eliezer y se inclina a chuparlo; Sandro aprovecha para succionarle las nalgas y el propio ojo del culo. Bartolo intuye que ya hubo acción en ese cuarto porque ese falo sabe a látex, pero no le importa. Continúa. Además, disfruta cómo le agasajan el ano, por lo que en compensación gira y se la chupa a Sandro. Eliezer no resiste la tentación de usar su enorme pie para acariciar el rico culo de Bartolo y usar el pulgar derecho para estimularle el esfínter.

Poco después, Sandro penetra a Bartolo por el culo mientras éste sigue tratando de tragarse la gran pinga de Eliezer. Como activo, Sandro es apasionado y cariñoso sin que eso deje de probar algo tan arrecho como hacerle sonar las nalgas mientras lo bombea. Minutos después, los roles se invierten. Eliezer nota que Bartolo tiene una pinga de unos 17 centímetros, algo curva hacia abajo, medio gruesita. También se fija en los 16 centímetros gruesos de Sandro, que son pajeados mientras le llenan el culo por segunda vez esa noche. Eliezer se pajea.

“Campeón, todavía me queda leche”, le sonríe a Sandro, quien, sin dejar de masturbarse, vuelve a succionar el pene de su visitante. El dormitorio se vuelve a llenar de gemidos y jadeos hasta que los de Bartolo se hacen más fuertes.

“Voy a eyacular, mierda”. Y dando un rugido sordo, casi como un quejido, dispara todo su semen dentro del culo de Sandro, quien al sentir la palpitación, deja de chupársela a eliezer, deja que le saquen la pinga, se acuesta boca arriba y se pajea con toda su fuerza. No avisa nada. Su leche se dispara sobre su abdomen y pecho. Entre asco y fascinación, Eliezer observa cómo Sandro se soba el esperma hasta convertirlo en una capa blanca que se seca sobre la piel.

“¿Qué venías a decirme?”, al final reacciona cuando se relaja.

“Que el traumatólogo dijo que la campaña en tu pueblo sí va”, contesta Bartolo terminándose de sacar el condón.

“¿Campaña de…?”, averigua Eliezer aún con la pinga dura.

“Acción social”, sonríe Sandro. “Quiero postular a la provincial”.

Bartolo los mira en silencio.

“¿Por qué no postulas con Pelu?”, consulta Eliezer a Sandro, quien le sigue sonriendo. Eliezer sabe que eso es un sí. Bartolo y su cuerpo atlético al desnudo continúa ahí, arrodillado al pie de la cama, sintiendo que ése ya no es su asunto. Lo único que llama su atención es ver cómo Eliezer pajea su enorme falo hasta que espesas ráfagas de leche blanca se dibujan sobre su piel marrón. 

Y para finalizar, mira un video porno gay aquí.

sábado, 17 de septiembre de 2022

ASS (46): Juan y Paco cachan en la parcela

Tras una noche de algunas copas, una noche de rico sexo termina de mala manera.



Casi a las once de la noche del domingo, Paco sale de un barcito de poca monta en una calle céntrica de San Sebastián. Se llama El Cimarrón y es punto fijo de levante gay. Pero esa noche no fue muy propicia que digamos. Con tres copas de vino encima, lo único que ha conseguido el docente es aplacar un poco su sensación de frío. Al llegar a la esquina para tomar el mototaxi, cruzando la acera viene andando un chico que no había visto antes en la ciudad. Se le nota delgado pero no escurrido, algo atlético. Paco no lo pierde de vista; de hecho, cruza y se le coloca muy al alcance. Nota que el muchacho parece estar buscando algo.

“Hola”, al fin le lanza cuando lo tiene muy cerca.

“Hola”, le responde el chico pero pasa de largo. O casi. “Perdona, busco la calle Los Cardos, ¿sabes dónde está?”

“Te puedo llevar”, le responde Paco con cierto gesto coqueto.

El muchacho sonríe, agradece y accede.

Al llegar a la calle indicada, el paseo a dúo parece finalizar.

“Ya, aquí me oriento al paradero de mototaxis”.

“Pero esas mototaxis van al campo”.

“es que cuido una parcela acá cerca de la ciudad”.

Paco se desilusiona un poco:

“Ah, tienes que regresar a ver a tu familia…”

“No, yo la cuido solo. El dueño es de aquí, pero vine a cenar donde unos familiares y me hice tarde”

“¿Quién es el dueño?”

“Un señor llamado  Julio… ha sido futbolista”

El cerebro de Paco parece despertar. Finge buscarse algo en el bolsillo y poner cara de preocupación.

“¿Qué te pasa, pata?”, pregunta el joven.

“Mierda… no saqqué las llaves de mi casa, ya a esta hora mi vieja no me abre la puerta ni cagando”.

“¿Qué harás?”

“Pasar la noche en la calle, pues… ¿cómo me dijiste que te llamas?”

“Juan… mucho gusto”.

“Yo soy Paco… Tendré que buscarme una cómoda banca en un parque y pasar la noche ahí”.

“Pero… hace mucho frío, es peligroso”. El muchacho parece reflexionar algo. “Tengo una idea, Paco”.

Veinte minutos después, una mototaxi los deja en la puerta de madera que accede a la parcela de Julio, y cinco minutos después, en el cuarto que ocupa Juan.

“Hace más calorcito aquí”, comenta Paco sonriendo.

“Sí, de hecho yo duermo calato… como nadie entra aquí”.

“Ah, que coincidencia”, finge Paco. “Yo también duermo calato en mi casa”.

“Durmamos calatos, entonces”, invita Juan. “Total, somos hombres, ¿no?”

No pasan ni dos minutos, y ambos varones ya están desnudos dentro de la cama, tapados con esa gruesa colcha de alpaca.

“¿Se siente rico dormir calato, no?”, prosigue Paco.

“Sí”, confirma Juan. “Y más cuando se te para la verga”.

“¿Tienes la verga al palo?”, pregunta Paco fingiendo inocencia.

“Duraza”, sonríe Juan en la oscuridad.

“No te creo”, finge refutar el docente.

“Tócala… si quieres”, dice el otro chico, pero la invitación viene con cogidita de mano bajo la colcha a lo que Paco no se hace de rogar: efectivamente, el pene del muchacho está duro y grueso.  Paco lo toma y comienza a explorarlo.

“¿Cuánto mide?”

“No sé. ¿Por qué?”

“Es grandecito”.

“¿Tú crees?”

“Sí”, responde paco.

“¿Quieres… chupármelo?”

Paco entiende que hace rato le han sacado línea y que no vale seguirse con rremilgos. Sonríe en la oscuridad. Se interna bajo la colcha, recorre con su mano libre el marcado cuerpo de Juan y llega a su falo. Lo huele un poco. Parece limpio. Abre la boca y le lame la cabecita en círculos.

“Rico, carajo”, suspira Juan.

Poco a poco, Paco se va metiendo un ttrozo más del pene erecto dentro de su boca hasta tragárselo todo. Como su culo está a la altura de la cara de Juan, éste último se moja el índice derecho con su saliva y le va acariciando las lampiñas y firmes nalgas hasta dar con su ano. Comienza a meterle el dedo poco a poco. Paco comienza a gemir mientras sigue tragándose ese sable de 17 centímetros.

“La chupas rico, pata, y tu culo está sabroso”.

Tras varios minutos de la maniobra, paco deja de mamar la verga, y destapando a ambos, gira y se sienta sobre el pene de Juan:

“Ahora vas a gozar rico, papito”.

Paco coge el falo y lo calibra dentro de su ano. Comienza a metérselo con facilidad debido a la saliva que le ha dejado y a que el dedo de su amante lo ha dilatado lo suficiente… aunque ese ano tiene cierta lubricación extra.

Paco cabalga el pene de Juan por largo rato mientras se apoya en los marcados pectorales del otro chico, quien no deja de acariciarle las nalgas.

“Te cacho en cuatro”, propone Juan.

Paco acepta, adopta la posición y ahora deja que el mancebo lo bombee con cierta firmeza. Paco gime de placer. Definitivamente, ese chico sabe cómo penetrar el ano de otro hombre. La ingle del activo chasquea al chocar con las nalgas del pasivo.

“las voy a dar”, anuncia Juan.

“Dame tu leche, papito”… dame toda tu leche”.

“Ahhh”, gruñe Juan, y eyacula dentro del recto de Paco.

Juan sigue gruñendo de placer por algún tiempo más hasta que saca su miembro, y se baja de la cama.

Luego que ambos se limpian, regresan al lecho. Vuelven a cubrirse bajo la colcha.

“Sabes que tu cara me es conocida de algún lado”, le lanza Juan.

“¿Sí? ¿de dónde?”

“Eso es lo que trato de recordar, pero ya te he visto antes”.

“San Sebastián no es grande; quizás de ahí”.

“Quizás”, reflexiona Juan.

Ambos se quedan profundamente dormidos.

A las cinco de la mañana, Paco despierta y tras esperar a Rodo, el mototaxista, regresa a casa. Antes de salir, se despide de Juan con un profundo beso en la boca.

“¿Volveremos a vernos?”, le consulta.

“Ya tienes mi número”, le sonríe Juan. “Coordinamos”.

Paco sonríe.

Durante el trayecto de regreso, Rodo no se aguanta el comentario:

“Ya se te hizo costumbre venir a esta parcela, no?”

“Te la perdiste”, le dice el docente muy suelto de huesos.

De pronto, algo inesperado. Una camioneta sale de una parcela justo antes del puente que conecta con las primeras casas de la ciudad. Rodo trata de evadirlo.

La mototaxi maniobra mal y cae al canal que está al lado de la carretera, quedando llantas arriba.

Rodo y Paco quedan inconscientes.

Y para terminar, tedejamos con una porno gay.


domingo, 22 de mayo de 2022

ASS (29): El nuevo peón promete silencio

Juan consigue trabajo en la parcela de Julio, y su bienvenida incluye un trío con el Padre Alberto.

 


Una diligencia ha llevado al Padre Alberto muy temprano, la mañana de ese jueves, hacia Artesanos, donde había celebrado un matrimonio hace dos fines de semana. Al terminar, pasa por la casa de Juan, quien sale vestido con un polo de camuflaje, recuerdo de su paso por el servicio militar, una pantaloneta deportiva y zapatillas. el sacerdote no puede evitar solazarse con la esbeltez marcial del muchacho quien, además, lleva una mochila al hombro. Le abre la puerta de la camioneta y lo invita a subir.

“¿Listo, Juan?”

“Recontra listo, Padre”.

El vehículo emprende la marcha.

“Gracias por llevarme”, se adelanta el muchacho.

“Cuando quieras”, sonríe el cura posando su mano en el paquete aún blandito del ex soldado.

Tras veinte minutos de viaje, la camioneta de la parroquia llega hasta la parcela de Julio, quien los recibe muy contento. Les hace un recorrido por toda la propiedad. Pasan por el noque revestido que refulge con la luz del sol.

“Perfecto para encuerarse y darse un chapuzón”, comenta el Padre.

“¿Sí se baña calato en el campo?”, sonríe Julio.

“Que te cuente Juan”, guiña un ojo Alberto.

“Si fuese noche de verano, sí podríamos; ahorita de día, a veces los vecinos… usted sabe”.

“en Artesanos hay una parte de la quebrada que está bien caleta”, interviene Juan. “Ahí siempre nos bañamos calatos y nadie jode”.

“A mí no me jode bañarme calato”, aclara Julio, “es más, si les contara lo que pasaba en los camerinos y hoteles cuando íbamos a jugar fútbol, al Padre le da un infarto”.

“Si vas a decirme que hacían orgías, ya estoy curado del susto”, ríe Alberto.

“¿Incluso si le digo orgías entre patas?”, reta Julio, también sonriendo.

A Juan, la conversación ya le puso el pene más que duro… y la pantaloneta no lo disimula.

“No me escandaliza en absoluto que dos o más hombres tengan sexo”, replica el cura.

Julio sonríe y se comienza a sobar la bragueta ya sin roche: “estoy bien al palo”.

“También la tengo bien parada”, confirma Alberto sin hacer más gestos.

Ya sin roche, los tres van a la casa, entran al dormitorio principal, se quitan toda la ropa y arrodillados en la cama, comienzan a besarse en la boca al mismo tiempo que se acarician la espalda y los redondos culos (en especial el del Padre) mientras sus largos y gruesos penes erectos se rozan y humedecen gracias al líquido pre-seminal que fluye del falo del cura.

El Padre Alberto los hace ponerse de pie y comienza a chuparles la verga alternadamente mientras les acaricia las nalgas. Julio y Juan siguen besándose en la boca.

“Cógeme, Juan”, pide el cura.

Mientras Alberto se pone en cuatro patas, el ex soldado se arrodilla y se inclina a palmearle los glúteos, masajearlos, abrirlos y hundir su cara en medio de tan generoso trasero.

“Ven para seguírtela mamando”, le indica a Julio mientras tanto, y él acata ofreciendo sus jugosos 18 centímetros poniéndolos en la boca del religioso quien la succiona de inmediato.

Mientras tanto, Juan se incorpora otra vez, separa las grandes nalgas de Alberto con sus manos y comienza a meter su verga de 17 centímetros poco a poco hasta que puede pegar sus bolas  al perineo del cura. Con la claridad del cuarto, ahora sí puede ver cómo su pene entra y sale de ese ano rodeado de vellos. Julio también puede ver con mucha claridad cómo su pene erecto entra y sale de la boca del Padre Alberto aunque miles de preguntas llegan a su cabeza amenazando con romper el disfrute del momento.

Tras pasar largo rato meciéndose cada cual sin cambiar de posición, Juan hace un gesto que inequívocamente anuncia que su orgasmo se aproxima. Y lo hace con un gemido más largo que todos los que dio durante el trío: eyacula dentro del ano del cura. Julio, que ha estado más distraído que otra cosa, saca su pinga de la boca del sacerdote.

“Suficiente”, dice un poco seco.

Cuando la camioneta deja la parcela ni siquiera son las 11 de la mañana. Juan termina de ponerse su ropa de faena y va al encuentro de Julio quien está revisando las palas, siempre al lado de la puerta trasera de la casa.

“Ya estoy listo”, avisa.

Julio le sonríe algo protocolar pero no entusiasta como al inicio.

“¿Puedes decirme algo, Juan, y hablarme con la verdad?”

“Claro, don Julio. Mande usted”.

“¿Tú… es la primera vez que cachas con ese cura?”

Juan se queda frío ante la pregunta a quemarropa, pero entiende que es palabra comprometida, así que se toma solo unos segundos.

“No, señor. No es la primera vez”.

“¿Y siempre cachas sin forro?”

“Yo estoy sano, señor”.

“¿Y crees que ese cura solo cacha contigo?Dicen los rumores que cacha con otros chicos de su grupo de la parroquia”.

Juan traga ssaliva:

“Yo no sé si el Padre cacha con otros chicos de la parroquia, señor, pero conmigo ésta ha sido la segunda vez en toda mi vida”.

“¿Y no tienes miedo del SIDA, esas enfermedades? Deberías cachar con forro”.

Juan baja la cabeza y se sonroja.

“Ah… Juan, algo más… ¿también has cachado con… con mi hijo?”

Juan levanta la cabeza, se llena de fortaleza como le enseñaron en el servicio militar:

“Sí, señor. Una sola vez en mi vida, pero… sí… señor”.

“¿Y cachaste con alguien más de ese grupo parroquial?”

“La verdad, señor, solo con uno, pero… mucho antes de estar en AS”.

“Ya me imagino con quién cachaste… Mira, Juan, me tranquiliza que mi hijo y ese cura te respalden y el empleo ya es tuyo pero… ahora que también sabes de qué pie cojeo, así estés bien arrecho, ni una palabra a mi hijo… ni a nadie. ¿Quedamos?”

“Quedamos, señor”, asegura Juan. 

Y para terminar, te dejamos con un video porno.

domingo, 26 de junio de 2022

ASS (34): ¿Cuántas veces Alejo dio el culo, realmente?

Ser pasivo no significa que dejes de hacer un buen beso negro.


 

Ese sábado de mañana en San Sebastián, Pedro está descalzo y subido sobre una cama sin tender colocando un letrero de bienvenida en el cuarto vacío de la casa parroquial, mientras el Padre Alberto le mira las firmes nalgas desde atrás. El sacerdote no resiste la tentación de sobarse la bragueta, cuando se escucha llegar una moto.

“¿¿Qué tal se ve, Padre?”

“Delicioso como siempre, querido Pedro”.

“Me refiero al letrero, no a mi trasero”.

“Igual yo. Tú tienes mejor gusto para el diseño de interiores y… tu culo está delicioso”.

En ese momento entra Paco cargando una gran bolsa, y detrás de él, el musculoso Alejo; ambos visten polos manga cero, shorts y zapatillas. Justo suena un celular y Pedro saca el suyo; lo contesta. Paco entrega la bolsa al Padre.

“Compré dos juegos de sábanas, por si acaso, y una colcha. Hacen juego con el color del cuarto”.

“Gracias, Paquito. Perfecto. Que Pedro termine de hablar para hacer la cama”.

Alejo hace una seña al cura y lo llama fuera del cuarto. Pedro cuelga y paco le muestra  la bolsa.

“Excelente”, dice el muchacho mientras la abre y saca las telas. “El color está lindo”.

“Gracias. Qué bueno te haya gustado”. Paco carraspea un poco: “Pedro, sobre el tema de Edú…”

“Ya olvídalo. Tú no tienes culpa alguna. Los dos querían tener sexo, son adultos, son libres. Como te dije, solo no la hagas más larga”.

“Claro. Lo único largo debe ser su pene”, ríe Paco. “Y a todo esto, ¿dónde está?”

El Padre entra nuevamente:

“¿Necesitamos algún otro encargo? Alejo usará la moto, así que aprovechemos”.

“No, ya terminé”, informa Pedro mostrando la cama tendida. “Tengo que ir urgente a la parcela”.

Alejo ingresa también: “Puedo jalarte si deseas”.

Pedro sonríe y sale despidiéndose de Paco y el Padre.

“Ha quedado lindo elcuarto para el novicio… ¿cómo se llama?”

“Ni idea, Paquito. Solo sé que desde mañana a mediodía debo portarme como un cura decente”.

“Pero usted es un cura decente, Padre. Es como… un super cura”.

“¿Como Superman?”, sonríe Alberto flexionando sus brazos bien formados.

“¿Vio? Hasta tiene el cuerpo de Superman”.

“¿Tú crees? ¿Acaso me has visto desnudo alguna vez?”

“No, Padre, pero… ¿es malo si lo veo… desnudo?”

Alberto sonríe, cierra la puerta con seguro, se pone frente a Paco y se quita toda la ropa. Paco suda ffrío viendo los músculos del sacerdote, sin saber dónde posar su vista: si en ese torso de escultura, esas piernas de futbolista, o esa pinga que cuelga sobre unos generosos huevos. ¿Podría ser sobre la sonrisa pendeja del cura quien se le aproxima, lo abraza, lo mira fijamente a los ojos y le da un beso profundo?

El Padre quita el polo y el short a Paco. Debajo viste un suspensor. El cura gira al laico y le comienza a sobar la estrecha espalda y las lampiñas y firmes-pero-sexys nalgas. Poco después, lo pone de cuatro patas sobre la cama para abrirle el culo y comenzarlo a sopear. Paco surca entre la excitación y la incredulidad. De inmediato, Alberto le quita el suspensor.

A continuación, con el cura acostado sobre la cobija, ambos practican un 69. El Padre sigue chupándole el ano y masturbando suavemente la pinga de 14 centímetros mientras Paco chupa la vergota de 18 centímetros que no deja de manar líquido preseminal. También alterna succionando cada testículo e incursiona un poco más abajo hasta que su lengua estimula el velludo hoyo anal.

Lo siguiente será cachar a Paco en posición de perrito. La pinga de Alberto entra y sale de ese glorioso culo. El pasivo goza como loco. El activo ni se diga. Como broche final, la posición favorita de ambos: un piernas al hombro mezclado con un misionero, lo que da oportunidad a que ambos se besen en la boca y se acaricien por donde la mano alcance, y la mano de Alberto travesea sin cesar el pene de su amante.

“Las voy a dar, Padre”.

“Acabemos juntos. ¿Dónde quieres mi leche?”

“Dentro de mi ano, Padre. Hágame suyo”.

Paco se comienza a agitar, jadea y se queja más profundo. Alberto aumenta la velocidad de su bombeo. El semen de Paco comienza a dispararse sin control sobre su vientre y su pecho. Alberto sigue cimbrándose más fuerte excitándose con el rostro de su feligrés que combina dolor y placer hasta que eyacula en las entrañas del muchacho. El cura saca su pinga aún dura y se acuesta encima. Los dos varones se besan de nuevo en la boca.

Fuera de la ciudad, pero no tan lejos, Pedro y alejo llegan a la parcela. Aunque su jean pareció disimularlo bien, durante todo el camino el primero ha pegado su bulto erecto contra las dos firmes y grandes nalgas del conductor. Ambos entran. Juan los ve llegar juntos y se sorprende. Pedro le paga la semana, como su padre se lo encargó por teléfono.

“Te jalo a Artesanos, Juan”, ofrece Alejo.

“Primero me  baño”.

Mientras Juan se asea, Alejo y Pedro lo esperan recostados en la cama del cuarto principal.

“Quisiera cachar aquí contigo pero tengo que guardar leche pa’ más tarde”.

“¿El Padre sabe que están haciendo esa pela porno?”

“Tranquilo, Pedrito. No cagaremos al Padre”.

Alejo toma la mano de Pedro y se la mete dentro del short haciéndolo acariciar su bulto aprisionado por un bóxer.

“Se supone que no quieres cachar conmigo, Ale”.

“Pero me la puedes chupar al toque mientras Juan se baña”.

Alejo se saca el pene semierecto y se lo comienza a magrear. Pedro lo duda pero… ¿cuántas veces se puede disfrutar ese pene de 18 centímetros? Pedro se incorpora un poco y lleva su boca hasta el falo aún blando de su amigo y comienza a succionarlo. No pasa mucho tiempo en que ya lo pone duro, lubricado y muy húmedo debido a la saliva.

En lo mejor de la mamada, Alejo mira hacia la puerta y descubre que Juan está allí desnudo y sobándose su pija de 17 centímetros, ya erecta. Alejo sonríe, le hace una seña y Juan se acerca a la cama, deja la toalla a un lado, se aproxima a Pedro y comienza a sacarle el pantalón.

Alejo y Pedro se quedan por fin desnudos. Eso facilita a Juan separar las nalgas del segundo y disfrutar mamándole el culo mientras éste  ha comenzado a lamer las bolas a Alejo. Juzgando que ese ano ya está dilatado, Juan se incorpora y comienza a introducir su falo muy despacio.

Aprovechando que Pedro continúa estimulando sus bolas, Alejo se deja llevar y levanta sus musculosas piernas con cuidado. Pedro parece entender el mensaje y comienza a bajar por el perineo hasta topar con su lengua el ano de su amigo. La sensación que el musculoso experimenta le relaja el pene pero le genera una increíble excitación desde su gran culo. Juan, al ver la escena, se arrecha demasiado y termina preñando el ano de Pedro.

Una hora después, a las 11, Alejo y Juan están a punto de llegar a Artesanos.

“Pensé que te habías vuelto solo activo”.

“Si te refieres a lo que pasó esa vez…”

“No, alejo, le diste el culo a Pedro”.

“Solo me chupó el culo… ni loco me la dejo meter otra…”

Alejo calla. Juan tampoco insiste, aunque su pene se puso duro de nuevo. La motocicleta está a punto de llegar a su destino.

        Y para finalizar,te dejamos un video porno gay. 

sábado, 12 de agosto de 2023

Un café al desnudo con Elías Velasco

¿qué hay detrás del nuevo encueramiento del conductor de Café & Conversa?

 








Elías Velasco
(nacido en Lima el 21 de noviembre de 1974, donde reside) estaba encerrado en el baño vestido únicamente con un sacón verde. Respiró profundo. Debió pensar que ésta era la cuarta vez en su vida que lo hacía. “Voy a interpretar a un personaje”, se repitió. Logró tranquilizarse, abrió la puerta, salió hacia la sala, se despojó de la prenda. Estaba completamente desnudo.

 

Afuera lo esperaban dos miembros de su equipo de producción, el artista plástico Miguel Rosas y sus tres aprendices. Todo el mundo entendió que estaba listo. elías se sentó como el pintor le pidió y posó como Dios –aunque no crea en Él—lo trajo a este mundo.

 

“Me sentí nervioso, un poco ansioso, muy observado en general”, cuenta el creador, director y conductor de su show en YouTube, el amenísimo e inspirador Café & Conversa, un espacio donde Elías se sienta a charlar en profundidad con invitados muy diversos.

 

Para el episodio dedicado a Miguel Rosas, su productor sugirió que no solo converse ante cámara o que muestre parte del desnudo masculino que el artista plástico pinta. Pidió a Elías que sea uno de los modelos: “Me pareció una idea bastante arriesgada, polémica, pero muy artística”.

 

No podía echarse para atrás porque cree que si un periodista tiene que narrar bien una crónica, en cierto modo debe convertirse en parte de ella. O sea, si tenía que hablar de hombres pintados completamente desnudos, pues… tenía que ser uno de ellos. Para evadir la censura de YouTube, que prohíbe mostrar explícitamente la pinga, las bolas o todo el culo, su producción eligió ángulos que no mostraran nada más que sus hermosos torso y piernas.

 

Hoy, por primera vez, Elías Velasco cuenta en exclusiva para Hunks of Piura esos detalles y secretos que ni siquiera confesó en aquel comentado episodio.

 







Grandes músculos, pequeño autoestima

En 1993, Elías era otro chico limeño flaco que se sentía demasiado pequeño psicológicamente hablando. Acababa de salir de una relación que de tóxica pasó a violenta. Su pareja se emborrachaba, se desaparecía del mapa; y cuando reaparecía, lo que debía ser un reencuentro romántico se volvió discusiones cada vez más crispadas. Entonces, llegaron los golpes. En algún momento, Elías fue violado sexualmente por ese chico totalmente drogado.

 

“Tener sexo forzado con una persona es violación”, afirma hoy. “Eso me deprimió mucho. Me encerré. Estaba muy delgado”, recuerda.

 

Recapacitó  cuando pidió trabajo en una galería de ropa. el dueño era un miembro de la comunidad LGTBIQ+: “¿cómo un feo va a vender ropa bonita?”, le encaró.

 

Cierta tarde, un amigo pidió que lo acompañara a ver un partido de básquet en el colegio Guadalupe, en el centro de Lima, y cuando menos se dio cuenta, estaba metido en el gimnasio: “en un año cambió mi cuerpo, comencé a arreglarme más”. Su musculatura causó furor e inquietud, lo que Elías usó para cobrarse revancha: “si me maltrataron, yo tenía que maltratar”.

 

Echó para adelante, y en 2004 comenzó a estudiar los secretos de esos físicos que despiertan nuestros deseos prohibidos. Para entonces, estaba en una segunda relación. “Mi pareja me pagó el curso”.

 

En 2007, Elías salió al público vistiendo una tanga bajo la que ya destacaba un hermoso culo y un delicioso paquete. Llegó al Mister Perú y se codeó con las mayores figuras del fisicoculturismo y el fitness; de hecho, obtuvo el tercer lugar en la categoría de culturismo clásico. Previamente, había quedado en segundo lugar en el Mister Lima en la misma categoría, y había ganado el Mister Verano. Tenía 33 años.

 

El problema fue que esa hermosa figura necesitaba que consuma anabólicos. Una enfermedad en sus huesos se activó y lo postró en cama. “Bajé hasta los 49 kilos.”. Como referencia, Elías mide metro 68, así que su peso ideal tenía que estar entre 67 y 70 kilos. “Traté de suicidarme, pero algo impidió que me lanzara al vacío… ¿qué fue? Ni yo mismo lo tengo claro”.

 

Los siguientes doce meses fueron de tratamiento psiquiátrico intensivo. El deseo de matarse fue desapareciendo poco a poco, pero su propio concepto seguía muy devaluado: “Yo me sentía una persona pobre en todos los aspectos”.

 






Las mejores nalgas

Antes del desnudo integral que hizo para su programa, Elías Velasco ya se había quitado toda la ropa en tres ocasiones: en 2008 para una campaña orientada a escorts de Panamá y para el Ministerio de Salud (Minsa); en 2011, nuevamente para el Minsa esta vez en alianza con el Movimiento de Homosexuales y Lesbianas, dentro de una campaña que se llamó Úsame; en 2012 para un fotógrafo francés, que las publicó en una revista para chicos;.

 

La segunda sesión fue especial porque se trató de despertar conciencia sobre el uso del condón y porque Elías compartió el set con otros dos modelos de hermosos cuerpos con quienes simuló poses sexuales pero cubierto por látex de pies a cabeza. Pudo lidiar con el hecho de posar solo, pero hacerlo con otros dos modelos lo intimidó: “Sentí un poco de pudor y nervios”, cuenta.

 

El fotógrafo tuvo tino para romper el hielo, y la sesión se hizo, aunque duró siete horas. Una de las estrategias fue alabando el culo de Elías: “Son las mejores nalgas que he visto”, le dijo, y se lo explicó: estaban bien trabajadas y lucían bien masculinas. Tratamos de vérselas nuevamente, y las tiene riquísimas, aunque de inmediato nos pide orden: “Me gusta  cómo han quedado mis nalgas, pero más me gustan mis ojos… como que hablan mirando.”

 

La campaña Úsame fue un éxito en todo el Perú, aunque a la mamá de Elías no le hizo gracia que el cuerpo desnudo de su hijo se exhibiera en bares y discos de ambiente: “Lo hice porque había un tema de fondo.”.

 

Tener un hermoso cuerpo también lo hizo atractivo para el negocio de los escorts. Ocurrió en 2007. No aceptó. También le propusieron actuar teniendo sexo con otros culturistas peruanos y extranjeros pagándole de 1000 a 1500 dólares por sesión. Volvió a negarse.

 

“No lo acepté porque no lo consideraba estratégico”, explica. Un árbitro argentino era el reclutador de los modelos. Poco después, el escándalo de los culturistas peruanos calatos estalló con fuerza por los medios.

 






Primero, belleza interior

Tener un hermoso cuerpo es ahora un estilo de vida para Elías, pero el físico no es lo primero en que se enfoca. El primer entrenamiento es mental: “como vas a estar por dentro, vas a estar por fuera”. El comunicador se reconoce como un paciente que ha tratado su depresión y su ansiedad. Su búsqueda mental ha entendido que la raíz del problema comenzó desde el mismo momento cuando fue concebido.

 

¿Pareja? No. Ya aprendió que es mejor tomarse el tiempo necesario para elegir mejor; más bien, está enamorado de sí mismo. “Me está resultando enfocarme en cosas concretas y no rodearme de personas que no me aportan nada”, afirma. Su consigna es la empatía o ponerse en los zapatos del otro. Así puede tomar mejores decisiones. “Me siento libre, cicatrizado”, sonríe.

 

Elías asegura que el mejor regalo que te puedes hacer es cambiar porque es tu propia postura, no porque te lo dice la gente: “Mi vida no se maneja por una aceptación colectiva sino por una aceptación interna”.

 

¿Y su pasado? “No puedo renegar de las experiencias de mi vida porque me permiten estar más cuajado”. Y parte de ese crecimiento ha sido crear Café & Conversa. “El programa ha salido más por un tema catártico, debido a una segunda ruptura amorosa”, revela.

 






Y la erección comenzó

Como parte de esa nueva aventura, llegamos a la mañana cuando Elías posó completamente desnudo frente a Miguel Rosas. Tras liberarse del sacón, el siguiente reto fue mantenerse quieto. Y si Elías tiene un pequeñito problema es que suele moverse mucho.

 

Estuvo sentado por tres horas: “Tuve calambres en nalgas, pantorrillas y pies”. Eso le activó la ansiedad y los nervios… y ambas le activaron su pene de 17 centímetros de largo. “Miguel, creo que esa parte se quiere levantar un poco”, le dijo al artista plástico. “eso es normal”, le respondió Rosas con naturalidad. Dicho eso, su verga se volvió a dormir.

 

Lucir su metro 68 y sus actuales 72 kilos requirió alguna preparación corporal: se recortó un poco los vellos del pubis y las piernas. Para sus dos primeros desnudos, sí se depiló completo.

 

Cuando terminó de posar y vio su cuerpo desnudo pintado en el lienzo, quedó muy satisfecho. “Me impresionó el color que le plasmó… Me sentí muy cuidado y protegido por Miguel… Me sentí muy pleno.

 

Elías cree ser una persona bastante normal. “No me considero guapo”, pero “yo me siento atractivo”. A pesar del desnudo y de su físico, tampoco se siente un símbolo sexual. “Me considero una persona en pleno proceso de crecimiento, que busca la belleza interna,” afirma. Eso no lo desenfoca de su físico, del que, dice, no cambiaría nada a estas alturas de su vida.

 

“El cuadro que me hizo Miguel es una piel que expresa colores a través del lienzo, que ha sabido posicionar lo que más me gusta de mí, que son mis ojos”. El cómo lo tome la gente, para bien, para mal, o para fantasear sexualmente lo tiene sin cuidado.

 

Elías piensa que la sesión que hizo para Miguel Rosas ha beneficiado su trabajo como comunicador; de hecho, cree que el cuerpo “es un templo o un lienzo que habla”. “Si me proponen un desnudo y siento que va a aportar a mi vida profesional, sí lo aceptaría”, asegura.

 

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