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viernes, 29 de julio de 2022

Proyecto Lujuria 10.4: Osmar y Evandro deben tomar decisiones


Medio año después, un fibrado y ralamente velludo Keith entra con una tabla hawaiana en un búngalo a la orilla de la playa. Apenas viste una bermuda turquesa húmeda que le marca el culo, el grueso paquete y las anchas piernas. Tras sí, ingresa Alexis, vistiendo una tanga de baño blanca también húmeda.

“Parece que la reparación de casas te deja buena plata”, dice el segundo viendo la habitación construída y amoblada en pura madera y palma.

“Ahorro es progreso”, replica Keith dejando la tabla en la pared y abriendo un poco la ventana mientras de fondo se oye al mar romper.

“No eras así en la secundaria”.

“Cuando migras, el mundo cambia: si sigues dilapidando, te jodes”.

Alexis sonríe:

“Lindo lugar”.

“Lindo cuerpo”.

“Gracias”, sonríe el velludo y atlético en tanga.

“¿Quieres un trago? Tengo chela solamente”.

“No, gracias; quiero regresar sobrio a mi hotel”.

Keith sonríe.

“Te puedo dejar en la puerta de tu cuarto. ¿Recuerdas ese campamento en quinto?”

“Nos embriagamos con ron”.

“¿Recuerdas lo que pasó después?”

“Prefiero no recordar… ya te dije por qué”.

Los dos varones se miran fijamente por algunos segundos. Entonces, Keith se aproxima, toma la mejilla y besa en la boca a Alexis, quien le corresponde pero luego parece arrepentirse:

“No deberíamos…”

“Aquí estamos solos tú y yo”.

“Nos miran”.

“Deja que nos miren”.

Keith abraza y besa profundo a Alexis mientras le quita el bañador y lo deja desnudo. La marca de bronceado magnifica las ya grandes nalgas respecto a todo el musculado físico. En retribución, Alexis afloja el velcro de la bermuda y se la baja, dejando también desnudo a Keith. Ya libres, ambos se acarician. Sus penes se ponen erectos. Parece que con el surfista se cumple la regla ésa de que cuanto más delgados, más aventajados.  

Alexis se arrodilla y comienza a chupársela tratando de tragársela tanto como pueda. Keith mira la acción.

Tras algunos minutos, el surfista hace que su compañero sexual se ponga de pie, lo apoya en un mueble y se arrodilla tras sus nalgas velludas a hacerle un beso negro mientras se las acaricia, palmea y le arranca gemidos.

Luego de  cierto tiempo, escupe directo al ano, se pone de pie, va en busca de algo y regresa abriendo un paquetito del que saca un preservativo que extiende por todo su falo, se encoge ligeramente de rodillas y comienza a penetrarlo.  Bombea gentilmente.  Simultáneamente, Alexis se masturba.  Los dos gimen y jadean despacio.

Minutos más tarde, Keith llega al orgasmo: saca su pene, tira el condón quién sabe dónde, se masturba y dispara su semen entre las nalgas de Alexis. Finalmente se arrodilla y le lame su propia lefa.

“Y… corten”, ordena Giaccomo desde el otro lado de la habitación.

A su costado, César deja de grabar en la cámara mientras se acomoda su pene erecto bajo su bermuda en tanto Alejandro aprovecha para tomar algunas fotos fijas de los actores a quienes pide quedarse en sus marcas por un instante. Su pene largo y grueso también se marca bajo su short.

“Recupérate, amor, para hacer las tomas de apoyo”, indica Giaccomo.

En una esquina, Evandro con unos papeles sobre una tabla de acrílico, anota algo con un lapicero y lo deja sobre una mesa; su grueso y largo pene erecto se marca bajo una tanga roja oscura.

“Saldré a tomar aire”.

Afuera, en una hamaca, Osmar recibe la brisa en esa playa en algún lugar al sur de Zorritos, Tumbes, también en tanga de baño (pero celeste), lentes de sol, su celular en la mano. Evandro se le aproxima y acaricia la cabeza; Osmar sonríe.

“Arnold se suicidó anoche… Aparente sobredosis”.

“No fue de amor, ¿no?”

“Evan: aunque te haya jugado chueco, respeta su memoria”.

“Qué lástima por Abelardo Sosa. Justo había viajado a Lima para visitarlo y se encuentra con…”“

Evandro se queda en silencio mirando pensativo las olas del mar.

“¿Con qué, Evan?”

El aludido sonríe con la boca abierta poniendo la punta de su lengua bajo  el último incisivo sin decir nada.

“Evan, no estarás pensando que…”,

Osmar también se queda en silencio.

“Si dicen que fue sobredosis, fue sobredosis… de amor”.

“¿Tú crees que…?”

“Fue sobredosis, Os. Y… a propo, ¿tú conmigo, tú conmigo, tú conmigo, tú conmigo, tú conmigo?”

“Ya hemos hablado, Evan”.

“De todas maneras me sale el divorcio en unos dos meses, máximo. Eso sí, me van a exprimir, pero mis hijos no tienen la culpa de mi decisión”.

“Eso me desanima”.

“¿Mis hijos?”

“No, tus decisiones. No creo que hayas madurado lo suficiente, y yo… francamente… aún no tengo claras las mías, especialmente con papá, mamá y mis hermanos recién mudados a los Estados Unidos”.

“¿Te mudarás a Homestead con ellos?”

“No creo, Evan; aún están procesando… mis destapes”.

“¿Entonces te irás a Los Ángeles con Alex, Keith y Giacco?”

Alejandro abre la puerta del búngalo:

“¡Evan, support shots!”

“Ya vengo”, Evandro vuelve a acariciar la cabeza a Osmar, quien se queda mirando fijamente al horizonte. Su celular ahora se resbala en su vientre de tabla de lavar. Hay decisiones que tomar, efectivamente.

Un saxo comienza a sonar; Yuri entona: ¿Quién eres tú, que llora en silencio? ¿Quién eres tú, que viene de lejos? Cansado de amar, cansado de tanta espera… 



domingo, 11 de diciembre de 2022

ASS (56): A pro hot swimmer

Julián sorprende durante su primer día como actor porno gay.


“hello – This is Julian. I’m a pro swimmer who won international titles. But trusting in wrong people put me in trouble. I have no title anymore, but I have all what I learned of swimming. So, I’m gonna meet some buddies to know how they swim, teach ’em how to improve, and make something hot… and you’re invited too.”

Julián se queda sonriendo a la cámara mientras ha terminado de hacer una especie de strip-tease que comenzó con un abrigador calentador de dos piezas, casaca y pantaloneta, y ahora lo deja en una tanga de baño turquesa que hace lindo juego con el blanco de su bien esculpida piel.

“y… corten”, dice Willy. “Vamos a las tomas en el podio”.

Él y Julián van hasta la marca mientras en un lado cerca de la piscina olímpica, enrique y Flavio, cubierto con una bata de baño,  miran la escena.

“No entiendo por qué este video va a ser en inglés cuando los otros chicos apenas hablan castellano”.

“Ay, carnal”, sonríe Enrique. “Son exigencias de Los ángeles”. ¿estás listo para tus tomas?”

“Sí”, asiente Flavio. “Todo tiene que parecer como una de esas series documentales del cable, ¿estoy en lo cierto?”

“Solo que al final, él te cogerá ese culote y te lo va a preñar con sus mecos”.

“Agradece que sé tu dialecto mexicano”, sonríe Flavio.

Mientras tanto, Julián se ha nadado un largo completo enseñando el estilo mariposa y ahora se dispone a mostrar cómo se hace el estilo espalda. El agua sobre su piel le define cada músculo. Willy lo sigue desde un lado de la piscina con la cámara cargada sobre un estabilizador, el nuevo juguete comprado para producir porno gay.

“¿y lo del estanozolol?”, pregunta Flavio en voz baja.

Enrique hace un gesto en el rostro que puede interpretarse como que no importa o como que no es relevante. Flavio voltea a ver a la piscina y se sorprende de ver que Julián ya está haciendo el largo de espalda, pero de regreso.

“Ese conchasumadre es un torpedo en el agua”, murmura.

Cuando Julián ha terminado de demostrar los tres estilos, va a una esquina de la piscina  donde hay una banca protegida por dos tabiques de madera en ambos lados; la cámara lo sigue. Se sienta y toma una toalla mientras se saca el gorro y se sacude el cabello, además de sacarse los lentes subacuáticos. Se sienta sobre la banca.

“After that, I got a little tired… and wet.”

Julián se saca lentamente la tanga, le escurre el agua y la deja a un lado. Así, desnudo, mira seductoramente a la cámara.

“And now, I’m becoming hot.”

Julián comienza a masajearse el pene y los testículos: la erección se da en cuestión de segundos. Su miembro tiene unos 16 centímetros más o menos; es cabezón, venudo. Se masturba un rato mientras jadea y lo disfruta.

Willy no escatima encuadres de la cara arrecha, el sexo crecido, y, como el nadador ha levantado una pierna y la ha apoyado sobre la banca, por ratos puede ver el ano cerradito y rosado.

Julián jadea cada vez más fuerte y comienza a gemir, hasta que su cara revela que llega al éxtasis:

“I’m cumming. Oh, shit. I’m cumming now!”

Ráfagas de su semen se comienzan a disparar salpicando de blanco su vientre como tabla de lavar. Cuando termina de  eyacular, soba su aún duro pene contra su abdomen y pubis totalmente depilados.

“I need a shower.”

Julián sonríe a la cámara. Su rostro agradable convierte una escena tensa en una secuencia realmente cachonda. Willy deja de grabar:

“y… corten. Vamos a la ducha”.

La indicación es el aviso que Flavio espera para iniciar su secuencia. En ese momento, vibra el celular de Enrique; mira la pantalla, responde:

“Claro, carnal. Ahora voy a abrirte”.

Dentro del vestidor, mientras Julián se ducha, llega Flavio ya listo con su tanga roja:

“Good morning, coach. I’m ready for my class.”

“Oh, how are you doing, Flavio?”

“Very well. Beautiful body, you have.”

“So do you… Let’s go to the class!”

Y todo queda registrado por la cámara.

Tras grabar la presentación de Flavio, él y Julián escenifican una clase privada de natación. En un lado de la piscina enrique supervisa todo; a su lado, Alejo aún está vestido con su ropa de calle: polo, jean ceñido, zapatillas.

“Sí lo vi de pasada en el consultorio. ¡él es el que salió en las noticias?”

“él mismo, pero eso aquí no se comenta.

“Oye, Enrique… yo quería preguntarte algo… ¿qué pasaría si yo…. Si yo… también la hago de pasivo?”

Enrique voltea a ver a Alejo sin ocultar sorpresa.

En la piscina, la fingida clase de Julián a Flavio ha terminado, y el primero se ha lanzado al agua para felicitarlo. Nadan hasta la parte poco profunda, cerca de los podios, y en una esquina comienzan a abrazarse:

“you really did it good, Flavio.”

“you’re the best and most handsome coach.”

Julián y Flavio comienzan a besarse y acariciarse con la mitad de sus cuerpos fuera del agua. Los dos se quitan las tangas, y así desnudos continúan el juego sexual previo.

Julián sube un poco por la escalerilla en uno de los costados y se sienta en uno de los pasos:

“Now, suck my cock.”

Flavio comienza a chuparle el pene, el que se pone duro de forma casi inmediata.

Alejo decide entrar al vestidor. Se desnuda por completo y abre el casillero que le indicaron: encuentra una bata, sandalias y la tanga de baño que debe usar, de color blanco. Se sonríe.

Cuando sale del vestidor y se asoma por un costado de la piscina, Alejo nota que ahora Flavio está apoyado en el borde con las piernas abiertas dentro del agua; Julián  aprovecha para practicarle un beso negro. Sabe que el siguiente paso es el sexo anal; pero, ¿dónde lo harán considerando que el espacio es demasiado abierto?

La respuesta no tarda en llegar: sobre una toalla al borde de la piscina, Flavio se pone en cuatro y Julián, quien en el entretiempo ya se ha untado su pene con lubricante, lo mete y saca del ano del experimentado modelo y actor porno.

“Oh, coach, fuck me. Fuck that hot ass, coach.”

“yeah. I’m fucking your tight ass, bro.”

Aunque, desde la respetable distancia que ocupa para evitar aparecer en el encuadre, a Alejo le sorprende ver que Julián, para ser un completo novato en el porno, y más aún el porno gay, tiene un dominio escénico bárbaro. Se mueve rápido y sensual, su cara demuestra que se está gozando el sexo, su cuerpo atlético brilla de manera divina.

“you like my dick, Flavio?”

“yeah, coach. I love your hard dick in my ass.”

La imagen de Santos viene a la cabeza de Alejo, y por un momento cree que sería el compañero de escena sexual perfecto para Julián.

“Oh, God. What a tasty ass you have, bro.”

El nadador está llegando al orgasmo por segunda vez en menos de una hora:

“I’m Cumming. Shit. I’m Cumming!”

“Breed my ass, coach!”

Julián al fin eyacula dando un par de sordos jadeos. Se deja de mover progresivamente, saca su pene aún duro. Flavio trata de dilatar su contraído ano para convencer a la cámara que dentro de su recto está el semen caliente de su ‘entrenador’.

Entonces Alejo se voltea pues siente que alguien más está mirando la escena. No es enrique. En una esquina tras una puerta, descubre a a un extraño, quizás un empleado municipal, que parece haber visto todo. Cuando éste se da cuenta que Alejo ya lo descubrió, se asusta, y mucho más cuando el actor y modelo porno le mira la entrepierna: por la cremallera se asoma un pene largo y moreno. Evidentemente, el empleado municipal se ha estado pajeando .

    Y para terminar, tedejamos con una #porno gay.



domingo, 10 de abril de 2022

ASS (23): Sus primeras dos escenas cachando a pelo

Un nuevo actor porno se une a la productora de Enrique.


 

“Soy Mike, tengo 20 años y vine aquí por el casting de baile”.

“¿Qué géneros sabes bailar?”

“Casi todos. Te demuestro si quieres”.

“Qué bueno, Mike. Yo estoy buscando strippers decididos a todo”.

“Yo estoy decidido a todo”, sonríe el postulante.

“Veamos”.

Suena una música y el candidato se pone de pie, va al centro del escenario y comienza a moverse sensualmente al ritmo. Se quita el polo. Sigue bailando. De un tirón se deshace del short y queda solo en zapatillas y una tanga con estampados felinos que le aprisionan el bulto y le ocultan la mitad de sus bien desarrolladas nalgas, aunque se le mete entre ellas.

Al terminar, hace una venia. El chico que lo está examinando se le acerca.

“Nada mal, Mike… pero… en mi show, el stripper se queda totalmente desnudo”.

“¿Y tú te quedas totalmente desnudo en tu shows?”

“Mira”.

Suena otra música y el examinador comienza una rutina en la que también se queda sin polo, sin short, y mientras baila solo en zapatillass y un hilo dental que oculta su paquete pero revela sin ningún roche su culo como dos burbujas hinchadas, se acerca al postulante, lo toma de su tanga atigrada y se la baja hasta las pantorrillas: la pinga semiflácida del otro chico queda al aire.

Se le contonea. El candidato termina de despojarse de la ropa interior y así desnudo lo sigue. Poco a poco, le saca el hilo dental. El examinador gira, abraza al postulante, lo besa en la boca y, apoyándose en sus manos, baja por todo su pecho y vientre velludo hasta llegar a su pinga. La comienza a mamar y la pone dura de inmediato. Tras un par de minutos, el examinador gira y se pone en cuatro patas sobre el piso del escenario.

“Mámame el culo”, pide.

El postulante se arrodilla y se inclina para hacer el beso negro. el examinador gime y jadea. Se la pasan así por un par de minutos.

“Métemela al culo”, pide el examinador.

Mike se incorpora, calibra sus 18 centímetros y comienza a meterlos con suma facilidad en ese hueco que más que dilatado, está bien usado.

“Así, fóllame rico”, pide el pasivo.

el activo se cimbra con mucho ritmo y respira profundo. Cierra los ojos y solo se deja llevar hasta que siente venir su orgasmo. Entonces, para y saca su pene.

“Cortamos”, dice hacia su costado derecho.

En la platea, Willy apaga la cámara de televisión dispuesta sobre un trípode mientras Enrique da una señal de conformidad y alejo mira toda la acción sentado en una silla de plástico.

“Subo para hacer los contraplanos”, avisa el camarógrafo a la vez que carga sus herramientas de trabajo hacia el proscenio.

“entonces, tu amigo… ¿Pedro? Bueno, él no se anima aún”, recuerda Enrique.

“Tiene miedo que su viejo le saque la mierda si lo descubre”, responde Alejo.

“¿Y ese otro que dices tiene más cuerpo de futbolista?”

“Sería de hablar con él, aunque parece que se está cachando a mi amigo Pedro”.

“¿Son pareja?”

“No, digamos que solo cachan porque él vive en su jato”.

“Ah, chinga”, reacciona enrique.

Sobre el escenario, los dos actores se visten por completo y se ubican en la posición inicial de la entrevista.

“Solo voy a hacer tus planos, Flavio”, indica Willy. “¿Recuerdas tus líneas?”

“Sí”, afirma el modelo y actor.

“Enrique, Alejo, detrás de mí para que no salgan en plano”, pide Willy. “¡Y…acción!”

Alejo y Enrique se van a un rincón de la discoteca vacía que funciona como locación.

“El pata que cacha con mi amigo Pedro está llegando al AS con un venezolano que tiene cuerpo como el mío, es culón, y Miguel me contó que ese venezolano es pingón”, dice Alejo en voz baja.

“¿Pero tiene papeles?”, consulta Enrique también en voz baja.

“Ah, eso no sé”.

Vuelve a sonar la música, y en el escenario, el que interpreta al postulante repite el baile y strip-tease hasta volverse a quedar en su tanga atigrada.

“Buen culo tiene tu amigo Miguel; debió depilárselo para ponerse el hilo dental que le había comprado”, comenta Enrique desde el fondo aún en voz baja.

“Y él sí es moderno”, agrega Alejo.

“¿Por qqué no te animas tú? Tienes buen culo”.

“No, cojudo. Duele cuando te meten la pinga”.

“¿Ya te la habrán metido, cabrón?”

Alejo ríe mirando al escenario cómo Flavio se quita toda la ropa y se queda en su hilo dental.

“Corten”, indica Willy. “Voy a cambiar de tiro”.

“¿Así se hace una porno?”, se extraña Alejo al fondo, siempre en voz baja.

“Todo lo que veas en la pantalla es 50% talento del modelo y el otro 50% del equipo detrás de cámaras”, presume Enrique.

En el escenario se reanuda la secuencia  del baile de Flavio hasta quedar totalmente desnudo, acercarse a bailar con Miguel, besarlo, desnudarlo, chuparle el pene, que él haga el beso negro y que finalmente lo penetre por el culo. Ahora Willy puede tomar los gestos de placer de los dos actores con más detalle.

“Las voy a dar”, avisa Miguel.

“Aguanta, voy a abrir la toma”, pide Willy. “Ahora sí… orgasmo… acción”.

Miguel se sigue cimbrando con su pene dentro del ano de Flavio hasta que ahora sí deja desencadenar su eyaculación:

“Me vengo, me vengo”.

“Sí, dame tu leche”, pide Flavio.

Miguel saca su pene, lo pajea y dispara su  semen entre las nalgas y la espalda baja de Flavio. Ambos se tranquilizan y esperan.

“Corten… queda”, avisa Willy.

“Recupérense que tenemos que hacer la escena del baño”, avisa Enrique.

“¿También vamos a filmar cachando y parando?”, vuelve a preguntar Alejo.

“el truco del buen cine”, explica Willy mientras recoge la cámara y el trípode, “es quetodo lo que vesen pantalla parezca como si hubiese pasado de forma corrida cuando realmente no fue así”.

“¿Incluso los videos porno amateur?”, curiosea Flavio.

“Los videos porno amateur no son tan amateur como parecen”, sonríe Enrique. “Son formatos que los estudios han desarrollado para que parezcan amateur y seguir ganando dinero invirtiendo menos en la grabación”.

Los cuatro van al camerino de la discoteca, y aprovechando la estrechez del pasillo, Flavio mete su mano en el culo de Alejo.

“Me dejaste por el Kike”, le dice bromeando.

“le ibas a pagar sus escenas con mi dinero”, aclara Enrique también bromeando.

La escena en las duchas es relativamente básica. Se supone que Alejo, encarnando a Santiago o Santi, está bañándose cuando llegan Miguel, interpretando a Mike, y Flavio, como él mismo. Al hallar el cubículo ocupado, deciden esperar pero Santiago les dice que mejor la comparten. Los tres entran como pueden, se bañan y se excitan.

Mike y Flavio se turnan para chupar el pene a Santiago, quien a su vez luego se los mete por el culo a cada uno. A pesar de la leve protesta de Alejo, Willy graba la escena cortando y cambiando de ángulo con tal de lucir mejor el falo del actor en los dos grandes culos que sodomiza, y de paso el del activo también. En una toma, se logra ver su agujero cerradito.

La escena termina con Flavio mamanndo ambas vergas hasta que logra que eyaculen en su boca. Primero la de Miguel, mucho después la de Alejo. Y como un extra, Miguel mama la pinga cabezona de Flavio hasta recibir el semen en su lengua y tragárselo. Lo saborea.

“Corten”, indica Willy cuyo pene también está durísimo, y de eso se encarga Enrique. Le baja la bragueta del jean, y delante de los tres actores, se arrodilla a chupársela hasta que el esperma del camarógrafo se dispara en su boca. Han sido cuatro horas y media de grabación, y son dos mil soles más en la cuenta de Flavio, dos mil quinientos adicionales a la de Alejo y los primeros dos mil para Miguel haciendo porno. Y todo el vestuario, proporcionado por ASS.

“¿Y si alguien descubre la película?”, por fin pregunta Alejo a Miguel cuando llegan a San Sebastián en la moto.

“Yo no le rindo cuentas a nadie más que a mí, así que yo me hago responsable solito”, responde el galán.

Alejo quisiera decir lo mismo, pero luego de dejar a Miguel, tendrá que inventarse otra mentira sobre su ausencia cuando llegue a casa, eso sí, con una buena dotación de víveres.

Y para terminar,te dejamos con una porno. 

sábado, 24 de diciembre de 2022

ASS (58): el primer facial de Julián

Mientras alejo le enseña al nadador cómo chupar bien el pene, el hombre que espiaba todo en la piscina resulta tener su nivel de arrechura.



Enrique escribe en el cheque, lo desglosa del talonario y se lo da al hombre delgado, joven, que está parado frente a él en el vestuario de la Piscina Comunitaria. El hombre, cabello negro crespo y barba en el rostro no rasurado hace un par de días,  se sorprende al leer la cifra:

“¿tanto, míster?”

“Creo que es suficiente, carnal, para que no le digas a nadie lo que estamos haciendo aquí”.

“Pero yo no pensaba contarle a nadie que están haciendo porno entre patas”, se ruboriza el hombre. “ya le dije que vine a ver mi cargador y cuando me di cuenta… pues… ese chico se estaba cachando al otro joven…”

“¡Estás seguro que no te mandaron Eliezer o José Luis?”

“No, señor, ya le dije que me olvidé mi cargador, vine y no pensé que iba a encontrarme…”

En eso entra Flavio con su escultural cuerpo cubierto por la bata de baño. El hombre delgado calla por vergüenza.

“¿ya arreglaron?”, pregunta a enrique.

“ya, aunque dice que no pensaba echar aguas”.

Flavio mira al hombre, aún aturdido; le sonríe.

“No le veo pinta de querer delatarnos”. Entonces, se dirige a Enrique: “¿Te contó Alejo que lo descubrió pajeándose mientras veía a lo lejos cómo yo cachaba con Julián?”

“Eso es lo que le conté al señor aquí”, se defiende el hombre.

“Además, Alejo me contó que parece tener un buen pene”, agrega Flavio.

Enrique sonríe:

“No pretenderás hacer lo que estoy sospechando”.

Flavio habla nuevamente con el hombre:

“¿¿me permites un momento?”

“¿Qué?”, reacciona el varón, todavía aturdido.

“Confía en mí”.

Flavio toma la camiseta del hombre y se la quita. Su cuerpo delgado es en realidad marcado de músculos con algo de vello en pecho y abdomen. Entonces, Flavio afloja el cinturón, desabotona el pantalón y baja la cremallera, y hala el pantalón hasta las rodillas.

“Lindas piernas”, comenta Flavio.

“Juego fútbol en segunda división… los fines de semana”.

”ah, eso explica tu culo redondo y durito”, comenta Flavio mientras palmea levemente el trasero del hombre, quien parece no estar incómodo. “ahora, la prueba de fuego”.

Flavio baja el bóxer medio raído, igual, hasta las rodillas, y puede ver un pene más o menos largo debajo de una abundante mata de vello púbico.

“¿¿Cuánto te mide?”

“No lo sé, joven”.

“¿Puedo?”, susurra Flavio en su clásico tono seductor.

“Claro… si desea”.

El actor y modelo porno comienza a chupar el pene al varón, quien mira el sexo oral mientras siente cómo esa lengua y esos labios le masajean la virilidad de forma magistral. La erección se produce en cuestión de un minuto.

Enrique no pierde detalle; se acomoda su pene ya duro dentro de su pantalón.

Afuera en la alberca, se supone que Julián ha desafiado a Alejo para hacer un largo de ida y vuelta.

“el perdedor mama el pene al ganador”, retó ante cámara antes de lanzarse al agua.

“Trato hecho”, le respondió a Alejo.

Adrede, Julián llega a décimas de segundo después que su contrincante.

“Puta madre… tendré que tragarme esa pija”.

“Te va a gustar mi pija”, responde Alejo, sonriendo.

Ambos salen del agua, van a la banca donde antes Julián se estaba pajeando. Willy los sigue con la cámara. Los dos talentos llegan aún en su tanga de natación, sus gorras y sus gafas para el agua.

Julián se sienta en la banca mientras Alejo permanece de pie para bajarse la tanga. Lo hace.

“Trágate  toda mi pija”, pide.

Julián, en realidad,  traga un poco de saliva, abre la boca y se dispone a pagar el reto. Jamás en su vida ha chupado pinga. Le dijeron que eso no se hace porque ‘eso no es de hombres’; pero hay algo en la verga de este hombre que le hace imposible dejar de succionar y succionar hasta que consigue hacerla crecer hasta sus 18 centímetros.

Para Julián es raro y nuevo el sabor del líquido pre-seminal, algo salado pero tampoco desagradable. Dicho sea de paso que alejo aprendió con esto de hacer porno lo importante que es tener la pinga y los huevos bien perfumados y limpios.

“Trágate toda mi pija”, insiste Alejo muy cariñosamente, mientras acaricia la cabeza a Julián, pero el novato mamapenes apenas si consigue meterse la tercera parte del falo erecto.

“No es fácil”, sonríe algo frustrado.

Alejo entiende que esto puede estropear la toma, así que hace algo que no debería estar en el guión… aparte que no hay un guión concreto.

“Ponte de pie… yo te enseño”.

Julián se sorprende un poco pero acepta; toma el lugar de Alejo quien ahora le baja la tanga:

“Se hace así”.

Alejo, por primera vez ante cámara, abre su boca y mama el pene del nadador con una maestría que deja a Willy como estúpido por lo que aprecia en el viewfinder de la cámara.

Los 16 centímetros de Julián ya están duros, entrando y saliendo de la boca de Alejo, quien la mama por algunos minutos más hasta que se detiene:

“¿ya sabes cómo hacerlo?”, se pone de pie. “Ahora es tu turno”.

Julián se arrodilla y trata de imitar la lección. Lo consigue en parte. Tácitamente, los talentos y el camarógrafo entienden que esa escena será un toma y dame.

“Así, Julián, la mamas rico”, dice alejo excitado, aunque en realidad su compañero sexual aún tiene problemas para embocarse todo su miembro. “¿Te la vuelvo a chupar?”, le consulta luego de unos minutos.

Julián acepta y vuelve a ponerse de pie; Alejo se la vuelve a chupar mientras le acaricia el redondo y firme culo.

“También quisiera mamarte el orto”, le dice al nadador.

“Claro”, susurra su compañero girando y agachándose sobre la banca.

Alejo le separa las nalgas y descubre el ano cerradito y rosado a Julián. Besa cada cachete, los lame; al fin se lanza a la conquista del agujero rectal.

Al experimentar esas placenteras cosquillas, Julián se siente en la gloria, tanto que comienza a pajearse.

Willy hace verdaderos malabares para lograr una toma perfecta porque la acción se da por ambos lados.

“Las voy a dar, las voy a dar, carajo”, susurra Julián muy excitado. “¡Ohhh!”

Ráfagas de su semen caen sobre la mayólica especial de la alberca.

“Arrodíllate”, pide Alejo.

Julián lo hace.

Alejo pone su pene a la altura de la boca de Julián, se masturba tan fuerte como puede. El nadador no sabe si abrir o cerrar los labios.

Tras unos minutos, Alejo eyacula sobre  el rostro de Julián dando un suspiro fuerte y viril.

Hace que el nadador se ponga de pie y comienza a lamerle el rostro limpiando su propia leche. Julián trata de disimular su desconcierto.

“Gracias”, le dice alejo, sonriendo en voz baja cuando termina de limpiarle la cara de su propio semen. Sella todo con un besito en la boca.

Willy corta la grabación.

“De la puta madre”, califica asombrado.

Adentro en el vestuario, Flavio también recibe el semen del hombre que estaba espiando toda la escena; se lo traga.

“Rico; yo creo que sí califica”, dice a Enrique.

El hombre está sudando del puro orgasmo; también mira a Enrique:

“¿ya me puedo ir?”

Enrique sonríe:

“¿y si te propongo otro trato?”

    

sábado, 10 de julio de 2021

La hermandad de la luna 4.7

A mediodía ya no quedan alumnos en el AMW, así que Adán y Owen deciden cerrarlo. Tras cuadrar cuentas, los dos ingresan a la casa.

“Tengo que ir a la finca; te traeré almuerzo”.

“No ser necesario”, sonríe Owen. “Yo saber cocinar”.

“¿Seguro?”

“Sí”.

Adán busca su gorra y va al pasillo largo para sacar su bicicleta, cuando se detiene en seco.

“¿Cómo hiciste lo de anoche?”

“¿Yo?”, rresponde el risueño instructor. “Yo no hacerlo solo”.

“¿Cómo lo hicimos, entonces?”

“energía, Ádam. Tu saberlo. ¿Por qué dudarlo?”

El cuerpo de luchador sonríe:

“Hablaremos cuando regrese… y hablaremos mucho”.

Al abrir la puerta y sacar la bicicleta, mira al jardín y nota algo que allí no estaba el día anterior: un pasamontañas negro. Qué raro, se dice. Se agacha a recogerlo, abre su mochila y lo guarda.


 

Tras el almuerzo en la finca, Tito decide quedarse todo el fin de semana con Flor.

“Tomaré tus turnos de vigilancia”, le dice a Frank.

La chica no es partidaria de la idea luego de la intensa noche anterior, pero también trata de entender a su padre tras las horas tensas que les tocaron vivir. Tito encarga a Adán la administración del gimnasio por las próximas cuarenta y ocho horas.

“Deberíamos traer a Owen esta noche para comer y tomar algo aquí”, sugiere el cuerpo de luchador.

“Primero verifica que no haya alumnos para mañana; con esto de que el negro se ha vuelto popular, no descarto que le aparezcan citas de entrenamiento; por otro lado, no quiero dejar ni la casa ni el local solos después de lo que pasó”.

Adán mira a los cuatro costados y se cuida de que no haya nadie escuchándolos.

“¿No hay problema que me quede solo con Owen?”

“No. ¿Qué problema va a haber, primo?”

“Solo… decía”.

“Sigo tu consejo, primito querido”, ironiza Tito.

“Y… ¿te quedó alguna… marca?”

El gladiador no entiende la pregunta.

“En el culo, huevón”, susurra Adán.

“Ah… No, la verdad nada. ¿Y a ti?”

“Ni mierda, primo. ¿Cómo lo hizo si era enorme?”

Tito no sabe qué decir. Incluso para él es un misterio cómo los tres consiguieron dormir tan cómodos esa madrugada en la misma cama de plaza y media.

 


A las siete y media de la noche, Frank y César llegan hasta el tercer piso de un edificio como cualquier edificio en el lado sur de Collique.

“¿Seguro que tu amigo te dijo aquí?”, duda el más joven.

“Es el número”, dice el menos joven.

Frank toca el timbre. Ambos esperan. Un chico joven y guapo les abre la puerta. “¿El señor Saúl? Venimos de parte del fiscal García”.


 

Saúl es un tipo mestizo con rasgos afro, cuarenta y tantos, algo alto, ni delgado ni musculoso, pero sí evidentemente en forma. Tiene ojos grandes, boca también grande y de labios carnosos, cabello crespo esponjado. Viste camiseta y jean entallados, zapatos marrón oscuro con relieves que imitan la piel de un reptil.

“¿Así que quieren bailar como Strippers?”

“No,solo yo”, aclara Frank.

Ambos, junto a César, están en una pequeña oficina donde no hay más que un sofá y un sillón, una mesa de centro sin mayor pretensión estilística, la luz difusa de una lámpara.

“Muéstrame lo que sabes hacer, entonces”, pide Saúl.

Frank mueve la mesa de centro a un costado, coge su celular, ubica el tema interpretado con saxofón y comienza a moverse de manera sensual sin perder el contacto visual con su examinador, quien está sentado junto a César sobre el sofá. Se deshace de la camiseta y Saúl, casi por reflejo, topa y acaricia el grueso muslo del fisicuculturista. Conforme la sensual pieza continúa, el bailarín delante de ellos se quita las zapatillas, el cinturón (con el que hace el típico juego de azotarse sin azotarse y sobarse la entrepierna), y se desabrocha el jean. Frank se acerca a Saúl:

“Baja el cierre”.

El hombre suelta el muslo de César (y César respira menos tenso), lo lleva a la base de la cremallera y con la otra ase el ganchito, lo baja lentamente. Un interior negro con una luna blanca en cuarto creciente, bordada en hilo, aparece debajo.

“No puede ser”, murmura Saúl.

“Bájame el jean”, instruye Frank sin dejar de contonearse.

Saúl duda, tiene el pantalón cogido de las mangas, tocando los duros muslos, pero no se decide a nada. Respira hondo y rápido, y se pone de pie súbitamente.

“¿Qué significa esto?”, inquiere serio. “¿Son policías?”

Frank y César se miran algo nerviosos.

“No, no lo somos”, intenta tranquilizar el primero. “¿Por qué?”

“¿De dónde sacaste esa tanga?”

Frank se mira la entrepierna y reacciona de inmediato.

“Ah, se la compré a un amigo en el gimnasio al que voy”.

“¿Qué gimnasio?”, pregunta un ansioso Saúl.

“El Extreme”, mete su boca César, como impelido por un resorte.

Saúl intenta tranquilizarse, y Frank  se levanta un poco el jean, acercándose. Pone su mano derecha en la nuca de su anfitrión, y la izquierda en medio de su pecho.

“¿Te traemos agua? No luces bien”.

Saúl se niega. César se levanta y lo toma del brazo derecho.

“Siéntate, tranquilízate”, le sugiere.

Saúl considera que ésa es una mejor idea. Frank se coloca a su lado.

“¿Quién los envió, muchachos? ¿Cuánta plata quiere García? ¿Van a cerrarme el local?”

“Nada de eso, señor. Solo vine a pedirle trabajo porque me dijeron que su club es… muy concurrido”.

“¿Quién te dijo eso?”

“ehhh…”, se entromete César.  “Lo que mi amigo trata de decir es que… usted tiene un público selecto… como… el doctor… García”.

Saúl parece respirar más tranquilo.

“Entonces García los mandó”.

“Solo nos recomendó”, aclara César.

¿En serio solo es eso, muchachos?”

“Sí, mire”, le dice Frank terminándose de sacar el jean y poniéndose de pie delante suyo, girando hasta darle la espalda, luciendo el hilo dental negro.

“Rico culo, aunque falta depilarlo…”, califica a Frank.  “¿Y tú no bailas?”, se dirige a César.

Frank carraspea.

“Sí, pero… ehhh… no vine preparado”, se justifica César.

Frank carraspea de nuevo.

“Pero… ehhh… puedes verme si quieres”, ofrece el fisicoculturista, quien se pone de pie, pide música, y comienza a desprenderse de su camiseta, sus zapatillas, su jean y se queda en un bóxer blanco pegado.

“Se mueven bien, chicos; pero los shows en el G4G terminan con los chicos… desnudos”, aclara Saúl.

Frank y César se miran algo nerviosos. El más joven hace un gesto con la cara y el fisicoculturista se le acerca; el que viste la tanga hilo dental toma la pretina del bóxer, y se lo baja a César simulando besarle el cuello.

“Sígueme la corriente”, alcanza a decirle casi infrasónicamente en la oreja.

El más musculoso toma las tiras de la tanga y se las baja a Frank. Ambos se abrazan y siguen besándose en el cuello mientras rozan sus penes. Lo gracioso es que, por la diferencia de estaturas, el más joven lo hace a la altura del ombligo de César, y éste termina metiendo su erección entre las dos piernas de su amigo.

“me han puesto arrechísimo”, comenta Saúl, quien se pone en pie, se desnuda todo y se acerca a los chicos tratando de meter su pene erecto y largo entre los torsos bien labrados. Ambos le besan indistintamente el cuello y las tetillas. Saúl se hinca y comienza a chupar los falos de cada uno. César mira a Frank con cara de ¿¿y qué viene ahora?’. El joven alto y atlético solo guiña un ojo como respuesta.

“Oh”, Saúl deja de mamar los penes y se sienta en el sofá. “Vengan”.

Ambos chicos lo siguen y flanquean, continúan besándose en el cuello, mientras sus manos se confunden acariciando alguno de los tres cuerpos.

“Mejor nos tranquilizamos, chicos”, opina Saúl; “si los ordeño ahora, ya no querrán bailar más tarde”.

“Solo bailaré yo”, reitera Frank.

Saúl sonríe. Al fin, el más joven se anima a darle un breve beso en la boca, aunque por puro compromiso.

“¿Por qué te jodió ver mi tanga?”

“¿¿Sabes qué tiene bordada?”

“Una Luna. Pero, ¿qué tiene que ver eso?”

“Pensé que era un mensaje de los dueños anteriores. ¿Has oído hablar de Manolo Rodríguez?”

“No”, miente Frank con todo desparpajo.

“Fue el dueño de este local hasta hace cinco o seis años, pero no sé por qué terminó vendiéndolo. Él protegía a un chibolito, Christian, que intentaba manipularlo, pero Manolo no caía fácil, aunque no tanto porque fuese fuerte sino porque tenía un grupo de empleados. Se llamaban La Estirpe, un juego de letras que venía de strippers. Recuerdo que había un ojos claros, velludo como tú, blanco; le llamaban Joey. A Christian no le gustaba que ese chico interfiriera en sus planes. Manolo mandó todo a la mierda y puso en venta el local. Yo se lo terminé comprando. Christian quiso venir a manipularme también, pero lo puse en su sitio; ahora es cliente”.

“¿Es cliente de aquí?”, Frank verifica.

“Sí, viene siempre. Tres o cuatro veces por semana. Hoy de hecho que viene para quedarse de amanecida hasta mañana”, sonríe Saúl.

“¿Y vino esta semana?”, interviene César.

“¿Seguro que no son policías, chicos? Tienen todo el corte”.

“Sí”, bromea Frank. “Tócame mi pistola y mi placa”, le insinúa moviendo su cadera.

Saúl ríe.

“Sí, sí vino esta semana: el miércoles estuvo un rato, pero tuvo un problema con otro chico, un venezolano que lo conocemos como Edú”.

Frank y César se miran sorprendidos pero tratando de disimular lo más posible para que Saúl no lo advierta.

“Tuvimos que llamar a la ambulancia porque Christian se desmayó en un privado”.

“¿Y el venezolano?”

“Se esfumó”, responde Saúl.

“Vamos a prepararnos para venir más tarde”, avisa César a Frank, quien asiente. Los dos chicos recogen las prendas del suelo y se visten otra vez. Saúl hace lo mismo y saca su billetera, toma dos de doscientos y le da uno a cada chico.

“Díganle al Juancho que no me haga problemas, por favor”.

Los chicos miran desconcertados a Saúl.

“No somos policías”, repite Frank.

“No importa… aunque sea para sus pasajes. ¿Vendrán más tarde, no?”

“Claro”, miente Frank. “Solo algo más… ¿Christian solo vino el miércoles?”

“Ah, no”, retoma Saúl. “También vino el lunes, y no vino solo: estuvo con Manolo, y fue la última vez que los vimos juntos… y que lo vimos vivo”. Saúl comienza a sollozar.

Frank abraza al hombre mientras mira sorprendido a César.

“Toma”, le devuelve el billete a Saúl, quien lo mira totalmente desconcertado.

“¿Por qué?”

“Nadie debe saber que tuvimos esta conversación… podría comprometerte”, aconseja el muchacho.

“Me das miedo”, tiembla Saúl.

“Tranquilo que nada te va a pasar, promete Frank. “Te diré qué vamos a hacer”.


 

jueves, 1 de marzo de 2012

TT1: Con la miel en el cuerpo

Comencé a ir al gimnasio por curiosidad. El Metro, por Metrosexual, me recibió.
- Mira, vas a ver cómo tu cuerpo y tu salud se mejoran.
El Metro era el instructor: un pata en sus 25, cabello corto, algo de barba, un cuerpo velludo cubierto por un body de lycra al estilo luchador, que le marcaba unos prominentes pectorales, algo de paquete y unas abultadas y redondeadas nalgas. Lo que estaban al descubierto eran unos brazos gruesos y formados y unas piernas enormes y espectaculares. Era claro que estaba frente a un físicoculturista.
- ¿qué dices? ¿Te animas?
- Ya, bueno, probaré este mes. ¿Y qué incluyen los servicios?
- Bueno, las máquinas, y una hora de sauna los sábados.
- ¿Tienes sauna?
- Sí. ¿quieres conocer?
El Metro me hizo una visita guiada por un espacio libre lleno de espejos que usaba para los aeróbicos, y un tabique de madera que lo separaba del área de máquinas.
El sauna era un cuarto enorme de metal, al que se entraba por una puerta que daba a un pequeño vestidor y que discretamente te mandaba a las duchas. Milagrosamente, éstas tenían agua.
Comencé esa semana y me acostumbré a verlo vestido así, mínimamente, exhibiendo su musculoso cuerpo, pero derrochando simpatía, interactuando con todo el alumnado, preocupándose porque aprendieras a hacer el movimiento, preguntando si te sentías bien.
- La pastilla se llama Apronax.
Esa era la frase con que despedía a sus alumnos de cada clase, advirtiéndoles que si les dolía, iba todo bien, que no se preocuparan, pero que regresaran.
Y la gente regresaba.
Yo aguanté la semana, porque quería obtener alguna meta en mi vida, ya que siempre solía abanonar las que me proponía. Ésta fue la excepeción, porque hasta ahora sigo con los fierros, y eso debo reconocérselo, que me inculcó la pasión por ellos... bueno y por los buenos cuerpos.
Ese sábado tocó sauna. Como yo, había otros tres patas que iban a entrar.
Había leído algo sobre el tema, y encontré que la mejor manera de tomar ese tipo de baño era totalmente desnudo, que la toallita y toda la huevada era simple truco para las cámaras.
Cuando llegó el momento, El Metro comenzó a calentar el espacio, y cuando ya había ganado temperatura nos hizo entrar.
Yo era el único calato del grupo, pero como todos éramos patas, como las huevas. No eran cuerpos formados; de hecho sólo uno tenía la forma de atleta, pero se había cubiertto sus partes con su calzoncillo.
De pronto, la puerta corrediza se abrió y entró el instructor con una botella en la mano.
- Es miel. Es buena para la piel, lo sentirán ahora.
Dicho esto, comenzó a echarla desde la cabeza, como quien unge a sus discípulos.
Cuando me la echó, entendí el poder de la miel más el calor. Vásicamente se evapora, pero al hacerlo, se lleva las toxinas y deja la piel suave, tersa, de la puta madre.
El Metro vestía una tanga como las que se usan para los concursos de culturismo. Era negra, y por atrás, con dificultad le cubría sus nalgas.
se echó la miel.
El tratamiento se repitió las siguientes tres semanas. Cada bez que pasó, él, vistiendo su tanga entraba y repetía el rito de la miel.
La última, cuando ya se acababa mi membresía, sólo estábamos dos para entrar al sauna, justo el pata atlético y yo.
Entramos y nos pusimos a conversar de todo un poco, sólo que esta vez el pata no tenía nada, y así pude ver su pene incircunciso, coronado de un tupido vello púbico y unas grandes bolas. El pata era algo simpático.
Yo también estaba calato, con mi cuerpo semivelludo, y sentado muy cerca de él.
Las gotas de sudor decoraban nuestros cuerpos, y de cuando en cuando, nos las sacudíamos, descansando sobre las bancas de madera.
De pronto la luz se apagó, y se abrió la puerta corrediza.
Me palteé un poco.
- No se preocupen, es para que se relajen mejor.
Era el Metro. Y volvió a repetir el rito de la miel, sólo que esta vez con una variante.
Como la puerta tenía un vidrio, y por allí se filtraba la luz del gran salón de máquinas, pude ver cómo se acercó al otro pata, le dejó caer el fluído, y comenzó a restregarle el cuerpo. El pata estaba con la cabeza levantada, mientras el Metro lo sobaba por el pecho y la espalda.
- ¡Aguarda, Metro!
- ¿Qué pasa?
- No toques el culo, mierda.
Nos reímos los tres.
Luego vino hacia mi, me echó la miel, y comenzó a sobarme sus gruesas y gordas manos por el pecho, la espalda, y también las nalgas. Yo no protesté, pero hice un gran esfuerzo para evitar que se me parara, porque cada vez que me pasaba la mano a lo largo de mi espina, sentía cosquilleo.
- Échame la miel.
Le hice caso, y puse la botella en alto. Comenzó a sobarse el cuerpo, y luego me dio la espalda.
- Ayúdame a esparcir la miel.
Mi mano sobó el dulce por su gran espalda, y tuve que llegar a sus nalgas.
- sigue normal.
Su culo era velludo, y no aguanté más: mi verga se paró.
Con mucho cuidado, aprovechando la penumbra, traté de que ésta no lo rozara.
Los tres nos sentamos sobre la banca, pero me fui al rincón con la esperanza que se me bajara mi erección. Nada.
Cuando vi al otro pata que había entrado conmigo, que se había acostado sobre la banca, la tenía armadaza.
El Metro estaba a mi costado, como las huevas, conversando de todo un poco.
Entonces, el otro pata se levantó.
- Voy a ducharme.
Al abrir la puerta, era evidente que su erección, de unos 16 cm, estaba a tope.
Me quedé con el Metro.
- ¿Y qué tal el mes?
- Excelente. Tengo algunos logros.
- Sí, lo noté. Si sigues, llegarás a echar mejor físico.
- ¿Como tú?
- Claro... ¿Y qué dices? ¿Tomas el segundo mes?
- Bueno.
- Hombre, hazlo, mira nadie te ofrece sauna.
Tras meditarlo unos segundos, acepté. Me palmeó la pierna.
Un par de minutos después, el otro pata entró. La tenía baja. Pensé que se debía al agua fría.
- anda, dúchate.
salí, y cuando iba a abrir la ducha, mi pie pisó algo pegajoso. Bajé mi mirada: semen.
No le di importancia y me duché.
Tras reingresar al sauna por unos 20 min, salí, me duché y me cambié para irme a casa. El otro pata y el Metro se quedaron todavía, calatos, dentro del sauna.
Esa noche, me duché de nuevo y me la corrí. Como nunca, grandes torrentes de mi leche salían disparados hasta la pared de mi ducha. Pensé que era la testosterona, ya que, cuando entrenas, ésta aumenta naturalmente.
Ese lunes regresé a iniciar el segundo mes. El Metro vestía un short algo holgado, pero que igual no podía ocultar sus nalgas.
Ese sábado, repetimos el sauna, solo que esta vez el otro pata no apareció para nada, mas bien dos nuevos alumnos.
Cuando ingresé, porque fui el primero en meterme al sauna, vi algo brillante en la esquina que no había visto la última vez. Al alzarlo, lo identifiqué: la envoltura de un condón.
En ese momento, el Metro entró, como siempre, con su botella de miel, vistiendo su tanga negra.
Cuando vio lo que tenía en la mano, puso cara de circunstancia. No le dije nada. No me dijo nada.
Doblé lo más que pude el papel aluminio y lo tiré a una esquina. La ceremonia de la miel se repetiría esa noche.

CONTINUARÁ...
©2012 Hunks of Piura Entertainment
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jueves, 2 de mayo de 2019

Decía que no, pero ahí estaba en el bar

Acabo de reincorporarme a la chamba en un gym como instructor. No viene al caso explicar por qué me alejé tanto tiempo, en todo caso sí tengo que decir que fue Arnold, otro de los instructores, quien me animó a dar clases de nuevo. Todo comenzó cuando estaba por el centro y pasaba por el gym. Entonces entré para saludar. Ya era mediodía, cuando solo quedaban unos tres alumnos. Arnold me recibió con mucha alegría y amabilidad y nos pusimos a hablar de todo un poco. Fue entonces cuando me lanzó la idea de regresar. Yo le dije que ya no, que no estaba interesado, que quería probar otros negocios. Entonces lo llamó un alumno y pasó algo raro: en vez de que saliera directo a verlo por el costado que tenía libre, le dio la vuelta a su escritorio y pasó por detrás de mí, rozándome su paquete. No estaba al palo, pero me llamó la atención la rozada de paquete. Supuse que era casualidad, como el espacio donde pasaba era estrecho, y tiene un gran culo, entonces puede que alla sido éso. Esperé un minuto a lo más. Cuando regresó, lo mismo. No entró directo a su silla, sino que pasó por mi espalda y volvió a rozarme el paquete. Cuando se sentó, me lo quedé mirando con cara de extrañado, y él me sonrió y me guiñó el ojo.



Le conversé el hecho a un amigo, y tras reflexionar conmigo todo lo que le dije, me aseguró que Arnold me estaba mandando una señal, y que la única manera de confirmarlo, era preguntándoselo directamente. La cosa es que yo veía a Arnold como amigo, pero sí me dio mucha intriga porque físicamente es atractivo. Es un fisicoculturista de competencia, de hecho.



Con el pretexto de conversar sobre su propuesta de regresar para que dé clases, volví al gym a la misma hora. Quedaba un par de alumnos esta vez. Hablamos del tema. Me recordó que era bueno en mi rama de entrenamiento, que yo mismo podía ganar tanto dinero como clases quisiera dirigir. En fin. Entonces lo volvió a llamar uno de los alumnos, y volvió a repetir la misma ruta. Me rozó su paquete por la espalda. Se demoró un par de minutos. Escuché que se despedía de los alumnos. Regresó y pasó otra vez rozando su paquete por mi espalda. Solo que esta vez, se quedó allí atrás, se agachó para abrazarme. "No seas cojudo", me dijo, "regresa, huevón". Yo no me negué al abrazo. Entonces sentí cómo su paquete se ponía duro. Mi pinga se puso al palo también. "Si regreso, ¿vas a ser así de cariñoso conmigo?", le pregunté bromeando. "Claro", me respondió. Entonces me levanté de la silla, y a propósito me rozé contra él. Entonces me tomó de la cintura y me pegó su paquete duro a mis abultadas nalgas. Era imposible equivocarse porque los dos solo vestíamos una bermuda delgada. "Lo voy a pensar, pero más que sí", le dije. "Espero que sea sí", me replicó, y comenzó a mover su cadera lentamente en mi culo, como si lo estuviera cachando.



Al regresar a mi casa, me metí a mi cuarto y reflexioné todo: la oportunidad, la necesidad y la arrechura. El pene de Arnold estaba evidentemente erecto, entonces no cabían más dudas. Me excité otra vez, me quité toda la ropa, me pajeé imaginando a ojos cerrados el cuerpo musculoso de Arnold, en especial su culo. Una ráfaga de leche me inundó mi abdomen y mi pecho.



El lunes de esa siguiente semana rreinicié mi trabajo como instructor. Tomé un turno a las 7 de la mañana. De ese modo, tenía tiempo el resto del día para hacer lo que tenía planeado. Al terminar mi turno, Arnold estaba conversando con otro alumno, guapo, también con cuerpo de culturista. "No pues, huevón... ¿cómo voy a salir a concursar con una tanga que se me mete por la raja del culo?", le decía ese alumno. "Todos concursan así", le replicaba Arnold. "Por éso dicen que los culturistas son homosexuales", le chantó el alumno. "Bueno, éso sí", comentó arnold y se calló. Yo me sentí sorprendido con la conversación. "Así que, Arnold, no salgas a concursar con tanga, si no, van a decir que eres maricón", le aconsejó el alumno. "Noooo, yo para nada soy maricón, a mí me encantan las hembras, yo a los maricones los trato a patadas", se defendió Arnold. Yo me sentí incómodo, me despedí y me fui a casa.


Estaba descansando en mi cama buscando puntos en Grind'r. Me sentía palteado. ¿Cómo era posible que Arnold simulara cacharme cuando estuvimos solos esa vez y ahora le dijera al otro pata que hasta trataría a patadas a los gays? Yo soy gay, ¿entonces Arnold me trataría a patadas? Conseguí por ahí un punto en Grind'r y me encontré con él. Fuimos a cachar a su depa. El pata con quien me reuní mamaba rico la pinga y tenía un culo apretadito que me lo caché con gusto hasta botar mi semen en su espalda. Cuando nos estábamos duchando, el pata me preguntó: "¿Tú vas al gym donde trabaja un instructor llamado Arnold, no?". Le respondí que sí. "¿por qué?", le pregunté. "ah, porque a ese pata siempre lo veo en el bar de ambiente que hay cerca de la plaza". Me quedé idiota. "¿Estás seguro?", le pregunté. "Claro... incluso una vez se sentó a mi mesa y le invitamos chela, pero tuve mala suerte porque otro amigo parece que se lo levantó". No creía lo que el pata me contaba. No lo creía. "¿Cuándo lo viste?", volví a preguntarle. "Ah, el viernes pasado... el siempre va los viernes".



A la mañana siguiente, tras dar mi clase, otra vez Arnold estaba conversando con el alumno homófobo. Me costaba trabajo conciliar el hecho de que ese día me arrimara su paquete duro en mi culo, y ahora ni siquiera tuviera una expresión de desagravio con la gente gay, aunque no lo fuera. Preferí no encararlo. Tenía otros planes. El viernes por la noche fui al bar de ambiente tratando de no llamar la atención y me senté en un sitio bien caleta pero de donde se veía todo el espacio. Ya había ido antes, así que me es familiar. Fui temprano, como a las 9 de la noche, y decidí quedarme a esperar. Ya era como las 11 y ninguna señal de Arnold, mas bien del pata con quien había tirado a inicio de la semana. No le pasé la voz, pero comencé a pensar que era floro. Quizás el pata solo quería sacarme la lengua. Como ya estaba aburrido y cansado, decidí irme. Estaba dando media vuelta hacia la puerta, cuando me choqué con alguien. Pedí disculpas y luego me quedé helado. Era el alumno homofóbico, quien trataba de cubrirse la cara con una gorra. Traté de recuperarme, y comencé a sonreírle con sarcasmo. Avancé a la puerta, pero alguien me topó el hombro. Me voltéé. "¿Tú qué haces aquí?". Era Arnold. En su mano había una lata de chela.



Era casi medianoche cuando Arnold y yo llegamos al gym. Entramos. Él se queda a dormir ahí cuidándolo. Nos sentamos en el escritorio. "¿En qué momento me comenzarás a agarrar a patadas?", le pregunté sonriendo. "Nada, pata, sabes que nunca haría éso", me dijo arrochado. "Entonces, no quieres que te vean menos machito", le solté. Se quedó callado varios segundos. "Tú sabes cómo es la vaina acá", se justificó al fin. "¿Cuál vaina?", le pregunté otra vez. "Si saben que eres gay o que simpatizas con los gays aunque no lo seas, te marcan, huevón", volvió a justificarse. "O sea, ya estás marcado porque yo soy gay", le afirmé. No me dijo nada. Se levantó de la mesa, abrió un armario, sacó una colchoneta y unos trapos que supuse eran las cobijas, extendió todo sobre el suelo y prendió su celular. Puso un reggaetón, y se puso a bailar sensualmente mirándome. Mientras lo hacía, comenzó a desvestirse completo, completo, completo, hasta mostrarme su cuerpo de dios griego lampiño por todas partes, con el vello púbico bien rasurado. Se dio la vuelta y me movió el culo. Yo estaba a mil. Se dio vuelta de nuevo, me extendió la mano y me llevó a bailar con él. Mientras bailábamos, me fue quitando la ropa hasta dejarme calato, calato, calato. Me besó en la boca y me acarició. Pegamos nuestros paquetes. Se nos pararon las vergas.


Al poco rato, estábamos acostados sobre la colchoneta, rozándonos y besándonos. Le recorrí los pectorales, el abdomen de tabla de lavar, su pene erecto que no pasaba de los 14 cm, sus bolas. Luego, le chupé su miembro. Él comenzó a gemir y a pedir más. Levantó sus piernas al aire. "Chúpame el culo", me pidió. Le proyecté más las piernas y metí mi cara entre sus dos nalgas duras. Le hice un rico beso negro. Gemía más fuerte. Luego bajó las piernas, me volvía a ofrecer su pene, y entendí que era su turno. Me acosté a su lado, boca arriba y repitió todo lo que yo le hice, en especial chuparme mis 15 cm de pinga, gruesa y venuda, luego hundirse en mis nalgas para sopearme el ano. Yo estaba en éxtasis. Entonces se arrodilló, me tomó las piernas con fuerza, me puso su pene en la entrada de mi culo y me lo fue metiendo poco a poco. Me cachó rico, con cariño, con pasión. Duró como media hora. Me preñó mi ano. entonces me la chupó y las di en su boca.



Me quedé a descansar ahí junto a él, desnudos. Como no tenía clase a la mañana siguiente, no tenía la preocupación de acostarme temprano. No sé cómo haría él. A las 5 de la mañana sonó mi celu. Era mi vieja, preocupada. Le dije que estaba bien, que me había quedado en una fiesta y en vez de irme de madrugada, me quedé a dormir ahí. Juzgué que era el mejor momento para irme. Me duché en el gym, me vestí y le pedí a Arnold que me abriera la puerta... ya me había abierto el culo, jaja. Él se puso una bermuda y salió a abrirme.



el lunes siguiente, al terminar mi clase, nuevamente estaban Arnold y el alumno que había descubierto en el bar de ambiente. Mi amigo me saludó normal, y esta vez sin ningún comentario contra los gays. El otro pata no sabía dónde meterse. "Bueno, me regreso a casa", dije, "no vaya a ser que me agarren a patadas". Arnold sonrió. El otro pata mejor se fue a otro sitio. Estaba avanzando hacia la puerta cuando sentí una palmadita en mi nalga. Me volteé palteado. Era Arnold. "Ya no lo jodas", me pidió. "OK", le dije. "Ojalá cachemos otra vez", me dijo. "Claro, cuando quieras, le guiñé mi ojo. Salí del gym con una sonrisa de oreja a oreja.

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jueves, 13 de marzo de 2025

¡qué rico se ve Ko Ryu en suspensor y tanga hilo dental!

De las cuatro sesiones individuales que este fisicoculturista peruano hizo para Muscle Hunks, ésta es quizás una de las que se tiene poco material disponible. Bueno, eso creíamos. Recientemente se liberó más material de esta sesión en un cuarto con paredes celestes y donde nuestro consentido nos muestra toda su humanidad en la cama.









Aquí va un primer paquete de fotos.


Pero, viendo bien las fotos, coincidirás con nosotros en que ese hermoso físico, puro cuerpo magro, se ve de la puta madre vistiendo un suspensor. ¿Y cómo no va a ser? ¡Mira ese hermoso y enorme culo al descubierto! A pesar de que estas imágenes ya cumplieron más de una década de producirse, siguen generando los mismos deseos eróticos en ti: tu pinga bien al palo, tu ano bien dilatado.








Aquí va un segundo paquete de fotos.


Como para hacerle un largo beso negro, ¿no? Claro, con ayuda de otros dos patas: uno que le abra la nalga derecha y otro que le abra la nalga izquierda. Luego nos podemos turnar. ¡espera! ¡Ko Ryu en tanga hilo dental?¡No jodas! ¡qué hermoso, carajo! ¡Simplemente, qué hermoso! Ufff, ya queremos pajearnos y botar toda nuestra leche en nombre de ese portento inca. O lambayeque, más bien. Te dejamos antes de que terminemos con las manos pegajosas de puro semen.









Aquí va el último paquete de fotos. Ah, y el video de toda la sesión.