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jueves, 13 de marzo de 2025

¡qué rico se ve Ko Ryu en suspensor y tanga hilo dental!

De las cuatro sesiones individuales que este fisicoculturista peruano hizo para Muscle Hunks, ésta es quizás una de las que se tiene poco material disponible. Bueno, eso creíamos. Recientemente se liberó más material de esta sesión en un cuarto con paredes celestes y donde nuestro consentido nos muestra toda su humanidad en la cama.









Aquí va un primer paquete de fotos.


Pero, viendo bien las fotos, coincidirás con nosotros en que ese hermoso físico, puro cuerpo magro, se ve de la puta madre vistiendo un suspensor. ¿Y cómo no va a ser? ¡Mira ese hermoso y enorme culo al descubierto! A pesar de que estas imágenes ya cumplieron más de una década de producirse, siguen generando los mismos deseos eróticos en ti: tu pinga bien al palo, tu ano bien dilatado.








Aquí va un segundo paquete de fotos.


Como para hacerle un largo beso negro, ¿no? Claro, con ayuda de otros dos patas: uno que le abra la nalga derecha y otro que le abra la nalga izquierda. Luego nos podemos turnar. ¡espera! ¡Ko Ryu en tanga hilo dental?¡No jodas! ¡qué hermoso, carajo! ¡Simplemente, qué hermoso! Ufff, ya queremos pajearnos y botar toda nuestra leche en nombre de ese portento inca. O lambayeque, más bien. Te dejamos antes de que terminemos con las manos pegajosas de puro semen.









Aquí va el último paquete de fotos. Ah, y el video de toda la sesión.

lunes, 6 de marzo de 2023

¿Qué más puede enseñarnos Rafael Cardozo?

El actor y modelo brasileño Rafael Cardozo (10 de diciembre de 1983) llegó a Perú en 2003. No vino de placer. Huyó de amenazas de muerte luego que se arriesgara a defender a su familia de unos ladrones que lo habían tomado de rehén mientras se metían a su casa. En un movimiento arriesgado, logró reducir al hampón y dispararle con su propia arma de fuego.













Rafael dejó en Brasil una naciente carrera como modelo de fitness, que incluso lo llevó a posar desnudo y con el pene totalmente erecto para la otrora gloriosa G Magazine. Había ganado concursos deportivos y de belleza masculina.


Cuando llegó a Perú, fue incorporado al grupo de ballet axé Porto Seguro que se hizo muy popular en la televisión peruana y llegó a dar shows en diferentes lugares del país. Pero en el caso de Rafael, su apariencia y su musculatura llamaron la atención de todo el mundo, y pronto se convirtió en una personalidad de los medios.


Uno de sus trabajos más conocidos fue el de pertenecer a un reality show consistente en superar diferentes pruebas de esfuerzo físico y agilidad mental. Su carisma se basa en la naturalidad con que habla de su vida incluyendo la oportunidad en que hizo los desnudos porno. Tampoco se acompleja de calificar la belleza de otros hombres sin que eso determine su orientación sexual. Simplemente, califica lo que ve y lo hace de manera muy honesta. Muy amigo de sus amigos, quienes lo conocen en lo personal e íntimo, siempre lo destacan por su lealtad.


Finalmente, si algo le tenemos que reconocer a Rafael es que podría no gustarte el tamaño de su pinga, pero a diferencia de los culturistas peruanos que prefieren evadir el tema, cuando al brasileño le hablan de sus desnudos porno, no los niega ni se acompleja en contar detalles. Como un agradecimiento a dos décadas de elegir a Perú como su nuevo hogar, y haber triunfado en él, aquí te hemos ilustrado con sus célebres fotos calato y al palo.

Mira el video de Rafael Cardozo | Tuitéanos | hunks.piura@gmail.com













domingo, 28 de agosto de 2022

Otra fantasía gay con Fernando Carrillo

Este actor venezolano, al margen de si lo deseas o no, bien puede anotarse un récord: ser el objeto de deseo masculino que no ha perdido vigencia por más de 30 años.


Dicen que el buen vino es más rico cuanto más añejo, y parece que eso también sucede con el actor venezolano Fernando Carrillo (Caracas, 6 de enero de 1966) , quien con los años no se desluce sino todo lo contrario: además de su hermoso rostro, ese esculpido cuerpo en el que destacan esos increíbles abdominales y ese glorioso culo, lo hacen absolutamente irresistible.

El gran aporte de Fernando Carrillo a la comunidad gay y bi de Latinoamérica es haber sido uno de los protagonistas de sus más húmedas y pegajosas fantasías  por más de tres décadas desde que apareció en las pantallas de su país hasta que poco a poco se hizo más internacional, especialmente cuando llegó a radicarse en México.

Cómo olvidarlo cuando  lucía su cuerpo apenas cubierto con una tanga que solo consiguió parar penes y salivar a los amantes del beso negro, o más aún verlo en aquella emblemática foto filtrada de cuando grababa un duchazo totalmente desnudo. ¿Por Dios! ¿Qué jugosa retaguardia!


Pero si hablamos de fantasías eróticas con el buen Fer, ¿a cuáles nos referimos? Pensemos en su actitud de galán caballero e impetuoso a la vez, todo un monumento de carne al deseo sexual más cachondo. Así que desde Hunks of Piura  se nos ha ocurrido algo.

Como a Carrillo le encanta la vida en el campo, imagina que lo llevas a una cabaña para que descanse y lo acuestas en una cama muy cómoda. El actor se va quitando la ropa con esa sensualidad natural que lo caracteriza y una vez que está bien desnudo se echa boca arriba sobre el lecho.

Lo que Fernando ignora es que en las cuatro esquinas de la cama hay suaves cuerdas que nos servirán para atarle ambas manos y ambos pies. Ya bien sujeto, tú te desnudas por completo, tomas una pluma y comienzas a pasearla por toda su hermosa anatomía hasta detenerte en su bien cincelado abdomen. Paseas la pluma de lado a lado mientras él gime y pide que te detengas, pero tú no le harás caso.

entonces, te sientas sobre su pene semi-erecto, y con un suave masaje de tu raja del culo comenzarás a ponérselo duro y palpitante. Cuando lo consigas, sin dejar de pasear la pluma, te reclinarás hasta que le chupes y lamas sus tetillas. Él te pedirá que pares, que ya no más. Tú continuarás. No olvides seguir moviendo tu culo sobre su pene ahora ya erecto del todo. El actor jadeará y gemirá de placer, ya sin articular más palabra.

En ese momento dejas de besarle las tetillas y sin dejar de pasarle la pluma por el abdomen, le mamas bien su verga y le lames sus huevos con ahínco. Usa los dedos de tu otra mano para masajearle el ano gentilmente aprovechando que está amarrado con las piernas abiertas.

Entonces, te incorporarás, volverás a sentarte sobre su verga  y aumentarás elmovimiento de tu culo mientras sigues trabajándole el abdomen con la pluma, y te moverás tanto hasta que sientas que su semen fluye caliente entre tu ano y su pubis. Será el turno para que tú tomes tu verga y te la frotes hasta que tu leche se dispare sobre su abdomen esculpido como tabla de lavar.

Como acto final, te volverás a inclinar a lamer y tragar tu propio esperma… y el suyo, si es posible. Esa es nuestra fantasía. ¿Cuál es la tuya? Cuéntala en la caja de comentarios aquí debajo. Y si no te gusta Carrillo, dinos a quién y qué le harías. ¡Nunca dejemos de fantasear!

Mira también actorvenezolano, fantasía gay y actor desnudo.


sábado, 14 de mayo de 2022

Proyecto Lujuria 8.3: ¿Alejandro es tan confiable como su verga y culo?


Cuando acaba la función de ese domingo, Evandro y Alexis ya están vestidos para dejar el teatro mientras Osmar recién está en bata de baño tras demorarse atendiendo a algunos espectadores que le pidieron fotos.

“¿Te esperamos o te vas con tu… fotógrafo?”, ironiza Evandro.

“Avancen, chicos. Termino esa cosa hoy”.

“Ten mucho cuidado, Os. Ya sabes qué sospecho”.

“Tranquilo, Evan”, sonríe Osmar. “Ya sé qué pasa si meto los dedos al tomacorriente”.

Alexis y Evandro salen del vestuario. En menos de veinte segundos entra Zaira. Cierra la puerta.

“¿Lleno total?”, sonríe Osmar.

“Sí… seguimos con gente comprando entradas para mañana y pasado mañana”.

“Son buenas noticias, ¿no?”

“Para todos, creo… aunque…”

Osmar recién se percata de que Zaira lo mira con mucha seriedad.

“Lo que tengas que decirme, dilo, Zai”.

La directora se tira su cabello tras los hombros, busca una silla, se sienta:

“Osmar… ¿es cierto que Alex y tú… ahora son… amantes?”

El actor deja de limpiarse la cara y la mira desconcertado.

 


“Ah, esas bolas son frecuentes en este mundo”, tranquiliza Alejandro mientras Abraza a Osmar en la cama.

Tras la función en el teatro, el fotógrafo ha recogido al actor y han vuelto al condominio.

“¿en serio no te importa?”, pregunta Osmar.

“Desgraciadamente en esta industria, el chisme es parte del negocio. O lo aceptas y lidias con él, o te cagas en un vaso con agua. Tienes que bañarte en aceite, no distraerte, agarrar tu ola y surfear. Además, si fuese cierto, ¿por qué me traerías justo aquí? Encima, ya sé que tu supuesto ‘amante’ en realidad cacha con el otro chico”.

“Lo estás trivializando, Ale”.

“Y tú le estás dando mucha importancia. Por último, si fuese cierto, ¿qué tiene que meterse Zaira banquells en tu vida? Todos son adultos, ¿no?”

Osmar guarda silencio, como procesando toda la información.

“Antes de conocerte, se rumoraba que tú eras amante de Evandro Cruzado, pero ya te das cuenta que es falso”.

Osmar mira a los ojos de Alejandro:

“¿Dónde escuchaste ese rumor?”

Alejandro duda, se traba:

“Por… por ahí”.

“¿Por ahí, Alejandro…? ¿Por ahí…? Evan está casado, tiene dos hijos…”

“Alexis Rodríguez igual, y se separó y está rehaciendo su vida. Y también vas a oír de mí que anduve con fulana, con zutano, qué se yo. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra, Osmar”.

Alejandro le da un beso en la boca.

“¿Tienes ganas de hacer el amor…? Traje la vaselina”.

Osmar se queda pensativo varios segundos:

“Mejor durmamos… Mañana tengo que madrugar al gym”.

Ambos se desnudan y se meten bajo las cobijas. Alejandro abraza a Osmar por la espalda:

“Mañana será mi primer día de re-entrenamiento, sonríe mientras da un beso en el cuello a su amante.

Osmar sigue procesando toda la información. Casi ni se percata que una pinga dura se acomoda en medio de sus dos enormes nalgas.

 


A las cinco y media de la mañana, el instructor llega, como de costumbre, al Steel Fit Gym. Lo acompaña Alejandro. Evandro llega unos minutos después tras trotar desde la residencial.

“No me digas que por fin te mudaste a Jesús María”, celebra el actor.

“Podría ser”, sonríe el fotógrafo. “¿Conocerás de un minidepa, con un cuarto, su cocina, acá cerca?”

“Pensé que estabas más cómodo en Lince por eso de irte lateando al diario”.

“Por acá me sale más cerca porque la redacción está tirando más a Santa Beatriz”.

“Prueba por san Felipe, Olavegoya; aquí en el mismo Salaverry hay pero deben estar carísimos”.

Ambos continúan su entrenamiento y el instructor no pierde de vista la forma cómo ambos interactúan.

La rutina de Alejandro acaba a un cuarto para las siete, tras la que se va a la ducha. Osmar se da un salto y lo alcanza. Para su buena suerte, no hay nadie más cerca.

“No me contaste que te conoces con Evandro, vale”.

“Ah”, duda un poco el fotógrafo. “¿Nunca te conté?”

El agua fría y el jabón dan un brillo especial a su marcada piel trigueña desnuda.

“No. No me has contado”.

“Lo conozco de años… de… de las comisiones… él trabajó en novelas… de ahí… ¿Por qué?

“Por nada, chamo. Curiosidad”.

Osmar da media vuelta:

“Oye, ¿te recojo esta… noche?”

Osmar vuelve a girar sobre sus talones:

“Yo te aviso, vale”.

El instructor regresa a la sala de máquinas mientras Alejandro resopla bajo el agua de la ducha, y no de frío. Entonces, se percata que no está solo.

“Hola”, dice sorprendido.

Gibrán está contemplándolo en el pasadizo de las duchas:

“Así que tú eres la nueva conquista de Osmar”.

Alejandro se enjuaga bien, cierra la ducha, se seca y sale:

“Permiso”.

Gibrán se queda salivando viéndole el cuerpo marcado y el culo redondito, mucho, mucho, mucho más que el suyo. La pinga se le para bajo el short.

Cuando regresa al vestidor, Gibrán se encuentra con el fotógrafo poniéndose la ropa; pasa de largo lanzándole una sonrisa coqueta. Alejandro prefiere darle la espalda.

“Cabro de mierda”, susurra el surfista, quien en ese momento decide que llegó la hora de una reunión de emergencia.

 

sábado, 26 de febrero de 2022

Proyecto Lujuria 5.3: El peón tiene buenos pene y culo


Muy al norte, por insistencia de Abelardo Sosa, se sirve un almuerzo a los visitantes. Osmar se hidrata sentado más allá viendo el paisaje rural iluminado por la luz solar que cae de manera perpendicular, mientras que mucho más allá César muestra a Escalante las fotos de prueba que tomó a Fernando el día anterior.

“Estos venezolanos siempre se destacan por su culo”, comenta el director de reparto y escena.

“No sabes qué ganas tenía de meterle pinga”, agrega César.

“¿Y Abe no se dio cuenta?”

“Hicimos un trío anoche”.

Escalante se sorprende:

“¡No me jodas! ¿Y su esposa, sus hijos?”

“Los fines de semana van a Piura, así que la casa quedó solita para los tres”.

“¿Y qué tal pinga tiene ese venezolano?”

“Larga y gruesa: como te gustan, Arnold”.

El anfitrión y Fernando salen con unas fuentes de ceviche de caballa. Todos se arremolinan, excepto Osmar.

“Sí puedes comer esto”, le indica Escalante.

El modelo se acerca, toma su tenedor y se sirve. Realmente está delicioso.

“¿A qué hora sale su vuelo?”, consulta Sosa.

“Seis; tenemos que estar cinco en el aeropuerto”, responde Osmar.

“Qué lástima porque ya había separado una habitación para ustedes”.

“Solo haremos una toma extra, recogemos todo y partimos para Piura”, agrega Escalante. “Pero, cuando lancemos la campaña, o ustedes viajan o venimos a darnos una vuelta”.

“A mí me gustaría regresar”. Reflexiona Osmar. “Esto es casi como Venezuela”.

“Cuando quieras”, invita Sosa.

“Cuando llueve fuerte se parece a Venezuela”, sonríe Fernando.

“Quisiera regresar”, repite Osmar.

La toma faltante es un nuevo desnudo de espaldas parecido al que se hizo por la mañana. La intención de los productores es ver qué luz vende mejor todo. De paso que harán imágenes en video y foto de la línea Lust sobre el tronco caído de un faique. El sol de Piura tiene una mágica peculiaridad que para los amantes de la fotografía abre muchas posibilidades creativas, y casi sin usar filtros.

“Ni se te ocurra comentar de las fotos a su patrón”, advierte César.

Escalante mira a Fernando, quien está recogiendo la ropa de Osmar, nuevamente en su marca y totalmente desnudo para repetir la escena de la jarra y el agua sobre su cuerpo.

“Son amantes, ¿no?”

“Lo comparte bajo supervisión, pero no sabe nada de los desnudos que hicimos ayer por la tarde”

“”Lo despediría”.

“Del país”, asevera César.

Las dos escenas que faltaban grabar y fotografiar se concretan sin mayor problema. Ahora sí Osmar puede disfrutar su seco de cabrito con su jarrita de clarito helado.

“Exquisito”, califica.

“¿Y qué pasa si comías antes de la foto?”, sigue curioseando Sosa.

“Se me notaría un poco de panza… es la maldición de los modelos, especialmente si posamos desnudos”, sonríe el muchacho.

“Me disculpas lo que voy a decirte pero… tienes un hermoso culo”, se atreve el dueño de casa.

Osmar lo mira y sonríe sonrojándose:

“Gracias”.

Aprovechando la distracción de Sosa, y con el pretexto de ayudar con el orden de las cosas mientras llega la camioneta que va a regresarlos a la ciudad, Escalante tiene una breve reunión con Fernando.

“sí, César me explicó tu situación migratoria, pero esas fotos están muy buenas así que yo sí quisiera ofrecerte dinero no solo por publicar esas sino hacerte una sesión más producida”.

“¿Y cómo arreglamos lo de mis papeles?”

“Puedo enviarte plata. ¿Cuánto necesitas para reingresar a ecuador, ir a Guayaquil y hacer el trayecto pero por vía formal?”

“No sé… unos ciento cincuenta quizás… la vaina es cómo recibo el dinero si estoy como irregular en este país”.

César se aproxima:

“Osmar ya terminó de comer, chitón”.

Se escucha que Sosa llama a Fernando:

“¡Ya voy!”, responde el peón. “Permiso”, dice a Escalante.

“¿Arreglaron?”, casi susurra el camarógrafo.

“No”, responde Escalante.

“La cagada, no podremos hacer nada por lo de sus papeles”.

“Osmar ha congeniado con él”.

“¿Qué tratas de decir?”, sonríe César.

La camioneta llega puntual. Luego de poner y asegurar las cosas y el equipaje, Escalante, Osmar y César se despiden de Sosa y Fernando; enrumban de regreso a Piura. Patrón y peón regresan a recoger los platos y vasos del almuerzo.

“Arnold ha estado muy interesado en ti”, comenta Abelardo.

“Te parece”.

“¿Qué te ofreció?”

“Nada. Me estaba consultando unas cosas”.

“Mira, Fercho: conozco a Arnold desde el preuniversitario, y con tal de cachar con el primer muchacho que le guste, es capaz de poner su casa en hipoteca; entonces, entre gitanos no nos leemos la mano”.

El peón sonríe:

“Quiere que pose desnudo para él, pero le dije que no tengo papeles”.

“O sea que… tú quieres posarle calato, y seguro con la pingota que te manejas toda parada”.

“Yo soy pecuario, no modelo”.

“Tú eres mi toro cuando la vaca no está”.

Sosa pone su mano sin pudor sobre la bragueta de Fernando y comienza a sobarla:

“Vamos”.

En una cabañita algo cerca de la casa principal, los dos hombres se abrazan y besan apasionadamente mientras poco a poco se van quitando toda la ropa.

Sobre la cama del peón, quien está arrodillado, el patrón en cuatro patas deja que le metan una larga, gruesa y venuda verga en la boca, en tanto le mueven la cadera como queriendo horadar hasta la garganta mientras le acarician la cabeza.

Sosa tiene un par de nalgas como globos, producto de su pasado como futbolista, deporte que aún practica con la gente del pueblo todas las tardes que puede. Al medio de ellas, su ano es una especie de amplio hueco por donde una sola pinga no bastaría, pero Fernando se da maña para pasearle la lengua, chupárselo, comerle el orto por el que luego mete su falo y comienza a bombear .

“así, mi toro. Dale, mi chamo”.

Luego, Fernando se cacha a Abelardo en piernas al hombro mientras lo besa en la boca. El patrón aprovecha para acariciar los grandes glúteos de su  amante.

“Hermoso culo, quiero comérmelo”.

Fernando deja de meter pinga,baja las piernas de Abelardo y comienza a chuparle el pene y las bolas. La erección no demora mucho. El patrón también tiene un largo cipote, no tan grueso como el del otro muchacho, pero cabezón y algo curvo hacia abajo. Fernando se sienta encima de ese pene erecto y se lo mete a su ano. Comienza a rebotar. Sosa toma la pinga de Fernando y la masturba con rapidez.

“Oh”, ruge.

Toda su leche se dispara al interior del venezolano.

“Qué rica preñada”, gime el peón. “Voy a acabar”.

Fernando gruñe largo y su semen se dispara sobre el aún vientre plano y los dos formados aunque no tan masivos pectorales de su jefe. Vuelven a besarse.

“Bañémonos al toque antes que llegue mi espesa”, pide Abelardo. “Estuvo rico como anoche, como siempre”.

“Me vuelves loco”, seduce el peón. “Quiero coger otra vez”.

“Bañémonos. Quizá más tarde”.

  

sábado, 12 de febrero de 2022

Proyecto Lujuria 5.1: Amamos tu culo al desnudo, Osmar


La idea de viajar, inicialmente, era para cambiar de aire. Osmar había tenido tres días muy confusos tras los sucesos de la ducha en los que hacía su vida de todos los días casi en modo automático, excepto actuar. Pero a la hora de dormir, incluso la noche antes de aquel vuelo, cuando traía aquel roce, aquella sensación, aquellas palabras a su cabeza, lo que conseguía inmediatamente era una fuerte erección que no amainaba hasta que se pajeaba de tal forma que si su pinga hubiese sido de papel, quizás hasta se hubiera roto.

Durante esas tres noches, su vientre y pecho libres de vellos terminaron con ráfagas de su blanco y cálido semen. Hasta ahora que ve al sol a punto de salir detrás de la cordillera, a casi siete mil metros de altitud, siente la presión dentro de su bragueta. Quisiera liberarla pero es indebido.

El sueño comienza a vencerlo, hasta que una mano se posa en su rodilla izquierda. Se sobresalta: ¿Evandro?

“Es la Cordillera Blanca”.

Al mirar hacia su siniestra, Escalante le sonríe.

“¿Ves esas dos puntas que parecen formar una V? Es el Yerupajá. Ahí termina Lima y comienza Áncash”.

Osmar mira sin ver por la ventanilla:

“Qué interesante”, califica sin mayor ánimo.

A las siete de la mañana, el avión aterriza en el aeropuerto de Castilla, Piura. Ese solo nombre de cinco letras lo evoca hasta siete meses antes, quizás un poco más, cuando ingresó desde Ecuador, donde quiso sentar raíces en Guayaquil pero no pudo a pesar que tiene un par de contactos. Aunque le gustó el clima de la ciudad, no halló más trabajo que de mesonero. Duró una quincena no por falta de voluntad ni por carencia de aptitudes sino por la sencilla razón de que el dueño del negocio estaba dispuesto a explotarlo laboralmente.

Al bajar la escalerilla y caminar sobre el concreto de la terminal, puede sentir un aire ligeramente más tibio que el limeño y un cielo que promete estar despejado. De hecho, viste un calentador deportivo completo en el que debajo solo tiene una camiseta y más nada, no las dos y hasta tres capas de ropa que debe ponerse en Lima. Afuera los espera una camioneta doble cabina.

Una hora después, llegan a una especie de finca al pie de una empinada colina tapizada con árboles y algunos peñascos marrones oscuros, casi negros. Escalante lo invita a bajar, y a su encuentro salen César, el camarógrafo, y Abelardo Sosa, el dueño de la propiedad.

“¿quieren desayunar?”, los invita su anfitrión.

“Nos encantaría pero tenemos que ganarle tiempo al sol”, responde amablemente Escalante.

Y efectivamente, el astro rey ya irradia con fuerza a pesar de ser algo temprano esa mañana de domingo.

Un chico que arregla unas herramientas se queda viendo con curiosidad a Osmar. El señor Sosa lo presenta:

“él es Fernando y hoy los acompañará en lo que necesiten”.

Es alto, atlético y trigueño, cabello corto algo lacio, que a Osmar le evoca a Evandro.

“Mucho gusto, para servirle”, sonríe el mancebo, y su acento convence al actor y modelo que solo podría ser su otro amigo si fuese…

“él vino de Venezuela”, explica Sosa, “pero se adaptó muy bien al trabajo de la chacra, y estamos contentos con él”.

No, no es Evandro. Osmar respira con menos ansiedad.

La primera parte de la sesión se hace en lo alto de la ladera en aquella colina, a donde trepan en solo veinte minutos. Para buena suerte de los tres, su condición física en conjunto les ayuda mucho.

“Te puliste con la locación”, comenta Escalante a César.

“Ayer me la pasé con Fernando de arriba abajo viendo dónde hacer las tomas; hasta me sirvió de modelo prueba”.

“¿Es en serio, pendejo?”

“Luego verás”.

Más arriba, el peón y Osmar van ascendiendo también:

“Así que eres venezolano; ¿de qué parte?”

“Aragua. ¿Tú eres de Caracas, no?”

“¿se me nota?”

“No, pana, ya trabajamos antes. ¿Te acuerdas esa novela que se hizo toda en una hacienda con caballos?”

Osmar hace memoria y se le vienen las imágenes de golpe:

“¡Coño! ¡Tú eras el que nos preparaba los caballos, vale! ¡Claro que recuerdo!”

“Pensé que ya te habías… ¿cómo dicen acá? Ya te habías sobrado”.

“No, coño, nada. Estaba distraído. ¡Qué gusto hallarte acá! ¿Cuándo entraste?”

“Dos meses y medio, aunque oficialmente sigo en Ecuador. Me dijeron que estabas allá pero nadie me dio razón”.

“Luego te cuento”.

Los cuatro llegan a un pequeño paraje en medio del bosque de charanes, faiques, hierba alta seca y un hermoso paisaje del valle de San Lorenzo a sus espaldas.

“Aquí haremos las primeras tomas”, anuncia Escalante. “Tienes que caminar en medio del follaje como si pasearas por el bosque”.

Osmar asiente y se quita la ropa. Solo queda en zapatillas. Ya le habían dicho que bajo la hierba o había espinas o había alimañas. Además, sus pies estarían ocultos por algunos arbustos.

“Qué rico culo de ese huevón”, susurra César al ver cómo Escalante le pasa un poco de vaselina para darle brillo, mientras  Fernando se asegura que no hayan esas espinas o esas alimañas durante el trayecto que hará el modelo.

Escalante grita acción y César se pone detrás de la cámara de televisión primero, mientras Fernando funge de su asistente sosteniendo un rebotador plateado para contrarrestar el contraluz que Osmar ya tiene. Diez tomas en video, unas quince en foto. Los primeros registros no demoran más de una hora. Mientras Osmar se pone su ropa que Escalante tenía en custodia, César desmonta la cámara del trípode y se la entrega con cuidado a Fernando.

“Así cuando el modelo hace su trabajo, a uno le da gusto grabar”, comenta.

“Osmar siempre ha sido profesional”, replica Fernando.

“¿Ya lo habías visto calato antes?”

“Ufff, cientos de veces. Cuando los actores se cambiaban para sus escenas, veías de todo y como si nada. Claro que la producción nos prohibía tomar fotos y esas cosas”.

“¿De todo?”, curiosea César.

Fernando sonríe.

“¿También?”, César hace un gesto con los ojos señalando a Osmar.

“No, él era el más formalito, pero…”

“Vamos rápido a la escena del baño”, interrumpe Escalante.

En otros veinte minutos, ya están en un lado poco transitado de la propiedad, en toda la base de la colina junto a unos árboles y lo que parece ser el cauce seco de un arroyo, donde se ha dispuesto un par de bateas con agua y una jarra blanca de aluminio, de esas antiguas. Osmar ahora sí se desnuda por completo y se pone de espaldas a la cámara que se comienza a preparar.

“nada que hacer carajo: ese huevón tiene el culo”, vuelve a comentar César.

“Deberías ver el culo del patrón”, susurra Fernando a sus espaldas.

César se asusta.

“También te escuché arriba en el cerro”.

“No vayas a comentar nada”, pide el camarógrafo en voz baja.

“Fresco”, guiña un ojo el peón.

Para Osmar, recrear la escena del baño en esas condiciones le resulta más que una sesión de trabajo, una suerte de terapia. No es tan estúpido como para ignorar que su cuerpo, sus dos potentes nalgas, su actitud, su todo producen reacciones. Mientras el agua transparente lo moja, el flagrante jabón lo cubre de una rala espuma, mientras el viento lo seca, el sol lo calienta, mientras el cielo celeste claro con algunas nubes lo ve como vino al mundo, entiende que está sobredimensionando las cosas. Entre indicaciones de acción y corte, se promete a sí mismo que se va a tomar su vida con calma. Y también se promete que si esa campaña es el inicio de un relanzamiento de su carrera, cuando tenga dinero suficiente y una vez que haya sacado a su familia del infierno de la crisis, se comprará una finca en este mismo lugar para gozar lo simple de la vida.  Yo también me amo, se repite.

Y así, en medio de su trance, su pene cabezón se pone duro. No se disculpa, lo disfruta, mira a la cámara con una sensualidad auténtica, genuina, innata.

Los penes de Escalante, Fernando y especialmente el de César también se paran bajo sus ropas, y en el caso de César, moja toda su ropa interior.